El Modelo de Valoración del Precio de los Activos Financieros o Capital Asset Pricing Model
(conocido como modelo CAPM) es una de las herramientas más utilizadas en el área financiera
para determinar la tasa de retorno requerida para un cierto activo.
En la concepción de este modelo trabajaron en forma simultánea, pero separadamente, tres
economistas principales: William Sharpe, John Lintner y Jan Mossin, cuyas investigaciones
fueron publicadas en diferentes revistas especializadas entre 1964 y 1966. La inquietud que los
atrajo por este tema fue el desarrollo de modelos explicativos y predictivos para el
comportamiento de los activos financieros.
Todos habían sido influenciados por la Teoría del Portafolio de Harry Markowitz, publicada en
1952 y reformulada en 1959. En ella, Markowitz plantea las ventajas de diversificar inversiones
para de esta manera reducir el riesgo. Cabe señalar que la idea de "cartera de inversiones"
había sido planteada en 1950 por James Tobin con una medida para predecir el aumento o la
caída de la inversión, tema clave para determinar el nivel de empleo y la producción, la "q" de
Tobin. Markowitz captó las potencialidades de esta idea en los modelos financieros.
Diversificando inversiones
La idea de diversificar inversiones implica distribuir los recursos en diversas áreas, como, por
ejemplo: industria, construcción, tecnologías, recursos naturales, I+D, salud, etc. A esto
Markowitz lo llamó cartera o portafolio, y la tesis era que mientras mejor diversificado
estuviera ese portafolio, estaría mejor preparado para enfrentar los riesgos. El CAPM dio un
paso más adelante al buscar la maximización del retorno de cada acción y obtener con ello un
portafolio aún más rentable. Sobre el Modelo CAPM hablamos hoy en nuestros Conceptos de
Economía.
El modelo CAPM ofrece de manera amena e intuitiva una forma sencilla para predecir el riesgo
de un activo separándolos en riesgo sistemático y riesgo no sistemático. El riesgo sistematico
se refiere a la incertidumbre económica general, al entorno, a lo exógeno, a aquello que no
podemos controlar. El riesgo no sistemático, en cambio, es un riesgo específico de la empresa
o de nuestro sector económico. Es decir, es nuestro propio riesgo.
Ese es el vacío que busca llenar la propuesta de Sharpe: maximizar cada uno de los activos en
forma separada para obtener de este modo el portafolio más rentable. Es decir, el CAPM se
ubica en la frontera del área de Markowitz (linea azul) y maximiza en la tangente a la línea del
mercado de capitales (linea roja) donde el apalancamiento es igual a cero. Eso permite al
CAPM construir el portafolio más óptimo al determinar con la mayor precisión los porcentajes
de inversión en cada uno de los activos. Para determinar esta fórmula se debe encontrar la
relación lineal entre los retornos de una acción determinada y el retorno que se habría
obtenido si se hubiese invertido en el portafolio óptimo de mercado. Para ello introduce el
parámetro Beta (β), un índice de componente de riesgo de mercado, que es el protagonista
central de este modelo.