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La Vara de Moisés: Fe y Llamado

Dios le pregunta a Moisés "¿Qué es eso que tienes en tu mano?" cuando Moisés duda de su capacidad para liderar al pueblo de Israel fuera de Egipto. Al arrojar su vara al suelo y ver que se convierte en una serpiente, Dios le muestra a Moisés que puede usar cualquier cosa, incluso lo más común, para realizar Su voluntad si se confía en Él. El documento también explica que Dios a menudo usa a personas comunes para lograr cosas extraordinarias para que quede claro que la fuente del poder es
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La Vara de Moisés: Fe y Llamado

Dios le pregunta a Moisés "¿Qué es eso que tienes en tu mano?" cuando Moisés duda de su capacidad para liderar al pueblo de Israel fuera de Egipto. Al arrojar su vara al suelo y ver que se convierte en una serpiente, Dios le muestra a Moisés que puede usar cualquier cosa, incluso lo más común, para realizar Su voluntad si se confía en Él. El documento también explica que Dios a menudo usa a personas comunes para lograr cosas extraordinarias para que quede claro que la fuente del poder es
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¿Qué es eso que tienes en tu mano?

"Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni


oirán mi voz; porque dirán; No te ha aparecido Jehová. "Y Jehová dijo: ¿Qué es
eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en
tierra. Y él Iα echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella.
"Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por Iα cola. Y él
extendió su mano. y Iα tomó, y se volvió vara en su mano"(Éxo. 4: 1-4)
Cuando las preguntas de Dios impregnan nuestro corazón y nuestra mente,
somos atraídos hacia él, y el camino para seguir adelante se manifiesta
claramente.
Este encuentro entre Moisés y Dios necesita un poco de contexto.
Éxodo nos muestra a Moisés:
 nacido en Egipto y casi víctima de un Faraón paranoico
 Moisés fue salvado en una cesta y adoptado por la hija del Faraón (ver
Éxo. 2: 1-10)
 Moisés defendió a un compatriota y fue obligado a huir (ver Éxo. 2: 11-
15)
 Moisés se ganaba la vida como pastor (ver Éxo. 2: 15-22) y
 Moisés se encontró con Dios en la zarza ardiente (ver Éxo. 3; 4)
La pregunta que Dios plantea a Moisés en la zarza ardiente en realidad es la
respuesta a una pregunta que Moisés le había hecho a Dios.
¿Alguna vez alguien respondió tus preguntas con una pregunta?
Por ejemplo, una madre le enseña a su hijita a largarse por el tobogán de agua.
—Lárgate por el tobogán, querida
—pide la madre con insistencia.
—¿El agua es profunda? —pregunta ella.
—El agua está perfecta, y puedes estar parada y tocar el fondo. Vamos,
lárgate.
—¿Me va a entrar agua por la nariz? —grita la pequeña, esperando ser
rescatada del desafío que le espera.
—Jenny, ¿yo te dejaría largarte por el tobogán si fuese inseguro? —responde
mamá.
—No —dice lloriqueando.
Entonces cierra los ojos y se larga.
El intercambio entre Dios y Moisés es irónicamente similar. Dios le dice a
Moisés a través de la zarza ardiente: "Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a
Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel"
Pero Moisés responde al mandato de Dios con una pregunta: "¿Quién soy
yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?"
Dios le dice: "Yo estaré contigo"
Normalmente, estas tres palabras, expresadas por Dios, serían suficientes.
Pero Moisés tiene más preguntas para Dios:
"He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros
padres me ha enviado a vosotros.
Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?"
Pacientemente, Dios le responde: "YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás
a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros"
Ahora bien, si yo fuese Moisés, esa respuesta, por más majestuosa que
pudiera sonar, no me haría salir corriendo para Egipto. A Moisés se le acaba de
pedir que haga algo que nadie en la tierra ha tenido que hacer. Su pregunta es
razonable: "¿Y qué hago si no me creen ni me hacen caso? ¿Qué hago si
me dicen: 'El Señor no se te ha aparecido'?"
Una de las ideas erróneas acerca de seguir al Señor es que generalmente
se nos llama a hacer lo que no queremos hacer con dones que no
tenemos".
Pero, aunque Moisés tal vez dudó de sus condiciones, la misión a la que
Dios lo llamó resultaba entrañable a su corazón. Durante sus cuarenta
años en la corte del Faraón el corazón de Moisés había anhelado la
liberación de su pueblo.
Pero ahora, a pesar de que Moisés había considerado la liberación de sus
compañeros israelitas, el desafío que Dios le impone hace que el humilde
pastor examine todas las contingencias. Moisés era previsor, tal vez demasiado
previsor, porque el Señor se cansó de responder a sus preguntas. De hecho, el
Dios del cielo ahora tiene una pregunta propia. "Y Jehová dijo: ¿Qué es eso
que tienes en tu mano?"
La lección de la vara y la serpiente transmitía una verdad que los
creyentes a menudo pasan por alto:
Dios quiere realizar extraordinarios actos de gracia a través de la vida
común de su pueblo. Vara o serpiente, no importa. Dios puede transformar
cualquier cosa que tengamos en la mano para obrar su propósito, si confiamos
y obedecemos.
Cuando Dios pidió a Moisés que arrojara la vara al piso, el pedido tenía
dos funciones.
 Primero, Dios estaba pidiendo a Moisés que suelte lo que lo hacía sentir
seguro. Y
 segundo, le estaba pidiendo a Moisés que extendiera la mano y se
asiera con fe de su voluntad, aunque fuese aterrador. Al cumplir su
petición, Moisés —y nosotros— supera la autosuficiencia y acepta
depender solamente de Dios. Ahora podemos ver por qué a Dios le
resulta mucho más fácil trabajar con la humildad de Moisés que con la
autosuficiencia de otro.
Con frecuencia Dios permite que sea la gente común la que conduzca, a
fin de que no quepan dudas en cuanto a la verdadera fuente de la
liberación. Encontramos ejemplos de esto en toda la Biblia.
1. En el Mar Rojo no hay forma imaginable de atribuir la proeza a nadie
más que a Dios.
2. David mata a Goliat; racionalmente no hay manera de que David tenga
ninguna posibilidad a menos que Dios esté con él.
3. El horno ardiente es calentado siete veces más, lo que presumiblemente
consumiría a una persona siete veces más rápido, a menos que el Hijo
de Dios esté con ellos en ese horno.
4. Y cuando Jesús envió a Pedro a pescar incuestionablemente en el peor
momento, en el peor lugar y sin esperanza humana de atrapar siquiera
una bota de goma.
el resultado mostró que Dios tenía que estar con él. Dios es un Maestro a
la hora de repartir su extraordinaria gracia a través de medios comunes.

