EL ATOMISMO LÓGICO DE RUSSELL
Resumen: El presente trabajo muestra las ideas sobre atomismo lógico expuestas por Russell en su
texto Logical Atomism. Así, el tema central se desarrolla en torno a la idea de una filosofía cuyo
fundamento reside precisamente en la lógica.
Palabras Clave: Lógica, filosofía y atomismo lógico.
En el texto Logical Atomism, Russell busca establecer un modo de hacer filosofía con el propósito
de construir un discurso exento de aporías y de encontrar una lógica como fundamento de toda
filosofía posible; en este sentido, la tesis central de su texto gira en torno a lo siguiente: “I hold
that logic is what is fundamental in philosophy, and that schools should be characterized rather by
their logic than by their metaphysic” (Russell, 1956:203). Aquí, el eje central del texto muestra que
la lógica es lo verdaderamente fundamental para la filosofía y que el primer paso para abordar
este fundamento es mostrar que un discurso fuerte no tiene ninguna inconsistencia lógica (Russell,
1956:203). De este modo, a continuación se hará una reconstrucción del documento estudiado
con la intención de evidenciar los argumentos que sustentan esta tesis.
Para empezar, es importante indicar que Russell llegó a la filosofía a través de la matemática por
su inclinación a buscar una verdad indubitable en el conocimiento; sin embargo, la matemática
pura no era suficiente para tal propósito debido a los múltiples problemas y sofismas que
encerraban algunos de sus planteamientos básicos. De este modo, el filosofó de Gales se interesó
por estudiar la lógica de Mill, el empirismo puro de Hume, el criticismo de Kant y el idealismo de
Hegel, pero fue la lógica de Bradley y las discusiones con Moore las que lo influyeron
profundamente. Es así como el análisis de las proposiciones matemáticas convencieron al autor de
que no se podría explicar las verdades parciales, a menos que se pueda admitir el pluralismo y la
realidad de las relaciones (Russell, 1956:204). Es por esto que después de estudiar a Leibniz, el
filósofo de Gales concluyó que muchas de las opiniones se deben a la doctrina lógica de que toda
proposición tiene un sujeto y un predicado: “(…), I came to the conclusion (subsequently
confirmed by Couturat’s masterly researches) that many of his most characteristic opinions were
due to the purely logical doctrine that every proposition has a subject and a predicate” (Russell,
1956:204). Es por esto que Russell quiso -por lo tanto- revisar un problema original de la filosofía:
¿Cuáles son los fundamentos de la matemática? Una salida a este problema podía hallarse en la
nueva lógica de los estudios de Peano y Frege. En definitiva, la geometría no Euclidiana y la
concepción del infinito número de Cantor liberaron la matemática de la contradicción y -por lo
tanto- intentaron eliminar las antinomias (Russell, 1956:204); sin embargo, Russell finalmente
explica que Frege es quien mostró que la aritmética se puede deducir de la lógica pura sin la
necesidad del uso de ideas o axiomas diferentes a la lógica (Russell, 1956:205).
De este modo, Russell afirma que es probable que la filosofía haya cometido un error en la
adopción de soluciones que no responden verdaderamente a sus dificultades intelectuales y que
-por esta razón- la ponen como un desafortunado legado de la teología. (Russell, 1956:205). En
este orden de ideas, Russell con Whitehead -en un texto denominado los Principia Mathematica-
presenta un argumento principal que permitirá un avance en este campo: “(…) that from certain
ideas and axioms of formal logic, by the help of the logic relations, all pure mathematics can be
deduced, without any new undefined idea or unproved propositions” (Russell, 1956:205); es decir,
que toda la matemática pura se puede deducir a partir de ciertas ideas y axiomas de la lógica
formal con la ayuda de sus relaciones.
