"El aleph": Dante y los dos Borges
Author(s): RAFAEL MONTANO
Source: Revista Canadiense de Estudios Hispánicos , Invierno 2003, Vol. 27, No. 2
(Invierno 2003), pp. 307-325
Published by: Revista Canadiense de Estudios Hispánicos
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RAFAEL MONTANO
"El aleph": Dante y los dos Borges
Este art?culo analiza la tension que existe en "El aleph" entre dos momentos de la
vida literaria de Jorge Luis Borges. Se sostiene que Carlos Argentino Daneri es en
realidad una representaci?n ir?nica del propio Borges, del joven poeta ultratsta y no
s?lo una alusi?n a la mediocre vida cultural de Buenos Aires de los a?os cuarenta,
como tradicionalmente se ha considerado. A trav?s de una inversi?n del concepto de
"the anxiety of influence" de Harold Bloom se estudia tambi?n la compleja relaci?n
entre Dante y Borges y c?mo el descubrimiento relativamente tard?o por parte de
Borges de la fuerza po?tica del florentino le hace ver las virtudes de la tautolog?a en
el proceso de creaci?n literaria. Adem?s, se propone que despu?s del virtual
abandono de la poes?a (1929-1960), el nivel de experimentaci?n que Borges descubre
en la obra de Dante en conjunci?n con su ascenso como escritor de prosa le ayudan
a solidificar otro concepto de literatura y a refugiarse irremediablemente en el
patrimonio de las met?foras de la literatura universal - especialmente europea -
consolidando de esta forma su implacable sospecha por todas las po?ticas de la
novedad. Estas razones hicieron inevitable y l?gico su retorno a la l?rica puesto que
luego de haber pasado por el crisol de la escritura de sus dos colecciones m?s c?lebres
de cuentos (Ficciones y El aleph) ya se hab?a depurado de los vestigios del ultra?smo
en cuyo seno hab?a nacido como poeta.
Aunque Jorge Luis Borges neg? consistentemente una integraci?n par?dica
consciente de la Divina comedia en "El aleph," las alusiones al texto de Dante
diseminadas en el cuento han suscitado una importante y merecida fascinaci?n,
a tal punto que es ya casi imposible una lectura de este cuento sin una incorpora
ci?n intertextual de la obra de Dante. Desde varios niveles de la estructura
narrativa se ha estudiado la influencia de la Comedia en el "El aleph." Para
algunos cr?ticos (Bell-Villada, Rodr?guez Monegal Borges: una biograf?a, Thiem),
el personaje Beatriz Viterbo de Borges evoca el amor imposible de Dante por
Beatriz Portinari. Se ha insinuado tambi?n que Borges ha transformado
deliberada y sutilmente el personaje de Dante en una ramera (Calinescu 10;
revista canadiense de estudios hisp?nicos Vol XXVII, 2 2003
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Carlos 40-41; Devoto 285-86). Considerar "El aleph" como una "miniaturiza
ci?n" de la cl?sica obra de la literatura italiana - el gran volumen de los versos
de la Comedia reducido a unas cuantas p?ginas (Almeida 86; Rodr?guez Monegal
Borges: una biografia 374) - ser?a, sin duda, una interpretaci?n justa del poder
par?dico y sint?tico de la escritura de Borges. Sin embargo, aun incorporando
la incontestable presencia de Dante en un an?lisis del cuento, no todo en "El
aleph" se puede asociar con algunos de los temas relacionados con la obra del
florentino. En efecto, un estudio de "El aleph" puede tambi?n revelar una
tensi?n m?s compleja entre la dimensi?n po?tica y la narrativa en la creaci?n
literaria del escritor argentino.
En las letras hispanoamericanas varios escritores se han destacado tanto en
la prosa como en la poes?a. El cubano Jos? Lezama Lima alcanz? un perdurable
reconocimiento con sus ensayos - La expresi?n americana (1957), entre otros -
por sus novelas, principalmente Paradiso, y, por supuesto, tambi?n por su
considerable producci?n po?tica. El poeta mexicano Octavio Paz incursion? con
mucha resonancia en el terreno del ensayo y su obra El laberinto de la soledad
(1954) es seguramente uno de los an?lisis m?s estudiados y discutidos de las letras
hispanoamericanas. En Hispanoam?rica, sin embargo, quiz? nadie como Borges
ha combinado tan magistralmente el arte de la poes?a y de la prosa; sobre todo,
si se considera que en la obra de Borges el ensayo, el cuento y hasta cierto punto
la poes?a son g?neros que si no borran totalmente sus fronteras sostienen una
relaci?n bastante estrecha y compleja, aunque no necesariamente siempre en
perfecta armon?a. Por lo tanto, analizar "El aleph" indagando la tensi?n entre
Carlos Argentino Daneri y el narrador llamado Borges - en el fondo, entre el
poeta y el escritor de prosa - arroja una reflexi?n importante sobre estos dos
aspectos de la vida literaria de su autor. Al aproximarse al texto estudiando esta
tensi?n, "El aleph" no figura s?lo como un juego metafisico, una parodia de
ciertos temas y estructuras de la Comedia o como un cuento fant?stico sino
tambi?n como una historia que encierra una meditaci?n personal, a veces
mordazmente ir?nica, en uno de los momentos m?s cr?ticos de la creaci?n
literaria de Borges. En este sentido, este trabajo se propone analizar el cuento
como una suerte de ensayo con el cual se pretende revelar algunas de las
tensiones literarias que exist?an en Borges durante esta ?poca en la que se destaca
especialmente su producci?n como escritor de prosa.
DANERI Y EL JOVEN BORGES
"El aleph" se puede dividir en cuatro partes. En las primeras p?ginas, un
narrador llamado Borges describe lac?nica y nost?lgicamente a su difunta
amada, Beatriz Viterbo; luego se narra el encuentro con Carlos Argentino
Daneri, la lectura que ?ste hace a Borges de algunos versos de su poema La tierra,
as? como los comentarios cr?ticos del narrador sobre la pretenciosa obra de
Daneri. En tercer lugar figura la invitaci?n de Daneri a Borges para que vea el
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aleph y en seguida el lector accede al punto culminante de la narraci?n, que
consiste en la descripci?n que el narrador hace de este objeto fant?stico. Aunque
agregada en una edici?n posterior (1952), el cuento termina con una posdata en
la que se sugiere la falsa naturaleza del aleph de la casa de Daneri y se propone
la probable existencia de otro aleph, en una mezquita en el Cairo.
