Criminología: Análisis de la Criminalidad
Criminología: Análisis de la Criminalidad
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Capítulo II
LA CRIMINALIDAD, VICTIMOLOGIA Y CONTROL PENAL
2.1 LA CRIMINALIDAD
[Link]. Noción criminológica o sociológica del delito: desde la vertiente jurídica y penal de
orientación dogmática, es indudable que la noción de delito constituye una concepción
estrictamente legal o normativa, en la que no es pensable una visión empírica de la misma. Sin
embargo, dentro de la práctica criminológica han existido diversos problemas cuando se sigue una
concepción penal del delito.
Suthérland fue, probablemente uno de los primeros en señalar tácitamente la idea de una
noción criminológica del delito, al presentar en 193Ó la. tesis del “delito de cuello blanco”,
refiriéndose a ciertas conductas “delictivas” no calificadas así por las leyes penales de entonces.
Años después, en el Segundo congreso internacional de Criminología de 1950, Donnedieu de Vabres
planteó que era necesario llegar a una noción criminológica del delito. En 1959, Giuliano Vassalli
(1959) consideró el caso de los “delitos políticos” al preguntarse cómo considerar objeto de estudio
de la criminología los “delitos contra el orden público y contra la soberanía del Estado cometidos
por quien combate por la liberación de su país de una injusta opresión extranjera o de un régimen
totalitario”. A la inversa Vassalli señalaba también una serie de comportamientos realizados en
épocas de guerra o por los poderes del Estado que no están incriminadas legalmente como delitos,
pero de las que no debería desinteresarse el criminólogo, por ello él era partidario de que la
crimlnolgía se acoja a una concepción sociológica del delito con límites éticos, considerándose al
Derecho penal como un punto válido de partida y de referencia. En suma planteaba un punto de
vista "legal-sociológico”.
Miguel Angel Peláez (1982, p. 68) sostenía también que “hay que reconocer que no todas
las infracciones delictuosas, objetivamente consideradas, son tales. Por ello, no todos los delitos
dan lugar a problemas criminológicos y, por consiguiente, no todos integran el objeto de la
criminología”. Agregando lo que él denominaba conductas en estado de peligrosidad individual o
social como objeto de estudio criminológico. Puntos de vista afines a estas ideas provienen de la
concepción sociológica del delito de criminólogos norteamericanos, entre los que destacaban T.
Sellin, E. Sutherland, M. Elliot, entre otros.
Esta idea de trabajar con una noción de delito no estrictamente penal, tienen relación con
la visión táctica de la criminología, por cuanto el estudio del delito desde el punto de vista
dogmático-penal, al margen de su contexto socio económico, carece de sustento realmente objetivo
al olvidarse de la realidad, llegando como decía López Rey a un “bizantinismo jurídico” (1975), y que
no puede ser una referencia suficiente para el estudio criminológico. Otros planteamientos se han
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desarrollado también por algunos criminólogos radicales como los Schwendinger (1981, p.162),
para quienes, aunque “la legalidad de una definición de delito propuesta puede resultar de una
situación mayoritaria en un parlamento (y por consiguiente, como veremos más adelante,
subordinar la actividad de los científicos sociales a una ideología predominante), desde un punto de
vista empirista no puede considerarse que una votación mayoritaria sea una definición operativa
adecuada.”.
[Link]. Cuestionamiento político social del delito: Otra línea de análisis es que la visión
dogmático-normativa, que supuestamente constituye una posición científica y objetiva, carece
precisamente de tales premisas, y más bien el origen de la norma jurídico penal está sujeta a
influencias que tienen ligazón con las condiciones económico sociales del momento y reflejan en
gran medida, intereses de grupo y sobre todo de la clase social dominante (López H.1979; Platt,
1981; Quinney 1981). En otras palabras, la “santidad legal” no tienen en todos lo casos una base
reaalmente justa y consensual, y que el principio de la legalidad o la máxima “nullum crime, nulla
poena sine lege” no pasa de ser una frase histórica o ilusión de algunos que confían en líricos
principios supuestamente defensores de la arbitrariedad, puesto que generalmente en la realidad
de los hechos no existe una garantía objetiva de justicia e Igualdad de la ley, ni que en la práctica se
cumpla lo que declarativamente está inmersa en el “espíritu de la ley”.
criminalidad como fenómeno social se presenta en todas las sociedades, con diversas
características partí culares. Sin embargo, durante el desarrollo histórico de la humanidad se aprecia
que la idea acerca del delito ha tenido y tiene una evolución constante con cambios muy notables a
lo largo de la historia social, sobre todo en cuanto a la calificación de que comportamientos son
considerados criminales según las diversas culturas y legislaciones penales.
En líneas generales, el volumen o índice de hechos delictivos como fenómeno social propio
de cada realidad humana, es lo que se conoce como criminalidad. Además es un comportamiento
individual (delito), cuyo estudio interesa a diversas ciencias penales y no penales. También a veces
se diferencia entre criminalidad y delito, al respecto de acuerdo al criterio de Hassemer y Muñoz
Conde se entiende por criminalidad al “conjunto de todas las acciones u omisiones punibles dentro
de un ámbito temporal y espacial. En este sentido se considera preferible utilizar en este ámbito el
término “criminalidad” que el de “delito” (...) Pero realmente, fuera de esta perspectiva, no hay una
diferencia de contenido entre uno y otro término” (2012, p. 14). Asimismo hay que tener en cuenta
que de acuerdo a la diversidad de delitos, cuya expresión conductual es bastante variada, se observa
una heterogénea manifestación de acciones que abarcan la criminalidad, según los tipos penales
que las califican como tales.
Remitiéndonos a las denuncias penales recibida por el Ministerio Público sólo en Lima
(Cuadro No. 2), en función del delito, vemos que en primer lugar de frecuencia están los delitos
contra el patrimonio, sobre todo robo y hurto, que aproximadamente han fluctuado entre el 2011
y 2012 en el 29 por ciento de casos, fenómeno que se ve en la realidad cotidiana y principalmente
en la ciudad capital.
En segundo orden están los delitos contra la seguridad pública, principalmente el tráfico
¡lícito de drogas, hecho delictivo de alta incidencia en nuestro país, el mismo que a su vez es un
productor importante de la hoja de coca, insumo principal para la producción de la cocaína.
En tercer lugar se hallan los delitos contra la vida, el cuerpo y la salud que abarca los delitos
de homicidio doloso y culposo, las lesiones culposas y dolosas, así como el aborto, fenómenos
delictivos que tiene un incremento preocupante en sus diversas modalidades, y que en el promedio
de los dos años revisados llegan aproximadamente al 11 por ciento de casos.
Luego se aprecia que tanto los delitos contra la libertad así como los que afectan a la
administración pública, se hallan en cuarto y quinto lugar de frecuencia. Dentro de los delitos contra
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la libertad tienen un índice mayor los delitos contra la libertad sexual en sus diversas modalidades,
aunque también tiene una manifestación significativa el secuestro. En los actos delictivos contra la
administración pública, existe un volumen notorio de los delitos cometidos por funcionarios
públicos, que trabajan dentro del amplio ámbito burocrático de Lima.
Observando la población carcelaria nacional (Cuadro No.3), de los años 2014 y 2015, según
el delito cometido, y que en gran medida refleja las tendencias más graves de criminalidad,
acreedoras de pena privativa de libertada efectiva o de ser procesados bajo mandato de detención,
vemos que el mayor volumen de internos, un poco más de un tercio, lo está por delitos de robo y
hurto agravados (patrimonio), sobre todo por robo agravado (INPE, Diciembre, 2014, 2015), hecho
delictivo que no muestra disminución, no obstante la elevación de las penas .y otras disposiciones
agravantes como la reincidencia, habitualidad, la acumulación de penas, entre otras medidas. En
segundo lugar está el delito de tráfico ¡lícito de drogas, que en promedio en los años comentados
constituye más de la quinta parte de la población carcelaria nacional (23 %), cifra bastante alta, que
tampoco tiende a disminuir, no teniendo efecto disuasorio la política de mayor penalización, entre
otras medidas supuestamente preventivas. En tercer término se hallan los delitos contra la libertad
sexual, sobre todo la violación sexual y dentro de ésta la de violación sexual de menor de edad, no
obstante la penalidad bastante grave que se aplica en estos casos. Luego están los internos por
delitos contra la vida, el cuerpo y la salud, sobre todos los homicidios dolosos y las lesiones graves.
En quinto orden está el delito de tenencia ilegal de armas, hecho que se manifiesta en los delitos y
otros actos violentos mediante armas de fuego que se observa en el país, incluido los recintos
carcelarios.
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Luego están los internos por el delito de, omisión de asistencia familiar (1.8 % en promedio),
seguido por los delitos de secuestro y extorsión. De estos hechos delictivos el fenómeno de la
extorsión viene creciendo y afectando a diversos sectores de la población, y si no se desarrolla una
política seria para su contención es probable que alcance un crecimiento mayor. Los internos por
terrorismo están en franca disminución
Estos índices de la población carcelaria por delito no constituye sin embargo toda la gama
delictiva del país, ya que muchos otros delitos son sancionados con penas privativas de libertad no
efectiva, bajo la modalidad de pena suspendida (Suspensión de la ejecución de la pena) y reserva
del fallo condenatorio, cuyos volúmenes no son conocidos y obviamente no están registrados en las
estadísticas penitenciarias. Asimismo los delitos sancionados con la pena de multa e inhabilitación
sobre los cuales no existen cifras estadísticas organizadas, del mismo los condenados a penas
limitativas de derechos (prestación de servicios a la comunidad y limitación de días libres) de los
cuales no existe un registro judicial, salvo los casos que controla el INPE.
Abarca eventos delictivos cuya tipificación como delito dentro de las legislaciones penales
no ha sido posible en etapas anteriores, y recién en los últimos cincuenta o sesenta años se empieza
a recepcionar en los códigos penales, aunque generalmente tiene una penalización benigna, y en
muchos casos tienen protección oficial o cuasi oficial. En los casos judiciálizados su efectividad
sancionadora no siempre se logra, porque sus autores son generalmente personas de poder
económico, político, entre otros.
g. Internacionalidad y movilidad.
Dentro de las actividades criminales que se hallan bajo el control del crimen organizado
están: principalmente el tráfico ¡lícito de drogas, la trata de blancas, tráfico de armas de fuego,
inmigración ilegal, y otros delitos. En esta modalidad delictiva se pueden distinguir a las siguientes
organizaciones:
La mafia: Es una forma de criminalidad que procede de Italia y que se afincó en países como
los Estados Unidos. Generalmente esta organización delictiva tiene la forma de una empresa
dedicada a determinadas actividades económicas.
C. Modalidad por los agentes o autores del delito: Se consideran diversas modalidades
2) Criminalidad de cuello blanco: La que es cometida por personas de alto estatus o poder,
dentro de su actividad económica. También se le denomina criminalidad económica.
4) Criminalidad de blusa azul: Está referida a los delitos cometidos por los obreros en el
desempeño de su actividad laboral. También se le conoce como criminalidad del “overall”.
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5) Criminalidad ocupacional: Aquella ejecutada por personas que desempeñan alguna
actividad profesional, como médicos, contadores, sacerdotes, entre muchos otros, que
generalmente pertenecen a la clase media.
6) Criminalidad dorada: En sentido restringido comprende los delitos realizados por aquellos
que detentan el poder político y que atentan contra la colectividad o determinados
ciudadanos.
Estos datos sirven para generar las estadísticas de la criminalidad que se presentan como
expresión de la delincuencia de un país determinado. Jorge Restrepo dice al respecto que “la
criminalidad registrada es aquella parte de la criminalidad real reflejada en las estadísticas oficiales”
(1995, p. 66). Sin embargo hay que anotar que las estadísticas policiales, judiciales, del Ministerio
público y la penitenciaria, respecto de esta criminalidad registrada o conocida, no son idénticas
debido a las particularidades que tienen cada una de tales entidades respecto al registro de la
criminalidad.
La estadística del Ministerio Público se basa en las denuncias de los agraviados o que llega
mediante vía policial o por actuación de oficio, ya que siendo el titular de la acción penal pública es
la encargada de formalizar la denuncia o bien acusar ante el Poder judicial los delitos que son
perseguibles de oficio. De este modo las denuncias recibidas por el Misterio público o las
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formalizadas ante el poder judicial anualmente, constituyen cifras que nos da una tendencia de la
criminalidad conocida. Sin embargo no toda denuncia que llega ante el Ministerio Público es objeto
de formalización de denuncia o acusación respectiva, si es que en algunos no existen elementos
probatorio suficientes para incriminar al imputado, no obstante que esté acreditado el delito, o bien
porque el imputado no está claramente identificado
La estadística judicial, proviene obviamente del Poder Judicial, aunque en nuestro medio no
existe información estadística sistemática de este poder del Estado, como en otros países. En esta
fuente estadística algunos diferencian equívocamente dos modalidades de estadística judicial
(Reyes, 1991):
Criminalidad legal: Aquella que ha sido realmente investigada mediante decisión judicial,
expresada en el auto de apertura de instrucción Criminalidad judicial: parte de la criminalidad legal
que ha concluido con sentencia condenatoria, la que vendría a ser la verdadera criminalidad
reconocida por el Estado, teniendo en cuenta el principio de inocencia, ya que mientras no haya una
sentencia condenatoria firme no se considera delincuente al procesado.
A. Aquellos que no son advertidos por la víctima, y por tanto son desconocidos totalmente
por ella, por lo que no se denuncia el hecho, no siendo en consecuencia de conocimiento de las
entidades que tienen potestad de perseguirlas y/o juzgarlas, como la policía el Ministerio público y
el Poder judicial.
B. Delitos no denunciados no obstante ser conocidos por las víctimas: Hay un número
significativo de hechos delictivos en los que la víctima decide no denunciar: por razones muy
diversas:
2) Por la vergüenza o el impacto psicológico que sufre la víctima, sobre todo en los delitos
contra la libertad sexual.
3) Considerar que el delito no es muy grave y que su denuncia le podría ocasionar mayores
perjuicios o inconvenientes.
4) Por las amenazas del autor o por el temor a sufrir represalias del delincuente o sus
familiares, entre otras razones
C. Los actos delictivos reportados ante la policía, pero que no son registrados debido a razones
diversas: Por tanto no forman parte de las estadísticas criminales conocidas.
Por todo lo anterior, existen diferencias en el contenido de lo que realmente abarca la “cifra
oscura".
[Link]. Técnicas de estudio del volumen de la cifra oscura: Desde que Adolfo Quetelet
desarrollara la estadística criminal, que incluye generalmente a la delincuencia registrada o
conocida, se plantearon yá algunas ideas sobre la delincuencia oculta o cifra negra y su posible
volumen, ya que es un hecho real que no todos los delitos registrados constituyen el volumen total
de la delincuencia de un país. Las apreciaciones sobre el número o cantidad de los delitos que
conforman la “cifra oscura” han sido y son muy variadas. En muchos casos se han planteado
cantidades hipotéticas, y hasta nuestros días podemos afirmar que el volumen de la delincuencia
oculta en el país es realmente desconocido.
El profesor belga citado decía que existe “una relación aproxima damente invariable entre
los delitos conocidos y juzgados y la suma total desconocida de delitos cometidos”. Ello suponía que
la proporción de la criminalidad oculta aumentaba al mismo ritmo que la delincuencia conocida. Sin
embargo debemos anotar que el volumen desconocido, no puede estar al margen del tipo de
sistema de control penal de cada país, además de los controles sociales informales vigentes, los que
van a influir en que probablemente también el volumen de estas cifras desconocidas, fluctúen en
función de tales controles. Asimismo, de acuerdo a la gravedad o su carácter de leve y las
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particularidades de cada hecho delictivo, es probable que las cifras difieran grandemente. Por ello
podemos aventurarnos en señalar que los delitos de homicidio probablemente muestren una cifra
oscura más pequeña que los delitos de hurto simple por ejemplo.
Frente al reto que constituye el desconocimiento de la cantidad de la cifra oscura para los
estudiosos del crimen, es que se han desarrollado algunos procedimientos para descubrir dicha
“cifra negra”. Uno es conocido como encuesta de la “auto denuncia” (Feldman, 1989) o encuesta
de autorevelación, que se basa en la aplicación de una encuesta a una parte de la población,
indagando respecto a los posibles hechos delictivos que puedan haber cometido en un periodo
determinado. Otro es la encuesta de victimización, y también la encuesta a los “informadores”
(Cervini, 1988; Pérez, 1986).
Uno de los estudios realizados hace sesenta y nueve años atrás, empleando la técnica de la
“autodenuncia”, fue el de James Wallerstein y C. Wyle en nueva York en el año 1947, sobre una
muestra elegida al azar de 1,020 hombres y 878 mujeres. En el interrogatorio por escrito, el 91 %
admitió haber cometido uno o más de los 49 delitos enumerados en la ley penal del Estado.
Sin embargo, este procedimiento para tratar de conocer la cifra oculta de la criminalidad no
es totalmente fiable. Para diversos estudiosos, la técnica de la autodenucnia tienen muchas
limitaciones y lograr su validez es muy difícil. Por ello, Robert Dentler (1928-2008), uno de los
propugnadores más distinguidos de la autoconfesión llegó a opinar, en un exceso de pesimismo,
que este procedimiento no debería emplearse por ser demasiado precario y los resultados
equívocos. Al respecto, sobre la importancia de esta técnica existen diversas interrogantes como las
siguientes:
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En qué medida son verídicas las respuestas de los interrogados. No existe sobre el particular
medio para controlar su veracidad.
No se puede verificar si los actos que se declaran constituyen delitos, es decir si ocurrió un
hecho doloso.
En que grado los interrogados ocultan algunos delitos que hayan cometido. Al respecto se
tiene sospechas fundadas que la disposición a revelar una acción grave es posiblemente muy débil,
mientras que declarar un delito leve es probablemente mas alto.
Se cuestiona también que la mayoría de estudios se hayan efectuado con grupos de niños y
adolescentes, o bien respecto a la anterior criminalidad juvenil de adultos sometidos al estudio.
No obstante las críticas, se han realizado una cantidad grande de estudios bajo este
procedimiento, como el efectuado por Cristina Rechea et al. en España (1995) sobre una población
de adolescentes encontrando que un 57.8% de los jóvenes habían cometido algún tipo de delito en
el último año. Sobre el particular son importantes también las experiencias en diversos países
europeos (Zauberman, 2009), así como en otras latitudes
B. Encuesta de victimización: Por medio de esta técnica se estudia a un grupo o bien una
muestra de una pobación determinada, a quienes se interroga si fueron víctimas de algún delito en
una etapa anterior, y si tales hechos fueron o no denunciados. Es a través de un cuestionario o
entrevista que se recoge de las propias víctimas la información de los delitos no denunciados frente
a los que se reportarons a las instancias oficiales repectivas, de tal modo que se puede obtener un
conocimiento aproximado de la “cifra negra”.
Los estudios realizados según este procedimiento son diversos. Es así que en una encuesta
llevada a cabo en 511 hogares de Washington, resultó que el 38% de la población interrogada había
sido víctima de un delito serio en el periodo de un año, mientras que las estadísticas policiales
mostraban sólo un 10 %. En la primera encuesta efectuada en 1967 en los Estados Unidos sobre
victimización, se estableció que del total de víctimas, solo el 49 % había denunciado a la policía, lo
que significaba que el 51 % no había reportado el delito. Aun más se halló que de los hechos
denunciados, un 23% no fue registrado como delito (Sangrador, 1986)
Según Raúl Cervini (1988), en América Latina destaca la investigación efectuada por el
criminólogo mexicano Luis Rodríguez, en la ciudad de Jalapa, en la que halló que sólo un 22 % de las
víctimas había denunciado el delito del que había sido objeto. Asimismo son importantes los
trabajos efectuados en España, en la década del 80, al que hace referencia García Pablos (1988).
