Estado teocrático
Estado teocrático.
Teocracia es la organización del Estado de acuerdo con los principios y normas de
una religión. El dios se revela a través de los profetas, estos son interpretados por
los clérigos que los adaptan y aplican a los tiempos y a las circunstancias concretas.
Los dogmas son los fundamentos y principios del Estado. Las normas morales son
las leyes; las normas positivas se convierten en obligaciones y los pecados en
delitos. Todos los órganos del Estado están orientados en este sentido.
Todavía hoy quedan muchos países con regímenes teocráticos, principalmente
musulmanes, que se rigen por las “leyes religiosas”.
LA TEOCRACIA ACTUAL
En la actualidad existen pocas naciones que mantienen la Teocracia
como sistema político de gobierno, el régimen teocrático más
representativo actualmente es el Vaticano, el cual es
una monarquía absoluta de carácter electivo. Irán ha extendido su
influencia por todo el mundo Islámico, es un régimen de partido único y
tiene en el Corán su fuente legal por excelencia. La teocracia islámica
más rigurosa, recientemente derrocada, fue el régimen de los Talibanes
de Afganistán. En el Tíbet persiste una teocracia desde hace más de 500
años.
Casos a parte son; Israel, más que un régimen teocrático es
un régimen confesional aunque dominado por los integristas judíos, también se
dice que es una teocracia laica ya que la religión está indisolublemente ligada a
la existencia del Estado de Israel. Irlanda, es un país oficialmente católico y
el Reino Unido es anglicano.
Teocracia del Vaticano:
La teocracia del Vaticano es verdaderamente antigua, podemos sintetizar
su historia al tratar en la obra del Papa Inocencio III en tratar de imponer el
catolicismo, no solo como religión oficial universal, sino como directriz de
gobiernos; Como Pontífice, Inocencio III proclamó su autoridad absoluta en la
Iglesia y la superioridad incuestionable de su poder. Suponía la realización del
viejo programa de los gregorianos hasta sus últimas consecuencias: la
"plenitud protestantes". Desde el punto de vista estrictamente eclesiástico, el
pasaje de San Mateo dedicado al primado pretino -sobre esta piedra edificaré
mi iglesia- sirvió a Inocencio III para mostrar que la Iglesia de Pedro y sus
sucesores era el fundamento de todas las demás. Otros textos evangélicos de
menor calado servirían para remachar esta idea. En relación con los poderes
temporales, desarrolló su pensamiento en textos como la "Deliberativo" de
finales de 1199 o la decretal "Venerable" de 1202. Su ideal era el de
una comunidad de pueblos cuyos príncipes habían de encargarse de
promover la moral y la religión en armonía con un poder papal fuerte.
De acuerdo con este principio, Inocencio III pensaba que emperadores y reyes
coincidían, en cuestión de fines a perseguir, con el poder espiritual. Aquellos,
sin embargo, tenían una dignidad menor ya que su actividad se limitaba a
organizar materialmente a la sociedad para facilitarle el camino de la salvación.
Tales consideraciones explican las distintas intervenciones de Inocencio III en
el campo de política cuando a su juicio, las turbulencias del momento podían
causar grave daño espiritual o ser motivo de pecado. Cara a la máxima
autoridad política, el Imperio, el Papa dio una nueva orientación a las
posiciones doctrinales de años atrás. Como institución histórica y ocasional, el
Imperio tenía una dependencia del Papa "principaliter", es decir, en su origen;
pero también "finaliter", es decir, en función de los fines a perseguir. En lugar
preferente estaba la defensa de la causa cristiana, compromiso que el
soberano adquiría en el momento de su coronación en Roma por el Pontífice.
