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Criminología: Análisis de la Criminalidad

Este documento discute la noción criminológica del delito y cuestiona su perspectiva estrictamente legal. Argumenta que la definición legal del delito refleja los intereses de la clase dominante y que los criminólogos deberían poder estudiar conductas que violan los derechos humanos aunque no estén tipificadas como delitos. También analiza las tendencias y modalidades de la criminalidad como fenómeno social que varía a lo largo de la historia y según las culturas.

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Criminología: Análisis de la Criminalidad

Este documento discute la noción criminológica del delito y cuestiona su perspectiva estrictamente legal. Argumenta que la definición legal del delito refleja los intereses de la clase dominante y que los criminólogos deberían poder estudiar conductas que violan los derechos humanos aunque no estén tipificadas como delitos. También analiza las tendencias y modalidades de la criminalidad como fenómeno social que varía a lo largo de la historia y según las culturas.

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ALEJANDRO SOLIS ESPINOZA CRIMINOLOGIA

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Capítulo II
LA CRIMINALIDAD, VICTIMOLOGIA Y CONTROL PENAL
2.1 LA CRIMINALIDAD

2.1.1. NOCIÓN DEL DELITO Y CUESTION AMIENTO SOCIOPOLITICO: Consideramos


importante dentro de la perspectiva de la criminología como ciencia empírica, plantear
sumariamente una serie de interrogantes sobre el objeto delito o crimen que es una de las
preocupaciones de la criminología, deslindándola de la noción penal del delito y asimismo analizar
el cuestionamiento político social del mismo.

[Link]. Noción criminológica o sociológica del delito: desde la vertiente jurídica y penal de
orientación dogmática, es indudable que la noción de delito constituye una concepción
estrictamente legal o normativa, en la que no es pensable una visión empírica de la misma. Sin
embargo, dentro de la práctica criminológica han existido diversos problemas cuando se sigue una
concepción penal del delito.

Suthérland fue, probablemente uno de los primeros en señalar tácitamente la idea de una
noción criminológica del delito, al presentar en 193Ó la. tesis del “delito de cuello blanco”,
refiriéndose a ciertas conductas “delictivas” no calificadas así por las leyes penales de entonces.
Años después, en el Segundo congreso internacional de Criminología de 1950, Donnedieu de Vabres
planteó que era necesario llegar a una noción criminológica del delito. En 1959, Giuliano Vassalli
(1959) consideró el caso de los “delitos políticos” al preguntarse cómo considerar objeto de estudio
de la criminología los “delitos contra el orden público y contra la soberanía del Estado cometidos
por quien combate por la liberación de su país de una injusta opresión extranjera o de un régimen
totalitario”. A la inversa Vassalli señalaba también una serie de comportamientos realizados en
épocas de guerra o por los poderes del Estado que no están incriminadas legalmente como delitos,
pero de las que no debería desinteresarse el criminólogo, por ello él era partidario de que la
crimlnolgía se acoja a una concepción sociológica del delito con límites éticos, considerándose al
Derecho penal como un punto válido de partida y de referencia. En suma planteaba un punto de
vista "legal-sociológico”.

Miguel Angel Peláez (1982, p. 68) sostenía también que “hay que reconocer que no todas
las infracciones delictuosas, objetivamente consideradas, son tales. Por ello, no todos los delitos
dan lugar a problemas criminológicos y, por consiguiente, no todos integran el objeto de la
criminología”. Agregando lo que él denominaba conductas en estado de peligrosidad individual o
social como objeto de estudio criminológico. Puntos de vista afines a estas ideas provienen de la
concepción sociológica del delito de criminólogos norteamericanos, entre los que destacaban T.
Sellin, E. Sutherland, M. Elliot, entre otros.

Esta idea de trabajar con una noción de delito no estrictamente penal, tienen relación con
la visión táctica de la criminología, por cuanto el estudio del delito desde el punto de vista
dogmático-penal, al margen de su contexto socio económico, carece de sustento realmente objetivo
al olvidarse de la realidad, llegando como decía López Rey a un “bizantinismo jurídico” (1975), y que
no puede ser una referencia suficiente para el estudio criminológico. Otros planteamientos se han
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desarrollado también por algunos criminólogos radicales como los Schwendinger (1981, p.162),
para quienes, aunque “la legalidad de una definición de delito propuesta puede resultar de una
situación mayoritaria en un parlamento (y por consiguiente, como veremos más adelante,
subordinar la actividad de los científicos sociales a una ideología predominante), desde un punto de
vista empirista no puede considerarse que una votación mayoritaria sea una definición operativa
adecuada.”.

[Link]. Cuestionamiento político social del delito: Otra línea de análisis es que la visión
dogmático-normativa, que supuestamente constituye una posición científica y objetiva, carece
precisamente de tales premisas, y más bien el origen de la norma jurídico penal está sujeta a
influencias que tienen ligazón con las condiciones económico sociales del momento y reflejan en
gran medida, intereses de grupo y sobre todo de la clase social dominante (López H.1979; Platt,
1981; Quinney 1981). En otras palabras, la “santidad legal” no tienen en todos lo casos una base
reaalmente justa y consensual, y que el principio de la legalidad o la máxima “nullum crime, nulla
poena sine lege” no pasa de ser una frase histórica o ilusión de algunos que confían en líricos
principios supuestamente defensores de la arbitrariedad, puesto que generalmente en la realidad
de los hechos no existe una garantía objetiva de justicia e Igualdad de la ley, ni que en la práctica se
cumpla lo que declarativamente está inmersa en el “espíritu de la ley”.

Quinney (1981, p.244), criminólogo radical norteamericano, dice al respecto:


“Contrariamente a la creencia general, la ley es un instrumento de la clase dominante. El sistema
legal provee los medios para el control compulsivo y violento del resto de la población. En el curso
de la batalla, los agentes del derecho (policía, fiscales, jueces, etc) actúan como las fuerzas militares
de protección del orden interno”. En otros términos, tener fé ciega en los parámetros legales
estipulados por el derecho penal, y aceptar la explicación y descripción de la criminalidad sin mayor
análisis crítico, es caer en una postura subjetiva, dogmática y a veces ingenua, al creer en la
“cientificidad” de esta perspectiva de comprensión del delito, de tendencia dogmática y acrítica. Al
respecto, los criminóloogos británicos Taylor, Walton y Young (1981, p. 73) consideraban que si “la
criminología ha de avanzar como ciencia, debe disponer de la libertad de cuestionar no solamente
las causas del delito sino también las de las normas que, en sentido propio crean el delito: o sea las
normas legales”, las mismas que están condicionadas por las circunstancias materiales de la
sociedad y que se dan en función de los interés de la clase dominante.

Hermán y Julia Schwendinger, criminólogos críticos nortéame ricanos también plantearon


que la noción de delito no debe estar apuntalada en criterios legales, sugiriendo como premisa
fundamental para tal delimitación, los derechos humanos. Esto significaría que se catalogoría como
delito todo aquello que atenta contra tales derechos, y por tanto los criminólogos deben poder
identificar las violaciones de esos derechos para poder defenderlos. Afirman además, que “las
relaciones sociales y los sistemas sociales que originan regularmente la conculcación de estos
derechos son también criminales (...) entonces el imperialismo, la miseria, la discriminación racial y
sexual pueden calificarse como crímenes conforme a la lógica de nuestro argumento” (1981, p. 186).
Esto llevaría, no sólo a la redefinición del delito, sino también a que los criminólogos se redefinan,
para que no sigan constituyendo los defensores del orden, sino más bien sean los custodios de los
derechos humanos.
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Todo lo dicho no es óbice para plantear, como algunos penalistas y criminólogos lo han
hecho, cambios sustanciales en la orientación de la legislación penal que encubre una situación de
injusticia social, centrado en regular sobre todo delitos convencionales, que son sancionados con
dureza, como los delitos de robo, secuestro, violación, entre otros, mientras que una gran variedad
de otros hechos criminales no convencionales (no tipificados algunos), ejecutados por personas o
grupos de poder económico y/o político, como son la corrupción creciente, el abuso de poder, asi
como los delitos económicos de gran magnitud, y que si la ley los incluye como delitos, su aplicación
es la mayoría de casos es ilusoria (Kaufmann, 1977)

2.1.2. TENDENCIAS Y MODALIDADES DE LA CRIMINALIDAD: La

criminalidad como fenómeno social se presenta en todas las sociedades, con diversas
características partí culares. Sin embargo, durante el desarrollo histórico de la humanidad se aprecia
que la idea acerca del delito ha tenido y tiene una evolución constante con cambios muy notables a
lo largo de la historia social, sobre todo en cuanto a la calificación de que comportamientos son
considerados criminales según las diversas culturas y legislaciones penales.

En líneas generales, el volumen o índice de hechos delictivos como fenómeno social propio
de cada realidad humana, es lo que se conoce como criminalidad. Además es un comportamiento
individual (delito), cuyo estudio interesa a diversas ciencias penales y no penales. También a veces
se diferencia entre criminalidad y delito, al respecto de acuerdo al criterio de Hassemer y Muñoz
Conde se entiende por criminalidad al “conjunto de todas las acciones u omisiones punibles dentro
de un ámbito temporal y espacial. En este sentido se considera preferible utilizar en este ámbito el
término “criminalidad” que el de “delito” (...) Pero realmente, fuera de esta perspectiva, no hay una
diferencia de contenido entre uno y otro término” (2012, p. 14). Asimismo hay que tener en cuenta
que de acuerdo a la diversidad de delitos, cuya expresión conductual es bastante variada, se observa
una heterogénea manifestación de acciones que abarcan la criminalidad, según los tipos penales
que las califican como tales.

[Link]. índices de la criminalidad: La cantidad y caracte rísticas del crimen o delito


preocupan a las diversas sociedades, por cuanto tienen diverso nivel de repercusión en la seguridad
ciudadana, además de otros efectos múltiples. Generalmente algunos tipos de delito tienen
importancia especial porque provocan mayor temor en la comunidad. Al respecto, Elias Carranza
(1994) considera que son tres las categorías de criminalidad convencional las que se toman en
cuenta para referirse al grado de influencia en la sensación de seguridad ciudadana, y que estos son:
los delitos contra la propiedad, contra las personas y contra la libertad sexual. Aunque también
existen algunas formas de delitos no convencionales que afectan gravemente a la seguridad
ciudadana. El autor citado anota que en la mayoría de países desarrollados y no desarrollados, según
censos de las Naciones Unidas, existe un ascenso en los delitos contra la propiedad y la criminalidad
violenta, sin embargo en los delitos contra las personas su aumento no es homogéneo en todo el
mundo, siendo más alto en los países desarrollados. Asimismo en los delitos contra la libertad sexual
se aprecian cifras significativas de criminalidad oculta y que su tasa de incidencia se mantendría
estable. No obstante el aumento en algunos países, probablemente se debe al crecimiento de las
denuncias debido a los programas de promoción con tal objeto, ;y lo que estaría ocurriendo
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realmente sería un alza de registros de denuncias y no necesariamente del volumen real, según
datos de algunos países.

En el cuadro No. 1 se aprecia que el número de denuncias penales registradas por el


Ministerio público a nivel nacional, entre los años 2009 a 2012, bordea el promedio anual de 450
mil casos, pero si a esa cifra le agregamos la cantidad de 500 mil casos de delitos, en forma
conservadora, que probablemente forman parte de la cifra oscura, como veremos mas adelante,
podemos considerar que en los últimos años el volumen de hechos delictivos en el país casi llegaría
anualmente al millón de actos criminales, cifra que resulta alarmante y que probablemente seguirá
teniendo un crecimiento constante.

Remitiéndonos a las denuncias penales recibida por el Ministerio Público sólo en Lima
(Cuadro No. 2), en función del delito, vemos que en primer lugar de frecuencia están los delitos
contra el patrimonio, sobre todo robo y hurto, que aproximadamente han fluctuado entre el 2011
y 2012 en el 29 por ciento de casos, fenómeno que se ve en la realidad cotidiana y principalmente
en la ciudad capital.

En segundo orden están los delitos contra la seguridad pública, principalmente el tráfico
¡lícito de drogas, hecho delictivo de alta incidencia en nuestro país, el mismo que a su vez es un
productor importante de la hoja de coca, insumo principal para la producción de la cocaína.

En tercer lugar se hallan los delitos contra la vida, el cuerpo y la salud que abarca los delitos
de homicidio doloso y culposo, las lesiones culposas y dolosas, así como el aborto, fenómenos
delictivos que tiene un incremento preocupante en sus diversas modalidades, y que en el promedio
de los dos años revisados llegan aproximadamente al 11 por ciento de casos.

Luego se aprecia que tanto los delitos contra la libertad así como los que afectan a la
administración pública, se hallan en cuarto y quinto lugar de frecuencia. Dentro de los delitos contra
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la libertad tienen un índice mayor los delitos contra la libertad sexual en sus diversas modalidades,
aunque también tiene una manifestación significativa el secuestro. En los actos delictivos contra la
administración pública, existe un volumen notorio de los delitos cometidos por funcionarios
públicos, que trabajan dentro del amplio ámbito burocrático de Lima.

Es también significativo el número de delitos contra la fe pública, relacionados con actos de


falsificación, que pasa de un poco más del 8 por ciento de incidencia en los años comentados.
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Todos estos seis delitos genéricos suman en promedio, en los años revisados, casi al 90 por
ciento de todos los ilícitos penales registrados en Lima, lo que significa que de cada cien denuncias,
90 de ellas corresponden a los delitos comentados, y solo 10 hechos constituyen modalidades de
alguna de las demás conductas delictivas señaladas por nuestro catalogo penal. Asimismo podemos
observar que un poco más del 50 % de los actos ilícito denunciados en Lima están constituidos por
los atentados contra el patrimonio y los delitos contra la seguridad pública (especialmente TID).

Observando la población carcelaria nacional (Cuadro No.3), de los años 2014 y 2015, según
el delito cometido, y que en gran medida refleja las tendencias más graves de criminalidad,
acreedoras de pena privativa de libertada efectiva o de ser procesados bajo mandato de detención,
vemos que el mayor volumen de internos, un poco más de un tercio, lo está por delitos de robo y
hurto agravados (patrimonio), sobre todo por robo agravado (INPE, Diciembre, 2014, 2015), hecho
delictivo que no muestra disminución, no obstante la elevación de las penas .y otras disposiciones
agravantes como la reincidencia, habitualidad, la acumulación de penas, entre otras medidas. En
segundo lugar está el delito de tráfico ¡lícito de drogas, que en promedio en los años comentados
constituye más de la quinta parte de la población carcelaria nacional (23 %), cifra bastante alta, que
tampoco tiende a disminuir, no teniendo efecto disuasorio la política de mayor penalización, entre
otras medidas supuestamente preventivas. En tercer término se hallan los delitos contra la libertad
sexual, sobre todo la violación sexual y dentro de ésta la de violación sexual de menor de edad, no
obstante la penalidad bastante grave que se aplica en estos casos. Luego están los internos por
delitos contra la vida, el cuerpo y la salud, sobre todos los homicidios dolosos y las lesiones graves.
En quinto orden está el delito de tenencia ilegal de armas, hecho que se manifiesta en los delitos y
otros actos violentos mediante armas de fuego que se observa en el país, incluido los recintos
carcelarios.
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Luego están los internos por el delito de, omisión de asistencia familiar (1.8 % en promedio),
seguido por los delitos de secuestro y extorsión. De estos hechos delictivos el fenómeno de la
extorsión viene creciendo y afectando a diversos sectores de la población, y si no se desarrolla una
política seria para su contención es probable que alcance un crecimiento mayor. Los internos por
terrorismo están en franca disminución

Bajo el rubro de otros se incluyen diversas variantes de hechos delictivos que


individualmente no tienen mucha significación cuantitativa, aunque en ciertos casos puede ser
aparente, debido a que algunos de ellos pueden tener una alta tasa de criminalidad oculta, tópico
que veremos más adelante.

Estos índices de la población carcelaria por delito no constituye sin embargo toda la gama
delictiva del país, ya que muchos otros delitos son sancionados con penas privativas de libertad no
efectiva, bajo la modalidad de pena suspendida (Suspensión de la ejecución de la pena) y reserva
del fallo condenatorio, cuyos volúmenes no son conocidos y obviamente no están registrados en las
estadísticas penitenciarias. Asimismo los delitos sancionados con la pena de multa e inhabilitación
sobre los cuales no existen cifras estadísticas organizadas, del mismo los condenados a penas
limitativas de derechos (prestación de servicios a la comunidad y limitación de días libres) de los
cuales no existe un registro judicial, salvo los casos que controla el INPE.

[Link]. Modalidades de la criminalidad: Las diversas expresiones de la delincuencia o


criminalidad pueden diferenciarse según diversos criterios, como su notoriedad, número de
partícipes, entre otros rasgos.

A, Modalidades delictivas por su notoriedad: Si bien el criterio de notoriedad no es tan


preciso, generalmente bajo dicho rubro se incluyen las formas de criminalidad calificadas de
convencionales o comunes y no convencionales.

1) Criminalidad común o convencional: Esta criminalidad abarca expresiones delictivas que


la mayor parte de legislaciones contemplan y que además han sido perseguidas en las diversas
sociedades a lo largo de su evolución histórica, con algunas variantes en cuanto a su penalización y
mayor precisión o delimitación en el tratamiento legal. Entre ellas destacan los delitos contra el
patrimonio, con sus modalidades de hurto, robo, estafa, etc. Los delitos violentos como el homicidio,
lesiones, aborto, entre otros. Asimismo las agresiones sexuales en sus diversas modalidades.
Además, otro aspecto destacable, es que son los delitos penalizados con penas más duras y cuyos
autores proceden mayoritariamente de los estratos sociales bajos y medios.

Generalmente la criminología tradicional ha tenido y aun tiene como objeto de estudio


principal a esta criminalidad convencional, que está referida a los hechos y sus autores que el
estereotipo social considera delito y delincuente. Además, los que son rotulados como criminales
según tales delitos, generalmente provienen de los sectores sociales marginados y medios bajos,
hecho que se observa en la práctica de las instancias policiales, judiciales y penitenciarias, que se
encargan de reprimir y controlar el delito, criminalizando principalmente a las personas que
proceden en su mayoría de tales sectores sociales, en menor escala de los estratos medios y en
proporción ínfima o excepcional a personas de estatus socioeconómico alto o signados por el poder
político o militar de los mandos altos.
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Este fenómeno, visto así externamente, nos puede llevar fácilmente a la conclusión
precipitada de considerar que el crimen y los delincuentes se germinan sólo en determinados
ámbitos sociales. A la inversa se puede considerar erróneamente que no es posible que el delito sea
realizado por personas socializadas bajo las normas y valores dominantes y más aun con un alto
estatus económicosocial o político o militar, ilusión que se desdibuja en nuestro medio por la
experiencia política, económica y social de las últimas décadas.

2) Criminalidad no convencional: Dentro de estos hechos que también se califican bajo el


rubro genérico de “delitos de cuello blanco” o delitos económicos, están los fraudes económicos y
finan cieros, un ejemplo de magnitud mundial es la última crisis económica que afecto a diversos
países del mundo, el comercio ¡lícito, la publicidad engañosa, la alta corrupción, entre otros hechos
graves. Otros delitos no convencionales son los delitos del poder como las desapariciones, torturas,
persecución política, entre otros.

Abarca eventos delictivos cuya tipificación como delito dentro de las legislaciones penales
no ha sido posible en etapas anteriores, y recién en los últimos cincuenta o sesenta años se empieza
a recepcionar en los códigos penales, aunque generalmente tiene una penalización benigna, y en
muchos casos tienen protección oficial o cuasi oficial. En los casos judiciálizados su efectividad
sancionadora no siempre se logra, porque sus autores son generalmente personas de poder
económico, político, entre otros.

B. Modalidades por el número de participantes: Se pueden considerar

las siguientes variedades de participación criminal.

1) Criminalidad individual: Es probablemente la forma de delito más frecuente, en la que


una sola persona o a veces varias reunidas esporádicamente, realizan un acto delictivo.

2) Criminalidad en banda: Según el parecer de algunos autores, el germen inicial de este


grupo es la pareja criminal. Esta modalidad supone la concurrencia de varios partícipes, los
que cumplen determinados roles o papeles en el acto delictivo, actuando uno de ellos como
jefe o líder. Generalmente las bandas se especializan en determinado tipos de delito, que
son planeados previamente. Asimismo la banda cuenta con una especie de “código” que
regula el comportamiento de sus integrantes. Generalmente tienen un rango de de acción
local o a veces nacional, de acuerdo a su grado de organización.

3) Criminalidad organizada: En este caso la actividad delictiva es efectuada por una


organización más compleja, cuya actuación rebasa generalmente los límites nacionales. Sin
embargo su delimitación no es tan sencilla, debido a la variedad y a las especialidades de
sus formas de aparición. Para la INTERPOL (1988) el crimen organizado es cualquier
asociación o grupo de personas que se dedican a una actividad ¡lícita continuada y cuyo
objetivo es obtener beneficios, haciendo caso omiso de la existencia de fronteras
nacionales. Tales asociaciones son grandes grupos, que se manejan por reglas y condiciones
jerárquicas preestablecidas, y ejecutan su actividad delictiva en un mundo que para ellos no
tiene fronteras, mientras que los estados y sus fuerzas legales están enmarcados por
fronteras. El crimen organizado según Gunter Kaiser, tiene las siguientes características:
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a. Asociación duradera de una pluralidad de personas

b. Estructura organizativa jerárquica

c. Actuación planificada y con división del trabajo

d. Realización de negocios ilegales, adaptados a la necesidad de la población

e. Tecnología flexible del delito y variedad en los medios para delinquir

f. Aspiraciones a posiciones de poder económico o político

g. Internacionalidad y movilidad.

Dentro de las actividades criminales que se hallan bajo el control del crimen organizado
están: principalmente el tráfico ¡lícito de drogas, la trata de blancas, tráfico de armas de fuego,
inmigración ilegal, y otros delitos. En esta modalidad delictiva se pueden distinguir a las siguientes
organizaciones:

La mafia: Es una forma de criminalidad que procede de Italia y que se afincó en países como
los Estados Unidos. Generalmente esta organización delictiva tiene la forma de una empresa
dedicada a determinadas actividades económicas.

Las organizaciones criminales rusas

Las Triadas de Hong Kong y Taiwan

Las Yakuzas del Japón

Los ex carteles de Colombia.

También en los últimos tiempos se habla de una criminalidad organizada terrorista


(Carnevali, 2010; Zúñigá, 2002). Asimismo se ha suscrito en diciembre del año 2000 en
Palermo (Italia) la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada
Transna c¡onaL(Nac¡ones Unidas, 2004)

C. Modalidad por los agentes o autores del delito: Se consideran diversas modalidades

1) Criminalidad ordinaria: Aquella realizada por cualquier persona, al margen de si situación


social u ocupacional

2) Criminalidad de cuello blanco: La que es cometida por personas de alto estatus o poder,
dentro de su actividad económica. También se le denomina criminalidad económica.

3) Criminalidad de color caqui: Denominación que se emplea para referirse a la criminalidad


realizada por militares

4) Criminalidad de blusa azul: Está referida a los delitos cometidos por los obreros en el
desempeño de su actividad laboral. También se le conoce como criminalidad del “overall”.
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5) Criminalidad ocupacional: Aquella ejecutada por personas que desempeñan alguna
actividad profesional, como médicos, contadores, sacerdotes, entre muchos otros, que
generalmente pertenecen a la clase media.

6) Criminalidad dorada: En sentido restringido comprende los delitos realizados por aquellos
que detentan el poder político y que atentan contra la colectividad o determinados
ciudadanos.

D. Modalidades según su registro por el Control Penal: El

conocimiento del volumen de la criminalidad tiene diversas particularidades, en función de


los delitos registrados y de la cantidad desconocida de los mismos, por lo que se puede
hablar entonces de tres modalidades, Criminalidad real o efectiva, criminalidad registrada y
criminalidad oculta.

1) Criminalidad real o efectiva: Constituye el volumen total de actos delictivos ocurridos en


una sociedad en un tiempo determinado, abarcando los casos de delitos denunciados
(registrados), así como los desconocidos o no registrados por las agencias del control penal.
Esta criminalidad, debido a que el número de actos delictivos no registrados (ocultos) es
incierto, es difícil de precisar.

2) Criminalidad registrada o conocida (aparente). Está constituida por el volumen de delitos


registrados por las agencias o entidades del control penal, tales como la Policía, el Ministerio
Público, el Poder Judicial, entre las más importantes, sobre la base de la denuncia de los
agraviados o por información directa de tales agencias u otros medios.

Estos datos sirven para generar las estadísticas de la criminalidad que se presentan como
expresión de la delincuencia de un país determinado. Jorge Restrepo dice al respecto que “la
criminalidad registrada es aquella parte de la criminalidad real reflejada en las estadísticas oficiales”
(1995, p. 66). Sin embargo hay que anotar que las estadísticas policiales, judiciales, del Ministerio
público y la penitenciaria, respecto de esta criminalidad registrada o conocida, no son idénticas
debido a las particularidades que tienen cada una de tales entidades respecto al registro de la
criminalidad.

La estadística policial de la criminalidad, así como las demás estadísticas, no recoge el


volumen real de los hechos delictivos, ya que generalmente registra las denuncias recibidas y
aquello hechos en que interviene por ser de conocimiento directo. Pero también se aprecia que no
todas las denuncias planteadas ante la policía se registran por diversas razones como señalan
Macionis y Plummer (2000, p.222), además no siempre, “los delitos notificados a la policía son
delitos que terminan en la interposición de una denuncia (pues no todos los delitos notificados son
delitos reales, y también hay tan triviales que no terminan en denuncia”. Asimismo el grado de
precisión técnica de los hechos registrados como delitos no siempre es adecuado,

La estadística del Ministerio Público se basa en las denuncias de los agraviados o que llega
mediante vía policial o por actuación de oficio, ya que siendo el titular de la acción penal pública es
la encargada de formalizar la denuncia o bien acusar ante el Poder judicial los delitos que son
perseguibles de oficio. De este modo las denuncias recibidas por el Misterio público o las
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formalizadas ante el poder judicial anualmente, constituyen cifras que nos da una tendencia de la
criminalidad conocida. Sin embargo no toda denuncia que llega ante el Ministerio Público es objeto
de formalización de denuncia o acusación respectiva, si es que en algunos no existen elementos
probatorio suficientes para incriminar al imputado, no obstante que esté acreditado el delito, o bien
porque el imputado no está claramente identificado

La estadística judicial, proviene obviamente del Poder Judicial, aunque en nuestro medio no
existe información estadística sistemática de este poder del Estado, como en otros países. En esta
fuente estadística algunos diferencian equívocamente dos modalidades de estadística judicial
(Reyes, 1991):

Criminalidad legal: Aquella que ha sido realmente investigada mediante decisión judicial,
expresada en el auto de apertura de instrucción Criminalidad judicial: parte de la criminalidad legal
que ha concluido con sentencia condenatoria, la que vendría a ser la verdadera criminalidad
reconocida por el Estado, teniendo en cuenta el principio de inocencia, ya que mientras no haya una
sentencia condenatoria firme no se considera delincuente al procesado.

La estadística penitenciaria: Constituye una estadística parcial de la criminalidad total


registrada, en cuanto sólo refleja el volumen de condenados a pena privativa de libertad efectiva,
pero no a todos los condenados, no figurando aquellos con pena suspendida, reserva del fallo
condenatorio y los sancionados con penas no privativas de la libertad (multa, inhabilitación.
Limitación de derechos). También se hallan dentro de esta estadística los que sufren prisión
provisional, al ser procesados con mandato de detención sin ser aun condenados.

3) Criminalidad oculta: constituido por el volumen de delitos realizados pero no conocidos


o registrados por las agencias del control penal, y que por tanto no figura dentro de las estadísticas
mencionadas. Esta criminalidad desconocida o “cifra negra", existe porque no se la denuncia o bien
porque la policía no la investiga, debido a una variedad de razones de acuerdo a la particularidad
del hecho delictivo.

2.1.3. LA “ CIFRA OSCURA” DE LA CRIMINALIDAD: En el vasto campo de la criminalidad


según el punto de vista cuantitativo, tal como ya lo hemos visto, la “cifra negra” u oscura, constituye
un volumen muy alto dentro de la numerosa cantidad de hechos delictivos que forman parte de la
criminalidad real, siendo una cifra desconocida que resulta preocupante

[Link]. Nociones de cifra oscura de la criminalidad: Como acabamos de ver, no toda la


criminalidad real o efectiva que ocurre en un país logra ser conocida, ya que existe una cantidad
importante de delitos que no son registrados y por tanto no son investigados por las agencias del
control penal, siendo denominada “cifra negras” u “oculta” de la criminalidad. Al respecto, según
Heinz Zipf (1979, p. 112), se “designa como “cifra negra” la diferencia entre los hechos punibles
efectivamente perpetrados y los que han llegado a conocerse oficialmente”.

Podríamos considerar que el amplio volumen de la criminalidad desconocida u oculta,


constituye desde la perspectiva del infractor una “delincuencia exitosa” que logra evadir la
persecución policial y/o judicial. Este ámbito delictivo, cuya cifra es elevada y posiblemente superior
a la criminalidad registrada, ha sido denominada con una variedad de nombres como: “delincuencia
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oculta”, “criminalidad desconocida”, “campo oscuro del delito”, “cifra negra”, “cifra oscura”, entre
las más saltantes. El criminólogo soviético Avanesov (1985) habla en este caso de “delincuencia
latente”, para referirse a los delitos que permanecen ocultos o desconocidos. Dentro de tal gama
de adjetivos se comprende una diversidad de hechos delictivos como los siguientes:

A. Aquellos que no son advertidos por la víctima, y por tanto son desconocidos totalmente
por ella, por lo que no se denuncia el hecho, no siendo en consecuencia de conocimiento de las
entidades que tienen potestad de perseguirlas y/o juzgarlas, como la policía el Ministerio público y
el Poder judicial.

B. Delitos no denunciados no obstante ser conocidos por las víctimas: Hay un número
significativo de hechos delictivos en los que la víctima decide no denunciar: por razones muy
diversas:

1) Creer que la denuncia no tendrá ningún efecto.

2) Por la vergüenza o el impacto psicológico que sufre la víctima, sobre todo en los delitos
contra la libertad sexual.

3) Considerar que el delito no es muy grave y que su denuncia le podría ocasionar mayores
perjuicios o inconvenientes.

4) Por las amenazas del autor o por el temor a sufrir represalias del delincuente o sus
familiares, entre otras razones

C. Los actos delictivos reportados ante la policía, pero que no son registrados debido a razones
diversas: Por tanto no forman parte de las estadísticas criminales conocidas.

Por todo lo anterior, existen diferencias en el contenido de lo que realmente abarca la “cifra
oscura".

[Link]. Técnicas de estudio del volumen de la cifra oscura: Desde que Adolfo Quetelet
desarrollara la estadística criminal, que incluye generalmente a la delincuencia registrada o
conocida, se plantearon yá algunas ideas sobre la delincuencia oculta o cifra negra y su posible
volumen, ya que es un hecho real que no todos los delitos registrados constituyen el volumen total
de la delincuencia de un país. Las apreciaciones sobre el número o cantidad de los delitos que
conforman la “cifra oscura” han sido y son muy variadas. En muchos casos se han planteado
cantidades hipotéticas, y hasta nuestros días podemos afirmar que el volumen de la delincuencia
oculta en el país es realmente desconocido.

El profesor belga citado decía que existe “una relación aproxima damente invariable entre
los delitos conocidos y juzgados y la suma total desconocida de delitos cometidos”. Ello suponía que
la proporción de la criminalidad oculta aumentaba al mismo ritmo que la delincuencia conocida. Sin
embargo debemos anotar que el volumen desconocido, no puede estar al margen del tipo de
sistema de control penal de cada país, además de los controles sociales informales vigentes, los que
van a influir en que probablemente también el volumen de estas cifras desconocidas, fluctúen en
función de tales controles. Asimismo, de acuerdo a la gravedad o su carácter de leve y las
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particularidades de cada hecho delictivo, es probable que las cifras difieran grandemente. Por ello
podemos aventurarnos en señalar que los delitos de homicidio probablemente muestren una cifra
oscura más pequeña que los delitos de hurto simple por ejemplo.

Frente al reto que constituye el desconocimiento de la cantidad de la cifra oscura para los
estudiosos del crimen, es que se han desarrollado algunos procedimientos para descubrir dicha
“cifra negra”. Uno es conocido como encuesta de la “auto denuncia” (Feldman, 1989) o encuesta
de autorevelación, que se basa en la aplicación de una encuesta a una parte de la población,
indagando respecto a los posibles hechos delictivos que puedan haber cometido en un periodo
determinado. Otro es la encuesta de victimización, y también la encuesta a los “informadores”
(Cervini, 1988; Pérez, 1986).

A Técnica de la “auto denuncia”, “auto confesión” o auto revelación (self reported): El


procedimiento consiste en entrevistar o pedir la absolución de un cuestionario a un grupo o muestra
de personas de una población determinada, respecto a los hechos delictivos que hubiera realizado
en determinado año, hayan sido o no procesados, de tal modo que se pueda obtener una
información aproximada del volumen de criminalidad real de dicha población. Generalmente la
encuesta es anónima y previa explicación del motivo de la información solicitada que es para fines
estrictos de investigación social, tratando de obtener el máximo de colaboración de los encuestados
(Hood y Sparks, 1970).

Uno de los estudios realizados hace sesenta y nueve años atrás, empleando la técnica de la
“autodenuncia”, fue el de James Wallerstein y C. Wyle en nueva York en el año 1947, sobre una
muestra elegida al azar de 1,020 hombres y 878 mujeres. En el interrogatorio por escrito, el 91 %
admitió haber cometido uno o más de los 49 delitos enumerados en la ley penal del Estado.

Kerstin Elmhorn en Estocolmo, en 1965, considerando a un tres por ciento de los


estudiantes de segunda enseñanza, halló que el 57 % de ellos admitía haber cometido por lo menos
un delito grave, y de estos el 93 % había escapado de la policía. Es también importante el informe
noruego realizado por N. Christie, J. Andenaes y S. Skirbekk también en 1965 (“A study of self
reported crime” en Scandinavian Studies in Criminology, Oslo, pp. 86116), que mediante un
cuestionario aplicado a cerca de 3,800 jóvenes recogieron información sobre el particular.

También es interesante el trabajo de Martin Gold, en el llamado proyecto Flint, cuyo


informe se publico en 1966, en el que investigó a 522 jóvenes de ambos sexos, mediante el
procedimiento de la “autodenuncia”, a través de la técnica de entrevista. Los resultados indicaron
que sólo el 16 % de los que habían cometido algún delito habían sido descubiertos y el 10% fichados
por la policía

Sin embargo, este procedimiento para tratar de conocer la cifra oculta de la criminalidad no
es totalmente fiable. Para diversos estudiosos, la técnica de la autodenucnia tienen muchas
limitaciones y lograr su validez es muy difícil. Por ello, Robert Dentler (1928-2008), uno de los
propugnadores más distinguidos de la autoconfesión llegó a opinar, en un exceso de pesimismo,
que este procedimiento no debería emplearse por ser demasiado precario y los resultados
equívocos. Al respecto, sobre la importancia de esta técnica existen diversas interrogantes como las
siguientes:
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En qué medida son verídicas las respuestas de los interrogados. No existe sobre el particular
medio para controlar su veracidad.

No se puede verificar si los actos que se declaran constituyen delitos, es decir si ocurrió un
hecho doloso.

No se pueden discriminar las declaraciones fantasiosas de las que no la son.

En que grado los interrogados ocultan algunos delitos que hayan cometido. Al respecto se
tiene sospechas fundadas que la disposición a revelar una acción grave es posiblemente muy débil,
mientras que declarar un delito leve es probablemente mas alto.

Se cuestiona también que la mayoría de estudios se hayan efectuado con grupos de niños y
adolescentes, o bien respecto a la anterior criminalidad juvenil de adultos sometidos al estudio.

No obstante las críticas, se han realizado una cantidad grande de estudios bajo este
procedimiento, como el efectuado por Cristina Rechea et al. en España (1995) sobre una población
de adolescentes encontrando que un 57.8% de los jóvenes habían cometido algún tipo de delito en
el último año. Sobre el particular son importantes también las experiencias en diversos países
europeos (Zauberman, 2009), así como en otras latitudes

B. Encuesta de victimización: Por medio de esta técnica se estudia a un grupo o bien una
muestra de una pobación determinada, a quienes se interroga si fueron víctimas de algún delito en
una etapa anterior, y si tales hechos fueron o no denunciados. Es a través de un cuestionario o
entrevista que se recoge de las propias víctimas la información de los delitos no denunciados frente
a los que se reportarons a las instancias oficiales repectivas, de tal modo que se puede obtener un
conocimiento aproximado de la “cifra negra”.

Los estudios realizados según este procedimiento son diversos. Es así que en una encuesta
llevada a cabo en 511 hogares de Washington, resultó que el 38% de la población interrogada había
sido víctima de un delito serio en el periodo de un año, mientras que las estadísticas policiales
mostraban sólo un 10 %. En la primera encuesta efectuada en 1967 en los Estados Unidos sobre
victimización, se estableció que del total de víctimas, solo el 49 % había denunciado a la policía, lo
que significaba que el 51 % no había reportado el delito. Aun más se halló que de los hechos
denunciados, un 23% no fue registrado como delito (Sangrador, 1986)

Según Raúl Cervini (1988), en América Latina destaca la investigación efectuada por el
criminólogo mexicano Luis Rodríguez, en la ciudad de Jalapa, en la que halló que sólo un 22 % de las
víctimas había denunciado el delito del que había sido objeto. Asimismo son importantes los
trabajos efectuados en España, en la década del 80, al que hace referencia García Pablos (1988).

Si bien la encuesta de victimización nos puede dar algunas cifras aproximadas del volumen
de la “cifra oculta” del crimen, no podemos dejar de indicar que tales estudios tienen también
algunas limitaciones y críticas diversas. Al respecto, Manuel López Rey (1976, p.46) decía que “la
víctimas es la menos digna de crédito y, por ello proporciona la base menos sólida para la
investigación y la medición”, por las razones siguientes:
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1) Hay delitos que no tienen víctima determinada, por ejemplo cuando la víctima es una
corporación, una institución o la población general.

2) Hay delitos en que autor y víctima son la misma persona, como en da adicción a drogas,
autoaborto, autolesiones, el suicidio, la

prostitución.

3) La memoria humana, muchas veces frágil, da lugar a que se puedan olvidar determinados
delitos o bien tergiversarlos o mal interpretarlos.

4) La víctima a veces desconoce o ignora su papel de víctima.

5) En ciertos delitos, como los homicidios, ninguna víctima puede reportar el hecho
ocurrido, por razones obvias.

Sin embargo, según el criterio de Zipf (1979, P.113), “tos interrogatorios a las víctimas han
revelado hasta ahora en algún modo, a lo sumo, el enigma de la cifra negra”, sin desconocer sus
limitaciones. Al respecto Stageland no tiene una buena impresión de las encuestas de victimización
efectuadas en España (2001).

C. Encuesta a los “informadores”: En este caso se interroga a un grupo o muestra especial


de personas, que debido a su actividad o experiencia tienen conocimiento de la incidencia delictiva
en determinado ámbito, de tal modo que pueden proporcionar una información sobre el volumen
probable de los delitos no registrados o investigados, con algún grado de aproximación. Es una
técnica complementaria de las anteriores y la importancia de los datos que aporte estará en función
de la objetividad y seriedad de los “informadores”.

