La Oración en Lutero
La Oración en Lutero
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Roma, mayo de 2011
INDICE:
3. LA ORACIÓN EN LUTERO
3.1. Influencias en la oración de Lutero.
3.2. Importancia de la oración.
3.3. ¿Qué es orar?
3.3.1. Definición descriptiva.
3.3.2. Definición bíblica.
3.3.3. Razones para orar.
3.4. Actitudes ante la oración.
3.5. Características de la oración.
3.5.1. La oración ha de basarse en la Palabra de Dios.
3.5.2. La oración ha de ser de petición en Cristo.
3.5.3. La oración ha de ser concreta y sentida.
3.5.4. La oración ha de nacer de la desesperación.
5
3.5.5. La oración ha de ser espontánea.
3.5.6. La oración ha de ser de confianza absoluta.
3.6. Método de orar.
3.6.1. ¿A quién orar?
3.6.2. ¿Cómo orar?
3.6.3. ¿Cuándo orar?
3.6.4. ¿Qué instrumentos y medios utilizar?
3.6.5. ¿Qué método de oración se puede usar?
3.7. La oración personal e interior.
5. CONCLUSIONES
5.1. ¿Cuáles son las influencias principales que se perciben en la oración de Lutero?
5.2. ¿Qué ideas fundamentales caracterizan la oración de Lutero?
5.3. ¿Qué es lo que Lutero aporta a la oración y a la espiritualidad cristiana?
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LA ORACIÓN EN MARTIN LUTERO
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El libro anteriormente citado de R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, pp. 248-292 presenta las
diversas opiniones que sobre la personalidad de Lutero se han dado a lo largo de la historia comenzando
por la visión que el mismo Lutero tiene de sí mismo.
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campesinos”. Roma y “todo lo romano” a nivel teológico, de ideas y también a nivel
económico; primero se ve con sospecha y luego con franca hostilidad. Muchos príncipes
y ciudades alemanas protegerán al Reformador, y en contra del emperador Carlos V y
de la política imperial como un medio de acrecentar su poder político, económico y
social.
El año 1525 es un año crucial en la vida del Reformador. Supone un cambio en
su vida, al casarse, algo que posiblemente hizo como un acto provocador contra el
papado y contra su antigua vida monacal3. Un cambio en sus ideas primeras, al tener
que condescender con la realidad que se impone. Un cambio también en la reforma
emprendida, al hacerse más organizada. Lutero se vuelve más aburguesado, más
condescendiente, más tolerante en algunos aspectos.
1.1.3. Años 1525-1546.
En los años siguientes predica, enseña y escribe principalmente para defender
sus opiniones frente a los otros grupos reformados: Zwinglio, Ecolampadio, Bucero...
Para dirimir las querellas que entre ellos continuamente surgen; y para seguir
combatiendo contra de las posiciones católicas. Su doctrina se va sistematizando a la
vez que las comunidades reformadas se van organizando.
El movimiento de adhesión al luteranismo crece a partir de 1530 con la dieta y
“Confesión de Augsburgo”. En 1531 se crea la liga de Smalkalda. En 1543 el duque de
Cléveris se pasa al protestantismo y lo mismo hacen en los años siguientes otros
príncipes alemanes, con lo cual la posibilidad de un encuentro en entre protestantes y
católicos, en un concilio general, se hace prácticamente imposible. El 18 de febrero de
1546 en Eisleben, con esta oración en sus labios: Pater, in manus tuas commendo
spiritum meum. Redimisti me, Deus veritatis4, muere el controvertido Martín Lutero.
3
Cf. R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. II, Madrid 1973, p. 226.
4
Ib., p. 575.
5
Todo el resumen que hago de la teología de Lutero está tomado fundamentalmente de T. Egido, Lutero.
Obras. Salamanca 2001, 3ª ed., pp. 38-53 y J. Delimeau, La Reforma, Barcelona, 1983.
5
1.2.1. Doctrina teológica.
Lutero tiene una concepción fuertemente teocéntrica. “Sólo Dios”, repite con
frecuencia. Este teocentrismo le hace concebir a Dios y al hombre en una dialéctica
antitética. Cuanto menos sea el hombre, más resplandecerá Dios. Cuanto más aparezca
el pecado en el hombre, más se manifestará la gracia de Dios que perdona y acoge al
hombre pecador.
Justificación, fe y gracia provienen sólo de Dios que las concede sin contar con
nosotros. Esta concepción le lleva a un concepto riguroso de predestinación; pero
también a un optimismo basado en la confianza y en la bondad misericordiosa de Dios
que quiere lo mejor para el hombre.
En paralelo con el “sólo Dios”, Lutero pone el “sólo Cristo”. Cristo es el único
mediador entre Dios y el hombre. Sólo él nos revela al Dios escondido, nos reconcilia
con él y nos salva por su pasión y muerte en la cruz. La cristología de Lutero, sin negar
los fundamentos teóricos, se centra fundamentalmente en los aspectos prácticos y
soteriológicos.
Todos sus postulados teológicos, Lutero dice sacarlos de la Palabra de Dios. Él
siempre la concederá un puesto de honor en su pensamiento y en su vida; tal es así que
emprenderá la traducción de la Biblia al alemán, realizando una buena obra literaria,
aunque, en muchos pasajes, poco fiel a los originales bíblicos.
Sólo la Escritura es la única autoridad teológica que admite. Este radicalismo
bíblico le lleva a posturas subjetivas extremas. Interpreta la Biblia, no según el criterio
de los Padres, de la Tradición o del Magisterio; sino según su propia inteligencia
personal y esto lo extiende a todos los creyentes. Con el paso del tiempo y ante las
dificultades que se le presentan en su Iglesia reformada, Lutero se verá obligado a
modificar esta postura inicial. Con todo seguirá proclamando el principio absoluto de la
Escritura; si bien permitirá que haya organismos que controlen la predicación de la
Palabra y hablará de la necesidad del estudio de las lenguas para comprender rectamente
la Escritura.
1.2.2. Doctrina antropológica.
La idea base y estructural de la teología de Lutero, como de la paulina, es la de
la justificación del hombre por la fe en Cristo. Este, con su muerte y de manera gratuita,
“nos cubre” a los ojos del Padre haciéndonos justos. A esta gracia el hombre sólo puede
aportar su fe, nunca sus obras que ni siquiera pueden merecerle la fe.
Esta justificación el hombre la obtiene sólo por la gracia de Dios. Esta gracia es
algo propio y exclusivo de Dios que no permite ser reivindicada por ninguna obra que
haga el hombre. La gracia le capacita al hombre para reconocerse y sentirse pecador;
pero al mismo tiempo lo libera y lo justifica.
La fe Lutero la entiende como un acto que implica a toda la persona y la lleva a
abandonarse en Dios y a obtener así la seguridad que necesita para sentirse justificado.
Con esta fe, el creyente reconoce el poder absoluto de Dios en Cristo y pasa a tener
acceso al acto redentor divino. Esta fe, que es don gratuito de Dios, él la crea en el
creyente mediante la palabra, por eso Lutero la define como “obra de Dios en nosotros
5
sin nosotros”6.
Justificación, gracia y fe son tres elementos que se autorelacionan en el
pensamiento del Reformador.
1.2.3. Doctrina eclesiológica.
Las doctrinas anteriormente expuestas de la justificación, de la fe, de la gracia
divina, de la interpretación personal de la Escritura..., en definitiva del subjetivismo de
toda su teología, darán lugar al nacimiento de una nueva Iglesia. Esta está constituida
por un dinamismo interno mediante el cual el cristiano cree y responde personal e
internamente a la Palabra de Dios que le viene de fuera, sin necesidad de ninguna
manifestación exterior.
Al concebir a la Iglesia como una realidad invisible, como algo personal entre
Dios y el creyente, siendo Cristo la única referencia de fe; todos los bautizados “pueden
gloriarse de haber sido consagrados sacerdotes, obispos y papa”7. El cristiano debe
procurar que nadie le quite el derecho que le ha dado la Palabra y en consecuencia
luchar contra el papado que ha encadenado a la Iglesia y se ha convertido en su
referente exclusivo.
