EJERCICIOS ILUSTRACIÓN
1. Lee los siguientes textos y, a continuación, responde a las cuestiones
planteadas.
TEXTO A. EL BURRO FLAUTISTA TEXTO B: El burro y la flauta
Tirada en el campo estaba desde hacía
tiempo una Flauta que ya nadie tocaba,
hasta que un día un Burro que paseaba
por ahí resopló fuerte sobre ella
haciéndola producir el sonido más dulce
de su vida, es decir, de la vida del Burro y
de la Flauta. Incapaces de comprender lo
que había pasado, pues la racionalidad no
era su fuerte y ambos creían en la
racionalidad, se separaron presurosos,
avergonzados de lo mejor que el uno y el
otro habían hecho durante su triste
existencia.
Augusto Monterroso
Tomás de Iriarte.
a) Realiza el análisis métrico de la primera estrofa del texto A, la fábula de Tomás
Iriarte.
b) Resume el tema de la fábula de Iriarte.
c) Enlaza la enseñanza condensada en la moraleja del texto poético con los
principios de la Ilustración.
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d) El texto de Monterroso se inspira en la fábula de Iriarte. Descubre en él, a
pesar de su brevedad, la estructura propia de los textos narrativos.
2. Lee el siguiente poema de Meléndez Valdés de corte anacreóntico y responde a
las cuestiones formuladas.
mariposa le juzgan
y en seguirle no tardan.
El Amor mariposa. Una a cogerle llega, y él la
burla y se escapa; otra en
Viendo el Amor un día que pos va corriendo, y otra
mil lindas zagalas huían de simple le llama,
él medrosas despertando el bullicio de
tan loca algazara
por mirarle con armas, dicen
en sus pechos incautos la
que de picado les juró la
ternura más grata. Ya que
venganza y una burla les
juntas las mira, dando
hizo,
alegres risadas
como suya, extremada. súbito amor se muestra y a
Tornóse en mariposa, todas las abrasa.
los bracitos en alas Mas las alas ligeras en los
y los pies ternezuelos en hombros por gala se guardó
patitas doradas. el fementido, y así a todas
¡Oh! ¡Qué bien que parece! ¡Oh! alcanza. También de
¡Qué suelto que vaga, y ante el mariposa le quedó la
sol hace alarde de su púrpura y inconstancia:
nácar! llega, hiere, y de un pecho a
Ya en el valle se pierde, ya herir otro se pasa.
en una flor se para, ya otra
besa festivo,
y otra ronda y halaga.
Las zagalas, al verle, por sus
vuelos y gracia
a) Enuncia el tema en una sola línea.
b) Elabora un breve resumen del argumento del texto poético.
c) Establece la estructura temática del texto. Recuerda que algunos elementos
lingüísticos y literarios pueden ayudarte a establecer las diferentes partes.
d) Justifica la adscripción del poema al género lírico de la anacreóntica.
3. Clasifica las siguientes composiciones poéticas adscribiéndolas a las diferentes
tendencias que existen en la lírica dieciochesca.
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Texto A
ODA XLIX
De mi gusto
Retórico molesto, deja
de persuadirme que
ocupe bien el tiempo y Texto B
a mi Dorila olvide. El filósofo en el campo
Ni tú tampoco Bajo una erguida populosa encina, cuya ancha
quieras con réplicas copa en torno me defiende de la ardiente canícula,
sutiles, del néctar de que ahora con rayo abrasador angustia el mundo,
Lïeo hacer que me tu oscuro amigo, Fabio, te saluda. Mientras tú, en
desvíe. el guardado gabinete a par del feble ocioso
cortesano sobre el muelle sofá tendido yaces, y
Ni tú, que al feroz Marte hasta para alentar vigor os falta, yo en estos
muy más errado sigues, campos por el sol tostado, lo afronto sin temor,
me angusties con sudo y anhelo; y el soplo mismo que me abrasa
pintarme lo horrendo de ardiente, en plácido frescor mis miembros baña.
sus lides. Miro y contemplo los trabajos duros del triste
labrador, su suerte esquiva, su miseria, sus
lástimas, y aprendo entre los infelices a ser
Empero habladme
hombre ¡Ay Fabio, Fabio! en las doradas salas,
todos de bailes y de entre el brocado y colgaduras ricas, el pie hollando
brindis, de juegos y de entallados pavimentos, ¡qué mal al pobre el
amores, cortesano juzga! ¡qué mal en torno la opulenta
de olores y convites, mesa, cubierta de mortíferos manjares, cebo a la
gula y la lascivia ardiente, del infeliz se escuchan
que tras la edad florida los clamores! Él carece de pan; cércale
corre la vejez triste, y hambriento el largo enjambre de sus tristes hijos,
antes que llegue escuálidos, sumidos en miseria; y acaso acaba su
quiero holgarme y doliente esposa de dar ¡ay! a la patria otro infelice,
divertirme. víctima ya de entonces destinada a la indigencia y
del oprobio siervo; y allá en la corte, en lujo
escandaloso nadando en tanto, el sibarita ríe entre
perfumes y festivos brindis, y con su risa a su
desdicha insulta
[…]
Las dos composiciones pertenecen a Meléndez Valdés pero recuerda que fue un
autor que cultivó varias tendencias a lo largo de su producción poética.