[Link]. Cifra negra de la criminalidad y tipos de delito: En términos generales, los delitos
más graves como son los atentados contra la vida, el Estado, violación sexual de menores, delitos
patrimoniales de gran volumen, son mayormente registrados por las agencias del control penal,
porque en tales casos hay mayor número de denuncias por parte de los agraviados, en relación a
los delitos menos graves. En otros términos, parece ser una tendencia observada que la cifra negra
se polariza en los delitos de escasa gravedad y también en algunos hechos delictuosos de gran
magnitud ligados al poder. Como decía Alfonso Reyes (1991), en la microdelincuencia y en la
macrodelincuencia.

A. En la microdelincuencia o también en los llamados “delitos de bagatela”, existe


probablemente un alto índice de criminalidad oculta, por razones de que muchos de los agraviados
no consideran importante denunciarlos, porque el monto de la infracción, sobre todo si es
patrimonial, no “amerita” tal acción

Asimismo, en la delincuencia de menores se observa un índice de cifra oscura muy alto. Al


respecto Gunther Kaiser (1988) afrma que la criminalidad juvenil está muy extendida, de lo que
pueda deducirse de las estadísticas de la policía, la Administración de Justicia y la asistencia a la
juventud, que no proporcionan un cuadro real de tal criminalidad.
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B. En la macrodelincuencia: en la que los hechos delictivos están vinculados a grandes
magnitudes patrimoniales y en las que los incriminados son personas de poder económico.
Asimismo en los actos relacionados a excesos de poder político, entre otros otros, pudiendo
destacarse los siguientes:

1) Delitos de “cuello blanco”: Diversos estudios hacen alusión al hecho de que muchos de
estos actos que han logrado ser tipificados penalmente como delitos económicos, en la práctica
resulta difícil de hacerse efectivo el control penal, lo que permite afirmar que hay una incidencia
importante de criminalidad oculta en estos delitos.

2) El delito de abuso de poder político y similares: Existe un grupo importante de delitos


bastante graves, que atenían contra la vida, la salud, los derechos humanos en general, cometidos
por fuerzas estatales (policía, ejército, etc.) o paramilitates o fuerzas de choque, que estando
protegidos abierta o tácitamente por el poder estatal,sobre todo en las zonas de emergencia, no
son objeto de investigación ni de sanción penal, hechos que se encuadran dentro de lo que hoy se
denomina “delitos de abuso de poder político”, y que en determinadas sociedades y épocas tienen
unas alta incidencia. Severin Versele denomina a la delincuencia que tiene poder político y/o
económico como “cifra dorada” de la criminalidad, y que presenta un alto volumen de cifra
desconocida, y son “formas de delincuencia inmunizadas por el poder político y la fortaleza
económica” (1978, p. 23). Otros autores, con un grado mayor de especificidad hablan también de
las cifras de “color cakl”, y que en nuestro medio sería la criminalidad de “color verde”, que
denomina a los delitos cometidos por los altos mandos de las fuerzas militares y/o policiales en
actos de corrupción al manejar los fondos a su cargo, asimismo su participación en delitos comunes
como narcotráfico, contrabando, que son difícilmente investigados, salvo los mandos subalternos
que constituyen los “chivos expiatorios”.

C. En otros delitos: un hecho relativamente grave, que actualmente varía entre una menor
o mayor censura social, según el punto vista que se asuma, es el delito de aborto, que presenta una
alta tasa de “criminalidad oculta”, de tal modo que según algunos estudiosos, la proporción
fluctuaría de 1:100 a 1:200, entre hechos conocidos y delitos desconocidos. Las estadísticas de salud
revelan altos índices de aborto inducido (provocado), generalmente de mujeres provenientes de los
sectores pobres y medios, y en los casos que son de conocimientos de las agencias del control penal,
son también las que más se penalizan. Sin embargo el aborto es un fenómeno que también se da en
mujeres de estratos altos, pero que debido a sus condiciones económicas, esta práctica se realiza
bajo atención médica adecuada y obviamente casi no se registran en las estadísticas oficiales de
salud, ya que cualquier riesgo post aborto es atendido inmediatamente en forma particular y no
tienen que recurrir a jos centros de emergencia públicos, a las que si recurren las mujeres de los
estratos marginados, por lo que se descubre el hecho, dando lugar a que sean criminalizadas, no
obstante que es una práctica que ocurre en todos los estratos sociales, por lo que su penallzación
resulta desigualitaria e injusta.

Igualmente, dentro de los delitos contra la libertad sexual, parece observarse un alto
volumen de “cifra negra” de criminalidad cuando la víctima es una mujer adulta, cifra que
probablemente pasa del 99 por ciento cuando el agraviado es un varón adulto.
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2.1.4. LOS “DELITOS DE CUELLO BLANCO” Y/O DELINCUENCIA ECONÓMICA: Frente a los
delitos comunes o convencionales, pasibles de cometerse generalmente por personas de los
estratos socio económicos bajos o medios bajos, existen estudios que datan desde fines de los años
30 del siglo pasado, que también analizan la criminalidad de los sectores más pudientes de la
sociedad, precisamente una de esas investigaciones la denominó, en un momento particular de la
historia criminológica, “delito de cuello blanco”.

[Link]. Antecedentes y denominación: La mayoría de autores del tema, indican el año de


1939 como el inicio del estudio de este tipo de delito, considerando que precisamente el 27 de
diciembre de dicho año, Edwin H. Sutherland presentó estas ideas en su discurso de asunción
presidencial de la Sociedad Americana de Sociología, y que luego lo publicara como artículo, con el
título de “White collar criminality” (American Sociological Review, 1940, No.5), años después, en
1949 lo publicó como libro: White collar crime.

Sin embargo, es probable que ya antes hubieran existido algunos trabajos sobre esta
temática, aunque bajo otras denominaciones. En este sentido, el profesor español CarlesViladás
(1983) anota que algunos años antes que Sutherland, y precisamente en España, se publico por A.
Rodríguez Sastre la obra: Los delitos financieros, en 1934. Igualmente Gunther Kaiser (1988)
considera que la teoría y la práctica se ocuparon ya bastante tiempo atrás de este tipo de
criminalidad de “cuello blanco”, aunque extendiendo este interés a personas de clase media y
superior, indicando al respecto los trabajos de Wintterlin en 1895, Aschaffenburg en 1903, Gwinner
en 1934 y RuscheKirchheimer en 1939. No obstante, por razones diversas, el trabajo del sociólogo
norteamericano tuvo un impacto especial, y según algunos conmocionó tanto a la criminología de
su época, hace 75 años atrás, en forma similar como lo hizo en 1876 la publicación de Lombroso:”EI
hombre delincuente”.

Si bien Sutherland denominó a cierta conducta especial como “delincuencia de cuello


blanco”, término que sigue teniendo influencia, más tarde surgieron otros nombres poniendo
énfasis en el aspecto económico, por lo que en las diversas lenguas de los estudiosos que han tocado
este tema, se emplean denominaciones como las de “criminalité des affaire” y también “criminalité
economique” en Francia; “delincuencia económica” en España, “economic crime” en Gran Bretaña,
wirtschaftskriminalita” en Alemania, “criminalitá económica” en Italia, entre otras. Asimismo no se
descarta por diversos tratadistas el uso del témino “delincuencia de cuello blanco” (Le crime en col
blanc, criminalita ¡n colleti Bianchi, etc.) en otros idiomas.

Frente a tales nombres, cuyo significado no siempre es uniforme, también se han empleado
los adjetivos de “delincuencia profesional” y “delincuencia de caballeros”, entre otras varias
nomenclaturas. Sin embargo, en estos términos entrevemos que el significado y propósito que
traducen son los de expresar un contenido muy amplio en uno y desligarlo del crimen económico
en el otro, y que además estarían orientados a neutralizar el contenido político y económico que se
expresa en la tesis del “delito de cuello blanco”, como lo veremos al analizar su significado
conceptual.

En la denominación de “delincuencia profesional” se hace alusión a las acciones delictivas


producidas en el contexto de la actividad profesional u ocupacional, lo que supone referirse a
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hechos delictivos no sólo del comerciante, sino también deí médico, del abogado, del mecánico,
etc., que en su actividad profesional cometan un delito. Salvo que, como lo hacía Sutherland, sólo
se incluya al delincuente profesional de alto estatus económico y social. Al respecto, también
Antonio García Pablos (1984, p. 164) dice que con “el término de “delincuente profesional” se
acentúa más el vínculo existente entre la infracción y la actividad profesional del autor que a la
pertenencia de éste a un determinado status social de privilegio. Es, pues, un concepto distinto y
más amplio, libre, en principio, de la carga crítica e ideológica que caracteriza a la criminalidad de
“cuello blanco”..” Similares restricciones tendría la denominación de “delincuencia de caballeros”,
en la que se incluirían todos los delitos que cometan personas de estatus social alto, desde crímenes
comunes como lesiones, homicidios, violaciones, entre otros, rebasando el marco conceptual que
consideró Sutherland, restringido al área económica de alta dimensión.

El término delincuencia económica generalmente se identifica con la primigenia de “delito


de cuello blanco”, sin embargo según el parecer de algunos estudiosos la delincuencia económica
es una especie de la anterior, o de acuerdo al parecer de otros, más bién el delito de cuello blanco
es parte del delito económico. Agustín Fernández Albor (1978) si bien parece preferir el nombre de
“criminalidad económica”, también denomina “delincuencia comercial” a este tipo especial de
delito. En el proyecto de Código penal español de 1980 se habló de “Delitos contra el orden
socioeconómico” (Manzanares 1981), nombre que se acogió en el Código penal español de 1995,
pero junto a los delitos contra el patrimonio.

Otras denominaciones que han surgido posteriormente son la de “delitos de los poderosos”
que emplea Frank Pearce (1980), también “Delitos relacionados con el abuso de poder", que fue
uno de los temas discutirdos en el Sexto congreso de las Naciones Unidas sobre prevención del
delito y tratamiento del delincuente (1981), celebrado en Caracas en 1980. Esta preocupación por
los “delitos y delincuentes dorados”, como dice Naciones Unidas, es sin embargo un concepto
mucho más amplio que el de “crimen de cuello blanco” o “delito económico", por cuanto dentro de
la noción general de delito de abuso de poder existen dos modalidades claramente distinguibles:

A) Delitos de abuso de poder económico, que también denominan “delincuencia


económica” y/o delitos empresariales, sobre todo los de las transnacionales, que prácticamente son
equivalentes al concepto de delincuencia económica o “delitos de cuello blanco”

B) Delitos de abuso de poder político y público, vinculado sobre todo a las violaciones de
derechos humanos, tales como el apartheid, abuso de poder por funcionarios públicos, incluida la
violencia policial y el maltrato en las prisiones. Asimismo los actos de tortura, el asesinato político,
el secuestro, las “desapariciones”. Delitos que también se conocen por las Naciones Unidas, como
“delitos y delincuentes fuera del alcance de la ley”.

Al respecto, Manuel López Rey (1983), siguiendo en gran parte lo debatido en el Sexto
Congreso de las Naciones Unidas ya citado, habla de Criminalidad y abuso de poder, distinguiendo
tres variantes:

Delitos de poder político e ideológico

Delitos de poder económico


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Otros, como el tráfico de mujeres y niños, refugiados, emigrantes, etc.

[Link]. Nocion penal y criminológica del “delito de cuello blanco”:

Respecto a las diversas apreciaciones sobre delincuencia económica o de cuello blanco, hay
que tener presente que según la perspectiva desde la que se analice tendrá igualmente una
connotación disímil. Asimismo como lo dicen Di Gennaro y Vetera (1977), las propuestas de
definición son muy numerosas, por ello la comprensión Criminológica muchas veces no coincide con
la perspectiva penal, debido a los criterios propios que cada cual maneja para estudiar este
problema. Para César Herrero por ejemplo, la “White-collar criminality” es el núcleo más llamativo
y trascendente de la delincuencia económica, pero ésta no se agota en aquella (1992). Sin embargo
también existen críticas que cuestionan la tesis del delito de cuello blanco, .sobre el particular
Alfonso Serrano (2003, p.83) considera que el concepto es impreciso y que su impacto “ha sido
mucho más ideológico que científico”.

A) El criterio penal: Tiende a considerar este hecho desde una óptica no ligada a las
apreciaciones sociales y personales del autor, sino más bien en función del “bien jurídico” protegido
y su tipificación penal como “delito económico”. Al respecto se considera que su delimitación penal
vendría dada fundamentalmente por los bienens jurídicos con lo que entra en conflicto esta
conducta. Por ello, en función del autor, la perspectiva penal no considera diferencias de estatus
social, por lo menos a nivel de los tipos penales, aunque en la práctica, tanto en la criminalización
primaria como secundaria, de hecho juega un papel muy importante el estatus o poder
económicosocial del autor. Uno de los estudiosos más importantes dentro de esta línea es Klaus
Tiedemann (n, 1938), profesor alemán con una amplia producción bibliográfica sobre el Derecho
penal económico (2010).

Miguel Bajo (1978, p. 43) señala que para el derecho penal, el delito económico en un
sentido estricto, es “la infracción jurídicopenal que lesiona o pone en peligro el orden económico
entendido como regulación jurídica del intervencionismo estatal en la economía de un país”. En un
sentido amplio, “es aquella infracción que, afectando a un bien jurídico patrimonial individual,
lesiona o pone en peligro, en segundo término, la regulación jurídica de la producción, distribución
y consumo de bienes y servicios”. En similar sentido, Mireille Delmas-Marty (Citado por Viladás,
1983) afirma que la “Criminalite des affaires” es “todo menoscabo, de una parte, del orden
financiero, económico, social o de la calidad de vida, y de otra parte de la propiedad, fé pública e
Integridad física de las personas, pero sólo cuando el autor haya actuado en el marco de una
empresa, bien sea por cuenta de la misma, bien sea por cuenta propia si el mecanismo de la
infracción está relacionado con poderes de decisión esenciales para la vida de la empresa”
(Définition et domaine de la criminalité d’affaire, tendances contemporaines, Revue Internationale
de DroitPenale, 1982, pp.2137).

César Herrero (1992) considera que hay delito económico cuando se da una conducta típica,
antijurídica, imputable, culpable y punible, a la luz de una ley perteneciente al Derecho Económico.
Dentro de esta línea de ideas, el penalista peruano Raúl Peña Cabrera (1994, p.l32) decía que “el
derecho penal económico protege fundamental mente el bien jurídico integrado por el orden
económico. Es un orden económico preexistente e institucionalizado, es decir normado, dirigido y
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controlado por disposiciones legajes de la vida económica.”. Esteban Righi (2000) anota, que
además del bien jurídico protegido para delimitar el delito económico, se alcanzó mayor precisión
al advertir que los bienes jurídicos que protegen los delitos económicos son colectivos o
“supraindividuales”, lo que supuso distinguirlos de los que tutelan los delitos patrimoniales. Por ello
son considerados ajenos al derecho penal económico, la estafa, la apropiación indebida, el soborno,
la usura, el hurto, el daño y los delitos de quiebra.

Asimismo no podemos olvidar que el Derecho penal sigue determinados principios que
supuestamente son garantía para la sociedad, como sería en este caso el principio de igualdad ante
la ley, y por ello los delitos no deben estar delimitados en función de diferencias sociales, aunque
en los hechos tal principio no tenga vigencia plena. Al respecto, Agustín Fernández (1978, p. 10-11)
dice que “se puede observar que cuando estos delitos son cometidos por personas de condición
social elevada, con motivo o en el curso de sus ocupaciones, el trato legislativo y judicial es más
indulgente. Incluso esta indulgencia se puede constatar en grandes sectores de la opinión pública”.

B) La perspectiva criminológica: Desde esta vertiente se realizan estudios en función de


ciertas características sociales, económicas o políticas del autor y de lo que realmente ocurre en la
práctica del sistema penal en sus diversas instancias, tanto policial, ministerio público, judicial y
penitenciario, así como en el proceso de criminalización primaria. Es dentro de la dinámica real y
concreta del sistema de control penal, que se observan diferencias en función de las personas, entre
otras, y es lo que investigó hace setentisiete años atrás Sutherland, para enunciar la tesis del
“delincuente de cuello blanco”. Dentro de la visión criminológica, podemos reseñar precisamente
que este criminólogo norteamericano definió a la delincuencia de cuello blanco como la violación
de la ley penal por una persona de respetabilidad y alto nivel socioeconómico, en el desarrollo de
su actividad profesional.

Según el criterio de Miguel Bajo (1978, p. 49), la delincuencia económica es entendida como
una especie del delito de cuello blanco, y desde la óptica criminológica es “la relativa a las
infracciones lesivas al orden económico (...), cometidas por personas de alto nivel socioeconómico
en el desarrollo de su actividad profesional”. Por su parte, César Herrero (1992) considera que este
delito, en sentido criminológico, se puede definir como toda infracción, prohibida o no por el
ordenamiento jurídico, que pone en peligro los esquemas de producción, distribución y consumo
de bienes de la comunidad o de un número apreciable de sus miembros, o bien que afecte sus
sistemas de financiación y de cambio. Infracciones que provocan el nacimiento de un daño directo
y real, ejecutados por puro móvil de enriquecimiento.

[Link]. Características del delito de cuello blanco: De los anteriores conceptos podemos
deducir que la delincuencia de “cuello blanco”, tiene las siguientes características:

A) La comisión de un delito: Dentro de los llamados delitos económicos, de acuerdo a cada


realidad existe una variedad muy amplia de figuras penales. Al respecto, Antonio García pablos
(1984) considera tres grupos de infracciones:

1) Las que lesionan o ponen en riesgo bienes jurídicos fundamentales del individuo y de la
colectividad, entre las que estarían los “delitos contra la calidad de la vida" (contaminación
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ambiental), el “delito ecológico”, “delitos sociales” (infracciones de normas de seguridad e higiene
del trabajo y la seguridad social).

2) Las que atentan contra las normas reguladoras de la producción, distribución, consumo
y conservación de bienes y servicios, como la insolvencia punible, formación de carteles,
infracciones en el campo de la informática mediante la manipulación de computadoras y datos,
falsificación de balances, competencia desleal, abusos de crédito, estafas, fraudes en perjuicio de
los acreedores, fraudes al consumidor y al usuario, publicidad engañosa, fraude fiscal,
manipulaciones del mercado bursátil, los holds-ups, boicots empresariales, receptaciones.
Malversaciones de caudales públicos, cohechos, creación de sociedad ficticia, infracciones de
aduana, delitos relativos al control de cambios, abusos económicos de las multinacionales, etc.

3) Por razones de conexión, todas aquellas que guardan con las anteriores una relación
instrumental, de medio a fin.

Manuel López Rey (1983) propone también una larga lista de delitos. Por su parte, el
Consejo de Europa, según reseña Enrique Ruiz Vadillo (1984), señala una relación de dieciséis
infracciones encuadrables como delitos económicos.

Según el Sexto Congreso de las Naciones Unidas (1981), entre estos delitos se hallan el
soborno y corrupción; la delincuencia organizada; los abusos económicos, tales como la evasión
fiscal, el fraude crediticioy aduanal; la malversación y el mal uso de fondos públicos; las violaciones
de las normas cambiarías; las especulaciones y estafas en transacciones con tierras; el contrabando;
los delitos contra el medio ambiente; la fijación de precios excesivos; la facturación excesiva; las
prácticas comerciales restrictivas de la competencia; la explotación de la mano de obra
(especialmente de la migratoria); el fraude al consumidor y lá exportación e importación de
productos de calidad inferior e incluso peligrosa”. '

Los delitos contra el orden económico recogidos en nuestra legislación penal son los
siguientes:

Delito de abuso de poder económico que atenta contra la libre competencia (Art.232 C.P.).

Delito de acaparamiento (Art. 233 C.P.)

Delito de especulación (Art. 234 C.P.)

Adulteración (Art.235 y 236 C.P.)

Venta ilícita de mercaderías (Art. 237 C.P.)

Publicidad engañosa (Art. 238 C.P.)

Venta de bienes y prestación de servicios fraudulentos (Art. 239 C.P.)

Aprovechamiento indebido de reputación industrial (Art. 240 C.P.)

Fraude en remate, licitación o concurso público (Art. 241 C.P.)

Rehusar a suministrar información económica, industrial o mercantil (Art. 242 C.P.)


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Fraude en el tipo de cambio preferencial (Art. 243 C.P.)

Conducción ilegal de casino de juego (Art.243A del C.P.)

Intermediación transaccional fraudulenta (Atr.243B del C.P.)

También los delitos financieros (Arts. 244 a 251A del C.P.)

Debemos anotar, luego de la revisión de los delitos económicos según diversos criterios y
legislaciones, que el delito de cuello blanco desde la perspectiva criminológica, es una especie
dentro de los delitos económicos.

B. El alto nivel socioeconómico del autor del hecho: Prácticamente se refiere con claridad
a los autores que provienen de un estatus social alto, generalmente de los grupos de poder
económico y/o social. No obstante que diversos tratadistas están de acuerdo con Sutherland en esta
caracterización, nosotros consideramos que también debe incluirse a los que ostenta el poder
político y que aprovechando de ello realizan actos ilícitos que afectan a la economía del Estado o
del país, así como otros hechos delictivos con fines de aprovechamiento económico, criterio que
también sigue Antonio GarcíaPablos, ya que no podemos olvidar que este tipo de autores, sobre
todo en nuestro medio, es lamentablemente numeroso y raramente llegan a ser sancionados. Si
existe alguna denuncia, las “comisiones investigadoras” de orden político, encargadas de dilucidar
previamente el hecho, no concluyen su trabajo o no efectúan una adecuada investigación y los
cargos se diluyen en el olvido. Además creemos que dentro de los grupos de poder, sobre todo en
Latinoamérica, no se puede dejar de considerar a los que provienen de la cúpula militar, los altos
mandos de las fuerzas armadas, entre los cuales algunos incurren en ciertas formas de criminalidad
económica, sobre todo vinculada con el manejo de los fondos a su cargo, acciones de contrabando
y otros. Este tipo de hechos ilegales encuadran también, en una acepción más lata, dentro de los
delitos de cuello blanco, para no hablar de un nuevo tipo de criminales denominados “delincuentes
de cuello caki o de kepi”, como lo plantean algunos otros estudiosos.

C. Relación entre infracción penal y su actividad profesional:

Generalmente, en los estudios de Sutherland y otros posteriores, se encuentra la comisión


de hechos delictivos de alto volumen económico, cometidos por personas de altos estratos
económicos, políticos y militares, dentro de su actividad u ocupación, aprovechando el estatus que
ocupan.

D. Imagen de horabilidad del autor del delito de “cuello blanco”:

Debido a una serie de prácticas, sobre todo al estereotipo imperante en la sociedad, la


propaganda, entre otros, se genera la creencia de que estas personas son honorables. Como
también lo señalaba Sutherland, cuando hablaba de “respectability” del autor, respetabilidad u
honorabilidad que contribuyen a su difícil persecución y en muchos casos a su impunidad. Esto
origina una reacción social muy débil, ante su excelente tarjeta de presentación, según considera
García Pablos.
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Además de las cuatro características anteriores, que fueron señadas por Edwin Sutherland,
podemos considerar otras igualmente importantes, añadidas por otros estudiosos de la materia,
como las siguientes:

E. Abuso de la credulidad o ignorancia de la víctima: Dado que el hecho delictivo que


estamos analizando, ocurre dentro de ciertas actividades que salen de los marcos comunes o
tradidicionales en que se manifiestan los delitos contra el patrimonio por ejemplo, generalmente la
víctima, que puede ser la población en general o un sector de ella, o el Estado o una de sus entidades
conformantes, no percibe o ignora el haber sido objeto de un atentado económico. Además, como
se trata de personas que presentan una imagen de honorabilidad o hasta de defensores de la
moralidad pública, no despiertan ninguna sospecha. Al respecto Manuel López Rey (1983, p. 28)
dice que en estos delitos la “victimización es extensa en los grandes fraudes fiscales y evasiones de
capital, a menudo perpetrados por personas pertenecientes a grupos sociales dirigentes que suelen
presumir de patriotismo o de firme adhesión a la ley y el orden..”, lo que induce a la credulidad de
la población.

F. Alto nivel de impunidad. Bien sea por especial astucia del autor para evitar ser
descubierto o porque presenta el hecho como lícito, o porque impide por distintos medios la
denuncia o su ivestigacón penal, muchas veces apelando a su poder económico y/o político, o
mediante el soborno, presión o acuerdo con otros grupos de poder político. Además, como
generalmente las víctimas ignoran el hecho, son las instituciones del control penal las que deberían
promover la investigación, pero los lazos de poder generalmente dificultan esta secuela. En tros
términos, como señala también Julio Virgolini (1992), existe un elevado grado de inpunidad que
rodea a este tipo de conducta, tanto en la criminalización primaria, como en las distintas instancias
de la criminalización secundaria.

G. La compleja trama y estructura de este delito: El tráfico comercial o financiero de


nuestros días es realmente un fenómeno de masa complejo, en los que intervienen a su vez diversas
instituciones o personas jurídicas, a los que se aúna una legislación muy amplia. El juego económico,
dentro de este contexto es muy complicado para la perspectiva del profano y hasta para los
administradores de justicia e instancias policiales, por ello resulta difícil precisar con claridad la
configuración o no de un delito económico.

H. Anonimato y distanciamiento entre autor y víctima: Debido a que generalmente los


actores de los delitos económicos involucran a personas jurídicas, y que en la mayoría de caso se
afecta a la colectividad, la actividad criminal muchas veces no se percibe por los afectados. Esto se
acentúa mas, cuando se trata de entidades transnacionales y porque los perjudicados tampoco
tienen conciencia de ser víctimas.

[Link]. Daños o efectos lesivos del delito de cuello blanco: Los

múltiples estudios sobre este tipo especial de crimen, nos muestran que los daños que
producen estas acciones delictivas de tipo económico son ingentes, y que incluso tienen repercusión
sobre la salud y la vida, así como otros efectos o secuelas más distantes de carácter inmaterial. Por
ello se pueden considerar dos grandes grupos de fectos lesivos:
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A Daños materiales: Dentro de los efectos materiales que producen estos delitos podemos
apreciar dos variedades.

1) Los daños financieros, que realmente son muy altos y que difícilmente se pueden precisar
en su monto exacto. Sin embargo algunos datos señalan que en Norteamérica la cuantía de estos
actos llega a cifras muy grande, algnos estudios indican que en dicho país, sólo por evasión de
impuestos se alcanzaron de 25 a 40 billones de dólares al año. Según los estudios de K. Tiedeman y
A. Zybon, en Alemania, se calcula en forma razonable que el costo de tales delitos alcanza a diez mil
o quince mil millones de marcos por año. Como contrapartida se puede apreciar el lucro obtenido
por el actor de estos hechos, que llega igualmente a montos espectaculares. Como dicen algunos,
este hecho delictivo es un “delito de enriquecimiento”. Sin embargo G. Kaiser no parece compartir
esta ¡dea y pone en duda el alto volumen del daño económico.

2) Atentados contra la vida, la integridad física y la salud: Constituyen también formas de


repercusión de ciertos delitos económicos vinculados a los fraudes alimenticios, los medicamentos,
los cosméticos, entre otros. Son conocidos los casos de medicamentos que tienen efectos
iatrogénicos y que en su país de origen se hallan prohibidos, pero que si se comercializan en otros
países, sobre todo en los del tercer mundo. También la producción de bebidas alcohólicas que a
veces emplean sustancias como el alcohol metílico que en ciertos casos puede hasta ocasionar la
muerte de los bebedores. Igualmente podemos considerar los “delitos ecológicos” o delitos contra
el medio ambiente, que atenían contra la calidad de la vida, hechos que son materia de
preocupación en muchos países (Luis Rodríguez, 1983; Fernando García, 1994)

B. Efectos inmateriales y otros daños: Se aprecia que los delitos económicos, si bien tienen
efectos nocivos de carácter material o tangible, se considera que igualmente tienen repercusiones
de orden no material como los siguientes:

1) Pérdida de confianza en el tráfico mercantil, debido al abuso de poder que llega a límites
de criminalidad, muchas veces no perseguida ni sancionada.

2) Deformación del equilibrio del mercado, por cuanto además de atentar contra el Estado
o una colectividad, favorecen que estos grupos o personas infractoras se hallen en ventaja
económica respecto a los demás grupos ajustados a la ley.

3) Eliminación de la competencia. El desequilibrio en el mercado va a favorecer al infractor,


que a la larga puede desplazar más fácilmente a sus competidores, favoreciéndose incluso una
situación de monopolio.

4) Efecto de “resaca” y “espiral” (sog und spiralwirkung). La experiencia de este fenómeno


delictivo considera que el hecho cometido por un primer actor, al ponerlo en ventaja “desleal” con
el resto que se atiene a las normas legales, empuja a otros para optar por la comisión de hechos
delictivos similares (efecto de resaca). A su vez, la conducta criminal de estos otros va a generar
nuevos efectos de resaca (efectos de espiral), lo que es favorecido además, porque un gran volumen
de estos hechos forman parte de la cifra negra o no descubierta, de lo que es conocedor el
delincuente de cuello blanco.
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5) La reacción en cadena (kettenreaktion). Este fenómeno hace referencia al hecho de que
generalmente un delito económico de gran magnitud, origina repercusiones sobre una o varias
víctimas, las que vienen a constituir una especia de primer eslabón de una cadena, y que a su vez
esta primera víctima por su parte también hará repercutir el hecho dañoso sobre otros y así
sucesivamente. También se aprecia que los actos de esta naturaleza, generan otros hechos
delictivos derivados o complementarios, como la corrupción de funcionarios, falsificación de
documentos, entre otros tantos. Pero además se pueden observar otros efectos encadenados de
carácter social y económico, como quiebras, disminución de la mano de obra, con el consiguiente
despido de trabajadores, entre otros.

6) Alto poder corruptor de este tipo de criminalidad: La que recae sobre todo en la
administración pública que se encuentra encargada de la supervisión o trámites diversos, que tienen
implicancias con las acciones económicas que transgrede el autor de este delito de “cuello blanco”.
Esto ha influido para la dación de algunas leyes penales que pretenden su prevención y sanción
(Righi, 2000)

[Link]. Hechos que favorecen la impunidad de estos delitos: Una

de las características particulares de este delito, lo hemos dicho ya, es su notorio volumen
de impunidad que llega a cifras altísimas en sociedades como la nuestra. Los mecanismos que
emplean los actores o los potenciales delincuentes de “cuello blanco” son diversos, destacando
entre ellos los siguientes:

A. Las técnicas de neutralización: Son una variedad de procedimientos que se manejan,


generalmente a través de los medios de comunicación masiva y otros, para difundir o manipular la
información destinada a neutralizar el “tono” o carácter delictivo de estos hechos, de una manera
muy sutil, creando de este modo un tipo de actitudes, creencias u “opinión pública” favorable, con
el propósito de disimular, ocultar, e incluso justificar determinadas conductas de esta naturaleza.

B. Imprevisión y/o deficiencia legal y judicial: Se aprecia que la ausencia de regulación legal
o bien las formulaciones genéricas y abstractas de la técnica jurídica, constituyen dificultades para
sancionar estos delitos. En estos casos la impunidad se favorece por las siguientes limitaciones:

1) Ausencia de normas o imprevisión legal para encuadrar estos hechos como delitos. En
otros términos se observa una especie de tolerancia por el sistema legal, al no tipificar estos o
algunos de tales actos dañosos de orden económico, no obstante ser hechos socialmente graves y
que afectan a la colectividad. Sin embargo, en las últimas décadas tienden a ser considerados en las
nuevas legislaciones, discutiéndose también la posibilidad de sanción de las personas jurídicas
implicadas en estos delitos (Tiedemann, 1991).

2) Carácter difuso o impreciso de la ley existente sobre el particular. No se hallan


encuadrados con suficiente claridad en nuestro ordenamiento jurídico penal, ni en muchos otros.
Las normas que existen sobre la materia, en los países donde está legislado, son a veces imprecisas,
por ello Francisco Muñoz Conde (1982, P.107108) decía, aludiendo al Proyecto de Código penal
español de 1980, que la “técnica legislativa y la normativa jurídica en general empleada hasta la
fecha se caracteriza por su dispersión y por su coyunturalidad. Esto sin duda, es ya motivo suficiente
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para dificultar cualquier intento sistematizador y para producir, tanto en el intérprete como en el
aplicador de las normas jurídicas, una gran confusión e inseguridad, hasta el punto de no saber
nunca con claridad y certeza qué es lo que el legislador quiere prohibir, y mucho menos por qué
quiere hacerlo”. En todo esto también tiene mucho que ver la organización especial de las entidades
económicas, que resultan complejas y distantes de la que caracteriza a las organizaciones estatales
encargadas de la lucha contra la criminalidad, sobre todo en países como el nuestro.

3) En tercer lugar, no aplicación de la norma vigente sobre este tópico, por una falta de
interés o voluntad política de los poderes estatales encargados de controlar y reprimir
adecuadamente este tipo de criminalidad. Las leyes existentes, en muchos casos, llegan a ser reglas
inaplicadas por las instancias judiciales, el Ministerio Publico o la entidad policial. En todo caso su
eficacia aplicativa no llega a ser fluida, dificultándose el logro de los propósitos de la ley. Al respecto
Klaus Tiedemann (1983A; 1983B) considera que aunque una buena ley penal, si bien es es una
condición importante, no es una garantía de administración de justicia penal efectiva y justa, sobre
todo en el campo de la criminalidad de las empresas transnacionales, el grado de eficacia de la
norma penal es insuficiente para controlarla.

Al repecto agregamos, como lo henos anotado para los delitos tradicionales en general, que
no podemos hacerno ilusiones y confiar inocentemente que con un avance de esta nueva área del
llamado derecho penal económico, se podrá controlar y/o prevenir este delito vinculado a los
poderosos del dinero, sin llegar tampoco al extremismo de negarle todo valor al desarrollo penal,
pero que debe ir aparejado con los aportes criminológicos, sociales, económicos y políticos, ya que
en caso contrario podemos quedarnos con un hermoso catálogo penal que describa magistralmente
los delitos de cuello blanco, con la mayor precisión posible hasta donde es capaz de llegar la técnica
jurídica, pero con una débil e insuficiente aplicación táctica o real.

[Link]. Factores de la delincuencia económica: Desde las vertientes que se podrían llamar
tradicionales o etiologistas, es posible plantear los factores o condiciones que generan este tipo de
criminalidad. Es evidente, sin embargo, que la hipótesis comprensivo explicativa de la delincuencia
tradicional y común, no serían aplicables en forma idéntica a esta “criminalidad de los poderosos”,
por ello es que se han propuesto algunas explicaciones especiales, unas de orden individual y otras
de corte social.

A. Tesis de una personalidad típica del criminal de “cuello blanco”:

Al respecto diversos tratadistas sobre este tema citan la propuesta de

Armand Mergen (1919-1999), médico psiquiatra y criminólogo

luxemburgués, quien elaboró un psicograma de estos delincuentes, con

las características siguientes:

1) Materialismo: Señala que este delincuente sólo tiene en alta estima o valor los bienes de
carácter material, considerando los demás valores y normas morales, sólo como medios que ayudan
al logro de sus propósitos materialistas. Su manifestación típica es la avidez en la búsqueda
incesante del lucro o provecho material.
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2) Egocentrismo y narcisismo: Se dice que su personalidad se caracteriza por no haber
superado la etapa primaria del egocentrismo, lo que se apareja con la falta de desarrollo de la
afectividad, así como una insuficiente evolución o apertura a la vida racional. Su fijación egocéntrica
le dificulta el adecuado contacto social, sintiendo por ello una fría soledad, que trata de superar o
compensar adoptando a veces actitudes de generosidad o mecenazgo. Por su carácter narcisista,
generalmente se siente la medida de los demás, siendo a su vez insensible o indiferente a las críticas.

3) Dinamismo y audacia: Es una personalidad muy activa y dinámica, unido a un alto


optimismo por su polo egocéntrico, lo que incentiva su audacia sin calibrar adecuadamente los
riesgos.

4) Inteligencia práctica: Generalmente es una persona de buen nivel intelectual, con


inteligencia práctica, orientada hacia el éxito inmediato. En muchos casos no posee una adecuada
abstracción, y asimismo son raramente cultos.

5) Particular peligrosidad: No obstante que aparenta ser un ciudadano honorable y


socialmente ajustado, debido a la combinación de una fuerte potencialidad criminal con su
particular aptitud de adaptación social, es un delincuente peligroso, aunado al hecho de que ignora
todo límite ético.

6) Hipocresía: Su conducta criminal se cubre por su aparente honorabilidad social, vinculado


muchas veces a su papel de mecenas y protector de grandes causas, lo que muestra su conducta
cínica.

7) Neurosis: El afán de lucro obsesivo ocasiona en esta personalidad deficiencias extremas


de afectividad, lo que origina perturbaciones a nivel de la conducta amatoria, entre las que se
observa la impotencia coeundi.

8) Ausencia de sentimiento de culpabilidad: Se dice por Mergen, que en contraste con el


deltio común, generalmente el delito de cuello blanco no provoca ninguna reacción social, por lo
que muchas veces no se le considera delito, y por tanto el actor carece de sentimiento de
culpabilidad.

Este psicograma ha sido objeto de una serie de críticas porque se considera que no se ajusta
totalmente a la realidad. Entre ellos destacan

K. D. Opp, A. Zybon, y García Pablos, que la cuestionan atribuyéndole un prejuicio positivista,


y de intentar buscar un delincuente de cuello blanco distinto de los demás. Kaiser, quien igualmente
tiene una actitud cuestionadora de este tipo de delito, objeta el psicograma de Mergen, por no ser
suficiente para una generalización científica.

Nosotros creemos que sobre todo son menos fiables las notas de “egocentrismo”, la
“peligrosidad” no muy precisa y la “neurosis”. Los demás rasgos, en mayor o menor medida, son
aspectos que caracterizarían a un buen número de personalidades calificadas como “delincuentes
de cuello blanco”. En todo caso vienen a ser descripciones de rasgos de personalidad prevalentes,
aunque no podemos afirmar que sean exclusivamente de este tipo de delincuente. Esto significa
que no pueden considerarse como factores o condiciones determinantes de esta criminalidad. En
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otros términos, los rasgos más fiables no son en sentido estricto factores explicativos, sino más bien
aspectos descriptivos de la personalidad predominante por su “materialismo”, “dinamismo y
audacia”, “inteligencia concreta”, “hipocresía” y “ausencia de culpabilidad”. Rasgos que obviamente
no son característicos de todas las personas que ocupan un alto estatus de carácter económico y
social y/o político. Además debemos considerar que tales rasgos, son a su vez efecto o consecuencia
de una socialización bajo determinadas condiciones de vida o existencia, en un mundo con ciertos
valores, metas y esquemas de triunfo individualistas, que pueden modelar esta tendencia de
personalidad. En suma, sin aceptar en su integridad el psicograma, podemos considerar como lo
señala también M. Bajo, que algunos rasgos de los que ya hemos comentado son predominantes en
este tipo de “delincuentes dorados”.

B. Tesis sociológicas de la criminalidad económica: Diversos estudiosos de esta temática se


inclinan por considerar que las teorías sociológicas, son las que mejor plantean una comprensión de
los factores desencadenantes de esta criminalidad particular. Entre las concepciones sociológicas
que pretende explicar este delito se mencionan a las siguientes:

1) Teoría de la asociación diferencial desarrollada por Sutherland, quien concibe que todo
comportamiento es resultado del aprendizaje social, y por ello el “delincuente de cuello blanco",
que vive en medio de valores y expectativas materiales, aprende estas conductas criminales
mediante la asociación personal con los grupos en los que se manifiestan estas infracciones.

