UNIDAD DE FORMACIÓN: DIDACTICA Y PEC
NOMBRE DEL DOCENTE: LIC. FRANKLIN APAZA
NOMBRE COMPLETO : VERÓNICA MARILY ALVARADO ALANOCA
AÑO DE FORMACION : 4TO
ESTRATEGIAS PARA MOTIVAR EN EL AULA
Es clave el momento inicial del año académico, los primeros días de trabajo en clase con
los alumnos, para diseñar y determinar cómo se desarrollará emocionalmente el curso. De
la habilidad del profesor para mantener viva la atención de los alumnos dependerá el éxito
o fracaso del proceso de enseñanza-aprendizaje. Si los estudiantes y el docente no se
conocen de cursos anteriores, es importante que el profesor trate de borrar posibles
estereotipos negativos que puedan tener sus alumnos, o que fabrique en esos primeros
días nuevas expectativas entre los jóvenes. Por ello la actitud del profesor es determinante
para la respuesta del conjunto de la clase. Así pues, una primera estrategia podría ser
afrontar la clase con los mismos ánimos que queremos potenciar en los alumnos: el profesor
debe estar animado, activo, inquieto, motivado, inquieto y dispuesto.
Se ha demostrado que la motivación también se contagia, por ello es bastante eficaz que
el profesor traslade su propio interés por la asignatura a los alumnos. Los jóvenes saben
detectar la pasión en un profesor, así como su falta de interés y desgana. Aunque es cierto
que la motivación nace del interior de la persona, existen formas de potenciarla.
A continuación, detallamos hasta 30 posibles estrategias que el docente puede poner en
marcha de cara a conseguir motivar a sus alumnos. Basándonos en la obra de Alonso Tapia
(1992, 2005) y recurriendo a otras fuentes, hemos intentado elaborar una lista de
actuaciones de fácil aplicación en el aula, y que se han demostrado efectivas como pautas
de acción docente con repercusiones motivacionales.
Estrategia 1. Presentar información nueva o sorprendente los alumnos parten con un
prejuicio: las clases van a ser aburridas. Pese a ser ésta una sensación generalizada, los
estudiantes están deseando equivocarse. Despertar la curiosidad apelando al factor
sorpresa puede ser muy efectivo. La sorpresa se puede conseguir a través del uso de un
material poco común, de una actividad que protagonicen los alumnos, de un debate, una
reflexión que no esperaban escuchar, una noticia…
Estrategia 2. Plantear problemas e interrogantes además de enseñar los contenidos que
prevé el currículo, el profesor debe también lanzar preguntas y cuestionar la información
con los alumnos. Abrir debates siempre es positivo, pero tampoco es necesaria mucha
complejidad: a veces sirve una simple pregunta que hace cuestionarse lo estudiado a los
alumnos. Así se consigue hacer partícipes del proceso de aprendizaje y enseñanza a los
estudiantes.
Estrategia 3. Emplear situaciones que permitan visualizar la relevancia de la tarea es más
fácil abordar un trabajo cuando se sabe que tiene sentido hacerlo. Conseguir que los
estudiantes conozcan la importancia de las tareas es un objetivo que debe plantearse el
profesor. Sus alumnos trabajarán mejor y entenderán mejor el trabajo que hacen.
Estrategia 4. Indicar directamente la funcionalidad de la tarea relacionado con la estrategia
3, es muy importante que los jóvenes encuentren un valor en el aprendizaje, un valor
trasladable a su vida cotidiana. Buscar el pragmatismo puede ser positivo para interesar a
los estudiantes, a los que se puede convencer de la importancia de los conocimientos y
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competencias que van a adquirir en la clase de cara al mundo real, exterior y futuro que les
espera. Cuando los estudiantes perciben que lo que están estudiando les ayudará
realmente o se puede aplicar en su vida afrontan la asignatura con mucha más motivación
e interés.