Si bien la encuesta de victimización nos puede dar algunas cifras aproximadas del volumen
de la “cifra oculta” del crimen, no podemos dejar de indicar que tales estudios tienen también
algunas limitaciones y críticas diversas. Al respecto, Manuel López Rey (1976, p.46) decía que “la
víctimas es la menos digna de crédito y, por ello proporciona la base menos sólida para la
investigación y la medición”, por las razones siguientes:
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1) Hay delitos que no tienen víctima determinada, por ejemplo cuando la víctima es una
corporación, una institución o la población general.
2) Hay delitos en que autor y víctima son la misma persona, como en da adicción a drogas,
autoaborto, autolesiones, el suicidio, la
prostitución.
3) La memoria humana, muchas veces frágil, da lugar a que se puedan olvidar determinados
delitos o bien tergiversarlos o mal interpretarlos.
5) En ciertos delitos, como los homicidios, ninguna víctima puede reportar el hecho
ocurrido, por razones obvias.
Sin embargo, según el criterio de Zipf (1979, P.113), “tos interrogatorios a las víctimas han
revelado hasta ahora en algún modo, a lo sumo, el enigma de la cifra negra”, sin desconocer sus
limitaciones. Al respecto Stageland no tiene una buena impresión de las encuestas de victimización
efectuadas en España (2001).
[Link]. Cifra negra de la criminalidad y tipos de delito: En términos generales, los delitos
más graves como son los atentados contra la vida, el Estado, violación sexual de menores, delitos
patrimoniales de gran volumen, son mayormente registrados por las agencias del control penal,
porque en tales casos hay mayor número de denuncias por parte de los agraviados, en relación a
los delitos menos graves. En otros términos, parece ser una tendencia observada que la cifra negra
se polariza en los delitos de escasa gravedad y también en algunos hechos delictuosos de gran
magnitud ligados al poder. Como decía Alfonso Reyes (1991), en la microdelincuencia y en la
macrodelincuencia.
1) Delitos de “cuello blanco”: Diversos estudios hacen alusión al hecho de que muchos de
estos actos que han logrado ser tipificados penalmente como delitos económicos, en la práctica
resulta difícil de hacerse efectivo el control penal, lo que permite afirmar que hay una incidencia
importante de criminalidad oculta en estos delitos.
C. En otros delitos: un hecho relativamente grave, que actualmente varía entre una menor
o mayor censura social, según el punto vista que se asuma, es el delito de aborto, que presenta una
alta tasa de “criminalidad oculta”, de tal modo que según algunos estudiosos, la proporción
fluctuaría de 1:100 a 1:200, entre hechos conocidos y delitos desconocidos. Las estadísticas de salud
revelan altos índices de aborto inducido (provocado), generalmente de mujeres provenientes de los
sectores pobres y medios, y en los casos que son de conocimientos de las agencias del control penal,
son también las que más se penalizan. Sin embargo el aborto es un fenómeno que también se da en
mujeres de estratos altos, pero que debido a sus condiciones económicas, esta práctica se realiza
bajo atención médica adecuada y obviamente casi no se registran en las estadísticas oficiales de
salud, ya que cualquier riesgo post aborto es atendido inmediatamente en forma particular y no
tienen que recurrir a jos centros de emergencia públicos, a las que si recurren las mujeres de los
estratos marginados, por lo que se descubre el hecho, dando lugar a que sean criminalizadas, no
obstante que es una práctica que ocurre en todos los estratos sociales, por lo que su penallzación
resulta desigualitaria e injusta.
Igualmente, dentro de los delitos contra la libertad sexual, parece observarse un alto
volumen de “cifra negra” de criminalidad cuando la víctima es una mujer adulta, cifra que
probablemente pasa del 99 por ciento cuando el agraviado es un varón adulto.
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2.1.4. LOS “DELITOS DE CUELLO BLANCO” Y/O DELINCUENCIA ECONÓMICA: Frente a los
delitos comunes o convencionales, pasibles de cometerse generalmente por personas de los
estratos socio económicos bajos o medios bajos, existen estudios que datan desde fines de los años
30 del siglo pasado, que también analizan la criminalidad de los sectores más pudientes de la
sociedad, precisamente una de esas investigaciones la denominó, en un momento particular de la
historia criminológica, “delito de cuello blanco”.
Sin embargo, es probable que ya antes hubieran existido algunos trabajos sobre esta
temática, aunque bajo otras denominaciones. En este sentido, el profesor español CarlesViladás
(1983) anota que algunos años antes que Sutherland, y precisamente en España, se publico por A.
Rodríguez Sastre la obra: Los delitos financieros, en 1934. Igualmente Gunther Kaiser (1988)
considera que la teoría y la práctica se ocuparon ya bastante tiempo atrás de este tipo de
criminalidad de “cuello blanco”, aunque extendiendo este interés a personas de clase media y
superior, indicando al respecto los trabajos de Wintterlin en 1895, Aschaffenburg en 1903, Gwinner
en 1934 y RuscheKirchheimer en 1939. No obstante, por razones diversas, el trabajo del sociólogo
norteamericano tuvo un impacto especial, y según algunos conmocionó tanto a la criminología de
su época, hace 75 años atrás, en forma similar como lo hizo en 1876 la publicación de Lombroso:”EI
hombre delincuente”.
Frente a tales nombres, cuyo significado no siempre es uniforme, también se han empleado
los adjetivos de “delincuencia profesional” y “delincuencia de caballeros”, entre otras varias
nomenclaturas. Sin embargo, en estos términos entrevemos que el significado y propósito que
traducen son los de expresar un contenido muy amplio en uno y desligarlo del crimen económico
en el otro, y que además estarían orientados a neutralizar el contenido político y económico que se
expresa en la tesis del “delito de cuello blanco”, como lo veremos al analizar su significado
conceptual.
Otras denominaciones que han surgido posteriormente son la de “delitos de los poderosos”
que emplea Frank Pearce (1980), también “Delitos relacionados con el abuso de poder", que fue
uno de los temas discutirdos en el Sexto congreso de las Naciones Unidas sobre prevención del
delito y tratamiento del delincuente (1981), celebrado en Caracas en 1980. Esta preocupación por
los “delitos y delincuentes dorados”, como dice Naciones Unidas, es sin embargo un concepto
mucho más amplio que el de “crimen de cuello blanco” o “delito económico", por cuanto dentro de
la noción general de delito de abuso de poder existen dos modalidades claramente distinguibles:
B) Delitos de abuso de poder político y público, vinculado sobre todo a las violaciones de
derechos humanos, tales como el apartheid, abuso de poder por funcionarios públicos, incluida la
violencia policial y el maltrato en las prisiones. Asimismo los actos de tortura, el asesinato político,
el secuestro, las “desapariciones”. Delitos que también se conocen por las Naciones Unidas, como
“delitos y delincuentes fuera del alcance de la ley”.
Al respecto, Manuel López Rey (1983), siguiendo en gran parte lo debatido en el Sexto
Congreso de las Naciones Unidas ya citado, habla de Criminalidad y abuso de poder, distinguiendo
tres variantes:
Respecto a las diversas apreciaciones sobre delincuencia económica o de cuello blanco, hay
que tener presente que según la perspectiva desde la que se analice tendrá igualmente una
connotación disímil. Asimismo como lo dicen Di Gennaro y Vetera (1977), las propuestas de
definición son muy numerosas, por ello la comprensión Criminológica muchas veces no coincide con
la perspectiva penal, debido a los criterios propios que cada cual maneja para estudiar este
problema. Para César Herrero por ejemplo, la “White-collar criminality” es el núcleo más llamativo
y trascendente de la delincuencia económica, pero ésta no se agota en aquella (1992). Sin embargo
también existen críticas que cuestionan la tesis del delito de cuello blanco, .sobre el particular
Alfonso Serrano (2003, p.83) considera que el concepto es impreciso y que su impacto “ha sido
mucho más ideológico que científico”.
A) El criterio penal: Tiende a considerar este hecho desde una óptica no ligada a las
apreciaciones sociales y personales del autor, sino más bien en función del “bien jurídico” protegido
y su tipificación penal como “delito económico”. Al respecto se considera que su delimitación penal
vendría dada fundamentalmente por los bienens jurídicos con lo que entra en conflicto esta
conducta. Por ello, en función del autor, la perspectiva penal no considera diferencias de estatus
social, por lo menos a nivel de los tipos penales, aunque en la práctica, tanto en la criminalización
primaria como secundaria, de hecho juega un papel muy importante el estatus o poder
económicosocial del autor. Uno de los estudiosos más importantes dentro de esta línea es Klaus
Tiedemann (n, 1938), profesor alemán con una amplia producción bibliográfica sobre el Derecho
penal económico (2010).
Miguel Bajo (1978, p. 43) señala que para el derecho penal, el delito económico en un
sentido estricto, es “la infracción jurídicopenal que lesiona o pone en peligro el orden económico
entendido como regulación jurídica del intervencionismo estatal en la economía de un país”. En un
sentido amplio, “es aquella infracción que, afectando a un bien jurídico patrimonial individual,
lesiona o pone en peligro, en segundo término, la regulación jurídica de la producción, distribución
y consumo de bienes y servicios”. En similar sentido, Mireille Delmas-Marty (Citado por Viladás,
1983) afirma que la “Criminalite des affaires” es “todo menoscabo, de una parte, del orden
financiero, económico, social o de la calidad de vida, y de otra parte de la propiedad, fé pública e
Integridad física de las personas, pero sólo cuando el autor haya actuado en el marco de una
empresa, bien sea por cuenta de la misma, bien sea por cuenta propia si el mecanismo de la
infracción está relacionado con poderes de decisión esenciales para la vida de la empresa”
(Définition et domaine de la criminalité d’affaire, tendances contemporaines, Revue Internationale
de DroitPenale, 1982, pp.2137).
César Herrero (1992) considera que hay delito económico cuando se da una conducta típica,
antijurídica, imputable, culpable y punible, a la luz de una ley perteneciente al Derecho Económico.
Dentro de esta línea de ideas, el penalista peruano Raúl Peña Cabrera (1994, p.l32) decía que “el
derecho penal económico protege fundamental mente el bien jurídico integrado por el orden
económico. Es un orden económico preexistente e institucionalizado, es decir normado, dirigido y
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controlado por disposiciones legajes de la vida económica.”. Esteban Righi (2000) anota, que
además del bien jurídico protegido para delimitar el delito económico, se alcanzó mayor precisión
al advertir que los bienes jurídicos que protegen los delitos económicos son colectivos o
“supraindividuales”, lo que supuso distinguirlos de los que tutelan los delitos patrimoniales. Por ello
son considerados ajenos al derecho penal económico, la estafa, la apropiación indebida, el soborno,
la usura, el hurto, el daño y los delitos de quiebra.
Asimismo no podemos olvidar que el Derecho penal sigue determinados principios que
supuestamente son garantía para la sociedad, como sería en este caso el principio de igualdad ante
la ley, y por ello los delitos no deben estar delimitados en función de diferencias sociales, aunque
en los hechos tal principio no tenga vigencia plena. Al respecto, Agustín Fernández (1978, p. 10-11)
dice que “se puede observar que cuando estos delitos son cometidos por personas de condición
social elevada, con motivo o en el curso de sus ocupaciones, el trato legislativo y judicial es más
indulgente. Incluso esta indulgencia se puede constatar en grandes sectores de la opinión pública”.
Según el criterio de Miguel Bajo (1978, p. 49), la delincuencia económica es entendida como
una especie del delito de cuello blanco, y desde la óptica criminológica es “la relativa a las
infracciones lesivas al orden económico (...), cometidas por personas de alto nivel socioeconómico
en el desarrollo de su actividad profesional”. Por su parte, César Herrero (1992) considera que este
delito, en sentido criminológico, se puede definir como toda infracción, prohibida o no por el
ordenamiento jurídico, que pone en peligro los esquemas de producción, distribución y consumo
de bienes de la comunidad o de un número apreciable de sus miembros, o bien que afecte sus
sistemas de financiación y de cambio. Infracciones que provocan el nacimiento de un daño directo
y real, ejecutados por puro móvil de enriquecimiento.
[Link]. Características del delito de cuello blanco: De los anteriores conceptos podemos
deducir que la delincuencia de “cuello blanco”, tiene las siguientes características:
1) Las que lesionan o ponen en riesgo bienes jurídicos fundamentales del individuo y de la
colectividad, entre las que estarían los “delitos contra la calidad de la vida" (contaminación
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ambiental), el “delito ecológico”, “delitos sociales” (infracciones de normas de seguridad e higiene
del trabajo y la seguridad social).
2) Las que atentan contra las normas reguladoras de la producción, distribución, consumo
y conservación de bienes y servicios, como la insolvencia punible, formación de carteles,
infracciones en el campo de la informática mediante la manipulación de computadoras y datos,
falsificación de balances, competencia desleal, abusos de crédito, estafas, fraudes en perjuicio de
los acreedores, fraudes al consumidor y al usuario, publicidad engañosa, fraude fiscal,
manipulaciones del mercado bursátil, los holds-ups, boicots empresariales, receptaciones.
Malversaciones de caudales públicos, cohechos, creación de sociedad ficticia, infracciones de
aduana, delitos relativos al control de cambios, abusos económicos de las multinacionales, etc.
3) Por razones de conexión, todas aquellas que guardan con las anteriores una relación
instrumental, de medio a fin.
Manuel López Rey (1983) propone también una larga lista de delitos. Por su parte, el
Consejo de Europa, según reseña Enrique Ruiz Vadillo (1984), señala una relación de dieciséis
infracciones encuadrables como delitos económicos.
Según el Sexto Congreso de las Naciones Unidas (1981), entre estos delitos se hallan el
soborno y corrupción; la delincuencia organizada; los abusos económicos, tales como la evasión
fiscal, el fraude crediticioy aduanal; la malversación y el mal uso de fondos públicos; las violaciones
de las normas cambiarías; las especulaciones y estafas en transacciones con tierras; el contrabando;
los delitos contra el medio ambiente; la fijación de precios excesivos; la facturación excesiva; las
prácticas comerciales restrictivas de la competencia; la explotación de la mano de obra
(especialmente de la migratoria); el fraude al consumidor y lá exportación e importación de
productos de calidad inferior e incluso peligrosa”. '
Los delitos contra el orden económico recogidos en nuestra legislación penal son los
siguientes:
Delito de abuso de poder económico que atenta contra la libre competencia (Art.232 C.P.).
Debemos anotar, luego de la revisión de los delitos económicos según diversos criterios y
legislaciones, que el delito de cuello blanco desde la perspectiva criminológica, es una especie
dentro de los delitos económicos.
B. El alto nivel socioeconómico del autor del hecho: Prácticamente se refiere con claridad
a los autores que provienen de un estatus social alto, generalmente de los grupos de poder
económico y/o social. No obstante que diversos tratadistas están de acuerdo con Sutherland en esta
caracterización, nosotros consideramos que también debe incluirse a los que ostenta el poder
político y que aprovechando de ello realizan actos ilícitos que afectan a la economía del Estado o
del país, así como otros hechos delictivos con fines de aprovechamiento económico, criterio que
también sigue Antonio GarcíaPablos, ya que no podemos olvidar que este tipo de autores, sobre
todo en nuestro medio, es lamentablemente numeroso y raramente llegan a ser sancionados. Si
existe alguna denuncia, las “comisiones investigadoras” de orden político, encargadas de dilucidar
previamente el hecho, no concluyen su trabajo o no efectúan una adecuada investigación y los
cargos se diluyen en el olvido. Además creemos que dentro de los grupos de poder, sobre todo en
Latinoamérica, no se puede dejar de considerar a los que provienen de la cúpula militar, los altos
mandos de las fuerzas armadas, entre los cuales algunos incurren en ciertas formas de criminalidad
económica, sobre todo vinculada con el manejo de los fondos a su cargo, acciones de contrabando
y otros. Este tipo de hechos ilegales encuadran también, en una acepción más lata, dentro de los
delitos de cuello blanco, para no hablar de un nuevo tipo de criminales denominados “delincuentes
de cuello caki o de kepi”, como lo plantean algunos otros estudiosos.
F. Alto nivel de impunidad. Bien sea por especial astucia del autor para evitar ser
descubierto o porque presenta el hecho como lícito, o porque impide por distintos medios la
denuncia o su ivestigacón penal, muchas veces apelando a su poder económico y/o político, o
mediante el soborno, presión o acuerdo con otros grupos de poder político. Además, como
generalmente las víctimas ignoran el hecho, son las instituciones del control penal las que deberían
promover la investigación, pero los lazos de poder generalmente dificultan esta secuela. En tros
términos, como señala también Julio Virgolini (1992), existe un elevado grado de inpunidad que
rodea a este tipo de conducta, tanto en la criminalización primaria, como en las distintas instancias
de la criminalización secundaria.
múltiples estudios sobre este tipo especial de crimen, nos muestran que los daños que
producen estas acciones delictivas de tipo económico son ingentes, y que incluso tienen repercusión
sobre la salud y la vida, así como otros efectos o secuelas más distantes de carácter inmaterial. Por
ello se pueden considerar dos grandes grupos de fectos lesivos:
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A Daños materiales: Dentro de los efectos materiales que producen estos delitos podemos
apreciar dos variedades.
1) Los daños financieros, que realmente son muy altos y que difícilmente se pueden precisar
en su monto exacto. Sin embargo algunos datos señalan que en Norteamérica la cuantía de estos
actos llega a cifras muy grande, algnos estudios indican que en dicho país, sólo por evasión de
impuestos se alcanzaron de 25 a 40 billones de dólares al año. Según los estudios de K. Tiedeman y
A. Zybon, en Alemania, se calcula en forma razonable que el costo de tales delitos alcanza a diez mil
o quince mil millones de marcos por año. Como contrapartida se puede apreciar el lucro obtenido
por el actor de estos hechos, que llega igualmente a montos espectaculares. Como dicen algunos,
este hecho delictivo es un “delito de enriquecimiento”. Sin embargo G. Kaiser no parece compartir
esta ¡dea y pone en duda el alto volumen del daño económico.
B. Efectos inmateriales y otros daños: Se aprecia que los delitos económicos, si bien tienen
efectos nocivos de carácter material o tangible, se considera que igualmente tienen repercusiones
de orden no material como los siguientes:
1) Pérdida de confianza en el tráfico mercantil, debido al abuso de poder que llega a límites
de criminalidad, muchas veces no perseguida ni sancionada.
2) Deformación del equilibrio del mercado, por cuanto además de atentar contra el Estado
o una colectividad, favorecen que estos grupos o personas infractoras se hallen en ventaja
económica respecto a los demás grupos ajustados a la ley.
6) Alto poder corruptor de este tipo de criminalidad: La que recae sobre todo en la
administración pública que se encuentra encargada de la supervisión o trámites diversos, que tienen
implicancias con las acciones económicas que transgrede el autor de este delito de “cuello blanco”.
Esto ha influido para la dación de algunas leyes penales que pretenden su prevención y sanción
(Righi, 2000)
de las características particulares de este delito, lo hemos dicho ya, es su notorio volumen
de impunidad que llega a cifras altísimas en sociedades como la nuestra. Los mecanismos que
emplean los actores o los potenciales delincuentes de “cuello blanco” son diversos, destacando
entre ellos los siguientes:
B. Imprevisión y/o deficiencia legal y judicial: Se aprecia que la ausencia de regulación legal
o bien las formulaciones genéricas y abstractas de la técnica jurídica, constituyen dificultades para
sancionar estos delitos. En estos casos la impunidad se favorece por las siguientes limitaciones:
1) Ausencia de normas o imprevisión legal para encuadrar estos hechos como delitos. En
otros términos se observa una especie de tolerancia por el sistema legal, al no tipificar estos o
algunos de tales actos dañosos de orden económico, no obstante ser hechos socialmente graves y
que afectan a la colectividad. Sin embargo, en las últimas décadas tienden a ser considerados en las
nuevas legislaciones, discutiéndose también la posibilidad de sanción de las personas jurídicas
implicadas en estos delitos (Tiedemann, 1991).
