LISBOA
LISBOA
La primavera es una de las épocas más alegres en la ciudad de Lisboa. Los días se alargan y
una luz especial ilumina las calles. Es un buen momento para empezar a salir a comer a la calle
o a tomar algo a alguna de las muchas terrazas de Lisboa o de aprovechar para darse un paseo
a orillas del Tajo.
Es también un buen momento para empezar a pensar en estrenar los trajes de baño en algunas
de las playas cercanas a Lisboa. Sea en Carcavelos, Costa de Caparica, Cascais o Guincho,
los días en los que el sol empiece a calentar más fuerte son una fantástica ocasión para
estrenar la temporada de playa en Lisboa.
Los puentes y festivos de esta época son una oportunidad fantástica para conocer lo mejor de
Lisboa. Cuando el tiempo acompaña, no se pueden dejar de disfrutar la vista desde el castillo o
los paseos por la Baixa o Belém.
El buen tiempo ayuda también a que nos animemos a salir un poco del centro de Lisboa y
recorramos los rincones más bonitos de Portugal. A muy poca distancia de Lisboa tenemos
excursiones como Sintra, Cabo da Roca o Mafra, si queremos irnos un poco más lejos,
podemos acercarnos por Évora, Coimbra o descubrir las playas del Alentejo.
Transporte Público
Tranvía
La imagen de Lisboa está asociada a la del tranvía. Sin embargo, curiosamente, las líneas de tranvía cada
vez son menos y están restringidas a determinados barrios del centro histórico o Belém, ya que al norte
de la plaza de Restauradores no hay ni una sola línea de este medio de transporte.
Los tranvías antiguos han quedado en la ciudad de Lisboa como el medio de transporte idóneo para las calles
del centro de la ciudad con fuertes pendientes y curvas donde no caben ni los tranvías nuevos ni casi los
autobuses. Eso sí, es el medio de transporte preferido de los turistas. Ya sea el 28 -que recorre el centro,
pasando por el Castillo, la Catedral y el Barrio Alto- o el 15 -que va desde el centro hasta Belém-. Los tranvías
urbanos son de color amarillo, igual que los autobuses, aunque existe un tranvía turístico de color rojo.
Los tranvías forman parte de la red Carris, que gestiona también los autobuses urbanos, los
tres “ascensores” –o pequeños funiculares para salvar cuestas- y elElevador de Santa Justa. Para todos los
medios de transporte que forman la red, se puede comprar el billete en el propio medio de transporte, aunque
sólo lo recomiendo en caso de extrema necesidad. Lo más cómodo es recargar billetes precomprados en
la Tarjeta 7 Colinas, que se puede comprar en los kioscos amarillos de la Carris, el metro y correos. Su precio
es casi la mitad del billete comprado en el autobús. También es posible recargarlo con billetes de 10 viajes.
Metro
A diferencia de en otras ciudades europeas, los títulos de la red de Carris no son los mismos que los del Metro.
No obstante, existe la posibilidad de cargar en la tarjeta 7 Colinas billetes combinados para uno o varios viajes
o, incluso, para un día entero.
Lisboa dispone de una red de Metro pequeña, pero eficiente, aunque se echa de menos que llegue a algunos
barrios. Por ejemplo, la zona del Castillo, Alfama, Graça, Alcântara, Campo de Ourique, Amoreiras o Belém no
están conectadas por este medio de transporte (aunque sí tienen estaciones más o menos cercanas, si no
importa darse un paseo). Son cuatro líneas con características diferentes. La roja, que lleva al Parque de las
Naciones, es sensacional, la amarilla está bastante bien cuidada, en la azul depende de cada estación y la
verde es bastante sucia en la mayor parte de sus estaciones. Tiene también el inconveniente de las escasas
posibilidades de transbordo, lo que, a veces, provoca trayectos demasiado largos. A diferencia de los
autobuses, comprar un billete sencillo no supone una gran diferencia económica con el de ida y vuelta, o los
bonos de 10, así que se recomienda a quien no vaya a utilizarlo muchas veces.
Tarjetas de transporte
El billete 7 Colinas es una tarjeta recargable que se compra en el metro y en los puestos de venta de la Carris.
En principio se vende vacía, pero da la oportunidad de recargarla con el tipo de título de transporte que se
desee, por ejemplo, los bonos de 5 y 10 viajes de los autobuses, los billetes combinados de metro y autobús o
los billetes turísticos. Para el turista ocasional que quiera utilizar frecuentemente el transporte público, se
recomienda comprar esta tarjeta y cargarla con el billete para toda la red de metro y autobús para 1 ó 5 días.
Quien resida en Lisboa por más tiempo, puede estar interesado en la tarjeta Lisboa Viva que, entre otras
cosas, permite cargar los abonos mensuales para el metro y el autobús. Cuesta unos 5 euros, requiere rellenar
un formulario y entregar una foto y tarda en estar preparado un par de semanas –hay puestos de emisión
urgente con recargo-, pero merece la pena, especialmente si se va a viajar mucho en metro. El abono mensual
del metro es bastante barato en relación con el precio de los billetes.
