Malaquías 2:1-9
INTRODUCCION
Llegamos al capítulo 2 donde el profeta explora más profundamente las razones por las cuales el pueblo de Israel estaba en
este estado de apatía espiritual en contra de Dios. Hasta el momento Malaquías ha estado enumerando las terribles consecuencias de
abandonar el amor de Dios que se deja ver en la deshonra al ministerio y las ofrendas inapropiadas. Ahora incluirá una nueva: el
abandonar el pacto original que tenían con Dios. Esta reprensión es particularmente para los sacerdotes: Ahora, pues, este mandato es
para ustedes, los sacerdotes.
El sacerdocio en el antiguo testamento
“Ahora, pues, este mandato es para ustedes, los sacerdotes”.
Malaquías 2:1
La palabra sacerdote proviene del hebreo kojén ()ּכֹהֵן, que aparece unas 741 veces en el Antiguo Testamento, y su oficio se
fundamenta en el concepto de que el hombre por naturaleza no goza del favor de Dios y por lo tanto necesita de un mediador. El
sacerdote era una persona debidamente consagrada para ministrar en cosas sagradas como mediador entre los Dios a diferencia de un
profeta que era un intermediario entre Dios y el pueblo. El sacerdocio no fue exclusivo de los israelitas. Desde los egipcios a los
filisteos, todas las naciones del antiguo Medio Oriente tenían una clase sacerdotal. Durante la monarquía, generalmente el sumo
sacerdote ocupaba un lugar inmediato al del monarca, tanto en rango como en dignidad e influencia, y en ocasiones ejercía el poder
detrás del trono.
Durante toda la dispensación Patriarcal el jefe de familia se desempeñaba generalmente como sacerdote:
“... Noé construyó un altar al Señor, y sobre ese altar ofreció como holocausto animales puros y aves puras”.
Génesis 8:20
“Abraham... tomó el carnero y lo ofreció como holocausto...”
Génesis 22:13
“... Job se aseguraba de que sus hijos se purificaran. Muy de mañana ofrecía holocausto por cada uno de ellos...”
Job 1:5
Posteriormente, Dios estableció a Aarón y sus hijos Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar como sacerdotes en Israel (Éxodo 28:1,41;
29:9, 29-30). Cuando Nadab y Abiú fueron fulminados porque “ofrecieron fuego extraño a Dios”, el sacerdocio quedó limitado a los
descendientes de Eleazar e Itamar (Levítico 10:1-2, Números 3:4, 1 Crónicas 24:2).
Los sacerdotes tenían tres deberes esenciales:
Elservicio del Señor en el santuario al ofrecer por el pueblo los diferentes sacrificios.
La enseñanza de la Ley al pueblo.
Consultar a Dios por el pueblo, mediante el Urim y el Tumim (Éxodo 28:30; Levítico. 8:8).
A parte de esto los sacerdotes debían ser los líderes espirituales del pueblo de Israel, a través de su ejemplo y enseñanza
deberían bendecir al pueblo; sin embargo, no era así en tiempos del profeta Malaquías, por lo que el Señor les decía “Si no me hacen
caso ni se deciden a honrar mi nombre –dice el Señor Todopoderoso-, les enviaré una maldición...”
Atuendo de un Sacerdote en el
AT
El pecado de los sacerdotes
“Si no me hacen caso ni se deciden a honrar mi nombre –dice el Señor Todopoderoso-, les enviaré una maldición, y maldeciré sus
bendiciones. Ya las he maldecido, porque ustedes no se han decidido a honrarme. Por esto, voy a reprender a sus
descendientes. Les arrojaré a la cara los desperdicios de los sacrificios de sus fiestas, y los barreré junto con ellos. Entonces sabrán
que les he dado este mandato, a fin de que continúe mi pacto con Leví –dice el Señor Todopoderoso–. Por mi parte yo he hecho que
ustedes sean despreciables y viles ante todo el pueblo, porque no han guardado mis caminos sino que han mostrado parcialidad en
cuestiones de la ley “.
Malaquías 2:2-4
Como parte de las enseñanzas de la ley y los profetas estaba impartir la bendición sobre el pueblo de Israel.
