Luchó por la igualdad, contra la esclavitud y a favor de los derechos de las
mujeres. Pese a su ideología revolucionaria – o quizá a causa de ella – fue
guillotinada en noviembre de 1793 en París, tras la purga que siguió a la
Revolución Francesa.
Su hijo renegó de ella públicamente y Francia y el Mundo la han enterrado
durante más de 250 años. Su nombre empieza a reivindicarse ahora.
Olympe nació como Marie Gouze en el mes de mayo del año 1748 en el
seno de una familia burguesa de Montauban, Francia. Contrajo
matrimonio en 1765 con un hombre mucho mayor que ella, quien poco
tiempo después la dejó viuda y con un hijo, Pierre Aubry. Marie no fue
feliz en su matrimonio, vínculo del que renegaba y jamás volvió a casarse.
En lugar de ello, se trasladó a París, preocupada por que su hijo recibiese
una esmerada educación, y comenzó a frecuentar los salones literarios de
la “corte” francesa prerevolucionaria. Quizá ese contacto directo con las
artes impulsase una vocación hasta entonces reprimida, la de escritora.
Con el pseudónimo de Olympe de Gouges, escribió varias obras de teatro
y montó una compañía teatral itinerante que rápidamente comenzó a
actuar en teatros de toda Francia. Su obra más conocida, La esclavitud de
los negros (L’esclavage des noirs), fue publicada en 1792 y pretendía
visibilizar la condición de los esclavos negros. Esto le supuso un
enfrentamiento con la corte versallesca, donde el comercio colonial
suponía más del 50% de los ingresos, y en la que muchas familias se
habían enriquecido con la trata de esclavos. Olympe fue encarcelada en la
Bastilla, pero consiguió ser liberada gracias a sus influencias y continuó
con su trayectoria abolicionista que la llevaría a ser una figura considerada
dentro del movimiento.
OlYmpe de Gouges: cuando la declaración de los derechos de la mujer
acabo en la guillotina.
A partir de este momento, Olympe se involucró activamente en la lucha
por la igualdad. Publicó una treintena de panfletos proponiendo un amplio
programa de reformas sociales, dirigidos a las tres primeras legislaturas de
la Revolución, a los Clubes patrióticos y a diversas personalidades. Sus
trabajos adquirieron un cariz feminista y revolucionario. Defendió la
igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida
pública y privada, incluyendo el derecho a voto, el acceso al trabajo
público y a la vida política, el derecho a poseer y controlar propiedades, a
formar parte del ejército, y a la educación y a la igualdad de poder en el
ámbito familiar y eclesiástico. Abogó por la supresión del matrimonio y la
instauración del divorcio, por el reconocimiento de los niños nacidos fuera
del matrimonio, y propuso un contrato anual renovable a firmar por los
cónyuges,. En 1791 redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la
Ciudadana, basándose en la reciente declaración de los derechos del
Hombre. Su máxima era: Si la mujer puede subir al cadalso, también se le
debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna. Probablemente
no supiera entonces lo profética que resultaría su proclama.
Defensora de la separación de poderes, tomó partido por los girondinos y
criticó duramente la política de Robespierre y Marat, así como la creación
del Comité de Salvación Pública. Esta postura, le supuso, tras la caída de
los girondinos, su detención en agosto de 1793. Reclamó sin éxito un
juicio, pero no pudo evitar el expeditivo tribunal revolucionario. Sus
panfletos “Olympe de Gouges en el Tribunal revolucionario” y “Una
patriota perseguida”tuvieron una gran repercusión, pero serían sus
últimos textos.
El 3 de noviembre de 1793, Olympe fue guillotinada.
Su único hijo, Pierre Aubry, renegó de ella públicamente poco después de
su ejecución, por temor a ser detenido. Aunque ya en vida había tenido
que enfrentarse a la profunda misoginia de la sociedad en que vivía, tras
su muerte, sus contemporáneos la relegaron a un tercer plano.
Su obra cayó en el olvido, e incluso el desprecio, durante todo el siglo XIX,
en que la intelectualidad francesa rechazaba la idea de una ideóloga
revolucionaria. Se llegó a decir de ella que era analfabeta, poniendo en
duda la autoría de sus obras y se dudó incluso de sus facultades mentales.
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Habría que esperar hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, para que
la figura de Olympe de Gouges se recuperara como una de las grandes
figuras humanistas de la Francia de finales de siglo XVIII.
Objeto de estudio en Estados Unidos, Alemania y Japón, en Francia, tras
la publicación de su biografía por Olivier Blanc, se le rindió homenaje en
los actos del bicentenario de la Revolución Francesa en 1989. Desde
entonces se han representado varias de sus obras de teatro, sus escritos
están siendo reeditados y varios municipios franceses han dado su
nombre a colegios, institutos, plazas y calles. Un reconocimiento tardío,
pero imprescindible, a una gran luchadora por la mujer y por la igualdad.