2) Tesis de la anomia. Teoría estructurada por R. Merton, plantea la explicación de la


conducta desviada o anómica como resultado del conflicto entre los fines (metas) y medios que
ofrece la sociedad a sus integrantes. En este caso, el delito estudiado encuadraría dentro de la
llamada conducta innovadora, tal como lo señala M. Clinard (1967) corrigiendo a Merton, en el
sentido de que presiones hacia los símbolos de logro monetario cada vez más elevados, se ejecen
también sobre los grupos de estatus alto, dando lugar a conductas anómicas de tipo criminal. Karl
OPP en Alemania, según variantes de est tesis, toma en consideración el grado o intensidad de las
metas, así como las normas y los medios legítimos o ilegítimos que tiene cada persona.

3) Tesis del “labelling approach”. Esta teoría cuestiona a las concepciones tradicionales o
etiologistas, considerando que la conducta delictiva es resultado de un proceso de etiquetamiento
o rotulación, generalmente por lo que tienen el poder en la sociedad. Por ello se dice que su
esquema teórico es aplicable fundamentalmente para la criminalidad tradicional. M. Bajo afirma
sobre el particular, que aplicada “a la delincuencia económica no explica tanto su existencia como
su cifra negra. Se olvida con esto que al lado de la cifra negra hay una cifra real de la delincuencia
económica que es perseguida y castigada y cuya existencia precisa de una explicación” (1978, p.61).

C. Explicación multifactorial: El análisis comprensivo o explicativo causal, en función de una


perspectiva integral que sostenemos, plantea que tratándose de un tipo de comportamiento como
cualquier otro, tiene que se explicado por una visión sociopsicobiológica.

En primer lugar no podemos dejar de tomar en cuenta el ámbito social en el que se


manifiesta. El tipo de sistema socioeconómico permite la llamada libertad de empresa, el desarrollo
transnacional de grupos económicos monopólicos, y la existencia de grupos nacionales de poder
económico social y/o político. Este sistema tiene además un sustento jurídico, una superestructura
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normativa u orden legal, cuyos lineamientos generalmente son congruentes con el sistema social,
donde principalmente los grupos de poder tienen también el mayor peso definitorio de las normas
jurídicas, asi como influencia sobre los demás medios del control social.

En segundo lugar, dicho contexto económico social y superestructura! (Derecho, escuela,


valores, etc) genera a su vez determinadas tendencias de personalidad, en base a las expectativas
materialistas, individualistas y consumistas predominantes, entre otras condiciones diversas. Sin
embargo debemos anotar que no planteamos un condicionamiento de particularidades personales
unívocas, pero si de muchas que no son precisamente solidarias y/o respetuosas de las normas.

Dicho fenómeno de adquisión de patrones de personalidad y de manifestación de conducta,


ocurre dentro de un proceso dialéctico, en el que también tienen determinado papel las
potencialidades individuales. Por ello es que las teorías aisladas pueden describir o comprender
parte del fenómeno, pero al no considerar todas las variables y circunstancias que se dan en la
eclosión del evento criminal, no logran una explicación satisfactoria del comportamiento delictivo
que es una modalidad de conducta humana.

[Link]. La investigación sobre delitos económicos: Las tendencias actuales están orientadas
a la investigación empírica, iniciada sobre todo en USA y en los países europeos (Viladás, 1983). Sin
embargo como referencia adicional consideramos importante señalar los aportes de investigación
táctica en Latinoamérica, por los criminólogos críticos, y que según algunos informes se orientan a
los siguientes problemas:

1) El delito ecológico, realizado por los equipos de Venezuela, Panamá y México

2) Delito de fraude de alimentos, efectuado por equipos de Costa Rica, Panamá y México

3) Estudio sobre “dumping” de productos farmacéuticos, por el Centro de Investigación


criminológica de la Universidad de Externado de Colombia

4) Delitos de empresas transnacionales, realizada por el ILANUD en Costa Rica y México

5) Criminalidad de cuello blanco en América Latina, coordinada por Lola Aniyar

Asi como otros diversos estudios al respecto.

2.2 LA VICTIMOLOGIA

2.2.1. ANTECEDENTES Y CONFIGURACION: Un tema que preocupa cada vez más, en los
últimos sesenta y cinco años, es el concerniente a las víctimas, cuyo estudio ha dado lugar a la
aparición de un capítulo especial de la criminología según algunos puntos de vista, o bien al
nacimiento de una nueva disciplina de conformidad con el criterio de otros (Solís, 1987B). En
términos generales podemos considerar que el problema de la víctima, sobre todo la que es
resultante de un delito, ha originado especial preocupación con tendencias diversas a lo largo de la
evolución histórica.
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[Link]. Antecedentes de la Victimología: Los antecedentes de este conocimiento y su
delimitación actual han tenido un desarrollo desde mucho tiempo atrás. Al respecto José Sangrador
(1986) dice que en la época grecoromana la víctima tuvo consideración social y que incluso alcanzó
un rol protagónico en la investigación criminal, pero posteriormente con el correr de la historia y el
desarrollo del estado y el derecho penal, fue teniendo una participación de segundo orden,
centrándose el proceso penal más en el autor del crimen o el delincuente, llegando en los periodos
de la era moderna y contemporánea a estar casi olvidado en sus problemas, dificultades y otras
secuelas derivadas del evento delictivo que le afectan, habiendo sido suplantado por el estado,
quedando como parte civil con un papel secundario (Xulio Ferreiro, 2005)

Asimismo se aprecia que el avance de la doctrina penal, criminológica, penitenciaria y


político criminal del siglo XX, estuvo centrado en la persona del delincuente, con una tendencia
protectora, preocupándose en su resocialización, derechos humanos y garantías penales, frente a
un notorio descuido de la víctima que sufre los efectos muchas veces graves, que le ocasiona un
acto delictivo. De otro lado, tampoco se estudió el papel que igualmente juega en la eclosión o
génesis del crimen.

Dentro de dicha tendencia de relegación de la víctima a un segundo plano, salvo las


estipulaciones contenidad en la ley procesal penal referentes a la reparación civil, las más de las
veces figurativas en su efectividad o su participación como parte civil, se entrevio sin embargo por
algunos estudiosos de la víctima penal, la importancia de abordar esta temática desde perspectivas
o propósitos más amplios.

Así es que a fines del siglo XIX surgió dentro del positivismo cierta preocupación por la
reparación del daño sufrido por las víctimas del delito. Al respecto Rafael Garófalo publico en el año
de 1887 un pequeño trabajo:Riparazione alie vittime deldelitto (Indemnización a las víctimas del
delito), planteando que las “víctimas de los delitos debían, seguramente, tener derecho a mayores
simpatías que la clase de los delincuentes, que parece ser la única de que los actuales legisladores
se preocupan” (1893, p.57), planteando que los delincuentes que no eran de la categoría de
temibles o inidoneos para vida social, deberían ser obligados a reparar el daño material o moral que
hubieran causado.

En el siglo XX existe también algunas aproximaciones respecto a la víctima del delito, de tal
modo que en las décadas de los años 30 y 40 podemos ver a Franz Exner en su obra Biología criminal
del año 1939, considerar que este participante en el hecho delictivo es un elemento fundamental
de la criminogénesis, al decir que “en muchos delitos la víctima es una pieza especialmente
importante de la situación del acto (...) Hay algo así como una aptitud personal de llegar a ser víctima
de una acción delictiva de tipo determinado” (Exner, 1946, pp. 429-430). Sin embargo, recién a
mediados del siglo XX hallamos algunos trabajos más explícitos sobre este tópico, pudiendo ser
considerado un hito notable Hans von Hentig (1887- 1974), que'en 1948, con su libro El criminal y
su víctima, tomó en consideración el interjuego que se da entre el delincuente y el sujeto afectado
por el delito, afirmando que la víctima moldea en cierto modo al actor del crimen.

Un aporte importante proviene desde la perspectiva psicológica con Frederic Wertham


(1895-1981), que es uno de los primeros estudiosos en plantear esta temática con un nombre
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propio, en su obra The show ofviolence, publicado en 1949, en la que consideró necesaria una
ciencia de la victimologia, al señalar que la persona que sufría el acto criminal era un ser olvidado y
que incluso para comprender la psicología del asesino era importante entender la sociología de la
víctima. Según Fattah (2014), el término victimologia fue acuñado por dicho autor.

En la década de los años 50 destacan algunos estudiosos como Henri

F. Ellenberger (1905-1993), psiquiatra y criminólogo de ascendencia francesa, nacido en


Rhodesia cuando era colonia inglésa, radicado finalmente en Canadá, quien en 1954 al publicar un
artículo titulado: “Relations psychologiques entre le criminel et la victime" (Revue internationale de
criminología etde pólice Technique, Vol 8, No. 2, pp. 103121) tocó uno de los aspectos relativos a la
dinámica del delito, hablando de “victimogénesis” para refererirse a ciertas condiciones que
predisponen a determinadas personas para configurarse como víctimas. Dos años más tarde, en
1956, Hans Schultz escribió en la Revue Pénale Suisse un trabajo titulado "Observaciones
criminológicas y penales acerca de las relaciones entre agente y víctima”, siendo otro de los aporte
que influyó en la delimitación de esta disiciplina.

[Link]. Configuración de la victimologia: En el periodo de los años 50 sobresalió un


renombrado estudioso de esta temática: el abogado israelí Benlamin Mendelsohn (1900-1998),
quien en el año de 1956, publico un artículo denominado “Une nouvelle branche de la Science
biopsychosociale: la victimologie”(Revue Internationale de criminologie et de pólice technique, No.
2,1956, pp. 95109), planteando la necesidad de una nueva ciencia llamada victimologia, que él
afirmaba ser el primero en llamarla así, posiblemente por desconocimiento que tenía de la
propuesta hecha por F. Wertham en 1949. Sin embargo debemos mencionar que tanto Jorge Sosa
(1968), Elias Neuman (1984), entre otros, afirman que Mendelsohn habló públicamente de
victimologia por primera vez, en una conferencia dada el 29 de marzo de 1947 en Bucarest.
Asimismo hay que destacar que Mendelsohn es uno de los impulsores de esta disciplina por una
serie de trabajos dedicados a este tópico, como sus artículos, “La victimologie Science actuelle”
(Revue de droit penal et de criminologie, 1959, No.7), “The origin of the doctrine of victimology”
(Excerpta criminológica, 1963), Victimology and contemporary society’s trends” (Victimologi 1,
1976), entre otros estudios.

Igualmente es importante mencionar a Marvin Wolfgang (1924-1998), sociólogo y


criminólogo norteamericano, quien en su libro Patterns in criminal homicide publicado en 1958,
analizó el rol de la víctima del homicidio dando lugar a la agresión o a su inicio (victim precipitation),
siendo una contribución relevante en el desarrollo de estos estudios por esa época.

También es un aporte significativo la obra de Stephen Schafer (1911- 1976), criminólogo y


victimólogo húngaro, que en 1960 publicó Restitution to victim ofcrime (2a. edición: Compensation
and restitution to victim of crime, 1970), pero sobre todo su libro The victim and his criminal de
1968, luego la obra: Theories in criminology. Past and present philosophies of the crime problem, en
1969. Asimismo organizó el segundo Simposio Internacional de Victimología de 1976 y que iba a ser
presidido por él, pero lamentablemente falleció pocos días antes del inicio de dicho evento.

Igualmente en la década de los años sesenta, el criminólogo egipcio Ezzat A. Fatah (n.1929),
luego radicado en Canadá, surgió como uno de los estudiosos de este tema, publicando una serie
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de trabajos, como los siguientes: “Quelques problemes poses a la justice penale par la victimologie”
(Annales internationales de criminologie, 1966, París), “La victimologie: Que estelle, et quel est son
avenir” (Revue international de criminologie, 1967, No.2). Años después, en 1971, el libro: La victime
estelle coupable?, asimismo: Towards a critical victimology, en 1992, entre otros estudios

Asimismo Hans Joachim Schneider (n.1928), abogado y psicólogo alemán, criminólogo


destacado, publicó en 1975: Viktimologie. Wissenschaft vom verbrechensopfer. Posteriormente, en
1979 organizó el 3er. Simposio Internacional de Victimología, celebrado en Münster (Alemania);
también fue editor dél libro: The victimin in internationalperspective: papers and essays given at the
3. International simposium on victimology, publicado en 1982

En las últimas décadas del siglo XX se pueden apreciar una variedad de eventos y reuniones
relativos a este tema, así como numerosos estudios sobre esta materia. Son así destacables las
conclusiones y recomendaciones del Convenio Internacional de Estudios sobre Victimología,
celebrado en Bellagio-ltalia, del 1 al 12 de julio de 1975. Igualmente la Inclusión como parte del VIII
Congreso Internacional de Criminología celebrado en 1978, del tema “e) Victimología”. Asimismo
constituyó un aspecto relevante la creación de la Sociedad Mundial de Victimología (W S V) en el
año de 1980 (Sangrador, 1986), año en que se celebró en Washington el 1er. Congreso Mundial de
Victimología; el 2do Congreso Mundial tuvo efecto en Roma en el año de 1985. Igualmente hay que
señalar como un hecho importante que el Séptimo Congreso de las Naciones Unidas sobre
prevención del delito y tratamiento del delincuente (1985), dedicara el tema 5 de de dicho evento
al rubro: Víctimas de delitos.

En este periodo destaca el trabajo de Joanna Shapland (n.1950), Jon Wilmore y Peter Duff
(n. 1954): Victims in the criminaljustice system, publicado en 1985, en el que se enfoca este tema
desde una perspectiva vinculada al sistema de justicia criminal. También en dicho año, Zvonimir
Separovic, jurista y victimólogo croata, publicó Victimologie. Studies of victims. Posteriormente
Matti Joutsen, jurista finlandés en 1987 editó el libro: The role ofthe victim of crime in european
criminal justice sistem, entre otras obras.

Ultimamente, Shlomo G. Shoham, Paul Knepper y Martin Kettt (Eds.) han publicado
International handbook of victimology en el año 2010. Del mismo modo son relevantes los libros
sobre esta materia, publicados en Latinoamérica por Rodrigo Ramírez (1983), Elias Neuman (1984),
Luis Rodríguez Manzanera en 1988 (10§.ed. 2007), Hilda Marchiori (2004), entre otros.

[Link]. Simposios internacionales de Victimología: Un hecho importante en el desarrollo


y autonomía de la victimología ha sido la celebración de simposios dedicados a esta temática desde
los años setenta del siglo pasado,

1er. Simposio Internacional de Victimología, celebrado en la ciudad de Jerusalen (Israel) del


2 al 6 de setiembre del año de 1973, que fue presidido por Israel Drapkin. Dicho evento abarcó
cuatro secciones científicas:

2do. Simposio Internacional de Victimología que tuvo lugar en la ciudad de Boston (USA) en
el año de 1976, del 5 al 11 de setiembre, y que debía ser presidida por Stephen Schafer, quien
lamentablemente falleció días antes, el 29 de julio.
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3er. Simposio Internacional de Victimología que se efectuó en Munster (Alemania Federal)
del 3 al 7 de setiembre de 1979, bajo la presidencia de Hans J. Schneider

4to. Simposio Internacional de Victimología desarrollado en Tokio y Kioto (Japón) del 29 de


agosto al 2 de setiembre del año de 1982

5to. Simposio Internacional de Victimología llevado a efecto en la ciudad de Zagreb (Antigua


Yugoslavia), del 18 al 23 de agosto de 1985

6to. Simposio Internacional de Victimología que tuvo lugar en Jerusalen (Israel), del 28 de
agosto al 1 de setiembre de 1988

[Link] Internacional de Victimología que se llevo a cabo en Latinoamérica, Rio de


Janeiro (Brasil) del 25 al 30 de agosto de 1991

8vo. Simposio Internacional de Victimología, desarrollado en 1994 del 21 al 26 de agosto en


la ciudad de Adelaida (Australia)

9no. Simposio Internacional de Victimología tuvo lugar del 25 al 29 de agosto de 1997 en la


ciudad de Amsterdam (Holanda)

10a, Simposio Internacional de Victimología, que se efectuó en Montreal (Canadá), del 6 al


11 de agosto del año 2000

HvoSimposio Internacional de Victimología que tuvo lugar en Stellenbosch (Sudáfrica), en el


año 2003

12vo Simposio Internacional de Victimología que se realizó en Orlando Florida (USA), del 20
al 25 de agosto del año 2006

13vo. Simposio Internacional de Victimología que se llevó a cabo en la ciudad de Mito


(Japón) en el año 2009

14vo. Simposio Internacional de Victimología, que se realizó en la ciudad de La Haya


(Holanda) en el año 2012.

15vo. Simposio Internacional de Victimología celebrarado en Perth (Australia) el año 2015,


del 5 al 9 de julio.

2.2.2. CONCEPTO DE VICTIMOLOGIA: En cuanto al concepto de victimología podemos


anotar que puede ser abordado desde varias perspectivas. Partiendo del punto de vista etimológico
apreciamos que procede de dos vocablos: “víctima” de origen latino y “logos” de raigambre griega,
lo que significaría ciencia o estudio de la víctima.

Sin embargo los diversos estudiosos que han tocado este punto no han seguido un criterio
consensual, lo que también ha ido variando a los largo de los últimas décadas, de acuerdo al
desarrollo de la victimología. En los años sesenta del siglo XX, Jorge Sosa Chacín (1968, p. 103),
profesor venezolano decía que “la victimología es una rama de la Criminología la cual tiene por
objeto el estudio de ia víctima resultante de la infracción penal”.
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En el Primer Simposio Internacional de Victimología, celebrado en Israel el año de 1973 se
consideró el siguiente concepto: “es el estudio científico de las víctimas”, adoptando prácticamente
el lato criterio etimológico, rebasando el campo de las personas agraviadas por un hecho delictivo
e incluyen todas las víctimas resultantes de cualquier evento, tendencia que es adoptada por
diversos victimólogos, entre ellos Mendelsohn. Sin embargo hay que precisar que en el referido
Simposio de 1973, se agregó que se debe dedicar “especial atención a los problemas de las víctimas
del delito’’.

Para el criminólogo Gunther Kaiser, la victimología se propone investigar las relaciones


entre el delincuente y la víctima del delito (1985). En este caso se trata de un concepto más
restringido casi al ámbito criminológico, abarcando solo el universo de las víctimas del delito en
cuanto interactúan con el potencial criminal.

Elias Neuman básicamente sigue el concepto adoptado por el Simposio de 1973, pero
enfatizando el estudio de la víctima del delito y concibiéndola además ligada a la Criminología
(1984).

En estas últimas conceptuaciones se aprecia que los estudios victimológicos se


correlacionan principalmente con la criminología, el derecho penal y la política criminal, lo que en
otros términos supone que se preocupan sólo de las víctimas ocasionadas por lo eventos delictivos,
diferenciándose de otras concepciones más latas. Al respecto debemos anotar, como afirma Isidore
Silver (1985, p.301 -302), que “una rama de la victimología destaca la responsabilidad del Estado
para compensar a la víctima, puesto que no pudo protegerla. Otra rama destaca la complicidad
activa o pasiva de algunas víctimas con sus victimarios y afirma que el verdadero entendimiento del
delito no puede lograrse a menos que se estudie este factor”, entre otros aspectos que abarca la
victimología contemporánea.

Baca, Echeburua y Tamarit (2006) plantean una conceptuación mucho más lata,
considerando que la victimología es la ciencia multidisciplinar que se ocupa del estudio de los
procesos de victimización y desvictimización, asi como de las diversas dimensiones de la
victimización (primaria, secundaria y terciaria), como de la prevención, reducción, y de las
respuestas sociales, jurídicas y asistenciales para la reparación y reintegración social de la víctima.
Al respecto podemos considerar que esta noción es más afín a la concepión de una victimología
general

En suma, podemos percibir dos grandes perspectivas con relación a la víctima como objeto
de estudio victimológico: una de carácter general o lato (Victimología general) y otra restringida sólo
a las víctimas del delito (Victimología penal), sobresaliendo en este segundo grupo algunos autores
que aun optan por incluirla como capítulo de la criminología, que prácticamente dejaría de lado el
estudio de las víctimas de la violencia familiar que abarca a su vez una variedad de victimizaciones,
entre otros aspectos concomitantes.

2.2.3. AUTONOMIA DE LA VICTIMOLOGÍA: Algunos investigadores aun sostienen que la


victimología es un capítulo de la Criminología, lo que significaría que este tipo de estudio se halla
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restringido a la óptica criminológica, y que obviamente sólo englobaría en su campo de estudio a las
víctimas de los delitos y en cierto modo de los actos antisociales, en cuanto juegan determinado
papel en la dinámica criminal. Sin embargo, recordando la noción de victimologia adoptada por el
Primer Simposio Internacional, apreciamos que su estudio abarca a las víctimas resultantes de
diversos eventos ajenos al delito, sean productos de hechos naturales, guerras, problemas sociales,
familiares y otros fenómenos, así como a las víctimas que son consecuencia de un hecho delictivo y
de la administración de justicia penal. Al respecto el profesor italiano Paolo Pittaro (1978) decía
también que el estudio de la victimología es de carácter multidimensional, teniendo un contenido
amplio, tanto del contexto de la antropología cultural, de la sociología, de lo religioso-espiritual,
psicológico y jurídico,

En suma, se pueden diferenciar una perspectiva amplia de victimo logia y otra específica
restringida a la víctima penal. Al respecto, como anota Marco González (1994), parece certera la
propuesta de Brunon Holyst, hecha en el Tercer Simposio Internacional, para distinguir entre
“Victimología general” y la “victimología penal”, abarcando esta segunda el estudio de las víctimas
del delito.

[Link]. Victimología general: Desde un punto de vista amplio se afirma que la Victimología
es una disciplina autónoma, que no puede estar restringida a ser un capítulo de la Criminología
porque abarca aspectos sociales y jurídicos que rebasan el ámbito del delito y el criminológico. Tal
fue el parecer de B. Mendelsohn quien consideró que el estudio de la víctima y el delincuente debe
orientarse a formar parte de una nueva ciencia denominada victimología, separada y paralela al
estudio criminológico. Asimismo anotó que la victimología no se limita al estudio de la víctima del
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delito, sino a toda categoría de víctimas, sea cual fuere la causa de su victimización, tal como se
acordó en el Primer Simposio Internacional de Victimología celebrado en 1973.

En consecuencia, podríamos deducir de esta breve revisión, que la perspectiva del estudio
victimológico rebasa el aborde criminológico, interesando también al derecho penal y a otras
disciplinas que se preocupan de la víctima desde otras perspectivas, como el brindar asistencia a
aquellas que requieren de ayuda, por lo que se justifica la autonomía de esta disciplina. Además no
podemos desconocer que el hecho de ser víctima, sea como consecuencia de un evento criminal o
de una acción no delictiva, genera problemas psicológicos, sociales, económicos, de salud, entre
otros, que debe afrontar la persona victimizada, lo que trasciende el ámbito criminológico, penal y
penitenciario.

[Link]. Victimología penal: Tal como lo recomendó el Primer Simposio Internacional de


Victimología, es importante poner mayor interés en las víctimas de la actividad delictiva, y que según
algunos correspondería a la victimología penal, que es prácticamente la temática que abordan
criminólogos y penalistas preocupados por el problema victimológico. En esta perspectiva el
objetivo de la victimología, como dice Landrove (1990), es desarrollar, a través del estudio de la
víctima, un conjunto de reglas generales y de principios comunes que contribuyan al progreso y
evolución de las ciencias criminológicas y jurídicas, para facilitar la comprensión del fenómeno
criminal, la dinámica criminógena y la personalidad del delincuente.

El campo de la victimología penal, tanto desde un interés criminológico o penal ha tenido


un crecimiento importante, aunque algunos autores hacen un desagregado excesivo. Al respecto
Gerardo Landrove (1990) siguiendo a Ch. N. Robert (La victimología, victime des postulats
criminologiques et sociologiques, en Revue Penale Suisse, 1979), considera que el objetivo de la
victimología, que en este caso llamamos penal, abarca diversas cuestiones que se esquematizan en
los siguientes rubros.

a. El estudio del papel desempeñado por las víctimas en el desencadenamiento del hecho
criminal

b. La problemática de la asistencia jurídica, moral, terapéutica a las víctimas

c. La indagación de los temores profundamente sentidos en determinados grupos sociales


a la victimización.

d. El examen de la criminalidad real, a través de los informes facilitados por las víctimas de
delitos no perseguidos.

e. La importancia de la víctima dentro de los mecanismos de reacción de la justicia punitiva


y de determinación de las penas.

f. Ocuparse del examen y propiciar la elaboración de disposiciones legales que permitan a


las víctimas obtener una indemnización por los daños derivados del hecho delictivo.
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Desde nuestro punto de vista observamos que dentro del ámbito de la victimología penal
podemos delimitar los siguientes capítulos genéricos, los que abarcan a su vez diversos temas
específicos.

1) Victimología y criminología (Incluye los puntos a, c, y d. de la propuesta

2) Victimología y proceso penal (Incluye el punto e y la victlmodogmática)

3) Victimología y asistencia y/o ayuda a la víctima (incluye b y f)

4) Victimología y victimización del delincuente

5) Victimización de la víctima penal por las agencias del control penal.

2.2.4. VICTIMOLOGIA Y CRIMINOLOGIA: En el rubro anterior hemos anotado las relaciones


de la victimología con la criminología y el derecho penal. En dicho contexto la interación víctima-
autor antes de la eclosión del evento delictivo, es importante para la criminología. Asimismo las
vinculaciones de la víctima con el sistema penal, sea como denunciante o parte civil, entre otros,
interesa también al ámbito victimológico.

Desde la perspectiva criminológica en particular interesan algunas formas de relación entre


victima y victimario o agente-víctima en los momentos previos al acto criminal y que tienen especial
incidencia en la comprensión del fenómeno delictivo. En estos casos desde el punto de vista
criminológico nos interesa el grado en que la potencial víctima favorece o incentiva el
desencadenamiento del acto delictuoso. Como afirma Elias Neuman (1984, p.23), un “estudio de la
criminogénesis no puede ser relevante y serio si no se tiene en cuenta el papel jugado por la víctima
y en qué medida ella ha contribuido, consciente o inconscientemente, al acto”.

E.A. Fattah decía algunos años atrás, que las predisposiciones victimógenas no solamente
contribuyen a la escogencia de esta o aquella persona como objeto del crimen, sino que
desempeñan también el rol de agente provocador que incita a la acción o inspira al criminal la idea
del crimen. Sin embargo debemos precisar que, cuando hacemos alusión al papel propiciatorio de
la víctima, nos referimos a su actuación favorecedora para ser victimizada debido a variadas
manifestación de su comportamiento, desde el descuido imprudente que facilita el delito, hasta
actos que pueden provocar o desencadenar el hecho criminal, como lo veremos luego.

[Link]. Victimogénesis y vulnerabilidad de la potencial víctima:

Desde la óptica de la criminología es importante el aspecto relativo al riesgo de victimización


o vulnerabilidad de algunas personas o grupos humanos, y que en una u otra forma tienen alguna
relación con la facilitación del hecho criminal. En este contexto se han considerado ciertas
condiciones vinculadas a la edad, el sexo, problemas o deficiencias psicológicas de las potenciales
víctimas, así como algunas condiciones sociales o también situacionales, que las hacen más
vulnerables a una potencial victimización. Al respecto, para comprender la victimogénesis se habla
de factores de vulnerabilidad, tal como fueron denominados en el Convenio de Bellagio en 1975.
Dichas condiciones, que también se conocen como predisposiciones se ha clasificado hasta en tres
grupos (Ramírez, 1983):
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1) Predisposiciones biofisiológicas: que incluyen edad, sexo, raza, estado físico.

2) Predisposiciones sociales: que abarcan profesión, estatus social, condiciones económicas,


condiciones de vida.

3) Predisposiciones psicológicas: que consideran a las desviaciones sexuales, estados


psicopatológicos y rasgos de personalidad.

Otros criterios como el de Zvonimir P. Separovic, citado por García Pablos (1988), consideran
que el pronóstico de victimización o vulnerabilidad se debe a tres factores, que no difieren
sustancialmente de los considerados en el Convenio de Bellagio:

a. Factores personales (edad, sexo, salud y factores psicológico)

b. Factores sociales (inmigrantes, marginados)

c. Factores situacionales (infraestructura urbana, ecológica y otros)

Desde una perspectiva crítica, tales factores de vulnerabilidad son bastante genéricos y
abarcan una variedad de situaciones que no delimitan con mayor precisión las condiciones
particulares que propiciarían la victimogénesis, que es lo que interesa a la criminología.

[Link]. Tipos de víctima: Algunos estudiosos también pretenden encontrar, siguiendo


diversos criterios no siempre precisos, una tipología de la víctima que ayude a comprender su rol en
el proceso de su victimización. En este sentido podemos recordar el trabajo de Hans von Hentig del
año 1948, quien describió trece tipos o categorías en su libro The criminal and his victim,
constituyendo una tipología muy amplia, en la que se aprecian factores psicológicos, sociales y
biológicos. En términos generales enfatizó determinadas condiciones o rasgos de la víctima, que
facilitarían la acción criminal del agente o victimario. Años más tarde, Thorsten Sellin y Marving
Wolfgang, elaboraron también una tipología presentada en la obra The measuremente of
delinquency, publicada en 1964, considerando cinco categorías.

Luego se ha desarrollado diversa clasificaciones, y de tal variedad de tipologías, si bien todas


son de interés para la Victimología como ciencia autónoma, en el caso de nuestra apreciación
centrada en el proceso criminogenético, nos parecen más importantes algunos tipos de víctimas
que juegan un rol facilitador o instigador del evento delictivo. Al respecto Benigno Di Tullio (1966,
p.300) decía ya en la década del sesenta del siglo pasado, “que el comportamiento de la víctima
puede tener particular importancia en las reacciones de la criminogénesis, por cuanto de ello
pueden partir estímulos capaces de reforzar y desencadenar el impulso y las fuerzas crimino
impelentes”. En tal sentido, las clasificaciones de Mendelsohn, Fattah, Gulotta, Schafer, Joutsen,
entre otras, son las de mayor interés criminológico, y que presentamos en forma esquemática.

A) Clasificación de B. Mendelsohn: Teniendo en cuenta la motivación y la relación que se


da entre la víctima y el victimario ofrece el siguiente cuadro clasificatorio.

1) Víctima completamente inocente o víctima ideal: Aquella que nada ha hecho o nada ha
aportado para desencadenar el crimen
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2) Víctima de culpabilidad menor o por ignorancia: En este caso el delito ocurre por un acto
poco reflexivo de la víctima que no prevé el riesgo.

3) Víctima voluntaria, tan culpable como el infractor: En este caso se

distinguen las siguientes modalidades:

a. Los que cometen suicidio hechándolo a la suerte

b. El suicidio por adhesión

c. Caso de eutanasia. Víctima enferma incurable o resultado de un accidente, que padece


sufrimiento insoportable e implora que se le Ayude a morir.

d. La pareja criminal. Se trata del íncubo y el súcubo que intentan el suicidio

4) La víctima más culpable que el infractor: Distingue dos variantes

a. Víctima provocadora: Aquella que por su conducta incita al autor a cometer el hecho
criminal.

b. Víctima por imprudencia: cuando se facilita el hecho por falta de cuidado de la víctima.
Por ejemplo dejar un auto mal cerrado

5) La víctima más culpable o únicamente culpable: considera tres

variedades.

a. Víctima infractor, como en el caso de la legítima defensa. Este subtipo creemos que se
encuentra incluido en la llamada víctima provocadora.

b. Víctima simulante: quien denuncia y logra imputar un hecho criminal con el objeto de
que la justicia cometa un error.

c. Víctima imaginaria: caso en que no existe infracción, pero se denuncia por un hecho
imaginario, sobre todo por personas con trastornos mentales.

Mendelsohn elaboró también otro tipo de clasificación, desde lo que el llamó punto de vista
represivo, considerando tres grandes grupos, que prácticamente incluye a los diversos subtipos de
su anterior criterio.

B. Clasificación de Fattah: Ezzat A. Fattah realizó diversas clasificaciones, en una de ellas


dividió a las víctimas considerando dos grandes grupos, cada una con diversos subtipos.

1) Victima provocadora: que incluye dos subgrupos

a. Tipo pasivo (provocación indirecta). Víctima por negligencia o imprudencia favorecedora


del crimen, incitando indirectamente al delincuente.

b. Tipo activo (provocación directa). En este caso la víctima desempeña un rol más
relevante, presentando dos variantes
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b1. Víctima consciente: Que incita a la acción como agente provocador. Por ejemplo en el
aborto consentido a pedido de la víctima, es casi identificable con el malhechor.

b2. Víctima no consciente: Es aquella que no incita al acto pero la provoca con sus acciones
conscientes o inconscientes. Se pueden apreciar diversas modalidades:

« Víctima del acto cometido por el otro en estado de legítima defensa.

• Víctima “precipitante” que provoca el acto recurriendo a la fuerza física o mostrando por
ejemplo un arma

o Víctima que por sus actos injustos o bien por insultos, hace perder al victimario su sangre
fría y lo incita sin querer al atentado en su contra.

2) Víctima participante: se presenta sobre todo en la fase de la ejecución del hecho. Se


diferencian dos modalidades, cada una con diversas variedades.

a. El tipo pasivo: Presenta una actitud favorable a la realización del crimen. Contiene cinco
variedades.

b. El tipo activo: Hay participación directa de la víctima en la infracción. Con cinco


modalidades.

C. Clasificación de Schafer: Stephen Schafer realizó una clasificación de las víctimas según
otros criterios, estableciendo siete tipos:

1) Víctimas sin relación con el criminal: Que no tienen ningún nexo con el victimario

2) Víctimas provocativas o provocadoras: Casos en que el acto delictivo se realiza como


efecto de la incitación que origina la potencial víctima sobre el futuro ofensor, haciendo algo en su
contra.

3) Víctimas precipitadas o precipitadoras: Son víctimas potenciales que sin efectuar nada en
contra del futuro criminal, lo incitan o inducen con su particular forma de comportamiento.

4) Víctimas biológicamente débiles: Aquellas cuya constitución o situación física o estado


mental induce al potencial victimario la idea del acto criminal. Tales como niños, ancianos, mujeres,
enfermos mentales, entre otros.

5) Víctimas socialmente débiles: Aquellas no bien vistas por la sociedad

6) Víctimas “autovíctimas”: Aquellas que se victimizan así mismas. Caso del drogadicto, el
alcohólico.

7) Víctimas políticas: Aquellas que son resultantes a causa de sus ideas políticas

D) Clasificación de Matti Joutsen, estudioso finlandés que en su libro:

The role oí the victim oí crime in european criminal justice sistem,

publicado en 1987, presenta también una clasificación con siete tipos


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de víctima:

1) Víctima consciente (conscientous victim): Es la víctima inocente

2) Víctima facilitante (facilitating victim): Aquella que no toma las cautelas debidas frente
al delito, que no es consciente del riesgo, lo que puede facilitar el crimen en el actor decidido a
delinquir o que puede “generar” una decisión delictiva antes inexistente.

3) Víctima invitante (inviting victim): Aquella que deliberada o innecesariamente asume un


riesgo de ser victimizado, por ejemplo transitar por una zona conflictiva o peligrosa en altas horas
de la noche. En este caso se sabe que se es vulnerable pero no se adopta la cautela necesaria.

4) Víctima provocadora (provoking victim): Es aquella potencial víctima que se comporta de


tal manera que propicia a que el infractor ejecute el delito, como represalia o venganza contra la
víctima.

5) Víctima consentidora (Consenting victim) Es aquella que una vez que se da cuenta de la
intención criminal, permite al actor llevarla a cabo, aun sin desear comprometerse con el crimen.

6) Víctima instigadora ((Instigating victim): Es la víctima que en forma deliberada hace


posible que se cometa al acto delictivo. Por ejemplo dejarse robar para defraudar a la compañía de
seguros.

7) Víctima simuladora (Simulating victim): Aquella que alega la comisión de un delito no


perpetrado, inventa ser víctima. Por ejemplo, con un propósito de lucro, llamar la atención, etc.

2.2.4„3. Víctimas de interés criminológico: De los diversos criterios tipológicos reseñados,


nos parecen de mayor interés en el procesoso crlminogenético, los siguientes tipos de víctimas.

A. La víctima provocadora: Schafer la denomina victima “provocativa o provocadora”, en


sentido similar Joutsen. Fattah la considera como víctima provocadora tipo activa y no consciente.

Consideramos que se debe incluir dentro de esta variedad a la futura víctima que incita al
potencial autor del crimen, debido a que realiza algo en su contra, lo que desencadena el accionar
delictivo. En otros términos, este hacer algo puede manifestarse cuando la potencial víctima actúa
de tal manera que afecta al potencial actor del delito, quien lo victima en represalia, venganza o
defensa. Asimismo esta víctima puede tener diversas modalidades según nuestro punto de vista:

1) Víctima provocadora por acto delictivo contra el potencial agresor: En este caso puede
darse una reacción de venganza en el futuro agresor, al ser agraviado por un acto delictivo de la
víctima potencial. Por ejemplo puede haber ocurrido una violación sexual previa contra el futuro
criminal, actos de chantaje, extorsión u otro tipo de conducta delictiva

2) Víctima provocadora por actos de amenaza contra el futuro agresor: El caso más notorio
se da en la agresión ilegítima que origina una reacción de legítima defensa. Asimismo se pueden
considerar otras formas de amenza así como de violencia física, los que pueden provocar una
respuesta delictiva contra el amenazador o agresor.
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3) Víctima provocadora por situación pasional: Los casos más típicos son los de la infidelidad
en las relaciones efectivas, la ruptura de un compromiso matrimonial y actos similares. La legislación
penal recoge por ejemplo el caso de emoción violenta excusable, debido a la provocación de la
víctima (Herrera, 1970). En nuestra legislación penal los casos de homicidio por emoción violenta
describen algunas de tales circunstancias.

4) Víctima provocadora por trato humillante, vejatorio o agresivo contra el potencial


agresor: Incluye gran cantidad de situaciones provocadoras debido a la forma de trato previo de la
futura víctima y que propicia una reacción delictiva en su contra. En este caso, respecto del
agraviado provocador, hay que considerar algunas situaciones particulares vinculadas a una
personalidad agresiva, mordaz, hiriente, que puede haber estado agraviando, humillando o
perturbando constantemente a un potencial agresor.

B. Víctima precipitadora o propiciadora: Se halla también descrita por diversos autores.


Schafer la llama “víctima precipitada o precipitadora”, Fattah la considera como “víctima
provocadora tipo pasiva” (provocación indirecta). Se refiere a la víctima que propicia o incita
indirectamente con su forma comportamiento, sin desearlo, la realización del acto criminal. Según
el criterio de Schafer se trata de personas que sin hacer nada en contra del potencial delincuente,
lo instigan, inducen o atraen con su modo de ser o su conduta particular para la ejecución de un
acto delictivo en su contra. Dentro de este tipo de víctima podemos hallar algunas variantes:

1) Víctima propiciadora por imprudencia o negligencia: Matti Joutsen la denomina víctima


facilitante (facilitating victim). El comportamiento negligente, descuidado o imprudente de ciertas
personas, es una condición que puede favorecer un hecho delictivo en su agravio. Esto puede
generar también la decisión delictiva antes inexistente en un potencial actor, como el dejar un carro
sin seguros, portar joyas o adornos costosos o bien bolsos y carteras que fácilmente pueden ser
arrebatados, en lugares donde existe riesgo. Asimismo llevar grandes cantidades de dinero que se
muestran imprudentemente al hacer compras o retiros de un banco. Igualmente transitar solos por
lugares aislados y peligrosos donde hay riesgos de atraco, o deambular en estado de ebriedad o
drogado, sobre todo en la noche, propicia el ser objeto de asalto o de atentados sexuales, entre
otras secuelas en su agravio.

En los delitos de tráfico automotor que originan lesiones o muertes de importante volumen
de personas, la conducta de la víctima Juega un papel notorio, sobre todo por la imprudencia al
cruzar las calles sin respetar las reglas de tránsito.