2.2.4. Doctrina sacramentaria.
De todos estos aspectos del pensamiento de Lutero, brevemente señalados, se
derivan otros a nivel práctico, como la doctrina sacramentaria.
Lutero no da una importancia especial a los sacramentos en cuanto que ellos no
son fuentes de gracia. Para él los sacramentos son signos externos en los cuales se
confirman las promesas que la Palabra de Dios ha hecho para ellos. Sirven para excitar
mejor el alma del creyente en orden a tener una fe más perfecta y confiada en Dios.
Lutero acepta como sacramentos simplemente aquellos en los que es clara su
institución por Cristo según la Palabra de Dios y rechaza los demás. En este sentido
acepta el bautismo y la eucaristía que él denomina “Cena del Señor”. El bautismo es el
principio y fundamento de los demás sacramentos. Su función es nutrir la fe. En la
eucaristía acepta la presencia real de Cristo en ella, pero no la transubstanciación ni el
carácter sacrificial de la misa.
Los sacramentos de la confirmación, el matrimonio, la unción de enfermos, el
orden y con el tiempo la penitencia desaparecerán como sacramentos en cuanto tales.
Lutero ha convenido en considerar como sacramentos sólo a aquellos a los que el Señor
les ha dado una promesa y luego se les ha añadido un signo. Los que carecen de signo
son simples promesas, y aunque tienen valor espiritual como pueden tenerlo la cruz, la
fe o la oración que son simples promesas.
6
Cf. WA., 6, 530.
7
Cf. WA. 6,408.
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dos épocas con la divisoria en el año 1525, año clave en la vida de Lutero. Antes de esta
fecha y prescindiendo de sus cartas, sermones y de sus escritos como profesor que se
mantienen en una tónica uniforme; sus obras son las más originales, las más numerosas
y las más impulsivas de sus escritos. Se podría decir que son obras de conquista.
5
castillo de Wartburg, posiblemente en 1521, cuando a la vez estaba traduciendo al
alemán el Nuevo Testamento y comentando el Magníficat y varios salmos. Este periodo
de reclusión forzosa, es también para Lutero un tiempo de reflexión y de oración, a la
luz del cual nace esta pequeña obra. En ella propone orar con los Mandamientos, el
Credo, el Padrenuestro y el Avemaría, lo mismo que hará en 1535 con su obra Método
sencillo de oración para un buen amigo.
Las principales obras de Lutero sobre la oración se encuentran en sus escritos
posteriores a 1525. Son obras pequeñas y tienen un sentido organizativo. En este caso
enseñar a los cristianos de las Iglesias reformadas la importancia de la oración y cómo
se debe realizar esta.
2.2.1. El Catecismo Mayor.
8
Estos dos catecismos están traducidos al castellano en el volumen V de las Obras de Martín Lutero,
Buenos Aires 1971, pp. 13-154. La versión castellana la han realizado Carlos Witthaus y Manuel Vallejo
Díaz. La traducción es de la edición de Weimar (WA 30, I, 125-425). Todas las citas de este trabajo
referidas al Catecismo Mayor están tomadas de esta traducción.
Existen también otras traducciones en castellano: El Catecismo Mayor, M. Gutiérrez-Marín, Buenos Aires
1945. El Catecismo Menor, en Culto Cristiano, Nueva York 1964, pp. 276-285. Teófanes Egido en su
obra Lutero. Obras, Salamanca 2001. 3ª ed. pp. 292-305; presenta igualmente una traducción del
Catecismo Menor.
9
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 111.
10
Ib., p. 110.
5
Ahora bien, como seguro que sus feligreses, no estarán muy motivados a hacerlo,
Lutero presenta los motivos por los que hay que orar, cómo hacerlo y las características
imprescindibles que ha de tener toda oración.
Desde la infancia, afirma Lutero, debemos acostumbrarnos a orar diariamente.
“Me gustaría volver a difundir entre los hombres que aprendiesen a orar rectamente...
porque toda nuestra defensa y protección reside solamente en la oración puesto que
somos demasiado débiles frente al diablo, su poder y sus adictos”11. La obra de la
Reforma, afirma Lutero, no se habría llevado a cabo sin la oración. Una oración
auténtica de pedir a Dios y no de parlotear.
Una vez que ha señalado a los pastores y predicadores algunas cosas esenciales
para entender y motivar la oración de sus feligreses, pasa Lutero a explicar cada una de
las peticiones del padrenuestro. “En él está comprendida, en una serie de siete artículos
o peticiones, toda la necesidad que nos concierne sin cesar, y cada una es tan grande que
nos debería impulsar a rogar por ella durante toda nuestra vida”12.
2.2.2. El Sermón La oración de los cristianos en el nombre de Jesús.
Este sermón Lutero lo pronuncia el quinto domingo después de Pascua, el
Domingo rogate, que en el año 1531 fue el día 14 de mayo. En él comenta el texto de Jn
16,23-30. A Lutero le gustaba predicar, por eso hay numerosos sermones suyos. Sobre
todo predica en circunstancias especiales o para tratar temas que él consideraba
importantes, como es el caso de este sermón. En él encontramos desarrollada su
enseñanza sobre lo que es la oración, los elementos esenciales que la componen y cómo
se ha de orar, para que la oración sea eficaz13.
Introduce el tema de la oración diciendo que orar es la única obra que los
cristianos deben hacer y hacerla diligentemente; pero reconoce que no es fácil rezar
bien. Orar es más difícil que la fe. A nivel teórico no lleva mucho tiempo comprender la
oración, pero comenzar a orar ya es otra cosa. Porque orar es poner todo el corazón y
esto es lo más difícil que hay14.
En cinco apartados fundamentales se puede dividir este amplio sermón:
1. La oración debe basarse en el mandamiento y la promesa de Dios. Es la palabra de
Dios la que nos da el derecho de orar, y no nuestra propia dignidad. Por eso quien
espera sentirse en buenas condiciones para orar, jamás orará.
2. Debemos pedir en el nombre de Cristo, porque sin Cristo no hay oración que sea
escuchada; pero pedir “en su nombre” es más que una mera fórmula. Sólo tenemos
acceso al Padre a través de Cristo.
3. La oración debe tener un objetivo real. El que ora, debe presentar a Dios un deseo
concreto; ahora bien, debe dejar en manos de Dios la forma de dar cumplimiento a
su petición.
11
Ib., p. 112.
12
Ib., p. 113.
13
Este sermón La oración de los cristianos en el nombre de Jesús está en castellano en Las obras de
Martín Lutero. Sermones, Buenos Aires 2007, pp. 321-334. La versión castellana la ha realizado Erich
Sexauer. Todas las citas de este trabajo referidas al Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de
Jesús están tomadas de esta traducción.
14
Cf. Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 322.
5
4. La oración debe surgir del reconocimiento de nuestro estado angustioso. La angustia
es la que nos impulsa a orar, sin ella nos olvidaríamos de hacerlo; porque sólo la
oración puede librarnos de lo que nos atormenta.
5. El que ora, debe confiar firmemente en que Dios le escuchará. La fe mantiene la
oración, pero a su vez la oración nutre la fe. El “amén” de la oración es la fe.
Este sermón, no es un tratado sobre la oración, por eso el lenguaje que utiliza,
los ejemplos que pone, el modo de expresarse son claros, concretos y directos; muy
distintos de los que utiliza en otras obras más doctorales. No obstante en él podemos
encontrar las ideas fundamentales sobre lo que debe ser la oración. “No es cuestión de
usar vanas repeticiones (Mt 6,7), ni tampoco depende la eficacia de la oración de los
gestos exteriores o de determinados lugares de adoración (Jn 4,21), sino que la oración
debe ser un anhelo profundo del alma dirigido al Padre por medio de Cristo”15.
“El orar de esta manera –afirma Lutero- es la obra más importante que los
cristianos pueden y deben hacer, y también la más difícil”. Por eso “conscientes, pues,
de que esta obra no tiene igual, y de lo mucho que podemos lograr por medio de ella,
tenemos también la obligación de orar diligentemente y de hacernos voceros tanto de las
necesidades de los demás como de las nuestras propias. Y ante todo pidamos que Dios
nos libere de los que se jactan de iluminaciones propias al margen de la palabra divina”
16
.
