Sesión 2. Lucifer Desencadenado. Un Demonio Recorre Europa
Sesión 2. Lucifer Desencadenado. Un Demonio Recorre Europa
“[…] en la tradición medieval cuanto más inferior sea algo, más miserable resulta. El animal es inferior al hombre porque
este apunta hacia arriba, erguido, hacia el Cielo, y el infierno se encuentra bajo los animales y bajo la inmunda tierra. […]
El hombre se encuentra, pues, en la Edad Media, entre dos mundos completamente diferentes: un paraíso y un infierno.
[…] El diablo suponía la existencia de un ser cuya omnipresencia en la sociedad medieval no era gratuita. Los homilistas
medievales contribuyeron a una concepción del demonio mucho más radical y negativa de lo que fue en su origen. A lo
largo del tiempo la Iglesia de Roma difundió la imagen aterradora de Satanás por todos los rincones de Europa: su maldad
no tenía límites y se servía de mil y un engaños y astucias para tentar al individuo y así conseguir su preciada alma como
símbolo de victoria ante Dios”. Alberto Baeyens de Arce, “El mortal enemigo: El diablo en la obra de Gonzalo de Berceo”
(2002).
“Si existe un momento histórico en el que la idea del mal, personificada en el diablo, adquirió una fuerza sin precedentes,
este es la Edad Moderna europea. Entre los siglos XV y XVII la omnipresencia de Satanás en la vida intelectual, religiosa,
política y cotidiana de los europeos llegó a un extremo tal que bien puede hablarse de una suerte de materialización o
encarnación de lo demoniaco a través de numerosos aspectos contra los que todo cristiano debía lucha día tras día. Siglos
atrás, Dios mismo se había encarnado en un hombre de carne y hueso con el fin de salvar a la humanidad y ofrecerle una
alternativa al pecado. El diablo, en una imagen refleja, se presentaba en un tiempo y un lugar decisivos para arrastrar al
hombre a su perdición. A diferencia del dogma cristiano de la encarnación, según el cual solo habría habido un único
descenso divino en la historia de la humanidad, las múltiples caras de lo demoniaco se aproximaban al concepto más
amplio de avatar, un término de origen hindú que expresa la revelación de la divinidad de forma siempre parcial y
semioculta a través de muy distintas manifestaciones” María Tausiet, Avatares del mal: El diablo en las brujas”. En El
diablo en la Edad Moderna (2004).
LA DIVINA COMEDI (fragmento) – DANTE Como cuando una espesa niebla baja,
ALIGHIERI o se oscurece ya nuestro hemisferio,
girando lejos vemos un molino,
Infierno, Canto XXXIV una máquina tal creí ver entonces;
«Vexilla regis prodeunt inferni luego, por aquel viento, busqué abrigo
contra nosotros, mira, pues, delante tras de mi guía, pues no hallé otra gruta.
-dijo el maestro- a ver si los distingues.» Ya estaba, y con terror lo pongo en verso,
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donde todas las sombras se cubrían, quien de las negras fauces cuelga es Bruto:
traspareciendo como paja en vidrio: -¡mírale retorcerse! ¡y nada dice!-
Unas yacen; y están erguidas otras, Casio es el otro, de aspecto membrudo.
con la cabeza aquella o con las plantas; Mas retorna la noche, y ya es la hora
otra, tal arco, el rostro a los pies vuelve. de partir, porque todo ya hemos visto.»
Cuando avanzamos ya lo suficiente,
que a mi maestro le plació mostrarme
la criatura que tuvo hermosa cara,
se me puso delante y me detuvo,
«Mira a Dite -diciendo-, y mira el sitio
donde tendrás que armarte de valor.»
De cómo me quedé helado y atónito,
no lo inquieras, lector, que no lo escribo,
porque cualquier hablar poco sería.
Yo no morí, mas vivo no quedé:
piensa por ti, si algún ingenio tienes,
cuál me puse, privado de ambas cosas.
El monarca del doloroso reino,
del hielo aquel sacaba el pecho afuera;
y más con un gigante me comparo,
que los gigantes con sus brazos hacen:
mira pues cuánto debe ser el todo
que a semejante parte corresponde.
