CUENTOS CORTOS
PARA ADULTOS
NOMBRE DEL CUENTO………………………..PAGINA
1. La mariposa blanca…………………………………1
2. Los seis sabios ciegos y el elefante………………3
3. El ciervo escondido………………………………….5
4. El fantasma provechoso (Daniel Defoe)…………..7
5. El sabio y el escorpión………………………………9
6. El espejo chino……………………………………...10
7. El mundo (Eduardo Galeano)……………………..12
8. El elefante encadenado (Jorge Bucay)…………..13
9. El paisajista………………………………………….16
10. Tú gobiernas tu mente, no tu mente a ti………..18
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1. La mariposa blanca
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“Había una vez en Japón un anciano cuyo nombre era
el de Takahama, y que vivía desde su juventud en una
pequeña casa que él mismo había construido junto a
un cementerio, en lo alto de una colina. Era un hombre
amado y respetado por su amabilidad y generosidad,
pero los lugareños a menudo se preguntaban porqué
vivía en soledad al lado del cementerio y por qué
nunca se había casado.
Un día el anciano enfermó de gravedad, estando
cercana ya su muerte, y su cuñada y su sobrino fueron
a cuidarle en sus últimos momentos y le aseguraron
que estarían junto a él todo lo que necesitara.
Especialmente su sobrino, quien no se separaba del
anciano.
Un día, en que la ventana de la habitación estaba
abierta, se coló una pequeña mariposa blanca en el
interior. El joven intentó espantarla en varias
ocasiones, pero la mariposa siempre volvía al interior,
y finalmente, cansado, la dejó revolotear al lado del
anciano.
Tras largo rato, la mariposa abandonó la habitación y
el joven, curioso por su comportamiento y maravillado
por su belleza, la siguió. El pequeño ser voló hasta el
cementerio que existía al lado de la casa y se dirigió a
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una tumba, alrededor de la cual revolotearía hasta
desaparecer. Aunque la tumba era muy antigua,
estaba limpia y cuidada, rodeada de flores blancas
frescas. Tras la desaparición de la mariposa, el joven
sobrino volvió a la casa con su tío, para descubrir que
este había muerto.
El joven corrió a contarle a su madre lo sucedido,
incluyendo el extraño comportamiento de la mariposa,
ante lo que la mujer sonrió y le contó al joven el motivo
por el que el anciano Takahana había pasado su vida
allí.
En su juventud, Takahana conoció y se enamoró de
una joven llamada Akiko, con la cual iba a casarse. Sin
embargo, pocos días antes del enlace la joven falleció.
Ello sumió a Takahama en la tristeza, de la que
conseguiría recuperarse. Pero sin embargo decidió
que nunca se casaría, y fue entonces cuando
construyó la casa al lado del cementerio con el fin de
poder visitar y cuidar todos los días la tumba de su
amada.
El joven reflexionó y entendió quién era la mariposa, y
que ahora su tío Takahama se había reunido al fin con
su amada Akiko.”
Un hermoso cuento de origen japonés que nos habla
sobre el amor, concretamente de un amor capaz de
trascender el tiempo e incluso la muerte. Un amor
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eterno.
2. Los seis sabios ciegos y el elefante
“En una ocasión había seis ancianos sabios que no
gozaban del don de la vista, siendo ciegos y
empleando el sentido del tacto para experimentar y
conocer las diferentes realidades, seres y objetos del
mundo. Ninguno de estos sabios había visto jamás un
elefante, y tras conocer que su rey disponía de uno le
solicitaron con humildad poder conocerlo. El monarca
decidió concederles su petición y los llevó ante el
paquidermo, permitiendo que los ancianos se
acercaran y lo tocaran.
Los sabios se aproximaron al animal y, uno por uno,
tocaron al elefante con el fin de saber cómo era dicho
ser.
El primero le tocó un colmillo, y consideró que el
elefante era liso y agudo cual lanza. El segundo sabio
se aproximó y tocó la cola del elefante, respondiendo
que en realidad era más bien como una cuerda. El
tercero entraría en contacto con la trompa, refiriendo
que el animal se parecía más a una serpiente. El
cuarto indicaría que los demás debían estar errando,
ya que tras tocar la rodilla del elefante llegó a la
conclusión de que se trataba de algo semejante a un
árbol. El quinto lo desmintió al tocar la oreja del ser,
valorando que se parecía a un abanico. Por último el
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sexto sabio llegó a la conclusión de que en realidad el
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elefante era como una fuerte pared rugosa, al haber
tocar su lomo.
