TRABAJO ELBORADO Y PRESENTADO POR
SIMON CAMPOS HUANCA
LITISCONSORCIO NECESARIO
LITISCONSORCIO FACULTATIVO
FACULTADES DE LA AUTORIDAD JUDICIAL
ANÁLISIS COMPARATIVO Y EXPLICATIVO CON OTRAS
LEGISLACIONES, SIMILITUDES Y DIFERENCIAS ARTS. 47, 48 Y 49
DEL CPC
CAPÍTULO TERCERO LITISCONSORCIO
ARTÍCULO 47. (LITISCONSORCIO FACULTATIVO).
I. Dos o más personas podrán litigar en forma conjunta como demandantes o
demandadas en el mismo proceso, cuando sus pretensiones fueren conexas por su
causa u objeto, o cuando la sentencia a dictarse respecto de una pudiere afectar a la
otra.
II. Los litisconsortes facultativos serán tenidos como sujetos procesales
independientes, salvo disposición en contrario.
III. Los actos de un litisconsorte no favorecen ni perjudican a los otros y tampoco
afectan la unidad del proceso.
ARTÍCULO 48. (LITISCONSORCIO NECESARIO).
I. Cuando por la naturaleza de la relación jurídica substancial, objeto del proceso, no
pudiere pronunciarse sentencia, sin la concurrencia o el emplazamiento de todos los
interesados, según se trate del litisconsorcio activo o pasivo, respectivamente, todos
los litisconsortes activos deberán comparecer y todos los pasivos deberán ser
emplazados en forma legal.
II. Los recursos y actuaciones procesales de uno de los litisconsortes favorecerán a los
otros. Sin embargo, los actos que impliquen disposición del derecho en litigio sólo
tendrán eficacia si fueren consentidos por todos los litisconsortes.
ARTÍCULO 49. (FACULTADES DE LA AUTORIDAD JUDICIAL).
I. En el caso del litisconsorcio necesario activo, si no comparecieren todos los
interesados, la autoridad judicial, no proseguirá la tramitación de la demanda hasta
tanto no sean citados. La misma facultad ejercerá tratándose del litisconsorcio
necesario pasivo, mientras la parte no proporcione en término que fije la autoridad
judicial, los datos necesarios para que todos los litisconsortes puedan ser citadas y
citados. II. Si después de citada o contestada la demanda se estableciere la existencia
de otras personas que pudieren revestir la calidad de litisconsortes necesarios, se
suspenderá la tramitación de la causa, hasta que se establezca correctamente la
relación procesal conforme al parágrafo anterior.
El litisconsorcio se entiende como un procedimiento legal, que se presenta cuando en
un litigio aparecen varios sujetos en una o ambas partes, en donde se requiere una
declaración única
I. Cuando por la naturaleza de la relación jurídica substancial, objeto del
proceso, no pudiere pronunciarse sentencia, sin la concurrencia o el
emplazamiento de todos los interesados, según se trate del litisconsorcio
activo o pasivo, respectivamente, todos los litisconsortes activos deberán
comparecer y todos los pasivos deberán ser emplazados en forma legal.
II. Los recursos y actuaciones procesales de uno de los litisconsortes
favorecerán a los otros. Sin embargo, los actos que impliquen disposición del
derecho en litigio sólo tendrán eficacia si fueren consentidos por todos los
litisconsortes.
En el proceso civil, cuando son varios los accionantes que a través de la demanda
procuran el cumplimiento de sus pretensiones en forma recíproca, se configura el
denominado litisconsorcio; este instituto procesal según la actuación de las partes
puede ser activo o pasivo; materializándose desde el inicio con la presentación de la
demanda o con posterioridad a la notificación, deviniendo en lo que conocemos como
una acumulación originaria o sucesiva.
La pluralidad de partes (litisconsorcio) puede originarse de manera inicial, o
ulteriormente, siendo una de sus características las pretensiones comunes, y el interés
jurídico en los resultados del veredicto judicial, que les podría ser favorable o adverso.