Taxi
El taxi es bastante barato comparado con las ciudades españolas, lo que le convierte en el mejor medio de
transporte para la noche lisboeta. Eso sí, conducen a velocidad de vértigo si la calle está despejada y tengo
conocidos que no han tenido experiencias agradables con ellos, así que se aconseja una dosis extra de
paciencia y, a ser posible, llevar suelto para no tener problemas con el cambio.
Desde el aeropuerto, además de la opción del taxi, hay un autobús especial de la Carris, al que se accede
con un billete especial de un día para la red. No obstante, quien no le tenga miedo a la aventura podrá coger
varias de las líneas urbanas que paran en la zona de salidas. El aeropuerto está situado prácticamente dentro
de la ciudad, así que la duración de cualquier trayecto será escasa.
Para alquilar un coche, hay compañías que ofrecen precios bastante buenos. En nuestro portal disponemos de
un comparador para ver en los precios de varias compañías de alquiler de coches en Lisboa.
Tren
El tren de cercanías no funciona mal, aunque a veces se echan de menos mejores facilidades de conexión
entre algunas líneas. Para ir a Cascais y Estoril, el tren se coge en Cais do Sodré; mientras que para llegar a
Sintra se puede tomar el tren en Roma-Areeiro, Entrecampos, Sete-Rios o Campolide y, con algunos
servicios menos, desde la estacíon de Rossio. Con un transbordo en Roma-Areeiro o Entrecampos se puede
llegar también desde la estación de Oriente.
Barco
Por último, para cruzar el río, depende del destino. En general los barcos son bastante baratos. Los trayectos
cortos a Cacilhas o Trafaria se cubren con barcos pequeños desde Cais do Sodré y Belém, respectivamente,
mientras que para los más largos a Montijo o Barreiro hay catamaranes que salen desde la estación fluvial de
Terreiro do Paço, junto a la Plaza do Comércio.
VIDA NOCTURNA
La vida nocturna en Lisboa es amplia y con muchos ambientes diferentes, así que cada uno se puede
sentir bastante a gusto. Desde bares tranquilos hasta las discotecas más de moda, pasando por el
tradicional ambiente del Barrio Alto, si algo no falta en la noche de Lisboa son oportunidades para
divertirse.
COMER EN LISBOA
Comer fuera en Lisboa no es un ejercicio que requiera de gran elegancia, pompa o preparación.
Los cientos de snack bar y restaurantes pequeños que hay en la ciudad de Lisboa sirven para matar el
hambre en prácticamente cualquier barrio de la capital con menús muchas veces improvisados a mano
en un mantel de papel colgado en la puerta. Que nadie tenga miedo de entrar, que prácticamente en
todos los sitios va a comer bien. Y, si alguien se corta por el aspecto de un determinado bar o
restaurante, él se lo pierde, ya que, muchas veces, cuanto más de barrio sea el restaurante, mejor se
come.
Es verdad que hay muchos snacks y pequeños restaurantes que no sirven cenas, pero aún así tampoco es
difícil encontrarse alguno por la noche, especialmente en el centro de la ciudad. En la zona de la Baixa, por
ejemplo, hay un par de calles dedicadas completamente a los restaurantes. Rua de Portas de Santo Antao,
que sale de la plaza del Rossio, es una de las más agradables, con restaurantes de todo tipo y precio.
No obstante, y aunque intentaré hacer lo posible para que perdáis el miedo a los restaurantes “cutres”,
reconozco que hay determinados momentos en los que es necesario acudir a determinados sitios más
atractivos estética o culinariamente. En esta sección vamos a ofrecer algunos consejos sobre algunos de los
restaurantes más interesantes de Lisboa por diversas razones.
Restaurantes recomendados
Podemos empezar el recorrido de restaurantes por la zona de la Baixa y el Barrio Alto. Un lugar poco
conocido, pero que no se puede dejar de visitar en Lisboa es el edifico de la Casa do Alentejo, en la Rua
Portas de Santo Antao. Por fuera no parece un restaurante y no anima a entrar, pero hay que vencer la timidez
y adentrarse en el edificio, que imita una casa árabe. En la parte de arriba está el bar –uno de los mis favoritos
de Lisboa por ambiente y precios- y el restaurante, que no pasa por ser el mejor de la ciudad, pero es muy
pintoresco y con precios razonables. Eso sí, no cierra muy tarde, así que hay que darse prisa si se quiere
cenar, especialmente teniendo en cuenta que en Portugal se cena antes que en España.
Por la zona de la Rua de Portas de Santo Antao hay numerosos restaurantes. Es turística, como podrá ver
cualquiera que pase por allí, pero no por ello es demasiado cara, salvo un par de restaurantes. Siempre
conviene mirar la carta antes de entrar en alguna parte.
La zona del Barrio Alto también se ha convertido en un lugar interesante para cenar. Entre tantas callejuelas y
bares pequeños han surgido una serie de restaurantes de moda, con precios algo más caros que los de otros
barrios y un ambiente especial con más cuidado por los detalles, como el Sinal Vermelho o el Lisboa à Noite.
Junto a ellos coexisten otros restaurantes más pequeños y tradicionales (especialmente ya algo más alejados
de las calles principales de copas del Barrio) y otros con espectáculos de fado, más turísticos. Por cierto que, a
quien quiera oír fado, se le recomienda que pase por la Tasca do Chico (ver sección sobre la vida nocturna)
en lugar de por estos restaurantes, que también abundan en las proximidades del Castillo.
