Mi Testimonio
Nombre: Camila Andrea Espinoza Vidal
Lugar: Talcahuano, Chile.
¿Cómo era mi vida antes de conocer a Jesús?
Mi vida antes de conocer a Jesús en general fue buena. Tuve una infancia feliz con
padres que me amaban y que fueron buenos ejemplos para mí de paz, de amabilidad,
benignidad, etc. Mi mamá literalmente vivió para nosotros, sus hijos. Y aún cuando mis
padres estuvieran separados trataron de darme lo mejor, cada uno a su forma, y eso lo
valoro mucho y cada uno dejó su huella en mi. Pese a que siempre estuve rodeada de
buena gente: mis tías, primos, vecinos, compañeros de curso, amigos, etc. y no pasé
necesidades, ni traumas a medida que crecí, en ese tránsito de niña a adolescente, mi
mente y mi ánimo se empezó a entenebrecer, me empezó a gustar lo oscuro y gótico a
la par que había dejado mi fe sencilla en Dios para convertirme en una convencida atea
que quería que todo el mundo dejara de creer en Él. Creía que gran parte de los
problemas en el mundo era la religión y la fe en Dios. La empecé a ver como
ignorancia y quería que todo el mundo "evolucionara" dejando de creer en lo que me
parecía una idea infantil como el "viejo pascuero". A la par a la incredulidad, me separé de
mis amigos pues me decía, "ellos no me pueden entender", queriendo en verdad camuflar la
idea de que me sentía mejor que ellos porque yo "pensaba" sobre estas cosas. Pero como
todo tiene consecuencias indirectas, algo sucedió dentro de mi. Esa sociabilidad y
capacidad amistosa de ser cuando niña se había ido y empecé a volverme solitaria a un
punto de obtener el diagnóstico de fobia social. Me deprimía sin tener problemas
porque sentía que el mundo y la vida era muy vacía. Me parecía que todo era vanidad…
que todo era superficial y no hubiera una sustancia detrás. No entendía por qué vivir si la
vida se repetía de generación en generación: en nacer, crecer, tener hijos y morir y, todo
eso me parecía tan absurdo, como sin propósito. Se arraigó dentro de mi una sensación de
vacío que permanecía. Era como si aún en mi felicidad, en mi infancia y en cada momento,
hubiera estado esa superficialidad y vacío y eso me molestaba. No tenía mis valores y
principios claros, pues como atea, de familia atea, si bien teníamos valores buenos
muchas cosas eran subjetivas y poco claras. Eso me angustiaba. Me encontraba muchas
veces con mi pecho apretado como un dolor ahora sé, en mi espíritu, que no era por tristeza
sino en medio de mis decisiones y vida. Era como si estuviera ese ruido intermitente de las
radios sin señal todo el rato sonando dentro de mi y eso me molestaba. Insisto sin tener
problemas me cansaba vivir. Y me traté de suicidar una vez… causando obviamente
gran dolor en mi madre que no entendía qué había hecho mal. Pero la mano de Dios me
protegió aún de mi misma, y no pasó a mayores. Tenía una tendencia autodestructiva y
un deseo de abandonarme. Eran tiempos de adolescente dónde había encontrado placer
e identidad en la escritura, quería ser Escritora y me gustaba mucho escribir pero todo lo
que brotaba era oscuro, depresivo, incluso macabro. No tenía ningún temor de Dios y
recuerdo un día en que queriendo romper barreras y límites, escribí unos poemas
horriblemente blasfemos contra Dios. Pero cuando los leí en voz alta sentí como si algo
me golpeara el pecho y eso causó una gran impresión de temor en mi. No tomé conciencia
de creer en Dios, no lo quise pensar, pero sí no volví más a hacerlo y fue una señal de que
quizás algo pudiera existir. Cuando tenía 16 años, mi mamá tuvo una aneurisma repentina y
quedó en coma, duró una semana y falleció. En ese tiempo aún mis tíos que no eran
creyentes me hablaron de una cadena de oración por mi mamá y yo orgullosamente no
quise orar pues me abanderaba de mi ateísmo y me dije "mi mamá no va a morir". Pasaron
muchas cosas, que no dan al caso, pero en definitiva, seguí atea, aunque como decía yo,
"buscando la verdad". Mi deseo en la vida era descubrir el "amor y la verdad" y recuerdo
cómo nos hicieron elevar nuestro deseo al cielo, en un globo, en una actividad de
finalización del colegio… y yo escribí eso, quiero "descubrir la verdad y el amor". Leía
mucho buscando en filosofías orientales, lectura en general y esoterismo un atisbo
de esa verdad. Me decía que encontrarla era la misión de mi vida (misión ambiciosa) Y
bueno… un día hubo un clic en mi mente, pensé: si Dios existía y era amor, como alguna
vez escuché, entonces Él tenía que estar separado de las personas, pues las personas
fallábamos tanto en el amor, mientras que todo lo que existía: nuestro cuerpo, la naturaleza,
el espacio, estaba sostenido en un equilibrio perfecto, pero no así la moral de la gente.
¿Cómo podía existir una como perfección física pero no en lo espiritual? Yo me decía: en el
hombre no hay esperanza porque en todos hay una semilla de corrupción. Pero seguía sin
creer y me gustaba discutir y ojalá influir en que otros no creyeran, en que todos dejaran de
creer.
¿Cómo supe que necesitaba a Jesús y le rendí mi vida?
