1.
EL SURGIMIENTO DE LA CRITICA
Alejandro Eujanian
Desde comienzos del siglo XX el debate que protagonizaron
Bartolome Mitre y Vicente Fidel Lopez en los primeros
afios de la decada del ochenta del siglo anterior fue concebido
como un punto de inflexion en el desarrollo de la incipiente
historiog'raffa argentina, respecto del cual los historiadores
consideraron necesario fijar una posicion. Para aquellos
que centraron sus expectativas en la profesionalizacion de la
disciplina, Mitre parecfa ofrecer una alternativa mas adecuada,
fundamentalmente, por el enfasis que habfa puesto
durante la disputa en la critica de documentos. A partir de
ese momento se vulgarizo la idea de que en la polemica se
habfa producido el enfrentamiento entre una historia erudita
y una historia filosofica ajena a los requisitos de una disciplina
cientifica. Requisitos que solo retrospectivamente y
de manera anacronica se podian suponer consensuados hacia
1880. Ademas de analizar, una vez mas, los topicos sobre
los cuales giro tal polarizacion, es nuestra intencidn determinar
el rol que la critica cumplio en el proceso de conformation
de un campo profesional en la historiografia argentina
a partir de las ultimas decadas del siglo xix.
Concentraremos nuestra atencion, en este capitulo, en
la etapa caracterizada por la emergencia de la critica historiografica
en nuestro pais, que abarca las polemicas que enfrentaron
a Bartolome Mitre y Dalmacio Velez Sarsfield en
1864 y la que, entre 1881-1882, opuso a Bartolome Mitre y a
17
18 El surgimicnto do la crftica
Vicente Fidel Lopez. Nuestra hipotesis es que frente a la ausencia
de canales academicos destinados a legitimar tanto
las obras como a los hombres que las ejecutaron, la crftica
historiografica se convirtio en el medio privilegiado para dirimir
problemas vinculados a la competencia y legitimidad
de aquellos que compartfan el interes por dilucidar hechos
del pasado o, con mayor ambicion, desentranar la trama que
permitiera develar la verdad oculta tras esos hechos.
En este sentido, las polemicas nos interesan en tanto
acontecimientos a partir de los cuales podemos establecer de
que modo la crftica, vehiculizada por intermedio de la prensa
primero y las revistas culturales luego, se convertiria en
un eficaz instrumento de consagracion y disciplinamiento
que, a la vez que contribufa a fijar las reglas de un oficio y
las practicas que lo regfan, modelaba la imagen de quien lo
practicaba y, en cada uno de esos actos, ella misma se constitufa
y autolegitimaba. En este sentido, el problema que estamos
tratando es el que Hayden White denomina como poh'ticas
de la interpretacion, en tanto lo que estaba en juego
en estas polemicas era la autoridad que el historiador reclamaba
frente a las elites polfticas, la sociedad y, tambien, con
respecto a aquellos cuyo campo de estudio comparti'a, pero
frente a los cuales intentaba afirmar su preeminencia y status.
1 Por otro lado, la actitud crftica suponfa la conciencia,
por parte de quien la practicaba y aun de aquel que era retado
por ella y se avenfa a debatir en los terminos propuestos,
respecto a participar de un oficio parcialmente especializado,
al que se le atribufan ciertas reglas para su ejercicio
en el marco de practicas diferenciadas de otras areas de la
produccion cultural.
Dicho esto ultimo, es conveniente precisar los motivos de
la periodizacion propuesta. Ubicar nuestro campo de reflexion
en la segunda mitad del siglo XIX, remite a la ausencia
1. Con respecto a esta concepcion de la polfti-ca de la interpretacion:
White, Hayden, "La poh'tica de la interpretacion historical
disciplina y desublimacion", en El contenido de la forma. Narrativa,
discurso y representation historica, Barcelona, Paidos, 1992, p. 75.
Politicas de la hisloria 19
en la primera mitad del siglo de una historiograffa propiamente
dicha. Ya porque la nation como espacio geografico,
politico e ideologico que le otorgue sentido y sirva de gufa a
la narration de los hechos del pasado era, en su extremo
asertivo, un destino incierto. Ya porque el conjunto de memorias
destinadas a justificar una trayectoria o los ensayos y
fragmentos en los que se instrumentaba una representacion
del pasado no suponfan por parte de sus ejecutores que tales
reflexiones les otorgara el caracter de historiadores, ni mucho
menos la conciencia de encontrarse desarrollando un officio
particular. Ya, finalmente, porque el estar orientadas por
el interes de exaltar virtudes y valores propios de una civilidad
republicana, por medio de la evocation de un hecho o
personaje determinado, le otorgaba una funcionalidad inmediatamente
polftica que obturaba la posibilidad de concebirla
como una obra a la que fuera posible someter a una crftica
rigurosa de forma, fondo e incluso de estilo.2
En la segunda mitad del siglo xix, el surgimiento de la
crftica historica estuvo asociada a un conjunto de transformaciones
de la esfera polftica y cultural. En primer lugar, la
necesidad de dotar de una legitimidad historica y jurfdica al
Estado nacional, particularmente despues de Caseros, con
relation a los estados provinciales y a los pafses limi'trofes,
contribuin'a a otorgar un status social y cientffico a la historiografia,
al tiempo que esta ultima proveia una norma de
realismo tanto al pensamiento como a la action polftica.3 En
segundo lugar, el Estado actuaba como soporte de una rearticulacion
de las relaciones entre intelectuales y poder politico.
Ante la ausencia de un mercado consumidor de bienes
2. Que se le podi'a reclamar en ese sentido al Ensayo de la /listeria
civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumdn, que por encargo
de Rivadavia el dean Gregorio Funes comenzo a publicar en 1816.
Tanto el poder que la demanda como su autor pretendfan la historia
al servicio de la accion polftica.
3. Con relation al proceso de disciplinamiento del discurso
historico y su vinculo con el discurso polftico en Occidente, vease
White, H., op. cit., p. 79.