“El Señor le ordenó a Moisés: Diles a Aarón y a sus hijos que impartan la bendición a los israelitas con estas palabras: <<El Señor
te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre su favor y te conceda la paz>>. Así
invocarán mi nombre sobre los israelitas, para que yo los bendiga.”
Números 6:22-27
Sin embargo, por su conducta pecaminosa sus bendiciones se convertirían en maldiciones: les enviaré una maldición, y
maldeciré sus bendiciones. Pero, ¿en qué consistía el pecado de los sacerdotes?
Los servicios en el Templo eran mal preparados.
“Si no me hacen caso ni se deciden a honrar mi nombre –dice el Señor Todopoderoso–,... Les arrojaré a la cara los desperdicios de
los sacrificios de sus fiestas, y los barreré junto con ellos...”
Malaquías 2:2a, 3b
Los sacrificios eran realizados en el
Templo
En la ley de Moisés, Dios había establecido las leyes y normas de los diferentes ceremoniales y sacrificios los cuales los
sacerdotes eran responsables de prepararlos adecuadamente para el Gran Rey. Tal era la indiferencia de los sacerdotes que cuando los
israelitas se presentaban con los animales para el sacrificio al Señor, estos eran preparados inapropiadamente a tal punto que ni
siquiera el estiércol era removido del animal, y por eso Dios les dijo “Les arrojaré a la cara los desperdicios (literalmente,
estiércol) de los sacrificios de sus fiestas...”
No valoraban el hecho de que habían sido escogidos para el ministerio de entre todo el
pueblo.
“Entonces sabrán que les he dado este mandato, a fin de que continúe mi pacto con Leví –dice el Señor Todopoderoso–“.
Malaquías 2:4
Dios escogió de entre las 12 tribus al descendiente de Leví para ministrar delante de su presencia y ser sus representantes
ante su pueblo.
“Los sacerdotes levitas pasarán al frente para cumplir su tarea, porque el Señor tu Dios los eligió para pronunciar bendiciones en su
nombre, y ministrar y decidir en todos los casos de disputas y asaltos”.
Deuteronomio 21:5
Dios había escogido a los levitas para el servicio en su templo, sin embargo, ellos lo tenía en poco al no desempeñar sus
funciones adecuadamente y mostrarle al pueblo el camino del Señor.
Ya no existía un profundo celo por Dios en el corazón de los Sacerdotes.
“Mi pacto con él era de vida y paz, y se las di; era de temor, y él me temió, y mostró ante mí profunda reverencia”.
Malaquías 2:5
En este versículo Dios recrimina a los sacerdotes su falta de temor reverente a su nombre y hace alusión al pacto de Finés, el
nieto de Aarón:
“Mientras los israelitas acampaban en Sitín, comenzaron a prostituirse con las mujeres moabitas... Por tanto la ira del Señor se
encendió contra ellos... Mientras el pueblo lloraba a la entrada de la Tienda de Reunión, un israelita trajo una madianita y, en
presencia de Moisés y de toda la comunidad israelita, tuvo el descaro de presentársela a su familia. De esto se dio cuenta el
sacerdote Finés, que era hijo de Eleazar y nieto de Aarón. Finés abandonó la asamblea, y, lanza en mano, siguió al hombre, entró en
su tienda y atravesó al israelita y a la mujer. De este modo ceso la mortandad que se había desatado contra los israelitas...El Señor
le dijo a Moisés: Finés, hijo de Eleazar y nieto del sacerdote Aarón, ha hecho que mi ira se aparte de los israelitas, pues a actuado
con el mismo celo que yo habría tenido por mi honor...”
Números 25:1,3b, 6-11
Finés defendió la honra de Dios, matando a un hombre y su amante moabita involucrados con la idolatría y la inmoralidad
vinculada con Baal Peor. El temió y mostró celo por su Señor. Este acto sirvió de ejemplo al pueblo de Israel para apartarse de la
idolatría y prácticas paganas; sin embargo, en los tiempos de Malaquías los sacerdotes ya no tenían ese mismo celo que Finés mostró.
Los israelitas vivían en pecado, deshonraban el nombre del Señor y los sacerdotes permanecían indiferentes ante esta situación.