2.2.3. El libro Método sencillo de oración para un buen amigo.
Esta pequeña obra, aparece publicada a principios del año 1535. Se la dedica a
un barbero-cirujano, de nombre Pedro Beskendorf, amigo personal de Lutero y que
acabaría exilado por homicidio, al parecer involuntario. Da la impresión que éste le ha
pedido que le diga cómo tiene que rezar y Lutero, sin retórica, le dice cómo reza él y
cómo también puede rezar su amigo17.
Aquí Lutero, además de ofrecer un método de oración más o menos sistemático,
sobre todo enseña una práctica de oración; y no cualquier práctica de oración, sino la
suya, la que él mismo hace. “Te confío lo que tengo en este particular y la forma en que
yo mismo practico la oración”18. En este sentido esta obra es excepcional, en ella Lutero
se retrata orando él mismo.
Tratando de sistematizar este escrito se pueden señalar algunos apartados
referidos a la oración: ¿A quien orar?; ¿Cuándo y cómo hacerlo?; ¿Con qué orar?; ¿Qué
método utilizar?; La oración se debe personalizar e interiorizar; En la oración los
pensamientos deben estar acordes con las palabras…
Pero lo más original de esta obra, es que nos muestra al mismo Lutero orando.
“Aquí tienes brevemente expuesta, con motivo del Padrenuestro y de la oración, mi
forma de comportarme. Porque, incluso hoy día, mamo del Padrenuestro como un niño,
15
Ib., p. 329.
16
Ib., p. 329.
17
Esta obra Método sencillo de oración para un buen amigo está en castellano en Lutero. Obras.
Salamanca 2001. 3ª ed., pp. 320-331. La versión castellana la ha realizado Teófanes Egido. La traducción
es de la edición de Weimar (WA 38,358-375). Todas las citas de este trabajo referidas al Método sencillo
de oración para un buen amigo están tomadas de esta traducción.
18
Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª ed.,
p. 320.
5
bebo y como de él como un viejo y nunca llego a saciarme”19.
Analizando las siete oraciones habituales que hace Lutero, basadas en las siete
peticiones del Padrenuestro, podemos rastrear lo que en este momento de su vida le
preocupa a Lutero, que es fundamentalmente los problemas exteriores de quienes
combaten la Reforma y los problemas interiores que tiene para consolidar y enfervorizar
a las diversas comunidades reformadas. Estas oraciones no poseen carga polémica, ni
expresiones despreciativas hacia los contrarios. Tienen el leguaje cotidiano, directo y
llano que habla Lutero, que habla el pueblo.
En esta obrita, Lutero se detiene especialmente en explicar, de forma teórica y
práctica, cómo rezar con el Padrenuestro. Para rezar con el Decálogo, señala el método
a seguir según cuatro pasos. Y respecto a rezar con el Credo y la Sagrada Escritura no
señala nada concreto: “No diré nada aquí acerca del Credo y de la Escritura, porque
sería cosa de nunca acabar; el que esté ejercitado puede muy bien tomar un día los diez
mandamientos, otro un salmo o un capítulo de la Escritura, que sea como el pedernal
que encienda el fuego en su corazón”20.
Estas son las principales obras de Lutero que abordan, de manera más o menos
sistemática, la oración. No obstante el tema de la oración, tema importante y querido
para el Reformador, también se puede ver sugerido en otras obras suyas como los
comentarios al Magníficat y a los Salmos. En general, en todas las obras de Lutero está
presente la oración, aunque nada más sea con una oración que dirige a Dios pidiéndole
ayuda y protección frente a los que considera sus enemigos.
3. LA ORACIÓN EN LUTERO
Lutero es un hombre que escribe sobre la oración y un hombre que, a lo largo de
toda su vida, hace oración. Ahora bien, ¿de dónde bebe Lutero su personal concepción
de la oración?
Sin duda ninguna que de su propia espiritualidad. Ese tesoro que, a lo largo de
los años, fue enriqueciendo con variadas y múltiples aportaciones, y que le llevaron, un
poco antes de morir, a orar así: “¡Oh Padre mío celestial, Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Dios de toda consolación! Yo te agradezco el haberme revelado a tu amado
Hijo Jesucristo, en quien creo, a quien he predicado y confesado, a quien he amado y
alabado… Te ruego, Señor mío Jesucristo, que mi alma te sea encomendada. ¡Oh Padre
celestial! Tengo que dejar ya este cuerpo y partir de esta vida, pero sé cierto que contigo
permaneceré eternamente y nadie me arrebatará de tus manos”21.
19
Ib., p. 324.
20
Ib., p. 331.
21
Citado por R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. II, Madrid 1973, p. 574-575.
5
himnos que siempre recordará a lo largo de su vida con entusiasmo. Los trece primeros
años de su vida fueron fundamentales para su educación moral y religiosa22.
En sus años de estudiante en Magdeburgo y Eisenach entrará en contacto con
una nueva espiritualidad conocida con el nombre de Devotio Moderna y cuyos
principales representantes eran los “Hermanos de la Vida Común”. Estos enseñan a
relacionarse personal e íntimamente con Dios, potenciando el amor concreto a la
humanidad de Cristo. En Erfurt, como estudiante universitario, bebe de la escolástica
nominalista de Ockham y también del humanismo renacentista que se va extendiendo.
Pero sin duda será el contacto con la Escritura, aunque superficial al principio, lo que
más le influye, llegando a comprar algunos fragmentos de la Biblia con glosas
explicativas23.
Preocupado por la salvación de su alma, ingresa en el convento agustino de
Erfurt. Aquí y luego en Wittenberg, a lo largo de toda su formación religiosa y
académica, entra en contacto, en primer lugar, con la lectura y meditación de la Biblia;
con la espiritualidad agustiniana a través de las obras de san Agustín, y de grandes
maestros como Gregorio de Rímini y Simón Fidati de Casia; y con otros autores que
completan su formación como el Pseudoareopagita, san Bernardo, san Buenaventura,
Gabriel Biel, Pedro Lombardo... Igualmente va modelando su espíritu de acuerdo al
estilo de la vida agustiniano que ha elegido y que se esfuerza por vivir bien. El
pensamiento teológico, que adquiere en este momento y que en líneas generales
perdurará a lo largo de toda su vida, se podría sintetizar en tres palabras: biblismo,
agustinismo, antiaristotelismo24.
Una vez obtenido el grado de maestro en teología, comienza a enseñar Biblia en
la universidad de Wittenberg. En sus primeras lecciones académicas comenta los
Salmos. Más adelante comentará las cartas a los Romanos y Gálatas. En estos años de
profesor en Sagrada Escritura también lee y le influyen, sobre todo a nivel espiritual,
Juan Gerson, Juan Tauler y la llamada “Teología Germánica”.
Por este tiempo, Martín Lutero, alma atormentada y persona escrupulosa, busca
alivio para sus angustias. La encontrará en la teología de San Pablo y concretamente en
el versículo 17 del capítulo primero de la carta a los Romanos: “La justicia de Dios se
manifiesta por la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por su fe”.
Desde entonces, aquí tendrá la clave de su teología y a la vez la solución a sus
problemas interiores.
Los años siguientes serán años de consolidar su pensamiento y justificar su
teología frente a todo y a todos. Las disputas, los ataques y las controversias, a veces
muy violentas, irán perfilando hasta su muerte su pensamiento y espiritualidad. Esta
será, en los últimos años de su vida, una espiritualidad en lo que se refiere a la oración
muy sencilla y directa, y en la que está presente todo el bagaje anterior que formó su
pensamiento y toda su teología actual.
Me parece muy acertada la opinión de H. Strohl sobre la espiritualidad de Lutero
que cita Ricardo García Villoslada: “Lutero era, ante todo, un alma profundamente
religiosa, que sentía vivamente su parentesco espiritual con todas las almas apasionadas
22
Cf. R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, Madrid 1973, pp. 50-51.
23
Cf. Ib., pp. 74-75.
24
Cf. Ib., pp. 139-143.
