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Análisis de Humanae Vitae y su Impacto

La encíclica Humanae Vitae, publicada en 1968 por el Papa Pablo VI, define la doctrina católica sobre anticoncepción, aborto y otras cuestiones relacionadas con la vida sexual humana. Declara ilícitos todos los métodos anticonceptivos artificiales y solo permite los métodos naturales de regulación de la natalidad. Además, condena el aborto y la esterilización, causando gran controversia debido a su postura conservadora sobre estos temas.

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Análisis de Humanae Vitae y su Impacto

La encíclica Humanae Vitae, publicada en 1968 por el Papa Pablo VI, define la doctrina católica sobre anticoncepción, aborto y otras cuestiones relacionadas con la vida sexual humana. Declara ilícitos todos los métodos anticonceptivos artificiales y solo permite los métodos naturales de regulación de la natalidad. Además, condena el aborto y la esterilización, causando gran controversia debido a su postura conservadora sobre estos temas.

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TRABAJO DE INVESTIGACIÓN

HUMANAE VITAE

NOMBRES Y APELLIDOS: EVANS EIBAR DAZA MAMANI

OLIVER MAURO LAURA SANTALLA

ISRAEL ADHEMIR NINA ROJAS

JORGE SUAREZ PACHECO

CURSO: 6to. SECUNDARIA

DOCENTE: RVDO. RICARDO VEGA GARAY

LA PAZ-BOLIVIA

FECHA: 26/10/2021
RESUMEN

Humanae Vitae (latín: De la vida humana) es una encíclica escrita por el papa
Pablo VI y publicada el 25 de julio de 1968. Esta encíclica, publicada con el
subtítulo Sobre la regulación de la natalidad, define la doctrina de la Iglesia
católica sobre el aborto, los métodos anticonceptivos y otras medidas que se
relacionan con la vida sexual humana. Debido al hecho de que la encíclica
declara ilícito todo tipo de control artificial de la natalidad, su publicación
resultó muy controvertida.

Esta encíclica subraya que el matrimonio cristiano es válido solo bajo los
fundamentos de la unión, el amor, la fidelidad y la fecundidad. Por ello, el acto
conyugal no puede separar los dos principios que lo rigen: el unitivo y el
procreativo. De esta forma, la Iglesia católica se opone a todo tipo de
anticoncepción, sea cual sea su naturaleza. Aun así, cuando existen serios
motivos, la encíclica propone como lícito el uso de los métodos naturales para
espaciar temporalmente los nacimientos, limitando las relaciones conyugales
a los períodos naturales de infertilidad de la esposa.

Además, indica que "la interrupción directa de un proceso reproductivo que ya


haya iniciado" va en contra de las leyes morales cristianas. El aborto, aun
cuando sea para fines médicos, hay que excluirlo de forma absoluta al igual
que la esterilización quirúrgica, aun cuando se trate de una medida temporal.
De igual forma cualquier acción terapéutica que tenga como propósito
prevenir la procreación es ilícita, incluyendo métodos químicos y aquellos que
crean barreras físicas para evitar el embarazo. Sin embargo, la encíclica no
condena los métodos que causan infertilidad como un efecto secundario,
siempre y cuando la esterilización no sea lo que realmente se está buscando.

La encíclica reconoce que tal vez, las enseñanzas que intenta diseminar no
serán aceptadas por todos, pero que la Iglesia católica no puede declarar
ciertos actos como morales cuando en realidad no lo son. Luego, indica
diversas consecuencias que podrían darse del uso de medios no naturales
para el control de la natalidad: se abriría el camino para la infidelidad conyugal
y la degradación de la moralidad, se perdería el respeto por la mujer que
podría llegar a ser considerada como un mero objeto de placer, y se
"permitiría" a algunos estados la posibilidad de intervenir en temas íntimos de
la pareja. Algunos de los argumentos de la encíclica para estar en contra de
los anticonceptivos, que según ella estarían en contra de la ley natural, serían
el excesivo poder que los métodos de control de natalidad supuestamente
otorgan a las autoridades públicas, convirtiéndose en una herramienta de las
que aquellas podrían «abusar», o bien una supuesta pérdida del respeto del
hombre a la mujer derivada del uso de anticonceptivos, postura criticada por
Cohen por no considerar en ningún momento el deseo sexual femenino.

En la tercera parte, titulada "Directivas pastorales" el papa se dirige a diversos


grupos para solicitar su apoyo. Pide a las autoridades públicas que se
opongan a las leyes que deterioren las leyes naturales de moralidad pide que
los científicos estudien mejores métodos de control natal natural, y hace un
llamado a que los doctores, enfermeras, y sacerdotes para que promuevan
los "métodos naturales" sobre los artificiales

INFLUENCIA DE JUAN PABLO II

La última sección de Humanae Vitae contó con una fuerte influencia del futuro
papa Juan Pablo II. El obispo defendió la posición tradicional de la iglesia
desde un punto de vista filosófico en su libro Amor y responsabilidad,
publicado en 1960, de donde se desprende parte de la filosofía expresada en
Humanae Vitae.

Según se detalla en la biografía de Juan Pablo II, había sido nombrado como
uno de los integrantes de la comisión de Pablo VI. Sin embargo, el obispo
tuvo problemas ya que las autoridades comunistas de Polonia no le
permitieron viajar a Roma para reunirse con el resto de la comisión.

