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Sartre y la Navidad en Stalag 12D

En un campo de concentración nazi, un grupo de sacerdotes católicos obtienen permiso para celebrar misa en Navidad y hacer un concierto. El filósofo ateo Jean-Paul Sartre accede a dirigir el concierto a regañadientes. Sartre termina escribiendo una obra teatral sobre la Navidad que se representará para los prisioneros esa noche especial.

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Sartre y la Navidad en Stalag 12D

En un campo de concentración nazi, un grupo de sacerdotes católicos obtienen permiso para celebrar misa en Navidad y hacer un concierto. El filósofo ateo Jean-Paul Sartre accede a dirigir el concierto a regañadientes. Sartre termina escribiendo una obra teatral sobre la Navidad que se representará para los prisioneros esa noche especial.

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ACTO I: en el Stalag 12D

Comienza sonando música clásica triste

Voz en off:

Odio a las víctimas que respetan a sus verdugos.


No hay necesidad de fuego. El infierno son los otros.
Yo existo, eso es todo. Y me resulta nauseabundo.
La existencia es una imperfección.
El mundo podría existir mejor sin el hombre.
Me sentía en una soledad tan espantosa que he pensado en el suicidio. Lo que me detuvo
fue la idea de que nadie, absolutamente nadie, sentiría mi muerte, que iba a estar aún
más solo en la muerte que en la vida.

Narrador:

Frases todas éstas del filósofo francés Jean-Paul Sartre, declarado ateo y anticatólico
militante. Absurdo, desesperación o angustia son rasgos propios de su existencialismo
más radical. Les sorprenderá saber que el teatro que vamos a representar en esta ocasión
es de él. Veamos cómo empezó todo…

Ruido de fondo: tiros, gritos, desesperación

Telón.

Aparecen en escena, Marius Perrin, Maurice Espitallier, el Hermano Feller y Henry Leroy.

Narrador:

Nos encontramos en el campo de concentración nazi llamado Stalag 12D, situado en la


ciudad alemana de Tréveris, a mediados de noviembre del año 1940. Entre los prisioneros
que se encontraban entonces en aquel campo de concentración se encontraba nuestro
filósofo Jean-Paul Sartre. Sin embargo, también había un grupo de sacerdotes católicos,
que son los que pueden ver en escena.

1
Entra corriendo en escena Pierre Boisselot.

Pierre Boisselot: ¡Hermanos! Tengo una buena noticia que daros.

Todos: ¿De qué se trata, Pierre?

Pierre Boisselot: Como sabéis, esta mañana fui a hablar con las autoridades del campo
para pedirles que la noche de Nochebuena nos dejaran celebrar la Misa del Gallo.

Todos: ¿Y qué? ¿Qué te han dicho?

Pierre Boisselot: Pues que sí. Pero no sólo eso. Además, nos han dado permiso para hacer
un pequeño concierto musical antes de la misa.

Todos: ¡Qué bien! ¡Bravo, Pierre!

Todos lo están celebrando, cuando entra en escena Sartre.

Sartre: ¿A qué viene tanto alboroto y alegría?

Marius Perrin: Acabamos de recibir una gran noticia, Sartre. Pierre ha hablado con las
autoridades del stalag para pedirles que nos dejaran celebrar la Misa del Gallo la noche
de Nochebuena. ¡Y han accedido! Pero es que, además, nos han dado permiso para hacer
también un concierto antes.

Sartre: Vosotros los cristianos y vuestra manía de aferrar vuestra vida y vuestra existencia
a estas absurdas celebraciones y fiestas… ¿Incluso en medio de este campo de
concentración tenéis ganas y deseos de celebrar la Navidad? ¿Acaso siendo prisioneros
aquí tenéis motivos para dar gracias a vuestro Señor?

Maurice Espitallier: ¡Vamos, Sartre! No empieces otra vez a amargarnos el día con tus
discursitos.

Henry Leroy: Es una buena oportunidad para traer algo de alegría y de esperanza a los
prisioneros.

2
Sartre: ¿Esperanza? Sois capaces de agarraros a un clavo ardiendo. Seguid confiando en
vuestro Jesús, ya veréis dónde acabáis…

Prisionero 1: Venga tío, enróllate, ¡para una vez que podemos hacer algo diferente!

