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Unidad 2

La crisis del orden colonial en Argentina entre 1806 y 1820 estuvo marcada por las invasiones inglesas, la revolución y la guerra por la independencia. Las invasiones expusieron la fragilidad del orden colonial y llevaron al surgimiento de una milicia urbana criolla independiente del sistema administrativo y militar español. Tras iniciar la guerra de independencia, los nuevos gobiernos revolucionarios debieron lidiar con problemas como la formación de un ejército regular y las bases sociales y políticas del nuevo poder emergente.

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La crisis del orden colonial en Argentina entre 1806 y 1820 estuvo marcada por las invasiones inglesas, la revolución y la guerra por la independencia. Las invasiones expusieron la fragilidad del orden colonial y llevaron al surgimiento de una milicia urbana criolla independiente del sistema administrativo y militar español. Tras iniciar la guerra de independencia, los nuevos gobiernos revolucionarios debieron lidiar con problemas como la formación de un ejército regular y las bases sociales y políticas del nuevo poder emergente.

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Crisis del orden colonial, revolución y guerra (1806-1820)

1. Crisis política: las invasiones inglesas y la militarización. La guerra en la península y la


“Revolución de Mayo”. Las fases de la revolución y la guerra en la ruptura del vínculo
colonial

Pero entre 1806 y 1807 las invasiones inglesas ya habían sacudido a la ciudad de Buenos Aires, dando
origen a un nuevo actor político independiente del sistema administrativo y militar colonial, la milicia
urbana

Una vez iniciada, la guerra de la Independencia se convierte en tarea primordial de los gobiernos centrales
al mismo tiempo que se plantea el problema de las bases sociales y políticas del nuevo poder.

Si la tendencia a la formación de un Estado unitario apareció tempranamente como dominante en Buenos


Aires, los pueblos oscilaron entre la simple autonomía, la unión a los gobiernos centrales y las propuestas
confederales de Artigas.

Durante la primera década revolucionaria el sistema de representación política se encuentra aún regido
por la ciudad y limitado a los "vecinos" de la antigua tradición hispánica.

Reformas borbónicas: buscó uniformizar a los diversos reinos que integraban la monarquía española,
eliminando las prácticas soberanas que formaban parte de los antiguos privilegios de cada reino. Régimen
francés de intendentes. Reforma en la plano Militar: Así, el objetivo de la reforma fue dotar a América de
un ejército propio, a través de la integración de las posesiones americanas y la metrópoli en un aparato
militar unificado

Con la adopción del régimen de intendencias la Corona se propuso desplazar del control de la
administración, y en particular de los cargos de responsabilidad, a las familias de las elites criollas que
ocupaban posiciones decisivas en casi todas las instancias del Estado. Cambio de política con respectos
de los Habsburgos: fueros y libertades particulares. La política uniformadora de la Corona en tiempo de
los Borbones avanzó sobre estos privilegios, en particular sobre el gobierno de los municipios, a partir del
criterio básico de considerar su poder como absoluto e ilimitado

En este sentido, los sucesos políticos peninsulares ocurridos entre 1808 a 1810 son fundamentales ya que
muestran a la monarquía como lo que todavía era en esos años: una unidad entre la península y los
territorios hispanoamericanos.

1808: la Corona de España pasó de los Borbones españoles a José Bonaparte a partir de esa fecha. quién
gobierna y en nombre de quién.

Invasiones Inglesas: demostraron la fragilidad del orden colonial. Comportamiento sumiso a los ingleses
del cabildo y la audiencia. Inexistencia de un ejército para la defensa por la escasez de tropas regulares y
la falta de milicias locales eficientes.

Dos intereses de gran Bretaña: militar y comercial. Base militar para la expansión de su comercio. Plan:
buscar el apoyo de los primeros seduciendo con promesas.

Conducta de sobremonte: provocó la primera grave crisis de autoridad en el Virreinato. En efecto, el 14


de agosto de 1806 se convocó a un Cabildo Abierto que por presión popularexigió la delegación del
mando militar en Liniers y la entrega al presidente de la Audiencia del despacho de los asuntos de
gobierno y hacienda. Reconquista Liniers y puyerredon.

Lo cierto es que en las improvisadas fuerzas militares del Regimiento de Patricios y de los Húsares de
Pueyrredón se asienta cada vez más el poder que gobierna el Virreinato y que otorga a la elite de
comerciantes y burócratas una nueva base de poder local, y a la plebe criolla una inédita presencia en la
escena pública.

la elección de sus oficiales por la propia tropa también ofreció una oportunidad de progreso a hombres
que, sin fortuna y sin formación militar, gozaban de prestigio entre los milicianos. El financiamiento se
hizo mediante una masa monetaria que antes se iba a España
halperin Donghi: la milicia urbana no sólo proporcionó una fuerza militar a los criollos, sino que se
constituyó en una organización "peligrosamente independiente" del antiguo sistema administrativo y
militar colonial

1808: enfrentamiento entre el cabildo y liniers por el control de las milicias

Criollos ven con buenos ojos un arreglo con carlota Joaquina: En primer término, este pequeño grupo no
parece creer, a pesar de las acusaciones en contrario, en la posibilidad de una declaración de
independencia: frente al control que tie'rien los funcionarios del Cabildo del aparato institucional colonial,
no se sienten aún con demasiadas fuerzas para constituir un nuevo poder de base local. En segundo lugar,
temen las posibles represalias conjuntas de España, Portugal e Inglaterra, ahora aliadas. En este sentido, la
infanta Carlota podía dotar de legitimidad al proceso que, iniciado con las invasiones inglesas, otorgaba
cada vez más representación a los sectores criollos en el ámbito local. Finalmente, se temían los manejos
del Cabildo y sus pretensiones de instalar una "república independiente" bajo la égida de los españoles
europeo.

En 1809 una delegación del cabildo le pidió la renuncia a liniers , sin embargo el comandante Cornelio
Saavedra, al mando de Patricios y Andaluces, declaró su firme oposición a la destitución del virrey.

Unos y otros siguieron, luego de este incidente, abiertos a distintas posibilidades de alianza sin
comprometerse demasiado con la defensa de la legalidad monárquica ni convencidos de las ventajas de
una ruptura total del vínculo con la metrópoli.

La crisis final del lazo colonial en el Río de la Plata se producirá sólo cuando lleguen las noticias de una
posible derrota total de España en manos de las tropas francesas. Y esto ocurre a mediados de mayo de
1810.

Halperin donghi ;La transformación de las milicias en un ejército regular, con oficialidad
profesionalizada, es un proceso que está apenas comenzando, y por el momento los cuerpos milicianos
son, más bien que un elemento autónomo en el conflicto, la expresion armada de cierto sector urbano que
sin duda los excede. Este sector puede ser llamado popular? He aquí una pregunta que quienes han
negado tajantemente el carácter popular de la Revolución de Mavo han omitido formularse, y acaso sea
necesario imitar su prudencia.

la guerra de Independencia iba a ser, en cierta medida, la primera de nuestras guerras civiles

Militarizacion: problemas graves que trajo esa militarización acelerada: El primero de ellos era desde
luego la misma transición demasiado rápida a la vida militar, que provocaba deserciones difíciles de
frenar. Pasados los primeros entusiasmos, fue sobre todo el rigor de la disciplina el que defendió a los
ejércitos revolucionarios de una siempre presente amenaza de disgregación. Otra cansa de los altibajos de
popularidad era el costo de la guerra no ya en hombres sino en recursos. La obtención de éstos terminó
por ser una preocupación casi obsesiva de los sucesivos gobiernos revolucionarios. En parte el ejército
vive de los recursos del país; la adquisición local de ganados y cabalgaduras, de objetos de talabartería y
textiles parece ser la regla; aun en cuanto a armas y pólvora algo se puede comprar en el país.

El proceso revolucionario comprendió dos períodos. El primero abarcó los años que van de 1810a 1814 y
está marcado por los intentos frustrados por parte de los morenistas de asociar la lucha de la
independencia con la construcción de un nuevo orden. El segundo, de 1814 a 1820, se caracterizó por el
conservadorismo político del gobierno del Directorio.

Se invocó el principio de retroversión de la soberanía para reasumirla provisionalmente hasta tanto el rey
regresara al trono, siguiendo el ejemplo de las juntas de España. En segundo Jugar, si bien no se puso en
juego la legitimidad monárquica, sí se cuestionó la de las autoridades metropolitanas que venían a
reemplazarlo. La formación de la Junta provisional implicó la creación de un gobierno autónomo, que
procuró erigirse en autoridad suprema de todo el Virreinato. La autonomía significaba en aquel momento
mantener el vínculo con el monarca y ejercer el autogobierno sin reconocimiento del Consejo de
Regencia peninsular.

Aunque la legitimidad de la Junta emanaba del Cabildo que la había creado, muy rápidamente sus
miembros se mostraron reticentes a compartir el poder con el Ayuntamiento de la capital. Para
constituirse en autoridad suprema era necesario ampliar su representación, integrar al resto de las
ciudades del Virreinato y reducir el poder de las instituciones coloniales, especialmente e l que detentaba
el Ayuntamiento capitalino.

En cuanto al proclamado objetivo del nuevo gobierno de erigirse en el poder supremo, los problemas
fueron mayores. En el acta confeccionada por el Cabildo el 25 de mayo, la Junta asumió las atribuciones
correspondientes a un virrey-gobierno, hacienda y guerra, pero quedó

limitada por la Real Audiencia, que absorbió la causa de justicia, y por el Cabildo de la capital, que se
reservó las atribuciones de vigilar a los miembros de la Junta, pudiendo destituirlos por mal desempeño
de sus funciones, y de dar conformidad a la imposición de nuevas contribuciones y gravámenes. En este
contexto, signado por las incertidumbres jurídicas y los avatares de la guerra en la Península, la junta
debía moverse con mucha cautela si pretendía erigirse en autoridad superior sin violar la Legalidad
hispánica de la que por ahora se proclamaba heredera. El modo de hacerlo fue remover a los miembros de
las dos instituciones destinadas a Limitar su poder y colocar en ellas a personajes leales al nuevo
gobierno.

En primer lugar, que fueron las milicias urbanas las que volcaron el equilibrio a favor de la autonomía. En
segundo lugar, que el movimiento contó con apoyo popular, especialmente de la plebe urbana de La
capital. Finalmente, que los hechos de mayo tuvieron un carácter netamente porteño, al menos en sus
primeros tramos. Esa limitada dimensión capitalina condujo a la Primera Junta a buscar apoyos en el
amplio territorio que pretendía dominar. Para ello, Buenos Aires se valió, más que nunca, de su condición
de capital de un virreinato que ahora comenzaba a explorar en sus verdaderas dimensiones. La
convocatoria a que las ciudades eligieran un diputados para integrar esa Junta estuvo acompañada por
expediciones armadas, cuyo objeto fue dar a conocer la nueva situación y persuadir. Lo fundamental era
obtener el apoyo de los cabildos, en la medida en que el principio de retroversión de la soberanía a los
pueblos involucraba directamente a los ayuntamientos como cuerpos representativos de esos pueblos.

Congreso reunido en Cádiz otorgaba representación tanto a los territorios peninsulares como a los
americanos. De esta manera, se cumplía con el cambio de estatus proclamado por la Junta Central en
enero de 1809, al declarar que los territorios americanos no eran colonias, sino parte esencial de la
monarquía. El cumplimiento de esta Real Orden se produjo en sus dos dimensiones más relevantes: se
respetó la integración de América a la representación en Cortes, pero a su vez se mantuvo la desigualdad
de esa representación al otorgarle mayoría de diputados a la Península, sin seguir un criterio que vinculase
el número de habitantes con el de diputados. Esta asimetría provocó serios descontentos en muchas
regiones de América. El Río de la Plata se opuso a participar de las Cortes de Cádiz invocando como
principal argumento la desigualdad representativa

Interpretación sobre los acontecimientos de mayo Consenso en la historiografía: En primer lugar, para
demostrar que dichos movimientos no nacieron de planes anticoloniales preconcebidos, sino de los
efectos producidos por la crisis monárquica de 1808; en segundo lugar, para descubrir las distintas
alternativas que la crisis abrió en términos de autonomías y autogobierno; finalmente, para potenciar el
estudio de los distintos planos de disputa en los que se libraron las revoluciones en cada uno de los
territorios pertenecientes a la monarquía.

Diciembre de 1810: El secretario Mariano Moreno lideró uno de esos grupos, con la posición de que los
diputados debían formar un congreso destinado a dictar una constitución y a establecer una forma de
gobierno. Por su parte, el presidente, Cornelio Saavedra, junto a los nueve representantes del interior,
apoyaron la moción de formar una junta ampliada. La primera posición planteaba una estrategia más
radicalizada, en la medida en que un congreso con función constituyente implicaba abandonar eJ simple
depósito de la soberanía para transformar el orden vigente y abrir, en consecuencia, el camino a la
emancipación definitiva. La Segunda era más conservadora, porque formar una junta de ciudades
implicaba mantenerse dentro del orden jurídico hispánico, pero también dentro de la autonomía lograda
en mayo de 1810, asumiendo el depósito de la soberanía del monarca, ahora en manos de un cuerpo que
representaba tanto a la capital como al conjunto de ciudades que habían aceptado esa alternativa. Triunfó
la posición saavedrista y se instituyó una junta de ciudades. El 18 de diciembre de 1810 quedó
conformada la Junta Grande.
Una de las tareas más urgentes de la Junta Grande fue generar y mantener adhesiones al nuevo orden en
regiones absolutamente alejadas del centro de poder radicado en Buenos Aires.

Cuando el presidente de la Junta se dirigió al frente del ejército del Norte con el objeto de reorganizarlo,
luego de la derrota de Desaguadero, sus opositores aprovecharon la ocasión para convocar al cabildo
abierto que debía elegir a los dos diputados por Buenos Aires aún no designados, según lo estipulaban las
circulares de mayo de 1810

Tres días después de la elección se produjo la "concentración del poder" -según los términos utilizados
por los contemporáneos a los hechos- al constituirse el Triunvirat0 con los dos diputados elegidos en el
cabildo abierto, Feliciano Chiclana y Juan José Paso, y con el más votado de los apoderados del pueblo,
Manμel de Sarratea. EJ poder ejercido desde Buenos Aires no ocultaba su voluntad centralizadora,
mientras las ciudades reclamaban representación.