2) Víctima precipitadora por insinuación aparente: En ciertas circunstancias la forma de


comportamiento que se aprecia como insinuante o estimulante puede motivar el acto delictivo. Por
ejemplo en los delitos sexuales, la insinuación real o aparente de algunas jóvenes puede
desencadenar actos de violencia sexual en su agravio, como practicar el “auto stop”. Asimismo las
mujeres que caminan solas por lugares no muy seguros o aislados, vistiendo atuendos escasos,
pueden exacerbar el impulso sexual de un agresor potencial.

Esta variedad de víctimas es similar a la víctima invitante (inviting victim) que describe M.
Joutsen, y que es aquella que deliberada o innecesariamente asume un riesgo victimógeno. Sabe
que es vulnerable pero no adopta la cautela necesaria.
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3) Víctima propiciadora por actitud personal especial (efecto del "halo"): Algunas
observaciones sobre la multiplicidad de víctimas, puede inducirnos a pensar que determinados
individuos, debido a sus particularidades personales, se hallan más propensas o son más
susceptibles de ser víctimas. Al respecto E. Fattah habla de algunas personas que tienen cierta
predisposición de carácter para ser víctimas de algunos delitos.

D. Victima simulada: Es aquella que exagera ciertos hechos o actos atribuyéndole carácter
delictuoso o bien imagina ser víctima de un delito en base a hechos inexistentes. Podemos
diferencias las variedades siguientes:

1) Víctima simulada parcial: Se trata de una supuesta víctima que debido a ciertos actos no
delictivos, las califica como delitos, considerándose víctima de tales hechos. Por ejemplo frente a
ciertos tocamientos obcenos suponer o simular haber sido objeto de violación sexual.

2) Víctima simulada absoluta: se trata de supuestas víctimas, que sin que exista nada en su
agravio imaginan haber sido objeto de un acto crimimnal.

Por las consideraciones anteriores, algunos estudiosos de esta temática consideran la


especial importancia del papel que juega la víctima en la eclosión del delito, tratando de valorar
desde el punto de vista criminógeno el peso o contribución que tiene su participación en la
realización del evento delictivo, lo que devendría en no cargar totalmente la culpabilidad del delito
sólo en el autor, sino también comprender en muchos casos la corresponsabilidad del agraviado. Al
respecto, según Denis Chapman, en su obra central: Sociology and the stereotype of the criminal
publicado en 1968, “la víctima es algunas veces la causa de la infracción, y en todo los casos, el delito
no puede ser bien comprendido sin tomarla en cuenta". De todo lo anterior no podemos dejar de
anotar que los diversos tipos de víctimas son de interés general para la perspectiva político criminal,
la misma que debe tener a su vez un sustento criminológico.

[Link]. Relaciones previas al delito entre víctima y victimario:

También se debe tener cuenta que una variable importante en el estudio víctima autor, es
el hecho de que ambos se conocieran o no en la etapa previa al evento delictivo. Hay que que anotar
que en muchos casos ocurre alguna forma de contacto interpersonal de diversa temporalidad y
característica, antes del delito, entre el agente y el agraviado. Dentro de este contexto es
interesante la clasificación de la víctima que plantea Hilda Marchiori (1997), según las circunstancias
de interacción antes del encuentro:

a. Víctima perteneciente al mismo grupo familiar del autor

b. Víctima conocida (no familiar)

c. Víctima desconocida.

De diversos estudios se desprende, que en múltiples casos de homicidio, amenaza, delitos


sexuales, chantaje, hay algún grado de relación o contacto anterior, de la víctima con el autor del
acto delictivo. Es precisamente debido a las características de este tipo de interrelación precriminal,
que se dan circunstancias muy variadas en la que a veces el agraviado actúa provocando o en todo
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caso precipitando el evento delictivo. En otras situaciones no existe conocimiento entre ellos o la
interacción es sólo circunstancial, como en muchos delitos de hurto y robo, entre otros, pero que
sin embargo en un número significativo el papel precipitador de la víctima induce o facilita al agente
el inicio o consumación del acto criminal.

En estos casos juega también un papel importante el tipo de percepción social que el
potencial delincuente tiene de la futura víctima. Según los psicólogos sociales, en esta interacción
social las personas intervinientes se perciben una a otra de una forma particular. Como dice Aroldo
Rodrigues (1976), para que”A” emita una respues ta a determinado comportamiento de “B”, es
indispensable que perci ba dicha conducta. En este proceso intervienen a su vez, una serie de
condiciones personales o situacionales. El observador (potencial agresor), puede pasar por un
estado de sed, hambre, ira, frustración, excitación sexual, depresión, entre otras condiciones que
influirán en su proceso perceptivo, y que según el particular actuar del observado (víctima
potencial), estimulará determinada conducta, una de cuyas alternativas es la de un acto delictivo.

Según diversos datos, en la victimología relativa a los delitos de homicidio y lesiones dolosas,
el grado de relación previa entre víctima y autor es de una incidencia significativamente alta en un
número importante de estos hechos. Al respecto, Marvin Wolgang, en sus investigaciones sobre
homicidios en 1959, encontró que de 588 de estos delitos estudiados en Filadelfia (USA), hubo un
26 % que fue precipitado por la víctima. Según Ellis y Güilo (1978), cierto tipo de homicidios es
consecuencia de circunstancias frustrantes más el contacto repetido del homicida con personas a
las que considera muy frustrantes.

En la victimología de los delitos sexuales, el grado de conocimento previo entre agresor y


víctima tienen también especial incidencia. Ademas se observa que en los hechos no
necesariamente se aprecian condiciones físicas especiales en las agraviadas de estos delitos. Quizá
la actitud o el comportamiento que denote una señal erotizante o sexual sea lo más importante, lo
que va a incidir precisamente en la percepción social del agente sobre la víctima. Además la variable
edad muestra determinada tendencia en las personas pasivas de este delito, las estadísiticas señalan
(Israel y Denver - USA) que las edades 17-19 y 20-24 años respectivamente, son las mayor riesgo de
atentados, y las de menor riesgo fueron las menores de 17 y las mayores de 30 o 35 años de edad.

Luis Rodríguez Manzanera (2011) también considera importante el análisis de la víctima y


victimario, considerando dos variables: Relaciones previas y actitudes. En cuanto a la relación o
conocimiento previo se dan cuatro situaciones: 1) Ambos se conocía previamente con diverso grado
de vinculación, 2) La víctima conocía al victimario pero este no conoce a la víctima, 3) El delincuente
conoce a la víctima pero éste no conocía al victimario, 4) Víctima y victimario no se conocían antes
del evento delictivo. Respecto a la variable actitud, se consideran la atracción que puede ser mutua
o sólo de uno de ellos, asimismo el rechazo que también puede ser de ambos o de uno de ellos, y la
indiferencia.

La victimología contemporánea no sólo centra su atención en las víctimas individuales o


personas naturales, sino también en las personas jurídicas o instituciones diversas (estatales,
privadas, internacionales). En estos casos el tipo de relación autor y víctima resulta más difícil de
precisar, asimismo en este tipo de víctimas colectivas llamada “indiscriminada” en la clasificación
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de G. Gullota, algunas de las acciones criminales que las atacan son los “delitos de cuello blanco”,
que inciden en la colectividad general y las instituciones estatales, tales como el gran contrabando,
fraudes, delitos ecológicos, la publicidad engañosa de productos farmacéuticos y alimenticios.
Asimismo los delitos de genocidio, el terrorismo común y estatal, entre otros, que igualmente
afectan a víctimas colectivas diversas.

Manuel López Rey, planteaba la tesis de que las víctimas son más numerosas en la
criminalidad no convencional que en la delincuencia común. Sobre todo en los delitos económicos
y de abuso de poder político.-Al respecto afirma que la “victimización es extensa en los grandes
fraudes fiscales y evasiones de capital a menudo perpetrados por personas pertenecientes a grupos
sociales dirigentes que suelen presumir de patriotismo o de firme adhesión a la ley y el orden”(1983
p.28). Asimismo hay una alta tasa de victimización en los delitos contra la humanidad, y en el abuso
de poder que se facilita sobre todo en los “estados de excepción”, de “sitio” o de “emergencia”, en
los que existe sobre todo una manifestación agresora de las fuerzas policiales o armadas e inclusos
de grupos para militares o de choque, cuando el poder estatal no se ajusta a los preceptos
constitucionales y al respecto de los derechos humanos.

Desde otra perspectiva preocupa también, como las víctimas pueden llegar a ser victimarios
futuros, preocupación que incluso fue objeto de análisis por el Vil Congreso de Naciones Unidas
sobre prevención del delito y tratamiento del delincuente, celebrado el años de 1985, por la espiral
de victimización (1986) que produciría. Al respecto, Isidore Silver (1985) igualmente considera que
el estudio victimológico, desde la óptica criminológica, se interesa por la posible incidencia posterior
que el hecho criminal tendría sobre el agraviado, como la hipótesis de que los menores agredidos a
posterior puedan convertirse, ya adultos, en agresores o cónyuges que maltratan a su pareja, o que
la víctima en general pueda convertirse luego en victimario.

2.2.5. VICTIMOLOGIA Y SISTEMA PENAL: El tema de la víctima no escapa al interés del


Derecho penal, cuando en la caracterización de determinados delitos, así como en la graduación de
la pena, se deben considerar también ciertas condiciones relativas al agraviado, sea en función de
su actuación antes o durante el acto delictivo, así como su edad, sexo, parentesco u otra situación
especial. Asimismo en lo que respecta al papel que juega como denunciante y como parte en en el
proceso penal.

[Link]. La víctima como denunciante: Es importante la víctima en su papel de denunciante,


ya que va a promover la investigación policial respecto al hecho delictivo en su agravio, y
subsecuentemente la participación de la maquinaria judicial para procesar al imputado y aplicarle
una sanción penal si se prueba su autoría.

Sin embargo, en la realidad no todas las víctimas denuncian el hecho. Al respecto Kaiser
(1988) señala que según algunos estudios, en función de las edades, si bien las personas jóvenes
están más representadas entre las víctimas, son menos propensas a denunciar en relación a los de
mayor edad. No obstante, el problema más significativo es que del alto volumen de eventos
criminales que producen víctimas, sólo un porcentaje que oscilaría entre un 33 a 49 por ciento de
ellos serían objeto de denuncia ante la instancia policial, según encuestas efectuadas en Estados
Unidos entre 1967 y 1979. Esto significa que más de la mitad de los delitos ocurridos no llegan a ser
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denunciados. Estos volúmenes varían probablemente de acuerdo a cada realidad social, y es posible
que en nuestro medio el porcentaje de denuncias sea todavía más bajo, sobre todo en los delitos
llamados de “bagatela”.

La interrogante es porque un volumen importante de personas que han sido objeto de un


delito no lo denuncian. Al respeto debemos anotar que existen una serie de posibles explicaciones,
no necesariamente excluyentes entre si, que pretenden dar respuesta a esta pregunta, como las
que plantea J. Sangrador (1986):

1. En algunos casos, según el tipo de delito, el agraviado sufre como secuela determinadas
dificultades psicológicas de diversa magnitud, que influyen para que no se anime a denunciar el
hecho

2. En otros casos pueden ocurrir situaciones de impotencia sentida por la víctima para lograr
algo con la denuncia, considerando que ya no hay nada que hacer.

3. Sentimiento de incapacidad del sistema policial y judicial. Lamentablemente esta actitud


de muchas víctimas parece corroborarse por los hechos. Por lo menos, según un informe de 1981,
en Estados Unidos, del total de delitos denunciados, que ya es bajo, solo un 20 por ciento de los
mismos terminó con el arresto del denunciado. Esto significa que el 80 por ciento de denuncias no
pasaron del mero registro policial. Del 20 por ciento de los habidos por la policía, solo un 42 por
ciento fue a juicio.

Estos hechos desalentadores para la víctima nos muestran fríamente que sólo menos del 5
por ciento de todos los delitos probablemente cometidos llegarían a juicio en el mejor de los casos,
esto es considerando la mitad de los eventos criminales como denunciados. Además, también según
el parecer de diversos estudiosos, el sistema jurídicopenal resulta ineficiente.

4. Temor a una victimización posterior por el propio sistema penal o “victimización


secundaria”. Esto se debe a que en la práctica al pasar la víctima por la instancia policial [Link]
judicial, debe cumplir con una serie de trámites, lo que supone un costo económico, perdida de
tiempo, además de que a veces es somentido a interrogatorios que resultan agraviantes, como las
dudas sobre su veracidad, frialdad en el trato. Al respecto, en el Vil Congreso de las Naciones Unidas
de 1985 ya citado, se señaló también entre otras consideraciones, que “el trato insensible de las
víctimas durante el proceso judicial podía provocar no sólo su desinterés por los resultados, sino
también una victimización secundaria” (1986). En similar sentido, Albin Eser (1992) considera que
sobre todo en los delitos sexuales, las agraviadas por el delito pasan a ser también víctimas del
procedidmiento penal.
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5. Miedo a represalias por el autor del hecho o sus allegados

6. Síndrome de las “manos sucias”: Se trata sobre todo de víctimas que a su vez son personas
que infringen las normas penales, y no denuncian el delito del que pueden haber sido víctimas por
miedo a ser investigados también.

7. Pertenencia de la víctima a grupos minoritarios o marginados. En estos casos se puede


apreciar que la victimización es prácticamente parte dé su vida, como en los casos de prostitutas,
drogadictos, homosexuales, que muchas veces pueden ser objeto de asaltos, robos, chantage,
extorsión, entre otros, y que rara vez se animan a denunciar. También las víctimas procedentes de
grupos marginados denuncian poco ciertos delitos.

[Link]. La víctima en el proceso penal: La víctima como parte en el proceso penal y la


conducta de la víctima para valorar la responsabilidad del procesado, son temas que han logrado un
desarrollo especial, sobre todo el reconocimiento de los derechos de la víctima, dando lugar a que
algunos estudiosos hablen de derecho victimal (Lima Malvido, 2012; Zamora Grant, 2010).

A. La víctima como parte en el proceso penal: No obstante que la legislación procesal penal
considera a la víctima parte del proceso, teniendo derecho además a una reparación civil que se
debe fijar en la sentencia, sin embargo la víctima no tienen un papel protagónico en el proceso, por
ello ya los criminólogos abolicionistas, entre otros estudiosos, han venido señalando que en el
proceso penal moderno, prácticamente la víctima ha sido expropiada de su conflicto, quedando
relegado a un papel secundario o a veces olvidado por el sistema procesal que se halla centrado en
el delincuente y el Estado, no obstante que como anota Manuel López Rey (1983, p. 157), la “victima
de la criminalidad, y no el delincuente, requiere primaria atención por parte de la política criminal y
de los sistemas penales”.

Además, el desarrollo del Derecho procesal penal se ha centrado en afinar una serie de
garantías y protecciones al imputado, sin embargo la víctima, como anota Jaume Solé Riera, recibe
de facto la peor parte del proceso penal, sin tener similares garantías y derechos que los reconocidos
al delincuente. Precisamente aludiendo a la exposición de motivos de la Ley de enjuiciamiento
criminal española, dice que ésta “destaca que “en materia penal hay siempre dos intereses rivales
y contrapuestos: el de la sociedad, que tiene el derecho de castigar, y el del acusado, que tiene
derecho a defenderse” La víctima no apareca aquí en escena; sin embargo, su tutela procesal
merece un estudio pormenorizado en igualdad de trato que las demás partes del proceso penal”
(Solé Riera, 1997, p.12)

Para García Pablos (citado por J. Solé, 1997, p.13) “La víctima del delito ha padecido un
secular abandono, tanto en el ámbito del derecho penal (sustantivo y procesal) como en la política
criminal, la política social y la propia criminología. Disfrutó del máximo protagonismo, su “edad de
oro”, durante la justicia primitiva, privada, siendo después dramáticamente “neutralizada” por el
sistema legal moderno, en aras de una experiencia universal: la aplicación serena y objetiva de la
ley al caso concreto requiere una intervención pública e institucional, desapasionada, ecuánime e
imparcial. Dicha “neutralización" de la víctima condujo, sin embargo, al dramático olvido de la
misma y de sus legítimas expectativas, habiendo contribuido decisivamente a tal resultado el
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pensamiento abstracto y formal, categorial, de la dogmática penal que degrada a la víctima a la
mera condición de sujeto pasivo..”

B. La victimodogmática: Otra compresión especial relacionada con la actuación de la


víctima en el evento delictivo, ha generado un desarrollo Importante en el ámbito penal, para
valorar precisamente dicha conducta en la decisión judicial. "La introducción de criterios
victimológicos en la dogmática penal ha sido realizada por Schüneman a partir de criterios como el
merecimiento y la necesidad de pena, lo que da a su construcción unos rasgos distintos a los de
otras aportaciones.” (Tamarit, 1998, p.21). Al respecto, según Silva Sánchez (1994, 1998), existen •
algunas víctimas que contribuyen a la producción de la lesión en su agravio, “pudiendo ser
estimadas, en un sentido amplio, al menos parcialmente corresponsables de tal lesión” (1998, p.l
49). Estos hechos han generado el nacimiento de la Victimodogmática en un sector de la doctrina
alemana que se manifiesta proclive a su construcción o a la introducción de la “perspectiva
victimológica en la dogmática penal (viktimodogmatik, viktimologischer...)", tendencia
recepcionada por el derecho penal hispano, que en su versión extrema toma como criterio central
la participación de la víctima para valorarla en la medición de la sanción penal, hasta plantear su
“autorresponsabilidad”, perspectiva que fue rotulada de positivista por el penalista crítico Juan
Bustos (1993)

1. Victimodogmática y corresponsabilidad de la víctima: Un criterio de la victimodogmática


es considerar el comportamiento de la víctima para determinar la pena que le corresponde al autor
del delito en el proceso penal. En esta caso se analiza hasta que punto el hecho de que exista una
víctima que contribuye a su victimización, puede llegar hasta considerarla corresponsable del
mismo, y valorar ello como elemento atenuante o hasta eximente de la responsabilidad del
procesado. Sin embargo, esta tendencia sería para algunos apartarse de la victimología orientada a
proteger a la víctima, y que más bien tendería a culpabilizarla (blamig the victim), pero este criterio
puede llegar también al extremo de negar totalmente la corresponsabilidad de la víctima.

Este perspectiva victimodogmática que tiene cuestionamientos, sin embargo no ha sido


totalmente extraña a la legislación penal, ya desde mucho tiempo atrás se consideran los casos de
legítima defensa, la emoción violenta, el consentimiento del agraviado, entre otros, tanto en la
legislación nacional como en el derecho comparado, para eximir o atenuar la responsabilidad del
autor, teniendo en cuenta el comportamiento de la víctima. Como afirma Silva Sánchez (1998,
p.154), “resulta imposible eludir la indeseable consecuencia de que es posible que estemos
sobrecargando penalmente a un sujeto (el autor), a quien no cabe imputar el hecho delictivo por
completo. Imponer la pena en tales términos implicaría una clara vulneración de principios como el
de proporcionalidad y prohibición de exceso, el de fragmentación en la protección de bienes
jurídicos e incluso el de necesidad de la intervención penal”. Pero también Cargar demasiado el polo
de la corresponsabilidad de la víctima, descargando la responsabilidad del autor, puede originar
efectos muy negativos, por lo que recomienda como prudente adoptar “soluciones matizadas”

Se considera por ello, que en los delitos culposos o imprudentes, y en delitos de omisión,
tendrían mayor aplicación estos criterios de corresponsabilidad. Sin embargo, en la
victimodogmática alemana se ha venido considerando que también en delitos dolosos de comisión
activa se pueden aplicar estos criterios, aunque solo en vía de atenuación de la pena.
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2. Victimodogmática y “autorresponsabilidad" de la víctima: En este caso, una tendencia
minoritaria de la victimodogmática atribuye mayor peso a la conducta de la víctima, para determinar
la reponsa bilidad del autor, que puede ir hasta su exculpación, partiendo del “principio de la
autorresponsabilidad” (selbstverantwortungsprinzip), elaborado por sus mentores y que pueda
desempeñar una doble función: Una propiciando reformas legislativas en tal sentido (perspectiva
de lege ferenda), y otra dentro de la actividad interpretativa de los tipos penales, incentivando
restricciones teleológicas, tendentes a excluir algunas conductas del campo penal (perspectiva de
lege data). Como dice Silva Sánchez (1998, p.159) , se pretende “que la conducta del autor deje de
ser penalmente relevante (quede fuera del tipo) cuando la víctima no se ha comportado conforme
al referido principio de autorresponsabilidad, permitiendo que se produjera la lesión del bien
jurídico, cuando evitar ésta era algo que se encontraba en su propio ámbito de competencia”. Sin
embargo, este extremo victimodogmático es objeto de diversas críticas que “se basan en la
consideración general de que ningún comportamiento de la víctima puede tener entidad suficiente
para dejar a la misma privada de toda protección penal, en consecuencia, carecería de sentido abrir
“espacios de libertad" (exenciones de responsabilidad) al autor a costa de la víctima". No obstante,
no esta cerrada la discusión y lo ideal es encontrar el justo medio frente al debate entre los
argumentos en pugna a favor y en contra (Ver Tamarit, 1998)

[Link]. Victimoíogía y victimización del delincuente: Luego del desarrollo inicial de la


victimoíogía penal, centrada en la víctima del delito, se ha reparado también que el victimario inicial,
cuando es objeto de control por el sistema penal, sufre también en muchos casos una variedad de
atentados contra diversos derechos que le son inherentes como ser humano. Este fenómeno que
algunos incluyen como parte de la victimización terciaria, se puede manifestar en diversas fases de
la intervención de las agencias del control penal, tanto a nivel legal, policial, judicial, como en la
etapa de la ejecución penal, según el criterio de algunos autores (Landrove, 1990; José Zamora,
2010)

A. Victimización en el ámbito legislativo: se puede considerar que se da esta victimización


cuando las leyes penales son demasiado represivas, sobre todo en los casos de delitos comunes, en
la que los actores son generalmente personas que proceden de los estratos menos privilegiados,
aunado a la eliminación o limitación de ciertos beneficios penitenciarios, entre otros aspectos. Esta
victimización es la “base legal” de la victimización policial, judicial y penitenciaria posterior. Para
Landrove (1990), las leyes penales represivas, complejas y abundantes, victimizan a un mayor
número de personas, aunque según nuestro punto de vista, realmente se trata de victimización
legislativa potencial.

Debemos anotar que en nuestra legislación se aprecia una clara discriminación legal en
contra de los sectores sociales mayoritarios y una tendencia de mayor privilegio y benignidad para
los grupos de poder económico y político. Por ejemplo podemos observar que nuestras leyes
penales estipulan penas gravísimas para el robo agravado, sin embargo en caso de delitos de
peculado en que se afecta los recursos del Estado y que repercute negativamente sobre toda la
sociedad, la ley penal al respecto prácticamente estipula penas benignas.
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B. Victimización en el ámbito policial: En nuestra sociedad se observa que el trato policial
de los sospechosos o imputados de un hecho delictivo, es en muchos casos atentatorio de los
derechos de la persona, aunado al trato desigual en función de la condición social o económica del
imputado, de tal modo que los presuntos delincuentes de condiciones más precarias sufren mayor
grado de vulneración de sus derechos, como detenciones arbitrarias, demora en esclarecer los
hechos, amenazas o a veces violencia, incumpliendo las garantías legales de existencia formal pero
no totalmente real. Landrove (1990) dice, que constituye una preocupación de dimensión universial
la ineficacia, corrupción y brutalidad de la policía, de la que se derivan violaciones de los derechos
humanos. Problemas a la que se ha prestado especial atención en los Congresos internacionales V
y VI de las Naciones Unidas.

C. Victimización en el ámbito judicial: Así como hemos visto lo relativo a la victimización


secundaria de la víctima por el sistema de justicia penal, igual o mayor victimización sufre también
el procesado por un delito, sobre todo por la morosidad del trámite, asi como por las detenciones
preventivas que en nuestro medio generan un alto volumen de presos sin condena, que
prácticamente sufren una pena privativa de libertad adelantada sin sentencia, en la que un
porcentaje de ellos resulta absuelto al término del proceso o bien merece una pena no privativa de
libertad. Igualmente por la inadecuada investigación judicial de su responsabilidad que puede
afectar al procesado.

D. Victimización en la ejecución penal: Sobre todo en los casos de ejecución de la pena


privativa de libertad efectiva. En este caso la cárcel y sus condiciones infrahumanas, la limitación o
anulación de ciertos derechos que van más allá de la mera privación de la libertad, constituyen
realmente los casos de las más dura victimización que sufre el condenado o procesado por el sistema
penitenciario, contraviniendo los textos de las leyes y códigos de ejecución penal. José Zamora
(2010) anota que también ocurre una victimización del liberado, por los prejuicios que sufre al salir
de la cárcel.

[Link] Niveles o consecuencias de la victimización: G. Landrove (1990) dice al respecto,


que en según la naturaleza del delito, así como de la personalidad de cada uno de los sujetos pasivos
y de diversas circunstancias concurrentes, se derivan diferentes consecuencias de la infracción penal
para la víctima. Al respecto se suele distinguir entre victimización primaria y secundaria, y según
otros puntos de vista también puede ocurrir una vicitimización terciaria.

A. La victimización primaria: Se aprecia en las consecuencias perjudícales producidas por el


delito en la víctima, sean de índole física, económica, psicológica o social. Sin embargo, los danos
sufridos por la persona agraviada no siempre se limitan a la lesión o puesta en peligro de un bien
jurídico, ya que a veces sufre también un severo impacto psicológico, que aumenta el daño material
o físico del delito. Asimismo, como anota Landrove (1990), la impotencia ante la agresión o el miedo
a que se repita, producen ansiedad o sentimientos de culpabilidad por los hechos acaecidos, lo que
repercute en los hábitos del sujeto y altera su capacidad de relación. Además, la respuesta social a
los padecimientos de la víctima no siempre es solidaria, o se manifiesta en actitudes compasivas, lo
que genera también aislamiento.
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B. La victimización secundaria: Muchas veces la víctima sufre una segunda experiencia de
victimización, en sus relaciones con el sistema jurídico penal, que con cierta frecuencia resulta a
veces más negativa que la primaria, al adicionar al daño causado por el delito, otras de dimensión
psicológica y/ social. En su relación con la administración de justicia o la policía, las víctimas sienten
muchas veces que están perdiendo el tiempo o malgastando su dinero; también sufren
incomprensiones por la burocratización del sistema, o a veces son ignoradas. En otros casos y en
función de ciertos delitos, las víctimas pueden ser tratadas de alguna manera como acusadas y sufrir
la [Link] determinados operadores jurídicos (Landrove, 1990). Por todo ello, no es de
extrañar que esta segunda victimización se sienta aun más negativa que la primaria, porque es el
propio sistema, a quien se recurre solicitando justicia y ayuda, el que victimiza, añadiéndose a la
derivada del delito, lo que origina que la víctima se sienta frustrada en sus expectativas de justicia.

Este problema preocupa a los victimólogos y a otros estudiosos de la materia, y aún más a
las propias víctimas. Al respecto, el Consejo de Europa elaboró una Recomendación a sus estados
miembros, el 28 de junio de 1985, sobre las víctimas en relación al derecho penal y procesal penal.

C. Victimización terciaria: Está relacionada con la situación de carencia de asistencia social


al reencontrarse con sus grupos de relación y organismos generales de ayudas públicas.

En suma, existe pues una variedad de situaciones que se producen en el interjuego de la


víctima con el sistema de co'ntrol penal y que la victimología precisamente trata de estudiar con
mayor rigor. Al respecto es oportuno señalar que en el Tercer Simposio Internacional de
Victimología celebrado en 1979, Donald Cressey consideró que los tres problemas más dignos de
estudio en el futuro, eran: el criminal como víctima de la sociedad, la victimización indirecta, y los
efectos de la victimización política, económica y social en el tercer mundo (Beristain, 1983)

[Link]. Víctimas de crímenes internacionales: En la experiencia de la historia humana se


han producido y se siguen produciendo actos de victimización que pueden llegar a ser bastante
graves y que afectan en muchos casos a un número grande de personas, fenómenos que no están
dentro de los delitos comunes u ordinarios, y que actualmente constituyen una categoría
independiente bajo el rubro de crímenes internacionales, según el Estatuto de Roma de 1998, y su
revisión del 2010 (Parmentier, 2013; Moffett,

2014), y que abarca cuatro modalidades: 1) genocidio, 2) crímenes contra la humanidad, 3)


crímenes de guerra, y 4) crimen de agresión.

2.2.6. VICTIMOLOGIA: ASISTENCIA Y COMPENSACIÓN A LA

VÍCTIMA: En este rubro anotamos, como ya lo han dicho otros tantos estudiosos, que la
víctima también tiene derecho a ser asistida y/o compensada o indemnizada por los problemas y
necesidades que son secuelas del hecho de haber sido victimizada. En otros términos creemos que
los derechos de la víctima son más imperativos que los derechos del procesado o del interno, sin
embargo los derechos del victimario han cobrado mayor auge y protección, para quienes el Estado
destina un presupuesto, mientras que la víctima, en forma paradógica, muchas veces queda en el
abandono. Al respecto se debe tener en cuenta que las necesidades de la víctima, resultantes de un
acto criminal son complejas, que van desde las económicas, emocionales, necesidad de asistencia
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en su salud física, así como problemas de carácter social y laboral. Asimismo existen víctimas
indirectas, como los hijos huérfanos debido al homicidio en agravio de su ascendiente, o también
padres ancianos desamparados que dependían de la víctima, entre otros casos, y que la sociedad
no debería descuidar.

Las experiencias más antiguas respecto al interés por la víctima, se han centrado en primer
lugar en ofrecerle una compensación, aunque con el desarrollo del Estado esa reparación dejó de
ser garantizada suficientemente, y hubo periodos en que el poder eclesiástico o estatal tomó en su
provecho las compensaciones, relegando a las víctimas. Es en el siglo XIX, y sobre todo en los
Congresos Internacionales Penales y Penitenciarios, en los que se planteó la necesidad de la
reparación al agraviado por el delito, habiéndose generado algunas alternativas para dicho
propósito. Al respecto, hoy se debate quien debe prestar la compensación o ayuda a las víctimas,
habiéndose desarrollado las siguientes alternativas:

[Link]. Compensación o reparación a cargo del victimario: Algunas legislaciones acogieron


esta necesidad de compensación a la víctima como obligación del autor del evento delictivo. Dentro
de esta perspectiva, las normas penales de diversos países, así como nuestra legislación, incluyen la
reparación civil, la misma que en la práctica constituye una alternativa inadecuada, tanto por los
montos exiguos, como por el incumplimiento de dicha obligación en la mayoría de casos.

En otras experiencias (USA) se han desarrollado propuestas de restitución o compensación


a cargo del delincuente, que son importantes formas de enfrentar el problema. Estos procesos de
compensación y conciliación han sido propiciados tanto por la Naciones Unidas como por el Consejo
de Europa y supone incentivar al autor del delito para que repare el daño que ha causado. El criterio
es que el delincuente tiene la obligación de indemnizar en sentido muy amplio a su víctima. En 1977
en Inglaterra se introdujo la Victim compensation order, como pena específica; también, con leves
matices diferenciales existe en Gales y Escocia (Landrove, 1990). En suma, en las vertientes penales
que la afrontan como reparación civil, se plantean reformas que impulsan la transacción, mediación,
reconciliación, para facilitar la compensación por el victimario. Estos modernos programas de
reparación y conciliación delincuente víctima, son experiencias iniciadas en la década de los setenta
en Canadá y los Estados Unidos de Norteamérica, y luego en algunos países europeos. En estos
casos, es el autor del hecho delictivo quien debe indemnizar a través del pago de una cantidad de
dinero, o bien por la realización de una concreta actividad o la prestación de ciertos servicios, como
una modalidad que le permite evitar la pena o considerada también como una especie de sanción
(Landrove, 1990).

Sin embargo, sobre todo en sociedades como la nuestra, mientras no haya cambios legales
imaginativos, la compensación por el victimario tendrá sus limitaciones, en muchos casos porque
no existen mecanismos eficientes que obliguen al autor del hecho a pagarla; en segundo término,
porque muchos de los obligados con la reparación, no tienen los recursos necesarios para responder
por el daño ocasionado, y no pueden cubrir la obligación.

No obstante las limitaciones de esta tendenciaa, en las últimas décadas ha tenido un


desarrollo importante la llamada justicia restaurativa (Paz Francés, 2012) que no sigue los mismos
criterios que la justicia retributiva, considerando que el delito es un acto violatorio de la gente, pero
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que a su vez las violaciones crean obligaciones, orientándose por la restauración de la víctima y el
delincuente, entendiéndose que “la “restauración, tal y como se usa en el concepto de justicia
restaurativa, es un objetivo que se identifica con que la víctima, el delincuente y la comunidad son
curados” (Dussich, 2012, p.57), siendo pues la restauración el componente nuclear y principal
objetivo del término justicia restaurativa. Sin embargo no existe un solo modelo de esta experiencia,
pudiendo diferenciar el programa de reconciliación víctima delincuente, el programa puro de
mediación víctima delincuente, y el modelo de mediación humanista.

Dussich (2013) anota que si bien los principios de la justicia restaurativa es tanto para
víctimas y delincuentes, realmente la mayoría de programas se emplean para la rehabilitación del
delincuente.

2.2„6.2. Compensación a cargo del Estado: Sobre este particular hay que considerar que, si
bien el autor del hecho delictivo es el principal obligado a cumplir con la compensación o restitución,
esta la tendría que asumir el Estado, por la carencia de posibilidades económicas del victimario y
también en los delitos de abuso de poder, tortura, entre otros, cometidos por las gencias del control
penal que son del Estado. Además hay casos de delitos en que el autor no es habido, o no es
responsable penalmente o ha fallecido, y obviamente no pueden cumplir con la reparación. Al
respecto podemos recordar que ya Bentham y posteriormente Ferri y Garófalo, en el siglo XIX,
abogaron por la indemnización de la víctima a cargo del estado.

Actualmente se acepta la alternativa de compensación económica al agraviado por parte


del Estado, sobre todo en los casos de delitos violentos (homicidios, lesiones, atentados sexuales,
etc.). En esta vertiente, Nueva Zelanda en 1963, fue uno de los primeros países en establecer un
programa de asistencia y compensación a las víctimas, particularmente de delitos violentos;
asimismo Inglaterra en 1964, y diversos estados de Norteamérica en 1965 y 1966. Años después en
Austria, en 1972, por Ley federal de prestaciones asistenciales a víctimas de delitos. Asimismo
Finlandia en 1973, Irlanda en 1974, Holanda en 1975, Noruega en 1976. En Alemania Federal en
1976, mediante Ley de indemnización a víctimas, en casos de ser consecuencia de acciones violentas
dolosas, no otorgándose cuando se aprecia una culpa concurrente de la víctima o si ésta no ha
presentado denuncia inmediatamente (Kaiser, 1988); igualmente Francia en 1977, Suecia en 1978,
Luxemburgo en 1984, Bélgica en 1985, entre otros países.

En España se estipuló también la compensación a las víctimas del terrorismo en diversas


disposiciones dictadas en los años 1979,1982,1984, 1988, así como la Ley 13/1996. Landrove (1990)
decía que estos programas “tienen por objetivo compensar económicamente las pérdidas
resultantes de la victimización, sufragar los gastos del tratamiento médico, resarcir la incapacidad
para el trabajo, ayudar a las personas dependientes de las víctimas fallecidas y compensar de alguna
forma el sufrimiento que es secuela de la victimización. También es importante la Ley 35/1995 del
11 de diciembre: Ayudas y asistencia a las víctimas de delitos violentos y contra la libertad sexual.
De acuerdo con dicha ley, como refiere Jaume Solé (1997, p. 221), se distingue en España “la
regulación de las “Ayudas públicas”, que es la base sobre la que se construye la prestación
económica que el Estado asume en favor de la víctima, y el segundo, dedicado a la “Asistencia a las
víctimas”, como concepto diferenciado de las estrictas ayudas económicas a las víctimas de delitos
violentos y pensado para la dispensa de primeras necesidades, atención psicológica y social, entre
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otras posibles". Para ello se dispone de Oficinas de asistencia a las víctimas del delito de todo tipo,
que brinden asistencia integrada.

En Italia, la Ley Penitenciaria de 1975, estatuyó en su artículo 73 una Caja para el socorro y
la asistencia de las víctimas del delito que se hallan en condiciones de comprobada necesidad.
Además en sus artículos 74 y 75 estipuló la creación del “Consejo de Ayuda Social” a la víctima. Sin
embargo esta norma ha sido criticada por haber incluido estas medidas dentro de la legislación
penitenciaria, en la que no debería considerarse a las víctimas.

En nuestor medio, el Código penal de 1924 estipuló en su artículo 403 que “El consejo Local
de Patronato administrará en su Distrito Correccional la Caja de indemnizaciones a las víctimas de
delito..”, que en los hechos prácticamente sólo tuvo vigencia literal pero no real. En el Código de
Ejecución Penal de 1985 se crea las Juntas de Asistencia Postpenitenciaria, y dentro de sus
atribuciones se estableció en el artículo 144, inciso “b”, la de “Brindar asistencia social al liberado,
asus familiares, a las víctimas del delito y a los familiares de esta..”. Esta misma tónica se sigue en el
vigente Código de Ejecución Penal de 1991. En resumen, según la ley penitenciaria peruana,
corresponde a las Juntas de Asistencia Postpenitenciaria, que son parte del Instituto Nacional
Penitenciario (INPE), brindar asistencia social a las víctimas del delito y a sus familiares, pero aún en
los hechos, esta obligación, sólo sigue siendo un buen propósito legal (Solis, 1999)

[Link]. Asistencia por el sistema de Seguridad Social: Otra alternativa para ayudar a la
víctima se consideró en el Vil Congreso de las Naciones Unidas ya citado, en el sentido que diversos
países encaraban la prestación de Servicios y asistencia a las víctimas, como parte de todo el sistema
de bienestar o seguro social, sobre todo de tipo médico, psicológico, social, entre otros, para
enfrentar los efectos de la victimización.

[Link]. Asistencia privada o mediante el seguro: En algunos países funcionan programas


de asistencia inmediata para atender las necesidades urgentes de las víctimas desamparadas,
generalmente a cargo de entidades privadas laicas o religiosas. Asimismo, entre otras alternativas,
Heinz Zipf

• (1979) plantea que no obstante que la actual controversia se centra en la obligación del
resarcimiento a la víctima a cargo del estado, otra posibilidad sobre todo en delitos patrimoniales,
es [Link] aseguramiento privado que debería prever la potencial víctima, en función de sus
bienes o patrimonio qué tienen riesgo. En este caso estaríamos ante una especia de autoprotección.
Esta alternativa en nuestra realidad social estaría limitada a un sector social muy pequeño, porque
la mayoría de la población en riesgo de victimización no tiene los recursos suficientes para contratar
un seguro para estos probables eventos.

[Link]. Acuerdos internacionales sobre compensación a la víctima:

En la segunda mitad del siglo XX, cuando el tema de la victimología empezó a expandirse,
se empieza también a revisar el problema de la víctima en diversos eventos internacionales,
destacando los siguientes:

Conferencia Internacional sobre la indemnización a las víctimas inocentes de actos de


violencia. Esta primera conferencia sobre este tema puntual se celebró en diciembre de 1968, en la
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ciudad de Los Angeles en Estados Unidos. Entre los acuerdos principales se estipuló, que los
programas de indemnización debían basarse en el derecho de todo ciudadano a recibir
indemnización por los daños personales sufridos en un delito violento, sobre todo si las víctimas
demostraban dificultades económicas o extrema penuria.

I Smposio Internacional de Victimología, celebrado en 1973 en la ciudad de Jerusalen


(Israel). En este evento también se aprobó la recomendación sobre la necesidad de compensar por
parte del Estado a las víctimas del delito.