En la mayoría de textos doctrinarios imperantes, algunos autores infieren erróneamente
que el litisconsorcio no es más que una acumulación subjetiva, debido a la presencia
en el proceso de más de una persona, sea como parte accionante, demandada y/o
mixta, sin hacer un análisis adecuado de la doctrina, en sede nacional podemos
apreciar su tratamiento diferenciado en nuestro Código Procesal Civil, acorde a que las
personas que integran el listisconsorcio en calidad de partes van a tener en su interior
relaciones distintas o heterogéneas, y la presencia o no de un litisconsorte en el
proceso puede tener diversos significados y efectos.
Además, que tal ausencia podría generar la ineficacia del proceso.
Es indispensable tener buen cuidado de no confundir el litisconsorcio con la pluralidad
de partes en el proceso, pues aquél es la especie y ésta es el género; es decir, puede
existir pluralidad de partes y no haber litisconsorcio, por ejemplo, porque se trate de un
demandante o demandado y un coadyuvante de aquél o de éste
existirá litisconsorcio en tres casos:
Cuando en un proceso hay varias personas como accionantes o
demandados;
Cuando concurren al proceso terceros que reúnen los requisitos
indicados;
Cuando existe acumulación de procesos con partes distintas y
exista comunidad de pretensiones entre algunas de ellas.
LITISCONSORCIO NECESARIO
El litisconsorcio necesario se origina en el hecho de que por la naturaleza de la relación
jurídico material controvertida las normas conceden legitimación para pretender o
resistir activa o pasivamente a varias personas en conjunto no separadamente, hay
una pluralidad de personas que de manera indisoluble ostentan la calidad de titulares
de la relación material y su presencia es exigida desde el inicio por el carácter único e
indivisible del objeto del proceso, en la necesidad de que varios intervengan en el
proceso por ese carácter de legitimación conjunta, en esta situación las partes tienen
una misma pretensión exigida por la norma de derecho sustantivo o material y un
mismo interés para obrar, la declaración jurisdiccional , será eficaz si todos concurren
al proceso, evitando la ausencia del demandado legítimamente y su condena sin ser
oído, ya que la sentencia debe ser necesariamente única respecto a todos.
El litis consorcio necesario tiene la característica de presentar una pluralidad de partes
activas o pasivas que poseen la calidad de imprescindibles en el proceso, debido al
carácter único e indivisible que le otorga la relación jurídico material o sustantiva a
todas las partes vinculadas.
Algunos sectores de la doctrina lo señalan como un tipo de proceso único con
pluralidad de partes, presentándose la figura en que varios sujetos en calidad de
actores o demandados solicitan al órgano jurisdiccional el pronunciamiento de una
sentencia lógica y jurídicamente única.
En el litisconsorcio necesario es indispensable que exista una relación jurídico material
o sustancial común a varias personas, la cual no podrá deducirse si no es por todas las
personas o frente a todas ellas, por estar en una igualdad de situación, ya que la
sentencia a pronunciarse debe ser necesariamente única respecto a todos. Cuando la
decisión a recaer afecta de manera uniforme a todos los litisconsortes, sólo será
expedida válidamente si todos comparecen o son emplazados, según se trate de
litisconsorcio activo o pasivo, respectivamente, salvo disposición legal en contrario.
Dávila Millán, pronuncia similares argumentos: En este tipo de litisconsorcio, al existir
una relación sustancial única para todos los litisconsortes en el proceso, el
litisconsorcio viene exigido por la ley material, de tal modo que la pretensión no puede
ser válidamente propuesta, sino por varios sujetos o frente a ellos.
Se produce litisconsorcio necesario siempre que por la naturaleza de la relación
jurídica material que en el proceso se actúa, los litigantes están unidos de tal modo,
que a todos afecte la resolución, que en él pueda dictarse.
En la legislación comparada, la jurisprudencia italiana sostiene que: “hay litisconsorcio
necesario por razones sustanciales, cuando hay una única relación jurídica indivisible,
común a varias personas, de modo que la sentencia pronunciada frente a algunas
solamente de éstas sería tal situación, una relación jurídica sustancial, que es materia
u objeto del proceso, que pertenece o refiere de modo inescindible, a más de un titular.