Por otro lado, cuando la matemática pura se organiza como un sistema deductivo, esto es como
un conjunto de proposiciones que pueden deducirse de premisas, es importante tener en cuenta
que no se puede creer en la verdad de las premisas establecidas (Russell, 1956:205). Por ejemplo,
lo mismo ocurre cuando la ciencia se organiza como un sistema deductivo; aquí, las proposiciones
lógicas más simples del sistema no son las más obvias y ni son las razones más certeras para creer
en el sistema (Russell, 1956:206). Esta orientación desde lo lógico es igual, puesto que los
principios de la lógica se fundamentan en una creencia de sus proposiciones en cuanto a sus
consecuencias: “Exactly the same thing happens in the pure realm of logic; the logically first
principles of logic- at least some of them- are to be believed, not on their own account, but on
account of their consequences” (Russell, 1956:206). En este sentido, los errores pueden surgir a
partir de la asimilación de la lógica a la epistemológica y es por esto que “[o]ur reasons for
believing logic and pure mathematics are, in part, only inductive and probable, in spite of the fact
that, in their logical order, the propositions of logic and pure mathematics follow from the
premises of logic by pure deduction” (Russell, 1956:206). En este punto y como el más importante
principio metodológico, la navaja de Occam puede explicar estas inconsistencias: “When some set
of supposed entities has neat logical properties, it turns out, in a great many instances, that the
supposed entities can be replaced by purely logical structures composed of entities which have
not such neat properties. In that case, in interpreting a body of propositions hitherto believed to
be about the supposed entities, we can substitute the logical structures without altering any of the
detail of the body of propositions in question” (Russell, 1956:206). Se trata de una inferencia
porque las entidades ordenadas con propiedades lógicas siempre se derivan; aquí, el principio
puede expresarse en la siguiente forma: siempre que sea posible, se debe sustituir las
construcciones de las entidades conocidas para hacer inferencias a entidades desconocidas
(Russell, 1956:207). De lo anterior se puede colegir un principio llamado abstracción - no
abstracción, el cual es aplicable en el caso de una relación simétrica y transitiva como la igualdad;
un ejemplo muy importante de este principio es la definición de Frege del número cardinal de un
conjunto dado de términos como la clase de todos los conjuntos que son similares, de este modo
un número cardinal es la clase de todas las clases que son similares a una clase dada; en este
sentido, esta definición no afecta a los valores de la verdad de todas las proposiciones en las que
se producen los números cardinales (Russell, 1956:207-208).
Otro punto sustancial en el texto de Russell es lo que llama como descripciones definidas de las
proposiciones, es decir la forma como se puede dar la verdad de las afirmaciones en el lenguaje.
Siempre ha habido una dificultad en la interpretación de proposiciones tales como el actual rey de
Francia no existe, puesto que su proposición surge de la suposición de que el actual rey de
Francia es el sujeto de esta afirmación, lo que hace necesario suponer que subsiste a pesar de que
no existe (Russell, 1956:208). Esto se puede aplicar a un problema clásico de la geometría como lo
es la cuadratura del círculo, puesto que de hecho el cuadrado redondo no existe aunque sí
subsista. Por lo tanto, una consecuencia importante de la teoría de las descripciones es que no
tiene sentido decir A existe y que A efectivamente no exista a pesar que subsista y que permita
ser usado como sujeto en una proposición (aquí vale la pena aclarar que si no subsiste A no es
posible usar a A como sujeto en una proposición). Es por esto que los problemas de verdad de las
proposiciones se encuentran en la existencia que se le atribuyen a las entidades individuales es
-por lo tanto- no constitutiva de fundamento. Es en este sentido que el argumento ontológico y la
mayoría de sus refutaciones dependen de una mala gramática (Russell, 1956:209).
Otro aspecto importante de la teoría de Russell es lo que él llama como el principio
de construcciones versus inferencias; aquí, desde una perspectiva de la filosofía de los
acontecimientos mentales, se puede considerar que el esquema cognitivo sujeto-
predicado (donde el acoplamiento es la relación cognitiva con lo conocido) puede tornarse como
sospechoso; por esto, es evidente que el sujeto debe ser preservado como una construcción y no
como una entidad inferida (Russell, 1956:210-211). En resumen, la mayor parte del análisis de la
mente consiste en aplicaciones del principio de construcciones versus inferencias; empero, este
principio depende para su adecuado uso de la existencia de un cuerpo bastante fiable de
proposiciones que hayan sido interpretadas por la lógica, de tal manera que se preserve su verdad
mientras se minimiza el elemento de inferencia para entidades no observadas (Russell, 1956:210-
211).
Por otro lado, la influencia del lenguaje en la filosofía ha sido profunda y casi desconocida por los
filósofos, aunque ha sido trabajada en cierto sentido por la lógica de sujeto-predicado en la
metafísica de la sustancia-atributo; aquí, el lenguaje se vuelve más abstracto y en un nuevo
conjunto de entidades filosóficas que pueden ser representadas por las palabras abstractas o
universales. Russell no afirma que no existan universales, pero sin duda asegura que hay muchas
palabras abstractas que no representan a un solo universal como lo son -por
ejemplo- triangularidad o racionalidad (en estos aspectos, el lenguaje nos engaña tanto por su
vocabulario como por su sintaxis); por lo tanto, se deben tener en cuenta sus aspectos si quiere
tener una lógica libre de falsedad (Russell, 1956:211-212). Seguramente, el origen de toda
metafísica en la filosofía está en la obra de Platón, puesto que “(…) when once usage has fixed the
objects to which the world is to be applied, common sense is influence by the existence of the
word, and tends to suppose that one word must stand for one object, which will be a universal in
the case of an adjective or an abstract word.Thus the influence of vocabulary is towards a kind of
platonic pluralism of things and ideas” (Russell, 1956:212); esto quiere decir que una palabra
abstracta se aplica en principio a las cosas individuales, pero finalmente se dirige a objetos que ya
no están en el mundo. Específicamente, la influencia de la sintaxis en el lenguaje ha permitido
admitir el carácter necesario de la forma sujeto-predicado, en la que su juntura es precisamente
una cópula; aquí, los filósofos, por regla general, creían estar libres de este tipo de influencias
lingüísticas, pero la mayoría de ellos se equivocaron porque el pensamiento abstracto posibilita
siempre la inclinación por el estudio de las palabras que representan dichas abstracciones: la
extensión de la lógica de sujeto-predicado es, pues, la razón de la metafísica (Russell, 1956:212-
213).