Supe que necesitaba a Jesús porque llegó un momento en que lo buena que yo pensaba
que era, fue una imagen que se me cayó. Me di cuenta que detrás de las cosas buenas
que según yo hacía, habían otras motivaciones, no un amor auténtico y conocí a
personas creyentes que tenían una chispa de amor que no veía en mi. Empecé a sentir
una carga respecto a mi vida, mi pasado, mis errores y quería cambiar mi vida.
Entonces le conté a quien hoy es mi esposo y él me presentó escrita una oración para que
yo rindiera mi vida a Dios. La verdad es que me costaba creer en Jesús, sobre todo en que
había resucitado al tercer día. En Dios hace unos meses había empezado a creer tras una
experiencia con su amor que me hizo abandonar todos mis argumentos en su contra. ¿Qué
pesaba cualquier argumento al lado de experimentar un pedacito de su amor? Eran
absolutamente nada y habían dejado de importarme de ahí en adelante. Pero aunque ahora
era creyente en Dios, aún no había recibido a Jesús hasta ese momento. Mi esposo me
había dicho: "busca a Dios" sin saber que mi ignorancia sobre el tema era tal que le
buscaba mirando la naturaleza o pensando que debía ingerir ciertas sustancias. Y aún
cuando le hablaba a Dios sentía que había como una muralla, un vacío... Aún la creación la
encontraba vacía como algo hermoso pero como dije antes sin sustancia, superficial. Había
tenido una experiencia con el amor de Dios y también en otras oportunidades con su
presencia, pero fue solamente cuando hice esta oración de rendir mi vida a Él que
experimenté que esa barrera cayó. Y fue y es y a Sido lo más maravilloso de mi vida.
Cómo contaba me costaba creer que Jesús hubiera resucitado... Y varias cosas, pero yo
quería tanto cambiar mi vida que la repetía con fervor "Dios, confieso que soy pecadora,
que Jesús murió por mis pecados para perdonarme y que resucitó al tercer día. Por
favor lávame, limpiarme con la sangre de Cristo, limpia mi corazón y mi alma, dame
un nuevo corazón y una nueva vida, te entrego mi vida, has todas las cosas nuevas,
hazme tuya, ya no quiero vivir para mí. Acepto como mi Señor y Salvador, entra en mi
corazón, en el nombre de Jesús, amén." Hablando con mis palabras mis errores y
pecados. Aunque era una oración comprometedora, en verdad no me importaba porque
deseaba tanto que mi vida fuera nueva, que Él hiciera todo nuevo, volver a nacer en Él y me
limpiara y no me causó temor. Solamente repetí varias veces la oración (que era parecida a
esta, no conservo el texto que mi esposo, entonces novio, me compartió) con el anhelo y
esperanza de que así lo hiciera.
Y así fue Inmediatamente algo que llamé "energía," "calor," "como electricidad" recorrió mi
cuerpo y me dió susto pero fue una señal de que algo había ocurrido. Al día siguiente al
verme al espejo veía como mi rostro más limpio, no sé cómo explicarlo y al visitar a un
amigo cristiano, sin contarle nada yo, el dijo "Oh, te lavaste con las aguas del Espíritu".
¿Cuál es la diferencia que Él ha hecho en mi?
Apareció una paz en mi corazón que es uno de los tesoros más grande que existe. El
murmullo disruptivo, como de radio sin señal, fue apagado y reemplazado por una
paz suave como un bálsamo. Cuando tenía un mal pensamiento esa paz se perturbaba
con un dolor en el pecho y, en todas esas señales, solamente podía estar demasiado
impresionada y maravillada de que Dios fuera verdad. Mi mirada cambió
automáticamente como si me hubieran puesto por primera vez lentes y fue como si
pudiera ver la belleza en el mundo, pero ahora con esa sustancia detrás que le daba
sentido, propósito y le sostenía. Fue como de blanco y negro empezar a ver en
colores. Dios empezó a tratar en mi vida, a empezar a poner orden, a través de
situaciones. Empecé a leer las Escrituras, y si antes sin recibir a Cristo no entendía, fue
como si mis ojos se abrieran. Me empecé a enamorar de Dios y quería conocerle más.
Entonces buscamos una iglesia con mi esposo y de ahí en adelante empecé a aprender en
una iglesia. Y Él ha tratado mi vida desde ese entonces hasta ahora con mucho que
contar. Pero de ahí en adelante ÉL se transformó en el amor de mi vida. Llenó de
esperanza mis ojos. Me dió en verdad una nueva vida a mi... Alguien que en verdad quise
morir y me imaginaba la vida perdida en algún vicio o quizás en qué. Él me salvó. Me liberó
de la fobia social, poco a poco, al ir dependiendo en oración cada vez que tenía temor o
ansiedad. Si mi escritura y dibujos fueron oscuros, fue como si Él encendiera la luz y mis
dibujos se llenaron de amarillo y alegría. Aunque como creyente he pasado momentos
duros, Él siempre me ha sostenido y levantado y aprendí con Él a no abandonarme como
antes hacía, sino apoyarme en Él y dejarme ser como una niña amada de su Padre. Soy
feliz con Él y no puedo cambiar por nada este tesoro ni negar su realidad. Él es
verdaderamente real. Y lo más hermoso que existe. Toda la gloria es para Él. Pues sin
merecer absolutamente nada, Él me encontró y respondió el deseo de mi corazón de
encontrar el amor y la verdad.