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Objetivos del
MORIR,
Encuentro
Descubrir en la muerte el paso
¿PARA
a la vida eterna, para ser
capaces de ver la muerte con los ojos de QUÉ?
Jesucristo
Te invitamos a que medites muy bien cada
uno de los encuentros, que comprendas y
ores para que el encuentro verdadero sea
entre los jóvenes y Cristo.
Les planteamos a los jóvenes algunas
VEAMOS DE preguntas para responder:
¿Qué harías si fuera el último día de tu
QUE SE TRATA vida?
¿tendrías miedo?
¿Qué crees que hay después de la
muerte?
Una vez escuchada todas estas
respuestas les explicamos a los jóvenes
que la muerte es el misterio más grande
que todas las religiones, sextas y demás
personas en el mundo tratan de
encontrar, pero solo los católicos tenemos
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una certeza Jesús muere, y resucita….esa es nuestra certeza, asi que como él también
moriremos para resucitar.
Vemos un video para cerrar esta dinámica de inicio.
[Link]
Cielo El Cielo es la participación en la naturaleza divina, gozar de Dios por toda la
eternidad, la última meta del inagotable deseo de felicidad que cada hombre
l eva en su corazón. Es la satisfacción de los más profundos anhelos del corazón
humano y consiste en la más perfecta comunión de amor con la Trinidad, con la
Virgen María y con los Santos. Los bienaventurados serán eternamente felices,
viendo a Dios tal cual es.
El Cielo es felicidad que rebasa nuestros deseos, actividad sin cansancio,
descanso sin aburrimiento, conocimiento sin velos, grandeza sin exceso, amor sin
afán de posesión, perdón sin memoria, gratitud sin dependencia, amistad sin
celos, compañía sin estorbos. En el Cielo, Dios nos concederá mucho más de lo
que podemos pedir o imaginar y aún aquello que no nos atrevemos a pedir.
o la puede sufrir mi alma, sino que tengo que morir viéndola, máteme tu vista y
hermosura. (Cántico espiritual).
Infierno Expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. El infierno,
más que un lugar, indica la situación en que l ega a encontrarse quien libre y
definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría. Así resume los
datos de la fe sobre este tema el Catecismo de la Iglesia católica: «Morir en
pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios,
significa permanecer separados de él para siempre por nuestra propia y libre
elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con
los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno
Purgatorio Respondiendo en pocas palabras, el Purgatorio es el estado en el que van todas
las almas, que, aún muriendo en gracia de Dios, no han l egado en su vida a
purificar el daño que han ocasionado con sus pecados.
Pero.. ¿De qué hay que “purgarse”? ¿No se supone que se nos perdonan todos
los pecados en la confesión?
Con la confesión quedan perdonados nuestros pecados y quedamos libres del
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castigo eterno que nos merecíamos. Pero la confesión no repara el daño que
hemos ocasionado. Ése, debemos repararlo nosotros con nuestras buenas obras
o con nuestro sacrificio.
Entenderlo es tan fácil como pensar que rompimos un vidrio de la casa del
vecino. Corremos a su casa y le pedimos perdón. Nuestro vecino nos perdona de
todo corazón y seguimos siendo tan amigos como antes. Pero.. ¡el vidrio sigue
igual de roto!
Los que aún estamos vivos, podemos reparar el daño que hemos ocasionado
con los grandes medios que nos ofrece la Santa Madre Iglesia como los
sacramentos, la oración diaria a Dios, las obras de misericordia, la predicación de
la Palabra de Dios, las indulgencias plenarias, la vida de caridad y de santidad.
El otro modo, que es la forma menos recomendable para reparar la pena
temporal, es pasar por el Purgatorio.
Juicio El Juicio Final lo tendremos al final de los tiempos, cuando Jesús vuelva a venir
Final glorioso a la Tierra. En él, todos los hombres seremos juzgados de acuerdo a
nuestra fe y a nuestras obras.
La resurrección de todos los muertos, “de los justos y de los pecadores”,
precederá al Juicio Final. Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y
los que hayan hecho el mal, para la condenación (Juan 5, 28-29).