Por lo que no es jurídicamente posible decidida sino de modo uniforme respecto de
cada uno de esos titulares y con la presencia o, al menos, la posibilidad de que estén
presentes en el proceso, resulta indispensable que se resuelva previa participación de
todos los involucrados.
Los siguientes ejemplos pueden aclarar: En el caso de nulidad de acuerdo societario o
disolución de la sociedad conyugal, división o partición de sociedades indivisas o de
condominios, nulidad de otorgamiento de escritura pública, ineficacia del acto jurídico,
situaciones jurídicas donde las partes vinculadas a la relación jurídico material deben
participar indivisiblemente en el proceso sea en calidad de actores o demandados, a fin
de que exista un solo pronunciamiento judicial que afecte a todas las partes.
En el caso de ausencia de una de las personas que conforman la relación procesal, se
va a generar un defecto en la condición de la acción, concretamente una falta de
legitimidad para obrar, situación que impediría que el órgano jurisdiccional pueda
pronunciarse válidamente sobre el fondo del asunto.
LITISCONSORCIO FACULTATIVO
Esta modalidad a diferencia del litisconsorcio necesario, se configura cuando más de
una persona actúa en el proceso asumiendo la calidad de actor o demandado, en
defensa de un interés propio y particular, sea por razones de oportunidad o
conveniencia, los litigantes son independientes, las personas no están intrínsicamente
ligadas en la relación material, se desprende que para que las acciones de unos
sujetos contra otros puedan incoarse es necesario que estas nazcan de un mismo título
contrato o negocio jurídico de donde emane el derecho, o tengan fundamento en una
misma causa a pedir, entendiendo por causa el conjunto de hechos que fundamentan
su pretensión y son recogidos por una determinada norma jurídica de derecho material,
los litisconsortes voluntarios o facultativos van a ser considerados como litigantes
independientes en su relación con la otra parte, los actos realizados por cada uno de
los litisconsortes no favorecen ni perjudican a los demás tampoco van a afectar el
desarrollo ni la unidad del proceso.
En la legislación comparada, esta clase o división de litisconsorcio, puede configurarse
como el derecho de varios sujetos para demandar o para llamar a varios demandados
a un mismo proceso, esta figura no viene impuesta por la ley, sino por el contrario lo
permite “siempre que las acciones nazcan de un mismo título o se funden en una
misma causa a pedir”.
Esta clase de listisconsorcio se caracteriza por el hecho de responder a la libre y
espontánea voluntad de las partes que intervienen en el proceso, ya que no está
impuesto por la ley, ni por la naturaleza de la situación controvertida.
Si bien la constitución del proceso queda a merced de las partes, ello no se refiere a
actores y demandados, sino a la libre voluntad de los actores en cuanto solo estos son
los que voluntariamente pueden unirse para actuar conjuntamente o demandar a varias
personas al mismo tiempo.
Los posibles litisconsortes podrán cada uno por separado, presentar una demanda
independiente contra el único demandado, o bien el único actor podría presentar tantas
demandas como litisconsortes pasivos.
El litisconsorcio facultativo en propio e impropio, clasificándolos de acuerdo al vínculo
que los une: por conexidad o afinidad.
Un caso típico de litis consorcio facultativo propio o por conexidad entre la relación
sustantiva o material que va a dar origen al proceso vendría a ser una demanda por
alimentos, la progenitora de dos menores de edad va a accionar contra su cónyuge y
padre de los niños, reclamando su propio derecho y además ejerciendo la
representación de los dos hijos, pretendiendo en el proceso se le otorgue una pensión
alimenticia mensual a ella y para cada uno de sus menores hijos.
En este caso son tres los litisconsortes activos y cada uno tiene su propia pretensión,
por lo que el demandado deberá de contestar cada una de las pretensiones en forma
independiente, consecuentemente el órgano jurisdiccional deberá de pronunciarse
también por cada una de las pretensiones amparándolas o desamparándolas.