En lugar de ser líderes espirituales se convirtieron en piedras de tropiezo.
“En su boca había instrucción fidedigna; en sus labios no se encontraba perversidad. En paz y rectitud caminó conmigo, y aparto del
pecado a muchos. Los labios de los sacerdotes atesoran sabiduría, y de su boca los hombres buscan instrucción, porque es mensajero
del Señor Todopoderoso. Pero ustedes se han desviado del camino y mediante su instrucción han hecho tropezar a muchos; ustedes
han arruinado el pacto con Leví –dice el Señor Todopoderoso–. Por mi parte yo he hecho que ustedes sean despreciables y viles ante
todo el pueblo, porque no han guardado mis caminos sino que han mostrado parcialidad en cuestiones de la ley “.
Malaquías 2:6-9
Los sacerdotes del período del Antiguo Testamento tenían una doble responsabilidad: representar al pueblo en santa
adoración ante el Dios vivo, y enseñar y aplicar la ley del Señor al pueblo. Eran responsables de ser ejemplo en cuando a conducta y
moral delante de Dios. Los sacerdotes tenían la verdad, pero no la habían guardado y practicado, no habían amonestado al pueblo de
su pecado para que se acercaran a Dios porque ellos estaban igual, además, cuando actuaban como jueces, mostraban parcialidad,
haciendo su pecado peor. En lugar de apartar a muchos del pecado y anunciar la palabra del Señor, se convirtieron en piedras de
tropiezo. En lugar de ser líderes espirituales para el pueblo se hicieron “despreciables y viles ante todo el pueblo”. Todos aquellos que
le sirvamos a Dios en un ministerio debemos comprender la gran responsabilidad que tenemos. Como testigos de su gracia debemos
conducirnos piadosamente cuidando nuestro buen testimonio en todo momento. Debemos desempeñar nuestro ministerio
responsablemente, haciéndolo lo mejor que podamos ya que no le servimos a ningún hombre de esta tierra, sino al Soberano Rey
eterno. También debemos valorar lo que Él nos ha dado, ya que nuestro llamamiento es especial y somos privilegiados al haberlo
recibido.
Malaquías 2:10-17
INTRODUCCION
Al llegar a la mitad del capítulo 2, Malaquías se pasa hoy a amonestar al pueblo por sus pecados. La frialdad espiritual de
Israel estaba acompañada por otros pecados que se habían arraigado entre ellos pero que el Señor desaprueba. En esta sección el
profeta los amonesta acerca de cuatro conductas desagradables para Dios: tratos engañosos, matrimonios con incrédulos, divorcios y
su cinismo.
Los pecados del
pueblo
TRATOS ENGAÑOSOS
“¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos creó un solo Dios? ¿Por qué, pues, profanamos el pacto de nuestros antepasados al
traicionarnos los unos a los otros?”
Malaquías 2:10
Considerando el hecho de que todos los israelitas tenían un antepasado común, Adán según su origen y Abraham según los
lazos consanguíneos, que estaban vinculados a un pacto: “Si ahora ustedes me son del todo obedientes, y cumplen mi pacto, serán mi
propiedad exclusiva entre todas las naciones”, (Éxodo 19:5), y que Dios podía ser considerado como un Padre para ellos, el Señor les
pregunta: ¿Por qué, pues, profanamos el pacto de nuestros antepasados al traicionarnos los unos a los otros? La profanación al pacto
divino radicaba en la forma de cómo trataban a sus hermanos: con extrema deslealtad y fraude. La palabra que se traduce como
traicionar proviene del hebreo bagad ()גַד la cual se empleaba para referirse a tratos engañosos que se realizaban entre las personas lo
cual Dios desaprobaba completamente ya que Él ama la verdad y no puede regocijarse en el fraude: “He aquí, tú amas la verdad en lo
íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”, (Salmo 51:6). Los engaños en uno de los pecados más comunes incluso
dentro del pueblo cristiano ya que generalmente no llegamos a comprender lo terrible que este pecado es delante de Dios. Podemos
cometer este pecado cuando mentimos en nuestros negocios al no vender la pesa exacta, o cuando tergiversamos la información en
nuestra empresa para vernos bien o sacar algún provecho o cuando engañamos a una persona para que no se entere de algo que
estamos encubriendo. Todos debemos vivir como hijos de luz, en verdad como Él es Verdad.
