PROYECTO 3 SERGIO FAJARDO EZEQUIEL 37
Los antiguos predicadores en los días de los tres Grandes Despertamientos vieron este
pasaje como una ilustración de cada conversión, y especialmente las conversiones en el
avivamiento. ¿Estaban equivocados al aplicar la profecía de esa manera? No, no lo estaban
– porque el Apóstol Pablo dijo: “Pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos
están bajo pecado” (Romanos 3:9). Él también dijo:
“Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es
rico para con todos los que le invocan” (Romanos 10:12).
Así la profecía de Ezequiel 37 es una clara ilustración de conversiones hoy en día, también
como esas en Israel en ese tiempo futuro. Entonces veamos la visión del valle de huesos
secos en Ezequiel 37 como una ilustración de cómo todas las personas, ya sean Judíos o
Gentiles, son convertidos hoy en día, considerando varias cosas en este pasaje.
I. Primero, el valle de huesos secos.
“La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en
medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en
derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran
manera.” (Ezequiel 37:1-2).
Los huesos en el valle eran “muchísimos” y eran “secos en gran manera”. Esta es una
ilustración de la depravación total del hombre en un estado de muerte. Es una descripción
de la muerte espiritual de cada hombre desde la caída de Adán en el Huerto,
“Por…la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores”
(Romanos 5:19). “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la
muerte, así la muerte pasó a todos los hombres...” (Romanos 5:12). También, en Efesios, el
Apóstol dice que estábamos “muertos en pecados” (Efesios 2:5), “muertos en vuestros
delitos y pecados” (Efesios 2:1).
Dios nos ha mostrado, por la visión del valle de huesos secos, la condición de todos los
inconversos. Ahora, en este estado de muerte, ya no eres santo, sino que, conforme a las
Escrituras, en “enemistad contra Dios” (Romanos 8:7). ¡Qué extraño que estés en un estado
de locura y pecado, que te rebeles contra Dios! – contra el Dios que te ha creado, el Dios
que te juzgará, el Dios que debe condenarte al Infierno.
II. Segundo, la llamada del predicador.
El profeta dijo: “La mano de Jehová vino sobre mí” (Ezequiel 37:1). Esto se refiere a la
llamada del profeta. Pero en un sentido real se aplica a la llamada de todo verdadero
predicador. “La mano de Jehová vino sobre mí”. Eso es lo que todo verdadero predicador
de Cristo siente. “La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y
me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos
por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto
secos en gran manera” (Ezequiel 37:1-2).
Eso es lo que Dios siempre hace cuando llama a un verdadero predicador para salvar
almas. Dios lo saca al mundo y le muestra que está “lleno de huesos, muchísimos y secos
en gran manera.” El verdadero predicador ve que la gente está muerta, que su condición
es desesperada, que no son sólo ignorantes del Evangelio, sino que son hombres muertos,
“y que sus huesos permanecen sólo para mostrar que son simplemente hombres”. El
predicador ve “nada más un valle de huesos, desmembrados y en descomposición, y se
lamenta sobre ellos, y…tiene por dentro [dolor en su corazón]. Él llora por las almas
[perdidas] de los hombres”.
Entonces Dios le dice al predicador, “¿Vivirán estos huesos?” (Ezequiel 37:3). Esta es
una pregunta que Dios pone en el corazón de todo predicador, para ponerlo a prueba, para
ver si es un buen predicador y es fiel, o un perezoso ignorante. Para probar al predicador
y ver si es bueno o no, Dios le pregunta: “¿Vivirán estos huesos?”. Predicadores
ignorantes e infieles dicen: “Creo que pueden vivir. Se criaron en un hogar cristiano,
fueron traídos a la iglesia de niños, levantaron la mano y dijeron que querían ser salvos,
han ido a la iglesia toda su vida, o por lo menos durante mucho tiempo. Por lo tanto, creo
que pueden vivir”. ¡Pero un predicador que dice eso es infiel a Dios o es ignorante de la
verdadera conversión! Dios pregunta: “¿Vivirán estos huesos?” El predicador fiel y
prudente no dice esas cosas. En cambio, cuando Dios le pregunta: “¿Vivirán estos
huesos?” Responde exactamente como lo hizo Ezequiel: “Señor Jehová, tú lo sabes”. ¡El
buen predicador entiende que sólo Dios conoce a los que Él ha elegido! ¡Sólo Dios sabe
quién va a ser convertido! El predicador sabio sabe que sólo Dios puede dar el aumento,
que sólo Dios puede traer un alma perdida a la salvación en Cristo.
III. Tercero, el mandamiento a predicar.
“Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de
Jehová” (Ezequiel 37:4).
Es deber de todo pastor predicar la palabra de Jehová. Pero el pastor sabio sabe que él
está predicando a huesos secos, que no pueden y no oirán lo que dice. A menudo he
pensado que es lo mismo ir a un cementerio y predicar que venir aquí y hablarles a
ustedes – sabiendo que no pueden oír. Como dijo Jesús:
“¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra” (Juan 8:43).
Sé que es el estado de tus oídos mientras estés en un estado de pecado. Jesús dice: “No
podéis escuchar mi palabra”. Y si no puedes escucharlo a él, ¡de seguro no vas a ser
capaz de escucharme a mí! Alguien puede preguntar, “¿Por qué entonces nos predicas?
¿Por qué nos dices que vengamos a Cristo, cuando tú sabes que no podemos hacerlo, ni
siquiera oír cómo hacerlo para salvación? ” Un fiel predicador habla ya sea que
“[ustedes] escuchen, o [ustedes] dejen de escuchar” (Ezequiel 3:11). ¿Por qué les hablo?
¡Debido a que Dios me ha mandado a hacerlo!
“Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de
Jehová” (Ezequiel 37:4).