XI Congreso Internacional de Derecho Penal, realizado en Budapest (Hungría) en el año de


1974, certamen en el que se recomendó la creación de un sistema de indemnización a las víctimas,
a cargo del Estado o de entidades públicas.

Convenio Europeo sobre indemnización a ias víctimas de delitos violentos, suscrito el 24


de noviembre de 1983 en Estrasburgo. “Considerando que, por razones de equidad y solidaridad
social, es necesario ocuparse de la situación de las víctimas de delitos intencionales de violencia que
han sufrido lesiones corporales o daños en su salud o de las personas que estaban a su cargo de
víctimas fallecidas como consecuencia de tales delitos: Considerando que es necesario instaurar o
desarrollar regímenes de indemnización de las víctimas por parte del Estado en cuyo territorio se
hubieren cometido tales delitos, sobre todo cuando el autor del delito no ha sido identificado o
carece de recursos”. Criterios que orientan la asistencia a las víctimas en los países europeos.

Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y
del abuso de poder, recomendado por el Vil

Congreso de las Naciones Unidas para la prevención del delito y tratamiento del
delincuente, celabrado en Milán del 26 de agosto al 6 de setiembre de 1985. Esta declaración de la
ONU, aprobada por la Asamble General de las Naciones Unidas, es prácticamente una carta magna
para las víctimas, según el parecer de Irvin Waller.

El Estatuto de Roma que estableció la Corte Penal Internacional, del 17 de julio de 1998, que
entró en vigor el primero de julio de 2002. Establece disposiciones sobre todo para brindar justicia
a las víctimas de Crímenes Internacionales.

2.3 EL “SISTEMA” DE CONTROL PENAL

La criminología del conflicto y sobre todo las corrientes críticas, consideran que el objeto de
estudio criminológico no debe centrarse en el delincuente y el delito en forma acrítica, sino más
bien plantean que el Derecho penal responde a determinada sociedad que no es homogénea ni
consensual, y que el Estado como entidad política, dentro de sus mecanismos de control social,
genera un sistema de control formal penal o punitivo para mantener dicho dominio, y precisamente
tal control debería ser el objeto de estudio principal de la criminología, aunque algunos plantean
que todo el control social debe ser su materia de estudio.
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2.3.1. EL CONTROL SOCIAL Y EL ESTADO: La expresión de control social fue creada por el
sociólogo norteamericano Edward Alsworth Ross (1866-1951), a fines del siglo XIX e inicios de la
siguiente centuria, habiendo publicado la obra Control social en 1901, así como Psicología social en
1908, Los principios de la sociología en 1920, entre otra variedad de libros.

La ¡dea de control social evolucionó posteriormente, ampliando su contenido. Actualmente,


desde la perspectiva sociológica se considera que en todas las sociedades existen reglas y normas,
y que sus miembros ejercen cierto “control social, que es una forma de presión social informal y
difusa, que tiene como objetivo evitar la conducta desviada. Las alabanzas y las críticas, por ejemplo,
son parte de este control social, (...) En casos más serios, la sociedad reacciona de otro modo más
formal y contundente. Aquí es cuando interviene el sistema jurídico y penal” ” (Macionis y Plummer,
2000, p.207).

La sociedad, para mantener el estatu quo y la estabilidad del orden vigente, recurre pues a
una variedad de mecanismos de control social, desde los llamados controles informales hasta los
formales que se ejercen por diversas entidades. Entre la variedad de agencias de control social
general destacan, la familia, la Iglesia, la escuela, el derecho, entre otros. De ellas, el control jurídico
penal, como parte específica del derecho, se limita concretamente a la aplicación del derecho penal
como medio para prevenir y reprimir la criminalidad. Según Garland (2005, p. 38), el control del
delito “se caracteriza por dos patrones de acción que se entrelazan y condicionan mutuamente”, los
controles formales y y los controles informales.

En este contexto, el Estado constituye una organización o entidad política que a lo largo de
su desenvolvimiento histórico ha tenido y tiene aún como misión lograr el mantenimiento del orden
económico y social vigente, básicamente en función de los intereses de los grupos de poder o las
clases dominantes. Este Estado que surgió al producirse la división de la sociedad en clases sociales
con la aparición de la propiedad privada, generalmente estuvo desde sus manifestaciones iniciales
o más antiguas, en manos de los grupos sociales que tenían el poder sobre todo económico. Por ello
es concebido, desde la visión marxista, como “la superestructura política, que se alza sobre la base
económica. Es la organización del poder de la clase dominante en el terreno económico, que gracias
al Estado se convierte también en la clase dominante en el aspecto político” (Academia de ciencias
de la URSS, 1975, p.157)

Durante su evolución histórica, desde sus expresiones incipientes como Estado esclavista,
pasando por el Estado feudal, hasta el Estado burgués, ha tenido un desarrollo particular, sobre
todo durante la fase del capitalismo, desde sus manifestaciones iniciales hasta su actual
configuración. Al respecto, Juan Bustos (1983 [Link]) reseña que el desarrollo del Estado burgués
moderno se Inicia con el Estado absoluto, deviniendo luego en Estado guardián, posteriormente en
un Estado intervencionista, hasta llegar a un Estado social de derecho.

En el Estado social de derecho o de bienestar, aunque todavía se halla presente la ¡dea


intervencionista de defensa social, el derecho tiende a presentarse como una simple técnica de
control y no una garantía. Además la intervención, la planificación y el desarrollo industrial, entre
otros, se tratan de legitimar por medio de la teoría del consenso. Se considera que por el
fundamento igualitario de “cada hombre un voto” se pone límites al poder y control estatal. De este
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modo el consenso reemplaza a la idea del contrato social, que ya no era apta para afirmar la
intervención del Estado sobre los contratantes, lo que en nuestro contexto social no tiene una
plasmación real o efectiva, quedando como un buen propósito, en el que la mayoría de la población
está sometida al abuso del poder delegado democrática mente.

2.3.2. EL CONTROL JURIDICO PENAL: Es un medio de control específico orientado a evitar o


prevenir el fenómeno delictivo, que generalmente es denominado “control jurídico penal” o
simplemente control penal, y que segó Kaiser (1988) se refiere “a todas las instituciones, estrategias
y sanciones sociales que persiguen una conformidad de conducta en el ámbito de normas jurídico
penalmente protegido” En otros términos, el control social formal más coercitivo y drástico ejercido
por el Estado, es realizado a través del “sistema” de control penal. Sin embargo, dicho “sistema”
está realmente constituido por una variedad de sub sistemas, generalmente no congruentes entre
si, y en la que intervienen incluso condiciones extrajurídicas de diversa índole, de tal modo que todo
el andamiaje doctrinario desarrollado por el Derecho penal, que es parte del subsistema normativo,
donde los penalistas llegan hasta preciosismo teóricos, en muchos de sus aspectos tiende a ser
distorsionado en la realidad, cuando entran en juego las diversas instancias del control jurídico
penal, lo que nos muestra o demuestra que el “sistema penal” no es realmente un sistema, sino más
bien un conglomerado Incoherente de agencias autónomas, inadecuadas para el logro de una
justicia penal efectiva e igualitaria para todos, o por lo menos para los que proceden de las grandes
mayorías anónimas que caen en la vorágine de tal "sistema”.

Al respecto, Kelsen (1981, p. 74) señalaba también que él Derecho es una técnica social, y
que desde tal punto de vista es igualmente “una técnica de coacción social estrechamente ligada a
un orden social que ella tiene por finalidad mantener Asimismo Giuseppe Lumia (1985, p.15) dice
que “el Derecho no es más que un instrumento de control social, una de las muchas técnicas con la
que se realiza el control social, y quizá no la más importante aunque si ciertamente la más típica”.
Dentro de este contexto nos interesa el control jurídico penal por su especial carácter coercitivo y
de amplio uso por el poder estatal.

Para Muñoz Conde el Derecho y el Estado no son expresión de un consenso general de


voluntades, sino manifestación de un modo de producción y una forma de protección de intereses
de clases, la dominante en la sociedad. Por ello, según Richard Quinney (1985, p.112), “Oficialmente
el Estado controla la actividad social, y al hacerlo define como delictuosa cualquier actividad que
sea violatoria de los intereses que el Estado está promoviendo y protegiendo”. Un profundo análisis
crítico de este control ha sido realizado por Stanley Cohén (1988), y en Latinoamérica también se ha
desarrollado un amplio cuestionamiento al control punitivo (Bergalli, 1983; Bustos, 1983; Virgolini,
1992; Pegoraro, 2001)

Para Gunther Kaiser (1988), el control social, al margen de las soluciones históricas o
imaginadas, abarca aquellos procedimientos mediante los cuales el Estado ejerce su amplio dominio
sobre los individuos que la componen, logrando que éstos obedezcan sus normas. En todos los tipos
de control social existen aspectos normativos, entidades o instituciones, operadores y sanciones. El
control jurídico penal se distingue del control social general, porque de acuerdo a sus fines y medios
empleados, se limita a la prevención y represión del delito.
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La condición de inorgánica que presenta este sistema de control es percibida por muchos.
Al respecto, Isidore Silver no obstante que habla de sistema penal, hace la anotación que realmente
no existe un sistema en el sentido que se le asigna al término, por cuanto se trata más bien de una
variedad de "agencias fragmentadas establecidas para diferentes propósitos, que tienen diferentes
filosofías y son responsables ante diferentes ramas del gobierno. No hay una agencia central de
control que pueda dar instrucciones al “sistema” (1985, p. 1)

En otros términos, para el control del delito no es suficiente la previsión legal (susbsistema
normativo), por cuanto para el logro de dicho objetivo se necesitan además otras instancias o
subsistemas que cumplan funciones específicas. Por ello, el aborde de todas estas instancias que
entran en juego en el control jurídico penal, requieren de un análisis no sólo desde la perspectiva
jurídica, sino también y quizá en primer orden de índole social. De este modo, la visión sociológica
del derecho, puede analizar temáticamente de modo muy diferente, bien al sistema normativo, a
las entidades o agencias, a los operadores y las sanciones, mediante los cuales el control entra en
acción.

El subsistema normativo o subsistema regulador del control jurídico penal, está plasmado
en las leyes penales, procesales, como ejecutivas, entre otras especiales. Desde la óptica de la
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dogmática generalmente se realiza el análisis de la ley vigente, generando un producto doctrinario
muchas veces desligado de su contexto histórico y social. Es por ello que cuando se opta por un
análisis interdisciplinario político y social, sobre todo de la criminalización primaria, se pueden
descubrir los vínculos del sistema normativo penal con el tipo de Estado vigente y los intereses de
los que tienen el poder (Solis 1987 A). Al respecto Muñoz Conde (1983, p.727) plantea, desde una
perspectiva ideológica, que “el Derecho penal es la superestructura represiva de una determinada
estrucutura socio económica y de un determinado sistema de control social pensado para la defensa
de la estructura”. Nosotros consideramos que el estudio de la norma penal debe considerar también
el análisis de sus fundamentos económico sociales, es por ello que ya años atrás decíamos que el
“derecho, desdesus incipientes formas, surgió para mantener el statu quo vigente, el derecho no
fue más que un reflejo de las estructuras socioeconómicas imperantes. Los que detentan el poder
político y económico, tuvieron también el poder de imponer las leyes que sirvieran para mantener
estable un estado de cosas acorde con sus intereses. Una de esas leyes fueron precisamente las
penales” (Solís 1976). Además hay que anotar cómo la realidad legal o normativa se distancia de la
realidad social táctica, hecho que lo venimos planteando desde muchos años atrás, apreciación que
lo señala también en otros términos Eduardo Novoa (1986, p.148), quien dice, es “de lamentar que
el alto desarrollo de la dogmática jurídica dentro del Derecho penal, en virtud de la influencia de
juristas alemanes e italianos de gran calidad, haya llevado a esta importante rama a sumirse en
sutilezas bizantinas, algunas de las cuales constituyen verdaderos malabarismos de ingenio
jurídico...”

Para viabilizar los propósitos del sistema normativo penal, entran en juego una serie de
instituciones o “portadores del control jurídico penal”, como lo denomina Kaiser, entre las que
destacan: a) La Policía, b) El Ministerio Público, c) Poder Judicial, d) Instituto Nacional Penitenciario,
entre otros. Las personas sujetas a incriminación penal son tratadas en cada una de esas agencias
de control bajo criterios disímiles, generalemente incoherentes entre todas ellas, y en la que los
principios normativos que se supone guían el accionar de dichas instituciones, en la práctica distan
mucho de su sustento normativo penal. Estas instancias entran enjuego, en la fase que se conoce
también como criminalización secundaria.

Tales instituciones o agencias del control penal, requieren para su funcionamiento de un


conjunto de operadores jurídicos o del derecho, como son los policías, fiscales, jueces, secretarios
de juzgado, entre otros, cuyo comportamiento particular, desde el punto de vista social, psicológico,
ético, político, religioso y otros tienen una manifestación especial que influye en el tipo de justicia
penal real.

Del accionar de las agencias, a través de sus operadores, se derivan determinadas sanciones
contra el procesado que es hallado culpable de un ¡lícito penal, entre las se encuentran las penas y
otras medidas como el embargo, confiscación, detención preventiva y definitiva

Sin embargo, siguiendo el planteamiento de Muñoz Conde (1983), se puede considerar que
dentro del control social general, el control o “sistema” jurídico penal, tiene un lugar secundario de
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carácter asegurador o confirmador de otras instancias más sutiles y eficaces. El control penal no
produce realmente nuevos valores, ni constituye un sistema independiente de motivación de la
conducta humana en la sociedad. No es pensable un control jurídico penal desconectado totalmente
de las demás instancias del control social general que emplea el Estado.

2.3.3. LAS AGENCIAS O INSTITUCIONES DEL CONTROL PENAL:

El subsistema normativo del “sistema” jurídico penal es aplicado por un “subsistema


institucional” conformado por diversas entidades o agencias oficiales que tienen dicha potestad.
Entre tales instituciones sobresalen La Policía, el Ministerio Público, el Poder Judicial, la
administración penitenciaria (INPE), entre las más importates.

[Link]. La Policía: Esta institución es probablemente la que ha recibido mayores críticas en


lo que concierne al rol que cumple como una agencia del “sistema” de control penal. Al respecto,
nuestra Constitución Política de 1993, dice que la “policía Nacional tiene por finalidad fundamental
garantizar, mantener y restablecer el orden interno (...). Previene, investiga y combate la
delincuencia.” Sin embargo no podemos ocultar que es una entidad que está sujeta a una disciplina
castrense y que las decisiones para actuar, sobre todo en casos de orden público, en los que existen
implicancias políticas de acuerdo al gobierno de turno, no pueden estar desligadas de las directivas
de dicho poder, que no siempre son congruentes con los intereses de la población general. Al
respecto Bustos (1983, p.67) afirma que dentro “del Estado la policía ocupa el rol de guardián del
Estado en lo que se refiere al orden de su sistema y como tal lo ejerce.”

Si consideramos además, los principios garantizadores de los “Derechos fundamentales de


la persoga”, señalados por la misma Constitución, se entiende que el quehacer policial, en
cumplimiento de sus funciones, debe respetar tales derechos y además actuar en el campo de la
investigación criminal, siguiendo los postulados garantistas de la ley penal y respetando asimismo
el principio de la igualdad. Sin embargo, la observación de su desenvolvimiento en la realidad nos
muestra que dentro de su práctica de prevención y combate de la delincuencia, no se ajusta en
muchos casos a los criterios legales y no respeta el principio de la igualdad debido a su quehacer
desigualitario manifestado en la dureza de su actuación, principalmente con los grupos de menor
poder y los marginados. Además del actuar discriminador y sobre todo no igualitario, se aprecia una
práctica en muchos casos reñida con ios criterios éticos, básicamente guiado por intereses
crematísticos que rompen con el grado de confianza esperada de su rol como autoridad policial.
Dentro de esta línea, pero en su grado más extremo, están los casos de comportamiento delictivo,
que lamentablemente en nuestro medio llegan a niveles significativos, incurriendo en una variedad
de actos criminales, desde robo, contrabando, narcotráfico, entre otros, como se aprecia en una
información de APRODEH en 1990, incluyéndose también los casos de tortura para alcanzar la
confesión de los sospechosos de delitos.

La desigualdad táctica del quehacer policial, se observa también en la dinámica de su


actuación represiva, que principalmente se orienta contra un sector poblacional, el menos poderoso
e influyente. Sin embargo, tales excesos policiales, como la detención arbitraria, no se manifiesta en
los pocos casos de personas que provienen de los sectores de poder económico y/o político, salvo
que existan otros intereses políticos. También la acción policial para hallar a los sospechosos de
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delitos, parte del supuesto que los delincuentes están en determinados sectores poblacionales,
sobre todo pobres o marginados. Por ello casi nunca se ha visto realizar una redada en lugares como
Miraflores, San Isidro, La Molina y otros similares, por considerar probablemente que en tales zonas
no hay delincuentes o por prejuicio o temor al poder. Esta anotación no significa que se insinué que
en dichas áreas se hagan también batidas violentas y atentatorias contra los derechos humanos y el
respeto mínimo al ciudadano. Lo que señalamos es que precisamente la aplicación de la ley por la
agencia policial no es igualitaria, y además que las garantías legales resultan una ilusión para las
personas de ciertos ámbitos sociales menos poderosos. Al respecto, Emiro Sandoval (1994, p.73)
decía que las instituciones policiales “están contribuyendo ostensible y grandemente a la
conservación y reproducción del injusto orden social vigente, al elegir comúnmente como “objeto”
de su acción a personas de los niveles más bajos en la estratificación social”

No obstante que esta agencia policial tiene la obligación de luchar contra el crimen y realizar
acciones preventivas, ello no es una patente de corso para que en forma violenta y prepotente trate
a toda persona que se encuentre en su camino durante esos operativos selecctivos, como si fueran
seres sin derechos o delincuentes probados. Aun si fueran delincuentes convictos, ninguna ley
autoriza en un Estado de derecho esa forma de violencia, de abuso de poder, con determinado
sector poblacional. Asimismo, Frank Pearce (1980, p.97), criminólogo británico, afirma que “los
policías tienden a ser conservadores o abiertamente derechistas, adhesiones que habitualmente se
ignoran, mientras que las tendencias hacia la izquierda -por excepcionales que sean se suprimen
con rapidez.”. Un reciente e importante estudio sobre el papel represor de la policía es el que
presenta Máximo Sozzo (Director. 2005), sobre todo en Argentina.

Otra conducta observada en esta agencia es que además abusa de la detención policial, sin
fundamento legal suficiente en muchos casos, práctica no sólo de la policía peruana, sino también
de otras. Al respecto, Lucila Larrandart (1992) considera que la policía hace un uso arbitrario de la
detención y que, en la práctica se la utiliza frecuentemente, cuando alguna persona con
determinado color de piel o mal vestido se encuentra en cualquier lugar público, sin motivo alguno,
sin considerar que nuestras leyes señalan cuando procede la detención, como son los casos:

• Detención extrajudicial en casos de flagrante delito

o Detención preventiva policial, hasta por 15 días en delitos de terrorismo y tráfico ¡lícito
de drogas dando cuenta al Ministerio público y al juez.

• Detención por orden judicial, mediante mandamiento escrito y motivado de juez


competente.

Sin embargo, también es justo anotar que la función policial, si bien es cierto que presenta
en muchos casos las deficiencias anotadas, cumple también un papel necesario y positivo dentro de
la sociedad actual. Al respecto, André Bossard (En José M. Rico, 1983), señala que en el ámbito
internacional el papel policial es muy variado, hallando hasta cinco funciones generales:

1) Lucha contra la criminalidad

2) Acción puramente administrativa destinada a la prevención del delito


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3) Información a las autoridades establecidas

4) Mantenimiento del orden,

5) Primeros socorros a las personas en peligro

En nuestro medio destacan las funciones de lucha contra la criminalidad y mantenimiento


del orden público, y en forma secundaria primeros socorros, sin obviar su vinculación al poder
político de turno que delinea los criterios generales de su actuación.

[Link]. Poder Judicial: Es la agencia tradicional del control penal, cuya función es
administrar justicia con la participación de otras instituciones ya mencionadas. Dada la estructura
del Estado peruano, es un “poder” que no tiene poder real como los otros poderes, el legislativo y
el ejecutivo, por tanto su autonomía, muy mellada en los últimos lustros, sólo es legal pero no real.
Esta entidad es igualmente materia de serias críticas y cuestionamientos a lo largo de nuestra
historia. La realidad de su praxis en nuestro medio es objeto de duda en lo que concierne a su
eficacia, por la morosidad en su actuar; también por el hecho de hacer recaer el mayor peso de la
sanción penal sobre el sector social menos influyente y poderoso, así como por los problemas de
una justicia sesgada debido a la falta de moralidad en parte de los operadores judiciales.

Estas anotaciones no deben entenderse como una generalización absoluta sobre todos los
miembros que la conforman, ya que es innegable que existen jueces probos, pero la existencia de
magistrados que actúan sin respetar los principios legales y éticos, ha dado lugar para que esta
institución no merezca la confianza de la mayoría de la población. Sin embargo la rémora de su
actuación, que contribuye a los males que inciden en su desempeño como principal agencia de
administración de justicia, se debe también a la sobrecarga procesal como una variable en la lentitud
de la administración de justicia.

Aparte del problema de la moralidad en el actuar del poder Judicial, que ha sido y sigue
siendo un problema difícil de resolver, esta en el abuso de los mandatos de detención de los
procesados, no obstante que las reformas legales que se han venido dando en los últimos
veinticuatro años, a partir del Código Procesal penal de 1991, habiendo sido un antecedente la Ley
de despenalización del año 1985 (Ley No. 24388), pero qué no logró un resultado efectivo, hasta el
actual Código Procesal penal, que establecen limitaciones claras al respecto. Si apreciams lo que
ocurre en la práctica, el volumen de los internos o inculpados o presos sin condena sigue
constituyendo un volmen preocupante.

A mediados de los años setenta el volumen de procesados detenidos estaba en 65 %


aproximadamente de la población de encarcelados, una década después ascendió a un promedio
de 75 % de inculpados, y en los últimos años, no obstante las reformas judiciales y legales el volumen
de los presos sin condena si bien ha disminuido, aun sigue siendo mayor que el número de
condenados. Este fenómeno es responsabilidad del Poder Judicial y del Ministerio Público, lo que
repercute en el hacinamiento carcelario (Solis, 2008). Además, si observamos las condiciones
sociales de los inculpados, se aprecia que en su mayoría provienen de los sectores sociales más
pobres o marginados. Notándose también un trato más deferente con los procesados de mayor
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poder económico, político o militar de alto rango, con algunas excepciones según el interés del
poder de turno. Datos similares ofrece E. Sandoval de la justicia colombiana (1994).

[Link]. El Ministerio Público: Es otra de las agencias del control penal que juega un rol
importante en la represión y control del crimen, pero que en su quehacer cotidiano, en
determinados casos, cae en la desviación de su actividad que atenta también contra el principio de
la igualdad de la ley penal. Actualmente como una entidad autónoma del Poder Judicial, tiene una
importante función de investigar el delito y formular las denuncias y acusaciones penales cuando
considera que se ha acreditado la existencia del delito y la responsabilidad del imputado. En
términos generales presenta similares problemas que el Poder judicial, aunque formalmente tiene
menor autonomía, porque no constituye un “poder” como el Poder Judicial.

[Link]. La administración penitenciaria: Dentro de las agencias o instituciones del control


penal, encargadas de aplicar el susbsistema normativo y que tiene en sus manos la ejecución de las
penas y medidas, conforme al derecho de ejecución penal, es precisamente la administración
penitenciaria, que tradicionalmente se la ha identificado con la cárcel, que es probablemente la
entidad central donde se ejecuta la sanción penal conocida como privativa de la libertad.

En este caso, según nuestro Código de ejecución penal vigente se considera que la ejecución
de la pena está orientada a cumplir el propósito resocializador que se asigna a la sanción penal,
según los lineamientos señalados en dicho cuerpo normativo. Sin embargo, en la realidad cotidiana
de las instituciones carcelarias se observa una práctica diferente y hasta opuesta a los principios
normativos de la ejecución penal, porque los operadores encargados de su aplicación incumplen los
lineamientos de la ejecución penal.

Es de conocimiento público el alto número de presos sin condena, al que ya hicimos alusión,
frente al menor volumen de condenados que se hallan en las cárceles peruanas. Además es un
problema impactante las condiciones de vida ¡nfrahumana de los reclusos, sobre todo en los
establecimentos penales más grandes del país. Asimismo es una práctica frecuente la existencia de
una serie de irregularidades que ocurren detrás de los muros de la cárcel, como el tráfico de drogas
y alcohol, entre otros problemas, principalmente en las cárceles mas hacinadas. Todo ello nos lleva
a considerar que en los hechos y cotidianamente, se asume una práctica retribucionista en la
ejecución de la pena, Incumpliendo el propósito resocializador que figura en la letra del CEP
peruano, salvo honrosos Intentos.

[Link]. Nuevos medios de control: En los últimos tiempos el sistema de control ha tenido
una expansión importante, debido a la creación de nuevas técnicas de vigilancia, parte de ellas
impulsadas y financiadas por el sector privado, y últimamente por las entidades municipales. Como
afirman Macionls y Plummer (2000, p. 226), “uno de los aspectos más notables de los últimos años
ha sido el Incremento exhaustivo de los circuitos cerrados de la televisión. Muchas autopistas,
comercios y edificios públicos están vigilados las veinticuatro horas del día, 365 días al año. Con ello,
y aunque la presencia física de la policía quizá no sea muy notable, nuestros actos están mucho más
vigilados que en el pasado”, además de otras medidas de control tecnológico, y también sociales
como las “rondas vecinales”.
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Asimismo el control social está ligado al poder, y es objeto de críticas por diversas teorías,
ideologías y movimientos, que según Stanley Cohén (1942-2013), plantean argumentos
cuestionadores a la descentralización del control social bajo diversos matices, unidos a “la noción
del control ejercido por una comunidad descentralizada” (1989, p.345), destacando los diversos
movimientos críticos como el abolicionismo, el minimalismo, entre otros. Dentro de esta perpectiva
el planteamiento de Alesandro De Giorgi (2005, p. 39) es que el control social no es estático sino
que cambia en el el tiempo y en el espacio, el mismo que en la sociedad occidental ha presentado
diversa prácticas de control, y que la tendencia que está emergiendo, se caracteriza porque el
“control no se ejerce ya tanto sobre individuos concretos desviados (actuales o potenciales), cuanto
sobre sujetos sociales colectivos que son institucionalmente tratados como grupos productores de
riesgo. Los dispositivos del poder utilizando metodología de cuantificación y tratamiento del riesgo
de desviación que recuerdan las que son propias de los seguros, parecen apuntar a la gestión de
categorías enteras de individuos.”, a la que denomina “control actuarial”, que derivaría de las
nuevas tendencias de la criminología, sobre todo de la teoría de la elección racional, frente a la crisis
del etiologismo.
ALEJANDRO SOLIS ESPINOZA CRIMINOLOGIA
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Capítulo III
TENDENCIAS BIOCRMNOLOGICAS

3.1 NOCIONES DE BIOCRIMIMOLOGIA

En este capítulo se revisan los diversos conocimientos y teorías que consideran como
explicación de la desviación, algunos aspectos biológicos, sobre todo de carácter somático,
fisiológico, así como lesiones y/o enfermedades neurofisiológicas, al igual que los aspectos
genéticos y bioquímicos, que se enmarcan dentro de lo que llamamos el ismo biológico de la
criminología

Debido a su carácter auroral en la criminología y por su importancia histórica, se revisa en


forma sumaria algunas teorías antropológicas que han pretendido hallar una explicación general del
crimen, acentuando el aspecto constitucional, tales como la concepción de Lombroso sobre el
"delincuente nato"; la visión neo lombrosianade Ernesto Hooton; así como la teoría de la
"constitución delincuencia!" de Benigno Di Tullio que merece un mayor análisis. También la tesis de
la "Biotipología criminal", sobre todo los biotipos de Kretschmer y luego los posteriores aportes de
Sheldon.

Se analizan igualmente los estudios biológicos más recientes que tienen implicancia
criminológica, aunque no constituyen sistemas o teorías explicativas generales,sino más bien
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factores o condiciones que probablemente actúan con otros elementos condicionantes, tales son
las funciones orgánico-cerebrales, los factores bioquímicos, y también las alteraciones
cromosómicas, entre los más saltantes.

Es necesario señalar, que no obstante que no aceptamos la existencia de un "delincuente


nato" o un delincuente predeterminado por rasgos físicos o fisiológicos, no por ello podemos dejar
de lado o ignorar los aspectos biológicos que juegan algún papel en el grado de ajuste o desajuste
de nuestra conducta social, valorados en su real dimensión. Esto es, no como factores
determinantes e ineluctables, sino más bien como elementos concomitantes, precipitantes o
coadyuvantes de algunas conductas desviadas. Este análisis, lo reiteramos, no avala un biologismo
criminal, pero tampoco desconoce la importancia de nuestra base biológica en el comportamiento
humano. De hecho no podemos obviar que somos una realidad natural compleja, una entidad
biológica, cuyas alteraciones, trastornos o lesiones muy variados inciden en muchas formas en
nuestras reacciones. El ejemplo más visible es el de la persona ebria, que debido a la ingesta de
alcohol sufre alteraciones en su bioquímica cerebral, lo que origina cambios en su conducta que
pueden llegar hasta trastornos de orden psicopatoló[Link] estudio que analizó los avances al
respecto, en la década del setenta del siglo XX, es el libro Biosocial bases of criminal behavior de
1977 de Sarnoff Mednick y Karl Christiansen.

Este planteamiento concuerda con nuestra tesis que considera a la conducta humana como
resultante de condiciones socio-psico-biológicas, idea que expusiéramos hace cinco décadas atrás
(Solís, 1966), y que la hemos remozado en análisis posteriores (Solís 1974,1984,2013), por cuanto la
realidad humana es una unidad que tiene ineluctablemente un sustento biológico, sobre cuya base
ocurre su configuración sociopsicológica durante su desarrollo ontogenético, siendo predominante
su condición social. Sobre este aspecto podemos señalar, por ejemplo, que los criminólogos
marxistas, orientados hace algunas décadas atrás por concepciones político sociales en el análisis
criminológico, en años posteriores empezaron a revalorar la naturaleza humana. Es así que el
criminólogo soviético G. Avanesov (1985), dedica todo un capítulo de su libro para explicar la
correlación entre lo social y lo biológico en las causas de la delincuencia, afirmando que lo social del
hombre no surge ni se desarrolla "de repente", en un lugar vacío, sino que tiene determinadas
premisas biológicas. "El hombre es un sistema biosocial" sin negar su carácter social. Al respecto es
ilustrativa la revisión histórica de esta perspectiva que realiza Nicole H. Rafter (n.1939) en su obra:
The criminal brain: understanding biological theoríes of críme (2008).

En todo caso hay que valorar, en su contexto adecuado, las bases biológicas que influyen de
diverso modo en el comportamiento humano, ¡nterrelacionado con sus condiciones
sociopsicológicas. Sin embargo los criminólogos críticos cuestionaron frontalmente esta posibilidad,
rotulando el estudio de esta dimensión biológica con el epíteto de positivismo (Miralles et Al., 1983),
o concibiéndola como "racismo" (?), probablemente por carencia de información objetiva sobre
este tema, el mismo que ha generado una gran cantidad estudios, siendo algunos de los
relativamente recientes dedicados a este ámbito, la obra Aggression and violence. Genetic,
neurobiological and biosocial perspectives de David M. Stoff y Robert B. Cairns, publicado en el año
de 1996; asi como el libro de Gail S. Anderson: Biologicalinfluences on criminalbehavior, editado en
el año 2007, igualmente la obra del renombrado criminólogo neurólogo Adrián Raine: The anatomy
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of violence. The biological roots ofcrime, editado el 2013, entre otros diversos libros, monografías y
multiplicidad de artículos.

3.2 TEORIAS ANTROPOLOGICO CRIMINALES

3.2.1. VISION PANORAMICA DE LA TEORIA DE LOMBROSO: El médico César Lombroso


nació el 6 de noviembre de 1835 en Verana (Italia) y falleció el 18 de octubre de 1909 en Turín. Su
producción bibliográfica fue muy variada, siendo su obra más importante El hombre delincuente en
relación a la Antropología, la Jurisprudencia y la Psiquiatría, editado en 1876, y que contenía datos
antropométricos de 400 criminales de Venecia, planteando la existencia de un delincuente nato. En
años posteriores se hicieron otras ediciones, con agregados que llegaron hasta tres tomos y un atlas.
También publicó La mujer delincuente, la prostituta y la normal, escrita en colaboración con su yerno
Guillermo Ferrero, en 1893; El delito político y las revoluciones, en colaboración con Laschi, en 1890;
Los anarquistas en 1906, entre otros muchos trabajos. La importancia de la tesis de Lombroso es
más de carácter histórico y referencial, porque marcó un hito central en el surgimiento de la
Criminología.

[Link]. La concepción tríptica lombrosiana: La tesis del criminal nato, según señalaba
Mezger, hacía referencia a "una especial variedad, un genuino tipo antropológico del hombre, una
peculiar especie géneris humani" (1942). El alemán Paul Nake, sintetizando esta teoría dijo que el
delincuente nato era idéntico al loco moral, con base epiléptica, explicable por atavismo y un tipo
somático y psíquico especial (Concepción tríptica). Para Luis Rodríguez (1995, ps. 270-271) el
"tripoide lombrosiano" "une el atavismo, el morbo, y la epilepsia. Así hay una explicación coherente,
una síntesis a las diferentes teorías, explicando cómo, generalmente, atavismo, morbo y epilepsia
van unidas."

A La teoría atávica: La tendencia a reproducir los caracteres de remotos antepasados es lo


atávico. Lombroso, luego de estudiar a sujetos criminales, llegó al convencimiento que los
delincuentes de ciertos delitos graves, poseen muchos' estigmas del hombre primitivo y del salvaje
actual, del que carece el hombre no delincuente. Esta concepción surgió

luego que realizara la autopsia a un bandido calabrés llamado Vilella en 1871, en cuyo
cráneo encontró una "foseta occipital media", fenómeno rarísimo y que es característico de especies
animales inferiores. Además pretendió haber hallado determinadas relaciones entre los animales,
el criminal y el salvaje. Vinculado con la tesis atávica, también habló de una Concepción embriológica
del delito, según la cual afirmaba que el crimen no sólo era una conducta exclusivamente humana,
sino más bien común a todos los seres de la escala biológica. Sobre dicha base habló de una
"criminalidad vegetal", "criminalidad animal", "criminalidad del hombre primitivo y salvaje", y
"criminalidad del niño".
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B. Tesis de ia "locura moral": A su concepción atávica agregó la tesis de la "locura moral"
de Prichard, afirmando que el criminal nato se caracterizaba por aquella ausencia de sentimientos,
propios del loco moral (morbo). El delincuente nato era loco moral, esto es insensible moralmente,
de allí que cometía los crímenes más horrendos. La locura moral recibió luego, por diversos autores,
una variedad de denominaciones, tales como "idiotismo moral", "imbecilidad moral", "ceguera
moral", "anestesia moral", "daltonismo moral" y posteriormente psicopatía anética, entre otras.
Actualmente es llamado trastorno de personalidad disocial.

C. Teoría patológica o degenerativa: Elaborada en base de la observación del soldado


Misdea, autor de varias muertes en un acceso de paroxismo epiléptico. Afirmó, fundado en tal
hecho, la naturaleza morbosa del delito y que el delincuente nato era un epiléptico que posee los
rasgos del atávico, por eso es que actúa como un salvaje, con accesos de furia, retorciéndose y
gimiendo. Lombroso tomó en cuenta la forma larvada de epilepsia.

[Link]. Características somáticas y fisiológicas: Otros caracteres que Lombroso asignaba


al "delincuente nato", estaban constituidas por un conjunto de peculiaridades, en forma de estigmas
degenerativos de carácter anatómico y fisiológico.

A. Estigmas anatómicos: Frente huidiza, potente desarrollo de cigomas (pómulos) y


mandíbulas, peculiaridad de la foseta occipital, fosas orbitarias grandes, arcos superciliares
pronunciados, prognatismo (mandíbula saliente), anomalías dentarias, estrabismo, cabello risado y
lanoso, malformaciones genitales, polidactilia, entre otros.

B. Estigmas fisio-psicológicos: Tales como Insensibilidad al dolor, mancinismo (mayor


fuerza en la mano izquierda), disminución de la capacidad auditiva y gustativa, tartamudez, pereza,
impulsividad, ausencia de remordimiento, entre otros estigmas.

[Link]. Clasificación de los delincuentes: César Lombroso no sostuvo la idea de que todos
los delincuentes eran natos, y en sus últimas obras diferenció a los siguientes tipos de delincuentes:

delincuente nato (atávico).

delincuente loco moral

delincuente epiléptico,

delincuente loco (alienado, alcohólico, histérico y mattoide) delincuentes ocasionales


(criminaloides), y el delincuente pasional o por ímpetu,

El delincuente nato alcanzaba a cubrir, según sus sus trabajos posteriores, sólo un poco más
de la tercera parte de todos los delincuentes, lo que contrasta con sus primeras ideas que
consideraban un porcentaje mayor de natos en toda la población criminal. Además hay que anotar
que Lombroso señaló que el delincuente nato no era un predestinado a ser necesariamente
criminal, habiendo distinguido entre el criminal nato real que ya había cometido un delito, y el
criminal nato latente con predisposición al crimen, pero que aun no había delinquido.

[Link]. Críticas a la teoría del delincuente nato: En general la teoría de Lombroso no se


acepta actualmente. Los fundamentos que concibió para explicar su tesis han sido refutados por
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diversos estudiosos y por el conocimiento científico de nuestra época. Como dice Donald West
(1970, p. 102), "tales ideas parecen actualmente ridiculas, y la investigación moderna no ha
producido ningún apoyo a las ideas de Lombroso acerca de los estigmas físicos de la delincuencia".

Las objeciones que tuvo han sido muchas, desde sus coetáneos hasta el trabajo del inglés
Charles Goring (1870-1919), plasmado en su libro The english convict. A statistical study de 1913,
quien luego de estudiar por ocho años a 3,000 reclusos reincidentes, no halló las anomalías físicas y
fisiológicas señaladas por Lombroso, aunque encontró que el grupo delincuente se encontraba física
e intelectualmente por debajo del término medio. Además podemos indicar que, desde la
perspectiva metodológica actual, el estudio para fundamentar la tesis del delincuente nato, no
siguió un proceso riguroso, guiándose el autor por sus estados de entusiasmo, que lo condujeron a
generalizaciones sin mucha solidez. Taylor, Walton y Young (1977, p. 60) dicen también que las
"técnicas estadísticas de Lombroso (que reflejan el desarrollo de la matemática de su época) eran
totalmente inadecuadas".

3.2.2. TEORIA DE EARNST HOOTON: A finales de la década del 30 del siglo pasado, cuando
las ideas lombrosianas parecían superadas, fuera de Italia surgió una versión explicativa del crimen
que fue catalogada de corte neolombrosiana, teoría presentada por el antropólogo físico
norteamericano Earnst A. Hooton (1887-1954), en sus obras Crime and the man y en The american
criminal: An antropológica!study, ambas editadas en el año de 1939.