Si igual de bello fue como ahora es feo,
y contra su hacedor alzó los ojos,
con razón de él nos viene cualquier luto.
¡Qué asombro tan enorme me produjo El infierno de la Divina Comedia, primera página
cuando vi su cabeza con tres caras! iluminada, edición anotada por Cristoforo Landino (1481)
Una delante, que era toda roja:
las otras eran dos, a aquella unidas Como él lo quiso, al cuello le abracé;
por encima del uno y otro hombro, y escogió el tiempo y el lugar preciso,
y uníanse en el sitio de la cresta; y, al estar ya las alas bien abiertas,
entre amarilla y blanca la derecha se sujetó de los peludos flancos:
parecía; y la izquierda era tal los que y descendió después de pelo en pelo,
vienen de allí donde el Nilo discurre. entre pelambre hirsuta y costra helada.
Bajo las tres salía un gran par de alas, Cuando nos encontramos donde el muslo
tal como convenía a semejante pájaro: se ensancha y hace gruesas las caderas,
velas de barco no vi nunca iguales. el guía, con fatiga y con angustia,
No eran plumosas, sino de murciélago la cabeza volvió hacia los zancajos,
su aspecto; y de tal forma aleteaban, y al pelo se agarró como quien sube,
que tres vientos de aquello se movían: tal que al infierno yo creí volver.
por éstos congelábase el Cocito; «Cógete bien, ya que por esta escala
con seis ojos lloraba, y por tres barbas -dijo el maestro exhausto y jadeante
corría el llanto y baba sanguinosa. es preciso escapar de tantos males.»
En cada boca hería con los dientes Luego salió por el hueco de un risco,
a un pecador, como una agramadera, y junto a éste me dejó sentado;
tal que a los tres atormentaba a un tiempo. y puso junto a mí su pie prudente.
Al de delante, el morder no era nada Yo alcé los ojos, y pensé mirar
comparado al desgarre, que a zarpazos a Lucifer igual que lo dejamos,
toda la piel habíale arrancado. y le vi con las piernas para arriba;
«Aquella alma que allí más pena sufre y si desconcertado me vi entonces,
-dijo el maestro- es Judas Iscariote, el vulgo es quien lo piensa, pues no entiende
con la cabeza dentro y piernas fuera. cuál es el trago que pasado había.
De los que la cabeza afuera tienen, «Ponte de pie - me dijo mi maestro-:
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Canto 1
El miserable, de soberbia erguido,
De una multitud de Ángeles seguido
Vanos como él, se había lisonjeado,
Insano, colocar su trono al lado
De su eterno hacedor, desconociendo
Todos que a su bondad sola debían
Los dotes y el ser mismo que tenían;
Llegando a tanto el atentado horrendo,
Que contra Dios se armaron
Y a hacerle impía guerra se arrojaron.
¡Intento vano! el brazo omnipotente
Los precipitó a todos, abrasados
En vivas llamas, desde el eminente
Dante, Comedia (siglo XIV) – Codex altonensis Alcázar de los cielos, con horrible
Y vasta ruina, a aquel infernal suelo;
Y él me repuso: « Piensas todavía Sima sin fondo, en donde los malvados,
que estás allí en el centro, en que agarré Con cadenas de bronce aherrojados,
el pelo del gusano que perfora Consumidos de un fuego inextinguible,
el mundo: allí estuviste en la bajada; Sufren a un tiempo mismo, sin consuelo,
cuando yo me volví, cruzaste el punto Eternamente, el frío, las mortales
en que converge el peso de ambas partes: Angustias y otros infinitos males. […]
y has alcanzado ya el otro hemisferio El fiero Arcángel, con su turba impía,
que es contrario de aquel que la gran seca Aturdido rodó, en la tempestuosa
recubre, en cuya cima consumido Superficie de aquellas formidables
fue el hombre que nació y vivió sin culpa; Olas de fuego […].