El hecho de que las Cortes se negaran a negociar con América un régimen de autogobierno para el
manejo de sus asuntos locales invalidó cualquier alternativa de tipo autonomista dentro del marco de la
monarquía. Para las regiones que, como el Río de la Plata, se habían mantenido ajenas a la experiencia
constituyente de Ja Península, las opciones se reducían a aceptar ser parte de la nueva nación española o a
ser declaradas rebeldes por la metrópoli.

El segundo Triunvirato, dominado por tendencias más radicales que proclamaban


la necesidad de declarar formalmente la independencia. Fue el encargado de convocar al primer Congreso
constituyente que se reunió en el Río de la Plata en enero de 1813

La Asamblea del año XIII representó el momento más radical de la revolución. No sólo por haber
sancionado la libertad de prensa, la libertad de vientre, la extinción del tributo, la mita y el yanaconazgo,
y la supresión de títulos de nobleza, sino también por haber excluido la fórmula de juramento de fidelidad
al rey Fernando VII. La nueva fórmula de juramento fue novedosa y a la vez conflictiva. Los diputados
electos en las ciudades llegaron a Buenos Aires con ~instrucciones de representar a sus respectivos
pueblos, pero una vez abiertas las sesiones del Congreso, el diputado Alvear propuso que todos juraran en
nombre de la nación. Con esta nueva fórmula, los diputados dejaban de representar a su ciudad y
provincia para pasar a representar a una nación que nadie sabía muy bien cómo definir.

Por un lado, estaban quienes defendían una forma de gobierno indivisible y centralizado; por otro,
quienes propugnaban una forma de gobierno con amplias autonomías para las ciudades, a la que se le dio
el nombre de "tendencia federal". Para los primeros, la soberanía era única e indivisible -representada en
el concepto de nación impulsado por el diputado Alvear-y el ordenamiento político resultante debía ser de
unidad para las provincias del ex Virreinato. Esto presuponía la preponderancia de Buenos Aires por su
condición de antigua capital del Virreinato y porque era, además, cabeza de la revolución iniciada en
1810. Para los segundos, la soberanía podía estar segmentada y colocaban en pie de igualdad a todas las
ciudades como sujetos de derechos soberanos

Femando VII volvía al trono con la férrea voluntad de recuperar sus dominios y de castigar tanto a las
colonias rebeldes como a los protagonistas de las Cortes liberales que habían sancionado la Constitución
de 1812.

Con la restauración monárquica las opciones eran aún más escasas: o se regresaba a una sumisión a la
metrópoli en los términos absolutistas planteados por Fernando VII o se salía de la ambigüedad jurídica
imperante y se declaraba formalmente la independencia. El gobierno convocó a un nuevo Congreso
Constituyente que, reunido en Tucumán, el 9 de julio de 1816 declaró la independencia.

La identificación entre Buenos Aires-capital y poder central condujo a muchos a percibir que desde allí se
ejercía un poder despótico que desconocía los reclamos del conjunto de los pueblos. En el marco de estos
dilemas, el Congreso constituyente, que había iniciado sus sesiones con enorme cautela y prudencia
respecto de las demandas de los pueblos, fue deslizándose hacia posiciones cada vez más centralistas. La
Constitución sancionada en 1819 no sólo se abstuvo de definir la forma de gobierno, sino que tampoco se
expidió respecto de la organización interna de las provincias
En 1814, Artigas rompió definitivamente con Buenos Aires y comenzó a expandir su poder e influencia
sobre Santa Fe, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Córdoba

El litoral ofreció un modelo rival al propuesto por bs as. El poder revolucionario encuentra limites a su
expansión.

La adhesión de Moreno a las ideas republicanas y sus simpatías por la Revolución Francesa se expresaron
desde el inicio de la Revolución sin demasiado ocultamiento desde las páginas de La Gaceta mientras su
acción política se radicalizaba. Una línea política, basada en la renuncia a toda ilusión sobre la
provisionalidad de los enemigos encontrados en el camino, orientada entonces hacia la lucha y dispuesta a
encontrar apoyos para esa lucha utilizando las tensiones existentes en el cuerpo social; invocando contra
la "tenaz y torpe oposición" de los españoles europeos la arraigada enemiga de la población nativa,
intentando despertar en los indios una corriente de protesta contra su opresión secular.

con la implantación de la guerra como horizonte de la revolución para un futuro indefinido la evolución
hacia el ejército regular se hace inevitable; es característico que el reglamento de octubre no sea derogado
luego de la caída de Moreno.

El 19 de octubre es dictado un reglamento para la carrera militar, que tras vituperar abusos al parecer no
concluidos con la revolución, esboza la creación de un cuerpo de oficiales de carrera, con requisitos de
ingreso en verdad muy modestos; la iniciativa parece no haber sido bien recibida en los cuerpos
milicianos. Moreno hace aprobar un decreto de supresión de honores del presidente que no sólo despoja a
Saavedra de esas honras de sabor monárquico, sino también de la comandancia militar, que deja de ser
unipersonal y recae en toda la Junta.

Más audaz fue la política seguida por Castelli al mando de la expedición libertadora en el Alto Perú. El 25
de mayo de 1811 frente a las ruinas de Tiahuanaco proclamó el fin de la servidumbre. La liberación
indígena constituyó sin duda un arma de guerra necesaria para un ejército que requería hombres y
recursos La liberación indígena constituyó sin duda un arma de guerra necesaria para un ejército que
requería hombres y recursos.

Club morenista: El club hizo una oposición sistemática al gobierno de Saavedra, calificado de
"moderado", que terminó por desencadenar las jornadas del 5 y 6 de abril, en las que son expulsados de la
Junta Grande los morenistas que aún permanecían en ella.

La logia Lautaro El grupo se organizó en sociedad secreta, abandonó el recurso a la "opinión pública"
como medio de control y acceso al poder, a cambio de la creación de un instrumento que asegurase dos
objetivos: la organización del ejército libertador y la declaración de la independencia.

El nuevo Ejecutivo se ha liberado así de la Junta, tras algunos meses de incómoda convivencia, pero con
ello no han terminado sus problemas. Tiene sobre sí al Cabildo, que lo ha ayudado a ganar la supremacía,
pero se reserva aún el derecho de superintendencia, establecido en mayo de 1810; tiene que utilizar para
renovar su composición un sistema que, como se verá bien pronto, es garantía segura de nuevos
conflictos. Pero, en lo más inmediato, tiene sobre todo que enfrentar a esos regimientos urbanos que han
sido la base del poder de la Junta

Para sus adversarios, la política del Triunvirato, además de repulsiva, es en extremo peligrosa: con la
moderación la revolución sólo se engaña a sí misma; sus vacilaciones serán explotadas por adversarios
dispuestos por su parte a todo. Las acusaciones de Monteagudo, que abomina de la "fanática lenidad" de
los triunviros, encuentran confirmación en las observaciones más discretas del enviado portugués
Rademaker, que señala a los gobernantes de Buenos Aires los peligros de una conspiración realista
apoyada desde Montevideo. Esta tiene por jefe a Martín de Alzaga; desde julio ha sido denunciada al
Triunvirato

La confluencia de las miras de la Sociedad Patriótica con los recién llegados(San Martin Alvear) condujo,
como se señaló, a la creación de la Logia. El 8 de octubre de 1812, bajo su influjo, el ejército depuso al
gobierno y constituyó el Segundo Triunvirato para retomar la línea impulsada por la Sociedad Patriótica.
La iniciativa política más importante de este período fue la reunión de la primera Asamblea General
Constituyente rioplatense en enero de 1813. La Asamblea representa en parte el triunfo de la línea
esbozada por Moreno. :se declara la libertad de prensa, la libertad de vientre, la extinción del tributo, la
mita, el yanaconazgo y el servicio personal, la supresión de los títulos y signos de nobleza, y la
eliminación de los mayorazgos.

una vez en el gobierno, la Logia amenazaba perder su anterior unidad; a la tendencia que reconocía como
inspirador a San Martín, y que estaba más cercana a los objetivos originarios de la agrupación, se
enfrentaba la que tenía por jefe a Alvear y que, por lo contrario, veía en la Logia un admirable
instrumento para ser utilizado en el marco político de la revolución rioplatense, renunciando por el
momento a la intensificación de una lucha, cuyo éxito la coyuntura internacional hacía problemático, en
favor de una limitación de los objetivos revolucionarios hasta reducirlos a límites aceptables para la nueva
constelación internacional que se instauraría sobre las ruinas del sistema napoleónico.

Iniciativa de Alvear es, a comienzos de 1814, la concentración del poder. El Triunvirato deja paso a un
Poder Ejecutivo unipersonal; para ocuparlo la Asamblea elige a Gervasio Antonio de Posadas, tío de
Alvear e integrante del cuerpo ejecutivo que acaba de ser abolido. La persona del directorio tiene
importancia: Alvear es la figura dominante del régimen. Este enfrenta dos dificultades principales: la
expansión del federalismo litoral y la cada vez más desfavorable situación internacional.

Frente a la expansión del movimiento federal intentó por un momento el camino de la negociación; la
entrada de Córdoba en el sistema de Artigas lo persuadió de que sólo la guerra podía frenar el avance de
la disidencia litoral. El desenlace ya ha sido recordado: el 17 de abril de 1815 la partida del director
supremo al destierro y la disolución de la Asamblea

Del gobierno de Alvear quedaba un triste balance: bajo la concentración unipersonal del poder, la
dirigencia revolucionaria se había aislado de la clase política urbana y del pueblo, a quienes pretendía
manipular de modo unilateral. La Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe formaban la Liga de
los Pueblos Libres bajo la protección de Artigas

Derrota de sipe sipe: Instalacion del gobierno de guemes en salta; guerra defensiva. la caída del poder
central en 1820 traerá consigo la del régimen del caudillo, empobrecido por la guerra defensiva y
jaqueado por la creciente oposición de la elite salteña.

El denominado Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica comenzó sus
reuniones en marzo de 1816 y designó como nuevo director supremo a Juan Martín de Pueyrredón:
fundamental del Congreso fue la declaración, en julio de 1816, de la Independencia de las Provincias
Unidas en Sudamérica y la afirmación de la voluntad de "investirse del alto carácter de una nación libre e
independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli"

Pueyrredón anuda una alianza con Güemes y San Martín, que le proporciona una nueva base de poder,
esta vez depositada en los ejércitos en campaña, no le resultó suficiente para impedir una gradual pérdida
de su autoridad política. Uno de los puntos más críticos lo constituyó su política pro Portugal, que lo llevó
a partir de 1816 a desentenderse del avance de las tropas portuguesas sobre la Banda Oriental.

Pero hubo un instrumento preconstitucional que fijó provisoriamente las bases para la organización del
nuevo Estado, el Reglamento Provisorio para la Administración y Dirección del Estado, del 3 de
diciembre de 1817, y que tuvo considerable trascendencia en todo el territorio. Muchas de sus
disposiciones permanecieron vigentes en los pueblos luego de la caída del poder central, en la medida que
no fueron reemplazadas por leyes o textos constitucionales propios.

De esta manera una de las cuestiones que hoy se plantean es la de discernir, frente a una excesiva
identificación de esas expresiones con formas federales, en qué medida la emergencia de la soberanía de
los pueblos durante el proceso emancipador puede ser vinculada a una tradición, la del autogobierno de
los pueblos, que las reformas borbónicas no habrían podido quebrar. Bajo la defensa de esos derechos
pudieron caber tanto una declaración de independencia provisional del gobierno central en un momento
de crisis como una manifestación de unión con Buenos Aires

la lucha de las ciudades subalternas para independizarse de las ciudades cabeceras de las intendencias
a partir de 1810: lejos de constituir antecedentes del federalismo rioplatense!^-estos movimientos de
autonomía invocaban los antiguos derechos de los pueblos al autogobierno, manteniendo asimismo la
relación de dependencia con el poder central representado por la Junta de Buenos Aires. Pero como
consecuencia de esas aspiraciones de los pueblos al ejercicio de su soberanía, se inició un proceso de
disgregación de las antiguas provincias del régimen de intendencias, basado en el principio de la
retroversión de la soberanía, que dará nacimiento a las nuevas provincias

Artigas: En enero de 1811 José Artigas, capitán de Blandengues asignado a la plaza de La Colonia, se
fuga más allá del río a ofrecer sus servicios a la revolución. Al aceptarlos, las autoridades de Buenos
Aires no adivinan que tienen ante sí a un futuro rival, capaz de formular una alternativa política válida a
la línea que Buenos Aires quiere conservar para la revolución que ha promovido y de la que se cree
dueña. En el programa formulado por Artigas, el imaginario pactista adoptó una forma claramente
confederal. En junio de 1810 el Cabildo de Montevideo había declarado su lealtad al Consejo de
Regencia; Francisco de Elío gobierna la ciudad con el título de virrey en oposición al nuevo poder de
Buenos Aires. En las zonas rurales de la Banda Oriental la resistencia a las autoridades españolas de
Montevideo se fue generalizando bajo el liderazgo de Artigas y con el apoyo de Buenos Aires.

Mientras los portugueses siguen avanzando, las negociaciones culminan el 7 de octubre en un acuerdo
preliminar que sera ratificado dos semanas después por un armisticio: ambas partes reconocen los
derechos de Fernando VII, las fuerzas porteñas se retiran de toda la Banda Oriental y del este entrerriano,
dejando a Elío la tarea -excesivamente difícil- de lograr la retirada de los portugueses

Propuesta confederal: surge claramente una propuesta de carácter confederal, inspirada en los artículos de
confederación y perpetúa unión de los estados norteamericanos. En las Instrucciones se proclama que la
Provincia "retiene su soberanía, libertad e independencia, y todo poder, jurisdicción y derecho que no es
delegado expresamente por la confederación a las Provincias Unidas, juntas en congreso. Si bien, como se
ha observado, circulaban por entonces diversos conceptos de "federalismo", las representaciones
mencionadas hacen en realidad referencia a una modalidad de alianza confederativa pues proponen la
creación de un gobierno general para dirigir la guerra, la paz y los negocios exteriores de los llamados
"Estados federales" a constituir. Lo paradójico, no obstante, es que luego de la caída del gobierno unitario
en 1827, la unión confederal se convirtió en la forma preferida en Buenos Aires, por considerársela el
mejor recurso para defender sus intereses frente a las pretensiones de las demás provincias.

en setiembre de 1815 se dicta el célebre Reglamento provisorio de la provincia oriental para seguridad
de su campaña y fomento de sus hacendados,· que da normas precisas para la reconstrucción rural; como
en otras comarcas rioplatenses; actualiza la obligación, para los rurales sin tierras, de conchabarse so pena
de trabajos forzados o enrolamiento militar.