Aunque las cuatro partes constituyen una estructura muy l?gica dentro del
cuerpo del cuento, la segunda, es la m?s ir?nica. Es tambi?n la m?s parad?jica,
sobre todo, si se considera la integraci?n intertextual de la Comedia y, adem?s,
es en esta parte que se establece la rivalidad entre el narrador y Daneri. Del
encuentro entre estos dos personajes se desprende a primera vista el ataque
mordaz de Borges contra el arte po?tico de Daneri, cuyo interminable poema,
La tierra, que aspira a representar cada esquina del planeta, se presenta como
tedioso y los comentarios elogiosos de Daneri como pat?ticos. Entre algunas de
las interpretaciones m?s convincentes de estos ataques se ha visto la cr?tica de
Borges contra la mala poes?a y sobre todo contra el c?rculo cultural oficial de
Buenos Aires, en los a?os cuarenta. Como se sabe, Borges present? en 1942 la
colecci?n de cuentos El jard?n de senderos que se bifurcan (1941) en el concurso
nacional de literatura; pese a la superior calidad de la obra de Borges, el premio
fue otorgado a un escritor de segunda categor?a. La decisi?n del jurado provoc?
la publicaci?n de una protesta ("Desagravio a Borges") en la revista Sur, firmada
por veinti?n escritores. En la menci?n en la posdata del premio que recibe
Daneri y el rechazo de la obra del narrador "Los naipes del tah?r," se ha visto
una referencia directa en el cuento a la desafortunada e inmerecida suerte que
recibi? Borges con su colecci?n. Aunque esta interpretaci?n es sin duda
convincente y l?gica, el personaje de Daneri, como poeta, as? como su manifiesta
rivalidad con el narrador pueden evocar, sin embargo, algo m?s importante que
un simple ajuste de cuentas. Primero, porque, curiosamente, la parte en la que
se destaca la obra po?tica de Daneri es excesivamente larga para s?lo aludir a este
desafortunado rechazo que Borges recibi? del c?rculo cultural de Buenos Aires.
Segundo, porque se ha visto que el nombre de Carlos Argentino Daneri es una
discreta alusi?n a Dante Alighieri. Se podr?a suponer por lo tanto que existe una
asociaci?n entre el arte del florentino y de Daneri, pero esto quiz? Borges no
habr?a osado insinuar - ni l?gica ni par?dicamente - debido al privilegiado lugar
que ocupaba Dante entre sus escritores favoritos. En m?s de una ocasi?n, ?l
sostuvo que si le tocara hacer frente al aterrador dilema de salvar un solo libro,
incuestionablemente para ?l, ?ste ser?a la Divina comedia (Cort?nez 86). El
problema de la asociaci?n entre Daneri y Dante se ha tratado de resolver de
diferentes maneras. Para establecer una coherencia entre Carlos Argentino
Daneri y la Comedia, Alberto J. Carlos propone, por ejemplo, vincular al
personaje del cuento de Borges con Carlos de Valois, responsable del destierro
de Dante de Florencia y quien figura tambi?n en la Comedia en t?rminos poco
elogiosos (37-40). Aunque este v?nculo nos remite a la obra de Dante, esta
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asociaci?n crea otra contradicci?n: la irreconciliable disparidad entre la vocaci?n
o pretensi?n de poeta de Daneri y la de Carlos de Valois, un fustrado aspirante
a la corona de varios reinos europeos. Carlos trata de disipar esta contradicci?n
insinuando una correspondencia entre la ambiciosa obra de Daneri y las
diferentes partes de la Comedia (39-40). Esta asociaci?n, sin embargo, nos vuelve
a remitir l?gicamente a Dante y no a Carlos de Valois. Por su parte, Ivan
Almeida le da una dimensi?n m?s compleja a Daneri: "Certains traits de Daneri
sont, circonstanciellement, ceux de Borges, ceux de Borges lui-m?me. Il est ? la
fois Dante, Virgil, Bardi et Borges. Les deux personnages masculins sont, donc,
hybrides" (86). Si se explora m?s cuidadosamente este estado h?brido de Daneri,
el cuento sugiere que este personaje esconde bastante bien a otro, a otro Borges.
As?, la rivalidad entre el primo de Beatriz Viterbo y el narrador llamado Borges
ser?a en realidad la alusi?n a una compleja discordia dentro del mismo Borges.
Para entender esta discordia hay que estudiar la importancia y grandeza que
Dante merece para el escritor argentino.
Borges ha subrayado en m?s de una ocasi?n su desinter?s en crear personajes
y, por el contrario, ha manifestado que en todos sus cuentos su presencia se
esconde sutilmente en diferentes formas: "But I never created a character. It's
always me, subtly disguised. No, I can't invent anyone - I'm not Dickens, I'm
not Balzac -1 can't invent people. I'm always myself, the same self in different
times or places, but always, irreparably, incurably, myself" (Cortinez 57). A?os
m?s tarde, refiri?ndose a Dante, Borges describe con estas palabras la tarea del
poeta:
El poeta es cada uno de los hombres de su mundo ficticio, es cada soplo y cada pormenor.
Una de sus tareas, no la m?s f?cil, es ocultar o disimular esa omnipresencia. El problema
era singularmente arduo en el caso de Dante, obligado por el car?cter de su poema a
adjudicar la gloria o la perdici?n, sin que pudieran advertir los lectores que la Justicia que
emit?a los fallos era, en ?ltimo t?rmino, ?l mismo. Para conseguir ese fin, se incluy? como
personaje de la Comedia, (ni, 346)
Aunque estas declaraciones podr?an ser suficientes para asociar a Daneri con
el autor del cuento, hay otros discretos indicios que definitivamente refuerzan
esta interpretaci?n. Algunas informaciones biogr?ficas de Daneri, sutilmente
disueltas en el texto, nos refieren a veces directamente a momentos de la vida de
Borges o que curiosamente Borges comparte con el primo de Beatriz Viterbo.
Entre estos indicios figura la descripci?n del trabajo de Daneri: "ejerce no s? qu?
cargo de subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del Sur" (1, 618).
Descripci?n no muy lejana del puesto que Borges ocupaba cuando descubri? la
fuerza po?tica de Dante, en los a?os que precedieron la escritura de los cuentos
que le hicieron famoso: "Yo estaba empleado en una biblioteca del barrio de
Almagro. Viv?a en Las Heras y Pueyrred?n, ten?a que recorrer en lentos y
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solitarios tranv?as el largo trecho que desde ese barrio del Norte va hasta
Almagro Sur, a una biblioteca situada en la Avenida La Plata y Carlos Calvo"
(ni, 208).
No obstante, los detalles con los que Borges construye a Daneri son a veces
problem?ticos y quiz? s?lo consider?ndolos con el esp?ritu de simultaneidad del
aleph pueden ser mejor apreciados. De acuerdo con el narrador, Daneri "recibi?
el Segundo Premio Nacional de Literatura. El primero fue otorgado al doctor
Aita; el tercero, al doctor Mario Bonfanti; incre?blemente, mi obra Los naipes del
tah?r no logr? un solo voto" (1, 626-27). Como ya se ha mencionado, se ha visto
en esta alusi?n una referencia directa contra el agravio que sufri? Borges en 1942.
Algunos detalles, sin embargo, rompen deliberadamente con una lectura un?voca
de ese desafortunado acontecimiento. Considerando que la posdata es posterior
al agravio que sufri? Borges, es curioso que ?ste afirme que su colecci?n no
recibi? ning?n voto, puesto que en realidad s? mereci? la aprobaci?n de un
miembro del jurado, Alvaro Meli?n Lanifur y del amigo de Borges, Eduardo
Mellea, en calidad de miembro de la Comisi?n Nacional de Cultura (Bastos 137).
