En contra de los champús sin sulfatos
"Las consecuencias de la moda de la publicidad "sin" de los cosméticos
pueden ser más graves de lo que ahora parecen"...
Fotograma de Antichrist (2009) de Lars Von Trier | Archivo
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Deborah García
Madrid | 19/02/2020
En el mercado cosmético hay una oferta creciente de champús sin
sulfatos. Hay quien escoge estos productos porque cree que los sulfatos
irritan la piel, resecan el pelo o son tóxicos. Hay opiniones de todos los colores
para rechazar los ingredientes cosméticos precedidos por el reclamo del "sin".
Sin embargo, desde el punto de vista científico los sulfatos son útiles, en
algunos casos son necesarios y, sobre todo, son seguros.
Las consecuencias de la moda de la publicidad «sin» de los cosméticos pueden
ser más graves de lo que ahora parecen. Acabarán por desacreditar tanto al
sector cosmético como a las autoridades sanitarias.
¿QUÉ SON LOS SULFATOS?
Los sulfatos son tensioactivos. Esto significa que son sustancias capaces de
reducir la tensión superficial entre dos fases en principio inmiscibles, como el
agua y el aceite, y posibilitar su mezcla. Esta propiedad resulta muy útil en los
cosméticos de limpieza porque la suciedad que se acumula en el pelo es
esencialmente oleaginosa y el agua por sí sola es incapaz de eliminarla.
El cabello tiene una superficie lipofílica, es decir, con adherencia por las grasas
y que repele el agua. Por eso se ensucia con el propio sebo de las glándulas
sebáceas, por la descamación del cuero cabelludo y por contaminantes
ambientales que se van acumulando en la cabeza.
Los tensioactivos como los sulfatos son capaces de separar el sebo del
cabello. Funcionan encapsulando la suciedad en unas estructuras llamadas
micelas que sí son solubles en agua. Así, la materia grasa queda encapsulada y
es fácilmente arrastrada con el aclarado.
Algunos sulfatos presentan otras virtudes, como la capacidad de formar
espumas. La generación de espumas facilita el aclarado y, lo más importante,
mejora la sensorialidad del producto. Aunque la espuma facilita la distribución
del champú por todo el cabello, no significa que limpie mejor. Hay champús que
apenas forman espumas y limpian igualmente bien. La espuma tampoco es un
indicativo de la presencia de sulfatos, ya que muchos otros tensioactivos
también son espumantes.
CÓMO SABER SI UN CHAMPÚ LLEVA SULFATOS
Es fácil detectarlos porque los encontramos entre la lista de ingredientes con
nombres terminados en -sulphate. Normalmente están entre los tres primeros
ingredientes de la fórmula. Recordemos que los ingredientes de un cosmético
figuran en la lista ordenados de mayor a menor cantidad. Después del agua,
que es el ingrediente mayoritario de los champús, aparecerán los tensioactivos.
Por norma general, la fórmula de un champú será un 75-90% agua, 10-25%
tensioactivos, 1-5% emolientes e hidratantes, 1-2% conservantes y 1-2% otras
sustancias, como controladores de pH, espesantes, perfumes y colorantes.
NO TODOS LOS SULFATOS SON IGUALES
Los sulfatos más habituales de los champús son el sodium lauryl sulfate (SLS),
el sodium laureth sulphate (SLES) y el sodium coco sulphate (SCS).
Comparación entre SLS y SLES | Archivo
El sodium lauryl sulphate (SLS) es un tensioactivo aniónico de alta
detergencia. La detergencia es la capacidad de arrastrar la suciedad y el sebo
del cabello. La alta detergencia puede resecar e irritar la piel, por eso es
complicado formular champús con este tensioactivo que no resulten agresivos
para el cuero cabelludo.
En cambio, el sodium laureth sulphate (SLES) es un tensioactivo aniónico que,
aunque también tiene alta detergencia, es más suave para la piel y menos
irritante gracias al enlace tipo éter que presenta la molécula. Por eso es
común encontrar el SLES en champús con fórmulas respetuosas con el cuero
cabelludo, incluyendo los champús formulados para tratar cueros cabelludos
sensibles y con patologías.
El sodium coco sulphate es otro tensioactivo aniónico de alta detergencia.
Químicamente es mayoritariamente un lauryl, es decir, es un tensioactivo
químicamente análogo al SLS cuyo nombre comercial alude al aceite de coco a
partir del que se sintetiza.