20 El surgimiento de la crflicn
culturales y la necesidad de recurrir al empleo publico como
fuente de ingresos, la posesion de un saber debidamente especializado
le permiti'a actuar sobre la realidad sin que necesariamente
dicha action fuera concebida como enajenante
de la independencia respecto al poder politico, que la alentaba
y justificaba. Al tiempo que el surgimiento de una esfera
publica liberal burguesa constituida como espacio de discusion
sustrai'do a la influencia del poder e incluso crftico de
sus actos contribufa a despojar a las autoridades constituidas
del monopolio con respecto a la evaluation de las producciones
culturales.4
En tercer lugar, el sui'gimiento y consolidation de una
conciencia propiamente historiografica no era ajeno al proceso
de constitution de la literatura como una esfera particular
de la production cultural. En la primera mitad del siglo,
la cn'tica literaria estaba orientada a la valoracion de la obra
en (uncion de principios extraliterarios, siendo la difusion de
valores propios de un civismo republicano y la cn'tica al rosismo
los principales objetivos que debi'an guiar a la literatura,
convirtiendose este en el principio organizador de la
cn'tica. De este modo, la literatura argentina dejaba de lado
el principio de autonomi'a de lo estetico literario ya presente
en un romanticismo frances que, en mas de un sentido, le habi'a
servido de modelo.5 En la segunda mitad del siglo, Juan
4. Al respecto vease Sabato, Hilda, "Ciudadanfa, participacion
poh'tica y la formacion de una esfera publica en Buenos Aires,
1850-1880", en Entrepasados, Revista de Historia, IV, 6, Bs. As.,
1994. Sobre la relacion entre el surgimiento de la opinion publica y
de las instituciones que constituyeron al publico como instancia de
cn'tica estetica ajeno al poder poh'tico, pero tambien a la mayoria,
vease Chartier, Roger, Espacio publico, critica y desacralizacion en
el siglo XVIII. Los origenes culturales de la Revolution Francesa,
Barcelona, Gedisa, 1995, p. 35.
5. Particularmente en lo que se.refiere al surgimiento de una
primera conciencia de escritor en el Rio de la Plata, siendo Esteban
Echeverria su principal exponente. Vease al respecto Myers, Jorge,
"Una genealogia para el parricidio: Juan Maria Gutierrez y la construccion
de una tradicion literaria", en Entrepasados. Revista de
PoUticas do la historia 21
Maria Gutierrez fue quien estimulo el surgimiento de la erf--
tica literaria como una disciplina basada en la investigacion
y recoleccion de documentos que permitieran reconstruir la
historia de la-literatura ya no en funcion de dichos condicionamientos.
6 Asf, paralelo al surgimiento de una historia nacional,
la crftica priorizaba una lectura basada en la idea de
unidad y continuidad desde la colonia al presente —amortiguando
incluso el antihispanismo como criterio de juicio—
ofreciendo la imagen de un proceso, en el que el caracter nacional
de la literatura se encontraba tempranamente expresado
en la etapa prerrevolucionaria.7 A partir de Pavon, con
el surgimiento a la vida publica de la segunda generacion romantica
y, particularmente despues del ochenta, en el contexto
del naturalismo y luego, hacia fines de siglo, con el auge
del modernismo, al tiempo que la literatura se desembarazaba
de aquel mandato, dejaba abierto el camino para la
diferenciacion respecto de una historiografia cuyo estatuto
residia en asumir aquella funcion que la literatura comenzaba
a dejar de lado.
En este marco, nos proponemos entonces analizar las
dos polemicas mas importantes desde el punto de vista historiografico
durante el perfodo de la organizacion nacional.
Mas estudiada la segunda que la primera, creemos importante
pensarlas como dos momentos de un mismo proceso en
el que podemos encontrar continuidades, pero tambien desplazamientos
cuyo sentido sera preciso indagar con el fin de
determinar en que medida la crftica historiografica contribu-
Historia, afio 3, Ng 4-5, Bs. As., fines de 1993, pp. 71-72; Sarlo Sabajanes,
Beatriz, Juan Maria Gutierrez: historiador y critico de
nuestra literatura, Bs. As., Editorial Escuela, 1967, p. 43 y ss.
6. Gutierrez legitima una posicion que privilegia la autonomi'a
de lo estetico literario; cfr. Myers, op. cit., p. 75. Por su parte, Beatriz
Sarlo lo ubica como el primero en sentar las bases de una literatura
nacional, op. cit., p. 9.
7. En este sentido, la historia de la literatura de Gutierrez es,
a la vez, nacional y didactica. Veanse Sarlo, op. cit., p. 135; Myers,
J., op. cit., pp. 79-81.
22 El surgimienU) do la crftica
yo a la especializacion de la disciplina historica respecto de
otras ramas del conocimiento, particularmente en relacion
con la literatura; a la fijacion de las reglas y practicas del
trabajo del historiador; a la definicion de formas de autorrepresentacion
en relacion con la disciplina y con su funcion
como historiador; y finalmente, a consolidar un espacio parcialmente
diferenciado del campo politico, verificando la
existencia de puntos de friccion en aquellas zonas en las que
codigos, conductas y practicas se superponian.
Mitre y Velez Sarsfield: interpretaciones en pugna
Desarrollada entre quien en ese momento era presidents
de la Nacion y su ministro de Hacienda hasta 1863, la polemica
entablada entre Bartolome Mitre y Dalmacio Velez
Sarsfield en las paginas de la prensa remite desde el inicio a
un espacio publico acorde con las prerrogativas de sus protagonistas.
El propio Bartolome Mitre resume cual es el objeto de la
refutacion con la que Velez Sarsfield, desde el periodico El
Nacional, pretendia poner en tela de juicio la interpretacion
mitrista sobre los sucesos revolucionarios, tal como este los
habia presentado en su Historia de Belgrano, de la que en
1859 se habia publicado la seguifda edicion. En primer lugar,
8. El debate se realiza en dos diarios portefios. El Nacional,
donde Velez Sarsfield publicara, con el ti'tulo de "Rectificaciones
historicas", dos articulos cn'ticos sobre ciertas aseveraciones de Mitre
en la 28 edicion de la Historia de Belgrano de 1859, respecto al
papel desempenado por los pueblos del interior en las guerras de la
independencia. En tanto que las respuestas del general Mitre, entonces
presidente de la Nacion, seran publicadas en el diario Nacion
Argentina, con el ti'tulo de "Estudios historicos: Belgrano y
Guemes". Luego sucederan como una segunda parte del debate dos
articulos mas de Velez Sarsfield: "Contestacion a los articulos publicados
por el autor de la Historia de Belgrano". A continuacion y
cerrando la polemica, Mitre respondera con sus "Ilustraciones complementarias".
Poh'ticas de la historia 23
que Belgrano habn'a calumniado a los pueblos del interior, y
particularmente a Salta y Tucuman al aseverar que la causa
revolucionaria habfa alii decai'do en el ano 1812 cuando se
haci'a cargo del Ejercito del Norte. En segundo lugar, como
consecuencia de lo anterior, que no fue el general Belgrano el
que habn'a vuelto a encender el fuego de la revolucion, no solo
por ser desconocido en esos pueblos, sino tambien por su
caracter despotico y antidemocratico que lo haci'a incapaz de
encabezar partidos revolucionarios. En tercer lugar, que fueron
los pueblos y no los jefes revolucionarios quienes dieron
impulso a la misma, siendo los primeros corregidos en sus
errores y arrastrados hacia un destino que no sonaban. En
cuarto lugar, que el general Guemes no debfa ser homologado
con la figura del caudillo, calificacion que Velez Sarsfield consideraba
injuriosa, sino parangonado con Bolivar o San Martin,
en este ultimo caso por su desobediencia a poner el ejercito
que comandaba al servicio de la guerra civil, decidiendo,
en cambio, hacer frente al ejercito espanol. En quinto lugar,
que las Provincias del Norte se encontraban en 1812 en condicion
de resistir al ejercito enemigo, como lo hicieron en
1817, aun prescindiendo de la asistencia de Belgrano.9
El problema, tal como lo planteaba Velez Sarsfield, se
encontraba centrado en la interpretation de los hechos, y sometido
al regimen de la doxa antes que a una contraprueba
de caracter documental. En este sentido, lo que se hallaba en
discusion era el papel desempenado por las provincias en la
gesta revolucionaria y, por anadidura, el rol de las mismas
en la definition del sentido de la nation. De este modo, Belgrano
y Guemes, como figuras arquetfpicas de la tension entre
nacion y provincias, representaban una tension aun mas
profunda anclada en la dicotomi'a entre elite dirigente y pueblo.