Un lugar para cenar muy tradicional y clásico en el Barrio Alto es la cervecería Trindade. Construida en el
antiguo comedor de un monasterio, es un lugar inmenso donde prácticamente siempre habrá una mesa
disponible. La cocina es tradicional portuguesa a un precio bastante razonable y lo bueno que tiene es que dan
de cenar hasta muy tarde, algo de gran ayuda cuando uno se da cuenta de que otros muchos restaurantes de
la zona han cerrado su cocina.
Por la zona del Castillo, la gran propuesta es la terraza del Chapitô, con barbacoa y pequeños platos
preparados. La cocina no es tradicional portuguesa, pero el ambiente y la vista son inmejorables. Eso sí,
indicado sólo para los días de buen tiempo.
Uno de mis restaurantes favoritos de Lisboa, una de esas pequeñas joyas de barrio con poca elegancia pero
fantástica comida a buen precio está en la calle que sube de la catedral al castillo, por donde también
serpentea el tranvía múmeor 28. En el lado izquierdo de la subida está el restaurante Rio Coira. Muy
recomendable su arroz de marisco.
En la zona de Santos hay también algunos restaurantes interesantes. Uno de mis favoritos de toda la ciudad
es Viuva, al que se accede por unas escaleras situadas en un callejón que sale de la Rua das Janelas Verdes.
Un ambiente muy cuidado, con comida tradicional portuguesa y precios muy razonables para la comida que se
ofrece. Eso sí, conviene reservar mesa con antelación los fines de semana.
En la Rua das Janelas Verdes está también una cita inexcusable para los amantes de la carne y del buen
comer. El Picanha es un restaurante donde se sirve principalmente este tipo de carne brasileña que, por
cierto, fue uno de mis grandes descubrimientos gastronómicos de Portugal. Tiene un precio fijo
independientemente de lo que se coma, aunque la abundante guarnición se paga aparte. Ideal para gente que
adore la buena carne y que sea capaz de rentabilizar lo que se paga. Es más caro que los restaurantes
convencionales, pero a muchos comensales les merecerá la pena.
No lejos de Santos, aunque ya en la orilla del río, hay bastantes restaurantes. Destaca, a la altura de Santos,
el llamado Kais. Un sitio moderno, de cuidado diseño y comida más vanguardista. Más de moda, se puede
decir. Curiosamente, el restaurante tiene dos ambientes diferentes: en la parte de arriba, el Kais, el restaurante
de diseño, moda y élite. En el piso de abajo, la Adega (bodega) del Kais, con comida y servicio más
tradicional y precios más económicos. Por cierto, que a quien tenga buen estómago le recomiendo el rodizio
brasileño en el que va a probar cantidades ingentes de comida por no demasiado dinero.
Quiero destacar por otras razones, también, otros dos restaurantillos más pequeños y más aislados de las
zonas tradicionales de ocio o turismo. Uno de ellos está en la orilla sur del río Tajo y no se puede llegar a él en
coche (o se sigue el río desde el puerto de Cacilhas o se baja en el ascensor que comunica la orilla del río con
Almada), pero merece la pena si se quiere disfrutar de buena comida con fantásticas vistas del río y la ciudad.
Se trata del Atíra-te ao Rio, con comida principalmente brasileña y con un buffet de feijoada brasileña (similar
a a la fabada, pero con otro tipo de alubias) todos los sábados por la mañana, que resulta muy recomendable.
Finalmente, un restaurante ya mucho más formal y casi de lujo –aunque sin llegar a los extremos del Eleven,
que es el restaurante de élite y el más caro de Lisboa- es el Bica do Sapato que, al igual que la vecina
discoteca Lux, es propiedad del actor John Malkovich. Muy interesante para comidas de negocios o cenas muy
especiales, pero con precios bastante elevados.
LISBOA PROFUNDAMENTE:
Lo primero que hay que decir de Lisboa es que se trata de una ciudad muy agradable tanto para el
turista como para el residente. Tiene un tamaño y unos servicios que -sin ser los de una ciudad
inmensa- no tienen nada que envidiar a los de otras capitales europeas, una temperatura excelente
durante todo el año, una vida nocturna muy divertida, inmensos centros comerciales, playas muy
agradables a escasos kilómetros de distancia y miles de rincones que descubrir.
En esta breve reseña de lugares interesantes no voy a entrar en grandes detalles históricos o arquitectónicos
de Lisboa, sino que mi intención es dar una idea rápida al visitante de qué zonas puede visitar y qué se va a
encontrar en cada una de ellas. Así cada uno tendrá luego una base para ampliar lo que más le haya gustado.
Una de las primeras cosas que se puede decir de Lisboa es que el centro histórico no coincide con el centro
económico actual de la ciudad. Muchos de los turistas que visitan Lisboa, especialmente si lo hacen por pocos
días, ni siquiera pisan la parte con más movimiento de la capital, cosa que tampoco es nada raro, pues es
perfectamente prescindible. Eso sí, quien visite el centro histórico debe saber también que, aparte del
ambiente vetusto y tradicional de las casas del centro, al norte de la Plaza de los Restauradores hay una
Lisboa moderna y con vida.