Por lo tanto, esta incongruencia en vez de contribuir a crear una alusi?n directa
con el incidente, la deshace. Por otra parte, y quiz? a?n m?s sugestivo, Borges
evoca dos veces su producci?n literaria juvenil, asociada con los movimientos
vanguardistas de principio del siglo xx, y de los cuales ?l fue uno de sus
fervientes impulsores - especialmente del ultra?smo - y m?s tarde uno de sus
m?s feroces detractores. La primera referencia consiste en la menci?n de Los
naipes del tah?r (1920?). Esta obra, una colecci?n de ensayos literarios, pol?ticos
y posiblemente de cuentos, fue destruida - de acuerdo con Marcos-Ricardo
Barnat?n - por Borges en 1921 junto con el poemario Salmos rojos antes de salir
de Espa?a para Argentina. As?, ser?a dif?cil y parad?jico justificar una asociaci?n
de Los naipes del tah?r con El jard?n de los senderos que se bifurcan. La segunda
informaci?n en el cuento que evocar?a al joven Borges consiste en la menci?n del
segundo premio atribuido a Daneri por su poema La tierra. Curiosamente, de
acuerdo con la posdata, la "Editorial Procusto," no dej?ndose "arredrar por la
longitud del considerable poema," decidi? lanzar al mercado s?lo una selecci?n
de "trozos argentinos" del poema de Daneri (1, 626). Algo parecido le pas? a
Borges en 1928, cuando gan? con su colecci?n El idioma de los argentinos el
segundo premio municipal de prosa, y en 1929, con Cuadernos de San Mart?n, el
segundo premio municipal de poes?a de la cuidad de Buenos Aires. Su primera
colecci?n premiada corri? casi el mismo destino de Los naipes del tah?r, Borges
se opuso posteriormente a que se publicara y por ello no aparece en sus Obras
completas. En cuanto a Cuadernos de San Mart?n, Luna de enfrente (1925) y Fervor
de Buenos Aires (1923), obras asociadas con su ?poca ultra?sta, gozan, por otra
parte, de coincidencias muy sugestivas con los "trozos argentinos" de la obra de
Daneri.1
Seg?n el narrador, el poema La tierra de Daneri tiene la ambici?n de:
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versificar toda la redondez del planeta; en 1941 ya hab?a despachado unas hect?reas del
Estado de Queensland, m?s de un kil?metro del curso del Ob, un gas?metro al norte de
Veracruz, las principales casas del comercio de la parroquia de la Concepci?n, la Quinta
de Mariana Cambaceres de Alvar en la calle Once de Septiembre, en Belgrano, y un
establecimiento de ba?os turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton. (1, 620)
La ambici?n de Borges en su primera producci?n l?rica tal vez sea menos
ostentosa, pero no muy diferente de la de Carlos Argentino Daneri. Las tres
colecciones de poemas publicadas en los a?os veinte abundan en referencias
topogr?ficas de Buenos Aires. As?, la primera colecci?n Fervor de Buenos Aires
comienza con un poema titulado "Las calles" que termina enunciando un
prop?sito descriptivo muy parecido al de la obra de Daneri:
Hacia el Oeste, el Norte y el Sur
Se han desplegado - y son tambi?n la patria - las calles;
Ojal? en los versos que trazo
Est?n esas banderas. (1,17)
Aunque en Fervor de Buenos Aires el impulso de los poemas no es s?lo descripti
vo sino tambi?n intimista (v?anse poemas como "Despedida" y "Ausencia"), este
poemario est? lleno de patios, jardines y barrios. Adem?s, como apunta Ana
Mar?a Barrenechea, el car?cter localista y descriptivo se acent?a a?n m?s en los
otros dos poemarios: Luna de enfrentey Cuadernos de San Mart?n (13). De hecho,
Buenos Aires aparece como una:
Ciudad de patios c?ncavos como c?ntaros
Y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
A mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
Y arrabales azules, hechos de firmamento. ( 1, 73)
Hay un poema a una "Calle con almac?n rosado," una "Eleg?a de los portones,"
y a?n m?s, existen digresiones geogr?ficas que apuntan en la misma direcci?n
que la del ambicioso proyecto planetario de Daneri. Por ejemplo, en Luna de
enfrente se incluye un poema a Dakar y otro a Montevideo. Daneri y el Borges
ultra?sta tambi?n comparten algo m?s: una reivindicaci?n del hombre moderno.
As?, ir?nicamente, hace hablar Borges a Daneri:
... emprendi?, al cabo de unas copas, una vindicaci?n del hombre moderno.
?Lo evoco? dijo con una animaci?n algo inexplicable ?en su gabinete de estudio,
como si dij?ramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de tel?fonos, de
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tel?grafos, de fon?grafos, de aparatos de radiofon?a, de cinemat?grafos, de linternas
m?gicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines ...
Observ? que para un hombre as? facultado el acto de viajar era in?til; nuestro siglo xx
hab?a transformado la f?bula de Mahoma y de la monta?a; las monta?as, ahora,
converg?an sobre el moderno Mahoma.
Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa y tan vasta su exposici?n, que las
relacion? inmediatamente con la literatura. ( i, 618)
Por lo tanto, no es de extra?ar que las palabras cr?ticas con las que termina esta
cita del cuento coincidan con el principio del Pr?logo escrito por Borges a?os
m?s tarde (1969) en ocasi?n de otra edici?n de Luna de enfrente: "Hacia 1905,
Hermann Bahr decidi?: El ?nico deber, ser moderno. Veintitantos a?os despu?s,
yo me impuse tambi?n esa obligaci?n del todo superflua. Ser moderno es ser
contempor?neo, ser actual; todos fatalmente lo somos" (1, 55).
Daneri recoge tambi?n la obsesi?n por la novedad que tanto fascin? al Borges
ultra?sta: "?y que me dices de ese hallazgo, hlanquicelestei El pintoresco neologis
mo sugiere el cielo, que es un factor important?simo del paisaje australiano" (1,
621). En efecto, este "hallazgo" hace pensar en los adjetivos y palabras de su
invenci?n tan utilizados por Borges en sus cartas de escritor ultra?sta. Por
ejemplo, en una misiva del 29 de mayo de 1922 se destacan estas palabras:
ujudantescay y "marm?reamente cl?sico" (Meneses 72 y 71). Cuando se refiere -
de acuerdo con Carlos Meneses - a su plan de escribir Fervor de Buenos Aires, lo
describe con estas palabras: "Sigo escribiendo el libro metaf?sico-l?rico
gualicheante-confesional, que pienso imprimir all? en la tierra de don Arturo,
alias Schopenhauer" (Meneses 71). Asimismo, la obsesi?n de Daneri de justificar
pomposamente la novedad de su proyecto no deja de hacer recordar el ostentoso
credo de los manifiestos ultra?stas y su fervor por la obliteraci?n de todo lo viejo
para crear una po?tica totalmente nueva (v?ase la compilaci?n de documentos
ultra?stas editada por Paul Ilie).