5
de Dios. Dejábase arrastrar por el encanto sugestivo que una palabra piadosa, cálida,
emocionada, ejercía sobre él. Dejábase acunar gozosamente por el lirismo vibrante de
un alma exaltada por la contemplación de las realidades espirituales trascendentes. Y
repetía de buen grado, para su propia edificación y la de sus oyentes, las palabras que le
habían hecho bien, sin preocuparse de su alcance filosófico”25. Toda la Reforma de
Lutero aparece como un gran conjunto de pensamiento, estudio, confrontación,
organización y trabajo; pero por debajo de todo esto aflora, como un acto continuado, la
oración.
25
Citado por R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, Madrid 1973, p. 215.
26
En “Catecismo Mayor”; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 111
27
Ib., p.111.
28
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 323.
5
Dos definiciones da Lutero en el Catecismo Mayor, al explicar a los párrocos y
predicadores lo que es la oración, antes de presentar el Padrenuestro.
3.3.1. Definición descriptiva.
29
Ib., p.110.
30
Ib., p.110.
31
Ib., p.111.
32
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p.112.
33
Ib., p.112.
34
Ib., p.111.
5
3.4. Actitudes ante la oración.
Con gran pasión señala Lutero, a todo cristiano, lo importante que es orar; pero
con idéntica pasión le señala que no puede orar de cualquier manera, porque no toda
oración que se hace es buena y sirve para el bien. Orar de forma correcta es hacerlo no
como algo mecánico, como si fuera suficiente “que la obra se llevase a cabo, sin que
importe que Dios escuche los ruegos o no”40.
Tampoco se debe orar esperando a que uno sea santo o digno de dirigirse a Dios,
algo que el hombre nunca conseguirá. El mandamiento de orar va dirigido a todos y no
sólo a los buenos. “La oración que yo hago es tan preciosa, santa y agradable a Dios
como la de san Pablo y la de los demás santos”. Ellos pueden ser más santos en cuanto a
su persona, pero no en lo que se refiere al mandamiento, “porque Dios no mira la
oración por la persona, sino a causa de su palabra y de la obediencia” 41que se da a su
palabra que nos manda orar a todos.
También el Reformador rechaza con fuerza el orar por devoción. En este sentido
critica a los monjes y sacerdotes que cuando oran “no piensan en otra cosa -cuando lo
hacen en la forma mejor- que en realizar una buena obra para pagar así a Dios, como
gente que no quiere recibir algo de él, sino únicamente darle”42. Ciertamente Dios
escucha y atiende la oración del que lo invoca, por eso se debe realizar del mejor modo
posible. “No la despreciemos –dice Lutero- ni la arrojemos al viento, ni oremos al azar”
43
.
Desde la infancia, afirma Lutero, debemos acostumbrarnos a orar diariamente
por las propias necesidades y por las de otras personas haciendo presente así el
mandamiento y la promesa de Dios. “Me gustaría volver a difundir entre los hombres
que aprendiesen a orar rectamente... porque toda nuestra defensa y protección reside
solamente en la oración puesto que somos demasiado débiles frente al diablo, su poder y
sus adictos”44. La obra de la Reforma, afirma Lutero, no se habría llevado a cabo sin la
oración. Una oración auténtica de pedir a Dios y no de parlotear.
Desde estos postulados fundamentales, seis son las características principales
que señala Lutero como necesarias para realizar una auténtica oración.
3.5.1. La oración ha de basarse en la Palabra de Dios.
Como no podía ser menos, la primera característica de la oración de Lutero es la
referencia a la Palabra de Dios. “Es la Palabra de Dios la que nos da derecho a orar y no
nuestra propia dignidad”45. Esta Palabra de Dios es obediencia a un mandato y fe en la
promesa que Dios nos hace.
Comentando el pasaje de Jn 16,23-30, Lutero se centra en las palabras que
40
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 112.
41
Ib., p.112.
42
Ib., p.112.
43
Ib., p.112.
44
Ib., p.113.
45
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 323.
5
Cristo dirige a sus discípulos en la Última Cena: “Pedid y recibiréis”. En el “pedid” ve
el mandato del Señor a orar, el cual es necesario obedecer. En el “recibiréis” descubre la
promesa que Cristo hace para orar con confianza. Esto mismo lo ve reafirmado en otras
palabras del mismo texto: “Todo lo que pidáis al Padre, en mi nombre, os lo dará…
Aquel día pediréis en mi nombre y yo rogaré al Padre por vosotros”. El mandato y la
promesa divinas son los que hacen la oración, nada más. “La promesa dice: lo que
pedimos, se hará; el mandamiento dice: ¡hacedlo, pedid! Es muy importante que
sepamos esto, a fin de que podamos discernir entre las oraciones auténticas y las que no
lo son, y evitar estas últimas”46.
Oramos, por tanto, porque damos asentimiento a la Palabra de Dios, no porque
experimentemos a Dios, o por nuestra dignidad o la devoción que pongamos. “Las
oraciones que el hombre hace no deben basarse en su propia piedad, devoción y fervor”.
El hombre “tiene que aprender a orar aun rodeado de sus pecados y saltando el cerco
con el que éstos le tienen acorralado”47.
Para Lutero esto, de atenerse sólo a la Palabra de Dios al ponerse a orar, es lo
primero y lo más difícil porque a esto “no puede llevarnos nuestra naturaleza, sino
solamente la fe… La naturaleza humana ni quiere ni puede basarse en la promesa
divina”48
3.5.2. La oración ha de ser de petición en Cristo.
Para Lutero toda oración es fundamentalmente de petición. “Quien quiere pedir,
debe aportar, proponer y nombrar algo que desea. De otra forma no puede hablarse de
oración”49. Se basa para hacer esta afirmación en la Palabra de Dios: “Pedid y
recibiréis” (Jn 16,24). Se debe de orar, por tanto, para pedir y recibir algo del Señor. Él
quiere que lo que pedimos se mencione expresamente “no como si él no lo conociera,
sino para que tú enciendas tu corazón a fin de desear más y con más fuerza; y para que
sólo extiendas ampliamente el manto y lo abras para recibir mucho”50.
Ahora bien, no cualquier petición tiene éxito. Hay que pedir en el nombre del
Señor, según él nos dice: “Todo lo que pidáis la Padre en mi nombre os lo concederá”
(Jn 16,23). Este pedir en nombre de Cristo es más que una fórmula o una costumbre,
como a veces se terminan las oraciones: “Por Cristo nuestro Señor”. Es pedir con la
garantía de ser escuchado. “Maldita es la oración que no sabe lo que es la fe, y no
obstante usa esas palabras “en nombre de Cristo”51.
Lutero insiste, una y otra vez, en la nulidad del hombre, que no puede ir
directamente a Dios y decirle: “Señor, tú me has prometido escuchar mis oraciones”.
Dios hizo la promesa de escuchar nuestras oraciones “a uno solo, a Cristo; este solo es
el que ha de orar a Dios”. Y es Cristo el que me da confianza al decirme: “En mi
nombre debéis pedir al Padre”52.
46
Ib., p. 323.
47
Ib., p. 323.
48
Ib., p. 324.
49
En Catecismo Mayor, Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 112.
50
Ib., p. 112.
51
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 324.
52
Ib., p. 325.
5
Según este principio, ninguna oración que no vaya a través de Cristo tiene valor.
“Ni en el nombre de María, ni en el de Pedro, ni en el de los monjes, ni en el de los
ángeles se debe orar”. Cristo es el único mediador y sacerdote entre Dios y los hombres
y por tanto el que hace todas las oraciones. Esto, para el que ora, puede parecerle algo
pasivo, pero no es tal. La oración es obra conjunta. El orante y Cristo, se compenetran el
uno con el otro. “Si tú no oras en y por Cristo, y si él mismo no ora en ti, tu orar es en
vano”53.
Lutero se opone radicalmente a la oración contemplativa de aquellos que hablan
sobre cómo el alma debe buscar la unión con Dios; o de contemplar la majestad divina y
pensar que, en el que así ora, no hay más que puro espíritu, olvidándose de Cristo el
Mediador. No se puede hacer oración “a título personal”. “En mi propio nombre no
debo decir ni una palabra” sentencia Lutero54.
