La Ruta del Barroco Andino
Partiendo de la ciudad de
Cusco, en sentido sureste, se
abre una ruta cultural que
ofrece paisajes, lugares de
ensueño, conjuntos
arqueológicos y tres
magníficos y únicos templos,
que brindan una experiencia
inolvidable a quienes los
visitan. Se trata de los
templos de San Pedro Apóstol
de Andahuaylillas, San Juan Bautista de Huaro y la capilla de la Virgen Purificada
de Canincunca, administrados por la Compañía de Jesús; distintos en su expresión
y al mismo tiempo enlazados, por ser muestras representativas del arte en el
proceso de evangelización de los siglos XVI al XVIII, que se desarrolló en esta
parte de los Andes. A estos monumentos se suma el templo de la Compañía en
Cusco, que es donde se inicia la Ruta del Barroco Andino.
En alianza con instituciones nacionales y foráneas, como World Monuments Fund,
el Fondo de Contra Valor Perú – Francia, Repsol Perú y la Fundación Repsol
España, el Instituto Nacional de Cultura, la actual Dirección Regional de Cultura
y recientemente, la Fundación Backus, junto a la Universidad Antonio Ruiz de
Montoya, la Asociación Jesús Obrero CCAIJO y SEMPA, los jesuitas están
realizando obras de conservación y restauración, labores de desarrollo social y
apoyo a la comunidad.
“La Ruta del Barroco Andino” fue una ruta por donde circuló el arte que partía del
viejo continente y llegó hasta el altiplano, dejando temprana huella en su
recorrido, como las obras de los italianos Angelino Medoro y Mateo Pérez de
Alesio, y del hermano jesuita Bernardo Bitti, quien difundiría el manierismo en su
tránsito desde Lima a Cusco y el altiplano. Más tarde, otro hermano jesuita, Diego
de la Puente, partiendo de Trujillo dejaría obras a lo largo del camino entre Lima,
Cusco, Juli y La Paz. En el siglo XVII se concentraron en Cusco hábiles artistas
indígenas, conformando una Escuela Cusqueña de Pintura que perduró hasta el
siglo XVIII, y gran parte de sus obras pasaron y también se quedaron a lo largo de
este circuito.
El Templo de la Compañía de Jesús es el segundo edificado por la Orden Jesuita
en Cusco, pues el primero quedó dañado por el sismo de 1650. En su interior, de
nave única, destaca el imponente retablo mayor tallado por Cristóbal Clemente
hacia 1670. Posee valiosas obras de arte, donde destacan los lienzos que
representan la vida del fundador de la Orden, San Ignacio de Loyola, pintados por
Marcos Zapata.
San Pedro de Andahuaylillas se creó como “pueblo de reducción” en 1572,
concentrando siete parcialidades indígenas. El artista Luis de Riaño, discípulo del
italiano Angelino Medoro, ejecutó entre otras obras las portadas renacentistas
pintadas en el sotocoro[1], una de ellas con la frase ritual del bautismo traducida
en latín, castellano, quechua, aimara y puquina. Las dos pinturas murales más
destacadas están en el muro de la entrada, con temas sobre El camino del Cielo y
El camino del Infierno.
El templo de Huaro, correspondiente a la reducción de indios de Guaroc, que data
del siglo XVI, es conocido por sus pinturas murales de valor iconográfico,
ejecutadas a fines del siglo XVIII por el artista Tadeo Escalante. Destacan las del
arco triunfal, representando a San Juan Bautista con los doctores de la Iglesia. En
el sotocoro las pinturas están distribuidas en seis áreas, con las postrimerías del
hombre (muerte, juicio, infierno y gloria) y otras composiciones sobre la muerte.
Destacan el tema del “árbol vano” y “la muerte del pobre” ambientada en la plaza
de Armas del Cusco. La más llamativa es la que representa el infierno con
numerosos condenados sometidos a tormentos.
Capilla de Canincunca (Urcos)
La capilla de Canincunca, data del primer tercio del siglo XVII, consta de capilla y
casa curial. Admirada por la riqueza que contiene frente a la sencillez de su
arquitectura, singular por su escala y emplazamiento al borde la laguna de Urcos
y evidencias de un importante sitio prehispánico Wari. Destacan en su interior el
tratamiento integral con pinturas murales que abarcan las paredes y techo, con
motivos textiles a manera de paños verticales, separados por cintas de pan de oro
e iconografía característica del Barroco Andino, así como el retablo principal que
contiene la imagen de la Virgen Purificada, que está pintada sobre el muro testero
de la Capilla.
Estos tres monumentos emplazados en ambientes apacibles, con esplendorosos
paisajes, conforman “La Ruta del Barroco Andino”, que busca apoyar al desarrollo
turístico de los centros poblados y poblaciones aledañas para mejorar las
condiciones de vida de sus pobladores, apoyar obras sociales a través de
comedores, bibliotecas, ludotecas, asistencia, defensorías, capacitación, atención
en salud, entre otros, y colaborar en la evangelización.
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[1] Parte debajo del coro del templo.
Mario R. Castillo
Miembro del Proyecto de restauración del Templo San Pedro Apóstol –
Andahuaylillas (Cusco).