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La Oración en Lutero

Este documento presenta una introducción a la vida y obra de Martín Lutero. Describe las etapas clave de su vida desde 1483 hasta 1546, incluyendo el inicio de la Reforma Protestante en 1517 y el matrimonio de Lutero en 1525. También resume brevemente las principales doctrinas teológicas de Lutero.

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La Oración en Lutero

Este documento presenta una introducción a la vida y obra de Martín Lutero. Describe las etapas clave de su vida desde 1483 hasta 1546, incluyendo el inicio de la Reforma Protestante en 1517 y el matrimonio de Lutero en 1525. También resume brevemente las principales doctrinas teológicas de Lutero.

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LA ORACIÓN EN MARTIN LUTERO

Autor: Santiago Alcalde de Arriba, OSA

Director del trabajo: Luis Marín de San Martín, OSA

5
Roma, mayo de 2011

LA ORACIÓN EN MARTIN LUTERO

Autor: Santiago Alcalde de Arriba, OSA

Director del trabajo: Luis Marín de San Martín, OSA

INDICE:

1. INTRODUCCIÓN: BREVES PINCELADAS DE LA VIDA Y OBRA DE LUTERO


1. Vida de Martín Lutero.
1.1.1. Años 1483-1517.
1.1.2. Años 1517-1525.
1.1.3. Años 1525-1546.
1.2. Pensamiento religioso de Martín Lutero.
1.2.1. Doctrina teológica.
1.2.2. Doctrina antropológica.
1.2.3. Doctrina eclesiológica.
2.2.4. Doctrina sacramentaria.

2. ESCRITOS DE LUTERO SOBRE LA ORACIÓN


2.1. Escritos de Martín Lutero
2.2. Escritos de Martín Lutero sobre la oración
2.2.1. El Catecismo Mayor.
2.2.2. El Sermón La oración de los cristianos en el nombre de Jesús.
2.2.3. El libro Método sencillo de oración para un buen amigo.

3. LA ORACIÓN EN LUTERO
3.1. Influencias en la oración de Lutero.
3.2. Importancia de la oración.
3.3. ¿Qué es orar?
3.3.1. Definición descriptiva.
3.3.2. Definición bíblica.
3.3.3. Razones para orar.
3.4. Actitudes ante la oración.
3.5. Características de la oración.
3.5.1. La oración ha de basarse en la Palabra de Dios.
3.5.2. La oración ha de ser de petición en Cristo.
3.5.3. La oración ha de ser concreta y sentida.
3.5.4. La oración ha de nacer de la desesperación.
5
3.5.5. La oración ha de ser espontánea.
3.5.6. La oración ha de ser de confianza absoluta.
3.6. Método de orar.
3.6.1. ¿A quién orar?
3.6.2. ¿Cómo orar?
3.6.3. ¿Cuándo orar?
3.6.4. ¿Qué instrumentos y medios utilizar?
3.6.5. ¿Qué método de oración se puede usar?
3.7. La oración personal e interior.

4. LUTERO HOMBRE DE ORACIÓN


4.1. Las oraciones de Lutero.
4.2. Las ideas de Lutero presentes en su oración.

5. CONCLUSIONES
5.1. ¿Cuáles son las influencias principales que se perciben en la oración de Lutero?
5.2. ¿Qué ideas fundamentales caracterizan la oración de Lutero?
5.3. ¿Qué es lo que Lutero aporta a la oración y a la espiritualidad cristiana?

6. BIBLIOGRAFIA PRINCIPALMENTE CONSULTADA.

5
LA ORACIÓN EN MARTIN LUTERO

1. INTRODUCCIÓN: BREVES PINCELADAS DE LA VIDA Y OBRA DE


LUTERO
Toda persona, además de ser hijo de sus padres lo es de su tiempo y de su
ambiente social, cultural, político, religioso… Y es en este encuadre donde hay que
verlo con objetividad. Esto, que es válido para todos, lo es principalmente para Martín
Lutero, cuya personalidad no deja indiferente a nadie. Lutero es el santo y el diablo, el
doctor y el ignorante, el profeta y el hereje, el reformador y el destructor. Una
personalidad, sin duda, ambivalente y polémica, hija de su tiempo y de su ambiente.

1. Vida de Martín Lutero.


Además de su nacimiento en 1483 y de su muerte en 1546, dos son las fechas
claves en la vida del reformador de Wittenberg: 1517 y 1525. En el año 1517 descubre,
leyendo a san Pablo, la clave para solucionar los problemas espirituales que le
atormentan. En este mismo año publica también Las 95 tesis sobre las indulgencias,
dando con ello inicio al movimiento reformador. En el año 1525 cambia de estado de
vida al casarse y también, debido a la realidad social y política que está viviendo, tiene
que moderar sus ideas reformadoras y darlas una mayor coherencia y organización1.
1.1.1. Años 1483-1517.
Martín Lutero nace el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben, en el condado de
Mansfeld, en la Sajonia del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus padres, Hans Luder
y Margarita Ziegler, le dan una educación severa, como era lo habitual en aquella época.
Estudia las primeras letras en la escuela municipal de Mansfeld. Más adelante,
en la primavera de 1497, por decisión de su padre va a Magdeburdo a continuar su
formación, que completa en Eisenach. En el año 1501 emprende, en la universidad de
Erfurt, los estudios de artes o filosofía que le capacitan para estudios posteriores.
De manera un tanto sorpresiva, a juzgar por lo que sus biógrafos cuentan; pero
sin duda influido por el ambiente religioso que está viviendo y por su propia
personalidad, a mediados del 1505, ingresa en el convento de los agustinos de
observancia de Erfurt. Estos frailes pertenecían a una congregación agustiniana de
fuerte austeridad, a la vez que muy preparada filosófica y teológicamente en ese
momento. Su decisión contrarió profundamente a su padre que esperaba para su
1
Para la vida de Martín Lutero, está en español el libro de R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I y II,
Madrid 1973.
5
primogénito, que ya era maestro en artes, algo más de lo que la vida conventual podría
ofrecerle. La decisión firme de Martín terminó imponiéndose a la paterna. Tras un año
de noviciado, fray Martín, formula libremente sus votos religiosos. En 1507 es ordenado
presbítero y, a la vez que completa su formación teológica, da clases de filosofía.
Primero lo hace en el convento de Erfurt y luego en el de Wittenberg y en su
universidad.
En el año 1512 obtiene el grado de maestro en teología. Al año siguiente, Juan
Staupitz, vicario general de los agustinos alemanes, le deja la cátedra universitaria de
Sagrada Escritura de Wittenberg. El capítulo, de los agustinos observantes alemanes, de
1515 lo nombra "vicario de distrito", para once conventos, por su fama de fraile serio y
observante. En este sentido se le ve actuar en los años siguientes.
Con el estudio y explicación de la Biblia, el conocimiento de otros pensadores,
entre ellos san Agustín y la escuela agustiniana y la llamada “Teología Germánica”;
Martín Lutero profundiza y evoluciona en sus concepciones teológicas comenzando a
elaborar una nueva doctrina. La carta de san Pablo a los Romanos, y principalmente el
capítulo primero, versículo diecisiete, será la clave de su teología y a la vez la solución a
las angustias y problemas interiores que desde hace tiempo tiene.
Ya en estos años se pueden apreciar algunos de los rasgos propios de la compleja
personalidad de Lutero que luego, con el tiempo y las circunstancias, se irán acentuando
en él. Ante todo fue un hombre religioso con fuerte tendencia al misticismo, aunque con
muchos escrúpulos de conciencia que le llevarán a buscar fuera las seguridades que le
faltan dentro. Humanamente fue una personalidad con tendencia a la depresión, a la
angustia, a la melancolía y con numerosas obsesiones, por lo que algunos hablan de un
hombre neurótico. Su personalidad muy apasionada le lleva a veces a ser grosero y a
dejarse llevar por la ira. En sus opiniones se le ve muy subjetivista y, sintiéndose
poseedor de la verdad e inspirado por Dios, orgulloso, arrogante y despreciador de todas
las ideas que no concuerden con las suyas. Sin duda Martín Lutero es una personalidad
contradictoria y difícil de describir brevemente2.
1.1.2. Años 1517-1525.
La predicación de la indulgencia papal, para recaudar fondos con destino a la
construcción de la basílica de San Pedro en Roma, va a dar ocasión a que Martín
Lutero, en 1517, exponga Las 95 tesis sobre las indulgencias e invite a otros teólogos a
una discusión abierta sobre las mismas para clarificar posturas. Los años siguientes,
1518 y 1519, son años de disputas, ataques, declaraciones, descalificadoras mutuas. En
el año 1520, el papa León X, con la bula Exurge Domine, condena 41 proposiciones
doctrinales de Lutero. Este es convocado a la Dieta de Worms para explicar su doctrina.
Para librarse del poder imperial se refugia en el castillo de Wartburg donde escribe
incansablemente. El movimiento reformador, protegido por algunos nobles alemanes,
comienza a adquirir fuerte tinte político.

Lo que en un principio parecía una discusión de teólogos, pronto adquirió gran


difusión entre el pueblo, mezclándose con sentimientos nacionalistas germánicos y
aspiraciones populares de libertad. Un ejemplo es la llamada “Guerra de los

2
El libro anteriormente citado de R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, pp. 248-292 presenta las
diversas opiniones que sobre la personalidad de Lutero se han dado a lo largo de la historia comenzando
por la visión que el mismo Lutero tiene de sí mismo.
5
campesinos”. Roma y “todo lo romano” a nivel teológico, de ideas y también a nivel
económico; primero se ve con sospecha y luego con franca hostilidad. Muchos príncipes
y ciudades alemanas protegerán al Reformador, y en contra del emperador Carlos V y
de la política imperial como un medio de acrecentar su poder político, económico y
social.
El año 1525 es un año crucial en la vida del Reformador. Supone un cambio en
su vida, al casarse, algo que posiblemente hizo como un acto provocador contra el
papado y contra su antigua vida monacal3. Un cambio en sus ideas primeras, al tener
que condescender con la realidad que se impone. Un cambio también en la reforma
emprendida, al hacerse más organizada. Lutero se vuelve más aburguesado, más
condescendiente, más tolerante en algunos aspectos.
1.1.3. Años 1525-1546.
En los años siguientes predica, enseña y escribe principalmente para defender
sus opiniones frente a los otros grupos reformados: Zwinglio, Ecolampadio, Bucero...
Para dirimir las querellas que entre ellos continuamente surgen; y para seguir
combatiendo contra de las posiciones católicas. Su doctrina se va sistematizando a la
vez que las comunidades reformadas se van organizando.
El movimiento de adhesión al luteranismo crece a partir de 1530 con la dieta y
“Confesión de Augsburgo”. En 1531 se crea la liga de Smalkalda. En 1543 el duque de
Cléveris se pasa al protestantismo y lo mismo hacen en los años siguientes otros
príncipes alemanes, con lo cual la posibilidad de un encuentro en entre protestantes y
católicos, en un concilio general, se hace prácticamente imposible. El 18 de febrero de
1546 en Eisleben, con esta oración en sus labios: Pater, in manus tuas commendo
spiritum meum. Redimisti me, Deus veritatis4, muere el controvertido Martín Lutero.