tienes los pies sobre la breve esfera Da al contorno una fúnebre mirada,
que a la Judea forma la otra cara. Tan lejos como alcanzan los vivaces
Aquí es mañana, cuando allí es de noche: Ojos de un Ángel, por la dilatada
y aquél, que fue escalera con su pelo, Extensión, y a sus míseros secuaces
aún se encuentra plantado igual que antes. Ve en aquel mar ardiente amortecidos
Del cielo se arrojó por esta parte; Fluctuar entre las ondas esparcidos.
y la tierra que aquí antes se extendía, Observa a todos lados una oscura
por miedo a él, del mar hizo su velo, Bóveda inmensa, que las llamas cubre
y al hemisferio nuestro vino; y puede Del lago, que en lugar de una luz pura
que por huir dejara este vacío No esparcen más que pálidos horrores
eso que allí se ve, y arriba se alza.» De un resplandor funesto, una palpable
Un lugar hay de Belcebú alejado Lobreguez, que descubre
tanto cuanto la cárcava se alarga, Aquel vasto recinto de dolores,
que el sonido denota, y no la vista, Asilo de las sombras espantable,
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»¿O bien queréis en esa vil postura Borrados, por la culpa cometida.
»Postrados como súbditos leales, Ellos en su soberbia pertinaces,
»Adorar a ese vencedor altivo Otros nuevos después sustituyeron,
»Que de las apartadas Sacados de las más viles pasiones,
»Bóvedas del Empíreo, en esta oscura Según que los juzgaron eficaces
»Laguna os ve, con el placer más vivo, Para engañar los míseros humanos,
»Hechos juguete de sus olas fieras Hacerse tributar adoraciones,
»Con vuestros carros, armas y banderas? Tener altares, y de inciensos vanos
»¿Aguardáis por ventura Saciar su orgullo, cual si Dioses fueran
»Que vuestro torpe abatimiento viendo, Y a ellos todos los cultos se debieran:
»Ansiosos aprovechen sus ligeros Con efecto, a los hombres pervirtieron;
»Soldados tan funesto parasismo? Entre ellos esparciendo mil errores.
»¿Que con nuevo furor acometiendo, Que de Dios se olvidasen consiguieron,
»Agoten en nosotros sus postreros Y les prostituyesen los honores
»Rayos, y en lo más hondo de este abismo, Divinos, que al Criador sólo debían,
»Entre sus torbellinos inflamados, Bajo de extraños nombres y figuras,
»Nos dejen para siempre encadenados? Ya de astros que en el cielo relucían,
»¡Alzaos pues, armaos con presteza, Ya de monstruos, ya de hombres, de reptiles,
»O doblad al vil yugo la cabeza!» Y aun de plantas, y de entes los más viles
Uniendo el culto con las más impuras
Costumbres, y delitos vergonzosos,
Gratos a aquellos Ángeles odiosos;
La pompa, el esplendor y la alegría,
Que a aquel perverso culto acompañaban,
Más y más a los hombres engañaban,
Extendiendo la atroz idolatría,
Permitiéndolo así la Providencia,
Para probar al hombre envanecido,
De su corta razón la insuficiencia,
Y castigar de nuevo la insolencia
Del Diablo en su soberbia endurecido. […]
En su ceño se muestra al descubierto
La estudiada soberbia, el indomable
Furor, que sólo anhela una implacable
Venganza; mas con todo, en sus miradas
Crueles, al lado del remordimiento
Se ve el dolor y el arrepentimiento,
Al fijarse en aquellas desgraciadas
Víctimas de su culpa, que caídas
Satanás en el Paraíso Perdido – William Blake Con él en el abismo, hubieran sido
Felices en no haberle conocido,
Despiertan todos al horrible acento, Tristes, para una eternidad perdidas,
Y de su torpe miedo avergonzados, Desterradas de aquella venturosa
Se ponen al instante en movimiento. Patria: su multitud, que en el instante
Hierven las ondas, a los formidables Vuelve a admirar; la suerte dolorosa