4. Lee atentamente este texto. Pertenece a un discurso del padre Feijoo titulado
"Defensa de las mujeres", que se incluye en su obra Teatro crítico universal.
En grave empeño me pongo. No es ya solo un vulgo ignorante con quien entro en la contienda:
defender a todas las mujeres, viene a ser lo mismo que ofender a casi todos los hombres: pues raro
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hay que no se interese en la precedencia de su sexo con desestimación del otro. A tanto se ha
extendido la opinión común en vilipendio de las mujeres, que apenas admite en ellas cosa buena. En
lo moral las llena de defectos, y en lo físico de imperfecciones. Pero donde más fuerza hace, es en la
limitación de sus entendimientos. [...] Llegamos ya al batidero mayor, que es la cuestión del
entendimiento, en la cual yo confieso que si no me vale la razón, no tengo mucho recurso a la
autoridad; porque los autores que tocan esta materia (salvo uno, u otro muy raro), están tan a favor
de la opinión del vulgo, que casi uniformes hablan del entendimiento de las mujeres con desprecio. A
la verdad, bien pudiera responderse a la autoridad de los más de esos libros con el apólogo que a
otro propósito trae el Siciliano Carduccio en sus Diálogos sobre la Pintura. Yendo de camino un
hombre, y un león, se les ofreció disputar quiénes eran más valientes, si los hombres, si los leones:
cada uno daba la ventaja a su especie; hasta que llegando a una fuente de muy buena estructura,
advirtió el hombre que en la coronación estaba figurado en mármol un hombre haciendo pedazos a
un león. Vuelto entonces a su contrincante en tono de vencedor, como quien había hallado contra él
un argumento concluyente, le dijo: "Acabarás ya de desengañarte de que los hombres son más
valientes que los leones, pues allí ves gemir oprimido, y rendir la vida un león debajo de los brazos de
un hombre." "Bello argumento me traes" respondió sonriéndose el león: "esa estatua otro hombre la
hizo, y así no es mucho que la formase como le estaba bien a su especie.
Yo te prometo, que si un león la hubiera hecho, él hubiera vuelto la tortilla, y plantado el león sobre el
hombre, haciendo gigote de él para su plato." Al caso: hombres fueron los que escribieron esos libros,
en que se condena por muy inferior el entendimiento de las mujeres.
Estos discursos contra las mujeres son de hombres superficiales. Ven que por lo común no saben
sino aquellos oficios caseros, a que están destinadas; y de aquí infieren (aun sin saber que lo infieren
de aquí, pues no hacen sobre ello algún acto reflejo) que no son capaces de otra cosa. El más corto
Lógico sabe, que de la carencia del acto a la carencia de la potencia no vale la ilación; y así, de que
las mujeres no sepan más, no se infiere que no tengan talento para más. Nadie sabe más que
aquella facultad que estudia, sin que de aquí se pueda colegir, sino bárbaramente, que la habilidad
no se extiende a más que la aplicación. Si todos los hombres se dedicasen a la Agricultura (como
pretendía el insigne Tomás Moro en su Utopía) de modo que no supiesen otra cosa, ¿sería esto
fundamento para discurrir que no son los hombres hábiles para otra cosa? Entre los Drusos, Pueblos
de la Palestina, son las mujeres las únicas depositarías de las letras, pues casi todas saben leer, y
escribir; y en fin, lo poco, o mucho que hay de literatura en aquella gente, está archivado en los
entendimientos de las mujeres, y oculto del todo a los hombres; los cuales solo se dedican a la
Agricultura, a la Guerra, y a la Negociación. Si en todo el mundo hubiera la misma costumbre,
tendrían sin duda las mujeres a los hombres por inhábiles para las letras, como hoy juzgan los
hombres ser inhábiles las mujeres. Y como aquel juicio sería sin duda errado, lo es del mismo modo
el que ahora se hace, pues procede sobre el mismo fundamento.
a) En el extracto anterior, el autor intenta persuadir al lector a partir de una serie
de argumentos. Se trata, por tanto de un texto argumentativo. Localiza un argumento
de autoridad y pon un ejemplo.
b) ¿Considera Feijoo que el hombre y la mujer poseen la misma igualdad para
acceder a la cultura? Justifica tu respuesta.
c) ¿Crees que la denuncia que el autor formula en el texto sigue teniendo
vigencia? ¿Por qué?