La Baixa
La Baixa es la zona principal del centro histórico y, sin ningún género de dudas, la zona más
visitada de Lisboa. Podemos delimitarla como la zona llana encajonada entre las colinas donde se
encuentran el Castillo y al Barrio Alto y que va desde la Plaza del Rossio hasta el río Tajo. Se trata
de una zona de calles rectas y cuadriculadas, que fue reconstruida tras el terremoto que asoló la ciudad en
1755 y que hoy es una zona principalmente comercial y de hostelería, que siempre está llena de turistas.
Se puede decir que las plazas de Restauradores yRossio marcan el límite de la zona antigua con respecto al
resto de Lisboa. Desde Restauradores parte el eje de avenidas principales que recorre la ciudad de sur a norte
y en el Rossio empieza la Rua Augusta, que es la calle principal de la Baixa y que finaliza con el arco que
lleva a la Plaza del Comercio y al río.
El Rossio es una de las plazas principales de la ciudad y un punto muy frecuente de encuentro para quienes
viven en Lisboa. Desde allí se accede fácilmente a la Baixa, al Barrio Alto, al Castillo y a la calle de Portas de
Santo Antao con sus numerosos restaurantes y terrazas (entre ellas el edificio del restaurante y el bar de la
Casa do Alentejo, que bien merece una visita). En una bocacalle, junto a la plaza del Rossio, está también el
bar de la Ginjinha, donde es tradicional tomarse un chupito de licor de guindas. En realidad, es la única bebida
que sirven.
La mejor manera de conocer la Baixa es pasear tranquilamente por sus calles, principalmente por
Rua Augusta que, en sus apenas quinientos metros, es un punto comercial y turístico muy
importante de la ciudad. Las tiendas más tradicionales han sido sustituidas en esta calle por
establecimientos de las cadenas de moda más conocidas y puntos de venta de recuerdos, pero sigue
conservando el carácter comercial. La anécdota la ponen, en bastantes ocasiones, los vendedores ambulantes
que -junto con mercancías más o menos convencionales como gafas de sol o baratijas- ofrecen hachís en
pleno centro de la ciudad para sorpresa de los turistas.
En una de las calles situadas a la derecha de la Rua Augusta está situado el elevador de Santa Justa, un
ascensor tradicional de hierro forjado de finales del siglo XX que antes tenía como finalidad conectar la Baixa
con el Barrio Alto de la ciudad, pero que hoy es una atracción turística más. La última vez que subí en él
(septiembre de 2005) no había salida al Barrio Alto, así que lo que se puede hacer allí es disfrutar de la vista y
volver a bajar. Lisboa está lleno de miradores, así que tampoco uno se pierde nada si no sube.
Al final de la rua Augusta, al otro lado del llamativo arco de piedra, está situada la Plaza del Comercio, una
preciosa plaza abierta al río Tajo, que es sede de varios ministerios y, en Nochevieja, el punto de reunión de
los lisboetas. La vista del río desde allí es muy bonita y, especialmente los días con sol y luz, es uno de los
puntos mágicos de la ciudad. Y será más bonito aún cuando acaben las obras del metro y la plaza vuelva a
estar realmente abierta al río, como antes, y no como ahora, separado por zanjas y vallas de obra. Desde la
estación fluvial cercana salen también algunos de los barcos que van a las ciudades del otro lado del río. Es el
muelle principal, pero no el único y, desde luego, el menos turístico de todos.
Situados en la Plaza del Comercio y mirando hacia la Rua Augusta, tenemos a la izquierda la colina donde
están el Chiado y el Barrio Alto y, a la derecha, la de la Catedral y el Castillo de San Jorge, en el barrio
de Alfama. De una a otra se puede acceder por el tranvía número 28, que une las zonas más importantes del
centro de Lisboa. Es un tranvía más pintoresco que cómodo y, sobre todo en verano, suele ir saturado de
turistas.
Alfama, la Catedral y el Castillo
Siguiendo por la calle de la línea del tranvía –lo recomiendo a quien no conozca bien la ciudad
para no perderse por las callejuelas o acabar zonas poco recomendables-, y siempre cuesta
arriba, se llega hasta la catedral románica y, posteriormente, al Castillo de San Jorge, desde
donde hay vistas preciosas de toda la ciudad. Si alguien tiene la oportunidad de visitar Lisboa en julio y
coincide con el festival de la cerveza que se celebra allí, debe aprovechar la oportunidad para visitarlo. Es el
único momento en el que el castillo se abre por la noche por obra y gracia del patrocinio de una empresa
cervecera y se celebra una semana entera de conciertos.
Entre el castillo y el río se encuentra el barrio de Alfama, de callejuelas pequeñas y casas pintorescas por el
que se puede callejear un poco. Siguiendo más hacia el este, cerca ya de la estación de Santa Apolonia, se
coloca los sábados el mercado de Ladra, un mercadillo con baratijas y ropa.