En la Biblia podemos leer cómo será este juicio en Mateo 25, 31.32.46: Lo que
sucederá ese día, de acuerdo con la narración de Jesucristo, será como un
examen de aquello que nos caracteriza como personas humanas: nuestra
capacidad de amar.
En ese día saldrán a la luz todas nuestras acciones y se verá el amor hacia los
demás que pusimos en cada una de ellas.
Juicio Al morir, tendremos un Juicio Particular. En este juicio nos encontraremos ante
Particular Jesucristo y ante nuestra vida: todos nuestros actos, palabras, pensamientos y
omisiones quedarán al descubierto.
Suena dramático, pero es real. Si nos encontramos en gracia de Dios, nuestra
eternidad feliz empezará en ese momento. Si morimos en una actitud de
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rechazo total y voluntario a Dios, en pecado mortal, entonces empezará para
nosotros el castigo eterno, el infierno.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de la “retribución inmediata después
de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe” (n. 1021).
El destino del alma será diferente para cada uno de nosotros, de acuerdo a
cómo hayamos utilizado nuestro tiempo de vida en la Tierra.
Hay muchas personas que dicen: “Yo me voy a salvar, pues nunca he hecho el
mal a nadie”. Hay que tener cuidado, pues ese día no se nos juzgará sólo por el
mal que no hayamos hecho, sino también por el bien que hayamos dejado de
hacer. Debemos preocuparnos no sólo por evitar hacer el mal, sino por hacer el
bien a todo el que nos rodea. Si no hacemos el bien a los demás, l egaremos al
juicio con las manos vacías y “no aprobaremos el examen”.
La “Parusía” (del griego Parousia) significa manifestación, hacerse presente, y
Parusia designa la segunda venida de Jesucristo, aparición pública y gloriosa anunciada
por Él mismo, quien volverá para realizar tres cosas: 1) derrotar al Anticristo, así
como al Falso Profeta y a quienes impusieron un Gobierno Mundial anticristiano
durante siete años; 2) juzgar a las naciones y l evar a cabo la primer
resurrección y, 3) restaurar la creación y elevar la naturaleza humana en su
integridad, transformándola íntima y esencialmente. Con la Parusía, Jesús
inaugura el largo período de “mil años” de su Reinado sobre la Tierra, mismo que
concluye con su tercera y última manifestación, en el Juicio Final.
Cerramos con la lectura de Juan 11, 25-26. Y dejamos la pregunta: ¿Crees esto?
Durante este momento vamos a trabajar en base a dos lecturas que nos muestran que hay
vida después de la muerte y que Jesús tiene el poder de devolvernos la vida…
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Juan 11, 1-45. Charlemos un
Jesús es consciente del valor de la
vida frente a la eternidad y la
rato
muerte.
Decía santo Tomás de Aquino: “Tan sólo
un necio trata de consolar a una madre
ante su hijo muerto”. Estas palabras
surgen como fruto directo de la
contemplación de este pasaje en el que
Jesús, frente al sepulcro de su amigo
Lázaro, derrama unas de las pocas lágrimas que aparecen expresamente en el evangelio.
Jesús es consciente del valor de la vida frente a la eternidad y la muerte. Sabe que el alma
de Lázaro reposa esperando, como la del resto de los hombres, el momento sublime de la
redención. Sin embargo, Jesús también es un hombre. Lo que en un primer momento no le
cuesta aplazar cuatro días, más tarde se transformará en lágrimas y l anto: la
contemplación del sepulcro de su amigo.
El regreso a la vida de Lázaro es un anticipo, una profecía, de lo que será en el futuro la
resurrección de los muertos. Los amigos de Jesús, sus íntimos, sus más queridos, volverán a
la vida ante el asombro de sus enemigos y las miradas mezquinas de los que en vida no
acogieron a Jesús en su corazón.
Pidamos a Cristo en este día que guarde un puesto para nosotros en su corazón. Digámosle
con todo nuestro ánimo que queremos ser sus amigos y sus íntimos.
