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Gregorio Fernández

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EN TORNO A GREGORIO FERNANDEZ

por

Jesús Urrea

día nos preocupa más desvelar el misterio de la formación artística


de Gregorio Fernández. A falta de pruebas documentales que lo aclaren nos
interesamos en profundizar en el análisis estilístico de su pr.mera etapa, sm
olvidar naturalmente la presencia de escultores
Hay que suponer que si Fernández nace en 1576 e.^ el seno de una
familia de artesanos, allí efectuaría sus primeros pasos en el arte, y aun pre-
fenmos^)
f • PÍnr,^P^^ escaseaban
Duesto que ello resulta más convincente, acercar precisatnente.
su joven per-
sona a gu » rnpmoria la presencia de un escultor vallisoletano
G .• I. -.1. "
dlÍtri
aquellas tierras »
dej T<a'™ P"""- I»' "Ip™~^
primera mitad delJPsiglo, cuyo
Moure, el otro gran e ^ ^ Fernández. Un gran poso juniano
:r:::!^%:::treri::: el p^mero de ms cuales no lo abandonó
resulta difícil dc^„^^^^
en el "''"^"^dido conio sospecha Martín González'. La relación
ya con el ofic - P evidente a medida que conocemos
artística emre , p^¿^(i,,„„ente les sorprende a
lo^Xs^al mismo tiempo. La falta de datos documentales, entre otras causas
sera'Thida a que la personalidad
EsperamosdequeFernández se encuentra
este misterio se desveleenglobada
cuando seenco-
el
anónima ^ Francisco Rincón y la participación en la misma de
"^^^colTboradores y ayudantes al mismo tiempo que el estudio de la escuela
madrileña nos brinde alguna solución.
Martín González, J. J., liscultura barroca castellana. Valliulolió, 1959, p. 171.
JESÚS URREA

El punto de conexión y la respuesta a alguno de los problemas puede


estar, tal vez, en la figura del ensamblador vizcaíno, Juan de Muniátegui.
Conocemos su participación junto con Isaac de Juni en el monasterio orensa-
no de Montederramo 2, trabajo que al parecer no llegaron a realizar 2. Ambos
estuvieron además unidos por vínculos familiares. En Galicia estuvo Muniá
tegui al menos hasta 1600, año en que contrató varias obras para Monforte
de Lemos^. En 1600 contrae matrimonio en Valladolid® y en 1601 le en
contramos trabajaitdo para la capiUa de San Segundo de la Catedral de
Avila ^En enero de 1603 contrata una reja para el monasterio vallisoletano
Íata°d!'M°d
giata de MedinaTf del rCampoT u T'
la obra de su sillería', compromete paradelaloCole
la cual, a pesar que
se ha dicho, no Uego a tallarse y carece de total fundamento la atribución de
los tableras esculpidos a Diego de Anicque, oficial de Muniátegui. Moyano»
da la noticia de que la sillería de la Colegiata procede del monasterio de Jeró-
nimos de (juisando.
Al llegar a este punto queremos recordar la dificultad que entraña dis-
tmguir ante una obra documentada y de cara a la identificación A
entre un ensamblador y un escultor. El problema se agrava toda ^
sabemos que los ensambladores contrataban obras de «esJ./ «'"'a
de este contrato se teje un desconocido mundo
tos de tipo privado, personal, no protocolarizados los
a conocer nunca, teniendo que caer a veces en el' grave
a un ensamblador toda la labor de un desconocido escñ
sólo se nos puede revelar a través de su estilo Este f, 1"'
blador Cristóbal Velázquez con respecto a Francisco Rincl'T '"""7
ser también el caso del ensamblador Muniátegui, puede
Hemos dado este rodeo explicativo para tratar de av..;
eriguar la existencia
2 Azcárate, J. M., Escultura del siglo xvr Arr Rfe.