3) En tercer lugar, no aplicación de la norma vigente sobre este tópico, por una falta de
interés o voluntad política de los poderes estatales encargados de controlar y reprimir
adecuadamente este tipo de criminalidad. Las leyes existentes, en muchos casos, llegan a ser reglas
inaplicadas por las instancias judiciales, el Ministerio Publico o la entidad policial. En todo caso su
eficacia aplicativa no llega a ser fluida, dificultándose el logro de los propósitos de la ley. Al respecto
Klaus Tiedemann (1983A; 1983B) considera que aunque una buena ley penal, si bien es es una
condición importante, no es una garantía de administración de justicia penal efectiva y justa, sobre
todo en el campo de la criminalidad de las empresas transnacionales, el grado de eficacia de la
norma penal es insuficiente para controlarla.
Al repecto agregamos, como lo henos anotado para los delitos tradicionales en general, que
no podemos hacerno ilusiones y confiar inocentemente que con un avance de esta nueva área del
llamado derecho penal económico, se podrá controlar y/o prevenir este delito vinculado a los
poderosos del dinero, sin llegar tampoco al extremismo de negarle todo valor al desarrollo penal,
pero que debe ir aparejado con los aportes criminológicos, sociales, económicos y políticos, ya que
en caso contrario podemos quedarnos con un hermoso catálogo penal que describa magistralmente
los delitos de cuello blanco, con la mayor precisión posible hasta donde es capaz de llegar la técnica
jurídica, pero con una débil e insuficiente aplicación táctica o real.
[Link]. Factores de la delincuencia económica: Desde las vertientes que se podrían llamar
tradicionales o etiologistas, es posible plantear los factores o condiciones que generan este tipo de
criminalidad. Es evidente, sin embargo, que la hipótesis comprensivo explicativa de la delincuencia
tradicional y común, no serían aplicables en forma idéntica a esta “criminalidad de los poderosos”,
por ello es que se han propuesto algunas explicaciones especiales, unas de orden individual y otras
de corte social.
1) Materialismo: Señala que este delincuente sólo tiene en alta estima o valor los bienes de
carácter material, considerando los demás valores y normas morales, sólo como medios que ayudan
al logro de sus propósitos materialistas. Su manifestación típica es la avidez en la búsqueda
incesante del lucro o provecho material.
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2) Egocentrismo y narcisismo: Se dice que su personalidad se caracteriza por no haber
superado la etapa primaria del egocentrismo, lo que se apareja con la falta de desarrollo de la
afectividad, así como una insuficiente evolución o apertura a la vida racional. Su fijación egocéntrica
le dificulta el adecuado contacto social, sintiendo por ello una fría soledad, que trata de superar o
compensar adoptando a veces actitudes de generosidad o mecenazgo. Por su carácter narcisista,
generalmente se siente la medida de los demás, siendo a su vez insensible o indiferente a las críticas.
Este psicograma ha sido objeto de una serie de críticas porque se considera que no se ajusta
totalmente a la realidad. Entre ellos destacan
Nosotros creemos que sobre todo son menos fiables las notas de “egocentrismo”, la
“peligrosidad” no muy precisa y la “neurosis”. Los demás rasgos, en mayor o menor medida, son
aspectos que caracterizarían a un buen número de personalidades calificadas como “delincuentes
de cuello blanco”. En todo caso vienen a ser descripciones de rasgos de personalidad prevalentes,
aunque no podemos afirmar que sean exclusivamente de este tipo de delincuente. Esto significa
que no pueden considerarse como factores o condiciones determinantes de esta criminalidad. En
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otros términos, los rasgos más fiables no son en sentido estricto factores explicativos, sino más bien
aspectos descriptivos de la personalidad predominante por su “materialismo”, “dinamismo y
audacia”, “inteligencia concreta”, “hipocresía” y “ausencia de culpabilidad”. Rasgos que obviamente
no son característicos de todas las personas que ocupan un alto estatus de carácter económico y
social y/o político. Además debemos considerar que tales rasgos, son a su vez efecto o consecuencia
de una socialización bajo determinadas condiciones de vida o existencia, en un mundo con ciertos
valores, metas y esquemas de triunfo individualistas, que pueden modelar esta tendencia de
personalidad. En suma, sin aceptar en su integridad el psicograma, podemos considerar como lo
señala también M. Bajo, que algunos rasgos de los que ya hemos comentado son predominantes en
este tipo de “delincuentes dorados”.
1) Teoría de la asociación diferencial desarrollada por Sutherland, quien concibe que todo
comportamiento es resultado del aprendizaje social, y por ello el “delincuente de cuello blanco",
que vive en medio de valores y expectativas materiales, aprende estas conductas criminales
mediante la asociación personal con los grupos en los que se manifiestan estas infracciones.
3) Tesis del “labelling approach”. Esta teoría cuestiona a las concepciones tradicionales o
etiologistas, considerando que la conducta delictiva es resultado de un proceso de etiquetamiento
o rotulación, generalmente por lo que tienen el poder en la sociedad. Por ello se dice que su
esquema teórico es aplicable fundamentalmente para la criminalidad tradicional. M. Bajo afirma
sobre el particular, que aplicada “a la delincuencia económica no explica tanto su existencia como
su cifra negra. Se olvida con esto que al lado de la cifra negra hay una cifra real de la delincuencia
económica que es perseguida y castigada y cuya existencia precisa de una explicación” (1978, p.61).
[Link]. La investigación sobre delitos económicos: Las tendencias actuales están orientadas
a la investigación empírica, iniciada sobre todo en USA y en los países europeos (Viladás, 1983). Sin
embargo como referencia adicional consideramos importante señalar los aportes de investigación
táctica en Latinoamérica, por los criminólogos críticos, y que según algunos informes se orientan a
los siguientes problemas:
2) Delito de fraude de alimentos, efectuado por equipos de Costa Rica, Panamá y México
2.2 LA VICTIMOLOGIA
2.2.1. ANTECEDENTES Y CONFIGURACION: Un tema que preocupa cada vez más, en los
últimos sesenta y cinco años, es el concerniente a las víctimas, cuyo estudio ha dado lugar a la
aparición de un capítulo especial de la criminología según algunos puntos de vista, o bien al
nacimiento de una nueva disciplina de conformidad con el criterio de otros (Solís, 1987B). En
términos generales podemos considerar que el problema de la víctima, sobre todo la que es
resultante de un delito, ha originado especial preocupación con tendencias diversas a lo largo de la
evolución histórica.
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[Link]. Antecedentes de la Victimología: Los antecedentes de este conocimiento y su
delimitación actual han tenido un desarrollo desde mucho tiempo atrás. Al respecto José Sangrador
(1986) dice que en la época grecoromana la víctima tuvo consideración social y que incluso alcanzó
un rol protagónico en la investigación criminal, pero posteriormente con el correr de la historia y el
desarrollo del estado y el derecho penal, fue teniendo una participación de segundo orden,
centrándose el proceso penal más en el autor del crimen o el delincuente, llegando en los periodos
de la era moderna y contemporánea a estar casi olvidado en sus problemas, dificultades y otras
secuelas derivadas del evento delictivo que le afectan, habiendo sido suplantado por el estado,
quedando como parte civil con un papel secundario (Xulio Ferreiro, 2005)
Así es que a fines del siglo XIX surgió dentro del positivismo cierta preocupación por la
reparación del daño sufrido por las víctimas del delito. Al respecto Rafael Garófalo publico en el año
de 1887 un pequeño trabajo:Riparazione alie vittime deldelitto (Indemnización a las víctimas del
delito), planteando que las “víctimas de los delitos debían, seguramente, tener derecho a mayores
simpatías que la clase de los delincuentes, que parece ser la única de que los actuales legisladores
se preocupan” (1893, p.57), planteando que los delincuentes que no eran de la categoría de
temibles o inidoneos para vida social, deberían ser obligados a reparar el daño material o moral que
hubieran causado.
En el siglo XX existe también algunas aproximaciones respecto a la víctima del delito, de tal
modo que en las décadas de los años 30 y 40 podemos ver a Franz Exner en su obra Biología criminal
del año 1939, considerar que este participante en el hecho delictivo es un elemento fundamental
de la criminogénesis, al decir que “en muchos delitos la víctima es una pieza especialmente
importante de la situación del acto (...) Hay algo así como una aptitud personal de llegar a ser víctima
de una acción delictiva de tipo determinado” (Exner, 1946, pp. 429-430). Sin embargo, recién a
mediados del siglo XX hallamos algunos trabajos más explícitos sobre este tópico, pudiendo ser
considerado un hito notable Hans von Hentig (1887- 1974), que'en 1948, con su libro El criminal y
su víctima, tomó en consideración el interjuego que se da entre el delincuente y el sujeto afectado
por el delito, afirmando que la víctima moldea en cierto modo al actor del crimen.
Igualmente en la década de los años sesenta, el criminólogo egipcio Ezzat A. Fatah (n.1929),
luego radicado en Canadá, surgió como uno de los estudiosos de este tema, publicando una serie
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de trabajos, como los siguientes: “Quelques problemes poses a la justice penale par la victimologie”
(Annales internationales de criminologie, 1966, París), “La victimologie: Que estelle, et quel est son
avenir” (Revue international de criminologie, 1967, No.2). Años después, en 1971, el libro: La victime
estelle coupable?, asimismo: Towards a critical victimology, en 1992, entre otros estudios
En las últimas décadas del siglo XX se pueden apreciar una variedad de eventos y reuniones
relativos a este tema, así como numerosos estudios sobre esta materia. Son así destacables las
conclusiones y recomendaciones del Convenio Internacional de Estudios sobre Victimología,
celebrado en Bellagio-ltalia, del 1 al 12 de julio de 1975. Igualmente la Inclusión como parte del VIII
Congreso Internacional de Criminología celebrado en 1978, del tema “e) Victimología”. Asimismo
constituyó un aspecto relevante la creación de la Sociedad Mundial de Victimología (W S V) en el
año de 1980 (Sangrador, 1986), año en que se celebró en Washington el 1er. Congreso Mundial de
Victimología; el 2do Congreso Mundial tuvo efecto en Roma en el año de 1985. Igualmente hay que
señalar como un hecho importante que el Séptimo Congreso de las Naciones Unidas sobre
prevención del delito y tratamiento del delincuente (1985), dedicara el tema 5 de de dicho evento
al rubro: Víctimas de delitos.
En este periodo destaca el trabajo de Joanna Shapland (n.1950), Jon Wilmore y Peter Duff
(n. 1954): Victims in the criminaljustice system, publicado en 1985, en el que se enfoca este tema
desde una perspectiva vinculada al sistema de justicia criminal. También en dicho año, Zvonimir
Separovic, jurista y victimólogo croata, publicó Victimologie. Studies of victims. Posteriormente
Matti Joutsen, jurista finlandés en 1987 editó el libro: The role ofthe victim of crime in european
criminal justice sistem, entre otras obras.
Ultimamente, Shlomo G. Shoham, Paul Knepper y Martin Kettt (Eds.) han publicado
International handbook of victimology en el año 2010. Del mismo modo son relevantes los libros
sobre esta materia, publicados en Latinoamérica por Rodrigo Ramírez (1983), Elias Neuman (1984),
Luis Rodríguez Manzanera en 1988 (10§.ed. 2007), Hilda Marchiori (2004), entre otros.
2do. Simposio Internacional de Victimología que tuvo lugar en la ciudad de Boston (USA) en
el año de 1976, del 5 al 11 de setiembre, y que debía ser presidida por Stephen Schafer, quien
lamentablemente falleció días antes, el 29 de julio.
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3er. Simposio Internacional de Victimología que se efectuó en Munster (Alemania Federal)
del 3 al 7 de setiembre de 1979, bajo la presidencia de Hans J. Schneider
6to. Simposio Internacional de Victimología que tuvo lugar en Jerusalen (Israel), del 28 de
agosto al 1 de setiembre de 1988
12vo Simposio Internacional de Victimología que se realizó en Orlando Florida (USA), del 20
al 25 de agosto del año 2006
Sin embargo los diversos estudiosos que han tocado este punto no han seguido un criterio
consensual, lo que también ha ido variando a los largo de los últimas décadas, de acuerdo al
desarrollo de la victimología. En los años sesenta del siglo XX, Jorge Sosa Chacín (1968, p. 103),
profesor venezolano decía que “la victimología es una rama de la Criminología la cual tiene por
objeto el estudio de ia víctima resultante de la infracción penal”.
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En el Primer Simposio Internacional de Victimología, celebrado en Israel el año de 1973 se
consideró el siguiente concepto: “es el estudio científico de las víctimas”, adoptando prácticamente
el lato criterio etimológico, rebasando el campo de las personas agraviadas por un hecho delictivo
e incluyen todas las víctimas resultantes de cualquier evento, tendencia que es adoptada por
diversos victimólogos, entre ellos Mendelsohn. Sin embargo hay que precisar que en el referido
Simposio de 1973, se agregó que se debe dedicar “especial atención a los problemas de las víctimas
del delito’’.
Elias Neuman básicamente sigue el concepto adoptado por el Simposio de 1973, pero
enfatizando el estudio de la víctima del delito y concibiéndola además ligada a la Criminología
(1984).
Baca, Echeburua y Tamarit (2006) plantean una conceptuación mucho más lata,
considerando que la victimología es la ciencia multidisciplinar que se ocupa del estudio de los
procesos de victimización y desvictimización, asi como de las diversas dimensiones de la
victimización (primaria, secundaria y terciaria), como de la prevención, reducción, y de las
respuestas sociales, jurídicas y asistenciales para la reparación y reintegración social de la víctima.
Al respecto podemos considerar que esta noción es más afín a la concepión de una victimología
general
En suma, podemos percibir dos grandes perspectivas con relación a la víctima como objeto
de estudio victimológico: una de carácter general o lato (Victimología general) y otra restringida sólo
a las víctimas del delito (Victimología penal), sobresaliendo en este segundo grupo algunos autores
que aun optan por incluirla como capítulo de la criminología, que prácticamente dejaría de lado el
estudio de las víctimas de la violencia familiar que abarca a su vez una variedad de victimizaciones,
entre otros aspectos concomitantes.
En suma, se pueden diferenciar una perspectiva amplia de victimo logia y otra específica
restringida a la víctima penal. Al respecto, como anota Marco González (1994), parece certera la
propuesta de Brunon Holyst, hecha en el Tercer Simposio Internacional, para distinguir entre
“Victimología general” y la “victimología penal”, abarcando esta segunda el estudio de las víctimas
del delito.
[Link]. Victimología general: Desde un punto de vista amplio se afirma que la Victimología
es una disciplina autónoma, que no puede estar restringida a ser un capítulo de la Criminología
porque abarca aspectos sociales y jurídicos que rebasan el ámbito del delito y el criminológico. Tal
fue el parecer de B. Mendelsohn quien consideró que el estudio de la víctima y el delincuente debe
orientarse a formar parte de una nueva ciencia denominada victimología, separada y paralela al
estudio criminológico. Asimismo anotó que la victimología no se limita al estudio de la víctima del
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delito, sino a toda categoría de víctimas, sea cual fuere la causa de su victimización, tal como se
acordó en el Primer Simposio Internacional de Victimología celebrado en 1973.
En consecuencia, podríamos deducir de esta breve revisión, que la perspectiva del estudio
victimológico rebasa el aborde criminológico, interesando también al derecho penal y a otras
disciplinas que se preocupan de la víctima desde otras perspectivas, como el brindar asistencia a
aquellas que requieren de ayuda, por lo que se justifica la autonomía de esta disciplina. Además no
podemos desconocer que el hecho de ser víctima, sea como consecuencia de un evento criminal o
de una acción no delictiva, genera problemas psicológicos, sociales, económicos, de salud, entre
otros, que debe afrontar la persona victimizada, lo que trasciende el ámbito criminológico, penal y
penitenciario.
a. El estudio del papel desempeñado por las víctimas en el desencadenamiento del hecho
criminal
d. El examen de la criminalidad real, a través de los informes facilitados por las víctimas de
delitos no perseguidos.
E.A. Fattah decía algunos años atrás, que las predisposiciones victimógenas no solamente
contribuyen a la escogencia de esta o aquella persona como objeto del crimen, sino que
desempeñan también el rol de agente provocador que incita a la acción o inspira al criminal la idea
del crimen. Sin embargo debemos precisar que, cuando hacemos alusión al papel propiciatorio de
la víctima, nos referimos a su actuación favorecedora para ser victimizada debido a variadas
manifestación de su comportamiento, desde el descuido imprudente que facilita el delito, hasta
actos que pueden provocar o desencadenar el hecho criminal, como lo veremos luego.
Otros criterios como el de Zvonimir P. Separovic, citado por García Pablos (1988), consideran
que el pronóstico de victimización o vulnerabilidad se debe a tres factores, que no difieren
sustancialmente de los considerados en el Convenio de Bellagio:
Desde una perspectiva crítica, tales factores de vulnerabilidad son bastante genéricos y
abarcan una variedad de situaciones que no delimitan con mayor precisión las condiciones
particulares que propiciarían la victimogénesis, que es lo que interesa a la criminología.
1) Víctima completamente inocente o víctima ideal: Aquella que nada ha hecho o nada ha
aportado para desencadenar el crimen
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2) Víctima de culpabilidad menor o por ignorancia: En este caso el delito ocurre por un acto
poco reflexivo de la víctima que no prevé el riesgo.
a. Víctima provocadora: Aquella que por su conducta incita al autor a cometer el hecho
criminal.
b. Víctima por imprudencia: cuando se facilita el hecho por falta de cuidado de la víctima.
Por ejemplo dejar un auto mal cerrado
variedades.
a. Víctima infractor, como en el caso de la legítima defensa. Este subtipo creemos que se
encuentra incluido en la llamada víctima provocadora.
b. Víctima simulante: quien denuncia y logra imputar un hecho criminal con el objeto de
que la justicia cometa un error.
c. Víctima imaginaria: caso en que no existe infracción, pero se denuncia por un hecho
imaginario, sobre todo por personas con trastornos mentales.
Mendelsohn elaboró también otro tipo de clasificación, desde lo que el llamó punto de vista
represivo, considerando tres grandes grupos, que prácticamente incluye a los diversos subtipos de
su anterior criterio.
b. Tipo activo (provocación directa). En este caso la víctima desempeña un rol más
relevante, presentando dos variantes
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b1. Víctima consciente: Que incita a la acción como agente provocador. Por ejemplo en el
aborto consentido a pedido de la víctima, es casi identificable con el malhechor.
b2. Víctima no consciente: Es aquella que no incita al acto pero la provoca con sus acciones
conscientes o inconscientes. Se pueden apreciar diversas modalidades:
• Víctima “precipitante” que provoca el acto recurriendo a la fuerza física o mostrando por
ejemplo un arma
o Víctima que por sus actos injustos o bien por insultos, hace perder al victimario su sangre
fría y lo incita sin querer al atentado en su contra.
a. El tipo pasivo: Presenta una actitud favorable a la realización del crimen. Contiene cinco
variedades.
C. Clasificación de Schafer: Stephen Schafer realizó una clasificación de las víctimas según
otros criterios, estableciendo siete tipos:
1) Víctimas sin relación con el criminal: Que no tienen ningún nexo con el victimario
3) Víctimas precipitadas o precipitadoras: Son víctimas potenciales que sin efectuar nada en
contra del futuro criminal, lo incitan o inducen con su particular forma de comportamiento.
6) Víctimas “autovíctimas”: Aquellas que se victimizan así mismas. Caso del drogadicto, el
alcohólico.