Tulio Halperin Donghi puso de relieve los efectos de la Revolución y la guerra de la independencia sobre
las bases sociales del nuevo poder y el equilibrio social preexistente. En efecto, en el interior mismo de la
elite se observó un avance de la brutalidad en aquellos que participaron de la escuela administrativa y
militar del poder revolucionario. Pero el cambio más notable es el que se vinculó al poder cada vez más
amplio que la coyuntura guerrera confirió a las autoridades locales -militares, policiales y judiciales-
encargadas de canalizar los recursos humanos y económicos de las zonas rurales.

2. La desarticulación del sistema económico virreinal. El librecambio. La guerra y las finanzas.

Halperin Donghi: Las contribuciones en dinero recaen entonces sobre todo en los comerciantes. De ellas
surgirán dos tipos diferentes: por una parte las que, con ese nombre u otro, significan aumentos de tasas, o
introducción de tasas nuevas sobre el tránsito y las ventas; por otra, las contribuciones extraordinarias
exigidas por razones de urgencia y recaudadas a plazo muy breve a partir de su imposición. Estas ultimas
permitían al gobierno revolucionario elegir las víctimas de las nuevas imposiciones.

La guerra afecta entonces la riqueza monetaria de las ciudades -y sobre todo de sus comerciantes- pero
también la riqueza principal de las zonas rurales, que son sus ganados y frutos.

Junto a las contribuciones en dinero, están las de recursos, entre ellas las de esclavos. De nuevo aquí la
desigualdad es la regla: las corporaciones, las iglesias y conventos, ceden rápidamente sus esclavos para
la guerra; los particulares se defienden mejor
Los sectores populares urbanos, en la medida en que han eludido la militarización parecen estar en
situación más favorable: las quejas sobre la carestía d; la mano de obra son constantes y, por otra parte la
expansión misma de las importaciones, basada en la de los productos de consumo masivo y perecedero,
no habría sido posible sin una cierta prosperidad popular

Los grandes rasgos de la transición en el mundo rural, destacando los elementos de ruptura que se
produjeron con el proceso independentista y las consecuencias sobre él de la vinculación cada vez más
franca con el mercado mundial; pero también los elementos de continuidad de las prácticas coloniales.

Regulaciones del Estado: la noción de un control social sobre los estratos sociales más bajos era aún muy
aceptada. No sorprende entonces que, influidos por intereses terratenientes, el Estado intentara regular el
mercado de trabajo con instrumentos como la “papeleta de conchabo” combatiendo la figura del
agregado o limitando las alternativas de vivir de la naturaleza. Si la limitación a la movilidad rural
favorecía a los terratenientes, las regulaciones del Estado, que sancionaban a los infractores con levas
militares, podían ser peores que la enfermedad, creando aun mayor escasez laboral. Era posible que los
propios terratenientes favorecieran el incumplimiento de las normas para proteger su MO actual o
potencial.

ya que la Mano de obra era cara y la ganadería mucho menos demandante de la misma que la agricultura,
la especialización ganadera resultaba la opción mas económica. No se trato de una caída de la producción
agrícola, y la importación de harina no fue un fenómeno regular. Pero el progreso agrícola fue mucho más
limitado que el ganadero.

En la estructura tributaria, Bs. As. concentrará el grueso de los ingresos, en tanto que las magras
recaudaciones locales solo sirven para sustentar en parte a funcionarios del gobierno. El crecimiento del
aporte de la Aduana compensa casi enteramente la perdida proveniente la minería de plata. La situación
de guerra hace aparecer rubros que en otras circunstancias no existirían, como el de confiscaciones al
enemigo, o contribuciones y empréstitos patrióticos

La situación fiscal de las provincias llevo a que la única provincia con relativa riqueza fiscal, Bs. As.,
creara una fuerte dependencia de las otras. La baja recaudación en el interior se debe a que los impuestos
solo logran afectar al sector comercial. Por ello, si los sectores sociales bajos contribuyen a los ingresos
del Estado, lo hacen como consumidores mas que como productores, lo que deja a la economía de
subsistencia casi al margen de las contribuciones al Estado

Cambios más notables de la revolución. en primer lugar, la ruptura del enorme espacio de intercambios
que había orientado las economías agrarias de las diversas regiones, y en segundo lugar, la destrucción de
bienes y medios de producción que ocasionaron las guerras.

La Banda Oriental, que había sido la zona quizá más dinámica a fines de la colonia, no sólo no pudo
aprovechar la nueva situación internacional, sino que verá anulada su capacidad de recuperación por
varias décadas. Otro tanto sucede con Santa Fe e inicialmente con Entre Ríos, aunque esta última logra
hacia fines de los años '20 condiciones favorables que le permitirían un crecimiento sin precedentes desde
la década siguiente.

La provincia de Buenos Aires. Relativamente ordenada desde inicios de los años '20, comenzaría un
proceso de expansión que la llevaría a ocupar el primer lugar en el crecimiento agrario, y que se
manifestaría tempranamente en el proceso de extensión de su frontera. En pocos años multiplicó varias
veces el territorio bajo su control, desplazando a los grupos indígenas que durante casi tres siglos habían
frenado el avance español.

Luego de 1810, el libre comercio se impuso definitivamente e implicó la ruptura del monopolio y la
apertura a todos los mercados extranjeros. Aunque la supresión de las restricciones a dichos mercados fue
gradual, ya que recién en 1813 se eliminó la cláusula que otorgaba a los comerciantes locales el
monopolio del comercio interno, vedado hasta ese momento para los extranjeros, lo cierto es que, desde el
momento mismo de la revolución, Inglaterra se consolidó como La nueva metrópoli comercial. Dado que
el escenario bélico impedía recomponer los circuitos productivos para compensar los efectos de la pérdida
del metal aJtoperuano, el déficit de la balanza comercial fue permanente.

Miguez: En cuanto al Alto Perú, la evolución asesto un doble golpe mortal a la minería de Potosí. La
conmoción revolucionario interrumpió el proceso productivo y elimino las condiciones serviles de la
población indígena. La desaparición de la mita fue definitiva y sobrevivió solamente un pequeño sector
artesanal, de mineros indígenas. Recién en la década de 1840 volverá a crecer de manera significativa la
producción de plata en Bolivia, reactivando circuitos comerciales regionales. El potencial de exportación
de esa economía ganadera del litoral demostraría capacidad para reemplazar la que ya era una agónica
exportación de plata altoperuana. La exportación de derivados ganaderos son un mayor paliativo para la
falta de disponibilidad de plata, y esta sigue saliendo en cantidades menores, creando dificultades de
circulante. Ahora bien, si el Litoral ganadero tardo relativamente poco en recomponer su economía, en
general el interior debió enfrentar una coyuntura desfavorable.

La guerra iba a dar a las cosas un giro inesperado. La guerra -sobre todo la civil era una desenfrenada
consumidora de ·ganados; y la tan compleja que entre 1811 y 1820 envolvió, tras de la Provincia Oriental,
a todas las litorales, destruyó concienzudamente la riqueza de esas regiones, que en tiempos virreinales
eran las ganaderas por excelencia

Decadencia del sector comercial local: en medio de las complejas consecuencias traídas a la vez por la
guerra y por la reorientación comercial, ese sector -aunque políticamente influyente-- poco podía hacer
para evitar su propia ruina. El gobierno revolucionario se ve imposibilitado de actuar eficazmente por
razones políticas y económicas a la vez. Políticas: no puede arriesgarse a perder la buena voluntad
británica, de 1a que mucho depende. Económicas: en estado de penuria crónica, no puede emprender
reformas económico-financieras demasiado ambiciosas que amenacen a corto plazo el nivel de ingresos
fiscales

El consumo: es en estos años cuando comienza no sólo la sustitución de los proveedores antes
dominantes, sino la ampliación del mercado; como los países periféricos de hoy, el Río de la Plata
posrevolucionario encuentra más fácil cambiar las pautas de consumo que las de producción, y !lace así
un desequilibrio en la balanza comercial que tardará cuarenta años en ser colmado

Las provincias del noroeste padecen la guerra de manera aguda y también la ruptura de los vínculos con
los mercados altoperuanos. Si bien hoy se sabe que esta ruptura no fue todo lo drástica que se suponía, y
desde los años '20 tendió a normalizarse sobre todo enviando hacia el norte ganado en pie-, la fuerza de
los mercados andinos ya no será la misma que en la época colonial y, por otra parte, el noroeste pierde
definitivamente su carácter de intermediario entre esas regiones andinas y el litoral, ahora volcado
masivamente hacia el Atlántico. Los pocos estudios regionales existentes permiten ver la crisis de la
producción agraria mercantil y la transformación de los grandes hacendados de origen colonial en
rentistas, que captan pequeños campesinos arrendatarios para que trabajen sus tierras, a cambio de un
canon

Las comunidades indígenas, que apenas habían resistido durante todo el período colonial en algunas de
sus regiones, conocerán un proceso de disgregación, que parece tener su punto final con los nuevos
gravámenes que les aplican y con las leyes enfitéuticas que afectan sus tierras en los años '40.

En Córdoba las condiciones son más matizadas: la crisis del mular y la continuidad del mundo de las
tejedoras hasta los años 30 y 40 se acompañan ahora con una reorientación decidida de su economía rural
hacia el Atlántico: sobre todo el sur de la provincia se convierte en un fuerte productor de ganado vacuno
y producción ovejera.

Situación del litoral: reunía las mejores aptitudes para aprovechar las demandas del mercado mundial

Artigas. Durante su gobierno se dicta el famoso "Reglamento Provisorio" de 1815, por el cual se ordena
una serie de medidas de distribución de la tierra, aprovechando en particular aquellas que los emigrados,
realistas primero y porteños después, dejaron vacantes en su huida. Aunque el carácter de reforma agraria
de su Reglamento es discutido por la historiografía, el discurso y las medidas adoptadas por el jefe de los
orientales despertaron la adhesión de las masas campesinas
Corrientes: Dominada por una pequeña elite urbana de carácter comercial, que controlaba sus actividades
productivas mediante mecanismos comerciales, el crédito y la política, contenía una numerosa población
campesina, concentrada en la región noroeste, que producía diversos bienes para el autoconsumo

Bs As: De todo el litoral el crecimiento más vertiginoso es sin duda el de la campaña de Buenos Aires,
seguido más tardíamente por Entre Ríos.

La historiografía consideraba que este crecimiento habría estado signado por la monoproducción
ganadera aún más que en la época colonial. Vacuna primero e incorporando en los años 40-50
masivamente el lanar, la expansión acelerada de la gran estancia se vio amparada por el Estado, que se
encontraba en manos de los estancieros, directa o indirectamente. Fue necesario recurrir a contingentes
cada vez mayores de trabajadores que a pesar de las continuas migraciones seguían siendo escasos.

El interés creciente de las elites locales por el hinterland rural, la valorización del ganado, se refleja de
manera contundente en una expansión del territorio sin precedentes-

Se habría forjado así un "consenso agroexportador" en la región litoraleña, que colocaba a los grandes
hacendados en el centro de la escena, prometiendo una prosperidad sin igual en la región y asegurando
trabajo a cantidades crecientes de pobladores, acceso a bienes de consumo importados de calidad y
baratos, etc. La apertura a los mercados externos, que incluía también la importación de harina que
permitía abaratar el consumo y, por ende, los costos de la mano de obra local, no habría encontrado la
resistencia que tuvo en otras latitudes del territorio, donde se intentaron adoptar algunas medidas de corte
proteccionista. Todo esto habría dado entonces un golpe de muerte a la articulación entre la pequeña
producción agrícola y la estancia ganadera de fines de la época colonial, y habría favorecido la expansión
acelerada de la gran estancia monoproductora.

Sin embargo, la tendencia monoproductora no parece haber sido tal. Por un lado, el crecimiento de los
mercados locales por el aumento demográfico produjo un estímulo a la producción agrícola. el
crecimiento espectacular de algunas muy grandes estancias ganaderas no implicó la desaparición de la
pequeña producción agrícola ni mucho menos de la pequeña producción ganadera. Por un lado, algunas
familias se instalaban en tierras que el Estado les cedía, con la promesa de convertirlos en propietarios en
la frontera; otros lo hacían informalmente, pero esa ocupación les generaba derechos que las costumbres
rurales reconocían como válidos y las autoridades no siempre podían desconocer; y finalmente otros se
instalaban en tierras de propiedad privada como "pobladores.

Miguez En el Litoral, en cambio, la apertura comercial y el cambio de precios relativos potenciaron el


crecimiento ganadero orientado al mercado. Parte creciente del esfuerzo laboral familiar se dirigió a la
producción mercantil. Aunque lejos estamos del abandono de la agricultura o economía de subsistencia,
se hace evidente un vuelco hacia las actividades mejor remuneradas en el mercado, lo que conlleva una
mejora de la productividad y un crecimiento de la economía

Entre Ríos se encontraba en una situación similar a la de Buenos Aires, aunque con una década de retraso
aproximadamente. Una diferencia importante apareció aquí respecto de Buenos Aires: mientras en esta
última la estancia monoproductora vacuna se fortaleció sobre todo en la nueva frontera, en la provincia de
Urquiza la expansión fronteriza sería realizada sobre todo por pequeños labradores migrantes, mientras
que las grandes estancias ganaderas se expandían en las regiones de más antigua colonización de
Concordia y, sobre todo, de Concepción del Uruguay.

3. El poder central: intentos de construir un estado central y posterior disgregación. La nueva


configuración política del espacio virreinal.

En 1815 entra en crisis toda una dirección revolucionaria, toda una estrategia cuyo fracaso se ha hecho ya
demasiado evidente.