Tras haber llegado a distintas conclusiones, los sabios
empezaron a discutir respecto a quién poseía la
verdad. Dado que todos defendían sus posiciones con
ahínco, recurrieron a la ayuda de un séptimo sabio el
cual podía ver. Este les hizo ver que en realidad todos
ellos tenían parte de la razón, dado que habían estado
describiendo una única parte del conjunto del animal,
a la vez que aún sin equivocarse ninguno de ellos
había podido conocerlo en su totalidad.“
Un cuento clásico procedente de la India; esta historia
nos habla de la necesidad de tener en cuenta que
nuestro punto de vista no es el único que existe sobre
la realidad: debemos valorar que las opiniones,
creencias o conocimientos de otras personas pueden
ser tan válidas y verdaderas como las nuestras, sin
necesidad de que ninguno de los dos esté equivocado.
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3. El ciervo escondido
“Había una vez un leñador de Cheng que encontró un
ciervo en un campo, al cual mató y posteriormente
enterró con hojas y ramas para evitar que otros
descubrieran la pieza. Pero al poco tiempo, el leñador
se olvidó del lugar donde había ocultado el animal y
llegó a creer que en realidad todo el asunto había sido
un sueño.
Poco después empezaría a contar su supuesto sueño,
a lo que uno de los que lo escuchó reaccionó
intentando buscar el ciervo. Tras encontrarlo, se lo
llevó a su casa y le comentó a su mujer la situación, la
cual le indicó que tal vez sería él quien había soñado
la conversación con el leñador, pese a que al haber
encontrado el animal el sueño sería real. A esto, su
esposo contestó que independientemente de si el
sueño fuera suyo o del leñador, no había necesidad de
saberlo.
Pero esa misma noche el leñador que cazó al animal
soñó (este vez de verdad) con el lugar donde había
escondido el cadáver y con la persona que lo había
encontrado. Por la mañana fue a casa del descubridor
del cuerpo del animal, tras lo que ambos hombres
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discutieron respecto a quién pertenecía la pieza. Esta
discusión se intentaría zanjar con la ayuda de un juez,
el cual repuso que por un lado el leñador había
matado a un ciervo en lo que creía un sueño y
posteriormente consideró que su segundo sueño era
una verdad, mientras que el otro encontró dicho ciervo
aunque su esposa consideraba que era él quien soñó
haberlo encontrado en base a la historia del primero.
La conclusión era que realmente nadie había matado
al animal, y se dictó que el caso se resolviera
mediante la repartición del animal entre los dos
hombres. Posteriormente, esta historia llegaría al rey
de Cheng, quien terminaría por preguntarse si
realmente no sería el juez quien había soñado haber
repartido al ciervo.”
El cuento de “El ciervo escondido” es un cuento
popular chino que nos narra una historia basada en la
diferenciación entre sueño y realidad y lo difícil que en
ocasiones puede ser realizarla. Es uno de los cuentos
cortos para adultos que nos habla sobre la posibilidad
de que podamos vivir en varios planos de existencia.
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4. El fantasma provechoso (Daniel Defoe)
“Había una vez un caballero que poseía una casa muy
muy vieja, construida aprovechando los restos de un
antiguo monasterio. El caballero decidió que quería
derruirla, pero sin embargo consideraba dicha tarea
implicaría demasiado esfuerzo y dinero, y empezó a
pensar en alguna manera de lograr hacerlo sin que le
supusiera a él ningún costo.
El hombre decidió entonces crear y empezar a difundir
el rumor de que la casa estaba encantada y habitada
por un fantasma. Elaboró también con sábanas un
traje o disfraz blanco, junto a un artefacto explosivo
que generara una llamarada y dejara tras de sí olor a
azufre. Tras contar el rumor a varias personas, entre
ellas algunos incrédulos, les convenció de que
acudieran a su casa. Allí activó el ingenio, provocando
que los vecinos se asustaran y creyeren que el rumor
era cierto. Poco a poco más y más gente iría viendo a
dicho ente espectral, y el rumor fue creciendo y
extendiéndose entre los lugareños.
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Tras ello, el caballero extendió también el rumor de
que el motivo de que el fantasma estuviera allí podría
ser el hecho de que hubiese en la casa un tesoro
escondido, así que en poco tiempo empezó a excavar
para encontrarlo. A pesar de que no lo hacía, los
vecinos empezaron también a creer que sí podía
haber algún tesoro en el lugar. Y un día, algunos
vecinos le preguntaron si podían ayudarle a excavar, a
cambio de que pudieran coger el tesoro.
El propietario de la casa respondió que no sería justo
que le tirasen la casa abajo y se llevaran el tesoro,
pero magnánimamente les ofreció que si excavaban y
retiraban los escombros que su acción generase y en
el proceso encontraban el tesoro, él aceptaría que se
llevaran la mitad. Los vecinos aceptaron y se pusieron
a trabajar.
