Religiones Abrahámicas: Unidad y Conflicto
Religiones Abrahámicas: Unidad y Conflicto
La unidad oculta
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Traducción: Edmundo Espina Montero
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Prefacio
3
Por el contrario, las tres religiones nacidas en la Franja fértil, entre el
Nilo, Jordan, Orontes, Tigris y Eufrates, presentan parecidos y diferencias
relativamente fáciles de caracterizar. Su referencia común a Abraham han
hecho de ellas religiones hermanas o primas y sus disputas, con frecuencia
violentas, tienen el carácter familiar de los amores decepcionados, de las
uniones deshechas: “se odian porque se querían demasiado”, decía Michelet
de los actores de la Revolución francesa. Se podría decir lo mismo de los
actores de la revolución religiosa del monoteísmo, tan vecinos
geográficamente, tan alejados en la práctica. Sufren de “narcisismo de las
pequeñas diferencias” según Freud: se tiene más ocasión de pelearse con el
cercano que con el que está lejos.
Antoine Schwartz nos muestra, con gran lucidez y honestidad, el cuadro
de las creencias que unen y dividen a tres mil quinientos millones de hombres y
mujeres, la mitad de la población mundial. Reconoce la fragilidad de los textos
sagrados y, añadimos, la heterogeneidad de las lenguas bíblicas y coránicas.
El hebreo y el árabe, semíticos, solo tienen consonantes y utilizan términos
breves y concretos. El griego, inventor de las vocales, gusta de palabras largas
y de gramática complicada. Los Padres de los concilios ecuménicos discutieron
sobre el papel de María llena de gracia, kecharitôménè. Sin duda la humilde
sirviente de Nazaret no habría entendido nada de este participio perfecto
pasivo. Los mismo Padres, que en muchos casos no entendían el griego,
rivalizaron en discusiones bizantinas sobre la naturaleza del Hijo, similar
(homoïousios) o idéntico (homoosios) al Padre. El hijo del carpintero se
quedaría con la boca abierta ante este festival de vocales. ¿Tienen fundamento
estos malentendidos? Es el problema de los parecidos y las discordancias.
Nada sería más peligroso para la libertad que una religión única. Mejor
separarse que pelearse delante de los hijos. Y los de Abraham viven separados
por razones que Antoine Schwarz relata con sabia claridad. La persona de
Jesús está en el centro de las controversias: engendrado y no creado, su doble
carácter de Hijo del hombre e Hijo de Dios son incomprensibles para el
judaísmo y para el Islam a cuyos ojos no hay compromiso posible entre
encarnación y trascendencia. Por otro lado los cristianos de los tres primeros
siglos no festejaban el nacimiento de Cristo: ¿cómo comprender un dios bebé,
una madre virgen y un padre casto?
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Las respuestas a esta cuestiones generaron, en el seno del cristianismo,
numerosas herejías, que él prefiere denominar disidencias, y textos apócrifos,
que preferirá llamar tardíos. Las líneas de ruptura se muestran tanto en el seno
de cada confesión como entre las religiones. A su vez el Islam tuvo rupturas
radicales ente chiítas y sunitas, es decir entre musulmanes en disputa por la
herencia del profeta. Estas querellas de sucesión dignas de una reunión post
mortem ante el notario, muestran la ambigüedad de la fraternidad. Antoine
Schwarz analiza con detalle estos enredos del mensaje entre judeo-cristianos
y heleno-cristianos, el “reparto de los misterios” donde cada uno se atribuye la
parte más bella sin ver que el dios único es indivisible antes de las guerras de
Religión como el átomo era indivisible antes de la bomba atómica.
Por otra parte el diálogo ecuménico solo comenzó tras la Primera Guerra
Mundial, donde los cristianos se mataron entre sí, y el diálogo interreligioso tras
la Segunda Guerra, donde los judíos habían sido exterminados. En suma, ante
“esta gran carnicería denominada Historia” (Oscar Wilde), los creyentes buscan
refundar una Historia santa donde la religión uniría más que dividiría: vasto
programa donde de lo que se trata es de conciliar identidad y alteridad.
Ya el cristianismo antiguo había intentado borrar pacíficamente las
diferencias mediante el gnosticismo y el esoterismo: si Dios se muestra por un
conocimiento supremo o un saber secreto, el común de los mortales no
comprende gran cosa de Él y no hay ninguna razón para pelearse por una
causa desconocida. El sufismo musulmán con su mística reconciliadora busca
así evitar los enfrentamientos sin lograr llegar a ello. Pero los Drusos,
auténticos guerreros de una confesión esotérica, mostrarán que esta vía
celeste puede, ella también, dar lugar a conflictos muy terrenos según la
fórmula de Charles Péguy: “Todo comienza en mística y acaba en la política”.
Incluso la alianza de los que creen en el cielo y los que no creen, de los
clericales y los anticlericales, pudo, mediante la “sagrada unión” fortalecer el
esfuerzo de guerra. Tras las queridas Cruces de Madera de Roland Dorgelès
estaban los vencedores de las dos batallas del Marne: Joffre y Gallieni, franc-
masones, así como Foch que cada día rezaba su rosario. En cuanto a
Benedicto XV actuando a favor de una “paz blanca” los Franceses le llamaban
el “papa alemán”.
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Si el monoteísmo es belicoso el ateísmo no lo es menos y de Stalin a
Pol-pot, el fanatismo pseudo-marxista generó muertos a millones. El politeísmo
antiguo parecía más tolerante ya que asimilaba los dioses de los otros en lugar
de rechazarlos. Si Venus la Romana se parecía a Afrodita la Griega, a Astarté
la Fenicia o a Ishtar la Babilónica, ¿para qué destruir los ídolos adversos si un
buen escultor sabe acomodarlos al gusto del país? Pero desde que Augusto
reclamó sacrificios en su honor la religión plural se mudó en culto obligatorio y
la gloria de los altares en alabanzas al trono.
La unidad en profundidad permite la diversidad de fachada. En Nazaret
en y alrededor de la basílica de la Anunciación se extienden frescos de la
Virgen y el Niño. María en sari, kimono, falda plisada o vestido bordado,
aparece con un pequeño Jesús indio, japonés, escocés o español. Porque el
monoteísmo suscitó religiones universales al multiplicar hasta el infinito las
reservas de creyentes y las fuentes de conflictos.
Estos no son forzosamente inevitables y el papa Juan Pablo II tuvo la
hermosa idea de crear las Jornadas mundiales de la juventud para mostrar que
en la edad de la guerra y del amor, del “soldado presto a la guerra y a los
amores suspirantes como un horno” (Shakespeare) había otro ideal que el
reposo del guerrero. En suma, el monoteísmo no soldó forzosamente la fe y la
espada, el sable y el hisopo.
¿Lleva a un acuerdo perfecto? Esto es un poco simple para los
armonistas que prefieren resolver las disonancias retardar la unisonancia y
regular el contrapunto hasta el tono final del órgano que es la muerte
instantánea. En este manoseo peligroso de los ambientes contrastados y del
cromatismo atormentado, Juan Sebastian Bach desplegó su prodigiosa
fecundidad haciendo veintiún hijos y veintiuna corales (El Dogma en la música)
cuyo número doce se denomina: “Todos creemos en un solo dios”.
Odon VALLET
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Advertencia
Las citas del Corán (ejemplo: XXX, 30) reenvían primero al número de la
sura y después al número de versículo.
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Introducción
Afirmar la unidad de las tres religiones del Libro seria, además, ir contra
corriente de las enseñanzas más visibles de la Historia. Efectivamente, los dos
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últimos milenios ofrecen el triste espectáculo de persecuciones recíprocas
entre esas mismas religiones: la de los primeros cristianos por los judíos, la de
los judíos por los cristianos y musulmanes – que son las más numerosas- y la
de los musulmanes por los cristianos en España en los siglos XV y XVI.
Estas persecuciones no son puramente políticas; tienen un fundamento
específicamente religioso y esto es lo que hace tan difícil de superar los
enfrentamientos entre las religiones. Esquemáticamente se pueden resumir así
las grandes divisiones:
- el judaísmo rechaza ver en Jesucristo al Mesías al cual continúa aún
esperando. Herederos de una tradición trimilenaria, los judíos
rechazan cualquier otro dios que no sea el que se manifestó a
Moisés. Pero, para los cristianos, Jesús no solo es el Mesías sino
también el “Hijo único de Dios”. Tal estatuto divino acordado para
Jesús será el factor de ruptura entre los cristianos y su mundo judeo-
cristiano de origen, ruptura acentuada por el hecho de que, al mismo
tiempo, el cristianismo llegó a todo el universo y se convirtió, tres
siglos después de Jesús, en la religión del mundo romano. La
hostilidad del cristianismo hacia el pueblo judío, considerado como
“deicida” no dejará en lo sucesivo de manifestarse en la historia.
- En cuanto al islam, si bien admite la doble herencia del judaísmo y
del cristianismo, expresa una gran agresividad contra esas dos
religiones. El Corán acusa a los judíos de haber “alterado” sus
Escrituras y a los cristianos de haber “añadido” dioses al único y solo
Dios. Por su lado, judíos y cristianos están evidentemente de acuerdo
en ignorar la revelación coránica, ya que no ven en qué haría
obsoletas a la Biblia y al Evangelio, como sostienen los musulmanes.
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las tres religiones y analizar sus orígenes? ¿Se podría, entonces, evitar la
constatación de la existencia de un verdadero fondo común y una tradición
común que ha sido ampliamente ocultada por unos y otros a lo largo de la
historia?
De entrada, la simple lectura del Corán nos hace tomar conciencia de la
existencia de la continuidad que hay entre las tres religiones. Lo que en
principio era un vago sentimiento de “deja-vu” en la Biblia, se convierte, cuando
se profundiza en el estudio del Corán, en una evidencia: la Biblia y el Corán
muestran un hilo conductor que liga en profundidad las tres religiones. Esto es
lo que llamaremos el “fenómeno de la Revelación”. Un estudio más sistemático
revela enseguida las líneas de ligazón entre judaísmo y cristianismo por un
lado, y judeo-cristianismo e islam por otro. En fin, ampliando el análisis más allá
del marco histórico, aparecen relaciones extremadamente fuertes al nivel de las
mismas creencias fundamentales. En realidad, las tres religiones tienen
muchas más afinidades de las que querrían admitir.
El judaísmo, el cristianismo y el islam aparecen como religiones
“hermanas” o “primas” y es posible preguntarse si sus divergencias –que a
buen seguro son reales – no son el resultado de una serie de malentendidos o
vacíos históricos.
Es lo que querría aclarar el presente libro.
Va dirigido tanto a los creyentes como a los que, sin estar
comprometidos en una religión particular, intentan comprender, con un mínimo
de independencia de espíritu el fenómeno que está en el origen de las tres
religiones.
Nuestra aproximación querría ser todo lo racional que sea posible puesto
que, desde Kant, debemos admitir que, en materia de religión, existe una parte
irreductible ligada al misterio divino que se nos escapa. Esta reserva de
principio no debe, evidentemente, sacar la esfera de lo religioso del ejercicio de
la inteligencia crítica. Hacer retroceder todo lo posible la frontera entre la fe y la
razón, en beneficio de esta última es, probablemente, el mejor medio de evitar
el obscurantismo y la superstición.
Así mismo, la búsqueda racional de la verdad no es forzosamente
contradictoria con la noción misma de la religión. Vemos así, del lado del
judaísmo contemporáneo, que la búsqueda de la verdad representa en si un
10
valor religioso: “Para nosotros, el estudio de la Torah2 se encarna en una
insaciable búsqueda de la verdad gracias a métodos de investigación
modernos y comprobados. Y nos conforta, en nuestra búsqueda, la creencia
que el hecho mismo de buscar la Torah es ya en si Torah3.”
Incluso la iglesia católica que durante mucho tiempo estimuló la “fe del
carbonero”, ha acabado admitiendo el papel de la razón al lado de la fe. Como
dijo Juan Pablo II, “es ilusorio pensar que la fe, frente a una débil razón, pueda
tener una fuerza mayor4.
El mundo del estudio de la religión no se divide solamente entre
“creyentes” y “no creyentes”. También están los simples “buscadores de la
verdad”. Para los que, como nosotros, reivindican su pertenencia a esta
categoría, el análisis comparado de las tres religiones del Libro debería ser una
tarea esencial. ¿Cómo explicar que ello haya suscitado tan poco interés entre
nuestros intelectuales?
¿Por qué, tras la edad de oro de las universidades alemanas de fines del
siglo XIX y comienzos del XX, que dieron un impulso decisivo a los estudios
bíblicos, las otras universidades europeas no lograron tratar convenientemente
el ámbito de las religiones y constituir una verdadera “ciencia religiosa”?
Indiquemos rápidamente algunas pistas.
En principio está el viejo reflejo positivista y anticlerical, particularmente
en Francia, que considera que el campo de las religiones, en su conjunto, no se
puede incluir en el saber racional. La existencia, desde 1886, de una “sección
de ciencias religiosas” en la Escuela práctica de altos estudios de la Sorbona
habría podido contribuir a modificar este prejuicio. Pero el papel de esta
sección ha sido marginal y el espíritu que domina la universidad, en Francia
como en otras partes, se ha mantenido globalmente desconfiado en relación
con la religión, de manera que una gran parte de la investigación se ha dejado
a los representantes de las mismas religiones.
El poco impacto de la investigación universitaria sobre la religión es fruto
también de la ultra especialización. Los progresos en conocimientos, que son
reales, están diseminados en numerosas disciplinas diferentes (arqueología,
filología, epigrafía, historia, etc.). A contrario, es sintomático que las raras
pequeñas obras no conformistas de calidad sobre Jesús y los comienzos del
cristianismo5, sean, de hecho de libre pensadores no universitarios.
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La debilidad de la aportación universitaria en el ámbito de la religión se
explica, finalmente, por los efectos de esa regla no escrita pero respetada por
los investigadores de todos los países: la “NOMA 6”. Tras los enfrenamientos a
que dio lugar el debate creacionista en los Estados Unidos, Stephen Jay
Gould7 defendió un alto el fuego entre ciencia y religión: cada una se
mantendría en su ámbito sin intentar invadir el del otro. Es a lo que se ha
llamado el “NOMA”, o principio de neutralidad. Según este principio, la ciencia
no debe hacer deducciones religiosas de sus observaciones y respetar las
convicciones personales. Recíprocamente, obliga a los creyentes a no
introducir en las ciencias a priori no científicos. Estas reglas deontológicas,
ciertamente son respetables, pero no son siempre aplicables cuando se trata
de religión.
Parece que ha llegado el momento de echar un vistazo sobre las
religiones del Libro que sea a la vez distante y global. Diferentes
descubrimientos recientes llevan a una visión nueva de los orígenes de cada
una de ellas. La “deconstrucción” de los modelos tradicionales es, para los
creyentes, a la vez un riesgo y una oportunidad. El riesgo es tener que poner
en cuestión o relativizar lo que era considerado como un absoluto relevante de
la fe. La oportunidad, es poder refundar su fe sobre bases más sólidas.
Un camino de este tipo puede parecer muy ambicioso. También está
lleno de duda y de modestia. Nuestro objetivo es suscitar un debate sobre lo
que son realmente las tres religiones del Libro. No pretendemos aportar
respuestas definitivas sino simplemente proporcionar los elementos de una
reflexión de fondo que, para ser productiva, ha de ser lo más ampliamente
compartida posible.
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PRIMERA PARTE
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El judaísmo, el cristianismo y el islam presentan la característica común
de fundamentarse en textos transmitidos por mensajeros de diferentes épocas
– La Torah por Moisés, el Evangelio por Jesús y el Corán por Mahoma8- pero
también de considerar estos textos como de inspiración divina – son religiones
llamadas “reveladas”.
Querer comprender el origen de las religiones del Libro exige
previamente cuestionar su estatuto de religiones reveladas y el valor de sus
fuentes: ¿Qué hay tras esta noción de Revelación y en qué se pueden tener
como sagrados los textos salidos de ella?
La respuesta, que sugiere un análisis racional, es muy oscura. Por un
lado, la crítica histórica pone en evidencia la fragilidad de los textos
fundacionales de las tres religiones reveladas. Ningún creyente puede ya
ignorarlo. Se hace necesario conocer las debilidades o las contradicciones de
las escrituras tal y como resultan de los análisis científicos de los textos
(capítulo I).
Por otro lado, el principio mismo de la Revelación, que no es de tipo
racional, hablando propiamente, no puede ser demostrado. Por lo tanto habrá
que mantener esta parte de misterio en el corazón de las religiones del libro
(capítulo II).
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CAPITULO PRIMERO
La base del judaísmo, del cristianismo y del islam está constituida por
textos –esto es la Torah, los Evangelios y el Corán. Para cada una de las
religiones del Libro, estos textos se consideran salidos de la potestad divina o
estar inspirados en ella, y por lo tanto son considerados sagrados. El judaísmo
ortodoxo considera que la Torah es de “origen celeste”, la Iglesia ve en el
Evangelio “la palabra de Dios” y el Islam tiene al Corán por “dictado de Dios”.
Pero esta sacralización de los textos se hace cada vez más difícil de
sostener. Efectivamente, el sentido común debe admitir que son hombres,
aunque sean profetas, los que los han redactado, y que igualmente son
hombres los que a continuación los han transcrito hasta el estado en que los
encontramos en la actualidad. Esta constante autoriza – e incluso exige – que
sea posible interpretar los textos a la luz de la Historia y de las ciencias
auxiliares (arqueología, filología, epigrafía). Esta actitud crítica se impone tras
los descubrimientos arqueológicos y documentales del siglo XX. Hoy en día, el
modelo tradicional del libro sagrado intangible ya no es defendible
racionalmente. Esta constatación afecta de igual manera a cada una de las tres
religiones.
No se puede hacer un análisis serio de las religiones del “Libro” sin
intentar comprender lo que determina su origen, o sea de los mismos Libros. La
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desacralización de los textos fundacionales es, así, un previo a la comprensión
de los orígenes de las tres religiones. Este movimiento moderno es inexorable.
Suscita resistencias desiguales según las religiones. El judaísmo se acomodó a
ello desde hace tiempo, pero el cristianismo hasta el siglo XX y el islam hasta
hoy mismo, se han resistido ferozmente. La revisión crítica, que es el deber del
científico, es la única actitud posible para el creyente de nuestra época. ¿Debe
sacarse la consecuencia de ello, que las religiones salidas de los textos así
sacralizados habrían perdido sus fundamentos? Ciertamente no. Aquí se hace
necesario hacer una distinción entre el fondo y la forma de las religiones. El
fondo es el de la Revelación divina; la forma es la expresión histórica y textual
de la Revelación, necesariamente imperfecta. Sobre este único aspecto es
sobre el que se puede aportar legítimamente la crítica racional. Así mismo, el
valor profundo de la Revelación no depende de la letra de los textos. Esta es la
razón por la que la puesta en cuestión del carácter intangible de los textos
fundacionales, si bien puede implicar diferentes revisiones dogmáticas o
rituales, por si misma no deslegitima las religiones que salieron de ella.
Para los creyentes judíos o cristianos, estos libros son considerados como de
inspiración divina. Particularmente es el caso de los cinco primeros libros que
constituyen la Torah o “enseñanza”, y que los cristianos llaman Pentateuco9:
Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio. Por otro lado estos libros
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son, ellos mismos, de naturaleza diferente, siendo los tres primeros de carácter
histórico y los dos últimos esencialmente consagrados a prescripciones
morales y rituales. Tanto la tradición judía como la tradición cristiana han
considerado, hasta un periodo reciente, que tenían un único autor, Moisés.
Esta atribución del texto de la Torah al portavoz de Dios volvía a conferirle un
carácter sagrado. Pero ¿es creíble que el texto de la Torah pueda remontarse a
la época del mismo Moisés esto es, alrededor de 1230 años a.C.? No se
dispone de ningún elemento serio para creerlo. El primero en poner en duda la
paternidad de Moisés sobre el texto de la Torah fue el filósofo Spinoza. En su
Tractatus (1670) lo cuestiona abiertamente y preconiza una aproximación
racionalista e histórica a la Biblia. Esta posición revolucionaria le valió su
exclusión de la comunidad judía de Ámsterdam. Spinoza abrió la vía a la crítica
bíblica que, desde entonces, no ha dejado de desarrollarse, fundamentalmente
en el mundo cristiano, en particular en las universidades alemanas del siglo
XIX.
En lo referente al Génesis, sabios filólogos y exégetas reconocen cuatro
fuentes escritas distintas10. Este movimiento de deconstrucción ha tenido tal
éxito que se ha caído en el exceso inverso. Influenciados por el positivismo
ambiente, la mayoría de los historiadores de la primera mitad del siglo XX
mantuvieron la idea de que los primeros libros de la Biblia eran el resultado de
una mezcla de leyendas mesopotámicas y de interpretaciones de escribas o
clérigos con deseos de poder. Todo lo mas, se presentaba la religión de Yahvé
como un progreso del espíritu humano porque pasaba del politeísmo “bárbaro”
a un dios único, lo cual era más satisfactorio para el espíritu “moderno”. Este
punto de vista aún está presente en los medios universitarios.
Hoy en día, la mayoría de los especialistas mantienen, al contrario, que
la Torah es el resultado de una compilación de textos comenzada en el siglo VII
a.C., cuando el reino de Judá estaba amenazado por lo Asirios. Esta
compilación proseguiría durante el Exilio de Babilonia11 y fue acabada por
Esdras pasados los 500 años a.C. Un rejuvenecimiento tal del origen del texto
bíblico conduce naturalmente a preguntarse sobre la historicidad misma de los
hechos relatados, y, en particular, por el más importante de entre ellos, el libro
del Génesis.
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El valor histórico del libro del Génesis
Los universitarios no toman en serio el mito del Génesis. Así el gran
asiriólogo Jean Bottero puede afirmar perentoriamente: “Los mitos son historias
inventadas para proporcionar inteligibilidad al misterio de las cosas12.”
Nosotros adoptaremos aquí la posición inversa, que será tomar en serio
los relatos fundacionales en lo que expresan de una tradición a menudo
multimilenaria. Cualquiera que pueda ser la interpretación o la antigüedad del
mito – como la antigüedad de tal o tal escultura o pintura – inspira respeto y
constituye ella misma un elemento de historia. En cuanto al sentido a dar a los
mitos nos limitaremos a revelar la correspondencia entre ellos o con los datos
de la ciencia actual. ¿No es sorprendente que la mayoría de los mitos sobre la
creación se repiten? ¿No es increíble que puedan, con su lenguaje imaginario,
describir procesos que la física solo ha conocido hace unas decenas de años
(ver capítulo XI)?
Un hecho importante se dio en 1872 con el descubrimiento de un relato
del Diluvio en las ruinas de Nínive por el asiriólogo inglés George Smith. A
partir de finales del siglo XIX, los trabajos de historiadores como François
Lenormant13 han arrojado luz sobre la influencia de los mitos mesopotámicos
en los relatos del Génesis. Lejos de debilitar la Biblia, este origen le da un
fundamento como escritura de cuatro siglos más antigua en relación a la época
de Moisés. Además esta base mitológica es de amplio alcance ya que cubre
varias civilizaciones de Mesopotamia. Los relatos sumerios i akadios de los
comienzos de la humanidad corresponden efectivamente a tradiciones
concordantes y repiten otras tradiciones. Si bien no se pueden poner en
cuestión, en una lectura fundamentalista que las toma al pie de la letra, estaría
más justificado considerarlas a priori como construcciones del espíritu igual que
hace, por ejemplo, el redactor de la presentación del Génesis en la edición de
La Biblia del pueblo de Dios. Sobre este tema, difícil pero capital, conviene
mantener una actitud abierta y positiva. Los mitos fundacionales no son
poemas ni leyendas puramente literarias: son transmitidos de generación en
generación por la memoria de los hombres. En este sentido tienen un valor
documental.
El Génesis se inserta en una historia más larga y más vasta que tan solo
la del pueblo hebreo. Más bien se trata de la historia de la humanidad.
19
El valor histórico de los primeros libros de la Biblia debe igualmente
confrontarse con los descubrimientos de la arqueología. Desde finales del XIX
los diferentes yacimientos abiertos en Mesopotamia proporcionan
continuamente pruebas, directas o indirectas, del contexto en que se
desarrollaron diferentes acontecimientos relatados en la Torah: el Diluvio, la
Torre de Babel, Abraham, la presencia de los Habirou (Hebreos en egipcio) en
Egipto, las ciudades de Canaán, etc. En ciento cincuenta años, la arqueología
bíblica permite sostener que la Biblia “dijo la verdad15. Sin embargo estos
descubrimientos no permiten responder a algunas cuestiones. En particular no
se ha podido aportar ninguna prueba directa referente al periodo crítico de la
historia de Israel que representa el Éxodo. Los arqueólogos israelitas Israel
Filkenstein y Neil Asher Silberman o el universitario americano Willian G.
Dever16 pueden afirmar, a falta de pruebas arqueológicas, que el Éxodo y la
conquista de Canaán no tuvieron lugar. Sin embargo no aportan elementos
decisivos a su tesis, precisando el último de ellos que su “teoría (era)
especulativa17”.
20
Es, por ejemplo, el caso de diversos textos “apócrifos*”, es decir mantenidos
ocultos. Alguno de estos textos eran conocidos pero en versiones mucho más
tardías (el Libro de Henoch). Otros eran hasta entonces desconocidos (el Libro
de los Gigantes). También han permitido, las grutas de Qumran, descubrir los
textos específicos de una secta (la Regla de la comunidad, la Regla de la
guerra, el Rollo del Templo, el Escrito de Damasco). Tras largos debates en el
seno de la comunidad científica, esta secta ha sido mayoritariamente
identificada como la de los esenios, de los que se tenía noticia, hasta
entonces, por los escritos del historiador judío Flavius Joseph (siglo I d.C.) y
por Filón de Alejandría (siglo I d.C.).
La identificación de los esenios en Qumran da una nueva clave de
comprensión del judaísmo y de los comienzos del cristianismo. Es forzoso
constatar que no se han sacado completamente, por los especialistas, todas
las consecuencias de esta identificación, como si hubieran quedado
paralizados por el tema.
El descubrimiento de los escritos del mar Muerto ha puesto a la Iglesia y
a las autoridades religiosas judías en una posición embarazosa. Por un lado,
no podían desinteresarse del descubrimiento más importante efectuado en la
historia de las religiones. Por otro, solo podían constatar la eventual confusión
que arriesgaba aportar este descubrimiento sobre el valor y la comprensión del
texto bíblico y, para la Iglesia, sobre la vida de Cristo y la interpretación de sus
enseñanzas. De hecho, los escritos más importantes (gruta 4) se confiaron a
un equipo mayoritariamente católico dirigido por Roland de Vaux, el cual ha
dejado que la edición tuviera un retraso más allá de lo razonable. Cuando, en
1967, tomó el control editorial la oficina de antigüedades israelita, el ritmo de
publicación no cambió en gran medida. Fue necesario el nombramiento de un
nuevo responsable, en 1990, y la difusión pirata en los EE.UU. de textos
editados a partir de fotografías, para que el proceso de edición, finalmente se
acelerase. La mala gestión de este gran descubrimiento ha sido ampliamente
denunciada19. Se explica por el amateurismo de algunos investigadores y la
extrema prudencia dictada por consideraciones religiosas20, sin que sea posible
medir la parte respectiva de responsabilidad que corresponde a estos dos
factores; un tercer factor es el estado a menudo defectuoso, o fragmentario, de
algunos manuscritos, difíciles de reconstituir.
21
Los trabajos e investigaciones sobre la Biblia han permitido progresos
reales en el conocimiento del judaísmo. En definitiva, parece que la
extraordinaria historia del pueblo hebreo, en lo esencial, descansa sobre
hechos históricos21, incluso aunque a menudo se hayan contrastado
inexactitudes y una parte de exageración, al tratarse de un relato transmitido
oralmente durante siglos. Se deduce de ello que la crítica histórica en materia
bíblica tiene aún ante ella un inmenso filón.
22
“sinópticos” porque siguen la misma cronología (Mateo, Marcos y Lucas) y el
Evangelio de Juan. Este conjunto constituye “el Evangelio”. Pero, a diferencia
de la Biblia, el Evangelio no se presenta como un texto único y homogéneo. Se
trata de una selección de textos que se considera que relatan fielmente la vida
y las palabras de Jesús. Era necesaria una selección tal de entre las diversas
transcripciones que circulaban para asegurar la coherencia de la predicación.
Lo que se ha venido en llamar la “Gran Iglesia” tenía necesidad, a partir del
concilio de Nicea (325), de imponer su visión y sus dogmas al conjunto del
mundo cristiano. Esta selección tuvo como consecuencia el hacer caer en el
olvido un gran número de textos, los cuales son considerados como apócrifos,
y por lo tanto “dudosos”. Se hace necesario valorar la importancia de la
reducción operada. Tomando como referencia las ediciones de La Pléiade, se
constata que el volumen “Nuevo Testamento” tiene 1.044 páginas de las cuales
340 son solo para los Evangelios, mientras que los tres volúmenes que
publican los escritos apócrifos cristianos y gnósticos* ¡representan un total de
5.766 páginas23!
Nos hemos de interrogar sobre la manera en que se ha hecho la criba de
entre todos los textos y sobre las razones que explican una tal selección.
Algunos de entre ellos eran utilizados por grupos considerados por la Iglesia
como heréticos, lo que implicaba ipso facto la condena de los textos sobre los
que se apoyaban. Pero, no obstante, la pregunta que se debe plantear, caso
por caso es saber en qué medida el texto apócrifo diverge de los textos
canónicos y si, en algunos casos, el primero no permitiría comprender mejor
los segundos.
Ello es tanto más cierto para algunos textos apócrifos que han sido muy
estimados antes de ser excluidos del canon. Fue el caso del protoevangelio de
Santiago, consagrado a la infancia de María y de Jesús. Por otro lado, este
texto pudo, sin incurrir en la censura de la Iglesia, inspirar a los pintores
italianos del renacimiento y, por ello, influenciar profundamente el imaginario
occidental.
El caso del evangelio según Tomás del que se ha descubierto una
versión muy antigua en el desierto Egipcio (en Nag Hammadi) en 1945, es
diferente. Bien conocido en los primeros tiempos del cristianismo, este texto ha
sido deliberadamente descartado por la corriente mayoritaria de la Iglesia
23
porque era susceptible de favorecer la minoría gnóstica a la cual, desde el fin
del siglo II, la Iglesia ha hecho todo lo posible por erradicar24. En realidad, es
posible preguntarse si este evangelio, que es hoy por hoy el más antiguo de
todos los que han sido descubiertos, no sería uno de los más auténticos. En su
inmenso trabajo sobre los Evangelios, los exégetas Pierre Benoit y Marie-Émile
Boismard señalan los diferentes pasajes donde les ha parecido que “el
evangelio de Tomás seguía una tradición evangélica anterior a la redacción de
los evangelios canónicos25”. Constatamos al menos que es de una unidad de
estilo notable y de una expresión particularmente fuerte, aunque a menudo
enigmática, como lo era la voluntaria predicación de Jesús.
La cuestión de hacer entrar el protoevangelio de Santiago y el evangelio
de Tomás en el canon cristiano merece ser plantada y ampliamente debatida
tanto en el seno de la cristiandad como por los diferentes investigadores
afectados.
A propósito de los mismos Evangelios canónicos, las últimas décadas
han aportado nuevas aclaraciones que se mantienen confinadas en los medios
expertos.
Primer ejemplo, el Evangelio de Juan. Hay que subrayar las nuevas
aclaraciones que aportan los manuscritos del mar Muerto sobre el más singular
de los Evangelios canónicos. Este texto se distingue claramente de los otros
tres “sinópticos” que relatan de una manera bastante cercana los hechos y
gestas de la vida pública de Jesús. El Evangelio de Juan es manifiestamente
mas “filosófico”. Se ha señalado, desde hace tiempo, la influencia esenia (y
fundamentalmente el dualismo luz/tinieblas) por numerosos especialistas:
Claude Tresmontant26, Robert M. Grant27, Mircea Eliade28. Se ha formulado
seriamente la hipótesis de que el Evangelio de Juan se dirigía a un medio
familiar de esenios convertidos expulsados de Jerusalén por las persecuciones
del año 7029. El Evangelio de Juan es el evangelio esotérico* por excelencia y
solo puede ser correctamente interpretado a la luz del dualismo de los esenios
de Qumran. ¿Qué poderosa incidencia tiene esta hipótesis para la
interpretación de este Evangelio, el cual manifiesta numerosas penumbras?
Este trabajo está por hacer.
Segundo ejemplo, la reconstrucción por los exégetas* alemanes de una
de las versiones originales del Evangelio denominada “versión Q30”. Este texto
24
contiene los fragmentos más antiguos de Mateo y de Lucas. Tiene similitudes
con el evangelio de Tomás. Sin duda es la mejor introducción al Evangelio que
se puede leer. Su palabra áspera, sin florituras es llamativa. Es lamentable que
este texto solo sea conocido por los especialistas.
En resumen, las bases escritas del Nuevo Testamento existen
indudablemente, pero deberían ser relativizadas y enriquecidas por las nuevas
aportaciones que representan los apócrifos los cuales, tras su exhumación,
merecen ser reevaluados.
Es él quien hace descender sobre tu31 corazón con el permiso de Dios el Libro que
confirma lo que estaba antes que él: Dirección y buena nueva para los creyentes32.
(II, 97)
El Corán es una Revelación del Señor de los mundos – el Espíritu fiel (Gabriel)
descendió con él sobre tu corazón para que tu estés entre los que anuncian – es una
revelación en lengua árabe clara. Esto se encontraba ya en los Libros de los Antiguos.
(XXVI, 192-196)
25
La opacidad del texto
Un primer vistazo al texto del Corán desprende una impresión de
confusión y obscuridad que se refuerza con la clasificación de las ciento
catorce suras33 en orden decreciente de longitud, lo cual aparentemente no
obedece a ninguna lógica. Sin embargo hay que señalar que las Epístolas de
S. Pablo están clasificadas en un orden análogo. Incluso se podría decir que el
Corán se lee a la inversa, ya que los primeros textos - los más largos – en
general son los que se formaron a partir de las últimas revelaciones (en
Medina).