La intention de Velez Sarsfield sera la de sobreponer el
protagonismo del segundo a las ideas y acciones del primero
con el objetivo de contrarrestar los efectos nocivos resultan-
9. Mitre, Bartolome, "Estudios historicos, Belgrano y Giiemes",
en Obras completas, vol. XI, Bs. As., 1942, pp. 271-272. (En
adelante, Mitre, B., OC, N" de pagina.)
24 El surgimicnto dc la crftica
tes de los postulados propuestos por Mitre en la Historia de
Belgrano: "Pero ahora para crear heroes con atributos que
nunca tuvieron, es preciso infamar a los pueblos y dar el merito
de los hechos a hombres muy dignos por cierto; pero que
lejos de arrastrar a las poblaciones con su palabra o su conducta
fueron arrastrados por ellas y obtuvieron resultados
que ellos mismos no esperaban".10
La acusacion de Velez Sarsfield ponfa en evidencia que
Belgrano no era una personalidad que en ese momento concitara
demasiada atencidn publica. Pero era precisamente en
su elevacion al caracter de heroe colectivo en donde residfa
la mayor virtud de la biografia escrita por Mitre. En el habfa
hallado a una de las pocas figuras de la gesta revolucionaria
que quedaba indemne de la crftica postuma y cuyo caracter
nacional radicaba en la imposibilidad de que fuese apropiado
por una sola faccion a diferencia del resto de las figuras
que poblaban la Galena de los hombres celebres.11
Por otro lado, era claro que el autor de la crftica no se
presuponfa como un historiador sino en cambio como un
hombre publico que legftimamente defendfa una interpretacion
alternativa de los sucesos. Como contrafigura es interesante
evaluar el lugar en el que el "historiador" se colocaba
para su respuesta. Mitre asumfa alii tres roles diferenciados
por los objetivos que se imponfa en cada uno de ellos asf como
por las reglas que los regfan y que, sin embargo, aparecfan
representados como una totalidad carente de fisuras.
Como estadista, incorporara a Sarmiento y a Alberdi al debate
como los representantes de dos escuelas historicas que
han fijado su posicion en este punto atribuyendo en el pri-
10. Velez Sarsfield, Dalmacio, "Rectificaciones historicas: Belgrano
y Guemes", en Mitre, B., OC, 421.
11. La primera edicion fue escrita para la Galena de celebridades
argentinas: biagrafias de los personajes mds notables del Rio de
la Plata de 1857 y se titulo "Biografia de Belgrano". Junto a ella
aparecian estudios sobre San Martin, Mariano Moreno, el dean Funes,
Bernardino Rivadavia, Jose Manuel Garcia, el almirante
Brown, Florencio Varela y Juan Lavalle.
Polilicas do la historia 25
mer caso todo el merito a la "minoria inteligente" y en el segundo,
al pueblo.12 Frente a estas posiciones que juzgaba
extremas, Mitre propom'a una "justicia distributiva" consistente
en dar a cada cual el valor que tuvieron en el desarrollo
de los sucesos. Asf, mientras la razon y la fuerza seri'an
las armas con las cuales las elites imponian la direccion a
los sucesos, el "instinto" del pueblo "inoculaba su varonil
aliento a la revolucion". Como historiador y hombre de letras,
la eleccion del genero biografico, para un texto que originalmente
estaba dedicado a formar parte de un volumen
colectivo dedicado a resaltar las virtudes de un conjunto de
hombres celebres, lo habria condicionado no a olvidar al
pueblo sino en todo caso a prescindir de su protagonismo en
el relato. Finalmente, como politico, el privilegio del heroe
sobre el pueblo en la narracion estari'a justificado por la intencion
de despertar el sentimiento nacional que en 1858
veia amortiguado por la division de los pueblos, dotando de
ese modo a la nation de una rafz genealogica.13 El heroe elegido
venia a expresar asf tanto el espfritu democratico y republicano
como el sentimiento nacional sobre el cual se
asentaba la supremacfa de la nacion con relation a las provincias
y, por este camino, la de la propia Buenos Aires y de
la burguesia portefia sobre el resto de los estados y burguesias
provinciales.
En el marco de un Estado en proceso de organization, sometido
aun a la amenaza de los poderes provinciales que
trascendfa el debate historiografico, las interpretaciones en
pugna reclamaban un soporte jun'dico que solo los archivos,
entendidos como memoria piiblica del Estado, podi'an otorgarle.
Tambien en este caso, Mitre es a un tiempo historiador
y hombre de Estado.
Puesto ya en evidencia el papel que desempefia la interpretacion
del pasado como niicleo central del debate, la discusion
se desplazaba al problema de la verdad y en consecuencia
al rol de los documentos en su doble faz constructiva y de-
12. Mitre, B., OC, 276.
13. Ibid., 363.
26 El surgimienlo de la crflica
mostrativa de los argumentos en pugna. En este punto, Velez
Sarsfield, al cuestionar tanto los documentos oficiales como
las memorias de los protagonistas que Mitre utilizaba como
principal sosten de sus afirmaciones, por considerar que
en ellos nunca aparece la verdad historica,14 dejaba el camino
abierto al autor de la Historia de Belgrano para hacer gala
de su erudition contradiciendo cada afirmacion de su crftico
con nuevos testimonies y documentos.
Es precisamente la ausencia de prueba y documentos la
que descalificaba, para Mitre, la interpretation de los sucesos
propuesta por Velez Sarsfield y con ella, su legitimidad
como cn'tico. Asi contrapondra a esa "historia hipotetica",
basada en reminiscencias vagas y recuerdos incompletes,
una historia real y positiva basada en una amplia base documental
sometida a una rigurosa critica historica.15
Mitre dira finalmente que las aseveraciones y juicios de
su oponente "no tienen mas fundamento que su palabra anonimay
desautorizada".16 En efecto, la firma como si'mbolo de
autoridad constituyo la ultima arma usada por Mitre para
su autoafirmacion y la descalificacion de su oponente. La ausencia
de firma en los primeros dos articulos de Velez Sarsfield
dejaba un vacfo al que Mitre apelara como mecanismo
de negation al citarlo una sola vez en su respuesta y luego
dirigirse a el como "ilustrado escritor" o "escritor anonimo".
