LA GIOCONDA
El autor de esta obra es Leonardo Da Vinci, pintor italiano y esta obra pertenece al
Cinquecento italiano, concretamente a la segunda etapa del Renacimiento. Tras la
muerte de los Medici se inicia la caída de Florencia y el ascenso de Roma como
capital del arte renacentista. Los papas tomarán gran importancia en esta época.
A partir de ahora, la pintura se preocupa por el contenido y rinde culto a la belleza.
Desaparece la dureza de los modelados. Si en el Quattrocento destacó la figura
masculina, la femenina destacará en el Cinquecento. Por último, hay que destacar
que se sustituye la perspectiva lineal por la aérea, como se ve en la obra de La
Última cena del mismo autor.
Se supone que la modelo es Madonna Elisa Gherardini, casada con Francesco di
Bartolommeo, marqués de Giocondo. Monna Lisa y Francesco se casaron en 1495.
Sin embargo, esta identificación no es muy segura. También se dice que la encargó
Giuliano de Médicis. El cuadro fue robado del museo de Louvre, el 21 de agosto de
1911 por motivos patrióticos y recuperado en Italia dos años después.
Esta obra es un óleo en tabla de álamo de 77 por 53 cm, pintado entre 1503 y 1506.
Se dice que el autor no se separó nunca de la obra y esto nos lleva la suposición de
que trabajó muchos años en ella. Utiliza una técnica minuciosa y reiterada. La dama
está sentada en un sillón apoyando sus brazos en el asiento. Como fondo aparece
un paisaje inspirado en los Alpes. Al punto donde se van todas las miradas es al
rostro de la mujer, pero también al entrecruzado de las manos. La dama vuelve el
cuerpo hacia un lado y dirige su misteriosa mirada al pintor.
Una de las grandes aportaciones de Leonardo fue la técnica del “sfumato”, que
gracias a esa técnica, la Gioconda, parece irreal, entre angelical y humana. Pero lo
que más llama la atención es la mirada y su sonrisa. Además, carece de cejas y
pestañas. Primero dibujó a la mujer y después la pintó con colores diluidos para
poner muchas capas transparentes, dándole al rostro efectos de luz y sombras muy
naturales. También quiso resaltar el pecho y las manos de esta, con efectos sutiles
de luz. Los matices de la figura están realizados en colores pálidos, rosados,
grises… En cuanto a la enigmática sonrisa se trata como de una “visión óptica”.
Leonardo pintó su sonrisa con el efecto de que desaparezca al mirarla directamente
y solo aparezca si miras a cualquier punto del cuadro. La sonrisa la pintó usando
sombras que vemos mejor con nuestra perspectiva periférica.
Leonardo pintó los dos lados del cuadro de manera que no coinciden exactamente,
ni la cara ni el paisaje. El paisaje es más alto por la izquierda que por la derecha
pero la mujer por la parte derecha parece más alta que por la izquierda.
Este cuadro posee un rans misterio ya que no se sabe cons seguridad quien es la
persona retratada. Se cree que Leonard no acabó esta obra, pero le gustaba tanto
que se la llevó con él a Francia, lugar donde morirá trabajando para el rey Francisco
I. Este rey cogió el cuadro y pasó a formar parte de las colecciones reales, hasta
que se creó el Museo del Louvre en 1793.
Podemos decir que esta obra posee las características propias del Cinquecento:
naturalismo, idealismo en búsqueda de la belleza y la perfección, preocupación por
el volumen… Esta obra ha sido influenciada por los retratos de las épocas
anteriores.
Hay varias copias de la Mona Lisa pero la más interesante es la que se encuentra
en el el Museo Nacional del Prado de Madrid, pero esta está hecha sobre nogal. Se
han estado investigaciones y han hallado un paisaje detrás de una capa de color
negro. Discuten de haber quien es el autor y se tiene una hipótesis de que el autor
es español y discípulo de Leonardo Da Vinci. También se dice que la copia se hizo a
la misma vez que Leonardo pintó La Gioconda. Otra Mona Lisa que se conoce es la
de Ilseworth, que por mucho tiempo se creyó que era una falsificación porque está
hecha sobre lienzo al contrario que las otras dos, pero se confirmó que los
pigmentos y los materiales son de la misma época.