Al ser elegido un tipo de cimentación, es necesario definir el procedimiento deconstrucción, cuyas
características deberán ahorrarnos en gran medida tiempo y dinero, respetando las
especificaciones geotécnicas y estructurales, preservando constantemente la calidad de los
elementos de cimentación.
En resumen, los factores que determinan el tipo de cimentación, son: las cargas a las que
estará sometida la estructura durante su vida útil, las condiciones del suelo y el procedimiento
constructivo. Se considera que en el procedimiento constructivo además
Análisis alegoría de las cavernas:
Los humanos, sumidos en la oscuridad de la ignorancia, solo vemos lo que salta a nuestra vista y
nos es posible visualizar físicamente, alude al hombre que carga piedras en una caverna y solo
podía ver hacia el piso, se había acostumbrado a estar así, y creía que solo existía el piso y paredes,
y que eso era el mundo. Pero cuando un día uno de ellos logra salir y ve todo un mundo arriba
queda extasiado, pasmado, embelesado. De alguna forma alude a los sabios, que comienzan a
descubrir cosas nuevas, que develan nuevos conocomientos. Pero la luz es demasiado fuerte y le
impide ver hacia arriba, es demasiado luminosa, aunque con el paso de las horas, el hombre va a
acostumbrarse a ello y ya no le va a parecer impresionante. Justo cuando un conocimiento se
vuelve arcaico o no es novedoso. Pero luego va a contar a sus amigos de la caverna que hay un
mundo allá arriba, y nad
ie le cree, porque su vida estaba llena de sombras, de sus sombras, el suelo y las paredes. Allí es
cuando se ve la terquedad de la ignorancia de las personas cerradas que no creen que hay cosas
nuevas por descubrir y optan por adoptar la posición que siempre tuvieron, de receptores y nunca
de emisores.
la realidad fuera de la caverna.
Fundamentalmente persigue Platón establecer el carácter y la condición de los gobernantes para
poder conducir el conjunto de reformas que permitan establecer un estado de bienestar y justicia.
(3)
Una caverna no es necesariamente el escondite de un oso enorme y feroz, ni un espacio fresco y
húmedo, u obscuro y caliente; puede ser la terrible pesadilla del saber: la creencia del
conocimiento, la creencia de la libertad. Esto basado en la alegoría de la caverna, hecha por Platón
(o al menos atribuida a él).
La semana pasada por vez primera vi un vídeo de Internet que ya había sido reproducido
millones de veces alrededor del mundo, en él se mostraba la reacción de una pequeña manada de
animal que no fuese un chimpancé de esa manada o algunos de los científicos que con ellos
trataban. A vida triste habían sido condenados estos primates, la gran mayoría de ellos quizá no
sabía o no tenía recuerdo alguno de los rayos del sol o de la libertad, que debieron haber conocido
al ser arrebatados de sus madres.
Al ser liberados, asomaron su cabeza por la puerta dos o tres de los chimpancés, llenos de
curiosidad, de intriga, y, de seguro, de pizcas de miedo. Antes de salir, dos de los primates se
abrazan en júbilo, hacen muecas que sin duda se traducen en sonrisas y carcajadas; una escena
que estremece los lagrimales de cualquier persona con más de dos milímetros cúbicos de corazón.
Inminente se vuelve como el cuerpo de los chimpancés, de un opaco y maltratado pelaje por las
enfermedades no refleja más que una felicidad pura. Unos segundos de saltos y gritos entre los
monos son una alegre fiesta, festejar un anhelado nivel de libertad, o uno jamás soñado. ¿Será
que en su memoria estaba aún guardado el recuerdo de ese libre hábitat en el que vivieron las
primeras semanas de su vida, y el volver a sentir el calor del sol lo despertó?
Procedieron al fin a explorar su nuevo ambiente, aunque limitado, los hacía felices, no parecían
querer volver atrás; algunos tardaron mucho en salir, quizá perdidos en sus pensamientos, quizá
paralizados de felicidad, quizá con temor a abandonar el espacio al que ya estaban
acostumbrados; pero el ver a los otros o sentir soledad los forzó al final a disfrutar de ese nuevo
espacio.