Cuando Velez Sarsfield, en el segundo capi'tulo de sus "Rectificaciones"
coloque el nombre al pie y se dirija a Mitre como
el "historiador de Belgrano", "su historiador", "habil historiador",
pondra las cosas en el terreno que Mitre quen'a
ubicarse, el del historiador que con su autoridad discute con
un pensador cuyo maximo titulo es el de conocedor de las cosas
y los hombres de la revolution.17 De este modo, Mitre lo-
14. Velez Sarsfield, D., op. cit, p. 416.
15. Mitre, B., OC, 273 y 291.
16. Ibid.
17. Mitre, B., OC, 357. El segundo capi'tulo en lo que respecta
a Velez Sarsfield aparecio con el titulo de "Contestacion a los articulos
publicados por el autor de la Historia de Belgrano, por lo
Polfticas de ]a historia 27
graba en el debate construir su autoridad no en base a la posicion
que ocupaba en la escena poh'tica sino dentro de los limites
de una labor basada fundamentalmente en la valoracion
y critica de documentos historicos.18
Mitre y Lopez: In animo et factis
Diecisiete anos despues, la polemica que entablaron
Bartolome Mitre y Vicente Fidel Lopez entre 1881 y 1882,
considerada por diversas razones como el momento fundacional
de la historiografia argentina del siglo XX, se insertaba
en un contexto social, politico e historiografico diverso del
anterior.19
que respecta al General Guemes", en Mitre, B., OC, 442-453.
18. Dejamos de lado por el momento un aspecto sobre el cual
Eduardo Hourcade ha llamado la atencion a] analizar los cambios
que suf're el relato de Mitre al referir un mismo hecho historico segun
sea su soporte el libro o el diario. Vease Hourcade, Eduardo,
"Del diario al libro. Episodios tragicos de la revolucion en la pluma
de Mitre", en Estudios Sociales. Revista Universitaria Semestral,
ano V, N"- 8, Santa Fe, l 9 semestre de 1995, pp. 161-170.
19. Iniciada a partir de las cn'ticas que Lopez dirige a la Historia
de Belgrano y de la independencia arge?itina, de Bartolome Mitre,
en su introduccion a la Historia de la revolucion argentina. Desde
sus precedentes coloniales hasta el derrocamiento de la tirania en
1852 (1881), tuvo por parte de su autor una respuesta inmediata. El
medio elegido por B. Mitre fue la Nueua Revista de Buenos Aires, para
continuar luego en la seccion literaria del diario La Nacion. Reunidas,
f'ueron editadas en un volumen titulado Comprobaciones historicas,
a proposito de la historia de Belgrano (1881). A esta sucedio
la respuesta de Lopez, Debate historico. Refutacion a las comprobaciones
historicas de la historia de Belgrano (1882, usaremos la version
de La Facultad, 1916), y finalmente, Nuevas comprobaciones
historicas, a proposito de historia argentina (1882). Para las Comprobaciones
usaremos la version de Bartolome Mitre, Obras compler
tas, vol. X, Bs. As., 1942. Las referencias a esta ultima apareceran
citadas segun las abreviaturas ya establecidas en la nota 9 de este
capitulo.
28 El surgimienl.c) de la cn'tica
En primer lugar, removidos los ultimos obstaculos para
la definitiva consolidacion del Estado nacional y, al propio
tiempo, fijado el consenso respecto al futuro deseado y el camino
que debi'a r e c o n e r s e para llegar a el por parte de la
burguesia liberal, la historiograffa otorgaba legitimidad jun'-
dica e ideologica en este debate al dejar fuera de discusion
un aspecto central en 1864.2 0 La tesis sobre la "preexistencia
de la nacion" y, por lo t a n t o , la de su preeminencia sobre
los estados provinciales, se convertia, no solo en este raomento
sino tambien, salvo excepciones, p a r a la historiograffa
posterior, en una s u e r t e de sentido comun historiografico
que quedaba fuera de cualquier d i s p u t a . 21
20. Mauricio Tenorio, tomahdo como base la distincion propuesta
por Tulio Halperin Donghi entre el Hberalismo argentino y
mexicano en El espejo de la. hixtoria. Problemas argentinos y perspectives
latinoamericanan, Bs. As., Sudamericana, 1987, ubica el
debate en el marco de un homogeneo consenso ideologico de los liberales
argentinos propiciado por una mas clara conciencia de sus
intereses de clase en comparacion con la burguesia mexicana. Cfr.
"Bartolome Mitre y Vicente Fidel Lopez. El pensamiento historiografico
argentino en el siglo XIX", en Secuencias. Eeuista de Hi.itoria
y Ciencias Social.es, 16, Nueva Epoca, Mexico, Instituto Mora,
enero-abril de 1990, p. 120.
21. En ef'ecto, las voces discordantes de Leandro N. Alem, en
la legislature bonaerense, y de Francisco Ramos Meji'a, en El federalisma
argentino, no por insolventes aunque tal vez sf por inoportunas,
tuvieron escasa repercusion. Al respecto: Buchbinder, Pablo,
"La historiograffa rioplatense y el problem a de los orfgenes de la
nacion", en Cuadernos del CLAEH, aiio 19, N" 69, 2" serie, Montevideo,
1994. Por otra parte, la revision que desde el constitucionalismo
argentino de comienzos de siglo se hace respecto al rol de los
caudillos y las provincias integrandolos en el proceso de constitucion
de la nacion tanrpoco parece invalidar la tesis sobre la preexistencia
de la nacion, ni contradecir esencialmente el lugar que Mitre
habi'a juzgado necesario reconocerle a partir de 1820. Nos apoyamos
en los trabajos de Chiaramonte, Jose Carlos y P. Buchbinder,
"Provincias, caudillos, nacion y la historiograffa constitucionalista
argentina", enAnuario 7, Tandil, Universidad Nacional del
Centro de la Provincia de Buenos Aires; Zimmermann, Eduardo y
Polfticas do )a hisloria 29
En segundo lugar, ninguno de los protagonistas, aun
conservando cierto prestigio obtenido en batallas del pasado,
ocupaba un lugar prominente en la escena poh'tica. Particularmente
Bartolome Mitre, quien, derrotado en 1874 y comprometido
en el frustrado levantamiento del gobernador de
Buenos Aires Carlos Tejedor en 1880, era menos el hombre
al que el destino habia otorgado el papel de organizar el Estado
poniendole fin a la era de las guerras civiles, que el ultimo
obstaculo para encauzar institucionalmente el pais. Por
su parte, Lopez, luego del ostracismo del que fue victim a por
parte de la opinion portena, que vio reflejada su posicion
pro-urquisista en los debates en torno al acuerdo de San Nicolas,
tendra por intermedio de su labor intelectual y academica
a partir de 1868, y por los lazos que entabla con la juventud
reformista a traves de su hijo Lucio V. Lopez, la posibilidad
de recuperar algo del prestigio pevdido.22 Sevan estos
factores, antes que sus ideas polfticas o interpretaciones historiograficas,
los que contribuiran a ubicar a Lopez en un lugar
mas comodo en la escena poh'tica que el que en ese momento
ocupaba su oponente. El impulso por parte de Pellegrini
y Aristobulo del Valle de lograr un subsidio destinado a
auspiciar la continuacion por parte de Lopez de su Historia
de la Repiibllca Argentina, no solo anunciaba hacia que lado
se inclinaba ahora la balanza, sino tambien la fuerte imbricacion
entre poder poli'tico y campo intelectual, y la inclinacion
del primero a entrometerse en una disputa que hasta el
momento habfa estado contenida en el fuero cultural. Pero
esta decision no implicaba desde ningiin punto de vista una
apuesta a encontrar en Lopez una alternativa a la imagen
del pasado que Mitre habia ofrecido, sino, en todo caso, a estimular
desde el espacio politico la consagracion de Lopez co-
Ernesto. Quesada, "La epoca de Rosas y el reformismo institucional
del cambio de siglo", en La historiografia argentina en el siglo XX
(I), Bs. As., CEAL, 1993, p. 23 y ss.