Es importante observar que en la definición formal, cuando dos palabras tienen significados
de diferentes tipos, las relaciones de las palabras son de diferente tipo; es decir, no hay una
relación de significado entre las palabras y lo que representan. Este hecho es fuente de error y
confusión en la filosofía, puesto que es difícil expresar con palabras sus relaciones y establecer una
diferencia entre una relación y sus términos; aquí, la mayoría de los argumentos a favor o en
contra de la realidad de las relaciones se han viciado a través de esta fuente de confusión. (Russell,
1956:214).
En esta dirección, Russell afirma que en lugar de unidades es mejor hablar de hechos, los
cuales deben entenderse como hechos no simples: “In place of ‘unities’ or ‘complexes’, I prefer to
speak of ‘facts’. It must understood that the word ‘fact’ cannot occur significantly in any position in
a sentence where the word ‘simple’ can occur significantly, nor can a fact occur where a simple
can occur. We must not say ‘facts are not simples’” (Russell, 1956:217). De este modo, los hechos
se pueden afirmar o negar pero no pueden ser nombrados, esto quiere decir que el símbolo de un
hecho no es un nombre; en consecuencia, la forma de significar un hecho es simplemente
afirmándolo. Por tal motivo, al referirse a algunas de las críticas de Bradley, Russell dice que las
expresiones simple y complejo son siempre dos palabras de diferente tipo y que -por lo tanto- los
estados "hay simples" y "hay complejos" usan las palabras "hay" en diferentes sentidos; pero si
uso la palabra "hay" en el sentido que tiene la declaración "hay simples", entonces la forma de las
palabras "hay complejos" no es ni verdadera ni falsa pero sí paradójica; esto demuestra lo difícil
que es decir -claramente en el lenguaje ordinario- lo que se dice con la palabra "complejo".
(Russell, 1956:217). En esta clave, según Russell, el propósito de la discusión renuncia a un
lenguaje lógico ideal -por ser totalmente inútil para la vida cotidiana- por dos razones: primero,
para evitar inferencias falaces a partir de la naturaleza del lenguaje a la naturaleza de la palabra; y
segundo, para evitar contradicciones en la estructura del discurso (Russell, 1956:220-221).
Es muy importante comprender que para construir una filosofía a la manera de la ciencia es
necesario el error; sin embargo, los filósofos -cuyas teorías prima facie van en contra de la ciencia-
siempre profesan ser capaces de interpretarlo todo, de tal modo que reducen a la ciencia a un
segundo nivel. En este sentido, no creer en la realidad de la relación puede posibilitar la
interpretación de numerosas partes de la ciencia que emplean relaciones asimétricas. Es por esto
que en cierto sentido, la filosofía es más dudosa que la ciencia aunque tal vez no más dudosa que
sus más amplias generalizaciones. (Russell, 1956:221-222). En resumen, Russell afirma que un
esbozo de una posible estructura del mundo, no es más que un esbozo que no ofrece algo más
que lo simplemente posible. (Russell, 1956: 224).
Finalmente, otro tema es que, según Russell, el mundo se compone de un número finito -tal vez
infinito- de entidades que tienen diferentes relaciones entre sí y varias cualidades; en este sentido,
cada una de estas entidades -llamadas eventos- pueden ocupar un tiempo finito corto y una
pequeña cantidad finita de espacio; aquí, cada evento tiene una relación con otros eventos en una
zona que posibilita una colección de eventos en una pequeña región del espacio-tiempo (Russell,
1956: 224). El conjunto de eventos son una región mínima que abarca una multiplicidad de cuatro
dimensiones, la cual puede construir un espacio-tiempo que se requiere. En este sentido, estas
regiones pueden ser recogidas por medio de leyes de la física que a su vez constituyen la historia
en el tiempo de la materia; aquí, todos los tipos de materia en cierta medida (como el tejido
nervioso) son susceptibles de formar hábitos encaminados a la constitución de la serie de eventos
en el espacio-tiempo que constituyen lo que ordinariamente se llama como movimiento (Russell,
1956: 226).
En resumidas cuentas, Russell afirma que su teoría no está acabada sino que -simplemente- se
constituye como una búsqueda de la certeza; por supuesto, imaginar otras hipótesis teóricas como
verdaderas hace impensable una estabilidad de la metafísica; en este sentido, es importante
admitir que otras filosofías tienen la ventaja de que cada una de ellas llega a la certeza de su
verdad en forma propia y exclusiva (Russell, 1956: 226).