Para que dos acciones sean idénticas por tener el mismo título y causa a pedir es
necesario que la causa fáctica y jurídicamente sea la misma.
Un caso en el cual se presenta el litisconsorcio facultativo impropio o por afinidad, que
enuncia el aseguramiento de la pretensión futura, abriendo la posibilidad que en un
mismo proceso el demandado pueda hacer valer su derecho a repetir contra un
tercero. La responsabilidad vicaria o responsabilidad de los trabajadores dependientes
es uno de los ejemplos más claros en materia doctrinal.
En caso el actor demande a la empresa donde el empleado presta servicios solicitando
una indemnización por el resarcimiento de daños y perjuicios causados por el
trabajador en razón de su función laboral.
La persona jurídica (empresa) demandada va a solicitar que también se comprenda
(emplace) en la demanda al empleado negligente, con la finalidad de que si en la
sentencia se le obliga al pago de indemnización por daños, en la misma resolución el
órgano jurisdiccional ordene al trabajador que le devuelva a la empresa en su calidad
de demandada, el importe que deberá abonar al actor por concepto de indemnización.
La doctrina es pacifica al afirmar, que por lo general los litisconsortes facultativos o
voluntarios no forman parte de la relación material o sustancial, sí están vinculados con
relaciones conexas o afines, en esta figura procesal la sentencia a 19 recaer va a
contener tantos pronunciamientos como partes integrantes tenga el litisconsorcio.
FACULTADES DE LA AUTORIDAD JUDICIAL
ARTÍCULO 48. (COMPARECENCIA O INCOMPARECENCIA DE LAS PARTES A LA
AUDICENCIA COMPLEMENTARIA).
I. La autoridad judicial verificará la comparecencia o incomparecencia de las partes en
observancia a los siguientes aspectos:
1. Comparecencia:
a) Personal y por representante. El Código Procesal Civil no establece la exigencia de
la comparecencia personal de las partes, por lo que no existe óbice para que concurran
por medio de representante.
b) Comparecencia con abogada o abogado: Se continúa con la audiencia. c)
Comparecencia sin abogada o abogado: Al igual que en la audiencia preliminar, no
impide la continuación y desarrollo de la audiencia.
2. Incomparecencia:
a) Del demandante: Su inasistencia no suspende la audiencia, salvo caso de fuerza
mayor debidamente comprobado.
En caso de estar acreditado y comprobado el caso de fuerza mayor, antes o en la
audiencia, deberá disponerse el diferimiento de la audiencia. La incomparecencia solo
determina una simple presunción desfavorable, asimismo, acarrea las consecuencias
respecto a los actos desarrollados en la audiencia y que por su inasistencia no puede
hacer valer.
b) Del demandado: Su inasistencia no suspende la audiencia, salvo caso de fuerza
mayor debidamente comprobado.
En caso de estar acreditado y comprobado el caso de fuerza mayor, antes o en la
audiencia, deberá disponerse el diferimiento de la audiencia.
La incomparecencia solo determina una simple presunción desfavorable, asimismo
acarrea las consecuencias respecto a los actos desarrollados en la audiencia y que por
su inasistencia no puedan hacer valer.
c) De ambas partes: Ante la inasistencia de ambas partes, se llevará a cabo la
audiencia complementaria y se cumplirá con todos los actos previstos en los que fuera
posible y se sustenta en el poder-deber de impulso procesal de la autoridad judicial, en
algunos casos se aplica a procesos de derechos indisponibles, que por la urgencia o
riesgo no puedan esperar. II. Excepcionalmente la audiencia complementaria podrá
prorrogarse:
1. De oficio o a petición de parte, solo una vez, si falta el diligenciamiento de prueba
que deba cumplirse fuera del juzgado.
