capítulo sexto
Industria
La industrialización en Bolivia
1900-2015
Rubén Mario Ferrufino Goytia
1. Introducción
En Bolivia se reconoce que la economía se sustenta en la extracción de recursos naturales
y en la producción de commodities cuyos precios son volátiles; existe consenso en sentido
que es necesario producir con mayor valor agregado y acuerdo respecto de la necesidad
de diversificar la oferta (matriz productiva diversificada). Así, hay coincidencias respecto
del diagnóstico que encuadra la realidad boliviana en la descripción de proceso industrial
tardío, rezagado y vulnerable. Sin embargo, donde no hubo acuerdo es en materia res-
puestas efectivas frente a esa realidad.
Todos los gobiernos en el siglo xx anunciaron sino trataron de implementar algún
tipo de estrategia de industrialización. El concepto no fue desconocido y tampoco los
beneficios de lograr un aparato productivo amplio, diverso y eficiente. Algunas pregun-
tas clave entonces son ¿Por qué la economía no se industrializó más? ¿Cómo se explica
que la economía haya podido proporcionar ciertas condiciones de vida a una población
creciente, prescindiendo de procesos de industrialización indispensables para el empleo,
el ingreso fiscal y la generación de divisas?
Desde la perspectiva teórica la industrialización está ligada a conceptos como la
demanda y el tamaño de los mercados, la suficiencia de capital y financiamiento, el ca-
rácter emprendedor de la sociedad, el contexto favorable a la inversión y la existencia de
un plan deliberado desde el Estado para inducir este tipo de procesos. En consecuencia,
estos temas serán abordados con frecuencia en este documento. Igualmente, siendo que
se busca examinar evidencia histórica, se requiere visualizar la consistencia y duración
de las diferentes estrategias de industrialización dentro un marco de volatilidad política
y cambio de enfoque con distintos gobiernos. A lo largo del siglo xx no hubo períodos
de tiempo de más de 20 años continuos en los que se hayan aplicado consistentemente
políticas económicas, lo que también cuenta a la hora de buscar explicaciones en materia
de resultados de industrialización. De entrada corresponde alertar sobre el déficit de
información estadística, hecho que dificulta grandemente el análisis. Durante el siglo
pasado, en la presidencia Tejada Sorzano (1934-1936), se fundó la Dirección General de
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Estadísticas y Censos (1936), luego recién en 1970 se creó a partir de esa dirección, el
Instituto Nacional de Estadística (ine).
La mayor parte de la historia del país se caracteriza por la presencia de recursos natu-
rales y en particular el siglo xx por la minería. A principios de la década de 1900 se catalogó
a ese sector con tecnología de punta, debido a la presencia de ingenios y la aplicación de
prácticas (procesos químicos y físicos) para la generación de concentrados. La transición
de inicios del siglo xx reporta la baja en la plata y la subida de minerales explotados en
escala como el estaño. Ligado a esto último esta la historia de los llamados barones de
la minería (Patiño, Aramayo y Hochschild) que representaron la oligarquía de entonces.
Es posible que esta caracterización de liderazgo minero en ciertos períodos y bonanza en
muchos otros tenga relación con la evolución industrial. Viendo los inicios del siglo, el
transporte y la consolidación del ferrocarril también parecen tener algunas respuestas a
las preguntas planteadas. En el otro extremo del tiempo, más cerca a la finalización del
siglo, la crisis de los años 80 y la posterior apertura de la economía al comercio dentro el
proceso inevitable de la globalización, parece tener también respuestas a las interrogantes
planteadas. Hechos internacionales como las dos guerras mundiales y su efecto en el co-
mercio mundial, la guerra del Chaco, la Revolución del 52 y la Marcha hacia el Oriente
con el Plan Bohan son también referentes que se considerarán.
