PONTIFICIA UNIVERSIDAD ANTONIANA DE ROMA
STUDIUM TEOLOGICUM FRANSCISCANUM
“CARDENAL ECHEVERRÍA”
FILOSOFÍA - CICLO V
FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA
NOMBRES Y APELLIDOS: Roque Fernando Verduga Alcívar
DOCENTE: Mgs. Raúl Asimbaya
FECHA: 14 de Enero del 2021
ARTÍCULO CIENTÍFICO
TEMA: EL MONISMO MATERIALISTA Y EL MONISMO
ESPIRITUALISTA. CONTROVERSIAS.
TOPIC. MATERIALIST MONISM AND SPIRITUALIST MONISM. DISPUTES.
Resumen
El monismo es una forma de pensar, que a diferencia del dualismo, procura decir
que hay una sola sustancia en el ser humano. Existen controversias al respecto, ya que el
monismo tiende a dos ramas que se oponen desde su forma de ver (materialista y
espiritualista), del cuál, filósofos como Karl Marx y Georg Hegel tienen posturas
radicales en su forma de pensar. Aunque estos filósofos fueron pensadores del siglo XIX,
actualmente sus pensamientos siguen vigentes, pero hay quienes tratan de mantener un
punto medio entre las dos formas de pensamiento.
Palabras claves: monismo, materialista, espiritualista, hilemorfismo, tendencia.
Abstract
Monism is a way of thinking that, unlike dualism, tries to say that there is only
one substance in the human being. There are controversies in this regard, since monism
tends to two branches that are opposed from their way of seeing (materialistic and
spiritualist), of which philosophers such as Karl Marx and Georg Hegel have radical
positions in their way of thinking. Although these philosophers were thinkers of the 19th
century, their thoughts are still valid today, but there are those who try to maintain a
middle ground between the two ways of thinking.
Keywords: monism, materialist, spiritualist, hylemorphism, tendency.
Introducción.
A lo largo de la historia, nada ha sido tan conflictivo, como la postura radical de
dos personas que se oponen por su forma de pensar y a esto añadido argumentos que
desde sus raíces niegan toda posibilidad de compatibilidad con el pensamiento de la otra
persona. Con frecuencia pensamos que lo espiritual y lo material son dos polos opuestos,
y que afirmar la existencia de uno supone la inexistencia del otro.
El monismo, al ser un pensamiento filosófico que reduce los seres y fenómenos a
una sola idea o única sustancia, afirma que solo existe el espíritu o la materia, y de acuerdo
al pensamiento que elija, mantendrá la persona una postura radical en su forma de vivir.
Ahora bien, quizá surjan las siguientes preguntas: ¿cuál de los dos pensamientos
es el correcto? o ¿será que existe un punto medio entre ambas formas de pensar?
Para ello hay que establecer una clara diferencia entre los monistas materialistas
y los monistas espiritualistas y ver cuáles son los argumentos que dan seguridad a su
postura. Además, analizar detenidamente a los filósofos más influyentes en ambos
campos y su postura al respecto.
Lo que se busca con este breve artículo es determinar cuál es la controversia que
genera ambas formas de pensar y de qué manera influye en la actualidad.
1. Los monistas.
Antes de adentrarnos a establecer una diferencia clara entre los monistas
materialistas y espiritualistas, hay que ir a los orígenes del pensamiento monista y ver que
este tipo de pensar surge a partir de una serie de ideas por parte de los que están a favor
de la doctrina dualista.
Según el Diccionario Filosófico Marxista, nos dice que el monismo “es la doctrina
filosófica que, en contraposición al dualismo, reconoce un solo principio como
fundamento de todo lo existente” (pág. 223), y sobre el dualismo dice que “es una
tendencia filosófica que estima como el fundamento de la existencia, no una, sino dos
diferentes sustancias” (pág. 84).