Sus insuficiencias se han revelado sin duda con particular claridad en el conflicto litoral: cabeza de una
revolución que sólo con esfuerzo había logrado implantar en una parte del área que consideraba sometida
a su legítima influencia, Buenos Aires ha aprendido a no confiar sino en sí misma, a identificar la
expansión del movimiento revolucionario con la de su hegemonía. Para favorecerla ha aprendido también
a utilizar los medios heredados del antiguo orden, a invocar las relaciones jerárquicas que éste había
establecido· entre las autoridades con sede en la capital virreinal y las que les estaban subordinadas. Con
ello debía sin embargo crear nuevas y peligrosas áreas de conflicto: ante las zonas más dinámicas de su
antigua jurisdicción, la Buenos Aires revolucionaria aparecía bajo una luz ambigua, como destructora
pero a la vez heredera del antiguo régimen, y de sus odiosas desigualdades.

Advertimos también los comienzos todavía tímidos de una política que transforma a los españoles
europeos en extranjeros enemigos, pese a las primeras enfáticas condenas a las tentativas de introducir
rivalidades entre peninsulares y americanos

Desde el principio, los frentes de batalla se concentraron en dos grandes áreas: el Norte y el Este. El
ejército del Norte, encargado de ganar para el nuevo orden la rica región del Alto Perú, sufrió diversas
marchas y contramarchas entre 1810 y 1815. Pero la política [Link] llevada a cabo por Castelli,
delegado de la Primera j unta en dicho ejército, despertó la alarma entre los sectores más altos de esa
sociedad. Se puso en evidencia en la derrota sufrida por los patriotas en 1815, en Sipe-Sipe, que terminó
con el retiro definitivo de la zona altoperuana y con la delegación de la defensa de la frontera norte en las
fuerzas salteñas a cargo de Martín de Güemes.

Antes esta derrota San Martin procuro un cambio de estrategia: Su propuesta era aunar los esfuerzos
materiales y bélicos rioplatenses y chilenos -cuya revolución parecía morir frente al avance de las fuerzas
realistas peruanas triunfantes en Rancagua en 1814-en pos de la organización de un ejército que, cruzando
los Andes, liberara Chile primero, y luego Lima, por mar. A esta tarea se abocó de inmediato. Siendo
gobernador de cuyo pudo organizar el ejército de los andes. La mayor parte de los recursos en dinero
deben tomarse de la nada próspera economía cuyana: como es usual se trata de poner el peso mayor sobre
el hombro de los peninsulares; los que han emigrado a tierras en manos de realistas ven confiscadas todas
sus propiedades, mientras que los que han quedado en Cuyo son sometidos a contribuciones
extraordinarias.

La derrota de la expedición de Belgrano a Paraguay a comienzos de 1811 tuvo como consecuencia que
toda esa gobernación intendencia iniciara su propio camino, autónomo tanto respecto de Buenos Aires
como de la metrópoli.

El movimiento liderado por Artigas inició el sitio a la ciudad de Montevideo para impedir que las tropas
españolas recibieran provisiones de la campaña. Pero la situación en el Este se tornó más difícil aún con
la intervención de los portugueses. En 1811, el avance de sus fuerzas sobre la Banda Oriental, a solicitud
de los españoles allí asentados, condujo a la firma de un armisticio entre Buenos Aires y Montevideo bajo
garantía portuguesa. Esto dio lugar al reconocido éxodo de gran parte población rural oriental hacia Entre
Ríos, pues buscaba evitar el dominio español. Las relaciones entre Artigas y el gobierno de Buenos Aires
comenzaban a resentirse.

El apoyo del gobierno de Pueyrredón a San Martín para su campaña a Chile contrasta con la indiferencia
exhibida frente al avance portugués al otro lado del Río de la Plata. De hecho, la invasión portuguesa
puso fin al sistema de Artigas en la Banda Oriental, aunque éste continuó liderando La disidencia de todo
el litoral y jaqueando al gobierno ejercido por el Director Supremo y el Congreso.

Desde la restauración de Fernando VII la amenaza del retorno militar· de la metrópoli al territorio
americano es constante: la preocupación por la expedición española que ha de atacar en el corazón mismo
a la revolución rioplatense no abandona ya al gobierno de Buenos Aires.

La unanimidad se hace en torno de la declaración de independencia, votada el 9 de Jubo y solicitada antes


ansiosamente por San Martín, pero se rompe en torno del problema de la forma de gobierno. El 6 de julio
Belgrano ha defendido elocuentemente la restauración de la monarquía incaica; La monarquía incaica no
sólo debía reconciliar a la revolución porteña con Europa; también la reconciliaría con su ámbito
americano, en que se implanta mal; transformaría

Guemes: Con los recursos de su provincia, apoyados con muy moderados auxilios del poder central,
defiende contra los realistas la frontera septentrional del Río de la Plata revolucionario, en que tanto
esfuerzo militar se ha volcado ya en vano. La resistencia salteña no sólo asegura la defensa exterior: al
liberar al Ejército del Norte de su cometido en la guerra contra el realista, le permite desempeñar
funciones nuevas en la custodia del orden político interno. En Córdoba son tropas del Ejército del Norte
las que doblegan la disidencia federal

Así se organiza un ordenamiento político que se arraiga sólidamente en el Interior. Y que logra aquí algo
más: volcar los recursos de esta región a la economía de guerra; que hasta entonces la había afectado sólo
superficialmente

Si Salta es de Güernes y Cuyo será 'dominada por la influencia de San Martín, que aplica un admirable
arte político para ganarse la buena voluntad de los elementos locales, en Córdoba se afirmará el influjo de
los Funes. y en Tucumán el del coronel Aráoz, columna de la revolución en el norte y la figura más
influyente dentro de la clase alta local.

Halperin Donghi: como en 1815, en 1820 el gobierno central se derrumbará bajo los golpes de ese
adversario con el que nunca quiso de veras reconciliarse, al que una vez y otra pensó doblegar: el
federalismo litoral, la otra cara de la revolución rioplatense.

En la capital de la revolución el derrumbe del régimen es de nuevo imposible de detener. A mediados de


1819 un antes fiel gobernador-intendente de Tucumán, el coronel Aráoz, encabeza la secesión de la que
nace la República de Tucumán, destinada a breve existencia

El 23 de febrero el tratado del Pilar, entre Buenós Aires y sus vencedores, menciona a Artigas sólo como
Capitán General de la Provincia Oriental y promete ayuda contra la presencia portuguesa en esa provincia
en términos muy vagos; ni Buenos Aires ni sus antiguos enemigos del Litoral desean una nueva aventura
guerrera más allá del Uruguay

En el Litoral, que ha sido hasta 1810 un área producto va que Buenos Aires se ha acostumbrado a
considerar suya, el federalismo destruye esa hegemonía porteña, privando así a la ciudad de la que
parecía ser la única posibilidad opcional para mantener la actividad mercantil a la que había debido su
prosperidad prerrevolucionaria. Con su instalación en Santa Fe, el artiguismo no sólo había completado la
conquista del Litoral; dominaba también las rutas que aseguraban el contacto entre Buenos Aires y el
Interior. El dominio federal en Santa Fe iba entonces a ser causa de fricción constante entre las dos
revoluciones rivales.

Halperin Donghi: La revolución de Buenos Aires y la del federalismo litoral mueren así juntas; la más
discutible de las muchas astucias de los políticos porteños ha sido también la más eficaz: la presencia
portuguesa en la Provincia Oriental ha destruido el poder rival de Artigas. Pero ese poder agonizante ha
podido antes de morir llevar a la ruina a sus implacables adversarios de Buenos Aires

4. ¿Continuidad o revolución? De vecinos a ciudadanos: representación, legitimidad y forma de


gobierno

La nueva actividad política redefinió las jerarquías estamentales y corporativas más rígidas del antiguo
régimen colonial, y creo nuevos actores en el escenario ganado por la revolución. La burocracia colonial,
uno de los estamentos privilegiados de ese periodo, fue reemplazada por agentes leales al nuevo orden,
que no en todos los casos pertenecían a los estratos más altos de la sociedad. Si bien algunos provenían de
las familias más encumbradas, otros encontraron en la revolución la oportunidad para construir su propia
carrera política.

Eduardo Miguez: La revolución puede ser vista, en este sentido, como una etapa de las reformas
borbónicas ya que el influjo de ideas que impulso los sucesivos cambios en el orden colonial fue el que
termino dando forma al movimiento independista. La coyuntura crítica en un contexto d fuerte cambio de
ideas fue el caldo de cultivos adecuado para que en el Rio de la Plata las elites aceptaran el desafío de
construir una nueva nación y una nueva economía.

Halperin Donghi: La revolución significa en efecto una permanente depuración de la alta burocracia,
primero despojada de realistas, luego -a cada cambio en el curso político del movimiento revolucionario-
de los demasiado adictos a la situación caída.
Carrera de la revolución: Han querido seguir siendo protagonistas de una aventura que continúa
desarrollando sus infinitas evoluciones; ellos constituyen un grupo nuevo, cada vez más alejado de sus
orígenes en el mundo prerrevolucionario cada vez más identificado con la empresa política y militar que
ha terminado por absorberlos por completo. Por sentimiento del deber, sin duda: un Belgrano, por
ejemplo, que al servicio de la revolución pasó de ahogado, funcionario y escritor de economía a jefe
militar, y mantuvo a esa nueva carrera inquebrantable lealtad, en las victorias como en las derrotas, en las
que sabía envolverse, ante el peligro de la muerte. Pero también, en muchos casos, porque no tenían otra
salida: abandonados durante años los negocios, habían perdido ya una base económica a la que volver,
dejando atrás su carrera pública. Es el caso de Manuel de Sarratea

Ahora, mientras los comerciantes, los eclesiásticos, los funcionarios de la ciudad deben entregar su
riqueza y ver desmantelados sus bastiones de poder, los dirigentes de la campaña tienen poderes
crecientes, a menudo séquitos armados.

Ruralizacion de las bases del poder: En 1820 lo que emerge es una oposición entre fuerzas de base
regional y casi siempre fuertemente rural, y este rasgo innovador se irá acentuando a medida que se vaya
atenuando la gravitación del ejército nacional, que aun en el momento de su disolución es capaz de
imponer soluciones políticas en más de una provincia

La nueva paz (1820) no se parece a la vigente antes de 1810; a diferencia de ésta, es una paz armada, en
la cual los señores de la guerra que han derribado al poder nacional o han surgido de sus ruinas, y siguen
dominando con sus ejércitos a provincias enteras tienen todavía una voz dominante. Pero hay todavía otra
razón capital para que el orden que resurge en 1820 sea tan distinto del destruido en 1810. La revolución
ha logrado conquistar para el Río de la Plata una nueva relación con el resto del mundo: ,ésta le asegura
un futuro desarrollo basado mucho más firmemente que en tiempos coloniales en la expansión de sus
sectores rurales.

Entre tanto, el estamento militar, rezagado en la escala social durante el período precedente, se elevó a
una nueva jerarquía, social y política, en el marco de la creciente militarización producida por la guerra y
la revolucion. Esta fue atenuando sus contenidos más igualitarios, presentes entre 1806 y l 810, al
abandonar en su intento de profesionalización la elección de los oficiales por parte de su tropa y distinguir
más nítidamente ambos estratos.

El trato dado a los cabildos, y en particular al de Buenos Aires, es característico: depurado en su personal
desde muy pronto, se le dejan poderes todavía muy vastos, y sobre todo ese derecho de superintendencia,
que lo transforma en árbitro de los gobiernos revolucionarios y demasiado a menudo en inspirador de las
disidencias que le permiten ejercer ese papel

Entre 1810 y 1820, en Buenos Aires coexistieron conflictivamente el Cabildo y los gobiernos centrales,
dos ámbitos políticos de distinta naturaleza por su origen y por sus funciones. Durante la primera década
revolucionaria el Cabildo no podía ser suprimido porque representaba la soberanía de la ciudad capital del
territorio

En el interior, donde los apoyos de las elites locales parecían más seguros, la estrategia tendió a conservar
los equilibrios sociales existentes. En el litoral, en cambio, donde las jerarquías sociales eran menos
acentuadas, la noción de igualdad parecía encontrar un terreno propicio para avanzar más allá de lo que
los propios protagonistas del proceso revolucionario estaban dispuestos a aceptar. Tal fue el caso de la
Banda Oriental, donde Artigas promovió el desplazamiento de las bases del poder político de la ciudad al
campo así como una reforma social con tendencias igualitarias, expuesta en el Reglamento Provisorio
promulgado para la provincia oriental en 1815.

Halperin Donghi: Surge así un Estado más poderoso que la vieja administración colonial. Ese Estado
todavía no se ha identificado con el país al que gobierna; la revolución naciente, que· tantas dificultades
encuentra para hacerse obedecer, tanto por sus enemigos como por sus aliados que no quieren ser sus
subordinados, tiende a considerar el área en que ha logrado implantarse como un terreno conquistado y
aún poco seguro

La guerra política estimuló la difusión de nuevos valores y el nacimiento de identidades. La revolución y


la ruptura definitiva de los lazos con la metrópoli implicaron el abandono del principio monárquico, sobre
el cual se había fundado la relación de obediencia y mando, para adoptar el de la soberanía popular. Las
consecuencias de este cambio fueron notables: de allí en más, las autoridades sólo pudieron legitimarse a
través de un régimen representativo de base electoral. La actividad política nada como un nuevo escenario
en el que los grupos de la elite se enfrentaban tanto a través del sufragio como de mecanismos que
buscaban ganar el favor de la opinión pública.

El concepto de "patria" comenzó a impregnar el vocabulario cotidiano junto a otras nociones como las de
"libertad" e "igualdad. Libertad versus despotismo, que rápidamente se identificó con otra: criollos versus
peninsulares.

Donde la igualdad parece haber afincado con mayor rapidez fue en el ámbito de la representación política.
La amplitud del sufragio en las diferentes reglamentaciones electorales que otorgaban el derecho a voto a
vecinos y hombres libres que hubieran demostrado adhesión a la causa revolucionaria representó un
cambio significativo.

En ese contexto cambiante, en el que muchas ciudades y pueblos reivindicaban su derecho al


autogobierno, ya no sólo frente a la metrópoli sino también frente a las capitales de intendencia o la
capital rioplatense, puede decirse que la guerra que comenzó en 1810 fue ante todo una guerra civil.

El papel del clero resultó .fundamental. En primer Iugar, porque en un mundo de unanimidad religiosa
como el hispanoamericano, el catolicismo era una pieza esencial para transmitir la nueva lengua de la
revolución.