Dicho autor, luego de varios años de investigación, tomando en cuenta las diferencias
raciales y la nacionalidad, no como factores criminógenos, sino para precisar la criminalidad según
las particularidades que se daban en tales grupos, llegó a la conclusión que había rasgos
diferenciales en los aspectos físicos, entre personas delincuentes y no delincuentes. Hooton hizo un
estudio comparativo de reclusos norteamericanos con muestras de la población general, y entre las
diferencias más notorias de los delincuentes varones de raza blanca, respecto de la muestra, halló
que los condenados en promedio presentaban una inferioridad biológica con relación a los no
delincuentes, siendo más ligeros, de cabeza pequeña, narices chatas, mandíbulas estrechas, entre
otros rasgos físicos, de los que dedujo, según refiere S. Lamnek (1980), que el crimen sólo podía ser
combatido a través de la eugenesia y el control de la reproducción.

Si bien Hooton trató de evitar el mismo error metodológico de Lombroso, por lo que
recurrió con fines comparativos a un grupo de control de sujetos no delincuentes, sin embargo,
como lo anota West (1970), el defecto de esta investigación es que no seleccionó adecuadamente
tal grupo, lo que no le da validez a las pretendidas diferencias encontradas, ya que tales rasgos
físicos podían estar ligados a la clase social y ocupación, que eran posiblemente diferentes entre el
grupo delincuente y el grupo de control.

3.2.3. TEORIA DE LA CONSTITUCION DELINCUENCIAL DE DI TULLIO: El criminólogo italiano


Benigno Di Tullio (1896-1979), presentó hace ochentisiete años atrás, la tesis de la Constitución
Delincuencia!, desarrollada en su primer trabajo titulado La constituzione delinquenzialede 1929,
siguiendo la influencia del psiquiatra francés Ernesto Dupré, que había planteado en 1912 la
concepción de la "perversidad instintiva constitucional", influencia que el mismo Di Tullio reconoce
(1966). Mas tarde dicha tesis fue ampliada en 1940, y luego en su obra Tratado de Antropología
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Criminal de 1945. Esta teoría por la cual fue considerado un neolombrosiano, se revisó en uno de
sus últimos libros: Principios de Criminología Clínica y Psiquiatría Forense en 1954 ([Link]. Principi di
Criminologia Generale e Clinica, 1974).

Afirmaba Di Tullio (1966, p.177) que los delincuentes constitucionales eran "sujetos que,
por su particular estructura bio-psíquica, presentan una predisposición mayor al deljto que la que
se encuentra en el hombre medio normal conformista". El concepto de delincuencia constitucional
no debe ser entendido como un estado patológico, sino como una propensión a realizar actos
delincuenciales debido a una "perversidad instintiva constitucional", de la que provienen las
manifestaciones más graves y persistentes de maldad, de brutalidad, y de una predisposición a la
delincuencia en general. No obstante lo afirmado, Di Tullio no excluyó que en muchos casos se
manifieste una perversidad adquirida, a consecuencia de procesos destructivos de la conciencia
moral.

[Link]. Factores causales de la constitución delincuencial:

Consideró cuatro factores, 1) los hereditarios, 2) morfológicos, 3) funcionales y 4) psíquicos:

A. Factores hereditarios: Incluyó dentro de éstos los que él denominó factores morbosos,
submorbosos o degenerativos. En tal sentido afirmó que el proceso de la herencia puede ser
perturbado por procesos tóxicos o infecciosos que provocan lesiones y estados de desmejoramiento
en las células germinales (blastoftoria o blastotoxia); así como también procesos negativos que
alteran el feto (embrioftoria). Ambas alteraciones pueden afectar gravemente el desarrollo físico y
psíquico de la persona. Conforme con ellas la población humana puede ser dividida en tres clases
(Di Tullio, 1950).

Personas con afortunada combinación de "genidios", en la que los genidios defectuosos han
sido perfectamente compensados por los normales.

Personas mediocres, cerca del- 90 por ciento de la población, caracterizadas por tener
genidios mediocres.

Personas indeseables, debido a una desgraciada combinación de genidios, con insuficiente


compensación, entre los que se hallan los criminales. .

Clasificación que ya no menciona en sus últimos trabajos.

B. Caracteres morfológicos: Sobre éste factor Di Tullio llegó a los siguientes resultados:

No existen caracteres morfológicos macroscópicos específicos que sean considerados


propios de la constitución delincuencial.

Existen anomalías morfológicas más o menos numerosas y sobre todo microscópicas, a


cargo del sistema nervioso de relación y vegetativo, especialmente en el mesencéfalo y los lóbulos
frontales, que podrían resultar después de estudios adecuados, como específicos de la constitución
delincuencial, actualmente imprecisos.
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Existe una inferioridad biológica que puede ser general o parcial, y las anomalías
morfológicas son la expresión de tal inferioridad, y que cobran importancia todas las veces que en
gran número se encuentran asociadas en el mismo individuo.

C. Factores funcionales: Dentro de estos factores consideró á los siguientes:

Anomalías a cargo del sistema nervioso y especialmente de la esfera orgánico-vegetativa.

Existencia de procesos tóxicos endógenos y exógenos, y de estados toxémicos (debidos


especialmente a la tuberculosis y la sífilis), y trastornos bioquímicos que alteran el temperamento y
el carácter influyendo en la dinámica del delito.

Disfunciones de las glándulas de secreción interna, lo que se denomina la "constelación


hormónica del delincuente común".

Disfunciones especiales del sistema nervioso, que se exteriorizan por varias formas de
convulsión, especialmente motrices y psíquicas, lo que Di Tullio denominó "epilepsia órgano-
vegetativa".

D. Factores psíquicos: Al respecto existen una serie de factores planteados por Di Tullio.

- Anomalías de la vida instintivo-afectiva, que unido a otros aspectos individuales o


ambientales encuentran mayor desarrollo y facilidad de realización.

- Sentido de placer al cometer delitos, que puede ser una característica específica de la
constitución delincuencial. Criminales por hedonismo.

- Grave debilidad moral y escasa capacidad inhibitoria.

[Link]. Orientaciones o tipos de constitución delincuencia!:

Describió cuatro tipos fundamentales de constitución delincuencial: Hipoevolutiva, psico-


neurótica, psicopática y mixta.

A. Delincuente constitucional de orientación hipoevolutiva:

Delincuente que por causas hereditarias, congénitas o también adquiridas (especialmente


en la infancia), presenta escaso desarrollo de las características individuales de más reciente
adquisición evolutiva; un estado de hipoevolución con prevalencia de la vida vegetativa sobre la de
relación, y de la vida material sobre la espiritual. Sus principales características son:

En el aspecto morfológico las manifestaciones de dismorfias y . paramorfismos.


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En las Funcionales la presencia de zurdismo, agudeza visual, reflexibilidad exagerada,
hipoalgesia tegumentaria o escasa sensibilidad al dolor.

En lo Psíquico, capacidad intelectual limitada, poca capacidad inhibitoria, frialdad


emocional, agenesia moral, dominio de las fuerzas instintivas.

Según Di Tullio, este delincuente constitucional tiende o llega a ser un tipo criminal conocido
como loco moral (1966). :

B. Delincuente Constitucional de orientación psiconeurótica: En este caso la predisposición


al delito está dada especialmente por anomalías neuro-psíquicas. En estos criminales predominan
alteraciones y disfunciones similares a los síndromes psiconeuróticos comunes. Se diferencian tres
subtipos, según dominen síntomas epileptiformes, histeriformes o neurasteniformes.

1) Orientación epileptiforme: En este subtipo prevalecen los caracteres del epileptoidismo


o la convulsión motriz o la convulsibidad psíquica. En otros casos predomina la inestabilidad del
humor, la irritabilidad y la impulsividad. Son casi constantes los disturbios funcionales del sistema
nervioso. Las crisis que presentan son, según afirma Di Tullio, diferentes a las crisis comi- ciales,
denominándolo "epilepsia órgano-vegetativa"

Sin embargo creemos que su ubicación en el grupo de orientación psiconeurótica no es


adecuada, ya que el "epileptoidismo" no es afín a una neurosis, sino más bien al trastorno de
personalidad (antes denominada psicopatías). El mismo Di Tullio anotaba, en trabajos posteriores,
que se tiende a considerar a los epileptoides como psicópatas explosivos o lábiles de humor o
impulsivos (1966).

2) Orientación neurasteniforme: Su predisposición al delito está basada en la presencia de


síntomas neurasténicos, como hiperestesia excesiva hacia estímulos sensoriales y afectivos, con
diátesis amoral delincuencia!, así como reacciones de agresividad y cólera.

3) Orientación histeriforme: Particularmente frecuente en la criminalidad femenina. Se


caracteriza por su capacidad imaginativa excitada hasta la fantasía, que puede llegar a la calumnia;
exagerada vanidad; lujuria a veces desenfrenada; fuerte emotividad; sugestionabilidad y debilidad
volitiva

C. Delincuente constitucional de orientación psicopática: En este grupo, la predisposición


al delito es sostenida sobre todo por particulares anomalías psíquicas persistentes. El autor en su
Tratado de 1945 establecía diferencias entre esta orientación y los psicópatas, pero ya en sus
Principios (1966), prácticamente identifica este tipo constitucional con la psicopatía (hoy trastorno
de personalidad). Además sólo considera cinco subtipos dentro de este grupo, dejando de lado al
subobsesivo que incluía en su anterior obra.

1) Orientación deficitaria: Incluye delincuentes constitucionales con un complejo


intelectual deficitario, sin capacidad de raciocinio y con propensión al delito, por la diátesis amoral
delincuencial que hay en la base de su personalidad. No se les debe confundir con los casos de
retardo mental antes denominados frenasténicos (oligofrénicos), en los que predomina lo
patológico.
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2) Orientación esquizoide: Abarca a individuos que tienden a una vida fantasmagórica y
alejada de la realidad. Son poco sociables, egoístas y obstinados. Pueden estar predispuestos para
todo tipo de delitos, a veces los más graves, casi siempre improvisados y poco motivados, actuando
después del delito en forma indiferente y con cinismo

3) Orientación cicloide: Personas con predominio del ánimo distímico. En la fase depresiva
se da un prevalente desarrollo de actividades antisociales y delictivas, vinculadas al ocio y a toda
forma de parasitismo. La fase de excitación es motivo de una actividad desordenada y caótica, que
puede caer en especulaciones y negocios ilícitos e inmorales, delitos contra la propiedad, en especial
estafa o actos de violencia.

4) Orientación paranoide: Son sujetos que debido a su paranoi- dismo, interpretan


erróneamente sus propios derechos, y fácilmente consideran que son maltratados, ofendidos y
hasta perseguidos. Por ello se ven impulsados a realizar acciones con finalidad reivindicatoría,
convirtiéndose en difamadores y en perseguido- perseguidores o querellantes.

5) Orientación inestable: Son individuos con inquietud sensitivo- motriz constitucional y


con diverso grado de debilidad volitiva. Su escasa fuerza de voluntad los hace fáciles de sugestión y
pueden caer en el vicio y los malos hábitos. Sienten deseo constante de lo novedoso, con inclinación
a las fugas y vagabundeo. En casos de mayor deficiencia moral, por parasitismo y prostitución

D. Delincuente constitucional de orientación mixta: Caracterizado porque en él se


encuentran fundidos en común, los rasgos y las anomalías de las diversas orientaciones ya
mencionadas. Estos delincuentes según Di Tullio son más numerosos y los más peligroso, ya que la
gravedad del hecho criminal es en general proporcional a la multiplicidad y complejidad de los
factores condicionantes.

[Link]. Críticas a la teoría de Di Tullio: No obstante que este autor no afirma que todo
delito se explica sobre la base de la tesis de la "constitución delincuencia!", por cuanto reconoce la
existencia de otras dos variedades de criminales que él denomina: -"delincuentes
ocasionales"(normales) y "delincuentes enfermos mentales"; sin embargo, al desarrollar su tesis de
la constitución delincuencial, cuando habla de factores morfológicos nos hace recordar a las ideas
lombrosianas ya superadas, por ello fue calificado como un neo-lombrosiano, sobre todo por la
tendencia predominante en su Tratado de Antropología Criminal de 1945, aunque ya en sus
Principios de Criminología de 1963, prácticamente atenuó los aspectos morfológicos y reajustó
algunos de sus planteamientos.

Otro aspecto cuestionable de esta teoría, es que los rasgos de los diversos tipos de
"orientación constitucional", si bien pueden observarse dentro de la población criminal, ello no
significa que sean realmente una variedad especial de delincuentes "constitucionales", ya que la
explicación que expuso es deleznable para los conocimientos neurológicos y psicopatológicos
actuales. Además, tales tipos prácticamente constituyen diversas variedades de trastornos de
personalidad, antes llamados psicópatas. El mismo autor citado lo reconoció en sus Principios al
decir: "nos inclinamos a creer que no hay sustancial diferencia entre tales sujetos, definidos en
psiquiatría como psicópatas o sociópatas, y nuestros criminales constitucionales." (1966, ps. 65-66).
Asimismo cuando se refiere a la Orientación Hipoevolutiva, el mismo Di Tullio en1963 lo consideraba
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parecido al "loco moral", y que en esos años era denominado psicópata cruel o desalmado, y que
hoy es una variedad de trastorno de personalidad, llamado trastorno disocial de la personalidad.

Por otra parte, en la Orientación Psiconeurótica, se incluyó erróneamente la variedad


"epileptiforme", que realmente era similar a lo que en esa época se denominaba "psicópata
epileptoide", y que hoy es llamado "trastorno impulsivo de la personalidad". De otro lado, los
cuadros neuróticos hoy descritos con mayor claridad por la psiquiatría y la psicología, dado sus
trastornos emocionales, pueden caer en conductas inadecuadas, pero hoy no se considera que la
neurosis sea constitucional y menos que predisponga al delito.

En lo que respecta a la Orientación Psicopática en particular, como el mismo Di Tullio acepta


en sus Principios, realmente describe algunas formas de psicopatía, hoy llamados "trastornos de
personalidad", y que para la psiquiatría actual no toda persona con trastorno de personalidad
(psicópata) es necesariamente delincuente.

En cuanto a los factores de la constitución delincuencial que desarrolló Di Tullio, creemos


que valorados con objetividad tienen alguna importancia, pero como explicaciones de otros
trastornos bio-psíquicos, y no necesariamente como fundamentos de una criminalidad
constitucional, salvo como factores de riesgo en ciertos casos.

Es una verdad corroborada por la ciencia actual que algunos trastornos de las células
germinales o que ciertas anomalías de los progenitores pueden transmitirse a la prole, pero ello no
prueba una herencia criminal, menos una "constitución" delincuencial. Al respecto los estudios de
genética actual, valoran tanto el aspecto hereditario como el congénito que se desarrolla durante
la gestación intrauterina, como bases importantes de la conducta humana, pero no como
fundamentos de una predisposición al crimen.

Asimismo cuando Di Tullio habló de posibles lesiones cerebrales mínimas en el mesencéfalo


y el lóbulo frontal, que de hecho tienen importancia marcada en el comportamiento racional y
emotivo humanos, valorados en su real valía, pueden tener algún factor de riesgo en la actividad
desviada, pero no en un sentido "constitucional" o de predisposición inelectuble.

En suma, no creemos en un "delincuente constitucional", pero tampoco podemos dejar de


valorar en su real dimensión los factores de la criminalidad de índole biológica planteados por Di
Tullio, con las anotaciones ya hechas y el agregado que la explicación de la conducta delictiva no
sólo puede ser bio- psicológica, sino mas bien socio-psico-biológica, lo que también en parte aceptó
Di Tullio en sus últimos trabajos.

3.3 TEORIAS BIOTIPOLOGICAS

La biotipología pretende hallar correlaciones entre las formas corporales y el carácter,


considerando que a determinada constitución somática corresponde ^ciertos rasgos
caracterológicos y de conducta. Sin embargo, las antiguas teorías biotipológicas, como la francesa
de Claudio Sigaud (1862- 1921) de 1914, que habló de cuatro tipos: el respiratorio, el muscular, el
digestivo, y el cerebral, que fue seguida por Mac Auliffe; asimismo la escuela italiana iniciada por De
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Giovanni a fines del siglo XIX (Kuon, 1939), continuada por Viola, Barbara, Pende, realmente vienen
a ser estudios sin valor científico actual, constituyendo sistemáticas descripciones ectoscópicas, que
en nuestros días sólo tienen importancia histórica.

Actualmente, aún tienen alguna aceptación ciertas tendencias biotipológicas, como la


alemana desarrollada por Kretschmer, que fue muy difundida en la primera mitad del siglo pasado,
así como la escuela norteamericana de Sheldon, que tuvo su auge en las décadas del 50 y 60 del
siglo XX. Sin embargo, las mismas son calificadas porTaylor, Walton y Young (1977), como una
"resultante directa de la obra de Lombroso", por la relación entre formas de cuerpo y delincuencia.
Para Denis Szabo (1980), por su parte, constituyen teorías que estuvieron de moda en la primera
mitad del siglo anterior, pero que no fueron fecundas. Asimismo Hans Eysenck (1972), no obstante
ser partidario de un biopsicologismo, no acepta estas teorías que abogan por la determinación
constitucional de la conducta.

3.3.1. BIOTIPOLOGIA DE KRETSCHMER: La tendencia más conocida de la biotipología


alemana es la de Ernesto Kretschmer (1888- 1964), psiquiatra y profesor en Tubinga, quien la
presentó por primera vez en su libro Constitución y Carácter en 1921 (24ava. ed. en alemán 1961)
hace ya noventicinco años atrás.

[Link]. Los biotipos: Sus estudios iniciales los efectuó observando a un grupo de enfermos
mentales. Una parte fueron 175 pacientes esquizofrénicos, de los cuales 125 eran varones y 50
mujeres. El resto estuvo integrado por 85 maniaco-depresivos, siendo 43 hombres y 42 mujeres. En
total estudió a 260 psicóticos, número que posteriormente aumentó, los que sirvieron para la
obtención de los primeros resultados, y que hasta la actualidad han sido ampliados con miles de
observaciones provenientes de un material internacional (Kretschmer, 1954). De tales estudios
dedujo ios biotipos leptosómico, pícnico, atlético y displásico, que estadísticamente concordaban
con las dos entidades de la nosología psiquiátrica señaladas, llegando a las conclusiones siguientes:

1) Existe afinidad biológica notoria entre la predisposición psíquica a la psicosis maniaco-


depresiva y el tipo corporal pícnico,

2) Existe afinidad patente entre la predisposición psíquica a la esquizofrenia y los tipos


somáticos leptosómico, atlético y ciertas formas displásicas,

3) En cambio es insignificante la afinidad entre la esquizofrenia y el tipo pícnico por una


parte, y entre la ciclotimia y el conjunto tipológico leptosómico, atlético y displásico, por otras.

Cada biotipo presenta las siguientes características corporales:

A. Biotipo leptosómico (Leptos = delgado, soma = cuerpo): Es una

persona delgada, que parece más alta de lo que en realidad es, con las siguientes notas
somáticas saltantes. Hombros estrechos, brazos delgados y poco musculosos, caja torácica alargada
y estrecha, vientre sin panículo adiposo, miembros inferiores delgados
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B. Biotipo atlético: Con las siguientes características corporales. Talla entre mediana y alta,
hombros anchos y angulosos, caja torácica robusta, abdomen tenso, tronco estrechado hacia abajo,
panículo adiposo moderado.

C. Biotipo pícnico: Presenta los siguientes rasgos somáticos. Desarrollo intenso del
perímetro abdominal, tendencia adiposa en el tronco, generalmente es de talla mediana, rostro
ancho y blando, piel blanda y de regular espesor.

D. Tipos displásicos: Presentan formas de desarrollo corporal que se apartan en forma


notoria del tipo medio y habitual, observándose generalmente un heterogéneo desarrollo somático,
lo que dificulta que puedan ser clasificados en algunos de los biotipos precedentes que serían
considerados los "normales". El displásico tiene tres variedades:

Gigantismo eunucoide

Adiposidad eunucoide

Infantil e hipoplásico.

[Link]. Clases de temperamento: Kretschmer dedujo tres tipos de carácter o


temperamentos normales, los que se correlacionaban con sus biotipos básicos.

A. Temperamento ciclotímico, con los siguientes rasgos caracte- rológicos: predominio de


la vida afectiva, con ánimo alegre en algunas fases y luego expresiones de tristeza; tendencia a la
movilidad o al reposo en forma oscilante; fácil contacto con el ambiente, inclinación a la sociabilidad;
extraversión. Este temperamento se relaciona con el biotipo pícnico.

B. Temperamento esquizotímico, con los rasgos siguientes: afectivamente es de una


sensibilidad interior delicada, con una frialdad exterior; puede oscilar entre el sobresalto
intempestivo y la infatigable tenacidad; socialmente presenta timidez y es poco comunicativo; es
susceptible e indiferente; carácter introvertido. Este temperamento se correlaciona con el biotipo
leptosómico y con el grupo de los displásicos.

C. Temperamento viscoso, caracterizado por una vida afectiva estable, poco sensible a los
estímulos, pero con explosiones de cólera más frecuentes que en los otros temperamentos; pasivo
y perseverante, sin elasticidad ni presteza; expresión verbal pausada, monótona y laboriosa;
fantasía limitada; tenacidad en la atención. Este temperamento se correlaciona con el biotipo
atlético.

Considerando una posible oscilación entre lo normal, anormal y la enfermedad, describió


dos formas anormales de temperamento, el cicloide y el esquizoide. Sobre ellos decía: "designamos
con los términos esquizoide y cicloide las individualidades patológicas fluctuantes entre enfermo y
sano, que reflejan los síntomas psicológicos fundamentales de las psicosis esquizofrénicas y cíclicas
en el grado más leve". Estos tipos anormales de la personalidad, son equivalentes a las
personalidades psicopáticas hoy denominada trastornos de personalidad.
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[Link]. Biotipos de Kretschmer y criminalidad: Desde la óptica criminológica podemos
señalar que se han realizado diversos estudios, encontrándose correlaciones estadísticas entre estos
biotipos y la conducta delictiva, así como con el grado de reincidencia, tipos de delito y
readaptabilidad.

A. Constitución y frecuencia delictiva: Analizándose los estudios con delincuentes hechos


por Riedl en 1932, el japonés Saza en 1934, y los resultados obtenidos por [Link] de 1941, se
observan ciertas tendencias porcentuales entre frecuencia delictiva y los biotipos de Kretschmer.
De dicho modo, del cuadro No.4, sin considerar las formas mixtas, se deduce lo siguiente:

- En primer lugar, los que presentan mayor incidencia en el delito son los leptósomos,
que prácticamente son un tercio del total de delincuentes.
- En segundo lugar de incidencia delictiva están los tipos atléticos. Salvo en delitos
violentos en los que ocupan el primer lugar.
- En tercer lugar están los pícnicos, con menor índice delictivo que los leptosómicos y
atléticos, y
- En último lugar se hallan los displásicos.

B. Constitución y tipos de delito: Estadísticamente se han obtenido, por diversos autores


(Landecho, 1967; Nuttin, 1968), los resultados siguientes:
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- Los leptosómicos cometen especialmente delitos de robo y estafa. Quedan


relativamente por debajo en los delitos de violencia y de inmoralidad. Estos biotipos,
por su temperamento esquizotímico, no son individuos de impulsividad y de descarga
inmediata, expresando sus emociones con más dificultad, interviniendo poco en los
delitos instintivos, preponderando en los manejos clandestinos e indirectos de los
ladrones y estafadores.

- Los atléticos cometen generalmente delitos violentos, ya sea atentados contra las
personas, robos con violencia, violaciones, con escasa participación en los delitos de
estafa. Por su polo explosivo, el atlético es el delincuente brutal por excelencia.

- Los pícnicos participan sobre todo en las estafas y menos en los delitos de violencia. Su
inclinación a la estafa se correlaciona con su temperamento locuaz y extrovertido.

- Los displásicos destacan especialmente en los delitos contra la moral, sin violencia. Esto
se explica, porque en este grupo se hallan los que presentan trastornos endocrinos
abortivos y del desarrollo constitucional del sexo.

C. Constitución y reincidencia delictiva: En este aspecto se observan las siguientes


tendencias:

- Los leptosómicos son los que presentan mayor reincidencia en el delito. A su vez son poco
corregibles, debido posiblemente a su temperamento, a su rigidez autista, frialdad y apatía.

- También los atléticos tienen alta reincidencia, pero algo menor que los leptosómicos.
- Los pícnicos presentan escasa reincidencia, siendo a su vez los más corregibles, lo que
concuerda con su temperamento de mayor adaptabilidad social.
- Los displásicos presentan también un grado significativo de reincidencia.
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Como afirma Castillón (1970), se puede deducir de todo lo visto, que los delitos se dan en
todos los blotipos, sean contra la persona, honestidad y robo. Variando en el modo, preferencias,
tiempo y época de delinquir.

[Link]. Limitaciones de la biotipología de Kretschmer: Si bien los estudios en base a la


tipología de Kretschmer parten de la observación y correlación de hechos, tales resultados no
constituyen una explicación criminológica válida del delito y del delincuente.

1) Primero, la explicación biotipológica de carácter somático ectoscópica, basado en formas


anatómicas, carece de rigor científico, y en cierto modo no pasa de ser una idea supérstite de la
comente frenologista de la primera mitad del siglo XIX; y así como hoy resultan absurdas las
explicaciones de la conducta moral humana por las formas externas del cráneo, así resultan sin
suficiente valor científico pretender explicaciones caracterológicas y criminológicas sobre la base de
las variedades corporales externas del ser humano.

2) En segundo lugar los biotipos describen formas corporales, las mismas que no siempre
son estáticas sino más bien dinámicas, que biográficamente varían con el desarrollo ontológico
humano, en función de la edad, nutrición y salud, lo que de hecho le quita solidez a las supuestas
correlaciones de la constitución con el temperamento, y mucho más con las de índole criminológica,
no pasando de ser aproximaciones descriptivas de una etapa vital del ser humano.

3) En tercer lugar, sólo se puede afirmar con seguridad que los delincuentes, estadística y
ectoscópicamente pueden ser catalogados en dichos biotipos, pero ello no explica una relación
causal del crimen. Además en la población, por lo menos en nuestro medio, generalmente
predominan los biotipos leptosómicos y son menos numerosas las formas corporales pícnicas, sobre
todo entre los jóvenes y los de adultez media, por lo que en las poblaciones criminales es de esperar
tales tendencias.

Asimismo no podemos desconocer que los tipos psicológicos o caracterológicos, son en


cierto modo tendencias observables en la población humana, con las limitaciones de ser tipos
ideales, ya que en la realidad táctica las formas mixtas caracteriales son mucho más frecuentes. Por
ello, como afirmaba Helmut von Bracken (1971, p. 30), incluso el propio Kretschmer abandonó "su
afirmación de que existe una relación específica entre constitución y el carácter, concentrándose en
cambio en el estudio del "temperamento" como le fue sugerido por la crítica de Allport".

3.3.2. LOS SOMATOTIPOS DE W. SHELDON: Hace setentiséis años atrás, en 1940, William
Sheldon (1899-1977), Stanley S. Stevens (1906-1973) y William B. Tucker (1905-1979) presentaron
la tesis de los somatotipos en la obra The varieties of human physique. An introduction to
constitutional psychology, que fue seguido por The varieties of temperament. A psychology of
constitutional differences en 1942 solo con la coautoria de Stevens (1955). Otro trabajo importante
de Sheldon, conjuntamente con Emil Hartl y EugeneMcDermott fue Varieties of delinquent youth.
An introduction to constitutional psychiatry, publicado en 1949, así como otros estudios.

En términos generales, la bitipología norteamericana consta al igual que la de Kretschmer


de tres somatotipos, pero a diferencia de los biotipos del profesor alemán, Sheldon y Stevens
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partieron de la premisa que el predominio de una de las tres capas u hojas embrionarias de la fase
blastular humana, determinaba el somatotipo. Al respecto se sabe que de la hoja embrionaria
endodérmica se van a desarrollar sobre todo las visceras y el estómago en particular; de la capa
mesodérmica los tejidos somáticos y los huesos; y de la hoja embrionaria ectodérmica el sistema
nervioso y la piel. Sin embargo, para la delimitación de los somatotipos se basaron en el estudio u
observación de fotografías de jóvenes varones desnudos, en posición frontal, de espalda y perfil,
efectuando una serie de mediciones.

Sheldon consideraba que en cada persona existía diverso grado de incidencia de los tres
componentes somatotípicos, la primera es la endomorfia, la segunda la mesomorfia, y la tercera la
ectomorfia. Los mismos que fueron valorados cuantitativamente, fluctuando cada valoración desde
un mínimo de 1 hasta un máximo de 7, según la menor o mayor frecuencia de sus rasgos
correspondientes.

[Link]. Somatotipos y temperamentos: Las características de los tres somatotipos ideales


son:

A. El endomorfo: tiene rasgos físicos similares al pícnico, e hipotéticamente sería el


resultado del predominio de la capa embriónica endodérmica. En este somatotipo, el sistema
digestivo está especialmente desarrollado. Desde el punto de vista cuantitativo la fórmula del
endomorfo ideal o extremo es: 7 -1 -1

Al igual que Kretschmer, Sheldon también halló correlaciones de cada uno de sus
somatotipos ideales, con otros tantos tipos de carácter o temperamento. Al respecto encontró,
luego de diversos estudios, 60 rasgos psicológicos, correspondiendo 20 a cada una de las tres
variedades de temperamento. En el caso del endomorfo, el tipo de temperamento dominante fue
denominado Viscerotónico, con. rasgos temperamentales parecidos al ciclotímico. Se caracteriza
por una actitud general de relajación, sociabilidad, amor a la comodidad, jovialidad, amabilidad y
extraversión, avidez de alimentos, gran interés por los demás seres humanos, por su afecto y
aprobación.
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B. El mesomorfo: Con características anatómicas similares al atlético, y que
hipotéticamente deriva del predominio de la capa embriónica mesodérmica. Por ello tiene mayor
desarrollo del sistema muscular y óseo. Cuantitativamente su fórmula ideal es 1 - 7 -1

En el mesomorfo, el temperamento dominante es el Somatotónico, que es similar al tipo


viscoso. En él predominan los rasgos de autoafirmación vigorosa; actividad enérgica y valor físico;
amor al dominio, al poder y al riesgo; maneras directas y osadas; claustrofobia; agresividad
competitiva; insensibilidad psicológica, ausencia de piedad y de delicadeza.

C. El ectomorfo: Con rasgos anatómicos similares al leptosómico, y que derivaría del


predominio de la capa embriónica ectodérmica. Su fórmula numérica ideal es 1 -1 - 7

En este somatotipo predomina el temperamento Cerebrotónico, que tiene características


similares al esquizotímico de Kretschmer. Con preponderancia de rasgos como: tendencia a la
inhibición y a la represión psíquica; deseo de ocultarse, soledad e introversión; imprevisibilidad de
la actitud y del sentimiento; hiperatento, rapidez excesiva de las reacciones; sociofobia y agorafobia.

[Link]. Somatotipos de Sheldon y delincuencia: Estudios del mismo Sheldon y otros


presentados en Varieties of Delinquent Youth:An Introduction to Constitutional Psychiatry" en 1949,
y de los esposos Glueck: Unraveling Juvenile Delinquency, así como Physique and Delinquency,
ambos de 1950, hallaron algunos resultados inesperados, en cuanto diferían de los obtenidos con
los biotipos de Kretschmer. El somatotipo Ectomórfico, equivalente al leptosómico, estaba poco
representado o casi ausente en los jóvenes delincuentes estudiados; mientras que el somatotipo
mesomórfico, y sobre todo el mesomorfo -endomórfico era más frecuente en los menores
antisociales, cuatro veces más que en el grupo de control (Anastasi, 1966; Mira y López, 1961;
Restén, 1963).

En otros términos, el mayor índice de criminalidad, sobre todo en jóvenes delincuentes, se


da en la forma mixta indicada, siguiendo en frecuencia el mesomorfo. Resultados similares halló
Castillón (1970) en España. Según Sheldon, la poca frecuencia del ectomorfo en el crimen,
concuerda con su inhibición y control (cerebrotonía) que son más intensos. Mientras que la ausencia
o escaso control, o cerebropenia (sufijo penia=pobreza), del mesomorfo-endomórfico, explicaría la
mayor frecuencia en la actividad delictiva de este grupo mixto. Sin embargo hay que anotar que el
mismo Sheldon afirma que estos componentes somáticos no llegan a constituir un índice directo de
inclinación a la delincuencia, ya que el predominio de este somatotipo o grupo mixto es también
frecuente en generales eminentes, directores de empresa y hombres de Estado.

A estos somatotipos se les pueden hacer las mismas críticas que a los biotipos de
Kretschmer, no obstante que pretenden fundarse en bases embriónicas, pero que realmente
quedan en el terreno hipotético. Asimismo las correlaciones criminológicas no tienen características
diferenciales específicas, incluso como el mismo Sheldon lo reconoce, lo que le resta valor e
importancia.
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No obstante las críticas a esta concepción de los somatotipos, existen algunos estudios
posteriores que consideran válida la aplicación criminológica de los tipos somáticos de Sheldon,
como el de Juan B. Cortés y Florence Gatti, presentada en el libro Delinquency and Crime: A
biosychosocial approach, de 1972, quien luego de una investigación sobre 100 delincuentes y un
grupo de control, conformado por 100 alumnos de un college privado, concluyó que existían
diferencias físicas entre delincuentes y no delincuentes, siendo los criminales más mesomórficos,
unido a otros datos socio familiares caracterizados por menos control y disciplina. Igualmente Emil
Hartl, Edward Monnelly y Roland Elderkin, reafirman la tesis de Sheldon en su obra Physique and
delinquent behavior. A thirty years follow-up of William H. Sheldon’s varíeties of delinquentyouth,
publicado en 1982.

Un estudio posterior que acoge la visión de Wiliam Sheldon, es el libro Somatotyping


development and applications, editado en el año de 1990, por

J. E. Lindsay Cárter y Barbara Honeyman Heath.

3.4 GENETICA CRIMINAL

Este es un capítulo polémico, y no obstante que en la actualidad no es frecuente hablar de


herencia criminal, el tema no está totalmente cerrado, el mismo que tuvo muchos defensores hasta
la mitad def siglo pasado. De todo lo debatido y que todavía se discute en nuestros días, podemos
concluir que esta problemática se puede analizar en dos vertientes, una relativa a la herencia
criminal en estricto, y [Link] a las alteraciones cromosómicas y genéticas en particular
y la criminalidad.

3.4.1. LA HERENCIA CRIMINAL: Si entendemos la herencia, como la transmisión de rasgos


psicosociales o tendencias crimi nales de los ancestros en el comportamiento de los descendientes,
podemos a priori negar la tesis de la herencia criminal, no sin dejar de aclarar que esto no constituye
un desconocimiento absoluto de la herencia biológica, cuyas características pueden tener diverso
grado de incidencia concomitante en el comportamiento psicosocial humano. Consideramos que
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mucha discusión se ha desatado al respecto, cuando se ha empleado el término herencia en un
sentido muy amplio, rebasando la idea común que supone la transmisión de padres a hijos de ciertas
características, no sólo biológicas sino también psicosociales, que tendrían íntima conexión con el
comportamiento criminal. Esto lo veremos mejor cuando hagamos una sumaria revisión crítica de
los estudios de las "familias criminales" y sobre todo el "estudio de Ios gemelos".

Las investigaciones biogenéticas se remontan, según muchos autores, a 1866 cuando


Gregorio Mendel (1822-1884) publicó un artículo sobre la herencia, llamada luego mendeliana, y
que fue "redescubierta" en 1900. Hoy se sabe que cada progenitor aporta un cincuenta por ciento
de la herencia en la constitución del nuevo ser (esperma + óvulo), el mismo que pasa por un periodo
de desarrollo intrauterino, y ya nato por una experiencia compleja biopsicosocial de duración
variada, según el tiempo de vida de cada individuo. Por ello se puede afirmar, en términos muy
generales, que toda conducta es resultante a la vez del medio como de la base biológica, y dentro
de ésta de los elementos hereditarios. No podemos afirmar con certeza qué es lo mas importante,
ni el volumen de incidencia de cada uno de ellos, pero si podemos precisar que todo unilateralismo
que pretenda explicar determinadas formas de comportamiento humano, como es el crimen y el
fenómeno antisocial, no puede seguir sólo soportes innatistas ni tan solo ambientalistas. Como
dicen Singer y Singer (1971, p. 40), "las conductas no se heredan. Lo que se hereda son las
estructuras físicas, con las capacidades correspondientes de responder a un cierto margen de
acciones exteriores". Es así que el hijo no hereda el miedo o el temor de sus padres, pero si puede
heredar un sistema nervioso sensible al ruido y al dolor que favorezca la reacción exagerada ante
los respectivos estímulos. En este caso es comprensible que este niño esté más propenso a adquirir
miedos y temores, frente a otro niño que hereda un SN menos sensible, pero en ambos casos en
función de las condiciones psicosociales del entorno.

Los procedimientos antiguos de investigación sobre la "herencia criminal" se han basado


sobre todo en el estudio de las familias criminales, estadísticas de patología en familia de
delincuentes, y estudió de los gemelos, constituyendo este último procedimiento el que mayor
importancia tiene al respecto.

[Link]. Estudio de familias o genealogía del delincuente: Los

antecedentes de este procedimiento de estudio retrospectivo, se remontan al trabajo


realizado por Francis-Galton (1822-1911) presentado en 1869 en su obra Hereditary genius,
respecto a la herencia de ciertos atributos geniales. Años después, en el siglo XIX y luego en el siglo
XX, se efectuaron una variedad de estudios sobre "familias criminales", a través del análisis de
generaciones sucesivas, habiéndose hallado una importante actividad delincuencial en la
descendencia de tales familias, lo que según los autores de la época era el argumento contundente
para afirmar la herencia de la criminalidad.

Las "familias criminales" más famosas fueron la de los Juke, estudiada por Richard L.
Dugdale (18411883) en Estado Unidos, presentada en su libro: Los Juke: un estudio del delito,
miseria, enfermedad y herencia, de 1875, en la que consideró a 709 descendientes de la cabeza de
familia que fue un alcohólico, hallando cerca de 77 delincuentes, 202 meretrices y proxenetas, 142
vagabundos y otros de conducta desviada. Asimismo la familia Kallikak, estudiada por Henry H.
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Goddard (1866-1957) presentada en la obra: La familia Kallikak: un estudio sobre la herencia de la
debilidad mentaí, en 1912. Otras supuestas familias criminales son los Zero, Nams, Viktoria entre
otros. Sin embargo, los argumentos deducidos de estos estudios para probar la "herencia criminal"
son cuestionados y hoy sólo tienen valor de referencia histórica. Incluso autores como Exner (1946),
que daba especial importancia al factor natural, afirmó que no obstante que son estudios orientados
a probar esta posibilidad causal, "científicamente no es posible deducir conclusiones exactas de
ellas".

Igualmente López Rey (1945) consideró que no hay familias crimínales, ya que en tales
estudios se aprecia también la coactuación del ambiente en la aparición y propagación de la
delincuencia. Ideas similares argumentó Benigno Di Tullio (1966), al señalar que tales familias
provenían de los estratos sociales más bajos, y por tanto la conducta antisocial y delictiva de dichos
grupos, no es posible precisarla si es efecto de disposiciones hereditarias o de situaciones
ambientales. Otro argumento que habría que agregar es que desde el punto de vista metodológico,
el control de las variables y condiciones que jugaron en el comportamiento de tales "familias
criminales", no fueron controladas, por razones obvias, lo que evidentemente no permite tomar con
seguridad tales resultados.