No existe mucha literatura sobre la industria boliviana del siglo xx, particularmente
la de inicios del período. La disponible incluye trabajos de calidad con un enfoque his-
tórico y descriptivo excepcional que devela esfuerzos y recursos mucho más amplios que
los que se consideran en este trabajo. En consecuencia, el enfoque que se aborda aquí es
un tanto diferente; se apoya en los textos históricos y narrativos solo con el fin de mostrar
evidencia de lo que consideramos central, que es visualizar estrategias y/o políticas de
industrialización enmarcadas en algún tipo de marco teórico o pensamiento económico
prevaleciente en la época.
El presente texto está organizado en 5 secciones; la segunda plantea un breve re-
cuento que ayuda a esquematizar estrategias y/o teorías relativas a la industrialización
a nivel global. Se examina la evolución del pensamiento económico en esta materia, las
condiciones de entorno que catalizan o ralentizan los procesos industriales y las variables
específicas que pueden tener relevancia para la experiencia boliviana.
La tercera sección se dedica a la búsqueda y sistematización de políticas y contextos
favorables para la industria. El punto de partida abarca desde los inicios de siglo hasta
1930, tratando de identificar la relevancia de hechos como el impacto del ferrocarril y
el auge del estaño. En lo externo se considera el efecto de la primera guerra mundial y
la gran recesión de los años 30. En un segundo tramo, entre 1930 y 1950 se valoran los
efectos de la Segunda Guerra Mundial y la del Chaco, como germen del pensamiento
nacionalista que fue antesala de la Revolución de 1952. En el siguiente lapso, entre 1951
y 1970 el hecho central que afecto la vida nacional fue la revolución, la llegada de la coo-
peración internacional de la mano del Plan Bohan y la mirada hacia el Oriente del país.
Entre 1970 y 1985 prevaleció el Capitalismo de Estado como marco de política para
la industrialización, en un escenario de turbulencia política y sucesivos gobiernos militares.
En ese período se expandió considerablemente el endeudamiento externo que luego llevó
a la crisis económica de inicios de los 80. El período 1985 a 2005 se caracterizó por una
visión liberal apoyada en el mercado con un hecho incontenible que fue la globalización.
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Finalmente, el período 2005 a 2015 marca como hecho fundamental la bonanza más
importante que vivió el país, el retorno del Estado a la producción y la visión de indus-
trialización dirigida a sectores primarios a través de empresas estatales. Las conclusiones
se presentan en la sección iv.
2. En busca de políticas y contextos para la industria en Bolivia, 1900-2015
2.1. El punto de partida 1900-1935
Durante el siglo xix la producción minera fue la principal actividad y a pesar de un descenso
en la producción de plata, debido a volatilidad en precios y demanda, las minas permane-
cieron pujantes. A principios del siglo las minas fueron parte central de la formación de
un país concentrado alrededor de yacimientos en las alturas, donde convergieron el poder
económico y el poder político de la época. Desde la perspectiva industrial, la minería era
la de mayor desarrollo tecnológico y consolidación. En el Censo de 19001 la minería era
considerada como la industria nacional por excelencia; se señala en este documento que
la “gran escala de la minería la coloca al nivel de los adelantos más modernos…”.
La producción minera estaba concentrada en oro, plata y estaño. Potosí es citado
como el departamento con mayor explotación de plata en yacimientos como Huanchaca,
Aullagas, Colquechaca, Ocuri, Porco, además de las empresas que entonces operaban en
el Cerro Rico.
En el caso del estaño, la información del Censo de 1900 devela la importancia de su
explotación, pero por el creciente volumen requerido también se deja saber las limitaciones
en cuanto a infraestructura para el transporte.
