Tema 4 Derecho Natural
Tema 4 Derecho Natural
TEMA Nº 4
PRINCIPALES CONCEPCIONES DEL DERECHO NATURAL
La Filosofía Jurídica busca conocer el Derecho en su integridad lógica, esto es, saber cuáles
son los elementos esenciales comunes a todos los sistemas jurídicos, con lo que se debe
superar las particularidades de estos sistemas y buscar al concepto universal del Derecho.
El Derecho Natural es una doctrina ética y jurídica que postula la existencia de derechos
humanos fundados o determinados en la naturaleza humana. Que propugna la existencia de
un conjunto de derechos universales, anteriores, superiores e independientes al derecho
positivo y al derecho consuetudinario.
1. LOS PRESOCRATICOS.
Se llaman así por haber desarrollado su filosofía con anterioridad a Sócrates (filosofo que
marca un estudio diferente en la filosofía griega)
Los presocráticos llamados cosmólogos o fisiólogos, tenían como objeto de estudio el cosmos
= universo y la physis = naturaleza; entendiendo que el cosmos estaba ordenado, pero en
permanente mutación. Para ellos todas las cosas tienen un origen común; y según cada
pensador será el agua, el fuego, etc.
Las escuelas presocráticas, se preocupaban principalmente de la Naturaleza y el principio de
las cosas; por ello esta etapa se considera la etapa cosmológica.
Entre los pensadores presocráticos más destacados se encuentran: Tales de Mileto, Pitágoras,
Heráclito, entre otros.
Para Pitágoras el número y la cantidad constituyen la esencia de las cosas; por lo tanto; la
justicia sería la estricta igualdad aritmética entre dos miembros; donde la pena debe ser igual
al daño causado por el delito; surgiendo así las ideas de igualdad, equilibrio y proporción como
elemento medular de la idea de justicia.
Pitágoras y Heráclito conciben el cosmos como un orden superior.
Para Pitágoras la ley (Nomos) no es simplemente producto de la voluntad del legislador, sino
que debe reflejar la justicia que late en el orden del cosmos.
Heráclito afirmaba que “todas las leyes humanas (positivas) se alimentan de la ley única divina
(natural); que son el modelo en el que se inspiraran las primeras”.
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2. LOS SOFISTAS Y EL IUSNATURALISMO COSMOLÓGICO
El sofismo representa el fin de un periodo eminentemente cosmológico, en el que la inquietud
del saber se centraba en la naturaleza y el inicio de un periodo considerado antropológico,
centrado en el hombre.
El término sofista procede del griego sophía “sabiduría” y sophós “sabio”, es el nombre que
daban en Grecia a los que tenían la profesión de enseñar la sabiduría, eran “sabios” que
gracias a sus conocimientos podían enseñar a la gente. Se conocía como sofista al que se
dedicaba a la enseñanza del sentido de las palabras, se atribuiría dicho nombre a quien
dispusiera de “inteligencia práctica” y sea un sabio en un sentido genérico.
Los sofistas eran pensadores que vivieron en la antigua Grecia desde mediados del siglo V,
que habían elaborado diferentes teorías para explicar el cosmos y para ellos el objeto de la
filosofía, era la reflexión sobre el hombre y la sociedad. Como los sofistas eran viajeros,
conocían diferentes culturas, totalmente distintas a la griega. Por eso se plantearon problemas
referidos a las costumbres y las leyes.
Las enseñanzas de los sofistas tenían como fin saber desenvolverse en los asuntos públicos.
Fueron los primeros pensadores que cobraron dinero por sus enseñanzas.
Uno de los principales sofistas fue Protágoras, considerado maestro de sabiduría. Su doctrina
se basaba en el principio del relativismo que considera todo en función al hombre, donde las
cosas existen solo como fenómenos percibidos por el hombre.
A partir del siglo V los sofistas ponen en duda la idea tradicional de la “polis” (estados
organizados), que surgiría de un pacto o acuerdo entre los hombres, y no de la tendencia
natural hacia la vida en común ordenada y justa que participaba de la armonía universal.
No se trata de reflexionar acerca de las obligaciones del ciudadano, sino de tener en cuenta
las conveniencias y los intereses de los distintos grupos que han llevado a cabo el pacto. Como
consecuencia y al constituirse el hombre en “la medida de todas las cosas” (Protágoras) y en
el eje de todos los problemas, la fe en los dioses comienza a desaparecer y, al mismo tiempo,
las leyes y la cultura se independizan de la religión y toman sus propios caminos.
El ser humano se convierte en el centro del pensar filosófico, dejando en un segundo plano a
la naturaleza. El hombre como individuo moral y ser social, como sujeto cognoscente capaz de
incidir sobre su circunstancia a través del conocimiento adquirido, se convierte en la
problemática fundamental.
Así, se abre una nueva perspectiva de la concepción de la vida pública: EL PODER es el fin
de toda actividad, todos los esfuerzos se dirigen a conseguirlo; de manera que la educación
debe centrarse en formar hombres aptos para luchar por el poder. Esto se consigue exaltando
en cada uno de los caracteres de dominación con el objeto de obtener el consenso del pueblo
en la elección de magistrados y gobernantes.
Los sofistas tenían como disciplinas fundamentales la retórica (el arte de la persuasión a través
de la palabra) la oratoria (el arte de la elocuencia) y la dialéctica (el arte de refutar y discutir).
El pensamiento relativista (los puntos de vista no tienen verdad ni validez universal, sino que
solo poseen una validez subjetiva encuadrada en los diferentes marcos de referencia o las
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condiciones en las que se enuncia) de los sofistas establecía una oposición entre physis y
nomos:
1) Physis: El hombre, la naturaleza. Es lo auténtico, lo inmutable e invariable. Como la justicia
se halla en la autenticidad, será justo lo que responda a la naturaleza.
2) Nomos: La ley humana, las costumbres, usos; las instituciones sociales. Es lo artificial, lo
cambiante. Es producto de la voluntad humana y no puede actuar sobre la naturaleza.
Establecían una contraposición entre lo que es natural y lo que era producto de convenciones
humanas. Considerando que la ley puede forzar cosas en contra de la naturaleza, donde
surgiría la distinción entre derecho natural y derecho positivo.
A) Lo JUSTO NATURAL consiste en que el fuerte sobresalga sobre el débil y el más capaz
sobre el menos capaz, como de hecho ocurre entre los animales y entre los Estados.
B) Lo JUSTO LEGAL es lo que obligan a hacer las leyes positivas, que como obra de los
hombres son a menudo arbitrarias o artificiales, dos caracteres que las oponen a la
naturaleza y son también el medio usado por los débiles para contrarrestar la superioridad
natural de los más fuertes. Por eso pueden derogarse o cuestionarse en nombre de la ley
natural o de lo justo natural.