Ambos tipos de pensamientos se oponen directamente, ya que el monismo
reconoce un solo principio o sustancia en la existencia del ser, mientras que el dualismo
habla de dos sustancias.
Uno de los pensadores o filósofos más influyentes dentro del campo del dualismo
es Platón, ya que él acentúa como tal el término “dualista” al hablar del mundo inteligible,
de las ideas, de lo eterno, de lo inmutable y el mundo sensible de la materia, lo temporal,
lo mudable y corruptible. Más adelante será Descartes quien hable más directamente entre
el espíritu (res cogitans) y la materia (res extensa).
Además de ser el dualismo dos sustancias, Platón señala que, en la persona se da
una confrontación entre ambos principios, es decir, entre las ideas y lo sensible, y según
su pensamiento, la materia es mala, el cuerpo es malo, ya que éste encarcela a el alma que
busca trascender. Este pensamiento lo explica en el conocido “mito de la caverna”.
(Fedón, 80b)
Dado que los dualistas conciben la materia y el espíritu en el ser de las cosas, los
monistas dicen todo lo contrario: es materia o es espíritu (blanco o negro), pero que ambas
cosas no pueden existir a la vez, por esa razón se dividen en monistas materialistas y
monistas espiritualistas.
Cada bando tiene su convicción en su pensamiento, aunque ambos se rebaten entre
sí. Es interesante conocer el causante o principio de su forma de pensar y los filósofos
que han sido motores en este tipo de pensamientos hasta el día de hoy.
1.1. Los monistas materialistas.
Para pasar a hablar del pensamiento monista materialista, hay que remontarnos a
sus inicios, y uno de los primeros pensadores sobre este tema fue Leucipo, maestro de
Demócrito, en el siglo V. Nos dice la historia:
“Demócrito, Epicuro y Leucipo fueron los representantes del materialismo
atomista de la Antigüedad. Tomaban como fundamento de todo lo existente los
átomos, indivisibles, impenetrables, pequeñísimas partículas materiales que se
mueven en el vacío infinito. De la combinación de estas partículas, distintas en su
forma, se constituye, a su juicio, toda la variedad de los fenómenos de la
naturaleza. Los mundos existen en multitud infinita. Se originaron por el
movimiento en torbellino de los átomos. Unos mundos aparecen, otros se
destruyen. El materialismo atomista de Demócrito, Epicuro y Leucipo fue dirigido
contra (…) las supersticiones religiosas. Consideraban que el alma es material,
constituida por ligerísimos átomos, y negaban su inmortalidad.” ( P. Iudin & M.
Rosental, pág. 63)
Pues con la teoría atomista, creen haber descubierto el origen del universo, el
origen de la vida y creen poder demostrar que todo se reduce a la materia. Algo curioso
es que ellos como filósofos, antes que científicos, creían en el alma, pero en un alma
material. Es decir, sabían que dentro del ser humano existía un motor que le daba la vida
(el alma), pero esta era compuesta por átomos e incapaz de trascender.
Quizá ese será, más adelante, un punto a favor de los espiritualistas para desligar
lo “material del alma” y será Isaac Newton, el encargado de debatir este tipo de pensar al
estudiar el átomo.
En el libro “El principio vital del ser humano” de Rafael Usanos, entiende por
monistas materialistas a “aquel conjunto de teorías que afirman que los estados y procesos
mentales no son nada más que procesos neutrales. No hay nada más que cerebro y
actividad cerebral”. Además, añade desde el punto filosófico, “que todo lo real es material
y no hay nada más, solo una unidad de sustancia y propiedades”. (pág. 147)
Cuando Usanos, desde un punto de vista científico-psicológico, trata de entender
al hombre en su concepción materialista, lo reduce a: “no hay nada más que cerebro y
actividad cerebral”, afirmando que, lo que para otro sería “algo espiritual”, se demuestra
desde la actividad cerebral, en otras palabras, todo está en el cerebro y todo está en la
mente.