En la reconstrucción de los acontecimientos revolucionarios, la capital comenzó a representarse como


actor principal. En gran medida, Buenos Aires se celebraba a sí misma en una gesta que, para los
porteños, hundía sus raíces en las heroicas jornadas de la reconquista y defensa de la ciudad frente a los
ingleses.

Concepto de nación en 1810: En los primeros años de la Revolución, nación remite tanto a la nación
española como a la nación americana. La expresión nación argentina fue completamente desconocida al
iniciarse el movimiento emancipador. La nación que se concibe hacia 1810 en el Río de la Plata exhibe
así un aspecto concreto y territorial, es la reunión de sus componentes; es decir, de los pueblos y
provincias intendencias.

Pueblos: los pueblos, en el lenguaje de la época, fueron las ciudades convocadas a participar por medio
de sus cabildos en la Primera Junta. Y fueron estos mismos pueblos, convertidos -luego de la retroversión
de la soberanía del monarca- en soberanías de ciudad, los que protagonizaron gran parte de los
acontecimientos políticos de la década. Al respecto es necesario tener en cuenta que la ciudad tuvo dentro
del ordenamiento jurídico-político colonial un rol particular, pues lejos de constituir una simple
modalidad de poblamiento, era concebida como una república, con su autoridad, jerarquía y ordenamiento
sociopolítico específico, y la calidad de vecino, entendido como individuo "casado, afincado y arraigado.

Una vez caducada la autoridad del monarca, el poder retrovierte a sus depositarios originarios: los
pueblos. El nuevo secretario de la Primera Junta, Mariano Moreno, elabora desde las páginas del primer
periódico político de Buenos Aires, La Gaceta, la moderna teoría de la soberanía popular al adaptar los
principios del Contrato Social de Rousseau a la novedosa realidad creada en el Río de la Plata en 1810.
Moreno esboza una teoría de la soberanía para justificar el nuevo poder de los criollos.

La afirmación de la existencia de una única soberanía, que derivaba de la formulación del pacto de
sociedad, sustentó la tendencia a crear un Estado unitario en oposición a los que defendían la existencia
de tantas soberanías como pueblos había en el Virreinato. Entre 1810 y 1820 la Revolución se enfrentó
con dos grandes cuestiones. Una vez iniciada, ella se confunde con la guerra de Independencia, al punto
de constituirse en la tarea primordial de los gobiernos centrales. Pero, al mismo tiempo, se desarrolla
sobre la trama de la oposición entre la tendencia centralista de Buenos Aires y las tendencias al
autogobierno de las demás ciudades.
Practico: Halperin Donghi: Lo primero que pretende de él la revolución triunfante en Buenos Aires es
un acatamiento explícito al nuevo gobierno por parte de las autoridades subordinadas al anterior.

Lo mismo que en Buenos Aires, la revolución significa a más largo plazo la marginación de aquellos
peninsulares que no dan a tiempo muestra inequívoca de adhesión al nuevo sistema. Pero el peso de estos
(salvo en Salta, donde por otra parte han establecido sólidos lazos de familia con los más viejos linajes
locales) es menor que en la capital virreinal. ¿Pero ganar el favor de los que han sido reconocidos por el
antiguo régimen en su función dirigente es el único camino que queda abierto a la revolución? Esta puede
también tomar uno exactamente opuesto: hacerse promotora de un cambio decidido en el equilibrio
social, que sobre todo en el Interior implica a la vez un equilibrio entre las castas. Ambos caminos
ofrecen ventajas: el primero permite ganar rápidamente para la revolución a una entera zona; el segundo,
si bien amenaza abrir un período de fuertes conflictos puede a la larga asegurar al movimiento
revolucionario un arraigo más sólido que la adhesión de los elementos dirigentes.

Tres soluciones entonces: ataque deliberado al equilibrio preexistente (Alto Perú); conservación de ese
equilibrio, al que no se oponen por el momento fuerzas locales considerables (Interior); defensa de ese
equilibrio, amenazado por los mismos avances del proceso revolucionario que Buenos Aires ha buscado
primero extender (Litoral)

i) La Revolución como revolución social: Alto Perú.

El Alto Perú que en 1809 ha sido conmovido por alzamientos y represiones, se adelanta al avance de las
tropas porteñas, que encuentran ciudades ya pronunciadas en su favor. Esa unanimidad ocultaba sin
embargo, muchas reticencias. Cuando la ocupación del Alto Perú termina en fracaso, esa tensión se
traduce en un rápido cambio de actitud de muchos adictos a los libertadores. La hora de buscar culpas ha
llegado y Saavedra lo halla en Castelli a quien se acusa de imprudencias. El 25 de mayo de 1811
proclamó el fin de la servidumbre indígena en Tiahuanaco. Aunque no tuvo efectos jurídicos inmediatos,
sirvió para acrecer la alarma de quienes estaban preocupados por el equilibrio social y racial. Pero esa
política filoindígena, no era una iniciativa personal, estaba indicada en las instrucciones que la Junta le
había dirigido.

Frente a los sectores altos, el Alto Perú requería una política más dura que el Tucumán; en los momentos
críticos, se llegaba a planear la deportación masiva de peninsulares. Ese proceso debía tornar
irreconciliables a los enemigos del nuevo orden, pero, por otra parte habría de ganar a éste, sólidos
apoyos entre los notables criollos a quienes se confiaba el poder local.

La liberación indígena aparece así como una amenaza al estatuto de las demás castas altoperuanas, pero
no es la única que surge de la política revolucionaria. La política filoindígena es sobre todo un arma de
guerra. Luego de Huaqui la ciudades altoperuanas, se trasforman en un solo bloque hostil a las tropas
revolucionarias, que son atacadas y expulsadas en casi todas ellas.

Aunque la identificación con los indígenas herederos del pasado prehispánico se transforma en un lugar
común de la retórica revolucionaria, las viejas actitudes basadas en el sentimiento de superioridad de
casta sobreviven. En las zonas sobre las que tiene responsabilidad directa, el poder revolucionario busca
limitar los avances de la emancipación indígena. Pero esta política reservada a las áreas del extremo
Norte, se trasforma en un medio de perturbación del enemigo en la completa área andina, con bastante
éxito.

Revolucion en la estabilidad: Tucuman y Cuyo

Existe en esta región la necesidad de no perturbar la vida eco nómica


de regiones destinadas a estar en la inmediata retaguardia de los ejércitos revolucionarios, que
dependerían de ellas para su aprovisiona miento en alimentos, cabalgaduras y (aunque de modo menos
decisivo) en algunos pertrechos de guerra.

La perspectiva de un cambio que amenace la hegemonía de la gente decente sobre la plebe queda de
antemano excluida. La aparición de emisarios del nuevo poder, algunos de los cuales eran ellos mismo
originarios del Interior, era un fuerte estímulo a favor de nuevos alineamientos locales. Al mismo tiempo,
la inseguridad sobre el futuro del movimiento revolucionario y el temor de posibles represalias contra sus
adherentes en caso de derrota, frenaban esa misma tendencia.

El emisario de poder debe reducir al mínimo las perturbaciones que a pesar de todo la revolución debía
producir en el equilibrio interno de los sectores altos del Interior. Ese equilibrio no tiene por unidades a
los individuos, sino a las familias. La fuerza de la organización familiar en el Interior, se vio acentuada
por el explícito reconocimiento que de ella hizo la autoridad revolucionaria. Así, un realista de Córdoba
es protegido invocando los méritos políticos de su cuñado. Este cuidado por mantener un cierto equilibrio
entre los linajes dominantes, encuentra un ejemplo en las medidas que siguen al fusilamiento del coronel
Allende.

En este mundo formado por elites urbanas en perpetua lucha contra sí mismas, la neutralidad podía ser la
solución más prudente, aunque inalcanzable.

Reducir a los conflictos cordobeses a la eterna cruzada de algunos clanes familiares contra otros es una
tentación, pero esas disputas se enlazaban con los conflictos entre la revolución de Buenos Aires y el
movimiento artiguista y amenazaban actuar en cada momento como amplificadores desencadenantes de
crisis que excedían los límites en los que el orden colonial había sabido contenerlos.

En cordoba, cómo la crisis abierta por la revolución, al paso que empuja a enteros sectores de la elite
urbana a la ruina, protege de ella a otros. Halperin donghi analiza el ocaso de los funes y el desarrollo de
gutierrez.

Desde la perspectiva del poder revolucionario, La Rioja, alejada de las áreas en que se lucha, es sobre
todo proveedora de hombres, caballos, mulas y vacas. La trasformación se hace sentir más en Los Llanos.
Ese reservorio de recursos, debe ser enérgicamente gobernado. Las autoridades locales en tiempos
coloniales laxamente controladas, adquieren poderes nuevos. En ese marco se ubican los primeros tramos
de la carrera pública de Quiroga.

La coyuntura guerrera confiere un poder más amplio a esas autoridades locales de aplicación (milicianas
y político-judiciales). La militarización se extiende al entero país revolucionario. Se forma así en la
primera década revolucionaria, una red de autoridades subalternas y ejecutivas que se revelarán más
sólidas que aquellas de las cuales dependen.

Hasta 1820 las consecuencias políticas de este proceso estaban lejos de haberse hecho evidentes.
Indudablemente no faltaron en el Interior, enfrentamientos con el poder central. En todos esos conflictos,
el nuevo tipo de autoridad política local, tiene aun un papel secundario. La disolución del Estado central
en 1820, permitirá advertir las consecuencias de esta innovación. Fue esta la más importante modificación
que introdujo la revolución en el equilibrio del poder

El sistema de guemes

Aquí la revolución política quería ser a la vez revolución social. No tuvo por consecuencia trasformación
alguna y radical del sistema del orden social; aun así su postulación iba contra la orientación cada vez
más respetuosa del orden heredado que la revolución había tomado luego de 1815

La clase alta de Salta, -en abril de 1815, llegada a Salta la noticia de la caída del Director Alvear- el
cabildo convoca a la Asamblea de vecinos que designa gobernador a Güemes. Éste puede ofrecer a los
capitulares una garantía contra la intrusión de nuevos emisarios porteños. Güemes logrará crear al lado de
las milicias reclutadas localmente, cuerpos que le darán una base propia de poder. El ascenso de Güemes,
corre paralelo a la progresiva instalación de la guerra en Salta.

Bajo el Directorio de Pueyrredón,. No surge ninguna oposición al orden político que se instala en Salta a
cambio de sus servicios en el Norte, pero estos servicios constituían una gran carga para la población
local. La adhesión plebeya al “sistema” de Güemes fue en efecto muy intensa, y las razones de este
fenómeno son fácilmente comprensibles. En esa comarca en que la distancia entre ella y las clases altas
era máxima, la movilización lanzada por Güemes la transformaba en la primera clase del estado.

La solidez de este orden político no impide que haya en sus fundamentos mismos una causa de progresivo
debilitamiento: la guerra. La manera de distribuir el peso de la guerra fue sin duda la razón de la
popularidad plebeya de Güemes; a la larga, sin embargo, ese peso, primero arrojado sobre los sectores
altos (y sobre todo sobre sus miembros y grupos peor protegidos), debía recaer sobre la entera masa de la
población salteña. Eso es lo que ocurre cada vez más, y aunque la resistencia contra los realistas del Perú
es exitosa, su éxito no parece hacer posible sino la continuación indefinida de esa misma resistencia, en
que la provincia se extenúa.

Es la presencia constante de la guerra lo que constituye la originalidad del curso político salteño. Es
también la guerra la que está en el punto de partida de la disidencia litoral; como en Salta, también en la
Banda Oriental el poder revolucionario busca utilizar en ella apoyos locales a los que luego hallará difícil
contener

La otra revolución Artigas y el litoral

Como en Salta el poder revolucionario, utilizó en la Banda Oriental, apoyos locales a los que luego
hallará difícil contener. La Banda Oriental forma parte del área sobre la que Buenos Aires ha ejercido
control directo y he aquí una de las razones por las que no ha de avanzar en concordia con el poder
central.

Un proceso revolucionario que Buenos Aires ha suscitado, pero que pronto escapa a su dirección, se
extiende primero a la banda oriental y luego a todo el Litoral. En 1815 avanza más allá sobre Córdoba y
La Rioja. Aunque esos avances resultan efímeros, todavía en 1820 la disidencia litoral es capaz de
derribar por segunda vez al poder revolucionario instalado en Buenos Aires. Pero esa trayectoria concluye
en su derrumbe total, sin dejar herederos. Esta disidencia, es fruto de la guerra.

Es una región acostumbrada a callar y obedecer la que pretende compartir el poder. Instalar un centro de
poder político en la campaña oriental; era a la vez un desplazamiento de la base social del poder político.

La revolución artiguista es esencialmente un alzamiento rural. Se debe esto entre otras cosas a las
peculiaridades de la situación prerrevolucionaria en esa zona, que era económicamente una de las
fronteras en expansión del virreinato, disputada como hinderland por Buenos Aires y Montevideo. Pero
fue el curso de la revolución y su expansión sobre el Litoral el que lo hizo inevitable.

Ya antes de la rebelión rural, la presencia de la ciudad en la campaña se reduce cada vez más a sus
aspectos militares. Desde su origen, la dirección del movimiento campesino se recluta en la campaña y su
emergencia se va a dar al margen del sistema jerárquico que, basado en la campaña tenía su cima en la
ciudad. Y aun dentro de la campaña la emergencia de ciertas figuras no dependía directamente de su
posición en la escala social, sino de su capacidad de reclutar un séquito.

El movimiento no surge sin embargo aislado de todo influjo urbano; ese influjo se ejerce esencialmente
en el plano militar. Montevideo busca en la campaña recursos para la lucha desigual que sus dirigentes le
imponen, y con ello crea nuevas causas de hostilidad rural. Al ofrecer inicialmente auxilio al movimiento
rural de la Banda Oriental, el gobierno de Buenos Aires no sólo podía sentir que alejaba el peligro
representado por la disidencia allí instalada, sino que incluso se aseguraba una ventaja. Ese auxilio
-otorgado a Artigas, prófugo a fines de 1810- no sólo da a éste una investidura que le servirá luego para
erigir un poder independiente del de Buenos Aires; brinda a la entera revolución rural una legitimidad.