Alfred-Louis de Prémare34 explica la opacidad del texto original por
varios factores: lengua arcaica, escritura consonante, o sea sin vocales,
peligros de la grafía original, pero también puede deberse a la voluntad de los
escribas. Los que finalmente compusieron el texto que se mantuvo habrían
podido querer “descontextualizarlo” debido a los conflictos o chismes del
momento, lo que llevaría a cortar o reemplazar versículos provocando el
aparente desorden del texto.
En todo caso, el texto coránico reagrupa textos fragmentados de épocas
de redacción y de transcripción diferentes. La unidad del Corán está en su
inspiración, expresada en un estilo inimitable y también por las muy
numerosas repeticiones de varias suras y, a veces, dentro de una misma sura.
El acceso al Corán se facilitaría mucho con una versión condensada y
reordenada que sería el equivalente a lo que fue el Diatessaron* de los
Evangelios (versión abreviada) para los primeros cristianos. ¿Para cuándo la
constitución de un colectivo universitario para ponerse a ello? Señalemos que
al menos existe un índice del Corán en la colección “Folio”.
Como indica el origen mismo de la palabra, el Corán es un texto de
“recitación”. Está constituido por un encadenamiento de transmisión oral:
transmisión inspirada en el Profeta35, anunciada por el profeta en su círculo,
recitación de los discípulos para conservar el mensaje, recitación ritual de los
fieles.
Las traducciones
Para los fundamentalistas, el árabe es “la lengua de Dios”. Por lo tanto la
traducción del Corán sería imposible por ese mismo principio. Una tal
26
interpretación ignora que la mayoría de los musulmanes no son árabes.
Además, las dificultades inherentes al texto árabe, explica que las traducciones
sean tan diferentes unas de otras y, en conjunto, tan insatisfactorias. Se da a
menudo que comparando varias traducciones se encuentra el sentido.
En definitiva existe una doble paradoja en el Corán. Primera
paradoja: el texto que se desea en “lengua clara” es, muy a menudo, oscuro.
Segunda paradoja: a pesar de sus obscuridades y azarosas traducciones,
desprende una fuerza a la que un espíritu abierto no puede ser insensible y que
recuerda el aliento bíblico del que es, se quiera o no, su continuidad.
27
resultado de una selección y elaboración que solo pudo efectuarse durante un
periodo que cubre al menos un siglo.” Los historiadores señalan que hay un
“hueco” hasta Uthman en la historia de los orígenes del Corán: las maravillosas
narraciones sobre las que se apoya la tradición musulmana para justificar el
establecimiento del texto no constituyen una documentación de valor histórico.
Además, datan de dos siglos posteriores a los acontecimientos que pretenden
contar, es decir, de una época en que “Mahoma era la referencia identitaria de
un imperio grande y potente39”. De hecho, la versión “canónica” del Corán, tal
como fue validada por el gran comentarista Bukhari (muerto en el 870) y que
sirve de referencia a todos los musulmanes, incluidos los chiítas, solo se
remonta hasta el siglo IX. Así, la brecha entre la expresión del mensaje
revelado y su estabilización por escrito es aún más grande para el Corán que
para el Evangelio.
28
reconocido como riguroso por numerosos sabios. Descansa sobre el análisis
de una muestra de pasajes oscuros del Corán. Para cada uno de ellos, el
filólogo ensaya substituir la palabra árabe que crea dificultad por su homónima
aramea o cambia la puntuación. Los ejemplos dados por Luxenberg son
desigualmente probatorios, pero algunas de las modificaciones propuestas
iluminan con un sentido nuevo pasajes hasta entonces inexplicables. Lo aplicó
particularmente a las famosas huríes “vírgenes de grandes ojos” que el Corán
promete en matrimonio a los merecedores del paraíso (XLIV, 54). En la
transposición aramea las huríes se transforman en racimos de uvas blancas
bajo los cuales “serán instalados” los merecedores.
La orientación iconoclasta de Luxenberg fue divulgada a través de
una obrita colectiva42 de un grupo internacional de renombrados orientalistas:
Karl-Heinz Ohling, Gerd R. Puin, Volker Popp, Alfred-Louis de Prémare, Claude
Gilliot, Ibn Warraq. Las reacciones del mundo musulmán son escasas pero
violentamente hostiles.
Asistimos a las primicias de un proceso de revisión radical de la
concepción que tenemos del Corán. Hoy ya no es posible considerarlo como un
“dictado de Dios”, incluso para un musulmán. Al igual que la Biblia y los
Evangelios, es una colección de textos elaborados durante más de un siglo.
Según Alfred-Louis de Prémare el proceso de “reducción a un solo libro”
comienza verdaderamente en la época del califato omeya de Abd-Al-Malik
(reinado: 685-705)43. Algunas décadas más tarde, en la época del califato
abbasida de Bagdad, la escuela racionalista de los mutazilites enseñaba que el
Corán había sido “creado”. No obstante, la expresión de esta posición lógica
rápidamente fue prohibida y los mutazilites perseguidos. Desde mediados del
siglo IX el debate está oficialmente cerrado. La intransigencia de los
musulmanes integristas respecto de interpretaciones no conformes con la
tradición alcanza hoy cumbres de intolerancia. Para el investigador aventurero,
el riesgo no se queda ya en la sanción que puede llegar hasta la excomunión
como sería el caso de la Iglesia católica. El ejemplo de la fatua iraní de 1988
contra el escritor Salman Rushdie, por su novela Los Versos satánicos en la
que se tomaba algunas libertades con el Corán, está presente en todas las
memorias. Por esta razón algunos investigadores punteros sobre el texto
coránico (Christoph Luxenberg y Ibn Warraq) han adoptado pseudónimos.
29
Hay que esperar que el debate sobre el Corán se reemprenda
sobre las nuevas bases que ofrece el progreso científico en historia, y que se
desarrollará a la mayor escala, es decir en el seno mismo del mundo
musulmán. Ya se elevan públicamente algunas voces reclamando que se
tengan más en cuenta los datos históricos para actualizar las disposiciones del
Corán, que se han quedado manifiestamente obsoletas en el siglo XXI44.
30
31
CAPÍTULO II
El fenómeno de la Revelación
Revelación y Religión
32
Por el contrario, la religión revelada se fundamente en el hecho
extraordinario de la intervención de Dios en la Historia. Es lo que les es pedido
a los fieles de las religiones del Libro, creer y asumirlo completamente. En el
judaísmo, el cristianismo y el Islam no se trata solamente de creer en la
existencia abstracta de Dios o de un Ser supremo sino de comprender que
Dios actúa en la historia del hombre desde su creación hasta su final. Desde
este punto de vista no hay ninguna diferencia entre las tres religiones
reveladas por lo que existe un abismo entre estas y la religión natural.
Tocamos aquí lo que, con el fenómeno de la Revelación, se sitúa más
allá de la comprensión racional. Se trata de un fenómeno que no es natural
sino, en sentido propio, sobrenatural. En su principio la Revelación contiene
una parte irreductible de misterio. Esta parte es el misterio mismo de Dios.
Frente a este misterio solo hay dos actitudes posibles: rechazarlo, lo que
conduce a descalificar irremediablemente el mensaje divino, o bien aceptarlo,
lo cual preconizamos nosotros, conservando, no obstante, el ejercicio del
espíritu crítico. Es, en efecto, esencial subrayar que el reconocimiento del
carácter divino de la Revelación no es necesariamente aplicable a los textos
“sagrados” y a fortiori a las religiones que salieron de ellos.
33
espacio a la interpretación. Es precisamente lo que el judaísmo practica desde
hace veinte siglos con la ley oral (Mishna, Talmud y los otros escritos rabínicos)
cuyo corpus es mucho más voluminoso que la Biblia.
34
Estas propuestas son todas ellas justas pero evidentemente
incompatibles. ¿Cómo decidirse? Antes de intentar responder, abramos un
paréntesis con esta anécdota medieval45.
Saladino, el vencedor de la tercera cruzada, necesitaba dinero. Con la
intención de desplumarlo hizo venir al judío más rico del Cairo. El sultán le
preguntó, para ponerlo a prueba, cual era la mejor de las tres religiones
monoteístas. Si el judío respondía la religión judía o, lo que era más probable,
la religión cristiana, era una ofensa a la religión del sultán. Si decía el Islam,
renegaba de forma culpable de su propia religión. En uno u otro caso Saladino
tenía una buena razón para confiscar sus bienes. Pero el judío tenía en reserva
una vieja historia que se remontaba a la cautividad del pueblo judío en
Babilonia.
“Mi señor, hubo un padre que tenía tres hijos y un anillo con la piedra
más hermosa del mundo. Cada uno de los hijos rogaba al padre que le dejase
la joya después de su muerte. El padre, para contentar a cada uno hizo llamar
a un buen orfebre para que le hiciera dos copias del codiciado anillo. Estas
fueron tan parecidas que nadie, excepto el padre, las podía distinguir de la
verdadera.
“El padre hizo entonces venir separadamente a sus hijos para decirles a
cada uno que les daría el verdadero anillo. Así cada uno creyó haber recibido el
anillo auténtico. Es la historia de las tres religiones, Señor. El padre que las ha
dado sabe cuál es la mejor, y cada uno de sus hijos, es decir nosotros, nos
creemos que es la nuestra.”
Saladino se quedó maravillado por esta historia y dejó partir al judío sin
hacerle mal.
35
corresponde a un momento particular de la historia de la Revelación: la
fundación de la Ley (judaísmo), la universalización del mensaje tanto en el
plano espiritual como en el de la expansión geográfica (cristianismo), el cierre
del ciclo de la Revelación (Islam).
En realidad, las tres religiones se presentan, desde el punto de vista de
la Revelación, tanto complementarias como en competencia.
A partir del momento en que se atribuye a las tres el contener una parte
auténtica del mensaje divino, la cuestión de la superioridad de una religión
respecto a las otras, ¿tiene todavía realmente sentido?
36
Así, la Revelación, en tanto que plan divino, se encuentra en la
intersección de la historia de los hombres y la meta historia* que supera el
horizonte de la Historia.
37
sin orientación divina esta historia parece desprovista de sentido, como
anecdótica.
38
tienden a validar. Esta es la visión general de las cosas del islam que, de las
tres religiones del Libro, es la religión más consciente del carácter único de la
Revelación. El Corán es el Libro que substituye a la Biblia y al Evangelio puesto
que recapitula su contenido; se define como la actualización de la religión única
original. El islamólogo sueco Tor Andrae subraya así la importancia de este
concepto, aún manifestando su perplejidad: “¿De dónde le viene (a Mahoma)
esta concepción de una revelación divina que habría sido mucho más extensa
de lo que piensan los cristianos, de una revelación primitiva que habría sido
enseñada por los Profetas enviados a los diferentes pueblos en diversas
épocas, revelación que formaría el corazón auténtico de las religiones escritas
cuyas doctrinas y discutidos ritos son falsificaciones o troceamientos humanos
de la revelación49?”
39
Esta concepción de una Revelación única, derivada en varias religiones
diferentes solo es compartida por un número limitado de investigadores y
gentes de espíritu de diferentes confesiones. Una mayor apertura a esta
realidad central solo podrá hacerse teniendo en cuenta algunos datos de hecho
a nivel Histórico.
40
SEGUNDA PARTE
La continuidad de la Revelación
41
42
Más de tres mil años a lo largo de la Historia es el período durante el que se
manifiesta claramente una continuidad en el proceso de la Revelación.
Inaugurada con el pueblo hebreo que Yahvé hizo salir de Egipto, la Revelación
se tradujo primero por la transmisión de la Ley. Fue el tiempo del “yavhismo”
(capítulo III). Seis siglos más tarde, el mensaje de los Profetas hizo evolucionar
la religión judía hacia una mayor interioridad (capítulo IV). Jesús fue aún más
allá en esta vía y, al anunciar la venida del Reino de Dios abrió los caminos de
la salvación (capítulo V). A partir del mensaje de Jesús, Pablo creó los grandes
conceptos de una nueva religión, el cristianismo, en ruptura con el judaísmo
(capítulo VI). Una parte de los discípulos de Jesús, los judeo-cristianos,
integraron el mensaje de Jesús en el judaísmo, al cual se mantuvieron ligados
(capítulo VII). El cristianismo se impuso sobre el judeo-cristianismo y el
mensaje de Jesús fue fuertemente influido por la Iglesia (capítulo VIII). Sin
embargo el judeo-cristianismo iba a proporcionar las bases del Islam (capítulo
IX). Esta religión no se presenta ya como una nueva religión sino como la
vuelta a la Revelación original única (capítulo X).
43
44
CAPITULO III
Los orígenes
45
Remontando el curso de la historia de la humanidad hasta sus orígenes, se
constata que las diversas tradiciones, desde Egipto a la India pasando por la
Biblia, dicen que los dioses se retiraron de la Tierra tras un periodo de
cohabitación con los hombres durante el cual les transmitieron las bases de la
civilización. Sin embargo, este retiro – que corresponde al Diluvio - no
significaba que debiera abandonarse la instrucción del hombre sino al contrario.
En la nueva fase de las relaciones entre lo divino y la humanidad que se abría,
Dios continuaría instruyéndolo pero comunicando su mensaje por personas
interpuestas.
Esta concepción “geocéntrica” de la Historia se encuentra en la mayoría
de tradiciones. Definió un velo de fondo en el que se inscriben la Revelación y
las religiones que salieron de ella.
El mito de Abraham
46
musulmana). La única exigencia ritual que le fue impuesta era la de la
circuncisión. Pero ¿tenía esta “marca” algún significado desde el punto de
vista religioso?
Moisés y la Historia
La salida de Egipto es el acontecimiento fundador del pueblo Hebreo.
Durante el Éxodo recibió, por mediación de su guía, Moisés, la revelación
divina. Este lazo privilegiado entre Dios y un pueblo particular – el pueblo
“elegido” – se ampliará progresivamente a toda la humanidad.
A buen seguro, se puede dudar de que haya podido pasar, en el desierto
de Sinaí, alrededor de 1250 años a.C., toda la serie de acontecimientos
excepcionales que se relatan en el libro del Éxodo. Igual que se vio en el
capítulo precedente, la ausencia de pruebas arqueológicas referentes al Éxodo
y la probabilidad de una redacción de la Torah, al menos cinco siglos después
del acontecimiento constituyen sólidos argumentos. No obstante nos parece
que la historicidad de Moisés no se puede comparar a la, mucho más dudosa,
de Abraham. En efecto, tras el Éxodo, la constitución del pueblo hebreo y su
preservación garantizan también la preservación de la memoria. Una Tradición
podría ser transmitida, de manera continuada de generación en generación. Es
plausible que haya existido una Tradición desde la época del Éxodo en forma
oral o, parcialmente, en forma escrita. Por otro lado, el hecho de que esta
tradición haya sido transcrita mucho mas tarde en la Biblia no implica que los
acontecimientos que relata sean necesariamente ficticios.
Por lo tanto podemos, desde un punto de vista racional, valorar que es
posible creer en el valor de la Tradición transmitida por la Torah y que esta se
remonta al tiempo de Moisés – o sea a mas de tres mil años. De hecho, la
Torah se ha mantenido, para la mayoría de los judíos, absolutamente viva:
forma parte de su vida. En cuanto al papel fundador de Moisés, es confirmado
por los profetas y, sobre todo por los dos enviados que están en el origen del
cristianismo y del Islam: Jesús y Mahoma. ¿No es Moisés – y de lejos – el
personaje más citado del Corán?
Por lo tanto, la cuestión de la historicidad de Moisés nos lleva a defender
una vía intermedia entre el fundamentalismo superado por el progreso del
conocimiento histórico y una crítica erudita que pretendería que fue el judaísmo
47
el que inventó el personaje de Moisés. Probablemente el nacimiento y la vida
de Moisés son en parte leyendas, pero en comparación con su papel en la
transmisión de los términos de la Alianza y de la Ley, sus hechos y gestas en el
Éxodo nos interesan menos.
El yavhismo
La dualidad Yahvé/Elohim
Tu quieres saber mi nombre, y bien! yo soy nombrado según mis obras; cuando juzgo
a las criaturas soy llamado Elohim, cuando hago la guerra a los descreídos soy llamado
Cébaoth, cuando perdono las faltas de los hombres soy llamado El Shaddaï53.
48
Yo soy Yahvé, tu Dios (Elohim) que te hizo salir de Egipto, del hogar de la servidumbre.
No tendrás otros dioses (Elohim) más que a mi.
Dt 5, 6-7
49
hablar como, por otra parte, lo hacen la mayoría de los historiadores de las
religiones, de “yavhismo”.
La violencia de Yahvé
Yahvé es un dios concreto que habla y que actúa. Hay en el
comportamiento de este dios celoso una señal evidente de antropomorfismo.
Sin embargo, sorprendentemente, la violencia extrema de algunas situaciones
hace estallar este marco antropomórfico. Como subraya Mircea Eliade “su
furia” se vuelve a veces tan irracional que se ha podido hablar de “demonismo”
de Yahvé57. Los ejemplos de violencia abundan en los diferentes libros de la
Biblia.
50
Antes de salir de Egipto, Yahvé envía a este país las diez plagas – y
fundamentalmente la última, que consiste en ejecutar a todos los primogénitos
– como si el pueblo egipcio en su conjunto hubiera de asumir la culpabilidad de
la política faraónica.
El episodio del becerro de oro da lugar a la fría ejecución de tres mil
hombres por los Levitas, transformados en comandos masacradores, por orden
expresa de Yahvé (Ex 32,27-28). Una simple violación del Sabbat lleva a
ordenar la lapidación del culpable (Nb 15, 35).
El plan de conquista de Canaán expuesto en el Deuteronomio, descansa
sobre una forma de terror. Este terror está graduado según que se sitúe en el
exterior o en el interior del perímetro del país dado en herencia.
Cuando te aproximes a una ciudad para combatir con ella, le propondrás la paz. Si
acepta y abre sus puertas te deberá servidumbre y trabajo. Pero si rechaza la paz y
presenta combate tú la sitiarás. Yahvé, tu Dios, la entregará a tu poder y tú pasarás a
cuchillo a todos sus hombres. Tomarás como botín a las mujeres, a los niños y a los
animales que se encuentren en la ciudad.
Dt 20, 10-1458
Dt 20, 16
51
que incluso se les deje la oportunidad de convertirse. En cierta manera, Yahvé
hace la guerra a los otros dioses por pueblos interpuestos.
El editor de la Biblia de Jerusalén no puede ocultar su embarazo ante los
excesos de esta violencia. En nota bajo el versículo Jos 6, 17 se puede leer
que “lo paternidad universal de Dios se afirmará poco a poco”.
Entre el Éxodo (1230 a.C.) y el reino de Salomón ( 970 a 931 a.C.), los
libros de Josué, de los Jueces y de Samuel cuentan como el pueblo hebreo no
cesó de beneficiarse en sus empresas del sostenimiento concreto de la
potencia divina. A la muerte de Salomón el reino de David se dividió en dos: el
reino de Israel al norte y el de Judá con Jerusalén al sur. A pesar de la
construcción del Templo la religión yahvista estuvo en competencia con otros
diversos cultos. Así Baal tuvo su templo durante el reinado de Atalía (841 a
835 a.C.). Ante la persistencia de las desviaciones de Israel, Yahvé utilizó a
otros pueblos para castigar la infidelidad del suyo. Los asirios pusieron fin al
reino de Israel (721 a.C.), deportando una parte de la población. En cuanto al
reino de Judá, acabó por plegarse frente al ejército babilónico de
Nabucodonosor (587 a.C.). La casi totalidad de la población del reino fue
deportada y el Templo destruido. El período del exilio durará cerca de
cincuenta años hasta su liberación por el conquistador persa de Babilonia, Ciro
el Grande, el cual fue, de manera paradójica, encargado por Yahvé de esta
misión.
Ya iba hasta a darles leyes que no eran buenas, costumbres con las que no podrían
52
vivir. Les contaminé con las ofrendas haciéndoles inmolar a sus primogénitos, para
castigarlos, para que sepan que yo soy Yahvé.
Ez 20,25-26
La Alianza
Yahvé modela al hombre [Adam] con arcilla del suelo (adama), insufla en su nariz un
hálito de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo.
Yahvé plantó un jardín en el Edén, hacia oriente, y en el colocó al hombre que había
modelado.
53
superiores tuvo la idea de reemplazar los dioses fracasados por un nuevo ser
que asumiría la faena en su lugar: ¡había nacido la idea del hombre! A una
diosa llamada “Matriz” se le encargó concebir el “prototipo del hombre”. Se
inmoló a un dios de manera que su carne y su sangre, mezcladas con arcilla
transmitieran “un espíritu” al hombre. Este espíritu, especificidad del hombre
respecto de los animales “mantendrá [al hombre] siempre vivo tras su muerte
[…] y estará ahí para preservarlo del olvido”. Así fueron creados y apareados
siete machos y siete hembras61.
54
Más allá de su protección durante la liberación de Egipto y de la
conquista de Canaán, Yahvé ofrece al pueblo hebreo un destino excepcional:
“Si escucháis mi voz y mantenéis mi alianza, yo os tendré por mi propio bien
entre todos los pueblos […], por un reino de sacerdotes, una nación santa” (Ex
19, 5-6). El pueblo hebreo se encuentra así designado como un pueblo
experimental. En este espíritu el filósofo y teólogo Claude Tresmontant ha
llegado hasta comparar a Israel con una “nueva especie de humanidad63”.
El pueblo hebreo es una creación de Dios. Es un pueblo germinal que, como todo
germen, está constituido por un mensaje. Lleva en si mismo un mensaje que lo
constituye, que le informa y este mensaje está destinado a toda la humanidad. No es
un pueblo preexistente escogido de manera arbitraria por Dios el Creador. Es una
nueva creación, el comienzo de una nueva creación 64.
La ley de Moisés
55
La versión del Deuteronomio puede ser numerada y resumida del modo
siguiente.
56
impurezas que provienen de los animales, algunas enfermedades y la vida
sexual (Lev 11-15), las prohibiciones sexuales (Lev 18) así como las sanciones
derivadas de estas prescripciones (Lev 20)
Aunque no figura en el Decálogo, el mandamiento que Jesús hará
célebre se encuentra en el Levítico (19, 18): “Amarás a tu prójimo como a ti
mismo”. Esta “regla de oro” que humaniza un poco la severidad de los
mandamientos probablemente es contemporánea del Exilio (siglo VI a.C.). En
todo caso se encuentra en la mayoría de los mensajeros67 del periodo “axial”
(cf. Infra).
Hacia el siglo X, los rabinos, recapitulando las diferentes prescripciones
dispersas en los libros de la Torah, obtuvieron un total de 613 mandamientos:
315 prohibiciones y 248 deberes a cumplir.
¿Cómo explicar que un corsé tal le haya sido impuesto a todo un
pueblo?. Se trata de una de las cuestiones difíciles que plantea el judaísmo
desde sus orígenes. Puede que sea necesario ver en este sistema rígido de
Mandamientos la voluntad de proteger al pueblo elegido de las perversiones
que habrían podido hacerle someterse a los pueblos politeístas o animistas de
su entorno. De hecho la defensa identitaria del pueblo judío a lo largo de la
historia ha sido notablemente eficaz. Así, la religión de Moisés, tal como se
presenta en su revelación al pueblo hebreo, aparece como particularmente
formal y enraizada en su época. Además, le fija a un pueblo un destino de tipo
histórico, pero no se preocupa de los fines últimos de los individuos. Se dirige
más al cuerpo que al alma a la que no le reconoce autonomía. En particular, la
retribución individual, tras la vida terrestre, que es el fundamento del
cristianismo y del Islam, está ausente del primer judaísmo. La religión de Israel
evolucionará después en el sentido de una espiritualidad cada vez mayor, pero
conservará el conjunto de prescripciones históricas que recibió en los tiempos
del Éxodo lo que crea, a la vez, la singularidad y el límite desde el punto de
vista de su universalidad.
57
La transformación del yavhismo en monoteísmo
58
59
CAPÍTULO IV
Toda la época que va de los siglos VII al IV a.C. y cuyo eje se sitúa alrededor
del 500 a.C., dio lugar a cambios importantes, no solo en la religión judía sino
también en la mayoría de las otras grandes religiones constituidas.
Revisando este periodo, que el filósofo Karl Jaspers denominó “el periodo
axial71”, se observa que marca un giro capital en la historia de la humanidad.
Se trata, de alguna manera, de un “agujero del espíritu” en el mundo72.
Por un lado, las antiguas civilizaciones de Babilonia 73 y de Egipto74 que
pudieron ser objeto de los favores divinos durante los milenios precedentes, se
hunden sucesivamente. Por otro lado, en Israel (Isaias, Jeremias y Ezequiel),
en Persia (Zaratustra), en Grecia (los primeros filósofos), en China (Lao-Tse y
Confucio) y en la India (Buda y Mahavira 75), grandes figuras aparecen casi
simultáneamente. Sin que hayan podido comunicarse entre ellos, estos
60
personajes lanzan a la humanidad mensajes que convergen. La línea general
común de estos mensajes puede resumirse de la manera siguiente.
Los ritos tradicionales y los mitos obscurecieron el sentido de las
religiones porque fueron mal comprendidos. La religión “nueva” predicada por
estos Sabios – que en realidad es la religión universal – no se reduce
solamente a la práctica de ritos colectivos sino que concierne en primer lugar y
fundamentalmente a cada individuo. La religión nueva exige el compromiso de
cada individuo. La religión nueva exige el compromiso personal y consciente de
cada uno a favor del bien y este compromiso encuentra su recompensa más
allá de la muerte.
Tras este mensaje explícito, la multiplicidad de mensajeros muestra
indirectamente otro: no hay – o ya no hay – religión exclusiva de un solo
pueblo. Lo divino se manifiesta históricamente a varios pueblos,
simultáneamente o casi, y ninguno puede pretender poseer por si solo la
verdad. El mensaje concierne, en primer lugar, al pueblo judío que, hasta el
Exilio, se había beneficiado de una verdadera “exclusiva”. El hecho de que el
rey persa Ciro “ungido del Señor76” fuera investido por Yahvé para la misión de
liberarlo confirma la relativización de su posición en la Historia.
Sin embargo, el pueblo que había sido elegido siete siglos antes fue
siempre objeto de una atención particular de Dios. Permanece como la
humanidad santa que El quiere crear. Es la razón por la que Dios hace “surgir”
de él una serie de profetas particulares. Igual que en Persia y en la India, el
movimiento profético aparece cuando la religión se desvía. Este movimiento
comenzó en Israel (Elías y Eliseo en el s. IX a.C.) pero no dejó testimonios
escritos directos hasta Amos (s. VIII). El fenómeno alcanza su apogeo con
Jeremías y Ezequiel al comienzo del Exilio, o sea entre el 597 y 570 a.d.c.).
61
¿Qué me importan vuestros innumerables sacrificios? Dijo Yahvé. Estoy harto de los
sacrificios de carneros y de la grasa de los terneros. Me repugna la sangre de los toros
y de las cabras.
Dejad de traer ofrendas inútiles. Su humo me causa horror.
Ya no soporto fiestas y solemnidades. Odio con toda mi alma vuestras lunas nuevas y
vuestras peregrinaciones.
Encontráis hermoso el multiplicar las plegarias pero yo no os escucho. Vuestras
manos están cubiertas de sangre, lavaros, purificaros.
Dejad de hacer el mal. Aprended a hacer el bien, buscad lo justo, socorred al oprimido,
sed justos con el huérfano, defended a la viuda.
Is 1, 11-17
Ya no se dirá, los padres comieron uvas verdes, los dientes de sus hijos están
estropeados.
Cada uno pagará por su propio crimen.
62
De cada uno que coma uvas verdes, sus propios dientes estarán estropeados.
Jr 31, 29-30
Si el malo renuncia a todos los pecados que cometió, observa mis leyes y practica la
ley y la justicia, debe vivir y no morirá. No se acordará ya de todos los pecados que
cometió, y vivirá a causa de la justicia que practicó. ¿Me causará placer la muerte del
malo y no más bien verlo desviarse de su conducta y vivir?
Ez 18, 21-23
La nueva Alianza
63
Esta Alianza marca una nueva etapa en el desarrollo del plan de Dios
para la humanidad. Tras la caída, el niño a nivel espiritual que era el hombre ha
debido seguir un largo proceso de educación y de perfeccionamiento que lo
llevará hacia el objetivo último de la “divinización”. En una primera etapa, el
yahvismo impuso obligaciones de carácter disciplinario para que aprenda a
reprimir sus instintos y a respetar lo divino. De ahí las innumerables
prescripciones y las terribles sanciones de la antigua Alianza del Sinaí que eran
impuestas de manera indistinta a todo un pueblo. Pero el simple respeto de las
reglas, cuyo sentido no era siempre comprensible, a la larga, engendró
desviaciones (el ritualismo) y la indiferencia. La nueva Alianza en perspectiva,
marca el paso de la Ley exterior a la ley “interiorizada”82.
La riqueza de la relación entre Dios y el hombre fue limitada porque esta
relación descansaba sobre el miedo y no sobre una adhesión que viniera del
corazón del hombre.
Tras el fracaso del aprendizaje bajo el miedo era necesaria otra
experiencia; la madurez del hombre la hacía posible.
En esta nueva etapa de la Revelación, Dios se dirige a su pueblo a
través del profeta Jeremías revelándole que cada hombre tiene el medio
personal de acceder al conocimiento de la voluntad divina y, por medio de ella,
al bien y al mal.
Esta capacidad de conocer directamente, sin intermediario, el bien y el
mal, estaba latente en la naturaleza humana desde la Caída, pero no había
sido activada porque el hombre no estaba suficientemente preparado. El
mensaje de Jeremías hace posible, para cada uno, acceder al conocimiento de
Dios y estableció el paralelismo con el conocimiento del bien (la Ley).
He aquí que vienen días en que estableceré una alianza nueva con la Casa de Israel.
No como la alianza que hice con sus padres […] que ellos rompieron.
Pondré mi ley en el fondo de su ser y la escribiré en su corazón. Entonces yo seré su
Dios y ellos serán mi pueblo. No tendrán ya que instruirse mutuamente diciéndose el
uno al otro: “Tomad el conocimiento de Yahvé” sino que me conocerán todos desde
los más pequeños a los más grandes […].
Jr 31, 31-34
64
La palabra profética de Jeremías pronunciada en el siglo VI antes de
nuestra era inaugura una serie de discursos que, desde Jesús a Mahoma
pasando por Buda, invitan a comprender el fundamento de toda verdadera
religión.
Cada hombre debe comprender que tiene en sí mismo la llave de acceso
al conocimiento de Dios y de la práctica del Bien. Esta llave está simbolizada
por el corazón.
65
El contexto histórico-religioso de la venida de Jesús
66
La mayoría de los sacerdotes y del pueblo no podía aceptarlo tanto por razones
religiosas como nacionales: ello fue considerado como “la abominación de la
desolación”. La revuelta de los Macabeos (167 a.C.) restableció el culto
tradicional del Templo y favoreció la toma del poder por la dinastía judía de los
Amoneos. Esta dinastía engrandeció el territorio de Israel pero impuso un
verdadero terror intelectual que provocó una sangrienta guerra civil.
Si la tentativa reformista de Ménelas hubiera triunfado habría tenido una
influencia determinante en el curso de la historia. ¿Cuál habría sido el mensaje
de Jesús y cual habría sido su recepción en el contexto de un judaísmo
helenizado o de un mundo greco-romano monoteísta?
Desde Pompeyo, en el 63 a.C. el Estado judío, tras una lenta
descomposición, ya no existe: es un protectorado romano. El territorio es
primero dirigido por un rey – Herodes 1º el Grande – designado por el Senado
Romano, y después por sus hijos bajo el control de un procurador (entre ellos
Poncio Pilatos del 26 al 36 d.C.). No obstante el Templo de Jerusalén,
renovado y engrandecido por Herodes, permanece, más que nunca, bajo la
autoridad de los sacerdotes, cuyo consejo supremo (Sanedrín) dispone del
poder de justicia y administración sobre toda Judea.
He aquí que llegaran días – palabra de Yahvé – en que haré surgir de David un
sucesor justo que reinará como un verdadero rey y será inteligente y ejercerá el
derecho y la justicia en el país.
67
textos de la época – los Apocalipsis*- evocan la inminencia del fin de la Historia
y la hora de la rendición de cuentas tras una serie de trastornos naturales a
escala cósmica: “El ejército celeste se levantará con gran tumulto, los
fundamentos del mundo se estremecerán, la guerra de las potencias en el cielo
se extenderá por todo el mundo88.” El Apocalipsis de Juan que figura en el
canon del Nuevo Testamento está en el hilo de la literatura judía de la época.
Con relación al mesianismo tradicional, el movimiento apocalíptico
aporta dos novedades considerables en el judaísmo: el de un juicio tras la
muerte y el de la inmortalidad personal.
Un gran número de los que duermen en el polvo despertaran, los unos para la vida
eterna, los otros para el oprobio, para el horror eterno.
Dn 12, 2
68
(la Mishna) y su codificación (el Talmud) y a concentrarse tan solo en la Ley por
la plegaria y el estudio. A los fariseos se debe el nacimiento de la religión judía
tal como la conocemos en la actualidad.
A pesar de los numerosos pasajes de los Evangelios que señalan las
divergencias de Jesús con los fariseos90, estos están menos alejados de él que
los saduceos. Por otro lado, será un Sanedrín compuesto mayoritariamente por
saduceos el que le condenará.
Los zelotes son un pequeño grupo nacionalista nacido en el 6 – 7 d.C.
Son partidarios de la violencia armada para expulsar al ocupante romano e
instituir una teocracia. Los zelotes están en el origen de la guerra del 66 – 70
que llevó a la destrucción del Templo.
El cuarto grupo, los esenios, se mantuvo mucho tiempo en la sombra de
la Historia hasta adquirir notoriedad tras los escritos del mar Muerto en
Qumran.
Con Juan Bautista, el último de los Profetas, los esenios jugaron un
papel clave en la preparación de la misión de Jesús.
69
Apoyándonos en el análisis de Jean Daniélou91, solo insistiremos aquí
sobre dos aspectos particulares del esenismo que aclaran las circunstancias de
la venida de Jesús.
Entonces Dios querrá puro para Él el cuerpo del hombre, arrancando todo espíritu de
perversidad de las entrañas de su carne y purificándolo mediante el Espíritu de
Santidad.