1.2. Pensamiento religioso de Martín Lutero.


Hoy en día es aceptado unánimemente que Lutero es un gran teólogo y una
inteligencia poderosa; aunque no haya expuesto sus doctrinas con la claridad y el rigor
lógico de santo Tomás o Calvino. Hablar de su pensamiento teológico, supone situarlo
en su contexto histórico, descubrir sus relaciones con el pensamiento medieval y ver su
originalidad profunda5.
Sobre Lutero ejerce gran influencia el nominalismo de Occam. Igualmente está
presente en su pensamiento san Agustín y la corriente agustiniana que recorre toda la
Edad Media. También influye en el Reformador, principalmente, Juan Tauler y la
llamada "Teología Germánica”. A todas estas influencias, Lutero aporta una doctrina
verdaderamente revolucionaria que hizo repensar toda la teología de su tiempo y cuyo
influjo todavía llega hasta nosotros. Sus ideas más provocadoras pueden, de manera
sintética, agruparse en cuatro apartados:

3
Cf. R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. II, Madrid 1973, p. 226.

4
Ib., p. 575.
5
Todo el resumen que hago de la teología de Lutero está tomado fundamentalmente de T. Egido, Lutero.
Obras. Salamanca 2001, 3ª ed., pp. 38-53 y J. Delimeau, La Reforma, Barcelona, 1983.
5
1.2.1. Doctrina teológica.
Lutero tiene una concepción fuertemente teocéntrica. “Sólo Dios”, repite con
frecuencia. Este teocentrismo le hace concebir a Dios y al hombre en una dialéctica
antitética. Cuanto menos sea el hombre, más resplandecerá Dios. Cuanto más aparezca
el pecado en el hombre, más se manifestará la gracia de Dios que perdona y acoge al
hombre pecador.
Justificación, fe y gracia provienen sólo de Dios que las concede sin contar con
nosotros. Esta concepción le lleva a un concepto riguroso de predestinación; pero
también a un optimismo basado en la confianza y en la bondad misericordiosa de Dios
que quiere lo mejor para el hombre.
En paralelo con el “sólo Dios”, Lutero pone el “sólo Cristo”. Cristo es el único
mediador entre Dios y el hombre. Sólo él nos revela al Dios escondido, nos reconcilia
con él y nos salva por su pasión y muerte en la cruz. La cristología de Lutero, sin negar
los fundamentos teóricos, se centra fundamentalmente en los aspectos prácticos y
soteriológicos.
Todos sus postulados teológicos, Lutero dice sacarlos de la Palabra de Dios. Él
siempre la concederá un puesto de honor en su pensamiento y en su vida; tal es así que
emprenderá la traducción de la Biblia al alemán, realizando una buena obra literaria,
aunque, en muchos pasajes, poco fiel a los originales bíblicos.
Sólo la Escritura es la única autoridad teológica que admite. Este radicalismo
bíblico le lleva a posturas subjetivas extremas. Interpreta la Biblia, no según el criterio
de los Padres, de la Tradición o del Magisterio; sino según su propia inteligencia
personal y esto lo extiende a todos los creyentes. Con el paso del tiempo y ante las
dificultades que se le presentan en su Iglesia reformada, Lutero se verá obligado a
modificar esta postura inicial. Con todo seguirá proclamando el principio absoluto de la
Escritura; si bien permitirá que haya organismos que controlen la predicación de la
Palabra y hablará de la necesidad del estudio de las lenguas para comprender rectamente
la Escritura.
1.2.2. Doctrina antropológica.
La idea base y estructural de la teología de Lutero, como de la paulina, es la de
la justificación del hombre por la fe en Cristo. Este, con su muerte y de manera gratuita,
“nos cubre” a los ojos del Padre haciéndonos justos. A esta gracia el hombre sólo puede
aportar su fe, nunca sus obras que ni siquiera pueden merecerle la fe.
Esta justificación el hombre la obtiene sólo por la gracia de Dios. Esta gracia es
algo propio y exclusivo de Dios que no permite ser reivindicada por ninguna obra que
haga el hombre. La gracia le capacita al hombre para reconocerse y sentirse pecador;
pero al mismo tiempo lo libera y lo justifica.
La fe Lutero la entiende como un acto que implica a toda la persona y la lleva a
abandonarse en Dios y a obtener así la seguridad que necesita para sentirse justificado.
Con esta fe, el creyente reconoce el poder absoluto de Dios en Cristo y pasa a tener
acceso al acto redentor divino. Esta fe, que es don gratuito de Dios, él la crea en el
creyente mediante la palabra, por eso Lutero la define como “obra de Dios en nosotros

5
sin nosotros”6.
Justificación, gracia y fe son tres elementos que se autorelacionan en el
pensamiento del Reformador.
1.2.3. Doctrina eclesiológica.
Las doctrinas anteriormente expuestas de la justificación, de la fe, de la gracia
divina, de la interpretación personal de la Escritura..., en definitiva del subjetivismo de
toda su teología, darán lugar al nacimiento de una nueva Iglesia. Esta está constituida
por un dinamismo interno mediante el cual el cristiano cree y responde personal e
internamente a la Palabra de Dios que le viene de fuera, sin necesidad de ninguna
manifestación exterior.
Al concebir a la Iglesia como una realidad invisible, como algo personal entre
Dios y el creyente, siendo Cristo la única referencia de fe; todos los bautizados “pueden
gloriarse de haber sido consagrados sacerdotes, obispos y papa”7. El cristiano debe
procurar que nadie le quite el derecho que le ha dado la Palabra y en consecuencia
luchar contra el papado que ha encadenado a la Iglesia y se ha convertido en su
referente exclusivo.
2.2.4. Doctrina sacramentaria.
De todos estos aspectos del pensamiento de Lutero, brevemente señalados, se
derivan otros a nivel práctico, como la doctrina sacramentaria.
Lutero no da una importancia especial a los sacramentos en cuanto que ellos no
son fuentes de gracia. Para él los sacramentos son signos externos en los cuales se
confirman las promesas que la Palabra de Dios ha hecho para ellos. Sirven para excitar
mejor el alma del creyente en orden a tener una fe más perfecta y confiada en Dios.
Lutero acepta como sacramentos simplemente aquellos en los que es clara su
institución por Cristo según la Palabra de Dios y rechaza los demás. En este sentido
acepta el bautismo y la eucaristía que él denomina “Cena del Señor”. El bautismo es el
principio y fundamento de los demás sacramentos. Su función es nutrir la fe. En la
eucaristía acepta la presencia real de Cristo en ella, pero no la transubstanciación ni el
carácter sacrificial de la misa.
Los sacramentos de la confirmación, el matrimonio, la unción de enfermos, el
orden y con el tiempo la penitencia desaparecerán como sacramentos en cuanto tales.
Lutero ha convenido en considerar como sacramentos sólo a aquellos a los que el Señor
les ha dado una promesa y luego se les ha añadido un signo. Los que carecen de signo
son simples promesas, y aunque tienen valor espiritual como pueden tenerlo la cruz, la
fe o la oración que son simples promesas.

3. ESCRITOS DE LUTERO SOBRE LA ORACIÓN


La producción literaria de Lutero es enorme. En sus obras se pueden distinguir

6
Cf. WA., 6, 530.
7
Cf. WA. 6,408.

5
dos épocas con la divisoria en el año 1525, año clave en la vida de Lutero. Antes de esta
fecha y prescindiendo de sus cartas, sermones y de sus escritos como profesor que se
mantienen en una tónica uniforme; sus obras son las más originales, las más numerosas
y las más impulsivas de sus escritos. Se podría decir que son obras de conquista.

2.1. Escritos de Martín Lutero


Los primeros escritos publicados de Lutero, son sus obras como profesor en la
universidad de Wittenberg y están destinados a la docencia. Entre estos destacan:
Lecciones sobre el Salterio (1513-1515); Comentario de la carta a los Romanos
(1515-1516); Comentarios de la carta a los Gálatas (1516-1517). A partir de 1517
aparecen sus primeras obras polémicas. Entre ellas: Las 95 tesis contra las indulgencias
(octubre 1517); Sermón sobre las indulgencias y la gracia (1518). Los primeros libros
con ideas propiamente reformadoras son: A la nobleza cristiana de la nación alemana
sobre la reforma de los cristianos (agosto 1520); La cautividad babilónica de la Iglesia;
(octubre 1520); La libertad del cristiano (noviembre 1520). Sus escritos en el castillo de
Wartburg son muy numerosos. Los más importantes: Sobre los votos monásticos (1521);
Comentario al Magníficat (1521); Traducción al alemán del Nuevo Testamento
(1521-1523). Una vez abandonado el castillo de Wartburg sigue escribiendo tratando de
organizar la reforma: Formula missae et communionis pro ecclesia (1523); Sobre la
autoridad civil (1523); Contra los profetas celestiales (enero 1525); Contra las hordas
de ladrones y asesinos (mayo 1525); De servo arbitrio (diciembre 1525).
A partir del año 1525, y por sus circunstancias vitales, sus escritos aunque
numerosos son menos frecuentes, más reposados y con menor carga emocional. La
temática hasta su muerte, gira en torno a argumentos ya tratados. Una parte de sus obras
tiene un carácter organizativo como La misa alemana (1526); Fórmula del
Traubüchlein (1529); Catecismo Mayor y Menor (1529); Método sencillo de oración
para un buen amigo (1535). Otra parte de sus obras tiene carácter polémico contra sus
oponentes: Confesión de la Cena de Cristo (1528); Los artículos de Schmalkalda
(1537); Contra los judíos (1543); Contra el papado de Roma fundado por el demonio
(1545).
A toda su enorme producción literaria, hay que añadir las traducciones y
comentarios bíblicos, que hace a lo largo de su vida; los sermones; las cartas; los
himnos destinados a la liturgia; y las famosas charlas de sobremesa. Todas sus obras, en
mayor o menor medida, están determinadas por las circunstancias concretas que le tocó
vivir y que le obligaron a tomar la pluma.

2.2. Escritos de Martín Lutero sobre la oración


Sobre el tema de la oración Lutero también escribió, aunque sus escritos no han
tenido la importancia ni la fama de muchas de sus obras. En general son pequeños
escritos, de su época madura, y tienen un carácter docente. Hablan de la importancia de
la oración y de cómo hay que rezar.
El primer libro, del que tenemos noticia, que habla expresamente sobre la
oración es el Librito de oración. Lo escribió, como muchos otros, en la soledad del

5
castillo de Wartburg, posiblemente en 1521, cuando a la vez estaba traduciendo al
alemán el Nuevo Testamento y comentando el Magníficat y varios salmos. Este periodo
de reclusión forzosa, es también para Lutero un tiempo de reflexión y de oración, a la
luz del cual nace esta pequeña obra. En ella propone orar con los Mandamientos, el
Credo, el Padrenuestro y el Avemaría, lo mismo que hará en 1535 con su obra Método
sencillo de oración para un buen amigo.
Las principales obras de Lutero sobre la oración se encuentran en sus escritos
posteriores a 1525. Son obras pequeñas y tienen un sentido organizativo. En este caso
enseñar a los cristianos de las Iglesias reformadas la importancia de la oración y cómo
se debe realizar esta.
2.2.1. El Catecismo Mayor.

En el mes de abril año 1529, Lutero publica el Catecismo Mayor destinado a


párrocos y predicadores. Un mes después publica el Catecismo Menor destinado a ser
aprendido de memoria por todos, pero especialmente por los jóvenes y niños8.
Los catecismos de Lutero son obras importantes dentro de la organización de la
nueva Iglesia que él ha provocado. El objetivo de estos catecismos es doble. Por una
parte “adoctrinar a los niños y personas sencillas” (Catecismo Menor); y por otra ayudar
a los párrocos a “llevar el catecismo a la gente” (Catecismo Mayor). En una visita
“canónica” que hizo a varias comunidades en 1528 constata la ignorancia del pueblo en
materia religiosa y la no menos ignorancia de los párrocos y predicadores, por lo que
decide escribir estas dos obras.
Dentro del Catecismo Mayor, en el tercer apartado, el referido al Padrenuestro,
es donde se encuentra una pequeña explicación de lo que ha de ser la oración.
Anteriormente ha presentado lo que se debe vivir (los Mandamientos), lo que se debe
creer (el Credo) y como un apéndice, después del Padrenuestro, habla de los
sacramentos del bautismo, del altar y una exhortación a la confesión.
Antes de explicar el Padrenuestro, en cada una de sus siete peticiones, Lutero
presenta a los párrocos y predicadores de sus comunidades reformadas, la importancia
de la oración en la vida de un cristiano. “Debemos orar- dice- y es necesario que lo
hagamos, si queremos ser cristianos”. No está en nuestra voluntad “el hacerlo o dejarlo
de hacer sino que debo orar y tengo la obligación de hacerlo”9.
Pero como es consciente de que no se sabe orar, o bien se ha perdido la
costumbre de hacerlo, invita a los párrocos a que primero enseñen a sus fieles a orar.
Así les explica que la oración es “como asediar de continuo a a Dios, clamar y pedir que
nos dé, conserve y aumente la fe y el cumplimiento de los Diez Mandamientos”10.