5. Lee la siguiente síntesis argumental de El sí de las niñas, comedia de Leandro
Fernández de Moratín y el fragmento que a continuación se ofrece.
Síntesis: Doña Francisca sale del convento donde ha sido educada para casarse, por
deseo de su madre, con don Diego, un señor de edad madura. Pero la joven, está
enamorada de don Carlos, un sobrino de su prometido. Cuando éste descubre que su tío y
protector es la persona con quien doña Francisca tiene que casarse, decide sacrificar su
amor en favor de su tío. Don Diego se entera de la noble actitud de su sobrino y aprueba la
boda de los dos jóvenes.
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Acto tercero, Escena XIII
DON CARLOS, DON DIEGO, DOÑA IRENE, DOÑA FRANCISCA, RITA.
Sale DON CARLOS del cuarto precipitadamente; coge de un brazo a DOÑA FRANCISCA, se la lleva
hacia el fondo del teatro y se pone delante de ella para defenderla. DOÑA IRENE se asusta y se
retira.
DON CARLOS.- Eso no... Delante de mí nadie ha de ofenderla.
DOÑA FRANCISCA.- ¡Carlos!
DON CARLOS.- (A DON DIEGO.) Disimule usted mi atrevimiento... He visto que la insultaban y no
me he sabido contener.
DOÑA IRENE.- ¿Qué es lo que me sucede, Dios mío? ¿Quién es usted?... ¿Qué acciones son
éstas?... ¡Qué escándalo!
DON DIEGO.- Aquí no hay escándalos... Ése es de quien su hija de usted está enamorada...
Separarlos y matarlos viene a ser lo mismo... Carlos... No importa... Abraza a tu mujer. (Se abrazan
DON CARLOS y DOÑA FRANCISCA, y después se arrodillan a los pies de DON DIEGO.) DOÑA
IRENE.- ¿Conque su sobrino de usted?...
DON DIEGO.- Sí, señora; mi sobrino, que con sus palmadas, y su música, y su papel me ha dado la
noche más terrible que he tenido en mi vida... ¿Qué es esto, hijos míos, qué es esto?
DOÑA FRANCISCA.- ¿Conque usted nos perdona y nos hace felices?
DON DIEGO.- Sí, prendas de mi alma... Sí. (Los hace levantar con expresión de ternura.) DOÑA
IRENE.- ¿Y es posible que usted se determina a hacer un sacrificio?...
DON DIEGO.- Yo pude separarlos para siempre y gozar tranquilamente la posesión de esta niña
amable, pero mi conciencia no lo sufre... ¡Carlos!... ¡Paquita!... ¡Qué dolorosa impresión me deja en el
alma el esfuerzo que acabo de hacer!... Porque, al fin, soy hombre miserable y débil.
DON CARLOS.- Si nuestro amor (Besándole las manos.), si nuestro agradecimiento pueden bastar
a consolar a usted en tanta pérdida...
DOÑA IRENE.- ¡Conque el bueno de Don Carlos! Vaya que...
DON DIEGO.- Él y su hija de usted estaban locos de amor, mientras que usted y las tías fundaban
castillos en el aire, y me llenaban la cabeza de ilusiones, que han desaparecido como un sueño...
Esto resulta del abuso de autoridad, de la opresión que la juventud padece; éstas son las
seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas... Por
una casualidad he sabido a tiempo el error en que estaba... ¡Ay de aquellos que lo saben tarde!
a) Recuerda que el diálogo dramático se compone de dos variedades de
discurso formalmente diferenciadas y con distinta función: las acotaciones, que son
indicaciones de carácter narrativo o descriptivo, en cursiva y entre paréntesis
generalmente, que hace el autor para la representación; y el diálogo directo de los
personajes ante el lector/espectador, de modo que el nombre del personaje aparece
siempre delante de su intervención. Clasifica en el siguiente texto las acotaciones y
especifica de qué tipo son.
b) Identifica las ideas propias del pensamiento ilustrado en las palabras de don
Diego.
6. La comedia nueva o El café es una obra de Leandro Fernández de Moratín de
contenido metateatral, esto es, que explica cómo ha de concebirse el género
dramático. La trama transcurre en un café cercano a un teatro en el que se estrena la
obra El gran cerco de Viena. Al café acuden gentes que salen de ver la obra y la
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comentan. En este fragmento, don Antonio conversa con don Pedro, que acaba de
«huir» de la representación.