YUGO DESIGUAL
“Judá ha sido traicionero. En Israel y en Jerusalén se ha cometido algo detestable: Al casarse Judá con la hija de un dios extraño,
ha profanado el santuario que el Señor ama. En cuanto al hombre que haga eso, quienquiera que sea, que el Señor Todopoderoso lo
excluya de los campamentos de Jacob, aun cuando le lleve ofrendas”.
Malaquías 2:11-12
Cuando Dios sacó al pueblo de Egipto, y estableció un pacto con ellos en el desierto, una parte del compromiso del pueblo de
Israel era no casarse con personas de otras naciones. ¿Cuál era la razón detrás de esta ley? Dios pidió esto, no por ser racista, sino por
razones espirituales. El término detestable se traduce del hebreo toebá ()ֹו ֵעבָה la cual es una palabra fuerte que indica asco estomacal.
El pueblo había hecho algo tan horrible que la impresión podía enfermar del estómago a alguien; y eso era la unión en yugo desigual.
En el reclamo que Dios hace a Israel por unirse en yugo desigual, encontramos varios principios que explican la prohibición de tal
pecado.
Rompe la Unidad del Pueblo de Dios
El pueblo de Dios es unido, porque tiene un mismo Padre y un mismo Dios. Por lo tanto, Dios espera que su pueblo
reconozca esta unidad, y viva en forma consecuente con ello. Casándose con personas de otras naciones rompe la unidad del pueblo
de Dios, y atenta contra el propósito de Dios de elegir a Israel ya que la mezcla de culturas contamina su vida con costumbres paganas
y los impulsaba a adorar doioses extraños. De igual forma la unión de un cristiano con un incrédulo hace imposible la comunión con
Dios, ya que mientras uno quiere consagrarse al Señor, el otro desea las cosas del mundo, y por ello Pablo dijo:
“No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la
oscuridad? ¿Qué armonía Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común el creyente con un incrédulo? ¿En qué concuerdan el templo de
Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Cómo él ha dicho: Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré
su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por tanto, el Señor añade: Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro, y yo los
recibiré. Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso”.
2 Corintios 6:14-18
Profana el Pacto con Dios
Al salir de Egipto, el pueblo de Israel entró en un pacto con Dios. Una de las cláusulas era no contraer matrimonio con
incrédulo. Al hacerlo, estaban rompiendo el pacto; es decir, estaban yendo en contra de una promesa hecha a Dios.
Ofende Profundamente a Dios
“Judá ha sido traicionero. En Israel y en Jerusalén se ha cometido algo detestable: Al casarse Judá con la hija de
un dios extraño, ha profanado el santuario que el Señor ama”.
Malaquías 2:11
Las expresiones traicionero, detestable y profanado describen el gran disgusto que el Señor sentía por el hecho que los
israelitas se estaban uniendo en matrimonio con naciones paganas a tal punto que habían profanado el mismo santuario de que Dios
tanto amaba. ¡Esto es lo que el yugo desigual causa a Dios!
DESLEALTAD A LAS ESPOSAS Y DIVORCIOS
“Otra cosa que ustedes hacen es inundar de lágrimas el altar del Señor; lloran y se lamentan porque él ya no presta atención a sus
ofrendas ni acepta de sus manos con agrado. Y todavía preguntan por qué. Pues porque el Señor actúa como testigo entre ti y
la esposa de tu pacto. ¿Acaso no hizo el Señor un solo ser, que es cuerpo y espíritu? Y ¿Por qué es uno solo? Porque busca
descendencia dada por Dios. Así que cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la esposa de su juventud. Yo aborrezco
el divorcio –Dice el Señor, Dios de Israel -, y al que cubre de violencia sus vestiduras, dice el Señor Todopoderoso. Así que cuídense
en su espíritu, y no sean traicioneros”.