Regla de la comunidad (IV, 20 - 21)
Igual que los discípulos de Juan, los esenios debían prepararse para
estos acontecimientos mediante la penitencia y practicando una forma de
purificación ritual mediante baños. Incluso si el bautismo de Juan es diferente
del baño esenio, el ritual de purificación por el agua representa un lazo
simbólico que no se deja al azar. En definitiva, la diferencia esencial entre Juan
y el medio esenio fue su concepción del Mesías: para el primero, el Mesías no
es ya esperado, como lo era en la apocalíptica judía, sino que está a punto de
llegar.
70
Los lazos entre los esenios y los discípulos de Jesús
Los discípulos de Juan constituyen una especie de cadena intermedia
entre los hombres de Qumran y los discípulos de Jesús. Este lazo es ilustrado
por diversas prácticas: las tres oraciones cuotidianas (la Regla de la comunidad
y la Didagé), la adopción del antiguo calendario sacerdotal de Qumran por
Jesus93, la ordenación de la Cena que evoca las comidas esenias, la dirección
de la Comunidad por doce miembros, las condiciones de viaje sin equipajes, y
la organización de una red de alojamientos, la puesta en común de los bienes,
la prohibición de los juramentos, la condena del divorcio. La principal y
considerable diferencia entre los esenios y los discípulos de Jesús era el
respeto por los primeros de la observancia de la legalidad que los segundos
colocaban en segundo plano en relación a la nueva noción introducida por
Jesús: el amor. Esta es una de las marcas específicas de su mensaje. Por ello
es que si Jesús, en cuanto a si mismo, no pertenecía a ninguna corriente del
judaísmo de su tiempo, es evidente, como lo señala Jean Danielou, que la
primera comunidad cristiana hunde sus raíces en el judaísmo en general y en
el esenismo en particular. La influencia de este último supera el medio
constitutivo del cristianismo ya que, como veremos, se extiende a Pablo, a
Juan y a la corriente judeo cristiana. Por ello se plantea una cuestión: ¿no sería
necesario considerar a los esenios como la comunidad religiosa de referencia,
la que sería la más exigente y la más fiel, la que sería común al judaísmo y al
cristianismo? ¿No sería necesaria una reevaluación de su papel en las dos
religiones de manera urgente dado que tenemos ya, con los manuscritos del
mar Muerto, todos los elementos necesarios?
71
72
CAPITULO V
Jesús de Nazaret
73
La identidad de Jesús
El Mesías davídico
Como hace notar Louis Rougier94, se haya creído o no que Jesús fue el
Mesías, todos los judíos de la época tomaban la noción de Mesías en su
sentido tradicional, como la venida de un rey liberador que libraría Israel del
ocupante.
Sin embargo los Evangelios proporcionan pocos elementos sólidos que,
al establecer este lazo entre David y Jesús, apoyen este aspecto de su rol.
Mateo comienza su evangelio con una laboriosa genealogía de Jesús “hijo de
David” que parece manifiestamente fabricada. En cuanto a Lucas, es el único
evangelista que establece un lazo entre Belén y la “ciudad de David”.
Por otro lado, el mismo Jesús, si se exceptúa su respuesta a la
Samaritana (Jn 4, 26), no parece quererse endosar este estatuto de Mesías
“real”. El único apelativo que acepta es el de “Hijo del Hombre”.
74
Se ha escrito mucho sobre el origen y el significado de la expresión95.
Algunos han querido ver una influencia iraní (mazdeísmo). El Hijo del Hombre
es un concepto del judaísmo apocalíptico y esotérico que está expresado en
una visión del profeta Daniel y en el libro de Henoch etíope, redactados, tanto
el uno como el otro, a mediados del s. II a.C. En este último libro, el Hijo del
Hombre se asimila al Mesías96 que entonces habría que calificar de “celeste”
para distinguirlo del precedente.
Contemplaba las visiones de la noche. He aquí que venía de las nubes del cielo, como
un Hijo del Hombre. Se adelantó hasta el Anciano y fue conducido a su presencia. Le
fue concedido imperio, honor y reinado, y todos los pueblos, naciones y lenguas le
sirvieron. Su imperio es imperio para siempre, que nunca pasará, y su reino no será
destruido.
Dn 7, 13 – 14
[El hijo del Hombre] será un bastón para los justos, a fin de que puedan apoyarse en él
y no caer; será la luz de los pueblos y la esperanza de los que sufren en su corazón.
Todos los que viven en la aridez se postraran y le adorarán; y bendecirán, glorificarán y
cantarán al Señor de los espíritus. Por ello fue elegido y ocultado por el Señor antes de
la creación del mundo y por la eternidad.
La sabiduría del Señor de los espíritus se ha revelado a los santos y a los justos
porque odian y desprecian este mundo de injusticia […]; porque por su nombre serán
salvados y es el vengador de su vida.
I Henoch 48, 3-7
75
Para los cristianos, Jesús es el “Hijo de Dios” tal como lo anunció en el
bautismo del Jordán: “Este es mi hijo bien amado” (Mc 9, 7). Pero para los
judíos contemporáneos de Jesús, la noción de filiación divina era
incomprensible y blasfematoria: “debe morir, porque dice que es Hijo de Dios”
dirán los judíos durante su proceso (Jn 19, 7). Sin embargo, la expresión “hijo
de Dios” calificando a los humanos es perfectamente compatible con el
judaísmo. En todo caso, está claro que la noción de Hijo de Dios ha
engendrado un inmenso malentendido. Si se hubiera atendido a la lectura de
los evangelios sinópticos, que definen la persona de Jesús como la figura
mesiánica del Hijo del Hombre, habría subsistido una posibilidad de
convergencia de las religiones del libro.
Desde la muerte y resurrección de Jesús, lo que era un malentendido se
convirtió en un foso infranqueable con la adopción, en el 325, por el concilio de
Nicea, del concepto de “consubstancialidad del Padre y del Hijo99.
Pero la figura de Jesús supera el marco mismo de la tradición del libro.
Comparable con Buda en varios aspectos de su vida y de su enseñanza, Jesús
lo es también con Krishna. Se piensa aquí en el personaje de la Bhagavad-
Gitâ, avatara o “encarnación” de Vishnu, fundamentalmente en su
manifestación gloriosa que está muy próxima a la Transfiguración del monte
Tabor. Igual que Jesús, Krishna acaba de revelar la “naturaleza divina en el
hombre100”.
El Hijo del Hombre se puede presentar también como la figura del
hombre primordial, el nuevo Adán, el anthropos del helenismo que desborda
todas las fronteras étnicas y todas las épocas desde los orígenes. Su misión
reviste entonces un carácter universal y se inscribe en continuidad con la
creación del hombre.
76
Jesús diversas nociones, comenzando por la de la Iglesia. De aquí la
importancia de intentar captar la esencia del mensaje de Jesús haciendo
abstracción de las lecturas cristianas posteriores, y fundamentalmente las de
las grandes autoridades dogmáticas que fueron Agustín y Tomas de Aquino.
Nunca se insiste suficiente sobre el hecho de que las enseñanzas de
Jesús, a pesar de la revolución que él representó, estaban enraizadas en el
judaísmo de su época. Lo que predicaba sobre el juicio final prolonga y
amplifica lo de Juan Bautista y los libros de Isaías, Daniel y Henoch. Su ética
está tanto en la línea de la Torah (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo101”),
como en la de Hillel (“No le hagas a otro lo que no quieres que te haga él a
ti102”). Jesús se separa de la Tradición, por ejemplo respecto al Templo: se
sitúa en la tradición profética y esenia hostil a los sacrificios.
El mensaje de Jesús no está en ruptura con el judaísmo de su tiempo.
Representa no obstante una profunda inflexión en el sentido ya esbozado por
los Profetas hacia una religión radicalmente espiritual.
El concepto central de la enseñanza de Jesús es el Reino de Dios. El
anuncio del Reino de Dios, que no estaba esbozado por los profetas de Israel,
es el objeto mismo del “Evangelio” es decir la “buena nueva”. Sin embargo la
realidad de este Reino permanece misteriosa, como admiten numerosos
comentaristas103. Es ambiguo, también, porque la palabra griega basileia puede
significar “reinado” o “reino”, eligiendo los traductores casi siempre el primer
término mientras que el contexto pediría a menudo la utilización del segundo.
77
como las palabras seguramente más auténticas de Jesús. Pero la parábola
tiene una función muy particular en la pedagogía de Jesús.
78
en el espacio, por un lado, y la preservación de la integridad del sentido para
los que serán capaces de comprenderlo, por otro.
El estatuto de la parábola finalmente es, más o menos, el de toda
enseñanza esotérica que utiliza el simbolismo para conservar el sentido oculto.
Se puede suponer que al lado de los evangelios conocidos hubiera algún otro
evangelio secreto. Por ejemplo, el Evangelio de Juan y, en algunos aspectos
aunque de manera diferente, el evangelio de Tomás pueden parecer
portadores de unas enseñanzas destinadas a una élite de discípulos. En
cualquier caso, los Evangelios sinópticos tal como nos han llegado, con sus
parábolas en diferentes variantes, contienen suficientes informaciones – a
condición de interpretarlas correctamente – para acceder a la esencia del
mensaje evangélico.
Interrogado por los fariseos sobre cuando vendría el reino de Dios, Jesús les
respondió: el Reino de Dios no viene de una manera perceptible. No se podrá decir:
106
está aquí o allí, porque el Reino de Dios está dentro de vosotros .
79
Lc 17, 20-21
El grano de mostaza
El Reino de los cielos es parecido a un grano de mostaza108 que alguien siembra en un
campo. Es la más pequeña de todas las semillas. Pero cuando crece es la mayor de
las plantas del huerto; incluso se convierte en un árbol, de forma que los pájaros del
cielo vienen a posarse en sus ramas.
Mt. 13, 31-32
La levadura
El Reino de los cielos es parecido a la levadura que una mujer mezcla con tres
medidas de harina hasta que la masa haya fermentado.
Mt. 13, 33
Esta levadura, señala Claude Tresmontant ,“transforma desde dentro y
progresivamente la pasta humana109”.
El tesoro
El Reino de los cielos es parecido a un tesoro oculto en un campo. El hombre que lo
encuentra lo entierra de nuevo y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el
campo.
Mt 13, 44
80
Estas tres parábolas muestran claramente que el significado del Reino
de Dios es, en definitiva, la “vida divina110”. Así, la vida divina es, a la vez, el
espíritu de Dios que está en cada uno de nosotros y la vida eterna que nos es
prometida.
Esta noción de vida divina es, para los humanos, el de un mundo que
permanece virtual pero ya anunciado desde ahora por los discursos y los
milagros de Jesús.
Así la verdad proclamada por Jesús es el fundamento del esoterismo
universal, como señala Martin Lings111, que puede definirse como “ciencia y
disciplina de la interioridad” y que permite conducir al hombre a la divinización.
Habrá signos en el Sol, la Luna y las estrellas, y sobre la Tierra ansiedad en las
naciones, inquietas por el ruido del mar y de las olas. Los hombres mostraran miedo a
la espera de los acontecimientos del Universo, por que se romperán las energías del
cielo. Entonces se verá al Hijo del Hombre volver en una nube con toda su potencia y
gloria. Pero cuando estas cosas comiencen a producirse, enderezaos y levantad la
cabeza, porque vuestra liberación está próxima.
Les dijo una parábola: “Mirad la higuera y los otros árboles. Cuando comienzan a
brotar, sabéis, sin que nadie os lo diga, que el verano está próximo. Igualmente,
cuando veáis estas cosas llegar sabed que el Reino de Dios está próximo. En verdad
os digo, no pasará esta generación sin que lleguen estas cosas.”
Lc 21, 25-32
81
Es debido a que el mensaje de Jesús se dirige a cada hombre en particular por
lo que tiene su carácter universal, más allá de la cristiandad. A diferencia del
mensaje inicial entregado al pueblo hebreo y transmitido por el judaísmo
tradicional, el mensaje expresado por Jesús no está afectado por el respeto a
la norma legal y a la historia colectiva del pueblo judío. Jesús invita a cada
hombre, independientemente de las instituciones religiosas que le rodean, a
tomar conciencia de su responsabilidad personal con respecto al “Padre”. Esta
imagen del padre que substituye a la del dios lejano, celoso y vengador que es
Yahvé para el pueblo judío, establece para cada uno una relación personal con
lo divino, relación que se traduce en la oración “Padre Nuestro”.
82
condiciones fijadas por Jesús están perfectamente claras. Se sitúan a varios
niveles de exigencia sin que sea posible decir – es el misterio de la vida – si
estos niveles afectan de la misma manera a todos los individuos.
83
Por lo tanto, el segundo nivel de exigencia es el “desapego” de los
cuidados de la tierra. Se trata de un tema que vuelve con frecuencia en los
evangelios sinópticos.
No os preocupéis por vuestra vida, por qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os
vestiréis. Porque la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido.
Buscad por lo tanto [el] Reino y todo eso se os dará por añadidura.
(Lc 12, 22-23 y 3)
84
Pero esta revolución supone para el hombre la metanoia*, en griego
“arrepentimiento” pero que aquí habría que traducir mejor por “cambio de
mentalidad116” o “transformación del ser”. Precisamente aquí reside el corazón
del mensaje de Jesús: suscitar entre los hombres la toma de conciencia de que
es necesaria una verdadera conversión espiritual para acceder al Reino de
Dios.
Este cambio de mentalidad era el que predicaba Juan Bautista cuando
decía: “Arrepentíos porque el Reino de Dios está cerca” (Mt 3, 2.). La metanoia
debe llevar a ir al fondo de uno mismo para reconocer a Dios. Constituye una
etapa previa a lo que el cristianismo llama la “fe”, que traduce la palabra griega
pistis (la “confianza”) pero que se puede también comprender como una
“inteligencia117”.
La metanoia tiene por finalidad lo que se denomina en la entrevista de
Jesús con Nicodemo, “el segundo nacimiento” (Jn 3, 3-4) o el “nacimiento de
mayor”. Esta simbología ha sido utilizada por otras religiones: La India védica
donde el dvi-ja es el “dos veces nacido” así como en el Irán mazdeísta donde el
bautismo tiene su equivalente, el naojoté, que es un nuevo nacimiento, el
nacimiento espiritual118.
“En verdad os digo, a menos que renazcáis de mayores, no podréis ver el Reino de
Dios”
Nicodemo le dijo “¿Cómo puede un hombre nacer, siendo viejo? ¿Puede entrar una
segunda vez en el seno de su madre y nacer?”
Jesús respondió:
“En verdad, en verdad te digo, al menos que se nazca del agua y del espíritu, nadie
puede entrar en el Reino de Dios.
Lo que ha nacido de la carne es carne, lo que ha nacido del Espíritu es espíritu”
Jn 3, 3-6
Está claro que Jesús llama a un nuevo nacimiento, espiritual esta vez119.
El rito del bautismo simboliza este nacimiento pero, contrariamente a una idea
demasiado extendida, no ocurre por si mismo este nacimiento: lo ha de
“efectuar” cada uno.
85
*
86
87
CAPÍTULO VI
88
- la eliminación progresiva de la dimensión esotérica y espiritual, de la
enseñanza de la Iglesia;
- el alejamiento del monoteísmo estricto (teología de la encarnación y
de la Trinidad).
Y como los hombres solo mueren una vez, tras el juicio, así Cristo, tras haberse
ofrecido una sola vez para limpiar los pecados de muchos, aparecerá una segunda vez
– limpio de pecado – a los que le esperan, para darles la salvación
He 9, 27-28
89
En lugar de hacer jugar el miedo apocalíptico, el cristianismo naciente
insistió en la perspectiva de la salvación y sobre el papel de Cristo como
salvador. Así el cristianismo alimentó una formidable esperanza que sin duda
fue una causa importante de su éxito en el mundo greco-romano de la época.
Ello no impidió a algunas corrientes cristianas minoritarias,
fundamentalmente durante la Edad Media, conservar la creencia en un próximo
retorno de Cristo que vendría para realizar un reino terrestre de mil años (el
milenarismo).
Is 53, 11 – 12
90
formulasen la hipótesis iconoclasta siguiente. Según ellos, los evangelistas
habrían añadido al relato de la Pasión algunos detalles de la profecía de Isaías,
fundamentalmente en Lc 22, 37, para presentar después el golpe de la Pasión
como un acontecimiento inscrito en el plan divino. De esta manera, la
utilización de la profecía de Isaías permitía dar un sentido a la muerte de Jesús
en la Cruz. La muerte ignominiosa, que había provocado la confusión de los
discípulos, se transformaba en sacrificio, y por lo tanto en victoria. Esta
utilización de la profecía de Isaías ofrecía, además, un apoyo a la futura historia
de la Redención de Pablo. No es al azar que las epístolas de Pablo estén
impregnadas de Isaías.
No obstante esta hipótesis no es de tal naturaleza que modifique la
apreciación que pudieron tener los primeros cristianos sobre la identidad de
Jesús inmediatamente después de la Ascensión. Así, por un lado, la muerte de
Jesús hizo tomar conciencia a los judíos de que él no era el Mesías nacional
que muchos esperaban, pero, por otro lado, la Resurrección proporcionó el
signo tangible y esencial de que Jesús era el Mesías celeste. El que sería
llamado desde entonces el “Cristo” volvería para restablecer el Reino de Dios y
se sentaría a la derecha de Dios para juzgar al final de los tiempos, a los vivos
y a los muertos.
91
las lenguas en que ellos tuvieran necesidad para difundir el mensaje de Jesús
en el mundo, lo que solo tendría sentido si su misión tenía un alcance
universal. De hecho, algunos apóstoles llevaron el mensaje de Jesús a países
lejanos (Tomas a la India, por ejemplo). Así, tras la palabra directa de Jesús, el
proceso de la Revelación prosigue por la acción de los apóstoles, sostenidos
por el Espíritu Santo, que es “fuerza de Dios”. Pero es la designación de Pablo
lo que será determinante en la difusión del cristianismo fuera del mundo judío.
La singularidad de Pablo
La misión de Pablo
Las condiciones en las que Pablo fue encargado por Cristo para difundir
su mensaje permanecen enigmáticas. En primer lugar su iluminación en el
camino de Damasco donde recibió el Evangelio “por una revelación de
Jesucristo” (Ga 1,12). Este aspecto maravilloso recuerda al que se dará, seis
siglos más tarde, en la formulación del Corán por Mahoma. Sin embargo hay
que señalar que la revelación de la que se benefició Pablo no tuvo un efecto
inmediato. Antes de lanzarse a la predicación Pablo se aisló durante tres años
en Arabia y en Damasco (Ga 1, 17), sin contacto con los apóstoles. La
hipótesis de una iniciación de Pablo por los esenios de Damasco fue sugerida
por el Cardenal Danielou126. Incluso constituye la hipótesis central del libro de
Gerard Messadié sobre Pablo127. Esta hipótesis no parece irrazonable teniendo
en cuenta las similitudes que han podido revelarse entre las concepciones de
Pablo y las que se exponen en algunos textos de la comunidad de Qumran.
Fundamentalmente es el caso de la metáfora esenia del “templo espiritual” que
92
constituye colectivamente la comunidad y que prefigura la concepción paulina
de la Iglesia128.
Se plantea la cuestión de saber por qué este hombre, que era, de alguna
manera, un fariseo de combate, perseguidor de los cristianos, fue elegido, unos
años después de la muerte de Jesús, para difundir el mensaje divino en el
mundo. ¿Ninguno de los doce apóstoles, ninguno de los setenta discípulos que
se habían reunido alrededor de Jesús durante sus tres años de enseñanza,
eran capaces de hacerlo? Predicar a los gentiles, es decir a los no judíos, sin
duda exigía aptitudes particulares. Sin embargo este era, aparentemente, el
caso de los doce apóstoles que habían visto claramente ampliar su misión y
recibido la ayuda del Espíritu Santo para ello. Esteban que era un discípulo
“heleno129”, habitado por el espíritu (Ac 7, 55), era claramente uno de estos.
Por otro lado es interesante resaltar una coincidencia sorprendente. Pablo
asistió a la lapidación de Esteban, unos años después de la muerte de Jesús y
poco tiempo antes de su propia conversión (Ac 7, 58).
Pero es Pablo el que fue específicamente escogido para “abrir los ojos
de las naciones paganas” (Ac 26, 17-18). Se da una verdadera paradoja: el
fariseo, perseguidor de cristianos ¡se convierte en el principal apóstol de la
“buena nueva” cristiana! Segunda paradoja: Pablo no va a convertir a su
entorno de origen que conoce mejor que nadie, sino a la “gentilidad”, lo cual
solo se plantea en los Evangelios de forma indirecta. En la epístola a los
Romanos, Pablo va aún más lejos en la reorientación de su misión apostólica
ya que considera que sus antiguos correligionarios están ya cerrados a la
Revelación:
93
Por lo tanto el predicar el mensaje de la Revelación a los gentiles, no
solo se convirtió en prioritario sino que suspende explícitamente el predicar a
las “ovejas perdidas” de Israel. Desde los años 50, es decir veinte años
después de la muerte de Jesús, Dios levantó acta de infidelidad del pueblo
elegido, a excepción de un “resto” que subsiste “elegido por la gracia” (Rm 11,
5).
Este cambio de enfoque, altera la historia de lo que será el cristianismo
en dos aspectos. En primer lugar la ruptura con el medio judío dará nacimiento
a una religión de carácter universal. En segundo lugar este cambio coincide
con el momento en que por primera vez en miles de años, una amplia zona
poblada y civilizada – el Mediterráneo – se encuentra en un estado de
seguridad y de organización que facilitará la difusión del cristianismo.
94
La doctrina paulina
Los que viven según la carne desean lo que es carnal; los que viven según el espíritu,
lo que es espiritual
Rm 8, 5
La carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; están en conflicto el uno
con el otro.
Ga 5, 17
95
Tresmontant, esta perspectiva es la última etapa de la creación, su “acabado”,
al que Pablo llama con un término típicamente gnóstico, el “plérôme” (del
griego pleroma, “plenitud”)133.
Pablo predica la conversión personal, la “fe” como principio de
“justificación”, es decir, como condición para la salvación en oposición al simple
respeto a la ley judía. El respeto de los mandamientos de Moisés, incluido el
que añadió Jesús con el “amaos los unos a los otros” no basta para la
salvación.
Nadie se justificará ante [Dios] por la práctica de la ley. La ley no hace otra cosa que
dar conocimiento del pecado […]
Nosotros creemos que el hombre se justifica por la fe sin la práctica de la Ley.
Rm 3, 20 y 28
96
salvación como si todo dependiera de nosotros; y abandonarnos a Dios como
si todo dependiera de él136.”
97
que se ha convenido en llamar la “Iglesia de Jerusalén” cuyo jefe era, no ya
como se habría podido esperar, Pedro, el primero de los apóstoles, sino el
enigmático Santiago, el “hermano140del Señor” (Mc 6, 3) que en general se
confunde con el apóstol Santiago, hijo de Alfeo, llamado “el menor”141. A estos
primeros cristianos de Palestina se les designa colectivamente como los
“Hebreos”, o como los “nazarenos”. Todos estos movimientos están en el
origen de lo que se llamará el “judeo-cristianismo”, que es el término empleado,
más específicamente, para designar las corrientes cristianas de origen judío
tras la dispersión de los judíos en el 135.
Los cristianos judíos se dirigían principalmente a los judíos pero
aceptaban la conversión de los no judíos o “gentiles” mediante el respeto, no
obstante, de algunas prescripciones de la ley judía. Se trataba de las más
antiguas observancias (“noéticas”): abstención de la carne inmolada a los
ídolos, de la carne ahogada y de la fornicación. El debate sobre la circuncisión
fue cortado por Santiago (Ac 15), en tanto que jefe de la Iglesia de Jerusalén, a
favor de la apertura, pero, si se exceptúa este punto, el cristianismo en
Palestina no se situaba fuera del judaísmo al que era plenamente consciente
de pertenecer.
Los cristianos judíos se centraban sobre todo en las enseñanzas y la
vida de Jesús. Creyeron, en primer lugar, que Jesús era un enviado de Dios
que “restablecería el Reino de Israel” (Ac 1, 6). La muerte y resurrección de
Cristo debían favorecer más la concepción de un Mesías celeste más que de
uno nacional.
Independientemente de esta creencia en Cristo, el cristianismo de
Jerusalén se caracterizaba, con respecto al judaísmo tradicional, por el
bautismo, del que retomó y sistematizó la práctica instituida por Juan-Bautista y
de la que su lejano origen es esenia142.
98
El giro es la ejecución de Santiago, por lapidación, en el 62 que el
historiador Eusebio atribuye a los fariseos, que temían la influencia pacifista de
Santiago sobre el pueblo, en un momento en que ellos buscaban movilizarlo en
el mesianismo antiromano143.
Durante la segunda guerra judía, entre el 132-135, los judeo-cristianos,
que manifiestamente no participaban en ella, se convierten en herejes (minim).
Son tratados como enemigos y perseguidos144 tanto por los judíos que seguían
el movimiento insurreccional de Shimon bar Kokhba como por los “Sabios” que
redefinían el nuevo judaísmo en Jabné.
Los cristianos judíos que se mantenían en el movimiento de la Iglesia de
Jerusalén se dispersaron en las diferentes corrientes del judeo-cristianismo a
partir de la caída del Templo, en el 70, y tras la segunda guerra judía que
terminó en el 135.
No obstante, la Tradición transmitida por los cristianos de origen judío se
expandió en las diversas regiones de apostolado, pero la ausencia de doctrina
estabilizada y de organización eclesial impidieron el mantenimiento de una
corriente estructurada. En La nueva historia de la Iglesia, Jean Daniélou señala
la influencia judeo-cristiana al final del siglo 1º en Egipto (Epístola a los
Hebreos, papel de Pantène) y en Roma donde se conjuga con la influencia
esenia (Pasteur d’Hemas, epístolas de Clemente)145. Algunas ciudades como
Antioquia son compartidas entre la influencia judeo-cristiana y paulina146.
Grecia es toda ella ganada por los paulistas.
99
100
CAPÍTULO VII
El judeo-cristianismo
Los Ebionitas
Se cree que los ebionitas (ebionim, “pobres”) se separan de los
nazarenos alrededor de finales del siglo 1 d.C. Este movimiento parece salido
del esenismo. Desde 1953 André Dupont-Sommer había establecido el lazo
entre el esenismo y ebionismo: “Está claro que si se quiere llegar bajo su forma
más pura, más primitiva, a los rasgos comunes del esenismo y del cristianismo,
es […] en los ebionitas donde se debe ir a buscar, más que en los documentos
101
de la Gran Iglesia148.” Este lazo entre esenismo y ebionismo es reconocido en
la actualidad149, pero, curiosamente, no interesa verdaderamente a los
investigadores mientras que el material tanto histórico como religioso parece
considerable ya que, como veremos, el ebionismo jugó probablemente un
papel en los orígenes del Islam.
Igual que los esenios de Qumran y los movimientos gnósticos, los
ebionitas creían en la oposición del príncipe de la luz y el príncipe de las
tinieblas150. Este dualismo tiene su origen en el mazdeísmo iraní de Zoroastro.
Así, Dios habría establecido simultáneamente el Cristo, el más elevado de los
arcángeles, y Satán. Al primero le confirió el poder para el tiempo futuro y al
segundo para el tiempo presente. Para Jean Danielou151, esta doctrina es de
un parecido “sorprendente” con la de los esenios. A cada generación, Satán le
envía un falso profeta y el Cristo envía un “profeta verdadero”, encarnación
renovada del Verus Propheta152, para enseñar la verdadera religión. La misión
particular de Jesús era llevar el judaísmo a su pureza.
El Cristo es “puesto” sobre Jesús en el momento del bautismo bajo la
forma de una paloma, como lo había hecho antes sobre Adán, sobre Moisés y
sobre los otros profetas. Jesús nació de la semilla del hombre y no puede ser
llamado “Hijo de Dios”, incluso si es un arcángel superior. Jesús solo es el
“elegido de Dios”. Desde este punto de vista los ebionitas son radicalmente
antitrinitarios. Igualmente rechazan la noción de redención y limitan la misión
de Jesús a la enseñanza.
Este desdoblamiento de las figuras de Jesús y del Cristo aporta una
nueva claridad al misterio de la Encarnación. El esquema ebionita llega a una
forma de síntesis entre el judaísmo y el cristianismo y permite al mismo tiempo
escapar al bloqueo en el que la cristología de la Gran Iglesia se dejó meter.
102
A la vez practican los baños rituales de los esenios y el bautismo de los
cristianos como rito de iniciación.
Los elkasaítas153
El origen de este movimiento se sitúa al comienzo del siglo II, después
de la revelación hecha a Elkasaí (o Elxaí) de un libro que le fue entregado por
dos ángeles inmensos, uno masculino y otro femenino. Las concepciones
defendidas por este mensajero estaban próximas a las de los ebionitas, sin
duda con un aspecto esotérico más marcado. Los elkasaítas se alimentaban de
los apócrifos judíos (I Henoch, etc.). Practicaban, igual que los esenios, la
astrología y la adivinación.
Igual que los ebionitas, los elkasaítas disociaban la función profética: el
Cristo vino al mundo gradualmente en varios momentos por transmigración en
cuerpos diferentes, correspondiendo la última venida a la de Jesús. No
obstante subsiste una cierta ambigüedad ya que como “signo de los Profetas”,
Jesús era designado como el “Cristo”.
Los elkasaítas se implantaron particularmente en el imperio iraní de los
Sasánidas (siglo III) y están en el origen del maniqueísmo.
El gnosticismo
103
En sus escritos154, Clemente hace numerosas alusiones a la “gnosis” como
conocimiento supremo, pero de manera suficientemente discreta para no
inquietar a los representantes de la Iglesia. Clemente no se sale de los límites
de la ortodoxia incluso la bordea a menudo, pero su brillante y prolífico
continuador, Orígenes, se vio condenado por “gnosticismo”.
El origen del gnosticismo se remonta al dualismo mazdeísta y sabemos
que esta es una característica determinante del esenismo tal como resulta de
los textos comunitarios descubiertos en Qumran. Por lo tanto habría una
especie de vía paralela, en la historia de las religiones, que conduciría de forma
continua de Zoroastro a los cátaros de la Edad Media pasando por los esenios
y ciertas manifestaciones cristianas en las epístolas de Pablo y en el Evangelio
de Juan. En el universo del judaísmo, el gnosticismo data de Dositeo de
Samaria (que probablemente era esenio) y de su discípulo Simón el Mago, que
son contemporáneos de Jesús. En el fondo ebionismo y alkasaísmo abordan lo
mismo que el gnosticismo. Sin embargo, en sentido estricto, deberemos
reservar el término a sus dos expresiones más características, la religión de
Valentín y el maniqueísmo. Estos movimientos se desarrollaron, en los
primeros siglos de la era cristiana, al margen del cristianismo.
104
la naturaleza humana se encuentran también en Pablo (1Cor 2, 14 y 1Th 5,
23). Así, contrariamente a la idea recibida, la antropología de Pablo no se
redujo a una oposición del alma y del cuerpo (o “la carne”). Ella se reclama de
la tradición esotérica “ternaria” en la que el alma personal es el lazo entre el
cuerpo corruptible y el espíritu universal y eterno.
En la concepción gnóstica, la creación del hombre corresponde al
descenso del espíritu a la materia. Tres categorías de hombres corresponden a
las tres substancias: los “espirituales”, los “materiales” y los “psíquicos” que
están entre los dos, a la vez amenazados por la caída y capaces de redención.
Reintegrando la esfera espiritual, el hombre contribuye a corregir el error inicial
de la Creación. ¿Cómo llega el hombre ahí? Por el conocimiento (gnosis). No el
conocimiento empírico de tal o cual objeto, sino por el único verdadero
conocimiento, que es el conocimiento de sí mismo. El objetivo del gnóstico es
“conocer qué es eso que está en el interior de sí mismo156”. Es la “liberación de
esta parcela divina y su ascenso hacia las esferas celestes157”. El gnosticismo
recuerda la espiritualidad hindú de la Bhagavad-Gîtâ y, en definitiva a todas las
grandes espiritualidades.
Mani y el maniqueísmo
En el seno del movimiento gnóstico, el maniqueismo160 ocupa un lugar a
parte, tanto por razón de sus orígenes como por su considerable influencia en
el espacio y en el tiempo.
105
Mani vivía en Babilonia en un ambiente elkasaíta que era una rama del
ebionismo. Recibió una revelación en el 240 que situó su misión en continuidad
con Noé, Abrahán y Moisés pero también en la de Zaratustra (el mazdeísmo
había vuelto a ser la religión oficial en Babilonia), de Buda y de Jesús. Desde
este punto de vista Mani era el “último de los profetas”, estatuto que
reivindicará más tarde Mahoma. Esta relación no es fortuita: un hilo espiritual
coherente161 parece ligar a todos estos personajes a través de las vicisitudes
históricas. Sus fracasos – es decir, frecuentemente, la incomprensión de su
público – explican el relanzamiento posterior del proceso de la Revelación,
bajo formas cada vez diferentes. El conocimiento de las enseñanzas de estos
diversos mensajes – incluidos los que, como Elkasaí y Mani, han caído en el
olvido – permite captar mejor lo que les une en profundidad y poner en
evidencia la cadena que forman.
Mani profesaba un gnosticismo dualista. La salvación es aportada por el
conocimiento del verdadero “yo”, parcela de la luz eterna. Al permitir a la luz
que está en él alcanzar la divinidad de la que salió, el hombre se salva, pero al
mismo tiempo, contribuye a salvar al mismo Dios en su combate contra el
“príncipe de las tinieblas”. En la cábala judía se encuentra frecuentemente este
tema.
Mani practicaba el rigor de vida de los encratitas162, pero concedía poca
importancia a los ritos. Su objetivo era la unificación religiosa del mundo sobre
la base del mensaje divino que es único, cualquiera que sea la época y la
civilización a la que está destinado.
La expansión del maniqueísmo 163 se dio desde China a África del
Norte164 y se prolongó en Occidente hasta el siglo XIII (los cátaros) y más allá
en el esoterismo cristiano.
El maniqueísmo engloba y supera los movimientos de los que salió (el
esenismo, el ebionismo, el elkasaísmo) y que comparten una parte del mensaje
profundo de Jesús. También es una síntesis de las diferentes revelaciones que
se manifestaron durante el periodo axial ya que integra mazdeísmo y budismo.
Desde este punto de vista el maniqueísmo es una religión verdaderamente
mundial.