8
Estos dos catecismos están traducidos al castellano en el volumen V de las Obras de Martín Lutero,
Buenos Aires 1971, pp. 13-154. La versión castellana la han realizado Carlos Witthaus y Manuel Vallejo
Díaz. La traducción es de la edición de Weimar (WA 30, I, 125-425). Todas las citas de este trabajo
referidas al Catecismo Mayor están tomadas de esta traducción.
Existen también otras traducciones en castellano: El Catecismo Mayor, M. Gutiérrez-Marín, Buenos Aires
1945. El Catecismo Menor, en Culto Cristiano, Nueva York 1964, pp. 276-285. Teófanes Egido en su
obra Lutero. Obras, Salamanca 2001. 3ª ed. pp. 292-305; presenta igualmente una traducción del
Catecismo Menor.
9
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 111.
10
Ib., p. 110.
5
Ahora bien, como seguro que sus feligreses, no estarán muy motivados a hacerlo,
Lutero presenta los motivos por los que hay que orar, cómo hacerlo y las características
imprescindibles que ha de tener toda oración.
Desde la infancia, afirma Lutero, debemos acostumbrarnos a orar diariamente.
“Me gustaría volver a difundir entre los hombres que aprendiesen a orar rectamente...
porque toda nuestra defensa y protección reside solamente en la oración puesto que
somos demasiado débiles frente al diablo, su poder y sus adictos”11. La obra de la
Reforma, afirma Lutero, no se habría llevado a cabo sin la oración. Una oración
auténtica de pedir a Dios y no de parlotear.
Una vez que ha señalado a los pastores y predicadores algunas cosas esenciales
para entender y motivar la oración de sus feligreses, pasa Lutero a explicar cada una de
las peticiones del padrenuestro. “En él está comprendida, en una serie de siete artículos
o peticiones, toda la necesidad que nos concierne sin cesar, y cada una es tan grande que
nos debería impulsar a rogar por ella durante toda nuestra vida”12.
2.2.2. El Sermón La oración de los cristianos en el nombre de Jesús.
Este sermón Lutero lo pronuncia el quinto domingo después de Pascua, el
Domingo rogate, que en el año 1531 fue el día 14 de mayo. En él comenta el texto de Jn
16,23-30. A Lutero le gustaba predicar, por eso hay numerosos sermones suyos. Sobre
todo predica en circunstancias especiales o para tratar temas que él consideraba
importantes, como es el caso de este sermón. En él encontramos desarrollada su
enseñanza sobre lo que es la oración, los elementos esenciales que la componen y cómo
se ha de orar, para que la oración sea eficaz13.
Introduce el tema de la oración diciendo que orar es la única obra que los
cristianos deben hacer y hacerla diligentemente; pero reconoce que no es fácil rezar
bien. Orar es más difícil que la fe. A nivel teórico no lleva mucho tiempo comprender la
oración, pero comenzar a orar ya es otra cosa. Porque orar es poner todo el corazón y
esto es lo más difícil que hay14.
En cinco apartados fundamentales se puede dividir este amplio sermón:
1. La oración debe basarse en el mandamiento y la promesa de Dios. Es la palabra de
Dios la que nos da el derecho de orar, y no nuestra propia dignidad. Por eso quien
espera sentirse en buenas condiciones para orar, jamás orará.
2. Debemos pedir en el nombre de Cristo, porque sin Cristo no hay oración que sea
escuchada; pero pedir “en su nombre” es más que una mera fórmula. Sólo tenemos
acceso al Padre a través de Cristo.
3. La oración debe tener un objetivo real. El que ora, debe presentar a Dios un deseo
concreto; ahora bien, debe dejar en manos de Dios la forma de dar cumplimiento a
su petición.

11
Ib., p. 112.
12
Ib., p. 113.
13
Este sermón La oración de los cristianos en el nombre de Jesús está en castellano en Las obras de
Martín Lutero. Sermones, Buenos Aires 2007, pp. 321-334. La versión castellana la ha realizado Erich
Sexauer. Todas las citas de este trabajo referidas al Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de
Jesús están tomadas de esta traducción.
14
Cf. Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 322.
5
4. La oración debe surgir del reconocimiento de nuestro estado angustioso. La angustia
es la que nos impulsa a orar, sin ella nos olvidaríamos de hacerlo; porque sólo la
oración puede librarnos de lo que nos atormenta.
5. El que ora, debe confiar firmemente en que Dios le escuchará. La fe mantiene la
oración, pero a su vez la oración nutre la fe. El “amén” de la oración es la fe.
Este sermón, no es un tratado sobre la oración, por eso el lenguaje que utiliza,
los ejemplos que pone, el modo de expresarse son claros, concretos y directos; muy
distintos de los que utiliza en otras obras más doctorales. No obstante en él podemos
encontrar las ideas fundamentales sobre lo que debe ser la oración. “No es cuestión de
usar vanas repeticiones (Mt 6,7), ni tampoco depende la eficacia de la oración de los
gestos exteriores o de determinados lugares de adoración (Jn 4,21), sino que la oración
debe ser un anhelo profundo del alma dirigido al Padre por medio de Cristo”15.
“El orar de esta manera –afirma Lutero- es la obra más importante que los
cristianos pueden y deben hacer, y también la más difícil”. Por eso “conscientes, pues,
de que esta obra no tiene igual, y de lo mucho que podemos lograr por medio de ella,
tenemos también la obligación de orar diligentemente y de hacernos voceros tanto de las
necesidades de los demás como de las nuestras propias. Y ante todo pidamos que Dios
nos libere de los que se jactan de iluminaciones propias al margen de la palabra divina”
16
.
2.2.3. El libro Método sencillo de oración para un buen amigo.
Esta pequeña obra, aparece publicada a principios del año 1535. Se la dedica a
un barbero-cirujano, de nombre Pedro Beskendorf, amigo personal de Lutero y que
acabaría exilado por homicidio, al parecer involuntario. Da la impresión que éste le ha
pedido que le diga cómo tiene que rezar y Lutero, sin retórica, le dice cómo reza él y
cómo también puede rezar su amigo17.
Aquí Lutero, además de ofrecer un método de oración más o menos sistemático,
sobre todo enseña una práctica de oración; y no cualquier práctica de oración, sino la
suya, la que él mismo hace. “Te confío lo que tengo en este particular y la forma en que
yo mismo practico la oración”18. En este sentido esta obra es excepcional, en ella Lutero
se retrata orando él mismo.
Tratando de sistematizar este escrito se pueden señalar algunos apartados
referidos a la oración: ¿A quien orar?; ¿Cuándo y cómo hacerlo?; ¿Con qué orar?; ¿Qué
método utilizar?; La oración se debe personalizar e interiorizar; En la oración los
pensamientos deben estar acordes con las palabras…
Pero lo más original de esta obra, es que nos muestra al mismo Lutero orando.
“Aquí tienes brevemente expuesta, con motivo del Padrenuestro y de la oración, mi
forma de comportarme. Porque, incluso hoy día, mamo del Padrenuestro como un niño,

15
Ib., p. 329.
16
Ib., p. 329.
17
Esta obra Método sencillo de oración para un buen amigo está en castellano en Lutero. Obras.
Salamanca 2001. 3ª ed., pp. 320-331. La versión castellana la ha realizado Teófanes Egido. La traducción
es de la edición de Weimar (WA 38,358-375). Todas las citas de este trabajo referidas al Método sencillo
de oración para un buen amigo están tomadas de esta traducción.
18
Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª ed.,
p. 320.
5
bebo y como de él como un viejo y nunca llego a saciarme”19.
Analizando las siete oraciones habituales que hace Lutero, basadas en las siete
peticiones del Padrenuestro, podemos rastrear lo que en este momento de su vida le
preocupa a Lutero, que es fundamentalmente los problemas exteriores de quienes
combaten la Reforma y los problemas interiores que tiene para consolidar y enfervorizar
a las diversas comunidades reformadas. Estas oraciones no poseen carga polémica, ni
expresiones despreciativas hacia los contrarios. Tienen el leguaje cotidiano, directo y
llano que habla Lutero, que habla el pueblo.
En esta obrita, Lutero se detiene especialmente en explicar, de forma teórica y
práctica, cómo rezar con el Padrenuestro. Para rezar con el Decálogo, señala el método
a seguir según cuatro pasos. Y respecto a rezar con el Credo y la Sagrada Escritura no
señala nada concreto: “No diré nada aquí acerca del Credo y de la Escritura, porque
sería cosa de nunca acabar; el que esté ejercitado puede muy bien tomar un día los diez
mandamientos, otro un salmo o un capítulo de la Escritura, que sea como el pedernal
que encienda el fuego en su corazón”20.
Estas son las principales obras de Lutero que abordan, de manera más o menos
sistemática, la oración. No obstante el tema de la oración, tema importante y querido
para el Reformador, también se puede ver sugerido en otras obras suyas como los
comentarios al Magníficat y a los Salmos. En general, en todas las obras de Lutero está
presente la oración, aunque nada más sea con una oración que dirige a Dios pidiéndole
ayuda y protección frente a los que considera sus enemigos.

3. LA ORACIÓN EN LUTERO
Lutero es un hombre que escribe sobre la oración y un hombre que, a lo largo de
toda su vida, hace oración. Ahora bien, ¿de dónde bebe Lutero su personal concepción
de la oración?
Sin duda ninguna que de su propia espiritualidad. Ese tesoro que, a lo largo de
los años, fue enriqueciendo con variadas y múltiples aportaciones, y que le llevaron, un
poco antes de morir, a orar así: “¡Oh Padre mío celestial, Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Dios de toda consolación! Yo te agradezco el haberme revelado a tu amado
Hijo Jesucristo, en quien creo, a quien he predicado y confesado, a quien he amado y
alabado… Te ruego, Señor mío Jesucristo, que mi alma te sea encomendada. ¡Oh Padre
celestial! Tengo que dejar ya este cuerpo y partir de esta vida, pero sé cierto que contigo
permaneceré eternamente y nadie me arrebatará de tus manos”21.

3.1. Influencias en la oración de Lutero.


Las primeras “piedras” de su espiritualidad se las puso, siendo niño, su madre.
Ella le enseñó a rezar en la lengua germánica. Esta religiosidad infantil se acrecentó en
la escuela de Mansfeld donde, entre otras cosas, aprendió a cantar algunas plegarias e

19
Ib., p. 324.
20
Ib., p. 331.
21
Citado por R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. II, Madrid 1973, p. 574-575.
5
himnos que siempre recordará a lo largo de su vida con entusiasmo. Los trece primeros
años de su vida fueron fundamentales para su educación moral y religiosa22.
En sus años de estudiante en Magdeburgo y Eisenach entrará en contacto con
una nueva espiritualidad conocida con el nombre de Devotio Moderna y cuyos
principales representantes eran los “Hermanos de la Vida Común”. Estos enseñan a
relacionarse personal e íntimamente con Dios, potenciando el amor concreto a la
humanidad de Cristo. En Erfurt, como estudiante universitario, bebe de la escolástica
nominalista de Ockham y también del humanismo renacentista que se va extendiendo.
Pero sin duda será el contacto con la Escritura, aunque superficial al principio, lo que
más le influye, llegando a comprar algunos fragmentos de la Biblia con glosas
explicativas23.
Preocupado por la salvación de su alma, ingresa en el convento agustino de
Erfurt. Aquí y luego en Wittenberg, a lo largo de toda su formación religiosa y
académica, entra en contacto, en primer lugar, con la lectura y meditación de la Biblia;
con la espiritualidad agustiniana a través de las obras de san Agustín, y de grandes
maestros como Gregorio de Rímini y Simón Fidati de Casia; y con otros autores que
completan su formación como el Pseudoareopagita, san Bernardo, san Buenaventura,
Gabriel Biel, Pedro Lombardo... Igualmente va modelando su espíritu de acuerdo al
estilo de la vida agustiniano que ha elegido y que se esfuerza por vivir bien. El
pensamiento teológico, que adquiere en este momento y que en líneas generales
perdurará a lo largo de toda su vida, se podría sintetizar en tres palabras: biblismo,
agustinismo, antiaristotelismo24.
Una vez obtenido el grado de maestro en teología, comienza a enseñar Biblia en
la universidad de Wittenberg. En sus primeras lecciones académicas comenta los
Salmos. Más adelante comentará las cartas a los Romanos y Gálatas. En estos años de
profesor en Sagrada Escritura también lee y le influyen, sobre todo a nivel espiritual,
Juan Gerson, Juan Tauler y la llamada “Teología Germánica”.
Por este tiempo, Martín Lutero, alma atormentada y persona escrupulosa, busca
alivio para sus angustias. La encontrará en la teología de San Pablo y concretamente en
el versículo 17 del capítulo primero de la carta a los Romanos: “La justicia de Dios se
manifiesta por la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por su fe”.
Desde entonces, aquí tendrá la clave de su teología y a la vez la solución a sus
problemas interiores.
Los años siguientes serán años de consolidar su pensamiento y justificar su
teología frente a todo y a todos. Las disputas, los ataques y las controversias, a veces
muy violentas, irán perfilando hasta su muerte su pensamiento y espiritualidad. Esta
será, en los últimos años de su vida, una espiritualidad en lo que se refiere a la oración
muy sencilla y directa, y en la que está presente todo el bagaje anterior que formó su
pensamiento y toda su teología actual.
Me parece muy acertada la opinión de H. Strohl sobre la espiritualidad de Lutero
que cita Ricardo García Villoslada: “Lutero era, ante todo, un alma profundamente
religiosa, que sentía vivamente su parentesco espiritual con todas las almas apasionadas

22
Cf. R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, Madrid 1973, pp. 50-51.
23
Cf. Ib., pp. 74-75.
24
Cf. Ib., pp. 139-143.
5
de Dios. Dejábase arrastrar por el encanto sugestivo que una palabra piadosa, cálida,
emocionada, ejercía sobre él. Dejábase acunar gozosamente por el lirismo vibrante de
un alma exaltada por la contemplación de las realidades espirituales trascendentes. Y
repetía de buen grado, para su propia edificación y la de sus oyentes, las palabras que le
habían hecho bien, sin preocuparse de su alcance filosófico”25. Toda la Reforma de
Lutero aparece como un gran conjunto de pensamiento, estudio, confrontación,
organización y trabajo; pero por debajo de todo esto aflora, como un acto continuado, la
oración.