[Link]. Estudio estadístico patológico de familias criminales: En este procedimiento se


pone mayor cuidado en el dato estadístico y en la información más directa. Como reseña Exner, lo
que se hace es partir del estudio dé un grupo de delincuentes, e investigar si en su ascendencia o
demás familiares se presentan anormalidades que puedan indicar alguna "tara hereditaria". En
otros casos, se inicia el estudio de un grupo de personas anormales o con patología determinada, y
se investiga si en su descendencia o demás familiares es frecuente el delito. Sin embargo, en este
procedimiento las correlaciones tampoco son lo suficientemente significativas, para deducir
explicaciones basadas en la herencia, ya que no se delimitan con claridad las condiciones
ambientales de los patológicos y su papel o incidencia en la criminalidad. Además, hoy se niegan
también, las antiguas, afirmaciones de transmisión hereditaria de ciertas patologías como las sífilis,
tuberculosis, epilepsia, alcoholismo, entre otras anomalías, sin dejar de considerar que desde luego
existen pruebas de la heredabilidad de otros trastornos o enfermedades.

En resumen, la incidencia delictiva en descendientes de padres delincuentes o de personas


con trastornos de personalidad disocial (psicópatas) u otras patologías, que todavía se arguye por
los seguidores de este tipo de "prueba" de la herencia criminal, se desvirtúa al señalarse que el
medio familiar y psicosocial que genera un padre con dicho trastorno de personalidad o conducta
criminal, tiene también un papel muy importante en la conducta antisocial o criminal de los
descendientes, comparado con la población "normal", por lo que este argumento no constituye una
prueba objetiva de tal herencia, apreciándose mas bien una omisión del factor medio ambiente.

[Link]. Estudio de los gemelos: En este tipo de estudio se han tomado en cuenta dos
variedades de gemelos, los dicigóticos y los monocigóticos. Los gemelos dicigóticos, llamados
también "fraternos", se consideran de menor interés genético, puesto que provienen de dos o más
óvulos fecundados cada uno por un espermatozoide diverso. Realmente se trata de dos hermanos
comunes que por el azar son concebidos casi al mismo tiempo, se desarrollan conjuntamente y
nacen también en la misma fecha.
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Los gemelos univitelinos denominados también monocigóticos o idénticos, provienen de un
sólo óvulo y de un solo espermatozoide que lo > fecunda, pero que por un accidente de desarrollo
el huevo sufre una escisión formándose dos embriones separados, y tienen por tanto genes
idénticos. Estos gemelos idénticos o monocigóticos son del mismo sexo, mientras que los dicigóticos
o divitelinos generalmente son de diferente sexo. Además los univitelinos son relativamente raros,
y la tasa de-nacimientos de esta variedad de gemelos en el mundo oscila entre 3 y 4 por mil. Se ha
determinado pues que aproximadamente de 240 nacimientos se da una vez el gemelo idéntico o
univltelino. A estos gemelos se les llama también monocigóticos porque provienen de un solo
cigoto.

En cuanto a la correlación de la criminalidad entre tales gemelos, se han realizado diversas


investigaciones, siendo una de las primeras la de Johannes Lange (1891-1938), presentada en su
obra El delito como destino de 1929, hace 87 años atrás. El halló que en 10 de sus 13 parejas de
univitelinos ambos tenían comportamiento criminal, o sea el 76%, y en solo 3 parejas había
discordancia; en tanto que de 17 bivitelinos, sólo en 2 casos ambos habían cometido delito, o sea el
12%. Más tarde se hicieron estudios similares, por Auguste Legras en1932, Aaron Rosanoff de 1934,
Friedrich Stumpfl en 1936, Heinrich Kranz de 1936 y C.A. Borgstróm en 1939, con cantidades algo
mayores de parejas de gemelos, excepto el de Legras y Borgstróm. En el grupo de Kranz que era el
más grande, se halló en sus 31 pares de gemelos univitelinos, que 20 de ellos concordaban en
conducta criminal (64.5.%), mientras que en los dicigóticos, de 43 parejas, .23 concordaban en
comportamiento delictivo (53.4%).

Los partidarios de la herencia criminal se basan en tales resultados para defender dicha
tesis, cuya prueba sería el alto porcentaje de concordancia criminal entre gemelos univitelinos, muy
superior al de los fraternos. En este sentido, según el psicólogo Hans Eysenck (1976), del total de la
suma de 225 parejas de gemelos adultos estudiados por los seis autores citados, en 107 parejas de
univitelinos se aprecia que el 71 % concuerda en delincuencia, y que en 118 fraternos sólo el 24%
tiene dicha similitud criminal, lo que demostraría "fuera de dudas, que la herencia juega un papel
importante, y quizá un papel vital, en la predisposición a la delincuencia" (Eysenck, 1976, p. 86). Más
tarde se han efectuado otras investigaciones, obteniéndose resultados semejantes a los anteriores.
Sin embargo, un estudio retrospectivo de gemelos nacidos entre 1880 y 1910 en Dinamarka
efectuado por K. O. Christiansen en 1968, y analizado con más detalle en 1970 y en T974, halló
correlaciones menos significativas: la concordancia delictiva fue de un 35.8% en los gemelos
univitelinos y 12.3 % en gemelos bivitelinos, dentro de 67 y 114 casos de varones respectivamente.

Algunos autores con énfasis biologista, como Exnery Di Tullio, afirman que si bien no se
puede excluir una influencia hereditaria en la predisposición a la criminalidad, ello no significa dejar
de lado las condiciones ambientales. Asimismo, H. Eysenck que si bien hace casi una apología del
trabajo de Lange, afirmando que los estudios posteriores sobre gemelos corroboran notablemente
la tesis de dicho autor, no obstante anota que "quizá no nos permiten afirmar tan rotundamente
como él que la delincuencia es, efectivamente un destino"(1976, p.85), aceptando también las
influencias del entorno. De modo parecido se pronuncia Raymond Cattell (1972), cuando considera
que esta conducta está en parte, "genéticamente determinado", aunque no descarta el factor
ambiental; similar idea postulaba Auerbach (1962).
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Los ambientalistas como Donald West, Manuel López Rey, entre otros, niegan total o
parcialmente la importancia de este tipo de condicionamiento del crimen. Las críticas de esta
vertiente ponen el acento en diversos puntos de vista como los siguientes:

En el ámbito metodológico se afirma que la muestra no está claramente seleccionada, no


existen ideas precisas al respecto, si se tomó adecuadamente o existieron omisiones importantes.

La distinción entre gemelos divitelinos y univitelinos no está plenamente garantizada, sobre


todo en los estudios más antiguos.

El número de casos en tales estudios es pequeño, y algunas investigaciones como el de


Legras: 4 parejas de univitelinos y 5 fraternos, realmente no merecen ser tomados en cuenta, pero
se incluyen en los cuadros consolidados de todos los estudios hechos, por quienes aceptan estos
resultados (Exner, Eysenck, Cattell), y ello eleva el porcentaje final.

Asimismo, otros autores contemporáneos afirman, respecto al estudio de mellizos


univitelinos, en aspectos como la inteligencia y la personalidad, que el número de estos gemelos en
la población es pequeño, y que los casos tomados para las investigaciones constituyen una
excepción dentro de toda la población, y que los resultados hallados en este grupo especial, no
tendrían relevancia para probar la herencia en toda la población común mayoritaria. En muchos
aspectos, dice Philip E. Vernon (1905-1987), al estudiar los factores genéticos en la inteligencia, "los
gemelos constituyen una muestra bastante peculiar, por lo que no debemos depositar tanta
confianza como los autores anteriores en que sean la fuente sobresaliente de evidencias para la
heredabilidad en la población en general" (1982, p. 177).

En la mayoría de casos, no se precisan claramente los ante cedentes delictivos de los padres
de tales gemelos "criminales". Sólo las referencias de Lange indican que buscó "gemelos univitelinos
cuyo padre era criminal" y luego estudió la conducta del otro (Exner, 1946).

Estudios evaluativos más mesurados,, respecto de las diversas investigaciones que se


inclinan en mayor o medida sobre la herencia criminal en base al estudio de los gemelos, también
se han desarrollado desde el siglo pasado , siendo más cautos al respecto (Carey, 1992; Walters,
1992 )

Además de las críticas anotadas, podemos adicionar que no existen datos suficientes sobre
las situaciones explicativas centrales, en el sentido de saber acerca de la criminalidad del padre o de
la madre o de ambos, y qué porcentaje de hijos gemelos son delincuentes, para hablar de herencia
criminal. Lo que más bien se ha enfatizado son los aspectos de vinculación familiar en línea
horizontal, con determinadas características de comportamiento más o menos semejante en ambos
grupos de mellizos, como supuesta prueba de la herencia criminal.

Al respecto es factible que bases biológicas casi idénticas, que se dan en los univitelinos,
originen reacciones o conductas sociales semejantes, mucho más que en organismos disímiles como
de los fraternos o hermanos comunes. No se trata, desde nuestro punto de vista, de condiciones
delictivas heredadas, sino de organismos idénticos que manifiestan reacciones conductuales muy
parecidas, que incluso propician un trato más semejante por el entorno social.
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Sin negar el valor de los aspectos biogenétlcos, el comportamiento psicosocial del ser
humano no es transmitido hereditariamente, como si lo son los rasgos físicos. Asimismo es
innegable que la constitución biológica y sobre todo el sistema nervioso, regulan la conducta pero
no en un sentido mecánico. En suma, la conducta humana está condicionada tanto por el medio
ambiente como por la constitución. Al respecto, Raymond B. Cattell (1905-1998) señala que
debemos considerar los diferentes elementos biogenéticos y orgánicos, sin confundirlos con la
herencia. Dentro de lo heredado se incluye la contribución de los padres en el momento de la
fecundación. Lo innato está en los genes, pero no es heredado sino que es consecuencia de las
mutaciones y segregación de los genes. Lo congénito, esto es lo que está presente desde el
nacimiento, y no siempre es heredado, sino que es consecuencia posgenética en el seno materno.
La constitución es la base biofisiológica general que puede experimentar algunas modificaciones
después del nacimiento.

En términos sumarios, lo heredado está dado por los elementos presentes en las células
germinales del padre y la madre, que se unen en el momento de la concepción y pasan al nuevo ser.
Por otro lado, todo lo que está presente en el momento del nacimiento es lo congénito, llamado
también por otros innato, pero que no es lo mismo que heredado, porque precisamente durante el
periodo de desarrollo intrauterino, ocurren una serie de fenómenos que van a configurar al nuevo
ser; y este potencial biológico o constitucional que sigue su proceso constante, va a interactuar
luego con el medio ambiente natural y social, y de cuyo interjuego se van a desenvolver las diversas
manifestaciones del comportamiento humano. Por ello hablar de "herencia criminal", resulta una
tesis unilateral y exagerada, y como dice Castillón, es uri estudio ya desfasado (1970).

3.4.2. ALTERACIONES CROMOSOMICAS Y CRIMINALIDAD: Se

sabe actualmente que los cromosomas son las estructuras celulares responsables de la
transmisión de los caracteres hereditarios, y se hallan en la parte nuclear de todas las células del
organismo, aunque se considera que los genes contenidos en los cromosomas, tienen el papel
principal en la transmisión hereditaria. Debemos anotar que recién desde el año de 1956, como
resultado de las investigaciones de Joe-Hin Tjio (1919-2001) de Indonesia y Albert Levan (1905-
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1998) de Suecia se estableció que el número de cromosomas de la especie humana es de 46 (“The
cromosome number of man”, Hereditas, vol. 42, Sweden, 1956, pp. 16)

[Link]. Mapas cromosómicos o cariotipos: Como se acaba de señalar, en todas las células
del organismo humano existen 46 cromosomas. De todos ellos 22 parejas son los llamados
cromosomas homólogos o autosomas, y la pareja 23 o gonosoma está conformada por los dos
cromosomas sexuales o heterocromosomas, XY en el hombre y XX en la mujer.

Las células germinales tienen por su parte un número de cromosomas igual a la mitad de
las somáticas, esto es 23 cromosomas cada espermatozoide y 23 cromosomas cada óvulo, uno de
los cuales o heterocromosoma es el sexual, X o Y en el varón y sólo X en la mujer. Es por ello que
para la determinación del sexo de un nuevo ser humano, tiene papel importante el padre, ya que si
un espermatozoide X fecunda un óvulo que siempre es X, se dará origen aun individuo femenino
(XX); pero si se trata de un espermatozoide Y que es el que fecunda un óvulo se tendrá un nuevo ser
varón (XY). Los genetistas representan en mapas cromosómicos o cariotipos a todos los elementos
que tienen que ver con la transmisión de los caracteres hereditarios. La notación de un cariotipo
normal del varón es 46 XY, y para la mujer 46 XX. Se indica en estos casos el número de los
cromosomas y luego los cromosomas sexuales.

[Link]. Trastornos cromosómicos: En los estudios genéticos efectuados hasta nuestros


días, se han encontrado alteraciones en el cariotipo, ya sea por la existencia en exceso de uno o más
cromosomas o por la ausencia de uno de ellos, o la presencia de dos fórmulas cromosómicas
(mosaicos), entre otras anomalías, las mismas que tienen a su vez diversa incidencia en la conducta
del sujeto afectado, destacando entre otros, los siguientes:
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1) Síndrome de Tumer: alteración cromosómica en la mujer, caracterizada por la ausencia
de un cromosoma X, por lo que el cariotipo tiene la fórmula 45 X 0. Esta alteración generalmente
produce anomalías físicas, como baja estatura, genitales infantiles, y algunas pacientes presentan
disminución del rendimiento intelectual.

2) Síndrome Triple X: un cromosoma X en exceso en una mujer da lugar al síndrome llamado


también de la "superhembra", por su fórmula 47 X X

X. Se caracterizan por sér sexualmente infantiles, amenorreicas, además en muchos casos


presentan retraso intelectual. No tiene mayor importancia criminológica.

3) Síndrome de Klinefelter: un cromosoma X demás en un varón origina este síndrome, cuya


fórmula es 47 X X Y. Generalmente se caracteriza por tener testículos pequeños, esterilidad,
ginecomastia, déficit mental y anomalías de conducta, aunque otros son aparentemente normales.
Según María Martin (1979), estos sujetos presentan rasgos de agresividad e inestabilidad afectiva,
por lo que el riesgo de conducta antisocial en ellos es parecido al de los sujetos XYY que veremos
luego. Similar criterio plantea Roberto Serpa (1979) al señalar que hay correlación entre la
delincuencia y este síndrome.

4) Síndrome de Doble Y: Alteración cromosómica de varones que tienen un cromosoma Y


demás, cuya fórmula es 47 X Y Y y representa al llamado también "síndrome del supermacho". El
primer hombre que se descubrió con esta anomalía fue en el año de 1961, por el genetista Avery A.
Sandberg y colaboradores (“An human XYY male”, The Lancet, 1961, p.488-9), y se trataba de una
persona aparentemente normal, pero con una hija con el síndrome de Down. Se afirma que los
hombres con esta alteración, son mayormente de estatura alta, con nivel intelectual límite o
inferior, inestabilidad emocional, agresividad, precocidad delincuencial y reincidencia. Sin embargo
hay que señalar que también se han hallado individuos XYY no delincuentes y aparentemente
normales.

Es recién a partir de 1965 que se hallaron, correlaciones entre la alteración 47 XYY y la


conducta antisocial, por la genetista británica Patricia

A. Jacobs (n.1934) y colaboradores (“Aggressive behavior mental subnormality and the XYY
male”, Nature, 208,1965), quienes estudiaron a 197 pacientes mentalmente anormales que recibían
trata miento en una institución especial de seguridad en Escocia, porque se trataba de personas con
tendencias peligrosas, violentas o antisociales, encontrando que siete de ellos, 3.5 por ciento, tenían
alteraciones cromosómicas tipo XYY, que es una incidencia más alta que en la pobla ción común,
por cuanto de 1,500 varones examinados de la población general, sólo hallaron los mismos autores
un solo caso de XYY.

En 1966 W.H. Price y otros, compararon 9 débiles mentales y un esquizofrénico de conducta


criminal y grupos de control, concluyendo que el número de delincuentes con este trastorno
cromosómico era significativo. M.D. Casey y colaboradores en 1966 y 1968, según la reseña que
hacen A. Ellis y J. Güilo (1978), hallaron una incidencia de 24 por ciento de XYY, en varones
mentalmente subnormales y que estaban detenidos por actos antisociales, comparado con la
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ausencia de tales cromosomas en "prisioneros normales" y la población normal. Son también
importantes los informes de W.M. CourtBrown de1967 y 1968; Mary Telfer y otros en1968; A.A.
Bartholomew de1968; D.J. Bartlett, W.P. Hurley y otros también en1968; Saúl Wiener y otros
igualmente en 1968; R.F. Daly en 1969; Michael Carrera de 1970, entre otros.

Saleem A. Shah ya decía en 1970, que hasta la fecha de su informe la opinión era que los
trastornos conductuales implicados u observa dos, no indican una relación directa de causa a efecto
con las estructuras cromosómicas XYY, y que además no se había corroborado que estos individuos
sean más agresivos que los agresores con cariotipo normal, y que más bien la estatura alta si parece
ser una característica más frecuente de esta anomalía cromosómica. Según Castíllón" (1970, p.230),
aún quedaban "muchos estudios por hacer. Primero hay que valorar el déficit mental si es o no
atribuible al 47 XYY. Los trastornos psicosexuales parecen más lógicos porque es un cromosoma
sexual. Por último un cierto número de estos super Y son errores de técnica”, al respecto se afirma
en alguna literatura relativa al tema, que por ejemplo el asesino Richard Speck, convicto de matar a
8 enfermeras en 1961 (USA), tenía una constitución cromosómica XYY (Ellis y Güilo, 1978), sin
embargo se comprobó luego que no portaba dicha anomalía (Johnson, 1976). Sin embargo, el
especialista danés Johannes Nielsen en 1971 consideraba, que cuanto mayor sea el cromosoma Y
de una persona, mayor es la probabilidad de que cometa un delito violento, habiendo publicado
una variedad de trabajos sobre esta materia

En el campo forense es famoso el caso del asesino Daniel Hugon, visto en Paris en 1968, en
el que su defensa argüyó como causal de inimputabilidad el hecho de que tuviera un cromosoma Y
extra. En base a ello el tribunal le impuso una pena reducida de 7 años, en vez de los 20 que se había
solicitado. Asimismo en Australia, un joven de 21 años, Lawrence Hannell, que había asesinado a
una viuda anciana de 77 años, y que tenía el cariotipo 47 XYY, fue absuelto en base de que estaba
legalmente loco. Un reporte mas equilibrado del tema es desarrollado por Susan Horan (1992)

Asimismo, el análisis de estos estudios sobre el síndrome doble Y, que pretenden


considerarlo como un factor de la conducta criminal, nos lleva a las siguientes conclusiones:

Esta anormalidad, con incidencia porcentual no es significativa en la población criminal, sólo


sería un posible factor cromosómico contribuyente de la delincuencia masculina.

El porcentaje de criminales con este síndrome es variable en los diversos estudios, y es


probable que el volumen más alto no exceda del 5 por ciento en alguna población de reclusos, hasta
grupos delictivos en que no exista ningún caso de doble Y.

Según datos hallados hasta hoy, existen también personas no delincuentes con dicho
trastorno XYY, lo que contraría la supuesta tendencia criminal de quienes son portadores de este
cariotipo.

Hay que considerar que en esta anormalidad se presenta a veces un desarrollo intelectual
límite o trastorno mental, impulsividad y tendencia a una alta estatura, que pueden favorecer
alguna forma de conducta agresiva, pero no a un destino criminal inexorable.

También es importante indicar que esta alteración cromosómica no es hereditaria, ya que


se han observado personas XYY que tienen hijos sin dicho trastorno.
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En resumen, es una deducción precipitada pretender encontrar el origen del crimen en las
profundidades intracelulares, en el fondo cromosómico sexual del hombre, obviando que el delito
es un hecho sobre todo social, sin olvidar sus condiciones psicobiológicas.

3.4.3. GENETICA DE LA VIOLENCIA: El desarrollo de la genética ha originado que los estudios


actuales hayan descubierto el papel de los genes en ciertas particularidades del individuo como la
agresividad, dentro de esa línea de interés se vienen investigando su influencia en diversos ámbitos
del comportamiento humano así como en sus patologías.

El estudio de la relación de algunos genes con la conducta violenta es objeto de interés de


muchos investigadores, lo que ha generado que se hable incluso en forma irreal del gen del crimen
o el gen del mal. Sin embargo no se descarta la importancia de estudios más específicos, sobre todo
vinculados con la agresividad, así como con ciertos trastornos de la personalidad caracterizados por
expresar algunas tendencias hacia el comportamiento violento. Al respecto L. Siever (2008, p. 405)
anota que se “han explorado algunos genes candidatos en relación con la agresividad impulsiva o
con trastornos caracterizados por un nivel elevado de agresividad”, sobre todo los genes
relacionados con la serotonina, las catecolaminas y otros neuromoduladores. Asimismo el informe
de Irene RebolloMesa et al. (2010, p. 533), en base a los estudios más recientes considera que “se
puede afirmar que un complejo mapa genético en el que tendrían cabida multitud de genes
diferentes que están implicados en la codificación del funcionamiento de los sistemas de
neurotransmisión, así como del sistema neuroendocrino, regularía la conducta agresiva y violenta”.
Se menciona también por los mismos autores que en un estudio de Haberstick et al en el año 2006,
se halló que “los niños portadores del alelo corto del gen transportador de la serotonina mostraban
niveles significativamente más altos de conducta agresiva” Asimismo, agregan que han encontrado
que otro gen “candidato prometedor para la conducta agresiva es el de la MAO-A, un gen del
cromosoma X que está implicado en la regulación de los mecanismos de la serotonina, la
norepinefrina y la dopamina en el cerebro” (Rebollo-Mesa, 2010, p. 536). Diversos otros genes
relacionados con los sistemas serotoninérgicos y catecolaminérgicos se vinculan con un pobre
control de los impulsos, pero estos estudios no niegan el papel concomitante, contribuyente o
precipitante del ambiente en la eclosión del comportamiento violento (Jara y Ferrer, 2005).

3.5 TRASTORNOS NEUROLOGICOS Y CRIMEN

La tesis de que ciertas alteraciones, lesiones o enfermedades del encéfalo, tienen alguna
relación con la conducta criminal no es nueva, y en diversa dimensión ha sido considerada en
algunas teorías biocriminológicas. Sin embargo, las apreciaciones al respecto han tenido también
un importante grado de desarrollo y precisión, en función del avance en las investigaciones
neurológicas, particularmente de la neurociencia y áreas afines en las últimas décadas, existiendo
una ingente producción de trabajos al respecto, pudíendo recordarse un libro polémico del año de
1970, Violence and the brain, publicado por Vernon H. Mark y Frank. R. Ervin, en Estados Unidos, así
como la obra de Kenneth E. Moyer The psychobiology of aggression, editado en 1976, entre otros
estudios afines.
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Al respecto debemos indicar esquemáticamente las principales partes del encéfalo, en el
cual, en un sentido ascendente encontramos al bulbo raquídeo o médula oblongada; luego al
mesencéfalo que comprende a la protuberancia anular y al cerebelo; al diencéfalo; y, al telencéfalo
(cerebro) que está constituido por los hemisferios cerebrales y ganglios básales, y luego revisaremos
las que en este caso nos interesan, como el lóbulo frontal, lóbulo temporal anterior, el hipotálamo,
la amígdala, entre otros (J.M. Muñoz et al.,2001)

3.5.1. SINDROME POSTENCEFALITICO Y CRIMEN: Desde las primeras décadas del siglo
pasado se consideró importante, por diversos especialistas, la influencia de la encefalitis epidémica
(Di Tullio, 1950; Exner, 1946), que produce alteraciones en ciertas áreas del cerebro y secuelas en
la personalidad, especialmente en los niños o menores. Trastornos que en algunos casos llegan
hasta ser factores de riesgo de diversas conductas desviadas.

Dicha encefalitis epidémica o encefalitis letárgica fue descrita e identificada en 1917 por
Constantin Von Economo (1876-1931), y afectó en las primeras décadas del siglo XX a muchas
personas, sobre todo niños, pero desde 1925 son pocos los casos que se informan. La lesión ataca
diversas áreas del cerebro, sobre todo los núcleos subcorticales que tienen relación con la
emotividad y. otros aspectos. En su forma aguda se expresa en dos formas que a veces se
confunden: el tipo hipersómnico-oftalmopléjico y el tipo irritativo-hipercinético. En la fase crónica,
de muchos enfermos que sobreviven a la fase aguda, se observa diversa sintomatología, que es lo
que nos interesa.

Di Tullio (1966, p. 89) decía que produce "gravísimas alteraciones del carácter y de los
sentimientos éticos. En algunos casos, la misma enfermedad provoca paroxismo de crueldad brutal,
fenómenos de persistente e inmotivada agresividad, profundas perversiones sexuales, de los que
puede originarse la más grave actividad delictiva". También Heuyer (1959) anotaba al respecto, que
como secuela de la encefalitis ocurren trastornos de carácter, sobre todo en niños. El psiquiatra
soviético, Izmail Sluchevski (1960) señalaba asimismo que la encefalitis epidémica en la infancia
puede ser motivo de manifestaciones psicopá ticas, que se expresan en la lasitud y falta de actividad
del menor. Otros en cambio se mueven mucho, son impertinentes, sus deseos sexuales y por los
alimentos son excesivos. También son impulsivos, con tendencia a la agresión y el robo. León
Michaux (1960), psiquiatra francés, estudió los casos que él llamaba de "perversidad instintiva
adquirida", como secuela de la "encefalitis epidémica" en niños perversos. Arthur Noyes y L. Kolb
(1966 p.180), psiquiatras norteamericanos, expresaban que la "sobreactividad continua, la
irritabilidad emocional y la impulsividad del primer periodo, iban seguidas en algunos casos por el
hábito de mentir, robar o huir, o por crueldad, delitos sexuales graves y otras formas de conducta
comparables, en muchas de sus manifestaciones externas, a la conducta que se presenta en los
niños psicópatas.". El psiquiatra forense alemán Albrecht Langeluddeke (1972), presentó a su vez
una variedad de casos postencefalíticos con conducta antisocial, y que según su experiencia se
caracterizan por tender hacia los trastornos sexuales y los delitos de esta esfera sobre todo, sin que
sean sus únicas manifestaciones. En este síndrome, según Vicente Cabello (1981, p. 230), ocurren
"impulsos instintivos nacidos de una paleopsiquis enferma (agresión neuronal de los núcleos grises
de la base) fuera del control inhibitorio de la noopsiquis (manto cortical), que acarrea la liberación
consciente pero involuntaria de las tendencias instintivas".
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Actualmente, dentro de la clasificación de los trastornos mentales se incluye el síndrome
posencefalítico, como una variedad de los Trastornos de la personalidad y del comportamiento
debidos a enfermedad, lesión o disfunción cerebral, síndrome que produce cambios de
comportamiento residuales, cuyos “síntomas no son específicos y varían de unos a otros individuos,
de acuerdo con el agente infeccioso” (OMS, 1992, p. 93). Lo que significa que no siempre las secuelas
producen un riesgo de conductas desviadas en todo los afectados. Asimismo, no debemos olvidar
que la valoración, de estas secuelas de la encefalitis en la conducta, hay que hacerla dentro de un
contexto no solamente de tipo neuropatológico, sino también o además psicosocial, parecer que ya
lo indicaban Noyes y Kolb.

3.5.2. SINDROME DEL LOBULO FRONTAL Y AGRESIVIDAD: Este trastorno se presenta en


ciertos casos de lesión o alteración en determinada zona del lóbulo frontal del cerebro, el mismo
que tiene tres grandes áreas: orbital, medial y dorsolateral (Ardila y Ostrosky, 2012; Flores y
Ostrosky, 2008). Sobre todo cuando se altera la corteza orbital u órbitofrontal, o si hay interferencia
de sus conexiones, pueden originar cambios en el comportamiento del paciente, tales como
disminución general del autocontrol, la previsión, la creatividad y espontaneidad, apreciándose el
incremento de la irritabilidad, egoísmo, conductas antisociales, inquietud y falta de interés por los
demás.

Uno de los primeros casos vinculados con este tema es el accidente que sufriera Phineas
Gage (1823-1860) el 13 de setiembre de 1848, cuando era capataz en la construcción de una línea
de ferrocarril, a quien le penetró una barrena por debajo del ojo izquierdo y atravesó todo el lóbulo
frontal izquierdo, saliendo la punta por la parte superior de su cabeza. Fue atendido por el doctor
John M. Harlow (1819-1907), y mas o menos al mes del accidente se recuperó. Sin embargo,
habiendo sido antes del accidente un capataz eficiente, equilibrado y sensato, se produjo un cambio
en su personalidad de manera radical y permanente. Harlow, el médico que lo había atendido y que
escribió dos artículos sobre su caso, decía que después del accidente era "impulsivo, irreverente y
en ocasiones se permite las blasfemias más groseras (lo que antes no era habitual en él),
manifestando muy poco respeto por sus compañeros; no tolera las restricciones o ios consejos
cuando están reñidos con sus deseos". Para Mark Bear, Connors y Paradiso (1988), este infeliz
accidente es una de las primeras muéstras del importante papel que cumplen los lóbulos frontales
en la emoción. Según otros autores como Cabello (1982

B.), la "conciencia emotiva" está asentada en la corteza prefrontal y orbitaria, las mismas
que registran ios sentimientos que transmiten el hipotálamo y otros núcleos, confiriéndoles
cualidades de dirección, matiz y mesura de lo que se puede entender que lesiones o alteraciones en
esta área cortical, dificultarán el control necesario sobre los impulsos y la agresividad. Al respecto,
según opinión de C. Izquierdo (1984), Claude Morand (1980), entre otros, los lóbulos frontales
juegan un papel importante en la manifestación de la conducta agresiva. En personas que
previamente tenían características de energía, inquietud o agresividad, puede haber un cambio
hacia la impulsividad y la jactancia, estallidos de ira, chistes pueriles e inoportunos y desarrollo de
ambiciones desorbitadas e irreales (OMS, 1978). Ocurren pues alteraciones de la conducta que
pueden derivar a veces en actos de agresión delictuosa; sin embargo no toda lesión del lóbulo
frontal favorece necesariamente reacciones de irritabilidad y agresividad, dependiendo del área
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específica y las características de la personalidad previa que tenía el paciente y las circunstancias
contribuyentes o precipitantes.

Bogorodinski y colaboradores (1979) hablaban de "ataques de automatismo frontal",


caracterizados por alteraciones psíquicas paroxísticas complejas con trastornos de la conducta,
durante los cuales los pacientes inconscientemente realizan, en forma automática, acciones que
pueden ser peligrosas para quien los rodea como incendio, asesinatos, etc. El ya citado Di Tullio
(1966) señalaba también la importancia de los lóbulos frontales, por su función de coordinación y
de síntesis intelectual y su capacidad inhibitoria en la conducta humana. Por lo que se deben
considerar los trastornos del lóbulo frontal, sean genéticos, tóxicos, lesiónales o patológicos, en las
causas del crimen, enfatizando demasiado su influencia. Langeluddeke (1972), igualmente
consideraba especialmente importante las lesiones cerebrales de la región frontal, que originan en
ciertos casos, profundas alteraciones de la personalidad, a veces con elevada irritabilidad y falta de
inhibición, que pueden favorecer una conducta delictiva. Estudios posteriores reafirman estos datos
(Alcázar-Córcoles, 2010; Gil-Verona et al., 2002; Moya-Albiol, 2004; Siever, 2008), sin embargo
debemos reiterar al repecto, que este problema debe ser considerado una variable de riesgo de una
posible conducta desviada, no como una causa o factor determinante.

Otros estudios consideran también, que el tipo de constitución o particularidad de la corteza


prefrontal, en algunas personas, puede condicionar reacciones violentas y agresivas, como afirman
Alcázar-Córcoles, et al. (2010, p. 296), “cada vez existen más datos que indican que la baja actividad
de la corteza prefrontal puede predisponer a la violencia por una serie de razones. En el plano
neuropsicológico, un funcionamiento prefrontal reducido puede traducirse en una pérdida de la
inhibición o control de estructuras subcorticales, filogenéticamente más primitivas, como la
amígdala, que se piensa que está en la base de los sentimientos agresivos”

3.5.3. SINDROME POSTCONMOCIONAL: Es otro tipo de afección orgánico cerebral


importante, sobre todo los casos más severos que tienen secuelas diversas en la conducta del
paciente luego de un traumatismo cefálico con lesión cerrada.

La conmoción o concusión se origina por un traumatismo craneal que produce interrupción


de la función cerebral, estado de confusión, hasta pérdida de conciencia. Generalmente la
inconsciencia es de duración breve y va seguida de una recuperación espontánea. Según Alfred
Freedman y col. (1978, p. 306), la "concusión se atribuye habitualmente a numerosas contusiones,
laceraciones y hemorragias cerebrales, diminutas pero definidas. Estos trastornos pueden producir
modificaciones en los líquidos circundantes y alteración de la polarización eléctrica, lo cual puede
sumir al paciente en la inconsciencia". No obstante que la concusión cede en un lapso relativamente
breve, en algunos casos quedan trastornos postraumáticos de la personalidad. Los síntomas
incluyen cefaleas, apatía, vértigo, incapacidad para concentrarse, trastornos de la memoria,
irritabilidad, fatiga, insomnio, y disminución a la tolerancia al ruido, la luz, el calor y el alcohol. Estos
síntomas generalmente ceden dentro de las 6 semanas siguientes, pero en algunos casos puede
durar meses, sin manifestación de lesión permanente. Las denominciones que se han dado a este
síndrome provocado por el traumatismo en la cabeza, son los de "síndrome postconcusión",
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"síndrome cerebral general postraumático" (Foester), "síndrome de contusión menor" (Symonds),
"constitución traumática" (Meyer), "encefalopatía traumática", "constitución psicopática
traumática" (Ziehen), y otros.

En el Trastorno postraumático de la personalidad puede ocurrir un cambio en la


personalidad del paciente. "El individuo amigable y plácido se vuelve irascible, irritable e impulsivo;
puede volverse pendenciero y estar sujeto a explosiones de rabia, agresión y excitación motora;
deja de tomar en cuenta sus obligaciones y responsabilidades familiares o de otro tipo; pierde la
ambición y la iniciativa; se vuelve petulante, rencoroso, egocéntrico, voluntarioso y egoísta. Algunos
se vuelven malhumorados y tienden a desarrollar reacciones paranoides hacia las personas que los
rodean. Otros pierden todo interés en las actividades y se retiran del contacto social.." (Noyes y
Kolb, 1966, ps. 224-225).

El trastorno postraumático de la personalidad en niños, presenta secuelas similares a las


que se observaron después de la encefalitis epidémica de 1920, pero con mayor gravedad. Noyes y
Kolb afirmaban que "el niño que antes era normal se vuelve desobediente, distraído, impulsivo,
agresivo, destructivo, cruel, pendenciero y antisocial" (1966, p. 225). Sin embargo, los autores
mencionados no dejan de considerar también la importancia de las condiciones psicológicas, y sobre
todo del entorno emocional familiar.

En la 10a. Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE10) de 1993 (OMS, 1992, 2010),


se consideran a los tres últimos síndromes descritos, dentro del grupo de Trastornos de la
Personalidad y del Comportamiento debido a Enfermedades, Lesiones o Disfunciones Cerebrales
(F07):

F07.0 Trastorno orgánico de la personalidad: (Incluye el "síndrome del lóbulo frontal",


"trastorno de personalidad de la epilepsia límbica", entre otros).

F07.1 Síndrome postencefalítico, y

F07.2 Síndrome postconmocional, y otros trastornos.

3.5.4. PAPEL DEL SISTEMA LIMBICO EN LA AGRESION: El sistema límbico es un conjunto


[Link] estructuras del cerebro que se hallan debajo de la corteza y alrededor del cuerpo
calloso y que están relacionadas por múltiples conexiones. Forman parte de este sistema, el
hipocampo, la amígdala (cerebral), el hipotálamo, el área septal o septum (fórnix, cuerpo calloso y
fibras de asociación), entre otras estructuras, las mismas que se relacionan con las emociones y los
sentimientos, la conducta, la memoria y otras funciones. Estas estructuraste hallan en las reglones
anatómicas del mesencéfalo, diencéfalo, conectadas con el telencéfalo.
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La denominación de sistema límbico fue introducida por Paul D. MacLean (1913-2007) en


1952, al que años antes había denominado "cerebro visceral"; sin embargo algunos neurólogos
plantean críticas a la tesis de un "sistema" límbico (Le Doux, 1999), lo que no significa que algunas
de las estructuras cerebrales que se hallan dentro del mismo no tengan importancia en las
emociones. Al respecto, desde el punto de vista neurofisiológico existen diversos estudios sobre la
función del núcleo amigdalino o amígdala, relacionado con la agresión y que se halla en el sistema
límbico; asimismo el papel del hipotálamo, que es parte del diencéfalo, y su influencia en el
comportamiento emotivo-agresivo.

[Link]. El hipotálamo: Para los neurólogos, las principales estructuras de la región


anatómica del diencéfalo son: el tálamo (derecho e izquierdo) que contiene cerca de 40 núcleos; los
cuerpos geniculados, que se sitúan detrás del tálamo; el subtálamo, el epitálamo, y el hipotálamo
que se ubica debajo de los tálamos, en la porción ventral del cerebro, en la unión del cerebro medio
y el tálamo, conteniendo 32 pares de núcleos (Tatarinov, 1980). A su vez, cada lado del hipotálamo
se divide en tres zonas: lateral, medial y periventricular.

El hipotálamo es la estructura del diencéfalo de mayor importancia. Sus funciones son


varias, entre las que sobresalen la regulación de la actividad de los órganos internos, el sistema
cardiovascular y las glándulas de secreción interna. También junto con otras estructuras del sistema
límbico, participa en la regulación de los distintos estados emocionales; precisamente su incidencia
en las manifestaciones emotivas, comportamiento sexual, hambre, sed y otros (Ardila, 1973;
Johnson, 1976), es lo que importa criminológicamente, puesto que en casos de lesiones, tumores u
otras alteraciones de dicha zona cerebral, se pueden desencadenar reacciones violentas, agresivas
o irascibles (Morand, 1980).

Sobre la actividad que cumple el hipotálamo, vinculada a las emociones, se han efectuado
muchas investigaciones (J. M. Ramírez, 1991). Las primeras datan aproximadamente de hace
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ochenta y ocho años, cuando en 1928 Philip Bard (1898-1977) fisiólogo norteamericano, probó
experimentalmente, que ablacionando el tejido cerebral de un animal encima del hipotálamo, era
posible que expresara rabia, pero al extirparse todo el hipotálamo, solo manifestaba reacciones
fragmentarias de dicho estado emotivo (Delay, 1959). Walter R. Hess (1881-1973), fisiólogo suizo,
observó también por ese año, que la estimulación eléctrica de ciertas regiones hipotalámicas
producía rabia en el gato experimental, investigaciones que prosiguió en las décadas siguientes,
1932, 1943 y 1949, habiendo obtenido el premio nobel de fisiología y medicina en el año de 1949,
conjuntamente con E. Moniz.

En los años 30,40 y siguientes del siglo pasado, se realizaron estudios con dicha técnica de
estimulación eléctrica. Entre otros por S. W. Ranson en 1934 y 1937, y Ranson con H.W. Magoun en
1939; también fueron valiosos los estudios de J.H. Masserman en 1938,1941, 1943. Asimismo por
tales años, M. D. Wheatley, en'1944, luego de producir una lesión experimental bilateral, en la
región del núcleo venttomedial del hipotálamo de un gato, observó una reacción de agresividad
permanente ("permanently savage") (Glusman, 1980).

