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Introducción. Formación Bíblica de Los Hijos en El Hogar

El documento presenta un resumen de un sermón sobre la responsabilidad de los padres de criar e instruir bíblicamente a sus hijos. Enfatiza que los hijos pertenecen a Dios y que los padres son sus administradores temporales, por lo que deben educarlos para glorificar a Dios. También destaca la importancia de que los padres tengan una relación viva con Dios y que ambos, padre y madre, jueguen un papel en la crianza de los hijos, aunque el padre tiene la principal responsabilidad.

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Introducción. Formación Bíblica de Los Hijos en El Hogar

El documento presenta un resumen de un sermón sobre la responsabilidad de los padres de criar e instruir bíblicamente a sus hijos. Enfatiza que los hijos pertenecen a Dios y que los padres son sus administradores temporales, por lo que deben educarlos para glorificar a Dios. También destaca la importancia de que los padres tengan una relación viva con Dios y que ambos, padre y madre, jueguen un papel en la crianza de los hijos, aunque el padre tiene la principal responsabilidad.

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Iglesia Bautista Reformada Comunidad de Gracia

Fecha: Barranquilla, domingo 04 de julio de 2021


Tema: Escuela Bíblica.
Título: Familias en Cristo -Introd. Formación bíblica de los
Hijos en el hogar
Texto: Varios textos
Por: Pr. Gerleys David Causil.

Vamos a continuar con nuestra serie familias en Cristo, en esta oportunidad vamos
a introducir un nuevo tema, no menos importante que los que ya hemos abarcado,
estamos hablando de la formación bíblica de los hijos en el hogar.
Si bien es cierto, hablamos de una manera más general, del culto o altar familiar
durante un buen tiempo, esta vez vamos a concentrarnos en todo aquello que dice
la Escritura con relación a la responsabilidad, que tenemos los padres en la
instrucción bíblica de nuestros hijos en el hogar.
Es un tema bastante amplio, por lo que trataremos de aprovechar lo necesario y lo
mas importante, para que nuestra iglesia local y los hermanos que nos siguen,
pueden comprender y poner en practica lo que Dios manda en Su palabra con
relación a esta labor tan importante de instruir a nuestros hijos en Su disciplina y
amonestación.
Para ello, quiero empezar recordando, que una de las verdades a considerar en
nuestra labor como padres, en instruir bíblicamente a nuestros hijos, es que ellos
son prestados, que en realidad son mas hijos de Dios que nuestros.
Por lo que, nos lleva a una gran reflexión y a tener plena consciencia de que
nuestros hijos son propiedad del Señor y que Él en Su bondad, nos encarga el
cuidado de ellos por un tiempo con el mero propósito de formarlos; de la misma
manera como ponemos a nuestros hijos bajo el cuidado de maestros humanos con
el mismo propósito.
Así que, esto es sumamente importante, porque muy a pesar de lo cuidadosos que
podamos llegar a ser en educar a nuestros hijos, no podemos decir que los
educamos para Dios, a menos que creamos firmemente en nuestro corazón que
son de Él. y ninguno de los padres que estamos aquí, podemos decir con total
certeza que jamás hemos pensado en que nuestros hijos son mas nuestros que de
Dios.

