CARTEL
Nuestro cartel contiene los personajes principales que consideramos que destacaron más en la
Revolución Mexicana. Iniciando con Porfirio Díaz, con su dictadura, las actividades como la
agricultura, la ganadería o la minería, se basaban todavía en sistemas feudales, mientras que en
las ciudades los obreros eran explotados sin que tuvieran derechos laborales básicos. Habiendo así
un desequilibrio en la sociedad, pues él y los científicos vivían en los mejores lugares y Diaz se
dedicó a embellecer a México, y fue así que en 1904 se inició la construcción del Palacio de Bellas
Artes.
Cuando el pueblo empezó a tomar movimiento al asunto y dio más posibilidad fue cuando en
marzo de 1908, relativamente cerca de las elecciones, la revista británica Pearson's Magazine
publicó una entrevista de su reportero James Creelman con el presidente Porfirio Díaz, que había
tenido lugar unos meses atrás en el Castillo de Chapultepec.
En dicha publicación Díaz declaró: "He esperado pacientemente que llegue el día en que el pueblo
de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada
elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el
progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado”.
Justo en ese mismo año, Madero pública su libro “La sucesión presidencial en 1910” y a raíz de
estas declaraciones de la entrevista de Creelman y Diaz, se crearon partidos políticos de oposición
para las elecciones que se llevarían a cabo en 1909, destacando el partido Anti–reeleccionista,
encabezado por Francisco I. Madero. Fue elegido como candidato a la presidencia pues alcanzo un
alto nivel de popularidad en las elecciones de 1910, Díaz no cumplió la promesa y se reeligió para
el mandato de 1910 a 1916 y esto para Madero solo provoco que lo encarcelaran por el orden del
gobierno en San Luis Potosí. Pero logro escapar con ayuda del abogado Pedro Antonio de los
Santos Rivera, y se refugió a Estados Unidos y desde San Antonio, Texas, promulgo el 5 de octubre
de 1910, el Plan de San Luis, que rechazó la reelección y convocó a derrocar al dictador y al
levantamiento de armas para culminar con la dictadura de Porfirio Díaz. Su lema principal
fue "Sufragio efectivo, no reelección", y reivindicaba derechos laborales y la repartición de tierras
que buscaban grupos sociales contrarios a Díaz.
En su plan de acción estaba una convocatoria a la lucha armada: "El 20 de noviembre, desde las 6
de la tarde en adelante, todos los ciudadanos de la República tomarán las armas para arrojar del
poder a las autoridades que actualmente nos gobiernan".
El pueblo mexicano, al llamado de Madero plasmado en el Plan de San Luis, se lanzó a la lucha
armada el 20 de noviembre de 1910. De hi se inspiro el pintor David Alfaro Siqueiros, con el
nombre de su pintura “La marcha de la humanidad”.
Las fuerzas revolucionarias fueron compuestas por campesinos que reclamaban su derecho a la
propiedad de tierras, por obreros que reclamaban justicia social y por las clases medias que pedían
libertad política.
Esta lucha hizo surgir lideres revolucionarios que acompañaron la causa de Francisco I. Madero,
entre otros Emiliano Zapata en el sur del país, así como Francisco Villa, Álvaro Obregón y Pascual
Orozco en el norte.
La presión revolucionaria tuvo éxito y Porfirio Díaz firmó su renuncia a la presidencia el 25 de
mayo de 1911, dando fin a 35 años de gobierno y abriendo paso a nuevas elecciones. A finales de
mayo de 1911, los generales Pascual Orozco y Francisco Villa tomaron Ciudad Juárez, Chihuahua,
lo que representó el triunfo de los rebeldes; después de las elecciones de octubre de ese año,
Francisco I. Madero ganó la votación y asumió la presidencia de México el 6 de noviembre de 1911
en la que es considerada "la primera elección democrática en 30 años".
Aquí agregando la pintura de Juan O’Gorman, “Retablo de la revolución” con su lema “Sufragio
efectivo, no reelección".
El movimiento revolucionario continuó los siguientes años con descontentos entre las distintas
facciones que lo iniciaron. Uno de esas facciones fue la de Emiliano Zapata, quien al frente del
Ejercito Libertador del Sur, reclamaba a Madero haber incumplido lo ofrecido en cuanto a la
devolución de tierras a las comunidades indígenas y agrarias del estado de Morelos, con su lema
“Tierra y libertad”. Mientras tanto, en Chihuahua, al norte del país, Pascual Orozco acusaba al
presidente de corrupción y traición al país.