106
Las gnosis ebionitas y maniqueas tienen una influencia cierta en el
esoterismo chiíta, como señaló Henry Corbin en sus diferentes trabajos sobre
la profetologia islámica. Después de Jesús, que es reconocido como “Espíritu
de Dios” (Rub Allah) o “Hijo del Espíritu Santo”, Mahoma cierra un ciclo de la
profecía. Pero hay una profecía esencial que procede del Espíritu supremo
(Anthropos céleste, Nous) y que proseguirá, bajo otras formas, hasta el fin de
los tiempos. Es el ciclo de la walayat (amistad de Dios) en el que el mundo
espera, no ya una revelación futura, sino “la manifestación plena de todos los
sentidos ocultos, o sentidos espirituales de las Revelaciones divinas165”.
107
convertido en el principal “soporte” de la divinidad de Cristo (“El verbo se hizo
carne”). Pero podemos preguntarnos con Elaine Pagels si el evangelio de
Tomás no tiene al menos tanto valor como los sinópticos (cf. Capítulo 11) y si la
redacción del Evangelio de Juan no estuvo influenciada por el contexto de
combate antignóstica, incluso aunque su substrato judío sea incontestable.
La lucha antignóstica no ha cesado a lo largo de los siglos. Fue el origen
de la Inquisición, que eliminó ferozmente a los albigenses convertidos en
herejía cátara167. Fenelon que quería mantener frente a Bossuet el quietismo*
de Madame Guyon ha investigado el concepto de gnosis en Clemente de
Alejandria. Sacó a la luz, en 1694, una pequeña obra 168 que ¡no fue publicada
hasta 1930! Esto dice mucho sobre el carácter sulfuroso que hace mucho
tiempo conserva la palabra de gnosis en el seno de la Iglesia (y sobre la falta
de curiosidad de los editores…).
Al eliminar las sectas gnósticas y al ignorar los movimientos judeo-
cristianos el cristianismo se ha separado de una parte de sus raíces. Ha
perdido las riquezas que vehiculizaban estas diferentes corrientes que, sin
embargo mostraban con frecuencia una exigencia intelectual y espiritual al
menos igual a la de la ortodoxia defendida por la Gran Iglesia.
108
CAPÍTULO VIII
La enseñanza esotérica
Independientemente de la tradición secreta de los apóstoles, de la que
hablaremos en el capítulo XI, algunos textos canónicos manifiestan el
esoterismo en la medida en que estaban reservados a un público restringido.
Es el caso del Evangelio de Juan cuyo autor era realmente, según el testimonio
directo de Polycrates169, un sumo sacerdote, pero cuya influencia era
claramente esenia170 (dualismo luz/tinieblas, calendario de la Pascua, etc.). En
relación con los evangelios sinópticos, el nivel teológico y el vocabulario
utilizado (el Logos) muestran que el Evangelio de Juan se dirigía a una élite.
109
Es también el caso del Apocalipsis que se sitúa claramente en
continuidad con los Libros de Henoch y por tanto del esoterismo judío.
Pero es Pablo el que fue el más eminente representante de la
enseñanza esotérica cristiana. Pablo se definió, como hemos visto, como un
iniciador encargado de revelar a los cristianos los misterios divinos. Su objetivo
era dar a los que eran dignos un “alimento sólido” y no “leche” (1 Cor 3, 2). De
hecho, estos cristianos a los que él escribía eran personas ya familiarizadas
con las ideas expresadas mas tarde en los Evangelios y, por lo tanto, aptos
para recibir enseñanzas de un nivel de abstracción superior al que se
encuentra en los sinópticos: la teoría del pecado original y de la Redención (Rm
5), el de la resurrección de los muertos (1 Cor 15), la concepción de la vida del
cristiano en el Espíritu (Rm 8), el misterio de la Iglesia (Ef 1).
No todos pueden ser admitidos al conocimiento de los misterios, no por
causa de su sexo o estatus social, sino a causa de su indisponibilidad de
espíritu. Se hace entonces necesario difundir el mensaje de manera tal que los
que son aptos para comprenderlo lo puedan hacer efectivamente sin desvelar
lo que no podría ser comprendido por todos. Porque, en este caso, el peligro
seria que el mensaje sea mal interpretado y, finalmente, deformado, incluso
entre aquellos a los que les estaba verdaderamente destinado. Este filtraje de
la enseñanza es la característica misma del esoterismo.
Si nuestro evangelio permanece oculto, es para aquellos que están perdidos, para los
incrédulos, a los que el dios de este mundo [Satán] ha oscurecido el entendimiento.
2 Cor 4, 3-4
La Epístola a los Hebreos, que no fue escrita por Pablo pero que no es menos
“canónica”, es muy explícita en relación a la noción de esoterismo que
impregna los primeros tiempos del cristianismo:
110
Los ritos iniciáticos
Hasta el siglo III, el cristianismo - ortodoxo o no – funcionó como una
secta de acceso relativamente cerrado. Su apertura coincide con su
legalización y, sobre todo, con su carácter obligatorio en el imperio, a partir del
380. Este fue el mayor giro en la evolución del cristianismo que no se ha
percibido realmente en su justa medida. Pascal es uno de los raros en haberlo
remarcado: “Era necesario, además, salir del mundo para ser recibido en la
Iglesia en lugar de cómo se entra hoy en la Iglesia al mismo tiempo que en el
mundo171.”
El aspirante al cristianismo debía franquear varias etapas, el
“catecúmeno”: apadrinamiento y examen previo por los responsables del
catecumenado, instrucción religiosa durante tres años; en caso de examen
favorable, preparación para el bautismo, rito donde el simbolismo de
iniciación172 es particularmente chocante. El bautismo era precedido de
exorcismos y, según las faltas del catecúmeno, de un periodo de expiación que
podía alargarse varios años. El penitente obtenía la “reconciliación” que se
adquiría definitivamente: el cristiano bautizado se convertía casi en un santo173.
Cirilo de Jerusalén (315-386) calificaba el bautismo de “ilumninación174”.
Igualmente, según Simeón el Nuevo Teólogo, el bautismo era la “deificación
virtual”, la “regeneración del hombre entero”; confería la “luz espiritual” y hacia
de nosotros “hombres celestes175”.
Este carácter iniciático del bautismo probablemente viene del judeo-
cristianismo, y más específicamente de su movimiento esenio. Es posible que
la práctica del bautismo en la manera que se sigue por la Iglesia desde la Edad
Media, le haga perder gran parte de su significación original, y contribuya a la
banalización de lo sagrado.
Igual que el bautismo, la eucaristía puede ser considerada como un rito
“iniciático176”. La eucaristía como identificación mística con la persona de
Cristo, recuerda los ágapes cultuales de las religiones con misterios del mundo
grecorromano de la época. Según Albert Schweitzer, la eucaristía puede deber
su papel de “alimento de inmortalidad177” a una influencia griega de este tipo y
se inscribiría en una helenización del cristianismo. A diferencia del bautismo, el
sacramento de la eucaristía conservó su función original en la mayoría de los
católicos, aunque con algunos eclipses.
111
Crisis y consagración de la Iglesia
112
El Hijo de Dios, engendrado por el Padre, hijo único, de la misma substancia [ousia]
que el Padre, Dios nacido de Dios, luz de la luz, verdadero Dios nacido del verdadero
Dios, engendrado, no creado, consustancial [homoousios] al Padre, por el cual existen
todas las cosas.
113
podemos preguntarnos por qué este emperador, que permaneció pagano hasta
la víspera de su muerte, se implicó en los asuntos de la Iglesia hasta el punto
de intervenir directamente en la misma definición del dogma. Sin duda, la
cohesión de las Iglesias era un objetivo político desde el punto de vista de la
misma cohesión del imperio, teniendo en cuenta la influencia que en ello tenían
los cristianos. Pero al aceptar que el emperador presidiera el concilio de Nicea,
los obispos violaban de manera simbólica la regla revolucionaria proclamada
por Jesús de separación de lo espiritual y lo temporal. Desde entonces los
intereses de la Iglesia y del poder imperial estarán estrechamente ligados. De
ahí nació la rivalidad entre el papa – aún débil en la época – y el emperador.
Esta rivalidad tendrá una influencia determinante en la historia de la Iglesia en
la Edad Media.
114
Las querellas bizantinas del siglo Vº
sobre la divinidad de Cristo
Un único y mismo Cristo Hijo, Señor, Monogénico, sin confusión, sin mutación, sin
división, sin separación, no estando nada suprimida la diferencia de las naturalezas por
la Unión , pero estando bien salvaguardadas las propiedades de cada una y reunidas
en una sola persona y una sola hipóstasis.
115
posteriores que afectaron a la Iglesia, cuestionó la obra de los grandes
concilios cristológicos.
116
La Iglesia al final del mundo antiguo
117
La célebre ocurrencia de Alfred Loisy resume bien el problema del origen del
cristianismo: “Jesús anunciaba el Reino y lo que ha venido es la Iglesia183.”
En fin, ¿qué relación hay entre la Iglesia de Constantino y el mensaje
original de Jesús? Si bien sería excesivo afirmar que la Iglesia traicionó el
mensaje de Jesús, debemos constatar, no obstante, tres desviaciones
importantes.
En primer lugar, la religión cristiana estableció y amplió
considerablemente la noción del dios único: el Cristo, el Espíritu Santo y la
Virgen María calificada de “Madre de Dios”. La existencia de un tal “panteón”
correspondía ya a la mentalidad dominante en el Imperio romano de la época;
no obstante, al crear nuevos dioses, el cristianismo no solo se separó del
espíritu del judaísmo, del que había salido, sino que abrió la vía a una forma
atenuada de politeísmo, como valorará el islam.
En segundo lugar la tendencia a la deificación se ha extendido a la
misma Iglesia en cuanto tal. Como dice Michel Meslin: “La Iglesia transfirió el
carácter sagrado de su fundador a ella misma y piensa como una institución
objetiva de salvación184, única portadora de la gracia y de la verdad185.” Esta
concepción de una Iglesia que se interpone entre los individuos y Dios, no solo
los personajes – el Cristo, la Virgen, los santos, sin hablar de los ángeles – sino
ella misma en tanto que “cuerpo místico de Cristo”, marca igualmente la ruptura
con las enseñanzas de Jesús que jamás habló de otro intermediario o
mediador que él mismo. La estructura temporal de una Iglesia sacralizada – y
“sacralizante” por los sacramentos que ella misma proporciona - que hace de
pantalla entre Dios y los hombres, es un concepto que diferencia
absolutamente el cristianismo de todas las otras religiones.
La última desviación es sin duda la más grave incluso aunque no sea
plantada habitualmente. Todas las fuentes judeo-cristianas y gnósticas que
habrían podido reforzar la interpretación espiritual del mensaje de Jesús fueron
eliminadas por la Iglesia. Jesús llamaba al despertar del hombre interior. Pero
la Iglesia desconfía de las aventuras espirituales que no puede controlar. Por
ello insiste tanto en la necesidad de la “fe” y la ayuda de la “gracia” empujando
con ello a una forma de sumisión. Su prioridad es encuadrar a los “fieles” con
sus enseñanzas y sus ritos.
118
El balance contrastado de la Iglesia en el plano espiritual no debe hacer
olvidar su éxito en el plano de la Historia. Religión de salvación, el cristianismo
era la primera en prometer la vida eterna a todos los hombres sin
discriminación. La potencia de esta promesa, añadida a la coherencia de la
organización de la Iglesia impuso la religión cristiana en toda Europa, África del
Norte y Próximo Oriente. Ninguna otra religión había conocido hasta entonces
un éxito semejante.
Por otra parte, la Iglesia se había convertido, al final de la Antigüedad,
en una verdadera institución secular que ofrecía capacidad de resistencia y de
absorción a las invasiones bárbaras. Su influencia en la sociedad fue benéfica,
en particular en su función de asistencia social.
119
120
CAPÍTULO IX
121
El contexto histórico
122
Paradójicamente, el Imperio Bizantino era más intolerante frente a las
diversas corrientes no ortodoxas (monofisitas, nestorianos, judeo-cristianos)
que el imperio de los Persas sasánidas. En este contexto de opresión, el islam
aportaba una liberación a las poblaciones árabes cristianizadas del Medio
Oriente,
Como escribió el orientalista inglés G. Sale: “Los Árabes parecían estar
conducidos a propósito por la mano de Dios para castigar a las iglesias
cristianas por haber respondido tan mal, con su conducta a la santidad de la
religión que habían recibido189.”
123
Finalmente, el islam aparece como la restauración de la religión primitiva
de Abraham y de Moisés en un medio ampliamente cristianizado. El análisis de
los textos y de los testimonios permite ser más preciso.
Elementos históricos
El primer testimonio no musulmán del nacimiento del islam es el de Juan
Damasceno que era un alto funcionario cristiano del gobierno omeya de
Damasco y que murió alrededor del 750, o sea más de un siglo después de
Mahoma. En su folleto sobre las herejías, Juan Damasceno analiza las
creencias de los que él llama los “ismaelitas” como una forma de herejía del
cristianismo, entre otras193. En ese mismo espíritu, se refiere a menudo a la
tradición según la cual Mahoma habría frecuentado un monje arriano cuya
religión rechazaba la filiación divina de Jesús. Aunque frágiles, estas bases
permitían situar el origen del islam del lado del cristianismo. Desde los trabajos
del gran historiador alemán de finales del siglo XIX Adolf von Harnak194, la
hipótesis de una continuidad entre el judeo-cristianismo y el islam se ha
convertido en seriamente plausible. En efecto, se encuentra en el islam una
serie de elementos muy específicos del judeo-cristianismo: el monoteísmo
estricto, la crítica del ritualismo judío y destacadamente los sacrificios
sangrientos, la abstención de beber vino, las abluciones frecuentes. Estos
elementos, revelados por Harnak, son igualmente característicos del esenismo,
señal del papel de esta corriente del judaísmo – aunque solo sea
indirectamente – a lo largo de las vicisitudes del judeo-cristianismo.
El historiador Hans-Joaquim Schoeps se apoya en la presencia de
elementos ebionitas en el islam para concluir así su obra de referencia sobre la
historia y la teología del judeo-cristianismo: “Resulta de ello una paradoja de
una envergadura realmente a la medida de la historia del mundo: el hecho de
que el judeo-cristianismo, si bien ha desaparecido de la Iglesia cristiana, se ha
124
mantenido en el islam y se prolonga en algunos de sus impulsos directrices
hasta nuestros dias195.”La hipótesis de que estas comunidades hayan
asegurado el puente entre el judeo-cristianismo naciente y el islam recibe aquí
un refuerzo suplementario.
En el mismo sentido, el biblista Joachim Gnilka defiende la pista
“nazarena” del nombre del principal movimiento judeo-cristiano de Jerusalén196.
Este movimiento podría corresponder a los nasara (habitualmente traducidos
por “cristianos”) citados en varias ocasiones en el Corán y una de ellas con un
juicio positivo (V, 82). Esta hipótesis de la continuidad de la Revelación ha sido
reforzada por diversos trabajos recientes. El filólogo alemán Christoph
Luxenberg197 aportó elementos a la hipótesis del origen judeocristiano del islam
considerados como determinantes por un cierto número de investigadores: tras
haber puesto en evidencia el substrato arameo-sirio del Corán (cf: capítulo I),
autoriza a pensar que el Corán era un “leccionario” es decir una compilación
simplificada de textos bíblicos destinada a facilitar su difusión entre las
poblaciones iletradas de la época. En fin, una reciente tesis de Édouard-Marie
Gallez198 sobre los orígenes del islam retoma, entre otros, las aportaciones de
Luxenberg y demuestra la existencia de lazos directos y múltiples entre las
sectas judeo-cristianas presentes en Siria y los primeros “musulmanes”.
125
Henoch etíope. En un caso la referencia a las fuentes apócrifas es, incluso,
explícita (LXXXVII, 16-19):
Corán, III, 49
He venido a vosotros con un signo de nuestro Señor:
Haré de arcilla una forma de pájaro.
Le soplaré y será un “pájaro”, con permiso de Dios.
126
de los ángeles, Iblis. Pero esta noción de superioridad del hombre, que
es una particularidad del Corán, se encuentra en un apócrifo descubierto
en Nag Hammadi, El apócrifo de Juan, que evoca los “celos” de los
ángeles del cosmos203.
Tercer ejemplo, el protoevangelio de Santiago. Joachim Gnilka,
tras haber subrayado que este evangelio era tenido en alta estima por
los ebionitas, revela las numerosas correspondencias con el Corán en lo
que se refiere a María y a la infancia de Jesús204.
Un último ejemplo lo ofrece un evangelio apócrifo particular, el de
Bernabé. Este texto, cuya supervivencia aún era testimoniada en el
islam incluso en el siglo X, pasó ignorado a la Biblioteca nacional de
Viena hasta el trabajo de edición y de traducción emprendido por Luigi
Carrillo y Michel Frémaux205. Su autor expresa a la vez un punto de vista
judeo-cristiano y musulmán. En numerosos puntos, fundamentalmente,
la muerte de Jesús, este evangelio corresponde al texto y al espíritu del
Corán. Pero, sobre todo, anuncia la venida, tras Jesús, de un “mensajero
de Dios” que será Ahmad, el “muy glorioso” y que solo se puede asimilar
con Mahoma.
127
con el gobernador de La Meca, querrían reemplazar La Meca por
Jerusalén como objetivo del peregrinaje y construir allí el equivalente de
la Kaaba. Oleg Grabar cree, sobre ello, que diversos indicios autorizan a
pensar que la Cúpula de la Roca era más que una simple mezquita; lo
más convincente es una de las inscripciones gravadas en los muros
interiores:
128
diez inscripciones (mientras que solo es citado cuatro veces en el Corán). El
filólogo alemán llega hasta arriesgar la hipótesis de que la palabra “Mahoma”
no es el nombre de un nuevo profeta sino que significa “servidor de Dios” y se
referiría al mismo Jesús (cf. Capítulo X)!
Jesús
Jesús es nombrado catorce veces en el Corán. Con Noé, Abraham y
Moisés, Jesús es uno de los principales personajes del Corán209. En él Jesús
es designado como el “Mesías” (al masih) que es el equivalente de Cristo el
“servidor” (‘Abd) de Dios, el “Profeta” (nabi) o incluso el “Mensajero” (rasûl).
Por el contrario, el Corán rechaza totalmente la denominación de “hijo de
Dios” consagrado por el cristianismo post Nicea y utiliza sistemáticamente la
denominación de “hijo de María”, lo que está perfectamente en el espíritu del
judeo-cristianismo.
129
Yo te enseñé el Libro, la Sabiduría, la Torah y el Evangelio.
Tu haces, de tierra, una forma de pájaro.
Tu curas al mudo y al leproso – con mi permiso-
Tu resucitas a los muertos – con mi permiso –
María
Sobre el tema delicado de la concepción milagrosa de Jesús, el Corán
está conforme con la tradición judeo-cristiana y cristiana, a saber que Dios
“insufló de [su] Espíritu” a María (XXI, 91) o que El “dejó su palabra en María”
(IV, 171).
130
“¡Oh María! En verdad Dios te ha escogido;
Él te ha purificado;
El te ha escogido con preferencia a todas las mujeres del universo.”
Juan Bautista
El Corán evoca el anuncio del nacimiento de Juan a su padre Zacarías
en unos términos próximos a los del Evangelio de Lucas (III, 38-41). Juan es
reconocido como “Profeta entre los justos” lo que sugiere la influencia de los
judeo-cristianos baptistas (mandeos) que aún era notable en la época de la
redacción del Corán.
Pablo
Por el hecho de la influencia judeo-cristiana que sufrió la redacción del
Corán, es lógico que este no haga ninguna referencia al personaje de Pablo, ni
incluso la más indirecta.
La comunidad recta
Sobre la cuestión de los orígenes judeo-cristianos del Islam resalta de
modo inquietante lo que se plantea en el mismo texto del Corán. Este señala
en varias entradas (V, 66; VII, 159 y 181) a una comunidad que, a diferencia de
las otras salidas del mundo judío y cristiano, no fue “desviada”. La evocación
más precisa está en III, 113:
Existe entre las gentes del Libro una comunidad recta cuyos miembros recitan los
versículos de Dios durante la noche. Ellos se postran; creen en Dios y en el último día;
ordenan lo que es conveniente, prohíben lo que es condenable; se apresuran a hacer
el bien; estos son los que tienen el nombre de justos.
131
La cuestión es saber cual es esta comunidad designada como modelo.
No ha interesado mucho a los comentaristas musulmanes, sin duda poco
inclinados a reconocer una deuda hacia una modesta comunidad de origen
judío. Pero, sin embargo está claro lo que confirma el texto del Corán. Por lo
tanto la cuestión no se puede dejar de lado.
Entre las hipótesis, mencionemos la de los sabeos210 que el Corán cita
varias veces (II,62; XXII, 17). Esta rama del judeo-cristianismo, todavía
recientemente viva en Irak, era baptista, como lo eran los esenios, en los que
hace pensar igualmente las alusiones a las plegarias nocturnas de la
comunidad recta. Teniendo en cuenta lo que sabemos de ellos, probablemente
se puede establecer un lazo con los ebionitas o los elkasaítas.
En todo caso, la cadena de continuidad que resulta de ello, tiene una
coherencia real. Henry Corbin no tenía ninguna duda sobre este tema al hacer
esta picante reflexión: “El Corán no es en sí mismo antijudío o anticristiano más
que en situaciones precisas porque era judeo-cristiano211”. Algunos van aún
más lejos. Consideran como Jacob Taubes que el judeo-cristianismo es el
“substrato del Corán” que lo ha hecho posible. “Mahoma no mezcló en su
caldeada cabeza tradiciones cristianas y judías ni inventó lo que se quiera que
sea sobre esta base, sino que absorvió212exactamente la tradición
judeocristiana y la reprodujo en el Corán213”. Así, ¡el Islam habría sido la
revancha del judeo-cristianismo frente a la “Gran Iglesia” fundada por Pablo!
132
era, hace que una veintena de años más una intuición, es hoy una convicción
entre grupos de sabios cada vez más numerosos. Es necesario que continúe la
investigación y que salten los tabús que aún la bloquean, en particular en el
mundo arábigo-musulmán. ¿Qué perdería el islam reconociendo una herencia
que por otro lado reivindica? Al contrario, el establecimiento de sus orígenes
judeo-cristianos contribuiría a reforzar la vocación universal del islam con
respecto a las otras dos religiones del Libro.
133
134
CAPÍTULO X
El islam, confirmación
de la religión única
El misterio de Mahoma
135
estrictamente religioso. En efecto, Mahoma, es, tan solo, un agente
transparente de trasmisión de la palabra divina. A excepción de su ascensión
celeste, comentada más adelante, el Corán no le atribuye valor añadido
personal que permitiera compararlo a Moisés, o, a fortiori, a Jesús. Es la
grandeza misteriosa del personaje. Ese misterio se hace más denso si se
mantienen ciertas interpretaciones nuevas de los islamólogos.
Mahoma I y Mahoma II
Christoph Luxenberg propone una visión totalmente nueva del personaje
de Mahoma según su método de crítica textual214. Según Luxenberg, el término
Mahoma en los orígenes no era un nombre sino una forma verbal que
significaba “alabado sea”. Igualmente, el apelativo “servidor de Dios” (‘Abd
‘allah) que a menudo está asociada a Mahoma se dirigiría a Jesús215. El
personaje de Mahoma, que Luxenberg especifica como “Mahoma II” y que
aparece en la biografía oficial del Profeta (Sira), sería una figura simbólica
construida a mediados del siglo VIII. Por lo tanto habría dos Islam: “el islam I”
hasta el comienzo o mediados del siglo VIII, del cual el Libro solo sería la
confirmación de las Escrituras admitidas por una cristiandad arábigo-siria, y un
“islam II” correspondiente al Corán que conocemos. Esta teoría, que se apoya
en elementos aún relativamente tenues, tiene el mérito de hacer inevitable el
debate de fondo sobre los orígenes del Islam.
136
No existe ningún elemento determinante para justificar su atribución a
Mahoma. Sería el único caso en que el Corán le haría hacer algo extraordinario
más allá de su misión de transmisión profética. No se ve otra razón que la de
valorizar la imagen del Profeta.
Son posibles otras atribuciones, al menos para la parte celeste del viaje,
que recuerda de manera llamativa la ascensión al cielo de Henoch, en la
manera que fue descrita en el libro del Henoch etíope y al que el Corán hace
varias referencias implícitas. También se puede imaginar, siguiendo el
razonamiento de Luxenberg, que el viajante designado por el Corán como
“servidor de Allah” (‘Abd ‘allah) sea Jesús. Señalemos finalmente, que también
fue sostenida la hipótesis de Abraham por Mondher Sfar, apoyándose
básicamente en el apócrifo apocalipsis de Abraham217.
137
ángel de la Revelación, el profeta se apoye en lo que le confirma, en el
contexto en que se encontraba.
138
Los hombres formaban una sola comunidad. Dios les envió
a los profetas para darles la buena nueva y para advertirles.
Así mismo, hizo bajar el Libro con la Verdad para juzgar entre los
hombres y resolver sus diferencias pero ellos, y por celos entre
ellos, los que habían recibido el libro se pusieron en desacuerdo con su objetivo
y entonces les llegaron pruebas irrefutables.
Por ello el objetivo del Corán es corregir las desviaciones que los judíos
y los cristianos habían introducido en la religión para devolverla a su pureza
original que principalmente consiste en el culto a un solo dios.
El Corán reprocha a los judíos, a excepción de un pequeño grupo219,
haberse desviado de la Alianza (II, 83)220 y haberse hecho “incrédulos” (II, 105
y ss): “algunos han alterado conscientemente la Palabra de Dios” (II, 75);
“substituyeron con otras palabras las que habían sido dichas” (VII, 162);
“trataron de mentirosos o mataron a sus profetas” (V, 70). Con referencia al
modo de vida de los judíos, el Corán condena la usura (IV, 161), así como las
prohibiciones alimentarias excesivas221, las cuales relativiza (II, 173).
Con relación a los cristianos, el Corán tiene una actitud muy clara. Por
un lado, la misión eminente de Jesús es expuesta de manera detallada y
positiva (V, 46) y, casi paradójicamente, se subrayan algunos aspectos del
cristianismo, los más difíciles de admitir por nuestra inteligencia moderna: el
nacimiento virginal de Jesús (III, 47)222, sus milagros (V, 110), su cualidad de
Mesías (IV, 171), la inmaculada concepción de María (III, 42), la realidad del
Espíritu Santo (II, 253).
139
Por otro lado, el Corán condena que los cristianos consideren a Jesús
como el “Hijo de Dios” y que coloquen, con Jesús, al Espíritu Santo al mismo
nivel de Dios. Luego, desde el punto de vista del monoteísmo puro (que el
islam comparte con el judaísmo223), esta teología trinitaria es inaceptable. Los
cristianos son “paganos224” que rozan el “politeísmo”, incluso si ello no basta
para confundirlos con los “idólatras”.
La divergencia que, sin embargo parece más inquietante hoy día, se
refiere a la muerte de Jesús. Así el Corán dice en IV, 157 que “los judíos […] no
lo mataron; no lo crucificaron, solo lo pareció”. Son posibles varias
interpretaciones. La más literal es la de la “simulación” que utiliza Si Hamza
Boubakeur. Se ha deducido a veces, basándose en escritos apócrifos225, que
alguien habría ocupado el lugar de Jesús. Pero como admite el mismo Si
Hamza Boubakeur que Jesús no murió, porque al ser de esencia divina – lo
que admite implícitamente el Corán – no podía morir. Con ello el Corán estaría
en coherencia con ciertas hipótesis de la investigación moderna226(ver capítulo
XIII).
El papel de Jesús en la cadena de la Revelación se extiende, para los
musulmanes igual que para los cristianos, más allá de su misión terrestre.
Predijo la venida, después de él, del mensajero “muy glorioso” (LXI, 6) en el
que los primeros ven a Mahoma y los segundos el paracleto o “Consolador”227.
En fin, acordado por Dios ante él, dará testimonio contra los impíos, el día de la
Resurrección (IV, 159).
La escatología
La visión escatológica vuelve constantemente, en el texto del Corán
hasta el punto de que se puede considerar que constituye el centro del
mensaje coránico. En su tono recuerda especialmente la que se encuentra en
los libros de Daniel, en los textos de Qumran, en el Apocalipsis o en el
Evangelio de Mateo, o incluso en algunas epístolas de Pablo, no obstante, con
una diferencia: el Corán no hace sentir la inminencia del Juicio228. Simplemente
el Juicio es ineluctable. Todos los actos humanos están enumerados en el
“Libro de los destinos” (VI, 59). El “día de la Resurrección” (IV, 141), serán
juzgadas las obras de los vivos y de los muertos. Cada uno será retribuido
según lo que haya hecho229 (II, 281).
140
Interviene aquí, igual que para las otras religiones monoteístas, la
cuestión de la retribución a las obras y la fe en la salvación. La respuesta del
Corán es clara230 ya que se exigen simultáneamente dos condiciones:
Todos los creyentes, hombres o mujeres que hacen el bien: estos entrarán en el
Paraíso.
(IV, 124)
Dios prometió a aquellos de entre vosotros que creéis y que hacéis buenas obras
haceros sus lugartenientes en la tierra.
(XXIV, 55)
141
Un marco religioso simple y flexible
El culto
En materia estrictamente religiosa, el Corán limita las obligaciones: “Dios
quiere aligerar vuestras obligaciones porque el hombre fue creado débil.” (IV,
28.)
Estas son las cinco obligaciones o “pilares” del islam235: la profesión de
fe, la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación. Ni sacerdotes, ni clero
(salvo en el chiísmo), ni sacramentos, ni referencias a objetos236 o incluso a
imágenes: el islam del Corán es, seguramente más aún que el budismo, la
religión de la desnudez.
Esta simplicidad contrasta con la liturgia simbólica cristiana. Sin embargo
está mucho más próxima a la práctica del judaísmo: circuncisión, restricciones
alimentarias, descanso semanal.
142
Los actos humanos
A diferencia del cristianismo, el islam supone diversas prescripciones
sobre la vida cotidiana. Esto se explica por la ausencia de separación entre lo
temporal y lo espiritual: no hay, como en Occidente, la Iglesia por un lado y el
Estado por el otro y las reglas sociales tienen un valor religioso. Así, se ha
podido decir que el Corán era también, en parte, un código civil. La charia
(“ley”) es también el conjunto de actos obligatorios, recomendables,
censurables o prohibidos que todo musulmán debe observar y que tienen su
origen en el Corán o en algunas fuentes tradicionales.
Las reglas puramente sociales dictadas por el Corán, no son en realidad
tan numerosas238 y probablemente han sido añadidas a partir de distintas
fuentes239. Con respecto a esto, hay un malentendido a deshacer, creado por el
anti-islamismo primario que se extiende por occidente desde el 11 de setiembre
de 2001: el objetivo principal del Corán no es reglamentar la vida cotidiana de
los humanos. Su intención es fundamentalmente espiritual. El hecho de que
sostenga diversas prescripciones chocantes para el hombre contemporáneo y
que estas sean aplicadas al pie de la letra por ciertos Estados evidencia la
cuestión de la necesidad de la adaptación del islam al mundo actual. Pero, no
menos que para la Biblia, no es posible apoyarse en algunas disposiciones
particulares o circunstanciales del texto revelado para desacreditarlo en su
totalidad.
No es menos verdad que el carácter chocante de estas reglas de vida, a
menudo merece ser relativizado. Nos limitaremos a examinar dos casos
conocidos: la ley del talión y la posición de las mujeres.
La ley bíblica del Talión, que había sido abolida por Cristo (Mt, V, 38-39),
fue restablecida por el Corán (II, 78). Pero además del hecho de que esta
práctica estaba destinada, en primer lugar, a limitar las represalias en un
mundo tribal donde la totalidad de la comunidad podía estar amenazada, el
Corán tuvo plenamente en cuenta el mensaje de Jesús: Bajo la ley del talión se
incluyen las lesiones; pero el que deje generosamente su derecho obtendrá la
expiación de sus faltas.” (V, 45.)
La posición de las mujeres que se deduce del Corán se considera en
general escandalosamente discriminatoria respecto a la ética judeo-cristiana.
Hay que señalar y, en primer lugar recordar, que la afirmación de la
143
“preeminencia” del hombre sobre la mujer (II, 228) está, al menos en la
expresión, mas atenuada que la que se encuentra en Pablo (I Tim, 12).
Además, en el ambiente árabe de comienzos del siglo VII las reglas coránicas,
como la limitación de la poligamia, marcaban un progreso240. Por último, existe
una cierta preocupación de justicia respecto a la mujer. Posible separación por
consentimiento mutuo (IV, 130), derecho de herencia241, protección material en
caso de repudio (II, 221-241).
Sin discutir aquí la pertinencia del mantenimiento en nuestra época de
costumbres manifiestamente inadaptadas y cuyo carácter es menos religioso
que cultural, recordaremos que ya desde el siglo VII, el grupo “modernista” de
los musulmanes mutazilíes juzgaban “metafóricos” algunos preceptos éticos de
la charia242.
144
predestinado para la vía del amor; por su parte el islam es semejante, por su
forma, a la gnosis, porque su eje es la verdad universal y entiende el amor de
Dios en función del conocimiento de la Unidad. El santo musulmán es,
esencialmente un “conocedor de Dios”; el amor aparece aquí, ante todo, como
el sabor semihumano, semiceleste, del conocimiento243.”
El islam en la Historia
145
encontrar en el monoteísmo musulmán una religión próxima a la suya y a sus
convicciones profundas. En primer lugar a los judíos que fueron perseguidos
por los Bizantinos en Oriente Próximo, pero también (no hay que olvidarlo), por
los Visigodos cristianizados de España. En segundo lugar a los judeo-cristianos
que estaban en parte en el origen de la nueva religión. Y finalmente había
también cristianos, en especial los que seguían a Arrio. Citando a Paul
Jonhson, Richard Rubenstein246 señala que, en general, los cristianos que no
habían aceptado completamente “la incorporación de Jesús a la esencia divina”
se adhirieron a la “doctrina nítida” de la unicidad de Dios proclamada por el
islam. El caso de Egipto, donde los coptos sufrían la opresión de los
Bizantinos247es particularmente representativo de este giro pacífico del mundo
monoteísta hacia el islam, a finales de siglo VII. Para los conquistadores árabes
fue un paseo militar, igual que en el Magreb donde, aparte la resistencia feroz
de los Bereberes, fueron bien acogidos. En España, los árabes pudieron contar
a la vez con las poblaciones hostiles a los Visigodos, y, entre estos últimos con
la comprensión de los arrianitas. El proceso de conversiones voluntarias lo
facilitó además el hecho de que los conquistadores árabes no buscaron
suprimir las religiones cristiana o judía de los pueblos sometidos (estatuto de
dhimmi).
