EL AMOR, SEGUN AC GRAYLING!
El amor es algo diverso y con multiplicidad de formas. Está el amor de los
padres a sus hijos y de los hijos a sus padres, el amor a los amigos, el amor a los
compañeros de trabajo y a los camaradas con los que se han compartido
momentos difíciles, el amor de las personas a sus animales, y el amor erótico y
romántico del que hablan tantas poemas, novelas y películas, frecuentemente
relacionado con la experiencia de la juventud, o de comienzos de la edad adulta,
de encontrar y unirse a alguien importantísimo para nosotros, aunque lo cierto es
que esta clase de amor no está monopolizada por ningún grupo de edad.!
El de amor resulta un término claramente insuficiente para denotar todas esas
emociones diversas —relacionadas con la unión, el afecto, el cariño, la necesidad,
el deseo, la dependencia, la educación, la pasión, el dolor, el éxtasis, el erotismo,
la romántico—, y toda la gama de relaciones que implican. Los griegos, en cambio,
tenían varios términos, cada uno de ellos con distintos matices: ágape, storgé, filia,
ludus, eros, pragma… lo que les permitía discriminar con mayor precisión entre
unos y otros.!
Ágape denota el amor desinteresado al prójimo, a los demás seres humanos.
En latín el término es cáritas, de donde se deriva el español caridad. Esta ha
pasado a ser la forma de amor que ensalza la práctica moral cristiana, siguiendo el
mandato de Jesús a sus seguidores de “amaos los unos a los otros” y “amarás a tu
prójimo como a ti mismo”, así como las palabras de san Pablo, donde afirma que la
virtud de la caridad es más importante que las de la fe y la esperanza.!
Antiguamente, el término griego ágape (como hoy el español homónimo) tuvo
el significado de “banquete”; denotaba entonces la celebración de una comida
fraternal, o de la comunión, entre los primeros cristianos, conmemorando la Última
Cena. Con el tiempo, sin embargo, la comunión, la misa, pasaría a separarse de
la comida fraternal, dado que en una época posterior la idea de confundir los
acontecimientos místicos de la misa con una acontecimiento social empezaría a
parecer sacrílega.!
Con el significado de un “amor fraternal” que tenemos el deber moral de
sentir por los demás seres humanos —a diferencia del amor fraternal sentido por
los verdaderos hermanos, o que surge espontáneamente entre los compañeros de
armas o entre las personas que han compartido experiencias de parecida
intensidad tales como las tragedias (que es el término storgé, o a veces, filia)—, el
amor del tipo ágape es exigido también por otras tradiciones morales (por ejemplo,
en China).!
El amor erótico es una pasión sexual, sensual, física y emocional. Se
caracteriza por la intensidad, el anhelo físico, la exclusividad, la intimidad y el
profundo deseo sexual. Puede transformar el mundo para quienes participan de él,
y también puede dar lugar a visiones poco realistas y excesivamente optimistas, o,
en circunstancias adversas, a una pasión apocalíptica, a un sentimiento de
tragedia y desesperación cósmicas, e incluso (como en el inmortal relato de
Romeo y Julieta) al suicidio. Cuando adopta la apariencia de la obsesión, la
incontinencia y la inestabilidad, como mejor se les describe es, como hicieron los
griegos, mediante el término manía. Para los griegos, el amor maníaco,
suponiendo que fuera amor, era una pena impuesta por los dioses, más un castigo
que otra cosa; y no pocos de ellos pensaban lo mismo también del amor erótico.!
Ludus es el amor como juego, el amor festivo y desenfadado entre amigos, o
el afecto entre personas que no están profundamente enamoradas, sino que lo
simulan medio en broma, y que disfrutan de la compañía del otro más como una
forma de divertimento que como algo más serio.!
Storgé denota el amor de la amistad profunda y genuina (digamos de nuevo
que quizá filia podría esta amistad de forma más precisa), el amor que surge en las
parejas casadas tras muchos años de vida en común. Es un vínculo tranquilo,
sustentador, basado en el conocimiento y la aceptación mutuos.!
Pragma es el amor pragmático, no siempre distinguible del tipo “estórgico”
que acabamos de mencionar; es un amor de la mente no menos —y a veces
incluso más— que del corazón, y a menudo se siente o se alberga por razones
prácticas tales como las ventajas que confiere el matrimonio o una asociación a
largo plazo.!
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La investigación sociológica en torno a las respectivas tendencias de
hombres y mujeres clasificables en función de todos estos conceptos sugiere que
los hombres son más propensos a las formas de amor lúdica y erótica, mientras
que las mujeres se decantan por las formas pragmática y “estórgica”,
especialmente cuando se trata de formar y criar una familia. !