Malaquías 2:13-16
Dios inicia un nuevo reclamo al pueblo de Israel, ellos se preguntaban por qué el Señor no aceptaba con agrado sus ofrendas
que presentaban y hasta inundaban su altar con lágrimas y quejidos. El Señor les responde: “Y todavía preguntan por qué”. La razón
del disgusto del Señor es obvia: “Pues porque el Señor actúa como testigo entre ti y la esposa de tu pacto”. Posiblemente el pueblo de
Israel no solo se estaba casando con mujeres de otras nacionalidades, sino también estaban traicionando a su propia esposa dándole
carta de divorcio para poder consumar el otro matrimonio.
“¿Acaso no hizo el Señor un solo ser, que es cuerpo y espíritu? Y ¿Por qué es uno solo? Porque busca descendencia dada por
Dios. Así que cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la esposa de su juventud. Yo aborrezco el
divorcio –Dice el Señor, Dios de Israel -, y al que cubre de violencia sus vestiduras, dice el Señor Todopoderoso. Así que cuídense
en su espíritu, y no sean traicioneros”.
Malaquías 15-16
Mientras más aumenta el porcentaje de divorcios en una nación, más mira Dios la situación como un escándalo nacional.
Ese parece ser el sentido de las palabras de Malaquías con respecto al divorcio. Aparentemente, en Judá después del cautiverio, una
cantidad considerable de esposos estaba portándose deslealmente al divorciarse de sus mujeres. Esta traición involucra una
retractación de sus votos matrimoniales, pero también representaba una traición para el Señor. En el Nuevo Testamento este sigue
siendo un tema controversial ya que lamentablemente la tasa de divorcio ha crecido no solo entre los incrédulos, sino entre la iglesia
incluyendo sus ministros. Nuestro Señor Jesús toco este tema durante su ministerio:
“Algunos fariseos se le acercaron y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: ¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa
por cualquier motivo? ¿No han leído ̶ replico Jesús ̶ que en el principio el Creador los hizo hombre y mujer, y dijo: Por eso dejará
el hombre a su padre y madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo? Así que ya no son dos, sino uno solo.
Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Le replicaron: ¿Por qué, entonces, mando Moisés que un hombre le
diera a su esposa certificado de divorcio y la despidiera? Moisés les permitió divorciarse de su esposa por lo obstinados que son ̶
respondió Jesús ̶. Pero no fue así desde el principio. Les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, el que se divorcia de su
esposa, y se casa con otra, comete adulterio”.
Mateo 19:3-9
El plan original de Dios es que lo que Él ha unido nada lo separe, en ningún momento el alentaría el divorcio, sin embargo,
muchos ven una excepción en este versículo, único en toda la Biblia, donde dice: Les digo que, excepto en caso de infidelidad
conyugal, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio. Esto no significa que debemos tomar este versículo
como una salida para los problemas matrimoniales, el deseo de Dios es que luchemos por preservar nuestro matrimonio. Malaquías
habló claramente acerca de la actitud de Dios hacia el divorcio. El profeta advirtió claramente: cuídense en su espíritu. Una actitud
ligera hacia el divorcio era un síntoma del problema en la actitud del corazón de la persona hacia el Señor.
EL CINISMO DEL PUEBLO
“Ustedes han cansado al Señor con sus palabras. Y encima preguntan: ¿En qué lo hemos cansado? En que dicen: Todo el que hace
lo malo agrada al Señor, y él se complace con ellos, y murmuran: ¿Dónde está el Dios de justicia?”.
Malaquías 2:17
Llegamos al final del capítulo 2 y cierra la sección de los pecados del pueblo con otra pregunta que ellos hacían y que no era
más que un retrato de su indiferencia espiritual: ¿En qué lo hemos cansado? Dios está cansado de la gente que, en lugar de someterse
a Él, discute en contra de su voluntad justificando su actitud pecaminosa con su errada conclusión: Todo el que hace lo malo agrada
al Señor, y él se complace con ellos. Esta era una manera hablar en contra de Dios expresando su disgusto al no ver las respuestas que
tanto estaban esperando: la restauración del reino de Israel Ellos decían: Es mejor ser malo ya que nadie saca provecho de ser justo y
a los impíos les va mejor. Ante las injusticias de la vida decían de manera sarcástica: ¿Dónde está el Dios de justicia? Cuando llegue
la justicia, lamentarán haber hecho ese tipo de planteamientos.