146
intento de pensamiento libre y racional y favoreciendo la explicación literal. De
ello resultó un declive de la teología y, de rebote, de la filosofía y de las
ciencias que habían prosperado hasta entonces llegando a imponerse a
Occidente. En contrapartida, el derecho (fiqh) se desarrolló de forma
considerable, transformando el islam en una religión legalista hasta el punto de
confundir el derecho coránico (charia) con el mismo Corán.
En el mismo espíritu, la exigencia de jihad (lucha) fue interpretada casi
exclusivamente como una orden de guerra (la guerra santa) conduciendo a
todas las intolerancias, mientras que lo que significa realmente es la guerra
interior que cada uno debe librar contra sus malas inclinaciones.
147
No más que las otras religiones monoteístas, el islam no constituye hoy
una referencia absoluta. Constatado esto, no descalifica en nada al islam, que
se ha de considerar por lo que es: una etapa en el proceso de la Revelación.
148
Conclusión de
la segunda parte
149
MOISÉS
ELIAS
ESENIOS
JUAN BAUTISTA
JESÚS
SANTIAGO PABLO
MAHOMA
150
TERCERA PARTE
151
152
Las religiones del Libro tienen una gran diferencia en sus ritos y sus
reglas, que son a menudo resultado de tradiciones culturales. Pero no es el
caso al nivel de sus creencias respecto a los temas más esenciales. Se
constatan, en efecto, numerosas convergencias, en especial en la mayoría de
las grandes cuestiones que forman el contenido de los grandes misterios de las
religiones: el misterio de Dios (capítulo XI), el misterio del hombre y de su
creación (capítulo XII), el misterio de la revelación (capítulo XIII) y el misterio de
la salvación (capítulo XIV).
El balance de lo que acerca a las tres religiones en las cuestiones
esenciales de la religión incita a reflexionar sobre las vías de su acercamiento
(capítulo XV).
153
154
CAPÍTULO XI
Las religiones del libro tienen sus textos sagrados pero tienen también sus
tradiciones secretas. Ya que son secretas es natural que sean desconocidas
para la mayoría. No obstante estas tradiciones existen y no se puede evitar
tenerlas en cuenta en un análisis riguroso de los orígenes de las religiones.
La Cábala
Es el judaísmo el que, con la Cábala, desarrolló el pensamiento más rico
y más notorio ya que supera el marco mismo del judaísmo: existieron
cabalistas cristianos252. La cábala (Kabbalah significa “recepción” o “tradición”)
tiene su origen en un acercamiento puramente místico mencionado en el libro
155
hebreo de Henoch que dice “desde los Palacios” (Hekhalot: palacios o lugares
celestes): la revelación del Trono divino mostrado a Ezequiel (la Merkaba) y el
recorrido iniciático que lleva a ellos253.
Desde el siglo V-VI el objetivo de la cábala fue comprender el orden del
mundo. Más específicamente, la cábala se interroga por el sentido de la
creación y sus problemas. El libro de referencia es el Sepher Yestsirah o “Libro
de la Creación254”. En este libro, corto y obscuro, el mundo resulta de la
combinación de las “32 vías maravillosas”: las 22 letras del alfabeto sagrado y
los 10 números primordiales o emanaciones divinas (Sephiroth).
La tradición cabalista se fue enriqueciendo poco a poco a todo lo largo
de la Edad Media y produjo un inmenso corpus, el Zohar o “Libro del esplendor”
compilado probablemente por Moisés de León (siglo XIII). El mas gran
cabalista fue Isaac Luria (1534-1572) que no dejó escritos pero cuyo
pensamiento es conocido a través de sus discípulos.
Durante mucho tiempo considerada secreta, la cábala nunca fue objeto
de una enseñanza organizada en forma iniciática, como en la mayoría de los
esoterismos. En ciertas épocas, como en el siglo XVIII, durante el movimiento
mesiánico de Sabbatäi Tsévi, la cábala tuvo una verdadera popularidad255.
Clemente de Alejandría
El gran filósofo y teólogo cristiano Clemente de Alejandría (muerto hacia
211) afirma evocando a sus propios maestros: “Estos maestros […] conservan
la verdadera tradición de las bienaventuradas enseñanzas, salidas
directamente de los santos apóstoles Pedro, Santiago, Juan y Pablo256.” Sin
embargo la existencia de esta tradición era tanto más difícil de establecer
porque era oral. Corresponde a Jean Danielou, especialista en los orígenes del
cristianismo, el mérito de haber aportado en 1962 una aclaración decisiva,
sobre esta cuestión, en un artículo, “Las tradiciones secretas de los apóstoles”.
En él, el autor defiende la realidad histórica de una enseñanza secreta de los
apóstoles y precisa que se refería de manera particular al mundo celeste. Si se
sigue a Jean Danielou se pone en cuestión toda una cierta concepción de los
orígenes del cristianismo: “Así, se nos muestra la existencia de una sucesión
de maestros gnósticos o maestros espirituales, distinta de la sucesión de los
obispos, que transmitían la fe de los apóstoles, dependiendo de esta en cuanto
156
a la fe, pero que continuaban la tradición carismática de los tiempos
apostólicos257.”
Una tal hipótesis era profundamente inquietante para la Iglesia porque, a
la vez que acreditaba la idea de un esoterismo cristiano primitivo, también
daba importancia a la noción de jerarquía celeste que el cristianismo había
borrado cuidadosamente en beneficio de la Santísima Trinidad. Felizmente,
para tranquilidad del Vaticano, este artículo del futuro cardenal fue publicado
en una revista confidencial en lengua alemana y por ello pasó completamente
desapercibido.
Pseudo-Dionisio
La tradición secreta de los apóstoles es igualmente reivindicada por el
misterioso Pseudo-Dionisio el Areopagita258 discípulo de un tal Hieroteo. Este
último personaje es presentado como un “santo iniciador” que vivía en tiempos
de la iglesia de Jerusalén con Santiago el “hermano” del Señor y con Pedro.
La obra de Pseudo-Dionisio tuvo una amplia difusión y una verdadera
notoriedad durante la Alta Edad Media. En la actualidad, sin ser rechazada por
la Iglesia, se ha olvidado. Pero se constata que los diferentes tratados de
Dionisio aportan elementos complementarios, pero no contradictorios, con
relación a las enseñanzas oficiales de la Iglesia. Los títulos de esos tratados
hablan por sí mismos: Los nombres divinos, La teología mística, La jerarquía
celeste, La jerarquía eclesiástica. Constituyen el corpus de los misterios “que
no es necesario dar a la multitud” porque la iniciación debe ser “reservada a
una élite259”.En definitiva los tratados de Pseudo-Dionisio representan la suma
de los conocimientos esotéricos de los comienzos del cristianismo. Si se
quisiera una prueba irrefutable de la existencia de una tradición secreta en el
cristianismo, la tenemos: es la obra de Pseudo-Dionisio. Pero, ¿Quién quiere
presentar esta prueba? Ciertamente, no la primera afectada, es decir la Iglesia.
Curiosamente el Pseudo-Dionisio no interesa tampoco a la comunidad
universitaria. Sin embargo, una aproximación rigurosa al cristianismo no puede
prescindir de lo que constituye una de sus fuentes esenciales.
El chiísmo
157
El islam no tiene, propiamente hablando, una tradición secreta ya que el
mensaje del Corán quiere expresarse en “lenguaje claro”. No obstante, se
puede hablar de un esoterismo del Corán en la medida en que, siguiendo unas
palabras del Profeta, “cada versículo tiene un sentido exterior y un sentido
interior”. Sobre esta doble lectura se funda la mística musulmana, que tuvo un
gran desarrollo a todo lo largo de la historia del islam. Una de las ramas del
islam, el chiísmo, sistematizó esta distinción.
El chiísmo considera que tras las revelaciones esotéricas que se refieren
a las prescripciones de la Ley, y que difieren según los lugares y las épocas,
hay una realidad eterna y única que es de naturaleza esotérica. Junto a los
profetas, que tuvieron el encargo de la Revelación esotérica se señalaron
“guías” (imán) para dar a conocer a la élite de los hombres el nivel esotérico de
la Revelación. Así, según la tradición chiíta260, a cada profeta le correspondería
su “imán”. Set fue el imán de Adán, Sem el de Noé, Aarón el de Moisés, Pedro
el de Jesús y Alí, fundador del chiísmo, el de Mahoma. Este saber oculto fue
transmitido durante los dos primeros siglos del islam por una sucesión de
nuevos imanes (siete en el chiísmo “septicémico” ismaelita, doce en el chiísmo
“duodécimo” iraní). Esta “profetologia” chiíta de los Imanes es la manifestación
de que la Revelación prosigue solo bajo su forma esotérica. Esta es la
diferencia, en el islam, entre el sunismo mayoritario y el chiísmo, más allá de
las peripecias históricas con las que generalmente se explica.
La gnosis común
A lo largo del siglo XX ha hecho discretamente su aparición la noción de
una gnosis común. En particular este fue el caso del grupo Éranos que reunió
en el periodo 1930-1970, algunos grandes nombres de la historia de las
religiones. Mircea Eliade, Gershom Sholem, Károly Kerényi, Robert Zaehner,
Henry Corbin, Jean Daniélou, Heinrich Zimmer, Louis Massignon, etc. Los
miembros de este grupo compartieron la idea de la existencia de una tradición
secreta común a las tres religiones del Libro. Es la idea central de la obra de
Henry Corbin. En el prefacio a los trabajos con forma de testamento que
redactó un año antes de su muerte para la edición del Evangelio de Bernabé
261
, el filósofo defiende la idea de una tradición subyacente común a los tres
monoteísmos que describe como una “armonía abrahánica”. Es extraño que
158
este texto, excepcional en audacia y erudición, haya desaparecido de la
segunda edición de la obra en 1999, como si se hubiera juzgado que el autor
se hubiera salido de las conveniencias académicas. De hecho, esta idea de la
tradición subyacente, es mal recibida en los medios universitarios, que
desconfían por principio del esoterismo y, de manera más general, de lo que
tenga una forma secreta.
El misterio de Dios
159
concepción “metafísica” de Dios: el del Ser transcendente, eterno e infinito, la
causa primera, “el Ser sin el cual nada puede ser, ni ser concebido262”. Por la
pureza de su abstracción, esta noción es sin duda más fácil de ser admitida por
la razón moderna que la del Dios personal. Por otra parte, ¿no es al Dios
metafísico al que se refieren implícitamente la mayoría de los que afirman
“creer en Dios” en la Europa contemporánea?
Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. Pero la tierra estaba vacía [tohu]
y deshabitada [bohu], las tinieblas cubrían el abismo, el espíritu de Dios
planeaba sobre las aguas.
160
Todo lo que se ve solo era una ola informe.
Encerrado en la vida, el Devenir,
El Uno tomo entonces nacimiento mediante el calor
Primero se desarrolló el Deseo
Que fue el primer germen del Pensamiento263.
El demiurgo
Los gnósticos distinguían entre el Dios “Ser supremo” y el Dios
“Creador”, el “demiurgo267”. La atribución de un papel de creador a un
personaje particular fue popularizada por Platón. En el Timeo, el filósofo da una
descripción precisa que él denomina a su vez “padre”, “fabricante” o
“demiurgo”. Sin embargo su papel se detiene ahí porque, tras haber creado el
universo, lo abandona y se retira. Para Platón, la realidad comprende dos
mundos separados: el mundo de las formas inteligibles puras, eternas,
inmutables, simples (las ideas) y el mundo de las cosas perceptibles por los
161
sentidos, que están en el tiempo y que no cesan de cambiar. El demiurgo, que
es bueno, fabricó un mundo sensible tan bello y bueno como fue posible,
creándolo según el modelo del mundo inteligible o divino. Este esquema es
compatible con el del Génesis, en el que se dice a cada fase de la creación que
“Dios vio que esto era bueno” (Gen, 1). Pero, en Platón, el demiurgo no es
omnipotente porque el mundo permanece sometido a la Necesidad (Anagkê) y
por lo tanto no es perfecto. Esta diferencia entre la realidad creada y el modelo
del creador fue llevada al extremo por el maniqueísmo. Así, los maniqueos
consideran que el demiurgo es una potencia intermedia, mal controlada por
Dios. De ello resulta una imitación errónea del mundo divino. De ahí provienen
la existencia del mal y, su corolario la degradación de la eternidad en el tiempo.
Esta concepción pesimista del mundo no ha dejado de tener una cierta
influencia en el seno de los esoterismos de las religiones del Libro y estuvo en
el centro de la herejía cátara (siglo XIII).
162
los universitarios hasta la actualidad268. ¿A qué atribuir esta indiferencia si no
es a la desconfianza hacia el esoterismo mencionada anteriormente?
163
“Indefinido sobreesencial”, o sea que se sitúa más allá de toda esencia. Sin
embargo, el Bien en si no permanece totalmente incomunicable a cualquier ser
“manifiesta la influencia que tiene iluminando a cada criatura proporcionalmente
a sus potencias receptivas”. Así, Dios, esquivo por principio, se deja aproximar
por los que tienen la capacidad mediante los símbolos en los que “lo sensible
envuelve lo inteligible”. Se tiene así un atajo explicativo de lo que, desde
Pseudo-Dionisio, se llama “teología mística”.
164
Dios al que se daba la potencia suprema, le garantizase su delegación.” Con
referencia a esto, el gran místico Eckhart (1260 – 1328) fue uno de los raros
entre los teólogos cristianos en osar distinguir el Dios creador (Gott) de la
“Deidad” (Gottheit) que indica la esencia divina pura, que esta incluso más allá
de la divinidad trinitaria.
165
Cábala Valentín Plotino Cristianismo
166
“angeología”, esto es a la descripción detallada de un mundo jerarquizado,
intermedio entre el mundo divino propiamente dicho y el mundo terrestre.
En la Epístola a los apóstoles, apócrifa del siglo II, Cristo describe así su
encarnación:
Cuando vine de la cercanía total con el Padre, cuando atravesaba los cielos,
tomé la sabiduría del Padre […] Pasé delante de los ángeles y arcángeles
bajo su apariencia, como uno de ellos. Pasé ante las órdenes, las potencias
y los principados […] Los arcángeles Miguel y Gabriel, Rafael y Uriel me
siguieron hasta el quinto firmamento de los cielos ya que yo tenía la apariencia
279
de uno de ellos .
167
su “descenso” a los cielos inferiores porque estos están dominados por los
ángeles que presiden las cosas terrestres.
El Corán menciona “la organización del cielo en siete cielos” (II, 29) y la
existencia de “siete cielos superpuestos” (LXVII, 3). Con ocasión de la
“ascensión celeste” (ver capítulo IX), la tradición musulmana evoca al ángel
Gabriel que conduce a Mahoma de cielo en cielo. En cada cielo encuentran
uno de los enviados precedentes: Adán en el primero, Juan y Jesús en el
segundo, José en el tercero, Henoch en el cuarto, Aarón en el quinto, Moisés
en el sexto y Abraham en el séptimo donde se encuentra la “Kaaba celeste”281.
168
(cf. Capítulo V) para ser transmitida hasta Dionisio cuatro o cinco siglos más
tarde.
169
En el Nuevo Testamento, los ángeles no figuran en tanto que categoría
del mundo celeste sino individualmente. Son presentados para una misión
particular a cumplir. Sus nombres son Miguel y, sobre todo, Gabriel. Este último
es el que anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan-Bautista (Lc 1, 13). Un
ángel anuncia a la Virgen María el nacimiento de Jesús (Lc 1, 28). Un ángel
anuncia a los pastores de Belén el nacimiento de Jesús (Lc 2, 9) y empuja a
José a huir a Egipto (Mt 2, 13). La confrontación entre Jesús y Satán parece
tener por testigos a los ángeles (Mt 4, 11). Un ángel se aparece a Jesús en el
jardín de los Olivos para reconfortarlo (Lc 22, 43). Los ángeles están presentes,
la mañana de Pascua cerca de la tumba y anuncian la resurrección de Jesús
(Mt 28, 2 y 5; Mt 16, 5-6). El día de la Ascensión, dos ángeles anuncian a los
apóstoles lo que le ocurrió a Jesús (Ac 1, 10). Por lo tanto, los ángeles
acompañan las principales etapas de la vida de Jesús. Pero en todo el Nuevo
testamento, el libro del Apocalipsis es el que está más dominado por la
presencia angélica. En principio, este texto se presenta como una
“revelación284” hecha por el ángel enviado por Jesús al autor del libro llamado
Juan285 (Ap 1, 1 y 22, 14). Como Ezequiel, Juan tiene la visión del trono a cuyo
alrededor están los cuatro “Vivientes”. Se añaden los siete “Espíritus de Dios”
que son probablemente ángeles elevados, como en el libro etíope de Henoch
(Ap 4, 5-8). Son Miguel y sus ángeles los que combaten al dragón (Ap 12, 7).
En fin, vuelve con los ángeles a llevar los combates finales que conducirán al
exterminio de las naciones paganas (Ap 19, 17; 20, 1).
Después de Nicea el papel de los ángeles disminuirá todo lo posible
para la Iglesia y, de manera general, la angeología se convirtió en un aspecto
secundario del cristianismo. Pero la creencia popular se mantiene ligada a una
categoría particular: los ángeles guardianes. Esta creencia, que no se apoya en
ninguna base escrita, no ha sido desautorizada por la Iglesia. En la visión del
mundo que prevalecerá en el cristianismo hasta el siglo XVI, los hombres están
sometidos a las presiones contradictorias de los ángeles “amigos” y de los
demonios.
170
En el Corán, los ángeles celebran las alabanzas de Dios (XIII, 13), llevan
su trono (LXIX, 17), registran las acciones de los hombres de cara al Juicio final
(L, 17) e interceden a favor de los creyentes (XXI, 28). Ciertos ángeles acogen
a los elegidos en el paraíso (LXXXIX, 22) mientras que otros son los
guardianes del fuego del infierno (LXXIV, 30).
Donde el Corán se distingue respecto a la Biblia es en la importancia
que da a los demonios y a los seres intermedios e invisibles – los djinns o
“genios” – que tienen la capacidad de penetrar en el interior de los hombres
para lo mejor o para lo peor.
171
172
CAPÍTULO XII
Los textos
Realmente, en el clima darwinista de nuestra época, el relato que hace
la Biblia de la creación del hombre frecuentemente no es tomado en serio,
mientras que, para las tres religiones, es uno de sus principales fundamentos.
173
El Génesis contiene dos relatos consecutivos diferentes y a veces
contradictorios286.
Yahvé modeló al hombre [Adán] con arcilla del suelo [adama], insufló
en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser vivo.
Yahvé plantó un jardín en el Edén, hacia oriente, y puso en él al hombre
que había modelado.
Tu Señor dijo a los Ángeles: voy a crear un ser humano de una arcilla dura
sacada del limo fétido. Cuando lo haya construido armoniosamente y le haya
insuflado Mi Espíritu, caed postrados ante él.
XV, 28-31
Ellos dirán: O sea! ¿Vas a establecer [sobre la Tierra] uno que sembrará el
desorden y expandirá la sangre? Mientras que nosotros glorificamos Tus alabanzas
y proclamamos Tu Santidad. El Señor dijo: yo sé lo que no sabéis vosotros.
Dios enseñó a Adán todos los nombres, después hizo desfilar todo lo que había
designado ante los Ángeles y les dijo: ¡indicadme los nombres de todo esto si tenéis
claridad¡ y ellos respondieron: ¡Gloria a Ti¡ No tenemos ninguna ciencia que no sea
lo que Tu nos has enseñado288. Solo Tú eres la Omnisciencia, la Sabiduría.
Entonces dijo el Señor: Adán! Indícales sus nombres. Y cuando este les hubo instruido,
el Señor continuó: ¿no os he dicho que conozco los misterios de los Cielos y de la
Tierra? […]
Y entonces Nos dijimos a los Ángeles: postraros ante Adán! Ellos se postraron a
excepción de Iblis, que se negó, se infló de orgullo, y fue del grupo de los incrédulos289.
II, 30-34
174
son incapaces de denominar las cosas, el hombre recibe la enseñanza de los
nombres. Conforme al Génesis (2, 20) es el hombre el que da su nombre a los
animales. Se encuentra aquí esta característica fundamental del hombre que
es la conceptualización de la lengua y que las ciencias humanas, la genética y
la lingüística han sacado a la luz.
175
la unión de los dos: cuando peca, cuando se comporta como una bestia,
la muerte se apoderará de él, pero si se abstiene de pecar, vivirá para
294
siempre .
La fitra* es la marca divina del hombre. Es, utilizando una imagen familiar en el
sufismo, la gota de agua que cae del cielo y vuelve de regreso al océano.
176
religión órfica es la liberación del alma de las cadenas del cuerpo por la
iniciación y la ascesis296.
177
pero al mismo tiempo dotado de razón, es decir capaz de discernir de manera
innata el bien del mal y lo verdadero de lo falso. Tal es, en la tradición esotérica
común a las religiones, el sentido profundo de la creación del hombre. Así, el
hombre es el “cooperador” de Dios (versión cristiana) o, simplemente, como
dice la tradición judía, debe “ayudar a Dios”.
Por lo tanto, la vocación del hombre será completar la creación
triunfando sobre el mal, lo cual puede escoger en todo momento. Esta vocación
tiene traducción en el plano individual y en el colectivo. A nivel individual, cada
hombre, en tanto que depositario de una parte del Ser (o de una parcela divina)
debe tomar conciencia de ello y actuar de forma que le lleve de vuelta allá de
donde viene, eliminado el mal que está en él. Al nivel de la humanidad tomada
en su conjunto, el objetivo es que su organización y su funcionamiento
permitan al mayor número posible de individuos que la componen, realizar su
salvación individual.
El poder divino actúa sobre el hombre a lo largo de la historia vigilándole
y alertándole por signos y mensajes. Pero esta acción siempre es indirecta
porque se hace a través de intermediarios. Cuida la libertad de los hombres. No
se trata de obligar por la fuerza sino, mediante mensajes y signos que les envía
periódicamente, hablar a su inteligencia y a su corazón para convencer a cada
uno de ellos, en lo más profundo de sí mismos lo que él es realmente.
Por lo tanto, al crear al hombre, Dios ha querido crear una categoría de
seres que sean igualmente libres de hacer el mal pero con la esperanza que
optarán libremente, con pleno conocimiento de causa, por el bien. Tal parece
ser el tema de la creación del hombre.
Si bien el Corán pone en evidencia este tema fundamental más
claramente que la Biblia, está de acuerdo con las tradiciones judía y cristiana.
Entonces hay que preguntarse si no habría materia para una profundización en
común por las tres religiones.
178
árbol que da el conocimiento del bien y del mal y el árbol de la vida que da la
inmortalidad. Por lo tanto, el hombre está en el paraíso a la vez inocente y
mortal, pero libre. Es lo que explica que Eva y después Adán hayan podido
dejarse tentar para comer el fruto del árbol del conocimiento. Expulsados del
paraíso Adán y Eva mantienen el beneficio del conocimiento del bien y del mal
pero tendrán que sufrir en su vida las exigencias de la naturaleza. La caída del
hombre no le habrá condenado pero le habrá hecho la vida más dura.
La noción misma de la catástrofe desencadenada por la desobediencia
de la mujer original no es particular de la Biblia. En la mitología griega, Pandora
fue creada por los dioses para ser, como Eva, la primera esposa humana.
Destapando, a instigación de Zeus299el tarro prohibido, Pandora dejó escapar
todos los males que serán desde entonces la carga de los humanos: fatiga del
trabajo, enfermedad, muerte.
La caída del hombre tras su creación ha sido interpretada
diferentemente por las tres religiones del Libro. El judaísmo ve en la caída la
irrupción del mal en el universo que había sido creado “bueno” y la necesidad
de redimirse ante Dios. Los autores de la Biblia recordaron el lazo entre el
pecado y la muerte, como se ve en los Libros sapienciales300, pero no abrieron
la vía adonde había de llegar la doctrina cristiana del pecado original, que se
debe sobre todo a San Agustín. La noción de pecado original se encuentra en
el judaísmo tardío de la cábala y en particular en Isaac Luria.
Merece que se resuma aquí la visión lurínica porque recapitula las
diversas concepciones gnósticas en una impresionante síntesis.
La creación del mundo no es solamente imperfecta sino que se hizo
mediante una catástrofe: la pura luz de Dios se mezcló con elementos impuros
y las “chispas divinas” fueron capturadas por la materia. Entonces Dios intentó
la “reparación” (tiqqoun) del mundo creando un ser mixto que representa la
dualidad del universo: tenía un espíritu divino y un cuerpo material. Si obedecía
a las órdenes de Dios, su cuerpo se mantendría en dependencia de su alma y
las chispas divinas se liberarían. El mal habría desaparecido. Pero la
desobediencia de Adán tuvo el efecto de reforzar las potencias del mal, la
desarmonía del mundo y, por lo tanto, hacer el proceso de reparación aún más
difícil. Dios escogió entonces un pueblo para llevar a bien el tiqqoun. Es así
como la religión del pueblo de Israel, sus prácticas y su moral alcanzan un
179
sentido verdaderamente cósmico. Al aplicar la ley de Dios, el judío aporta su
ayuda a Dios y trabaja por la vuelta de la armonía al mundo.
Ya que la falta de un solo hombre supuso la condena para todos los hombres,
también es de justicia que uno solo proporcione a todos una justificación que
da la vida.
Rm 5,18
180
El pecado original es una de las nociones fundamentales del cristianismo
porque explica el dogma de la Redención que, por si mismo da significado al
sacrificio de Cristo. Este dogma fue la fuente de incógnitas y malentendidos
que separa a los cristianos de las otras religiones del Libro y que los divide
entre ellos.
181
¿Cómo admitir que la falta del primer hombre – de hecho de la primera
humanidad – pueda recaer sobre todos los otros hombres nacidos y por nacer?
Es un enigma que admite el Catecismo de la Iglesia católica308. Más aún que la
Iglesia católica, los protestantes consideran que, debido al pecado de Adán, el
hombre perdió no solo su santidad original sino también su libre arbitrio. Para
Calvino, después de la Caída, el hombre se hizo “siervo del pecado”. Solo la
Gracia puede salvar al hombre del infierno al que está destinado por su mala
naturaleza. Esta teología ha llevado el pesimismo al límite del absurdo. Así,
¿cómo se puede admitir que la inmadurez de los primeros hombres, o incluso
su pecado de orgullo, puedan traer la maldición a la humanidad en tanto que
tal?. La noción de la transmisión hereditaria del pecado, sugerida por Pablo es
contradictoria con el mensaje de esperanza traído por Cristo y con la
universalidad de este último.
182
para evitar las reducciones simplistas que puede inspirar la doctrina de Pablo
revisada por Agustín. Un cuestionamiento tal llevaría naturalmente a repensar
el sentido de la muerte de Jesús y a interrogarse sobre el sentido de la
“redención” planteado por Pablo (1 Co 6, 20; 1 Tm 2, 6). Como veremos en el
capítulo XII, para intentar explicarlo, habría que referirse a otra dimensión, la
del combate meta histórico entre el Cristo y Satán.
183
184
CAPÍTULO XIII
Muy similar la postura de las tres religiones, dan como cerrado el ciclo
de la profecía y, por lo tanto el proceso de la Revelación. Al mismo tiempo,
comienza un nuevo ciclo, el de la espera del Juicio final. Por ello, la razón de
ser de las tres religiones del Libro es la preparación de los hombres para este
185
momento. Esta función “propedéutica” les es absolutamente común. Sin
embargo, cada religión percibe de manera específica la relación entre Dios y
los hombres en este periodo de espera.
El mesianismo judío
En el judaísmo, la tensión hacia el futuro siempre ha estado presente.
Esto se ilustra por la figura del Mesías (Meshîah, “ungido”). En el origen, el
mesianismo se refería a la restauración del reino de David y al triunfo definitivo
de Israel sobre las naciones. Las referencias bíblicas a “aquel que ha de venir”
son numerosas309. Al alejarse, tras el Exilio, la perspectiva de un
restablecimiento efectivo del reino de Israel, se desarrolló un potente
movimiento apocalíptico (Libro de Daniel, Libros de Henoch, Apocalipsis de
Baruch, etc.), transforman el mesianismo en anuncio de “los últimos tiempos”.
El Mesías ya no es representado por un rey sino más bien por un sacerdote. El
Libro de Habacuc de Qumran habla así del “sacerdote de los últimos tiempos”.
Según algunos cabalistas el alma del Mesías es la de Adán, reencarnada en el
rey David antes de transmigrar al cuerpo del Mesías310.
Simultáneamente aparecen en el judaísmo las nociones de redención y
de retribución individual al final de los tiempos.
Este nuevo marco debió ser en el que floreció el primer cristianismo,
que, desde este punto de vista está en perfecta continuidad con el judaísmo del
siglo I d.C. El tema del mesianismo, que habría podido aproximar a las dos
religiones, finalmente las opuso ya que para los cristianos, el Mesías es, en
sentido propio, el “Cristo” (christos en griego “ungido”).
En la época moderna, el judaísmo reformado ha “secularizado” la idea
mesiánica. La idea del Mesías se difumina en beneficio de la noción del
progreso humano y de la justicia universal. En el mismo espíritu, el sionismo,
que llevó a la creación del Estado de Israel, pudo presentarse como una
alternativa a la espera del Mesías.
186
discípulos, Jesús les promete un “asistente” o “intercesor”, el paracleto (Jn 14,
16 y 26). Él les desvelará “toda la verdad” (Jn 16, 13). El Paracleto se asimila
en general al Espíritu Santo. Como se ve a todo lo largo de los Actos de los
Apóstoles, el Espíritu Santo se manifestó concretamente mediante signos de
los que el más espectacular fue el Pentecostés, durante el cual los apóstoles
“comenzaron a hablar en otras lenguas” (Ac 2, 4). Si bien los fenómenos
extraordinarios del periodo apostólico cesaron, el cristianismo cree, no
obstante, que el Espíritu Santo no ha dejado de guiar la Iglesia. Esta creencia
en la acción sobrenatural del Espíritu es una de las características esenciales
del cristianismo.
187
Señalemos finalmente que esta noción de progreso espiritual a nivel
colectivo se presenta en la cábala de Isaac Luria igual que en la visión chiíta
del Imán oculto.
El Verus Propheta
Al margen de la concepción tradicional del profeta como hombre elegido
por Dios para ser su mensajero, algunas corrientes judeo-cristianas elaboraron
una teoría que da una explicación global al fenómeno de la Revelación: la
teoría del “Verdadero Profeta” (Verus Propheta).
Es el caso de los judeo-cristianos de Roma que nos dejaron dos largos
textos (las “Homilías” y los “Reconocimientos” cuyo conjunto forma el Romance
pseudo-clementino312. El narrador, Clemente de Roma, que habría vivido a
finales del siglo I313, cuenta como fue convertido e iniciado por el apóstol Pedro.
Su enseñanza está fundamentada en la autoridad del Verdadero Profeta. Este
personaje es representado en principio por Adán, que recibió todo
conocimiento. En el curso de la Historia, la figura del Verdadero Profeta
aparece sucesivamente en los personajes de Noé, de Abraham, de Moisés y
de Jesús, que es la última encarnación del Verdadero Profeta.
Como se vio en el capítulo VII, los ebionitas y los elkasaítas compartían
esta concepción de un profeta único que se había manifestado en diferentes
momentos en la Historia. Para ellos, Jesús no era el “Hijo único de Dios”, sino
el “Hijo del Espíritu Santo”.
En el maniqueísmo, del que se ha subrayado el lazo de origen con el
elkasaísmo, la Revelación es igualmente aportada por dos mensajeros
sucesivos – los “Iluminadores” – venidos después de Adán (Henoch, Noé etc.).
Los cuatro últimos mensajeros (Buda, Zoroastro, Jesús, Mani) encarnan un
mismo personaje celeste. Son personificaciones históricas de la “Luz”. Mani es
al mismo tiempo el “cordero de la profecía” y el “paracleto”, asimilable al
Espíritu Santo de los cristianos.
188
iraní (“duodecimano”), el mundo divino se mantiene presente, como ocurre en
el cristianismo con el Espíritu Santo. Tras la serie de Imanes que sucedieron a
Alí, el duodécimo Imán desapareció de la vista de los vivos en el siglo X, para
permanecer misteriosamente oculto hasta la parusía. El Imán oculto se
mantiene accesible a los hombres que son capaces de ello mediante el
conocimiento del corazón. Por ello, la parusía no es ya un acontecimiento que
surgirá un buen día, como en la tradición judeo-cristiana, sino que se generará
por la toma de conciencia de los fieles314. Como dijo Sadoddin Hamuyeh citado
por Corbin: “El Imán oculto no aparecerá antes de que se sea capaz de
comprender, hasta por las correas de las sandalias los secretos de la Unicidad
divina [tauhid]315.” El advenimiento del Imán oculto mostrará entonces el
sentido oculto de todas las Revelaciones, permitiendo a la raza humana
encontrar su unidad. Es interesante saber que en la Cábala de Isaac Luria, el
Mesías se inscribe en la misma perspectiva: es el esfuerzo común de todos los
judíos lo que determinará su venida.
En diversas tradiciones, el Imán oculto se identifica con la figura del
Mahdi (el “bien guiado”) que, tras haber combatido la “bestia” del Apocalipsis,
prepara al mundo para la Resurrección y el Juicio final. El Mahdi tiene por
compañero principal a Jesús, conforme al papel que le es asignado por el
Corán (IV, 159).
Como se ve, el Islam, en su versión chiíta, unifica la escatología de las
tradiciones de las otras religiones del Libro.
El misterio de Jesús
189
primer lugar la cuestión de la identidad misma de Jesús. Y por otro lado, la
divergencia entre el cristianísimo y el Islam es la interpretación del tripe
acontecimiento fundador de la fe cristiana: la Pasión, la Muerte y la
Resurrección de Cristo. Pero, sobre estas dos cuestiones capitales, existen los
elementos de un diálogo que permitirían, a falta de eliminarlos, relativizar
divergencias que parecen irreductibles.