Luego de ser elegido papa en 1978, Juan Pablo II impartió una serie de
catequesis durante las audiencias generales en el Vaticano que trataban
sobre la teología del cuerpo. En dichas catequesis, Juan Pablo II detalló más
a fondo las ideas que aparecieron en Humanae Vitae y en Amor y
responsabilidad.
RECEPCIÓN

Su aparición, en un principio suscitó un fuerte rechazo por muchos grupos de


católicos. De hecho, dos días después un grupo de teólogos, liderado por el
sacerdote Charles Curran que trabajaba en la Universidad Católica de
América, publicaron una declaración que decía que la conciencia individual de
cada católico debía de prevalecer en un dilema absolutamente personal.
Menos de un tercio del clero bajo estaba de acuerdo con esta amoralidad de
los métodos anticonceptivos artificiales.

Dos meses después, un grupo de obispos canadienses publicaron una


declaración que afirmó que aquellos católicos que no siguieran la encíclica (es
decir, que emplearan anticonceptivos) obraban bien siempre y cuando
hubieran intentado previamente aceptar las directivas de la encíclica. Sin
embargo, en 2008 un numeroso grupo de católicos canadienses pidieron a
sus obispos que se retractasen de dicha declaración. Por su parte, el papa
Juan Pablo II respondió al argumento presentado por los obispos canadienses
en las encíclicas tituladas Evangelium Vitae y Veritatis Splendor. En dichos
documentos el papa reafirmó la Humanae vitae y aclaró que el uso de
anticonceptivos artificiales no es una práctica aceptada por la Iglesia católica
bajo ninguna circunstancia. La misma encíclica detalla el uso y la validez de la
conciencia para determinar decisiones morales, incluyendo el uso de
anticonceptivos.

Además, esta encíclica ha sido criticada por las organizaciones que sostienen
los métodos abortivos y anticonceptivos como herramientas para el control de
la población y la lucha contra el SIDA.

Por otro lado, esta encíclica ha tenido apoyos de teólogos cristianos


como Janet E. Smith, Scott Hahn y Mary Shivanandan, además del fundador
del Opus Dei, Josemaría Escrivá. Según el escritor católico José Noriega,
parte del Camino Neocatecumenal «ha acogido sin reservas» la encíclica.

En 1969, un año después de su aparición, el filósofo estadounidense Carl


Cohen criticó Humanae vitae por supuestamente impedir esta un control de la
natalidad adecuado, creando la correspondiente superpoblación «miseria» en
la sociedad de los países subdesarrollados que siguieran estos preceptos.

PAPA JUAN PABLO VI

Giovanni Battista Montini nació en el año 1897 en Concesión, una población


de la provincia de Brescia, Lombardía. Fue el segundo de los tres hijos de
Giorgio Montini, que era abogado, periodista, director de la Acción Católica y
miembro del Parlamento de Italia, y de Giudetta Alghisi, perteneciente a una
familia de la nobleza rural. Tuvo dos hermanos: Francesco Montini, que sería
médico, y Ludovico Montini, que sería abogado y político.

La única experiencia diplomática en el extranjero de Montini fue durante su


estadía en la nunciatura de Varsovia, Polonia, en 1923. Al igual que Achille
Ratti antes que él, sentía fuertemente el enorme problema, que no solo se
limitaba a Polonia, del excesivo nacionalismo. Después de la muerte del
cardenal Alfredo Ildefonso Schuster en 1954, Montini fue nombrado para el
puesto de más alto rango en la iglesia italiana, el de arzobispo de Milán, que
lo convirtió de forma automática en el presidente de la Conferencia
Episcopal Italiana El papa Pío XII presentó al nuevo arzobispo Giovanni
Battista Montini «como su regalo personal a Milán». Ambos tenían lágrimas
en los ojos cuando se separaron, y Montini viajaba a una diócesis con
1000 iglesias, 2500 sacerdotes, y 3.5 millones de almas. Aunque era visto
como «papable» para suceder a Pío XII, y aunque parece haber recibido
algunos votos en el cónclave de 1958, Montini no era miembro del Colegio
cardenalicio y por lo tanto no era un candidato serio en ese cónclave. En
aquella elección, el patriarca de Venecia, Ángelo Roncalli, fue elegido papa y
asumió el nombre de Juan XXIII. El 17 de noviembre de 1958, a menos de
tres semanas después de su elección, L'Osservatore Romano anunció un
consistorio para la creación de nuevos cardenales. Esta lista estaba
encabezada por el nombre de Montini, y así fue elevado al cardenalato el 15
de diciembre de 1958, convirtiéndose en cardenal presbítero de ss. Montini
fue visto generalmente como el más probable sucesor de Juan XXIII, por su
cercanía a él y a Pío XII, y por su experiencia pastoral y administrativa. Juan,
un recién llegado al Vaticano a los 77 años, se sintió muchas veces
desbordado por la profesional Curia romana, en cambio Montini sabía mucho
sobre su funcionamiento interno. A diferencia de los cardenales «papables»
de Bolonia y Génova, Montini no se identificaba ni con la izquierda ni con la
derecha, ni fue visto como un reformista radical. Además, era visto como el
más probable continuador del Concilio Vaticano II

Al momento de la muerte de Juan XXIII, acaecida el 3 de junio de 1963,


apenas había transcurrido la primera de las etapas conciliares —que
finalmente alcanzarían el número de cuatro—, sin haberse promulgado ningún
documento. Pablo VI decidió continuar el Concilio Vaticano II (el derecho
canónico establece que un concilio se suspende luego de la muerte de un
papa), enfatizando sus propósitos básicos y guiándolo a través de las tres
etapas conciliares siguientes hasta su final.

Pablo VI abrió la tercera sesión del Concilio el 14 de septiembre de 1964,


diciendo a los padres conciliares, que él veía el texto sobre la Iglesia como el
documento más importante para finalizar el Concilio.
FUENTES DE INFORMACIÓN Y BIBLIOGRAFÍA
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