2. Se aplica el criterio similar respecto a la comparecencia e incomparecencia.
3. La fecha para la reanudación de la audiencia debe ser señalada dentro de 15 días
siguientes
ANALISIS COMPARATIVO Y EXPLICATIVO CON OTRAS LEGISLACIONES
Dada la importancia de realizar estudios de derecho comparado, hacemos referencia a
toda una serie de semejanzas y diferencias de intervención de terceros- entre el
proceso civil de conocimiento boliviano y el proceso civil declarativo, en terminología
del Libro II de la vigente Ley española 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil-
español, lo que en ocasiones sirve para colmar lagunas legales y efectuar
propuestas de lege ferenda.
Asimismo, dada la importancia que en todo país presenta la jurisprudencia en la labor
interpretativa de las normas jurídicas, el presente trabajo tiene en cuenta, como no
podía ser de otra forma, tanto la jurisprudencia boliviana como la española.
Venezuela, es un país perteneciente a Sudamérica y caracterizado por ser protagonista
de diferentes hechos políticos, sociales y culturales que actualmente siguen en proceso
de revolución.
Además, es considerado uno de los países precursores para la creación el Código
Procesal Civil Modelo para Iberoamérica, al ser sede de sus IVas Jornadas y aportando
con grandes doctrinarios y estudiosos del tema.
Y es así, como lo contempla nuestro Código de Procedimiento Civil en su artículo 13°,
que a la letra reza: ARTICULO 13° del C.P.C de Venezuela: “El Juez decidirá el fondo
de la causa con arreglo a la equidad, cuando las partes de común acuerdo así lo
soliciten y la controversia se refiera a derechos disponibles.”
Cabe observar que la aplicación de esta jurisdicción de equidad procede solo cuando
se verifican dos supuestos: 1.- Que las partes estén de acuerdo para solicitarla.
Parecería absurdo que teniendo la importancia que tiene la equidad, porque incluso
tiene rango constitucional, ya que en la novísima constitución del 99 en su art.26 se
consagra la justicia equitativa; las partes tengan que ponerse de acuerdo para
solicitarle al juez que decida conforme a ella, pero no se puede olvidar que se trata de
una alternativa una excepción además en el artículo 312 del C.P.C., se le prohíbe
expresamente el ejercicio del recurso de casación a los juicios sentenciados conforme
a esta jurisdicción; ¿pero qué pasaría si aún y cuando las partes voluntariamente se
han sometido a esta jurisdicción, el juez al tomar su decisión no sea equitativo, y sea
injusto y parcial el fallo dictado y por lo tanto que viole una máxima de experiencia
siendo que el artículo 313 ejusdem en donde se enumeran los casos de declaratoria
con lugar de este recurso se encuentra la violación de una máxima de experiencia?;
nosotros consideramos que sí se debe admitir este recurso de no ser así se estaría
coartando un derecho al considerar tal decisión como no revisable.
Argentina, al igual que el anterior país citado, emana una normativa procesal civil en
base a las líneas otorgadas por el Código Modelo, y da posibilidad a la aplicación de
Fallos, según sus propias reglas.
Sin embargo, Argentina tiene una particularidad y es que es un país federalizado,
cuyas normas tienen competencia en las provincias y regiones así establecidas por ley,
y es ahí donde incurren algunas incógnitas respecto a los Fallos por Equidad.
En algunos casos -continúa- la automática aplicación de normas prefijadas da lugar a
una solución ajustada al cuerpo de los hechos y a los conflictos de intereses
planteados. Pero, en otros casos, la individualización de las sentencias requiere
considerable esfuerzo y el Derecho se muestra deficiente para brindar soluciones
justas.
Cada vez que ello ha sucedido, las nociones de equidad y justicia han irrumpido en el
recinto del derecho estricto. Por tal razón es que, en definitiva, nunca dejan de actuar
estas ideas.
De tal modo, tanto en Roma como en Inglaterra lo que al comienzo fue una forma de
impartir justicia basada en el arbitrio de una conciencia individual abrió paso a un
conjunto sistemático de normas de derecho objetivo.
En cierta forma, era inevitable que la reiteración de las soluciones que comenzaron por
ser una mera invocación a la rebeldía frente a la injusticia o al abuso de derecho,
terminaron dando lugar a soluciones propiamente jurídicas.