En términos de industria manufacturera se tenía producción artesanal capaz de satis-
facer las necesidades de la población circundante a las ciudades y centros mineros. Potosí,
Oruro, Sucre y La Paz fueron los ejes de consumo, limitados en número de personas, la
mayoría con bajos ingresos. Según el Censo citado, una de las principales manufacturas
fue los tejidos a partir de lanas (llamados tejidos burdos). Rodriguez (1999) explica la
importancia de la fabricación de telas, especialmente en Cochabamba, incluyendo bayetas
de la tierra y barracanes azules que llenaban los mercados locales. El censo de entonces
hace notar una producción con calidad empleando lanas de alpaca y Vicuña, pero también
describe la producción con seda natural, cultivada en los valles de Cochabamba. En el
norte del país se procesaba artesanalmente el algodón y en ciertas provincias de Chichas
y Cinti se tejían casimires de lana. Una parte central de esta producción textil estaba di-
rigida a la población rural y campesina que no accedía a telas y confecciones importadas.
Una segunda manufactura relevante fue la carpintería y ebanistería que fabricaba
muebles; el Censo describe que la producción estaba limitada por la falta de madera y
ésta se tenía que importar. Entre tanto, el Oriente del país y otras regiones del norte
estaban abarrotados de maderas de alto valor a las cuales no se podía acceder por falta
de vías y transporte.
1 República de Bolivia. (1904). Censo General de la Población. Tomo 2. La Paz. Imprenta Lito-
gráfica de J.M. Gamarra.
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La zapatería y peletería también tenían relevancia al punto que en algunos rubros la
producción nacional cubría toda la demanda, de modo que no se importaban similares.
Las monturas de cuero para cabalgar y algunos segmentos de la zapatería eran plenamen-
te cubiertos por la manufactura local. Por su parte, la peletería no solo provisionaba el
mercado local, pero también exportaba (colchas de vicuña y alpaca).
La herrería también tenía cierto avance y se hace notar que artesanalmente se hacían
fundiciones en maestranzas donde se había alcanzado un nivel de calidad interesante.
Por supuesto que en este ámbito destaca la Casa Nacional de la Moneda en Potosí, pero
también la maestranza de la Compañía Minera Huanchaca, además de la factoría “La
Merced” de La Paz y el Colegio de Artes y Oficios en la misma ciudad. En menor escala
de producción está la escultura, el grabado y la joyería en pequeños talleres. Se describe
igualmente la relevancia de la imprenta y la litografía en Sucre y La Paz, con calidades
comparables a lo importado. El Censo concluye que “en términos generales, las industrias en
cuyo empleo entra la materia prima del país son las que se encuentran en condiciones de adelanto”
Existía producción artesanal de azúcar, galletas, confites, jabón, velas y cigarrillos. La
producción de licores fue entonces importante, incluyendo vinos, cervezas y otro tipo de
macerados y destilados.
En general, existían manufacturas artesanales que se replicaban en distintos depar-
tamentos con ciertas particularidades. La concepción del mercado no era nacional sino
local, el limitado comercio interno no contribuía a expandir mercados y con ello expandir
inversiones y capacidad industrial. Los artesanos producían para sus clientes que eran
personas de las localidades donde ellos trabajaban.
En este contexto, la minería era el sector generador de excedentes y divisas empleadas
para financiar importaciones. Las compras del extranjero prevalecían en toda la cadena
de suministros mineros, incluyendo los alimentos y equipos provistos por las llamadas
pulperías mineras. La minería tuvo entonces muy poco efecto de demanda sobre la pro-
ducción nacional; al contrario, inducía a la importación que representaría una amenaza a
la oferta artesanal descrita líneas arriba.
Hacia finales del siglo xix se había puesto en funcionamiento el ferrocarril Ollagüe-
Oruro y a inicios del siglo xx el impacto de este nuevo medio de transporte sería definitivo
para el desarrollo de la actividad económica del país. Pérez (1998) señala que este tramo,
que unió Antofagasta con Oruro, significó una caída importante en los costos de transporte,
los que bajaron hasta un 50 por ciento, particularmente para las exportaciones de minerales.
Uno de los aspectos relevantes para el análisis de la industria fue la mayor facilidad para la
importación de bienes desde ultra mar a raíz de la puesta en marcha del ferrocarril.