Lucas 24, 1-12
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La resurrección de Jesucristo es importante por muchas razones. Primero, testifica del
inmenso poder de Dios mismo. Creer en la resurrección es creer en Dios. Si Dios existe, y si
Él creó el universo y tiene poder sobre él, entonces Él tiene el poder de levantar a los
muertos. Si Él no tiene tal poder, Él no es un Dios digno de nuestra fe y adoración. Sólo Él,
quien creó la vida, puede resucitar después de la muerte. Sólo Él puede revertir la atrocidad
que es la muerte misma, y sólo Él puede quitar el aguijón que es la muerte y dar la victoria
sobre la tumba. En la resurrección de Jesús de la tumba, Dios nos recuerda su absoluta
soberanía sobre la vida y la muerte.
Segundo, la resurrección de Jesús es un testimonio para la resurrección de los seres
humanos, la cual es un principio básico de la fe cristiana. A diferencia de todas las otras
religiones, sólo el cristianismo tiene un fundador que trascendió la muerte y quien prometió
que Sus seguidores harían lo mismo. Todas las otras (falsas) religiones fueron fundadas por
hombres y profetas, cuyo fin fue la tumba. Como cristianos, somos confortados en el hecho
de que nuestro Dios se hizo hombre, murió por nuestros pecados, fue muerto y resucitado al
tercer día. La tumba no pudo retenerlo. Él vive y ahora está sentado a la diestra de Dios el
Padre en el Cielo. La iglesia viviente tiene una Cabeza viviente.
Ambientar el salón lo más oscuro posible.
Un mensaje Y decimos las siguientes palabras:
para mi La luz puede existir sólo si la oscuridad
existe. Entonces, ¿por qué odiar la
oscuridad? Sin la oscuridad no habría luz,
así que aquellos que aman la luz y odian
la oscuridad están en un dilema y
terminarán destruyendo lo que aman si
consiguen librarse de lo que detestan.
La vida no puede existir sin la muerte.
Entonces, ¿por qué odiar la muerte?
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La muerte es el contraste, el fondo, la negra pizarra en la que se escribe la vida con tiza
blanca.
La muerte es la oscuridad de la noche en la que la vida empieza a brillar, como estrellas. Si
destruyes la oscuridad de la noche, las estrellas desaparecerán. De hecho, eso es lo que
sucede durante el día. Las estrellas siguen ahí, pero hay demasiada luz y no puedes verlas.
Traemos a nuestra mente, nuestros seres queridos, aquellos que ya gozan de la presencia
de Dios… tengamos la certeza que nos encontraremos con ellos…
Colocamos de música de fondo: “yo te extrañare” tercer cielo
Para concluir este encuentro nos
preguntamos Un aliento
¿Qué debemos hacer para l egar a la vida
eterna? para seguir
¿Qué cosas debemos dejar morir para sea
el comienzo de una nueva vida?
Colocamos un cacharro y le damos a los
jóvenes una o dos semillas para cada uno,
que cosas debo dejar morir para nacer…
Mientras tanto escuchamos la canción
[Link]
Sé como el grano de trigo que cae en tierra y desaparece. Y aunque te duela la muerte de
hoy, mira la espiga que crece.
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Un trigal será la Iglesia que guardará mis entregas, fecundadas por la sangre de Aquél que
dio su vida por ella. . Ciudad nueva del amor, donde vivirá el pueblo que en los brazos de su
dueño nació, sostenido de un madero.
Sé como el grano de trigo que cae en tierra y desaparece. Y aunque te duela la muerte de
hoy, mira la espiga que crece.
Yo mi vida he de entregar, para aumentar la cosecha que el sembrador al final buscará y
dejará ser eterna. Y un día al Padre volveré, a descubrir el secreto de la pequeña semil a
que fiel cobró su herencia en el cielo. .
Sé como el grano de trigo que cae en tierra y desaparece. Y aunque te duela la muerte de
hoy, mira la espiga que crece.
Nos despedimos con la certeza…que la muerte es el fin de nuestra vida terrena, pero el
comienzo de nuestra vida eterna junto a Dios…