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El Limbo

El documento discute la doctrina del limbo y la salvación de los niños que mueren sin bautismo. Explica que la doctrina del limbo fue elaborada a lo largo de los siglos pero que sus conclusiones no parecían claras. Ahora, mientras que la tradición del limbo es antigua, el Magisterio de la Iglesia nunca lo ha afirmado como doctrina. El documento concluye que la salvación solo se da a través de la participación en el misterio pascual de Cristo, ya sea a través del bautismo sacramental o de otra forma
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El Limbo

El documento discute la doctrina del limbo y la salvación de los niños que mueren sin bautismo. Explica que la doctrina del limbo fue elaborada a lo largo de los siglos pero que sus conclusiones no parecían claras. Ahora, mientras que la tradición del limbo es antigua, el Magisterio de la Iglesia nunca lo ha afirmado como doctrina. El documento concluye que la salvación solo se da a través de la participación en el misterio pascual de Cristo, ya sea a través del bautismo sacramental o de otra forma
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ESCATOLOGÍA

El limbo, la salvación de los niños sin bautizo

El tema del limbo de los niños tiene una importancia enorme, sobre todo

para los millones de padres de familia que han visto morir a un hijo muy

pequeño (antes o después de nacer) sin haberle podido ofrecer el don del

bautismo. Ante estas situaciones se conoce los fundamentos del limbo,

aunque esto se creía y se estudiaba en el pasado, aun tiene sus atisbos en

la actualidad.

Generalmente, en la predicación usual y corriente, no se habla jamás del

limbo, y de él tampoco habla nunca el Magisterio de la Iglesia. Este tema,

en cambio, tenía un cierto peso en la visión de la salvación hasta el

Concilio Vaticano II. Desde entonces, se ha extendido entre muchos la

convicción de que el limbo no existe, y que los niños que mueren sin el

bautismo también van al cielo. ¿Qué podemos decir acerca de estas ideas?

En efecto, La doctrina del limbo había sido elaborada, durante siglos, a

partir de una serie de verdades fundamentales de la fe católica, pero con

conclusiones que no parecían suficientemente claras. A partir de estos

argumentos, se analizó esta doctrina y se llegaron a diferentes puntos,

donde se explicaba que no es del todo fundamentado, por eso, hay que

llegar a otras explicaciones.


La tradición del limbo es antiquísima, y jamás ha sido reprobada por el

Magisterio, sin embargo, el Magisterio nunca ha hecho propia. El mismo

nombre de "limbo" nunca aparece en el lenguaje del Magisterio. Sólo es

mencionado en una intervención del papa Pío VI [1775-1799], contra el

Sínodo de Pistoia en 1794, pero no para afirmar que el limbo existe, sino

sólo para decir que "no es una fábula pelagiana", como sostenían los

jansenistas. Por tanto, estas palabras del Papa no hacen referencia a la

existencia sino simplemente a la definición del limbo. Ahora bien, el

problema de la definición de algo no significa todavía pronunciarse sobre

la existencia efectiva de esta cosa. Por ejemplo, yo puedo decir que no es

cierto que el centauro sea un caballo con tronco de mono, pero con esto no

estoy afirmando que el centauro exista verdaderamente.

Para profundizar en este tema fue publicado en la primavera de 2007 un

Documento de la Comisión teológica internacional titulado “La esperanza

de salvación para los niños que mueren sin bautismo”. El Documento

había sido discutido por la Comisión teológica internacional después de

dos reuniones generales, en 2005 y 2006. Posteriormente, el Cardenal

William Levada, presidente de la Comisión, con el “consentimiento” del

Papa Benedicto XVI, aprobó la publicación del texto.

Encontrar una respuesta es posible sólo si tenemos presentes tres

verdades profundas que conocemos desde nuestra fe cristiana, y que

afectan la vida de todos los seres humanos. Tales verdades, presentadas


de modo sintético (cf. “La esperanza de salvación...” n. 32), son las

siguientes:

1. Dios quiere que todos los hombres se salven, según el texto conocido de

1Tm 2,4 (cf. “La esperanza de salvación...” nn. 43-52).

2. La salvación es dada sólo a través de la participación en el misterio

pascual de Cristo, es decir, por medio del bautismo (sacramental o recibido

de alguna otra forma). Nadie puede salvarse (ni siquiera los niños que aún

no tienen ninguna culpa personal) sin la gracia de Dios, en la que, en

cierto modo, se incluye una relación explícita o implícita con la Iglesia (cf.

“La esperanza de salvación...” nn. 57-67, 82, 99).

3. Los niños no pueden entrar en el Reino de Dios si no han sido liberados

del pecado original a través de la gracia redentora de Cristo (cf. “La

esperanza de salvación...” n. 36).

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