3.2. Importancia de la oración.


En sus escritos sobre la oración, Lutero le concede una gran importancia dentro
de la vida del cristiano. Ciñéndome a su Catecismo Mayor, afirma que la oración es el
medio que el hombre tiene para poder cumplir los diez mandamientos y creer lo que se
nos propone en el Credo. Es algo de vital importancia para conseguir de Dios lo que se
necesita, especialmente la fe y el cumplimiento de su voluntad. Por eso él exhorta y pide
que se estimule a la gente a orar.
El rezar es un mandato del Señor, obligando como los demás mandamientos.
Está contenido principal mente en el segundo mandamiento, en donde se exige alabar e
invocar a Dios en todas las necesidades. No admite Martín Lutero los argumentos que
dan “las personas burdas” para no rezar y deja muy claro que la oración, aunque hasta
ahora se haya echo mal, no significa que no se deba orar. “Debemos orar- dice- y es
necesario que lo hagamos, si queremos ser cristianos”. No está en nuestra voluntad “el
hacerlo o dejarlo de hacer sino que debo orar y tengo la obligación de hacerlo” 26
Lutero también, reprende a los que no oran “pretextando que nosotros
rechazamos las oraciones falsas e hipócritas, como si enseñásemos que no se debiera
orar o que no fuera menester rezar”27. El orar, afirma Lutero, no depende de nuestra
libre voluntad. Y poniendo una comparación, asimila el orar al obedecer al padre o a la
madre, con lo cual al rezar se está obedeciendo a Dios que nos manda honrar su nombre.

3.3. ¿Qué es orar?


Lutero, no acepta la definición clásica de oración: “Ascensión de la mente a
Dios”, porque ve en ella el peligro de que la oración se la atribuya el hombre a sí
mismo. “Nadie debe atreverse a encarar a Dios con su propia devoción y dignidad”,
como acusa que los mojes hacen28. Más bien la oración es obra de Dios en nosotros y se
basa en una promesa que Dios nos ha hecho: “Todo lo que pidáis la Padre en mi nombre
os lo concederá”; y en un mandato: “Pedid y recibiréis” (Jn 16,23-30). La oración nace,
por tanto, de la palabra de Dios, nada más. Este es el criterio para distinguir las
verdaderas oraciones de las falsas, afirma Lutero. Oramos porque Dios nos lo manda y
porque en la oración está su promesa de escucharnos.

25
Citado por R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, Madrid 1973, p. 215.
26
En “Catecismo Mayor”; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 111
27
Ib., p.111.
28
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 323.
5
Dos definiciones da Lutero en el Catecismo Mayor, al explicar a los párrocos y
predicadores lo que es la oración, antes de presentar el Padrenuestro.
3.3.1. Definición descriptiva.

La primera definición es más descriptiva. Orar es “como asediar de continuo a


Dios, clamar y pedir que nos dé, conserve y aumente la fe y el cumplimiento de los diez
mandamientos”29.
Con esta definición pretende unir las dos partes anteriores del Catecismo que ha
explicado: los Mandamientos y el Credo; pero a la vez quiere indicar que la centralidad
de la oración está en Dios y que al hombre sólo le corresponde “clamar y pedir” con
insistencia, “como asediando de continuo”. En esta definición se percibe igualmente una
alusión a lo que Jesús en el Evangelio señala sobre cómo ha de hacerse la oración:
“Pedid y se os dará; buscad y hallareis; llamad y se os abrirá” (Lc 11,9).
3.3.2. Definición bíblica.
La segunda definición que da, un poco después, es más bíblica. “Orar es alabar
el Santo Nombre de Dios e invocarlo en todas las necesidades”30.
Esta definición la une al segundo mandamiento del Decálogo: “No tomarás el
nombre de Dios en vano” y a lo que estas palabras, en positivo, significan. Orar es una
consecuencia lógica de cumplir la palabra de Dios. Orar es, por tanto, obedecer a Dios y
“si no lo hacemos -afirma con rotundidad Lutero- no somos cristianos”, porque este
obedecer está también vinculado a la fe31.
3.3.3. Razones para orar.
Clarificando más estas ideas, Lutero señala tres razones principales por las
cuales se ha de orar y no menospreciar la oración por considerarla asunto poco
importante. La primera razón y la más importante, porque es un mandato repetido del
Señor (Lc 11,9; Jn 16,24). Orar es una “obra de obediencia” a Dios y en este obedecer a
Dios se debe apoyar toda oración. La segunda razón, porque el Señor ha confirmado
con una promesa la oración, concediendo lo que le pedimos (Mt 7,7-8; Jn 16,23). “Si
Dios no quisiese atender tus ruegos, no te habría ordenado orar y no lo habría impuesto
con un mandato tan severo”32. La tercera razón para orar es que “Dios se anticipa y nos
pone en la boca él mismo la palabra y el modo de cómo hemos de orar”, para que no
dudemos de que le agrada tal oración y de que será atendida33.

En la oración, según Lutero, lo que se privilegia no es el hombre y las razones


que este pueda tener para orar, sino Dios. En este sentido se puede hablar que la oración
es teocéntrica y no antropocéntrica. La oración “en cuanto a mí atañe, no sería nada,
pero deberá valer, porque Dios lo ha mandado. Así, cada cual debe presentarse siempre
ante Dios, cualquiera sea su petición, en la obediencia a este mandamiento”34.

29
Ib., p.110.
30
Ib., p.110.
31
Ib., p.111.
32
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p.112.
33
Ib., p.112.
34
Ib., p.111.
5
3.4. Actitudes ante la oración.

Si la oración es obra de obediencia a Dios, en lógica la primera y la más


importante actitud ante la oración es la fe. “Da tu pleno asentimiento a lo que Dios
disponga”, lo que de manera práctica significa, olvidarse de sí mismo. Pero Lutero
señala que no es tan fácil olvidarse de sí mismo y asentir a lo que Dios nos pide, en este
caso orar. Pronto aparece en el orante el deseo “de querer experimentar que Dios me
escucha”35, lo cual lleva a considerarse algo ante Dios. En otras palabras, a hacer la
oración desde uno y no desde Dios.
Igualmente para orar no hay que esperar a estar bien, a ser puro o santo, lo que
por otra parte, señala Lutero, es imposible. Las oraciones que se basan en la propia
piedad, fervor, devoción, están viciadas de raíz. Dios es el que hace santo y puro al
hombre. “No es mi devoción, ni mi santidad lo que me da el valor para orar; pido
porque de la boca de tu Hijo me vino la promesa: 'El que pide, recibe'. Aunque en mi
corazón no se encuentren el fervor y la devoción suficientes, me aferró a tu Palabra”. El
que quiere orar ha de aprender a hacerlo “aún rodeado de sus pecados y saltando el
cerco con el que estos le tienen acorralado”36. Y a esto no puede llevarle su propia
naturaleza, sino solamente la fe.
Tampoco para orar hay que esperar a tener deseos de hacerlo. La naturaleza
humana nunca quiere, señala Lutero con gran realismo. “Si la fe siente deseos de orar, la
naturaleza le dice: '¿Por qué quieres orar precisamente ahora?... En estos momentos
tienes otras cosas que hacer; careces de la disposición necesaria'. Así sucede que espero
una hora, y después otra media hora más, y al fin y al cabo, sigo tan poco dispuesto
como antes”. Para comenzar a orar hay que poner gran decisión, señala el Reformador:
“Sí, no me hallo en la disposición adecuada; bien, no lo puedo remediar; pero de todos
modos oraré”. No hay que hacer caso al Adán, que oculto en cada uno, quiere
apartarnos de la promesa. Es más, si por no sentirte bien, dejas de orar, “haces que el
daño sea el doble de grande”37, porque estás indicando que no confías ni necesitas la
ayuda de Señor y eres como el fariseo del Evangelio.
Lutero se muestra muy suspicaz frente a los que se consideran bien dispuestos a
la oración ya sea por sus sentimientos devotos, por sentirse transportados en la oración o
por otros motivos humanos. Estos, afirma, “son los que más cerca de sí tienen al diablo”
38
.
Para Lutero el primer paso para orar es la fe en la Palabra de Dios y en la
promesa contenida en ella. “Si pides así, la devoción ya vendrá por sí sola, y en medida
suficiente; porque la Palabra de Dios tiene precisamente esta virtud de hacer de tu
corazón un corazón devoto y bien dispuesto. De otra manera, donde está ausente la
Palabra, se presentan distracciones que desvían nuestros pensamientos. Mas si te atienes
a la Palabra, y cruza por tu mente uno de esos pensamientos fugaces, la Palabra te
servirá como guía para reordenar tu oración”39.
35
En Sermón La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones, Buenos Aires 2007, p. 323 .
36
Ib., p.323.
37
Ib., p.324.
38
Ib., p.324.
39
Ib., p.324.
5
3.5. Características de la oración.

Con gran pasión señala Lutero, a todo cristiano, lo importante que es orar; pero
con idéntica pasión le señala que no puede orar de cualquier manera, porque no toda
oración que se hace es buena y sirve para el bien. Orar de forma correcta es hacerlo no
como algo mecánico, como si fuera suficiente “que la obra se llevase a cabo, sin que
importe que Dios escuche los ruegos o no”40.
Tampoco se debe orar esperando a que uno sea santo o digno de dirigirse a Dios,
algo que el hombre nunca conseguirá. El mandamiento de orar va dirigido a todos y no
sólo a los buenos. “La oración que yo hago es tan preciosa, santa y agradable a Dios
como la de san Pablo y la de los demás santos”. Ellos pueden ser más santos en cuanto a
su persona, pero no en lo que se refiere al mandamiento, “porque Dios no mira la
oración por la persona, sino a causa de su palabra y de la obediencia” 41que se da a su
palabra que nos manda orar a todos.
También el Reformador rechaza con fuerza el orar por devoción. En este sentido
critica a los monjes y sacerdotes que cuando oran “no piensan en otra cosa -cuando lo
hacen en la forma mejor- que en realizar una buena obra para pagar así a Dios, como
gente que no quiere recibir algo de él, sino únicamente darle”42. Ciertamente Dios
escucha y atiende la oración del que lo invoca, por eso se debe realizar del mejor modo
posible. “No la despreciemos –dice Lutero- ni la arrojemos al viento, ni oremos al azar”
43
.
Desde la infancia, afirma Lutero, debemos acostumbrarnos a orar diariamente
por las propias necesidades y por las de otras personas haciendo presente así el
mandamiento y la promesa de Dios. “Me gustaría volver a difundir entre los hombres
que aprendiesen a orar rectamente... porque toda nuestra defensa y protección reside
solamente en la oración puesto que somos demasiado débiles frente al diablo, su poder y
sus adictos”44. La obra de la Reforma, afirma Lutero, no se habría llevado a cabo sin la
oración. Una oración auténtica de pedir a Dios y no de parlotear.
Desde estos postulados fundamentales, seis son las características principales
que señala Lutero como necesarias para realizar una auténtica oración.
3.5.1. La oración ha de basarse en la Palabra de Dios.
Como no podía ser menos, la primera característica de la oración de Lutero es la
referencia a la Palabra de Dios. “Es la Palabra de Dios la que nos da derecho a orar y no
nuestra propia dignidad”45. Esta Palabra de Dios es obediencia a un mandato y fe en la
promesa que Dios nos hace.
Comentando el pasaje de Jn 16,23-30, Lutero se centra en las palabras que