Hermano Feller: Ya está bien, Sartre. Déjanos ahora unos segundos, que falta apenas un
mes para la Navidad y aún tenemos muchas cosas que preparar. ¿Quién podría
encargarse de la música del concierto?

Maurice Espitallier: A mí no me importaría encargarme de eso.

Sartre: ¿Tú? ¡Já! Pero si tienes un oído enfrente del otro.

Prisionero 2: ¡Pero si cantas fatal!

Henry Leroy: En verdad, hermano Maurice, el otro día te escuché cantar mientras
picábamos piedras en el patio y no es que fuera canto celestial, precisamente.

Maurice Espitallier: ¿Cómo que no? Empieza a cantar desafinando “Pero mira cómo
beben los peces en el río”. Todos le miran espantados. Vale, vale, lo pillo. Pero, ¿quién se
va a hacer cargo entonces?

Prisionero 2: Pues… quizás…. Y si mejor lo dejamos, esto es un lio!

Marius Perrin: ¡Sartre! ¡Ayúdanos! Sabemos que estudiaste música y que no tienes mala
voz.

Sartre: ¿Cómo? ¿Yo?

Pierre Boisselot: ¡Sí! Es verdad, cantas bastante bien.

Prisionero 3: es cierto Sartre, eres el que mejor lo puede hacer

Sartre: ¿Tendría que ser música cristiana de la vuestra?

Hermano Feller: Hombre, es lo suyo. No lo hagas por nosotros, si no quieres. Ya sabemos


que no nos tragas mucho a los sacerdotes. Hazlo por los demás prisioneros aunque sea.

Sartre: Está bien, pero ya sabéis que lo mío, más que la música, es el teatro. Podríamos
representar una pequeña obra teatral e intercalar alguno de vuestros absurdos
villancicos.

3
Marius Perrin: ¡Me parece una gran idea!

Entra un Alemán dando voces.

Pierre Boisselot: Nos vuelven a llamar al trabajo, hermanos. Dejadme que consulte lo del
teatro con las autoridades. Espero que no haya problema.

Prisionero 4: Ay “Cheñó” a ver la que se va a liar aquí en navidad…

Todos salen de escena.

Telón.

CANCIÓN o MÚSICA:

4
ACTO II: el gran censo
Música:

Narrador: Así fue, queridos espectadores, cómo la pluma de un ateo anticatólico empezó
a escribir una obra de teatro sobre el Misterio de la Navidad. Años más tarde, el propio
Sartre diría: El hecho de que haya tomado el tema de la mitología del cristianismo no
significa que la dirección de mi pensamiento haya cambiado ni siquiera por un momento
durante el cautiverio. Se trataba simplemente, de acuerdo con los sacerdotes prisioneros,
de encontrar un tema que pudiera hacer realidad, esa noche de Navidad, la unión más
amplia posible entre cristianos y no creyentes. Sin embargo, es sorprendente observar la
belleza en la que el filósofo supo envolver el Misterio de la Navidad. Juzguen por ustedes
mismos si realmente no sería posible que la angustia y la desesperación propias de la
filosofía de Sartre no dudaran y temblaran, al menos durante un instante, al acercarse,
aunque sólo sea desde la literatura, a este gran acontecimiento por el que Dios se hizo
hombre. Durante los siguientes minutos les invitamos a que se imaginen que son
prisioneros del campo de concentración, del Stalag 12D. Están aquí simplemente por ser
judíos, por ser cristianos o por tener ideas políticas distintas al nazismo. Las condiciones
de vida en las que se encuentran son penosas y diariamente son obligados a hacer
pesados trabajos. Sin embargo, esta noche, en medio de todos sus sufrimientos, se les
presenta la oportunidad de disfrutar de esta pieza teatral. ¡Disfruten del espectáculo!

Telón.

Aparece en escena el salón de una casa, donde se encuentra Barioná, sentado a la mesa
escribiendo. Llaman a la puerta y éste va a abrirla. Entra en escena Lelius.

Barioná: Buenas noches, señor.

Lelius: No sé si se podría decir que fueran buenas. Pues sí que está lejos el pueblo éste
de Bethaur…¡Qué frío hace! ¡Y qué cantidad de bichos y de mojigos de cabra por los
caminos!

Barioná: ¿Ha sido duro el viaje, señor?

Lelius: Duro no, ¡durísimo! Pero bueno, ¿ha hablado ya de lo del censo con su pueblo?