RUPTURA CON LA POES?A
Despu?s de Cuadernos de San Mart?n, Borges abandona por muchos a?os la
poes?a y en forma irrevocable se consolida su ruptura con la po?tica vanguardis
ta. Se ha estudiado poco las ra?ces y consecuencias de esta ruptura, que ha
quedado tan bien ficcionalizada en "El aleph." Para explicarla se puede recurrir
a la teor?a freudiana formulada por Harold Bloom en The Anxiety of Influence.
As?, el rechazo de Borges de su ?poca ultra?sta ser?a el paso, subliminalmente
normal de lo que Bloom llama de un movimiento Askesis (en el caso de Borges,
sus a?os ultra?stas) hacia una etapa dominada por la Apopharades, en la que el
o los precursores del poeta ya no son negados sino m?s bien aceptados. Sin duda,
habr?n sido varios los factores que incidieron en la reevaluaci?n de Borges de la
po?tica ultra?sta. Tratando de no limitarnos s?lo a una interpretaci?n inspirada
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por el sistema de Bloom, exploraremos tres razones que seguramente tuvieron
una incidencia determinante en la consolidaci?n de esta ruptura. Para ello se
destacar? la constataci?n que poco a poco hace Borges de los l?mites de la po?tica
ultra?sta y de las vanguardias en general; tambi?n se examinar? el descubrimiento
de la fuerza po?tica de Dante que contribuy? much?simo a que Borges tomara
sus distancias no s?lo frente a las posiciones ultra?stas sino frente a la misma
poes?a; y, por ?ltimo, analizaremos el ascenso de Borges como escritor de prosa
y c?mo este desarrollo tambi?n contribuy? a alterar dram?ticamente su
concepto de literatura.
En "El aleph," el di?logo entre Borges y Daneri expresa ciertas tensiones
propias a las cr?ticas de la po?tica vanguardista que reivindicaba el joven Borges.
?Hasta d?nde y en qu? momento consider? Borges que el camino po?tico
emprendido y practicado en Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente y Cuadernos
de San Mart?n s?lo lo llevar?a a escribir un poema como La tierra, de Daneri?
Aunque dif?cil de responder a esta pregunta, s? se pueden desprender algunas
conclusiones del acerbo ataque del narrador contra la pomposa pretensi?n de
Daneri, sobre todo, respecto a la novedad de su proyecto. Contrariamente al
credo ultra?sta de la novedad en la creaci?n, el narrador avanza su creencia de
que toda obra literaria es en realidad hasta cierto punto tautol?gica, principio
que caracteriza la obra del Borges consagrado. Para el narrador, el poema La
tierra no s?lo no es original sino que tambi?n mucho menos interesante que el
Polyolbion, "esa epopeya topogr?fica en la que Michael Drayton registr? la fauna,
la hidrograf?a, la orograf?a, la historia militar y mon?stica de Inglaterra; estoy
seguro que ese producto considerable, pero limitado es menos tedioso que la
vasta empresa cong?nere de Carlos Argentino" (i, 620). Adem?s de mostrar la
ruptura con el credo vanguardista, el escepticismo de Borges sobre la originali
dad no s?lo tiene repercusiones po?ticas o filos?ficas sino tambi?n pragm?ticas.
La b?squeda a toda costa de la novedad promovida por el movimiento ultra?sta,
destinaba - como apunta Ana Mar?a Barrenechea - a los poetas a representar lo
nuevo privilegiando lo vern?culo. As?, "unos lo hicieron en el camino ya
tradicional de la llanura y la vida del gaucho, Borges en el Buenos Aires de casas
bajas y calles que se pierden en la distancia." Para estos poetas la m?xima gloria
"era descubrir asuntos in?ditos en el arte, dar vida literaria a objetos antes no
vistos por los poetas" (13). Pero en alg?n momento, Borges comprendi? que el
camino aparentemente inexhausto de la novedad ten?a insospechados l?mites.
Aunque, de acuerdo con Jorge Ruffinelli, Borges "comenz? [en 1927] a abjurar
del ultra?smo" (156), ya en 1919 se detecta cierta insatisfacci?n por la monoton?a
de sus poemas, como da testimonio una de sus cartas: "Sigo escribiendo versos,
pero iguales a los de siempre: ponientes, calles, y lo dem?s" (Meneses 77). En
alg?n momento Borges comprendi? que el desprecio por el repertorio de las
met?foras de la literatura universal, particularmente europea, carec?a de sentido
puesto que esta adhesi?n a toda costa a la novedad lo llevar?a a coger el camino
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experimental de Carlos Argentino Daneri. De acuerdo con el narrador de "El
aleph," Daneri ten?a ya bien trazado su itinerario po?tico: despu?s de su poema
La tierra, con su "afortunada pluma (no entorpecida ya por el Aleph) ," se
consagrar?a a la empresa innovadora aunque insignificante de "versificar los
ep?tomes del doctor Acevedo D?az" (i, 627). Despu?s de constatar la "equivoca
ci?n ultra?sta," el abandono de la l?rica - desde la publicaci?n de Cuadernos de
San Mart?n en 1929 hasta la aparici?n en i960 de El hacedor, una colecci?n de
prosa y poemas - parece bastante comprensible porque, despu?s de todo, Borges
naci? como poeta en la cuna del ultra?smo espa?ol.