M. l e/'"'™
M., El González
monasterio J. I SttlermA.deE.coro,
de Montederramo, Vigo, n lí
A. I947 '«8. P-
Chamoso 295.
Lamas,
4 Azcárate, J. M., op. dt., p. 295. ' '
5 García Chico, E., Documentos para el estudio dp ^
Uadolid, 1941, p. 126. CauiUa. Escultores. Va-
6 Cervera Vera, L., La capilla de San Segundo de In Cnt j , .
1952, p. 199. Catedral de Avila, B. S. E. E.,
7 Martí y Monsó, J., Estudios históricos-artísticos Vniioj i-.
8 García Chico, E., U Colegiata de Medina del Camvo.^ P- 371.
1957, p. 17.
j./. 1' o^f-os estudios, Valladolid,
vauaaoiiu,
9 Moyano, A., Guía del viajero en Medina del Camn
cumpliendo el acuerdo en Cabildo de 22-XII-1614, al convent rl c 2<^quirida en 1616
sando. La noticia la recogen Ildefonso Rodríguez y pERNÁMncl " Jerónimo de Gui-
na del Campo. Madrid, 1903-1904, p. 994, y Moraleja Ptmt,^ Historia del Medi-
dina del Campo, Valladolid, 1971, p. 482. Ponz, p. 1 072 Historia del Me-
de Guadalupe». ' <<que fue del monasterio
247
en torno a GREGORIO FERNÁNDEZ

de algún lazo de colaboración temprana entre este ensamblador y Gregorio


Fernández. Nadie ha reparado en que es precisamente Juan de Mumategui
quien comparece como fiador del escultor en la primera obra importante co-
Lida que contrata Fernández: el retablo mayor de la antigua iglesia de
San Miguel Es decir, si aceptamos el alutnnado de Fernandez con Rmcon,
debemos reconocer que en aquel año el escultor había salido del taller de su
maestro y contrata obras de gran empeño a su propio nombre.
Se ha pretendido mantener también una relación de maestro y ofiaal
entre Millán Vimercati. personalidad todavía en sombras, y F-nandez
propósito
proposito de un templete
f con figuras
^ que ambosembargo
hicieron esparapreciso
las fiestas del
subrayar

cati realizase parte de la ensamblando


e. retablo mayor de, monasten^^^^^^^
Muniategui en 1605 . ^ Fernández con el taller de
aparte de semejanzas ^ ^ „ Martí y Monsó, viniera
Pompeyo Leoni en Valladol.d ^^ de este taller, en cuyo caso se com-
de Madrid nuestro escult ^ Valladolid.
prometería la tradición P cláusulas del contrato que firma
Ha llamado nuestra aten retablo mayor de San
e, ensamblador Muniámgu. sobredi mo ^
Diego: f I" escultura y talla que aquella muestra y los
la tra?a y ^ ^e y en la puerta de la dicha custodia hara
santos serán lo q u¡ctoria o fisura que se le ordenase»,
labrar de medio re custodia se conservan en el Museo
.^"1 de
Nacional de^EscuTtura
Escu atribuidas a Pompeyo
custodia Leoni.Muniategui.
se encargó Sin embargoEl acabamos
taller de
Leont'se comprometió en trabajar las nueve esculturas grandes, representan-
'irertili'dristarpequeñas esculturas, cuatro en total, de las cuales sólo
íTl^ARTf V y'-' If de k vUk de Lerma. Valencia, 1967,
11 CeRVERA vera, 1^.,
p. 127. Pastor, C., Memorias de la Real Academia Española, t. XI. Madrid. 1914.
108-9, n2.—Cervera Vera, L., op. cit., p. 126.
JESÚS. URREA

