Las Fronteras en épocas de las independencias
latinoamericanas.
Concepto.
La frontera es la zona territorial de tránsito social entre
dos culturas, o en sentido general y amplio, es el límite o
línea de una parcela o un predio. Restringido al ámbito
político, este término se refiere a una región o franja,
mientras que el término límite está ligado a una
concepción política y administrativa.
Teorías existentes sobre las fronteras.
Tres casos concretos de la antropología de la frontera,
influida por la posmodernidad.
El primero de estos autores donde confluyen el interés
por la perspectiva transnacional y la posmodernidad es
el antropólogo hindú Arjun Appadurai, quien inicia su
obra Modernity at large (1996) cuestionando la clara
delimitación tanto de fronteras, como de grupos
humanos, propia de las primeras corrientes
antropológicas que ya hemos descrito. Aunque este autor
reconoce que los flujos migratorios han existido en toda
la historia de la humanidad, insiste en que a lo largo del
siglo XX se han incrementado, tanto en cantidad, como
en velocidad. La consecuencia más destacada de este
cambio es la aparición de un nuevo orden de
inestabilidad: disminuye el poder de los estados naciones
y el espacio se va desterritorializando, de modo tal que
ya no resulta posible identificar imágenes culturales con
contextos locales, sino que los imaginarios se hacen
fluidos y se dispersan y extienden a lo largo del planeta.
Este autor define un nuevo modo de migración, que
denomina "diáspora" (1996:10) y que se encuentra
profundamente vinculada con el incremento de la
imaginación. Según Appadurai, gracias a la expansión y a
la fuerza de los medios de comunicación y de las nuevas
tecnologías (como Internet), cualquier sujeto, de
cualquier parte del mundo, puede conocer otras
realidades y desear acceder a un mundo mejor, lo que le
impulsa a querer cambiar sus circunstancias e incluso a
migrar. Estos nuevos vínculos transnacionales (en un
primer momento, imaginarios o digitales; pero con
consecuencias en la realidad, como el fomento de las
migraciones) empezaron a proliferar a partir de la década
de los ochenta, y han cambiado la comprensión del
mundo, al romper las distancias y las barreras
características, según él, de la modernidad. Distingue de
este modo Appadurai un nuevo espacio global que
denomina "rizomático" (1996:29), utilizando la expresión
de Deleuze y que se caracteriza por la
desterritorialización del espacio, la heterogeneidad
cultural y el transnacionalismo.
Ante las insuficiencias de las categorías tradicionales del
pensamiento, entre las que incluye la antropología de
casos, mencionada en las primeras páginas de este
artículo; el marxismo, así como los modelos que
distinguen entre centro y periferia, como el sistema
mundo de Wallerstein y el modelo de atracción o
expulsión [push-pull models] básico en el estudio de
migraciones, este autor acuña un nuevo concepto o
marco de estudio para analizar estos flujos globales.
Se trata del "paisaje" [scape], nueva categoría de
análisis, adecuada a esta nueva realidad cambiante y
dispersa. El concepto es un juego de palabras de gran
riqueza semántica y muy interesante para este trabajo,
pero de difícil traducción. El término escape significa
"huida" o "dispersión", pero el sufijo scape, en palabras
como landscape, designa un espacio concreto, en este
caso, un paisaje. Los escapes de Appadurai referirían
por lo tanto a algo así como un "espacio en movimiento
continuo".
Estos paisajes o escapes se dividen en cinco
subcategorías, adecuadas a distintos ámbitos de estudio.
Se trata de los ethnoescapes (referidos a la antropología
y la diáspora), los media escapes (referidos a los flujos
de información), los tecno escapes (referidos a las
nuevas tecnologías y la informática),
los financescapes (referidos a flujos económicos) y por
último los ideoescapes (referidos a las imaginación
global, así como las distintas ideologías políticas
extendidas por el mundo) (1996:35).
Para centrarnos en el tema de este trabajo, nos vamos a
ocupar del concepto de "etnopaisajes" (ethnoescapes),
que el autor propone para definir una antropología
transnacional ocupada del estudio de los flujos globales y
cosmopolitas que superan los "grandes relatos
modernos" (1996:48), en una nueva comprensión del
espacio "doblemente borrosa" (1996:50, el concepto
original es post-blur-blur), donde una multiplicidad de
narrativas subversivas, críticas y cambiantes, altera lo
antes era una comprensión clara y delimitada de la
realidad.