190
como Dios que hubiera tomado apariencia humana, ni como la encarnación del
Dios de Abraham y de Moisés316”. Por lo tanto hay una cierta proximidad entre
el primer cristianismo y el Islam sobre la cuestión de la identidad de Jesús, a
pesar de las apariencias que dan de manera superficial el cristianismo y el
Islam. Esta proximidad se explica, como se mostró en el capítulo IX, por los
orígenes cristianos del Islam. De hecho, está claro que es la concepción judeo-
cristiana de la identidad de Cristo, la que nos parece más justa y más profunda
en la actualidad. Como dijo de manera magistral el teólogo suizo Martin
Werner: “Si tanto para el cristianismo judío de la comunidad apostólica
primitiva, como para Pablo, el Cristo era interpretado, también de acuerdo con
el espíritu apocalíptico judío tardío, como un ser del mundo angélico superior,
creado y escogido por Dios para la tarea de inaugurar la nueva eternidad317 del
reino de Dios al fin de los tiempos, en batalla con la potencias del mundo
existentes, no hay ninguna necesidad de crear el menor nuevo problema en lo
que concierne a la relación de Cristo con Dios318.”
Esta concepción de la posición divina de Cristo es a la vez la más
tradicional que hay, ya que se remonta a los orígenes del cristianismo, y
revolucionaria porque trastoca todos los hábitos creados por diecinueve siglos
de enseñanza de la Iglesia. Ofrecería una verdadera base de diálogo a los
creyentes cristianos y musulmanes. La vuelta a la concepción de los tiempos
apostólicos no resolvería, sin embargo, todas las divergencias entre las dos
religiones con motivo de Jesús. Se hace necesario afrontar las cuestiones que
constituyen la base del cristianismo, las relativas a la pasión, a la muerte y a la
resurrección de Jesús: la Pasión ¿tuvo lugar realmente? ¿fue programada?
¿es seguro que Jesús murió totalmente en la cruz? ¿resucitó Jesús?
Estas cuestiones, que son difíciles para los mismos cristianos, no deben
ser escamoteadas. No se trata solamente de intentar establecer una verdad
histórica sino de esforzarse en desencriptar el aspecto más enigmático del
misterio cristiano.
191
Katharina Emmerick, cuyo valor es controvertido, pero, con respecto al episodio
de la Pasión, reconocido por muchos.
Existen signos concretos de la Pasión: la sábana (o sudario) de Turín es
el más conocido pero también el más discutido. Ha dado lugar a cientos de
obras desde que el fotógrafo Secundo Pía realizó, en 1898, el primer negativo
en el que hacia aparecer una cara noble y las marcas muy claras del cuerpo de
un hombre torturado319.
Existen otros lienzos llevando marcas visibles atribuibles al Jesús de la
Pasión (velo de Santa Verónica, túnica de Argenteuil). En calidad de signos
concretos pero indirectos de la Pasión también se debe tener en cuenta el
fenómeno de la estigmatización, mediante el cual, a todo lo largo de la Historia,
se han reproducido en individuos de excepción las heridas de Jesús. ¿Son
pruebas estos signos que desafían a la ciencia? Paradójicamente, la Iglesia
considera que no, porque no quiere “materializar” lo que ella considera que solo
se debe de conocer por la “fe”. Por otro lado un espíritu racional que examinara
sin prejuicios estos signos solo podría quedar profundamente agitado. Pero
todo ocurre como si nadie quisiera asumir el riesgo de un estudio serio de estos
fenómenos los cuales se querría observar que, por diferentes razones,
escapan a la realidad histórica.
192
Segundo elemento, la Pasión se inscribe en una larga historia. La Biblia
señala varias veces en libros diferentes (Sal 22, Za 13, y, sobre todo Is 53, 4-
12), los sufrimientos de un Servidor que había de venir.
Igualmente está previsto, de manera inquietante, el sufrimiento del justo
en el Libro de la Sabiduría, como indica Hugh Schonfield320. En este libro
atribuido a Salomón pero que solo seria anterior a Jesús algunas decenas de
años, son los “impíos”, hostiles a los judíos, los que hablan:
Por lo tanto podemos considerar que la pasión de Cristo fue, igual que
su venida, “programada” y que forma parte del plan de Dios.” (Ac 2, 23)
Dicho de otra forma, Jesús no vino solamente para enseñar a los judíos
de la época de Tiberio, sino que vino al mundo para cumplir, mediante la
pasión, un acto de alcance universal. Este acto es un “sacrificio” que hay que
explicar. Aquí tocamos lo que es el corazón del misterio cristiano. En la
interpretación cristiana clásica, según los Evangelios (Mt 20, 28; Mc 10,45, etc.)
193
en Isaías y como leit-motiv de las epístolas de Pablo, este sacrificio responde a
una doble necesidad causal y finalista ligada al pecado original:
- Jesús sufrió y murió a causa de “nuestros pecados” ;
- Jesús sufrió y murió para “redimirnos” de nuestros pecados.
194
importante corriente de los primeros tiempos de la Iglesia – el docetismo* -
defendía esta posición. Los docetas (del griego dokeô, “parecer”)
consideraban, con la mayoría de los gnósticos, al cuerpo de Cristo como una
aparición. En consecuencia negaban la realidad de su Pasión y su muerte. El
texto apócrifo de los Actos de Juan hacia decir a Jesús: “Yo no soy el que está
en la cruz.” Para el gnóstico Cerinto, el Cristo, durante el bautismo, había
“descendido” sobre Jesús que hasta entonces era un hombre ordinario y se
había separado de él antes de la crucifixión323. Para Basilio, igualmente
gnóstico, es Simón de Cyrene el que habría sido crucificado en lugar de
Jesús324. En el mismo espíritu, el evangelio apócrifo de Bernabé dice que Dios
hizo a Judas parecer Jesús para substituirle en la cruz325. Hugh Schonfield
plantea la hipótesis de que Jesús habría sido drogado de manera que diera la
impresión de que había sucumbido prematuramente. Se apoya
fundamentalmente sobre el hecho de la efusión de sangre cuando se clava la
lanza y sobre los signos de sangre en el sudario que no se explicarían en el
caso de un cadáver326.
Mas tarde, el Corán sostuvo que Jesús no habría sido verdaderamente
torturado y que la Pasión solo habría sido una ilusión (cf. capítulo X).
De hecho hay una cierta contradicción entre la posición que consiste en
sostener la naturaleza divina de Jesús y el hecho de considerar que este pueda
morir. El mismo Pedro dice: “Después de haber muerto en su carne, volvió a la
vida en su espíritu.” (1 Pe 3, 18). ¿No se podría considerar que Jesús, en tanto
que persona divina, jamás perdió la vida, porque no podía perderla? Esta
distinción entre muerte del cuerpo físico 327e inmortalidad del ser divino fue
defendida por la herejía nestoriana en el siglo V. Puede ser que ella ofreciera
una base de reflexión para un diálogo renovado entre el cristianismo y el Islam
sobre la muerte de Jesús.
¿Jesús resucitó?
Pedro al entrar en la tumba vacía “vio y creyó”. Pablo fundamenta la fe
cristiana en la resurrección: “Si Cristo no resucitó vuestra fe es vana.” (1Cor
15,17.)
Algunos elementos detectados en la sábana de Turín proporcionan
elementos a favor de la historicidad de la Resurrección. Los estudios del tejido
195
muestran que no dejó rastro de las heridas de un cuerpo ensangrentado. El
hombre del sudario parece haber sido separado de la sábana sin contacto,
“desmaterializándose”, para tomar la expresión de Arnaud-Aaron Upinsky 328.
Lo que se pone aquí en cuestión es la misma naturaleza del cuerpo del
Resucitado. En los Evangelios, Jesús reaparece con su cuerpo de crucificado,
del que Tomás pudo verificar sus heridas (Jn 20, 27), pero que María
Magdalena no pudo tocar (Jn 20, 17). Este cuerpo parece ya de otra
naturaleza: Jesús se aparece aquí y allá, de improviso y sin ser reconocido
inmediatamente por los que le han seguido durante tres años329. Franquea
puertas cerradas (Jn 20, 19). ¿No se trata con ello de lo que Pablo llama el
cuerpo “glorioso” (Flp 3, 21) o “espiritual” (1Cor 15, 44), es decir el de la
Resurrección? Así, tras dos mil años, el sudario podría confirmar, a falta de
explicación, el fenómeno de la Resurrección.
Se puede explicar que la Iglesia dude en orientarse hacia una dirección
de búsqueda que trastorne los hábitos de pensamiento. Y que vaya a la contra
de la cultura científica tradicional. Pero ¿por qué causa lo que se manifestaba
hasta ahora tan solo la fe, no podría ser reforzado por la ciencia?
196
allá de los prejuicios de unos y otros, fundamentalmente a la luz de los
resultados del sudario de Turín.
197
CAPÍTULO XIV
El misterio de la salvación
El judaísmo
Igual que para la religión de los egipcios se concedía un lugar esencial al
juicio de las almas tras la muerte en función de sus méritos, la noción de la
salvación en la vida futura no existía en el yahvismo. La justicia de Yahvé
retribuía el bien y el mal hecho por los hombres en la vida terrestre. Esta
198
retribución tenía un carácter esencialmente colectivo y sancionaba la conducta
del pueblo de Israel.
La idea de que la salvación no se da en este mundo nace en el tiempo
de los Profetas (en particular, Isaías). El concepto de “redención” (padah)
reenvía entonces a la restauración nacional la cual, por si misma, abre una era
mesiánica de armonía universal.
Las nociones de salvación individual y de juicio final aparecen más tarde
en el contexto del movimiento apocalíptico del periodo que precede a la era
cristiana. En el judaísmo rabínico el alma sobrevive a la muerte y, según los
actos realizados a lo largo de la vida en la tierra, es decir la observancia de la
Ley fundamentalmente, es admitida en el “jardín del Edén” o, con duración
variable, en la “infierno” (gahinom)332.
En el judaísmo, la salvación colectiva, se mantuvo durante mucho
tiempo predominante y la forma en que se podía conjugar con la salvación
individual la sugiere así Louis Jacobs: “la vida humana puede ser vivida con
dos niveles de perspectiva: la de este mundo y la del otro mundo. Puede ser
que debiéramos vivir como si este mundo fuera todo, con el fin de que se
realice verdaderamente el apogeo de la historia humana en la era mesiánica.
Simultáneamente, a otro nivel, deberíamos vivir como si el único objetivo de la
vida fuera prepararnos para disfrutar de la proximidad de Dios en el mas
allá333.”
El cristianismo
Más claramente aún que el judaísmo, el cristianismo se reafirma como
religión de la salvación. El nombre mismo de Jesús (Yeschoua, “Yahvé salva”)
lo indica. El cristianismo promete principalmente la salvación colectiva que se
hizo posible por la muerte del Cristo: es la noción de la redención que, en la
versión cristiana, se puede describir como una “liberación de los hombres por el
Cristo los cuales, por su desobediencia, se habían convertido en esclavos de
Satán334”. A pesar de su importancia en el cristianismo la explicación que da la
Iglesia de la salvación y de la Redención es corta, igual que lo es sobre el
tema, relacionado, del pecado original335. Como dijo el teólogo Bernard
Sesbouë: “Algunos habrían querido que el Vaticano II pusiera en su programa
199
una definición dogmática de la salvación y de la redención, encontrando
paradójico que un misterio tan central no esté incluso definido.336”
En realidad, aunque a veces se refiera a una salvación (o castigo)
colectivo337, las enseñanzas de Jesús están ante todo orientadas, como se ha
visto, a la salvación individual, es decir el acceso personal al Reino de Dios. Así
mismo, es lo que se resalta del cristianismo tal como es vivido por los
cristianos. Al anunciar a cada uno la perspectiva de acceder a la vida eterna
después de la muerte, el cristianismo se diferenciaba de las otras religiones y
filosofías del mundo antiguo. Levantó una inmensa esperanza, lo que explica
su éxito.
El Islam
En continuidad con el cristianismo, el Islam está profundamente marcado
por la idea de la salvación. De manera explícita y repetida, el Corán anuncia la
recompensa o el castigo del hombre el día del Juicio, en función de sus actos
(VII, 8-9; XXIII, 102-103). La concepción islámica de la salvación es puramente
individual.
200
La posición del Islam respecto a las obras no es fundamentalmente
diferente a la del judaísmo. Aunque las obligaciones de los creyentes sean
definidas de manera bastante vaga por el Corán: “obediencia a Dios”, respeto
de los “cinco pilares” (testimonio de la unicidad de Dios, oración, ayuno,
limosna, peregrinación) “esfuerzo por el camino de Dios” (jihad), en la práctica,
la transposición jurídica (la charia) hecha por el islam mayoritario, representa
un corsé de reglas extremadamente coercitivas.
Respecto al cristianismo, el tema de la salvación por las obras, agitó
mucho a la cristiandad y acabó por dividirla profundamente.
201
Los interrogantes sobre el papel de la fe
La primacía dada por el cristianismo al papel de la fe como tal lleva a
plantearse la pregunta: ¿Cómo es posible que la simple adhesión a Dios pueda
ser suficiente para obtener la vida eterna? Esto se hace tanto más difícil de
comprender ya que, desde Agustín, la doctrina de la Iglesia afirma que “creer
solo es posible mediante la gracia y la ayuda del Espíritu Santo340”. Así la
salvación seria independiente, no solo de la realización de buenas obras, sino
del esfuerzo personal del creyente. ¿No es esto totalmente contradictorio con
las enseñanzas de Jesús, que, como se ha visto, llama al hombre a un cambio
de mentalidad? Jesús y Pablo sitúan el objetivo de la salvación en el nivel de la
transformación interior del hombre para hacerlo un “hombre nuevo” que vivirá
“según el espíritu”. El debate entre la salvación por la fe y la salvación por las
obras, que enfrentó y dividió a la cristiandad occidental durante siglos hizo
perder de vista lo que era el objetivo principal y que se trataba del lugar a
otorgar al respeto a la Ley. Este debate provocó un enorme caos intelectual y,
sobre todo, espiritual. Lo que se llama la fe, en realidad solo representa el
comienzo del recorrido que ha de conducir el alma a Dios. Como dijo el
maestro sufí argelino Ahmad al-Alawi341: “La fe es necesaria para las religiones
pero deja de serlo para los que quieren ir más lejos y logran realizarse en Dios.
Entonces no se cree ya, se ve. No es ya necesario creer cuando se ve la
verdad.”
202
una como la otra tienen por objeto la vía que lleva a la salvación, la unión
mística o unión con Dios. Por otro lado, grandes teólogos de la mística como
Clemente de Alejandría y el Pseudo-Dionisio utilizan el término de “gnósticos”
para designar a los que hoy en día se les llamaría místicos.
Clemente de Alejandría expresa con fuerza la relación entre la gnosis y
la salvación: “Supongamos que alguien preguntara a una gnóstico qué elegiría,
la gnosis o la salvación eterna y que estas dos cosas, que son lo mismo,
estuvieran separadas, él escogería sin vacilar la gnosis de Dios342.” El gnóstico
que tiende a la unión con Dios no desea otra cosa, incluso sobre su propia
salvación.
El misticismo judío
De las tres religiones del libro, el judaísmo es aquella en la que el
misticismo ocupa un lugar más reducido. Ello refleja la menor importancia dada
por la religión a la salvación individual.
La cábala corresponde con una búsqueda sobre todo intelectual en los
misterios divinos y, aparte la excepción de Abraham Aboulafia (1240-1291), no
se preocupa mucho de la unión mística con Dios.
El movimiento místico de los Hasidim Ashkenazi de Renania, en el siglo
XII, es una forma de pietismo universal que valoriza la ascesis, la plegaria y la
meditación del misterio de la unidad divina343. Pero sobre todo es el movimiento
del hasidismo, nacido en Ucrania en el siglo XVIII, el que es representativo del
misticismo. Con sus grupos de fieles alrededor de un maestro espiritual (el
tsaddik), el hasidismo recuerda la organización de sufismo (ver más adelante).
Aun respetando el marco del judaísmo tradicional, el hasidismo quiere
regenerar los valores petrificados por el legalismo rabínico defendiendo la
oración, el entusiasmo espiritual y la renovación interior. Algunos fieles llegan a
llamarlos los “locos de Dios”, en su deseo de hacerse conducir por su maestro
a las cumbres de la santidad. Este movimiento fue popular pero también elitista
en la medida en que la vida de santidad solo podía afectar a un pequeño
número.
El hasidismo tuvo influencia hasta el siglo XX, sobre todo gracias a la
gran cantidad de literatura que produjo, pero fue combatido tanto por el
203
judaísmo tradicional como por los liberales. Subsiste hoy gracias al movimiento
ultraconservador de los Loubavitch.
El misticismo cristiano
El cristianismo no dejó de tener, a lo largo de toda su historia, una
actitud ambigua hacia el misticismo. Encontrándose en su seno los más
numerosos testimonios de grandes místicos, al mismo tiempo que honra a la
mayoría de ellos, la Iglesia muestra una reserva de principio en relación al
mismo fenómeno místico.
El concepto de “ascensión mística del alma” está presente en la tradición
secreta de los apóstoles, como lo muestra Clemente de Alejandria344. En el
universo gnóstico cristiano, el alma tiene vocación de elevarse a través de las
siete esferas angélicas antes de llegar a la esfera divina propiamente dicha (la
ogdoada).
Explicitada por el Pseudo-Dionisio en el siglo V, la teología mística se
desarrolló en el cristianismo oriental durante la Edad Media. El concepto de
salvación como “deificación” (theôsis) defendido por Máximo el Confesor (siglo
VII) impregnó de forma duradera la espiritualidad ortodoxa. Igualmente, es en
el mundo bizantino donde se desarrolló más el movimiento monástico, ya en
versión solitaria (anacoretas o ermitaños) o en su versión comunitaria
(cenobios). Pero si bien no implica por sí mismo una orientación mística, el
monaquismo le ofrece, al fiel deseoso de tomarla, las condiciones ideales:
ascesis, contemplación, oración.
El cristianismo occidental, marcado por la escolástica, estará, en
conjunto, menos abierto a la mística. Sin embargo se dan en él dos grandes
oleadas místicas: la primera en la Edad Media y la segunda en los siglos XVI y
XVII.
De la primera resalta el nombre del dominico renano Eckhart (1260-
1328) cuyo pensamiento, tras haber tenido una fuerte influencia durante su vida
y durante un tiempo, gracias a sus continuadores Jean Tauler y Heinrich Suso,
fue olvidado hasta la última guerra. Para el Maestro Eckhart345, la salvación
pasa por el “verdadero conocimiento” que es el conocimiento de sí mismo en
Dios y el de Dios en sí mismo. Una formulación idéntica había sido utilizada
unas decenas de años antes por Ibn Arabí, ilustrando el ligamen de
204
pensamiento entre dos de los grandes místicos de la Historia. La ascesis
preconizada por Eckhart para lograr el verdadero conocimiento es el del
desprendimiento, según las enseñanzas de Jesús. La originalidad de Eckhart -
que le valió el ser condenado por la Iglesia de su época – fue no solo identificar
la salvación en la fusión del alma con Dios, sino el distinguir entre el Dios
creador y la “Deidad” no manifestada e indiferenciada que es el fundamento
(Grund) de lo divino. Pero, para Eckhart, el alma debe reintegrarse en la misma
Deidad, al término de la experiencia mística, ya que forma parte de ella desde
el origen. Se vuelve a encontrar aquí la temática de todas las grandes
espiritualidades, incluida, y se ha señalado a menudo, la de la India.
La segunda oleada mística del cristianismo occidental fue marcada por
las personalidades de dos santos del Carmelo Español: santa Teresa de Ávila
(1515-1582) y san Juan de la Cruz (1542-1591). Santa Teresa de Ávila tuvo
múltiples éxtasis que describe de la manera más sugestiva346. San Juan de la
Cruz elaboró, a partir de su experiencia mística, una verdadera doctrina
espiritual (La subida al Carmelo, La Noche oscura). El punto de partida es la
“puesta en pasividad” del alma, a continuación de la cual interviene el proceso
“de acomodación” del alma durante “las noches” dolorosas. De allí sale el alma
restablecida en su estado original, a imagen de Dios, unida a Dios por
“matrimonio”. En este estado divino, el alma no actúa ya por sí misma, es el
Espíritu Santo el que actúa en ella.
La postura de la Iglesia
La filósofa Simone Weil, de inspiración cristiana, planteó perfectamente
el problema de la Iglesia: “Ocurre como si, bajo la misma denominación social
de cristianismo y en el interior de la misma organización social, hubieran dos
religiones diferentes, la de los místicos y la otra347.”
De hecho la iglesia, como institución, no es muy favorable a la mística,
siguiendo la célebre fórmula: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”. Si bien
tolera la mística cuando está encuadrada en la regla monástica (Cistercienses,
Carmelitas) o cuando se dan casos excepcionales, la Iglesia no puede admitirla
como vía normal de perfección y de conocimiento de Dios, ni en consecuencia,
como vía privilegiada de salvación. Con respecto a esto, las Iglesias ortodoxas
205
tienen una cultura muy diferente, ya que colocan la mística en lo más alto de la
práctica religiosa.
Las razones de esta hostilidad de la Iglesia católica están claras, aunque
raramente explicitadas. El teólogo alemán Hans Küng reconoce que si fueran
numerosos los cristianos católicos que privilegiasen su vida interior se
arriesgarían a superar las prácticas organizadas (ritos, sacramentos, plegaria
colectiva) y acabarían por escapar a la influencia de la Iglesia348.
La Iglesia obtiene así un doble resultado: por un lado incita a los
hombres a implicarse en su vida terrestre respetando una conducta altamente
moral fundamentada sobre el concepto amor/caridad, estableciendo así un
equilibrio de la sociedad superior al de las civilizaciones precedentes; por otro,
reenvía a la esperanza de la gracia divina la respuesta a las preguntas a las
que no puede responder por sí misma. Este sistema de valores fundamentado
en el tríptico fe/esperanza/caridad ha sido formidablemente eficaz ya que ha
permitido a la Iglesia remontar varias crisis, como la de la Reforma. Pero al
cerrar el acceso directo a lo divino para todos y consolidando con ello su
carácter de organización exotérica, la iglesia bloqueó toda evolución posible, a
la vez para ella misma y para las otras religiones.
El sufismo
El sufismo es la vía esotérica y mística en el islam sunita. La etimología
del término sufí es incierta. ¿Es quizás sûf, la ropa de lana que llevaban los
místicos musulmanes, la palabra griega sophos, sabio, como sugiere Henry
Corbin, o sufia, “purificado”, que propone Éric Geoffroy? Esta última hipótesis
tendría el mérito de expresar la naturaleza propiamente esotérica del sufismo
que es la “reconducción del hombre a la pureza original349”.
A diferencia del chiísmo, que por sí mismo es una vía de iniciación
espiritual para los fieles que tengan la capacidad o la necesidad, el sunismo
representa la visión exotérica, moralizadora y conformista del islam. No
obstante el sunismo siempre toleró, e incluso a veces alentó la espiritualidad –
el sufismo – a condición de que su presencia se mantenga discreta. Los sufís
están organizados en cofradías independientes (taricat) bajo la autoridad de
maestros (los cheikh) que se suceden, para las cofradías más antiguas, desde
206
los primeros siglos del islam. El fenómeno sufí tuvo una influencia variable a lo
largo de la Historia. En el siglo XIX y comienzos del XX, tuvo un fuerte
desarrollo en África del Norte, de Egipto a Marruecos para declinar después.
Hoy está muy presente en África Occidental.
Como para todo movimiento iniciático, la enseñanza del sufismo
descansa sobre la relación personal del maestro y el discípulo gracias a la cual
se transmite, no solo el conocimiento propiamente dicho, sino también la
“influencia espiritual” (baraka) del maestro. Si bien los sufís respetan la
ortodoxia del islam, dan menos valor a la letra del Corán que los otros
musulmanes, lo que explica que sean a veces marginados o perseguidos como
en Arabia Saudita bajo la influencia del wahabismo ultraconservador. El
sufismo y la espiritualidad que representa forma, no obstante, parte integrante
del islam. Es importante tener conciencia de ello en una época en que abundan
las visiones reduccionistas del islam.
Lo que hasta el presente aportó el sufismo se mide por la muy
importante literatura que sus maestros dejaron. Se citarán aquí los más
importantes de entre ellos.
Hallâj (857 – 922)350 alimentaba un deseo de unión total a Dios hasta el
punto de proclamar: “Yo soy la Verdad.” Además, su espiritualidad se
aproximaba al chiísmo, lo que, en el Bagdad de la época, le hacía
políticamente peligroso. Condenado a muerte, Hallâj declara: “¡Matadme,
amigos míos¡ ¡Porque es en la muerte donde se encuentra mi vida, y es en la
vida donde se encuentra mi muerte¡351”
El filósofo de Bagdad al-Gazâli (1058 – 1111) se hizo sufí tardíamente.
Aún reconociendo el sufismo como la vía suprema que lleva a Dios, contribuirá
a la ampliación de su público y a la oficialización de su situación haciéndolo
compatible con la piedad sunita tradicional.
El Andaluz Ibn Arabi (1165 – 1240) es generalmente considerado como
uno de los más grandes místicos, de todas las religiones en conjunto, aunque
su inmensa obra es de un acceso complicado. Poeta, gran viajero, consejero
de príncipes, Ibn Arabi elaboró una potente teología mística, próxima en
algunos momentos a la tradición cabalística y gnóstica.
El Turco Djâl ad-Dîn Rûmi (1207 – 1273) representa la vía del amor y la
embriaguez en el sufismo. Creador de la danza giratoria de los “derviches
207
giradores”, Rûmi es célebre igualmente por su gran poema místico, el
Mathnawî.
El emir argelino Abd el-Kader (1808 – 1883), a menudo se ignora que
fue un gran místico y no solamente un jefe guerrero. Estos dos aspectos de su
vida ilustran perfectamente los dos sentidos de la palabra jihad. Tras la jihad
“menor”, esto es la “guerra santa” contra Francia, el emir escogió la jihad
“mayor” (el esfuerzo interior de lucha contra el mal”) “para fecundar a Francia
de su espiritualidad352”. Discípulo de Ibn Arabí, tras el cual fue enterrado en
Damasco, defendió en sus escritos un islam místico, tolerante y universalista.
El jeque Ahmad al-Alawi (muerto en 1934) creó la cofradía Alawiyya, que
presenta la particularidad de estar abierta al diálogo entre las religiones y de
haber tenido una cierta influencia en occidente (Frithjof Schuon y Martin Lings).
Es dirigida en la actualidad por Khaled Bentounès353.
208
El itinerario místico que conduce a la unión con Dios es una progresión
por etapas.
La primera etapa es una preparación ascética. La ascesis tiene una
preparación física y un aspecto espiritual.
La ascesis del cuerpo se obtiene de varias maneras: la recitación
repetida de oraciones que juega el papel de mantra (el rosario de los católicos,
la invocación de la unidad divina de los musulmanes (dikhr), que tiene como
objetivo hacer cesar la agitación del espíritu, como en el yoga, y crear así la
disponibilidad del alma indispensable para acoger el espíritu divino. La
recitación repetitiva puede estar asociada a técnicas respiratorias del tipo del
yoga como hizo en el monte Athos el místico bizantino Nicéforo (siglo XIII)357.
El cabalista Abraham Aboulafia hizo también la experiencia de combinar su
meditación sobre los nombres de Dios con ejercicios respiratorios358. La danza
de los derviches giradores revela el mismo espíritu.
Evidentemente, la que es esencial es la ascesis espiritual. Se obtiene
por el “desprendimiento” o la “pobreza” tal como fue predicada por Jesús en las
Bienaventuranzas (Mt 5). Esta noción de desprendimiento es central en la
mística cristiana, desde Clemente de Alejandría (la apatheia) a S. Franciso de
Asís y domina la mística sufí (el zuhd). En realidad es universal ya que se
encuentra tanto en Plotino como en el budismo zen359.
La ascesis puede llevar aún más lejos. Se trata entonces, en algunos
místicos, de eliminar todo deseo humano, de aniquilar el yo. Es la noción
musulmana de fanâ (“extinción del ego”) que no hace sino recordar la nada de
san Juan de la Cruz. Maestro Eckhart empujó hasta el extremo la idea de vida
interior ya que consideraba que “debemos emanciparnos del mismo Dios360”.
En este espíritu escribió Margarita Porete en la misma época un maravilloso
relato alegórico en el que describe la necesaria “aniquilación” del alma para
esperar la unión a Dios361. En esta perspectiva, los ritos y las plegarias se
hacen inútiles. Sin duda es esto – tenemos el informe del proceso – lo que le
llevó a ser quemada en 1310. A día de hoy, esta gran mística no ha sido aún
rehabilitada por la Iglesia.
La fase crítica del proceso místico es el éxtasis, la “salida de si” (del
griego éxtasis, “desplazamiento”). Este se puede dar al término de una
209
preparación progresiva o bruscamente, pero jamás en un momento previsible.
En el éxtasis, los lazos sensoriales con el mundo se interrumpen y el místico
esta como “habitado” por otra presencia. Todos los místicos que lo han
experimentado reconocen que el lenguaje humano es incapaz de expresar
correctamente lo que pasa en el éxtasis. Por lo tanto ¿hay que considerar,
como hacen los espíritus racionalistas y, de manera general, los médicos, que
se trata de una manifestación delirante del espíritu, de una forma de histeria?
El psicoanálisis ve un estado psicológico “arcaico” y “regresivo”. Pero, como
subraya Augustin-François Poulain, “los que están en éxtasis dan prueba de
una inteligencia sorprendente, de una voluntad determinada y de un nivel moral
elevado, todas, características opuestas a los síntomas de la histeria362”.
¿Es el éxtasis una condición de la unión mística con Dios? Sería
temerario pretender responder a una tal cuestión. Todo lo mas se podría
plantear la hipótesis de que el éxtasis es un signo, una “degustación previa” de
la vida futura.
Si bien la experiencia mística parece frágil en lo que tiene de puramente
subjetiva, lo que manifiesta es un alcance universal que no se puede ignorar.
Lo que escribe Claude Tresmontant a propósito de la mística cristiana, es cierto
para la mística en general: “[La mística] no es irracional, sino que es el
pensamiento que tiende a abrir a la inteligencia humana un campo, un dominio
en el que es invitada a penetrar. En el sentido propio del término, es una
ciencia, la ciencia más elevada que la inteligencia humana pueda alcanzar363.”
Así la mística es aquello que accede al secreto, el del otro mundo, el
mundo celeste. Hildegarde de Bingen, por ejemplo, describe con precisión sus
visiones de los cielos364. Santa Teresa de Ávila explica que el éxtasis permite
acceder a “algunos secretos de las cosas celestes” pero “que no es
conveniente que criaturas que están aún en la tierra tengan conocimiento de
ello365”. Incluso aunque este secreto no pueda ser conocido y compartido por
todos los otros hombres, estos pueden ser incorporados y guiados por el
ejemplo de los místicos. La comunidad invisible de los místicos representa, de
alguna manera, una humanidad avanzada que experimenta un estado que solo
es conocido tras la muerte, por los que se salven. Como dijo también Claude
Tresmontant, “la vida mística es la finalización normal, la única finalización del
hombre aparecido hace cincuenta mil años366”.
210
La comparación sistemática de los grandes testimonios de los que han
estado en éxtasis (Teresa de Ávila, Catalina de Siena, Ibn Arabî, por ejemplo)
en el marco de un estudio interdisciplinario aportaría una útil aclaración. A este
respecto el trabajo de Catherine Clement y de Sudhir Kakar sobre Madelaine
Le Boue y Ramakrishna constituye un ejemplo interesante367.
La primera selección
Algunos hombres acceden directamente a la vida eterna. En los tiempos
bíblicos, este fue el caso del patriarca Henoch y del profeta Elías que fueron
llamados cerca de Dios durante su vida (Gn 5, 24 y 2 Re 2, 1). Jesús, en el
Evangelio de Juan (5, 24) dijo:
211
sino que pasará de la muerte a la vida
212
El Juicio final369
El mundo presente acabará con el Juicio final y la inauguración de una
nueva vida para los justos y las penas del infierno para los impíos. En el
Evangelio (Mt 24, 30) igual que en el Corán (XLIII, 61) es Jesús el que
anunciará la hora fatídica.
En la Biblia este será el “Día de Yahvé” (Jl 2,11), que será un día de
“terror” (Is 2, 21) y de “venganza” (Is 61, 2). En el Libro etíope de Henoch, este
será el día del “juicio”. El Nuevo Testamento retoma el término de “Gran Día”
en varios momentos. El Corán nombra 385 veces el día escatológico.
Este momento dramático estará precedido por una serie de
conmociones extraordinarias descritas por el Apocalipsis, y también por el
Evangelio de Mateo y el Corán. Los santos, que tienen ya su lugar en el cielo
contemplan estos acontecimientos (Ap 7, 14; 8, 3). La apertura del séptimo
sello (Ap 8) da lugar a diversos acontecimientos cósmicos: “se oscurecen las
estrellas” (Corán, LXXXI, 1, Is 13, 10; Mt 24, 29; Ap 8, 12) y un tercio de la
Tierra será destruido (Ap 8, 7 – 11), “aplanado”, “vaciado” (LXXXIV, 4).
Entonces tendrá lugar, según las tres religiones monoteístas, la
resurrección de los muertos, de todos los muertos, “de los justos y de los
pecadores” (Ac 24, 15).
En la Biblia la idea de la resurrección de los cuerpos después de la
muerte está presente en el martirio de los siete hermanos Macabeos (2Mac 7)
y en algunos Profetas (Is 26, 19; Dn 12, 2). Está presente en el libro etíope de
Henoch (62, 15-16). Geo Widengren subraya el lazo con la tradición iraní370. La
resurrección fue durante mucho tiempo un factor de división entre los
saduceos, que la rechazaban absolutamente y los fariseos que le daban una
gran importancia. La idea de la resurrección acabó por imponerse en el
judaísmo como lo muestra la plegaria del Amidah:
213
En el Nuevo Testamento, la resurrección de los muertos, como destino
de la humanidad, es evocada por Pablo (Ac 23, 6) por la Epístola a los Hebreos
(6, 2), por Juan (6, 39-40) y, de manera muy precisa, por el Apocalipsis: la
resurrección tendrá lugar en dos tiempos, separados por el reino de Cristo
durante mil años (Ap 20, 4-6). El Juicio final solo se dará tras el milenio tras la
finalización de un último combate escatológico con Satán.
El Corán menciona una decena de veces la resurrección, que es una
“segunda” o una “nueva” creación.