Rechazan la validez intrínseca de las leyes, estableciendo que las leyes se convierten en
simples convenios impuestos por los distintos grupos de ciudadanos. Apoyados en los cambios
producidos en las leyes por intereses políticos y sociales. Para los sofistas las leyes son usadas
por una mayoría mediocre como único modo de dominación de los hombres fuertes.
Este aspecto dependió de la presencia de las distintas culturas y sistemas políticos, con
diferentes perspectivas acerca de la ley y la justicia. Todo parecía demostrar lo relativo de la
ley, en la que se veía un límite puesto arbitrariamente a la naturaleza humana. Esta concepción
afirmó, en la última instancia, una idea de naturaleza unida al principio de “la fuerza hace el
derecho” de donde surgiría como principio “Ley natural es la del más fuerte”.
Pero se apoyan en una visión incompleta de la naturaleza del hombre, al considerarlo solo en
su aspecto biológico (fuerza), ignorando su realidad espiritual y social.
SÓCRATES (470-399 a.C.) fue un filósofo griego considerado uno de los más grandes, tanto
de la filosofía occidental como de la universal. Fue el maestro de Platón, quien tuvo a
Aristóteles como discípulo; estos tres son los representantes fundamentales de la filosofía
griega. Desde muy joven, llamó la atención por la agudeza de sus razonamientos y su facilidad
de palabra, además de la fina ironía con la que salpicaba sus tertulias con los ciudadanos
jóvenes aristocráticos de Atenas, a quienes les preguntaba sobre su confianza en opiniones
populares, aunque no les ofrecía ninguna enseñanza.
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El punto de partida de la investigación filosófica socrática es el propio ser humano:
“Conócete a ti mismo”, y la primera condición para ello es el reconocimiento de la propia
ignorancia: “Sólo sé que no sé nada”. Para Sócrates, al contrario que los sofistas, el más
sabio es quien sabe que no sabe, pues el que se cree en posesión de la sabiduría ignora hasta
su propia ignorancia y no es capaz de investigar, permaneciendo en la ignorancia, lejos de la
verdad y la virtud, ya que Sócrates identifica el saber con la virtud (intelectualismo moral)
Su más grande mérito fue crear la Mayéutica, método inductivo que le permitía llevar a sus
alumnos a la resolución de los problemas que se planteaban por medio de hábiles preguntas
cuya lógica iluminaba el entendimiento. Según pensaba, el conocimiento y el autodominio
habrían de permitir restaurar la relación entre el ser humano y la naturaleza.
La mayéutica, es una técnica que consiste en interrogar a una persona para hacerla llegar al
conocimiento no conceptualizado. Se basa en la dialéctica, la cual supone la idea de que la
verdad está oculta en la mente de cada ser humano. La técnica consiste en preguntar al
interlocutor acerca de algo y luego se debate la respuesta dada por medio del establecimiento
de conceptos generales.
Fue el verdadero iniciador de la filosofía dándole su objetivo primordial de ser la ciencia que
busca en el interior del ser humano. Sócrates describió el alma como aquello en virtud de lo
cual se nos califica de sabios o de locos, buenos o malos, una combinación de inteligencia y
carácter. Su lógica hizo hincapié en la discusión racional y la búsqueda de definiciones
generales.
Para Sócrates, si decimos de un acto que es “bueno” será porque tenemos alguna noción de
“lo que es” bueno; si no tuviéramos esa noción, ni siquiera podríamos decir que es bueno para
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nosotros pues, ¿cómo lo sabríamos? Lo mismo ocurre en el caso de la virtud, de la justicia o
de cualquier otro concepto moral. Para el relativismo de los sofistas, estos conceptos no son
susceptibles de una definición universal: son el resultado de una convención, lo que hace que
lo justo en una ciudad pueda no serlo en otra. Pero Sócrates está convencido de que lo justo
ha de ser lo mismo en todas las ciudades, y que su definición ha de valer universalmente.
SÓCRATES Y EL DERECHO
Según Sócrates, el buen ciudadano debe obedecer aun las malas leyes, para no estimular
al mal ciudadano a violar las buenas. Fue obediente con las leyes de Atenas, pero evitaba la
política. Creía que podría servir mejor a su país dedicándose a la filosofía.
Creía que todo vicio es el resultado de la ignorancia y que ninguna persona desea el mal; a su
vez, la virtud es conocimiento y aquellos que conocen el bien actuarán de manera justa. Puso
en práctica este principio, cuando acusado de haber introducido nuevos dioses y de haber
corrompido a los jóvenes, y condenado a muerte por estos supuestos delitos, quiso que se
ejecutara la sentencia, y sufrió serenamente la muerte que tuvo a su alcance evitar.
Establece la libertad del hombre como el triunfo de la voluntad sobre sus propias pasiones, el
hombre sólo es libre cuando logra controlar sus instintos, si no lo logra será presa de sus
propios instintos y estos lo llevarán a hacer el mal, lo que se atribuye a la propia ignorancia del
hombre. Esto debido a que afirmaba que sólo un loco podría querer hacer el mal teniendo
conocimiento del bien.
Fue así el iniciador del intelectualismo, pues establece una relación entre el saber y el actuar,
y la dependencia del actuar con el conocimiento. Principios aplicados inclusive en el Derecho
actual al establecer la culpabilidad de las personas. El pensamiento socrático no define la
libertad como la capacidad de realizar cualquier conducta que se desea, esto debido a que el
hombre no es considerado por Sócrates como racional, sino que tiene la capacidad de llegar a
serlo, pero para esto necesita redescubrir sus conocimientos y conocer el bien.
Los conceptos como el bien, la justicia, la belleza, etc., son para Sócrates de carácter universal,
subsisten de manera idéntica para todas las personas en todas las épocas, en oposición radical
al relativismo y convencionalismo de los sofistas. Constantemente investiga en el ámbito de la
Ética acerca de conceptos generales o universales, tratando de definir los mismos en su
esencia permanente, lo que consiste lo bueno, lo bello, lo justo en sí.
El intelectualismo moral
Sólo quien sabe en qué consiste el bien es capaz de practicarlo. Quien no es virtuoso y no obra
el bien es porque no lo ha conocido, es ignorante, ya que el bien incide en el entendimiento y
determina a la voluntad con tal fuerza que, una vez conocido, no puede evitarse amarlo y
practicarlo. El malvado es un ignorante.
Frente al pensamiento de los sofistas surgió en el pensamiento griego una nueva perspectiva
que superó el individualismo y el relativismo del derecho natural del más fuerte.
Sócrates con referencia a los problemas del hombre y el derecho señala que surgieron 2 temas:
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1) LA RELACIÓN ESENCIAL DEL CONOCIMIENTO CON LA MORAL Y CON LA VIRTUD.