Al poco tiempo el fantasma desapareció, pero de cara
a motivarles el caballero dispuso veintisiete monedas
de oro en un agujero de la chimenea que después
tapió. Cuando los vecinos lo encontraron, les ofreció
quedárselo todo siempre y cuando el resto que
hallaran lo repartieran. Ello motivó aún más a los
vecinos, que ante la esperanza de encontrar más
fueron excavando hasta los cimientos. De hecho, sí
encontraron algunos objetos de valor del antiguo
monasterio, algo que los espoleó aún más. Al final, la
casa fue derruida por entero y los escombros
retirados, cumpliendo el caballero con su deseo y
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empleando para ello apenas un poco de ingenio.”
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Este cuento fue creado por el escritor de Robinson
Crusoe, Daniel Defoe, y nos narra una historia en que
podemos ver el valor de la inteligencia y la astucia, así
como el hecho de que ser codiciosos nos puede llevar
a ser manipulados y utilizados sin que siquiera nos
demos cuenta.
5. El sabio y el escorpión
“Había una vez un sabio monje que paseaba junto a
su discípulo en las orilla de un río. Durante su caminar,
vio como un escorpión había caído al agua y se
estaba ahogando, y tomó la decisión de salvarlo
sacándolo del agua. Pero una vez en su mano, el
animal le picó.
El dolor hizo que el monje soltara al escorpión, que
volvió a caer al agua. El sabio volvió a intentar sacarlo,
pero de nuevo el animal le picó provocando que le
dejara caer. Ello ocurrió una tercera vez. El discípulo
del monje, preocupado, le preguntó por qué
continuaba haciéndolo si el animal siempre le picaba.
El monje, sonriendo, le respondió que la naturaleza del
escorpión es la de picar, mientras que la de él no era
otra que la de ayudar. Dicho esto el monje tomó una
hoja y, con su ayuda, consiguió sacar al escorpión del
agua y salvarlo sin sufrir su picadura. “
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Otro cuento procedente de la India, en esta ocasión
nos explica que no debemos luchar contra nuestra
naturaleza por mucho que otros nos dañan. Hay que
tomar precauciones, pero no debemos dejar de ser
quienes somos ni actuar en contra de lo que somos.
6. El espejo chino
“Había una vez un campesino chino, el cual iba a ir a
la ciudad a vender la cosecha de arroz en la que él y
su esposa habían estado trabajando. Su mujer le pidió
que, aprovechando el viaje, no se olvidase de traerle
un peine.
El hombre llegó a la ciudad y una vez allí vendió la
cosecha. Tras hacerlo, se encontró y reunió con varios
compañeros y se pusieron a beber y a celebrar lo
conseguido. Después de ello, y aún un poco
desorientado, el campesino recordó que su esposa le
había pedido que le trajera algo. Sin embargo no
recordaba el qué, con lo que acudió a una tienda y
compró el producto que más le llamó la atención. Se
trataba de un espejo, con el cual regresó a su hogar.
Tras dárselo a su esposa, se marchó de nuevo a
trabajar en el campo.
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La joven esposa se miró en el espejo, y
repentinamente empezó a llorar. La madre de esta le
preguntó el por qué de tal reacción, a lo que su hija le
pasó el espejo y le respondió que la causa de sus
lágrimas era que su marido había traído consigo otra
mujer, joven y hermosa. La madre de esta miró
también el espejo, y tras hacerlo le respondió a su hija
que no tenía de qué preocuparse, dado que se trataba
de una vieja.”
Un cuento de origen chino, de autor anónimo. Se trata
de una narración muy breve que tiene diferentes
posibles interpretaciones, pero que entre otras cosas
nos habla de cómo nos vemos nosotros mismos
reflejados en el mundo, y la diferencia entre cómo nos
creemos que somos y cómo somos en realidad, a
menudo subestimándonos o sobrevalorándonos.
Para entender el cuento es necesario tener en
consideración que ninguno de los personajes se había
visto jamás reflejado en un espejo, no sabiendo qué es
lo que ve realmente. Así, la esposa no es capaz de
comprender que la joven hermosa que ve es ella
misma, mientras que la madre tampoco ve que la
anciana que ve es ella. También se observa que
mientras la primera se preocupa por qué considera
que lo que ve en el reflejo es más hermoso que ella
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misma, la segunda lo minusvalora críticamente,
prácticamente burlándose de su propia imagen.
7. El mundo (Eduardo Galeano)
“Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de
Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó.
Dijo que había contemplado desde arriba la vida
humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. -El
mundo es eso-reveló- un montón de gente, un mar de
fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre
todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y
fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay
gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y
gente de fuego loco que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni
queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que
no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca
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se enciende.”
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Más que un cuento corto, se trata de un microcuento
creado por Eduardo Galeano (uno de los más
destacados escritores uruguayos y de toda
latinoamérica) y publicado en su libro “El libro de los
abrazos”. Se centra en la visión del mundo como un
lugar maravilloso lleno de gentes muy diferentes entre
sí, pero que no dejan de ser personas. También nos
hace ver la relevancia de atreverse a vivir
intensamente.