Impulsos de sus alas, que ya el viento En que se hallan, poco antes tan brillante
Silbando cortan, sus innumerables Y ahora eclipsada, sin que la mudanza
Escuadras trasladando a la ribera De millones de siglos y millones
Donde el fiero caudillo los espera. […] Pueda dar a sus tristes corazones
Y con horrible estruendo, en un momento, El más pequeño rayo de esperanza;
Aquel enjambre de Demonios sube, Todo junto, su pecho aflige tanto,
Y el lago asombra cual inmensa nube. Que apenas puede reprimir el llanto. […]
[…], ya sus malhadados nombres fueron El Monarca infernal se para al frente
Para siempre del libro de la vida De sus tropas, que en círculo formadas,
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»De nuestro noble ser. De este paraje Jornada tercera, historia décima
»Salgamos. Que esta hazaña la primera […] Viniendo, pues, al asunto, digo que en la
»Sea; no nos hagamos el ultraje ciudad de Cafsa, en Berbería, hubo hace tiempo
»De pensar que, del cielo descendidos, un hombre riquísimo que, entre otros hijos, tenía
»Para estar siempre aquí somos nacidos. una hijita hermosa y donosa cuyo nombre era
»Volemos, pues, hacia esa nueva esfera; Alibech; la cual, no siendo cristiana y oyendo a
»Lo que ha hecho allí el Criador examinemos. muchos cristianos que en la ciudad había alabar
»Y así en nuestra conducta acertaremos; […] mucho la fe cristiana y el servicio de Dios, un día
»Sobre todo, jamás entre nosotros, preguntó a uno de ellos en qué materia y con
»Hablar se oiga de paz, de tregua, o de otros menos impedimentos pudiese servir a Dios. El
»Medios de transigir con el tirano cual le repuso que servían mejor a Dios aquellos
»Que de nuestros sollozos se apacienta, que más huían de las cosas del mundo, como
»Guerra, guerra sin fin la más sangrienta: hacían quienes en las soledades de los desiertos de
»Todo otro plan es un delirio vano. la Tebaida se habían retirado. La joven, que
»Tal es mi voto, a que confiado espero simplicísima era y de edad de unos catorce años,
»Responda el de mi ejército guerrero.» no por consciente deseo sino por un impulso
Acaba apenas, cuando mil millones pueril, sin nada decir a nadie, a la mañana
De desnudos aceros por el viento siguiente hacia el desierto de Tebaida,
Brillan, en los broqueles, y morriones ocultamente, sola, se encaminó; y con gran trabajo
Sus vivos resplandores reflejando, suyo, continuando sus deseos, después de algunos
Y aun del Infierno en el profundo asiento, días a aquellas soledades llegó, y vista desde lejos
Entre las densas sombras centelleando; una casita, se fue a ella, donde a un santo varón
Armas con armas chocan, y el crujido encontró en la puerta, el cual, maravillándose de
Horrible, por los ecos repetido, verla allí, le preguntó qué es lo que andaba
La general alarma prontamente buscando. La cual repuso que, inspirada por Dios,
Lleva a todos sus senos tenebrosos. estaba buscando ponerse a su servicio, y también
La aumentan del ejército insolente quién la enseñara cómo se le debía servir. El
Las blasfemias y gritos sediciosos honrado varón, viéndola joven y muy hermosa,
Con que el delirio de su audacia impía temiendo que el demonio, si la retenía, lo
Al Eterno en su trono desafía. engañara, le alabó su buena disposición y, dándole
de comer algunas raíces de hierbas y frutas
EL DECAMERÓN (fragmento) – GIOVANNI silvestres y dátiles, y agua a beber, le dijo:
BOCCACCIO -Hija mía, no muy lejos de aquí hay un santo
varón que en lo que vas buscando es mucho mejor
maestro de lo que soy yo: irás a él.