Es entonces el conflicto entre Buenos Aires y Montevideo el que hace posible el alzamiento rural y, por lo
menos en sus primeras etapas, afecta decisivamente su ritmo En pocos meses, a partir de febrero de 1811,
la campaña oriental se hace insegura para las tropas de Montevideo; en abril, Elío, debe sacar sus fuerzas
de la ciudad para defender la cercana campaña de la que recibe abastecimientos: el resultado es la victoria
de Artigas en la batalla de Las Piedras y el comienzo del sitio de Montevideo. La amplitud de la victoria
de los disidentes les daba creciente fuerza también en la ciudad.

La erosión de la autoridad urbana es interrumpida por la intervención portuguesa, solicitada por los
realistas. Buenos Aires hace su paz con Montevideo en octubre de 1811: la entera campaña oriental, y aun
la mitad oriental de Entre Ríos, son devueltas a la obediencia montevideana; se espera alejar a los
portugueses.
El resultado del armisticio es el éxodo del 80% de la población de la campaña oriental al interior de Entre
Ríos. El retorno a las tierras orientales (hecho posible por la negociación de la retirada portuguesa,
emprendida a desgano por Río de Janeiro, bajo presión británica).

La guerra ha desecho en la campaña oriental las bases económicas de la hegemonía de algunos poderosos
hacendados y comerciantes de la ciudad. La jefatura que el éxodo confiere a Artigas definitivamente, no
impide que las tensiones crezcan en el bando revolucionario.

. No es extraño entonces que cuando la invasión portuguesa de la Banda Oriental, en 1816, enfrentó a la
hegemonía de Artigas con una amenaza que Buenos aires no había sido capaz de oponerle eficazmente,
hayan sido los notables de Montevideo los que inauguraron las defecciones.

Uno es el propio Artigas y su trayectoria, que, si bien lo estimulaba a la independencia frente a las
aspiraciones de los notables montevideanos, no lo empujaba a una ruptura frontal con ellos. Otro –
vinculado con el anterior– es el reconocimiento de que si, en el clima creado por la guerra, el peso de esos
notables era necesariamente reducido, cualquier tentativa de rehabilitación económica posterior o aun
previa al retorno de la paz era imposible sin su concurso. Toda la trayectoria de Artigas hasta el
surgimiento como jefe de los Orientales refleja en efecto el complejo entrelazamiento entre la campaña
oriental y su capital

Artigas aprendió a descubrir los vínculos entre los problemas demasiado evidentes de la economía rural
de la Banda Oriental y las peculiaridades de la distribución de la tierra; gracias a ella quizá le fue más
fácil extraer del postulado revolucionario de igualdad de corolarios que imponían una repartición más
amplia - sino necesariamente menos desigual- de la propiedad rural.

Si la aplicación de las medidas vinculadas con la guerra abre un terreno para los desencuentros entre
Artigas y el Cabildo montevideano, no debería ocurrir lo mismo con la obra de reconstrucción económica,
para lo cual Artigas cree llegada la hora. Aquí da la impresión de que la concordia tendrá que ser mayor:
el cabildo, en que los sectores altos montevideanos dominan, que por otra parte toma la defensa aun de
aquellos que –pertenecientes a esos sectores– sufren las consecuencias de haber apoyado a bandos
distintos del artiguista, está desde luego interesado en una rápida reconstrucción de la economía regional.
Y Artigas, que no halla menos urgente ese objetivo, admite que para lograrlo debe limitarse
progresivamente la autoridad militar, que es al cabo la base de su poder político, en favor de ese sistema
administrativo que tiene su cabeza en el cabildo

La reconstrucción rural deberá hacerse sobre las líneas generales fijadas en el Reglamento provisorio de
la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus hacendados. La promulgación
del reglamento se debe a una iniciativa del cabildo. La tramitación de éste se trasladó en sus etapas finales
de Montevideo al campamento de Artigas. El propósito de reforma social que anima al Reglamento ha
sido subrayado más de una vez y es sin duda indiscutible; “los negros libres, los zambos de esta clase, los
indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suerte de estancia, si con su trabajo, y
hombría de bien, propenden a la felicidad de la provincia”. ¿Cuáles serán las tierras que se distribuirán?
Las de los “emigrados, malos europeos y peores americanos que hasta la fecha no se hallan indultados por
el jefe de la Provincia. Del mismo modo, la fijación estricta de la superficie máxima que puede
concederse a cada beneficiario individual si bien tiene una intención igualitaria, conlleva una finalidad
que es asegurar la rápida puesta en explotación de las tierras.

Hasta qué punto el arreglo de la campaña incidió en la historia rural uruguaya? El resurgimiento ganadero
que procuraba inducir fue brutalmente interrumpido, casi antes de comenzar, por la nueva invasión
portuguesa lanzada en 1816. En cuanto a la redistribución parece que ésta fue mucho más amplia de lo
que frecuentemente se supone, pero sus efectos no fueron duraderos. El fracaso en que remató la
experiencia se debe a la ausencia de un coherente sector beneficiado por ésta y dispuesto a defender las
ventajas adquiridas.. El cabildo y el grupo social con el que se identifica, muestra escasa simpatía por
algunas de las soluciones adoptadas. La aplica siguiendo la misma táctica de obediencia selectiva ya
utilizada ante otras directivas de Artigas; de este modo, logra realizar una redistribución sólo lenta y
parcial de las tierras efectivamente disponibles.
Esa extrema ortodoxia que caracteriza en sus rasgos generales a la política económica y financiera de
Artigas no gana sin embargo para ella la total adhesión de los capitulares reclutados en el sector
económicamente dominante en Montevideo.

Esa experiencia de cogobierno no podría darse sin tensiones; estas no bastan para explicar el repudio final
del movimiento artiguista por parte del sector de la elite montevideana que lo ha venido apoyando. Es la
guerra y su retorno a la Banda Oriental la que explica mejor esa ruptura; en la Banda Oriental, como en
Salta, un movimiento militar y político que nació de la guerra muere por culpa de ella

En ese Litoral que iba a ser teatro de expansión, el artiguismo aparece desde el comienzo como una fuerza
política externa a cuyo auxilio es posible recurrir en los conflictos que la guerra iba creando entre Buenos
Aires y sus administrados. Sólo en 1814 apareció dispuesto el gobierno central a reconocer el influjo
artiguista en la banda oriental.

Por qué este gobierno reaccionó con tanta hostilidad a la expansión del artiguismo? No era solamente la
necesidad de mantener la unidad amenazada sino también la defensa de las tierras que Buenos Aires había
considerado siempre suyas, de las que provendrían en el futuro buena parte de las exportaciones. En este
contexto, el artiguismo hacía posible una ordenación alternativa del comercio litoral, que utilizara a
Montevideo como entrepuertos con ultramar. [es decir, no sólo están presente intereses económicos, sino
además el peligro que representa el artiguismo en constituirse en un modelo alternativo de revolución en
el Río de la Plata]

fue la propia Buenos Aires la que introdujo a Artigas al este del Uruguay; luego del armisticio de 1811,
que entregaba la costa entrerriana del Uruguay a los realistas, no sólo admitió a Artigas, con su séquito de
4000 soldados y otros tantos refugiados de la campaña oriental, en el corazón de la Mesopotamia; le
entregó por añadidura la tenencia de la gobernación de Yapeyú en las misiones, dándole así oportunidad
para aplicar al oeste del Uruguay una táctica aprendida en la Banda Oriental: la utilización de esta
población marginal como base política y militar.

Artigas comenzó por mostrar extrema cautela: sólo luego de la ruptura definitiva con Buenos Aires en
1814, se decidió a utilizar políticamente adhesiones y contactos formados durante la lucha contra realistas
y portugueses, en la etapa que va del armisticio de 1811 hasta la evacuación portuguesa negociada en
Buenos Aires en 1812. Entonces la entera Mesopotamia se entregará en pocos meses. Nacen así los
Pueblos Libres; se trata de varias unidades políticas frente a las cuales Artigas enfrenta problemas en cada
caso distintos

En Entre Ríos, es la etapa artiguista aquella en la cual nace la provincia misma como unidad, trasformada
en tal por un gobierno central que ya la controlaba mal y que es juzgada útil por Artigas para ser usada
como moneda de cambio para proyectos más vastos. Pone aquí a Ramírez en la gobernación. Esto para
sus adversarios porteños implicaba un ascenso desde los más bajos niveles sociales, aunque ese juicio esté
lejos de ser exacto. Si bien la somete a fuertes sacrificios, aún ese enemigo póstumo que fue Ferré, deberá
admitir que para su provincia, el breve dominio de Ramírez pudo compararse con ventaja con el de
Buenos Aires.

En Entre Ríos las disidencias son menos marcadas; ese sistema político apoyado en una movilización
militar casi universal, sin embargo, reserva las posiciones dominantes a los que ya antes las tenían, lo cual
es posible gracias a la inexistencia de antagonismos sociales. La eficacia de esta fórmula política
sobrevivirá incluso a la caída de Ramírez. Ese clima social de concordancia le hace posible a Ramírez
organizar un ejército cuya disciplina es muy superior a otros capitaneados por jefes artiguistas o incluso a
los destacamentos del ejército nacional.

Otras razones para que la militancia artiguista sea más fuerte en Entre Ríos que en Corrientes o Santa Fe
radica en que antes de volcarse al artiguismo, Entre Ríos ha participado en la lucha contra la realista
Montevideo y contra el avance portugués. La ruptura comercial con Buenos Aires, consecuencia del
ingreso de Entre Ríos en los Pueblos Libres, era aquí menos gravosa que para Corrientes o Santa Fe, cuya
única salida hacia el mundo era por el Paraná, controlado por Buenos Aires

La entrada de Corrientes en los Pueblos Libres se tradujo en la elección de Juan Bautista Méndez , jefe de
las fuerzas veteranas de la ciudad, como gobernador. Artigas buscó aquí cambiar el equilibrio político
interno; su instrumento para ello fue el congreso provincial que fue convocado por el Cabildo, sólo ante la
presión ejercida por algunos comandantes de milicias rurales. Son éstos los que terminan por trasformarse
en grandes electores y llegan a dominar el Congreso Provincial. Pero esa ampliación de la base política
está lejos de dar a Artigas la sólida base de sustentación local que le será necesaria. El Protector parece
resignarse aquí y preferir no dar contribución a la acentuación de los antagonismos políticos. En
Corrientes, aún para sus primeros sostenedores, el artiguismo había significado un apoyo externo, al que
era oportuno mantener a distancia.

Es preciso que Corrientes siga sus directivas en cuanto a su ordenación militar y en ese punto Artigas no
es ambiguo. De igual modo es necesario que gobierne su comercio haciendo de él un medio de presión
sobre Buenos Aires, aunque el costo de las frecuentes prohibiciones de comerciar, era muy alto para la
provincia. Al cabo, la ciudad de Corrientes es a la vez más y menos que la capital de un vasto distrito
rural de vocación ganadera al que –como se ha visto antes– controla por otra parte insuficientemente. Es
también capital de un más reducido distrito agrícola, que encuentra su mercado en Buenos Aires, es
centro de actividades artesanales más intensas que en otras poblaciones litorales

Lo mismo que en tiempos de dominio de Buenos Aires, ante la invasión portuguesa. Corrientes debe
mandar hombres a luchar fuera de su territorio y junto con los hombres marchan recursos. La
reconciliación con Buenos Aires parece aproximarse en mayo de 1818 cuando un pronunciamiento de la
fuerza veterana destituye a Méndez. Comienza un lento despegue cortado por la rápida invasión de
guaraníes capitaneados por el hermano de José, Andrés Artigas. José buscará rehacer el entendimiento
con el Cabildo correntino; en setiembre de 1819 le promete retirar a los misioneros del territorio, pero ya
el artiguismo correntino ha perdido su vigor y aquí la política artiguista desfavorece por igual a ciudad y
campaña al aislar a Corrientes de sus posibles mercados.

El hecho de que Corrientes se haya sumado a los Pueblos Libres porque no le quedaba otra salida, explica
quizá que Santa Fe, cuyos agravios frente a Buenos Aires son más serios, tarde más en tomar el mismo
rumbo. El control de Santa Fe en crucial para Buenos Aires ya que constituye un paso obligado entre ésta
y el Interior. La unión con los Pueblos Libres innovaba profundamente la situación anterior en que Santa
Fe había trasformado en zona de influencia a la mitad occidental de Entre Ríos y había establecido con el
resto de las tierras ahora dominadas por Artigas relaciones menos significativas que las mantenidas con el
Interior y el Alto Perú.

La llegada del artiguismo aquí presenta aspectos comparables a su avance en Corrientes. Hay en primer
lugar un larvado descontento frente a la revolución porteña, que comienza por despojar a santa Fe de sus
rentas capitulares, que pasan a integrarse a la Caja de Buenos Aires y concluye con arrebatarle la mayor
parte de su tropa veterana dejando la frontera indígena desguarecida.

La política filoindígena del artiguismo iba a despertar aquí recelos más vivos que en Corrientes.

. Una política de equilibrio entre las pretensiones porteñas y artiguistas se impone como necesaria. La
situación se hacía complicada porque Santa Fe estaba lejos de haber alcanzado una sólida unidad interna.
Los acontecimientos de abril de 1816 habían llevado a Mariano Vera al gobierno. En 1817 Artigas, ya
afectado por la marcha desdichada de la resistencia oriental contra la invasión portuguesa, decide ganar el
pleno apoyo de Vera y para ello entrega el gobierno de Entre Ríos al hermano de éste.

En julio de 1818, una revolución que comienza en el Cabildo, hace gobernador a Estanislao López y
comienza al mismo tiempo la preparación de una Constitución provincial que será la de 1819.

El dominio de López no fue desde el comienzo indiscutido, pero luego de sus victorias sobre Buenos
Aires en 1819, su dirección no será discutida durante veinte años. La concordia que marca el largo
gobierno de López, es hecha posible por la estructura social santafesina, que no se ha visto amenazada
durante todo el proceso.