Se planteó en términos éticos: la moral surge naturalmente del conocimiento del bien y,
por el contrario, la ignorancia y el error son las causas del mal y del desorden, en el hombre
y en el mundo. El hombre virtuoso será el que posea el conocimiento del bien moral, y éste
es el sabio. La virtud no es una tendencia propia y natural del hombre, ni surge de la
adecuación de su conducta a los ideales del orden y de la armonía universal. La virtud es
obra de la razón y de la inteligencia, capaces de conocer y distinguir la verdad y el
error. La valoración del conocimiento hace de la virtud una ciencia de la moral: el
conocimiento de la moral convierte en virtuosos a los hombres, y por lo mismo los hace
felices.
Se afirma aquí la existencia de dos tipos de justicia: la dike derivada de la concepción original
de la ley, es decir el conjunto de los usos y las costumbres justas, y el dikaion, que es la justicia
abstracta, universal y propia de todos los hombres.
La ley humana debe subordinarse a la justicia eterna y universal, puesto que hay leyes
superiores, no escritas, surgidas de la voluntad y de la sabiduría divina. Toda verdadera ley es,
por lo tanto, justa, y toda ley lleva también en sí un principio de legitimidad.
El principio de legitimidad no se destruye por los errores o la ignorancia de quienes las crean
o aplican, de modo que es necesario someterse a ellas, aunque se sufra una injusticia,
obedecerlas es una exigencia moral, nacida de la razón y de la virtud del hombre. La violación
de la ley es, siempre y en principio, una injusticia; en tal sentido, a la posible injusticia de una
ley no debe responder una conducta también injusta, como la desobediencia.
Esta postura no contrapone, como la sofística, la ley natural y la ley positiva, pues la esencia
de la ley se encuentra y se desprende de una naturaleza humana, en la cual la pasión por la
VIRTUD y LA VERDAD, pasa a ocupar el lugar del poder y del éxito. La justicia depende de la
virtud, con lo cual el pensamiento socrático se muestra profundamente ético, y con este espíritu
trascenderá a la filosofía jurídica.
PLATÓN (427-347 a. C.) nació en Atenas dentro de una familia aristocrática, fue un filósofo
griego alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles. En el año 387 fundó la Academia,
institución a la que Aristóteles acudiría a estudiar filosofía
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Fue un acérrimo anti-demócrata, rechazaba las violentas acciones que habían cometido sus
parientes oligárquicos y rehusaba participar en su gobierno.
Influido por Sócrates y su enseñanza en inquirir y definir qué es cada cosa para poder hablar
de ella con propiedad, se convenció de que había realidades cognoscibles y, por tanto,
permanentes, y decidió que no eran sensibles - el ámbito de lo que siempre deviene y nunca
es – sino de naturaleza inteligible. Éste es, según Aristóteles, el origen de la teoría de las Ideas.
Platón murió en el 347 a. C., a los 81 años de edad, dedicándose en sus últimos años de vida
a impartir enseñanzas en la academia de su ciudad natal.
Platón (junto a Aristóteles) es quién determinó gran parte del corpus de creencias centrales
tanto del pensamiento occidental como del hombre corriente (“sentido común” del hombre
occidental) y pruebas de ello son la noción de “Verdad” y la división entre “doxa” (opinión) y
“episteme” (ciencia).
Demostró (o creó) y popularizó una serie de ideas comunes para muchas personas, pero
enfrentadas a la línea de gran parte de los filósofos presocráticos y al de los sofistas y que
debido a los caminos que tomó la historia de la Metafísica, en diversas versiones y
reelaboraciones, se han consolidado. Su influencia como autor y sistematizador, ha sido
incalculable en la historia de la filosofía, de la que se ha dicho con frecuencia que alcanzó
identidad como disciplina gracias a sus trabajos.
Según Platón existen dos mundos u órdenes del ser: el mundo sensible, de un lado, y el
mundo de las ideas o mundo inteligible, del otro; consiguientemente hay dos principales
modos de conocimiento, la doxa u opinión, y la episteme, el conocimiento propiamente dicho
o “ciencia”
El alma del hombre impulsa tres operaciones según lo plantea en su obra La República y para
ilustrarlo se conoce el cuadro de las virtudes. Platón plantea la Doctrina de las Ideas. Las
presenta en dos dimensiones: Mundo de las realidades que se percibe por los sentidos y
mundo de las ideas que se perciben por la razón. La verdadera realidad es la de las ideas.
Quienes se conforman con las realidades (sentidos) adquieren sólo opinión, doxa. Quienes
captan racionalmente las ideas (sabios o filósofos) adquieren lo verdadero, epísteme.
Los gobernantes serán filósofos, para conocer el bien, la verdad y la justicia y aplicarlo. Pensó
que si gobernaban sabios no harían falta Leyes, pero en la ancianidad sostiene la necesidad
de que existan leyes positivas.
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e) Tiranía: tirano (Hombre audaz y violento rodeado de aduladores, que elimina a los
discrepantes).
El nuevo enfoque surge de la idea de una vinculación del mundo sensible con el mundo
inteligible, es decir con las ideas, consideradas los modelos de todo cuanto forma parte del
mundo del hombre. Las ideas permanecen inmutables y siempre idénticas, en contraste con el
mundo cambiante de lo sensible. Son también independientes de las cosas y de los hombres
y tienen una escala jerárquica en cuya cima se ubica el bien. Todo lo creado por el hombre, lo
mismo que aquello que existe por obra de una voluntad superior, debe reflejar o reproducir la
idea que le corresponde según su naturaleza, única manera de ser verdaderamente. Como las
ideas pueden conocerse de un modo perfecto, ejercitando la razón para penetrar su significado,
es posible trasladar ese conocimiento a la ley, y hacer de ella la réplica de un derecho ideal,
justo y permanente. La naturaleza es la condición normal de cada ser, de acuerdo con su norma
ideal.
En el hombre esa condición normal o natural es la armonía de todas las fuerzas, tendencias y
aptitudes del alma individual. Esta armonía se identifica con la justicia, de la misma manera
que se identifican en la vida social las relaciones sociales armónicas con la realización de la
verdadera justicia. La justicia pasa a ser un principio y un valor constitutivo de la naturaleza
humana, en sus dos aspectos, el individual y el social.
Para lograr la justicia interior el hombre debe subordinar sus sentidos a la razón, con un
esfuerzo de la voluntad que culmina necesariamente en la vida virtuosa. Con lo cual el hombre
logra la felicidad y la libertad auténticas. De esta justicia, fundada en la razón y en la virtud,
deriva la justicia que se expresa en la vida de la polis a través de la armonía de todos los
elementos que la componen.
Esta idea de la justicia lleva a Platón a revalorar la naturaleza y el significado de las leyes
positivas, cuya autoridad y validez habían sido puestas en duda, sobre todo por los sofistas.
Vuelve a unir los conceptos de ley y de justicia, separados por la teoría del derecho del más
fuerte, para afirmar la función educadora de la ley, que ofrece a quienes obliga, la posibilidad
de ser justos o de ser mejores.