A diferencia de los ejemplos históricos propuestos, donde la equidad terminó
cristalizando en un sistema objetivo de normas, en nuestro Derecho Argentino resultan
verdaderamente excepcionales las expresas referencias normativas a dicha noción.
En la exposición de motivos del Anteproyecto de dicho código, la Comisión Redactora
expresa que: "…Si bien se reitera el principio del deber del Tribunal de ajustar su fallo a
la regla de derecho positivo, se incluye la excepción de la posibilidad del
pronunciamiento conforme a equidad, en los casos que así expresamente lo autorice la
propia norma legal o cuando medie 21 coincidente solicitud de las partes en ese
sentido y se trate de derechos disponibles…". Dicha solución excepcional quedó
plasmada en los arts. 25.1 y 199 del Código General del Proceso (C.G.P), siendo sede
de proceso arbitral, no obstante, la previsión cambia de signo: si en el compromiso
arbitral las partes no dejan constancia acerca de si el arbitraje será de derecho o de
equidad, en el silencio se entenderá que los árbitros deberán fallar por equidad.
Atendiendo a su naturaleza, el laudo pronunciado en proceso arbitral puede
distinguirse en laudo de derecho y laudo de equidad. El laudo de derecho contiene un
fallo conforme a derecho, por aplicación del ordenamiento jurídico al conflicto
planteado; el árbitro analiza los hechos y determina en consecuencia la normativa
aplicable al caso.
En el Código General del Proceso se introdujeron al respecto dos innovaciones
significativas: a) existiendo libre disposición del derecho aducido en el juicio, la
posibilidad del acuerdo entre partes para que el tribunal falle conforme a equidad (arts.
25.1 y 199); b) la regla que el arbitraje será de equidad en tanto el compromiso arbitral
no recoja expresa manifestación en contrario (art. 477 numo 5).” 20 20Álvaro G. García
y Santos, Evolución y certeza jurídica. Rol de la Equidad, Argentina, 1995, p. 47 22
Asimismo, comparece otro doctrinario argentino, Federico Sosa Valle, quien analiza la
federalización argentina en su artículo “Federalismo y Evolución Jurisprudencial en la
República de Argentina”, en el cual analiza ventajas, desventajas y consecuencias de
la federalización de la normativa argentina, y sobre los Fallos por Equidad comenta al
respecto: “…Sin embargo, existe un supuesto en el que los tribunales provinciales en
sus sentencias pueden apartarse de los códigos de fondo dictados por el Congreso de
la Nación, sin que ello sea susceptible de revisión por parte de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación: se trata de los fallos fundados en razones de equidad.
En efecto, la Corte Suprema de Justicia de la Nación tiene dicho que, teniendo cada
provincia competencia exclusiva para interpretar el derecho común, un fallo fundado en
razones de equidad no merece revisión por parte de aquélla. Por supuesto, deben ser
respetadas las garantías del debido proceso, lo que incluye que las razones de equidad
que justifiquen el apartamiento de los códigos de fondo hayan sido introducidas por
alguna de las partes del proceso y que la contraria haya tenido oportunidad de dar su
opinión sobre aquéllas –de lo contrario, dicha sentencia habría sido dictada “extra
petitum”, lo que constituye un caso de arbitrariedad. En cuanto a los Fallos por
Equidad, se escapa al objeto de este artículo formular una teoría de la equidad.
Diremos solamente que no constituye una fuente del derecho en el sistema argentino,
si no que cumple una función morigeradora del derecho positivo.
Asimismo, debe tenerse especialmente en cuenta que nuestra Corte Suprema tiene
decidido que los motivos de equidad y razonabilidad ponderados para atemperar el
rigor de la ley positiva no constituyen por sí causal de arbitrariedad, ya que el derecho
constitucional de obtener una sentencia fundada en ley anterior al hecho del proceso
se cumple si se le dio al interesado la oportunidad de exponer su parecer sobre la
atenuación de los efectos de la ley positiva por razones de equidad.