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Y por esta razón, de creer que son exclusivamente nuestros, tendemos a educarlos
para nosotros mismos y no para el Señor. ¿Pero que es lo implica seriamente
entender en la práctica que nuestros hijos son de Dios? Implica un
convencimiento pleno de que Él tiene un derecho soberano de hacer con ellos lo
que quiera y de quitárnoslos cuando Él soberanamente lo así lo disponga.
Entender en la práctica que nuestros hijos son del Señor, implica aceptar que Él
posee este derecho, y nosotros no podemos reclamar a Dios por Sus designios
sobre ello, y de esto existen innumerables pasajes en las Sagradas Escrituras.
Por ejemplo, en las Escrituras, vemos como Dios reprendió y amenazó varias veces
a los judíos porque sacrificaban los hijos de Él en el fuego de Moloc, dice en (Ez.
16:20-21) 20 Además de esto, tomaste tus hijos y tus hijas que habías dado a luz
para mí, y los sacrificaste a ellas para que fuesen consumidos. ¿Eran poca cosa tus
fornicaciones, 21 para que degollases también a mis hijos y los ofrecieras a
aquellas imágenes como ofrenda que el fuego consumía?
Vemos como Dios es el que forma nuestro cuerpo y es el Padre de nuestro
espíritu, que todos somos sus hijos y que, en consecuencia, no somos nuestros,
sino de Él.
A pesar de lo claro y explícito que son estos pasajes, son pocos los padres que
parecen entender esta verdad. Son pocos los que parecen sentir y actuar como si
tuvieran conciencia de que ellos y sus hijos son propiedad absoluta de Dios, que
son padres temporales de sus hijos y que, en todo lo que hacen para ellos, deben
hacerlo para Dios, con la firme intención de glorificarle en la tarea encomendada.
Pero como dije al principio, es muy fácil estudiar esta verdad en la Escritura,
entenderla, pero pocos están dispuestos a aceptarla y atesorarla manifestando una
crianza bíblica diferente, donde todo el tiempo se esté recordando que somos aun
administradores de nuestros hijos, y que algún día daremos cuenta de lo que
hicimos y no hicimos con ellos.
Con esto como base, surge una pregunta… ¿cómo podemos educar a nuestros
hijos para un Dios cuya existencia no conocemos?, en otras palabras,
¿cómo podemos educar a nuestros hijos para alguien que no conocemos,
ni amamos?
De ahí la importancia que los padres tengan una relación viva y eficaz con el
Señor, pues, al final de cuentas, no se puede instruir y exhortar de una manera
sincera a un hijo a que ame y tema a Dios, cuando ni nosotros mismos como
padres no tememos, ni le amamos. Eso es ser mucho peor que ser un hipócrita
fariseo.

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Si sabemos que nuestros hijos son propiedad de Dios, entonces podemos tratar de
entregarnos en la instrucción para que sean de Él eternamente. Entregarlos a Él,
significa entregarlos sin reservas, tratar de enseñarles todo lo que conocemos
acerca de Dios, para que ellos también puedan conocerle y adorarle.
Si bien es cierto, que tanto el padre como la madre son responsables en la crianza
de los hijos, sin embargo, son los padres los que tienen la responsabilidad primaria
de guiar a la familia, incluyendo a sus esposas en el papel de madres.
Por supuesto, nosotros sabemos que las madres juegan un papel vital en la crianza
de los hijos. Generalmente ellas pasan más tiempo con ellos y ejercen una
influencia determinante en sus vidas.
Pero el hombre es responsable ante Dios de proveer a su esposa y a sus hijos la
guía, el sostén y la protección que necesitan en un clima de amor y de servicio.
Como lo hemos dicho muchas veces desde este pulpito: Ser cabeza de la familia
no es contemplado en la Biblia como una ventaja, sino como una gran
responsabilidad. Nosotros tenemos un trabajo que debemos hacer de manera
intencional, procurando el bien espiritual y físico de nuestra esposa y nuestros
hijos.
Dios nos ha llamado a hacer un trabajo, un trabajo que está muy por encima de
nuestras capacidades naturales y que solo puede ser hecho en dependencia de Él.
Él nos contrató, Él nos da los recursos que necesitamos cada momento para poder
ser los padres que Él quiere que seamos, y Él nos pedirá cuentas algún día por esa
mayordomía que nos fue confiada.
Por eso, también es importante examinar las motivaciones con que llevamos a
cabo esta labor; Casi la única motivación que las Escrituras consideran correcta es
hacerlo para la gloria de Dios y tener un anhelo piadoso de promoverla. Por lo
tanto, tenemos que ser gobernados por esta motivación al educar a nuestros hijos
si queremos educarlos para Dios y no para nosotros mismos.
Por lo tanto, el cuidado y la educación de nuestros hijos, por más insignificantes
que le parezcan a algunos, deben realizarse teniendo en cuenta la gloria de Dios.
Cuando se hace así, se convierte en una parte importante de la verdadera religión.
Lamentablemente, la influencia del mundo ha tenido un impacto profundo en la
iglesia de Cristo en este asunto. En muchos hogares cristianos, no solo el padre no
solo descuida la instrucción de sus hijos y su familia en las cosas del Señor, sino
que además, muchos en la negligencia en ejecutar la mayordomía que Dios le ha
encomendado como sacerdote de su hogar, han permitido que en sus hogares, sea
la mujer quien lleve toda la carga, no solo dejando de dar la gloria a Dios, sino
también llevando a sus esposas a situaciones angustiantes donde terminan en
serios conflictos espirituales y emocionales al verse imposibilitadas muchas veces a
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desarrollar el trabajo que debiera hacer su esposo, como ir delante en la vida
espiritual de la familia y la crianza de los hijos.
Y el impacto que ese matriarcado está teniendo en las iglesias y en la sociedad es
sencillamente devastador, sobre todo para el desarrollo de un verdadero liderazgo.
La masculinidad es algo que se produce mayormente en un ambiente en el que las
mujeres se comportan como mujeres y los hombres se comportan como hombres
(no como machos, sino como hombres).
De manera que tanto el padre como la madre tienen la responsabilidad de criar a
los hijos en el temor de Dios, pero el padre es el principal responsable de ese
deber.
Ahora bien, antes de seguir adelante no debemos asumir que todo el mundo tiene
una idea clara de cuál es esa tarea que Dios nos ha puesto por delante en lo
tocante a la crianza de los hijos. Así que permítanme detenerme un momento para
definir el significado de la palabra “paternidad”.
Hermanos, la responsabilidad que Dios ha puesto sobre nuestros hombros no es
sencillamente la de proveer a nuestros hijos la crianza y la educación que
necesitan en el proceso de desarrollo para pasar de ser niños a adultos.
Va mucho más allá. Nuestra responsabilidad es traspasarles una cosmovisión, una
forma de ver la vida a la luz de lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra, de tal
manera que ellos puedan vivir para Cristo aquí y ahora, y disfrutar de Él por toda
la eternidad.
Acompáñeme un momento a un pasaje muy conocido, pero se que tanto ustedes
como yo jamás nos cansaremos de leerlo: Deuteronomio. 6:1-9. Estos, pues, son
los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os
enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para
tomarla; 2 para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus
mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de
tu vida, para que tus días sean prolongados. 3 Oye, pues, oh Israel, y cuida de
ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os
multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres.
4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tu Dios de
todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. 6 Y estas palabras que
yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás
de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te
levantes. 8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales
entre tus ojos; 9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