El poder del emperador, como cualquier otro, procedía de Dios, pero era la
Iglesia quien interpretaba la voluntad divina en el momento de la consagración
imperial. Inocencio III reconocía la libertad de los príncipes alemanes para
elegir su rey, pero reservaba para la Santa Sede un derecho de examen a fin
de saber si el elegido era digno de ostentar luego la corona imperial. La firmeza
que Inocencio III creía necesaria para ejercer la "autócratas" pontificia se dejó
sentir desde la toma de posesión de la cátedra de San Pedro. La Curia romana
fue objeto de un severo proceso de saneamiento, la Cancillería fue
reorganizada, el Colegio Cardenalicio fue reunido con regularidad y se castigó
con energía todo tipo de corruptelas. Frente a los enemigos de
la soberanía papal, Inocencio III no dudo en echar mano de un expediente
hasta entonces usado de forma restringida: la Cruzada. No serían sólo los
paganos del otro lado del Elba o los musulmanes de Oriente y Occidente
-contra los que predicó sendas cruzadas- quienes conocieran la aplicación de
estos expeditivos métodos. Serían también los "cismáticos" bizantinos
(desviación de la Cuarta Cruzada) o los herejes del Mediodía de Francia. No
hubo ningún rincón de la Cristiandad que no conociera las actividades
diplomáticas de la Santa Sede o, agotados los recursos pacíficos, la fuerza de
las armas en defensa de la ortodoxia.
La elección del Papa ha "evolucionado" en la historia, Los primeros Papas eran
elegidos entre el clero local que vivía cerca de Roma, pero los reyes,
emperadores y otras personas con intereses hicieron todo lo que pudieron para
influir en el proceso. Y hubo épocas en las que quienes no se mostraban de
acuerdo con la elección, nombraban a su propio hombre, “antipapa".
El Papa puede ser elegido por cualquiera de los tres métodos que existentes:
Por voto oral unánime.
Por selección unánime por parte de un comité formado por entre 9 y 15
cardenales.
El método más común, sin embargo, es la elección por votación, que
funciona de la siguiente forma:
Cuando el Papa muere, el decano del Colegio Sagrado de Cardenales convoca
a una reunión de los prelados, que se celebra siempre por la mañana y debe
comenzar antes de que pasen 20 días de la muerte del Pontífice. Se preparan
las papeletas en blanco y se distribuyen.
Después de escribir el nombre del candidato en su papeleta, cada uno de los
aproximadamente 120 cardenales activos, aquellos menores de 80 años,
deposita su boleta en un recipiente cubierto.
Después de que todos han votado, los relatores cuentan las papeletas y se lee
el resultado a los cardenales. Si no hay un ganador, se lleva a cabo otra
votación. Si nadie resulta elegido esta vez, se convocan dos votaciones para la
tarde. Después de cada recuento, se queman las boletas. Ver humo negro
saliendo del tejado del Palacio Vaticano indica a quienes se encuentran
esperando en la Plaza de San Pedro que el Papa todavía no ha sido elegido.
Tradicionalmente, el ganador tiene que acumular dos tercios de los votos más
uno, pero Juan Pablo II modificó esto en 1996 y estableció que si después de
12 o 13 días no hay un ganador, el Cónclave podría invocar una ley -por el voto
de la mayoría- que permitiría la selección del Papa por mayoría absoluta. Una
vez que hay un ganador, se pregunta al Papa electo si acepta la decisión, Si lo
hace, el decano pregunta qué nombre elige y lo anuncia a los cardenales, que
luego se acercan a felicitar al elegido. El cardenal más anciano sale al balcón
que domina la Plaza de San Pedro y dice a la multitud: "Habemus
papam" (Tenemos Papa). Entonces presenta al nuevo Pontífice, que sale al
balcón para bendecir a Roma y al mundo. Muchos Papas han tomado posesión
formalmente con una coronación, pero Juan Pablo II la rechazó y lo hizo
durante una misa en la Plaza de San Pedro.