es identificable la Caridad, concuerda en todo con las obras juveniles de Fer


nandez e incluso los modelos o el movimiento de paños y actitudes se vuelven
a repetir en otras obras del escultor; éste es el caso dé las figuras de la cus
ida del retablo de Villaverde de Medina documentado en 1610 y ensam-
."Lrrr; ~ -
Muy próximas en inspiración, y una de ellas traborl-, ^
similar
Qímílor son dos
^ pequeñas
- esculturas
1 que rematan lostratada
púlpitosendecomposición
comienzos
del siglo XVII que hemos encontrado en la Catedral de Falencia Parecen
representar la Fe y la Esperanza. Están policromadas en om r
han sido pavonadas imitando bronce. Sabemos por enCde A
en la primera década del siglo xvii se colocan e^slpi os "
unos tableros con relieves». Sería pues éste el momen o d7l '7'
dte estas dos pequeñas esculturas en los remates de7n u
identificamos como la Fe tiene un gracioso movimiento
sus paños son muy blandos y el cuello muestra la flex!' todavía;
obras de juventud de Gregorio Fernández Se aÍsfeT
del Arcángel Gabriel del retablo vallisoletano de San'M' r" """t
en 1606. Miguel que realizo
A propósito de este último retablo sabpmoc -
identificó sus esculturas, colocadas hoy en el antieuo^^'^^u ^ Revilla
de Jesús pero nadie se interesó por averiguó l'^' Compañía
Calvario que lo remataba y que no llesó a Qncuv • ^ ^^^rte que corrió el
rez. cDónde fue a parar L Calvario de GregroVe"'V'
rosos Crucifijos atribuidos a Fernández de los cuair^^" Existen nume-
documental ni se sabe su procedencia; pero no ab"^ Í constancia
escultóricos d'atables dentro del primer decenio deUi T' grupos
relacionados con el Calvario que estamos tratando ¿q ° puedan ser
conservan los libros de cuentas del siglo xviii (mo ^ Tampoco se
la parroquia a su nueva sede) de la iglesia de San 7!,!r
cificaría el ingreso obtenido por su venta, así como ^ donde se espe-
Ahora bien, para establecer la búsqueda de elt
con tres datos positivos: el estilo de t? ? Srupo hemos contadb
® P^'-Mndez en 1606. la poli-
García Chico, E., Catálogo monumental dp \/„n j .
Valladolid, 1964 p. 172. '
14 Libro de actos del Cabildo de la Catedral dp v i
Canrpo. l. IV,
1609 Archivo de la Catedral. P<^lencia. Capítulo celebrado en
15 Agapito y Revilla, J., luí obra de Iok
V^adoEd, :^29, t. II, p. 70.—Martín-González, J.]'^Rehah T vallisoletana,
a Gregorio Fernandez, B. S. A. A., 1953-54, p. 200. de una atribución
m lili "'i' ''+rr'^

EN TORNO A GREGORIO FERNÁNDEZ 249

cromía de las restantes esculturas del retablo y las medidas que ajustó el
escultor en el contrato
En la iglesia vallisoletana de San Andrés se conserva en la segunda capí-
Ua del lado dtel Evangelio un retablo del siglo xviii con un Calvario de prin
cipios del siglo XVII en su hornacina principal. Revisadas las cuentas de la
iglesia para saber del momento de su compra, el intento ha resultado infruc
tuoso. Los inventarios y libros de visitas de la iglesia atestiguan que el grupo
escultórico no existía en la parroquia, por lo menos hasta ^
años se realiza la ampliación de la iglesia bajo el patronato de Fr. Manuel de
Vega"y es el momento en que se tallan los cuatro retablos rococos de las
J últimas
dos '1 • -iioe de los
capillas In^ lados
laaos de la iglesia.
f , , La , _suerte
a jtampoco
' t nos acom-
AoA
paño con las cuentas de estos años de la iglesia de San Andrés. La desidia de
párroco y la despreocupación de su mayordomo —asi se especifica en los
Hbros de cuentas- olvidan el cumplimiento de anotar puntualmente el cargo
"'TaresÍltumf- de una gran calidad y muestran de manera clara los
i-ícfiVo<; de las restantes esculturas de San Miguel. Las figuras
I del
y de San Juan denotan una pasión y fuerza similares a los cuatro
j 1 citado
A rísf-íihlo El San Juan, muy abierto de lineas, tiene refle
apóstoles modelado, tremenda-
jado en una cabeUera espesa y revuelta, de
mente patético, s 1616
mechones gruesos. de la Virgen contrarresta, con el
o de sus brazos y manos, la agitada figura del Jnan. El rostro
" rrmelancolía
cargado de melanc yy resignación se encuadra por la toca que
sensación tantas veces
de fuerza y de
T"ó^in"r«uhar
aplomo sin resulta ppesadas, pues las líneas diagonales lo crispacion
impiden. Las
tan manos
carac-
gesticulan y ca a a ang ^ manera muy marcada.
■■•"■S'á ... i.... ..«»...
, J U.O Uc nies V con los brazos tensos por el peso del cuerpo
rtÍaTa "escultura más fina del conjunto. Sus cabdlos, muy resbaladizos
el án tremendamente lejos de los que talla en su periodo de madurez.
La policromía de las figuras es similar a la que aparece en los estofados

I? UrÍe", González Ortiz, B. S. A. A.. 1971.