Belém
Alejadas ya del centro, hay otras zonas de Lisboa que merecen
mucho la pena. Sin duda,Belem es la más turística de ellas. Allí se
encuentran, junto al río y en apenas pocos cientos de metros, tres
de los monumentos más representativos de la Ciudad: la Torre de
Belem, el Monasterio de los Jerónimos –ejemplos los dos de
arquitectura gótica manuelina típicamente portuguesa- y
el Monumento a los Descubridores. Para quien esté interesado
en la cultura, también podrá encontrar allí el mayor centro cultural
de la ciudad, el Centro Cultural de Belem.
Es una zona monumental, muy agradable para dar un paseo. Con
vistas interesantes de la orilla sur del río y del puente 25 de Abril y
donde hay jardines y praderas para relajarse. Se llega fácilmente
en el tranvía 15 desde la Baixa o Cais do Sodré o en alguno de los
muchos autobuses urbanos que pasan por allí. Además, en la zona
está una de las tiendas más típicas de Lisboa: la de los pasteles
de Belem, unos pequeños bollos de nata de fabricación propia y
receta patentada que se venden en un local de varios cientos de
metros cuadrados. No recomiendo a nadie que se vaya de Lisboa sin probarlos y, también, por experiencia
propia puedo decir que es uno de los regalos que se pueden llevar de Lisboa que son más valorados por
quienes lo reciben.
Queluz:
Una excursión breve y combinable con otras a un impresionante palacio a las afueras de Lisboa.
Mafra y Ericeira:
Una excursión al grandioso convento y cuartel de Mafra, culminada por un paseo por la playa de la villa de
pescadores de Ericeira.
Para quien disponga de algo más de tiempo y ganas de salir de la capital, hay una serie de destinos
no demasiado lejanos a lo que se pueden realizar excursiones de un día o de un fin de semana. A
continuación describimos algunos de los que consideramos más interesantes.
Évora y Beja:
Las dos capitales del Alentejo no están demasiado lejos de Lisboa y ofrecen al visitante belleza y tranquilidad.
Centro de Portugal:
En una pequeña franja de terreno pueden encontrarse ciudades y lugares impresionantes. Ciudades
medievales amuralladas, grandes monasterios y pueblos de pescadores. Una región para disfrutarla con
tiempo.
Coimbra:
La ciudad universitaria portuguesa por excelencia donde disfrutar del ambiente académico y otras dos
localidades próximas de características muy diferentes.
Costa Alentejana:
Una guía con lo mejor de la impresionante y casi desconocida costa de la región del Alentejo. Mar, playas y
pueblos donde los turistas aún no molestan demasiado.
Oporto:
Queda algo lejos, pero quien tenga un poco más de tiempo libre de lo normal puede verse muy tentado por la
posibilidad de visitar la segunda ciudad del país. No se parece a ninguna otra en el Mundo.
Lisboa es una ciudad con un encanto especial que en gran medida deriva de las siete colinas
sobre las que se extiende y su situación particular junto al río Tajo.
Puede recorrerse perfectamente a pie si nos da el aliento para subir y bajar las calles y callejuelas que
surcan los barrios en las laderas. Si no es el caso, siempre es agradable una vuelta en los típicos tranvías
tan característicos de la ciudad. Desde los numerosos miradores estratégicamente situados en lo alto las
vistas son siempre encantadoras, abarcando las partes más bajas y extendiéndose hacia el río.
Como en todas las ciudades viejas, cada rincón, cada monumento guarda una apasionante historia
particular. En Lisboa muchas de estas historias tienen que ver con el mar, con hombres valientes y
ambiciosos y reyes conquistadores que hablan de un pasado glorioso. El barrio deBelem, al oeste, guarda
fieles testimonios de los tiempos de esplendor de Portugal en la Era de los Descubrimientos. Pero las
historias no siempre son color de rosa; el terremoto de 1755 sembró tragedia y destrucción devastando
casi completamente la ciudad. Por eso, nada quedó en la Baixa de la vieja Lisboa. La zona fue totalmente
reconstruida y los edificios que vemos actualmente datan del siglo XVIII.
La vieja Lisboa puede apreciarse en las sinuosas calles de la Alfama, que recuerda los tiempos en que los
moros ocuparon la ciudad, mientras que el Bairro Alto exhibe un ambiente pintoresco y familiar, y el
contiguo Chiado es un elegante distrito comercial.
En las afueras se extiende la Lisboa moderna, especialmente en la zona del Parque das Naçoes. No
obstante pueden encontrarse ciertas "joyas" del pasado que merecen una visita. También puedes dar un
vistazo a nuestra página sobre los alrededores de Lisboa,en la que ubicamos sobre un mapa interactivo lo
mejor del litoral lisboeta.
BELÉM
Belém es el recuerdo vivo de las épocas de esplendor de Lisboa y el país. Desde su puerto partían las
carabelas en busca de nuevas tierras.
En la actualidad, Belém es una extensión de la ciudad, con calles amplias, parques, jardines y un
hermoso paseo junto al río, en cuyos muelles atracan hoy veleros deportivos.