Estrategia 5. Variar y diversificar las tareas el curso es muy largo y el profesor debe ir
variando las tareas y actividades que los alumnos realizan en clase o en casa. Podemos
perder el interés y la motivación de los alumnos si siempre les pedimos lo mismo. Para ello
el profesor debe ser activo y estar motivado para plantear esa necesaria diversificación.
Estrategia 6. Activar los conocimientos previos todos los estudiantes saben algo. Todos
son personas con años de experiencia, y en los que sus vivencias les han hecho conocer
distintas realidades. Poner en valor eso que saben no sólo aumenta la autoestima, sino que
también puede ser un recurso muy interesante que explotar en clase para el conjunto del
grupo y para completar la enseñanza. Para ello es imprescindible la constante
comunicación e integración de los alumnos en la clase.
Estrategia 7. Usar un discurso jerarquizado y cohesionado, aunque se apueste por
metodologías poco ortodoxas o alternativas, lo cierto es que los alumnos perciben la
cohesión de la narrativa en un profesor. Aunque las clases sean divertidas e inclusivas no
se tiene que improvisar, hay que mantener a lo largo del curso una lógica clara y constante.
No hay que olvidar que el currículo es muy claro a la hora de determinar los contenidos que
se deben impartir. Todo eso hay que planificarlo bien.
Estrategia 8. Usar ilustraciones y ejemplos acompañar las explicaciones con material
gráfico siempre llama la atención, así como apoyarse en ejemplos que faciliten la
comprensión de los contenidos. Toda estrategia que esté encaminada a facilitar la tarea a
los alumnos (sin dejar de exigir esfuerzo) será bien recibida por parte de la clase y mejorará
el ambiente y el interés. Lo que no se entiende no motiva ni anima.
Estrategia 9. Sugerir metas parciales es importante no obsesionarse con abordar objetivos
generales muy amplios desde el principio del curso. Una buena estrategia para evitarlo es
proponer metas u objetivos parciales, que se puedan lograr escalonadamente hasta
alcanzar así el objetivo final, que tendrá que ver con la consecución de ciertos
conocimientos o habilidades. Para llegar hasta este estadio se pueden plantear esas metas
parciales que nos ayudarán a organizar el curso y avanzar poco a poco.
Estrategia 10. Planificar de forma precisa las actividades a realizar relacionada con la
Estrategia 7, es importante que el profesor tenga todo el curso bien planificado, y en este
sentido es más que recomendable tener todas las actividades pensadas y programadas.
Así se prevendrán posibles desajustes o fallos de calendario y se asegurará la realización
de las mismas. Los alumnos acusan la falta de planificación del profesor, ya que no es
ejemplarizante.
Estrategia 11. Ceder el protagonismo a los estudiantes y permitir que los alumnos
intervengan espontáneamente la hora de clase no puede ser un monólogo o una exposición
del profesor. Y si lo es, al menos los alumnos deben saber que están más que invitados a
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intervenir cuando lo consideren. Hay que superar los miedos y la cohibición, y de eso ha de
encargarse el docente. Además de las intervenciones de los alumnos se pueden extraer
ideas nuevas, conocimientos y hacer la clase más amena. También se puede ceder el
protagonismo a los estudiantes planificando ciertas horas de clase en las que los alumnos
puedan exponer sus teorías, trabajos, debates o preguntas. Clases en las que el profesor
no “enseñe” ningún contenido concreto, sino que se dediquen a “generar” conocimiento
entre todos, partiendo de los alumnos.
Estrategia 12. Señalar lo positivo de las respuestas, aunque sean incompletas es
importante que el alumno no reciba mensajes que puedan afectar a su autoestima o
confianza. En este sentido, señalar siempre el lado positivo de las cosas es una estrategia
recomendable. Cuando un alumno de una respuesta no acertada, el profesor siempre
deberá buscar un aspecto positivo.