Porque me ha sido mandado a predicarles es que debo hacerlo. Veo el abismo del
Infierno en el que estás a punto de caer. Siento la necesidad de alertarte y alarmarte;
entonces predico sobre la muerte, predico para la eternidad, predico para el Cielo, y
predico, también, para el Infierno. El verdadero predicador entra en el púlpito y predica a
huesos secos, y muy a menudo lo hace sin ningún efecto. Pero yo sé que después de
haber predicado la palabra de Jehová, entonces Dios pueda que te hable, diciendo:
“Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel,
y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová” (Ezequiel 37:6).
IV. Cuarto, el temblor de los huesos.
“Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he
aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso” (Ezequiel 37:7).
El profeta obedeció la orden de Dios, a pesar de que parecía inútil predicarle a los huesos
secos. Pero de repente, “hubo un ruido, y he aquí un temblor”, entre los huesos secos. Los
pecadores perdidos comienzan a preocuparse, entonces tienen ansiedad por su condición
perdida. Entonces se alarman, se asustan, se llenan de terror – a menudo es tanto que no
pueden contener las emociones de miedo. Algunos gritan y lloran amargamente,
gimiendo porque ellos mismos se sienten bajo el control de Satanás.
V. Quinto, la piel cubrió por encima de los huesos.
“Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de
ellos; pero no había en ellos espíritu” (Ezequiel 37:8).
Ahora parece que están vivos, “pero no [hay] en ellos espíritu”. La carne subió sobre los
huesos, pero aún así era un cuerpo sin vida. Algunos de ustedes han llegado a este punto,
y no son salvos. Algunos de ustedes han estado recibiendo carne sobre los huesos que
antes estaban desnudos. Haz comenzado a reformar tu vida y llevar a cabo tus deberes
religiosos. Ahora vienes a la iglesia regularmente y lees la Biblia todos los días. Te
admiras de ti mismo por ser más religioso. Estás convencido de que has cambiado.
¡Cuidado con esto! ¡Cuidado con esto!
¿De qué te servirá en el Juicio Final que hayas cambiado exteriormente? Si el Espíritu de
Dios no ha cambiado tu corazón, ¿de qué servirá tu religión externa en el Día del Juicio
Final?. No niego que hayas cambiado exteriormente. Me alegro que lo hayas
hecho, pero no descanses allí. No descanses en un cambio exterior. Nadie, tal vez, puede
ver algún defecto en tu nuevo carácter religioso. Ningún ojo humano puede ver la falla
que se encuentra en tu corazón. Todos ellos están engañados, y admiran el cambio que
ven en tu vida. Tienes muchas marcas de un verdadero Cristiano – pero hay una frialdad
de hielo en tu corazón. Tu corazón no tiene amor por Dios, no palpita de amor para
Cristo. No palpita con amor para nada. Las venas, los tendones, las articulaciones están
ahí, pero no hay vida, no hay sangre, no hay calor, no hay amor para Cristo. Rebelión
contra Dios se esconde en tu interior. No ha sido expulsado. Todavía está latente en tu
corazón. Todavía está allí dentro de ti, en el centro de tu alma. Y allí permanece – hasta
que finalmente sale y consume tu religión externa, y te atormenta tan completamente, que
pronto, muy pronto, te sella en el sueño frío de la muerte eterna. Exteriormente pareces
ser un Cristiano, pero al fin se verá que tu corazón está lleno de huesos muertos, podridos
y en corrupción. Tu corazón sigue siendo tan duro como siempre, sin quebrantarse como
siempre, a pesar de que se encuentra dentro de una fachada que se mira hermosa y
piadosa.
VI. Sexto, la venida del Espíritu que da vida.
“Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho
Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y
vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y
estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo” (Ezequiel 37:9-10).
¡Está la fuerza del predicador del Evangelio! Él ora para que el Espíritu de Jehová, que Él
venga y bendiga la predicación, y le de vida a los que escuchan. El Espíritu sopla sobre
los muertos, ellos viven, y “estuvieron sobre sus pies, un ejército grande en extremo”. Si
el Espíritu Santo no viene a ti, no puedes ser convertido, no puedes levantarte y vivir, no
puedes ver la belleza de Cristo, no puedes venir a Él y ser limpiado del pecado por Su
Santa Sangre. Por lo tanto el verdadero predicador debe pasar mucho tiempo solo y entrar
en el púlpito en la plenitud del Espíritu.
¿Cómo ese pasaje de Ezequiel puede transformar mi presente o el de mi iglesia o el de mi
familia que ha sido afectado por la pandemia?
Creo que todo este proceso que hemos estado llevando ya casi por 2 años, sin duda vino a
menguar nuestra fe y estoy casi un 95% seguro de que muchas veces nosotros los
cristianos nos podemos convertir en esos huesos secos y la misma biblia lo respalda
cuando dice la forma en que se expresaban de ellos mismos:
“11 Dios me dijo entonces: —Ezequiel, estos huesos representan a los israelitas. Ellos se
andan quejando, y dicen: “No hay remedio; estamos perdidos. ¡Somos unos huesos
secos!” Ezequiel 37:11
Recordemos que la situación de la pandemia, nos trae encierro, inactividad, posiblemente
desempleo y cargas sin poder moverse a accionar por ellas y eso genera impotencia,
ansiedad, miedo y muchas veces muerte espiritual, y nos convertimos en huesos secos,
pero una vez mas Dios manda su palabra y nos indica que no habrá situación contraria
para nosotros y nos profetiza una tiempo de restauración y avivamiento para nuestras
vidas por medio de su palabra y seguro seremos parte del ejercito de nuestro Dios, un
ejercito vigoroso, renovado etc para toda buena obra tanto en mi familia, iglesia, trabajo
etc.