Pese a sus éxitos, López debe enfrentar en 1822 una conspiración en la que se unieron jefes milicianos
desafectos, prisioneros en la ciudad luego de un prolongado destierro y miembros de una de las más
ilustres familias capitulares. La conjura pudo ser desbaratada y López hizo rápida y selectiva justicia.
Ahora lo más urgente era –en Santa Fe como en el resto del Litoral– incorporarse a la economía
exportadora para ultramar y para ello rehabilitar y ampliar la ganadería vacuna. Esa empresa, en que el
interés colectivo de la provincia y el de su clase alta coincidían tan perfectamente, es el correlato
económico de la concordia asegurada bajo la égida de López.

Chiaramonte: la cuestión regional en el proceso de gestación del estado nacional. Introduccion

Los años 1820 y 1826 dataron su impracticabilidad; y hasta la caída de Juan Manuel de Rosas en 1852 la
organización estatal quedó reducida al mínimo y la nación continuó constituyendo un enigmático
proyecto. si existían factores de unión entre los pueblos rioplatenses que emergieron del desplome del
imperio español, también es cierto que ellos no alcanzaban a conformar el fenómeno de una nación. el
rasgo más decisivo de la estructura social rioplatense en lo que respecta al problema nacional fue la
inexistencia de una clase social dirigente de amplitud nacional capaz de ser el sujeto histórico de ese
proceso.

La inexistencia de una nación en el Río de la Plata de la primera mitad del siglo XIX es: la inexistencia de
una nación revelada fundamentalmente para el análisis histórico en lo que constituye el rasgo que
consideramos más significativo del proceso: la inexistencia de una clase dirigente en el nivel
interprovincial, la sola existencia de clases o grupos sociales de alcances locales.

La independencia de las ex colonias ibéricas habría sido más bien efecto conjugado del derrumbe de los
imperios ibéricos, de la presión acrecida a todo lo largo del siglo XVIII, de la nueva potencia dominante
en la arena mundial, Inglaterra, y de los factores de resentimiento y disconformidad existentes en casi
todas las capas sociales americanas hacia el dominio colonial.[2] La independencia, entonces, sobreviene
cuando el grado de maduración de los principales sectores sociales de las colonias estaba aún muy lejos
de permitir trascender los particularismos regionales o locales.

En un examen de la cuestión regional en Argentina como cuestión nacional, consideramos que el centro
del problema está en el análisis de la estructura social.[3] Nuestro interés fundamental será intentar una
evaluación de las relaciones sociales características y de sus transformaciones, que pueda dar cuenta de
los conflictos interregionales.

La cuestión regional ha sido considerada tradicionalmente como la cuestión de los obstáculos que se
interpusieron en el camino de la organización nacional. Desde esta perspectiva, habría desde un comienzo
quienes tendían a la unidad nacional y quienes se oponían a ella; quienes representaban al “partido de la
nación” y quienes representaban al “partido de la fragmentación”. Por lo tanto, nos parece más fructífero
considerar distintas situaciones que puedan ser abonadas con la información de que disponemos, sin dar
por supuesto lo que no existía y tratando en cambio de establecer las tendencias nacionales y las opuestas
que se gestaban al mismo tiempo y frecuentemente en unos mismos grupos sociales.

En este vacío de poder que caracteriza la vida social de las provincias rebeladas contra el estado español,
dado el fracaso de las nuevas autoridades surgidas a partir de mayo de 1810 en la mayor parte de su
cometido, el resultado será la fragmentación política expresada en la existencia hacia 1826 de 14
provincias autónomas.

Sin embargo, el proceso no condujo directamente a esa fragmentación. Hay un breve lapso en el cual las
unidades políticas que suceden al dominio español son más amplias y reflejan la diferenciación política
del ex virreinato. En el Interior, en 1814, se crean 4 intendencias-Salta comprende la provincia
homónima, Jujuy y Orán; Tucumán incluye Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero; Cuyo lo integran
Mendoza, San Juan y San Luis; Córdoba, la provincia del mismo nombre y La Rioja- y hacia 1815 el
triunfo artiguista se traduce en la constitución de la Liga de los Pueblos Libres que une a la Banda
Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba.

Estas unidades políticas resisten muy poco tiempo. Las que serán definitivamente las unidades menores –
provincias- que recorrerán el largo proceso hasta la unidad nacional, se van separando paulatinamente.

Esta unidad de análisis, la provincia es en realidad una dimensión, la más sólida de lo que podemos
llamar región en la Argentina de la primera mitad del siglo XIX. Provincia región unidad sociopolítica,
primer fruto estable del derrumbe del imperio español que representa el grado máximo de cohesión social
que ofreció la ex colonia al desaparecer las instituciones anteriores. Por un lado se trata de explicar por
qué la disolución de la antigua estructura virreinal cristaliza en unidades de esas dimensiones, de esa
naturaleza. Por otro lado, el porqué de la no desaparición de todo tipo de vínculo entre ellas, de manera
que a lo largo del siglo el proyecto de nación logró sobrevivir hasta llegar a tiempos más propicios.

En el primer problema, se trata de advertir, ante todo, que el hecho de que las estructuras más resistentes
al proceso de disolución que siguió a la independencia, las únicas que lograron afirmar condiciones para
continuar los procesos productivos y comerciales, las únicas capaces de establecer un rudimento de
organización social para mantener el orden, fueron esas unidades que llamamos provincias.

En que consistían esas provincias? la ciudad y el área rural cercana que domina. Esto es, una ciudad de
cierta importancia por su pasado colonial como centro comercial o político, o ambas cosas a la vez; una
ciudad de concentración, aunque sea mínima, de elementos sociales capaces de afrontar una
administración; con vinculaciones con la campaña que por tradicionales a la vez que estrechas permitían
su control por el centro de residencia de la autoridad política. Si vemos bien las cosas, es casi como
advertir que la disolución de la vieja maquinaria del estado español en las Indias se tradujo por una
reversión al mínimo posible de cohesión política.

El supuesto fundamental de esta concepción reposa en el concepto de localismo. el localismo municipal,


nacido así del aislamiento, convertirá las ciudades en provincias y luego de la independencia logrará
suprimir el engranaje de las intendencias para borrar todo rastro de subordinación de unas ciudades
respecto de otras. Ese localismo limitó las tendencias a unidades regionales mayores, imponiendo la
división del futuro país en ciudades-provincias

Se va concediendo a la ciudad el carácter de realidad política fundamental del posible nuevo país. Ciudad
–o provincia, extensión del papel de una ciudad – constituyen así los nuevos protagonistas de las primeras
etapas de vida independiente. El hecho de que, dentro de esa creciente mercantilización de la vida
económica colonial, tanto la existencia de vínculos reales entre aquellas ciudades-provincias, como la no
existencia de vínculos suficientes para fundar un estado luego de la independencia, se corresponden con
el predominio de un tipo de capital, el capital comercial (comercial y usurario) que en el siglo XVIII
había desarrollado su dominio sobre la producción y su papel primordial en la vida económica colonial.

Particularismo provincial y el dominio del capital comercial.

El fundamento de esa configuración lo constituía el dominio del sector mercantil sobre la vida económica
colonial. El capital comercial cumple las funciones de movilizar las producciones requeridas por el tráfico
interregional y colocar las mercancías que recibe de otras regiones o de la metrópoli. Tanto para la
movilización de esos productos como de otros necesarios a las economías locales, el sector mercantil
desarrolla una función dominante, al amparo del sistema de monopolio. Esa función consiste tanto en
proporcionar la estructura necesaria para la circulación mercantil como el financiamiento de las
producciones locales, bajo las formas típicas de la época: créditos, “habilitaciones”, préstamos
propiamente dicho.

El capital comercial cumple las funciones de promover y sustentar la expansión de la producción


mercantil en las condiciones históricas de inexistencia de un capital industrial independiente. El centro de
esta red de funciones lo constituye la ciudad: mercado para el intercambio de los productos
metropolitanos por el metálico o por aquellos productos que poseían demanda fuera del ámbito local;
mercado para las producciones rurales indispensables a la subsistencia de la población urbana; mercado
de crédito para esos intercambios y- fuera en metálico o, por lo general, en mercancías- para los
productores rurales o urbanos

ese dominio del capital comercial sobre la producción generará, como veremos más adelante, pautas
características en las sociedades provinciales, uno de cuyos rasgos más sobresalientes, y más
significativos para la historia rioplatense, será el particularismo regional. El proceso de la independencia
habría sido acompañado por una crisis de los viejos sectores mercantiles y un reemplazo de ellos en su
función dirigente, en la economía y en la política por los productores rurales, cuyo ascenso se habría
expresado políticamente en la figura del caudillo.
En la medida en que el papel dominante del capital comercial pueda haberse prolongado a lo largo de la
primera etapa de la vida independiente, podemos preguntarnos por sus efectos sobre la conformación
regional del posible país. Entre esos efectos se destacan, por su trascendencia en el proceso histórico
estudiado, la preeminencia económica y social de las burguesías mercantiles características de aquellos
centros urbanos frente a los productores rurales o urbanos, y su tendencia a la autonomía política local.

Las variadas formas del crédito mercantil sirven de vehículo al dominio del comerciante sobre el
productor y formalizan el intercambio no equivalente, fundamento de la ganancia comercial característica
de esa forma de capital “precapitalista”. podemos señalar, por lo pronto, que un factor característico del
período continuará siendo, pese a los efectos sociales que la ruralización de las bases del poder lleven
consigo en muchos espacios provinciales, incluso en Buenos Aires, la posición privilegiada del capital
comercial en el comercio de exportación e importación realizado del puerto.

Sabemos que la independencia hace entrar en crisis al sector mercantil porteño y también al del interior y
que en gran parte la presencia de españoles y criollos en ese sector es sustituida por la de los comerciantes
ingleses, afincados en Buenos Aires y con operaciones que se extendían al interior del Río de la Plata.
Aún así, considerando que los ingleses desplazan a los nativos de la mayoría de las posiciones en el
comercio exterior rioplatense, lo cierto es que no por eso dejan de integrar el sector mercantil de esa
economía que controla el comercio exterior.

por consiguiente, del hecho de que resulta problemático por ejemplo, incluirlos dentro del concepto de
“clase dirigente de Buenos Aires”, por su condición extranjera y su relativo distanciamiento de la
sociedad criolla, no se sigue que haya que olvidarlos en el análisis del sector dominante de la economía.
Si consideramos las cosas, entonces, la perspectiva del análisis de los grupos sociales, comprobamos que
el principal de ellos en aquella provincia es un conjunto de fuertes mercaderes y propietarios de tierra,
criollos o ingleses.

De manera que, encontramos todavía el predominio del capital comercial, entre otros motivos, por la
persistencia de una situación en la que el crédito mercantil es resorte vital del sistema

Las economías provinciales:

cuando nos proponemos estudiar la cuestión regional en la primera mitad del siglo: el hecho de que, al no
existir la nación, las unidades políticas reales son las provincias,[11]. Es así que el ordenamiento regional
colonial, una vez hecho trizas y la desaparición de la unidad política colonial, va desdibujándose mientras
se refuerzan los rasgos del mundo económico y social emergente de la independencia: la desaparición de
un Estado, la emergencia de los estados-provincias.

Mientras Santa Fe y Entre ríos marchan a la mono producción ganadera y Corrientes intenta defender sin
mayores logros las posibilidades de expandir su más diversificada economía, Buenos Aires vive la mejor
conocida historia de la conjunción de sus sectores comercial y ganadero en una notable expansión
pecuaria que sirve tanto al mercado externo (cueros, carne salada y otros productos ganaderos) como al
mercado local de carne para consumo. Esa expansión, a la vez territorial y productiva, compensa en
cuanto concierne al mercado externo el declive de las zonas que se habían expandido a fines del período
colonial (el sur correntino, Entre Ríos, la Banda Oriental).

En cuanto al interior, señala Halperin, las consecuencias del proceso de la independencia son menores de
lo esperado. Mejor preservado el orden interno que en el Litoral por la inexistencia  hasta 1820 de guerras
civiles prolongadas y por la menor incidencia bélica, pudieron comenzar a corregirse las consecuencias de
las guerras de la independencia antes que en el Litoral. Si bien la guerra aisló al interior, que había
funcionado como intermediario mercantil entre Buenos Aires y el Alto Perú y Chile, desde 1817 la
liberación de Chile y la recuperación de la economía chilena le abre nuevamente el acceso al mercado
trasandino

las provincias de la “ruta chilena” recuperan así una cierta prosperidad –especialmente Mendoza- sin
llegar, empero, a los niveles prerrevolucionarios.
La recuperación se da, pero más limitada, también en el Norte. La estimula la independencia del Alto
Perú, transformando en la República de Bolivia (1825), aunque se trate de un mercado muy disminuido y
que se provee de productos internacionales a través del Pacífico.

Las provincias del interior mediterráneo –Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán- sienten mejor los
efectos de la expansión de las exportaciones. La ganadería se extiende en las tres provincias y aún en
Tucumán deja de orientarse exclusivamente al mercado local. Además, la cría de ganado –vacuno y
molar- para el tráfico hacia Chile se expande en estas provincias así como en los llanos de La Rioja, desde
donde las arrias de mulas cruzan San Juan hacia los Andes.

El capital comercial en la expansión ganadera

Cuál es el fundamento de los estados provinciales? Señalamos la incidencia del binomio ciudad-campaña
que, con escasas variantes, funda la existencia de los estados provinciales. el papel primordial de la
ciudad a la vez mercado productor, consumidor y financiero y centro político administrativo – función
heredada del pasado colonial- pueda verse debilitado, según los casos, por el ascenso de la campaña. A
falta de una industria capitalista dominante ¿estamos ante un capitalismo agrario que ha subordinado al
sector comercial? No parece ser eso lo sucedido en el Río de La Plata de la primera mitad del siglo XIX.
La posición dominante, en los distintos espacios económicos regionales (regiones-provincias) del capital
comercial es herencia del pasado colonial en el que cumplía la función de intermediario entre las colonias
y las economías metropolitanas.

Hay en la información disponible suficientes datos para considerar que estamos por lo menos en un
momento intermedio en el que si bien se van desarrollando una cantidad de rasgos que prefiguran la
estancia de la segunda mitad del siglo, sobre todo en la cría de ovinos, las unidades económicas más
fuertes son una conjunción de actividades mercantiles y pecuarias en las que predomina aún el control
mercantil.