7) Víctimas políticas: Aquellas que son resultantes a causa de sus ideas políticas
2) Víctima facilitante (facilitating victim): Aquella que no toma las cautelas debidas frente
al delito, que no es consciente del riesgo, lo que puede facilitar el crimen en el actor decidido a
delinquir o que puede “generar” una decisión delictiva antes inexistente.
5) Víctima consentidora (Consenting victim) Es aquella que una vez que se da cuenta de la
intención criminal, permite al actor llevarla a cabo, aun sin desear comprometerse con el crimen.
Consideramos que se debe incluir dentro de esta variedad a la futura víctima que incita al
potencial autor del crimen, debido a que realiza algo en su contra, lo que desencadena el accionar
delictivo. En otros términos, este hacer algo puede manifestarse cuando la potencial víctima actúa
de tal manera que afecta al potencial actor del delito, quien lo victima en represalia, venganza o
defensa. Asimismo esta víctima puede tener diversas modalidades según nuestro punto de vista:
1) Víctima provocadora por acto delictivo contra el potencial agresor: En este caso puede
darse una reacción de venganza en el futuro agresor, al ser agraviado por un acto delictivo de la
víctima potencial. Por ejemplo puede haber ocurrido una violación sexual previa contra el futuro
criminal, actos de chantaje, extorsión u otro tipo de conducta delictiva
2) Víctima provocadora por actos de amenaza contra el futuro agresor: El caso más notorio
se da en la agresión ilegítima que origina una reacción de legítima defensa. Asimismo se pueden
considerar otras formas de amenza así como de violencia física, los que pueden provocar una
respuesta delictiva contra el amenazador o agresor.
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3) Víctima provocadora por situación pasional: Los casos más típicos son los de la infidelidad
en las relaciones efectivas, la ruptura de un compromiso matrimonial y actos similares. La legislación
penal recoge por ejemplo el caso de emoción violenta excusable, debido a la provocación de la
víctima (Herrera, 1970). En nuestra legislación penal los casos de homicidio por emoción violenta
describen algunas de tales circunstancias.
En los delitos de tráfico automotor que originan lesiones o muertes de importante volumen
de personas, la conducta de la víctima Juega un papel notorio, sobre todo por la imprudencia al
cruzar las calles sin respetar las reglas de tránsito.
Esta variedad de víctimas es similar a la víctima invitante (inviting victim) que describe M.
Joutsen, y que es aquella que deliberada o innecesariamente asume un riesgo victimógeno. Sabe
que es vulnerable pero no adopta la cautela necesaria.
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3) Víctima propiciadora por actitud personal especial (efecto del "halo"): Algunas
observaciones sobre la multiplicidad de víctimas, puede inducirnos a pensar que determinados
individuos, debido a sus particularidades personales, se hallan más propensas o son más
susceptibles de ser víctimas. Al respecto E. Fattah habla de algunas personas que tienen cierta
predisposición de carácter para ser víctimas de algunos delitos.
D. Victima simulada: Es aquella que exagera ciertos hechos o actos atribuyéndole carácter
delictuoso o bien imagina ser víctima de un delito en base a hechos inexistentes. Podemos
diferencias las variedades siguientes:
1) Víctima simulada parcial: Se trata de una supuesta víctima que debido a ciertos actos no
delictivos, las califica como delitos, considerándose víctima de tales hechos. Por ejemplo frente a
ciertos tocamientos obcenos suponer o simular haber sido objeto de violación sexual.
2) Víctima simulada absoluta: se trata de supuestas víctimas, que sin que exista nada en su
agravio imaginan haber sido objeto de un acto crimimnal.
También se debe tener cuenta que una variable importante en el estudio víctima autor, es
el hecho de que ambos se conocieran o no en la etapa previa al evento delictivo. Hay que que anotar
que en muchos casos ocurre alguna forma de contacto interpersonal de diversa temporalidad y
característica, antes del delito, entre el agente y el agraviado. Dentro de este contexto es
interesante la clasificación de la víctima que plantea Hilda Marchiori (1997), según las circunstancias
de interacción antes del encuentro:
c. Víctima desconocida.
En estos casos juega también un papel importante el tipo de percepción social que el
potencial delincuente tiene de la futura víctima. Según los psicólogos sociales, en esta interacción
social las personas intervinientes se perciben una a otra de una forma particular. Como dice Aroldo
Rodrigues (1976), para que”A” emita una respues ta a determinado comportamiento de “B”, es
indispensable que perci ba dicha conducta. En este proceso intervienen a su vez, una serie de
condiciones personales o situacionales. El observador (potencial agresor), puede pasar por un
estado de sed, hambre, ira, frustración, excitación sexual, depresión, entre otras condiciones que
influirán en su proceso perceptivo, y que según el particular actuar del observado (víctima
potencial), estimulará determinada conducta, una de cuyas alternativas es la de un acto delictivo.
Según diversos datos, en la victimología relativa a los delitos de homicidio y lesiones dolosas,
el grado de relación previa entre víctima y autor es de una incidencia significativamente alta en un
número importante de estos hechos. Al respecto, Marvin Wolgang, en sus investigaciones sobre
homicidios en 1959, encontró que de 588 de estos delitos estudiados en Filadelfia (USA), hubo un
26 % que fue precipitado por la víctima. Según Ellis y Güilo (1978), cierto tipo de homicidios es
consecuencia de circunstancias frustrantes más el contacto repetido del homicida con personas a
las que considera muy frustrantes.
Manuel López Rey, planteaba la tesis de que las víctimas son más numerosas en la
criminalidad no convencional que en la delincuencia común. Sobre todo en los delitos económicos
y de abuso de poder político.-Al respecto afirma que la “victimización es extensa en los grandes
fraudes fiscales y evasiones de capital a menudo perpetrados por personas pertenecientes a grupos
sociales dirigentes que suelen presumir de patriotismo o de firme adhesión a la ley y el orden”(1983
p.28). Asimismo hay una alta tasa de victimización en los delitos contra la humanidad, y en el abuso
de poder que se facilita sobre todo en los “estados de excepción”, de “sitio” o de “emergencia”, en
los que existe sobre todo una manifestación agresora de las fuerzas policiales o armadas e inclusos
de grupos para militares o de choque, cuando el poder estatal no se ajusta a los preceptos
constitucionales y al respecto de los derechos humanos.
Desde otra perspectiva preocupa también, como las víctimas pueden llegar a ser victimarios
futuros, preocupación que incluso fue objeto de análisis por el Vil Congreso de Naciones Unidas
sobre prevención del delito y tratamiento del delincuente, celebrado el años de 1985, por la espiral
de victimización (1986) que produciría. Al respecto, Isidore Silver (1985) igualmente considera que
el estudio victimológico, desde la óptica criminológica, se interesa por la posible incidencia posterior
que el hecho criminal tendría sobre el agraviado, como la hipótesis de que los menores agredidos a
posterior puedan convertirse, ya adultos, en agresores o cónyuges que maltratan a su pareja, o que
la víctima en general pueda convertirse luego en victimario.
Sin embargo, en la realidad no todas las víctimas denuncian el hecho. Al respecto Kaiser
(1988) señala que según algunos estudios, en función de las edades, si bien las personas jóvenes
están más representadas entre las víctimas, son menos propensas a denunciar en relación a los de
mayor edad. No obstante, el problema más significativo es que del alto volumen de eventos
criminales que producen víctimas, sólo un porcentaje que oscilaría entre un 33 a 49 por ciento de
ellos serían objeto de denuncia ante la instancia policial, según encuestas efectuadas en Estados
Unidos entre 1967 y 1979. Esto significa que más de la mitad de los delitos ocurridos no llegan a ser
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denunciados. Estos volúmenes varían probablemente de acuerdo a cada realidad social, y es posible
que en nuestro medio el porcentaje de denuncias sea todavía más bajo, sobre todo en los delitos
llamados de “bagatela”.
1. En algunos casos, según el tipo de delito, el agraviado sufre como secuela determinadas
dificultades psicológicas de diversa magnitud, que influyen para que no se anime a denunciar el
hecho
2. En otros casos pueden ocurrir situaciones de impotencia sentida por la víctima para lograr
algo con la denuncia, considerando que ya no hay nada que hacer.
Estos hechos desalentadores para la víctima nos muestran fríamente que sólo menos del 5
por ciento de todos los delitos probablemente cometidos llegarían a juicio en el mejor de los casos,
esto es considerando la mitad de los eventos criminales como denunciados. Además, también según
el parecer de diversos estudiosos, el sistema jurídicopenal resulta ineficiente.
6. Síndrome de las “manos sucias”: Se trata sobre todo de víctimas que a su vez son personas
que infringen las normas penales, y no denuncian el delito del que pueden haber sido víctimas por
miedo a ser investigados también.
A. La víctima como parte en el proceso penal: No obstante que la legislación procesal penal
considera a la víctima parte del proceso, teniendo derecho además a una reparación civil que se
debe fijar en la sentencia, sin embargo la víctima no tienen un papel protagónico en el proceso, por
ello ya los criminólogos abolicionistas, entre otros estudiosos, han venido señalando que en el
proceso penal moderno, prácticamente la víctima ha sido expropiada de su conflicto, quedando
relegado a un papel secundario o a veces olvidado por el sistema procesal que se halla centrado en
el delincuente y el Estado, no obstante que como anota Manuel López Rey (1983, p. 157), la “victima
de la criminalidad, y no el delincuente, requiere primaria atención por parte de la política criminal y
de los sistemas penales”.
Además, el desarrollo del Derecho procesal penal se ha centrado en afinar una serie de
garantías y protecciones al imputado, sin embargo la víctima, como anota Jaume Solé Riera, recibe
de facto la peor parte del proceso penal, sin tener similares garantías y derechos que los reconocidos
al delincuente. Precisamente aludiendo a la exposición de motivos de la Ley de enjuiciamiento
criminal española, dice que ésta “destaca que “en materia penal hay siempre dos intereses rivales
y contrapuestos: el de la sociedad, que tiene el derecho de castigar, y el del acusado, que tiene
derecho a defenderse” La víctima no apareca aquí en escena; sin embargo, su tutela procesal
merece un estudio pormenorizado en igualdad de trato que las demás partes del proceso penal”
(Solé Riera, 1997, p.12)
Para García Pablos (citado por J. Solé, 1997, p.13) “La víctima del delito ha padecido un
secular abandono, tanto en el ámbito del derecho penal (sustantivo y procesal) como en la política
criminal, la política social y la propia criminología. Disfrutó del máximo protagonismo, su “edad de
oro”, durante la justicia primitiva, privada, siendo después dramáticamente “neutralizada” por el
sistema legal moderno, en aras de una experiencia universal: la aplicación serena y objetiva de la
ley al caso concreto requiere una intervención pública e institucional, desapasionada, ecuánime e
imparcial. Dicha “neutralización" de la víctima condujo, sin embargo, al dramático olvido de la
misma y de sus legítimas expectativas, habiendo contribuido decisivamente a tal resultado el
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pensamiento abstracto y formal, categorial, de la dogmática penal que degrada a la víctima a la
mera condición de sujeto pasivo..”
Se considera por ello, que en los delitos culposos o imprudentes, y en delitos de omisión,
tendrían mayor aplicación estos criterios de corresponsabilidad. Sin embargo, en la
victimodogmática alemana se ha venido considerando que también en delitos dolosos de comisión
activa se pueden aplicar estos criterios, aunque solo en vía de atenuación de la pena.
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2. Victimodogmática y “autorresponsabilidad" de la víctima: En este caso, una tendencia
minoritaria de la victimodogmática atribuye mayor peso a la conducta de la víctima, para determinar
la reponsa bilidad del autor, que puede ir hasta su exculpación, partiendo del “principio de la
autorresponsabilidad” (selbstverantwortungsprinzip), elaborado por sus mentores y que pueda
desempeñar una doble función: Una propiciando reformas legislativas en tal sentido (perspectiva
de lege ferenda), y otra dentro de la actividad interpretativa de los tipos penales, incentivando
restricciones teleológicas, tendentes a excluir algunas conductas del campo penal (perspectiva de
lege data). Como dice Silva Sánchez (1998, p.159) , se pretende “que la conducta del autor deje de
ser penalmente relevante (quede fuera del tipo) cuando la víctima no se ha comportado conforme
al referido principio de autorresponsabilidad, permitiendo que se produjera la lesión del bien
jurídico, cuando evitar ésta era algo que se encontraba en su propio ámbito de competencia”. Sin
embargo, este extremo victimodogmático es objeto de diversas críticas que “se basan en la
consideración general de que ningún comportamiento de la víctima puede tener entidad suficiente
para dejar a la misma privada de toda protección penal, en consecuencia, carecería de sentido abrir
“espacios de libertad" (exenciones de responsabilidad) al autor a costa de la víctima". No obstante,
no esta cerrada la discusión y lo ideal es encontrar el justo medio frente al debate entre los
argumentos en pugna a favor y en contra (Ver Tamarit, 1998)
Debemos anotar que en nuestra legislación se aprecia una clara discriminación legal en
contra de los sectores sociales mayoritarios y una tendencia de mayor privilegio y benignidad para
los grupos de poder económico y político. Por ejemplo podemos observar que nuestras leyes
penales estipulan penas gravísimas para el robo agravado, sin embargo en caso de delitos de
peculado en que se afecta los recursos del Estado y que repercute negativamente sobre toda la
sociedad, la ley penal al respecto prácticamente estipula penas benignas.
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B. Victimización en el ámbito policial: En nuestra sociedad se observa que el trato policial
de los sospechosos o imputados de un hecho delictivo, es en muchos casos atentatorio de los
derechos de la persona, aunado al trato desigual en función de la condición social o económica del
imputado, de tal modo que los presuntos delincuentes de condiciones más precarias sufren mayor
grado de vulneración de sus derechos, como detenciones arbitrarias, demora en esclarecer los
hechos, amenazas o a veces violencia, incumpliendo las garantías legales de existencia formal pero
no totalmente real. Landrove (1990) dice, que constituye una preocupación de dimensión universial
la ineficacia, corrupción y brutalidad de la policía, de la que se derivan violaciones de los derechos
humanos. Problemas a la que se ha prestado especial atención en los Congresos internacionales V
y VI de las Naciones Unidas.
Este problema preocupa a los victimólogos y a otros estudiosos de la materia, y aún más a
las propias víctimas. Al respecto, el Consejo de Europa elaboró una Recomendación a sus estados
miembros, el 28 de junio de 1985, sobre las víctimas en relación al derecho penal y procesal penal.
VÍCTIMA: En este rubro anotamos, como ya lo han dicho otros tantos estudiosos, que la
víctima también tiene derecho a ser asistida y/o compensada o indemnizada por los problemas y
necesidades que son secuelas del hecho de haber sido victimizada. En otros términos creemos que
los derechos de la víctima son más imperativos que los derechos del procesado o del interno, sin
embargo los derechos del victimario han cobrado mayor auge y protección, para quienes el Estado
destina un presupuesto, mientras que la víctima, en forma paradógica, muchas veces queda en el
abandono. Al respecto se debe tener en cuenta que las necesidades de la víctima, resultantes de un
acto criminal son complejas, que van desde las económicas, emocionales, necesidad de asistencia
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en su salud física, así como problemas de carácter social y laboral. Asimismo existen víctimas
indirectas, como los hijos huérfanos debido al homicidio en agravio de su ascendiente, o también
padres ancianos desamparados que dependían de la víctima, entre otros casos, y que la sociedad
no debería descuidar.
Las experiencias más antiguas respecto al interés por la víctima, se han centrado en primer
lugar en ofrecerle una compensación, aunque con el desarrollo del Estado esa reparación dejó de
ser garantizada suficientemente, y hubo periodos en que el poder eclesiástico o estatal tomó en su
provecho las compensaciones, relegando a las víctimas. Es en el siglo XIX, y sobre todo en los
Congresos Internacionales Penales y Penitenciarios, en los que se planteó la necesidad de la
reparación al agraviado por el delito, habiéndose generado algunas alternativas para dicho
propósito. Al respecto, hoy se debate quien debe prestar la compensación o ayuda a las víctimas,
habiéndose desarrollado las siguientes alternativas:
Sin embargo, sobre todo en sociedades como la nuestra, mientras no haya cambios legales
imaginativos, la compensación por el victimario tendrá sus limitaciones, en muchos casos porque
no existen mecanismos eficientes que obliguen al autor del hecho a pagarla; en segundo término,
porque muchos de los obligados con la reparación, no tienen los recursos necesarios para responder
por el daño ocasionado, y no pueden cubrir la obligación.
Dussich (2013) anota que si bien los principios de la justicia restaurativa es tanto para
víctimas y delincuentes, realmente la mayoría de programas se emplean para la rehabilitación del
delincuente.
2.2„6.2. Compensación a cargo del Estado: Sobre este particular hay que considerar que, si
bien el autor del hecho delictivo es el principal obligado a cumplir con la compensación o restitución,
esta la tendría que asumir el Estado, por la carencia de posibilidades económicas del victimario y
también en los delitos de abuso de poder, tortura, entre otros, cometidos por las gencias del control
penal que son del Estado. Además hay casos de delitos en que el autor no es habido, o no es
responsable penalmente o ha fallecido, y obviamente no pueden cumplir con la reparación. Al
respecto podemos recordar que ya Bentham y posteriormente Ferri y Garófalo, en el siglo XIX,
abogaron por la indemnización de la víctima a cargo del estado.
En Italia, la Ley Penitenciaria de 1975, estatuyó en su artículo 73 una Caja para el socorro y
la asistencia de las víctimas del delito que se hallan en condiciones de comprobada necesidad.
Además en sus artículos 74 y 75 estipuló la creación del “Consejo de Ayuda Social” a la víctima. Sin
embargo esta norma ha sido criticada por haber incluido estas medidas dentro de la legislación
penitenciaria, en la que no debería considerarse a las víctimas.
En nuestor medio, el Código penal de 1924 estipuló en su artículo 403 que “El consejo Local
de Patronato administrará en su Distrito Correccional la Caja de indemnizaciones a las víctimas de
delito..”, que en los hechos prácticamente sólo tuvo vigencia literal pero no real. En el Código de
Ejecución Penal de 1985 se crea las Juntas de Asistencia Postpenitenciaria, y dentro de sus
atribuciones se estableció en el artículo 144, inciso “b”, la de “Brindar asistencia social al liberado,
asus familiares, a las víctimas del delito y a los familiares de esta..”. Esta misma tónica se sigue en el
vigente Código de Ejecución Penal de 1991. En resumen, según la ley penitenciaria peruana,
corresponde a las Juntas de Asistencia Postpenitenciaria, que son parte del Instituto Nacional
Penitenciario (INPE), brindar asistencia social a las víctimas del delito y a sus familiares, pero aún en
los hechos, esta obligación, sólo sigue siendo un buen propósito legal (Solis, 1999)
[Link]. Asistencia por el sistema de Seguridad Social: Otra alternativa para ayudar a la
víctima se consideró en el Vil Congreso de las Naciones Unidas ya citado, en el sentido que diversos
países encaraban la prestación de Servicios y asistencia a las víctimas, como parte de todo el sistema
de bienestar o seguro social, sobre todo de tipo médico, psicológico, social, entre otros, para
enfrentar los efectos de la victimización.
• (1979) plantea que no obstante que la actual controversia se centra en la obligación del
resarcimiento a la víctima a cargo del estado, otra posibilidad sobre todo en delitos patrimoniales,
es [Link] aseguramiento privado que debería prever la potencial víctima, en función de sus
bienes o patrimonio qué tienen riesgo. En este caso estaríamos ante una especia de autoprotección.
Esta alternativa en nuestra realidad social estaría limitada a un sector social muy pequeño, porque
la mayoría de la población en riesgo de victimización no tiene los recursos suficientes para contratar
un seguro para estos probables eventos.