22. Lettieri, Alberto, Vicente Fidel Lopez: La construccion historico-
politica de un liberalismo conservador, Bs. As., Biblos, 1995,
p. 35 y ss.
30 El surgimiento dc la crftica
mo el historiador de la nacion en contraposition a quien en
ese momento era su adversario politico.28
En tercer lugar, no era ahora la prensa el soporte material
de la disputa ni tampoco el publico al que ella interpelaba
el sujeto que se pretendia legitimante de los argumentos.
La eleccion del libro y la Nueva Revista de Buenos Aires desde
el punto de vista de la forma, las aproximadamente 1600
paginas, que en conjunto componen el debate, la mayor erudition,
las voluminosas citas, las referencias cruzadas y, rauchas
veces, oblicuas, desde el punto de vista del contenido,
condicionaban sus posibilidades de circulation en una opinion
piiblica cuyo acceso al debate suponia el participar de
ciertos codigos y habitos de lectura, propios de una disciplina
que comenzaba a mostrar rasgos de especificidad. Mitre,
quien babi'a elegido para iniciar su respuesta a Lopez una
revista cultural a la vez que se lamentaba por deber proseguirla
en la "seccion literaria" de La Nacion, justificaba su
primera eleccion por entender que el "publico selecto" por
el que ella circulaba era el mas adecuado para la repercusion
que el esperaba para el debate.24
Por otro lado, si el medio y la position de los contrincantes
en el debate con Velez Sarsfield referia a una tribuna piiblica,
en este caso, si bien no estaba totaimente ausente la
aspiracion de intervenir en ese espacio, ella se encontraba
condicionada por su participation en tanto historiadores. Si
ello era asi, era porque Lopez, a diferencia de Velez Sarsfield,
no estaba dispuesto a ceder en ningiin momento a Mitre
el lugar del historiador en la contienda.
23. Respecto a las diferencias poh'ticas entre ambos historiadores
y sus vinculos con las representaciones del pasado que sustentaban,
vease Lettieri, A., op. cit.; Natalio Botana ve alii disefiados
los que denomina dos liberalismos posibles, democratico el primero
y conservador el segundo, en La libertad politico y su historia, Bs.
As., Sudamericana, 1991. En tanto, Mauricio Tenorio ha extremado
el paralelismo con el mundo politico ingles al que el propio Lopez
hace referenda para representarlo como exponente de un "despotismo
Whig con espiritu romantico", op. cit., p. 99.
24. Mitre, B., OC, 14.
Polfticas de la historia 31
Sin embargo, senaladas estas diferencias y tomada la
polemica como un enfrentamiento entre una historia filosofica
o "hipotetica", como prefiere Mitre,25 frente a una historia
en la que no se daba un paso sin el aval de los documentos,
2fi carece de originalidad y no justifica el caracter fundacional
que le ha atribuido la historiografia contemporanea.27
Ambos, a su tiempo, intentaron despegarse de las consecuencias
de dicha oposicion. Contra la acusacion de Lopez de que
el hacfa una historia carente de filosoffa, Mitre respondera
que era precisamente la filosofia de la historia la que le permitfa
encauzar los hechos con su moral y su estetica, permitiendo
establecer el enlace entre los hechos, su orden sucesivo,
su simultaneidad y su dependencia reciprocal8 Tampoco
Lopez estaba dispuesto a ceder ante la acusacion de que hacfa
historia sin documentos. Por el contrario, desde la "Introduccion"
intentan'a demostrar que era precisamente la mala
transcripcion de los documentos o los errores cometidos en la
tarea de interpretation o traduction, lo que habrfa inducido
al historiador de Belgrano a equivocaciones en la valoracion
de hechos y personajes del pasado. Para Lopez, Mitre no era
mas que un "improvisador".29
Es este un hecho no valorado y que sin embargo es cen-
25. Mitre no acepta el ataque de Lopez respecto a que su historia
carece de filosofia; por el contrario, destaca que sin filosofia
no puede escribirse la historia, pero sin documentos no es posible
escribir su filosofia. Por ello, sefiala que Lopez mas que historia filosofica
basa su teori'a en hipotesis y conjeturas, en OC, 330.
26. Mitre, B., OC, 15.
27. En efecto, Mitre habi'a colocado la distincion en este terreno
ya en el debate que analizamos anteriormente. Por otro lado,
ademas de la dimension europea de la discusion, tanto en el Brasil
como en Chile, a traves del debate Bello - Lastarria de 1844, la discusion
estaba claramente planteada. Al respecto, cfr. Rivas, Ricardo,
Historiadores del siglo XIXy la historia de America, en Estudios-
Investigaciones, Fac. de Humanidades y Ciencias de la Educacion,
U. N. de la Plata, N- 26, 1995, p. 52 y ss.
28. Mitre, B., OC, 328.
29. Lopez, V. F., Debate historico, op. cit., p. 39.
32 El surgimionto de la critica
tral en el proceso de profesionalizacion. A diferencia de Velez
Sarsfield, Lopez no ponia en duda la veracidad de los documentos
sino, en todo caso, su correcta transcription e interpretation.
Aceptados los documentos como la base includible
del debate historiografico, se abrfa paso a una discusion
en la que entraba en juego el dominio cn'tico de los mismos
y con ello, a la promotion del estatuto cienti'fico de la
disciplina historica y a su diferenciacidn respecto de la literatura.
a o Menos que el uso de documentos. lo que Lopez entendia
que estaba en discusion era el metodo expositive El
estilo condensaba aqui una forma de autorrepresentacion como
historiador moldeada de acuerdo con una perception moral
de la practica del oficio. Asi, el estilo erudito que practica
Mitre, con la profusion de detalles de la que hace gala, pero,
particularmente, con la imagen del trabajo del historiador
que presupone, terminaba homologando para Lopez a
quien lo practicaba a la figura del cronista, el notario o el
empleado practice3 1 En su critica Lopez alcanzaba a ver con
notable claridad la relation que, en la escritura de la historia
que practica Mitre, se establece entre estilo, representation
del oficio y disciplinamiento socioprofesional en funcion
de la poh'tica que el pensamiento historico tiene la funcion de
servir: la consolidation del Estado nacional. A condition, es
cieito, de anteponer el metodo a una filosofia de la historia
de rai'z metafisica y a un pensamiento politico de caracteri'sticas
utopicas.