Al referirse en esos términos, desde el ser antropológico de la persona, trata de
demostrar que a partir del cerebro, el hombre es capaz de entender todos los cauces de las
demás cosas. Por eso dirá Oscar Wilde que “es en el cerebro donde todo tiene lugar”.
En el libro “Filosofía de la Naturaleza” de Mariano Artiagas, también habla sobre
una versión sofisticada del materialismo conocida como “materialismo emergentista”, el
cual admite la realidad de lo mental. Diferente al pensamiento de Usanos, afirma que lo
mental es algo cualitativamente diferente de lo físico, que es un resultado emergente de
los procesos neuronales.
Añade también que “el materialismo no puede ser defendido utilizando los
avances de la psicología experimental: estos avances solamente muestran que existe una
relación entre el psiquismo humano y las condiciones materiales en las cuales ese
psiquismo existe y se ejercita”. (pág. 303) Esto da paso a conocer la siguiente postura.
1.2. Los monistas espiritualistas.
Si vamos a la etimología de la palabra espíritu, encontraremos lo siguiente:
“espíritu en hebreo significa brisa, aliento de vida, fuerza que genera la realidad. Del
hebreo es traducida al griego y luego al latín, de donde nosotros tomamos el término. Lo
común en el uso de la palabra en estos tres idiomas es que el espíritu es lo que alienta la
realidad”. (Martínez Ocaña, pág. 18)
Es importante entender el significado etimológico de la palabra “espíritu”, para
poder comprender más fácilmente este pensamiento filosófico. Quizá uno de los filósofos
más destacados en este campo ha sido G. Friedrich Hegel, ya que su pensamiento se basa
en el “idealismo”, refiriéndose con ese término directamente a las ideas en contraposición
de la materia; en el siguiente capítulo se hablará detalladamente acerca de su pensamiento.
Según la enciclopedia universal ilustrada del doctor José Esparsa, nos dice lo
siguiente:
“El espiritualismo monista, muy extendido en la actualidad entre los cultivadores
de la filosofía en todas las escuelas heterodoxas, es en realidad espiritualismo en
cuanto ha surgido casi espontáneamente tras el desprestigio en que han caído las
escuelas materialistas, desde que, se echó de ver por los cultivadores de todas las
ciencias positivas que el materialismo es una metafísica tan abstracta como
cualquier otra y fuera del alcance de la experiencia. (…) Así, que el espiritualista
monista no admite más en el hombre y en toda la naturaleza sensible o insensible
que el espíritu, al cual a su vez confunde con la operación consciente del hombre,
es decir, con todos los fenómenos de la conciencia.” (págs. 293 - 295)
Dado la falta de sustento por parte de los filósofos materialistas, surgen los
filósofos idealistas o espiritualistas, pero el problema está cuando se pasa de un extremo
a otro sin analizar sobre la posibilidad de algún punto medio entre ambas teorías;
Aristóteles dirá “en el medio está la virtud”.
En el campo espiritualista, existen varias corrientes filosóficas, la mayoría de ellas
son orientales. En la revista Naturaleza y Libertad (2013), se da a conocer una de ellas:
“El gnosticismo como corriente filosófica y religiosa pretendía un conocimiento
intuitivo de las cosas divinas a las que identificaba con lo espiritual. Consideraba
así por el contrario lo material como fuente del mal. Así, ignoraban la realidad del
cuerpo y, cuando no lo hacían, era para considerarlo como una cárcel para el
cuerpo y, en cualquier caso, como un limitador de las posibilidades del espíritu.”
(pág. 149)
Una vez que hemos visto a breves rasgos conceptos sobre la postura materialista
y espiritualista, vamos a analizar a dos filósofos del siglo XIX que con sus aportes han
influenciado de manera admirable en su época y aún hoy, un siglo después, siguen dando
eco sus palabras en todo sentido.
