Después de leer y analizar los recursos que ustedes entiendan les
sean útil, elaborarán en equipo, un ensayo conteniendo los
siguientes contenidos:
LA EDUCACIÓN COMO PROBLEMA: LA POSIBILIDAD, LA
LEGITIMIDAD Y LA LIBERTAD DE EDUCACIÓN.
La libertad de educación consiste en el derecho que poseen los
padres y, por extensión, las comunidades locales, culturales o
religiosas, de educar a los miembros de las nuevas generaciones en
función de sus propias convicciones. Esto se relaciona con la llamada
«libertad de enseñanza entendida como la libertad de satisfacer las
exigencias educativas impuestas por el Estado prefiriendo las formas
que resulten más acordes a las propias convicciones.
La libertad de educación puede ser limitada para proteger derechos
presentes de los niños y adolescentes, como su integridad física, o
para proteger derechos futuros, como la autonomía moral, evitando la
mantención en estados de total ignorancia o procedimientos de
manipulación psicológica.
La acción educadora no hace al hombre; lo ayuda y estimula para que
él mismo sea agente de su propia formación. La educación, por lo
tanto, no tiene como misión “hacer” personas libres, sino “despertar”
seres humanos capaces de vivir con libertad.
El derecho a la educación se inscribe tanto en el marco de la ley que
rige en que cada país, como así también en los objetivos planteados
por las convenciones internacionales: todos los niños y niñas tienen
derecho a la educación libre, gratuita y de calidad adecuada, y los
Estados son responsables de garantizarlo a lo largo de todas las
etapas de la vida de ellos.
La educación, entonces, es una herramienta esencial para el
desarrollo de las personas, tanto en el aspecto individual como en el
social. Las personas que no reciben educación pierden la posibilidad
de insertarse en la sociedad y de participar activamente.
Consideramos que es lícito porque la educación es inherente a toda la
humanidad para la supervivencia de todo orden social, y por lo tanto
imprescindible para formar al individuo y transformarlo en un sujeto
activo para la sociedad. Entonces, antes de determinar si tenemos
derecho, es necesario saber si podemos educar.
El deber de educar no solo tiene que ver con quien se propone hacerlo
sino también que tiene alcances más amplios que llegan hasta lo
jurídico, dónde el problema del deber se convierte en el del derecho a
educar.
3.3 Problemas antropológicos, teleológicos, mesológicos y su
incidencia en la escuela y la educación.
Existe un acuerdo bastante amplio en admitir que la educación es una
acción a realizar sólo con seres humanos. No se educa a cualquier ser
vivo, sino sólo a cada ser humano en lo que es valioso para su vida.
Otros seres vivos poseen cierta capacidad de aprender y, por eso,
llegan a mostrar unos comportamientos concretos, pero no son
conscientes de lo aprendido. En el hombre es posible aspirar a ser y
vivir como humanos con la ayuda de la educación. De lo afirmado en
el párrafo anterior se deduce una estrecha relación entre hombre y
educación: cada ser humano es sujeto y objeto de la educación, se
educa y lo educan a lo largo de su existencia.
El hombre es creador de cultura. Y crea cultura porque tiene que
asegurar su supervivencia conforme a su especial naturaleza. Mientras
que los animales viven en la naturaleza, los hombres tienen que
inventar, crear otra naturaleza para poder sobrevivir. Así pues, el
hombre tiene que “crear” su vida humana, precisamente a causa de su
indigencia biológica. Es posible que, influidos por un “determinismo
biológico”, lleguemos a aceptar que el hombre es un animal porque los
conocimientos aportados por las ciencias naturales, dentro del
paradigma evolucionista, confirman que el hombre es un ser enlazado
con otros seres vivos porque comparte unos rasgos biológicos
comunes. Pero el hombre no es sólo animal que vive como los demás
animales, sino que su diferencia radica precisamente en que es un ser
activo, un ser que posee la capacidad de modificar la naturaleza para
fines útiles al mismo hombre. Esta capacidad de hacer o de modificar,
además, va acompañada de otra capacidad: la de inventar ideas,
pensamientos, símbolos, mitos y ritos a partir de los cuales establece
un significado a su vida y a todo lo que le rodea. Ambas capacidades
que confluyen en el hombre, constituyen la raíz y fundamento de la
cultura. Si el animal se ha “estancado” en su vida natural, sin embargo,
el hombre ha evolucionado culturalmente a través de su propia
actividad. De ahí que se pueda hablar de “evolución cultural”, distinta
de la evolución biológica.
Entre los problemas clásicos que trata la antropología filosófica se
pueden resaltar los que tienen una repercusión directa en los
planteamientos educativos: dualismo o unidad del ser humano, la
trascendencia, la libertad, la relación del ser humano con el resto de
seres, inertes y vivos; la espacialidad y la temporalidad, la
espiritualidad y sus consecuencias en el comportamiento humano, la
perfectibilidad y educa bilidad, así como el desarrollo humano y la
maduración, los procesos de humanización y hominización, la cultura y
el sentido de la vida y la muerte. Aspectos concretos de estos grandes
temas son: la identidad, los valores entre los que sobresalen
actualmente los referentes a la ciudadanía y los vinculados al grupo
cultural de pertenencia, la afectividad y el dolor.
La reflexión sobre estas dimensiones habitual- mente se enmarca en
teorías más o menos consisten tes sobre el ideal o la realidad del ser
humano. Para comprender con toda su hondura estas cuestiones, se
precisa del entendimiento de los modelos de lo humano que se han
esbozado a lo largo de la historia; de ahí que uno de los bloques
temáticos ineludi bles de un programa de antropología de la educación
filosófica consista en repasar esa historia. De esta manera, nos
encontramos títulos como: modelos filosóficos de antropología de la
educación.
Pero la idea central de la antropología de la educación gira alrededor
del fenómeno de formación del hombre, que se fundamenta en la
realidad de la educabilidad humana. Eso supone tener en cuenta el
proceso de maduración, desarrollo y crecimiento temas más
elaborados gracias a los trabajos de la antropología biológica; la
relación educativa, la comunicación y el uso del lenguaje; la
autorrealización y la libertad temáticas que se impulsan desde
diferentes corrientes filosóficas contemporáneas, entre las que
sobresale el existencialismo, así como comprender que tanto la
formación del ser humano, como la relación educativa que impulsa ese
proceso, se producen en un tiempo, en un espacio y en una cultura.
Los datos que aportan las ciencias empíricas sobre estos temas
muestran la diversidad y variabilidad del fenómeno de la educación y
de todos los elementos que repercuten en este. La rica amplitud de
realidades educativas no despista de lo que se pretende estudiar, sino
más bien es una muestra de nuestro objeto de interés: el homo
educandus . La antigua inquietud, perpetuada en el tiempo hasta
nuestros días, sobre lo permanente y universal, y lo cambiante y
particular del ser humano, se esconde también al abordar lo educativo.
En el estudio de la base antropológica de la educabilidad, el tema más
desarrollado es el de la indeterminación humana. Los estudios de Von
Uexküll han pasado al cuerpo perenne de la antropología, en cuanto
explican la diferencia entre los animales determinados por su entorno
y el ser humano que hace su mundo, que tiene que instalarse en él, y
transformar el entorno para sobrevivir. El ser humano conoce, se
conoce y se propone a sí mismo. La posibilidad de hacerse en una
dirección u otra se ha mostrado con datos observables de su
inacabamiento en todas las dimensiones que podemos distinguir y que
son el punto de referencia para plantear el proceso educativo. La
inconclusión humana en los aspectos biológico, psicológico, cultural y
espiritual se advierte con evidencia.