ESCENA VI
D. PEDRO, D. ANTONIO, PIPÍ
D. ANTONIO: ¡Calle! ¿Ya está usted por acá? Pues, y la comedia, ¿en qué estado queda?
D. PEDRO: Hombre, no me hable usted de comedia (Siéntase.) que no he tenido rato peor
muchos meses ha.
D. ANTONIO: ¿Pues qué ha sido ello? (Sentándose junto a Don Pedro.)
D. PEDRO: ¿Qué ha de ser? Que he tenido que sufrir (gracias a la recomendación de
usted) casi todo el primer acto, y por añadidura, una tonadilla insípida y desvergonzada,
como es costumbre. Hallé la ocasión de escapar y la aproveché. D. ANTONIO: ¿Y qué
tenemos en cuanto al mérito de la pieza?
D. PEDRO: Que cosa peor no se ha visto en el teatro desde que las musas de guardilla le
abastecen... Si tengo hecho propósito firme de no ir jamás a ver esas tonterías. A mí no me
divierten; al contrario me llenan de, de… No, señor, menos me enfada cualquiera de
nuestras comedias antiguas, por malas que sean. Están desarregladas, tienen disparates;
pero aquellos disparates y aquel desarreglo son hijos del ingenio, y no de la estupidez.
Tienen defectos enormes, es verdad; pero entre estos defectos se hallan cosas que, por
vida mía, tal vez suspenden y conmueven al espectador, en términos de hacerle olvidar o
disculpar cuantos desaciertos han precedido. Ahora, compare usted nuestros autores
adocenados del día con los antiguos, y dígame si no valen más Calderón, Solís, Rojas,
Moreto cuando deliran que estotros cuando quieren hablar en razón.
D. ANTONIO: La cosa es tan clara, señor D. Pedro, que no hay nada que oponer a ella;
pero, dígame usted, el pueblo, el pobre pueblo, ¿sufre con paciencia ese espantable
comedión?
D. PEDRO: No tanto como el autor quisiera, porque algunas veces se ha levantado en el
patio una mareta sorda que traía visos de tempestad. En fin, se acabó el acto muy
oportunamente; pero no me atreveré a pronosticar el éxito de la tal pieza, porque, aunque el
público está ya muy acostumbrado a oír desatinos, tan garrafales como los de hoy jamás se
oyeron.
D. ANTONIO: ¿Qué dice usted?
D. PEDRO: Es increíble. Allí no hay más que un hacinamiento confuso de especies, una
acción informe, lances inverosímiles, episodios inconexos, caracteres mal expresados o mal
escogidos; en vez de artificio, embrollo; en vez de situaciones cómicas, mamarrachadas de
linterna mágica. No hay conocimiento de historia, ni de costumbres; no hay objeto moral, no
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hay lenguaje, ni estilo, ni versificación, ni gusto, ni sentido común. En suma, es tan mala y
peor que las otras con que nos regalan todos los días.
D. ANTONIO: Y no hay que esperar nada mejor. Mientras el teatro siga en el abandono en
que hoy está, en vez de ser el espejo de la virtud y el templo del buen gusto, será la
escuela del error, y el almacén de las extravagancias.
D. PEDRO: ¡Pero no es fatalidad que, después de tanto como se ha escrito por los hombres
más doctos de la nación sobre la necesidad de su reforma, se han de ver todavía en
nuestra escena espectáculos tan infelices! ¿Qué pensarán de nuestra cultura los
extranjeros que vean la comedia de esta tarde? ¿Qué dirán cuando lean las que se
imprimen continuamente?
a) ¿Qué critica don Pedro en el teatro de su tiempo? Fíjate sobre todo en su última
intervención.
b) ¿Por qué prefiere don Pedro el teatro barroco? A pesar de ello, ¿qué defectos le
achaca?
c) ¿A qué atribuyen don Pedro y don Antonio la decadencia del teatro?
d) Después de casi tres siglos de obras de teatro en verso, esta obra de Moratín es
una de las primeras escritas en prosa. ¿Por qué crees que la escribe así, frente a
El gran cerco de Viena, que está escrita en verso? Para el espectador, ¿podría
tener un efecto realista? Razona tu respuesta.
e) Como ya sabes, la comedia neoclásica debía ajustarse a unas normas. Por lo que
conoces del argumento de La comedia nueva, su representación en un teatro dura
lo que dura la función de El gran cerco de Viena que se está estrenando en el
teatro de al lado. ¿Qué regla de las tres unidades respeta de modo tan estricto? Y
el hecho de que transcurra toda ella en un café, ¿qué otra regla respeta?
f) A partir de las palabras de los dos personajes, reconstruye las características del
tipo de teatro que les gustaría ver en escena. Relaciona esas ideas con los
planteamientos teóricos del Neoclasicismo y la polémica de la reforma del teatro
en planteada en el siglo XVIII.