Para Platón “La legislación y el establecimiento de un orden político, son los medios más
perfectos de que puede valerse el mundo para lograr la virtud”
Las leyes positivas, en la conciencia general sólo están destinadas a establecer las sanciones
correspondientes a las faltas cometidas. Establece un nexo entre la ley positiva y la doctrina
filosófica de la justicia, como armonía y virtud.
Se funda la validez de la ley en la “RECTA RAZÓN”, la cual implica que el legislador refleja el
derecho y el consentimiento de los ciudadanos y la convierte en ley.
Esta recta razón que crea las leyes permite: el desarrollo equilibrado de la polis y su
convivencia con otros Estados, según un punto de vista en el que adquiere gran importancia la
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función social del derecho. Dicha función social, trasciende el ámbito de la polis, pues la justicia
contenida en el derecho, en cuanto es justicia, desborda el ámbito de la polis, y equilibra y
armoniza sus relaciones internas con las demás ciudades.
Esto lleva a la escuela platónica a compilar las leyes de todos los pueblos conocidos, fueran
griegos o bárbaros, con el objeto de ofrecer junto a un pensamiento filosófico y
fundamentalmente teórico, la posibilidad de llevar a cabo una tarea comparativa de la justicia
en sistemas jurídicos de distintos Estados. Así se da el primer paso para concretar en la
práctica la vigencia de un derecho racional común a todos los pueblos, a través del estudio
sistemático de las distintas legislaciones.
Aristóteles escribió cerca de 200 tratados sobre una enorme variedad de temas, incluyendo
lógica, metafísica, filosofía de la ciencia, ética, filosofía política, estética, retórica, física,
astronomía y biología.
Aristóteles transformó muchas, si no todas, las áreas del conocimiento que tocó. Es reconocido
como el padre fundador de la lógica y de la biología, pues si bien existen reflexiones y escritos
previos sobre ambas materias, es en el trabajo de Aristóteles donde se encuentran las primeras
investigaciones sistemáticas al respecto.
Es considerado el primer metafísico, el primer hombre capaz por sus ideas de filosofar por sí
mismo sin necesidad de dioses, debido a que era ateo.
Aristóteles se planteó grandes cuestiones de fondo: la estructura de la materia, la organización
de la vida, la libertad del hombre, el poder del espíritu, entre otras.
Estudio en la Academia de Platón, fue maestro de Alejandro Magno y en la última etapa de su
vida fundó el Liceo en Atenas, donde enseñó hasta un año antes de su muerte. El Liceo a
diferencia de la Academia, no era una escuela privada y muchas de las clases eran públicas y
gratuitas.
Aristóteles dejó la ciudad y viajó a Calcis, en la isla de Eubea, donde murió al año siguiente,
en 322 a. C., por causas naturales.
Desde este punto de vista, las cosas obran con naturalidad o son normales cuando responden
a lo que reclama su esencia y realizan los fines propios de su naturaleza. Surge así una
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concepción teleológica del mundo y del hombre, en reemplazo de la concepción ideal: toda
esencial supone un fin, cuyo cumplimiento lleva a la propia perfección.
El mundo aparece como un orden en el cual cada hombre y cada cosa tienen una actividad
señalada por su fin. Los hombres, en cuanto seres dotados de razón, comprenden y buscan
libremente sus fines; las cosas inanimadas y los animales tienden a ellos por necesidad. Este
finalismo y su carácter dinámico, se funda en la idea de que el todo es antes que las partes
cada uno cumple sus fines concretos, pero siempre unidos a un fin superior y general.
En primer lugar, se retoma la idea del hombre como ser social por naturaleza y llamado a
formar comunidades que le permitirán cumplir sus fines; las comunidades menores, como la
familiar, tienden, a su vez, naturalmente, a conformarse y a afirmarse en una gran comunidad
política en la que encontrarán los medios para realizar los fines comunes.
Esa tendencia natural exige un orden social y político que las leyes deben establecer
afirmándose en la justicia, para hacerla actuar a través de los principios generales del derecho
positivo.
Según Aristóteles la ley considerada como “la razón desprovista de pasión” debe ser la
autoridad suprema. Pero como existen también en ella contenidos y principios originados en la
voluntad humana, pueden darse contradicciones o discordancias, e incluso injusticias.
Para solucionar el problema de la vigencia y aplicación de una ley injusta, se distinguen la ley
y la justicia, dos conceptos que por lo general tendían a identificarse.
De acuerdo con esta distinción, se obtiene la medida de lo justo y de lo injusto. Existían dos
clases de leyes:
Una particular, creada por los hombres, y que podía ser escrita o no, y
Otra general, válida para todos, y denominada derecho natural.
Según el nuevo concepto de ley, Aristóteles define el derecho natural y el derecho legal: “El
derecho válido para las comunidades políticas se divide en natural y legal. Natural es aquel
que posee por doquiera la misma fuerza, independientemente de sí es reconocido o no. Legal
es aquel cuyo contenido puede ser en principio, uno y otro, y que sólo por disposición legal se
halla determinado tal como está”.
El concepto de virtud, se une a la idea de fin y de bien. El hombre conoce y desea bienes, que
en la tierra no lo satisfacen plenamente, pues sólo encontrará una satisfacción perfecta cuando
se una al bien supremo, idéntico a su fin último que es la felicidad. El medio para lograrlo son
las virtudes que se definen aquí como las disposiciones o hábitos propios del hombre para
llevar a cabo sus tareas, obligaciones y deberes.
Esos hábitos o virtudes deben estar regulados por la razón que señala el equilibrio de las
acciones y los sentimientos. Pudieron descubrirse, entonces, una serie de notas que facilitarían
la comprensión y aplicación práctica de la justicia.
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Con respecto a la justicia, se refiere al carácter social del que deriva la alteridad, como el
descubrimiento de la concepción del mundo y de los intereses poniéndose en el lugar del otro;
alternando la perspectiva ajena y la propia.
1) La justicia distributiva, por medio de la cual, a igual trabajo o resultado, se otorgará igual
retribución, recompensa u honor. Que regula las relaciones entre la sociedad y sus miembros.
Esta doctrina se completa con la de la equidad, que puede definirse como la adaptación de las
leyes generales a las exigencias de un caso concreto, cuando se hace necesario aplicar la
justicia natural. El segundo denominado justo legal que es lo que la ley humana elaborada por
los hombres manda.
Estas ideas sirven también para redefinir el derecho positivo, teniendo en cuenta una serie de
aspectos, muy importantes por sus consecuencias prácticas en relación con el derecho y el
Estado.
Fue fundamental como la definición del derecho natural, distinguió entre el derecho
constitucional, que regulaba la vida política y social de la polis y los otros tipos de derecho
positivo. Por lo que, la constitución debería de adquirir un lugar prioritario y todos los derechos
positivos deben fundarse en ella. Se la considera intrínsecamente superior a toda decisión
individual, por cuanto ha surgido de la experiencia y de la sabiduría de los pueblos, lo cual
permite a su vez, la obediencia compatible con la dignidad de los hombres que le están
sometidos.