Cabe considerar, que el grupo económico que predominaba en el negocio de la ganadería de exportación
era el de mercaderes, extranjeros y nacionales, que en una buena porción del mismo puede ser llamado
mercader-estanciero. Junto a él existía,  un amplio sector de ganaderos que, en su mayor parte, poseían el
carácter de pequeños y medianos productores, subordinados, a través de los mecanismos de
financiamiento, acopio y comercialización, al otro sector.

La cuestión buenos aires

El monopolio de esos ingresos por una de las provincias ponía en sus manos una enorme e insalvable
distancia en cuanto a la posibilidad de montar un aparato de estado y, en consecuencia, de costear los
recursos necesarios para imponer por la fuerza sus intereses. La economía pecuaria bonaerense -esto
también concernía a provincias que, como Santa Fe y Entre Ríos poseían intereses similares a los de la
Buenos Aires- propugnaba por el librecambio en cuanto favorecía el intercambio con el exterior y
posibilitaba reducir los costos de la explotación ganadera.

La nacionalización de la aduna solo podía resultar de la nacionalización de la economía argentina, esto es,
de la formación de un mercado nacional.

Pero por otra parte, una segunda tendencia modificaba sustancialmente la cuestión de Buenos Aires. Era
la que derivaba del progresivo acceso al mercado mundial a través de la producción pecuaria para la
exportación y el desarrollo de la producción ganadera momentáneamente integrada –una integración no
necesariamente armónica -, con los sectores mercantiles de cada provincia. En las condiciones abiertas
por el librecambio posterior a la independencia, la expansión de la producción ganadera a todas las áreas
en las que existían condiciones de rentabilidad llevó consigo la necesidad y posibilidad de un contacto sin
restricciones con el mercado externo por parte de provincias como las del Litoral; Córdoba y aun otras del
interior.

El particularismo provincial

En la misma forma en que no podemos hablar de la existencia de un mercado nacional, tampoco parece
posible hacerlo de mercados [Link] lejos de poder hablar de una real integración regional.
Porque el nudo de la cuestión consiste en que son la estructura social y sus expresiones políticas las que
imponen, a través del fuerte particularismo provincial, otra realidad, realidad ceñida a los límites de los
estados provinciales, aunque la conformación económica que le dio origen estuviese en proceso de
transformación.

La ruralización de la vida social rioplatense modifica algunas de esas pautas con manifestaciones inéditas,
como lo fue la presencia armada de masas rurales en las disputas en torno a la cosa pública, pero sin
variar los aspectos sustanciales de esa sociedad: la preeminencia de los grupos propietarios, no
comprometida por la acción de los caudillos, la hegemonía sobre los sectores populares que asegura el
mismo caudillo, el fuerte particularismo provincial, que comparten los nuevos sectores movilizados en el
caudillismo, la preeminencia de las solidaridades personales o familiares sobre las programáticas, entre
otras.

La presencia de la gran propiedad rural no deja de trastornar expresiones políticas tradicionales de las
burguesías mercantiles. En este sentido, es útil comparar la formación del estado correntino con el de las
provincias vecinas del Litoral. Mientras en Corrientes el dominio del grupo mercantil, prolongado a
través de las luchas abiertas por la independencia, se expresa en un relativamente organizado aparato
estatal, dentro de las condiciones del período, en Santa Fe y Entre Ríos el debilitamiento del sector de
mercaderes y la mayor incidencia de la propiedad rural se corresponde con el clásico poder caudillista,
común a otras provincias argentinas.

Esta distinta conformación socioeconómica se tradujo en una distinta política frente al problema de la
organización nacional, que hizo de Corrientes la piedra fundamental de las políticas antirrosistas durante
el período. Corrientes enfrentó la política de Rosas en el proceso de constitución de la Liga del Litoral
con una irritante demanda de proteccionismo económico y de urgente unificación nacional, e intentó
organizar tras su liderazgo a las provincias del Litoral y del interior. Finalmente derrotada, hubo de
resignarse a suscribir el Pacto Federal que dilataba indefinidamente la organización nacional, luego de
haberse retirado de las negociaciones en señal de protesta.

El fenómeno de la ruralización de las bases del poder y de la emergencia de regímenes de caudillo


expresa esa nueva situación social e indica, en el plano político, uno de los efectos más difíciles de
controlar que en una economía todavía tributaria del capital comercial, emerge de la vinculación por más
débil que sea en esta primera mitad del siglo, al mercado mundial capitalista en desarrollo.

Por otra parte, lo que no existe al filo de la caída de Rosas es una clase social dirigente que pueda
llamarse nacional, al menos en el de poseer una solidaridad y fusión de intereses en el ámbito de lo que se
concebía como bases de la nación posible. Lo que existe son grupos dominantes locales, burguesías
mercantiles o mercantil/rurales. Si se nos permite la expresión, que controlan la producción y comercio
locales, en las que los lazos de parentesco predominan en la constitución de las empresas y cuyo espíritu
particularista predomina en los hechos sobre los posibles conatos nacionalistas.

Los límites que la naturaleza mercantil precapitalista de las burguesías provinciales imponía a sus
relaciones recíprocas explican la dificultad de su fusión en una clase nacional. l proceso de expansión
económica bonaerense por ejemplo, es usufructuado por una clase dirigente mercantil-estanciera cuya
tendencia más notoria no es hacia la unificación nacional sino hacia la preservación del statu quo: un
mínimo de vinculación con el resto de las provincias que a la vez que permita el mantenimiento de los
lazos económicos referidos y una mayor fuerza en las negociaciones con el exterior, haga también
posible la exclusividad del aprovechamiento de las ventajas naturales de la provincia, expresadas en el
control de la navegación de los ríos y en el del comercio exterior a través de la aduana. El particularismo
de esa burguesía mercantil, fracasado en años anteriores en los intentos de unificación nacional bajo su
hegemonía, al par que exitoso en impedir la unidad a costa de sus privilegios, tenderá tanto bajo el
período rosista como posteriormente durante el predominio de la política mitrista, a obstruir toda política
de organización nacional que implique el sacrificio de aquellos intereses particularistas

Jose Carlos Chiaramonte “Mercaderes del litoral” Cap V: Las industrias


Población correntina: naturaleza tradicional, precapitalista , de producción industrial, para autoconsumo y
también para mercado, provenia del ámbito de la economía domestica, o de la pequeña producción
mercantil rural, predominantemente mano de obra femenina.

Producción domestica industrial para consumo propio y pequeña producción mercantil solian estar
superpuestas, entonces, en unidades familiares en las que predominaba el primer objetivo. El destino
mercantil de la pequeña producción industrial lo encontramosm como exclusivo o predominante, entre los
artesanos. Entre las industrias correntinas se destacaban la del curtido y la de construcción naval. Los
recursos madereros de la provincia habían permitido , en la favorable coyuntura de fines del siglo XVIII y
comienzos del XIX, el crecimiento de las actividades de construcción naval. El mismo factor, recursos
naturales abundantes favorecio la instalación de curtiembres.

Localización de la industria en Corrientes.

La localización de la tenería en la región noroeste de Corrientes parece obedecer a dos razones


principales, una de ellas la facilidad de obtención de la materia prima y la sustancia curtiente. Abundan en
la región de los bosques de aquel árbol que además de ofrecer la corteza rica en tanino, proporcionaba una
excelente madera de construcción. Otro motivo para la instalación de curtiembres en corrientes provenia
del efecto de dos grandes riesgos para el comercio de cueros “al pelo” con Bs As. Esos riesgos eran por
un lado, el ataque de la polilla, por otro el peligo de los naufragios y encalladuras durante la navegación
del Paraná. Para compensar parcialmente el efecto de los fletes era costumbre cargar las embarcaciones
menores mas alla del limite de seguridad, de manera que se producían accidentes frecuentemente.

La existencia de curtiembres ofrecia a los productores de cuero correntino un mercado local de


menores precios que el de Buenos Aires pero de mayor seguridad, al par que estas industrias se veian
favorecidas por el bajo costo de la materia prima.

Numero y tamaño de las curtiembres.

Pese a la dificultad para medir la evolución de la industria por el monto de los impuestos pagados, el
numero de curtiembres instaladas y las variaciones en la recaudación indican un sensible crecimiento de
la producción por lo menos de 1833 y 1835. Este crecimiento corresponde al efecto de medidas
proteccionistas del estado correntino a partir de 1831. Es posible que el proceso de producción tal como
ocurrirá en 1820, estuviese a cargo de un capataz también esclavo.

La disminución del numero de esclavos y el paralelo ascenso de los precios- y la aparición de nuevos
trabajadores libres- ingleses, franceses , italianos-, contrapartida del mismo proceso, son rasgos que por
su levedad en el conjunto de la población trabajadora correntina impiden cualquier generalización. La
disminución del numero total de trabajadores, revelada por los padrones, durante los mismos años que
crece la producción, podría sugerir una mayor productividad por trabajador lograda con la nueva mano de
obra libre de origen europeo. Pero el carácter de las fuentes no permiten verificar la hipótesis.

Crisis de la industria.

A partir de 1835 la industria sufre una declinación que uno de los curtidores califica de crisis. La causa se
busca en el “abatamiento espantoso de esa manufactura en el mercado del consumidor” por efecto de las
exportaciones paraguayas a través del territorio de las misiones. No cabe duda de que la reducción del
ingreso de la provincia a través de su comercio exterior, debida a la tendencia descendente de los precios
pecuarios, afectaba al conjunto de su economía.

Carácter de las curtiembres correntinas.

Varias de las curtiembres han requerido desembolsos de una magnitud que supera las posibilidades del
artesano independiente. Los datos que se extraen de la declaración para el impuesto de patente, si bien
cabe suponer una subvaluación a fin de disminuir la suma a pagar, proporciona también cifras elevadas.
Esas inversiones provienen de quienes realizaban la mayor acumulación de capital en la época, pero sin
ser empresarios capitalistas en sentido estricto : los mercaderes dedicados al comercio en gran escala y a
diversas actividades productivas a la vez, tanto como a la usura y a la especulación. Para molinos Torres,
instalar una curtiembre en Corrientes fue una forma de obtener mercancías a precio mas conveniente que
los pagados hasta el momento, o de asegurarse un abastecimiento regular, o ambas cosas a la vez, para
venderlas en Buenos aires y acrecentar sus ganancias comerciales. En cambio no se intereso en el proceso
de producción que dejo en manos de apoderados y capataces.

Analizando el proceso de producción se puede afirmar que las curtiembres han superado el nivel
artesanal. Esas inversiones de considerable magnitud corresponden a una industria cuyos trabajadores se
reúnen en un mismo lugar, la fabrica de curtido, en numero que constituye una magnitud sensible.
Establecen allí un proceso basado en la cooperación simple.

Si los trabajadores hubieran sido libres, acrecería la apariencia de manufacturas capitalistas basadas en la
cooperación simple, en las que la técnica empleada por cada trabajador es aun la del artesano, momento
inicial de la producción capitalista, en el que el carácter de comerciante como rasgo principal de la
mayoría de los propietarios puede considerarse como residuo del momento de transición de la producción
capitalista. Sin embargo este mismo rasgo, unido al de la condición esclava de la mayoría de los
trabajadores, pone en duda tal criterio y genera un problema de clasificación histórica.

Industria maderera y naval.

La provincia poseía abundancia de excelentes maderas para la construcción, y su industria artesanal


contaba con una elevada cantidad de carpinteros. El caso de corrientes como el de paraguay, testimonia
un sorprendente pero fugaz crecimiento de la industria de construcción naval, hecho posible por la
coyuntura favorable de comienzos de siglo.

Resumen e interpretación de los datos disponibles

Diversos datos señalan la coexistencia, en estos constructores navales, de la actividad industrial con las de
otra naturaleza. Hemos visto que el carpintero de ribera descrito por Robertson alterna las actividades del
astillero con las de acopio y comercialización de maderas en Buenos aires, asi como el alquiler de parte
de su mano de obra esclava. Las medidas proteccionistas adoptadas a partir de 1831 parecen haber tenido
un efecto estimulante de la actividad naval y también de la construcción de embarcaciones, efectos cuyos
alcances son difíciles de precisar dado que no existe información de otro tipo y las derrotas correntinas
en las guerras desatadas a partir de 1839 anularian las condiciones favorables a la reanimación industrial.

Algunas conclusiones

Consideración errada: programa político correntino como programa de desarrollo capitalista de una
burguesía ccuya principal base económica habrían sido las industrias naval y de curtiembre. ¿ como
calificar entonces aquellas industrias de curtido y construcción naval? El hecho de existir una inversión
inicial de capital de cierta magnitud no habla de la presencia de cierto desarrollo de la circulación
mercantil y monetaria de esta economía, y por tanto, de la posibilidad de adquirir en el mercado los
medios de producción que de otro modo seria necesario que produzcan el propietario o los trabajadores a
el sometidos.

Por eso, tiene más sentido limitarse a considerar que las curtiembres correntinas son casos de formas
productivas intermedias dependientes del capital comercial y usurario. Intermedias no en cuanto a indicar
que estamos frente a un proceso en el que la economía correntina evoluciona hacia el capitalismo desde
un indefinido estadio anterior; ni tampoco en el cómodo sentido de eludir, mediante esa palabra, la
necesaria consideración del problema, sino en el sentido en que, por un conjunto de condicionamientos
externos e internos aparecen y perduran en la economía correntina estas formas intermedias entre las de la
producciones precapitalistas y capitalistas. En las condiciones de reanimación de la economía economía
internacional desde el siglo XVIII, es frecuente verificar en el rio de la plata la existencia de mercaderes
al estilo de los recién descritos, que avanzan sobre actividades productivas. Pese a las circunstancias
difíciles posteriores al final de las guerras napoleónicas, dichos mercaderes persisten al amparo de
políticas de protección o del proteccionismo natural que brindan las distancias. Sin embargo la estrechez
de mercados a que los condena la falta de unificación nacional comprime sus posibilidades de expansión.
Estas características bastarían, sin necesidad de recurrir a la hipótesis de un inexistente capitalismo, para
explicar el interés de estos y otros grupos de mercaderes y productores de mercantiles en políticas de
protección y apoyo estatal a la agricultura e industrias como las desarrolladas en aquella época en la
provincia de Corrientes. No se prueba la hipotética génesis del capitalismo, pero se demuestra la
persistencia del capital comercial en su función de organizar o financiar diversas actividades productivas
como lo venía haciendo desde el periodo colonial.

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