Y le enseñó el camino; y ella, llegada a él y
oídas de éste estas mismas palabras, yendo más
adelante, llegó a la celda de un ermitaño joven,
muy devota persona y bueno, cuyo nombre era
Rústico, y la petición le hizo que a los otros les
había hecho. El cual, por querer poner su firmeza
a una fuerte prueba, no como los demás la mandó
irse, o seguir más adelante, sino que la retuvo en
su celda; y llegada la noche, una yacija de hojas
de palmera le hizo en un lugar, y sobre ella le dijo
que se acostase. Hecho esto, no tardaron nada las
tentaciones en luchar contra las fuerzas de éste, el
cual, encontrándose muy engañado sobre ellas, sin
demasiados asaltos volvió las espaldas y se
entregó como vencido; y dejando a un lado los
pensamientos santos y las oraciones y las
disciplinas, a traerse a la memoria la juventud y la
El Decamerón – Anna y Elena Balbusso hermosura de ésta comenzó, y además de esto, a
pensar en qué vía y en qué modo debiese
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comportarse con ella, para que no se apercibiese Y dicho esto, llevada la joven encima de una
que él, como hombre disoluto, quería llegar a de sus yacijas, le enseñó cómo debía ponerse para
aquello que deseaba de ella. poder encarcelar a aquel maldito de Dios.
Y probando primero con ciertas preguntas, La joven, que nunca había puesto en el
que no había nunca conocido a hombre averiguó y infierno a ningún diablo, la primera vez sintió un
que tan simple era como parecía, por lo que pensó poco de dolor, por lo que dijo a Rústico:
cómo, bajo especie de servir a Dios, debía traerla -Por cierto, padre mío, mala cosa debe ser
a su voluntad. Y primeramente con muchas este diablo, y verdaderamente enemigo de Dios,
palabras le mostró cuán enemigo de Nuestro que aun en el infierno, y no en otra parte, duele
Señor era el diablo, y luego le dio a entender que cuando se mete dentro.
el servicio que más grato podía ser a Dios era Dijo Rústico:
meter al demonio en el infierno, adonde Nuestro -Hija, no sucederá siempre así.
Señor le había condenado. La jovencita le Y para hacer que aquello no sucediese, seis
preguntó cómo se hacía aquello; Rústico le dijo: veces antes de que se moviesen de la yacija lo
-Pronto lo sabrás, y para ello harás lo que a metieron allí, tanto que por aquella vez le
mí me veas hacer. arrancaron tan bien la soberbia de la cabeza que
Y empezó a desnudarse de los pocos vestidos de buena gana se quedó tranquilo.
que tenía, y se quedó completamente desnudo, y Pero volviéndole luego muchas veces en el
lo mismo hizo la muchacha; y se puso de rodillas tiempo que siguió, y disponiéndose la joven
a guisa de quien rezar quisiese y contra él la hizo siempre obediente a quitársela, sucedió que el
ponerse a ella. Y estando así, sintiéndose Rústico juego comenzó a gustarle, y comenzó a decir a
más que nunca inflamado en su deseo al verla tan Rústico:
hermosa, sucedió la resurrección de la carne; y -Bien veo que la verdad decían aquellos
mirándola Alibech, y maravillándose, dijo: sabios hombres de Cafsa, que el servir a Dios era
-Rústico, ¿qué es esa cosa que te veo que así cosa tan dulce; y en verdad no recuerdo que nunca
se te sale hacia afuera y yo no la tengo? cosa alguna hiciera yo que tanto deleite y placer
-Oh, hija mía -dijo Rústico-, es el diablo de me diese como es el meter al diablo en el infierno;
que te he hablado; ya ves, me causa grandísima y por ello me parece que cualquier persona que en
molestia, tanto que apenas puedo soportarle. otra cosa que en servir a Dios se ocupa es un
Entonces dijo la joven: animal.
-Oh, alabado sea Dios, que veo que estoy
mejor que tú, que no tengo yo ese diablo.
Dijo Rústico:
-Dices bien, pero tienes otra cosa que yo no
tengo, y la tienes en lugar de esto.
Dijo Alibech:
-¿Qué cosa?
Rústico le dijo:
-Tienes el infierno, y te digo que creo que
Dios te haya mandado aquí para la salvación de
mi alma, porque si ese diablo me va a dar este
tormento, si tú quieres tener de mí tanta piedad y
sufrir que lo meta en el infierno, me darás a mí
grandísimo consuelo y darás a Dios gran placer y
servicio, si para ello has venido a estos lugares,
como dices.
