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Responsabilidad penal en el caso Challenger

1) El Consejo Directivo de la NASA aprobó el lanzamiento de la nave espacial Challenger pese a las advertencias sobre problemas en el diseño y las válvulas. 2) Tras el despegue, la nave explotó y los 7 tripulantes murieron ahogados al caer al océano, no por la explosión. 3) El Consejo Directivo es penalmente responsable por omitir su deber de garantizar la seguridad de la tripulación al ignorar los riesgos advertidos e igual aprobar el lanzamiento.
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Responsabilidad penal en el caso Challenger

1) El Consejo Directivo de la NASA aprobó el lanzamiento de la nave espacial Challenger pese a las advertencias sobre problemas en el diseño y las válvulas. 2) Tras el despegue, la nave explotó y los 7 tripulantes murieron ahogados al caer al océano, no por la explosión. 3) El Consejo Directivo es penalmente responsable por omitir su deber de garantizar la seguridad de la tripulación al ignorar los riesgos advertidos e igual aprobar el lanzamiento.
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En el presente caso se aborda lo ocurrido con el proyecto Challenger, cuyo Consejo

Directivo aprobó el diseño y lanzamiento del transportador en el cual se embarcaron 7


tripulantes. Lamentablemente, dicho aparato explotó al poco tiempo del despegue, por
lo que se investigó el hecho, determinándose 3 datos relevantes: primero, las
fabricantes de la máquina, Julia y Cynthia, crearon un mal diseño que fue advertido
por los propios encargados del proyecto. Segundo, estos últimos ignoraron las
advertencias que los ingenieros les brindaron, antes del lanzamiento, respecto a
la ineficiencia de la máquina. Tercero, se precisó que el motivo del fallecimiento de los
tripulantes fue ahogamiento, y no explosión, debido a que cayeron en el Océano
Atlántico. Con la información recabada y bajo mi posición de especialista en Derecho
Penal, se determinará el comportamiento típico del caso. 
Para ello, es pertinente señalar lo que se entiende por comportamiento típico. Bajo el
entendimiento de Meini (2014) se refiere al comportamiento o situación penalmente
relevante para un bien jurídico, el cual solo estará sujeto a la persona quien está
obligada a evitarlo (p. 163). Así, podemos distinguir que el comportamiento típico
contiene dos elementos esenciales, sobre los cuales se explaya Cuadrado (2000). De
acuerdo con el autor, los elementos del comportamiento típico, ya sea en delitos de
comisión como comisión por omisión, son la instauración de un riesgo típico y el
aspecto de la responsabilidad especial (p. 58). Esto es, no puede haber
comportamiento típico sin la presencia de la situación de riesgo prohibido o riesgo
típico y el garante, sobre cual se abordará más adelante. Ahora bien, con lo
anteriormente expuesto queda preguntarnos ¿Es posible determinar algún riesgo
prohibido penalmente en este caso? y de ser así ¿Cómo se van a determinar? Para
contestar tales interrogantes debemos recordar lo mencionado en clase al respecto: el
riesgo típico se determina ex ante y, por ende, en cuanto a su composición, la
construcción de este riesgo prohibido debe provenir de la socialización. Así las cosas,
en el presente caso se puede determinar que, en el proceso de socialización, en
calidad de trabajador de la Nasa que ostenta el cargo de un proyecto espacial, se
pueden advertir dos riesgos típicos: el primero de aprobar el lanzamiento de una nave,
teniendo perfecto conocimiento que el diseño de sistema de eyección no funcionaba lo
que implicaría un inminente riesgo a la tripulación en caso de una explosión. El
segundo consiste en que, pese a las previas advertencias brindadas por los ingenieros
sobre las válvulas de propulsión averiadas, se haya permitido el lanzamiento del
transportador, exponiendo así el bien jurídico vida de los 7 tripulantes, quienes de por
sí no contaban con un mecanismo de eyección en caso de emergencia. 
Dicho esto, no solo basta con reconocer la lesión de bienes jurídicos que conllevan
ambos riesgos, sino también si es que tales comportamientos son idóneos para
lesionar el bien jurídico (Meini, 2014, p. 298), en este caso, la vida de los tripulantes. 
Por lo que nos queda cuestionarnos lo siguiente: ¿Aprobar el lanzamiento de una
máquina que sabías que estaba mal diseñada es un riesgo idóneo para lesionar la
vida de los tripulantes? Sí, ya que dejar sin un sistema de escape a los tripulantes
significa arrebatarles toda forma de salvarse en medio de un incendio. De la misma
manera con el riesgo sobre las válvulas de propulsión: dejar a la tripulación dentro de
una nave inmensa que no tiene impulso alguno solo acarrea a que ésta caiga al mar y
muera ahogada. Hasta aquí es posible determinar un hecho previsible: dichos riesgos
han sido generados a partir de omitir la información tanto del mal diseño del sistema
de eyección como el de la válvula de propulsión averiada, por lo que se apuntaría a
una comisión por omisión. 
Para entender por qué los riesgos prohibidos que han sido señalados configuran una
comisión por omisión debemos dilucidar lo que se sabe de esta última. Cuadrado
(2000) menciona que en los delitos de comisión por omisión implican una ausencia de
una acción debida y que, además, el autor de esta tenga la obligación, y capacidad
evitar el riesgo prohibido, lo que se entiende por garante (p. 12). En el presente caso,
la posición de garante recae en el Consejo Directivo ya que ellos no solo eran
conscientes de los riesgos denominados sistema de eyección mal diseñado y válvulas
de propulsión averiadas, sino que fueron los especial obligados a evitar dichas
situaciones de riesgo prohibido en tanto su cargo de autoridad de la Nasa encargada
de todo el proyecto Challenger. Entonces, haciendo un hincapié al acto de injerencia,
¿Se le exigía conocer dichos riesgos al consejo directivo? Sí, no porque debieron
tener las capacidades para notarlo, sino porque, como encargados del proyecto,
fueron notificados de ambos riesgos a los cuales estaba expuesta la tripulación. Y
¿Podían gestionar el riesgo? Sí, bajo su cargo, se incorporaron a su esfera personal
de competencias personales el no aprobar el lanzamiento del transportador no solo
cuando conocieron del problema con el sistema de eyección, sino que también
perfectamente podían cancelar el lanzamiento al ser advertidos por los ingenieros del
problema con las válvulas. Así, lo mencionado condice con Dopico (2004): las
conductas que implican no evitar un resultado, para el análisis el riesgo prohibido, son
merecedoras de pena cuando el que no evita dicho riesgo es garante, es decir el
obligado a evitarlo (p. 280). 
Por lo tanto, independientemente de que la tripulación no muriera por la explosión, los
únicos penalmente responsables por causar lesiones ejecutadas a través de una
omisión son los miembros del consejo directivo en cuanto infringieron su deber de
garante al omitir su acción debida: la creación del riesgo prohibido ya integra el delito,
sin prestar mayor relevancia que dicho riesgo se materialice en un resultado (p. 17).
Es decir, lo que en sí se prohíbe es el comportamiento de riesgo típico mas no el
resultado.

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