De este modo, la relation privilegiada que el investigador
entablaba con el documento promovia una imagen del
historiador asociada al trabajo de gabinete y a la idea de un
sacrificio laico a partir del cual la obra seria el resultado final
de una prolongada maduracion y preparation. Al mismo
tiempo se distanciaba del principio romantico de la creation
30. Cfr. la importancia de este desplazamiento en el proceso de
profesionalizacion de la historiograffa francesa, en Nora, Pierre, La
historia de Francia de Lavisse, Bs. As., Biblos, s/f, p. 46 [1* ed.
francesa: 1986J.
31. Lopez, V. F., Debate historico, op. cit., p. 35.
Pob'ticas de la historia 33
literaria como producto de un momento de inspiracion, quedando
los recien iniciados excluidos como legitimos practicantes
del oficio.32
Sin embargo, a pesar de que la historiograffa comenzaba
a adquirir en esta polemica ciertos rasgos de especialidad,
ambos se concebi'an aiin como participes de un espacio mas
abarcativo y a la vez universal. Eran, antes que historiadores,
"hombres de letras" que se habfan trabado en una "refriega",
tambien ella literaria y regida por los canones de urbanidad
propios de la "dignidad de las letras".33 Principios
que, a su tiempo, ambos consideraban que habfan sido violados
por los excesos verbales de su oponente.
Aun sometida a valores que remitfan a una civilidad
propia de una republica de las letras, de la que ambos se senti'an
miembros, la critica historica adquiria cierta singularidad
como resultado de un consenso respecto al papel que desempenaban
los documentos. Particularmente, en el momento
en el que se pretendia poner en tela de juicio la veracidad
de los textos, la critica aparecia legitimada como instancia
privilegiada para conferir autoridad tanto a las obras como a
sus autores. Al tiempo que, presentada como un derecho y
una condicion de la vida intelectual y aceptada como criterio
de validacion e incluso como un esti'mulo para la lectura, se
32. Uno y otro sustentan esta imagen como instancia de diferenciacion.
Lopez, sin citarlo, hace ref'erencia a Mitre en la "Introduccion"
a la Historia de la revolution argentina que luego este tomara
como un acicate para la polemica: "La historia no puede escribirse
con pereza; es indispensable andar por ella a cada hora del
di'a: ser claro, completo y categorico al exponer la vida de las generaciones
que la han hecho y juzgar a sus actores in animo et factis",
p. 306. Por su parte, Mitre, describe al historiador como aquel que
"...con amor y con infatigable anhelo de verdad y justicia registra
archivos, descifra documentos y compara testimonios, reuniendo los
elementos dispersos de la vida del pasado que deben constituir la
musculatura de su obra y darle valor y consistencia...", en OC, 19.
33. Tales referencias aparecen en distintos lugares del texto, a
modo de ejemplo, la Nota preliminar de Mitre a sus Comprobaciones
historicas, en OC, 13-16.
34 El surgimicnlo de la crilica
la pretendfa alejada de los lazos personales y, por lo tan to, ya
no regida por los rencores ni tampoco por la actitud complaciente
de los amigos.34 Aun reconociendo que la practica de
la critica en el pen'odo carecio de estas condiciones, eso no
solo no invalidaba sino por el contrario justificaba el hecho
de que fuese concebida como un arma cuya posesion garantizaba
la consagracion de unos en detrimento de la condenacion
de otros.3n
En la critica, ya no estaba solo en juego la valoracion de
una obra sino a condicion de poner en cuestion la autoridad
de quienes la ejercfan. Las remisiones a una autoridad externa
y prestigiosa como garante de los juicios o del metodo historico
que los gufa;36 las frases en latin desperdigadas en el
texto, de cuyo correcto uso Lopez haci'a gala; la referencia en
Mitre a la repercusion que, tanto la Historic! de Belgrano como
sus Comprobaciones historical habfan tenido en el extranjero,
o la mencion a un mercado que habi'a estimulado la
Vealizacion de diversas ediciones de su historia sucesivamente
agotadas, constituyeron diversas formas de sostener la
34. Mitre, B., OC, 338-339.
35. Anos despues, Roberto Giusti aiin definia la critica como
una "sociedad de bombos mutuos, sometida a un regimen en el que
prevalecfan las complicidades, odios y compromisos personales", en
Sarlo, Beatriz, El imperio de los sentimientos, Bs. As., Catalogo,
1985, p. 32.
36. Mitre, B., OC, 333-335. Es interesante observar como un
conjunto de lecturas compartidas refieren en Mitre y Lopez a concepciones
historiograficas que asumen como antagonicas. Asi, mientras
para Lopez Hume, Macaulay, Carlyle, Buckle, Thiers, Michelet
y Taine son los referentes de una historia nlosofica, para Mitre son
el ejemplo de que no hay historia sin documentos que la avalen. Lo
que pareceria indicar que cumplen una funcion de autoridades prestigiosas
mas que de modelos historiograficos. Fernando Devoto ha
hecho referencia con precision a las distintas lecturas realizadas de
la obra de Taine en "Taine y Lets origines de la France contcmporaine
en dos historiografias finiseculares", en Anuario 14, Rosario, Escuela
de Historia, Fac. de Humamdades y Artes, UNR, 1989-1990,
p. 99.
Politicas de la historia 35
autoridad no solo como historiadores sino tambien como criticos
de las obras de los mismos.37
Pero en 1880, frente a la ausencia de un espacio propio
de los historiadores como esfera de contencion y juicio definitive
respecto al resultado de la polemica, el problema de la
autoridad se veia sometido a criterios de legitimation propios
de una esfera publica en la que antes que historiadores
los que estaban debatiendo eran hombres con una vasta trayectoria
poh'tica.
El cruce entre ambas esferas se ponfa en evidencia cuando
Lopez, en su Refutation a las comprobaciones historicas
de la historia de Belgrano, hacfa mencion al motivo que lo
habia llevado a provocar a su adversario. La publicacion en
Chile de la "Carta sobre literatura americana", que Mitre
habia enviado a Barros Aran a y que este editd con su consentimiento
en laRevista Chilena de octubre de 1875, se convert
s ahora en el punto central de discusion. Lopez, finalmente,
ya no era el provocador sino el provocado. En efecto, allf
Mitre decia respecto a su critico: "Excuso decirle que este escritor
debe tomarse con caatela, porque escribe la historia
con tendencias filosoficas, mas aun segun una teoria basada
en hipotesis, que con arreglo a un sistema metodico de comprobacion".