Por su parte, la investigación psicológica de los diversos aspectos del amor
ha identificado el papel de la hormona oxitocina como responsable del vínculo
afectivo entre las personas; ésta es segregada en respuesta a situaciones de
estrecha intimidad física como los abrazos o el sexo. Hay, obviamente, otros
factores fisiológicos implicados en los sonrojos y en las palpitaciones
experimentados por la persona enamorada al pensar en el ser amado o
encontrarse con él. Se ha planteado la hipótesis de que el olor y otras pistas
desempeñan un importante papel en la atracción y el vínculo afectivo, mientras que
el amor erótico y el maníaco (como implica el propio nombre del segundo) tienen
mucho en común con la psicosis.!
Algunos investigadores dividen el amor, en su significado concreto de
“romance-conducente-al-matrimonio”, en tres fases, cada una de las cuales tiene
su propia base química. La primera etapa, de encaprichamiento y lujuria, está
impulsada por las hormonas testosterona y estrógeno (la testorena también está
activa en las mujeres; es la responsable de la excitación sexual). La verdadera
fase de enamoramiento parece tener mucho que ver con un conjunto de
neurotransmisores conocidos como monoaminas, en especial la dopamina y la
adrenalina. La primera es activada por el tabaco y la cocaína además de por la
presencia del ser amado; la segunda es la responsable de los sofocos, el rubor y
los latidos rápidos que caracterizan a una fuerte pasión. También la serotonina
juega un papel destacado: esta es la sustancia química implicada en la demencia,
y es también la responsable de la “locura” transitoria asociada a la fase del
encaprichamiento que podríamos denominar “luna de miel”.!
Por último, y si todo sale bien, se da el vínculo afectivo, que es lo que hace
que la relación dure si es que ha de durar; es aquí donde la oxitocina entra en
juego, y con ella (siempre que los resultados de los estudios científicos realizados
con el ratón de la pradera, una especie de especial energía erótica, resulten
generalizables a los seres humanos) también la vasopresina.!
Los escáneres del cerebro realizados mediante la técnica de imagen por
resonancia magnética funcional (IRMf) revelan la existencia de unos patrones
definidos de actividad cerebral asociados al hecho de pensar en el ser amado o de
ver imágenes de él o ella. Un rasgo notable de dichos escáneres es que muestran
la supresión de la actividad en la corteza prefrontal, una zona del cerebro que
resulta excesivamente activa en las personas que sufren de depresión.!
Antes de desencadenar los procesos químicos que acabamos de mencionar,
y también al tiempo que éstos se desencadenan, el “lenguaje corporal” de las
persona desempeña un importante papel a la hora de atraer o repeler a otras. Las
señales sexuales enviadas por el cabello, los escotes, las curvas, las formas del
cuerpo femenino y masculino en general, los ojos, los gestos y la postura corporal,
el parecido subliminalmente percibido a unos mismo o a los propios padres
(diversos experimentos revelan que a las mujeres les gustan los olores que les
recuerdan a sus padres) todo ello juega también un papel decisivo. Todo esto
sugiere —de manera nada sorprendente— que el amor es una cuestión
profundamente biológica. Se sabe que la mayor parte de los cálculos mentales
los realiza el cerebro de una forma no consciente. Las razones por las que dos
personas concretas se enamoran y se emparejan, ya sea a corto o a largo plazo,
tienden, pues, a ser razones que —independientemente de los argumentos
racionales que den a los demás— en realidad ni ellos mismos entienden, puesto
que se hallan fuera del alcance de la razón.!
Amar a alguien, y, en el caso del amor erótico y romántico, ser amado a su
vez, se cuenta entre las mejores y más elevadas de todas las experiencias
humanas. Las personas no siempre saben amar bien, en el sentido de que
enamorarse puede volverlas obsesivas y celosas, deseosas de atrapar a los seres
que aman, centrando su atención sólo en ellos, y tratando de poseer su cuerpo y
su mente. En la fase de encaprichamiento, cuando el calor de la pasión funde a
dos personas en una, normalmente las dos partes desean esa exclusividad; pero
es fácil ver lo destructiva que ésta puede resultar en las relaciones a más largo
plazo, así como en las relaciones entre padres e hijos, donde ni la asfixia por parte
de los primeros ni una excesiva dependencia por parte de los segundos resultan
saludables. !
Pero amar bien —algo que exige reflexión y generosidad, tolerancia y a veces
dolor— es algo maravilloso que dar al otro y, por ende, al mundo, y puede conjurar
todo lo que hay de mejor y más verdadero en las personas que así ama. Un amor
así sería de hecho bondadoso, sufrido, no fácilmente provocado, ni envidioso ni
contemplativo del mal, desinteresado, lleno de esperanza de cosas buenas y de
resistencia cuando vienen las malas, un amor que se regocija en la verdad y en el
bien del otro. Cuando el amor es así, constituye el mejor de todos los estados y
experiencias de los que la humanidad es capaz.