2. Marx y Hegel. Controversias.
Sin necesidad de hacer una ficha biográfica de ambos filósofos, nos enfocaremos
directamente en su pensamiento.
Georg Friedrich Hegel, fue un filósofo del Idealismo alemán, el último de la
modernidad y uno de los más importantes de su época. Según Hegel, “el fundamento del
mundo es una cierta idea absoluta objetiva que existe antes de la aparición de la
Naturaleza y del hombre. La idea absoluta, por su naturaleza, es un principio activo: sin
embargo, su actividad sólo puede ser expresada en el raciocinio, en el autoconocimiento”.
( P. Iudin & M. Rosental, pág. 130)
Además señala que la filosofía es una “ciencia absoluta” y considera a su propia
filosofía como el grado definitivo del autodesarrollo de la idea.
Karl Marx, filósofo y militante comunista alemán, juntamente con Engels,
exponen el “socialismo científico” frente a los diversos socialismos idealistas y
anarquistas que en aquellos tiempos predominaban en la izquierda. Lo que pretende Marx
es mostrar a la sociedad las bondades de la ciencia en el estudio de las sociedades frente
a las “fantasías” utópicas de sus colegas que pretendían dejar atrás (refiriéndose a Hegel).
En El libro nuevo de la Nueva Izquierda, Agustín Laje nos presenta las intenciones
de Marx con respecto a su forma de pensar: «La desmesurada pretensión “científica” del
marxismo precisaba de un método no menos monumental para estudiar el “curso de la
historia” e intentar, a la postre, predecir las transformaciones sociales y, más importante
todavía, las condiciones de las transformaciones revolucionarias». (pág. 14)
Es en este sentido que Marx es “hegeliano”, ya que toma del Hegel su célebre
método: la dialéctica. El método de la dialéctica había sido utilizado por Hegel para
descubrir el movimiento de las ideas en el mundo; para Hegel, las ideas de los hombres
resultan centrales para explicar los cambios en la historia. En el marxismo será lo opuesto:
dialéctica, pero aplicada al descubrimiento del mundo de la materia, y a eso en la jerga
marxista se le llama materialismo dialéctico.
Ahora bien, todo este enfrentamiento ideológico se da entorno a la revolución
industrial, en la que los campesinos dejaban sus tierras para ir a las ciudades a trabajar en
las grandes fábricas y algunos dueños de estas fábricas terminan explotando a los pobres
trabajadores, lo que para Marx será burguesía y proletariado.
Lo que pretende Marx es armar una lucha de clases para que exista una “igualdad”
en todo sentido, y resulta curioso que la visión de un mundo comunista, sin clases y sin
Estado, fue tan utópica como las mismísimas utopías de las que Marx y Engels renegaban,
pues la historia así nos lo ha demostrado.
El pensamiento materialista de Marx no ha sido favorable para la humanidad.
Querer ver todo desde la materia, desde las fuerzas de producción y buscar crear una
sociedad sin idealismos, sin religión y sin espiritualidad, convirtiendo a las personas unas
“máquinas” como lo dice Mattrie, no ha dado buen resultado.
Ahora, pensar que el idealismo que propone Hegel es del todo correcto tampoco
sería lo adecuado. Nuevamente “la virtud está en el medio”.
Entonces ¿cuál es el medio de la virtud? Volviendo a citar a Mariano Artiagas, él
realiza un breve compendio sobre el hilemorfismo, una doctrina de Aristóteles para
explicar el modo de ser de las substancias naturales, y recibió una formulación clásica en
el pensamiento de Tomás de Aquino.
