EL MESTER DE CLERECÍA
Texto 1. Milagros de Nuestra Señora, Gonzalo de Berceo.
V I. El ladrón devoto
Era un ladrón malo que más querié furtar
que ir a la eglesia nin a puentes alzar;
sabié de mal porcalzo su casa governar,
uso malo que priso, no lo podié dexar.
Si facié otros males, esto no lo leemos,
serié mal condempnarlo por lo que non savemos,
mas abóndenos esto que dicho vos a vemos,
si ál fizo, perdóneli Christus en qui creemos.
Entre las otras malas, avié una bondat
que li vahó en cabo e dioli salvedat;
credié en la Gloriosa de toda voluntat,
saludávala siempre contra la su magestat.
Si fuesse a furtar, o a otra locura,
siempre se inclinava contra la su figura,
dizié «Ave María» e más de escriptura,
tenié su voluntad con esto más segura.
Como qui en mal anda en mal á a caer,
oviéronlo con furto est ladrón a prender;
non ovo nul consejo con qué se defender,
judgaron que lo fuessen en la forca poner.
Levólo la justicia pora la crucejada,
do estava la forca por concejo alzada;
prisiéronli los ojos con toca bien atada,
alzáronlo de tierra con soga bien tirada.
Alzáronlo de tierra quanto alzar quisieron,
quantos cerca estavan por muerto lo tovieron:
si ante lo sopiessen lo que depués sopieron,
no li ovieran fecho esso que li fizieron.
La Madre glorïosa, duecha de acorrer,
que suele a sus siervos ennas cuitas valer,
a esti condempnado quísoli pro tener,
membróli del servicio que li solié fer.
Metióli so los piedes do estava colgado
las sus manos preciosas, tóvolo alleviado:
non se sintió de cosa ninguna embargado,
non sovo plus vicioso nunqua nin más pagado.
Ende al día terzero vinieron los parientes,
vinieron los amigos e los sus connocientes,
vinién por descolgallo rascados e dolientes,
sedié mejor la cosa que metién ellos mientes.
Trobáronlo con alma alegre e sin danno,
non serié tan vicioso si yoguiesse en vanno;
dizié que so los piedes tenié un tal escanno,
non sintrié mal ninguno si colgasse un anno.
Quando lo entendieron los que lo enforcaron,
tovieron que el lazo falsso gelo dexaron;
fueron mal rependidos que no lo degollaron,
tanto gozarién d’esso quanto depués gozaron.
Fueron en un acuerdo toda essa mesnada,
que fueron engannados enna mala lazada,
mas que lo degollassen con foz o con espada;
por un ladrón non fuesse tal villa afontada.
Fueron por degollarlo los mancebos más livianos,
con buenos seraniles grandes e adïanos;
metió Sancta María entre medio las manos,
fincaron los gorgueros de la golliella sanos.
Quando esto vidieron que no’l podién nocir,
que la Madre gloriosa lo querié encobrir,
oviéronse con tanto del pleito a partir,
hasta que Dios quisiesse dexáronlo vevir.
Dexáronlo en paz que se fuesse su vía,
ca ellos non querién ir contra Sancta María,
mejoró en su vida, partióse de follía:
quando cumplió so corso murióse de su día.
Texto 2. Milagros de Nuestra Señora, Gonzalo de Berceo.
III. El clérigo y la flor.
De un clérigo leemos que era de sesos ido,
y en los vicios del siglo fieramente embebido;
pero aunque era loco tenía un buen sentido:
amaba a la Gloriosa de corazón cumplido.
Como quiera que fuese al mal acostumbrado,
en saludarla siempre era bien acordado;
y no iría a la iglesia, ni a otro mandado
sin que antes su nombre no hubiera aclamado
Decir no lo sabría por qué causa o razón
(nosotros no sabemos si se lo buscó o non)
dieron sus enemigos asalto a este varón
y hubieron de matarlo, déles Dios su perdón.
Los hombres de la villa, y hasta sus compañeros,
que de lo que pasó no estaban muy certeros,
afuera de la villa, entre unos riberos
se fueron a enterrarlo, mas no entre los diezmeros.