40
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 112.
41
Ib., p.112.
42
Ib., p.112.
43
Ib., p.112.
44
Ib., p.113.
45
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 323.
5
Cristo dirige a sus discípulos en la Última Cena: “Pedid y recibiréis”. En el “pedid” ve
el mandato del Señor a orar, el cual es necesario obedecer. En el “recibiréis” descubre la
promesa que Cristo hace para orar con confianza. Esto mismo lo ve reafirmado en otras
palabras del mismo texto: “Todo lo que pidáis al Padre, en mi nombre, os lo dará…
Aquel día pediréis en mi nombre y yo rogaré al Padre por vosotros”. El mandato y la
promesa divinas son los que hacen la oración, nada más. “La promesa dice: lo que
pedimos, se hará; el mandamiento dice: ¡hacedlo, pedid! Es muy importante que
sepamos esto, a fin de que podamos discernir entre las oraciones auténticas y las que no
lo son, y evitar estas últimas”46.
Oramos, por tanto, porque damos asentimiento a la Palabra de Dios, no porque
experimentemos a Dios, o por nuestra dignidad o la devoción que pongamos. “Las
oraciones que el hombre hace no deben basarse en su propia piedad, devoción y fervor”.
El hombre “tiene que aprender a orar aun rodeado de sus pecados y saltando el cerco
con el que éstos le tienen acorralado”47.
Para Lutero esto, de atenerse sólo a la Palabra de Dios al ponerse a orar, es lo
primero y lo más difícil porque a esto “no puede llevarnos nuestra naturaleza, sino
solamente la fe… La naturaleza humana ni quiere ni puede basarse en la promesa
divina”48
3.5.2. La oración ha de ser de petición en Cristo.
Para Lutero toda oración es fundamentalmente de petición. “Quien quiere pedir,
debe aportar, proponer y nombrar algo que desea. De otra forma no puede hablarse de
oración”49. Se basa para hacer esta afirmación en la Palabra de Dios: “Pedid y
recibiréis” (Jn 16,24). Se debe de orar, por tanto, para pedir y recibir algo del Señor. Él
quiere que lo que pedimos se mencione expresamente “no como si él no lo conociera,
sino para que tú enciendas tu corazón a fin de desear más y con más fuerza; y para que
sólo extiendas ampliamente el manto y lo abras para recibir mucho”50.
Ahora bien, no cualquier petición tiene éxito. Hay que pedir en el nombre del
Señor, según él nos dice: “Todo lo que pidáis la Padre en mi nombre os lo concederá”
(Jn 16,23). Este pedir en nombre de Cristo es más que una fórmula o una costumbre,
como a veces se terminan las oraciones: “Por Cristo nuestro Señor”. Es pedir con la
garantía de ser escuchado. “Maldita es la oración que no sabe lo que es la fe, y no
obstante usa esas palabras “en nombre de Cristo”51.
Lutero insiste, una y otra vez, en la nulidad del hombre, que no puede ir
directamente a Dios y decirle: “Señor, tú me has prometido escuchar mis oraciones”.
Dios hizo la promesa de escuchar nuestras oraciones “a uno solo, a Cristo; este solo es
el que ha de orar a Dios”. Y es Cristo el que me da confianza al decirme: “En mi
nombre debéis pedir al Padre”52.

46
Ib., p. 323.
47
Ib., p. 323.
48
Ib., p. 324.
49
En Catecismo Mayor, Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 112.
50
Ib., p. 112.
51
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 324.
52
Ib., p. 325.
5
Según este principio, ninguna oración que no vaya a través de Cristo tiene valor.
“Ni en el nombre de María, ni en el de Pedro, ni en el de los monjes, ni en el de los
ángeles se debe orar”. Cristo es el único mediador y sacerdote entre Dios y los hombres
y por tanto el que hace todas las oraciones. Esto, para el que ora, puede parecerle algo
pasivo, pero no es tal. La oración es obra conjunta. El orante y Cristo, se compenetran el
uno con el otro. “Si tú no oras en y por Cristo, y si él mismo no ora en ti, tu orar es en
vano”53.
Lutero se opone radicalmente a la oración contemplativa de aquellos que hablan
sobre cómo el alma debe buscar la unión con Dios; o de contemplar la majestad divina y
pensar que, en el que así ora, no hay más que puro espíritu, olvidándose de Cristo el
Mediador. No se puede hacer oración “a título personal”. “En mi propio nombre no
debo decir ni una palabra” sentencia Lutero54.
No obstante él reconoce que hay pasajes de la Escritura que nos exhortan a
hablar con Dios mismo; pero –dice él- que esto es así en la media en que se relacionan
con el Mediador. Lo mismo que hay pasajes que hablan de las obras; pero referidas a la
fe. Toda oración tiene que tener, aunque sea en “simiente”, a Cristo. “Si prefieres hacer
obras dejando a un lado la fe, y orar dejando la un lado a Cristo, no necesitas al Espíritu
Santo que te enseñe: tú mismo eres tu propio maestro”55.
En este punto de pedir y de hacerlo mediante Cristo, insiste mucho Lutero.
Apoya su argumentación fundamentalmente en el texto bíblico: "Yo soy el camino, y la
verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). “Así que si buscas
otro camino para venir a Dios, hallarás la puerta del cielo cerrada”56.
3.5.3. La oración ha de ser concreta y sentida.
Pedir, en nombre de Cristo es lo que hay que hacer; pero no se deben pedir cosas
abstractas; sino concretas y que se sientan de verdad. “Donde haya oración verdadera,
es menester que sea cosa seria y que se sienta su necesidad y una necesidad tal que nos
pese y nos impela a llamar y clamar”57. Lutero aboga por una oración del corazón, de
los sentimientos, no de la razón o del intelecto. Por eso afirma que la oración debe tener
un objetivo real. El que ora, debe presentar a Dios un deseo concreto, lo que desearía de
todo corazón. Porque “cuanto más intenso y profundo el deseo, tanto más vigorosa es la
oración”58.
Entre lo que señala Lutero que se ha de pedir con sentimiento están las cosas que
más conmueven a la persona: Su vida, su familia, sus propiedades, lo que más afecta a
su pueblo o nación. Por eso no tiene sentido el recitar mecánicamente palabras, aunque
sean las del Padrenuestro. “El corazón debe sentir que deseas algo de Dios, debes
experimentar una necesidad real”. En su esencia, dice Lutero, la oración “es un suspirar
desde lo profundo del corazón y un vivo deseo de pedir algo de Dios”59.

53
Ib., p. 325.
54
Ib., p. 326.
55
Ib., p. 325.
56
Ib., p. 326.
57
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 112.
58
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 326.
59
Ib., p. 326.
5
3.5.4. La oración ha de nacer de la desesperación.
Pero a pesar de todo lo dicho, la oración puede resultar vacía, floja, sin mucho
sentido; sino no somos capaces de reconocer el estado desesperado o angustioso en el
que vivimos. “La angustia es la que nos impele a orar. Si no la tuviéramos nos
olvidaríamos de hacerlo”. Precisamente, apunta Lutero, fue el desasosiego y la
necesidad de los apóstoles lo que impulsó al Señor a darles esta enseñanza de oración:
“Vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará… “La mujer cuando da a luz,
tiene dolor… “También vosotros ahora tenéis tristeza” (Jn 16:20-22)60.
¿Dónde, se pregunta Lutero, hallar consuelo, sacar fuerzas para afrontar una
situación difícil? Jesucristo nos dice: “Yo no os doy otro consuelo, no os envío bienes,
ni dinero, ni armas, y no obstante, tampoco os saco del mundo; siempre tendréis que
luchar contra el diablo y vuestra propia carne que os atormentan. ¿Cómo remediar todo
esto? Mi respuesta es: Al sentiros de tal manera acosados, recurrid a la oración” 61.
Sólo la oración, afirma tajantemente, puede librarnos de la desesperación. Y les
pone a sus oyentes, en el sermón Sobre la oración de los cristianos en el nombre de
Jesús, un ejemplo que “sucedió el año pasado en Augsburgo”. La famosa dieta de
Augsburgo, donde de manera oficial se reconocieron sus ideas y la libertad de
practicarlas, según la voluntad de cada príncipe. Ellos, dice Lutero, estaban angustiados
por lo que ocurriría y lo único que hicieron fue orar y todo se solucionó de la forma más
favorable para ellos. “El Señor guió las cosas de tal manera que nuestra oración resultó
ser una fuerza a la que ellos no pueden oponer nada igual. Esto queda evidenciado
también por el escrito con que intentaron hacernos frente. Quien lo lea, tendrá que
reconocer que el Señor hizo un milagro a favor nuestro”62.
Puede ocurrir, señala Lutero, que alguna persona al ponerse a orar no se sienta
angustiada, desesperada. Para este caso, él le recomienda que mire dentro de sí mismo.
“Si eres hombre de carne y hueso; entonces tendrás motivos más que suficientes para
orar”. Y si eres cristiano, más motivos todavía: “Satanás, el mundo y toda suerte de
males se lanzarán en persecución tuya”. Además todos tenemos que cargar con la parte
de angustia general que pesa sobre el mundo entero y que también nos afecta a nosotros.
“Si los piadosos no se dirigen a Dios en oración, él no apartará estos males”63.
3.5.5. La oración ha de ser espontánea.
Si la oración es concreta, llena de sentimiento y motivada por la angustia, es
lógico que a la vez sea espontánea. La oración ha de surgir naciendo espontáneamente
del corazón. “No se necesita para orar enseñanza sobre cómo ha de prepararse y
conseguir la devoción. La oración ha de surgir espon táneamente”64. Por lo mismo,
siendo la oración un deseo profundo que nace del corazón, esta no necesita de muchas
palabras. “El que ora, debe dejar en manos de Dios la forma de dar cumplimiento a la
petición”. Igualmente la oración no debe “indicarle a Dios el tiempo, la fecha límite y el
modo oportuno para su socorro, o la persona por quien debe hacernos llegar su ayuda”
porque “Dios es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo

60
Ib., p. 327.
61
Ib., p. 328.
62
Ib., p. 328.
63
Ib., p. 328.
64
En Catecismo Mayor; Cf. Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971, p. 112.
5
que pedimos o entendemos” (Ef 3,20). Dios, si le dejamos, nos dará un don mucho
mayor que el que le pedimos65.
Tampoco precisa la oración de un lugar concreto para realizarse; si en cambio,
dice Lutero, debe hacerse a menudo incluso aunque estés ocupado en alguna tarea. Para
lo cual se necesita dar expresión a ese deseo en breves palabras “de modo que incluso se
pueda convertir en un saludable hábito”. Esto es lo que Jesús nos señala al hablar de la
“necesidad de orar siempre” (Lc 18,1)66.
3.5.6. La oración ha de ser de confianza absoluta.
“El que ora, debe confiar firmemente en que Dios le escuchará”, afirma Lutero.
Esto está expresado en la palabra “amén” con la que terminan todas las oraciones. Una
vez que se ha formulado la petición, basada en la promesa del Señor, a esta le ha de
acompañar la fe. Esta fe ha de ser “capaz de dar a la promesa -pedid y recibiréis- una
dimensión tal que el que ora no abrigará la menor duda” de obtener lo que ha pedido67.
Recurriendo a los textos bíblicos, al ejemplo del profeta Eliseo y a la historia
concreta, Lutero intenta demostrar la importancia de aferrarse firmemente a la promesa
de Dios y asentir a ella con el “amén”, es decir con la fe que confía ciegamente y no
duda.
En la oración, remarca Lutero “No es cuestión de usar vanas repeticiones (Mt
6,7); ni tampoco depende la eficacia de la oración de los gestos exteriores o de
determinados lugares de adoración (Jn 4,21); sino que la oración debe ser un anhelo
profundo del alma dirigido al Padre por medio de Cristo. En ella se ha de tener la
confianza para decirle a Dios: Yo sé que no me mentirás; y aunque me parezca que todo
está perdido, tu palabra no será palabra engañosa, porque es tan grande que el cielo y la
tierra no bastan para contenerla. Por poderosos que sean el mundo, el pecado y el
diablo, esta palabra es aún más poderosa. Por medio de ella espero conseguirlo todo, sea
por conducto de hombres o de ángeles o de algún otro modo”68.
Resumiendo todo lo dicho anteriormente: “El orar de esta manera –dice Lutero-
es la obra más importante que los cristianos pueden y deben hacer, y también la más
difícil”. “Conscientes, pues, de que esta obra no tiene igual, y de lo mucho que podemos
lograr por medio de ella, tenemos también la obligación de orar diligentemente y de
hacernos voceros tanto de las necesidades de los demás como de las nuestras propias. Y
ante todo pidamos que Dios nos libere de los que se jactan de iluminaciones propias al
margen de la palabra divina”69.