Lo que interesa a los efectos de este estudio es que, en el marco de un proceso judicial
sustanciado ante los tribunales locales de las provincias – en contraposición a los
tribunales federales con asiento en las mismas – en el que se debate una cuestión de
derecho común, cuya principal fuente del derecho la constituyen los códigos de fondo
dictados por el Congreso de la Nación, tales tribunales pueden dictar fallos
apartándose expresamente de las prescripciones de dichos códigos, invocando
cuestiones de equidad, siempre y cuando las mismas hayan sido introducidas y
debatidas previamente por las partes. Para ilustrar cómo funcionaría la equidad en la
interpretación del derecho común, vamos a enunciar brevemente un caso práctico:
El lector es propietario del 100 % del camión de transporte de combustible, pero lo
alquila a una empresa de transporte. El camión se incendia, dado que es una cosa
riesgosa, se propaga dicho incendio a un auto que se encontraba estacionado al lado
del mismo y el titular de aquél inicia un juicio de daños y perjuicios contra el lector
-propietario del camión que provocó el incendio- y contra la empresa de transporte -que
se servía del mismo-, y lo gana contra ambos.
Supongamos que el acreedor de la indemnización reconocida en el juicio cobra el 100
% de la misma al lector, el decir al propietario del camión. ¿Puede el lector reclamar la
repetición de dicho pago a la empresa de transporte que le alquilaba al camión y que
también había sido condenada a pagar la misma indemnización? En su caso, ¿en qué
proporción? ¿La totalidad? ¿La mitad? Las últimas preguntan son ociosas, ya que la
respuesta a la primera de todas es negativa. Efectivamente, si el propietario del camión
–en nuestro caso, el lector paga la totalidad de la indemnización al tercero que hubo
padecido el daño, nada puede reclamar a su codeudor. En términos técnicos, las
obligaciones del propietario de la cosa generadora del daño y del locatario que se sirve
de ella no son “solidarias”, sino “concurrentes”.
La razón de ello es que las causas de tales obligaciones son distintas. El lector debía
la indemnización por ser el titular de la cosa generadora del daño y el transportista por
ser quien se servía de ella. Si el propietario de la cosa pagó la indemnización, cumplió
con su obligación y nada tiene que reclamar a nadie más, ya que con ningún otro
compartía la situación de ser propietario de una cosa riesgosa que provocó un daño a
un tercero. Al mismo tiempo, el tercero que cobró la totalidad de su crédito a uno de los
“deudores concurrentes”, nada puede reclamar al otro deudor, ya que ha sido
satisfecho íntegramente en su derecho a ser indemnizado. Es muy probable que el
lector juzgue esta solución como “inapropiada”, o “ilógica” o “injusta”. Sin embargo, tal
es la solución que prevé el derecho común: las obligaciones concurrentes –aquellas
que tienen causas distintas- de una prestación dada a un deudor dado, no son
reintegrables entre los codeudores. El acreedor elige quién debe cobrar su crédito y los
otros codeudores quedan exonerados de hacerlo y tienen derecho a repeler el reclamo
del codeudor que afrontó la totalidad del pago. Puede esto causar rechazo desde la
perspectiva de cierto sentimiento de justicia – particularmente si se es quien pagó la
indemnización- pero, conforme reza el aforismo, dura lex, sed lex.- Muy bien, en el fallo
dictado por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de Capital Federal –
tribunal ordinario de la Capital Federal, que entiende en cuestiones de derecho
comercial- en la causa “El Cabildo Compañía Argentina de Seguros S.A. s/ incidente de
verificación de créditos por La Meridional Compañía Argentina de Seguros S.A.”, un
proceso judicial muy similar a nuestro segundo caso práctico, dicho tribunal entendió
que, si bien el derecho vigente indicaba que cada una de las codeudoras concurrentes
nada la debía a la otra, sin embargo correspondía que ambas, por razones de justicia y
equidad, compartieran por partes iguales la carga económica de indemnizar al tercero
y, por consiguiente, se le reconoció el derecho de repetir de la otra el 50 % del crédito
pagado por una de las deudoras concurrentes. Tal sentencia fue dictada por un tribunal
local y 25 se aparta del derecho de fondo legislado por el Congreso Nacional y lo hace
fundándose expresamente en razones de equidad. Tal precedente judicial podría ser
invocado por todo aquel deudor que haya pagado una obligación concurrente. Desde el
momento en el que todos los ciudadanos y habitantes son iguales ante la ley, ante
iguales circunstancias fácticas, las soluciones jurisprudenciales deben ser iguales. En
tal principio de igualdad ante la ley, es que se funda el vínculo del precedente judicial
para los tribunales que lo sientan. Por supuesto, si la cuestión relativa a la equidad de
la norma fue introducida en el momento oportuno del juicio, dándoles a las partes la
correspondiente oportunidad para expresarse sobre dicha cuestión y esgrimir sus
defensas, nada tiene la Corte Suprema de Justicia de la Nación para decir al respecto.