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Su objetivo era alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de las comodidades, los
bienes materiales y la fortuna.
La faceta más conocida del Estoicismo es la ética estoica que propone que la felicidad implica
vivir conforme a nuestra naturaleza racional, que el único bien es la virtud y el único mal es el
vicio, la conducta pasional e irracional.
Para ellos los bienes materiales y los aspectos de la vida humana como la enfermedad, el
dolor, el placer son indiferentes, de ahí surge su fortaleza.
El eje de esta doctrina es una ética fundada en la ciencia, entendida como la unidad del saber
y del obrar. Su ideal humano es el sabio, el hombre capaz de alcanzar la plenitud de una vida
sin pasiones, por medio de un juicio claro acerca de lo realmente conveniente.
La naturaleza se entiende como una tendencia que actúa sobre el mundo sensible, y
orienta y dirige tanto a los hombres como al universo. Vivir de acuerdo con la naturaleza,
significa hacerlo según su ley real, que no es otra cosa que la voluntad divina inteligente, que
se expresa en esa ley de la naturaleza. Se unen así naturaleza y razón: la ley general de la
naturaleza es una misma cosa con la recta razón.
En la nueva concepción de la naturaleza el hombre forma parte de la naturaleza universal,
animada por la inteligencia divina, que obra de un modo progresivo en la organización del
universo. Esta actividad inteligente se rige por leyes inmutables. Los hombres son ahora, por
naturaleza, libres e iguales, como hijos propios de la divinidad. El Estado pierde en
consecuencia, su poder absoluto sobre los hombres y no puede hacer distinciones entre los
ciudadanos. El hombre debe ser sagrado para el hombre, pues la naturaleza los ha hecho
miembros de un gran cuerpo y les ha infundido la idea de la injusticia y de la equidad.
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El derecho tiene en esta concepción una serie de características: Se lo considera fundado en
la naturaleza, de manera que no depende ni de la voluntad de los gobernantes, ni del
asentimiento del pueblo. Debe buscarse, en las nociones innatas de lo justo y lo injusto,
conocidas naturalmente por la razón.
El criterio para establecer la justicia o la injusticia de una ley positiva consiste entonces en
determinar su grado de correspondencia con la recta razón y con la ley de la naturaleza.
Del estoicismo derivan una serie de principios definitivos para el derecho, como por ejemplo el
valor de la libertad y de la igualdad ante la ley, con fundamentos distintos a los de las
filosofías anteriores, y el haber definido como eje del derecho, una ley universal de naturaleza
racional. Esta última idea será recogida por el derecho romano y por las primeras reflexiones
filosóficas del cristianismo.
Su finalidad era la defensa racional del cristianismo frente a las religiones paganas
La tarea de fundamentación teológica y filosófica de la comunidad cristiana iniciada por los
Padres de la Iglesia culmina con San Agustín, aunque es necesario tener en cuenta que su
obra no intentó ser un sistema filosófico o teológico sino la presentación de argumentos para
la defensa de la nueva fe, asediada por los filósofos romanos. De allí que, sobre todo, colocara
las bases de las futuras especulaciones teológicas y filosóficas influyendo también en
pensamientos de orientación aristotélica como los de Alberto Magno y Santo Tomás.
La obra de San Agustín, que muchos autores califican como un puente tendido entre el mundo
antiguo y la sociedad cristiana que comienza a desarrollarse ya con caracteres propios, es la
última gran propuesta filosófica del cristianismo primitivo. En este contexto histórico, filosófico
y jurídico, San Agustín replantea los conceptos de ley, derecho y justicia, a partir de la
convergencia de argumentos de la filosofía griega, sobre todo platónica, con contenidos
cristianos.
En general, todas sus definiciones jurídico-políticas presuponen una idea de orden, entendido
como la adecuada disposición de cosas semejantes o diferentes, en función de un fin. En tal
definición está implícito un principio regulador capaz de disponer adecuadamente los diversos
elementos; y ese principio regulador es la ley. Ambos conceptos, ley y orden, son inseparables:
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el orden es realización de la ley, y ésta, a su vez, expresa el orden que debe establecerse. De
estos principios derivan los conceptos de ley eterna, ley natural y ley humana.
LA LEY NATURAL. Pertenece, por naturaleza, a la conciencia de los hombres. Con San
Agustín aparece la diferencia con otras concepciones anteriores de la ley natural. Ahora es
considerada una ley propia de los hombres; es un aspecto particular de la ley eterna que se
refiere sólo a la naturaleza humana racional. Es una ley moral, de evidencia inmediata, igual y
única para todos los hombres; es por lo tanto una ley interior, de carácter universal. Los
hombres se someten a ella de una manera activa y consciente, en cuanto se manifiesta como
una exigencia racional que puede o no acatarse.
LA LEY HUMANA. Es la ley creada por los hombres. A la ley y al derecho natural, está
íntimamente unida la ley humana positiva, cuya obligatoriedad resulta de la ley eterna, que
establece sus límites y fundamentos.
La ley humana es temporal; es modificable según las variaciones de los tiempos y
circunstancias y dirige a mantener el orden de los pueblos.
Si una ley no es justa, es decir, si no concuerda con la ley natural, pierde su condición de ley:
“no parece que sea ley, la que no es justa”. Esta idea se afirma en el presupuesto de que la ley
natural es razón suprema; todo cuanto se opone al orden impuesto por la inteligencia divina,
significa el rechazo de la razón y del orden, y es por lo tanto una injusticia.
En este marco también la justicia en general, por sus conexiones con la ley y el derecho, se
replantea desde un nuevo punto de vista. El dar a cada uno lo suyo y entre aquellos a quienes
debe darse cuanto les pertenece, se encuentran Dios, que ocupa así, el centro de la
concepción de San Agustín.
La justicia humana tiene dos maneras de manifestarse: como justicia auténtica, propia
únicamente de los cristianos, y como justicia refleja o práctica, que corresponde a las
sociedades no cristiana; ésta es una justicia natural, por lo cual puede ser aplicada por todos
los hombres. Existen, en consecuencia, diversos grados de justicia, pero la más perfecta es la
justicia cristiana.
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La ética de San Agustín responde también a los mismos principios generales de la concepción
de la ley y la justicia. Una acción es buena o mala, no porque una ley afirma que lo es, sino un
ser intrínsecamente buena o mala, según responda o no a la ley natural. En otros términos, es
mala cuando desequilibra el orden natural. Esta es la razón de las prohibiciones del derecho
positivo, y la justificación de las penas impuestas a los transgresores de la ley.