214
fuego” (Ap 20,15). Por ello Jesús podía decir a sus discípulos: “Regocijaros que
vuestros nombres estén inscritos en los cielos.” (Lc 10, 20).
Según el Corán, el Día del Juicio, cada comunidad tendrá su “testigo”
(IV, 41) que en realidad será más bien un acusador: Mahoma contra los
“incrédulos” (XVI, 89), Jesús contra los judíos y los cristianos que hayan
falseado su doctrina (IV, 159). En el mismo espíritu, el Evangelio hace decir a
Jesús dirigiéndose a los judíos: “Vuestro acusador será Moisés” (Jn 5, 45) y
destina a los apóstoles a “juzgar las doce tribus de Israel” (Lc 22, 30).
Llega entonces el momento del Juicio propiamente dicho. En el
Evangelio, es el Hijo del Hombre el que “colocará a las ovejas a su derecha y
las cabras a su izquierda” (Mt 25, 33). En el Corán, los “compañeros de la
derecha”, los elegidos, son separados de “los compañeros de la izquierda”, los
condenados (LVI, 8-9). La selección para el acceso al Reino será de un rigor
absoluto y los rechazados serán los más numerosos “Muchos son los llamados
pero pocos los elegidos” (Mt 22, 14) “colocaremos a los criminales en el infierno
como se conduce un rebaño al matadero.”(XIX, 86).
215
Igualmente, el paraíso es una noción común a las tres religiones, con las
mismas diferencias entre ellas que las que se han visto sobre el infierno. En el
judaísmo, los justos disfrutan del “jardín del Edén” (gan eden) para gozar de la
felicidad que proporciona la proximidad de Dios. El Corán retoma el término de
“jardín” (janna) para cualificar el paraíso y le concede un lugar equivalente al
infierno, es decir un lugar muy importante. Abundan las descripciones
imaginadas, incluso aunque algunas de ellas probablemente merecen ser
reinterpretadas (ver el caso de las huríes citadas en el capítulo VIII). El
Evangelio identifica simplemente el paraíso con la vida eterna y la vida eterna
con el conocimiento de Dios (Jn 17, 3).
Una de las grandes cuestiones de la vida futura es la de saber si la
beatitud de los justos será la misma para todos. El rabino Jacobs afirma que “el
grado y la intensidad de esta beatitud dependerán de los actos realizados
durante la permanencia de la persona en la tierra377”. Esta idea, novedosa,
sería coherente tanto con el hecho de que la espiritualidad tiene varios niveles
como con la existencia de una jerarquía en los cielos (ver capítulo X). Si bien
no se apoya sobre ninguna base escrita por el lado bíblico, curiosamente, se
encuentra su mención “habrá grados de elevación en la vida futura” en el Corán
(XVII, 21).
La intuición de Jacobs correspondería, en definitiva, a una visión
completamente diferente de la escatología. La expone como sigue: “El cielo y el
infierno no son lugares de retribución aunque a menudo sean descritos como
tales. Más bien son estados de conciencia que el alma experimenta378.”Así
serian compatibles la lógica puramente espiritual del “primer juicio” que afecta a
los “Santos” y la del Juicio final que seria a la vez universal y modulada.
216
cuyas buenas acciones pesan más que las malas y que por lo tanto entrarán en
el paraíso. El grupo de la izquierda es el de los creyentes cuyas malas
acciones prevalecen. Estos hombres probarán el fuego del infierno, pero al ser
creyentes tienen vocación de salir. El grupo de los hombres que están frente a
Dios son los que han ido más allá de la observación de la ley por temor: han
obedecido a Dios por amor y por lo tanto no tienen que rendir cuentas. En
cuanto a los hombres que están colocados detrás, son los infieles que aquí
abajo solo han creído en ellos mismos y que son para Dios como inexistentes.
Estos permanecerán eternamente en el infierno.
Incontestablemente el tema de la salvación es el que aproxima más a las
tres religiones, en particular al cristianismo y al islam. Religiones que
comparten la misma concepción en cuanto al destino del hombre, las vías de la
salvación, el Juicio final y la vida futura ¿no pueden ser, justamente,
consideradas como religiones “hermanas”?
217
218
CAPÍTULO XV
219
El marco común
En primer lugar está la afirmación de la creencia en un solo Dios. Es el
tema mismo de la profesión de fe de las tres religiones: el Chema Israël (Dt 6,
4), el Credo cristiano, la Chahada musulmana.
A partir de esta afirmación fundamental de Dios, las tres religiones
extraen tres postulados comunes: el de la Creación, el de la Revelación y el del
Juicio final.
La fe común “monoteísta” podría resumirse así en la tabla siguiente380.
La oración común
Una de las maneras para hacer tomar conciencia del marco común de
las creencias es hacer orar a los creyentes de las tres religiones a partir de un
mismo texto. Y las posibilidades existen, de tan próximas que parecen algunas
oraciones, unas con otras, entre las más importantes. Tomemos tres ejemplos.
Escucha, Israël:
Yavhé nuestro Dios es el único Yavhé
Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu poder.
Dt 6, 4
221
Mateo381 Lucas Kaddish382 Corán (II, 286)
Padre nuestro que Padre, Que sea
estas en los magnificado y
cielos, santificado
¡Santificado sea ¡Santificado sea su gran Nombre
tu nombre! tu nombre! en el mundo
¡Venga a nosotros ¡Venga a nosotros que él creó
tu reino!, tu reino! según su voluntad
Hágase tu ¡Y que haga reinar su
voluntad reino sobre los que
Así en la tierra viven!
como en el cielo.
222
Dirígenos por el recto camino
El camino de los que tú has llenado de buenas obras; no el camino
de los que incurren en tu cólera ni el de los perdidos.
Las tres religiones del Libro muestran una verdadera tradición común por
su historia, sus bases doctrinales y los misterios que comparten. Por otro lado,
cada religión, tomada por separado, ofrece una imagen decadente y una
separación creciente con la evolución de la sociedad. ¿No sería entonces
necesario, para dar sentido a la Revelación común, orientar a los creyentes
hacia una religión única?
223
las religiones pasa por el reconocimiento de lo que cada una de ellas tiene de
específico y de lo que puede recibir de las otras.
Por otro lado, cada religión es depositaria de una tradición, de ritos y de
una “cultura” que da testimonio de sus orígenes y que siempre le dan un
sentido. Respetar y conservar esta herencia no significa que no haya que mirar
atrás respecto a ella. El creyente debe ser capaz de relativizar la importancia
de esta parte “exterior” de la religión. Por lo tanto si se hace así, ¿qué interés
habría en hacerla desaparecer?
Ello sería tanto más cierto, cuanto que la dimensión espiritual de la
religión – que es, por naturaleza, común – estaría plenamente integrada en la
vida de las religiones y no tratada ya como un fenómeno marginal.
Se llegaría así a presentar lo que se podría llamar una “dinámica de
acercamiento” de las religiones del Libro oponiendo a la situación dividida
actual lo que podría ser su evolución posible.
La evolución posible
225
objetivo último, pero no puede ser exigido a la generalidad de los hombres. Las
reglas del Corán en materia de práctica religiosa son en principio
acomodaticias. Por el contrario, la extensión de lo sagrado a toda la vida
cotidiana “civil” que se ha producido en numerosos países musulmanes
procede de una desviación, propiamente hablando “totalitaria”. Durante mucho
tiempo subyacente en el islam, esta tendencia se ha afirmado los últimos
treinta años hasta el punto de convertirse en uno de los datos estructurales de
la actualidad. A esta extensión “vertical” de la religión en la vida social, el islam
fundamentalista añade una voluntad de expansión “horizontal” en el espacio, es
decir al mundo entero, incluido por la violencia.
226
La responsabilidad de la Iglesia en el diálogo interreligioso
Respecto a las otras dos religiones, la Iglesia pasó de manera
progresiva de la intolerancia a una actitud de diálogo. Desde la declaración
Nostra AEtate (1965) promulgada durante el Vaticano II, la Iglesia otorga un
lugar oficial al diálogo interreligioso, fundamentalmente con el islam. Pero la
declaración prevé que esta apertura no debe impedir a la Iglesia proseguir su
misión que es “anunciar a Cristo sin cesar […] en el que Dios se reconcilió con
todas las cosas”. Está claro, para la Iglesia diálogo no significa acercamiento
de puntos de vista. Además, la necesidad de prudencia fue recordada por la
exhortación Ecclesia in Europa (2003): “Hay que ser consciente, entre otras, de
la divergencia notable entre la cultura europea, que tiene profundos orígenes
cristianos, y el pensamiento musulman390.” Se ve ya aquí el esquema del tema
de la razón cristiana opuesta a la irracionalidad del islam que Benedicto XVI
desarrolló en Ratisbona en 2006 y que tan fuertemente golpeó al mundo
musulmán y a una parte del mundo cristiano.
En la actualidad, el diálogo entre el cristianismo y el islam se ha
reducido al mínimo, mientras que nunca ha sido tan deseable. ¿Se puede
esperar del “consejo pontifical para el diálogo interreligioso” un relanzamiento
del proceso que se había iniciado en 1964 con la creación del Secretariado
para los no cristianos?
Hacer comprender el cristianismo a los musulmanes forma parte,
incontestablemente, de las misiones de la Iglesia391. ¿No exigiría ello que,
recíprocamente, los cristianos se esfuercen en comprender mejor al islam?
Los progresos han sido más sensibles respecto del judaísmo. Tras un
largo período de incomprensión la iglesia valoró su injusticia con la religión de
Jesús. En principio el Vaticano II puso fin al dogma del pueblo “deicida” (1965)
del que se sabe que sirvió de soporte para los pogromos a todo lo largo de la
historia europea. El pontificado del prosemita Juan-Pablo II permitió otros dos
avances: el establecimiento de relaciones diplomáticas entre el Estado de
Israel y la Santa Sede (1993) y, sobre todo, el viaje de la “memoria” del Papa a
Jerusalén en 2000. Sin embargo la iglesia debe de mantenerse vigilante para
no dar signos negativos que arruinarían el clima de confianza que se está
creando. Tras la reintegración en 2009 de los obispos tradicionalistas, de los
227
que algunos eran notorios antisemitas, Benedicto XVI corre el riesgo de reabrir
una herida al hacer beatificar a Pío XII cuyo papel, durante la Shoah, suscita
controversia. La Iglesia católica aún está en deuda, a los ojos de los judíos y de
numerosos cristianos, en reconocer su responsabilidad por la actitud silenciosa
durante la mayor masacre que haya conocido la Europa cristiana.
El impase de Israel
Creado en detrimento de la población que residía hasta entonces en
Palestina, el Estado de Israel provocó una situación de conflicto que se
mantiene desde 1947. Este conflicto es tanto más difícil de resolver, cuanto
que a su dimensión “nacionalista” de origen se añadió una dimensión religiosa:
la supervivencia de Israel constituye un objetivo para los Judíos de todo el
mundo mientras que el islamismo ha hecho de ello, desde hace treinta años, su
principal caballo de batalla.
El punto crítico es el estatuto de Jerusalén, respecto al cual han chocado
todas las negociaciones hasta el presente. La parte oriental de la ciudad, donde
se sitúan los principales monumentos, tendría vocación de revertir al Estado
palestino junto a los otros territorios conquistados por Israel en 1967, y los
Palestinos han reivindicado siempre hacerla su capital. Por el contrario, el
Estado de Israel considera que Jerusalén, “entera y unificada” es su capital. En
la práctica, el Estado de Israel mantiene una actitud discreta en su presencia
en la explanada de las Mezquitas pero controla muy rigurosamente su acceso.
Por otra parte, la política de colonias ha tenido el efecto de aumentar
considerablemente la implantación judía en toda aquella área.
Esta inextricable situación se complica aún más por la presencia de las
diferentes Iglesias cristianas en los “Santos lugares”. Sin embargo esta
presencia podría proporcionar el motivo para una solución internacional y
convertir la zona en santuario. Esta era la filosofía del Plan de 1947, aprobado
por la resolución 181 de la ONU. El Vaticano continúa defendiendo igualmente
esta fórmula. La zona que, en la época, se habría reservado para la
internacionalización y colocada bajo control de Naciones unidas, era muy
amplia, ya que incluía Belén. Esto no sería ya apropiado en la actualidad, pero
el concepto, en principio, es perfectamente pertinente. Sería necesario que
todas las instituciones afectadas muestren voluntad para vencer las
228
resistencias que son considerables. Entre estas instituciones, los
representantes de las religiones del Libro tienen, colectivamente, una de las
llaves del problema. ¿No sería de esperar que, conscientes de lo que está en
juego, asuman algún día su herencia común?
229
pudiera amenazar su ortodoxia. Traduce también, a veces, un cierto malestar
para dialogar sobre el fondo.
El agrupamiento católico San Egidio, cercano al “espíritu de Asís”, está
consagrado a la meditación internacional pero organiza periódicamente
encuentros, interreligiosos. En 2005 tuvo lugar una reunión entre cristianos y
musulmanes en Lion, renovada en 2011.
En suma, todo ello es bien poca cosa.
Sin embargo el diálogo interreligioso afecta a millones de creyentes y
realmente apasiona a muchos de ellos. Pero, por otro lado, la pasividad - o la
resistencia – de las grandes instituciones ahoga las iniciativas. Habría que
encontrar temas y lugares comunes de los mecanismos desencadenantes.
Citaremos aquí algunas pistas.
230
Una simple casa de oración bastaría, pero el hecho de que los creyentes de las
tres religiones puedan encontrarse en él tendría sentido. La comunidad San
Egidio reunió en 2009 en Auschwitz a judíos, cristianos y representantes de las
grandes religiones asiáticas.
Grandes monumentos como la catedral de Córdoba o la Basílica de
Santa Sofía de Estambul, podrían igualmente ser “neutralizados” en beneficio
de un culto común. Pensamos también en las potencialidades de un lugar
como el Monte Atos para levantar un centro de espiritualidad común. Con el
mismo espíritu, el monasterio de Tibhirine, cuyo trágico destino en 1996
impresionó a muchos cristianos y musulmanes, es desde entonces un símbolo
que hay que mantener vivo.
Sin embargo el lugar simbólico por excelencia sigue siendo Jerusalén.
231
Epílogo
232
Glosario
Apócrifo
Del griego apokruphos, “mantenido oculto”, secreto. Se dice de un texto
no aceptado en el “canon” de los textos que constituyen el Antiguo Testamento
o el Nuevo Testamento. Por extensión, es apócrifo lo que es dudoso en sus
orígenes.
Apocalipsis
Del griego “revelación”. Designa al último libro del Nuevo Testamento
consagrado que tiene como tema los últimos tiempos (cf. “escatología”). Otros
libros proféticos consagrados a la escatología son considerados como
apocalípticos, como el de Daniel o algunos apócrifos. La literatura apocalíptica,
nacida en el siglo II a.C. en un clima de choque de civilizaciones entre la cultura
griega y la tradición hebraica, se desarrolla en el judaísmo en la época de
Jesús, fundamentalmente en el ambiente esenio.
Canon, canónico
Del griego canon, “modelo”. El texto canónico es el que es aceptado por
las autoridades religiosas como perteneciente a la fuente de la revelación y por
lo tanto integrado en el corpus de los textos tenidos por inspirados (Antiguo,
Nuevo Testamento).
233
Chiísmo
Del árabe shi’a, “partido”. Rama separada del Islam desde el asesinato
de Ali, yerno del Profeta (en el 661). Su principal deferencia con el sunismo
mayoritario se refiere a que, para el chiísmo, la Revelación no se acabó con
Mahoma y que corresponde al Imán oculto, ya presente, completarla y
establecer la paz y la justicia en la tierra. Diferenciado en varias corrientes
(duodecimanos en Irán, ismaelitas en el Próximo Oriente), el chiísmo
representa del 15 al 20% de los musulmanes.
Diatessaron
Del griego “uno a partir de cuatro”. Nombre dado a la compilación de los
Evangelios hecha por Tatiano hacia el 170 en sirio. Existe un equivalente
moderno en francés: abad René Laurentin, Le Nouveau Diatessaron, Fayard,
París, 2002.
Concordismo
Interpretación de la Biblia tendiendo a ponerla de acuerdo con los
resultados de la ciencia.
Docetismo
Del griego dokeô, “parecido”. Concepción del Cristo en la que el cuerpo
de Cristo solo se considera como una simple “apariencia”. Esta concepción ha
sido compartida por numerosas herejías y por el maniqueísmo.
Escatologia
Del griego eschaton, “último”. Doctrina de las cosas últimas que
ocurrirán al final de los tiempos y que a menudo se denominan como los
tiempos “apocalípticos”, es decir, los tiempos anunciados por los libros
“revelados”. En las religiones del Libro, la escatología se confunde con el
misterio de la salvación.
234
Esoterismo y exoterismo
Del griego eisô, “interior”. Contenido de la religión reservado a los que
están iniciados, y que es protegido por el secreto. Los esenios fueron el primer
agrupamiento religioso del judaísmo que practicó el esoterismo. En la Grecia
antigua, algunas religiones “con misterios” eran esotéricas (orfismo,
pitagorismo).
El exoterismo (del griego exô, “exterior”) representa la cara visible de la
religión.
Exégesis, exégeta
Conjunto de medios que permiten descubrir el sentido de un texto. La
exégesis se aplica esencialmente a los textos bíblicos. El judaísmo hizo de la
exégesis una verdadera ciencia (Mishnah, Talmud). La exégesis cristiana, más
tardía, se aplica a los dos Testamentos. En la actualidad se tiende a englobar
la exégesis en el concepto filosófico, más amplio de “hermenéutica”.
Fitra
Término árabe del Corán (XXX, 30) que designa la naturaleza original, o
primordial, en virtud de la cual cada ser humano recibió una chispa espiritual en
su nacimiento.
Gnósis
Del griego gnosis, “conocimiento”. Vía por la que el hombre pretende
acceder directamente al conocimiento de Dios.
Gnósticos
De forma general, los que siguen la gnosis, ya sea cristiana o no. En
forma específica, miembros de las sectas de Valentín o de Basilido (siglo II
d.C.).
Hadith
Tradiciones del profeta Mahoma, palabras y relatos.
235
Henoteísmo
Culto a un solo dios entre los diferentes dioses en competencia
reconocidos entre los pueblos vecinos. Era el caso de la primera expresión de
la religión judía de los tiempos de Moisés que se denominaba “yahvismo”. Por
contra, en el monoteísmo, por principio, no puede existir más que un solo dios.
Hermenéutica
Del griego hermêneus, “interprete”. Arte de interpretar el sentido
profundo u oculto de los textos. Disciplina moderna de la filosofía que desborda
el campo religioso de la exégesis, pero que a menudo la completa (cf. en
Francia Paul Ricoeur).
Metahistoria
Llamada también “hierohistoria” (historia “sagrada”), la metahistoria es el
tiempo que se sitúa fuera o más allá de la historia del hombre, pero que
engloba a esta. En este tiempo divino que es como el velo de fondo de la
Historia, le corresponde un espacio intermedio en el que el mundo divino i el
humano se comunican. Es el caso de la Revelación. Este concepto fue utilizado
con frecuencia por Henry Corbin y Jean Guitton.
Metanoia
Del griego metanoia, “arrepentirse”. Según el contexto, la metanoia debe
traducirse por “cambio de mentalidad” o “transformación del ser” o incluso,
simplemente, por “conversión”.
Modernismo
Corriente universitaria católica que intentó fundar una “ciencia religiosa”
a comienzos del siglo XX integrando los progresos de las diferentes ciencias
históricas y lingüísticas para la comprensión de la historia del cristianismo. El
francés Alfred Loisy fue el principal animador de este movimiento, que fue
condenado por Pío X en 1910.
236
Paradigma
Del griego paradeigma, “modelo”. Para una ciencia determinada modelo
general de explicación de los fenómenos a los que asegura su coherencia. La
aparición de un fenómeno nuevo, incompatible con el paradigma en curso,
obliga a plantear la cuestión del cambio de paradigma.
Parusía
Del griego parousia, “presencia”. Retorno glorioso de Cristo al final de
los tiempos para el establecimiento definitivo del Reino de Dios.
Pietismo
Movimiento religioso dentro del protestantismo que privilegiaba la vida
interior en detrimento de la plegaria colectiva.
Con el mismo espíritu, el “quietismo” se desarrolló en el entorno de Port-
Royal en Francia a finales del siglo XVII (Madame Guyon).
Quietismo: ver Pietismo
Religion
La palabra “religión” (religio) viene del latín religere y significa la acción
de releer, de revisar con una atención escrupulosa y, por extensión, de
observar exactamente el culto divino.
Por lo tanto la religión no tendría relación con la noción de “ligamen” (del
verbo religare) entre el hombre y Dios, como se dice habitualmente.
Sincretismo
Fusión de creencias religiosas para encontrar las bases de
acercamiento. El término sincretismo, utilizado en general por los adversarios
de esta orientación, es una fuente de malentendidos. Los que son acusados de
sincretismo no desean necesariamente un acercamiento a priori de las
religiones, sino que constatan ciertos lazos y quieren sacar de ellos algunas
consecuencias. Es claramente el caso de los esoterismos de las religiones del
Libro.
237
Cronología sumaria
238
550-539: Segundo Isaías.
539: Ciro, rey de los Medos y de Persia, conquista
Babilonia.
538: Edicto de Ciro que permite a los judíos volver
a Jerusalén.
538-mediados del siglo V: tercer Isaías.
515: Consagración del Segundo Templo.
H. 400: Unificación de la Torah.
167: Persecución de Antiocos IV Epifanio.
166: Revuelta de los Macabeos.
H. 160: Libro de Daniel. Sectas de los fariseos y de los
esenios.
63: Conquista de Jerusalén por Pompeyo.
D. 37: Gobierno de Judea por los Herodianos bajo la autoridad
de un procurador romano.
H. 6: Nacimiento de Jesús.
4 d.C.: Sedición en Jerusalén. Zelotes.
27 d.C.: Predicación de Juan Bautista. Comienzo
del ministerio de Jesús.
30 (o 33): Muerte de Jesús.
34: Martirio de Esteban. Conversión de Pablo.
46: Primer viaje misionero de Pablo.
48: “Concilio” de Jerusalén bajo la autoridad de Santiago.
H. 50: Escritura en arameo del evangelio oral de Mateo.
57: Epístolas de Pablo a los Romanos, a los Corintios
y a los Gálatas.
62: Lapidación de Santiago decidida por el Sumo Sacerdote
Anan.
H. 65: Martirio de Pedro en Roma bajo Nerón.
65: Primera guerra judía contra los Romanos.
239
H. 67: Martirio de Pablo en Roma.
68: Destrucción del monasterio esenio de Qumran.
70: Incendio del Templo de Jerusalén por Tito.
73: Fundación de la academia de Yavné por Yohanan
Ben Zakkaï. Orígenes de la Mishná.
131-135: Segunda guerra judía llevada por Shimon
bar Kokhba.
134: Toma de Jerusalén y expulsión de los judíos.
Transformación del Templo en santuario de Zeus.
H. 140: Enseñanza gnóstica de Valentín.
193: Clemente enseña en Alejandría.
231: Enseñanza de Orígenes.
242: Comienzos de la predicación de Mani.
313: Edicto de Constantino de tolerancia a favor de los judíos.
323: Condena de Arrio en el sínodo de Alejandría.
325: Concilio de Nicea.
380: El cristianismo religión oficial del Imperio.
(Teodosio).
410: Toma de Roma por Alarico.
451: Concilio de Calcedonia.
540: Regla de S. Benito (Monte Casino).
570: Nacimiento de Mahoma.
622: Hégira (“Emigración”) del Profeta a Medina (punto
de partida del calendario musulmán).
632: Muerte de Mahoma.
240
241
Notas
242
París, 1978, p.340.
29. Jean Danielou, Les manuscrits de la mer Morte et les origines du christianisme,
p.103, Seuil, París (reedit. 1974).
30. De Quelle, « source » en aleman. Trad. Francesa : Fréderic Arnsler, L’Évangile
Inconnu. La source des paroles de Jésus, Labor et Fides, Geneve, 2001.
31. Se trata aquí de Mahoma.
32. La traducción de Si Hamza Boubakeur evita toda ambigüedad: “[el mensaje] que confirma
una [escritura] anterior y servirá de buena dirección y de buena nueva a los creyentes”.
33. Es sorprendente que, por lo que sabemos, no se haya resaltado lo suficiente que el número
de suras era idéntico al número de logias del evangelio de Tomas (114). Más allá de que
esto pueda ser una coincidencia, señalemos que el Corán coge de Tomas la historia de los
pájaros (III, 49).
34. Aux origines du Corán, questions d’hier, approches d’aujourd’hui, Téraèdre, « L’islam en
debats », París, 2004, p. 136.
35. Numerosos versículos del Corán comienzan por “ Di!” dirigido por Gabriel/Alá al
Profeta para que lo repita a los hombres.
36. Se sigue aquí la presentación de Denise Mason en la introducción a su traducción del
Corán.
37. Por otro lado, los hadith, palabras atribuidas a Mahoma y que sirven de fundamento
secundario del islam, no tienen consenso.
38. Op. cit., p. 99. Ver tambien R. Blachére, Introduction au Coran (Adrien Maisonneuve, Paris,
1991) y Ibn Warraq, The Origms of Koran (New York, Prometheus, 1998).
39. Karl-Heinz Ohlig, The Hilden Origins of Islam (trad. del autor), Prornetheus, New York,
2010, p. 8.
40. Die syro-aramaische Lesart des Koran, Berlin, 2000. El escrito no ha sido traducido al
Francés pero fue objeto de una detallada presentación por Rémi Brague en la revista
Critique de abril 2003.
41. El nombre mismo del Corán viene del arameo quryan.
42. The Hidden Origins of Islam, op. cit.
43. Aux origines du Coran, op. cit., p. 98.
44. Ver la entrevista de Abdelwahab Meddeb en Le Monde del 23 abril 2011.
45. Según el Novellino, libro de historias escrito en Florencia en el siglo XIII,
46. Le Prophéttisme hebreu, Gabalda, Paris, 1982, p. 12.
47. Ver L'Aventure monothéiste, La Découverte, Paris, 201 1.
48. Ver el prefacio de Henry Corbin al l'Évangile de Barnabé (Beauchesne. Paris, 1977) y el
artículo de Louis Massignon, « Élie et son róle transhis-torique » in Écrits mémorables, t. II,
Robert Laffont, « Bouquins », Paris, 2009.
49. Les Origines de l’islam et le Christianisme (trad. del aleman), Jean Maisonneuve, Paris,
1955, p.208.
50. Pseudo-Denys, La Hiérarchie céleste, 260 C (trad.: Maurice de Gandillac), Aubier,
Paris, 1980.
51. Dictionnaire encyclopédique de la Bible, Brepols, 1987.
52. Los judios no nombran jamás Yahvé y frecuentemente dicen Adonaï (“Seigneur”),
o tambien Ha Shein (el Nombre).
53. Citado por Henri Sérouya, La Kabbale, Grasset, Paris, 1957, p. 231.
54. Ver Roland de Vaux, Histoire ancienne d'Israël, Gabalda, Paris, 1971, t. I, pp. 426-428.
55. Ver Jean Soler, L'Invention du monothéisme, De Fallois, Paris, 2002.
56. Daniel Sibony, Les Trois Monothéísmcs, Le Seuil, Paris, 1992, p. 127.
57. Op. cit., t. I, p. 194. Eliade compara Yahvé con ciertas divinidades del induismo como
Shiva.
58. Son los usos de la guerra en la época.
59. Ver Ex 13, 1 y 22, 28. La Biblia de Jérusalem no acepta el sentido sin embargo claro de
243
este pasage y sostiene que la “teología primititiva [sic] atribuye a Yahvé instituciones y
deformaciones de las que solo los hombres son en realidad responsables”.
60. Los animales son creados antes que el hombre en el relato elohista y después en el
relato yavhista.
61. Jean Bottéro y Samuel Noah Kramer, Lorsque les dieux faisaient l'homme. Mythologie
mésopotamienne, Gallimard, Paris, 1989, pp. 537-539.
62. Ver la enciclopedia católica Théo y el artículo de Hervé Giraud en la revista Jésus de
octubre 1997 citados por Jean Delurneau en el extraordinario del Nouvel Observateur
(diciembre 1997). Para otra aproximación ver la revista Pardés nº 31 (2001).
63. Études de métaphysique biblique, Gabalda, París, 1955, p. 187.
64. Claude Tresmontant, Le Prophétisme hébreu, Gabalda, Paris, 1982,
p. 155. Subrayado nuestro.
65. Ver La Loi de Moïse, De Fallois, Prís, 2003, p. 34.
66. Dictionnaire encyclopédique de la Bible, op. cit. p.336.
67. Ver Éric Edelmann, Jésus parlait araméen , Editions du Relié, Gordes, 2000, p. 176.
68. Moïse et le monothéisme, Gallimard, París, 1948.
69. Ver el Livre des Rois (2 R 17, 7-23).
70. Ver fundamentalmente ls 45, 18-25.
71. Karl Jaspers, Origine et sens de l'Histoire. Plon, Paris, 1954, p. 11 y 18.
72. El primero en haber singularizado este periodo es según nuestro conocimiento,
René Guénon en 1927 en La Crise da monde moderno (Gallimard).
73. El rey persa Ciro conquistó Babilonia el 539 a.C.
74. El hijo de Ciro, Cambises ocupó Egipto en el 525 a.C. y, enloqueciendo, hizo masacrar al
faraón, a su familia y a la mayoría de los sacerdotes.
75. Fundador del jainismo.
76. Ver las referencias a “El Oint del Señor” (Is 45, 1), “Mi pastor “(Is 44 , 28), que “ Yahvé,
elohim del cielo, [se encargó] de reconstruir [su] ciudad, y de repatriar [sus] deportados”
(Es 1, 1-6).
77. Sobre la dimensión ética de esta religión, véase Jean Varenne, Zarathustra en la tradición
zoroástrica, Le Seuil, Paris, 1966.
78. Las obras en el lenguaje cristiano.
79. En lugar de "caridad", cuyo significado es ambiguo y la connotación específicamente
cristiana.
80. Véase, en particular Nb 16, 20-22.; Jos 7; 25 21, 1; Ex 20 5.
81. La estancia de los muertos del judaísmo (sheol) es, como el griego Hades, un lugar de
olvido y silencio donde van todos muertos (véase el capítulo XIV).
82. Según la expresión feliz Roger Arnaldez (Tres Mensajeros de un solo dios, Albin Michel,
París, 1991, p. 61).
83. Siempre podemos preguntarnos si debemos considerar el budismo como una religión (o
varias, dependiendo de los diferentes países de Asia oriental) o como una filosofía, una
sabiduría.
84. Bajo Calígula, en particular.
85. Perspectivas espirituales y realidades humanas, Editions des Cahiers du Sud, París, 1953,
p. 91.
86. Se sigue aquí a Paul Johnson, Una Historia de los Judios, JC Lattes, París, 1989.
87. Dt 19, 15; LS 11, 1-16; Mi 5, 1-3; Ez 34 23. Véase también el texto apócrifo de los Salmos
de Salomón (Salmo 17) en los escritos intertestamentales.
88. Manuscrito de Qumran citado por el Dictionnaire encyclopédique du judaïsme , Robert
Laffont. París. 1996. P. 75.
89. Flavius Joséphe ha descrito con precisión las concepciones y las prácticas (La Guerre des
juifs, Editions de Minuit , Paris, 1977).
90. Cf. Mt 12, 14; 22, 15; Lc 16, 14; 18, 10; 20, 20.
91. Les Manuscrits de la mer Morte et les origines du christianisme, op. Cit.
244
92. Is 40, 3 retomado por Mc 1, 3.
93. Ver Annie Jaubert, La Date de la Céne, Gabalda, Paris, 1957 y Robert A. Powell, Chronicle
of the Living Christ, Anthroposophic Press, Hudson (NY USA), 1996.
94. La Genése des dogmes chrétiens, Albin Michel, Paris, 1972, p. 37.
95. Ver especialmente el Jésus de David Flusser, que le dedica un capítulo entero (Éditions de
l'Eclat, París, 2005).
96. 1 Hénoch 48, 10. Le Livre d'Hénoch (trad. : F. Martin), 1906, rééd. Archè, Milan, 1975.
97. Jesus within Judaism, SPCK Publishing, Londres, 1989, p. 152.
98. Mt 8,20; 11, 19; 16, 13; Jn 3, 13; 12, 34.
99. Este concepto se basa sobre todo en la formula del Evangelio de Juan: "Yo y el Padre somos
uno", (Jn 10, 30).
100. Cf. el comentario de Sri Aurobindo de la Bhagavad-Gita, Albin Michel, París, 1947, p. 125.
101. Lv 19, 18
102. Dictionnaire encyclopédique du judaisme, op. cit., p. 861.
103. Ver el muy ortodoxo Vocabulaire de théologie biblique, p. 1145 (París, Cerf, 1970), y el
inconformista Jésus aprés Jésus. L'origine du christianisme de Mordillat y Prieur (Seuil, París,
2004), que pone de relieve la ambigüedad del concepto del Reino de Dios (pp. 97-100).
104. Continúa en Mc 4, 25, en Lc 8, 18 y en la parábola de los talentos que está dedicada a
este tema (Mt 25, 29 et Lc 19, 24).
105. Se sigue aquí a Claude Tresmontant (1970), pp 168-169,
106. Traduc. : Buzy.
107. Jésus et l’Histoire, Desclée de Brouwer, Paris, 1979, p. 270.
108. O de "mostaza", según la traducción. Ver el paralelo con el Chandogya Upanishad, "mi
atman en su corazón es más pequeño que un grano de cebada, que un grano de
mostaza” (III, 14).
109. Le Prophétisme hébreu, op. cit., p. 175.
110. Ver Claude Tresmonrant. L'Enseignement de Ieschoua de Nazareth, Seuil, Paris, 1970,
p.192.
111. La Onzième Heure, L’Âge d’Homme, Laussanne, 2001, p.18.
112. Especialmente los textos esenios de Qumran.
113. Dictionaire encyclopédique du judaïsme, op.cit., p.861.
114. Claude Tresmontant, L'Enseignement de leschoua de Nazareth, op. cit., p. 58 et 59.
115. Es necesario resaltar el paralelismo en este punto con las enseñanzas de Buda, seis
siglos antes.
