¡¡BIENVENIDOS!!
¡Qué tal! Nuevamente nos reunimos en
Nombre del Señor para seguir
conociendo la más grande de las
celebraciones que podemos realizar
aquí en la tierra:
la Santa Misa.
Veamos la segunda parte.
Liturgia de la
Eucaristía
La liturgia de la
Eucaristía es el
momento
más importante
de la Misa
Lavabo
Presentación
de Dones Epíclesis
Prefacio
Oración
Consagración
Secreta
Santo
Presentación de Dones:
Es el momento en el cual se lleva al
altar el pan y el vino, dos alimentos
muy sencillos, que el sacerdote ofrecerá
a Dios para que Cristo se haga
presente en la Eucaristía. La sencillez
de estos alimentos nos recuerda al niño
que le llevó a Jesús sus ofrendas, cinco
panes y dos peces.
Era todo lo que tenía, pero esa pequeñez,
puesta en las manos de Jesús, se convirtió
en abundancia y alcanzó para alimentar a
una multitud inmensa e incluso sobró. Así
nuestras sencillas ofrendas de pan y vino,
puestas en las manos del Señor, también
se convertirán en abundancia, en lo más
grande, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo
para alimentar a una gran multitud que
está hambrienta de Dios.
En cada misa, ¡nosotros somos esa multitud!
Junto a este pan y vino, le presentamos
también a Dios, de manera simbólica, algo de
nosotros mismos. Le ofrecemos nuestros
esfuerzos, sacrificios, alegrías y dolores. Le
ofrecemos nuestra fragilidad para que Él haga
obras grandes con nosotros. Para que cuando
Dios convierta el pan y el vino en el Cuerpo y la
Sangre de nuestro Señor Jesucristo, también
nos convierta a nosotros, nos haga mejores,
más semejantes a Él.
Oración Secreta:
Terminada la presentación de dones, el
sacerdote se inclina ante el altar y dice
una oración secreta. Es secreta, pero no
en el sentido que nadie la pueda conocer,
sino en que la dice en voz baja. Son varios
los momentos en los que el sacerdote dice
una oración secreta.
En esta ocasión dice: “Acepta, Señor, nuestro corazón
contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy
nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia,
Señor, Dios nuestro”. Es un momento importante porque
manifiesta que cuando el sacerdote celebra la misa, está
rezando, no simplemente repite gestos mecánicos, sino está
dialogando con Dios.
lavabo:
Mientras el sacerdote hace el
lavatorio de las manos, repite en
silencio la oración que él hace
interiormente:
«¡Señor, lávame totalmente de mi
culpa y purifícame de mi pecado!»
Prefacio:
Esta palabra viene de dos palabras en latín: pre – factum,
que significa literalmente “antes del hecho”. Y se llama así
porque está justamente antes del hecho más importante de
toda la misa: la plegaria eucarística, que son todas las
oraciones que rodean el momento de la consagración.
En el prefacio hay un diálogo con el sacerdote, que siempre
dice: “Levantemos el corazón”, a lo que la asamblea
responde: “Lo tenemos levantado hacia el Señor”. Es que
en el prefacio hemos dado gracias a Dios, hemos
reconocido sus obras de amor y lo alabamos. Todo esto
verdaderamente eleva nuestro corazón.
Ésa es la actitud interior a la que la liturgia nos conduce,
elevar el corazón para estar listos para el momento más
importante: cuando Cristo se haga presente con su Cuerpo
y su Sangre. Por eso el Papa Benedicto decía: “Debemos
elevar nuestro corazón al Señor no sólo como una
respuesta ritual, sino como expresión de lo que sucede en
este corazón que se eleva y arrastra hacia arriba a los
demás”.
Santo
El prefacio termina con este canto de alabanza a Dios. La
letra está tomada totalmente de las Sagradas Escrituras. La
primera parte, es un canto que hemos aprendido del coro
de los ángeles, que el profeta Isaías oyó que le cantaban a
Dios junto a su trono (Is. 6,3).
El tres veces santo repetido, nos recuerda las tres personas
divinas de la Santísima Trinidad.
Y la segunda parte es la aclamación que le dicen a Jesús
cuando está entrando montado en un burrito a Jerusalén el
domingo de Ramos: “¡Bendito el que viene en nombre del
Señor, hossana!” Estaban felices aclamando Jesús, el rey
esperado, que entraba a su ciudad. Nosotros en la misa
también aclamamos a Cristo que está a las puertas de
hacerse presente ante nosotros. Por eso podemos decir que
el santo, es un canto de hombres y ángeles, que nos
unimos para alabar a Dios.