5
Barioná: Sí, señor. Ya se lo he contado. Siéntese conmigo junto al fuego. Venga.

Sonido de chimenea de fondo…

Se sientan los dos junto al fuego.

Lelius: ¿Cómo se le habrá ocurrido al César la idea de hacer un censo con la población de
todo el mundo? Seguro que él está tranquilo y calentito en su mansión. ¡Esto es
imposible! ¡Y menos aún en estas tierras de Palestina! ¡Parece que vivís aún en la
prehistoria! En vuestras maneras se nota que sois orientales: no seréis nunca
racionalistas, sois un pueblo de magos. Vuestros profetas os han hecho mucho daño al
hablaros de ese tal Mesías que esperáis. Es la solución fácil: vendrá a arreglar todos
vuestros problemas, a libraros del yugo de los romanos. Estáis anclados en el pasado.

Barioná: Sí, señor. Lleva razón en todo lo que dice, pero hablemos mejor de negocios. ¿Es
cierto que han subido los tributos que debemos pagar a Roma?

Lelius: Sí, ahora debéis pagar quince dracmas.

Barioná: ¿Quince dracmas? ¡Eso es una barbaridad!

Lelius: Quince, quince.

Barioná: Eso es demasiado. Somos un pueblo pobre que está harto de trabajar para ganar
una miseria. La población es cada vez más anciana, apenas tenemos niños, todos los
jóvenes emigran a las ciudades más grandes…

Lelius: Conocemos su situación. Pero Roma está en guerra con muchos pueblos y
necesitamos de su contribución para esta causa.

Barioná: Está bien. Déjeme que consulte el asunto con el Consejo de los Ancianos.

Lelius: De acuerdo. Comuníqueme la respuesta que le den lo antes posible.

Salen los dos de escena.

Telón.

6
ACTO III: exterminar la vida
Sonido de taberna…

Telón.

En escena aparecen tres Ancianos sentados a la mesa.


Entra en escena Barioná.
Barioná: Consejo de Ancianos, vengo a daros una noticia.

Ancianos: ¿Qué ocurre, Barioná?

Barioná: Un enviado de Roma acaba de llegar a Bethaur. Viene a avisarnos de que han
subido el tributo que debemos pagar a los romanos: quince dracmas.

Anciano 1: ¡No puede ser!

Anciano 2: ¿Cómo vamos a pagar eso? No tenemos manos jóvenes que puedan trabajar
tanto para conseguir pagar ese tributo.

Anciano 3: Estos romanos nos están asfixiando. ¿Qué vamos a hacer, Barioná?

Anciano 2: Sí, Barioná. Tú eres nuestro jefe. Indícanos qué debemos hacer.

Barioná: Les pagaremos el tributo.

Anciano 1: ¿Cómo? ¿Estás loco?

Barioná: Sí, lo pagaremos. Pero será la última vez que lo hagamos. Después dejaremos
que este pueblo acabe muriendo.

Anciano 3: ¿Qué estás diciendo? ¿Piensas llevarnos a la guerra?

Barioná: No, no merecería la pena. No traeremos más niños a este sucio mundo.
Cortaremos la vida en este pueblo, dejaremos que se seque con nosotros dentro. El
mundo no es más que una caída interminable, el mundo no es más que una mota de
polvo que no termina nunca de caer. La vida es una derrota, nadie sale victorioso, todo
el mundo resulta vencido. La mayor locura del mundo es la esperanza. Acostumbremos
nuestras almas a la desesperanza.

7
Anciano 1: Quieres llevarnos a todos a un trágico final.

Barioná: El trágico final ya está aquí. ¿No lo ves? Yo mismo moriré con vosotros, aunque
tenga que ser el último en hacerlo y contemplar cómo morís todos vosotros. Cuando
llegue mi hora, me vestiré con el traje de fiesta y me tumbaré en la plaza mayor con la
cara mirando al cielo. Los cuervos limpiarán mi carroña y el viento dispersará mis huesos.
¿Queréis crear vidas jóvenes con vuestra sangre podrida? ¿Queréis refrescar con
hombres nuevos la interminable agonía del mundo? ¿Qué destino deseáis para vuestros
futuros hijos? Obedeceréis.

Entran en escena corriendo Sara y Jacob.

Jacob: ¡Basta, Barioná!