116. Éric Edelmann se refiere a la palabra aramea tâb que corresponde a la idea de cambio de
dirección o de retorno (Jésus parlait araméen, op. Cit. P.85).
117. Claude Tresmontant, L'Enseignement de leschoua de Nazareth, op. cit., p. 244.
118. Jean Varenne, Zoroastre, le prophète de l’Iran, Dervy, Paris, 1996, p. 64.
119. Ver el interesante paralelo que hace Léo Schaya con la Cábala (Naissance á l’esprit
Dervy, Paris, 1987, p. 23).
120. Jésus aprés Jésus, op. cit., p. 96.
121. Enquéte sur l'identité; de Jésus, Bayard, Paris, 2003, p. 263.
122. Mc 13, 30; Mt 24, 34; Le 21, 32.
123. Ver Rougier, La Genése des dogmes chretiens, op. cit., p. 121 et 126.
124. Le Secret historique de la vie de Jésus, Albin Michel, Paris, 1961.
125. Histoire des origines du chtistianisme, Robert Laffonr, « Bouquins », Paris (t. 1, p. 413).
126. Les Syrnboles chrétiens primitifs, Senil, Paris, 1961, p. 125.
127. L’Incendiaire. Vie de Saul, apótre, Robert Laffont, Paris, 1991.
128. Ver David Flusser, Les Seurces juives du chrisitanisme, Éditions de l'Éclat,PariS, 2003,
pp. 102-103.
129. Al utilizar la biblia en griego y no en hebreo.
130. La Biblia de Jerusalén traduce en umin por “entre” repitiendo así, de manera persistente
el error característico señalado anteriormente para Luc 17, 21.
245
131. Ver 1 Cor 2, 6.
132. Claude Tresmonrant, Saint Paul, Senil, Paris, 1956, p. 50.
133. Ibid., p. 63.
134. Cf. Diccionario Bailly. El falso sentido de la Biblia de Jerusalén es en este pasaje, igual
que en otras traducciones, tanto más claro, cuanto que Pablo contrapone precisamente
la noción de agapé a la de limosna.
135. Aquí hay una perfecta continuidad entre el Dios de Moisés (Ex 33,19), el de Pablo
(Rm 9, 15) y el de Mahoma (VI, 133).
136. La Théologie de saint Paul, Beauchesne, Paris, 1961, t. 11, p. 100.
137. Del griego presbuteros, « anciano », comparativo de presbus, que dio “sacerdote”.
138. Del griego epíscopus, «inspector », que dio “obispo”.
139. El personaje de Santiago ha sido objeto de trabajos recientes que ponen en evidencia
su importancia (cf. Robert Eisenman, James, the Brother of Jesus, Faber and Faber,
1997; Pierre-Antoine Bernheim, Jacques, frére de Jésus, Paris, Albin Michel, 1996).
140. Es decir “primo”.
141. Ver el artículo de André Benoît en el trabajo colectivo Aux origines du christianisme,
Gallimard, « Folio Histoire », Paris, 2000.
142. Esta tésis es defendida por Étienne Nodet y Justine Taylor en Essai sur les origines du
christianisme, Cerf, Paris, 1998.
143. Ver Jean Daniélou-Henri Marrou, Nouvelle Histoire de l'Église, Seuil, Paris, 1963, p. 68.
144. Cf Nodet et Taylor op. cit., p. 225.
145. Ibid., capítulo IV.
146. Se habla de “cristianos” en Antioquia desde el 41 (Ac 11, 26) mientras que el término no
se impone hasta comienzos del siglo II.
147. Simon Claude Mimouni, Les Chrétiens d'origine juive dans l’antiquité, Albin Michel, Paris,
2004, p.157.
148. Nouveaux Aperçus sur les manuscrits de la mer Morte, Paris. Payot, p. 206, cité par Marc
Philonenko et Geo Widengren, Apocalypse iranienne et dualisrne qoumrânien, A.
Maisonneuve, Paris, 1995, p. 195.
149. Cf Jean Daniélou-Henri Marrou., op. cit. (p. 89), Jaroslav Pelikan, La Tradition
chrétienne, PUF, Paris, 1994 (vol. 1, p. 25) y David Flusser, Les Sources Juives du
christianisme, op. cit. (p. 115 s.).
150. Seguimos aquí a Jean Danielou en Théologie du judéo-christia-nisme, Desclée de
Brouwer, Paris, 1958, pp. 68-80, que se basa principalmente en el obispo Epifanio
(muerto en el 403).
151. Ibid. P. 78.
152. Ver Luigi Cirillo, « Verus Propheta en Cahiers de l'Herne nº 39 dedicado á Henry Corbin,
1981.
153. Se sigue aquí a Simon Claude Mimouni, op. cit.. capitulo v.
154. Ver en particular Les Stromates, Cerf, Paris, 1981, principalmente V, chapitre XI, párrafos
70 et 71.
155. Se sigue aquí el análisis de Jaroslav Pelikan op.cit.
156. Hipólito de Roma citado por Jaroslav Pelikan (op.cit. p. 90).
157. Eliade II, p.356.
158. En este sentido los gnósticos participan del “docetismo” (de dokeo, “parecer”) de muchas
otras herejías.
159. Op. cit. P. 101.
160. La obra de referencia es la contribución de Henri-Charles Puech sobre el maniqueísmo
en Histoire des religions, t.II, La Pleiade, 1972. La revista Religions et Histoire dedicó un
excelente número (julio 2005) al maniqueísmo. Ver también a Mircea Eliade para la
exposición de la doctrina maniqueísta, op. cit. (II parr. 232).
161. Tor Andrae subraya la importancia del lazo que constituye Mani en la cadena entre
246
Buda, Jesús y Mahoma (Mahomet, sa vie et sa doctrine, A. Maisonneuve, 1984, p.
103).
162. Sectas que practican el ascetismo principalmente en material sexual.
163. El historiador ultraconservador Daniel-Rops lo califica de “peste venida de Oriente”
(L'Église des apôtres et des martyrs, Paris, Fayard, 1948, p. 561).
164. Agustín fue tocado por el maniqueísmo antes de serlo por el cristianismo.
165. Henry Corbin, Histoire de la philosophie islarnique, Gallimard, col, « Folio », Paris, 1986,
p. 51.
166. Beyond Belief, Random House, Londres, 2003.
167. Del griego katharos, « puro ».
168. Le Gnostique de saint Clément d'Alexandríe ha sido reeditado bajo el título La Tradition
secréte des mystiques, Arfuyen, 2006.
169. Citado por Claude Tresrnontant, Le Christ hébreu, 0.E.I.L., Paris, 1983, p. 305.
170. Ver Jean Daniélou-Henri Marrou. op. cit. (p. 75) y Mircea Eliade, op. cit., t .11, § 223.
171. Citado por Jacques Attali, Blaise Pascal ou le génie français, Fayard, Paris, 2000, p.
240.
172. Ver Ferdinand Prat, La Théologie de saint Paul, op. ctt., p_ 37.
173. Ver Jean Daniélou /Henri Marrou, op. cit (p. 192-194 et 354).
174. Citado en Encyclopédie des mystiques, Payot, Paris 1996, t.I p. 548.
175. Citado por Frithjof. Shuon, op. cit., p.108.
176. Cf. René Guénon, Aperçus sur l'ésotérisme chrétien, Éditions Traditionnelles, Paris,
1954, p. 19.
177. La mystique de l’apôtre Paul, Albin Michel, Paris, 1962, p. 283.
178. Seguimos aquí a Richard E. Rubenstein, Le jour oú Jésus devint Dieu, La Découverte,
Paris, 2001, p. 75.
179. Citado en Jean Daniélou-Henri Marrou, op. cit., p. 309.
180. Citado por Louis Rougier, Le Conflit du christianisme primitif et de la civilisation antique,
Copernic, Paris, 1977, p. 152.
181. Citado por Louis Rougier, op. cit., p. 68.
182. Quand notre monde est devenu chrétien, Albin Michel, Paris, 2007, p..202..
183. L'Évangile et l'Église, Noesis, Paris, 2001, p. 116, citado por Gérard Mordillar et Jérórne
Prieur, op. cit.
184. Fue Cipriano de Cartago el que en el siglo III inventó la fórmula: “Fuera de la Iglesia no
hay salvación”.
185. Frédéric Lenoir et Ysé T. Masquelier (dir.), Encyclopédie des religions, Bayard, Paris,
1997 (t. 1, p. 402).
186. Juan 1º en el 526 y Silverio en el 537.
187. Procopio, citado por G. Sale op.cit. p.477.
188. Leer la presentación de la sura en la traducción del Corán de Hamza Boubakeur
(Fayard, Paris 1976).
189. Observations historiques et critiques sur le mahométisme, en Les Livres sacrés de toutes
les religions, Paris, Migne, 1865, p. 478.
190. Cf. Les Origines de l’islam: et le Christanisme de Tor Andrae, op.cit.
191. Jerusalén acababa de caer en manos de los Persas (614).
192. Ver Paul Balta, Michel Cuypers y Geneviéve Gobillot, Islam et Coran, Le Cavalier bleu,
Paris, 2011 (p. 94) y el prefacio de Henry Corbin en l'Evangile de Barnabé, op. cit.
193. Ver Alfred-Louis de Prémare, Aux origines du Coran, Tétraèdre, Paris, 2004, p. 95, y
Joachim Gnilka., Qui sont les chrétiens du Coran Cerf, Paris, 2008, p. 14.
194. Ver en particular Histoire des dogmes, reed francesa, Cerf, 1993, p.38.
195. Theologie und Geschichte des Judenchristentums, Tübingen, Mohr, 1949, citado por
Rémi Brague en el artículo « Le Coran: sortir du cercele ? », Critique n" 671, abril 2003.
196. Joachim Gnilka, Qui sont les chrétiens du Coran ?, op. cit.
247
197. Su trabajo Die Syro-Ararnaische Lesart des Koran (Berlin, Das Arabische Buch, 2000) ha
creado gran interés en el mundo especializado (cf. El artículo de Ibn Warraq en The
Guardian traducido en el Courrier International de 28 de febrero de 2002) pero sin
traducción hasta hoy ni en inglés ni en francés. Remi Brague atrajo la atención francesa
sobre el trabajo en su artículo de Critique de abril de 2003.
198. Le Messie et son prophéte, Éditions de Paris, Versailles, 2005 (2 vol.)
,199. Cf Irénée citado por Joachim Gnilka, op. cit., p. 98.
200. Joachim Gnilka, op. cit., p. 96.
201. Ver Paul Balta, Michel Cuypers y Geneviève Gobillot, op. cit p. 82.
202. Écrits apocryphes chrétiens, Gallimard, La Pléiade, Paris, 1997 (pp. 197 y 226).
203. Cf. Jean Daniélou, Théologie du judéo-christianisme, op. cit., p. 91.
204. Op. cit., pp. 104-108.
205. Évangile de Barnabé, op. cit.
206. Le Dóme da Rocher, Albin Michel, Paris, 1997.
207. Ver Joachim Gnilka, op. cit., p. 148.
208. Ver su contribución en el trabajo colectivo dirigido por Karl-Heinz Ohlig, op. cit: A New
interpretation of the Arabic Inscription in Jerusalem's Dome of the Rock.
209. Ver Geoffrey Parrinder, Jesus in the Qur'án, Oneworld, Oxford, 1995.
210. Ver la reseña “Sabéens” de la encyclopedia del islam FAHD citada por François
Blanchetiére, Enquéte sur les racines juives du mouvement chrétien, Paris, Cerf, 2001, p.
240 y Tor Andrae, op. cit., pp. 105-107.
211. Prefacio a l'Évangile de Barnabé, op. cit.
212. El subrayado es nuestro.
213. La Théologte politique de Paul, Paris, Seuil, 1999, citado por Mordillat (2004, p. 347).
214. Ver su contribución en el trabajo colectivo dirigido por Karl-Heinz Ohlig op.cit.
215. Cf. anteriormente la inscripción de la Cúpula de la Roca.
216. Ver el Dictionnaire du Corán, Robert Laffont, Paris, 2007, p. 96.
217. Le Coran, la Bible et l'Orient ancien, Mondher Sfar, Paris, 1998
p. 246.
218. En él se repite una veintena de veces el principio de la unicidad de Dios. La fórmula de la
profesión de fe musulmana que por sí misma define a todo el islam es la shahada (lâ ilâha
illa-llâh): “No hay otro Dios que Allah y Mahoma es su Profeta”.
219. La comunidad “recta”, cf. anteriormente.
220 La segunda sura, “la vaca” se dedica con amplitud a los hijos de Israel lo que es coherente
con el hecho de que siendo la primera elaborada en Medina debía dirigirse principalmente
a los judíos que eran numerosos allí.
221. Curiosamente el Corán señala que algunas prohibiciones del Levítico estaban destinadas a
castigar a los judíos por su mala conducta (IV, 160 y VI, 146)
222. Mohamed Talbi señala que la concepción sin padre está científicamente permitida (la
clonación) y plantea entonces la cuestión siguiente: “Lo que permite la ciencia ¿seria
imposible para Dios?” “Penseur libre en islam, Flammarion, 2000, p. 197.
223. Jesús fue condenado por el Sanedrín por que se denominaba a si mismo “Hijo de Dios”.
224. Ver la discusión sobre estas relaciones en la traducción de Hamza Boubakeur p. 597 y con
un sentido diferente, p. 665. Señalemos además el caso de Maria a la que se reprocha
haber hecho una divinidad. (V, 116)
225. Los Actos de Juan (cf. nota de Denise Masson) o el evangelio de Judas descubierto
Recientemente.
226. Cf. “la muerte de Jesús” en nuestro capítulo XIII y el capitulo dedicado a este tema por
Geoffrey Parrinder en Jesus in the Qur´ân, op. cit.
227. Ver notas de Hamza Boubakeur y Denise Masson.
228. Régis Blachère (op.cit. p. 24) señala que si bien al comienzo de la misión de Mahoma el
anuncio de “la Hora suprema” es el tema dominante de su predicación, tras la instalación en
Medina los temas del culto y las reglas de las relaciones entre los hombres toman peso
poco a poco.
229. Esta fórmula se repite 25 veces en el Corán.
248
230. Ver las diferentes interpretaciones en Roger Arnaldez, Trois Messagers pour un seul
dieu, op. cit., p. 99.
231. Las famosas huríes, esposas en el paraíso, han hecho correr mucha tinta. Cristoph
Luxemberg propone una traducción radicalmente diferente (cf. capitulo I).
232. Trad. Hamza Boubakeur, nota V, 82.
233. Op. cit. P. 87.
234. Que siempre falta!
235. Se observará que las obligaciones fundamentales del maniqueísmo son más o menos las
Mismas: la confesión de los pecados sustituye la peregrinación. El ayuno de un mes se
compara con el ramadán y se practica antes de la fiesta anual en honor de Mani (cf.
Religions et Historia, julio de 2005, p. 41).
236. Con la notoria (y misteriosa) excepción de la piedra negra de la Kaaba en La Meca.
237. Comprendre l'Islam, Paris, Gallimard, 1961, p. 38
238. Roger Garaudy ha recensionado sobre los 6236 versículos del Corán 228 con carácter
jurídico y de ellos solamente 30 en materia penal.
239. Es lo que sugiere el análisis de los códices antiguos (cf. Alfred-Louis de Prémare Op. cit.,
p.93).
240. Algunas tribus despreciaban a las hijas hasta el punto de enterrarlas vivas cuando había un
número excesivo. Por otra parte la poliandria cohabitaba con la poligamia sin límites. La
prostitución estaba muy extendida.
241. Limitado a la mitad de la parte del hombre.
242. Cf André Grjebine, Le Figaro, 13 mars 2004.
243. Perspecuves spirituelles et faits hurnains, op. cit., p. 89.
244. Bernard Lewís, Islam, Paris, Gallimard, 2004, p. 111.
245. La Pléiade, op. cit.
246. Op. cit., p. 265
247. Cf. Bernard Lewis, op. cit., p. 109.
248. Cf. Bernard Lewis, op. cit., p. 155.
249. Cf. Ignace Goldziher, Sur l'Islam. Origines de la théologie musulmane, Desclée de Brouwer,
Paris, 2003, p. 124, y Bernard Lewis, op. cit. p. 190.
250. Op. cit., p. 14
251. Con las excepciones habituales (Eliade, Corbin, etc).
252. Citemos entre otros: Pico de la Mirandola, Robert Fludd, Friedrich Christoph Oetinger, Isaac
Newton. Ver el número de los Cahiers de l’hermétisme dedicado al tema (Albin Michel, Paris
1979).
253. Ver Gershom Scholern, Les Grands Courants de la mystaque juive, Payot, Paris, 1977,
pp. 57-62.
254. Ver la traduccion de Guy Casaril dans Rabbi Saméon bar Yochai et la Cabbale, Le
Seuil, Paris, 1961.
255. Ver Eliade, op, cit., t. III, § 291.
256. Stromates 1, 1,11.
257. Eranos-Jahrbuch, Rhein Verlag, Zürich, 1962.
258. El autor está mal identificado. Su obra, aparecida en el siglo VI, muestra influencias mucho
mas antiguas.
259. OEuvres cornplètes du Pseudo-Denys l'aréopagite (trad. M. de Gandillac), Aubier, Paris,
1980, pp. 91-92. Ver tambien p. 195.
260. Dictionnaire du Coran, op. cit., p. 160.
261. Éditions Beauchesne, Paris, 1977.
262. Spinoza, Éthíque I, prop. 15.
263. Rig-Veda X, 129 (trad. ; Renou). Le Véda, le trésor spírituel de l'huma-nité, Éditions
Planete, Paris, 1967.
264. Eliade ve en la vaciedad una posible alusión a las “aguas primitivas” pero es más
tentador hacer la comparación con la vida de la cual la mayoría de los astrofísicos
admiten su existencia en el Universo.
249
265. Ver la comunicación de Michel Cassé “Émergence hasardeuse et multiples cosmos”
(coloquio de la Uesco, Paris 2004).
266.Ver Maurice Bucaille, La Bible, le Coran et la science : les Écritures saintes examinées á la lumiére
des connaissances modernes, Seghers, Paris, 1976.
267. Del griego dêmiourgos, “artesano”.
268. Mencionemos sin embargo el artículo que le dedica Eric Geoffroy en el Dictionaire du Coran,
op.cit.
269. Plotino utiliza el término “hipóstasis”, que es la esencia o la substancia no determinada que existe
por sí y en sí.
270. Plotino utiliza el término “procesión” que es el equivalente de la emanación y que se distingue de
la “creación”
271. Émile Bréhier, Histoire de la philosophie, PUF, Paris, 1981, t. I, p. 403.
272. Ibd. P. 404.
273. OEvres completes, op.cit.
274. Seguimos aquí la explicación de Henry Corbin en Le paradoxe du monothéisme, L’Herne, Paris,
1979.
275 . Voir Cahiers de l'université Saint-Jean-de-Jérusalem, n° 5, Berg International, Paris,
1979.
276. Comment Jésus est devenu Dieu, Fayard, 2010, p. 308.
277. OEvres du Pseudo-Denys, op.cit. p. 57.
278. III Henoch, 20.
279. Écrits apocryphes chrétiens, op. cit., p. 371.
280. Op. cit. p. 205.
281. Dictionnaire du Coran, op. cit., p. 96
282. I Henoch, 20.
283. Este es el significado de estos nombres: Uriel: “Dios es mi luz”; Rafael: “Dios cura”;
Raguel: “Amigo de Dios”; Miguel: “¿Quién como Dios?”; Sariel: “Dios es mi príncipe”;
Gabriel: “Dios es mi paladín”; Remiel: “Dios es mi elevación”.
284. Del griego apokalupsis.
285. El autor del Apocalipsis es probablemente un homónimo de Juan el Evangelista.
286. Los animales son creados antes que el hombre en el elohista y después en el yahvista.
287. Traducción de Mohamed Talbi en Reflexions sur le Coran, Seghers, 1989, p, 107.
288. La tradición judía no ignora esta “ignorancia” de los ángeles cf.Ginzberg, Les
Légendes des juifs,t.I, Cerf, Paris, 1997, p. 48.
289. El Corán retoma aquí el relato del libro apócrifo cristiano Vie d’Adam et Ève ( XII-XVI).
290. En una cierta tradición esotérica, Lucifer no se confunde con Satán. El primero es el
jefe de los ángeles caídos y ayuda al hombre, mientras que el segundo es el “espíritu
del mal”. Ver los trabajos de Robert Ambelain y especialmente Adam dieu rouge
(Niclaus, 1941).
291. Citado por Jean Daniélou, Les Anges et leur mission, d'aprés les Péres de l’Église ,
Desclée. Paris, 1952, p. 65
292. Catéchisme de l'Église catholique. Plon, 1992, art. 366.
293. Le Monothéísme, Fides, Québec, 2003, p. 20.
294. Midrach Rabba XIV 3 (Verdier, 1987) cité par Louis Ginzberg (Les Légendes des juifs,
op. cit., p. 40).
295. Se encontrará un análisis completo en Geneviève Gobillot, La fitra. La conception
originelle, ses interprétations et fonctions chez les penseurs musulmans (Institut francais
d'archéologie orientale, Le Caire, 2000).
296. Ver sobre el tema Orphée et I'orphisme, Reynal Sorel, PUF, coll. “ Que sais-je ?”
Paris, 1995.
297.Citado por Jacob Burckhardt en La Civilisation de la Renaissance y retomado por Georges
Canguilhem en Études d'histoire et de philosophie des sciences (p. 35).
298. Se apoya aquí principalmente en Moharned Talbi (Réflexions sur le Coran, op. cit.) y sobre
Frithjof Schuon (Perspectives spirituelles et faits hurnains, op.cit. section III, « Les contours
250
de l'esprit »).
299. Que tiene por lo tanto un mal papel en este caso preciso (cf. Hésiode, Théogonie, Le
Livre de Poche, pp. 54-82, y Jean-Pierre Vernant L'Univers, les Dieux et les Hommes,
Seuil, Paris, 1999, p. 86).
300. Albert-Marie DubarIe, Le Péché originel dans l'Écriture, Cerf, Paris, 1958.
301. Según Gershom Scholem, Le Messianisme juif Calmann-Lévy, Paris, 1974 (p. 91-102) y el
Díctionnaire entyclopédique du judaisme, op. cit., p. 603.
302. Citado por Denise Masson en su traducción del Corán (nota bajo la sura XXI, versículo 91).
303. Corán XCV, 5.
304. Ver Éric Geoffroy, L'Islam sera spirituel ou ne sera plus, Seuil, Paris, 2009, p. 28.
305. Ver el Catéchisme de l'Église catholique, op. cit., § 397 et 398.
306.1 Cor 15, 45 et 47.
307. Ver el texto de Théophile d'Antioche citado por Jean Delumeau, Guetter l'aurore,
Grasser, Paris, 2003, p. 109.
308. op. cit, § 404.
309. Dt 18, 15 y 18; Is 11, 1-16; Jr 23, 5; Mi 5, 1-3 ; Ez 34, 23.
310. Dictionnaire encyclopédique du juidaïsme, op. cít., p.663.
311. Se sigue aquí el artículo de Cyprien Baraut en el Dictionnaire de spiritualité, Beauchesne,
Paris, fascículo LVI, 1974.
312. Écrits apocryphes chrétiens, t. II, La Pléiade, 2005.
313. Los mismos textos son más recientes (probablemente del siglo III).
314. Cf. Henry Corbin, Histoire de la philosophie islamique, op. cit., p. 111.
315. Ibid.
316. Frédéric Lenoir, Comment Jésus est devenu Dieu, op. cit., p. 304.
317. De la palabra griega aiôn que designa el “tiempo” y en la lengua de los gnósticos, los poderes
emanados del ser.
318. Citado por Jaroslav Pelikan, op. cit., p. 193.
319. Puede contrastarse principalmente en la “ficha antropométrica de Jesús” tal como se presenta
en la placa hecha por Antoine Legrqand con las fotos de G. Enrié (Évangile et Linceul. La fiche
anthropométrique de Jesus, Froançois-Xavier de Guibert, Paris 1998).
320. Hugh Schonfield, Le Mystere Jésus, Pygmalion, Paris, 1989, p. 223. Las
correspondencias con los Evangelios se resaltan en cursiva.
321.Se han señalado en cursiva las correspondencias con los Evangelios tal como son
señaladas por la Biblia de Jerusalen.
322. Con Pablo se iniciará la costumbre de considerar que la victoria sobre Satán es la
victoria sobre la muerte, o sea la Resurrección. Ello es consecuencia de la naturaleza
divina de Cristo a la que no puede alcanzar la muerte.
323. Jaroslav Pelikan, op. cit., p. 87.
324. Ver Le Coran, nota de Denise Masson sobre la sura IV, 157 (La Pleiade).
325. Luigi Carrillo y Miches Frémaux, Evangile de Bernabé, op.cit. p.307. Sobre el papel
ambiguo de Judas el reciente descubrimiento del evangelio gnóstico epónimo aporta
una aclaración diferente: Judas habría entregado a Jesús siguiendo sus órdenes.
326. Hugh Schonfield, op. cit., p.174.
327. Lo cual no es en principio clínicamente cierto si se sigue a Hugh Schonfield, op. cit.
328. L’enigme du linceul, Fayard, Paris, 1998, p. 184.
329. Además de las dudas de Tomás está el no reconocimiento de Maria Magdalena (Jn 20,
14) de los discípulos de Emaús (Lc 24, 22) y la de sus discípulos en la pesca (Jn 21, 4).
330. Karl-Heinz Ohlig, op.cit., pp. 135 – 136.
331. Ver el libro de Henoch, op.cit., p.102.
332. Ver Louis Jacobs,op.cit., p.102.
333. op.cit., p. 108.
334. Dictionnaire encyclopédique de la Bible, op.cit., p. 1098.
335. Para convencerse basta con consultar el Catéchisme de l’Eglise catholique, op.cit.,
336. Dictionnaire de la spiritualité, Beauchesne, Paris, art. “Salvación” p.256.
337. Por ejemplo en la parábola de los vendimiadores homicidas (Mt 21, 33-44).
338. Le Monde, 9 Diciembre 2007.
251
339. Dictionnaire critique de théologie, op.cit., art. “Obras”.
340. Catéchisme de l’Eglise catholique, op.cit., § 154.
341. Ver Martin Lings, Un saint soufi au XXe siècle. Le cheikh Ahmad al ‘Alawi, Seuil, Paris, 1990.
342. Stromates IV, 22, 135, citado por Fénelon, La Tradition secrète des mystiques, Arfuyen,
Paris-Orbey, 2006, p. 13.
343. Ver Eliade, op.cit. t.III, p. 176.
344. Stromates VI 3, 13, 1 citado por Jean Daniélou, Les Traditions secrètes des apôtres,
Eranos-Jahrbuch, 1962, p. 207.
345. Se sigue el análisis de Mircea Eliade, op. cit., § 298.
346. Vie écrite par elle-même, Stock, Paris 1993.
347. Simone Weil, Lettre á un religieux, in OEvres, Gallimard, coll. « Quarto », Paris 1999,
p. 997.
348. Le Christianisme, Seuil, Pris, 1999, p. 612.
349. Éric Geoffroy, Initiation au soufisrne, Fayard, Paris, 2003, p. 15.
350. Louis Massignon le dedicó una obra monumental: La Passion de Hallâj, mártir
Mystique de l’islam, Gallimard, Paris 1975.
351. Citado por Éric Geoffroy op.cit, p. 114.
352. Bruno Étienne, Abdelkader, Hachette, Paris, 1994, citado por Éric Geoffroy, op. cit., p.
205.
353. Ver principalmente Cheikh Bentounés, L'Homme inténeur a la lumiére du Coran, Albin
Michel, Paris, 1998.
354. Éric Geoffroy op.cit, p. 60.
355. Roger Arnaldez, Trois messages pour un seul dieu, op. cit, p. 179.
356. Aldous Huxley, Daisetz Teitaro Suzuki, Louis Massignon, Henry Corbin, Robert
Charles Zaehner, Roger Arnaldez y, por supuesto, el gran « comparador » que fue
Mircea Eliade.
357. Ver Eliade op.cit., p. 227.
358. Ibid., p.179.
359. El budismo era en sus orígenes más bien una filosofía; pero rápidamente se convirtió
en una religión dedicada a Buda divinizado, con múltiples formas según las escuelas
y el país de Asia.
360. Traités et Sermons (trad. : Maurice de Gandillac), Aubier, Paris, 1942, p. 254.
361. Le Miroir des âmes simples et anéanties (trad. : Max Huot de Longchamp), Albin
Michel, coll. « Spiritualités vivantes », Paris, 1984.
362. Des Grâces d'oraison, Beauchesne, Paris, 1931, pp. 269-270.
363. La Mystique chrétienne et l'avenir de l'homme, Seuil, Paris, 1977, p. 11.
364. Le Livre des oevres divines, Albin Michel, Paris, 1982.
365. Le Cháteau intérieur, chap. iv, citado por A.-F. Poulain, op. cit., p. 279.
366. Op.cit., p.12.
367. La Folle et le Saint, Seuil, Paris, 1993.
368. Encuesta de Reader’s Digest, 2005.
369. Debemos la mayor parte de las referencias de este párrafo al análisis comparativo de
Denise Masson, Monothéisme coranique et monothéisme biblique, Desclée de
Brouwer, Paris, 1976 (libro quinto).
370. Apocalypse iranienne et dualisme qoumrânien, op. cit., p. 17.
371. Catéchisme, op.cit., § 999.
372. Ver Louis Jacobs, op.cit., p. 104.
373. Ver Mohammad-Ali Amir-Moezzi y Christian Jambet, Qu'est-ce que le shî’isme?,
Fayard, Paris, 2004, p. 337.
374. Henry Corbin, Le Paradoxe du monothéisme, op.cit.,p. 145.
375. Ver el Dictionnaire critique de théologie, op.cit., p. 1006.
376. Catéchisme, op.cit., § 1035.
377. Louis Jacobs, op.cit., p. 103.
378. Ibid. p. 109.
252
379. Ver Roger Arnáldez, op, cit., pp.96-97.
380. Según Denise Masson, Le Corán, La Pleiade, 1967, p. XLV.
381. Las traducciones del Notrs Père son de Marc Philonenko, Le Notre Père, Gallimard, Paris,
2001.
382. Plegaria sinagogal (14 Croix, 18-19 octubre 2008).
383. Marc Philonenko justifica su traducción de forma convincente y abre perspectivas
estimulantes (op. cit. pp. 117-130).
384. Denise Masson, op. cit..p. 517.
385. Khaled Bentounés, Alain Houziaux et Gérard Israël, Le Coran, Jésus et le Judaisme,
Desclée de Brouwer, Paris, 2004, p. 100.
386. Mt 22, 21.
387. Le Figaro, 15 abril 1995.
388. Ver Paul Balta, Michel Cuypers y Genevilve Gobillot, op. p. 221.
389. Le Seuil, Paris, 2009.
390. Citado por La Croix, 2 noviembre 2008.
391. Existe desde hace poco en el Instituto católico de París una enseñanza que prepara a
los estudiantes musulmanes para el conocimiento del cristianismo.
392. Interview en Le Monde, 13 abril 1993.
393. Esta religión cuyo centro está en el monte Carmelo tiene millones de fieles. Predica un
islam tolerante impregnado de los valores espirituales de todas las grandes religiones
(ver la serie de artículos de Jean-Pierre Peroncel- Hugoz en Le Monde 15-17 setiembre
de 1982).
394. Tesis del creacionismo moderno según la cual la Creación solo puede haber sido
inspirada por una inteligencia superior.
395. El Carmelo fue desplazado en 1993.
396. Ver capítulo X.
253
Bibliografía seleccionada
comentada
Obras generalistas
254
Dictionnaire critique de théologie (dir.: Jean-Yves Lacoste), Paris,
Presses Universitaires de France, 1998
Algunos artículos son verdaderos tratados de teología (católica) pero,
con frecuencia, de lectura difícil para los no especialistas.
255
Capítulo III. El yavhismo de los tiempos de Moisés
Israël Finkelstein y Neil Asher Silberman, La Bible dévoilée, Paris,
Bayard, 2002.
Polémico pero estimulante.
256
Este sabio en múltiples facetas ha defendido, no sin excesos, las nuevas
tesis sobre los comienzos del cristianismo.
257
La introducción de D. Masson a su traducción del Coran constituye sin
duda la mejor presentación del islam para los que lo descubren.
258
Capítulo XV. El embrión de la religión común
Marc Philonenco, Le Notre Père, Paris, Gallimard, 2001
Notable pequeño estudio universitario que merecería ser conocido por
todos los que lo recitan sin siempre comprenderlo.
259
Agradecimientos
Esta obra es un trabajo póstumo. Es el volcado de la investigación de
toda la vida de Antoine Schwarz.
260
261
Indice
PREFACIO 2
INTRODUCCIÓN 7
PRIMERA PARTE
EL FUNDAMENTO
DE LAS RELIGIONES DEL LIBRO
CAPÍTULO I
La fragilidad de los textos sagrados ……………………………………….15
CAPÍTULO II
El fenómeno de la Revelación ……………………………………………...... 31
SEGUNDA PARTE
LA CONTINUIDAD DE LA REVELACION
CAPÍTULO III
El yavhismo de los tiempos de Moisés ……………………………………….44
CAPÍTULO IV
El judaísmo desde el tiempo de los profetas
al tiempo de Jesús ……………………………………………………….59
262
CAPÍTULO V
Jesús de Nazaret ……………………………………………………………….72
CAPÍTULO VI
Pablo, inventor del cristianismo ………………………………………………..87
CAPÍTULO VII
Los movimientos judeo-cristianos y gnósticos ………………………………100
CAPÍTULO VIII
El embrollo del mensaje de Jesús ……………………………………………108
CAPÍTULO IX
Los orígenes judeo-cristianos del islam ………………………………………120
CAPÍTULO X
El islam, confirmación de la religión única …………………………………..134
TERCERA PARTE
LA PARTICIPACIÓN EN LOS GRANDES MISTERIOS
CAPÍTULO XI
Los misterios divinos …………………………………………………………..154
CAPÍTULO XII
El misterio del hombre ……......…………………………………………………172
CAPÍTULO XIII
Los misterios de la Revelación ……………………………………………….. 184
CAPÍTULO XIV
El misterio de la salvación …………………………………………………….. 197
CAPÍTULO XV
El embrión de la religión común …………………………………………….. 218
EPÍLOGO ………………………………………………………………………………………… 231
263
264