La realidad histórica en la que ambas se proyectan, sólo ofrece reflejos imperfectos de las
mismas, y en general puede decirse que las constituyen quienes tienden a realizar la justicia y
el bien (ciudad de Dios), y aquellos que actúan como fuerzas destructoras del orden y de la
convivencia (ciudad terrena).
Para San Agustín la ciudad de Dios se manifiesta sobre todo en la Iglesia, aunque no debe
identificarse con ella, como tampoco se identifica la ciudad terrena con el Estado, pues en las
dos existen y coexisten distintas formas y actitudes de vida. Por otra parte, la ciudad de Dios
no se opone a la pluralidad de Estados, en cuanto los miembros de la comunidad cristiana
provienen de los diferentes grupos sociales, “sin consideración a las diferencias de costumbres,
leyes e instituciones...”. No excluye tampoco a las peculiaridades de cada Estado; por el
contrario, las conserva, lo mismo que a las leyes, instituciones y costumbres, siempre que
contribuyan a mantener la paz y no afecten “la religión que manda adorar al único Dios
verdadero”. En sentido riguroso, sólo puede existir como ciudad verdadera, aquella en la que
reina la justicia auténtica, es decir la ciudad cristiana.
De los principios sobre los cuales se construye la ciudad de Dios, es posible deducir la relación
Iglesia-Estado, implícita en la teología y en la filosofía jurídico-política de San Agustín. La
Iglesia es la comunidad superior a la ciudad, tanto por sus fines, como por su realidad espiritual
y religiosa. El valor del Estado, está sujeto, por su parte, al grado de justicia que sea capaz de
poner en práctica. En esta tarea es imprescindible que dependa de la iglesia, a cuyo cargo está
la realización de los valores fundamentales del hombre y de la sociedad. Con ello se logra una
paz estable y un orden verdaderamente cristiano.
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Una de las consecuencias más importantes de esta concepción jurídico-política, es el principio
de la subordinación del Estado a la Iglesia, y el habernos definido como órdenes distintos,
aunque no necesariamente opuestos. Lo fundamental en San Agustín es su intento de construir
bases firmes para cimentar un Estado cristiano en el cual sean una realidad la justicia y la paz.
El cambio que poco a poco va produciéndose en los enfoques filosóficos, jurídicos y culturales
de la Alta Edad Media, se refleja también en la vida social y política. Comienza entonces un
proceso en el que se van perfilando las formas jurídicas de los futuros estados nacionales. Otro
síntoma del cambio aparece en las actitudes filosóficas, que romperían la unidad del mundo
medieval. Por su parte, la obra de los juristas, tanto con respecto al derecho romano, como al
canónico, abre nuevas perspectivas en la consideración de los problemas y de los conceptos
jurídicos fundamentales.
La denominación Escolástica proviene del latín scholasticus que significa “el que enseña o
estudia en la escuela”
Es un movimiento filosófico y teleológico que intentó utilizar la razón, en particular la filosofía
de Aristóteles, para comprender el contenido sobrenatural de la revelación religiosa del
cristianismo.
La escolástica fue la corriente teológico-filosófica dominante del pensamiento medieval, tras la
patrística, y se basó en la coordinación entre fe y razón, que en cualquier caso siempre suponía
una clara subordinación de la razón a la fe.
El pensamiento cristiano de las Escuelas de Filosofía y teología fundadas en el reinado de
Carlomagno, se caracterizaban por utilizar en su enseñanzas e investigaciones un método
sistemático, por lo que la Escolástica se sirve de la teología y de métodos filosóficos para
exponer y profundizar los dogmas y las verdades de la fe cristiana, pero subordinando la
filosofía a la teología.
Sus fundamentos teóricos se elaboran a partir de dos fuentes principales:
a) Los comentarios de textos escogidos de la Sagrada Escritura, de las obras de los Padres de
la Iglesia y de teólogos cristianos, y
b) Las discusiones y conclusiones sostenidas en las distintas Escuelas y Universidades acerca
de los diversos temas o problemas planteados.
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hombre. Y se trata también de utilizar la razón, no sólo como un instrumento de trabajo
intelectual, sino por considerarla capaz de ofrecer un conocimiento natural del mundo y del
hombre. Con lo cual se conserva la herencia racionalista del pensamiento filosófico jurídico
greco-romano. Esta herencia aparece, sobre todo, en los esquemas platónicos y agustinianos
que sirven de base a la mayoría de las cuestiones en debate.
En esta nueva visión los derechos positivos no tienen sólo un sentido concreto, entendido
como un uso o costumbre que debe aplicarse. Los análisis teológico-filosóficos lo consideran
un sistema de normas, o un ordenamiento dictado por la razón para mantener el orden y la
seguridad sociales. Y el derecho natural es el derecho propuesto por la recta razón que
responde totalmente a la naturaleza racional del hombre.
Esta concepción se entronca con los principios aristotélicos y estoicos que informan el
pensamiento filosófico-jurídico greco-romano. De estas ideas surge la subordinación del
derecho positivo al derecho natural. Para ser verdadero derecho, el derecho creado por el
hombre necesita concordar con los dictados de la recta razón.
Los puntos de contacto se establecen porque ambas pueden considerar, si bien desde
perspectivas diferentes, un mismo problema. La teología lo hace partiendo de las verdades o
de los datos o verdades descubiertos por la razón. Por otra parte, la razón debe profundizar
los principios de la fe, aclarar los puntos oscuros y desvirtuar las objeciones que puedan
plantearse.
La nueva perspectiva de Santo Tomás se distingue de las anteriores, primero porque utiliza un
método de trabajo estrictamente filosófico, y segundo porque coloca la idea de fin en el eje del
sistema. Tres ideas se unen para fundar el orden jurídico: razón, orden y fin, vinculadas a su
vez a los conceptos de ley y del derecho.
El orden tiene su principio en la ley. En primer lugar, tiene su principio en la ley eterna, para
luego incidir en la ley natural y concluir en la ley humana, de acuerdo con una escala jerárquica.
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Dicho orden determina también la tendencia a los fines propios de la naturaleza de las cosas
y de los seres creados por Dios. Los seres irracionales tienden a conseguir su fin de un modo
instintivo. Los hombres, por el contrario, deben conocer y cumplir voluntariamente sus fines, lo
cual significa que tienen la posibilidad de encontrar en sí mismos los recursos para definirlos y
alcanzarlos.
La razón es el elemento clave no sólo para conocer el fin, sino para juzgar acerca de los medios
más apropiados para conseguirlo.
De la razón depende también el ordenamiento de los fines intermedios, es decir de los que
están subordinados al fin último y primordial del hombre.
Con estos conceptos generales de razón, orden y fin se vincula la idea de ley que en su sentido
más general puede aplicarse a todo tipo de leyes. La ley es una medida o regla de las acciones,
por medio de la cual se induce a obrar o a abstenerse de hacerlo.