También resulta interesante observar cómo estos
cambios producidos en la posmodernidad afectan, según
Appadurai, a la configuración de los Estados mismos, que
en las últimas décadas del siglo XX se han convertido en
diaspóricos y cambiantes, por la profusión de personas
(alude literalmente a "refugiados, turistas, trabajadores,
invitados, ilegales e intelectuales" 1996:160) que
traspasan sus fronteras, así como por el aumento de la
imaginación que lleva a pensar otras formas de
configurar el Estado. De este modo, la comprensión
clásica del Estado como un todo cerrado con fronteras
claramente delimitadas debe ser superada, para aportar
un nuevo concepto de Estado fluido y cambiante,
fragmentado y disperso. Ahora bien, esta nueva
concepción no es siempre positiva, ya que según este
antropólogo, los conflictos pueden aumentar con este
desdibujamiento de las fronteras, ya que van a seguir
existiendo minorías perseguidas y surgirán nuevos
movimientos étnicos y nacionalistas, extendidos ahora de
modo transnacional y reforzados por la debilitación del
estado.
Todo este análisis lleva al autor a postular un nuevo
espacio global y confuso: un "mundo desterritorializado,
diaspórico y transnacional" (1996:188) donde se da una
tensión constante entre los Estados "modernos y
tradicionales" y los flujos de población que tratan de
atravesarlos y superarlos. Esta ecuación se hace más
compleja cuando estos flujos y tensiones no sólo se dan
en el espacio fronterizo, de modo físico; sino que se
extienden gracias a los medios de comunicación y las
nuevas tecnologías de la información, que aportan
nuevas formas de mediación, fomentan la imaginación
social y reproducen las críticas al estado tradicional. De
este modo, Appadurai concluye su análisis destacando la
fragilidad de esta nueva configuración del espacio, tanto
por la aparición constante de nuevos e inesperados
vínculos entre regiones o comunidades antes remotas y
separadas, como por el surgimiento de nuevos espacios,
fragmentados y cambiantes. Insiste asimismo en que esta
realidad rizomática, diaspórica y subversiva supone un
desafío, tanto para el teórico que trata de aprehenderla,
como el Estado Nación que trata de frenarla; en la
apertura de un proceso dialéctico y subversivo
interminable.
Conclusiones
Para acabar esta reflexión sobre la mutua influencia de
marco teórico elegido y realidad estudiada, quiero
destacar que esta crítica al enfoque posmoderno en
antropología no implica un rechazo frontal a la
perspectiva transnacional, ni siquiera a algunos enfoques
novedosos, definidos por la posmodernidad, para
proponer la regresión a un momento anterior del
pensamiento, correspondiente quizás al estudio de casos.
En un sentido muy distinto y aceptando que no se puede
frenar el curso de los tiempos. La principal intención de
este artículo ha sido destacar cómo al partir de distintos
enfoques teóricos, se podía cambiar la percepción de la
realidad estudiada. Ante esta constatación, se propone
prestar más atención al método, ajustarlo para hacerlo
más sensible a distintas realidades, en la búsqueda del
equilibrio entre el marco teórico elegido y el objeto de
estudio.
Sin mantener la clara y estricta separación de épocas,
moderna y posmoderna, que afirmaban los autores
criticados en este escrito, sí que admitimos que en el
presente han surgido nuevos fenómenos o se han
incrementado ciertas tendencias (por ejemplo, la
aparición y extensión de nuevas tecnologías que
permiten el establecimiento de vínculos transnacionales,
con más intensidad y frecuencia que en el pasado), que
exigen al teórico social un enfoque distinto, adecuado a
estas nuevas realidades. En casos como éste, ciertos
elementos o conceptos de la posmodernidad pueden
resultar de interés para renovar las técnicas clásicas,
pero se debe evitar siempre que el exceso de
abstracción o teoreticismo impida aprehender el objeto
de estudio, en su multiplicidad o diferencia.
Cabe destacar en este sentido el desarrollo de distintas
técnicas de investigación, cercanas a la posmodernidad,
que resultan muy interesantes y enriquecedoras para
estudiar los movimientos migratorios, como la etnografía
multisituada de George E. Marcus, quien ante las
insuficiencias de los estudios unilocales, que perdían de
vista la conexión entre lugares de origen y de destino,
propone un nuevo modelo de etnografía plurilocal, donde
"no existe lo global en el contraste local-global tan
frecuentemente evocado en estos tiempos. Lo global es
una dimensión emergente en la discusión sobre la
conexión entre lugares". Y en esta nueva etnografía, el
investigador "se encuentra con todo tipo de compromisos
personales contradictorios. Estos conflictos se
resuelven, tal vez de manera ambivalente, no al
refugiarse en ser un antropólogo académico distanciado,
sino en ser una especie de etnógrafo activista,
renegociando identidades en diferentes lugares".