38
Ni los argumentos de Mitre ni la previsible molestia del
refutador merecerfan mayor atencion si no se agrega como
fuente del conflicto su lugar de publicacion y el momento.
Esta crftica se insertaba en un clima de conflicto entre am-
37. Se refiere particularmente a Vicuna Mackenna, BaiTos
Arana y al recientemente fallecido ex presidente del Peru, Manuel
Pavdo. Mitre en mas de una ocasion apelo a las redes formadas por
sus contactos con historiadores y hombres de Estado americanos
como criterio de autoridad. German Colmenares destaca los multiples
vinculos entre la inteligencia del cono sur en Las convenciones
contra La cultura, Bogota, 1987, pp. 40-47.
38. La carta fue publicada por Barros Arana con la autorizacion
del autor en la Revista Chilena, del 20-10-1875, p. 477. Usamos
la cita que de ella hace el propio Lopez, el subrayado es de el.
En Debate historico, op. cit., p. 27.
36 El surgimienlo do la crilica
bcs paises y refen'a a quien habi'a representado, en la Camava
de Diputados, la position mas dura respecto a la polftica
expansionista de Chile.89 En una muestra de la fuerte-imbrication
del debate intelectual con la esfera polftica, Lopez
vena en esta carta el sin torn a de una doble traicion: la desautorizacion
de una historia argentina era al mismo tiempo
la del propio pais frente a Chile y, desde un punto de vista
individual, la de el mismo como historiador y hombre publico:
"Es una propaganda contra nuestra conciencia de escritores
historicos y contra nuestra reputation de hombres
de verdad".40
De este modo, un debate protagonizado por quienes se
percibi'an a si mismos como historiadoresy en el que parecfan
estar en juego detalles respecto a cifras de poblacion, correcta
ubication de los ejercitos durante el asalto y defensa de
Buenos Aires en 1807 o la correcta traduction de una fuente
o interpretation de una frase en latin, sin abandonar dicho
espacio, se reintegraba de pleno derecho en la arena polftica.
Por tal motivo, el rol que representaba la tradition en
ambos historiadores no puede ser juzgado solo en terminos
de la mayor o menor veracidad de los argumentos, segiin estos
se encuentren basados en fuentes orales o documentos
publicos. La tradition se convertfa en una instancia de legitimation
que provenia de la esfera polftica para derivar luego
en la actividad intelectual.
La historia de Lopez hacfa referencia a un mundo fntimo,
en el que primaba la confidencia hecha en un rincon del
hogar. Refen'a tambien a un espacio privado, de acceso restringido
en el cual habi'a forjado una historia, tambien ella
privada, que se nutria de las "referencias verbales de mi padre",
o las "conversaciones tenidas con el senor don Nicolas
Rodriguez Peha".41 Hombres que, por haberlos conocido e in-
39. Veanse las alocuciones de Lopez en la Camara de Diputados
del 16 de mayo y 18 de junio de 1875. Al respecto, cfr. Lettieri,
op. clt., pp. 59-60.
40. Lopez V. F., Debate historico, op. cit., p. 65.
41. Ibid., pp. 162 y 179, respectivamente.
Polflicas dc la historia 37
cluso frecuentando su hogar, hasta el punto de considerarse
como un hermano de los hijos de Nicolas Rodriguez Pena,
juzgaba incapaces de cualquier falsedad.42
Mitre, por su parte, tampoco renegaba de la tradicion como
simbolo de autoridad ni como instrumento a partir del
cual otorgar verosimilitud al relato. Pero en el, la tradicion
ya no era familiar sino primordialmente publica. La ausencia
de una tradicion familiar, lo suficientemente digna de ser
evocada, era suplida por el recurso a aquellos hombres publicos
que en el habi'an confiado para entregar al juicio de la
posteridad sus memorias, sus documentos secretos, su alma:
"Rondeau me dejo al morir sus memorias juntamente con su
espada", o "Las Heras que junto a sus confidencias me lego
su baston de mando". Documentos que pasaron a formar parte
de su archivo personal permitiendole crear un verosfmil
dive?'SO del de Lopez. Sus juicios estaban avalados no ya por
una confidencia dificil de verificar sino por "un manuscrito
original que tengo a la vista".43 Memoria del poder y manifestacion
de ese poder delegado a quien basaba su autoridad
en el uso de esos documentos tanto como en su posesion.
Si bien esta concesion a la tradicion, particularmente en
el caso de Mitre, parecia rendir tributo a una sociedad que
continuaba depositando en ella una fuerte dosis de legitimidad
poli'tica e intelectual, el tipo de tradicion a la que ambos
apelaban tenia como resultado dos historias diversas. En Lopez,
su apelacion a la historia familiar permiti'a escribir la
historia del poder, a traves de la memoria de quienes formaron
parte de ese circulo privilegiado. La perdida de protagonismo
por parte de esas familias patricias que Lopez lamentaba
otorgaba a su historia un caracter irremediablemente
incomplete y necesariamente nostalgico.44 Mitre, en cambio,
42. Ibid.
43. Mitre, B., OC, 300-305.
44. Vease Halperin Donghi, Tulio, "La historiograffa: treinta
afios en busca de un rumbo", en Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo
(comps.), La Argentina del ochenta al centenario, Bs. As., Sudamericana,
1980, p. 830.
38 El surgimiento do la cn'tica
pretendfa escribir la historia del Estado, y ella solo podi'a ser
elaborada con documentos publicos. Archivos publicos de uso
privado —sustrai'dos de la posibilidad de contrastar los juicios
con documentos— constitui'an menos una paradoja que
la prueba cabal de que el reservoriode la nacidn y la memoria
de la administracidn se hallaba mayoritariamente en manos
de particulares, los mismos particulares entre cuyas estrechas
filas se dirimfan las disputas por el poder. La posesidn
de esos archivos era una manifestation del poder de sus
herederos, no solo para el conjunto de una ciudadani'a que
tenia tan restringido el acceso a ellos como a la arena poh'tica
sino, particularmente, respecto a la propia elite.
Cn'tica y poder
En 1892, reunidos por la poli'tica, Mitre y Lopez tendran
la oportunidad de sellar su coincidencia en los aspectos centrales
de la historia argentina tras el debate que diez anos
antes los habi'a separado.45 Sin embargo, desde los primeros
anos del siglo XX, la historiograffa argentina se apresurd a
tomar posicidn en la contienda, quedando establecido que
Bartolome Mitre habfa sido el triunfador. Dos lfneas interpretativas
parecfan justificar tal apreciacidn. La primera,
esbozada por Rojas en su Historia de la literatura argentina
y retomada luego por Rdmulo Carbia, ponfa el acento en el
rol que le cupo a Mitre como antecedente de una historia que
enfatizaba la biisqueda, seleccion y cn'tica de fuentes como la
base del status profesional de la disciplina.46 La segunda, en
45. En 1892, Lopez escribi'a a Mitre en tono conciliatoiio: "<<,No
hay un acuerdo completo en lo sustancial de nuestros juicios?". Por
su parte, Mitre sentenciaba: "Lo que hemos disputado ha sido el
modo de ponernos de acuerdo", en Mitre, B., Correspondent literaria,
historica y politico., citado por Campobasi, Bartolome Mitre y
su epoca, Bs. As., Eudeba, 1980, p. 453.