Las principales atracciones de Belem se situan en torno a la Praça do Imperio, una inmensa explanada
con una gran fuente central construida para la exposición del Mundo Portugés de 1940. Al norte de la
plaza se encuentra el impresionante edificio delMosteiro dos Jeronimos, todo un símbolo de la Era de los
Descubrimientos y uno de los monumentos más relevantes de Portugal. A la derecha, se habilitó un ala
del monasterio en 1893 para albergar el Museo Nacional de Arqueologia y a continuación, en el mismo
conjunto, se estableció el Museo Maritimo. Detras de éste, el Planetario Calouste Gulbenkianfue
instalado en 1965, subvencionado por la Fundación Gulbenkian.
Al oeste de la Praça do Imperio contrasta por su aspecto moderno el Centro Cultural Belém, un enorme
edificio dedicado a la música, las artes escénicas y la fotografía, que es especialmente concurrido los
fines de semana.
Dirigiéndonos hacia el este, sobre la cercana Praça Afonso de Albuquerque está el Palacio de Belem,
residencia oficial del presidente portugués. Sobre la misma plaza y ocupando un ala del palacio, el Museo
Nacional de Carruajes merece una visita, ya que alberga una impresionante colección de carruajes reales,
una de las mejores colecciones de Europa. Luego de visitar el museo es una buena idea dar una vuelta
por el Jardim Agricola Tropical, un hermoso parque-museo-jardin botánico que fuera en otros tiempos
el jardín real del palacio de Belem.
Y antes de dejar la Praça do Imperio para acercarnos al río es obligatorio pasar por la antigua confitería
de Belem que fabrica desde 1837 los deliciosos pasteles de Belem. Probarás muchos pasteles de nata,
pero ninguno como los originales...
Cruzando las Avenidas de Brasilia y de la India, de cara al río Tajo se levanta el Monumento a los
Descubrimientos (Padrão dos Descobrimentos), con su original forma de carabela, evocando esa etapa de
la historia. Al lado, el Museu de Arte Popular exhibe piezas artesanales de todo Portugal en mimbre,
barro, cerámica y otros materiales.
Más lejos y siempre junto al Tajo la original Torre de Belém recuerda los tiempos en que era utilizada
como fortaleza defensiva.
Otros puntos de interés en Belém, ya alejándonos del río, son la Ermida de Sao Jeronimo, una sencilla
pero interesante capilla monolítica de estilo manuelino situada en una colina, y la Igreja da Memoria,
construida por José I dos años después de haber sufrido un intento de asesinato. En ella está la tumba
del marqués de Pombal. Siguiendo la Calçada do Galvão se puede disfrutar del hermoso Jardim
Botânico da Ajuda y de paso visitar el Palacio Nacional da Ajuday apreciar su opulenta decoración y
amoblamiento.
LA BAIXA...
a Baixa, la "parte baja", es hoy el centro financiero y comercial de la ciudad y una zona de gran
animación durante todo el día.
Históricamente, fue la extensión natural de la vieja Lisboa que crecía en las laderas de la colina
delCastillo de San Jorge.
Severamente afectada por el terrible terremoto de 1755, la Baixa debió ser reconstruida totalmente,
tarea que emprendió enérgicamente el Marqués de Pombal. Por este motivo se conoce normalmente al
barrio como Baixa Pombalina.
Las características calles en cuadrícula diseñadas por Pombal mantuvieron los antiguos nombres de las
actividades que en ellas se desarrollaban: Rua da Prata (calle de los plateros), Rua Aurea (de los
orfebres), Rua dos Sapateiros...
Amplias plazas presididas por estatuas de reyes portugueses pueblan la Baixa. Sin duda la más
impactante es la Plaza de Comercio, junto al río, que en otros tiempos fuera verdadera puerta de entrada
a la ciudad. Dirigiéndonos hacia el norte por la Rua da Prata alcanzaremos la Plaza da Figueira, antiguo
mercado de la ciudad, mientras que si atravezamos el imponente Arco Triunfal accedemos a la Rua
Augusta, elegante y animada calle peatonal, donde abundan los cafés y las tiendas, entre ellas muchas
de las grandes marcas de renombre internacional.
En la Rua de Santa Justa se encuentra un vistoso ascensor, el elevador de Santa Justa que permite
subir al Bairro Alto. Vale la pena detenerse un rato en su terraza; las vistas de la ciudad son maravillosas!
La Rua Augusta nos lleva directamente a la Plaza Rossio, llamada oficialmente Praça Dom Pedro IV,
primer emperador de Brasil. En la cara norte del Rossio destaca el Teatro Nacional Dona María II, hija de
Dom Pedro, construido en 1840, y al oeste, el famoso Café Nicola, que era punto de encuentro de los
intelectuales lisboetas.
Siguiendo hacia el norte para alcanzar la Plaza de los Restauradores, con su imponente obelisco que
conmemora la independencia de Portugal frente a España en 1640, sorprende el particular edificio
manuelino de la Estación de Rossio. Frente a la plaza se encuentra el Palacio Foz, que alberga
la Oficina de Turismo de Lisboa.
Hacia el este, la peatonal Rua das Portas de Santo Antão, popular por sus restaurantes de mariscos,
conduce al Museu da Sociedade de Geografia, con curiosos objetos de las antiguas colonias
portuguesas de Africa y América.