No obstante él reconoce que hay pasajes de la Escritura que nos exhortan a
hablar con Dios mismo; pero –dice él- que esto es así en la media en que se relacionan
con el Mediador. Lo mismo que hay pasajes que hablan de las obras; pero referidas a la
fe. Toda oración tiene que tener, aunque sea en “simiente”, a Cristo. “Si prefieres hacer
obras dejando a un lado la fe, y orar dejando la un lado a Cristo, no necesitas al Espíritu
Santo que te enseñe: tú mismo eres tu propio maestro”55.
En este punto de pedir y de hacerlo mediante Cristo, insiste mucho Lutero.
Apoya su argumentación fundamentalmente en el texto bíblico: "Yo soy el camino, y la
verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). “Así que si buscas
otro camino para venir a Dios, hallarás la puerta del cielo cerrada”56.
3.5.3. La oración ha de ser concreta y sentida.
Pedir, en nombre de Cristo es lo que hay que hacer; pero no se deben pedir cosas
abstractas; sino concretas y que se sientan de verdad. “Donde haya oración verdadera,
es menester que sea cosa seria y que se sienta su necesidad y una necesidad tal que nos
pese y nos impela a llamar y clamar”57. Lutero aboga por una oración del corazón, de
los sentimientos, no de la razón o del intelecto. Por eso afirma que la oración debe tener
un objetivo real. El que ora, debe presentar a Dios un deseo concreto, lo que desearía de
todo corazón. Porque “cuanto más intenso y profundo el deseo, tanto más vigorosa es la
oración”58.
Entre lo que señala Lutero que se ha de pedir con sentimiento están las cosas que
más conmueven a la persona: Su vida, su familia, sus propiedades, lo que más afecta a
su pueblo o nación. Por eso no tiene sentido el recitar mecánicamente palabras, aunque
sean las del Padrenuestro. “El corazón debe sentir que deseas algo de Dios, debes
experimentar una necesidad real”. En su esencia, dice Lutero, la oración “es un suspirar
desde lo profundo del corazón y un vivo deseo de pedir algo de Dios”59.
53
Ib., p. 325.
54
Ib., p. 326.
55
Ib., p. 325.
56
Ib., p. 326.
57
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 112.
58
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 326.
59
Ib., p. 326.
5
3.5.4. La oración ha de nacer de la desesperación.
Pero a pesar de todo lo dicho, la oración puede resultar vacía, floja, sin mucho
sentido; sino no somos capaces de reconocer el estado desesperado o angustioso en el
que vivimos. “La angustia es la que nos impele a orar. Si no la tuviéramos nos
olvidaríamos de hacerlo”. Precisamente, apunta Lutero, fue el desasosiego y la
necesidad de los apóstoles lo que impulsó al Señor a darles esta enseñanza de oración:
“Vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará… “La mujer cuando da a luz,
tiene dolor… “También vosotros ahora tenéis tristeza” (Jn 16:20-22)60.
¿Dónde, se pregunta Lutero, hallar consuelo, sacar fuerzas para afrontar una
situación difícil? Jesucristo nos dice: “Yo no os doy otro consuelo, no os envío bienes,
ni dinero, ni armas, y no obstante, tampoco os saco del mundo; siempre tendréis que
luchar contra el diablo y vuestra propia carne que os atormentan. ¿Cómo remediar todo
esto? Mi respuesta es: Al sentiros de tal manera acosados, recurrid a la oración” 61.
Sólo la oración, afirma tajantemente, puede librarnos de la desesperación. Y les
pone a sus oyentes, en el sermón Sobre la oración de los cristianos en el nombre de
Jesús, un ejemplo que “sucedió el año pasado en Augsburgo”. La famosa dieta de
Augsburgo, donde de manera oficial se reconocieron sus ideas y la libertad de
practicarlas, según la voluntad de cada príncipe. Ellos, dice Lutero, estaban angustiados
por lo que ocurriría y lo único que hicieron fue orar y todo se solucionó de la forma más
favorable para ellos. “El Señor guió las cosas de tal manera que nuestra oración resultó
ser una fuerza a la que ellos no pueden oponer nada igual. Esto queda evidenciado
también por el escrito con que intentaron hacernos frente. Quien lo lea, tendrá que
reconocer que el Señor hizo un milagro a favor nuestro”62.
Puede ocurrir, señala Lutero, que alguna persona al ponerse a orar no se sienta
angustiada, desesperada. Para este caso, él le recomienda que mire dentro de sí mismo.
“Si eres hombre de carne y hueso; entonces tendrás motivos más que suficientes para
orar”. Y si eres cristiano, más motivos todavía: “Satanás, el mundo y toda suerte de
males se lanzarán en persecución tuya”. Además todos tenemos que cargar con la parte
de angustia general que pesa sobre el mundo entero y que también nos afecta a nosotros.
“Si los piadosos no se dirigen a Dios en oración, él no apartará estos males”63.
3.5.5. La oración ha de ser espontánea.
Si la oración es concreta, llena de sentimiento y motivada por la angustia, es
lógico que a la vez sea espontánea. La oración ha de surgir naciendo espontáneamente
del corazón. “No se necesita para orar enseñanza sobre cómo ha de prepararse y
conseguir la devoción. La oración ha de surgir espon táneamente”64. Por lo mismo,
siendo la oración un deseo profundo que nace del corazón, esta no necesita de muchas
palabras. “El que ora, debe dejar en manos de Dios la forma de dar cumplimiento a la
petición”. Igualmente la oración no debe “indicarle a Dios el tiempo, la fecha límite y el
modo oportuno para su socorro, o la persona por quien debe hacernos llegar su ayuda”
porque “Dios es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo
60
Ib., p. 327.
61
Ib., p. 328.
62
Ib., p. 328.
63
Ib., p. 328.
64
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 112.
5
que pedimos o entendemos” (Ef 3,20). Dios, si le dejamos, nos dará un don mucho
mayor que el que le pedimos65.
Tampoco precisa la oración de un lugar concreto para realizarse; si en cambio,
dice Lutero, debe hacerse a menudo incluso aunque estés ocupado en alguna tarea. Para
lo cual se necesita dar expresión a ese deseo en breves palabras “de modo que incluso se
pueda convertir en un saludable hábito”. Esto es lo que Jesús nos señala al hablar de la
“necesidad de orar siempre” (Lc 18,1)66.
3.5.6. La oración ha de ser de confianza absoluta.
“El que ora, debe confiar firmemente en que Dios le escuchará”, afirma Lutero.
Esto está expresado en la palabra “amén” con la que terminan todas las oraciones. Una
vez que se ha formulado la petición, basada en la promesa del Señor, a esta le ha de
acompañar la fe. Esta fe ha de ser “capaz de dar a la promesa -pedid y recibiréis- una
dimensión tal que el que ora no abrigará la menor duda” de obtener lo que ha pedido67.
Recurriendo a los textos bíblicos, al ejemplo del profeta Eliseo y a la historia
concreta, Lutero intenta demostrar la importancia de aferrarse firmemente a la promesa
de Dios y asentir a ella con el “amén”, es decir con la fe que confía ciegamente y no
duda.
En la oración, remarca Lutero “No es cuestión de usar vanas repeticiones (Mt
6,7); ni tampoco depende la eficacia de la oración de los gestos exteriores o de
determinados lugares de adoración (Jn 4,21); sino que la oración debe ser un anhelo
profundo del alma dirigido al Padre por medio de Cristo. En ella se ha de tener la
confianza para decirle a Dios: Yo sé que no me mentirás; y aunque me parezca que todo
está perdido, tu palabra no será palabra engañosa, porque es tan grande que el cielo y la
tierra no bastan para contenerla. Por poderosos que sean el mundo, el pecado y el
diablo, esta palabra es aún más poderosa. Por medio de ella espero conseguirlo todo, sea
por conducto de hombres o de ángeles o de algún otro modo”68.
Resumiendo todo lo dicho anteriormente: “El orar de esta manera –dice Lutero-
es la obra más importante que los cristianos pueden y deben hacer, y también la más
difícil”. “Conscientes, pues, de que esta obra no tiene igual, y de lo mucho que podemos
lograr por medio de ella, tenemos también la obligación de orar diligentemente y de
hacernos voceros tanto de las necesidades de los demás como de las nuestras propias. Y
ante todo pidamos que Dios nos libere de los que se jactan de iluminaciones propias al
margen de la palabra divina”69.