46. Rojas, Ricardo, "Fundacion de la historia argentina", en La
literatura Argentina. Ensayo filosofico sobre la evolucion de la culPoliticas
de la historia 39
cambio, destacaba la imagen de un historiador, capaz de conciliar
su oficio con la action poh'tica, al tiempo que encontraba
en su obra un referente de la moderna historia social.47 A
pesar de que en este segundo caso la mirada respecto a sus
proyecciones era mucho menos optimista,48 coincidia con la
primera en el esfuerzo de fundar en aquel debate el origen de
una tradition acorde con las posiciones historiograficas que
sus mentores sentian representar en su momento. Sin embargo,
dichos aspectos, ya por encontrarse presentes como
topicos en el debate de 1864; ya por referir menos a la polemica
en si misma que a una de las obras historicas de Mitre,
le quitaron al debate originalidad e incluso pertinencia como
momento fundacional.
En cambio, entendidas las polemicas como acontecimientos
que remiten a determinadas condiciones de production,
podemos ver de que modo entre una y otra se ha transformado
tanto el espacio en el que se desenvuelven, como las
posiciones asumidas, los objetivos que persiguen y las reglas
que las rigen. Entre esos anos, la cn'tica ira definiendo un
campo de batalla cada vez menos ligado a problemas de tipo
interpretativo —aspecto que se halla en el centro del debate
entre Velez Sarsfield y Mitre— y ello no porque la interpretation
dejara de estar en cuestion sino porque cada vez mas
ella se vena subordinada a la legitimidad y grado de autoritura
en el Plata, en Obras completas de Ricardo Rojas, t. XV, Bs.
As., La Facultad, 1925; Carbia, Romulo, Historia critica de la historiografia
argentina, desde sus origenes en el siglo X\rl, La Plata,
1939, pp. 141-143.
47. Esta imagen es inaugurada por Jose Luis Romero en un arti'culo
clasico, "Mitre un historiador f'rente al destino nacional", en
Argentina, imdgenes y perspectivas, Bs. As., 1956. Posteriormente
es retomada por Tulio Halperin Donghi, "La historiografia: treinta
anos en busca de un rumbo", op. cit.; y por Natalio Botana, en La
libertad politica y su historia, op. cit.
48. Nos ref'3rimos a la crisis que segun Tulio Halperin Donghi
se abre en la historiografia argentina tras este debate, en "La historiografia:
treinta anos en busca de un rumbo", op. cit., p. 834.
40 El surgimienlo dc la crflica
dad de aquel que la promovfa. Al tiempo que se pasaba de
una critica que, sin dejar de ser valorativa, comenzaba a adquirir
rasgos normativos y, con ello, a influir en la fijacion de
reglas relativas al trabajo del historiador. Si no se profundizo
en este segundo aspecto, fue porque Mitre carecio de la voluntad,
el afan didactico y la percepcion suficiente para utilizar
la critica como arma de disciplinamiento. Por el contrario,
se hallaba mas dispuesto a reaccionar cuando su autoridad
era puesta en duda que a ejercerla como agente de consagracion
y legitimacion. Ello fue asf porque dicha autoridad
no se fijaba hacia el interior de un espacio socioprofesional
compartido, a esas alturas inexistente, sino que remitia a
una esfera publica en relacion con la cual Mitre era interpelado
no solo como historiador sino como un hombre publico.
Recien a fines de siglo, con Paul Groussac, la critica aparecera
como un arma cuyo uso remite a un espacio y a una
autoridad consciente de su potencialidad normativa. Allf la
critica adquirira un caracter institucional, transformandose
en uno de los dispositivos fundamentales de disciplinamiento
de la practica historiografiea.49 Pero, en 1880, Mitre no
disputaba el monopolio de su uso, ni tampoco estaban definidos
los criterios que la reginan. Ese mismo ano, en el Anuario
bibliogrdfico, de Alberto Navarro Viola, aparecia una resena
al Ensayo sobre la historia de la Constitution argentina,
de Adolfo Saldias, en la que el cri'tico, t r a s resaltar la seriedad,
rectitud filosofica, preparacion y acopio documental
de la obra, cuestionaba su merito desde un punto de vista
moral alertando sobre los riesgos que su lectura podia provocar
en la juventud.50
De todos modos, la critica contribuira a la delimitacion
de un espacio que, particularmente despues de Pavon, comenzara
a percibirse parcialmente diferenciado y especializado.
Lapso en el que ella misma ira precisando su lenguaje,
49. Vease Eujanian, A., "Paul Groussac y la critica historiografica",
en este mismo volumen.
50. Navarro Viola, Alberto, Anuario bibliogrdfico de la RepubIica
Argentina, Bs. As., Imprenta del Mercurio, 1880, pp. 71-76.
Polilicas de la hisloria 41
codigos, forma y objetivos. Al tiempo que, del diario a la revista,
iria definiendo un publico —mas o menos especializado—
sobre el cual intentara incidir interpelandolo como garante
de la posicion que cada uno de los oponentes pretendi'a
ocupar en la batalla y como juez de los argumentos en pugna.
Un espacio exclusivo y un publico restringido de acuerdo
con el acceso que tienen al consumo de las revistas culturales,
como a los codigos necesarios para interpretar sus mensajes.
Finalmente, a pesar de senalar la presencia de ciertos
indices de especializacion y diferenciacion de la labor historiografica,
es evidente que esta aun se encontraba sometida
a reglas propias de la practica poh'tica y del mundo literario.
En primer lugar, porque su autopercepcion como historiadores
se ballaba sobredeterminada por una conciencia de escritor
influenciada tempranamente por un romanticismo Trances
que proveyo el modelo, a partir del cual los intelectuales
estructuraron formas de autorrepresentacion inspiradas en
la imagen del l i t e r a t e 5 1 En segundo lugar, porque al momento
en que surge la crftica historiografica en la Argentina,
la carencia de una tradicion profesional que le sirviese de
polo de diferenciacion o identificacion obligo a fijar posiciones
de acuerdo con una tradicion poh'tica que, por otro lado,
coincidfa con los hechos y personajes que constituian la trama
de su relate
51. Maria Teresa Gramuglio destaca el desfasaje entre el modelo
aportado por un campo autonomizado como el frances y las
condiciones existentes en la Argentina, en "La construccion de la
imagen", en La eacritura argentina, Santa Fe, Universidad National
del Literatura