Un amplio boulevard flanqueado de árboles, con fuentes y terrazas sombreadas, se extiende más allá: es
la Avenida da Liberdade, antiguamente un paseo cerrado reservado a la alta sociedad, que fue abierto en
1821, cuando los liberales llegaron al poder. Esta ajetreada avenida une la Praça dos Restauradores con
la Plaza Marqués de Pombal, conocida como laRotunda. Ya en el extrarradio de Lisboa, llegamos
al Parque Eduardo VII, que con sus 25 ha. es el parque más grande de la ciudad.
ALFAMA...
lfama es el barrio más antiguo de Lisboa. En tiempos de los moros, este entramado de callejuelas
constituía toda la ciudad, cubriendo la ladera en la colina dominada por el Castillo de San Jorge hasta
alcanzar el Tajo. Aunque ya no quedan residencias de aquellos tiempos, la zona conserva el aspecto
general de las medinas, con sus casas apiñadas y callejuelas sinuosas, escaleras que suben (o bajan) por
todas partes y la ropa tendida al sol directamente en la calle.
Pero no todo es sencillez en Alfama; hay también imponentes edificios que fueron declarados
monumentos nacionales, como el Monasterio de San Vicente de Fora y la Iglesia de Santa Engracia, con
su gran cúpula. La antiquísima Sé, catedral de Lisboa, también forma parte del patrimonio del barrio.
Cerca se puede visitar la Iglesia de San Antonio, dedicada a este santo tan venerado en Lisboa.
En materia de museos, Alfama cuenta con el Museo de Artes Decorativas, que alberga una magnífica
colección de arte, y el Museu Militar, junto al Tajo y muy cerca de la gran estaciónSanta Apolonia,
donde se expone una amplia colección relacionada con la historia militar de Portugal. En la Rua dos
Bacalhoeiros, la Casa dos Bicos, con su curiosa fachada, es utilizada en la actualidad para exposiciones
temporales y recuerda esplendores de otros tiempos.
Recorrer las calles empinadas de Alfama es bastante agotador y la mejor opción para descansar es
sentarse en algunos de los miradores. Sin duda que desde el Castillo las vistas son insuperables, pero se
puede hacer una escala en el Mirador de Santa Lucía, junto a laIglesia de Santa Lucía, donde hay un
gran azulejo que muestra la Plaza de Comercio antes del terremoto de 1755. En el barrio obrero
de Graça hay también un mirador, junto a un gran edificio que fuera en otros tiempos un monasterio
agustino y la contigua Iglesia de Graça.
En proximidades de Santa Engracia se desarrolla los martes y sábados la Feira da Ladra(mercado de los
ladrones), un mercadillo donde puede encontrarse un poco de todo, y con un poco de suerte y siempre
regateando los precios, pueden adquirirse algunos objetos artesanales interesantes.
VARIO ALTO..
Desde la Baixa, sea subiendo a pie por las calles empinadas o utilizando los elevadores y tranvías (muy
agradable y menos agotador), se llega al Bairro Alto, una de las zonas más pintorescas de la ciudad que
fuera afectada también por el terremoto y reconstruida en el siglo XVIII.
El Bairro Alto, de calles adoquinadas, fachadas descascaradas y ambiente casi familiar, se ha convertido
en centro de gran animación nocturna, con sus cafés con terrazas, sus locales de fado y sus restaurantes.
El elevador de Santa Justa, sube a la altura de laIgreja do Carmo, cuyas ruinas recuerdan los daños
causados por el terremoto. Desde allí se accede inmediatamente a la zona del Chiado, la zona más
elegante y pintoresca del Bairro Alto, con sus tiendas de moda y antiguos cafés.
Más hacia el norte se puede tomar el Elevador da Gloria en la Plaza de los Restauradores, que nos
dejará casi frente al Solar do Vinho do Porto, donde se pueden probar los mejores vinos oportos del país
en el distinguido ambiente de un antiguo palacete. Unos pasos más y encontraremos la sencilla fachada
de la Igreja São Roque, que esconde en su interior un conjunto de bellas capillas adornadas con
opulencia. Y antes de dejar esta zona, es obligatorio llegarse al Mirador de São Pedro de Alcantara y
tomar muchas fotos de las vistas de la ciudad, especialmente bellísimas al atardecer...
Alejándonos del Chiado, sobre la Rua São Bento se encuentra el impresionante Palacio São Bento con su
fachada blanca, que antiguamente era un monasterio benedictino y hoy es la sede del Parlamento
portugués. Siguiendo hacia el oeste por la Calçada da Estrela, el hermosoJardim da Estrela propone
una pausa refrescante frente a la Basílica da Estrela, uno de los monumentos más importantes de Lisboa,
un agradecimiento a Dios de la reina María I por concederle un hijo.
El elevador da Bica sube (o baja...) en la zona sur, no muy lejos del río Tajo. Una vez arriba, siguiendo
la Rua do Loreto en unos minutos se llega a la Plaza Luis de Camoes, en pleno Chiado. Descendiendo
estaremos a unos minutos del antiguo Mercado 24 de Julho, hoy el renovado Mercado da Ribeira, junto
al Tajo y tan popular como en sus inicios hace más de un siglo. Mucho más que un mercado de
comestibles, hay un perfumado mercado de flores, venta de artesanías, libros en promoción, vinos, un
restaurante y un bar con música portuguesa en vivo durante la noche. Una buena oportunidad para
descubrir un poco más el alma lisboeta desde sus actividades cotidianas.