Era el laboratorio de manera casi literal la caverna de los primates, una jaula de fuertes
rejas que ni un gorila que lance llamas por las manos y con visión láser enojado podría destruir.
Hoy en día estamos acostumbrados y aferrados a las cavernas, cavernas como los centros
de educación, que pueden ser al mismo tiempo las antorchas que guían el camino hacia escaleras
por las cuales podemos escapar; cavernas como a la que nos ha ayudado a aferrarnos la actual
situación del país: no podemos salir, al menos no sin miedo, y de perdido disfrutar de dar un paseo
en bicicleta o caminar por la calle hacia una fiesta. Cavernas como esa terrible y útil herramienta,
que facilita y entorpece la comunicación: el Internet.
Útil, podemos conocer el resto del mundo, el resto de las culturas del mundo, varias religiones,
lenguajes, sin salir de casa; es engañoso, es otra caverna, u otra manera de conservarnos en la
caverna, y al mismo tiempo (en la actualidad, en raras ocasiones) otro sendero que guía a una
salida. Como puede acercarnos información acertada, puede brindarnos, y en mayor proporción,
información falsa, inútil, y guiarnos a la creencia del saber; es común escuchar hoy en día “leí en
Internet/en una revista que” y una afirmación de algo que no está del todo comprobado, y es
usual que se piense como verdad absoluta, ninguna otra idea o posibilidad se acepte; debo admitir
que me sucede con frecuencia, la tendencia a una mente cerrada “yo estoy bien, tú estás mal”
(“porque yo lo leí” “porque me sucedió”) es sin duda otra malévola caverna; no obstante, tampoco
es libertad aceptar cualquier otra afirmación sin reflexionarlo.
Dicen que el hambre de conocimiento puede hacernos infelices, alguien quién busca saber
más podría verse frustrado ante el no saberlo todo, ante la falta de respuestas o ante el que la vida
no le alcanzaría para aprender y descubrir todo; que la infancia es más feliz, pues las preguntas
que se hacen los infantes son básicas, y se obtienen respuestas sencillas o fantásticas. Hay
curiosidad pero poco pensamiento crítico, entonces cualquier respuesta es buena, que en esa
caverna de creer todo lo que se escucha, los niños piensan todo resuelto, todo misterio
respondido, a veces con seres divinos; es la caverna más feliz, no hay mucho de qué preocuparse.
¿Por qué habría de hacernos infelices el anhelar el conocimiento? ¿No es acaso libertad?
¿Por qué no podemos ser como los chimpancés ante la libertad? Podemos ser felices de que
siempre habrá algo nuevo que aprender, descubrimientos por hacer, hipótesis por cambiar, sería
una vida llena de actividad, me suena mejor que “saber todo” y vivir siempre sabiendo o pensando
lo mismo, sin importar lo correcto o incorrecto de las ideas. Es triste que la ignorancia sea
felicidad, que la libertad de pensamiento sea más bien libertinaje.
Las cavernas y los gobiernos son otro genial ejemplo. Los gobiernos aman las cavernas para
el pueblo, las cavernas tan mencionadas con anterioridad, la ignorancia y la de la creencia del
conocimiento son las cavernas que más les agradan. ¿Qué riesgo se corre al querer dirigir a un
pueblo inculto que cree todo lo que se le dice?, un pueblo que no piensa de manera crítica más
que al hablar de la vecina, un pueblo que no cuestionará un mandato, por miedo o por
conformismo, un pueblo que puede ver que el papel se quema, pero piensa que no sucede así,
porque así le dijo el televisor. Al pueblo se le enseña desde pequeño lo que se debe y no se debe
hacer, de acuerdo con el gobierno; reglas de comportamiento a veces impuestas por la misma
sociedad son absorbidas por la mente de niños, se enseña a confundir el respeto a las autoridades
con el silencio, y a través de escuelas, programas de televisión y religiones, hasta las opiniones
mismas son impuestas.