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Mares

Las nubes son masas de agua y cristales de hielo en suspensión en la atmósfera, formadas por la condensación del vapor de agua. Su formación requiere vapor de agua, núcleos de condensación y bajas temperaturas, y pueden clasificarse en frías, cálidas o mixtas. A pesar de su peso, las nubes flotan debido a que su masa es menor que la del aire circundante.

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Las nubes son masas de agua y cristales de hielo en suspensión en la atmósfera, formadas por la condensación del vapor de agua. Su formación requiere vapor de agua, núcleos de condensación y bajas temperaturas, y pueden clasificarse en frías, cálidas o mixtas. A pesar de su peso, las nubes flotan debido a que su masa es menor que la del aire circundante.

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¿Qué son las nubes?

En términos sencillos, se puede decir que una nube es una masa de gotas de agua,
cristales de hielo o ambas a la vez, que se mantiene en suspensión en la atmósfera, y
cuya formación se debe a la condensación del vapor de agua en el cielo. Existen
muchos tipos de nubes, las que se pueden diferenciar de acuerdo a sus formas y a la
altitud en la que se encuentran.

¿Cómo se forman las nubes?


Para que las nubes se formen se necesitan tres ingredientes: vapor de agua en la
atmósfera, partículas que permitan su condensación y bajas temperaturas. La
atmósfera está constituida por una variedad de gases entre los cuales se encuentra el
vapor de agua procedente de la evaporación de las aguas (continentales y océanos),
de la transpiración de las plantas y de la sublimación de los glaciares. Pero este vapor
en suspensión no puede formar una nube por sí solo. Para que el vapor de agua se
pueda agrupar necesita de un "Núcleo de Condensación" o "Aerosol", lo que, y
explicado en términos sencillos, corresponde a una partícula de características
higroscópicas (de gran afinidad por el agua), que permita la agrupación de las
moléculas de vapor de agua y su posterior condensación. Estos potenciales núcleos se
encuentran en abundancia en la atmósfera, entre los que se pueden contar el polvo, el
polen, las partículas de sal provenientes del oleaje del mar y del rompimiento de las
olas, y las cenizas provenientes de las erupciones volcánicas o incendios, entre otros.
Una vez que estos dos ingredientes se encuentran falta un paso más para llegar a
convertirse en nube. El vapor de agua y los núcleos de condensación deben encontrar
temperaturas más bajas para alcanzar el punto de rocío o temperatura en la que las
moléculas de vapor de agua se convertirán en gotas de agua líquida.
Una forma de enfriar una masa de aire es forzándola a ascender por convección. La
convección ocurre cuando la superficie de la Tierra se calienta por efecto del sol y
luego transfiere parte de ese calor a la masa de aire más próxima. Esta masa de aire
más caliente será menos densa que el aire que la rodea, por lo que se elevará
fácilmente gracias a la fuerza boyante, que corresponde a una fuerza ascendente
ejercida por fluidos más densos sobre los menos densos. Una masa de aire que se
mueve horizontalmente (como en los frentes fríos) también puede ser forzada a subir
a cotas con menores temperaturas cuando se encuentra con una montaña en su
camino, o cuando se encuentra con otra masa de aire con temperaturas incluso más
bajas. En ambos casos, la masa de aire que se desplaza horizontalmente se verá
obligada a subir y alcanzar rápidamente el punto de rocío, generando nubes y si las
condiciones son correctas, lluvias. Una vez que la masa de aire asciende y se enfría
hasta el punto de rocío, el vapor de agua comienza a condensar sobre los núcleos de
condensación, creando así las primeras partículas de agua líquida. Después de cierto
tamaño, estas primeras partículas de agua comienzan a colisionar y a adherirse unas
con otras, en un proceso llamado colisión- coalescencia. De acuerdo a su composición,
las nubes pueden ser clasificadas como frías (nubes altas compuestas por cristales de
hielo), cálidas (nubes bajas compuestas por agua) o mixtas (nubes medias compuestas
por cristales de hielo y agua). Una nube puede contener agua en estado líquido a
pesar de encontrarse a temperaturas muy inferiores a los 0°C. A esta agua se le
denomina "Superenfriada" y se puede encontrar por ejemplo en las nubes medias que
están formadas por gotas de agua y hielo, las que se forman generalmente entre los
-35° y -10°C. Para que se formen cristales de hielo se precisa de un núcleo de
congelación (núcleo de hielo). Para hacerse una idea de las dimensiones de las que
hemos hablado, el tamaño de cada gota es de aproximadamente 0,001 micras (1 micra
es una millonésima parte de un metro). Para que se forme una gota de lluvia capaz de
atravesar las corrientes de aire ascendentes y llegar a la superficie, ésta debe medir al
menos 1 milímetro, por lo que es necesario que el núcleo de condensación aúne cerca
de un millón de gotitas de agua.

¿Por qué flotan las nubes?


Una nube se puede extender vertical y horizontalmente por kilómetros y pesar varias
toneladas, pero sin embargo "flotan" en el aire. Ya señalamos en los párrafos
anteriores que las masas de aire más cálidas ascienden en la atmósfera gracias a la
fuerza boyante, forzadas por una montaña o por otra masa de aire aún más fría. Un
buen ejemplo para ilustrar la ligereza relativa de las nubes es comparar su masa total
con la masa de aire en el que reside. Tomemos por ejemplo una típica nube pequeña a
3.000 metros de altitud y de un kilómetro cúbico, cuyo contenido de agua líquida es de
1 gramo por metro cúbico. La masa total de las partículas de la nube es de cerca de 1
millón de kilos, lo que equivale más o menos al peso de 500 automóviles. Pero la masa
total del aire circundante en ese mismo kilómetro cúbico es de alrededor de 1.000
millones de kilos, ¡1.000 veces más pesado que el líquido! Así, a pesar de que las nubes
típicas contienen una gran cantidad de agua, estas parecen flotar en el cielo gracias a
que su masa es menor a la del aire circundante, manteniéndose en equilibrio a la
misma altura a medida que se desplazan con el viento.

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