¿cómo respondemos a la pregunta de Dios de "Qué tienes en


tu mano"
A veces nos resistimos al llamado de Dios porque parece haber algunos
obstáculos naturales que se interponen.
Hay tres barricadas que se interponen para seguir el llamado que Dios
nos hace.
1. Una es que "creemos que estamos atrapados por nuestras
circunstancias". Ya sea por nuestras decisiones o por las decisiones de
otros que nos afectan, nos paralizamos y nos empeñamos en creer que
Dios realmente no puede usarnos ahora.
2. Una segunda barricada es que "dudamos de nuestros sueños". La
realidad es lo que es posible, y la fantasía es lo que solo podemos
imaginar. Esto es pensamiento rastrero, y marchita hasta nuestra buena
voluntad de estar disponibles para los propósitos de Dios.
3. Por último, "confiamos en nuestros instintos". De nuevo, David oyó la
voz de Dios, no la de sus instintos, cuando persiguió a Goliat. Gedeón
rechazó sus instintos para permitir que la voz de Dios sea oída en su
corazón. Nuestros instintos siempre nos dirán que vayamos a lo seguro.
Así que, ¿qué tienes en tu mano? Cada persona actualmente tiene al
menos tres cosas en su mano.
1. Lo primero que tenemos es la "vara de la atención". En todos los
evangelios observamos que Jesús veía a las personas.
En Mateo 9: 36, "Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas".
En Mateo 8: 14, "Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste"
cuando visitó su casa.
En Juan 9: 1, Jesús "vio a un hombre ciego de nacimiento".
En Lucas 17: 14, Jesús vio a diez leprosos que lo llamaron a la distancia.
En Lucas 7, Jesús se encuentra con la viuda de Naín durante el funeral, y la
Biblia dice: "Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella" (vers. 13).
Lucas nos cuenta que Jesús "comprendió la astucia de ellos" (Luc. 20: 23),
queriendo significar que a veces evitamos problemas prestando atención.
A lo largo del día podemos prestar atención al mundo que gira a nuestro
alrededor. Mantener los ojos abiertos adrede es un ejercicio en sí mismo, pero
es una disciplina que vale la pena.
"¿Qué es eso que tienes en tu mano?"
2. Segundo, tenemos la "vara de la experiencia"
Es gracias a los que han sufrido que el mundo ha progresado". Quizá lo que
quiso decir fue que las experiencias tienen una manera única de hacernos
particularmente utiles.
Nuestra experiencia con la adversidad no solo hace que nuestra vida sea eficaz
para la causa de la gracia, sino que nuestras victorias también contribuyen
¿Qué es eso que tienes en tu mano?"
Tercero, y último, tenemos la "vara de nuestro esfuerzo ". Pablo, al final de su
carta a los gálatas, salpica sus palabras finales a la iglesia diciendo: "No nos
cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no
desmayamos"
Es fácil cansarse de ayudar, dar y compartir. Pero una vara que todos tenemos
en la mano hoy es el esfuerzo.
Ya sea en palabra o en hecho, con músculos o solo con una sonrisa, ponemos
los pies en el agua, como los israelitas en el Mar Rojo, y observamos cómo
Dios muestra su poder cada vez que damos nuestro esfuerzo a alguien que lo
necesita.
¿Qué es eso que tienes en tu mano?"
Si decides responder esta pregunta hoy, no te demores: es una pregunta
retórica. Más importante que la respuesta es el espíritu conque
respondas: "Dios, tenga lo que tenga, y sea quien sea para la causa de tu
gracia y para la obra de tu gloria, estoy dispuesto".

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