p. 527.
^ 1^8If García Chico, E., Vaíladolid, papeletas de historia y arte, Valladolid, 1958.
p. 533.
JESÚS URREA

de las esculturas del retablo de San Miguel, labor que llevó a cabo el pintor
Francisco Martínez en 1618 ■». Entre las condiciones que se le ponen al pintor
figura la siguiente: que las esculturas «se an de dorar y estofar y encarnar
con los rrealces a imitación de diferentes telas de brocado...» y efectivamente
las figuras que estamos estudiando presentan también este tipo de policromía.
El único dato que no ha coincidido exactamente ha sido el de sus me
didas. El Calvario de la iglesia de San Andrés resulta ligeramente más peque-
no que lo que se estipuló en el contrato con Gregorio Fernández. De todas
maneras aunque este grupo escultórico no fuera el remate del retablo de San
Miguel (a pesar de las coincidencias que hemos apuntado más arriba sobre
jonologia, estilo, técnica y policromía), la obra convendrá adscribirla dentro
de la primera manera de Fernández. El grupo está estrechamente relacionado
con los Calvarios de Villaverde de Medina. Miranda de Duero v el dé las
Descalzas Reales de Valladolid. todos obras juveniles de nuestro artista
Den^o de este período artístico queremos catalogar una serie de obras
que puedén servirnos s. su atribución resulta válida, para completar todavía
mas el primer esrilo de Gregorio Fernández y tratar de llenar - q
su producción conocidos ran solo documentalmente En la d
vento de Santa Catalina de Valladolid. de la orden dbmb cV "
escultura de Sa» Vicente Ferrer'" muy emparentad? i
que le1 1.hemos atribuido
.1 .1 al, principio de^este trabajo. Suconcalidad
emparentada no es eLesiva
las oeaueñas obras
por ser una pieza menor, pero la figura esrá impregnada dd
miento que sabe dar el escultor a'sus pequeñas obras Ti"
tez, cadencia y modelado de las esculturas ya estudiadas ^
acompañan y modelan todavía más la figura del Santo ' plegados
Creemos encontrar una escultura de Diego de Alcalá estrechamente
emparentada con esta, expuesta en el Museo dé la Pasión d Ti Ti J
Procede del desaparecido convento de San Diego —d - Valladolid.
dejaremos de lamentar— pero cuya ubicación en el mi!?""^"í
Santo era el titular de su retablo principal, plasmado f
Vicente Cardúcho. Y en los retablos-relicarios del crucer
rutas también de Carducho, no sabemos realmente las es^?^ con pin-
La talla tiene en su pecho teca para reliquia, detalle n
sentido de estos retablos-relicarios. Wattenberg 21 'A
mo la primera obra de Fernández en Valladolid fecbr,!!? 7° escultura co-
nandola en 1604, año en
García Chico, E., Docutfjcntos... Pintones t T j t-
20 Mide 71 centímetros. ' Valladolid, 1946, p. 332.
21 Wattenberg, F., La primera talla de Gregorio Fpr,sA«^
Regional de Valladolid, 12-1-1967, p. 16. La escultura mide 1 52 m Diario
4 Valladolid.
^ ^yento Muigo Nacional
de San Diego.—5 de Escultura
y 6 Falencia Estatuas
Catedral de Virtudes
Virtudes del retablo
que coronan mayor del con-
los pulpitos
LAtÁ\HA II

í
LAMINA

1, l'd gMuseo Nacional 3.deValladolid


lg columna. Escultura.Convento
Estatua de
de San
SantaDiego.—2 Madrid
Catal na San Convento
V cente Ferrer de
—4la Sevilla
Enca--
nación. Inmaculada—5 y 6 Valladolid Museo Nacional de Escultura Sayones
Palencia. Catedral. San Antolín, del retablo mayor
yor, nnr
por r-Gregorio Fernández.
•'.vj