Teocracia Iraní:
En esa nación asiática en 1978 los enfrentamientos internos desembocaron en
un violento proceso Revolucionario que desarticuló a las fuerzas armadas y al
Estado. El Shaw fue sustituido por un gobierno liberal pro-occidental que no
pudo contener la caótica situación, y los grupos islámicos, comandados por sus
líderes espirituales llevaron al poder a su máximo dirigente, el ayatollah
Ruhollah Jomeini, exiliado en París durante 15 años.
A partir de ese momento, Irán pasó a llamarse República Islámica de Irán.
Hasta entonces, este país había sido un pilar fundamental de los intereses
petroleros norteamericanos en Oriente Medio, pero con la llegada de
Jomeini, Estados Unidos se convirtió en el archí enemigo de Irán. La relación
se empeoró aún más luego de que militantes islámicos tomaran 66 rehenes
norteamericanos de la embajada en Teherán, muchos de los cuales sólo fueron
liberados en 1981. Occidente, apoyado por los países árabes conservadores,
que temían la expansión de la revolución islámica, respondió con sanciones
diplomáticas y económicas.
El régimen del ayatollah convirtió a la República Islámica de Irán en la primera
teocracia del mundo moderno. La revolución nacionalizó los negocios y
las industrias claves. En los años 80, la reforma incluyó un vuelco cultural que
ubicó a Irán en el lado del anti occidentalismo. Tanto los materiales escolares
como los programas de televisión debían estar acordes con los mandatos más
conservadores del Islam.
Jomeini estableció como ley suprema del país la "Sharia" (ley islámica basada
en el Corán). De acuerdo a la filosofía del gobierno iraní, la victoria de la
revolución había sido posible, gracias al favor divino y la obediencia al principio
de "velayat al faqih" (gobierno de los clérigos).
Hoy el descontento que provocan estas normas en la vida de los iraníes, y
sobre todo en la de los más jóvenes ha derivado en una inusitada rebelión
sexual. La forma de romper con todas estas prohibiciones consiste en bailar,
beber alcohol, consumir drogas, asistir a fiestas secretas. Pues se ve en
el sexo una forma de protesta política. La amistad entre hombres y mujeres es
un tabú.
A principios de octubre de este año, el Parlamento iraní, de mayoría
conservadora aprobó una ley que obliga a los médicos a tratar sólo a pacientes
de su mismo sexo. Además, hombres y mujeres, deben estar separados en
clínicas y hospitales, laboratorios de análisis, consultorios médicos, farmacias o
facultades de medicina.
Las mujeres iraní no deben parecerse a las occidentales, por eso, la vestimenta
"incorrecta" es sancionada; y aquel hombre que acompañe a una mujer vestida
"a la occidental", puede llegar, incluso, a perder su trabajo.
Actualmente Irán, que tiene una superficie de 1.643.503 km2, reúne a
68.700.000 habitantes. La inflación del país supera el 23% mensual.
El desempleo alcanza el 10% de la población económicamente activa. Son
deseos del actual presidente Jata mí, normalizar
la economía mediante privatizaciones y concurso de la inversión extranjera.
Muchas son las especulaciones que giran en torno a Jata mí, en cuanto al
futuro de la economía y el freno de los excesos dogmáticos. La intención es
revalorizar los derechos populares y promover una apertura del sistema iraní.
Pero no puede dejarse de lado una realidad: Jata mí es un hombre rico en
votos y pobre en sustento parlamentario, religioso y militar. El gobierno de
Teherán deberá probar, no sólo a Occidente sino a sí mismo, que ha alcanzado
la madurez. Y recordar, que muchas veces las buenas intenciones no bastan.