Estrategia 13. Relacionar lo que se enseña con el mundo real al relacionar los contenidos
estudiados con ejemplos del mundo real los estudiantes los entienden mejor. Referenciar
lo que se enseña con la experiencia del alumno es muy útil para que el conocimiento se
filtre en la cabeza y memoria. Respondemos mejor ante lo que conocemos, y mucho de lo
estudiado en el libro de texto se puede relacionar con el mundo real en el que viven los
alumnos.
Estrategia 14. No comparar a los alumnos siguiendo con la lógica de la estrategia 12, no
se debe en ningún caso humillar de ninguna manera a los estudiantes poniendo el acento
sobre lo que desconocen o lo que hacen mal. Esto no quiere decir evitar corregirles, pero
nunca comparándolos entre ellos. Esto no sólo puede generar odio hacia el profesor, sino
rechazo entre los propios compañeros de clase por sus diferencias académicas.
Estrategia 15. Dedicar tiempo a cualquier alumno que demande ayuda es obligación del
profesor atender a sus alumnos, más aún cuando éstos se lo piden. Ayuda a mejorar la
relación interpersonal, lo cual revierte positivamente en la motivación del estudiante de cara
a superar la asignatura y a seguir las indicaciones del docente.
Estrategia 16. Variación de estímulos la metodología didáctica y las nuevas tecnologías
son suficientemente ricas en posibilidades como para que el profesor ponga en
funcionamiento sus mecanismos de creatividad y pueda variar los estímulos, las actividades
y las situaciones de aprendizaje con la frecuencia que cada alumno o grupo necesite.
Cambiar de actividad, hacer participar, preguntar, hacer prácticas o ejercicios, cambiar de
grupo o lugar, etc., ayudan a captar el interés o mejorar la atención.
Estrategia 17. Orientar hacia el proceso, más que hacia el resultado para alcanzar la
verdadera motivación de los alumnos hay que desviar el foco de atención en los puros
resultados académicos, y centrarse en el proceso de aprendizaje. Transmitir esta idea relaja
a los alumnos y les puede hacer trabajar mejor. Es muy interesante recordar que el estudio
realizado para conseguir resultados no es tan duradero como el aprendizaje adquirido
durante el proceso. Los procesos permanecen siempre en la memoria.
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Estrategia 18. Plantear proyectos para desarrollar durante el curso un ejercicio interesante
y altamente motivador es pedir a los alumnos que creen un producto durante el curso.
Además de aprender contenidos, el curso se dedicará a realizar un proyecto: preparar una
obra de teatro, poner en marcha un blog, hacer un vídeo-documental. Esta práctica es
motivadora y ayuda en varias dimensiones emocionales: la responsabilidad, el compromiso,
el trabajo, la cooperación. Además, la consecución de un objetivo de estas características
es muy motivadora. Al final del curso los alumnos podrán presentar orgullosos su proyecto
al que tanto tiempo han dedicado.
Estrategia 19. Promover la práctica independiente encontrar el equilibrio entre la atención
y guía a los alumnos y dejarles un espacio para trabajar autónomamente es un reto para el
profesor. Cuando los alumnos sienten que tienen independencia pueden motivarse para
superar los objetivos planteados por sí mismos.
Estrategia 20. Señalar los progresos del alumno hacer lo que se denomina un refuerzo
emocional’, tratando de resaltar los progresos de los estudiantes para que ganen confianza.
No dar por hecho que han de conseguir los objetivos de aprendizaje (aunque deben
hacerlo), sino felicitarles cuando lo hacen. De esta manera el alumno se siente acompañado
y el profesor transmite que está ahí para ayudar y guiar a sus estudiantes.
Estrategia 21. Señalar las posibilidades de éxito el éxito anima, el fracaso desanima. Hay
alumnos que saben de antemano de su fracaso, y no ponen ningún interés en su
aprendizaje. Es necesario que tengan claro que pueden aprobar la asignatura y, además,
disfrutar aprendiendo. El profesor debe intentar que sus alumnos sepan que en su clase
todos tienen posibilidades de éxito.