Por otra parte, dado que la Constitución Nacional asegura el respeto a la jurisdicción
de cada provincia para cuestiones de derecho común, el mencionado precedente
judicial sentado por la justicia ordinaria de Capital Federal, no puede hacerse valer en
otra provincia, quedando el valor del aquél limitado al estado provincial en el que tuvo
lugar…” 21 Siendo así que, al igual que en Venezuela, se especifica en la normativa
argentina, además por su federalización, que no puede ser apelada cualquier sentencia
o fallo basada en la equidad, por cuestiones de Derecho común, y más aún no puede
hacerse valer en otra provincia, justamente por ser un Fallo por Equidad, y no por
Derecho
Jurisprudencia Comparada de El Salvador, con relación al Litisconsorcio Necesario
Pasivo y el litisconsorcio necesario pasivo, considera que consiste en que en ciertas
oportunidades, es necesario demandar a todas las personas inmersas en una relación
jurídico procesal, cuando tal necesidad se basa en la indivisibilidad de la acción,
porque en estos casos, la sentencia que recaiga en el proceso, debe ser una para
todas las partes, ya que no es susceptible de parcialidades, verbi gracia: cuando se
demanda la nulidad de un contrato de compraventa en que son tres los compradores,
necesariamente hay que demandar a esas tres personas, o cuando se demanda el
reconocimiento de un hijo a una sucesión formada por dos herederos, en cuyo caso,
necesariamente hay que demandar a ambos. La acción es divisible, tan es así, que del
mérito de las pruebas del proceso la sentencia definitiva podría ser absolutoria para un
demandado y condenatoria para otro de los que están en esa misma calidad, dentro
del litisconsorcio.
En cuanto a esto último, traemos a cuenta las palabras del tratadista argentino Jorge
Walter Peyrano quien, en su obra, “El Proceso Atípico” subraya en relación al Derecho
de Acción: “Claro está que el deber de los jueces de proporcionar “respuestas
jurisdiccionales de trámite”, es multifacético, y su contenido concreto dependerá de
cuál fuere el pedido formulado por la parte y del estado en que se encontrará el
proceso respectivo. Todo lo dicho sirve para apontocar lo que sigue: cualquiera puede
demandar a cualquiera cualquier cosa y cualquier fuere su dosis de razón (ejercicio del
derecho de acción), y tal demanda generará necesariamente un proceso. Empero -si
corresponde en: la especie- el tribunal interviniente podrá propinar una respuesta
jurisdiccional discordante rechazando ad initio la demanda y negándose a sustanciarla.
En abono a lo anterior, la Sala de lo Civil considera que algo que podría dar lugar al
litisconsorcio pasivo necesario será el principio de definitividad, establecido en la: ‘Ley
de Procedimientos Constitucionales” y en la “Ley de la Jurisdicción Contencioso
Administrativo” por virtud del cual, todos los funcionarios involucrados respectivamente
en la violación de derechos tutelados por la Constitución o por cometer funcionarios,
violaciones a la legalidad, en cuanto a la administración pública, pero no existiendo ese
principio en la Ley Procesal Civil, no tendríamos tampoco ese basamento para la
formación del litisconsorcio pasivo necesario.