La llegada del tren implicó, ya en las primeras décadas del siglo xx, un golpe fuerte
a la industria que no dejaba de ser artesanal. Rodríguez describe este proceso como un
cambio que viene con la liberalización de la economía y lleva al triunfo del maquinismo
capitalista sobre los fabricantes locales a lo que se sumó, también con el ferrocarril, la
fortificación de las conexiones de la minería con los circuitos mercantiles internacionales.
Esto daría un empuje importante a la consolidación de grandes emprendimientos de im-
portación y las “Casas Importadoras” que incrementaron la presencia de productos que
desplazaban a la producción local.
En términos de políticas económicas, la apertura fue un elemento central del libera-
lismo de la época que apostó que sobre esa base se impulsaría más a la minería y que ésta
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sería el motor de desarrollo ulterior. El Estado concentraba sus esfuerzos en proporcio-
nar servicios básicos, especialmente infraestructura. Por su parte, la minería generaba la
mayor parte del ingreso fiscal que luego fue complementándose con la renta aduanera
ligada a la importación.
Pacheco (1999) describe que entre 1900 y 1920 la renta minera representó un pro-
medio de 16,8 por ciento de los ingresos del gobierno. Posteriormente, la renta minera
junto a los aranceles y otros cargos a las importaciones llegaron a representar el 68 por
ciento del ingreso fiscal. Entonces, desde la perspectiva fiscal se combinaron los roles de
generación de renta en la minería y el comercio; se esperaba mayor producción minera
y mayores importaciones para cerrar las cuentas públicas.
Así, desde el propio Estado se generaba un contexto que favorecía la llegada de pro-
ductos extranjeros. En términos de políticas de industrialización la revisión de la literatura
no refleja una visión de promover la producción local y aprovechar la demanda del sector
líder minero como palanca de demanda. El esquema significaba vulnerabilidad no solo en
el ámbito fiscal (dependiente de impuestos ligados a precios y producción minera que a su
turno financiaba importaciones que proveían gravámenes) sino también en el consumo,
el acceso a bienes intermedios y de capital.
Revisando las estrategias de industrialización de la primera sección se puede adver-
tir que lo que sucedía en la industria de inicios de siglo se acomoda a la descripción de
la primera y posiblemente segunda etapa de lo que Rostow consideraba era un proceso
lineal de evolución, describe la generación de excedentes (utilidades) y la reinversión de
éstas en segmentos de enclave (textiles y productos agropecuarios con procesos básicos).
La realidad boliviana de inicios del siglo xx no llegó a ese punto y la mayor parte de las
utilidades de la minería no fluyó a otro sector sino al exterior. En consecuencia, no se
llegó al punto de crear condiciones para el “despegue” descrito por ese autor.
El ferrocarril entonces fue un factor que en los tiempos modernos equivaldría a la
llegada de la globalización. Por supuesto que no era razonable ni posible evitar la llegada
del transporte masivo. Sin embargo, su efecto combinado con la minería generadora de
divisas se complementó en medio de un país poco articulado, con industria artesanal sin
competitividad.
En 1914 se produjo un hecho que afectaría, al menos transitoriamente, el estado de
situación de la economía boliviana. El inicio de la Primera Guerra Mundial implicó el
cierre temporal de la Bolsa de Metales de Londres y el comercio marítimo se vio afectado,
particularmente en Europa. Estos dos aspectos significaron una bajada en los precios de
los minerales; el precio del Estaño cayó en 19 por ciento entre 1913 y 1915, lo que llevó
a una caída en el valor de las exportaciones de Bolivia (37 por ciento). La consecuencia de
esta bajada condujo también a un período de menores importaciones (usd 20.4 millones
en 1913 a usd 7.3 millones en 1915). Finalmente, la escasez de divisas condujo a una
devaluación de la moneda (15 por ciento en ese período).