Estrategia 22. Utilizar recompensas si el interés inicial es muy bajo si el profesor observa
que hay alumnos que no muestran interés ni motivación ante el proceso de aprendizaje,
puede utilizar un sistema de premios y recompensas que intenten activar al alumnado. Hay
que recordar que la motivación es algo que nace del interior de cada estudiante, y que varía
tanto en intensidad como en continuidad. No siempre se está igual de motivado. Para ello
las recompensas pueden ser interesantes.
Estrategia 23. Proponer tareas que impliquen el trabajo en grupo y la cooperación sugerir
la división de tareas en pequeños grupos de trabajo, para propiciar la colaboración y
cooperación entre los estudiantes. Esto potenciará el trabajo en equipo, la responsabilidad,
la autonomía como grupo y el compromiso. El trabajo en grupo siempre es una buena
estrategia motivadora, además incluso se puede introducir una pequeña dosis de
competición entre grupos que también ayuda a la motivación.
Estrategia 24. Plantear los errores y fallos como algo de lo que se puede aprender al igual
que en la Estrategia 12 y la estrategia 14, es importante rechazar la negatividad y superar
los fallos de manera positiva. El profesor debe transmitir que los errores son solamente otro
camino hacia el aprendizaje, y que nadie debe desmotivarse por ellos.
Estrategia 25. Reconocer el trabajo bien hecho, el reconocimiento generoso y sincero es
la recompensa más preciada del esfuerzo, sin necesidad de entrar en comparaciones y sin
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fomentar artificialmente la competitividad. El profesor debe ser un modelo a seguir por los
alumnos, y debe saber reconocer el éxito del alumno o del grupo y, si es posible, hacerlo
en público. La motivación se dispara en un estudiante que recibe un reconocimiento público
por el trabajo bien hecho. Y a ese alumno ya no se le pierde.
Estrategia 26. Usar materiales y recursos novedosos, aunque llevan años entre nosotros,
todavía no se ha explotado todo el potencial de los recursos tecnológicos y las TICs en el
ámbito académico. En muchas ocasiones los alumnos están ya más avanzados en el
conocimiento tecnológico, y los profesores deben aprovechar esta situación para utilizar
estos materiales para el proceso de enseñanza y aprendizaje: material audiovisual,
interactivo…
Estrategia 27. Asociar las actividades de la clase con los intereses del estudiante no hay
que ignorar que la mayoría de los jóvenes estudiantes del instituto tienen preocupaciones
ajenas a la enseñanza que les mantienen muy ocupados: deportes, música, actualidad,
cultura… etc. Se pueden utilizar estos intereses para mejorar la atención dentro del aula,
incorporándolos al proceso de enseñanza y a las actividades de clase. Es una buena
estrategia para mantener activos y motivados a los alumnos.
Estrategia 28. Utilizar juegos y actividades (on-line y físicas) para hacer las clases más
divertidas, amables y cercanas a los alumnos en el mudo actual y con los alumnos del S.XXI
es muy sencillo plantear métodos de enseñanza apoyados en el mundo virtual, donde
aparecen gran cantidad de posibilidades y recursos sobre los que apoyarse para trasladar
información e incluso realizar evaluaciones. Esta estrategia se ve desarrollada en uno de
los estudios de caso analizados en el siguiente apartado.
Estrategia 29. Introducir variedad en la organización y estructura de las clases es
importante que, sea cual sea el modelo o método de enseñanza que hayamos elegido (que
puede ser más o menos ameno), a lo largo del curso vayamos cambiando la forma de dar
la clase. La continuidad y la monotonía no son buenas en el proceso de enseñanza.
Estrategia 30. Evitar dar demasiada importancia a las evaluaciones los alumnos que sólo
estudian con el objetivo de sacar buenas notas pueden incurrir en las siguientes prácticas
negativas: no disfrutan del proceso de aprendizaje, se cargan de ansiedad, viven en
constante y excesiva competencia, y llegado el momento la pérdida de motivación puede
ser letal. Por ello hay que derivar el objetivo principal de la evaluación al conocimiento y
diversión.