Pronto comenzaron las luchas entre los que fueran aliados al comienzo del levantamiento armado,
pues cada bando se asumía como auténtico defensor de los ideales revolucionarios.
Zapata lanzó el Plan de Ayala bajo la bandera de la lucha agraria, mientras que Orozco publicó
el Plan de la Empacadora sobre demandas sociales. Ambos desconocieron la presidencia de
Madero.
El gobierno maderista logró defenderse durante dos años frente a los insurgentes zapatistas,
orozquistas, y otros grupos más pequeños, con apoyo de las tropas de Villa. Las mujeres, en todos
los bandos, tuvieron un papel de fuerza de apoyo a los revolucionarios e incluso tuvieron
participación armada. Eran conocidas como "Las Adelitas".
Posteriormente, Madero fue víctima de la asonada militar conocida “Decena Trágica”, ocurrida a
partir del 9 de febrero de 1913. En un principio, Victoriano Huerta, en su condición de general
maderista, combatió ese levantamiento de oficiales del viejo régimen porfirista, aunque luego se
pasó a sus filas, con la mirada puesta en ocupar la presidencia, lo que ocurrió después del
asesinato de Francisco I Madero en el 22 de febrero de 1913. Pero en febrero de 1913 se da la
"decena trágica": 10 días de enfrentamientos en un golpe militar que llevó a la renuncia de
Madero el 19 de febrero y su asesinato tres días después, volvió a sumir al país en la guerra y el
caos.
Victoriano Huerta, conspirador del golpe con el grupo llamado "los contrarrevolucionarios",
asumió la presidencia ese mismo día. El Pacto de la Embajada conocido así porque se firmó en la
sede de Estados Unidos en México, tuvo éxito, aunque originalmente no tenía a Huerta como el
elegido para la presidencia.
Para combatir a Huerta, llamado "el usurpador", una reorganización de fuerzas revolucionarias del
norte llevó a la creación del Ejército Constitucionalista, al mando de Venustiano Carranza, con
el Plan de Guadalupe, enfocó la lucha revolucionaria contra Huerta hasta lograr que el presidente
golpista deje el poder en julio de 1914 y Carranza asuma el gobierno.
La Convención de Aguascalientes entre líderes revolucionarios llevó al desconocimiento de
Carranza como presidente, por lo que nuevamente se abren dos grandes bandos: los
convencionistas y los constitucionalistas.
Carranza, quien se hace llamar "líder máximo de la revolución", traslada su gobierno a Veracruz,
mientras que los convencionistas nombran a Eulalio Gómez como presidente. A partir de entonces
vino una guerra de guerrillas.
Las luchas armadas entre los bandos, en las que se da el grueso de las muertes, calculadas en más
de un millón, se prologaron desde octubre de 1914 hasta noviembre de 1916. En ese mes, el
gobierno y ejército de los convencionistas declaran su fin, aunque fuerzas zapatistas y villistas
disminuidas siguieron sus luchas durante meses.
El 4 de diciembre de 1914 se firmó el Pacto de Xochimilco en México por parte de Francisco Villa y
Emiliano Zapata para formalizar la alianza entre los ejércitos que ambos encabezaban y diseñar
el plan de operaciones contra los ejércitos de Venustiano Carranza en la nueva guerra civil que
iniciaba en esos días.
La balanza finalmente se inclina hacia las fuerzas de Carranza, quien desde septiembre de 1916
convocó un Congreso Constituyente para redactar una nueva Carta Magna del país. Los
constituyentes, electos por votación popular a finales de ese año, trabajaron en un plan de
reunificación de las causas revolucionarias hasta comienzos de 1917.
Luego de ser votada el 31 de enero, la nueva Constitución es promulgada el 5 de febrero de 1917,
marcando lo que se considera el fin de la Revolución Mexicana. Sin embargo, las bases del Estado
moderno mexicano se establecen con la nueva Carta Magna. El documento consagra causas
revolucionarias como el derecho agrario, los derechos laborales, la educación y la salud
garantizadas por el Estado, la libertad de prensa y los derechos políticos vigentes más de un siglo
después.