70
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf.: T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., p. 331.
71
Ib., p. 321.
72
Ib., p. 326.
73
Ib., p. 321.
74
Ib., p. 320.
75
Ib., pp. 320-321.
5
Pero Lutero no es un iconoclasta de la oración formal sustituyéndola por el
trabajo y así afirma que si nos desacostumbramos de la verdadera oración, por este
camino llegaríamos “al abandono, el emperezamiento, la frialdad y el disgusto hacia la
oración” porque, a parte de las tentaciones, nuestra carne “es desafecta al espíritu de
oración”76.
3.6.4. ¿Qué instrumentos y medios utilizar?
Lutero no señala como importante ningún medio o instrumento para orar, pero es
consciente que estos pueden ayudar a la oración. Así indica los que él mismo utiliza y le
van bien: “Cojo mi librito del salterio, me recojo en mi cámara o, si el tiempo me lo
permite, en la iglesia con los demás, y comienzo a recitar oralmente los diez
mandamientos, el Credo y, depende del tiem po de que disponga, algunas palabras de
Cristo, de Pablo o de los salmos, exacta mente igual que lo hacen los pequeños”77.
Al barbero-cirujano Pedro, en esta escrito, le pide, que rece con cada petición del
Padrenuestro y si tiene tiempo, que haga lo mismo con cada mandamiento, el Credo o la
misma Escritura.
3.6.5. ¿Qué método de oración se puede usar?
Igualmente Lutero no absolutiza ningún método para orar. A su amigo Pedro le
recomienda y enseña el que él utiliza, por si le sirve. Es este un método práctico, muy
sencillo y fácil de realizar por todos. El método de oración que Lutero utiliza y propone
es doble, según se trate de orar con el Padrenuestro o con los Mandamientos.
Para el Padrenuestro:
1. Decir despacio toda la oración, la cual, luego, se ha de ir orando con cada una
de sus peticiones.
2. Repetir la petición concreta, dejando que esta entre en el interior y a
continuación hacerla propia continuándola, según lo que a uno le salga del
corazón.
3. Cuando ya la petición meditada-orada se ha “agotado”, pasar a la siguiente
petición y así hasta concluir las siete peticiones.
4. Muy importante es el final, “el amén”. En esta palabra se ha de poner “énfasis”
y con él la fe, la certeza de saberse escuchado y atendido por Dios porque,
entre otras cosas, “contigo está la cristiandad entera” orando78.
Para los Mandamientos:
Una vez formulado o pensado el mandamiento concreto, se siguen cuatro pasos:
1. Ver qué enseñanza hay en él y pensar en qué consiste lo que Dios pide
personalmente a través de este mandamiento.
2. Dar gracias a Dios por lo que a cada uno le acaba de enseñar con este
mandamiento concreto.
3. Reconocer y confesar, personalmente, lo que no se ha cumplido o falta por
cumplir de este mandamiento.
76
Ib., p. 321.
77
Ib., p. 320.
78
Cf. Ib., pp. 321-323.
5
4. Formular unas peticiones de acuerdo a lo que se necesita para cumplir bien el
mandamiento orado.
Cuando se ha concluido con el mandamiento, pasar a hacer lo mismo con el
siguiente y así hasta concluirlos todos79.
Para el Credo, la Escritura o bien los Salmos, Lutero no señala un método de
manera concreta. Remite al que acaba de indicar para el Padrenuestro o los
Mandamientos, según el texto del que se parte se acomode mejor a uno u otro. “No diré
nada aquí acerca del Credo y de la Escritura, porque sería cosa de nunca acabar; el que
esté ejercitado puede muy bien tomar un día los diez mandamientos, otro un Salmo o un
capítulo de la Escritura, que sea como el pedernal que encienda el fuego en su corazón”
80
.
Lutero, con gran conocimiento de la oración y de las personas, señala: “Cuida de
no to mar todo o demasiado de un golpe para no cansar al espíritu. Es más: una oración,
para ser buena, no debe ser larga ni demasiado distanciada, sino repetida y ardiente.
Bastará con que medites un punto o la mitad, con lo que podrás encender una ho guera
en tu interior”81.
84
Ib., pp. 323-324.
85
Dice Teófanes Egido, en la introducción a la obra Método sencillo de oración para un buen amigo:
“Bien se ve que (en Lutero) no hay lugar para el arrebato místico; sin embargo toca las alturas de la
contemplación, y como ejemplo curioso para los católicos –y protestantes- y no él único, las siguientes
palabras de Lutero, están muy cerca de las de santa Teresa de Ávila”. Cf. T. Egido, Lutero. Obras,
Salamanca 2001, 3ª ed., p. 319.
86
Ib., p. P. 324.
87
San Agustín, Regla, 2.
88
Ib., p. 324.
5
agitan el interior de un co razón sin fervor y poco piadoso”89.
De manera tajante Lutero afirma: “No puede calificarse de oración auténtica la
de quien olvida lo que ha rezado. La ora ción auténtica está del todo pendiente de las
palabras y pensamientos desde que se comienza hasta que se acaba”. La oración
perfecta requiere para Lutero de una entrega plena. “La oración, para que sea como
tiene que ser, requiere de una dedicación única y total del corazón”90. No es suficiente,
por tanto, rezar con palabras, hay que poner todo el corazón.
89
Ib., p. 324.
90
Ib., p. 324.
91
Tischr. 5094 IV 654. Citado por Ricardo García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, Madrid 1973, p. 302.
92
Cf. R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, Madrid 1973, pp. 301-304.
93
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf.: T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., p. 324.
94
Ib., p. 323.
5
Lutero: “Señor, Dios querido, vuélvete y resiste. Convierte a los que todavía han de con
vertirse para que ellos con nosotros, y nosotros con ellos, santifiquemos y glori
fiquemos tu nombre con la verdadera y pura doctrina, al mismo tiempo que con una
vida buena y santa. Pero resiste a los que no quieren convertirse para que ce sen de
profanar tu santo nombre, que no lo sigan avergonzando y deshonrando y que dejen de
seducir a las pobres gentes. Amén” 95.
Analizando estas siete oraciones de Lutero vemos, en primer lugar, que son
sobre todo oraciones de petición. Esto es normal dado que el Padrenuestro es oración de
petición, pero también porque para él, si no hay petición, no puede hablarse de oración.
Las tres primeras peticiones-oraciones, que hacen referencia fundamentalmente
a Dios, tienen un esquema común:
● La primera parte comienza con una expresión directa dirigida al Padre donde se
le reconoce su señorío, paternidad y amor. “Señor, Padre amado”.
● A continuación expresa los problemas, de carácter general, que se tienen en ese
momento: Las “abominaciones” de la herejía, el turco, el papado, los falsos
maestros, la guerra, las persecuciones, etc.
● En una segunda parte, comienza también con una invocación similar a la
primera pero ya con una petición concreta: “Señor, Dios querido, vuélvete y
resiste”.
● Luego personaliza y concreta, lo pedido en la primera parte de la oración, para la
comunidad donde vive.
● Finalmente concluye con un “amén”.
Las cuatro oraciones siguientes, que corresponden a las cuatro peticiones que
hacen referencia al hombre y a sus necesidades, tienen un esquema más sencillo:
● Comienza todas con una expresión muy similar que viene a ser como un grito de
angustia: “¡Ay, Señor, Dios Padre querido!”.
● A continuación expresa las peticiones de la comunidad y de los individuos, que
hacen referencia a necesidades concretas: La paz, el buen gobierno de las
autoridades, los frutos de la tierra, la mujer, los hijos, el perdón personal y el de
los enemigos, el entregarse a la palabra y servicio de Dios, el demonio, una
buena muerte…
● Concluye con un “amén”96.
Hay que hacer notar que en estas oraciones, aunque las hace el individuo, en este
caso Martín Lutero, no pide nada a nivel individual; es más trata de pedir por todos,
incluso para aquellos para los que se ha pedido la intervención “firme” de Dios: “Para
que ellos con nosotros, y nosotros con ellos…”
En estas oraciones podemos rastrear lo que en este momento de su vida, el año
1535, le preocupa a Lutero. Sus inquietudes son fundamentalmente los problemas
exteriores de quienes combaten la Reforma a nivel religioso y político; y los problemas
interiores que tiene para consolidar y enfervorizar a las diversas comunidades
reformadas.