Muy cerca del río también se encuentra el Museu Nacional de Arte Antiga, con su impresionante colección
que incluye mobiliario, arte asiático y africano, cerámicas, orfrebería, pintura y escultura portuguesas.
Imperdible para los amantes del arte.
CHIADO
En otros tiempos frecuentado por intelectuales, el Chiado es hoy una elegante zona comercial poblada de
cafés, librerías y tiendas de moda
Se llega al Chiado desde la Baixa, sea subiendo con elelevador de Santa Justa, sea remontando la Rua
Garrett,su-calle-principal.
No se sabe con exactitud de dónde proviene el nombre de Chiado; hay quienes creen que se debió al
chirriar (chiar) de las ruedas de los carruajes subiendo pesadamente la cuesta y otros sostienen que en
realidad lo tomó del apodo del poeta Antonio Ribeiro 'O Chiado'.
Como sea, una estatua homenajea al poeta en Largo do Chiado, sentado en un banco y con la mano
levantada en actitud de relatar un cuento.
l Chiado fue siempre muy frecuentado por los intelectuales y eso se percibe inmediatamente.
Frente a la estatua de Ribeiro, en el otro extremo de la calle la Praça Luis de Camoes recuerda al gran
escritor. La Rua Garrett fue llamada así en honor al poeta João Almeida Garrett. En esta calle se
encuentran antiguos cafés de principios del siglo XX, como el Café A Brasileira, en cuya terraza hay una
estatua del gran poeta Fernando Pessoa sentado en una mesa (sentarse junto a él para una foto es un
clásico entre los turistas).
El escritor Eça de Queiroz también tiene su reconocimiento en la Rua do Alecrim, de pie junto a una
musa casi sin ropas que parece inspirarlo...
En la misma calle se puede visitar el Museo del Chiado, antes llamado Museo de Arte Contemporánea.
En él se exhiben las obras de artistas esencialmente portugueses realizadas entre 1850 y 1950 (las
colecciones precedentes están en el Museo de Arte Antiga y las posteriores en el Centro de Arte
Moderna de la Fundación Calouste Gulbenkian).
A pocos pasos del Teatro Nacional sobre la Rua António Maria Cardoso, otro antiguo teatro, elTeatro
Municipal de San Luis, ha resurgido en los últimos años luego de una larga vida de esplendor en sus
primeros tiempos y posterior decadencia. En sus orígenes, allá por 1894, fue una aristocrática sala teatral
al estilo parisino: el Teatro Doña Amelia, en honor a la reina. En 1910, con la caida de la monarquía pasó
a ser el Teatro República. La llegada del cine hizo que el teatro cambiara su función, siendo la sala más
"chic" de la ciudad, pero hacia 1960 el cine entró en decadencia y el teatro fue comprado por la Cámara
Municipal. Se sucedieron períodos sin mucho brillo y sólo pudo recuperar parte de sus viejas glorias hacia
finales del siglo...
Las calles del Chiado son muy pintorescas, bordeadas de casas coloridas y edificios que rebozan de
historia. Es el caso de la antigua cervecería Trindade, hoy un prestigioso restaurante cuyo interior está
cubierto por bellísimos paneles de azulejos. Inaugurada en 1836, funcionaba aquí la más antigua fábrica
de cerveza de Portugal. El inmueble fue declarado en 1986 patrimonio cultural de la ciudad con la
apertura de una galería de arte.
Otro edificio remarcable es el del Teatro da Trindade, que con sus 140 años es uno de los más antiguos
de Lisboa.
El 25 de agosto de 1988 un incendio, que aparentemente comenzó en una tienda de la Rua do Carmo,
alcanzó la Rua Garrett, afectando no sólo a comercios y oficinas, sino también a importantes edificios del
siglo XVIII. Inmediatamente se decidió la recuperación de estos edificios históricos, delicada tarea que
llevó adelante el prestigios arquitecto Alvaro Sisa Vieira.
El Chiado de hoy es entonces, en gran medida, el resultado de esa restauración; en síntesis una zona
muy agradable, impregnada de historia, ideal para detenerse a tomar una copa, ir de compras o
simplemente dejarse llevar por las pintorescas callejuelas.
AFUERAS DE LISBOA...
Aunque el centro histórico de Lisboa reboza de sitios interesantes para visitar, en el extrarradio también
podemos encontrar muchas cosas para ver, acaso tan emblemáticas como en el corazón de la ciudad.
Qué podemos encontrar en las afueras? Por ejemplo, algunos de sus museos más interesantes, con
colecciones legadas por un magnate petrolero amante de las artes, o con bellísimas muestras de azulejos
portugueses de todos los tiempos, un palacio con majestuosos jardines y una interesante historia, un
acueducto monumental que durante mucho tiempo abasteció a la ciudad... por mencionar sólo algunas.
Seleccionamos lo mejor de las afueras de la ciudad para que, si cuentas con algún tiempo extra o planeas
volver a Lisboa, puedas hacer una visita a estos sitios de excepción.