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Noten que en ese pasaje no se está hablando simplemente del traspaso de una
instrucción, sino del impacto de una relación ¿Cuál? “Amarás a Jehová tu Dios de
todo tu corazón… Sus palabras estarán sobre tu corazón… y las repetirás a tus
hijos”.
La implicación es clara: el aspecto más importante de tu paternidad es tu propia
relación con Dios. Los Padres que temen a Dios y se deleitan en Él serán, en la
generalidad de los casos, los instrumentos usados por Dios para producir hijos que
temen a Dios y se deleitan en Él.
Es muy interesante observar, en la larga historia de la Iglesia cristiana, cómo este
asunto en particular, siempre reaparece y recibe gran prominencia en cada periodo
de avivamiento y despertar espiritual. Los reformadores protestantes se
preocuparon por la cuestión y le dieron mucha importancia a la instrucción de los
niños en cuestiones morales y espirituales.
Los puritanos, por ejemplo, le dieron aún más importancia y los líderes del
avivamiento evangélico de hace quinientos años hicieron lo mismo. Se han escrito
muchos libros sobre este asunto y se han predicado muchos sermones sobre él.
Esto sucede, por supuesto, porque cuando alguien acepta a Cristo como su
Salvador, afecta la totalidad de su vida. No es meramente algo individual y
personal; afecta la relación matrimonial y, por lo tanto, hay muchos menos
divorcios entre cristianos que entre no cristianos.
También afecta la vida de la familia, afecta a los hijos, afecta el hogar, afecta cada
aspecto de la vida humana. En otras palabras, no hay esperanza de hacer frente a
los problemas morales de la sociedad, excepto en términos del evangelio de Cristo.
El bien nunca se establecerá aparte de la santidad; cuando las personas son
consagradas, proceden a aplicar sus principios en todos los aspectos, y la rectitud
y justicia se notan en la nación en general. Pero, desafortunadamente, tenemos
que enfrentar el hecho de que, por alguna razón, este aspecto de la cuestión ha
sido tristemente descuidado en nuestros días.
Por una razón u otra, la familia no tiene el mismo peso que antes. No es el centro
ni la unidad que antes era. Toda la idea de la vida familiar ha declinado y esto en
parte es cierto también en los círculos cristianos. La importancia central de la
familia que encontramos en la Biblia y en todos los grandes periodos a los cuales
nos hemos referido parece haber desaparecido.
Ya no se le da la atención y prominencia que antes recibió. Todo esto hace que
sea mucho más importante que descubramos los principios que deberían
gobernarnos en este sentido. Ahora bien, en términos generales, cuando hablamos
de la responsabilidad de los padres para con sus hijos, necesariamente tenemos