En la segunda mitad del siglo XX, cuando el tema de la victimología empezó a expandirse,
se empieza también a revisar el problema de la víctima en diversos eventos internacionales,
destacando los siguientes:
Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y
del abuso de poder, recomendado por el Vil
Congreso de las Naciones Unidas para la prevención del delito y tratamiento del
delincuente, celabrado en Milán del 26 de agosto al 6 de setiembre de 1985. Esta declaración de la
ONU, aprobada por la Asamble General de las Naciones Unidas, es prácticamente una carta magna
para las víctimas, según el parecer de Irvin Waller.
El Estatuto de Roma que estableció la Corte Penal Internacional, del 17 de julio de 1998, que
entró en vigor el primero de julio de 2002. Establece disposiciones sobre todo para brindar justicia
a las víctimas de Crímenes Internacionales.
La criminología del conflicto y sobre todo las corrientes críticas, consideran que el objeto de
estudio criminológico no debe centrarse en el delincuente y el delito en forma acrítica, sino más
bien plantean que el Derecho penal responde a determinada sociedad que no es homogénea ni
consensual, y que el Estado como entidad política, dentro de sus mecanismos de control social,
genera un sistema de control formal penal o punitivo para mantener dicho dominio, y precisamente
tal control debería ser el objeto de estudio principal de la criminología, aunque algunos plantean
que todo el control social debe ser su materia de estudio.
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2.3.1. EL CONTROL SOCIAL Y EL ESTADO: La expresión de control social fue creada por el
sociólogo norteamericano Edward Alsworth Ross (1866-1951), a fines del siglo XIX e inicios de la
siguiente centuria, habiendo publicado la obra Control social en 1901, así como Psicología social en
1908, Los principios de la sociología en 1920, entre otra variedad de libros.
La sociedad, para mantener el estatu quo y la estabilidad del orden vigente, recurre pues a
una variedad de mecanismos de control social, desde los llamados controles informales hasta los
formales que se ejercen por diversas entidades. Entre la variedad de agencias de control social
general destacan, la familia, la Iglesia, la escuela, el derecho, entre otros. De ellas, el control jurídico
penal, como parte específica del derecho, se limita concretamente a la aplicación del derecho penal
como medio para prevenir y reprimir la criminalidad. Según Garland (2005, p. 38), el control del
delito “se caracteriza por dos patrones de acción que se entrelazan y condicionan mutuamente”, los
controles formales y y los controles informales.
En este contexto, el Estado constituye una organización o entidad política que a lo largo de
su desenvolvimiento histórico ha tenido y tiene aún como misión lograr el mantenimiento del orden
económico y social vigente, básicamente en función de los intereses de los grupos de poder o las
clases dominantes. Este Estado que surgió al producirse la división de la sociedad en clases sociales
con la aparición de la propiedad privada, generalmente estuvo desde sus manifestaciones iniciales
o más antiguas, en manos de los grupos sociales que tenían el poder sobre todo económico. Por ello
es concebido, desde la visión marxista, como “la superestructura política, que se alza sobre la base
económica. Es la organización del poder de la clase dominante en el terreno económico, que gracias
al Estado se convierte también en la clase dominante en el aspecto político” (Academia de ciencias
de la URSS, 1975, p.157)
Durante su evolución histórica, desde sus expresiones incipientes como Estado esclavista,
pasando por el Estado feudal, hasta el Estado burgués, ha tenido un desarrollo particular, sobre
todo durante la fase del capitalismo, desde sus manifestaciones iniciales hasta su actual
configuración. Al respecto, Juan Bustos (1983 [Link]) reseña que el desarrollo del Estado burgués
moderno se Inicia con el Estado absoluto, deviniendo luego en Estado guardián, posteriormente en
un Estado intervencionista, hasta llegar a un Estado social de derecho.
Al respecto, Kelsen (1981, p. 74) señalaba también que él Derecho es una técnica social, y
que desde tal punto de vista es igualmente “una técnica de coacción social estrechamente ligada a
un orden social que ella tiene por finalidad mantener Asimismo Giuseppe Lumia (1985, p.15) dice
que “el Derecho no es más que un instrumento de control social, una de las muchas técnicas con la
que se realiza el control social, y quizá no la más importante aunque si ciertamente la más típica”.
Dentro de este contexto nos interesa el control jurídico penal por su especial carácter coercitivo y
de amplio uso por el poder estatal.
Para Gunther Kaiser (1988), el control social, al margen de las soluciones históricas o
imaginadas, abarca aquellos procedimientos mediante los cuales el Estado ejerce su amplio dominio
sobre los individuos que la componen, logrando que éstos obedezcan sus normas. En todos los tipos
de control social existen aspectos normativos, entidades o instituciones, operadores y sanciones. El
control jurídico penal se distingue del control social general, porque de acuerdo a sus fines y medios
empleados, se limita a la prevención y represión del delito.
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La condición de inorgánica que presenta este sistema de control es percibida por muchos.
Al respecto, Isidore Silver no obstante que habla de sistema penal, hace la anotación que realmente
no existe un sistema en el sentido que se le asigna al término, por cuanto se trata más bien de una
variedad de "agencias fragmentadas establecidas para diferentes propósitos, que tienen diferentes
filosofías y son responsables ante diferentes ramas del gobierno. No hay una agencia central de
control que pueda dar instrucciones al “sistema” (1985, p. 1)
En otros términos, para el control del delito no es suficiente la previsión legal (susbsistema
normativo), por cuanto para el logro de dicho objetivo se necesitan además otras instancias o
subsistemas que cumplan funciones específicas. Por ello, el aborde de todas estas instancias que
entran en juego en el control jurídico penal, requieren de un análisis no sólo desde la perspectiva
jurídica, sino también y quizá en primer orden de índole social. De este modo, la visión sociológica
del derecho, puede analizar temáticamente de modo muy diferente, bien al sistema normativo, a
las entidades o agencias, a los operadores y las sanciones, mediante los cuales el control entra en
acción.
El subsistema normativo o subsistema regulador del control jurídico penal, está plasmado
en las leyes penales, procesales, como ejecutivas, entre otras especiales. Desde la óptica de la
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dogmática generalmente se realiza el análisis de la ley vigente, generando un producto doctrinario
muchas veces desligado de su contexto histórico y social. Es por ello que cuando se opta por un
análisis interdisciplinario político y social, sobre todo de la criminalización primaria, se pueden
descubrir los vínculos del sistema normativo penal con el tipo de Estado vigente y los intereses de
los que tienen el poder (Solis 1987 A). Al respecto Muñoz Conde (1983, p.727) plantea, desde una
perspectiva ideológica, que “el Derecho penal es la superestructura represiva de una determinada
estrucutura socio económica y de un determinado sistema de control social pensado para la defensa
de la estructura”. Nosotros consideramos que el estudio de la norma penal debe considerar también
el análisis de sus fundamentos económico sociales, es por ello que ya años atrás decíamos que el
“derecho, desdesus incipientes formas, surgió para mantener el statu quo vigente, el derecho no
fue más que un reflejo de las estructuras socioeconómicas imperantes. Los que detentan el poder
político y económico, tuvieron también el poder de imponer las leyes que sirvieran para mantener
estable un estado de cosas acorde con sus intereses. Una de esas leyes fueron precisamente las
penales” (Solís 1976). Además hay que anotar cómo la realidad legal o normativa se distancia de la
realidad social táctica, hecho que lo venimos planteando desde muchos años atrás, apreciación que
lo señala también en otros términos Eduardo Novoa (1986, p.148), quien dice, es “de lamentar que
el alto desarrollo de la dogmática jurídica dentro del Derecho penal, en virtud de la influencia de
juristas alemanes e italianos de gran calidad, haya llevado a esta importante rama a sumirse en
sutilezas bizantinas, algunas de las cuales constituyen verdaderos malabarismos de ingenio
jurídico...”
Para viabilizar los propósitos del sistema normativo penal, entran en juego una serie de
instituciones o “portadores del control jurídico penal”, como lo denomina Kaiser, entre las que
destacan: a) La Policía, b) El Ministerio Público, c) Poder Judicial, d) Instituto Nacional Penitenciario,
entre otros. Las personas sujetas a incriminación penal son tratadas en cada una de esas agencias
de control bajo criterios disímiles, generalemente incoherentes entre todas ellas, y en la que los
principios normativos que se supone guían el accionar de dichas instituciones, en la práctica distan
mucho de su sustento normativo penal. Estas instancias entran enjuego, en la fase que se conoce
también como criminalización secundaria.
Del accionar de las agencias, a través de sus operadores, se derivan determinadas sanciones
contra el procesado que es hallado culpable de un ¡lícito penal, entre las se encuentran las penas y
otras medidas como el embargo, confiscación, detención preventiva y definitiva
Sin embargo, siguiendo el planteamiento de Muñoz Conde (1983), se puede considerar que
dentro del control social general, el control o “sistema” jurídico penal, tiene un lugar secundario de
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carácter asegurador o confirmador de otras instancias más sutiles y eficaces. El control penal no
produce realmente nuevos valores, ni constituye un sistema independiente de motivación de la
conducta humana en la sociedad. No es pensable un control jurídico penal desconectado totalmente
de las demás instancias del control social general que emplea el Estado.
No obstante que esta agencia policial tiene la obligación de luchar contra el crimen y realizar
acciones preventivas, ello no es una patente de corso para que en forma violenta y prepotente trate
a toda persona que se encuentre en su camino durante esos operativos selecctivos, como si fueran
seres sin derechos o delincuentes probados. Aun si fueran delincuentes convictos, ninguna ley
autoriza en un Estado de derecho esa forma de violencia, de abuso de poder, con determinado
sector poblacional. Asimismo, Frank Pearce (1980, p.97), criminólogo británico, afirma que “los
policías tienden a ser conservadores o abiertamente derechistas, adhesiones que habitualmente se
ignoran, mientras que las tendencias hacia la izquierda -por excepcionales que sean se suprimen
con rapidez.”. Un reciente e importante estudio sobre el papel represor de la policía es el que
presenta Máximo Sozzo (Director. 2005), sobre todo en Argentina.
Otra conducta observada en esta agencia es que además abusa de la detención policial, sin
fundamento legal suficiente en muchos casos, práctica no sólo de la policía peruana, sino también
de otras. Al respecto, Lucila Larrandart (1992) considera que la policía hace un uso arbitrario de la
detención y que, en la práctica se la utiliza frecuentemente, cuando alguna persona con
determinado color de piel o mal vestido se encuentra en cualquier lugar público, sin motivo alguno,
sin considerar que nuestras leyes señalan cuando procede la detención, como son los casos:
o Detención preventiva policial, hasta por 15 días en delitos de terrorismo y tráfico ¡lícito
de drogas dando cuenta al Ministerio público y al juez.
Sin embargo, también es justo anotar que la función policial, si bien es cierto que presenta
en muchos casos las deficiencias anotadas, cumple también un papel necesario y positivo dentro de
la sociedad actual. Al respecto, André Bossard (En José M. Rico, 1983), señala que en el ámbito
internacional el papel policial es muy variado, hallando hasta cinco funciones generales:
[Link]. Poder Judicial: Es la agencia tradicional del control penal, cuya función es
administrar justicia con la participación de otras instituciones ya mencionadas. Dada la estructura
del Estado peruano, es un “poder” que no tiene poder real como los otros poderes, el legislativo y
el ejecutivo, por tanto su autonomía, muy mellada en los últimos lustros, sólo es legal pero no real.
Esta entidad es igualmente materia de serias críticas y cuestionamientos a lo largo de nuestra
historia. La realidad de su praxis en nuestro medio es objeto de duda en lo que concierne a su
eficacia, por la morosidad en su actuar; también por el hecho de hacer recaer el mayor peso de la
sanción penal sobre el sector social menos influyente y poderoso, así como por los problemas de
una justicia sesgada debido a la falta de moralidad en parte de los operadores judiciales.
Estas anotaciones no deben entenderse como una generalización absoluta sobre todos los
miembros que la conforman, ya que es innegable que existen jueces probos, pero la existencia de
magistrados que actúan sin respetar los principios legales y éticos, ha dado lugar para que esta
institución no merezca la confianza de la mayoría de la población. Sin embargo la rémora de su
actuación, que contribuye a los males que inciden en su desempeño como principal agencia de
administración de justicia, se debe también a la sobrecarga procesal como una variable en la lentitud
de la administración de justicia.
Aparte del problema de la moralidad en el actuar del poder Judicial, que ha sido y sigue
siendo un problema difícil de resolver, esta en el abuso de los mandatos de detención de los
procesados, no obstante que las reformas legales que se han venido dando en los últimos
veinticuatro años, a partir del Código Procesal penal de 1991, habiendo sido un antecedente la Ley
de despenalización del año 1985 (Ley No. 24388), pero qué no logró un resultado efectivo, hasta el
actual Código Procesal penal, que establecen limitaciones claras al respecto. Si apreciams lo que
ocurre en la práctica, el volumen de los internos o inculpados o presos sin condena sigue
constituyendo un volmen preocupante.
[Link]. El Ministerio Público: Es otra de las agencias del control penal que juega un rol
importante en la represión y control del crimen, pero que en su quehacer cotidiano, en
determinados casos, cae en la desviación de su actividad que atenta también contra el principio de
la igualdad de la ley penal. Actualmente como una entidad autónoma del Poder Judicial, tiene una
importante función de investigar el delito y formular las denuncias y acusaciones penales cuando
considera que se ha acreditado la existencia del delito y la responsabilidad del imputado. En
términos generales presenta similares problemas que el Poder judicial, aunque formalmente tiene
menor autonomía, porque no constituye un “poder” como el Poder Judicial.
En este caso, según nuestro Código de ejecución penal vigente se considera que la ejecución
de la pena está orientada a cumplir el propósito resocializador que se asigna a la sanción penal,
según los lineamientos señalados en dicho cuerpo normativo. Sin embargo, en la realidad cotidiana
de las instituciones carcelarias se observa una práctica diferente y hasta opuesta a los principios
normativos de la ejecución penal, porque los operadores encargados de su aplicación incumplen los
lineamientos de la ejecución penal.
Es de conocimiento público el alto número de presos sin condena, al que ya hicimos alusión,
frente al menor volumen de condenados que se hallan en las cárceles peruanas. Además es un
problema impactante las condiciones de vida ¡nfrahumana de los reclusos, sobre todo en los
establecimentos penales más grandes del país. Asimismo es una práctica frecuente la existencia de
una serie de irregularidades que ocurren detrás de los muros de la cárcel, como el tráfico de drogas
y alcohol, entre otros problemas, principalmente en las cárceles mas hacinadas. Todo ello nos lleva
a considerar que en los hechos y cotidianamente, se asume una práctica retribucionista en la
ejecución de la pena, Incumpliendo el propósito resocializador que figura en la letra del CEP
peruano, salvo honrosos Intentos.
[Link]. Nuevos medios de control: En los últimos tiempos el sistema de control ha tenido
una expansión importante, debido a la creación de nuevas técnicas de vigilancia, parte de ellas
impulsadas y financiadas por el sector privado, y últimamente por las entidades municipales. Como
afirman Macionls y Plummer (2000, p. 226), “uno de los aspectos más notables de los últimos años
ha sido el Incremento exhaustivo de los circuitos cerrados de la televisión. Muchas autopistas,
comercios y edificios públicos están vigilados las veinticuatro horas del día, 365 días al año. Con ello,
y aunque la presencia física de la policía quizá no sea muy notable, nuestros actos están mucho más
vigilados que en el pasado”, además de otras medidas de control tecnológico, y también sociales
como las “rondas vecinales”.
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Asimismo el control social está ligado al poder, y es objeto de críticas por diversas teorías,
ideologías y movimientos, que según Stanley Cohén (1942-2013), plantean argumentos
cuestionadores a la descentralización del control social bajo diversos matices, unidos a “la noción
del control ejercido por una comunidad descentralizada” (1989, p.345), destacando los diversos
movimientos críticos como el abolicionismo, el minimalismo, entre otros. Dentro de esta perpectiva
el planteamiento de Alesandro De Giorgi (2005, p. 39) es que el control social no es estático sino
que cambia en el el tiempo y en el espacio, el mismo que en la sociedad occidental ha presentado
diversa prácticas de control, y que la tendencia que está emergiendo, se caracteriza porque el
“control no se ejerce ya tanto sobre individuos concretos desviados (actuales o potenciales), cuanto
sobre sujetos sociales colectivos que son institucionalmente tratados como grupos productores de
riesgo. Los dispositivos del poder utilizando metodología de cuantificación y tratamiento del riesgo
de desviación que recuerdan las que son propias de los seguros, parecen apuntar a la gestión de
categorías enteras de individuos.”, a la que denomina “control actuarial”, que derivaría de las
nuevas tendencias de la criminología, sobre todo de la teoría de la elección racional, frente a la crisis
del etiologismo.
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Capítulo III
TENDENCIAS BIOCRMNOLOGICAS
En este capítulo se revisan los diversos conocimientos y teorías que consideran como
explicación de la desviación, algunos aspectos biológicos, sobre todo de carácter somático,
fisiológico, así como lesiones y/o enfermedades neurofisiológicas, al igual que los aspectos
genéticos y bioquímicos, que se enmarcan dentro de lo que llamamos el ismo biológico de la
criminología
Se analizan igualmente los estudios biológicos más recientes que tienen implicancia
criminológica, aunque no constituyen sistemas o teorías explicativas generales,sino más bien
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factores o condiciones que probablemente actúan con otros elementos condicionantes, tales son
las funciones orgánico-cerebrales, los factores bioquímicos, y también las alteraciones
cromosómicas, entre los más saltantes.
Este planteamiento concuerda con nuestra tesis que considera a la conducta humana como
resultante de condiciones socio-psico-biológicas, idea que expusiéramos hace cinco décadas atrás
(Solís, 1966), y que la hemos remozado en análisis posteriores (Solís 1974,1984,2013), por cuanto la
realidad humana es una unidad que tiene ineluctablemente un sustento biológico, sobre cuya base
ocurre su configuración sociopsicológica durante su desarrollo ontogenético, siendo predominante
su condición social. Sobre este aspecto podemos señalar, por ejemplo, que los criminólogos
marxistas, orientados hace algunas décadas atrás por concepciones político sociales en el análisis
criminológico, en años posteriores empezaron a revalorar la naturaleza humana. Es así que el
criminólogo soviético G. Avanesov (1985), dedica todo un capítulo de su libro para explicar la
correlación entre lo social y lo biológico en las causas de la delincuencia, afirmando que lo social del
hombre no surge ni se desarrolla "de repente", en un lugar vacío, sino que tiene determinadas
premisas biológicas. "El hombre es un sistema biosocial" sin negar su carácter social. Al respecto es
ilustrativa la revisión histórica de esta perspectiva que realiza Nicole H. Rafter (n.1939) en su obra:
The criminal brain: understanding biological theoríes of críme (2008).
En todo caso hay que valorar, en su contexto adecuado, las bases biológicas que influyen de
diverso modo en el comportamiento humano, ¡nterrelacionado con sus condiciones
sociopsicológicas. Sin embargo los criminólogos críticos cuestionaron frontalmente esta posibilidad,
rotulando el estudio de esta dimensión biológica con el epíteto de positivismo (Miralles et Al., 1983),
o concibiéndola como "racismo" (?), probablemente por carencia de información objetiva sobre
este tema, el mismo que ha generado una gran cantidad estudios, siendo algunos de los
relativamente recientes dedicados a este ámbito, la obra Aggression and violence. Genetic,
neurobiological and biosocial perspectives de David M. Stoff y Robert B. Cairns, publicado en el año
de 1996; asi como el libro de Gail S. Anderson: Biologicalinfluences on criminalbehavior, editado en
el año 2007, igualmente la obra del renombrado criminólogo neurólogo Adrián Raine: The anatomy
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of violence. The biological roots ofcrime, editado el 2013, entre otros diversos libros, monografías y
multiplicidad de artículos.