En las décadas de los 60 y 70 se desarrollaron investigaciones mucho más precisas. En 1960,


[Link] experimentó que la estimulación del sector medio del hipotálamo producía rabia,
mientras que el estímulo en el área anterior originaba reacción de miedo, y én la posterior
curiosidad y alerta. Sin embargo, como lo señalan diversos neurofisiólogos, no se debe deducir de
esto que el hipotálamo es el único centro vinculado con la agresión, porque dicha conducta puede
desencadenarse desde diferentes áreas del cerebro, aunque esto no significa que el hipotálamo deje
de ser importante, interactuando conjuntamente con la amígdala del sistema límbico y la corteza
frontal. Ademas M. Gíusman en 1961 y 1974, realizó estudios sobre los hallazgos de Wheatley
(Glusman, 1980); asimismo en los animales se distinguió entre la "agresión predatoria", que son
ataques contra miembros de especie diferente con la finalidad de obtener alimentos, respecto a la
"agresión afectiva" que sirve para expresar posturas amenazadoras o defensivas. En otros
experimentos realizados por M. Wasman y J. Flynn en 1962, se implantaron mediante técnicas
estereotáxicas, electrodos crónicos en el hipotálamo lateral del gato, y efectuando estimulaciones
eléctricas de baja intensidad, provocaron respuestas de alerta, ignorando la presencia de la rata.
Con intensidades mayores, ios gatos atacaban a la rata colocada en la jaula, mordiéndolas
salvajemente y matándolas, pero no atacaban a objetos parecidos a una rata ni al experimentador
según los estudios de John Flynn en 1965 y 1967. Esta agresión predatoria, que Flynn denominó
"ataque de mordedura silenciosa", no se acompaña "de los espectaculares gestos amenazadores de
la agresión afectiva" (Bear et al., 1988)

La estimulación eléctrica de la parte contigua al hipotálamo medio de los gatos, provocaba


una "agresión afectiva", atacando casi cualquier cosa que hallaban a su alcance, incluso al
experimentador conforme a las investigaciones de D. Egger y Flynn en 1963 y de Roberts y Kiess, en
1964. En otros experimentos se observó que la estimulación de la zona anterior y media del
hipotálamo en ratas no asesinas por naturaleza, provocaba conductas asesinas según estudios de
Vergnes y Karli en 1969 y 1970, así como De Sisto en 1970. Igualmente, C.H. Woodworth en 1971,
también produjo ataques en ratas no asesinas, al estimular en 53 partes del hipotálamo
ventrolateral. Por su parte C.C. Chi y [Link] también en 1971, mediante la implantación de
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electrodos, en diversos substratos neuroanatómicos de gatos, observaron dos tipos de ataque: uno
afectivo y otro "quieto" ("stalking attack"). Desde otra perspectiva, C. Stokman y M. Glusman en
1970,1974 y 1976, estudiaron el hipotálamo y las estructuras límbicas con su interacción bioquímica.

Otros experimentos novedosos se efectuaron colocando electrodos crónicos para permitir


la autoestimulación cerebral, en ciertas vías y circuitos del cerebro anterior de la rata, cuya
estimulación producía placer, procedimiento introducido por James Olds y Peter Milner en 1954 y
continuando por Olds en los años sesenta (Roca, 1995). Otros experimentos se han efectuado por
Robert Pleath en 1963 con seres humanos, mediante tal procedimiento de autoestimulación
cerebral en dos pacientes neurológicos, quienes reportaban las sensaciones emotivo afectivas que
sentían al efectuar la autoestimulación de diversas áreas del cerebro (Heath, 1972).

Estudios posteriores consideran que el papel del hipotálamo en la expresión de las


emociones no es la principal, “el hipotálamos constituye la estructura resposable de los cambios
vegetativos que acompañan a la emoción, pero no de su inicio” (Sánchez Navarro y Román, 2004,
p.224), siendo más importante el papel de la amígdala.

[Link]. La amígdala: Este núcleo subcortical se encuentra dentro del llamado sistema
límbico, en la base del lóbulo temporal, y está conectada con la corteza temporal, la formación
reticular, el hipotálamo, entre otras áreas cerebrales. Sin embargo, como ya hemos visto, la
amígdala es la más importante de dicho sistema, y consta de un complejo de núcleos que
generalmente se dividen en tres grupos: núcleos basolaterales, núcleos corticomediales y núcleo
central, y se conecta con el hipotálamo por dos vías principales.

La lesión del lóbulo temporal a la altura de la amígdala produce reacciones de placidez,


hipersexualidad, pérdida de la agresividad y otros trastornos, conforme a los experimentos de
Heinrich Klüver (1897-1979) y Paul Buey (1904-1992) realizados en 1937, conocido como “síndrome
de Klüver-Bucy". En otros estudios se originó hiposexualidad y agresividad, lo que Indica que algunos
de los núcleos de la amígdala cumplen funciones opuestas. En 1951, B. R. Kaada también realizó
estimulaciones eléctricas en la amígdala de gatos, perros y monos; posteriormente H. Gastaut y
colaboradores en 1952, P.D. McLean y J. Delgado en 1953, asi como H. Ursin y B. Kaada en 1960,
entre otros, han experimentado igualmente estimulando el núcleo amigdaloide de animales. La
amígdala, según Frank Ervin, es una zona muy vulnerable del cerebro a diversos tipos de traumas y
productos químicos, y una lesión puede condicionar una persona hiper reactiva

Mark Bear et al. (1988, p. 448) dicen que los "estudios experimentales en los que se
estimularon eléctricamente o se destruyeron subdivisiones de la amígdala sugieren que ésta tiene
efectos múltiples sobre la conducta agresiva por medio de sus conexiones con el hipotálamo y otras
estructuras. Posiblemente, la estimulación eléctrica de los núcleos basolaterales produce una
agresión afectiva”, mientras que las lesiones de dichos núcleos "disminuyen la agresividad afectiva".
Con seres humanos, H. B. King, reportó en 1961 el caso de una paciente de carácter suave, sumisa
y amigable a quien le implanto un electrodo en la zona de la amígdala del sistema límbico, y luego
la estimuló con una corriente de muy baja intensidad sin apreciar cambios importantes, pero al subir
el estímulo a 5 miliamperios, ella presentó hostilidad y agresividad, hasta atacar al experimentador,
quien tuvo que bajar la intensidad del estímulo eléctrico.
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En suma, hoy se considera que el "hipotálamo y la amígdala desempeñan, evidentemente,
un papel en las conductas agresivas, debido a que la estimulación o lesiones de diversas partes de
ambas regiones pueden activar o inhibir una o más de esas conductas.." (Carlson, 1996, p. 322)

[Link]. Correlaciones criminológicas: Al respecto podemos recordar que ya en 1950,


Maurice Bachet habló de algunas lesiones subcorticales como factores explicativos de ciertos
delitos, a lo que denominó "encefalosis criminal". En el mism año, Nicola Pende, basado en
exámenes radiológicos del cráneo de un grupo de delincuentes, planteó la idea de una criminalidad
diencefálica (Hesnard, 1963), considerando que las alteraciones del hipotálamo van acompañadas
de trastornos psíquicos y subsecuentes formas delictivas, tesis que fue presentada en el Segundo
Congreso Internacional de Criminología de París. Hay que anotar, sin embargo, que no solo Pende,
sino también Di Tullio (1966, ps 141-142) y otros estudiosos llegaron “a reconocer una cada vez más
directa relación entre diencefalosis y criminalidad".

Dentro de esta línea de explicación, E. Podolsky en 1956 (“The diseased brain and
homicide”, Journal of nervous and mental disease, 124, pp.621- 624) y 1965 (“Organic brain
conditions and homicide”, Corrective psychiatry and jouranl of social therapy, 11, pp. 91-94) estudió
a dos delincuentes homicidas, en los que halló una fisiología defectuosa del hipotálamo. Al respecto,
es importante mencionar también el caso del homicida masivo Charles Whitman en 1966, quien
luego de asesinar a su madre y esposa se ubicó en una torre de la Universidad de Texas, con un rifle,
disparando durante 90 minutos, matando a 15 personas antes de ser muerto por la policía. Un
examen del encéfalo, en la necropsia, reveló la presencia de un tumor tamaño de una nuez en el
área de la amígdala. Antes de cometer estos asesinatos, había escrito que sentía impulsos raros y
pensamientos extraños e irracionales, y que había decidido matar a su esposa, sin razón, no
obstante que la amaba mucho (Johnson, 1976).

Podemos considerar en principio, que dichos trabajos tienen algún grado de aproximación,
pero que desde una perspectiva integral son estudios unilaterales. Sin embargo, no obstante que
no aceptamos una explicación monocausal del crimen, sobre supuestos de alteración del
hipotálamo y/o de la amígdala u otras zonas cerebrales, no podemos dejar de señalar su importancia
en la conducta emocional del hombre, por lo que merece un análisis más detallado y centrado
objetivamente.

En esta tendencia comprensiva de la agresión, considerando ciertas areas intracerebrales,


se ha desarrollado una técnica neuro quirúrgica estereotáctica cerebral para su control, sobre todo
la amigdalatomia e hipotalamotomía (Jiménez Ponce, 2006; Yampolsky y Bendersky, 2014) y se
considera que este procedimiento para tratar la violencia se inició en la década del sesenta en el
Japón, en una institución para retrasados mentales, por H. Narabayashi y Otros (Stereotaxic
amygdalotomi for behavior disorders. Archives of Neurologyl963), también en 1966 (“Long range
results of stereotaxic amygdalotomy for behavior disorders", Confin Neurol. 27, pp.168- 171),
seguida luego en Estados Unidos por R.F. Heimburger y otros (Stereotaxic amygdalotomi for
epilepsy with aggressive behavior, Journal of the American Asociation, 1966), con posterior difusión
a otros países. También Mark Bear et al. (1988) señalan, el efecto positivo de la amigdalectomía, sin
embargo debemos ser cautos y no pretender, en función de estos estudios, que es posible explicar
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y controlar el crimen sólo sobre bases neurológicas; al respecto, incluso el neurofisiólogo K. E. Moyer
(1980), entre otros, plantea su reserva.

La psicocirugía o cirugía de los trastornos del comportamiento, sobre todo la


hipotalamotomia póstero medial ha tenido una aplicación para controlar la agresividad en algunos
seres humanos. Keiji Sano reportó en 1962,1800 casos de personas con tumor cerebral, y síndrome
de irritabilidad relacionados con el lóbulo temporal y el hipotálamo anterior (“Sedative
neurosurgery: With special reference to póstero medial hypotalamotomy”, Neurol. Medicochir,
No.4, pp.112-142); también en 1966 (“Posteromedial hypothalamotomy in the treatment of
aggressive behavior”, Confin Neurol., 27, pp. 164-167), entre otras investigaciones

Igualmente, W. H. Sweet y otros, reportaron en 1962 dos casos de pacientes violentos que
tenían tumores en el lóbulo temporal, uno de ellos había intentado matar a su esposa e hija con un
cuchillo; posteriormente luego de la operación que removió el tumor, sus síntomas de agresión
desaparecieron. El otro paciente, igualmente tenía explosiones de agresividad dirigidas contra su
esposa e hijo, en este caso también, luego de la operación sus síntomas desaparecieron.

En resumen, hay que considerar que los estados emocionales en el ser humano, desde el
punto de vista neurológico, están vinculados sobre todo con la amígdala, el hipotálamo y la corteza
órbito frontal debido a que tales estructuras cerebrales actúan ¡nterconectadas. "Los últimos
avances en este campo apuestan por un posible desequilibrio funcional de estructuras corticales
frontales y regiones subcorticales en la manifestación de comportamiento agresivo de carácter
reactivo” (AlcázarCórcoles et. Al., 2010, p. 296). Además, no podemos dejar de lado los procesos
bioquímicos que entran en juego en la actividad de los centros cerebrales mencionados, para que
se manifiesten tales reacciones emocionales. Tampoco debemos olvidar a las condiciones
psicosociales que modelan y orientan la conducta humana.

3.5.5. EPILEPSIA Y CRIMINALIDAD: Desde muchos años atrás se ha señalado algún grado de
incidencia entre epilepsia y conducta agresiva o violenta, algunas de las cuales llegan a encuadrar
dentro de algún tipo penal, sea lesiones u homicidio. Sin embargo, no obstante lo dicho, no debemos
confundir esta afirmación como si se estuviera identificando al epiléptico con un criminal. Lo que
tratamos de señalar es que el proceso de alteración orgánicocerebral de algunos tipos de epilepsia,
dados los trastornos afectivos y de conciencia, sobre todo del estado emocional, pueden influir en
la ejecución de actos violentos o agresivos, que podrían desencadenar en actos de tipo delictivo,
pero no se pretende identificar ni señalar una causa determinante o necesaria. Además debemos
anotar que esta correlación no es altamente frecuente, lo que incluso ya fue considerado en el
Cuarto Congreso Internacional de Criminología del año de 1960, en la que se concluyó que el
porcentaje de epilépticos delincuentes es relativamente pequeño, lo que sin embargo no deja de
tener alguna importancia.

[Link]. Concepto, clasificación de la epilepsia y crisis epiléptica:

Según Freedman y otros (1978, p.324), la "epilepsia es el estado de perturbación de la


función cerebral caracterizada por un trastorno paroxístico recurrente periódico de la función
mental con alteraciones concomitantes de la conducta o del pensamiento". En otros términos se
considera que la epilepsia es una enfermedad crónica caracterizada por uno o varios trastornos
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neurológicos que deja una predisposición en el cerebro para generar crisis epiléptica recurrentes.
Se puede decir que dicha crisis es una disritmia paroxística cerebral debida a un trastorno neuronal,
que impide la regulación temporal y espacial de la energía del cerebro (Cabello, 1988 A).

Las crisis epilépticas tienen diversas expresiones, y su clasificación según los diversos
especialistas no es tampoco uniforme, una de ellas considera dos grandes grupos, basada en la
Clasificación Internacional de Crisis Epilépticas (ILAE, 1981): crisis parciales y crisis generalizadas .

I. Crisis Parciales o Focales: Caracterizadas por que la descarga de la crisis es en una zona
reducida de la superficie del cerebro (foco epiléptico) y pueden ser simples, complejas y
generalizadas.

A) Crisis parciales simples: Generalmente no afectan la conciencia ni la memoria, y pueden


ser

a. Con síntomas motores: Incluye crisis jacksoniana que fue descrita por H. Jackson,
generalmente es de origen postraumático y tienen un foco alrededor del surco central o cisura de
Rolando. Se caracteriza porque se dan contracciones o temblores musculares, del miembro
superior, la cara y a veces del miembro inferior; si son fundamentalmente sensoriales, se manifiesta
entumecimiento, parestesias y hormigueos.

b. Con síntomas sensoriales o somatosensoriales: con focos en área parietal y occipital

c. Con síntomas de sistema autónomo: con foco en el área temporal

d. Formas compuestas: incluye sintomatología psíquica

B) Crisis parciales complejas: Ataques del lóbulo temporal o psicomotor. Estas crisis afectan
la conciencia y pueden ser

1) Con trastornos únicamente de la conciencia

2) Con sintomatología cognoscitiva

3) Con sintomatología afectiva

4) Con sintomatología “psicosensorial”, como ilusiones y alucinaciones de tipo auditivo,


visual o táctil.

5) Con sintomatología “psicomotora”

6) Formas compuestas.

C) Crisis parciales generalizadas secundariamente: Cuando la descarga de un foco


epiléptico se extiende a toda la superficie del cerebro.

II. Crisis generalizada: se caracterizan por anomalías del EEG sincrónica y bilateralmente en
el momento de la crisis, y sin comienzo focal o local..
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a. Ausencias (Pequeño Mal) más frecuente en niños, se caracteriza por que puede durar
segundos, con inconsciencia total, que origina una interrupción transitoria del diálogo en caso de
estar conversando, con poca amnesia retrógrada que es fácil ocultar.

b. Mioclónica, que puede aparejar inconsciencia o no. Se caracteriza por una sacudida breve
del cuerpo, o por un movimiento de flexión brusca de músculos del tronco, con elevación de los
brazos hacia arriba (crisis de salaam).

c. Crisis clónica

d. Crisis tónicas

e. Crisis tónico clónicas (Gran Mal), que puede iniciarse con una breve aura, a veces luego
de un grito, con pérdida de la conciencia y las convulsiones características; puede ocurrir también
relajación de esfínteres. Luego de un tiempo el paciente en unos casos despierta alerta y orientado,
aunque algo embotado; en otros casos se reanima confuso, en un estado crepuscular poscrítico; o
bien puede entrar en un sueño aparentemente normal durante algunos minutos o unas dos horas.

f. Crisis atónicas, que se manifiesta por la pérdida momentánea del tono muscular,
generalmente con inconsciencia, dando lugar a que el paciente si está de pie caiga pero se recupera
pronto.

III. Estado Crepuscular: Estado transitorio de conciencia confusa, con disminución de la


claridad de las vivencias. En este caso, el campo de la conciencia se estrecha de tal modo que sólo
se percibe claramente el foco central, mientras queda en la oscuridad el resto del área perceptiva.
Puede presentarse como:

1) Estado crepuscular crítico, esto es conjuntamente con algunas de las crisis comiciales ya
descritas, sobre todo en la crisis focal del lóbulo temporal que puede durar de 5 a 10 minutos, si se
prolonga puede acompañarse con algunos síntomas de agitación.

2) Estado crepuscular posconvulsivo, bien al término de una crisis de gran mal, o a veces
tras un periodo de sueño, en la que el paciente se presenta confuso y en algunos casos con periodos
de excitación, que puede durar algunos minutos y excepcionalmente varios días. "Esta excitación
puede incluir una agitación extrema, ideación paranoide, alucinaciones e ideas delirantes que
conduzcan a explosiones de agresividad" (Freedman et al., 1978, p.331).

[Link]. Epilepsia y correlaciones criminológicas: Existen diversos trabajos desde el siglo


pasado, como el de Friedrich Stumpfl en 1938, citado por Franz Exner (1946), que halló en las
familias de los delincuentes profesionales un número de epilépticos superior al término medio. Di
Tullio (1966), señalaba también relaciones entre epilepsia y conducta criminal, sobre todo en los
casos de automatismo psicomotor epiléptico, que puede ser pre, pos o independiente a una crisis
convulsiva. Asimismo mencionaba que en las alteraciones psíquicas post accesivas e ínter accesivas
del pequeño mal, se pueden dar síndromes crepusculares simples, y precisamente estos serían los
epilépticos que cometen más fácilmente actos antisociales y criminales, por fenómenos de
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agresividad y crisis de furor rabioso. Aunque agregaba que en tales casos había que considerar el
valor de los factores psicógenos personales que caracterizan al sujeto durante su estado de
normalidad. Asimismo anotaba que la variedad de epilepsia que tienen principal incidencia
criminológica, es la epilepsia temporal o rinencefálica, y que las características fenomenológicas de
esta variante comicial, es la crisis psicomotora o de automatismo la más de las veces en forma
crepuscular. Consideraba así "que la epilepsia temporal puede representar la causa de delitos de
sangre, caracterizados por su impresionante crueldad y ferocidad, por impasible frialdad, por
aparente lucidez mental" (Di Tullio,1966, p.118). Para Vicente Cabello (1982 A, p. 294), en esta
epilepsia ocurren ciertos estados distímicos caracterizados por una enorme irritabilidad del
paciente, quien la mayor parte de las veces “se levanta malhumorado, tornándose excitable,
descontento, gruñón, discutidor y agresivo; buscando en lo más insignificante para disparar su
furor".

Diversas investigaciones neurológicas informan haber observado el incremento de la


agresividad en personas con trastorno epiléptico, sobre todo en la epilepsia del lóbulo temporal,
tales son los estudios de H. Gastaut en 1954; M. Falconer y otros en 1958; R. Schwab y colaboradores
en 1965. Entre otros trabajos posteriores destacan V. H. Mark y F. Ervin, con la obra Violence and
the brain de 1970, en la que presentan el estudio de 83 pacientes violentos y 80 reclusos de una
prisión, hallando que cerca de la mitad mostraban síntomas semejantes a la epilepsia y 10 tenían
epilepsia del lóbulo temporal, entre los pacientes, y que también la mitad de los reclusos mostraban
síntomas de epilepsia. Estos mismos autores, en una encuesta entre 400 reclusos, hallaron que la
epilepsia se presentaba 10 veces más entre delincuentes que entre los no criminales. Roger Johnson
(1976, p. 106) señala por su parte que la "clase más común de lesión cerebral localizada o focal
asociada con la conducta destructiva y con el descontrol, es la epilepsia del lóbulo temporal. La
violencia es episódica más que continua, de tal manera que la conducta relativamente normal es
alterada por accesos o ataques ocasionales". K. E. Moyer en 1979, presenta asimismo datos al
respecto que siguen esta línea de estudio (1980), quien antes había escrito el libro The
psychobiology of aggression en el año de 1976.

Igualmente los neurocirujanos, William Sweet, Vernon Mark y Frank Ervin han destacado en
las últimas décadas del siglo XX abogando por acciones directas sobre determinados núcleos
cerebrales, para el control de las reacciones agresivas. Ellos sostienen, según anota Maya Pines
(1981), "que los ataques de violencia de sus pacientes están directamente relacionados con la
epilepsia del lóbulo temporal". Al respecto, Sweet, Ervin y Mark en 1969, informaron el caso de un
paciente con epilepsia del lóbulo temporal acompañado de grave violencia, al que se trató con
cirugíaostereotáxicaque tuvo resultados benéficos. Mark y Ervin en 1970 también presentaron el
problema de una señora con epilepsia del lóbulo temporal, excesivamente agresiva, que igualmente
fue tratada con cirugía estereotáxica, procedimiento que los autores mencionados y Johnson,
consideran como una posibilidad para el tratamiento de ciertos tipos de conducta violenta y
agresiva, que no puede ser controlada con los medicamentos convencionales. Asimismo Emil
Coccaro et al. (2012, p. 47) dice que "la estimulación eléctrica del núcleo medial de las amígdalas en
los pacientes epilépticos provoca manifestaciones de enojo. La ablación de las amígdalas por medio
de lesiones o amigdalectomia reduce la conducta de agresión y se ha utilizado específicamente en
el ser humano para este fin”. En estos casos se efectuó cirugía cerebral estereotáxica para destruir
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células específicas de la amígdala, que es una parte del sistema límbico. Sin embargo debemos
aclarar que en estas experiencias no siempre el éxito es total; incluso en algunos pacientes en los
que se logró el control de la agresividad, luego de un tiempo los impulsos agresivos se manifestaron
nuevamente. No obstante M. Bear et al. (1988, p. 449), señalan que la amigdalectomia, según los
informes clínicos, "es bastante eficaz para reducir la conducta asocial agresiva, aumentando la
capacidad para concentrarse y disminuyendo la hiperactividad y las convulsiones". Estudios más
recientes presentan aportes más precisos (Guija Villa et al., 2001; López y Vadillo, 2012; Martin et.
Al., 2013), pero debemo reiterar que la agresión humana no siempre se puede explicar sobre la base
de alteraciones cerebrales, debiendo tomarse en cuenta además las condiciones psicosociales
concomitantes, además no todas las personas con epilepsia del lóbulo temporal presentan
reacciones violentas y agresividad, lo que no significa que sea un factor que se pueda obviar dada la
experiencia al respecto (Brower y Price, 2001).

3.5.6. OTRAS ALTERACIONES NEUROFISIOLOGICAS: Dentro de los problemas


orgánicocerebrales y su Incidencia en la conducta delictiva, se mencionan también a la TDHA, las
alteraciones en el electroencefalograma, entre algunos otros trastornos.

[Link]. Trastornos por déficit de atención e hiper actividad (TDAH):

antes de la década de los setenta del siglo XX estaba considerado bajo diversas
denominaciones, una de ellas era disfunción cerebral mínima (Minimal brain disfunction), cuya
razón se debería a ciertas anomalías de la estructura cerebral al haber sufrido injurias mínimas. Se
asoció con alteraciones en el comportamiento, como hiperactividad, impulsividad, agresividad y
otras disfunciones conductuales, especialmente en niños. Al respecto Antonio GarcíaPablos (1988)
reseña algunos trabajos sobre este tema. Sin embargo, la disfunción cerebral mínima no constituyó
un síndrome lo suficientemente claro, y en la literatura neurológica no existió homogeneidad de
ideas al respecto, habiendo sido cuestionado por algunos estudiosos como Ana Sneyers (1979).

El TDAH según la literatura actual es un síndrome que tiene mayor precisión (Soutullo y Diez,
2007; Pascual-Catroviejo, 2008), y existe una profusa investigación al respecto, caracterizándose por
tres manifestaciones: disturbios de la atención, impulsividad e hiper actividad. En ciertos casos,
dentro de las alteraciones de la impulsividad, pueden manifestarse actos de agresividad y algunos
otros problemas de conducta. Al respecto existen investigaciones en diversos lugares del mundo,
sobre la correlación con problemas de criminalidad y otras alteraciones tanto en niños,
adolescentes, pero también en adultos. Estudios recientes encuentran que problemas de TDAH no
tratados en la infancia, tienen repercusiones también en la adultez, lo que se ha venido hallando
sobre todo en poblaciones penitenciarias (Rodríguez et al., 2015; Andreu et al. 2015)

[Link]. Alteraciones en el electroencefalograma: es de interés mencionar los estudios de


las anomalías electroencefalo-gráficas (EEG Abnormality) que se observan en algunas personas. Al
respecto se ha encontrado alguna correlación, entre tales trastornos electroencefalográficos y las
conductas desviadas de los individuos con tales anomalías (García Pablos, 1988). Sin negar la
importancia de dichos estudios, debemos anotar también que no existe consistencia, en todos los
casos, para detectar alguna anomalía orgánica cerebral con el EEG. Esto significa que puede darse
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un EEG normal y haber sin embargo algún trastorno cerebral, y en otros casos no existir daño
cerebral y apreciarse un EEG anormal. Además un trazado anormal, muchas veces, es sólo un signo
de algún tipo de anomalía neurológlca específica, y no constituye un síndrome determinado.

3.6 BIOQUIMICA DE LAAGRESION:

3.6.1. ANTECEDENTES: Considerando lo anteriormente visto, como bien anota Jeffrey


Goldstein (1978), se puede aceptar que la función de ciertos centros cerebrales en la manifestación
de la agresividad está probada experimentalmente; sin embargo, no sabemos como se estimula en
vivo el cerebro humano cuyo cráneo está intacto, no sometido a la manipulación del
experimentador. Una explicación posible acude hoy a los procesos bioquímicos, lo que ha dado lugar
para que se hable de una bioquímica de la agresión (J.M. Ramírez, 2006), por cuanto en toda
actividad biológica se manifiesta también un fenómeno bioquímico (Russell, 1972). Es pues
innegable que la fisiología humana, requiere necesariamente de sustancias específicas o
bioquímicas, en determinadas cantidades y en combinaciones convenientes, para un normal o
adecuado funcionamiento. Esto significa, por ejemplo, que la actividad del hipotálamo y del núcleo
de la amígdala, requieren también de ciertos elementos químicos, lo que plantea otras
interrogantes acerca de cuál es el mecanismo por el que entran en juego tales componentes.
Partiendo de tal premisa, es igualmente entendible, que en la conducta agresiva ocurren también
procesos bioquímicos diversos.

Si bien en épocas pasadas, este aspecto no tuvo mayor relevancia en la comprensión de la


criminalidad, sin embargo a principios del siglo XIX surgieron las primeras inquietudes sobre las
secreciones internas, destacando entre otros el fisiólogo galo Claude Bernard (1813-1878), que
habló de glándulas exógenas y endógenas. También por esa época, otro médico francés, Eduardo
BrownSequard (1817-1894), funda la endocrinología. Posteriormente, el estudio de las hormonas,
que son excretadas por las glándulas endocrinas, va a cobrar un interés muy alto, sobre todo sus
patologías por hipofunción o hiperfunción.

En base a tal conocimiento, en las primeras décadas del siglo XX, diversos autores
pretendieron hallar relación entre anomalías endocrinas y el delito, hablándose de una
endocrinología criminal. Al respecto, destacó en Italia Giuseppe Vidoni en 1923, con su "Valore e
limitti dell 'Endocrinología nello studio dei delinquenti"; igualmente Francesa LandognaCassone,
Nicola Pende, Di Tullio, entre otros. En Estados Unidos fue importante Louis Berman (1893-1946),
con su obra Theglands regulatingpersonality publicado en 1921 y después con New creations in
human begings editado en 1938; asimismo sobresalieron Max Schlapp y Edward Smith con el libro
The newcríminology. A consideration ofthe Chemical causation of abnormal behaviorque se publicó
en 1928. En España destacó Mañano Ruiz Funes (1929), con su libro de síntesis: Endocrinología y
criminalidad; sin embargo, según dice Quíntiliano Saldaba (1936), en su obra Nueva criminología,
cuya primera edición en francés es de 1929, él habría sido el primero en proponer la denominación
de "endocrinología criminal" en 1925. En este contexto, las relaciones que más se destacaron, entre
disfunción glandular y criminalidad, según afirmaba Benigno Di Tullio, fueron las siguientes (1950):
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Notas de hipertiroidismo y de hipersuprerrenalismo en los delincuentes constitucionales
homicidas y sanguinarios,

Hipertiroidismo en los culpables de delitos de violencia

Despituitarismo en los ladrones, falsarios y estafadores

Disfunciones de las glándulas sexuales, en los reos contra las buenas costumbres

Distiroidismo en los delincuentes ocasionales impulsivos, etc.

Sin embargo hay que anotar que hubo un exceso de confianza en el papel criminodinámico
de las hormonas, aunque por esa época en el prólogo escrito por Gregorio Marañón: "La
endocrinología y la ciencia penal", en el libro citado de Saldaba de 1935, planteó ya una visión crítica,
señalando que la verdad sobre las hormonas era más limitada y escueta que años atrás. Sin
embargo, algunos estudiosos posteriores siguieron exaltando esa perspectiva.

3.6.2. BIOQUIMICA CEREBRAL Y AGRESION: Luego de dicha etapa de entusiasmo, respecto


al valor de las disfunciones de las glándulas de secreción interna en la conducta criminal, y debido
al desarrollo de los estudios neurofisiológicos, las investigaciones actuales centran su interés
también en otros elementos bioquímicos, tanto, neurohormonales como en otros que intervienen
en la actividad del cerebro, sobre todo los neurotransmisores y algunas hormonas (J.M. Ramírez,
2006; GallardoPujol, et al.2009)

[Link]. Los neurotransmisores: En esta línea de estudio podemos considerar los informes
de Kafl Mackal (1983) y S. N. Pradhan (1980) entre muchos otros, que señalan un conjunto de
sustancias bioquímicas del cerebro necesarias para su funcionamiento, pero cuyo desequilibrio
puede tener efectos en el desencadenantes de ira y/o agresión. Entre tales neurotransmisores se
mencionan a la acetilcolina (ACh), que es el primer neurotransmisor que se descubrió a los inicios
del siglo XX; luego a las catecolaminas (CA) como: la noradrenalina (NA) o norepinefrina (NE), la
adrenalina o epinefrina, y la dopamina (DA); y asimismo la serotonina o 5hidroxitriptamina (5HT).

Entre dichas sustancias bioquímicas y otras existe una variada interrelación compleja. La
ACh por ejemplo influye en la producción de noradrenalina (norepinefrina) y de adrenalina
(epinefrina). La noradrenalina (NA) o norepinefrina (NE) actúa en el cerebro como un
neurotransmisor más, y tiene su máxima concentración en el hipotálamo, pero por acción de la
PNMT se convierte en adrenalina (epinefrina). "Los extravertidos son probablemente mas agresivos
debido al balance NA/adrenalina, lo mismo que los introvertidos son menos agresivos debido al
balance adrenalina/NA. La noradrenalina (NA) está fuertemente correlacionada con la cólera
dirigida hacia afuera, mientras que la adrenalina está correlacionada con la cólera dirigida hacia
adentro o ansiedad" (MacKal, 1983, ps. 208-209).

En el estudio de, S.N. Pradhan (1975,1980), se ofrece también un inventario sobre la


correlación de las manifestaciones agresivas y las sustancias bioquímicas que actúan en el cerebro
(1980). En este caso, tomando en cuenta las investigaciones realizadas hasta la fecha de su informe,
sobre todo en experimentos con animales, relaciona el rol inhibidor o facilitador de la conducta
agresiva, considerando las sustancias bioquímicas siguientes:
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a. Rol de las Catecolaminas (CA): NE, E, DA.

b. Rol de las Serotoninas (5HT)

c. Rol de la Acetilcolina (ACh o AC)

d. Rol de GABA (ácido Gamma-aminobutírico)

Asimismo presenta la interacción de dichos neurotransmisores, en diversos modelos de


conducta agresiva que se sintetizan en el cuadro No.6. En el mismo se aprecia que la conducta
agresiva se acompaña de un aumento de la dopamina (DA) y la acetilcolina (ACh), y de una
disminución o inhibición de la serotonina (5HT) y de GABA, mientras que existen modificaciones
variables de la norepinefrina (NE) o noradrenalina. Sin embargo, Pradhan anota las dificultades que
ocurren en el estudio de la correlación, entre los neurotransmisores y la conducta agresiva, debido
sobre todo a:

 Variación en la clase y especie de sujetos experimentales.


 Estudio de diferentes tipos de conducta agresiva
 Variedad de metodologías en la medida de la conducta
 Factores ambientales: agresión en ambiente natural versus agresión en el laboratorio
 Uso de drogas como medio: Ninguna droga "pura", cada uno de los neurotransmisores
tiene efectos diferentes.
 La relación dosis-respuesta debe ser estudiada. La administración de una sola dosis y la
repetición de la misma.
 Estimación simultánea de diferentes neurotransmisores.
 Cambios en sujetos dominantes y en sujetos sumisos.
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A la fecha existe una cantidad muy grande de estudios e informes sobre este punto (Gil-
Verona et al.2002; Huertas et al., 2005; Siever, 2008). Sin embargo, de acuerdo a los estudios
actuales no se debe pretender comprender la violencia en función de un neurotransmisor aislado
sino bajo una neuromodulación múltiple (J. M. Ramírez, 2006).

La serotonina o 5HT, es un neurotransmisor como la NA, y se halla almacenada en varios


lugares del SNC, sobre todo en el hipotálamo y en la formación reticular. Existe la hipótesis de que
la serotonina es un antagonista de la NA, y que cuando los niveles de la 5HT disminuyen la agresión
impulsiva se eleva. Al respecto existen diversos informes más recientes que coinciden en señalar
que el comportamiento agresivo frecuentemente se relaciona con la disminución de la serotonina
(Gil-Verona, 2002; Siever, 2008; Glenn y Rainer, 2014).

En investigaciones con seres humanos, el papel del funcionamiento anormal del sistema de
la serotonina en la agresión impulsiva se ha encontrado en maltratadores (Rodríguez y Fernández
2006), conducta antisocial, entre otros (J.M. Ramírez, 2006). Asimismo se “ha detectado una
reducción del ácido 5hidroxiindolacético en el líquido cefalorraquídeo en diversas poblaciones con
niveles elevados de violencia y agresión, incluidas las de pacientes psiquiátricos agresivos, varones
que completan un suicidio violento y delincuentes violentos impulsivos y pirómanos” (Coceara et al.
2012, p. 49).

La dopamina (DA) es una catecolamina que también se ha vinculado con la agresión, entre
otros aspectos, en el caso que haya una elevación más allá de su nivel normal.
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El ácido gamma aminobutírico (GABA) igualmente se considera que tiene un papel impulsor
de la agresividad, aunque dependiendo de sus componentes (Martin-López y Navarro, 2009).

En resumen, se observa principalmente que la serotonina, sobre todo en casos de niveles


disminuidos, tendría un papel muy importante en la elevación de la conducta agresiva; mientras que
el aumento de la dopamina (DA), elevaría también la agresión.

[Link]. Hormonas: Sobre todo los andrógenos u hormonas masculinas y algunas otras.

La testosterona: Estudios relacionados con esta hormona en los varones, sobre todo cuando
existe una elevación significativa señalan que se expresarían mayores niveles de conducta agresiva.
Al respecto se observa que el aumento de los niveles de testosterona en los jóvenes
preadolescentes, aumenta también la conducta violenta. Según Mark Bear, los estudios con
animales demuestran esta relación de aumento de testosteron y consecuentemente de la
agresividad, pero que en "los seres humanos, la relación es menos clara, aunque algunos han
afirmado que existe una conexión entre los niveles de testosterona y la conducta agresiva en los
criminales violentos." (Bear et al., 1988, p. 446). Al respecto, J.M. Ramírez (2006) en su trabajo sobre
bioquímica de la agresión, considera que el comportamiento antisocial en muchos adolescentes está
vinculado con la elevación de la testosterona. También en los varones maltratadores se ha asociado
con frecuencia los niveles altos de dicha hormona (Rodríguez y Fernández, 2006), entre otros
diversos estudios al respecto.

Cortisol es una hormona derivada del colesterol y se produce en la corteza de la glándula


suprarrenal. De acuerdo a diversos estudios también se ha encontrado que en varones antisociales
y violentos se dan bajos niveles de cortisol (J.M. Ramírez, 2006), sin embargo los estudios aun están
en desarrollo

[Link]. Otras sustancias de la fisiología humana: En el campo bioquímico, si bien tienen


mayor relevancia los elementos neuroquímicos relativos a la actividad cerebral, no dejan ser
importantes otras líneas de aborde, que igualmente han merecido el interés de diversos
investigadores, considerando otras sustancias:

A. La hipoglucemia: Por falta de suficiente glucosa en la sangre, que afecta el metabolismo,


se traduciría en conductas agresivas violentas y agresión sexual.

B. Deficiencia de minerales y vitaminas: Asimismo, en algunos estudios de fines del siglo


pasado se ha considerado que la deficiencia o exceso de ciertos minerales (cobre, magnesio, zinc),
sobre todo según el médico y farmacólogo Cari C. Pfeiffer (1908-1988), influirían en desajustes de
la conducta y problemas mentales, que se presentó en su obra Mental and elemental nutrients,
publicada en 1975, entre otros trabajos que desarrolló sobre la materia. Igualmente en otros
estudios, sobre todo de la vitamina B (B3 y B6), se correlacionan con la conducta desviada,
especialmente la insuficiencia de la vitamina B3 que incidiría en la hiperactividad de los jóvenes, y
ello en una serie de hábitos negativos, según Leonard J. Hippchen (n.1923), presentado en su libro:
Ecologic- biochemical approaches to treatment of delinquents and crimináis, editado en 1978.

En suma, los estudios actuales relativos a la bioquímica cerebral y los núcleos cerebrales de
mayor importancia en la manifestación de los estados emotivos, sobre todo de la ira y la agresión,
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no pueden ser dejados de lado, pero deben ser considerados dentro de una concepción integral
para la comprensión del comportamiento humano, con la salvedad de que estos estudios son
todavía aproximaciones para el conocimiento de esta conducta, y además con la aclaración de que
no estamos ante factores o "causas" ineluctables, sino más bien ante mediadores químicos y
condiciones neurológicas del comportamiento humano, que no son determinantes sino factores
contribuyentes del mismo, en el que las condiciones psicosociales y las circunstancias del entorno
tienen también una gran importancia para la compresión del actuar humano.

En otros términos, la conducta criminal requiere un enfoque integral y multidisciplinario,


por ello es que algunos criminólogos tan disímiles, como Avanesov (1985) y Denis Szabo (1980), así
como García Pablos (1988,2008) y el psicólogo J. Goldstein (1978), entre muchos otros, coinciden
en alguna medida al considerar no sólo las condiciones sociales, sino también las psicobiológicas en
la explicación del delito. Por ello no se puede llegar al absurdo de negar totalmente alguna incidencia
biológica en el fenómeno del crimen, basado en un prejuicio sociopolítico de algunos criminólogos
que pretenden desconocer tal incidencia, como si el actuar humano fuera sólo hechura de
decisiones sociopolíticas provenientes de grupos de poder, y que el analizar sus condiciones
naturales constituya racismo o seguir posturas reaccionarias, como si el ser humano fuera una
especie de "fantasma social" sin sustento psicobiológico.
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