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El engaño
"Si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que
susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios?
¿Consultará a los muertos por los vivos?" (Isaías 8:19). Cuando se
eclipsa la fe, el hombre se aparta de Dios. Entonces brilla la
incredulidad, sobreabunda el engaño y Satanás pone en juego toda
clase de artimañas.
Astrólogos, adivinos, encantadores, espiritistas, nigrománticos son
elementos a quienes consulta el hombre para que le revelen su futuro.
¿A qué se debe? ¿Qué hay en el hombre formado en este modernismo
que le empuja a escrutar e intentar leer en astros o indagar de los
brujos su propio destino? Ya lo dijimos: su fe se ha eclipsado y se ha
apartado de Dios.
Que una persona diga que cree en Dios y no obedece a su Palabra, o
diga que no cree en el diablo y escuche la voz de los agoreros,
espiritistas y adivinos, es cosa que no se entiende. Satanás se vale de la
verdad a medias, para conservar a sus adoradores en el error y alejarlos
de Dios.
Otros invocan en su ayuda a los muertos, acuden a los mediums o
invocando a las ánimas del purgatorio. Pero la Biblia sentencia: "Los que
viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen
más paga; porque su memoria es puesta en el olvido". (Eclesiastés
9:5-6).
Hay personas que piden a viejas agoreras echar las cartas o leer en la
ceniza de un cigarrillo su suerte o les digan si su cónyuge le es infiel.
Hay quienes cuelgan una herradura o una penca sábila detrás de la
puerta. Eso, dicen, tiene la virtud de traer buena suerte. Se ve, además,
estampas de algunos santos como la de Ignacio de Loyola a quien le
atribuyen la virtud de impedirle al diablo que entre en el hogar. Todo
esto conduce el apartarse de Dios y desconocer su Palabra. Cuando la fe
desaparece, prolifera el engaño.
¿Por qué el hombre no se dirige a Dios? Sencillamente porque no cree
en el Señor. "Es necesario que el que se acerca a Dios crea que le haya”
(Hebreos 11:6). El hombre no escucha a Dios, pero sí escucha las
mentiras de los engañadores, labrándose así su condenación eterna.
Saúl, por ejemplo, no tuvo en cuenta a Dios y fue a consultar a la
adivina de Endor (1 Samuel 28:7-8). Por esto lo mató Dios. "Así murió
Saúl ... porque consultó a una adivina, y no consultó a Jehová"
(1 Crónicas 10:13-14).
"Clama a mi, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas
que tú no conoces" (Jeremías 33:3), dice el Señor. Amado, Dios le
enseñará el significado de la vida; le revelará cosas que no se
imaginaba, y su futuro será seguro si pone su fe en Él y Él no más. No
confíe en las trampas del Engañador, sino en el que es el camino, la
verdad y la vida (Juan 14: 6).
Creyendo en Él como su único Salvador, en su obra expiatoria en el
Calvario a favor de usted, y recibiéndole en su corazón como Señor de
su vida, hallará la paz indecible que Cristo prometió cuando dijo: "La
paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se
turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14:27).