[Link]. La concepción tríptica lombrosiana: La tesis del criminal nato, según señalaba
Mezger, hacía referencia a "una especial variedad, un genuino tipo antropológico del hombre, una
peculiar especie géneris humani" (1942). El alemán Paul Nake, sintetizando esta teoría dijo que el
delincuente nato era idéntico al loco moral, con base epiléptica, explicable por atavismo y un tipo
somático y psíquico especial (Concepción tríptica). Para Luis Rodríguez (1995, ps. 270-271) el
"tripoide lombrosiano" "une el atavismo, el morbo, y la epilepsia. Así hay una explicación coherente,
una síntesis a las diferentes teorías, explicando cómo, generalmente, atavismo, morbo y epilepsia
van unidas."
luego que realizara la autopsia a un bandido calabrés llamado Vilella en 1871, en cuyo
cráneo encontró una "foseta occipital media", fenómeno rarísimo y que es característico de especies
animales inferiores. Además pretendió haber hallado determinadas relaciones entre los animales,
el criminal y el salvaje. Vinculado con la tesis atávica, también habló de una Concepción embriológica
del delito, según la cual afirmaba que el crimen no sólo era una conducta exclusivamente humana,
sino más bien común a todos los seres de la escala biológica. Sobre dicha base habló de una
"criminalidad vegetal", "criminalidad animal", "criminalidad del hombre primitivo y salvaje", y
"criminalidad del niño".
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B. Tesis de ia "locura moral": A su concepción atávica agregó la tesis de la "locura moral"
de Prichard, afirmando que el criminal nato se caracterizaba por aquella ausencia de sentimientos,
propios del loco moral (morbo). El delincuente nato era loco moral, esto es insensible moralmente,
de allí que cometía los crímenes más horrendos. La locura moral recibió luego, por diversos autores,
una variedad de denominaciones, tales como "idiotismo moral", "imbecilidad moral", "ceguera
moral", "anestesia moral", "daltonismo moral" y posteriormente psicopatía anética, entre otras.
Actualmente es llamado trastorno de personalidad disocial.
[Link]. Clasificación de los delincuentes: César Lombroso no sostuvo la idea de que todos
los delincuentes eran natos, y en sus últimas obras diferenció a los siguientes tipos de delincuentes:
delincuente epiléptico,
El delincuente nato alcanzaba a cubrir, según sus sus trabajos posteriores, sólo un poco más
de la tercera parte de todos los delincuentes, lo que contrasta con sus primeras ideas que
consideraban un porcentaje mayor de natos en toda la población criminal. Además hay que anotar
que Lombroso señaló que el delincuente nato no era un predestinado a ser necesariamente
criminal, habiendo distinguido entre el criminal nato real que ya había cometido un delito, y el
criminal nato latente con predisposición al crimen, pero que aun no había delinquido.
Las objeciones que tuvo han sido muchas, desde sus coetáneos hasta el trabajo del inglés
Charles Goring (1870-1919), plasmado en su libro The english convict. A statistical study de 1913,
quien luego de estudiar por ocho años a 3,000 reclusos reincidentes, no halló las anomalías físicas y
fisiológicas señaladas por Lombroso, aunque encontró que el grupo delincuente se encontraba física
e intelectualmente por debajo del término medio. Además podemos indicar que, desde la
perspectiva metodológica actual, el estudio para fundamentar la tesis del delincuente nato, no
siguió un proceso riguroso, guiándose el autor por sus estados de entusiasmo, que lo condujeron a
generalizaciones sin mucha solidez. Taylor, Walton y Young (1977, p. 60) dicen también que las
"técnicas estadísticas de Lombroso (que reflejan el desarrollo de la matemática de su época) eran
totalmente inadecuadas".
3.2.2. TEORIA DE EARNST HOOTON: A finales de la década del 30 del siglo pasado, cuando
las ideas lombrosianas parecían superadas, fuera de Italia surgió una versión explicativa del crimen
que fue catalogada de corte neolombrosiana, teoría presentada por el antropólogo físico
norteamericano Earnst A. Hooton (1887-1954), en sus obras Crime and the man y en The american
criminal: An antropológica!study, ambas editadas en el año de 1939.
Dicho autor, luego de varios años de investigación, tomando en cuenta las diferencias
raciales y la nacionalidad, no como factores criminógenos, sino para precisar la criminalidad según
las particularidades que se daban en tales grupos, llegó a la conclusión que había rasgos
diferenciales en los aspectos físicos, entre personas delincuentes y no delincuentes. Hooton hizo un
estudio comparativo de reclusos norteamericanos con muestras de la población general, y entre las
diferencias más notorias de los delincuentes varones de raza blanca, respecto de la muestra, halló
que los condenados en promedio presentaban una inferioridad biológica con relación a los no
delincuentes, siendo más ligeros, de cabeza pequeña, narices chatas, mandíbulas estrechas, entre
otros rasgos físicos, de los que dedujo, según refiere S. Lamnek (1980), que el crimen sólo podía ser
combatido a través de la eugenesia y el control de la reproducción.
Si bien Hooton trató de evitar el mismo error metodológico de Lombroso, por lo que
recurrió con fines comparativos a un grupo de control de sujetos no delincuentes, sin embargo,
como lo anota West (1970), el defecto de esta investigación es que no seleccionó adecuadamente
tal grupo, lo que no le da validez a las pretendidas diferencias encontradas, ya que tales rasgos
físicos podían estar ligados a la clase social y ocupación, que eran posiblemente diferentes entre el
grupo delincuente y el grupo de control.
Afirmaba Di Tullio (1966, p.177) que los delincuentes constitucionales eran "sujetos que,
por su particular estructura bio-psíquica, presentan una predisposición mayor al deljto que la que
se encuentra en el hombre medio normal conformista". El concepto de delincuencia constitucional
no debe ser entendido como un estado patológico, sino como una propensión a realizar actos
delincuenciales debido a una "perversidad instintiva constitucional", de la que provienen las
manifestaciones más graves y persistentes de maldad, de brutalidad, y de una predisposición a la
delincuencia en general. No obstante lo afirmado, Di Tullio no excluyó que en muchos casos se
manifieste una perversidad adquirida, a consecuencia de procesos destructivos de la conciencia
moral.
A. Factores hereditarios: Incluyó dentro de éstos los que él denominó factores morbosos,
submorbosos o degenerativos. En tal sentido afirmó que el proceso de la herencia puede ser
perturbado por procesos tóxicos o infecciosos que provocan lesiones y estados de desmejoramiento
en las células germinales (blastoftoria o blastotoxia); así como también procesos negativos que
alteran el feto (embrioftoria). Ambas alteraciones pueden afectar gravemente el desarrollo físico y
psíquico de la persona. Conforme con ellas la población humana puede ser dividida en tres clases
(Di Tullio, 1950).
Personas con afortunada combinación de "genidios", en la que los genidios defectuosos han
sido perfectamente compensados por los normales.
Personas mediocres, cerca del- 90 por ciento de la población, caracterizadas por tener
genidios mediocres.
B. Caracteres morfológicos: Sobre éste factor Di Tullio llegó a los siguientes resultados:
Disfunciones especiales del sistema nervioso, que se exteriorizan por varias formas de
convulsión, especialmente motrices y psíquicas, lo que Di Tullio denominó "epilepsia órgano-
vegetativa".
D. Factores psíquicos: Al respecto existen una serie de factores planteados por Di Tullio.
- Sentido de placer al cometer delitos, que puede ser una característica específica de la
constitución delincuencial. Criminales por hedonismo.
Según Di Tullio, este delincuente constitucional tiende o llega a ser un tipo criminal conocido
como loco moral (1966). :
3) Orientación cicloide: Personas con predominio del ánimo distímico. En la fase depresiva
se da un prevalente desarrollo de actividades antisociales y delictivas, vinculadas al ocio y a toda
forma de parasitismo. La fase de excitación es motivo de una actividad desordenada y caótica, que
puede caer en especulaciones y negocios ilícitos e inmorales, delitos contra la propiedad, en especial
estafa o actos de violencia.
[Link]. Críticas a la teoría de Di Tullio: No obstante que este autor no afirma que todo
delito se explica sobre la base de la tesis de la "constitución delincuencia!", por cuanto reconoce la
existencia de otras dos variedades de criminales que él denomina: -"delincuentes
ocasionales"(normales) y "delincuentes enfermos mentales"; sin embargo, al desarrollar su tesis de
la constitución delincuencial, cuando habla de factores morfológicos nos hace recordar a las ideas
lombrosianas ya superadas, por ello fue calificado como un neo-lombrosiano, sobre todo por la
tendencia predominante en su Tratado de Antropología Criminal de 1945, aunque ya en sus
Principios de Criminología de 1963, prácticamente atenuó los aspectos morfológicos y reajustó
algunos de sus planteamientos.
Otro aspecto cuestionable de esta teoría, es que los rasgos de los diversos tipos de
"orientación constitucional", si bien pueden observarse dentro de la población criminal, ello no
significa que sean realmente una variedad especial de delincuentes "constitucionales", ya que la
explicación que expuso es deleznable para los conocimientos neurológicos y psicopatológicos
actuales. Además, tales tipos prácticamente constituyen diversas variedades de trastornos de
personalidad, antes llamados psicópatas. El mismo autor citado lo reconoció en sus Principios al
decir: "nos inclinamos a creer que no hay sustancial diferencia entre tales sujetos, definidos en
psiquiatría como psicópatas o sociópatas, y nuestros criminales constitucionales." (1966, ps. 65-66).
Asimismo cuando se refiere a la Orientación Hipoevolutiva, el mismo Di Tullio en1963 lo consideraba
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parecido al "loco moral", y que en esos años era denominado psicópata cruel o desalmado, y que
hoy es una variedad de trastorno de personalidad, llamado trastorno disocial de la personalidad.
Es una verdad corroborada por la ciencia actual que algunos trastornos de las células
germinales o que ciertas anomalías de los progenitores pueden transmitirse a la prole, pero ello no
prueba una herencia criminal, menos una "constitución" delincuencial. Al respecto los estudios de
genética actual, valoran tanto el aspecto hereditario como el congénito que se desarrolla durante
la gestación intrauterina, como bases importantes de la conducta humana, pero no como
fundamentos de una predisposición al crimen.
[Link]. Los biotipos: Sus estudios iniciales los efectuó observando a un grupo de enfermos
mentales. Una parte fueron 175 pacientes esquizofrénicos, de los cuales 125 eran varones y 50
mujeres. El resto estuvo integrado por 85 maniaco-depresivos, siendo 43 hombres y 42 mujeres. En
total estudió a 260 psicóticos, número que posteriormente aumentó, los que sirvieron para la
obtención de los primeros resultados, y que hasta la actualidad han sido ampliados con miles de
observaciones provenientes de un material internacional (Kretschmer, 1954). De tales estudios
dedujo ios biotipos leptosómico, pícnico, atlético y displásico, que estadísticamente concordaban
con las dos entidades de la nosología psiquiátrica señaladas, llegando a las conclusiones siguientes:
persona delgada, que parece más alta de lo que en realidad es, con las siguientes notas
somáticas saltantes. Hombros estrechos, brazos delgados y poco musculosos, caja torácica alargada
y estrecha, vientre sin panículo adiposo, miembros inferiores delgados
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B. Biotipo atlético: Con las siguientes características corporales. Talla entre mediana y alta,
hombros anchos y angulosos, caja torácica robusta, abdomen tenso, tronco estrechado hacia abajo,
panículo adiposo moderado.
C. Biotipo pícnico: Presenta los siguientes rasgos somáticos. Desarrollo intenso del
perímetro abdominal, tendencia adiposa en el tronco, generalmente es de talla mediana, rostro
ancho y blando, piel blanda y de regular espesor.
Gigantismo eunucoide
Adiposidad eunucoide
Infantil e hipoplásico.
C. Temperamento viscoso, caracterizado por una vida afectiva estable, poco sensible a los
estímulos, pero con explosiones de cólera más frecuentes que en los otros temperamentos; pasivo
y perseverante, sin elasticidad ni presteza; expresión verbal pausada, monótona y laboriosa;
fantasía limitada; tenacidad en la atención. Este temperamento se correlaciona con el biotipo
atlético.
- En primer lugar, los que presentan mayor incidencia en el delito son los leptósomos,
que prácticamente son un tercio del total de delincuentes.
- En segundo lugar de incidencia delictiva están los tipos atléticos. Salvo en delitos
violentos en los que ocupan el primer lugar.
- En tercer lugar están los pícnicos, con menor índice delictivo que los leptosómicos y
atléticos, y
- En último lugar se hallan los displásicos.
- Los atléticos cometen generalmente delitos violentos, ya sea atentados contra las
personas, robos con violencia, violaciones, con escasa participación en los delitos de
estafa. Por su polo explosivo, el atlético es el delincuente brutal por excelencia.
- Los pícnicos participan sobre todo en las estafas y menos en los delitos de violencia. Su
inclinación a la estafa se correlaciona con su temperamento locuaz y extrovertido.
- Los displásicos destacan especialmente en los delitos contra la moral, sin violencia. Esto
se explica, porque en este grupo se hallan los que presentan trastornos endocrinos
abortivos y del desarrollo constitucional del sexo.
- Los leptosómicos son los que presentan mayor reincidencia en el delito. A su vez son poco
corregibles, debido posiblemente a su temperamento, a su rigidez autista, frialdad y apatía.
- También los atléticos tienen alta reincidencia, pero algo menor que los leptosómicos.
- Los pícnicos presentan escasa reincidencia, siendo a su vez los más corregibles, lo que
concuerda con su temperamento de mayor adaptabilidad social.
- Los displásicos presentan también un grado significativo de reincidencia.
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Como afirma Castillón (1970), se puede deducir de todo lo visto, que los delitos se dan en
todos los blotipos, sean contra la persona, honestidad y robo. Variando en el modo, preferencias,
tiempo y época de delinquir.
2) En segundo lugar los biotipos describen formas corporales, las mismas que no siempre
son estáticas sino más bien dinámicas, que biográficamente varían con el desarrollo ontológico
humano, en función de la edad, nutrición y salud, lo que de hecho le quita solidez a las supuestas
correlaciones de la constitución con el temperamento, y mucho más con las de índole criminológica,
no pasando de ser aproximaciones descriptivas de una etapa vital del ser humano.
3) En tercer lugar, sólo se puede afirmar con seguridad que los delincuentes, estadística y
ectoscópicamente pueden ser catalogados en dichos biotipos, pero ello no explica una relación
causal del crimen. Además en la población, por lo menos en nuestro medio, generalmente
predominan los biotipos leptosómicos y son menos numerosas las formas corporales pícnicas, sobre
todo entre los jóvenes y los de adultez media, por lo que en las poblaciones criminales es de esperar
tales tendencias.
3.3.2. LOS SOMATOTIPOS DE W. SHELDON: Hace setentiséis años atrás, en 1940, William
Sheldon (1899-1977), Stanley S. Stevens (1906-1973) y William B. Tucker (1905-1979) presentaron
la tesis de los somatotipos en la obra The varieties of human physique. An introduction to
constitutional psychology, que fue seguido por The varieties of temperament. A psychology of
constitutional differences en 1942 solo con la coautoria de Stevens (1955). Otro trabajo importante
de Sheldon, conjuntamente con Emil Hartl y EugeneMcDermott fue Varieties of delinquent youth.
An introduction to constitutional psychiatry, publicado en 1949, así como otros estudios.
Sheldon consideraba que en cada persona existía diverso grado de incidencia de los tres
componentes somatotípicos, la primera es la endomorfia, la segunda la mesomorfia, y la tercera la
ectomorfia. Los mismos que fueron valorados cuantitativamente, fluctuando cada valoración desde
un mínimo de 1 hasta un máximo de 7, según la menor o mayor frecuencia de sus rasgos
correspondientes.
Al igual que Kretschmer, Sheldon también halló correlaciones de cada uno de sus
somatotipos ideales, con otros tantos tipos de carácter o temperamento. Al respecto encontró,
luego de diversos estudios, 60 rasgos psicológicos, correspondiendo 20 a cada una de las tres
variedades de temperamento. En el caso del endomorfo, el tipo de temperamento dominante fue
denominado Viscerotónico, con. rasgos temperamentales parecidos al ciclotímico. Se caracteriza
por una actitud general de relajación, sociabilidad, amor a la comodidad, jovialidad, amabilidad y
extraversión, avidez de alimentos, gran interés por los demás seres humanos, por su afecto y
aprobación.
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B. El mesomorfo: Con características anatómicas similares al atlético, y que
hipotéticamente deriva del predominio de la capa embriónica mesodérmica. Por ello tiene mayor
desarrollo del sistema muscular y óseo. Cuantitativamente su fórmula ideal es 1 - 7 -1
A estos somatotipos se les pueden hacer las mismas críticas que a los biotipos de
Kretschmer, no obstante que pretenden fundarse en bases embriónicas, pero que realmente
quedan en el terreno hipotético. Asimismo las correlaciones criminológicas no tienen características
diferenciales específicas, incluso como el mismo Sheldon lo reconoce, lo que le resta valor e
importancia.
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No obstante las críticas a esta concepción de los somatotipos, existen algunos estudios
posteriores que consideran válida la aplicación criminológica de los tipos somáticos de Sheldon,
como el de Juan B. Cortés y Florence Gatti, presentada en el libro Delinquency and Crime: A
biosychosocial approach, de 1972, quien luego de una investigación sobre 100 delincuentes y un
grupo de control, conformado por 100 alumnos de un college privado, concluyó que existían
diferencias físicas entre delincuentes y no delincuentes, siendo los criminales más mesomórficos,
unido a otros datos socio familiares caracterizados por menos control y disciplina. Igualmente Emil
Hartl, Edward Monnelly y Roland Elderkin, reafirman la tesis de Sheldon en su obra Physique and
delinquent behavior. A thirty years follow-up of William H. Sheldon’s varíeties of delinquentyouth,
publicado en 1982.
Las "familias criminales" más famosas fueron la de los Juke, estudiada por Richard L.
Dugdale (18411883) en Estado Unidos, presentada en su libro: Los Juke: un estudio del delito,
miseria, enfermedad y herencia, de 1875, en la que consideró a 709 descendientes de la cabeza de
familia que fue un alcohólico, hallando cerca de 77 delincuentes, 202 meretrices y proxenetas, 142
vagabundos y otros de conducta desviada. Asimismo la familia Kallikak, estudiada por Henry H.
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Goddard (1866-1957) presentada en la obra: La familia Kallikak: un estudio sobre la herencia de la
debilidad mentaí, en 1912. Otras supuestas familias criminales son los Zero, Nams, Viktoria entre
otros. Sin embargo, los argumentos deducidos de estos estudios para probar la "herencia criminal"
son cuestionados y hoy sólo tienen valor de referencia histórica. Incluso autores como Exner (1946),
que daba especial importancia al factor natural, afirmó que no obstante que son estudios orientados
a probar esta posibilidad causal, "científicamente no es posible deducir conclusiones exactas de
ellas".
Igualmente López Rey (1945) consideró que no hay familias crimínales, ya que en tales
estudios se aprecia también la coactuación del ambiente en la aparición y propagación de la
delincuencia. Ideas similares argumentó Benigno Di Tullio (1966), al señalar que tales familias
provenían de los estratos sociales más bajos, y por tanto la conducta antisocial y delictiva de dichos
grupos, no es posible precisarla si es efecto de disposiciones hereditarias o de situaciones
ambientales. Otro argumento que habría que agregar es que desde el punto de vista metodológico,
el control de las variables y condiciones que jugaron en el comportamiento de tales "familias
criminales", no fueron controladas, por razones obvias, lo que evidentemente no permite tomar con
seguridad tales resultados.