“Caracteriza al hombre como compuesto de cuerpo y alma, subrayando la unidad
del compuesto y la espiritualidad del alma. El hombre es concebido como una
sola substancia, frente al dualismo de tipo cartesiano, puesto que, si bien espíritu
y materia son realidades diferentes, sin embargo el alma es forma substancial del
cuerpo. El hombre no es un cuerpo al que se añade un alma como una realidad
yuxtapuesta, sino que alma y cuerpo forman una sola realidad; lo cual no impide
que, dado el carácter espiritual del alma, ésta pueda subsistir después de la
muerte.” (pág. 304)
Precisamente ésta es la doctrina que se acerca más a la realidad, ni solo materia,
ni sólo espíritu, pues somos una unidad de alma y cuerpo y ambas tienen su lugar en el
universo. Entender esto, significa un gran equilibrio humano y social.
3. ¿El espíritu o la materia? Tendencias del hombre del siglo XXI.
Nos encontramos en una sociedad, que a simple vista, tiende más al consumismo.
Estamos en una era tecnológica, donde incluso el mendigo de la calle ya cuenta con un
smartphone y los niños de esta generación son expertos en el uso de las plataformas
virtuales.
Es una sociedad que avanza a pasos agigantados, y lo que antes parecía imposible
de alcanzar hoy está a un solo click. Zygmunt Bauman llamará a esta generación
“sociedad líquida”, donde la duración de las cosas ya no importan, donde ya no nos define
lo que hacemos, sino lo que compramos, donde todo es inestable, incluso las relaciones
entre las parejas, lo único que busca el hombre es sentirse bien, aún cuando eso implique
romper con sus principios e ideales.
Lo que he acabado de describir es básicamente una sociedad que se ha volcado a
la materia, a lo concreto, a vivir el ahora sin pensar en las consecuencias del mañana y a
este ritmo de vida parecería que ya no existe espiritualidad en las personas, y con
espiritualidad no me refiero directamente a la religión, sino al hecho de pensar que hay
valores en el ser humano que no se deben romper.
Por ejemplo, lo que hace rico al hombre no son las cosas que posee, sino su
capacidad para entablar buenas relaciones con los demás, relaciones concretas, no
virtuales, ya que el ser humano está llamado a algo más trascendente, que si fuera capaz
de reflexionar un poco más sobre su vida futura probablemente logre descubrir para lo
que está hecho.
Aunque todo parece desmoronarse a pedazos, existe aún una minoría que ha
entendido que el hombre no solo vive de la materia, sino que hay cosas en el mundo que
hablan de algo más profundo, algo más sublime a lo que tiende por naturaleza y aunque
el mundo pretenda apagar todo lo espiritual de la persona, en el fondo de su ser tendrá un
llamado a lo sobrenatural que nunca podrá saciar con todas las cosas materiales que
poseen, sino da esa apertura a lo extraordinario.
Conclusión.
Desenmascarando a los monistas de ambas ramas, podemos decir que su forma de
pensar es insuficiente para la experiencia del ser humano. El pensamiento materialista de
Marx va en contra de lo que es el ser humano (materia y espíritu), y querer reducirlo a la
sola idea de lo material resulta asfixiante para la persona. Ahora pensar que el hombre
sólo vive para el Absoluto, como lo diría Hegel, y vivir conforme a las ideas es algo que
queda inconcluso, o más bien, falta sustento a su pensamiento.
La experiencia y el razonamiento enseñan que en el hombre existen dimensiones
materiales y espirituales, y que ambas se dan en una única persona. El hombre es una
única substancia, y esto queda reflejado en el hilemorfismo al afirmar que la unión entre
alma y cuerpo.
Por otra parte, las dimensiones espirituales no pueden derivar de la materia; por
tanto, es necesaria la creación divina del alma que, aunque es forma de la materia, por su
espiritualidad no depende de ella, y subsiste hasta que la persona muera.
Finalmente, nos encontramos en una sociedad que tiende más a lo material que a
lo espiritual, sin embargo, existen personas que viven de lo material pero con un alma
que busca elevarse a las cumbres de lo espiritual, estas personas han encontrado un
equilibrio en su vida y son capaces de amar con libertad.
Bibliografía
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University Press.