Toda ley supone un orden propuesto por la razón. Y dicho orden debe lograrse mediante la
aplicación de la ley. De modo que la ley por ser instrumento de orden es producido,
necesariamente, por la razón. De las conclusiones obtenidas por la razón, se desprenden una
serie de proposiciones o reglas de conducta que se aplican para obtener un determinado fin.
Ese concepto general de regla o medida se traslada a las distintas dimensiones de la ley.
LEY ETERNA, regula todas las acciones o movimientos, y se identifica con la sabiduría divina.
De dicha ley dependen tanto la actividad de todo lo creado, como la vida del hombre, en el
ámbito natural y sobrenatural.
Es infinita y eterna por ser la razón y sabiduría de Dios. La ley eterna es, en consecuencia, el
elemento de unidad de todo sistema jurídico, en cuanto crea y determina la justicia y el orden,
y sustenta, al mismo tiempo, la ética.
LEY DIVINA se encuentra junto a la ley eterna, aunque puede considerarse distinta de ella. Es
la ley positiva de Dios, revelada al hombre por el mismo Dios en el Monte Sinaí y vinculada a
la obtención de sus fines sobrenaturales. La ley divina se manifiesta a través de las
prescripciones del Antiguo Testamento y en los mandatos evangélicos (Los mandamientos
entregados a Moisés). Pero no son dos especies distintas de ley sino la misma ley en dos
grados de expresión: uno incompleto y más imperfecto; y otro perfecto, total y completo.
Por naturaleza en general, entiende, lo mismo que Aristóteles, un plan interior propio de cada
cosa o ser creado. Es aquello que la hace ser lo que es, y la define y condiciona tanto en su
forma concreta y peculiar, como en la manifestación exterior en sus energías. En este último
aspecto la naturaleza tiene dos dimensiones: por una parte, es un elemento que genera
determinados impulsos, y por otra lleva implícita una idea reguladora o directriz. De modo que
la naturaleza da origen y a la vez regula las actividades que tienden a un fin.
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En el hombre lo distintivo y propio de su naturaleza, aquello que lo coloca en la cima del orden
creado y lo distingue esencialmente es el alma espiritual y la razón. De acuerdo con este
concepto de naturaleza humana, la ley natural, propia del hombre, se refiere a “aquello a lo
que el hombre se inclina naturalmente”; entre ello es propio del hombre inclinarse a actuar
conforme a la razón. El hombre, en cuanto ser creado depende de la Providencia Divina que
se manifiesta en la ley eterna, pero al mismo tiempo como “criatura racional está sometido de
manera más excelente” a ella. En virtud de su inteligencia participa de la razón eterna: esa
“participación de la ley eterna en la criatura racional se llama ley natural” (Santo Tomás).
La razón humana, que participa de la razón eterna, tiene dos maneras fundamentales de
actuar: como razón especulativa y como razón práctica.
1) La razón especulativa se refiere a lo que es necesario, es decir, a lo que es o sucede
siempre de una sola manera. Está dirigida a descubrir la verdad por medio de sus propias
conclusiones.
2) La razón práctica, se orienta a lo contingente, a lo que puede ser o suceder de varias
maneras. Entre lo contingente se encuentran los actos humanos, acerca de los cuales debe
juzgar y decidir.
En su actuar de acuerdo con la razón, el hombre descubre una serie de primeros principios o
causas que lo mueven a obrar o no de un modo determinado.
Las características de esos primeros principios se sintetizan así: a) Se conocen naturalmente
por medio de la razón natural; b) son evidentes por sí mismos y c) se refieren a lo que es
intrínsecamente bueno o malo, de acuerdo con los fines naturales y sobrenaturales del hombre.
Pero debe tenerse presente que no forman un sistema de normas concretas.
Esos principios son reglas generales que participan de los caracteres generales de la ley, y de
esto deriva su obligatoriedad. Mandan lo intrínsecamente bueno y prohíben lo intrínsecamente
malo, por ejemplo, “debe darse a cada uno aquello que le pertenece” y “no debe atentarse
contra la vida”. La razón los descubre en una misma naturaleza humana. Por lo tanto, no surgen
de una elaboración racional, sino que son innatos y propios de la naturaleza del hombre, creada
por Dios. Cuando el hombre expresa esos mandatos, en proposiciones que son universales y
racionales, formula la ley natural. Esta formulación pertenece a la razón práctica, pues se
vincula directamente con el modo de actuar del hombre. Por eso la ley natural se define también
como el conjunto de los enunciados o proposiciones primeros de la razón práctica.
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Estas características hacen que la ley natural no sea un código detallado de principios. Por el
contrario, si bien todos los hombres son capaces de conocer naturalmente los primeros
principios, los que se deducen de estos se descubren de un modo progresivo. No surgen de
una simple aplicación de la lógica. Se descubren también en el contacto con las circunstancias
concretas de la vida humana. Y por lo mismo que dependen de dichas circunstancias, el modo
o la manera de aplicarlos puede variar. También el conocimiento de los preceptos secundarios
está sujeto a errores, perspectivas falsas o prejuicios que llegan a oscurecerlos o a ocultarlos
a la razón.
Es así como del precepto de no dañar a nadie surge gran parte de las normas prohibitivas
del derecho penal, y en el principio que exige una sanción para el delito cometido, se afirman
las disposiciones con respecto al tipo y alcance de las penas impuestas.
Santo Tomás, a diferencia de muchos filósofos del derecho, señala una clara distinción entre
ley y derecho natural. El derecho es el objeto de la justicia, es decir, lo justo, aquello que se
adecúa y se debe a otro de acuerdo con una razón de igualdad entendida, en el mismo sentido
que Aristóteles.
Este derecho, llamado también derecho objetivo, es distinto del derecho subjetivo. Este último
es la facultad moral de exigir, omitir o hacer lo que cada uno corresponde. Debe tenerse en
cuenta, sin embargo, que Santo Tomás considera el derecho subjetivo como derivado del
derecho objetivo. Por eso no coloca el derecho subjetivo entre las distintas acepciones de la
palabra derecho.
La ley es la razón o la regla del derecho. Esta regla existe en la mente del legislador, como
punto de referencia o medida. La ley no se identifica con el derecho, porque lo que el derecho
da en justicia, lo da en razón de la ley. La ley, entendida en su sentido más general eterna,
natural, divina y humana es la causa del derecho. Una vez hecha la distinción el término
derecho puede aplicarse por analogía a la ley, es decir, teniendo en cuenta las relaciones y
semejanzas. Santo Tomás usa a veces indistintamente ambas expresiones, y lo mismo sucede
en el moderno lenguaje jurídico.
Establecida en general la diferencia entre ley y derecho, es fácil determinar las diferencias y
relaciones existentes entre ley y derecho natural.
