ESCATOLOGÍA
El limbo, la salvación de los niños sin bautizo
El tema del limbo de los niños tiene una importancia enorme, sobre todo
para los millones de padres de familia que han visto morir a un hijo muy
pequeño (antes o después de nacer) sin haberle podido ofrecer el don del
bautismo. Ante estas situaciones se conoce los fundamentos del limbo,
aunque esto se creía y se estudiaba en el pasado, aun tiene sus atisbos en
la actualidad.
Generalmente, en la predicación usual y corriente, no se habla jamás del
limbo, y de él tampoco habla nunca el Magisterio de la Iglesia. Este tema,
en cambio, tenía un cierto peso en la visión de la salvación hasta el
Concilio Vaticano II. Desde entonces, se ha extendido entre muchos la
convicción de que el limbo no existe, y que los niños que mueren sin el
bautismo también van al cielo. ¿Qué podemos decir acerca de estas ideas?
En efecto, La doctrina del limbo había sido elaborada, durante siglos, a
partir de una serie de verdades fundamentales de la fe católica, pero con
conclusiones que no parecían suficientemente claras. A partir de estos
argumentos, se analizó esta doctrina y se llegaron a diferentes puntos,
donde se explicaba que no es del todo fundamentado, por eso, hay que
llegar a otras explicaciones.
La tradición del limbo es antiquísima, y jamás ha sido reprobada por el
Magisterio, sin embargo, el Magisterio nunca ha hecho propia. El mismo
nombre de "limbo" nunca aparece en el lenguaje del Magisterio. Sólo es
mencionado en una intervención del papa Pío VI [1775-1799], contra el
Sínodo de Pistoia en 1794, pero no para afirmar que el limbo existe, sino
sólo para decir que "no es una fábula pelagiana", como sostenían los
jansenistas. Por tanto, estas palabras del Papa no hacen referencia a la
existencia sino simplemente a la definición del limbo. Ahora bien, el
problema de la definición de algo no significa todavía pronunciarse sobre
la existencia efectiva de esta cosa. Por ejemplo, yo puedo decir que no es
cierto que el centauro sea un caballo con tronco de mono, pero con esto no
estoy afirmando que el centauro exista verdaderamente.
Para profundizar en este tema fue publicado en la primavera de 2007 un
Documento de la Comisión teológica internacional titulado “La esperanza
de salvación para los niños que mueren sin bautismo”. El Documento
había sido discutido por la Comisión teológica internacional después de
dos reuniones generales, en 2005 y 2006. Posteriormente, el Cardenal
William Levada, presidente de la Comisión, con el “consentimiento” del
Papa Benedicto XVI, aprobó la publicación del texto.
Encontrar una respuesta es posible sólo si tenemos presentes tres
verdades profundas que conocemos desde nuestra fe cristiana, y que
afectan la vida de todos los seres humanos. Tales verdades, presentadas
de modo sintético (cf. “La esperanza de salvación...” n. 32), son las
siguientes:
1. Dios quiere que todos los hombres se salven, según el texto conocido de
1Tm 2,4 (cf. “La esperanza de salvación...” nn. 43-52).
2. La salvación es dada sólo a través de la participación en el misterio
pascual de Cristo, es decir, por medio del bautismo (sacramental o recibido
de alguna otra forma). Nadie puede salvarse (ni siquiera los niños que aún
no tienen ninguna culpa personal) sin la gracia de Dios, en la que, en
cierto modo, se incluye una relación explícita o implícita con la Iglesia (cf.
“La esperanza de salvación...” nn. 57-67, 82, 99).
3. Los niños no pueden entrar en el Reino de Dios si no han sido liberados
del pecado original a través de la gracia redentora de Cristo (cf. “La
esperanza de salvación...” n. 36).