•• c '..:''V=í. ■ •♦^^•
"" " jJ^ w-.
ÍÉÉ) F. , .-^V

V^wi
f ■<».,
\.. ■^- ií
r^' P
^9.
kz*.. ■ ■:
256 JESUS URREA

que Muniátegui contrató los retablos para este convento, aunque en realidad
no comenzara su trabajo hasta abril de 1605, fecha a partir de la cual con
viene datar la escultura, sospecha abonada por la firma de Vicente Carducho,
en 1606, en los lienzos que cerraban las puertas de estos relicarios, si bien
esta precisión cronológica estará condicionada a que la escultura proceda real
mente de uno de estos retablos.
La escultura conserva su policromía original con imitación de pedrerías
y brocados. Su mano derecha, que sujetaría una cruz, es fruto de una restau
ración y los OIOS de cristal, torpemente sobrepuestos, nos están hablando de
sucesivas manipulaciones. No por ello pierde el encanto juvenil en este caso
aumentado por la sensibilidad y delicadeza con que supo captar al santo lego
franciscano. Los mendrugos, convertidos en flores suietos r,nr
excelente en un pliegue del hábito son un buen ejemplo de «n^^rZa v^"
aplicada a la escultura. Los cabellos, poco abultados como son los de su pri
mer momento, esmn condicionados a la iconografía del Santo.
Con anterioridad a la marcha de la Corte a Madtíd en icnc r-
Fernández había taUado una escultura de Santa Ana p^Ta o radÍTl"
Correos que en ese momento cambia también de residencia Fs7„
nos vuelve a hablar de una intensa actividad del artism 7 '
que les va convirtiendo poco a poco en el escultor mis soltitad"""'"'
años en los que hay que suponerle todavía condicion».í
por la presencia de Francisco del Rincón y el taller Hé» p ° ^°"^Petitivamente
En el monasterio del Sacramento de Matód se
atado a la columna que, según Tormo 2^, era de n«,.,»-
ducido por Sán^ez Cantón como obra anónima y H
Moreno la constcfero copia tardía de algún imitador A^n Gómez
La escultura encaja de lleno éenZ del prteÍ esúr/r ^^'"-dez-.
musculatura miguelangelesca, su paño de pur^a muv
bros, los cabellos y barba muy abultados, la postura f j ^ ^
padas, son características propias de sus primeras obr^^^^Q'
cercana a la Piedad de los Carmelitas ét Burpo. ^ i v cronología está
gos o al Yacente de San Pablo
22 Vinaza, C. de la, Adiciones, t. II Madrid iseo
Cretona Fernández Su vida y sus obras, Miseum, 1912 n'ü v Monsó T
pr^ede la noiicia le reprodu,o Sánchez Cantón «sus '"'egro de donde
'■ "'•sT- %uo, E., Visitando ,o no visitabU' III u clausura
cramento, B. S. E. E., 1921, p. 129
i de las Remaba
' jt c
Sánchez Cantón, F] Los arande, , a, ^""-rdas del Sa-
sión ¿e Cristo, Madrid, 1949. t. III, lám, 71
ZS GÓMEZ Moeeno, M.- E.. Escultura del siglo xvi,"''teArscristiano
His en• España La Pa
P. H'spaniae, Madrid, 1953,
EN TORNO A GREGORIO FERNÁNDEZ 257

de Valladolid 26. Quizás inaugurase Fernández con esta pequeña escultura


la serie de Cristos a la columna (desnudos-en pie a diferencia de los desnudos-
yacentes, únicas posibilidades que poseyó el escultor barroco español para
tratar el desnudo-humano convirtiéndolo en desnudo-divmo) que luego ve
mos repetir en el de la Vera Cruz, también de robusta musculatura, o en e
de las Carmelitas Descalzas de Valladolid, de formas más serenas, en el del
convento madrileño de la Encarnación o en el de las Carmelitas de Avda,
el último de la serie.
El retablo mayor de la Catedral de Falencia es uno dte los que presenta
mayor complejidad histórica por sus sucesivos planteamientos^ Sus
y añadimientos han sido estudiados en repetidas —f
ahora no se había reparado en la escultura de su Santo titula^ ^
El retablo, como se sabe, fue ensamblado por Pedro Guadalupe li
tando las esculturas a cargo de Alejo de Vahía y Felipe ^'^my. Postenor-
mente se añadieron las pinturas de Juan de Flandes En se ® ^
tituir una de las tablas de Flandes -la del Crueza- P-^
bulto de nuestro mártir Sant Antolín que se ponga en medio del retablo d
altar mayor»
Este San Antolín que se manda hacer _ embarao
cando con el que actualmente se encuentra en medio del
estilísticamente se trata de una e-.-a^
rra^"-«rFranr:t que iba a sustituir, es deci^aproximada-
doradores palentinos. Francisco Molledo y con
dSÍuTs:"aña'^I:;':emblfi;^.'si este contrato no bastara
demostrar que la escultura actual no es la que se ordeno taUar en .
oltu^vo una escultura con las del retablo de la
iglesia vallisoletana de San Miguel, pues pensamos que este Sa« A»tolm
^T^rea, U a propósito de los Yacentes de Gregorio Fernández, B. S. A. A.,
1972, P- ;543. p. ^ yiQ fjjayor de la Catedral de Falencia. Nuevos datos, Re-
. "ade frinSn^TeSo
vista la Instuuciü rat"de n.- 10.,Palencia, 1953 p 286.-Va™e.
i'egUse parotsstale de Cervera de Ftsuerga, Bru-
VIVERE, tM yc^aintuj

GARCfrCaÍCT, Fintores. t. II, Valladolid, 1946, p. 124.