3.6. Método de orar.


En el libro Método sencillo de oración para un buen amigo, Lutero ofrece un
pequeño y sencillo método de orar. Tratando de sistematizar este método se pueden
señalar algunos apartados referidos a la oración.
65
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 327.
66
Ib., p. 326.
67
Ib., p. 328.
68
Ib., p. 329.
69
Ib., p. 340.
5
3.6.1. ¿A quién orar?
Dentro de la concepción cristiana de la oración y especialmente de la suya, las
oraciones se han de dirigir al Padre por Cristo. El Espíritu Santo ocupa también un
puesto importante en la oración, en cuanto que es el que hace pasar de la oración de
palabras a la oración del corazón. “Es el Espíritu quien lo otorga y lo seguirá enseñando
en el corazón, pero sólo si éste sintoniza con la palabra de Dios y se vacía de ocupa
ciones y pensamientos ajenos”70.
3.6.2. ¿Cómo orar?
Lo primero, “enfervorizando el corazón” y concentrándose. Es decir dándose
cuenta de la importancia de orar y de hacerlo bien, para no caer en la tentación y poder
obrar siempre el bien, especialmente en las actividades de cada día. “Lo que importa es
que el corazón esté abierto a la plegaria y ansioso de orar”71. Y cuando esto se ha
conseguido, dejar hablar al Espíritu Santo y en silencio escucharle. “Si durante estas
meditaciones acudiere el Espíritu Santo y comenzase a predicar a tu corazón con sus
ricos y luminosos pensamientos, concédele el honor de prescindir de tus anteriores
ideas, queda en silencio y escucha porque mejor que tú conoce él todo esto; anota bien
lo que te predica y retenlo”72
Lutero, en esta obra que dirige a un buen amigo, el “maestro Pedro”, le señala
incluso la forma física de orar, que para él es algo que tiene importancia: “Arrodíllate o
ponte en pié, con las manos juntas y la mirada hacia el cielo, y dí o medita de la forma
más breve posible: Padre celestial…”. Y después de haber invocado al Padre y
poniendo como intercesor a Jesucristo, une tu oración a la de “todos los santos
cristianos de la tierra” y reza el Padrenuestro deteniéndose en cada palabra73.
3.6.3. ¿Cuándo orar?
Lutero señala que cuando no se ora o no se hace bien, uno se enfría y se desgana
con lo cual “la carne y el demonio” tienen más facilidades para actuar. Por eso él
recomienda que “la oración sea nuestro primer quehacer por la mañana temprano y el
último del anochecer”. Esta fijación de los momentos de rezar ayudará a vencer la
tentación de dejarla para otros momentos: “Es pera un poquito más; rezaré pasada una
hora, en cuanto haya acabado esto o aque llo que tengo que hacer…”74. Por otra parte, a
lo largo del día, con las diversas ocupaciones, no son buenos momentos para orar.
El que Lutero fije dos momentos especiales para orar, no quiere decir que a lo
largo del día no se pueda y se deba orar, especialmente trabajando bien. Siguiendo un
dicho que atribuye a san Jerónimo afirma que “Toda obra de los creyentes es oración” o
bien el dicho popular: “El que trabaja fielmente ora dos veces”75. Quien trabaja, honra a
Dios con sus pensamientos honrados, convirtiendo su oración en alabanza. Así también
se cumple el mandato de orar sin interrupción (Lc 18, 1; 1 Tes 5, 17; Sal 1, 2).

70
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf.: T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., p. 331.
71
Ib., p. 321.
72
Ib., p. 326.
73
Ib., p. 321.
74
Ib., p. 320.
75
Ib., pp. 320-321.
5
Pero Lutero no es un iconoclasta de la oración formal sustituyéndola por el
trabajo y así afirma que si nos desacostumbramos de la verdadera oración, por este
camino llegaríamos “al abandono, el emperezamiento, la frialdad y el disgusto hacia la
oración” porque, a parte de las tentaciones, nuestra carne “es desafecta al espíritu de
oración”76.
3.6.4. ¿Qué instrumentos y medios utilizar?
Lutero no señala como importante ningún medio o instrumento para orar, pero es
consciente que estos pueden ayudar a la oración. Así indica los que él mismo utiliza y le
van bien: “Cojo mi librito del salterio, me recojo en mi cámara o, si el tiempo me lo
permite, en la iglesia con los demás, y comienzo a recitar oralmente los diez
mandamientos, el Credo y, depende del tiem po de que disponga, algunas palabras de
Cristo, de Pablo o de los salmos, exacta mente igual que lo hacen los pequeños”77.
Al barbero-cirujano Pedro, en esta escrito, le pide, que rece con cada petición del
Padrenuestro y si tiene tiempo, que haga lo mismo con cada mandamiento, el Credo o la
misma Escritura.
3.6.5. ¿Qué método de oración se puede usar?
Igualmente Lutero no absolutiza ningún método para orar. A su amigo Pedro le
recomienda y enseña el que él utiliza, por si le sirve. Es este un método práctico, muy
sencillo y fácil de realizar por todos. El método de oración que Lutero utiliza y propone
es doble, según se trate de orar con el Padrenuestro o con los Mandamientos.
Para el Padrenuestro:

1. Decir despacio toda la oración, la cual, luego, se ha de ir orando con cada una
de sus peticiones.
2. Repetir la petición concreta, dejando que esta entre en el interior y a
continuación hacerla propia continuándola, según lo que a uno le salga del
corazón.
3. Cuando ya la petición meditada-orada se ha “agotado”, pasar a la siguiente
petición y así hasta concluir las siete peticiones.
4. Muy importante es el final, “el amén”. En esta palabra se ha de poner “énfasis”
y con él la fe, la certeza de saberse escuchado y atendido por Dios porque,
entre otras cosas, “contigo está la cristiandad entera” orando78.
Para los Mandamientos:
Una vez formulado o pensado el mandamiento concreto, se siguen cuatro pasos:

1. Ver qué enseñanza hay en él y pensar en qué consiste lo que Dios pide
personalmente a través de este mandamiento.
2. Dar gracias a Dios por lo que a cada uno le acaba de enseñar con este
mandamiento concreto.
3. Reconocer y confesar, personalmente, lo que no se ha cumplido o falta por
cumplir de este mandamiento.
76
Ib., p. 321.
77
Ib., p. 320.
78
Cf. Ib., pp. 321-323.
5
4. Formular unas peticiones de acuerdo a lo que se necesita para cumplir bien el
mandamiento orado.
Cuando se ha concluido con el mandamiento, pasar a hacer lo mismo con el
siguiente y así hasta concluirlos todos79.
Para el Credo, la Escritura o bien los Salmos, Lutero no señala un método de
manera concreta. Remite al que acaba de indicar para el Padrenuestro o los
Mandamientos, según el texto del que se parte se acomode mejor a uno u otro. “No diré
nada aquí acerca del Credo y de la Escritura, porque sería cosa de nunca acabar; el que
esté ejercitado puede muy bien tomar un día los diez mandamientos, otro un Salmo o un
capítulo de la Escritura, que sea como el pedernal que encienda el fuego en su corazón”
80
.
Lutero, con gran conocimiento de la oración y de las personas, señala: “Cuida de
no to mar todo o demasiado de un golpe para no cansar al espíritu. Es más: una oración,
para ser buena, no debe ser larga ni demasiado distanciada, sino repetida y ardiente.
Bastará con que medites un punto o la mitad, con lo que podrás encender una ho guera
en tu interior”81.

3.7. La oración personal e interior.


Todo método de oración, en sí es frío y aséptico; por eso Lutero pide
personalizar la oración. Cada uno ha de orar desde su realidad concreta y con sus
palabras concretas. De este modo lo que un día se dice de una manera, otro se dice de
otra; y así no es necesario salir del Padrenuestro, de los Mandamientos, el Credo o la
Escritura, para hacer una oración viva y actual todos los días. “Una vez caldeado y
dispuesto el cora zón, puede expresar estas ideas con otras palabras totalmente distintas,
más o me nos numerosas. Incluso yo mismo no me suelo atar a las palabras antedichas,
a las sílabas, sino que un día las digo de una manera, al siguiente de otra, según el
estado de ánimo o el fervor”82.
Lutero es enemigo de la palabrería en la oración. Al ir explicando de manera
práctica el método de orar, y lo que él habitualmente dice en su oración, es consciente
que ha dicho muchas palabras, por eso le señala a su amigo Pedro: “Has de saber que no
espero digas todo esto en la oración; se convertiría en un parloteo, en una charlatanería
hueca; sería como leer todas las letras de un libro”. Con todo, las palabras en la oración
tienen importancia y él mismo afirma: “En la medida de lo posible, suelo atenerme a las
palabras y al sentido que te he sugerido”83.
Las palabras que se dicen en la oración tienen un valor fundamental:
“Enfervorizar el corazón”, prepararlo para ir a algo más, a un encuentro más profundo
con Dios. Lutero no utiliza esta expresión de “encuentro con Dios” porque para él
79
Cf. Ib., pp. 325-331.
80
Según se va leyendo este método de oración, da la impresión que Lutero tiene prisa por concluir la
obra, porque en los últimos mandamientos simplemente esboza los cuatro pasos que se sintetizan en
cuatro momentos: “Como li britos de doctrina, de acción de gracias, de confesión y de petición”. Ib., p.
331.
81
Ib., p. 331.
82
Ib., p. 323.
83
Ib., p. 323.
5
significaría arrogarse un mérito o hacer que la oración sea obra del hombre y no
solamente de Dios; pero deja entrever esta idea cuando dice: “Lo que me acaece con
frecuencia es que una frase o una petición me suscitan tantas reflexiones, que prescindo
de todas las demás. Y cuando fluyen estos pensamientos abundosos y buenos, es preciso
dejar a un lado las restantes peticiones, detenerse en aquéllos, escucharlos en silencio,
no ponerles obstáculos por nada del mundo. Entonces es cuando está predicando el
Espíritu Santo, y una palabra de su predicación es mucho más valiosa que mil de
nuestras oraciones. ¡Cuántas veces he aprendido mucho más en una sola oración que lo
que pudieran haberme enseñado innumerables lecturas y meditaciones!”84.
Esta amplia cita de Lutero, nos manifiesta claramente que él no fue un “orante
cualquiera”; sino que con frecuencia llegaba a eso que los místicos llaman “oración de
contemplación”. Y que a esta contemplación, llevados de la mano por el Espíritu, es a lo
que debe tender toda oración85.
Si estos son los máximos que señala Lutero en la oración, también pone unos
mínimos: “Lo que importa es que el corazón esté abierto a la plegaria y ansioso de
orar”. Así se hace realidad –señala Lutero- lo que la Palabra de Dios nos pide: “Antes
de la oración prepara tu corazón para que no tientes a Dios” (Ecl 4,17)86. Y tentar a Dios
es que los labios digan una cosa y el corazón piense en otra. Se deja sentir en estas
palabras el pensamiento agustiniano, que tantas veces leyó y meditó Lutero, cuando
como agustino leía la Regla de san Agustín que dice: “Cuando oráis a Dios con salmos
e himnos, que sienta el corazón lo que profiere la voz”.87
El Reformador insiste con frecuencia en lo que nunca se ha de convertir la
oración: En recitar palabras vacías. Con gran humor, Lutero indica como comenzaba sus
rezos un cura expresando una cosa y pensando y diciendo otra muy distinta:
● “Dios mío, ven en mi auxilio” (Mozo, ¿has enganchado la yun ta?).
● “Señor, date prisa en socorrerme” (Muchacha, anda a ordeñar la vaca).
● “Glo ria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo” (Corre, granuja, que la fiebre te
sacude, etcétera).
Esto para Lutero es reírse de Dios. Y él mismo reconoce que “en muchas
ocasiones, he rezado las horas canónicas en condiciones tales, que había liquidado el
salmo o la hora antes de haberme dado cuenta de si estaba al principio o en el medio”88.
Aunque lo que ha señalado de mezclar los negocios con los rezos, como hacía
este cura, no es normal; sin embargo sí lo es el ponerse a rezar y terminar la oración sin
saber lo que se ha hecho. “Comienzan con el Laudate y ya están pensando en las
musarañas, hasta tales extremos, que me parece que no se podría ofrecer un espectáculo
más ridículo que el representar ante alguien los pensamientos que, durante la oración,

84
Ib., pp. 323-324.
85
Dice Teófanes Egido, en la introducción a la obra Método sencillo de oración para un buen amigo:
“Bien se ve que (en Lutero) no hay lugar para el arrebato místico; sin embargo toca las alturas de la
contemplación, y como ejemplo curioso para los católicos –y protestantes- y no él único, las siguientes
palabras de Lutero, están muy cerca de las de santa Teresa de Ávila”. Cf. T. Egido, Lutero. Obras,
Salamanca 2001, 3ª ed., p. 319.
86
Ib., p. P. 324.
87
San Agustín, Regla, 2.
88
Ib., p. 324.
5
agitan el interior de un co razón sin fervor y poco piadoso”89.
De manera tajante Lutero afirma: “No puede calificarse de oración auténtica la
de quien olvida lo que ha rezado. La ora ción auténtica está del todo pendiente de las
palabras y pensamientos desde que se comienza hasta que se acaba”. La oración
perfecta requiere para Lutero de una entrega plena. “La oración, para que sea como
tiene que ser, requiere de una dedicación única y total del corazón”90. No es suficiente,
por tanto, rezar con palabras, hay que poner todo el corazón.