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que ir a lo que dice la Escritura en —Efesios 6:4 “Y vosotros, padres, no
provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del
Señor”.
Lo primero y principal, criar a los hijos “en disciplina y amonestación del Señor” es
algo que deben hacer los padres y hacerlo en el hogar. Éste es el énfasis a lo largo
de la Biblia. No es algo a ser entregado a la escuela, por más buena que sea. Es la
obligación de los padres, su principal y más esencial obligación.
Es responsabilidad de ellos y no deben deslindarse de ella pasándosela a otros.
Enfatizo esto porque todos sabemos muy bien lo que ha estado sucediendo en los
últimos años. Más y más, los padres están transfiriendo sus responsabilidades y
obligaciones a las escuelas.
Considero que este asunto es muy serio. No hay influencia más importante en la
vida de un niño que la influencia de su hogar. El hogar es la unidad fundamental
de la sociedad y los niños nacen en un hogar, en una familia.
Allí está el círculo que es la influencia principal en sus vidas. No hay duda de eso.
Es lo que toda la Biblia enseña. En todas las civilizaciones, las ideas concernientes
al hogar son las que siempre comienzan a causar el deterioro de su sociedad que
al final se desintegra... En el Antiguo Testamento es muy claro que el padre es una
especie de sacerdote en su hogar y su familia; representaba a Dios. Era
responsable, no sólo por la moralidad y el comportamiento, sino también por la
instrucción de sus hijos.
Toda la Biblia enfatiza que ésta es la obligación y tarea principal de los padres.
Sigue siendo así hasta estos días. Si somos cristianos, tenemos que ser
conscientes de que este gran énfasis se basa en las unidades fundamentales
ordenadas por Dios ¿Cuáles son?: Matrimonio, familia y hogar. No podemos
tratarlas livianamente...
¿Qué pueden hacer los padres de familia? Tienen que complementar la
enseñanza de la Iglesia y tienen que aplicar la enseñanza de la Iglesia. Se puede
hacer muy poco con un sermón. Tiene que ser aplicado, explicado, ampliado y
complementado. Es aquí donde los padres cumplen su parte.
Y si esto siempre ha sido lo correcto e importante, ¡cuánto más lo es hoy!
¿Alguna vez ha pensado usted seriamente acerca de este asunto?
Probablemente usted enfrenta una de las tareas más grandes que jamás han
tenido los padres y por la siguiente razón.
Considere la enseñanza que reciben ahora los niños en las escuelas. La hipótesis o
“teoría de la evolución orgánica, la ideología de género” donde les dicen a nuestros
hijos que ellos pueden ser lo que sientan ser, es decir, de una manera aberrante le

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dicen a un niño, que, si el siente que es niña, puede serlo y viceversa, y lo peor es
que estas aberraciones son enseñadas como un hecho.
No se las presentan como una mera teoría que no ha sido comprobada, se les da
la impresión de que es un hecho absoluto y que todas las personas científicas y
educadas la creen. Y los que no la aceptan son considerados raros u homofóbicos.
Hermanos, sin lugar a duda tenemos una ardua tarea desde casa, donde a través
de una seria instrucción bíblica a nuestros hijos podamos encarar esta situación...
Les están enseñando a los niños cosas perversas en la escuela. Las oyen en la
radio y las ven en la televisión. Todo el énfasis es anti Dios, anti Biblia, anti
cristianismo verdadero, anti milagros y anti sobrenatural.
¿Quién va a contrarrestar estas tendencias? Esa es, precisamente, la
responsabilidad de los padres: “Criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.
Esto requiere gran esfuerzo por parte de los padres porque en la actualidad las
fuerzas en contra nuestra son muy grandes.
Los padres cristianos de la actualidad tienen está muy difícil tarea de proteger a
sus hijos contra las poderosas fuerzas adversas que tratan de indoctrinarlos. ¡Ese
es, pues, el escenario! Y a lo largo de esta serie, trataremos de exponer todo lo
que la Biblia enseña al respecto. Recuerden que esto, es solo una introducción al
tema de la formación bíblica de los hijos en el hogar y la paternidad cristiana. El
próximo domingo, Dios mediante continuaremos con mas.

Que el Señor bendiga Su palabra y nos ayude. Vamos a orar.

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