95
Ib., p. 321.
96
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., pp. 321-323.
5
Estas oraciones no poseen carga polémica, ni tienen expresiones despreciativas
hacia los contrarios. Tienen un leguaje cotidiano, muy directo y llano, al estilo de cómo
habla el pueblo. Estas son algunas de sus expresiones con las que se dirige a Dios: “Son
grandes, fuertes y numerosos, gordos, grasos repletos, y, sin embargo, se dedican a
maltratar, inquietar y molestar al pequeño rebaño de tu reino”. “Guíale para que, libre de
todo mal, al abrigo de lenguas mentirosas y de gente felona, gobierne con toda
felicidad”97.
En esta obrita, Lutero se detiene especialmente en explicar de forma teórica y
sobre todo práctica cómo rezar con el Padrenuestro. Una explicación muy similar, pero
sólo en lo teórico, también se encuentra en el Catecismo Mayor, cuando hablando de la
oración, comenta las siete peticiones del padrenuestro y lo que se ha de pedir en cada
una de ellas.
Para el Decálogo, señala la metodología a seguir según los cuatro pasos ya
anteriormente indicados; pero no pone oraciones, a excepción del primer mandamiento.
Y respecto a rezar con el Credo y la Sagrada Escritura no señala nada concreto. “No
diré nada aquí acerca del Credo y de la Escritura, porque sería cosa de nunca acabar; el
que esté ejercitado puede muy bien tomar un día los diez mandamientos, otro un Salmo
o un capítulo de la Escritura, que sea como el pedernal que encienda el fuego en su
corazón”98.
97
Ib. p. 322.
98
Ib., p.331.
99
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 333.
5
petición, en el “amén”, al creer firmemente en que Dios nos lo concederá.
Pero el eje sobre el que gira toda la oración, como su teología, es la Palabra de
Dios. Toda oración que no se haga desde la Palabra de Dios y con la Palabra de Dios
carece de valor. Es la Palabra de Dios la que proporciona la seguridad de ser escuchados
por el Padre. Es la promesa de Cristo, que está en la Escritura, la que nos señala cómo
orar. Es la Palabra de Dios la que nos enseña a orar señalándonos el cómo, el cuándo, el
dónde y otra serie de formalidades mínimas pero necesarias. Es el fiarnos de la Palabra
de Dios quien nos da garantía de que la oración será escuchada y atendida.
Toda la teología de Lutero, que nació de interpretar la Palabra de Dios, aquí
también la vemos como el eje central de la oración.
5. CONCLUSIONES
Lutero, que nunca fue muy sistemático en su pensamiento teológico, tampoco lo
es en la oración. No obstante, como obras de madurez y buscando fijar una nueva
espiritualidad, nos deja los tres pequeños escritos sobre la oración, que he analizado. A
parte de estos escritos, en la mayoría de sus obras, se deja sentir la importancia que da a
la oración, aunque nada más sea como petición a Dios para verse libre de sus enemigos
o que sus ideas reformadoras se propaguen.
A modo de conclusión nos podemos hacer tres preguntas: ¿Cuáles son las
influencias principales que se perciben en la oración de Lutero?; ¿Qué ideas
fundamentales caracterizan la oración de Lutero?; ¿Qué es lo que Lutero aporta a la
oración y a la espiritualidad cristiana? Las respuestas que daré, en algunos casos, son
similares, si bien están vistas desde ópticas diferentes.
5.1. ¿Cuáles son las influencias principales que se perciben en la oración de
Lutero?
Anteriormente he señalado, siguiendo el hilo histórico de su vida, las numerosas
influencias espirituales que tuvo Lutero y que sin duda configuraron su oración. Las
principales que se perciben en sus escritos sobre la oración son las siguientes:
1. En primer lugar y muy por encima de cualquier otra está la Biblia. Su oración se
basa en la Palabra de Dios. Se ora, afirma Lutero, porque Dios en su Palabra así
nos no manda y porque en su Palabra encontramos la promesa de ser
escuchados. Es más, la Sagrada Escritura, como buen pedagogo, nos enseña el
modo y la manera mejor de orar. Incluso, a nivel concreto y sin salir de la
Palabra de Dios podemos encontrar en los Salmos, el Padrenuestro, el Decálogo
y otros textos bíblicos la fuente de la que brote y se expanda la oración.
Lutero de manera directa, en sus escritos sobre la oración, no cita otras fuentes
fuera de los textos bíblicos, que son muy numerosos. La Biblia, sin duda, es el
eje central de la oración luterana100.
100
En sus escritos sobre la oración sólo se encuentra una cita de san Jerónimo: “Toda obra de los
creyentes es oración”; y como algo accidental para apoyar la importancia de orar mientras se trabaja. En
Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª ed., p.
320.
5
2. Otra influencia muy grande en la oración de Lutero es san Agustín y la tradición
agustiniana que él conoce muy bien por haber sido agustino y por haber leído
muchas de las obras del Santo de Hipona. Su agustinismo teológico, también se
percibe en su oración, aunque no lo nombre expresamente101.
Muchísimas son las semejanzas que existen entre cómo concibe la oración san
Agustín y Martín Lutero. Por señalar brevemente algunas: La Escritura que es la
que modela la oración; el sentimiento de sentirse necesitado de Dios para orar; el
sentido pneumatológico de la oración; el orar con el corazón más que con las
palabras; el pedir lo que necesitamos con fuerte deseo; la necesidad de controlar
los pensamientos para que coincidan con las palabras; el hacer oraciones en
tiempos concretos y de manera frecuente para mantener vivo el deseo de orar;
etc.102.
3. En la oración de Lutero, se ven también influencias de las corrientes espirituales
que había en su tiempo como son: san Bernardo, la Devotio Moderna, Juan
Gersón, Juan Tauler, la “Teología Germánica”, etc. De estas fuentes saca
fundamentalmente el aspecto subjetivista, biblista y cristocéntico de su oración.
En la oración que Lutero enseña, se percibe muy claramente el aspecto de
relacionarse personal e íntimamente con Dios a través de Jesucristo. Lo mismo
que el potenciar los aspectos afectivos de la oración frente a los intelectuales de
otras corrientes espirituales.
4. La cuarta influencia, y posiblemente la más decisiva, de la oración de Lutero es
el mismo Lutero. Los escritos en los que habla de la oración son obras de
madurez, cuando ya prácticamente su teología está bien formulada, aunque no
bien sistematizada. En estos escritos, como ya se ha señalado, se percibe toda la
teología de la Reforma que él propone.
A parte de esto y como es típico en todas sus obras, también en estas que hablan
de la oración, Lutero se retrata en ellas de manera total. Aquí está lo que él vive,
lo que él piensa, lo que él habla, lo que él defiende, lo que él critica… Su
personalismo y su subjetivismo es una constante en estas obras y en todas.
Sin duda que un análisis más pormenorizado de las obras de Lutero sobre la
oración, llevarían a identificar más influencias y precisar más las que se han señalado,
pero estas son las más importantes.
101
Lutero conoce bien a san Agustín, no obstante, a veces, lo tergiversa en provecho propio. En estos años
en los que escribe estas obras sobre la oración, concretamente en 1532, Lutero explica por qué se separa
de san Agustín, aunque no quiere hacerlo a plena luz, ya que lo ha utilizado mucho a favor de sus tesis:
"Desde el momento en que logré la comprensión de Pablo, me ha sido imposible hacer caso de ningún
otro doctor. Se han tornado en muy poca cosa para mí. Al principio leía a Agustín, o mejor lo devoraba.
Pero en cuanto se me abrieron las puertas del apóstol Pablo, aprendí a comprender la justificación por la
fe, y prescindí de él". En Charlas de sobremesa; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª ed., p.
445.
102
Leyendo la Carta 130 de san Agustín, Carta a Proba, se pueden ver las grandes similitudes que tiene
con el escrito de Lutero Método sencillo de oración para un buen amigo, que también en el fondo viene a
ser como una carta.