8. El elefante encadenado (Jorge Bucay)
“Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo
que más me gustaba de los circos eran los animales.
También a mí como a otros, después me enteré, me
llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue
de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero
después de su actuación y hasta un rato antes de
volver al escenario, el elefante quedaba sujeto
solamente por una cadena que aprisionaba una de sus
patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin
embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de
madera apenas enterrado unos centímetros en la
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tierra.
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Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me
parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un
árbol de cuajo con su propia fuerza podría, con
facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es
evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no
huye?
Cuanto tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en
la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a
algún maestro, a algún padre o a algún tío por el
misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el
elefante no se escapa porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia... si está amaestrado,
¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido
ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la
estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba
con otros que también se habían hecho la misma
pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte
para mí alguien había sido lo bastante sabio para
encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa
porque ha estado a unido a una estaca parecida
desde que era muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me
imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito
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empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de
todo su esfuerzo, no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría
que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a
probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta
que un día, un terrible día para su historia, el animal
aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este
elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no
se escapa porque cree -pobre- que no puede. Él tiene
registro y recuerdo de su impotencia, de aquella
impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo
peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar
seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó
poner a prueba su fuerza otra vez…”
Uno de los cuentos más conocidos de Jorge Bucay;
esta narración nos cuenta como nuestros recuerdos y
experiencias previas pueden darnos conocimientos,
pero también generar estancamientos y bloqueos que
nos impiden y que pueden sabotearnos aún cuando su
causa original ya no está presente. La narración nos
empuja a seguir intentando ponernos a prueba a pesar
de que lo que hayamos vivido pueda habernos hecho
creer que no podemos hacerlo.
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9. El paisajista
“Érase una vez un pintor de gran talento que fue
enviado por el emperador de China a una provincia
lejana y recién conquistada, con la misión de traer a su
vuelta imágenes pintadas. Tras un largo viaje en el
que visitó en profundidad todos los territorios de la
provincia, el pintor regresó, pero sin embargo no
portaba ninguna imagen. Ello generó sorpresa en el
emperador, quien terminó enfadándose con el pintor.
En ese momento, el artista solicitó que le dejaran un
lienzo de pared. En él, el pintor dibujó con gran detalle
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todo lo que había visto y recorrido en su viaje, tras lo
cual el emperador acudió a verlo. Entonces el pintor le
explicó cada uno de los rincones del gran paisaje que
había dibujado y explorado en sus viajes. Al acabar, el
pintor se aproximó a un sendero que había dibujado y
que parecía perderse en el espacio. Poco a poco, el
pintor se adentró en el sendero, metiéndose en el
dibujo y haciéndose cada vez más pequeño hasta
desaparecer tras una curva. Y cuando este
desapareció, lo hizo todo el paisaje, dejando el muro
completamente desnudo.”
Este cuento de origen chino es algo complejo de
entender. Para ello debemos ponernos en la posición
del pintor y lo que hace a lo largo de la historia: por un
lado observa la realidad, pero por el otro, y como se ve
al final cuando se une a su obra, forma parte
intrínseca de ella. Se trata de una alegoría de que
aunque podemos ser observadores de lo que
acontece en el mundo queramos o no somos parte de
él: si algo ocurre en esa realidad nos afecta a
nosotros, ya que somos parte de ella, mientras que lo
que nos pase a nosotros no está alejado de la
realidad.
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10. Tú gobiernas tu mente, no tu mente a ti
“Érase una vez un estudiante de zen que se
lamentaba de que no podía meditar, ya que sus
pensamientos se lo impedían. Este le dijo a su
maestro que sus pensamientos y las imágenes que
generaba no le dejaban meditar, y que aún cuando se
iban unos instantes al poco volvían con mayor fuerza,
no dejándoles en paz. Su maestro le indicó que esto
sólo dependía de sí mismo, y que dejara de cavilar.
Pero el estudiante siguió indicando que los
pensamientos le confundían y no le dejaban meditar
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en paz, y que cada vez que procuraba concentrarse le
aparecían pensamientos y reflexiones de manera
continuada, a menudo poco útiles e irrelevantes.
A esto el maestro le propuso que cogiera una cuchara
y la sostuviera en la mano, mientras se sentaba e
intentaba meditar. El alumno obedeció, hasta que de
pronto el maestro le indicó que dejara la cuchara. El
alumno lo hizo, dejándola caer al suelo. Miró a su
maestro, confuso, y este le preguntó que quién
agarraba a quién, si él a la cuchara o la cuchara a él.”
Este breve cuento parte de la filosofía zen y tiene
origen en el budismo. En él se nos hace reflexionar
sobre nuestros propios pensamientos, y el hecho de
que debemos ser nosotros quienes tengamos el
control sobre ellos y no a la inversa.
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