La frenada en las importaciones representó una pausa en relación al desplazamiento
que experimentaba la manufactura nacional. Seoane (2015) describe este período como
“… coyuntura de crisis internacional que provocó una grave escasez y, al mismo tiempo, significó
un estímulo para la producción nacional de manufacturas. Probablemente debido a ese factor y
a la expulsión y huida de grupos humanos desde Europa hacia América, se localizaron en el país
importantes inversiones y recursos humanos capacitados en labores industriales”.
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Luego, entre 1920 y 1921 el precio de Estaño en Londres cayó en 46 por ciento, lo
que llevó a una contracción de 74 por ciento en el valor de las exportaciones, que a su turno
significó una baja en importaciones; en 1919 se importaba usd 28.5 millones y en 1921
se llegó a usd 17 millones. Hubo períodos de recuperación de precios lo que restableció
el patrón de exportación de minerales e importación de manufacturas.
Por otra parte, cabe anotar que antes de 1930 la producción de petróleo no significó
una fuente importante de rentas. Hacia los años 20 comenzaba un período de avance
industrial vinculado a la migración pero también a la relativa volatilidad en la disposi-
ción de divisas; se hicieron importantes inversiones hasta 1935. Se crearon empresas de
envergadura en ciertos sectores; Forno y Lanificio Domingo Soligno-textiles, Fábrica de
Oxígeno, Tejidos de Punto, Molineras de Harina, Fábrica de Cemento Viacha, Calzados
García, Tejidos de Algodón Said, Yarur y Cía., embotelladoras de refrescos y Calzados
Zamora, entre otras.
Este período fue testigo de un salto importante en la industria; se registró la pro-
ducción de una docena de cervecerías, embutidos de carne como Stege, embotelladoras
de agua mineral como Cayacayani y Cotapachi. Aparecieron molineras en varios depar-
tamentos y cerca de 150 destilerías, los rubros inicialmente artesanales escalaron como
es el caso de las fábricas de zapatos (Calzados García empleaba a 160 trabajadores para
producir cerca de 260 pares diarios). A finales de los años 20 en La Paz existían cerca
de 30 fábricas y entre ellas estaban la Cervecería Boliviana Nacional con 225 trabaja-
dores y en Oruro surgieron otras como Figliozzi, dedicada a la panadería industrial y
las primeras galletas.
La iniciativa pública estuvo ausente del esfuerzo para desarrollar la industria; Perez
(1999) anota que “solo algunas personalidades demostraron un claro interés por la industria
como es el caso de quien fuera Ministro, Alfredo Ascarrunz, que en 1912 propuso la protección a
las manufacturas en especial los tejidos”.
Con todo, la volatilidad se imponía como sucedió luego con la Gran Depresión de
los años 30. El comercio mundial se contrajo en 66 por ciento y los precios de las materias
primas cayeron estrepitosamente. Si bien esto frenó las importaciones, también es cierto
que la caída internacional significó menos renta minera, menos ingreso en general para
el Estado y los privados. Es decir, la sola reducción de importaciones no significó mayor
mercado o demanda para la producción local.
Pérez comenta que los industriales de finales de los años 30 identificaron como
problemas importantes “la estrechez del mercado interno, la disponibilidad y capacidad de la
mano de obra y la escasa aplicación de las ciencias en la industria” (en el lenguaje de hoy ello
haría referencia a la insuficiente tecnología). A lo anterior los industriales señalaban como
problemas el encarecimiento de las divisas y su asignación preferente al sector minero.
Adicionalmente, entendían la insuficiencia de las inversiones por la falta de una política
de protección industrial.
En suma, el proceso industrial de comienzos del siglo xx hasta los años 30 se ca-
racterizó por el predominio de la artesanía que fue afectada por una combinación de
importaciones (financiadas con las divisas de la minería) y el ferrocarril. Fue una apertura
que supuso competencia entre la producción extranjera mecanizada y la artesanía local.
La minería misma privilegiaba las importaciones de insumos para uso propio y no generó
demanda para la producción industrial local que siempre había estado aislada del mundo.