5
vivir la oración. Sin señalar prioridades, estas son algunas de las ideas que están
latiendo en sus escritos sobre la oración:
1. La oración de Lutero, se la puede clasificar como teocéntrica y trinitaria. Es una
oración dirigida directamente al Padre Dios, por Cristo y contando con el
Espíritu Santo. Es una oración de fe confiando sólo en Dios, que es lo único que
puede hacer el hombre.
2. A la vez que es una oración muy centrada en Dios; sin embargo es muy realista
y práctica. Así, Lutero insiste con frecuencia con palabras similares a estas:
“Cuida de no tomar todo o demasiado de un golpe para no cansar al espíritu”103.
E igualmente aconseja no hacer oraciones demasiado largas, ni distanciadas;
sino repetidas y ardientes. Orar por la mañana temprano y al atardecer; y luego
tener pensamientos cortos mientras se trabaja.
3. Tanto las explicaciones que da sobre la oración, como el lenguaje que utiliza y el
método de oración que propone son muy sencillos y nada especulativos. Él
escribe para todos; pero especialmente para la gente del pueblo, como el barbero
Pedro, que no tiene mayores estudios, o para el padre de familia para que
aprenda él y enseñe luego a orar a sus hijos.
4. Su oración, a pesar del lenguaje sencillo que utiliza para explicarla, no es
superficial, sino profunda y ardiente. Parte de las palabras, principalmente las de
la Escritura: el Padrenuestro, el Decálogo, los Salmos…, que medita y dialoga
con Dios, para dejar que luego sea el Espíritu, cuando él quiera, quien continúe
la oración encendiendo una hoguera en el interior. Lutero insta a la gente a ser
muy sensible a lo que el Espíritu quiera hablar en ellos.
5. En su oración predomina fundamentalmente la afectividad frente al
razonamiento. Raramente se encuentran argumentos especulativos, en cambio
los recursos que se dirigen al corazón, al afecto, a los sentimientos están
permanentemente presentes.
6. Lutero reacciona fuertemente contra la oración muy intelectual, muy
especulativa o teórica, la que monjes, frailes y curas - afirma él –han tenido y
tienen. Su oración es la oración cotidiana: el Padrenuestro, el Credo, los
Mandamientos… y expresada con medios cotidianos: leer o recitar de memoria,
ver lo que cada uno entiende, orar cada frase y si el Espíritu quiere dar más,
quedarse en silencio y dejar que hable él.
7. Su oración, como su piedad, no es de hacer actos o multiplicar ritos. Es más,
suprime las numerosas oraciones y practicas de devoción que en su tiempo
había. En su oración no existe ni la más mínima referencia o concesión a las
“piedades populares”, porque él no quiere sustituir una oración por otra. El
propone un camino claro y fundamental: lo que se cree, eso es lo que se vive y
solamente eso es lo que se ha de orar.
En líneas generales podemos decir que Lutero, en el tema de la oración, se siente
más como pastor; mientras que en sus obras teológicas aparece como doctor. Esta
distinción, creo que es la que configura gran parte de las características señaladas.
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Sin duda que es muy presuntuoso de mi parte sintetizar en breves palabras toda
la aportación de Lutero a la espiritualidad y a la oración cristiana. Señalo, por tanto, y
de manera muy breve, sólo tres aspectos que se desprenden al leer sus obras sobre la
oración:
1. Lutero abre la oración al pueblo sencillo que vive ocupado en las tareas
ordinarias de la vida, de la familia, de la profesión y de la sociedad104. Frente a
las oraciones canónicas de clérigos y religiosos, Lutero propone un método de
oración sobre todo para los laicos. No es que antes de Lutero el pueblo no orara,
lo hacía sin duda, pero carecía de método adecuado a ellos. Los métodos de los
diversos grupos, como por ejemplo el de los “Hermanos de la Vida Común”,
aunque el pueblo los utiliza, sin embargo siguen resultando poco adaptados al
pueblo sencillo e ignorante. La oración de Lutero no es para una élite intelectual
o religiosa, como en general era la oración que en su tiempo se hacía. Él quiere y
logra popularizar la oración.
Y al lado de esto, se percibe en Lutero y en su oración un gran interés por la
gente común, más allá de la simpatía que pueda tener por su condición social. El
Reformador abre a los laicos la posibilidad de tener una espiritualidad propia y
bien valorada; algo que comúnmente solo se daba en los que se dedicaban al
ministerio sacerdotal o a la vida religiosa en todas sus formas.
2. La oración de Lutero retorna a las fuentes originales de la oración, es decir a la
Sagrada Escritura y con exclusividad. Se deja de lado cualquier otra corriente
espiritual o de pensamiento, por más que por debajo o implícitamente, puedan
percibirse influencias varias, pero que Lutero jamás cita. La oración sólo se
apoya en la Palabra de Dios y se nutre de la Palabra de Dios, por eso recomienda
rezar con el Padrenuestro, los Mandamientos, los Salmos y otros textos bíblicos.
Con el Credo también recomienda rezar, pero por que en él se recoge el
contenido esencial de la Biblia.
3. La oración de Lutero se centra en lo básico, va a lo esencial de la fe, dejando de
lado todo lo demás. La espiritualidad de Lutero, que él propone en la oración
para todos los creyentes, se basa y se desarrolla a partir de los estados primarios
de la fe: el Credo; de la ética: los Mandamientos; y de la oración: el
Padrenuestro. En lugar de la piedad monástica tradicional o de la clerical, Lutero
eleva los símbolos fundamentales del creyente y los fija en su corazón mediante
la oración cristiana. Se reza, por tanto, sólo con lo que se cree, se vive y con la
oración dominical.
La oración de Lutero tiene grandes valores y supone un aporte significativo a la
espiritualidad cristiana; pero esta espiritualidad de Lutero, que nace en un contexto muy
polémico en gran parte provocado por él y la Reforma, hará que su oración y su
espiritualidad siempre tengan una gran carga de controversia. Por una parte, los
católicos siempre verán con ojos de sospecha, cuando no de total rechazo, la oración
luterana. Y por otra, las Iglesias Reformadas que nacen de él, no la valoraran lo
104
En general casi todas las obras de Lutero fueron muy populares en su tiempo. Ejemplo de ello son las
numerosas ediciones escritas, que en vida de él, se hicieron. Con los escritos sobre la oración ocurre lo
mismo, sobre todo con los dos Catecismos, en los que se explica la oración y se dice cómo rezar. Muy
rápidamente se difunden, se leen y se ponen en práctica.
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suficiente, desconociéndola o bien delegándola a algo anecdótico. Con lo cual la riqueza
contenida en la oración de Lutero se ha desperdiciado como un factor muy positivo de
la espiritualidad [Link], though, has indirectly broken that more commonly
perceived link of spirituality and prayer to monastic practice through this method of
exposition.
Como conclusión final y haciéndome eco de Karl Barth, que afirma refiriéndose
Lutero y Calvino: “Los reformadores de la Iglesia han orado”105, yo también digo lo
mismo. Lutero fue un hombre de oración toda su vida. Estas son sus palabras: “Cuando
el tiempo y las circunstancias me lo permiten…me entrego a la oración en cuanto me es
posible”106. Sin duda a Martín Lutero se le pueden achacar muchas cosas; pero no el que
no fuera una persona de oración durante toda su vida. Lutero es todo un maestro de la
oración; pero desgraciadamente un maestro desconocido para los católicos e
igualmente, y sin disculpa, ignorado por las Iglesias Reformadas.
Obras de Lutero:
1.
1. 1.1. Catecismo Mayor en Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971.
2. 1.2. Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús en Las obras de
Martín Lutero. Sermones, Buenos Aires 2007.
3. 1.3. Método sencillo de oración para un buen amigo en Lutero. Obras,
Salamanca 2001, 3ª ed.
2. Otras obras:
1. 2.1. R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I y II, Madrid 1973.
2. 2.2. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª ed.
3. 2.3. K. Barth, La oración en los catecismos de la Reforma, Salamanca 1996.
4. 2.4. Ph. D.W. Krey - P.D.S. Krey, Luther´s Spirituality, New York, 2007.
105
K. Barth, La oración en los catecismo de la Reforma, Salamanca 1996, p. 11.
106
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T.: Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., p. 324.