4. LUTERO HOMBRE DE ORACIÓN


Las numerosas biografías de Lutero no suelen presentarle como un hombre de
oración. Cuando más se limitan a señalar su oración en sus tiempos de fraile y aquí lo
presentan como una persona que no sabía orar o que lo hacía mal. Se basan para esta
afirmación en los dichos del mismo Lutero: “Siendo yo monje, estaba tan ocupado con
muchos negocios, leyendo, escribiendo, cantando, etc., que no podía rezar las horas
canónicas. Por eso, si las dejaba por seis días, el sábado no cenaba ni comía, y me
pasaba todo el día rezando, pero sin cuidar el sentido de las palabras. Así, a nosotros,
pobre gente, nos afligían los decretos de los papas”91. Esta afirmación de Lutero y otras
parecidas, hay que leerlas a la luz de la polémica anticatólica, muy presente en casi
todos sus escritos; y también teniendo en cuenta su tendencia a la exageración con la
que llega a decir que él nunca hizo oración en el catolicismo92.
En los tres escritos que se han analizado, se puede ver todo lo contrario. Lutero
fue un hombre de oración. Apreció y señaló la importancia de la oración, enseñó a orar
y oró él mismo. Esto se ve particularmente en la obra Método sencillo de oración para
un buen amigo, donde él mismo se presenta como un hombre de oración al indicar su
forma concreta de orar, por si puede servir de ayuda. “Aquí tienes brevemente expuesta,
con motivo del Padrenuestro y de la oración, mi forma de comportarme. Porque, incluso
hoy día, mamo del Padrenuestro como un niño, bebo y como de él como un viejo y
nunca llego a saciarme”93.
4.1. Las oraciones de Lutero.
Al explicar al barbero Pedro, el método de orar y cómo dirigirse a Dios en
palabras, Lutero pone sus mismas palabras para que le sirvan de ejemplo. “En la medida
de lo posible, suelo atenerme a las palabras y al sentido que te he sugerido”94. De este
modo tenemos aquí, sobre todo al explicar el método de orar con el Padrenuestro, las
siete oraciones habituales de Lutero. En ellas se percibe una gran naturalidad. Quizá
esto se deba a que no habla para el “gran público”; sino para Dios y también para
enseñar a un amigo a orar y por eso se expresa de manera sencilla y natural.
Como ejemplo de lo dicho aquí tenemos una de estas oraciones de Martín

89
Ib., p. 324.
90
Ib., p. 324.
91
Tischr. 5094 IV 654. Citado por Ricardo García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, Madrid 1973, p. 302.
92
Cf. R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I, Madrid 1973, pp. 301-304.
93
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf.: T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., p. 324.
94
Ib., p. 323.
5
Lutero: “Señor, Dios querido, vuélvete y resiste. Convierte a los que todavía han de con
vertirse para que ellos con nosotros, y nosotros con ellos, santifiquemos y glori
fiquemos tu nombre con la verdadera y pura doctrina, al mismo tiempo que con una
vida buena y santa. Pero resiste a los que no quieren convertirse para que ce sen de
profanar tu santo nombre, que no lo sigan avergonzando y deshonrando y que dejen de
seducir a las pobres gentes. Amén” 95.
Analizando estas siete oraciones de Lutero vemos, en primer lugar, que son
sobre todo oraciones de petición. Esto es normal dado que el Padrenuestro es oración de
petición, pero también porque para él, si no hay petición, no puede hablarse de oración.
Las tres primeras peticiones-oraciones, que hacen referencia fundamentalmente
a Dios, tienen un esquema común:
● La primera parte comienza con una expresión directa dirigida al Padre donde se
le reconoce su señorío, paternidad y amor. “Señor, Padre amado”.
● A continuación expresa los problemas, de carácter general, que se tienen en ese
momento: Las “abominaciones” de la herejía, el turco, el papado, los falsos
maestros, la guerra, las persecuciones, etc.
● En una segunda parte, comienza también con una invocación similar a la
primera pero ya con una petición concreta: “Señor, Dios querido, vuélvete y
resiste”.
● Luego personaliza y concreta, lo pedido en la primera parte de la oración, para la
comunidad donde vive.
● Finalmente concluye con un “amén”.
Las cuatro oraciones siguientes, que corresponden a las cuatro peticiones que
hacen referencia al hombre y a sus necesidades, tienen un esquema más sencillo:
● Comienza todas con una expresión muy similar que viene a ser como un grito de
angustia: “¡Ay, Señor, Dios Padre querido!”.
● A continuación expresa las peticiones de la comunidad y de los individuos, que
hacen referencia a necesidades concretas: La paz, el buen gobierno de las
autoridades, los frutos de la tierra, la mujer, los hijos, el perdón personal y el de
los enemigos, el entregarse a la palabra y servicio de Dios, el demonio, una
buena muerte…
● Concluye con un “amén”96.

Hay que hacer notar que en estas oraciones, aunque las hace el individuo, en este
caso Martín Lutero, no pide nada a nivel individual; es más trata de pedir por todos,
incluso para aquellos para los que se ha pedido la intervención “firme” de Dios: “Para
que ellos con nosotros, y nosotros con ellos…”
En estas oraciones podemos rastrear lo que en este momento de su vida, el año
1535, le preocupa a Lutero. Sus inquietudes son fundamentalmente los problemas
exteriores de quienes combaten la Reforma a nivel religioso y político; y los problemas
interiores que tiene para consolidar y enfervorizar a las diversas comunidades
reformadas.

95
Ib., p. 321.
96
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., pp. 321-323.
5
Estas oraciones no poseen carga polémica, ni tienen expresiones despreciativas
hacia los contrarios. Tienen un leguaje cotidiano, muy directo y llano, al estilo de cómo
habla el pueblo. Estas son algunas de sus expresiones con las que se dirige a Dios: “Son
grandes, fuertes y numerosos, gordos, grasos repletos, y, sin embargo, se dedican a
maltratar, inquietar y molestar al pequeño rebaño de tu reino”. “Guíale para que, libre de
todo mal, al abrigo de lenguas mentirosas y de gente felona, gobierne con toda
felicidad”97.
En esta obrita, Lutero se detiene especialmente en explicar de forma teórica y
sobre todo práctica cómo rezar con el Padrenuestro. Una explicación muy similar, pero
sólo en lo teórico, también se encuentra en el Catecismo Mayor, cuando hablando de la
oración, comenta las siete peticiones del padrenuestro y lo que se ha de pedir en cada
una de ellas.
Para el Decálogo, señala la metodología a seguir según los cuatro pasos ya
anteriormente indicados; pero no pone oraciones, a excepción del primer mandamiento.
Y respecto a rezar con el Credo y la Sagrada Escritura no señala nada concreto. “No
diré nada aquí acerca del Credo y de la Escritura, porque sería cosa de nunca acabar; el
que esté ejercitado puede muy bien tomar un día los diez mandamientos, otro un Salmo
o un capítulo de la Escritura, que sea como el pedernal que encienda el fuego en su
corazón”98.

4.2. Las ideas de Lutero presentes en su oración.


En los tres pequeños escritos sobre la oración, que hemos analizado, se pueden
ver aplicadas, de manera práctica, las principales ideas teológicas del Reformador.
Lutero, a pesar de lo que habitualmente se piensa, no tiene “aversión” a las obras; y la
manera en como aborda la oración lo demuestra. El Reformador va en contra de las
obras, en cuanto que estas – como era práctica común en su tiempo - se presenten como
mérito, como algo que Dios deba “pagar” o tener en cuenta al cristiano. “El orar es la
obra más importante que los cristianos pueden y deben hacer”99. Él, por su parte,
reconoce que todos los días ora, principalmente con los salmos.
La oración, tal como él la concibe y explica, es ante todo teocéntrica. Es a Dios
Padre al que se dirige; más aún, él es el que nos permite orar. El hombre, eso sí, ha de
poner de su parte una serie de actitudes, que Lutero señala puntualmente para que su
oración no sea vana e incluso una provocación a Dios.
Igualmente la oración en Lutero es totalmente cristocéntrica. Es Cristo,
solamente él, quien como sacerdote y mediador ora en nosotros y con nosotros. Ni a la
Virgen, ni a los santos, ni menos a las personas hemos de dirigir nuestra oración. Al
Padre por Cristo han de dirigirse todas nuestras peticiones.
La fe juega también un aspecto central en la oración. En su comienzo, porque se
ora basándose en la promesa y el mandato de Dios; y al final, una vez formulada la

97
Ib. p. 322.
98
Ib., p.331.
99
En Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús; Cf. Las obras de Martín Lutero.
Sermones. Buenos Aires 2007, p. 333.
5
petición, en el “amén”, al creer firmemente en que Dios nos lo concederá.
Pero el eje sobre el que gira toda la oración, como su teología, es la Palabra de
Dios. Toda oración que no se haga desde la Palabra de Dios y con la Palabra de Dios
carece de valor. Es la Palabra de Dios la que proporciona la seguridad de ser escuchados
por el Padre. Es la promesa de Cristo, que está en la Escritura, la que nos señala cómo
orar. Es la Palabra de Dios la que nos enseña a orar señalándonos el cómo, el cuándo, el
dónde y otra serie de formalidades mínimas pero necesarias. Es el fiarnos de la Palabra
de Dios quien nos da garantía de que la oración será escuchada y atendida.
Toda la teología de Lutero, que nació de interpretar la Palabra de Dios, aquí
también la vemos como el eje central de la oración.

5. CONCLUSIONES
Lutero, que nunca fue muy sistemático en su pensamiento teológico, tampoco lo
es en la oración. No obstante, como obras de madurez y buscando fijar una nueva
espiritualidad, nos deja los tres pequeños escritos sobre la oración, que he analizado. A
parte de estos escritos, en la mayoría de sus obras, se deja sentir la importancia que da a
la oración, aunque nada más sea como petición a Dios para verse libre de sus enemigos
o que sus ideas reformadoras se propaguen.
A modo de conclusión nos podemos hacer tres preguntas: ¿Cuáles son las
influencias principales que se perciben en la oración de Lutero?; ¿Qué ideas
fundamentales caracterizan la oración de Lutero?; ¿Qué es lo que Lutero aporta a la
oración y a la espiritualidad cristiana? Las respuestas que daré, en algunos casos, son
similares, si bien están vistas desde ópticas diferentes.
5.1. ¿Cuáles son las influencias principales que se perciben en la oración de
Lutero?
Anteriormente he señalado, siguiendo el hilo histórico de su vida, las numerosas
influencias espirituales que tuvo Lutero y que sin duda configuraron su oración. Las
principales que se perciben en sus escritos sobre la oración son las siguientes:

1. En primer lugar y muy por encima de cualquier otra está la Biblia. Su oración se
basa en la Palabra de Dios. Se ora, afirma Lutero, porque Dios en su Palabra así
nos no manda y porque en su Palabra encontramos la promesa de ser
escuchados. Es más, la Sagrada Escritura, como buen pedagogo, nos enseña el
modo y la manera mejor de orar. Incluso, a nivel concreto y sin salir de la
Palabra de Dios podemos encontrar en los Salmos, el Padrenuestro, el Decálogo
y otros textos bíblicos la fuente de la que brote y se expanda la oración.
Lutero de manera directa, en sus escritos sobre la oración, no cita otras fuentes
fuera de los textos bíblicos, que son muy numerosos. La Biblia, sin duda, es el
eje central de la oración luterana100.