17
258 JESÚS URREA

corresponde al primer estilo de Gregorio Fernández. De canon muy esbelto,


presenta la flexibilidad tan característica de los arcángeles del retablo valliso-
letano así como su ancho y ladeado cuello, las comisuras rectas de los labios,
el entreceio muy marcado. La cabellera, abundantísima y de factura capri
chosa y ensortijados mechones, es muy parecida a la del diablo que pisotea
el San Miguel de Valladolid. Los ojos no son de cristal. El Santo diácono
permite al escultor, tratar la casuUa con la que se encuentra revestido con
una extraordinaria elegancia; su rigidez se ve dulciHcada por una quebradura
muy blanda en el centro de la misma. La rica policromía que anima la escul
tura se enriquece con bordados taUados imitando cenefas y orillas teniendo
como motivo principal en su frente anterior y también en relieve una Virgen
con el Niño. ^

tino
tirio con los dedos flex.onados de manera similar^a como lo hace el Arcángel
de mar-
San Gabnel del tan citado retablo o el del relieve del retablo de Tudela por
no citar mas ejemplos. El alba que asoma por su parte baia r,r»c . '
muy semejantes a los que hace Rincón, en los san^del t^ H T"
de las Angustias en Valladolid.
En el comercio de arte sevillano se exhibía en 1961 r ,,
atribuida a Pedro de Mena sin mayor fundamento. Sin lugar a
de una obra procedente del taUer vallisoletano de Gregorio V - ^"T
escultura de rostro muy dulce, quizá de los más delicados o
contrar en Inmaculadas de Fernández, tiene la tínica ioo ^
artista. Una abundante cabellera, minuciosamente cuidada nuestro
to que se quiebra en su altura media. La túnica, sujeta'
tiene una elegante policromía, alternando claveles con lazada,
métricos. Las manos orantes, a la altura del pecho t' "motivos geo-
bado. A los pies figura un dragón. Creemos se trata de^"^" "k
túnica no tiene quebradúras y las que posee el manto ^ Juvenil. La
blandas. Nada sabemos sobre su origen, quizá proceda^ d^ ^^'^'^^nfiadamente
andaluz aunque lo más probable sea aventurar su nr M convento
el convento, franciscano del Abrojo y eneldeSan7r::r«.ig._E.i
lladolid, existieron Inmaculadas de Fernández (las dos A'
cuyo paradero ignoramos. ^^^gon a sus pies)
El 14 de abril de 1612 «Pedro Márquez, passamanero
los señores maestro pasamaneros...» ofrece a la Cofradía d "onr^hre de
entregar un «paso» nuevo formado por un Cristo eructa d Nazareno
^ y dos sa~
30 Foto Archivo MAS. Serie G/A. N." 14.446
EN TORNO A GREGORIO FERNÁNDEZ 259

yones El «paso sufrió numerosas vicisitudes, hasta el punto de que la cofra


día llegó a perder la propiedad de las figuras, aunque más tarde las recuperase.
También fue aumentado el número de sus sayones. Los dos que se entregaron
en 1612 se los identifica como «el de la exponxa y el del rétulo» Filemón
Arribas analizando su indumentaria llegó a pensar que procediesen del mismo
taller que realizó el «paso» del Cirineo, documentado en 1614 como obra de
Gregorio Fernández®'.
Queremos poner en relación con este «paso» una «carta de pago y gasto
e poder en causa propia», fechada el 14 de agosto de 1612, entre Gregorio
Fernández y los pasamaneros Damián de Torres, Manuel de HerntosiUa,
Gaspar Baca, Juan de Torre y Pedro Márquez, sobre una deuda de la que
restaba por cobrar al escultor 50 ducados'L En el documento no se especi
fica nada sobre el asunto que relacionaba a los pasamaneros y al artista. Pero
la coincidencia de fecha y de personas, así como la elevada cantidad nos per-
mite suponer que se tratase de pagar al escultor el «paso» que en ese mismo
año se había entregado a la Cofradía. i j n i.,,^
Actualmente el «paso» se guarda en el Museo Nacional de Es^lt^^
Agapito y Revilla indicó ya que el Cr««/i/o actual no pertenece al antiguo
V que se aprovechó para su montaje uno de los Cristos existentes en
Museo". Sin embargo la cronología de esta escultura la consideramos coeta-
I 4e los sayones Aunque no creemos todas las esculturas de Feman-
r:ll mÍL!:Jdos'yte' «el de la exponxa y el del rétulo», las consi-
der¡mos muy próximos a la manera más personal de Fernández en estos ^o .
r a fiaura de la esponja es una de las mejores esculturas de sayones. La aber
tura de líneas en su movimiento resulta verdaderamente atrevida y plen -
tp barroca por el sentimiento emocional y teatral del personaje.
Lambíamos, con Filemón Arribas, la incorrecta disposición que actúa -
«íivón dtel rótulo que resultaría fácil de subsanar, pues su