Pesóle a la Gloriosa por este enterramiento,
porque yacía su siervo fuera de su convento;
aparecióse a un clérigo de buen entendimiento
y le dijo que hicieron un yerro muy violento.
Ya hacía treinta días que estaba soterrado:
en término tan luengo podía ser dañado;
dijo Santa María: «Es gran desaguisado
que yazga mi notario de aquí tan apartado.
Te mando que lo digas: di que mi cancelario
no merecía ser echado del sagrario;
diles que no lo dejen allí otro treintenario
y que con los demás lo lleven al osario.»
Preguntóle el clérigo que yacía adormentado:
«¿Quién eres tú que me hablas? dime quién me ha mandado,
que cuando dé el mensaje, me será demandado
quién es el querelloso, o quién el soterrado».
Díjole la Gloriosa: «Yo soy Santa María,
madre de Jesucristo que mamó leche mía;
el que habéis apartado de vuestra compañía
por cancelario mío con honra lo tenía.
El que habéis soterrado lejos del cementerio
y a quien no habéis querido hacerle ministerio
es quien me mueve a hacerte todo este reguncerio:
si no lo cumples bien, corres peligro serio.»
Lo que la dueña dijo fue pronto ejecutado:
abrieron el sepulcro como lo había ordenado
y vieron un milagro no simple, y sí doblado;
este milagro doble fue luego bien notado.
Salía de su boca, muy hermosa, una flor,
de muy grande hermosura, de muy fresco color,
henchía toda la plaza con su sabroso olor,
que no sentían del cuerpo ni un punto de hedor.
Le encontraron la lengua tan fresca, y tan sana
como se ve la carne de la hermosa manzana:
no la tenía más fresca cuando a la meridiana
se sentaba él hablando en medio la quintana.
Vieron que esto pasó gracias a la Gloriosa,
porque otro no podría hacer tamaña cosa:
trasladaron el cuerpo, cantando Specïosa,
más cerca de la iglesia a tumba más preciosa.
Todo hombre del mundo hará gran cortesía
si hiciere su servicio a la Virgo María:
mientras vivo estuviere, verá placentería
y salvará su alma al postrimero día.
Texto 3. Libro de buen amor, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita.
Ay, Dios, cuán hermosa viene doña Endrina por la plaza!
¡Ay, qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garza!
¡Qué cabellos, qué boquita, qué color, qué buenandanza!
Con saetas de amor hiere cuando los sus ojos alza.
Pero tal lugar no era para conversar de amores;
acometiéronme luego muchos miedos y tembolores,
los mis pies y las mis manos eran de sí señores,
perdí seso, perdí fuerza, mudáronse mis colores.
Unas palabras tenía pensadas para decir,
la vergüenza ante la gente otras me hace proferir;
apenas era yo mismo, sin saber por dónde ir;
mis dichos y mis ideas no conseguían seguir.
Hablar con mujer en plaza es cosa muy descubierta
y, a veces, mal perro atado está tras la puerta abierta;
es bueno disimular, echar alguna cubierta,
pues sólo en lugar seguro se puede hablar cosa cierta.
Texto 4. Libro de buen amor.
SÁTIRA CONTRA EL PODER DEL DINERO.
Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo, al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.
Aun el hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dineros no es de sí señor.
Si tuvieres dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
ganarás Paraíso, ganarás salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.
Yo vi en corte de Roma, do está la Santidad,
que todos al dinero tratan con humildad,
con grandes reverencias, con gran solemnidad;
todos a él se humillan como a la Majestad.
Creaba los priores, los obispos, abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades;
a los clérigos necios dábales dignidades,
de verdad hace mentiras; de mentiras, verdades.
Hacía muchos clérigos y muchos ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les daba por bien examinados:
a los pobres decían que no eran ilustrados.
Ganaba los juicios, daba mala sentencia,
es del mal abogado segura mantenencia,
con tener malos pleitos y hacer mala avenencia:
al fin, con los dineros se borra penitencia.
El dinero quebranta las prisiones dañosas,
rompe cepos y grillos, cadenas peligrosas;
al que no da dinero le ponen las esposas.
¡Hace por todo el mundo cosas maravillosas!