100
En sus escritos sobre la oración sólo se encuentra una cita de san Jerónimo: “Toda obra de los
creyentes es oración”; y como algo accidental para apoyar la importancia de orar mientras se trabaja. En
Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª ed., p.
320.
5
2. Otra influencia muy grande en la oración de Lutero es san Agustín y la tradición
agustiniana que él conoce muy bien por haber sido agustino y por haber leído
muchas de las obras del Santo de Hipona. Su agustinismo teológico, también se
percibe en su oración, aunque no lo nombre expresamente101.
Muchísimas son las semejanzas que existen entre cómo concibe la oración san
Agustín y Martín Lutero. Por señalar brevemente algunas: La Escritura que es la
que modela la oración; el sentimiento de sentirse necesitado de Dios para orar; el
sentido pneumatológico de la oración; el orar con el corazón más que con las
palabras; el pedir lo que necesitamos con fuerte deseo; la necesidad de controlar
los pensamientos para que coincidan con las palabras; el hacer oraciones en
tiempos concretos y de manera frecuente para mantener vivo el deseo de orar;
etc.102.
3. En la oración de Lutero, se ven también influencias de las corrientes espirituales
que había en su tiempo como son: san Bernardo, la Devotio Moderna, Juan
Gersón, Juan Tauler, la “Teología Germánica”, etc. De estas fuentes saca
fundamentalmente el aspecto subjetivista, biblista y cristocéntico de su oración.
En la oración que Lutero enseña, se percibe muy claramente el aspecto de
relacionarse personal e íntimamente con Dios a través de Jesucristo. Lo mismo
que el potenciar los aspectos afectivos de la oración frente a los intelectuales de
otras corrientes espirituales.
4. La cuarta influencia, y posiblemente la más decisiva, de la oración de Lutero es
el mismo Lutero. Los escritos en los que habla de la oración son obras de
madurez, cuando ya prácticamente su teología está bien formulada, aunque no
bien sistematizada. En estos escritos, como ya se ha señalado, se percibe toda la
teología de la Reforma que él propone.
A parte de esto y como es típico en todas sus obras, también en estas que hablan
de la oración, Lutero se retrata en ellas de manera total. Aquí está lo que él vive,
lo que él piensa, lo que él habla, lo que él defiende, lo que él critica… Su
personalismo y su subjetivismo es una constante en estas obras y en todas.
Sin duda que un análisis más pormenorizado de las obras de Lutero sobre la
oración, llevarían a identificar más influencias y precisar más las que se han señalado,
pero estas son las más importantes.

5.2. ¿Qué ideas fundamentales caracterizan la oración de Lutero?


No hablo aquí de sus ideas teológicas, sino más bien de su manera de entender y

101
Lutero conoce bien a san Agustín, no obstante, a veces, lo tergiversa en provecho propio. En estos años
en los que escribe estas obras sobre la oración, concretamente en 1532, Lutero explica por qué se separa
de san Agustín, aunque no quiere hacerlo a plena luz, ya que lo ha utilizado mucho a favor de sus tesis:
"Desde el momento en que logré la comprensión de Pablo, me ha sido imposible hacer caso de ningún
otro doctor. Se han tornado en muy poca cosa para mí. Al principio leía a Agustín, o mejor lo devoraba.
Pero en cuanto se me abrieron las puertas del apóstol Pablo, aprendí a comprender la justificación por la
fe, y prescindí de él". En Charlas de sobremesa; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª ed., p.
445.
102
Leyendo la Carta 130 de san Agustín, Carta a Proba, se pueden ver las grandes similitudes que tiene
con el escrito de Lutero Método sencillo de oración para un buen amigo, que también en el fondo viene a
ser como una carta.
5
vivir la oración. Sin señalar prioridades, estas son algunas de las ideas que están
latiendo en sus escritos sobre la oración:
1. La oración de Lutero, se la puede clasificar como teocéntrica y trinitaria. Es una
oración dirigida directamente al Padre Dios, por Cristo y contando con el
Espíritu Santo. Es una oración de fe confiando sólo en Dios, que es lo único que
puede hacer el hombre.
2. A la vez que es una oración muy centrada en Dios; sin embargo es muy realista
y práctica. Así, Lutero insiste con frecuencia con palabras similares a estas:
“Cuida de no tomar todo o demasiado de un golpe para no cansar al espíritu”103.
E igualmente aconseja no hacer oraciones demasiado largas, ni distanciadas;
sino repetidas y ardientes. Orar por la mañana temprano y al atardecer; y luego
tener pensamientos cortos mientras se trabaja.
3. Tanto las explicaciones que da sobre la oración, como el lenguaje que utiliza y el
método de oración que propone son muy sencillos y nada especulativos. Él
escribe para todos; pero especialmente para la gente del pueblo, como el barbero
Pedro, que no tiene mayores estudios, o para el padre de familia para que
aprenda él y enseñe luego a orar a sus hijos.
4. Su oración, a pesar del lenguaje sencillo que utiliza para explicarla, no es
superficial, sino profunda y ardiente. Parte de las palabras, principalmente las de
la Escritura: el Padrenuestro, el Decálogo, los Salmos…, que medita y dialoga
con Dios, para dejar que luego sea el Espíritu, cuando él quiera, quien continúe
la oración encendiendo una hoguera en el interior. Lutero insta a la gente a ser
muy sensible a lo que el Espíritu quiera hablar en ellos.
5. En su oración predomina fundamentalmente la afectividad frente al
razonamiento. Raramente se encuentran argumentos especulativos, en cambio
los recursos que se dirigen al corazón, al afecto, a los sentimientos están
permanentemente presentes.
6. Lutero reacciona fuertemente contra la oración muy intelectual, muy
especulativa o teórica, la que monjes, frailes y curas - afirma él –han tenido y
tienen. Su oración es la oración cotidiana: el Padrenuestro, el Credo, los
Mandamientos… y expresada con medios cotidianos: leer o recitar de memoria,
ver lo que cada uno entiende, orar cada frase y si el Espíritu quiere dar más,
quedarse en silencio y dejar que hable él.
7. Su oración, como su piedad, no es de hacer actos o multiplicar ritos. Es más,
suprime las numerosas oraciones y practicas de devoción que en su tiempo
había. En su oración no existe ni la más mínima referencia o concesión a las
“piedades populares”, porque él no quiere sustituir una oración por otra. El
propone un camino claro y fundamental: lo que se cree, eso es lo que se vive y
solamente eso es lo que se ha de orar.
En líneas generales podemos decir que Lutero, en el tema de la oración, se siente
más como pastor; mientras que en sus obras teológicas aparece como doctor. Esta
distinción, creo que es la que configura gran parte de las características señaladas.

5.3. ¿Qué es lo que Lutero aporta a la oración y a la espiritualidad cristiana?


103
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., p. 331.

5
Sin duda que es muy presuntuoso de mi parte sintetizar en breves palabras toda
la aportación de Lutero a la espiritualidad y a la oración cristiana. Señalo, por tanto, y
de manera muy breve, sólo tres aspectos que se desprenden al leer sus obras sobre la
oración:

1. Lutero abre la oración al pueblo sencillo que vive ocupado en las tareas
ordinarias de la vida, de la familia, de la profesión y de la sociedad104. Frente a
las oraciones canónicas de clérigos y religiosos, Lutero propone un método de
oración sobre todo para los laicos. No es que antes de Lutero el pueblo no orara,
lo hacía sin duda, pero carecía de método adecuado a ellos. Los métodos de los
diversos grupos, como por ejemplo el de los “Hermanos de la Vida Común”,
aunque el pueblo los utiliza, sin embargo siguen resultando poco adaptados al
pueblo sencillo e ignorante. La oración de Lutero no es para una élite intelectual
o religiosa, como en general era la oración que en su tiempo se hacía. Él quiere y
logra popularizar la oración.
Y al lado de esto, se percibe en Lutero y en su oración un gran interés por la
gente común, más allá de la simpatía que pueda tener por su condición social. El
Reformador abre a los laicos la posibilidad de tener una espiritualidad propia y
bien valorada; algo que comúnmente solo se daba en los que se dedicaban al
ministerio sacerdotal o a la vida religiosa en todas sus formas.
2. La oración de Lutero retorna a las fuentes originales de la oración, es decir a la
Sagrada Escritura y con exclusividad. Se deja de lado cualquier otra corriente
espiritual o de pensamiento, por más que por debajo o implícitamente, puedan
percibirse influencias varias, pero que Lutero jamás cita. La oración sólo se
apoya en la Palabra de Dios y se nutre de la Palabra de Dios, por eso recomienda
rezar con el Padrenuestro, los Mandamientos, los Salmos y otros textos bíblicos.
Con el Credo también recomienda rezar, pero por que en él se recoge el
contenido esencial de la Biblia.
3. La oración de Lutero se centra en lo básico, va a lo esencial de la fe, dejando de
lado todo lo demás. La espiritualidad de Lutero, que él propone en la oración
para todos los creyentes, se basa y se desarrolla a partir de los estados primarios
de la fe: el Credo; de la ética: los Mandamientos; y de la oración: el
Padrenuestro. En lugar de la piedad monástica tradicional o de la clerical, Lutero
eleva los símbolos fundamentales del creyente y los fija en su corazón mediante
la oración cristiana. Se reza, por tanto, sólo con lo que se cree, se vive y con la
oración dominical.
La oración de Lutero tiene grandes valores y supone un aporte significativo a la
espiritualidad cristiana; pero esta espiritualidad de Lutero, que nace en un contexto muy
polémico en gran parte provocado por él y la Reforma, hará que su oración y su
espiritualidad siempre tengan una gran carga de controversia. Por una parte, los
católicos siempre verán con ojos de sospecha, cuando no de total rechazo, la oración
luterana. Y por otra, las Iglesias Reformadas que nacen de él, no la valoraran lo

104
En general casi todas las obras de Lutero fueron muy populares en su tiempo. Ejemplo de ello son las
numerosas ediciones escritas, que en vida de él, se hicieron. Con los escritos sobre la oración ocurre lo
mismo, sobre todo con los dos Catecismos, en los que se explica la oración y se dice cómo rezar. Muy
rápidamente se difunden, se leen y se ponen en práctica.

5
suficiente, desconociéndola o bien delegándola a algo anecdótico. Con lo cual la riqueza
contenida en la oración de Lutero se ha desperdiciado como un factor muy positivo de
la espiritualidad [Link], though, has indirectly broken that more commonly
perceived link of spirituality and prayer to monastic practice through this method of
exposition.
Como conclusión final y haciéndome eco de Karl Barth, que afirma refiriéndose
Lutero y Calvino: “Los reformadores de la Iglesia han orado”105, yo también digo lo
mismo. Lutero fue un hombre de oración toda su vida. Estas son sus palabras: “Cuando
el tiempo y las circunstancias me lo permiten…me entrego a la oración en cuanto me es
posible”106. Sin duda a Martín Lutero se le pueden achacar muchas cosas; pero no el que
no fuera una persona de oración durante toda su vida. Lutero es todo un maestro de la
oración; pero desgraciadamente un maestro desconocido para los católicos e
igualmente, y sin disculpa, ignorado por las Iglesias Reformadas.

6. BIBLIOGRAFIA PRINCIPALMENTE CONSULTADA.

Obras de Lutero:
1.
1. 1.1. Catecismo Mayor en Obras de Martín Lutero, Vol. V, Buenos Aires 1971.
2. 1.2. Sermón: La oración de los cristianos en el nombre de Jesús en Las obras de
Martín Lutero. Sermones, Buenos Aires 2007.
3. 1.3. Método sencillo de oración para un buen amigo en Lutero. Obras,
Salamanca 2001, 3ª ed.

2. Otras obras:
1. 2.1. R. García-Villoslada, Martín Lutero, Vol. I y II, Madrid 1973.
2. 2.2. T. Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª ed.
3. 2.3. K. Barth, La oración en los catecismos de la Reforma, Salamanca 1996.
4. 2.4. Ph. D.W. Krey - P.D.S. Krey, Luther´s Spirituality, New York, 2007.

Roma, mayo de 2011

105
K. Barth, La oración en los catecismo de la Reforma, Salamanca 1996, p. 11.
106
En Método sencillo de oración para un buen amigo; Cf. T.: Egido, Lutero. Obras, Salamanca 2001, 3ª
ed., p. 324.

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