No obstante, el rechazo de la po?tica ultra?sta no significa de ning?n modo
el abandono de la experimentaci?n. En efecto, Borges - como afirma Umberto
Eco - comparte con Joyce, aunque con sustantivas diferencias, la pr?ctica de
abordar el lenguaje y la cultura universal como terreno de juego (57).2
Desde una perspectiva inesperada, Borges descubre un magn?fico nivel de
experimentaci?n en la Comedia. El mismo Borges afirma que "su comercio
personal con la Comedia" comenz? relativamente tarde - aproximaba ya sus
cuarenta a?os - cuando estaba empleado en una biblioteca del barrio Almagro
(no fue hasta el a?o de 1937 que inici? este empleo). El sumo inter?s del escritor
argentino por la obra del florentino se ha manifestado tanto en poemas como en
ensayos - Nueve ensayos dantescos (1982), que no incluye una pieza anterior "La
divina comedia." En estas obras cr?ticas posteriores a "El aleph," Borges describe
la obra de Dante utilizando algunas de las m?s ut?picas y fant?sticas im?genes
de sus ficciones: "He fantaseado una obra m?gica, una l?mina que tambi?n fuera
un microcosmos; el poema de Dante es esa l?mina de ?mbito universal" (ni,
343). Basta recordar la biblioteca de Borges de su cuento "La biblioteca de Babel"
(1, 465-71) o el libro sugerido por Letizia ?lvarez de Toledo en una nota al final
de esta misma historia.3 Asimismo, como apunta Ivan Almeida (87), el aleph (el
objeto fant?stico del s?tano de Carlos Argentino Daneri), que se inspira a la vez
de la descripci?n que Dante hace de Dios en el Para?so (Thiem 100-01), le sirve
a Borges para describir la Divina comedia. Curiosamente el uso de algunas de las
mejores im?genes de su ficci?n para describir la obra de Dante sea quiz? el
reconocimiento m?s discreto de la deuda con la Comedia ya que a todas luces la
admiraci?n que Borges sinti? para Dante se ha manifestado en algunos poemas,
y especialmente en los ensayos, particularmente de la d?cada de los 80. Sin
embargo, pese a que varios cr?ticos han visto la influencia del florentino en sus
cuentos, Borges neg? consistentemente esta presencia, hecho inexplicable sobre
todo cuando se refer?a al cuento m?s dantesco de su producci?n, "El aleph."4
La relaci?n entre Borges y Dante es definitivamente compleja, si se considera
sobre todo la elegancia con que Dante trata a sus precursores y qu? tanto parece
haber impresionado a Borges. Con mucha raz?n se ha insinuado que la
reticencia de Borges de reconocer una integraci?n intertextual consciente de la
Comedia en "El aleph" constituye una prueba irrefutable de su "anxiety of
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316
influence." Por otra parte, se han sugerido varias razones para explicar esta
consistente negaci?n de Borges. Recurriendo a un an?lisis Freudiano, Emir
Rodr?guez Monegal considera, por ejemplo, en "Borges and Derrida: Apotheca
ries," que el rechazo de Borges de la presencia de Dante en sus cuentos confirma
una tendencia del escritor que s?lo reconoce las influencias anglosajonas,
asociadas con la literatura preferida de su padre.5 Por su lado, Jon Thiem sugiere,
echando mano a la noci?n metaf?sica de Borges sobre la autor?a, que debido a
que para el escritor argentino "to be a writer means obligatory participation in
an aleph of authorship. In other words, all authors are, wittingly or not, the
avatars of one Universal Author, timeless and anonymous"; en este sentido, y
teniendo en cuenta que tanto la personalidad y el tiempo mismo son ilusorios,
"the anxious competition for literary priority, originality, and influence are futile
and come to nothing" (117).6 De hecho, en principio, Borges estimar?a adecuado
utilizar este postulado para deshacerse de la preocupaci?n de sus estudiosos
sobre la influencia de Dante en "El aleph." Adem?s, su admiraci?n por el poeta
florentino es quiz? sin paralelo entre sus autores predilectos.7 Proponemos, por
lo tanto, una variaci?n interpretativa sobre este complejo problema de la
influencia de Dante en la que se invierte el esquema sugerido por Bloom.
LA IMAGEN DE UN ESPEIO INVERTIDO.
Si con raz?n se ha visto una resonancia de Dante Alighieri en el nombre del
personaje Carlos Argentino Daneri,8 sugerimos, que la correspondencia es la
imagen que surge de un espejo invertido.9 A trav?s de los ojos de Dante, Borges
se ve a ?l mismo como el pretencioso Argentino Daneri, un poeta con una
incre?ble ambici?n, pero con escaso talento. En otras palabras, al descubrir la
fuerza po?tica del italiano, Borges confirma que su mejor producci?n po?tica
hasta aquel momento estaba m?s cargada de la pretensi?n del credo ultra?sta que
de buena poes?a. No se trata entonces de esconder el influjo de Dante en Borges
sino m?s bien de ocultar la devastadora revelaci?n de esta asim?trica compara
ci?n con el riguroso nivel po?tico de la Divina comedia.
Para comprender mejor esta relaci?n asim?trica entre la obra del joven Borges
y la obra del florentino que esconde el cuento y c?mo se invierte la imagen de
"the anxiety of influence" de Bloom se debe considerar el papel de los precurso
res en la Comedia. Al leer esta obra, Borges se impresiona de especial manera de
c?mo Dante se relaciona con sus predecesores: "Homero, Horacio y Lucano son
proyecciones o figuraciones de Dante, que se sab?a no inferior a esos grandes, en
acto o en potencia. Son tipos de lo que ya era Dante, para s? mismo y previsible
mente ser?a para otros: un famoso poeta" (111, 350), y Virgilio siempre es para
Dante su Maestro, aunque para Borges, el ep?gono es a todas luces superior al
m?s ilustre poeta de la civilizaci?n romana.
Esta relaci?n con los precursores, de acuerdo con Harold Bloom, es
sintom?tica de una ?poca que se extiende desde Homero hasta Shakespeare en
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317
la que los poetas "in their innermost natures" pensaron que la influencia era
generosa. Como ejemplo paradigm?tico de esta noci?n, seg?n Bloom, se halla
"Dante and his relation to his precursor Virgil, who moved his ephebe only to
love and emulation and not to anxiety" (122).
Aunque Bloom se refiere a esta generosa y sana relaci?n entre Dante y
Virgilio, tambi?n afirma que en la Comedia existe "an ancestor of every
subsequent askesis undergone by the strong poet" (122). Para llegar a esta
conclusion, Bloom se basa en un an?lisis de John Freccer?. De acuerdo con
Freccer?, es despu?s de la desaparici?n de Virgilio que "the greatest number of
Virgilian echoes appear, including the only direct quotation of Virgil in the
poem (in Latin), all of them deliberately skewed" (Bloom 122-23). De hecho, este
movimiento de askesis en este episodio de la obra de Dante no se puede
establecer con tanta certidumbre como lo sugiere Bloom. Para Borges, por
ejemplo, esta observaci?n no ser?a un caso de "great sublimination" sino m?s
bien un sublime recurso de subversi?n teol?gica ya que para Borges est? claro
que la relaci?n entre Dante y Virgilio conlleva un serio problema de orden
religioso:
Desde el comienzo del infierno [Dante] sabe que Virgilio es un alma perdida, un r?probo;
cuando Virgilio le dice que no podr? acompa?arlo m?s all? del Purgatorio, siente que el
latino ser? para siempre un habitante del terrible nobile castello donde est?n las grandes
sombras de los grandes muertos de la Antig?edad, los que por ignorancia invencible no
alcanzaron la palabra de Cristo ... En ese mismo momento, Dante dice: Tu duca; tu,
signore; tu, maestro... Para cubrir ese momento, Dante lo saluda con palabras magn?ficas
y le habla del largo estudio y del gran amor que le han hecho buscar su volumen y
siempre se mantiene esa relaci?n entre los dos. (111, 213)
As? que con esta abundancia de referencias a Virgilio despu?s de que ?ste
desaparece, Dante, de hecho, hace sutilmente penetrar a su maestro en las esferas
que le est?n prohibidas, en la morada donde el peregrino va a encontrar a su
inefable Beatriz; la fidelidad de Dante a Virgilio alcanza de esta forma su punto
incuestionablemente m?s alto.
Si la imagen del espejo invertido que hemos descrito es v?lida, en la relaci?n
entre Borges y Dante hay tambi?n una inversi?n de este complejo fen?meno de
"the anxiety of influence." La lectura y estudio de Dante le hace ver a Borges que
?l, como poeta ultra?sta, no llega ni siquiera a ser un "strong poet," para utilizar
los t?rminos de Bloom, sino m?s bien el contrario, un poeta menor que no tiene
el talento para rebelarse contra Dante, ni mucho menos para tratarlo con
elegancia, y colmarlo con un magn?fico tributo, como lo manifiesta Dante con
sus admirados poetas.10
En esta representaci?n de sus a?os de poeta vanguardista a trav?s del
personaje Daner i, el an?lisis inspirado por el esquema de Bloom no es suficiente
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318
para interpretar los diferentes aspectos de la tensi?n por la que pas? Borges en
la d?cada de los treinta. De hecho, hay un ?ngulo quiz? todav?a m?s importante
relacionado con su trayectoria de prosista que puede ser muy ?til para
comprender el camino literario que emprende el escritor argentino.