[Link]. Estudio de los gemelos: En este tipo de estudio se han tomado en cuenta dos
variedades de gemelos, los dicigóticos y los monocigóticos. Los gemelos dicigóticos, llamados
también "fraternos", se consideran de menor interés genético, puesto que provienen de dos o más
óvulos fecundados cada uno por un espermatozoide diverso. Realmente se trata de dos hermanos
comunes que por el azar son concebidos casi al mismo tiempo, se desarrollan conjuntamente y
nacen también en la misma fecha.
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Los gemelos univitelinos denominados también monocigóticos o idénticos, provienen de un
sólo óvulo y de un solo espermatozoide que lo > fecunda, pero que por un accidente de desarrollo
el huevo sufre una escisión formándose dos embriones separados, y tienen por tanto genes
idénticos. Estos gemelos idénticos o monocigóticos son del mismo sexo, mientras que los dicigóticos
o divitelinos generalmente son de diferente sexo. Además los univitelinos son relativamente raros,
y la tasa de-nacimientos de esta variedad de gemelos en el mundo oscila entre 3 y 4 por mil. Se ha
determinado pues que aproximadamente de 240 nacimientos se da una vez el gemelo idéntico o
univltelino. A estos gemelos se les llama también monocigóticos porque provienen de un solo
cigoto.
Los partidarios de la herencia criminal se basan en tales resultados para defender dicha
tesis, cuya prueba sería el alto porcentaje de concordancia criminal entre gemelos univitelinos, muy
superior al de los fraternos. En este sentido, según el psicólogo Hans Eysenck (1976), del total de la
suma de 225 parejas de gemelos adultos estudiados por los seis autores citados, en 107 parejas de
univitelinos se aprecia que el 71 % concuerda en delincuencia, y que en 118 fraternos sólo el 24%
tiene dicha similitud criminal, lo que demostraría "fuera de dudas, que la herencia juega un papel
importante, y quizá un papel vital, en la predisposición a la delincuencia" (Eysenck, 1976, p. 86). Más
tarde se han efectuado otras investigaciones, obteniéndose resultados semejantes a los anteriores.
Sin embargo, un estudio retrospectivo de gemelos nacidos entre 1880 y 1910 en Dinamarka
efectuado por K. O. Christiansen en 1968, y analizado con más detalle en 1970 y en T974, halló
correlaciones menos significativas: la concordancia delictiva fue de un 35.8% en los gemelos
univitelinos y 12.3 % en gemelos bivitelinos, dentro de 67 y 114 casos de varones respectivamente.
Algunos autores con énfasis biologista, como Exnery Di Tullio, afirman que si bien no se
puede excluir una influencia hereditaria en la predisposición a la criminalidad, ello no significa dejar
de lado las condiciones ambientales. Asimismo, H. Eysenck que si bien hace casi una apología del
trabajo de Lange, afirmando que los estudios posteriores sobre gemelos corroboran notablemente
la tesis de dicho autor, no obstante anota que "quizá no nos permiten afirmar tan rotundamente
como él que la delincuencia es, efectivamente un destino"(1976, p.85), aceptando también las
influencias del entorno. De modo parecido se pronuncia Raymond Cattell (1972), cuando considera
que esta conducta está en parte, "genéticamente determinado", aunque no descarta el factor
ambiental; similar idea postulaba Auerbach (1962).
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Los ambientalistas como Donald West, Manuel López Rey, entre otros, niegan total o
parcialmente la importancia de este tipo de condicionamiento del crimen. Las críticas de esta
vertiente ponen el acento en diversos puntos de vista como los siguientes:
En la mayoría de casos, no se precisan claramente los ante cedentes delictivos de los padres
de tales gemelos "criminales". Sólo las referencias de Lange indican que buscó "gemelos univitelinos
cuyo padre era criminal" y luego estudió la conducta del otro (Exner, 1946).
Además de las críticas anotadas, podemos adicionar que no existen datos suficientes sobre
las situaciones explicativas centrales, en el sentido de saber acerca de la criminalidad del padre o de
la madre o de ambos, y qué porcentaje de hijos gemelos son delincuentes, para hablar de herencia
criminal. Lo que más bien se ha enfatizado son los aspectos de vinculación familiar en línea
horizontal, con determinadas características de comportamiento más o menos semejante en ambos
grupos de mellizos, como supuesta prueba de la herencia criminal.
Al respecto es factible que bases biológicas casi idénticas, que se dan en los univitelinos,
originen reacciones o conductas sociales semejantes, mucho más que en organismos disímiles como
de los fraternos o hermanos comunes. No se trata, desde nuestro punto de vista, de condiciones
delictivas heredadas, sino de organismos idénticos que manifiestan reacciones conductuales muy
parecidas, que incluso propician un trato más semejante por el entorno social.
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Sin negar el valor de los aspectos biogenétlcos, el comportamiento psicosocial del ser
humano no es transmitido hereditariamente, como si lo son los rasgos físicos. Asimismo es
innegable que la constitución biológica y sobre todo el sistema nervioso, regulan la conducta pero
no en un sentido mecánico. En suma, la conducta humana está condicionada tanto por el medio
ambiente como por la constitución. Al respecto, Raymond B. Cattell (1905-1998) señala que
debemos considerar los diferentes elementos biogenéticos y orgánicos, sin confundirlos con la
herencia. Dentro de lo heredado se incluye la contribución de los padres en el momento de la
fecundación. Lo innato está en los genes, pero no es heredado sino que es consecuencia de las
mutaciones y segregación de los genes. Lo congénito, esto es lo que está presente desde el
nacimiento, y no siempre es heredado, sino que es consecuencia posgenética en el seno materno.
La constitución es la base biofisiológica general que puede experimentar algunas modificaciones
después del nacimiento.
En términos sumarios, lo heredado está dado por los elementos presentes en las células
germinales del padre y la madre, que se unen en el momento de la concepción y pasan al nuevo ser.
Por otro lado, todo lo que está presente en el momento del nacimiento es lo congénito, llamado
también por otros innato, pero que no es lo mismo que heredado, porque precisamente durante el
periodo de desarrollo intrauterino, ocurren una serie de fenómenos que van a configurar al nuevo
ser; y este potencial biológico o constitucional que sigue su proceso constante, va a interactuar
luego con el medio ambiente natural y social, y de cuyo interjuego se van a desenvolver las diversas
manifestaciones del comportamiento humano. Por ello hablar de "herencia criminal", resulta una
tesis unilateral y exagerada, y como dice Castillón, es uri estudio ya desfasado (1970).
sabe actualmente que los cromosomas son las estructuras celulares responsables de la
transmisión de los caracteres hereditarios, y se hallan en la parte nuclear de todas las células del
organismo, aunque se considera que los genes contenidos en los cromosomas, tienen el papel
principal en la transmisión hereditaria. Debemos anotar que recién desde el año de 1956, como
resultado de las investigaciones de Joe-Hin Tjio (1919-2001) de Indonesia y Albert Levan (1905-
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1998) de Suecia se estableció que el número de cromosomas de la especie humana es de 46 (“The
cromosome number of man”, Hereditas, vol. 42, Sweden, 1956, pp. 16)
[Link]. Mapas cromosómicos o cariotipos: Como se acaba de señalar, en todas las células
del organismo humano existen 46 cromosomas. De todos ellos 22 parejas son los llamados
cromosomas homólogos o autosomas, y la pareja 23 o gonosoma está conformada por los dos
cromosomas sexuales o heterocromosomas, XY en el hombre y XX en la mujer.
Las células germinales tienen por su parte un número de cromosomas igual a la mitad de
las somáticas, esto es 23 cromosomas cada espermatozoide y 23 cromosomas cada óvulo, uno de
los cuales o heterocromosoma es el sexual, X o Y en el varón y sólo X en la mujer. Es por ello que
para la determinación del sexo de un nuevo ser humano, tiene papel importante el padre, ya que si
un espermatozoide X fecunda un óvulo que siempre es X, se dará origen aun individuo femenino
(XX); pero si se trata de un espermatozoide Y que es el que fecunda un óvulo se tendrá un nuevo ser
varón (XY). Los genetistas representan en mapas cromosómicos o cariotipos a todos los elementos
que tienen que ver con la transmisión de los caracteres hereditarios. La notación de un cariotipo
normal del varón es 46 XY, y para la mujer 46 XX. Se indica en estos casos el número de los
cromosomas y luego los cromosomas sexuales.
A. Jacobs (n.1934) y colaboradores (“Aggressive behavior mental subnormality and the XYY
male”, Nature, 208,1965), quienes estudiaron a 197 pacientes mentalmente anormales que recibían
trata miento en una institución especial de seguridad en Escocia, porque se trataba de personas con
tendencias peligrosas, violentas o antisociales, encontrando que siete de ellos, 3.5 por ciento, tenían
alteraciones cromosómicas tipo XYY, que es una incidencia más alta que en la pobla ción común,
por cuanto de 1,500 varones examinados de la población general, sólo hallaron los mismos autores
un solo caso de XYY.
Saleem A. Shah ya decía en 1970, que hasta la fecha de su informe la opinión era que los
trastornos conductuales implicados u observa dos, no indican una relación directa de causa a efecto
con las estructuras cromosómicas XYY, y que además no se había corroborado que estos individuos
sean más agresivos que los agresores con cariotipo normal, y que más bien la estatura alta si parece
ser una característica más frecuente de esta anomalía cromosómica. Según Castíllón" (1970, p.230),
aún quedaban "muchos estudios por hacer. Primero hay que valorar el déficit mental si es o no
atribuible al 47 XYY. Los trastornos psicosexuales parecen más lógicos porque es un cromosoma
sexual. Por último un cierto número de estos super Y son errores de técnica”, al respecto se afirma
en alguna literatura relativa al tema, que por ejemplo el asesino Richard Speck, convicto de matar a
8 enfermeras en 1961 (USA), tenía una constitución cromosómica XYY (Ellis y Güilo, 1978), sin
embargo se comprobó luego que no portaba dicha anomalía (Johnson, 1976). Sin embargo, el
especialista danés Johannes Nielsen en 1971 consideraba, que cuanto mayor sea el cromosoma Y
de una persona, mayor es la probabilidad de que cometa un delito violento, habiendo publicado
una variedad de trabajos sobre esta materia
En el campo forense es famoso el caso del asesino Daniel Hugon, visto en Paris en 1968, en
el que su defensa argüyó como causal de inimputabilidad el hecho de que tuviera un cromosoma Y
extra. En base a ello el tribunal le impuso una pena reducida de 7 años, en vez de los 20 que se había
solicitado. Asimismo en Australia, un joven de 21 años, Lawrence Hannell, que había asesinado a
una viuda anciana de 77 años, y que tenía el cariotipo 47 XYY, fue absuelto en base de que estaba
legalmente loco. Un reporte mas equilibrado del tema es desarrollado por Susan Horan (1992)
Según datos hallados hasta hoy, existen también personas no delincuentes con dicho
trastorno XYY, lo que contraría la supuesta tendencia criminal de quienes son portadores de este
cariotipo.
Hay que considerar que en esta anormalidad se presenta a veces un desarrollo intelectual
límite o trastorno mental, impulsividad y tendencia a una alta estatura, que pueden favorecer
alguna forma de conducta agresiva, pero no a un destino criminal inexorable.
La tesis de que ciertas alteraciones, lesiones o enfermedades del encéfalo, tienen alguna
relación con la conducta criminal no es nueva, y en diversa dimensión ha sido considerada en
algunas teorías biocriminológicas. Sin embargo, las apreciaciones al respecto han tenido también
un importante grado de desarrollo y precisión, en función del avance en las investigaciones
neurológicas, particularmente de la neurociencia y áreas afines en las últimas décadas, existiendo
una ingente producción de trabajos al respecto, pudíendo recordarse un libro polémico del año de
1970, Violence and the brain, publicado por Vernon H. Mark y Frank. R. Ervin, en Estados Unidos, así
como la obra de Kenneth E. Moyer The psychobiology of aggression, editado en 1976, entre otros
estudios afines.
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Al respecto debemos indicar esquemáticamente las principales partes del encéfalo, en el
cual, en un sentido ascendente encontramos al bulbo raquídeo o médula oblongada; luego al
mesencéfalo que comprende a la protuberancia anular y al cerebelo; al diencéfalo; y, al telencéfalo
(cerebro) que está constituido por los hemisferios cerebrales y ganglios básales, y luego revisaremos
las que en este caso nos interesan, como el lóbulo frontal, lóbulo temporal anterior, el hipotálamo,
la amígdala, entre otros (J.M. Muñoz et al.,2001)
3.5.1. SINDROME POSTENCEFALITICO Y CRIMEN: Desde las primeras décadas del siglo
pasado se consideró importante, por diversos especialistas, la influencia de la encefalitis epidémica
(Di Tullio, 1950; Exner, 1946), que produce alteraciones en ciertas áreas del cerebro y secuelas en
la personalidad, especialmente en los niños o menores. Trastornos que en algunos casos llegan
hasta ser factores de riesgo de diversas conductas desviadas.
Dicha encefalitis epidémica o encefalitis letárgica fue descrita e identificada en 1917 por
Constantin Von Economo (1876-1931), y afectó en las primeras décadas del siglo XX a muchas
personas, sobre todo niños, pero desde 1925 son pocos los casos que se informan. La lesión ataca
diversas áreas del cerebro, sobre todo los núcleos subcorticales que tienen relación con la
emotividad y. otros aspectos. En su forma aguda se expresa en dos formas que a veces se
confunden: el tipo hipersómnico-oftalmopléjico y el tipo irritativo-hipercinético. En la fase crónica,
de muchos enfermos que sobreviven a la fase aguda, se observa diversa sintomatología, que es lo
que nos interesa.
Di Tullio (1966, p. 89) decía que produce "gravísimas alteraciones del carácter y de los
sentimientos éticos. En algunos casos, la misma enfermedad provoca paroxismo de crueldad brutal,
fenómenos de persistente e inmotivada agresividad, profundas perversiones sexuales, de los que
puede originarse la más grave actividad delictiva". También Heuyer (1959) anotaba al respecto, que
como secuela de la encefalitis ocurren trastornos de carácter, sobre todo en niños. El psiquiatra
soviético, Izmail Sluchevski (1960) señalaba asimismo que la encefalitis epidémica en la infancia
puede ser motivo de manifestaciones psicopá ticas, que se expresan en la lasitud y falta de actividad
del menor. Otros en cambio se mueven mucho, son impertinentes, sus deseos sexuales y por los
alimentos son excesivos. También son impulsivos, con tendencia a la agresión y el robo. León
Michaux (1960), psiquiatra francés, estudió los casos que él llamaba de "perversidad instintiva
adquirida", como secuela de la "encefalitis epidémica" en niños perversos. Arthur Noyes y L. Kolb
(1966 p.180), psiquiatras norteamericanos, expresaban que la "sobreactividad continua, la
irritabilidad emocional y la impulsividad del primer periodo, iban seguidas en algunos casos por el
hábito de mentir, robar o huir, o por crueldad, delitos sexuales graves y otras formas de conducta
comparables, en muchas de sus manifestaciones externas, a la conducta que se presenta en los
niños psicópatas.". El psiquiatra forense alemán Albrecht Langeluddeke (1972), presentó a su vez
una variedad de casos postencefalíticos con conducta antisocial, y que según su experiencia se
caracterizan por tender hacia los trastornos sexuales y los delitos de esta esfera sobre todo, sin que
sean sus únicas manifestaciones. En este síndrome, según Vicente Cabello (1981, p. 230), ocurren
"impulsos instintivos nacidos de una paleopsiquis enferma (agresión neuronal de los núcleos grises
de la base) fuera del control inhibitorio de la noopsiquis (manto cortical), que acarrea la liberación
consciente pero involuntaria de las tendencias instintivas".
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Actualmente, dentro de la clasificación de los trastornos mentales se incluye el síndrome
posencefalítico, como una variedad de los Trastornos de la personalidad y del comportamiento
debidos a enfermedad, lesión o disfunción cerebral, síndrome que produce cambios de
comportamiento residuales, cuyos “síntomas no son específicos y varían de unos a otros individuos,
de acuerdo con el agente infeccioso” (OMS, 1992, p. 93). Lo que significa que no siempre las secuelas
producen un riesgo de conductas desviadas en todo los afectados. Asimismo, no debemos olvidar
que la valoración, de estas secuelas de la encefalitis en la conducta, hay que hacerla dentro de un
contexto no solamente de tipo neuropatológico, sino también o además psicosocial, parecer que ya
lo indicaban Noyes y Kolb.
Uno de los primeros casos vinculados con este tema es el accidente que sufriera Phineas
Gage (1823-1860) el 13 de setiembre de 1848, cuando era capataz en la construcción de una línea
de ferrocarril, a quien le penetró una barrena por debajo del ojo izquierdo y atravesó todo el lóbulo
frontal izquierdo, saliendo la punta por la parte superior de su cabeza. Fue atendido por el doctor
John M. Harlow (1819-1907), y mas o menos al mes del accidente se recuperó. Sin embargo,
habiendo sido antes del accidente un capataz eficiente, equilibrado y sensato, se produjo un cambio
en su personalidad de manera radical y permanente. Harlow, el médico que lo había atendido y que
escribió dos artículos sobre su caso, decía que después del accidente era "impulsivo, irreverente y
en ocasiones se permite las blasfemias más groseras (lo que antes no era habitual en él),
manifestando muy poco respeto por sus compañeros; no tolera las restricciones o ios consejos
cuando están reñidos con sus deseos". Para Mark Bear, Connors y Paradiso (1988), este infeliz
accidente es una de las primeras muéstras del importante papel que cumplen los lóbulos frontales
en la emoción. Según otros autores como Cabello (1982
B.), la "conciencia emotiva" está asentada en la corteza prefrontal y orbitaria, las mismas
que registran ios sentimientos que transmiten el hipotálamo y otros núcleos, confiriéndoles
cualidades de dirección, matiz y mesura de lo que se puede entender que lesiones o alteraciones en
esta área cortical, dificultarán el control necesario sobre los impulsos y la agresividad. Al respecto,
según opinión de C. Izquierdo (1984), Claude Morand (1980), entre otros, los lóbulos frontales
juegan un papel importante en la manifestación de la conducta agresiva. En personas que
previamente tenían características de energía, inquietud o agresividad, puede haber un cambio
hacia la impulsividad y la jactancia, estallidos de ira, chistes pueriles e inoportunos y desarrollo de
ambiciones desorbitadas e irreales (OMS, 1978). Ocurren pues alteraciones de la conducta que
pueden derivar a veces en actos de agresión delictuosa; sin embargo no toda lesión del lóbulo
frontal favorece necesariamente reacciones de irritabilidad y agresividad, dependiendo del área
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específica y las características de la personalidad previa que tenía el paciente y las circunstancias
contribuyentes o precipitantes.
Sobre la actividad que cumple el hipotálamo, vinculada a las emociones, se han efectuado
muchas investigaciones (J. M. Ramírez, 1991). Las primeras datan aproximadamente de hace
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ochenta y ocho años, cuando en 1928 Philip Bard (1898-1977) fisiólogo norteamericano, probó
experimentalmente, que ablacionando el tejido cerebral de un animal encima del hipotálamo, era
posible que expresara rabia, pero al extirparse todo el hipotálamo, solo manifestaba reacciones
fragmentarias de dicho estado emotivo (Delay, 1959). Walter R. Hess (1881-1973), fisiólogo suizo,
observó también por ese año, que la estimulación eléctrica de ciertas regiones hipotalámicas
producía rabia en el gato experimental, investigaciones que prosiguió en las décadas siguientes,
1932, 1943 y 1949, habiendo obtenido el premio nobel de fisiología y medicina en el año de 1949,
conjuntamente con E. Moniz.