rnatttry'atqrs!°urta
•• .
dTuna'obra'de madurez estudiamo^ una
ñoco conocida: el Cm/o Yacente del convento de las
Si"de Medina de Pomar, en Burgos". Lo apartado de la población y el
31 r ac
Arribas Abpanz F La cofradía
q/ tií penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno
Je Valladoíid,
32 Idem,Valladolid,
p- 8 1946,
j p. 86,cofradías,
3. las procesiones y los pasos de Semana Santa

35 Agap'ito Y Revilla, J., béíí coMwí p. 49 A, QA


36 Le cita M.' E. Gómez Moreno en su Gregorio Fernandez. Madrid. 1953, p. 26.—
JESUS URREA

estar en la clausura de un convento ha impedido su mayor conocimiento y


ello es lástima pues sin duda es uno de los mejores Yacentes de Gregorio
Fernández, tan sólo comparable en cuanto a calidad al de El Pardo
Su estado dte conservación es excelente y presenta su policromía origi
nal intacta. Ni un solo rasguño, ningún desperfecto hemos podido encontrar
en toda la talla.
Se dispone yacente sobre un blanco sudario, de plegados angulosos y
la cab^a y parte de su espalda apoya en un Único almohadón. Se trata de
un verdadero Cristo muerto, aunque tenga sus ojos entreabiertos o al menos
par^e estar sumido en un estado de languidez y relajamiento absoluto Con-
tra lo que es normal su mano izquierda no aparece crisoadn c ^ j
gestiodan, tan sólo descansan. El desnudo no se ve alterado'en su ctstado
derecho, por ninguna cinta y el paño de pureza de enmn.. - ?]
orilla de encaje, se abre generosamente para que contemplemn "l T . ^
del Redentor. Las piernas, a la altura de sus rodiUas la !i
tando ligeramente la derecha, sufren una inflexÍ'1Tm -"
miento del cadáver de Cristo. acentúa el movi-
Vemos de nuevo a Fernández, a través de esta ohr. i
la captación y contemplación del desnudo humano conJirr^!r''®
ya hemos dicho, en divino. El desnudo y movimiento °
Homo de San Nicolás, de Valladolid, juntamente con
escultura son suficientes para ahondár en los sentimiento !i
reprimidos por la religiosidad de una época. ^ sensualidad
En la cabeza del Yace»¿e, Fernández ha sabido acumul
tismo y carga dramática del tema. Con fidelidad y re 1'
trabajadb amorosamente, deleitándose en su virtuosismo"^^ exacerbado ha
Salvador, que se desparraman por el almohadón. Los cabellos del
y los dientes de pasta contribuyen, junto con los reguerone
lada que salpican su rostro, a dar autenticidad humana a^f fi
En cuanto a su cronología, ningún documento nos av!
sólo la tradición existente en el convento de que fue r 1 A ^ ajarla. Tan
por el Condestable de Castilla y patrono del temolr^^^n ^ ° ^ comunidad
Velasco. ^ Fernández de
La rugosidad de su paño de pureza y los quiebros en el suri • u
pensar en una fecha avanzada, situada entre 1620 163 Facen
cercano al Yacente de San Plácido, de Madrid, y al d^ 1 r' F^°^®Flemente
' ^ ^ Catedral segoviana.
García Sáinz de Baranda, Medina de Pomar Bureos
bado. Sus medidas son: con sudario
"uaiiu, 192
Ly¿ cms
cms.'t,y el cuerpo sólo,P"175
^0.crns
Publica im (.
fotogra-

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