LA PROSA Y EL NUEVO CONCEPTO DE LITERATURA
En el momento de escribir la colecci?n de cuentos El alephy Borges hab?a
pr?cticamente abandonado la poes?a, dedic?ndose casi s?lo al ensayo y al cuento.
Existe un trecho mediado por diferentes circunstancias desde su nacimiento
como hombre de letras, en medio de la efervescencia de los movimientos
vanguardistas de principios del siglo xx, consagrando su quehacer po?tico a la
b?squeda de la novedad, hasta la imposici?n de su escepticismo que lo hizo
convencerse - y sin duda apreciar - del hecho de que todo proceso de creaci?n
literaria es tautol?gico. Se ha hecho referencia al cambio literario que Borges
experiment?, especialmente, a partir de su cuento "Pierre Menard, autor del
Quijote." Entre los factores que incidieron en ese cambio, Emir Rodr?guez
Monegal se?ala como ?pice dos acontecimientos en la vida del escritor. Echando
mano de Freud y algunos de sus disc?pulos posteriores (Lacan y Melanie Klein),
el cr?tico uruguayo vincula dos hechos para establecer el nacimiento de la nueva
escritura de Borges: "Educated by his father in the writer's calling, he has
practised as a son; in so doing he avoided parricide. But on the death of his
father in 1938, and after an accident on Christmas Eve of the same year, Borges
committed symbolic suicide in order to conceal the parricide and to be free to
begin writing his most important fictions" ("Borges and Derrida" 129). Aunque
de seguro estos dos acontecimientos tuvieron cierta incidencia en el cambio que
se destaca en las dos colecciones de cuentos que lo hicieron famoso, Ficciones y
El aleph, existen otros elementos que tambi?n se deben tomar en cuenta.
Durante los a?os a los que alude Rodr?guez Monegal (1937-1938) Borges
comienza lo que ?l denomina su "comercio personal con la Comedia" La lectura
de Dante le se?ala mejor el destino hacia donde se dirige, despu?s de haber
pasado por el entusiasmo juvenil del ultra?smo. En la Comedia descubre quiz?
la inmensa fuente de posibilidades de la tautolog?a en literatura. La asimilaci?n
y transformaci?n de la obra de Virgilio o la recreaci?n del mito de Ulises, "una
leyenda creada por Dante, una leyenda superior a cuanto encierran la Odisea y
la Eneida, o a cuanto encerrar? ese otro libro en que aparece Ulises y que se llama
Sindibad del Mar (Simbad el Marino), de Las mil y una noches" ( , 218), le
hacen apreciar el inmenso espacio que ofrece la tautolog?a para jugar con el
patrimonio de las met?foras universales, principalmente de la literatura europea.
Borges se da cuenta que la tautolog?a en Dante va acompa?ada de la variaci?n,
de la entonaci?n, o parafraseando una de sus l?neas m?s citadas, de la "diversa
entonaci?n de algunas met?foras": porque "sabemos lo que opina [Dante] no
por lo que dice sino por lo po?tico, por la entonaci?n, por la acentuaci?n de su
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319
lenguaje"; porque "tom? un gran verso de Virgilio y acaso lo mejor? traduci?n
dolo" (m, 212 y 220).
No obstante, atribuirle todo el peso del cambio - de ultra?sta a tautol?gico,
para utilizar una imagen - operado en la escritura y aproximaci?n de Borges a
la literatura al descubrimiento de la fuerza po?tica de Dante ser?a definitivamen
te tambi?n una posici?n muy fr?gil. Contrariamente a lo que Rodr?guez Monegal
sugiere, la transformaci?n de la escritura de Borges no fue tan s?bita como la que
puede provocar un suicidio por muy simb?lico que fuere. Habr? que darle cierto
cr?dito a Borges cuando afirma que su cambio comienza con la prosa y mucho
antes de la muerte de su padre y del accidente de Navidad. Naturalmente, el
vac?o que le dej? su abjuraci?n de la po?tica ultra?sta signific? un camino de
tanteos, una dram?tica situaci?n para un poeta que duda seriamente de su
capacidad po?tica. No es sorprendente por lo tanto que su b?squeda se haga en
el cuento y, sobre todo, en el terreno quiz? m?s seguro del ensayo. Despu?s del
desaforado entusiasmo por la novedad, Borges en efecto comienza su experi
mentaci?n en los dominios de la variaci?n, a explorar los amplios senderos de
la intertextualidad. De acuerdo con Borges, el verdadero comienzo de su carrera
como cuentista se inicia "with a series of sketches entitled Historia universal de
la infamia" la iron?a de este esfuerzo - siempre de acuerdo con Borges - es que
muchos de estos esbozos y
several of the fictional pieces which followed them, and which very slowly led me to
legitimate stories, were in the nature of hoaxes and pseudo-essays. In my Universal
History, I did not want to repeat what Marcel Schw?b had done in his Imaginary Lives.
He had invented biographies of real men about whom little or nothing is recorded. I,
instead, read up on the lives of known persons and then deliberately varied and distorted
them according to my whims ... ("An Autobiograbiografkal Essay" 239)
En realidad, contin?a Borges, ?l s?lo tuvo que tejer "sets of vivid variations."
Curiosamente, aun en plena ?poca ultra?sta, Borges sinti? que su prosa era
diferente, m?s cl?sica y barroca. En una encuesta entre los poetas j?venes
originada por la revista argentina Nosotros, publicada en 1923, Borges subraya
esta diferencia: "En lo ata?ente a la l?rica, herm?name con un conjunto de poetas
la tendencia ultra?sta, ya por m? bastantemente voceada y apuntalada de teor?as.
Acerca de la prosa, estoy m?s solo. Confieso mi dilecci?n por la sintaxis cl?sica
y las frases complejas como ej?rcitos: antiguallas que a pesar de su riguroso
esplendor, son reverencia de pocos" (Del Carril 389-90). Despu?s de decantar
poco a poco su prosa hasta deshacerse de las frases "complejas como ej?rcitos,"
el estilo del escritor busca m?s y m?s, hasta conseguirlo, una simplicidad
sorprendente. Parad?jicamente, sin embargo, su escritura se va complejizando
al tiempo que "el meta-saber" - retomando el t?rmino de Wladimir Krysinski
- incrementa tanto en sus ensayos como en sus cuentos y posteriormente en su
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320
poes?a.11 Esta tensi?n entre el l?rico ultra?sta y el prosista en pleno ejercicio del
perfeccionamiento de su estilo y del dominio l?dico del meta-saber que le
brindan las met?foras principalmente de la cultura occidental es evocada en "El
aleph" con singular maestr?a e iron?a.