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El derecho natural objetivo, es como todo derecho, lo justo, lo que es adecuado o se debe a
otro según una razón de igualdad, y da lo que se debe a otro en virtud de la misma naturaleza
de las cosas. Asimismo, se afirma la existencia de un derecho subjetivo o facultad moral, que
es exigencia de un derecho subjetivo o facultad moral, que es la exigencia también, de la misma
naturaleza. Los principios de la ley natural señalan, y son puntos de referencia del derecho
natural. Este es la normal que expresa lo justo natural propio de aquella ley, y deriva de la ley
natural que se funda en las tendencias innatas del hombre. Es un derecho que responde
intrínsecamente al orden humano.
La ley natural comprende todo el orden ético. El derecho natural, según el sentido jurídico, que
es su verdadero y último sentido, abarca lo que es propio de la justicia. Se refiere a los
preceptos de la ley natural que ordenan las relaciones jurídicas y sociales de los hombres; es
estrictamente hablando, una parte de la ley natural.
Es sobre todo en su concepción de la ley y del derecho natural donde Santo Tomás realiza la
gran síntesis del pensamiento aristotélico con los principios doctrinales del cristianismo,
superando las antinomias y ofreciendo un riquísimo material de la filosofía jurídica
contemporánea.
En la teoría de la ley humana y del derecho positivo de Santo Tomás se relacionan dos
elementos fundamentales: la justicia y el bien común, y de su equilibrio dependen la seguridad
y la estabilidad jurídicas.
Como respuesta a las ideas del Renacimiento y del Humanismo y a la nueva doctrina de la
Reforma protestante, el pensamiento católico propone una renovación de la escolástica. Dicha
renovación llamada también reforma católica influye decididamente en la cultura y en las
corrientes filosóficas católicas a partir de la segunda mitad del siglo XVI y todo el siglo XVII.
Presenta dos notas importantes: en primer lugar, se funda en la doctrina de Santo Tomás, y,
en segundo término, tiene en cuenta algunos de los presupuestos traídos por el Renacimiento
y el Humanismo, contiene elementos de las teorías voluntarias que la flexibilizan. Se ubica
entre las propuestas que buscan resolver los nuevos problemas jurídicos que surgen de la
formación de los Estados Nacionales; que originaron un nuevo tipo de relaciones jurídicas; y
que están llamadas a vincular aquellos Estados.
Francisco de Vitoria (1480-1546), teólogo y jurista español, a quien se considera uno de los
fundadores del derecho internacional.
A partir de un concepto de la naturaleza humana basado en la doctrina de Santo Tomás
reivindica el principio de la recta razón.
Para Vitoria la naturaleza humana ha sido perfeccionada por Cristo, de manera que lo permitido
por la naturaleza humana no se prohíbe en el Evangelio. La recta razón puede entonces definir
y valorar los problemas ético-jurídicos.
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Esta recta razón no sólo se refiere a la inteligencia o al entendimiento humanos para razonar,
sino que su finalidad primordial es la de inquirir y dar respuesta acerca de los fines y del
significado de los hombres y de las cosas creadas.
Para Vitoria las Revelaciones le proporciona elementos y puntos de partida para especificar y
solucionar los problemas del hombre, tanto personales como sociales, políticos y jurídicos.
Entonces, la recta razón, al fundar nuevamente el orden ético-jurídico hace posible no sólo el
replanteo de los problemas de las relaciones jurídicas de la sociedad, sino el de las relaciones
internacionales, como una alternativa de solución a las mismas.
La sociedad tiene el poder soberano en virtud del cual constituye a sus gobernantes y les
reclama el cumplimiento tanto del derecho divino y natural, como del derecho positivo.
El concepto contractual se expresa de la siguiente manera: a) El gobernante tiene un poder
delegado por la comunidad, b) Aun cuando posee la facultad de legislar, las leyes lo vinculan
en la misma medida que a los demás súbditos.
Según Vitorio los Estados no pueden aislarse; por el contrario, están llamados a construir de
una manera solidaria la paz y el orden universales. La comunidad internacional tiene su origen
en la naturaleza social del hombre. Esta naturaleza lo hace trascender el ámbito de su propio
territorio, para alcanzar la universalidad del género humano, más allá de cualquier frontera.
Vitoria llama por primera vez a este derecho “ius inter gentes” y determina dos dimensiones
vinculadas a su aspecto teórico y a su aplicación práctica: una como derecho universal de la
humanidad, y otra como derecho de los pueblos en sus relaciones en cuanto a estados
soberanos.
Afirma que el derecho internacional es aquel que la razón establece para todos los pueblos.
Forma parte, en consecuencia, del derecho natural. También afirma que la voluntad de los
pueblos da lugar a un derecho de gentes positivo expresado en leyes justas que cuentan con
la aceptación de la comunidad internacional.
Esta doctrina postula: la igualdad esencial de todos los pueblos y el derecho de cada uno a
realizar sus propios fines, para este efecto es necesario que exista una ética manejada por el
Derecho Internacional la cual permitiría el desarrollo de los pueblos de manera igualitaria
buscando el desarrollo de sus habitantes. Sin embargo, fácticamente los pueblos son por
naturaleza diferentes: tienen formas de vida, costumbres, valores e idiosincrasias diferentes.
Siendo su finalidad que los derechos fundamentales sean practicados pensando en las
personas sin importar su nacionalidad y previo consenso entre Estados.
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Francisco Suárez (1548-1617) La renovación del pensamiento escolástico español culmina
con una corriente filosófico-jurídica que une la razón y la voluntad.
Suárez, parte de una concepción de la ley natural que hace obligatorios, no sólo sus principios,
sino también sus consecuencias. La ley natural sigue conservando las características
señaladas en la concepción clásica: universalidad, inmutabilidad, inderogabilidad. También
funda en Santo Tomás sus afirmaciones generales acerca de la naturaleza humana, de los
derechos natural y positivo, y de la ley.
Suarez afirma la soberanía natural de los pueblos, que se deduce de la sociabilidad natural de
los hombres, debido a que el hombre nace libre por naturaleza, de modo que “ninguno tiene
jurisdicción política sobre otro, ni tampoco dominio” (Suárez)
El Estado tiene en Dios su causa mediata, por ser creador de la naturaleza humana, y tiene en
el acuerdo libre de los hombres que lo consienten y estructuran su causa inmediata. De manera
que el poder político pertenece a la comunidad por derecho natural. No es inmediatamente de
Dios de quien los gobernantes reciben la soberanía. Se da siempre por medio del pueblo, que
cede a sus jefes sus derechos soberanos.
La idea clave del derecho internacional de Francisco Suárez es procurar el bien común de la
humanidad, por lo cual cada Estado debe tender la consecución de sus fines en el marco
impuesto por las necesidades y los derechos de los demás.
El contenido específico del derecho internacional es el conjunto de las normas positivas que
regulan las relaciones entre los Estados. Sobre estas normas se construye un derecho que no
depende de una voluntad supraestatal, sino del libre acuerdo y consenso de los pueblos.
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