Para algunos consumidores la palabra coco funciona como reclamo por
aquello de que suena más natural. Sin embargo, tanto el SLS como el SCS se
obtienen a partir del aceite de coco en diferentes etapas del refinado. La lectura
de esto es que la procedencia de una sustancia, ya sea natural o de síntesis,
nunca es un buen criterio para escoger o descartar un producto cosmético.
Contra la creencia popular, el origen de un ingrediente no garantiza que vaya a
ofrecer mejor tolerancia.
SÍ EXISTEN CHAMPÚS CON SULFATOS DE ALTA TOLERANCIA
Normalmente, si un tensioactivo presenta una alta detergencia, podría llegar a
ser irritante. No obstante, los champús no están formados solo por agua y
tensioactivos, sino que presentan toda una serie de sustancias que en conjunto
pueden dar fórmulas poco agresivas. Así que no se debería juzgar la
agresividad de un champú por los tensioactivos que contiene, porque
estaríamos obviando cómo se comporta la fórmula completa.
Por eso hay champús con SLES formulados para cueros cabelludos sensibles,
reactivos e incluso con dermatitis seborreica. Esto es así porque la fórmula del
champú permite limpiar al mismo tiempo que hidrata, calma y regenera la piel.
Esto se consigue gracias a la presencia de otros ingredientes como el pantenol
(provitamina B5), la sensirina, la piroctona olamina, que calman la piel, alivian la
irritación, o la niacinamida, que restablece la barrera lipídica de la piel.
EN QUÉ OCASIONES ES NECESARIO USAR SULFATOS Y CUÁL ESCOGER
El SLS es un tensioactivo con una detergencia tan alta que limpia más de lo que
necesitamos limpiar, por eso puede resultar irritante. Así que, si nos lavamos el
pelo con frecuencia, un tensioactivo como el SLS no es necesario. De hecho,
resulta contraproducente arrastrar todo el sebo que recubre el pelo, ya que le
resta elasticidad, brillo y aumenta su tendencia a encresparse.
Sin embargo, el SLS podría ser conveniente para limpiar bien el cabello si se
utilizan lacas, espumas, gominas o pastas de peinado de fijación fuerte. La
razón es que estos productos para peinado contienen polímeros y siliconas que
los tensioactivos más suaves no consiguen eliminar.
Si se hace un uso diario de productos de peinado, es recomendable lavarse el
pelo con frecuencia. Si el lavado es frecuente, con el SLES es más que
suficiente. También para pelos especialmente grasos que tienden a acumular
suciedad. El SLES es preferible frente a otros tensioactivos más suaves, ya que
podrían no limpiar el cabello en profundidad, lo que acarrea consecuencias para
la salud capilar.
REFLEXIÓN FINAL
La moda de los champús sin sulfatos puede parecer inocua, pero lo cierto es
que responde a una preocupante tendencia. En primer lugar, los consumidores
quieren saber qué ingredientes están utilizando. Sin embargo, sin formación
química y sin conocimientos en cosmética es prácticamente imposible leer la
lista de ingredientes de un cosmético y comprender la complejidad de sus
fórmulas. La ciencia cosmética no es nada fácil. Esa es la principal razón por la
que las decisiones que toman muchos consumidores no están fundamentadas
en la ciencia, sino en prejuicios, y sobre todo en bulos. En las redes hay más
desinformación sobre cosmética que información.
En segundo lugar, es cierto que algunos laboratorios aprovechan el
desconocimiento científico para utilizar reclamos intencionadamente
confusos. Saben que muchos consumidores entenderán que tras el sin hay una
sustancia a evitar. Si además el nombre de esa sustancia resulta poco
amigable, como lo es cualquier nomenclatura química, algunos
sobreentenderán que es sinónimo de tóxico. También hay quien se atreve a
vender sus cosméticos con el eslogan sin tóxicos, que ya hay que tener poca
vergüenza.
Y nos queda un tercero en discordia. Las autoridades sanitarias siguen
haciendo la vista gorda con estos reclamos. Según el reglamento
cosmético no está permitido denigrar ingredientes cuyo uso está permitido y es
seguro. Se suponía que esto iba a cambiar, pero la realidad es que estos
reclamos están a la orden del día. El caso de los sulfatos es uno de tantos.
Todo esto me lleva a una reflexión, y es que esta actitud de desentendimiento
por parte de unos, y de descaro por parte de otros, a la larga solo generará
desconfianza. Desconfianza en los laboratorios cosméticos y desconfianza en
las autoridades sanitarias. Pan para hoy.