La joven, de buena fe, repuso:
-Oh, padre mío, puesto que yo tengo el
infierno, sea como queréis.
Dijo entonces Rústico:
-Hija mía, bendita seas. Vamos y metámoslo,
que luego me deje estar tranquilo. Acciones de diablos (detalle) (siglo XIV)
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Por la cual cosa, muchas veces iba a Rústico muchos diablos querrían poder tranquilizar al
y le decía: infierno, pero que él haría lo que pudiese; y así
-Padre mío, yo he venido aquí para servir a alguna vez la satisfacía, pero era tan raramente
Dios, y no para estar ociosa; vamos a meter el que no era sino arrojar un haba en la boca de un
diablo en el infierno. león; de lo que la joven, no pareciéndole servir a
Haciendo lo cual, decía alguna vez: Dios cuanto quería, mucho rezongaba. Pero
-Rústico, no sé por qué el diablo se escapa del mientras que entre el diablo de Rústico y el
infierno; que si estuviera allí de tan buena gana infierno de Alibech había, por el demasiado deseo
como el infierno lo recibe y lo tiene, no se saldría y por el menor poder, esta cuestión, sucedió que
nunca. hubo un fuego en Cafsa en el que en la propia casa
ardió el padre de Alibech con cuantos hijos y
demás familia tenía; por la cual cosa, Alibech, de
todos sus bienes quedó heredera. Por lo que un
joven llamado Neerbale, habiendo en
magnificencias gastado todos sus haberes, oyendo
que ésta estaba viva, poniéndose a buscarla y
encontrándola antes de que el fisco se apropiase
de los bienes que habían sido del padre, como de
hombre muerto sin herederos, con gran placer de
Rústico y contra la voluntad de ella, la volvió a
llevar a Cafsa y la tomó por mujer, y con ella de
su gran patrimonio fue heredero. Pero
preguntándole las mujeres que en qué servía a
Dios en el desierto, no habiéndose todavía
Neerbale acostado con ella, repuso que le servía
metiendo al diablo en el infierno y que Neerbale
había cometido un gran pecado con haberla
arrancado a tal servicio.
Las mujeres preguntaron:
-¿Cómo se mete al diablo en el infierno?
La joven, entre palabras y gestos, se lo
mostró; de lo que tanto se rieron que todavía se
Así, tan frecuentemente invitando la joven a ríen, y dijeron:
Rústico y consolándolo al servicio de Dios, tanto -No estés triste, hija, no, que eso también se
le había quitado la lana del jubón que en tales hace bien aquí, Neerbale bien servirá contigo a
ocasiones sentía frío en que otro hubiera sudado; y Dios Nuestro Señor en eso.
por ello comenzó a decir a la joven que al diablo Luego, diciéndoselo una a otra por toda la
no había que castigarlo y meterlo en el infierno ciudad, hicieron famoso el dicho de que el más
más que cuando él, por soberbia, levantase la agradable servicio que a Dios pudiera hacerse era
cabeza: meter al diablo en el infierno; el cual dicho,
-Y nosotros, por la gracia de Dios, tanto lo pasado a este lado del mar, todavía se oye. Y por
hemos desganado, que ruega a Dios quedarse en ello vosotras, jóvenes damas, que necesitáis la
paz. gracia de Dios, aprended a meter al diablo en el
Y así impuso algún silencio a la joven, la infierno, porque ello es cosa muy grata a Dios y
cual, después de que vio que Rústico no le pedía agradable para las partes, y mucho bien puede
más meter el diablo en el infierno, le dijo un día: nacer de ello y seguirse.