Sara: Esposo, no sabes lo que dices. Acabo de recibir la noticia de que estoy embarazada.
Traigo en mi seno la vida que tú quieres exterminar.

Barioná: ¿De verdad? ¡Pues también esta vida morirá! Te llevaré al hechicero para que te
dé unas hierbas y pierdas a ese desgraciado condenado al sufrimiento.

Sara: Te lo suplico, Barioná… Detén esta locura.

Barioná: No es ninguna locura. Ya desde la niñez el niño está condenado a sufrir:


compartir los juguetes con su hermana pequeña, aguantar cómo su hermano mayor le
insulta o cómo sus padres le riñen, tener que obedecer a los mayores, tener que hacer
los deberes todos los días… ¡Sufrimientos y más sufrimientos!

Sara: Yo acepto por él todos los sufrimientos que va a padecer, aunque los sienta yo
también en mi propia carne.

Barioná: ¿Crees que eso aliviará su sufrimiento? No permitiré que mi hijo venga al mundo
para sufrir también todo esto.

Sara: Barioná, sé que te equivocas y haces mal. No sé hablar bien como tú y no podré
convencerte. Pero sólo te digo que tengo miedo en tu presencia ahora mismo: rebosas
de orgullo y mala voluntad, como un ángel rebelde, como el ángel de la desesperación.

Barioná: Soy señor del pueblo y dueño de la vida y la muerte. He decidido que mi familia
se extinguirá conmigo.

8
Anciano 1: ¡Sí! ¡Muerte a la vida!

Anciano 2: ¡Pongamos fin a esta miserable existencia!

Anciano 3: ¡Vayamos a contar a todo el pueblo que nuestra sentencia de muerte ya está
firmada!

Barioná y los tres Ancianos salen corriendo de escena.

Sara y Jacob permanecen llorando.

Telón.

9
ACTO IV: el anuncio
Sonido del campo por la noche…

Telón.

Narrador: Barioná y los que le siguen se disponen a llevar este mensaje de muerte a los
habitantes de Bethaur. Pero dos habitantes no se encuentran en el pueblo. Son dos
pastores que cuidan junto al fuego de su rebaño en las montañas… A éstos les espera un
mensaje de vida.

Aparecen en escena los tres pastores junto al fuego.

Ladridos de perros.

Simón: ¿Qué les pasa a los perros esta noche? ¿Por qué ladran a la luna de esa forma?

Pablo: No sé. Además, hay un olor raro en el ambiente. Es como olor a flores…

Entra en escena el Ángel

Ángel: Buenas noches, Simón. Hola, Pablo.

Pablo: ¿Cómo sabes tú nuestros nombres? ¿Quién eres tú?

Ángel: Soy un ángel enviado por el mismo Dios y venido del cielo. Pero antes he pasado
por vuestro pueblo, Bethaur. Allí he visto lo que está haciendo vuestro jefe, Barioná. Está
expandiendo un terrible mensaje entre vuestros paisanos: ha prohibido la vida. Está
impidiendo que se tengan más hijos.

Zacarias: ¿Por qué hace eso nuestro jefe?

Ángel: Porque ha perdido toda esperanza. Pero vosotros tenéis un gran mensaje que
llevar a vuestro pueblo. Escuchad: es en Belén, en un pesebre. Atended y que se haga el
silencio. Hay en el cielo un gran vacío. En estos momentos, en un pesebre, hay una mujer
acostada sobre la paja. Guardad silencio porque el cielo se ha vaciado por completo,
como un gran agujero, está desierto y los ángeles permanecen conmovidos mirando a la
tierra. Ya basta de llorar por la pena de los ángeles y el vacío del cielo. Ahora les ha llegado
a los hombres la hora de la alegría. Id a Bethaur y gritad por todas partes: ha nacido el

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Mesías. Ha nacido en un pesebre, en Belén. Avisad a Barioná y dadle este mensaje: Paz
en la tierra a los hombres de buena voluntad. La muerte ha acabado. Ahora el otro ya no
es el infierno, sino que ahora el otro es Cristo. Bajad todos los habitantes de tropel a Belén
a adorar a vuestro Dios hecho niño.

El Ángel sale de escena.

Pablo: ¡Arriba, Simón! ¡Vayamos corriendo a Bethaur!

Simón: Sí. Vamos a detener esta locura de Barioná.

Los tres Pastores se levantan y salen corriendo de escena.

Telón.

CANCIÓN:

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