Epíclesis
Es el momento en el cual se
invoca al Espíritu Santo para que
santifique las ofrendas de pan y
vino que hemos presentado. Por
eso en ese momento el sacerdote
extiende e impone las dos manos
sobre las ofrendas.
Así como el Espíritu Santo
descendió sobre la Virgen María
para que concibiera e hiciera
presente a Jesús en su seno,
ahora invocamos al Espíritu
Santo para que descienda sobre
estos dones y también haga
presente a Cristo entre
nosotros.
consagración
Hemos llegado al corazón de la plegaria eucarística, al
momento más importante de la misa. Siguiendo el mandato
que Jesús le dijo a sus apóstoles: “Hagan esto en memoria
mía”, el sacerdote, actuando en la persona misma de Cristo,
pronuncia las palabras de la institución de la Eucaristía, las
mismas que Jesús pronunció en la Última Cena.
Y esas palabras tienen el poder de transformar la realidad.
Así como cuando Dios dijo: “que se haga la tierra”, y la tierra
se hizo. Cuando Jesús le dijo al paralítico: “toma tu camilla,
levántate y anda” y el paralítico que nunca había podido
caminar, se puso de pie y empezó a caminar.
O cuando le dijo a su amigo Lázaro que llevaba 3 días en la
tumba: “¡Lázaro sal fuera!” y Lázaro volvió a la vida y salió
de la tumba. Así como Dios, cuando pronuncia su Palabra, la
Creación le obedece, en la misa, cuando Dios pronuncia su
Palabra a través del sacerdote: “tomen y coman que esto es
mi cuerpo…”, “tomen y beban que esto es mi sangre…”,
su Palabra, que es eficaz,
transforma la realidad y las
ofrendas de pan y vino dejan de
serlo. Se convierten realmente en
el Cuerpo y la Sangre del Señor
Jesús.
Nuestro Señor se hace presente
por la conversión del pan y el
vino en su Cuerpo y Sangre. Esa
admirable y singular conversión
se llama propiamente
«TRANSUSBTANCIACIÓN».
¿Verdad que esto es
extraordinario? Por eso San
Alfonso María de Ligorio decía:
«El hombre no puede realizar una
acción más santa, más grande,
más sublime que celebrar una
Misa».
Continuemos ahora con los…
Ritos de comunión
Padre Nuestro Comunión
Rito de la Paz Oración final
Fracción del Pan Despedida
La Comunión es el momento hacia el que confluye toda la
celebración eucarística, puesto que, por una parte, la mesa de la
Palabra pide ser completada con la mesa del Pan eucarístico y, por
otra, la consagración de los dones tiende no sólo a que Cristo
glorifique y dé gracias a Dios, sino también a que los fieles se unan
a Cristo sacramentalmente, comiendo el Cuerpo que se entrega y la
Sangre que se derrama para la salvación de los hombres.
“La celebración del sacrificio eucarístico –dice el Catecismo de la
Iglesia Católica-, está totalmente orientada hacia la comunión íntima
con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo
mismo que se ofrece por nosotros” (CEC 1382).
El Padre nuestro
El rito de la Comunión en la Misa comienza con el rezo del “Padre
nuestro”. Es la oración por excelencia de los hijos de Dios. Con ella
nos dirigimos a Dios llamándolo “Padre”; esta es la mejor manera
de prepararnos para recibir a Jesús en la Comunión.
En ella pedimos el “pan nuestro de cada día”, con una referencia
particular al Pan eucarístico que necesitamos para vivir como hijos
de Dios. Imploramos también a Dios que perdone nuestras ofensas,
y nos comprometemos al mismo tiempo a perdonar a los que nos
han ofendido. Así, abriéndonos al perdón de Dios nos disponemos
a vivir el amor fraterno. Y por último le pedimos que nos libre del
mal, que nos separa de Él y nos aleja de nuestros hermanos.
Papa Francisco
Rito de la paz
Con el rito de la paz se expresa la
unión y el amor mutuo antes de
acercarnos al Sacramento.