-Rústico, si tu diablo está castigado y ya no te
molesta, a mí mi infierno no me deja tranquila; EN EL REINO DE BUZIRAGO – PEDRO
por lo que bien harás si con tu diablo me ayudas a GÓMEZ VALDERRAMA
calmar la rabia de mi infierno, como yo con mi
infierno te he ayudado a quitarle la soberbia a tu Un mucho en las carabelas del
diablo. Descubrimiento, otro tanto en las faltriqueras de
Rústico, que de raíces de hierbas y agua vivía, los conquistadores y en la mochila de los
mal podía responder a los envites; y le dijo que aventureros, y el resto -no pequeña parte- en la
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valija de los Inquisidores, realizó del Demonio la Sus representantes, magos y curanderos ejercen su
aventura del cruce del mar. El Diablo, más bien, oficio libremente, e incluso en las fiestas de
con mayúscula, que el demonio; diablo es voz adoración de sus dioses descubren la presencia
acaso más familiar e íntima, con menos toques de inquieta del sabbat. Durante años luchan
solemnidad. Y este cruce del mar probaría, para misioneros y conquistadores para desarraigar las
los incrédulos, que la definición de los diablos en creencias idolátricas. Estas quedan ocultas,
fuerzas de tierra, mar, aire, fuego, tinieblas y latentes, a pesar de toda clase de castigos. En el
subsuelo, dada por Psellus en el sigo XI, no iba siglo XVIII la Inquisición de México conminaba a
descaminada. Y comprueba la afirmación del los indios en un edicto que cita Fernando Benítez:
obispo escandinavo Olaf Magnussen, quien “Destruid los ídolos, echadlos por tierra,
sostenía que los diablos eran excelentes quemad, confundid y acabad todos los lugares
navegadores por su poder sobre los elementos que donde estuvieren, aniquilad los sitios, montes y
les permitía suscitar vientos favorables. peñascos en que los pusieron, cubrid y cerrad a
Como tampoco iba descaminado el diablo en piedra y lodo las cuevas donde los ocultaron para
su desplazamiento. Confundido en las cohortes que no se os ocurra al pensamiento su memoria;
harapientas de los conquistadores, llegó sano y no hagáis sacrificios al demonio, no pidáis
salvo, y acaso primeramente, a las playas de Tolú. consejos a los magos, encantadores, brujos
Los barcos negreros sirviéronle de transporte y las maléficos, ni adivinos, no tengáis trato ni amistad
caras oscuras de los africanos hacían menos con ellos, no los ocultéis sino descubridlos y
notorio su hocico de tizón entre la peonada que acusadlos; aunque sean vuestros padres, madres,
construía ciudades y arrancaba montes en hijos, hermanos, maridos o mujeres propios; no
extensiones aptas para la codicia de un sátrapa oigáis ni creáis a los que os quieren engañar,
tropical. aunque los veáis hacer cosas que parezcan
Menos conspicua aún y eficazmente devota milagros, porque verdaderamente no lo son, sino
llegó su milicia de yerbateras o herbolarias, de embustes del demonio para apartaros de la fe…”
saludadoras y alcahuetes.
La Inquisición se mueve más lenta y cuando
llega los diablos se le han filtrado a través de las
espesuras de la manigua. Pero también la
Inquisición llega cansada, dispuesta un tanto a
hacerse de la vista gorda y de la garra mellada,
mientras los discípulos del diablo no alboroten y
se reduzcan a sus menesteres diabólicos antes que
entrase en conjuras -a cambio de conjuros- contra
los poderes establecidos.
El diablo y sus seguidores sientan
primeramente sus reales en la costa. El clima
ardiente sobre el vaho malsano de los bosques va
mejor a su caliente natural. Los calveros de la
selva caribe dan mejor luz para la noche del
aquelarre. Y la tierra americana les da la
oportunidad de esfumarse, de evadirse de las
viejas fórmulas inquisitoriales. Los inquisidores
maliciosos sienten su malicia enervada con el
nuevo clima. Y el destino de frustración de la
Inquisición en América dará lugar al nacimiento
de un nuevo capítulo, distinto, de la historia de la
brujería.
Pero los conquistadores españoles llegan y ven
las cosas de manera diferente. El diablo que traen
consigo les está esperando en las muecas de los
ídolos desde lo más antiguo de los tiempos. Está
detrás de las piedras de los sacrificios, encarnado
en las divinidades contra las cuales van a luchar.
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