Tras la demolici?n del inmueble de la calle Garay, la afortunada pluma de
Daneri, afirma el narrador, continuar? versificando sin ser "entorpecida por el
Aleph" (i, 627). H?bil declaraci?n deslizada en la postdata de 1952, pero se trata
de un gran gesto de prestidigitaci?n, ya que quien realmente est? escribiendo
bajo la influencia del aleph es definitivamente Borges, y lo que escribe es el
cuento que el lector tiene en sus manos, que adem?s sirve como t?tulo aglutina
dor de toda la colecci?n.
La noticia de la demolici?n del aleph se acompa?a de dos observaciones: una
sobre "la naturaleza del Aleph; otra, sobre su nombre" y una declaraci?n con la
que el narrador afirma que cree que el "Aleph de la calle Garay era un falso
Aleph" para luego extenderse en un despliegue de su erudici?n para sustentar tal
afirmaci?n. Con esta posdata agregada tres a?os m?s tarde de la versi?n de 1949,
en la cual hab?a quedado en el limbo el problema de la demolici?n del inmueble
que conten?a este objeto fant?stico, ?habr? querido insinuar Borges el definitivo
y contundente entierro de su po?tica juvenil? Dif?cil tal vez de concluir
categ?ricamente, pero con dos colecciones de cuentos El jard?n de los senderos
que se bifurcan (posteriormente aumentada y titulada Ficciones) y El aleph,
Borges pod?a estar seguro de que el rechazo a lo que ?l llam? su desacierto
ultra?sta ya no era cuesti?n de una adjuraci?n solamente te?rica.
Para explicar el regreso de Borges en los a?os sesenta a la poes?a se ha puesto
como raz?n la progresi?n de su ceguera cong?nita que le dificultaba el ejercicio
de la escritura de cuentos o ensayos largos. De hecho, la colecci?n El hacedor
(i960), compuesta de poemas y ensayos cortos confirmar?a tal hip?tesis. Sin
embargo, creemos que, luego de Ficciones, de El aleph y de su colecci?n de
ensayos Otras inquisiciones (1952), volver a uno de sus amores que con pasi?n
ejerci? en sus a?os mozos, y a todas luces, ya completamente liberado de los
vestigios del movimiento que lo vio nacer como poeta, se hac?a un paso
inevitable y l?gico.
La poes?a compuesta despu?s de Ficciones y de El aleph se circunscribe en lo
que se distingue ya como su otro concepto de literatura. ?ste se caracteriza por
aquello que Eco denomina la experimentaci?n en el orden de los "signifieds"
(59), porque de hecho en el orden de los "signifiers" Borges en ning?n momento
sustantivo de su b?squeda sinti? la necesidad de la experimentaci?n que
manifestaron tantos poetas como escritores de prosa (Joyce, Huidobro, Paz,
Cort?zar). Borges - como afirma Eco - "does not seem to have brought language
into question. We just need to read the plain prose of his essays, the grammati
cally traditional stucture of his stories, the relaxed and conversational clearness
of his poems" (58). Efectivamente, la visi?n de lenguaje de Borges era muy
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321
tradicional: "Un idioma - escribe en el pr?logo a 1 oro de los tigres' - es una
tradici?n, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de
s?mbolos" (i, 459).12
De hecho, la consecuencia inmediata del abandono del ultra?smo fue el
refugio de Borges en la tradici?n, que ?l encontr? magn?ficamente explotada por
Dante en la Comedia. Este refugio en la tradici?n lo llev? a su irreconciliable
desconfianza con la novedad. Esta sospecha alcanz? incluso la novedad que su
propia obra o escepticismo filos?fico podr?a insinuar. Para concluir y para
se?alar que este camino ya se vislumbraba en la colecci?n Los jardines de los
senderos que se bifurcan traer? a memoria el final del cuento "Tl?n, Uqbar, Orbis
Tertius": "Ya ha penetrado en las escuelas el (conjetural), 'idioma primitivo' de
Tl?n; ya la ense?anza de su historia armoniosa (y llena de episodios conmovedo
res) ha obliterado a la que presidi? mi ni?ez; ya en las memorias un pasado
ficticio ocupa el sitio de otro, del cual nada sabemos con certidumbre - ni
siquiera que es falso"; mientras tanto, el narrador llamado Borges, imperturba
ble, continuar? hurgando, como lo hizo Dante, las aparentemente infinitas
variaciones que la tradici?n puede ofrecer: "El mundo ser? Tl?n. Yo no hago
caso, yo sigo revisando en los quietos d?as del hotel Adrogu? una indecisa
traducci?n quevediana (que no pienso dar a la imprenta) del Urn Burial de
Browne" ( , 443).
Acaso en "El aleph" hayan quedado magistralmente representados, tanto por
su ironia corno por la fuerza con la que el escritor se mueve ya en otro concepto
de literatura y por su sutil ocultamiento, el amargo recuerdo del tiempo que
Borges sinti? haber perdido en su relativamente largo extrav?o (aproximadamen
te diez a?os) en la po?tica ultra?sta, as? como su implacable sospecha por las
diferentes formas de la novedad.
University of Western Ontario
NOTAS
i Existe una disputa sobre si Fervor de Buenos Aires es o no es ultra?sta. En
opini?n del propio Borges el poemario encierra esta ambig?edad: "As to
whether the poems in Fervor are ultraist or not, the answer - for me - was given
by my friend and French translator N?stor Ibarra, who said: 'Borges left off
being an ultraist poet with the first ultraist poem he wrote," ("An Autobiograp
hical Essay" 226-27). Consideraremos este poemario como ultra?sta no solo por
esta parad?jica respuesta - la que sirve muy bien a los intereses de Borges de su
distanciamiento posterior con el ultra?smo - sino tambi?n por la inclinaci?n de
Borges a asociar esta ?poca de su producci?n literaria como ultra?sta. Zunilda
Gertel afirma asimismo que "si bien ya en 1925 se advertir? el reconocimiento
del fracaso ultra?sta y el intento de nuevos valores en la creaci?n borgeiana,
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322
se?alamos el a?o 1929 como fecha de cierre de este ciclo, por considerar que
hasta entonces contin?an a?n vigentes algunos elementos ultra?stas" (46). Para
un resumen muy ?til sobre diferentes opiniones de la cr?tica en torno a la obra
ultra?sta de Borges, v?ase el art?culo de Jorge Ruffmelli (especialmente 158, n.4).
2 Eco sostiene que la diferencia entre Borges y Joyce radica en que mientras Joyce
juega con las palabras - refiri?ndose sobre todo a Finnegans Wake- Borges
juega principalmente con ideas, con los significados. As?, seg?n Eco, la diferen
cia experimental entre ambos escritores est? marcada por esta caracter?stica:
"The atomic elements of a word are roots, syllables and phonemes. We can
arrange sounds and obtain a neologism or a pun; we can also rearrange letters
and obtain the anagram - a cabalistic procedure whose magic Borges mastered.
On the other hand, the atomic element of ideas (of 'signifieds'), is always an
idea or another signified" (59).