En los años 30,40 y siguientes del siglo pasado, se realizaron estudios con dicha técnica de
estimulación eléctrica. Entre otros por S. W. Ranson en 1934 y 1937, y Ranson con H.W. Magoun en
1939; también fueron valiosos los estudios de J.H. Masserman en 1938,1941, 1943. Asimismo por
tales años, M. D. Wheatley, en'1944, luego de producir una lesión experimental bilateral, en la
región del núcleo venttomedial del hipotálamo de un gato, observó una reacción de agresividad
permanente ("permanently savage") (Glusman, 1980).
[Link]. La amígdala: Este núcleo subcortical se encuentra dentro del llamado sistema
límbico, en la base del lóbulo temporal, y está conectada con la corteza temporal, la formación
reticular, el hipotálamo, entre otras áreas cerebrales. Sin embargo, como ya hemos visto, la
amígdala es la más importante de dicho sistema, y consta de un complejo de núcleos que
generalmente se dividen en tres grupos: núcleos basolaterales, núcleos corticomediales y núcleo
central, y se conecta con el hipotálamo por dos vías principales.
Mark Bear et al. (1988, p. 448) dicen que los "estudios experimentales en los que se
estimularon eléctricamente o se destruyeron subdivisiones de la amígdala sugieren que ésta tiene
efectos múltiples sobre la conducta agresiva por medio de sus conexiones con el hipotálamo y otras
estructuras. Posiblemente, la estimulación eléctrica de los núcleos basolaterales produce una
agresión afectiva”, mientras que las lesiones de dichos núcleos "disminuyen la agresividad afectiva".
Con seres humanos, H. B. King, reportó en 1961 el caso de una paciente de carácter suave, sumisa
y amigable a quien le implanto un electrodo en la zona de la amígdala del sistema límbico, y luego
la estimuló con una corriente de muy baja intensidad sin apreciar cambios importantes, pero al subir
el estímulo a 5 miliamperios, ella presentó hostilidad y agresividad, hasta atacar al experimentador,
quien tuvo que bajar la intensidad del estímulo eléctrico.
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En suma, hoy se considera que el "hipotálamo y la amígdala desempeñan, evidentemente,
un papel en las conductas agresivas, debido a que la estimulación o lesiones de diversas partes de
ambas regiones pueden activar o inhibir una o más de esas conductas.." (Carlson, 1996, p. 322)
Dentro de esta línea de explicación, E. Podolsky en 1956 (“The diseased brain and
homicide”, Journal of nervous and mental disease, 124, pp.621- 624) y 1965 (“Organic brain
conditions and homicide”, Corrective psychiatry and jouranl of social therapy, 11, pp. 91-94) estudió
a dos delincuentes homicidas, en los que halló una fisiología defectuosa del hipotálamo. Al respecto,
es importante mencionar también el caso del homicida masivo Charles Whitman en 1966, quien
luego de asesinar a su madre y esposa se ubicó en una torre de la Universidad de Texas, con un rifle,
disparando durante 90 minutos, matando a 15 personas antes de ser muerto por la policía. Un
examen del encéfalo, en la necropsia, reveló la presencia de un tumor tamaño de una nuez en el
área de la amígdala. Antes de cometer estos asesinatos, había escrito que sentía impulsos raros y
pensamientos extraños e irracionales, y que había decidido matar a su esposa, sin razón, no
obstante que la amaba mucho (Johnson, 1976).
Podemos considerar en principio, que dichos trabajos tienen algún grado de aproximación,
pero que desde una perspectiva integral son estudios unilaterales. Sin embargo, no obstante que
no aceptamos una explicación monocausal del crimen, sobre supuestos de alteración del
hipotálamo y/o de la amígdala u otras zonas cerebrales, no podemos dejar de señalar su importancia
en la conducta emocional del hombre, por lo que merece un análisis más detallado y centrado
objetivamente.
Igualmente, W. H. Sweet y otros, reportaron en 1962 dos casos de pacientes violentos que
tenían tumores en el lóbulo temporal, uno de ellos había intentado matar a su esposa e hija con un
cuchillo; posteriormente luego de la operación que removió el tumor, sus síntomas de agresión
desaparecieron. El otro paciente, igualmente tenía explosiones de agresividad dirigidas contra su
esposa e hijo, en este caso también, luego de la operación sus síntomas desaparecieron.
En resumen, hay que considerar que los estados emocionales en el ser humano, desde el
punto de vista neurológico, están vinculados sobre todo con la amígdala, el hipotálamo y la corteza
órbito frontal debido a que tales estructuras cerebrales actúan ¡nterconectadas. "Los últimos
avances en este campo apuestan por un posible desequilibrio funcional de estructuras corticales
frontales y regiones subcorticales en la manifestación de comportamiento agresivo de carácter
reactivo” (AlcázarCórcoles et. Al., 2010, p. 296). Además, no podemos dejar de lado los procesos
bioquímicos que entran en juego en la actividad de los centros cerebrales mencionados, para que
se manifiesten tales reacciones emocionales. Tampoco debemos olvidar a las condiciones
psicosociales que modelan y orientan la conducta humana.
3.5.5. EPILEPSIA Y CRIMINALIDAD: Desde muchos años atrás se ha señalado algún grado de
incidencia entre epilepsia y conducta agresiva o violenta, algunas de las cuales llegan a encuadrar
dentro de algún tipo penal, sea lesiones u homicidio. Sin embargo, no obstante lo dicho, no debemos
confundir esta afirmación como si se estuviera identificando al epiléptico con un criminal. Lo que
tratamos de señalar es que el proceso de alteración orgánicocerebral de algunos tipos de epilepsia,
dados los trastornos afectivos y de conciencia, sobre todo del estado emocional, pueden influir en
la ejecución de actos violentos o agresivos, que podrían desencadenar en actos de tipo delictivo,
pero no se pretende identificar ni señalar una causa determinante o necesaria. Además debemos
anotar que esta correlación no es altamente frecuente, lo que incluso ya fue considerado en el
Cuarto Congreso Internacional de Criminología del año de 1960, en la que se concluyó que el
porcentaje de epilépticos delincuentes es relativamente pequeño, lo que sin embargo no deja de
tener alguna importancia.
Las crisis epilépticas tienen diversas expresiones, y su clasificación según los diversos
especialistas no es tampoco uniforme, una de ellas considera dos grandes grupos, basada en la
Clasificación Internacional de Crisis Epilépticas (ILAE, 1981): crisis parciales y crisis generalizadas .
I. Crisis Parciales o Focales: Caracterizadas por que la descarga de la crisis es en una zona
reducida de la superficie del cerebro (foco epiléptico) y pueden ser simples, complejas y
generalizadas.
a. Con síntomas motores: Incluye crisis jacksoniana que fue descrita por H. Jackson,
generalmente es de origen postraumático y tienen un foco alrededor del surco central o cisura de
Rolando. Se caracteriza porque se dan contracciones o temblores musculares, del miembro
superior, la cara y a veces del miembro inferior; si son fundamentalmente sensoriales, se manifiesta
entumecimiento, parestesias y hormigueos.
B) Crisis parciales complejas: Ataques del lóbulo temporal o psicomotor. Estas crisis afectan
la conciencia y pueden ser
6) Formas compuestas.
II. Crisis generalizada: se caracterizan por anomalías del EEG sincrónica y bilateralmente en
el momento de la crisis, y sin comienzo focal o local..
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a. Ausencias (Pequeño Mal) más frecuente en niños, se caracteriza por que puede durar
segundos, con inconsciencia total, que origina una interrupción transitoria del diálogo en caso de
estar conversando, con poca amnesia retrógrada que es fácil ocultar.
b. Mioclónica, que puede aparejar inconsciencia o no. Se caracteriza por una sacudida breve
del cuerpo, o por un movimiento de flexión brusca de músculos del tronco, con elevación de los
brazos hacia arriba (crisis de salaam).
c. Crisis clónica
d. Crisis tónicas
e. Crisis tónico clónicas (Gran Mal), que puede iniciarse con una breve aura, a veces luego
de un grito, con pérdida de la conciencia y las convulsiones características; puede ocurrir también
relajación de esfínteres. Luego de un tiempo el paciente en unos casos despierta alerta y orientado,
aunque algo embotado; en otros casos se reanima confuso, en un estado crepuscular poscrítico; o
bien puede entrar en un sueño aparentemente normal durante algunos minutos o unas dos horas.
f. Crisis atónicas, que se manifiesta por la pérdida momentánea del tono muscular,
generalmente con inconsciencia, dando lugar a que el paciente si está de pie caiga pero se recupera
pronto.
1) Estado crepuscular crítico, esto es conjuntamente con algunas de las crisis comiciales ya
descritas, sobre todo en la crisis focal del lóbulo temporal que puede durar de 5 a 10 minutos, si se
prolonga puede acompañarse con algunos síntomas de agitación.
2) Estado crepuscular posconvulsivo, bien al término de una crisis de gran mal, o a veces
tras un periodo de sueño, en la que el paciente se presenta confuso y en algunos casos con periodos
de excitación, que puede durar algunos minutos y excepcionalmente varios días. "Esta excitación
puede incluir una agitación extrema, ideación paranoide, alucinaciones e ideas delirantes que
conduzcan a explosiones de agresividad" (Freedman et al., 1978, p.331).
Igualmente los neurocirujanos, William Sweet, Vernon Mark y Frank Ervin han destacado en
las últimas décadas del siglo XX abogando por acciones directas sobre determinados núcleos
cerebrales, para el control de las reacciones agresivas. Ellos sostienen, según anota Maya Pines
(1981), "que los ataques de violencia de sus pacientes están directamente relacionados con la
epilepsia del lóbulo temporal". Al respecto, Sweet, Ervin y Mark en 1969, informaron el caso de un
paciente con epilepsia del lóbulo temporal acompañado de grave violencia, al que se trató con
cirugíaostereotáxicaque tuvo resultados benéficos. Mark y Ervin en 1970 también presentaron el
problema de una señora con epilepsia del lóbulo temporal, excesivamente agresiva, que igualmente
fue tratada con cirugía estereotáxica, procedimiento que los autores mencionados y Johnson,
consideran como una posibilidad para el tratamiento de ciertos tipos de conducta violenta y
agresiva, que no puede ser controlada con los medicamentos convencionales. Asimismo Emil
Coccaro et al. (2012, p. 47) dice que "la estimulación eléctrica del núcleo medial de las amígdalas en
los pacientes epilépticos provoca manifestaciones de enojo. La ablación de las amígdalas por medio
de lesiones o amigdalectomia reduce la conducta de agresión y se ha utilizado específicamente en
el ser humano para este fin”. En estos casos se efectuó cirugía cerebral estereotáxica para destruir
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células específicas de la amígdala, que es una parte del sistema límbico. Sin embargo debemos
aclarar que en estas experiencias no siempre el éxito es total; incluso en algunos pacientes en los
que se logró el control de la agresividad, luego de un tiempo los impulsos agresivos se manifestaron
nuevamente. No obstante M. Bear et al. (1988, p. 449), señalan que la amigdalectomia, según los
informes clínicos, "es bastante eficaz para reducir la conducta asocial agresiva, aumentando la
capacidad para concentrarse y disminuyendo la hiperactividad y las convulsiones". Estudios más
recientes presentan aportes más precisos (Guija Villa et al., 2001; López y Vadillo, 2012; Martin et.
Al., 2013), pero debemo reiterar que la agresión humana no siempre se puede explicar sobre la base
de alteraciones cerebrales, debiendo tomarse en cuenta además las condiciones psicosociales
concomitantes, además no todas las personas con epilepsia del lóbulo temporal presentan
reacciones violentas y agresividad, lo que no significa que sea un factor que se pueda obviar dada la
experiencia al respecto (Brower y Price, 2001).
antes de la década de los setenta del siglo XX estaba considerado bajo diversas
denominaciones, una de ellas era disfunción cerebral mínima (Minimal brain disfunction), cuya
razón se debería a ciertas anomalías de la estructura cerebral al haber sufrido injurias mínimas. Se
asoció con alteraciones en el comportamiento, como hiperactividad, impulsividad, agresividad y
otras disfunciones conductuales, especialmente en niños. Al respecto Antonio GarcíaPablos (1988)
reseña algunos trabajos sobre este tema. Sin embargo, la disfunción cerebral mínima no constituyó
un síndrome lo suficientemente claro, y en la literatura neurológica no existió homogeneidad de
ideas al respecto, habiendo sido cuestionado por algunos estudiosos como Ana Sneyers (1979).
El TDAH según la literatura actual es un síndrome que tiene mayor precisión (Soutullo y Diez,
2007; Pascual-Catroviejo, 2008), y existe una profusa investigación al respecto, caracterizándose por
tres manifestaciones: disturbios de la atención, impulsividad e hiper actividad. En ciertos casos,
dentro de las alteraciones de la impulsividad, pueden manifestarse actos de agresividad y algunos
otros problemas de conducta. Al respecto existen investigaciones en diversos lugares del mundo,
sobre la correlación con problemas de criminalidad y otras alteraciones tanto en niños,
adolescentes, pero también en adultos. Estudios recientes encuentran que problemas de TDAH no
tratados en la infancia, tienen repercusiones también en la adultez, lo que se ha venido hallando
sobre todo en poblaciones penitenciarias (Rodríguez et al., 2015; Andreu et al. 2015)
En base a tal conocimiento, en las primeras décadas del siglo XX, diversos autores
pretendieron hallar relación entre anomalías endocrinas y el delito, hablándose de una
endocrinología criminal. Al respecto, destacó en Italia Giuseppe Vidoni en 1923, con su "Valore e
limitti dell 'Endocrinología nello studio dei delinquenti"; igualmente Francesa LandognaCassone,
Nicola Pende, Di Tullio, entre otros. En Estados Unidos fue importante Louis Berman (1893-1946),
con su obra Theglands regulatingpersonality publicado en 1921 y después con New creations in
human begings editado en 1938; asimismo sobresalieron Max Schlapp y Edward Smith con el libro
The newcríminology. A consideration ofthe Chemical causation of abnormal behaviorque se publicó
en 1928. En España destacó Mañano Ruiz Funes (1929), con su libro de síntesis: Endocrinología y
criminalidad; sin embargo, según dice Quíntiliano Saldaba (1936), en su obra Nueva criminología,
cuya primera edición en francés es de 1929, él habría sido el primero en proponer la denominación
de "endocrinología criminal" en 1925. En este contexto, las relaciones que más se destacaron, entre
disfunción glandular y criminalidad, según afirmaba Benigno Di Tullio, fueron las siguientes (1950):
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Notas de hipertiroidismo y de hipersuprerrenalismo en los delincuentes constitucionales
homicidas y sanguinarios,
Disfunciones de las glándulas sexuales, en los reos contra las buenas costumbres
Sin embargo hay que anotar que hubo un exceso de confianza en el papel criminodinámico
de las hormonas, aunque por esa época en el prólogo escrito por Gregorio Marañón: "La
endocrinología y la ciencia penal", en el libro citado de Saldaba de 1935, planteó ya una visión crítica,
señalando que la verdad sobre las hormonas era más limitada y escueta que años atrás. Sin
embargo, algunos estudiosos posteriores siguieron exaltando esa perspectiva.
[Link]. Los neurotransmisores: En esta línea de estudio podemos considerar los informes
de Kafl Mackal (1983) y S. N. Pradhan (1980) entre muchos otros, que señalan un conjunto de
sustancias bioquímicas del cerebro necesarias para su funcionamiento, pero cuyo desequilibrio
puede tener efectos en el desencadenantes de ira y/o agresión. Entre tales neurotransmisores se
mencionan a la acetilcolina (ACh), que es el primer neurotransmisor que se descubrió a los inicios
del siglo XX; luego a las catecolaminas (CA) como: la noradrenalina (NA) o norepinefrina (NE), la
adrenalina o epinefrina, y la dopamina (DA); y asimismo la serotonina o 5hidroxitriptamina (5HT).
Entre dichas sustancias bioquímicas y otras existe una variada interrelación compleja. La
ACh por ejemplo influye en la producción de noradrenalina (norepinefrina) y de adrenalina
(epinefrina). La noradrenalina (NA) o norepinefrina (NE) actúa en el cerebro como un
neurotransmisor más, y tiene su máxima concentración en el hipotálamo, pero por acción de la
PNMT se convierte en adrenalina (epinefrina). "Los extravertidos son probablemente mas agresivos
debido al balance NA/adrenalina, lo mismo que los introvertidos son menos agresivos debido al
balance adrenalina/NA. La noradrenalina (NA) está fuertemente correlacionada con la cólera
dirigida hacia afuera, mientras que la adrenalina está correlacionada con la cólera dirigida hacia
adentro o ansiedad" (MacKal, 1983, ps. 208-209).
A la fecha existe una cantidad muy grande de estudios e informes sobre este punto (Gil-
Verona et al.2002; Huertas et al., 2005; Siever, 2008). Sin embargo, de acuerdo a los estudios
actuales no se debe pretender comprender la violencia en función de un neurotransmisor aislado
sino bajo una neuromodulación múltiple (J. M. Ramírez, 2006).
En investigaciones con seres humanos, el papel del funcionamiento anormal del sistema de
la serotonina en la agresión impulsiva se ha encontrado en maltratadores (Rodríguez y Fernández
2006), conducta antisocial, entre otros (J.M. Ramírez, 2006). Asimismo se “ha detectado una
reducción del ácido 5hidroxiindolacético en el líquido cefalorraquídeo en diversas poblaciones con
niveles elevados de violencia y agresión, incluidas las de pacientes psiquiátricos agresivos, varones
que completan un suicidio violento y delincuentes violentos impulsivos y pirómanos” (Coceara et al.
2012, p. 49).
La dopamina (DA) es una catecolamina que también se ha vinculado con la agresión, entre
otros aspectos, en el caso que haya una elevación más allá de su nivel normal.
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El ácido gamma aminobutírico (GABA) igualmente se considera que tiene un papel impulsor
de la agresividad, aunque dependiendo de sus componentes (Martin-López y Navarro, 2009).
[Link]. Hormonas: Sobre todo los andrógenos u hormonas masculinas y algunas otras.
La testosterona: Estudios relacionados con esta hormona en los varones, sobre todo cuando
existe una elevación significativa señalan que se expresarían mayores niveles de conducta agresiva.
Al respecto se observa que el aumento de los niveles de testosterona en los jóvenes
preadolescentes, aumenta también la conducta violenta. Según Mark Bear, los estudios con
animales demuestran esta relación de aumento de testosteron y consecuentemente de la
agresividad, pero que en "los seres humanos, la relación es menos clara, aunque algunos han
afirmado que existe una conexión entre los niveles de testosterona y la conducta agresiva en los
criminales violentos." (Bear et al., 1988, p. 446). Al respecto, J.M. Ramírez (2006) en su trabajo sobre
bioquímica de la agresión, considera que el comportamiento antisocial en muchos adolescentes está
vinculado con la elevación de la testosterona. También en los varones maltratadores se ha asociado
con frecuencia los niveles altos de dicha hormona (Rodríguez y Fernández, 2006), entre otros
diversos estudios al respecto.
En suma, los estudios actuales relativos a la bioquímica cerebral y los núcleos cerebrales de
mayor importancia en la manifestación de los estados emotivos, sobre todo de la ira y la agresión,
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no pueden ser dejados de lado, pero deben ser considerados dentro de una concepción integral
para la comprensión del comportamiento humano, con la salvedad de que estos estudios son
todavía aproximaciones para el conocimiento de esta conducta, y además con la aclaración de que
no estamos ante factores o "causas" ineluctables, sino más bien ante mediadores químicos y
condiciones neurológicas del comportamiento humano, que no son determinantes sino factores
contribuyentes del mismo, en el que las condiciones psicosociales y las circunstancias del entorno
tienen también una gran importancia para la compresión del actuar humano.
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