El Tíbet teocrático:
La teocracia del Tíbet le otorga el poder a la máxima autoridad espiritual,
el Dalia Lama, quien aspira a hacer del Tíbet un reino orientado hacia la
espiritualidad, libre de formas de vida egoístas, de un materialismo vacío, de
esfuerzos estériles, y de vicios corruptores que afectan a la sociedad
industrializada moderna. Los medios noticiosos occidentales, han descrito la
teocracia tibetana como un verdadero Shangri-La y, al Dalai Lama como un
sabio "santo", "el mejor ser humano viviente", El propio Dalai Lama apoyó
esa imagen idealizada del Tíbet con declaraciones como: "La civilización del
Tíbet tiene una larga y rica historia. La influencia omnipresente del budismo y
los rigores de la vida en los amplios espacios abiertos de un entorno que
conserva su belleza natural resultó en una sociedad dedicada a la paz y la
armonía. Gozábamos de libertad y satisfacción." En realidad, la historia del
Tíbet es un poco distinta. En el siglo XIII, el emperador Kublai Khan creó al
primer Gran Lama, que debía presidir sobre los otros lamas como un Papa lo
haría sobre sus obispos. Varios siglos más tarde, el emperador de China envió
un ejército a Tíbet para apoyar al Gran Lama, un ambicioso hombre de 25
años, que luego se dio el título de Dalai Lama, gobernante de todo Tíbet. Es
una buena ironía histórica: el primer Dalai Lama fue instalado por un ejército
chino. Los medios de comunicación jamás han difundido la historia oscura del
sistema sostenido por el Dalai Lama, pues en realidad en el Tíbet muchos
murieron para que así se pudiera consolidar, por más de cinco siglos, esta
teocracia Budista. Actualmente el Dalai Lama se encuentra en el exilio, en
Teocracia Talibán:
Cuando los soviéticos se retiraron de Afganistán en 1989, luego de años
de guerra, la situación del país se mantuvo. El gobierno del
presidente Najbullah, que dejaron instalado en Kabul, tuvo que abandonar el
poder y luego estalló una guerra civil entre distintos clanes que hubieron de
unirse finalmente, en 1996, para tratar de frenar el ascenso de los talibán
(estudiantes del Islam), que estaban obteniendo espectaculares éxitos
militares. Los Talibanes en armas, fueron apoyados, por distintas razones, por
USA y Pakistán, habían sido educados en el último país. En 1994 tomaron
Kandahar; en 1995, se apoderaron de Ghazni, Helmand y Herat, y en
septiembre de 1996 entraron en Kabul sin resistencia. Uno de sus primeros
actos tras lograr el poder fue detener al ex presidente Comunista Najbullah y
ejecutarlo a la vista del pueblo.
TEOCRACIA: LA CIUDAD DEL VATICANO.
Una teocracia es una forma de gobierno en la que los líderes
gubernamentales coinciden con los líderes de la religión dominante,
y las políticas de gobierno son idénticas o están muy influidas por
los principios de religión dominantes; normalmente
el gobierno afirmo gobernar mediante el nombre de Dios o de una
fuerza superior, tal como especifica la religión dominante.
El estado de la Ciudad del Vaticano se fundamenta en su unión con
la Santa Sede, de manera que el Papa es a la vez Cabeza Suprema
de la organización católica romana y Jefe de Estado del Estado de
la Ciudad del Vaticano. El Vaticano se autodefine como una
monarquía absoluta cuyo monarca tiene plenos poderes
legislativos, ejecutivos y judiciales. Es también una teocracia
electiva, en la que la elección del Papa corresponde al Sacro
Colegio Cardenalicio, reunido en Cónclave, lo cual actualmente se
hace según las disposiciones de la Constitución
Apostólica Universo Domici gregis (promulgada por Juan Pablo II
en 1996), fue cambiada por Benedicto XVI (junio de 2007), que por
cierto, es el Papa actual.
El electo se convierte en Papa cuando manifiesta su aceptación,
siempre que tuviera ya el carácter de obispo. En caso contrario el
elegido será ordenado Obispo inmediatamente.
El segundo al mando del gobierno del Vaticano, después del Papa,
es el secretario de Estado aunque no corresponde a la formación
real del Estado, labor que actualmente cumple el cardenal Narciso
Bertone.