3 En esta nota Borges agrega una observaci?n de Letizia sobre la inutilidad de la
vasta biblioteca y se propone la idea de un s?lo volumen infinito a lo cual el
narrador objeta no sin cierta iron?a: "El manejo de ese vademecum sedoso no
ser?a c?modo: cada hoja aparente se desdoblar?a en otras an?logas; la inconcebi
ble hoja central no tendr?a rev?s" (1, 471).
4 De acuerdo con Almeida, el tributo que Borges hace a Dante en "El aleph" no es
solamente una reelaboraci?n sino m?s bien una perversi?n ya que el movimien
to del viaje del narrador en el cuento se hace hacia abajo, dentro del sombr?o
interior del s?tano de la casa de Daneri, contrariamente al movimiento de
Dante de ascenso al para?so en la Comedia (89).
5 A menos que Borges haya tomado como posibles or?genes del aleph todas las
referencias - isl?micas, hebreas y latinas - que aparecen en la posdata del
cuento de la obra del prolifico explorador y escritor ingl?s Sir Richard E Burton
(1821-1890), cuya obra Borges conoc?a muy bien (v?ase "Los traductores de las
1001 noches. 1 El capit?n Burton" [1,397-406]) la explicaci?n de Rodr?guez
Monegal ser?a muy fr?gil. De hecho, antes de aparecer el nombre de Burton la
primera menci?n para situar el aleph es la C?bala. Adem?s, recu?rdese que
Borges abraz? el ultra?smo espa?ol como la influencia m?s importante en sus
inicios como poeta.
6 As? plantea Borges este problema al evocar la obra de Dante: "Un gran libro
como la Divina comedia no es el aislado o azaroso capricho de un individuo;
muchos hombres y muchas generaciones tendieron hacia ?l. Investigar sus
precursores no es incurrir en una miserable tarea de car?cter jur?dico o policial;
es indagar los movimientos, los tanteos, las aventuras, las vislumbres y las
premoniciones del esp?ritu humano" (ni, 363).
7 Como es sabido, Borges tuvo varios autores predilectos: adem?s de Chesterton,
Kafka, Stevenson y Browne, son varios los que menciona en sus escritos y
entrevistas. Aunque ser?a dif?cil determinar con precisi?n el grado de admira
ci?n que sinti? por cada uno de ellos, pienso que con ninguno manifest? el
abismo que lo separaba de la grandeza literaria como lo hizo con Dante. En una
entrevista con Osvaldo Ferrari, Borges se refiere curiosamente a un plan suyo de
escribir un cuento y muestra la impotencia para superar al florentino: "claro
que inventar el argumento ya ser?a imposible, pero la idea es linda: sabemos que
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Dante era esencialmente un hombre de letras, por qu? no suponer que se le
ocurri?, o mejor dicho, que descubri?, que entrevio un argumento para otro
poema. Si pudi?ramos llegar a esa idea, habr?amos hecho algo... ser?amos casi
Dante; porque, ?qu? puede escribirse despu?s de haber escrito 'La Divina
Comedia'?... Si pudi?ramos simplemente describir el argumento, tendr?amos
un cuento, muy lindo. Pero ese cuento s?lo podr?a escribirlo Dante" (239).
8 Las alusiones que se puedan desprender de este nombre ser?n siempre vulnera
bles. Tomo aqu? la equivalencia que ya Rodr?guez Monegal hizo entre Carlos
Argentino Daneri y Dante Alighieri para transformarlo en un Dante argentino
(Borges: una biograf?a 375). Por supuesto, contrariamente a Rodr?guez Monegal,
este Dante argentino para m? evoca al joven Borges, represent?ndose par?dica
mente a s? mismo. De esta forma, el argentino nos estar?a remitiendo a la m?s
"argentina" de su producci?n literaria, la de su ?poca ultra?sta. Se han propues
to otras posibilidades. Jean Franco sugiere, por ejemplo, que Daneri es el
imperfecto anagrama de Neruda. As?, la rivalidad entre el narrador, Borges, y
Daneri ser?a un reflejo - una suerte de ajuste de cuentas - de la conocida
hostilidad entre el poeta chileno comunista y el argentino conservador (354).
Aunque plausible, esta asociaci?n entra?a una doble debilidad: primero,
dif?cilmente el lector de Neruda puede hacer una correspondencia entre la
producci?n de Daneri y la del poeta chileno, quien ya hab?a escrito, entre otros,
dos magistrales poemarios Residencia en la tierra (1933 y 1935). Por mucho sesgo
ideol?gico de la parte de Borges no podr?a ridiculizarlos con la poes?a de
Daneri. Por ?ltimo, dudamos que para Borges esta disputa con el poeta chileno
haya tenido la importancia que le atribuye Franco. Adem?s, v?anse las declara
ciones de Borges a Richard B?rgin considerando a Neruda un excelente poeta
(en Rodr?guez Monegal Borges: una biograf?a 256).
9 Para un estudio sobre las construcciones de im?genes invertidas en los cuentos
de Borges, v?ase el estudio de Jaime Alazraki: Versiones. Inversiones. Reversiones:
el espejo como modelo estructural del relato en los cuentos de Borges.
10 Estoy consciente de que la inversi?n del esquema de Bloom tiene sus l?mites
para explicar los misterios de la influencia en el proceso de creaci?n y, especial
mente, la negaci?n de Borges de la incorporaci?n que hace de Dante en el
cuento. Tal vez habr?a que abandonar a Bloom para analizar a Borges. Con
mucho acierto, por ejemplo, Robin McAllister analiza este problema propo
niendo para estudiar el caso de Borges el hecho de que en todo acto de escritura
y lectura ocurre un abandono de las voluntades individuales del autor y del
lector ("Borges' Prisoner of Reading"). No obstante, creo que esta inversion
puede ser muy ?til para comprender la tensi?n que vivi? Borges durante esos
a?os en los que simult?neamente pasaba por el abandono y la cr?tica severa de
su po?tica ultra?sta, la b?squeda de otro concepto de literatura y el descubri
miento de la fuerza po?tica de Dante. De esta forma, la negaci?n que siempre
mantuvo Borges sobre la integraci?n de Dante en el cuento, se explicar?a por
una calculada humildad (tan distante de su pedanter?a juvenil) o un honesto
respeto por el autor de la Comedia, sobre todo, si se toma en cuenta que la
cr?tica ha asociado a Daneri con Dante, lo que ser?a a todas luces un horroroso
tributo para uno de sus poetas predilectos.
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h "La obra de Borges no es, ciertamente, un enorme r?o de citas aunque sea una
arquitect?nica de ideas y de pensamientos de otros, astutamente travestidos o
abiertamente citados, unas voces de las que su identidad no se nos puede
escapar porque ?l es el tema de enunciaci?n que se nombra expl?citamente y
que juega constantemente con un meta-saber. Es justamente este juego el que
define la esencia de su obra. Obra que reitera el meta-saber y que est? prendida
por el v?rtigo que produce la voz que registra, de cualquier manera, sus impre
siones en el laberinto del mundo, del tiempo y del lenguaje" (Krysinski 194).
12 Para una explicaci?n m?s completa sobre Borges y el lenguaje, v?ase el trabajo
de Robert Scholes "The Reality of Borges."
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