Fracción del pan
La fracción del Pan, es el gesto que Jesús realizó en la Última Cena
y que permitió a los discípulos reconocerlo después de la
Resurrección, como en Emaús. La fracción del Pan está
acompañada por la invocación del “Cordero de Dios”, que es la
imagen bíblica usada por san Juan el Bautista para identificar a
Jesús como Aquél que quita el pecado del mundo. En el Pan
eucarístico reconocemos al verdadero Cordero de Dios, que es
Cristo, y le suplicamos: “Ten piedad de nosotros…y danos la paz”.
comunión
Es cuando el sacerdote se acerca a
distribuir el alimento de la Eucaristía. Se
le llama también comunión porque al
recibir el cuerpo de Cristo, entramos en
una íntima y profunda común – unión
con Él. Cuando alguien come algo, eso
que ha comido se convierte en parte de
su cuerpo, se hace uno él y ya nadie lo
puede separar.
Cuando recibimos el Cuerpo de Cristo, con
este alimento sucede algo distinto, no sólo
se vuelve parte de nosotros sino, sobre
todo, nosotros nos volvemos en aquello
que comemos, nos Cristificamos, nos
hacemos más como el Señor. Este es el
verdadero alimento, el alimento de vida
eterna, que quien lo reciba, vivirá para
siempre.
oración final
Para completar la plegaria del pueblo de Dios
y concluir todo el rito de la Comunión, el
sacerdote pronuncia la oración postcomunión,
en la que se ruega para que el Misterio
celebrado produzca frutos abundantes en los
fieles y en la Iglesia
(cfr. OGMR, 72).
despedida
Finalmente, el sacerdote despide al pueblo.
La palabra Misa deriva del verbo latino mitere que significa
“enviar”. La celebración de la Eucaristía termina con el
envío de los cristianos al mundo. Y no se trata aquí
tampoco de una simple exhortación, «vayamos en paz»,
apenas significativa, sino de algo más importante y eficaz.
Así como Cristo envía a sus discípulos antes de ascender a los cielos -
«id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Mc
16,15), ahora Cristo mismo, al concluir la eucaristía, por medio del
sacerdote que actúa en su nombre y le visibiliza, envía a todos los
fieles para que vuelvan a su vida ordinaria, y en ella anuncien siempre
la Buena Noticia con palabras, y más aún con obras.
La vida entera no nos alcanza para
comprender y prepararnos para vivir
los Misterios del Señor.
San Juan Eudes dice: “Para ofrecer
bien el Santo Sacrificio se
necesitarían tres eternidades: una
para prepararla, otra para celebrarla
y una tercera para dar gracias”.
Con este material, quisimos ayudarte a
comprender lo valioso de la celebración
Eucarística o Santa Misa; porque, ahora
que ya te acercarás a recibir la Eucaristía,
es importante que tengas conocimiento de
lo que vas a vivir en cada celebración y lo
hagas con agradecimiento, amor, respeto y
devoción.
Que todo esto que aquí conociste, te sirva
para aumentar el deseo de asistir a la
Santa Misa, prepararte para vivirla y para
recibir a Jesús en el Santísimo Sacramento
de la Eucaristía y así vivir en Gracia de
Dios. Pues cada vez que asistimos y
participamos con disposición y devoción,
se nos perdonan los pecados veniales. Por
eso, el primer mandamiento de la Iglesia
es: “Oír Misa entera todos los domingos y
fiestas de guardar”, pero como tú ya eres
un cristiano adulto en la fe, además de oír,
debes PARTICIPAR de la celebración y de la
Sagrada Comunión.
«El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor haga resplandecer su rostro
sobre ti y te mire con buenos ojos.
El Señor vuelva su rostro hacia ti y te
dé la paz».
(Núm. 6, 23-26)
¡¡Hasta otra ocasión!!
Fuentes:
[Link] P. Juan José Paniagua
[Link]
[Link] P. José de Jesús Aguilar Valdés
[Link]
[Link]
[Link]
«El “Padre nuestro” es la oración por excelencia de los hijos de Dios» - Opus Dei
[Link]
RECOPILACIÓN
Proceso Evangelizador
Dimensión Parroquial de Pastoral Catequética
Catequesis de Primera Comunión
EDICIÓN
Isabel Cruz A.
Reparad todas mis faltas,
¡oh buen Jesús!, y recibid,
en satisfacción de mis pecados,
este Santísimo Sacrificio de vuestro
Cuerpo y Sangre preciosa,
que a este fin,
Vos ofrecisteis en la cruz,
y yo ahora os ofrezco.
San Juan Eudes