Cuentos y Parábolas
Cuentos y Parábolas
– Espera, le interrumpió el filósofo. ¿Ya hiciste pasar por las tres puertas lo que
vas a contarme?
– ¿Qué tres puertas?
– Sí, la primera es la verdad ¿Estás seguro que es totalmente cierto lo que vas
a decirme?
– No, al contrario.
– No, no es necesario.
Los chicos consiguieron que el hombre sabio los recibiera, el que sostenía al
pájaro le preguntó: “Hombre sabio, ¿el pájaro está vivo o muerto?”
El Obstáculo en el Camino
Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Se
escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda piedra. Algunos
pasaron simplemente dando una vuelta. Muchos culparon al rey por no
mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo nada para sacar la piedra
del camino.
Un campesino, que pasaba por allí con una carga de verduras, la vio. Al
aproximarse a ella, puso su carga en el piso y trato de mover la roca a un lado
del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, con gran esfuerzo, lo logró.
Mientras recogía su carga de vegetales, vio una bolsa en el suelo, justo donde
había estado la roca.
La bolsa contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey diciendo
que el oro era la recompensa para la persona que removiera la piedra del
camino.
El campesino aprendió ese día que cada obstáculo puede estar disfrazando
una oportunidad.
Compartiendo la luz
Uno de los discípulos preguntó a Hu-Song: ¿Qué nos enseña, maestro, este
relato?
Y Hu-Song contestó: Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no
la compartimos con el prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz
no la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer.
El sembrador de dátiles
-¿Qué haces aqui, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
-¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la
mayor estupidez.
-El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. ven, deja esa tarea y vamos a
la tienda a beber una copa de licor.
-No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé.. lo he olvidado… pero eso, ¿qué
importa?
-Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién
después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no
estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú
sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras.
Deja eso y ven conmigo.
-Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con
probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los
dátiles que hoy planto… y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido,
vale la pena terminar mi tarea.
-Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de
monedas esta enseñanza que hoy me diste – y diciendo esto, Hakim le puso en
la mano al viejo una bolsa de cuero.
El proceso de la búsqueda
Al final del campo donde vivía Hu-Song había un barranco. Para pasar al otro
lado, en el que había un hermoso prado y una fuente de aguas claras, la gente
debía bajar trabajosamente para subir luego una pendiente muy empinada.
Todos los días Hu-Song tomaba unos guijarros y los lanzaba al fondo del
barranco.
-¿Para qué haces eso, maestro? -le preguntó uno de sus discípulos-. Y
respondió Hu-Song: -Es mi aporte para reducir el abismo que nos separa de lo
que deseamos. Si todos hacemos lo mismo, si nuestros hijos y nietos también
lo hacen, alguna vez el barranco quedará cubierto y los hombres podrán
disfrutar sin fatigas de lo que ahora nosotros debemos sufrir para gozar. Mis
guijarros son pequeños ya que no puedo cargar los grandes, pero gracias a
ellos la fuente y el prado están cada día más cerca”.
Posición de responsabilidad
De pronto uno de ellos vio que un pequeño picaflor hacía algo extraño. Con su
pequeño pico tomaba agua del río, volaba hasta el incendio y dejaba caer
gotitas de agua sobre las llamas.
El picaflor los miró y les contestó: yo, simplemente, estoy haciendo mi parte.
Al entender su actitud cada animal comenzó a juntar agua del río y llevarla de
alguna manera hacia el incendio hasta apagarlo.
Proacción
Ocurre que había que terminar un trabajo muy importante para el día siguiente
El resultado fue que TODOS creía que lo haría CUALQUIERA y NADIE se dio
cuenta de que ALGUIEN no lo haría.
Elecciones
Jerry era el tipo de persona que uno no puede dejar de amar. Siempre estaba
de buen humor y tenía algo positivo para decir. Era un motivador natural: Si
alguien tenía un mal día, Jerry estaba ahí para decirle como ver el lado positivo
de la situación.
Y el respondió: Cada vez que sucede algo malo, me digo a mi mismo: Jerry
tienes dos opciones: puedes escoger entre ser una víctima o aprender de eso;
elijo aprender. Cada vez que alguien se queja, puedo aceptar su queja o puedo
ensenarle el lado positivo de lo que trae; elijo buscar el lado positivo”
Varios años más tarde, me entere que Jerry había sido baleado en un asalto.
Me encontré con él seis meses después del accidente y cuando le pregunte
como estaba, me respondió: mejor imposible.
Puntos de vista
Un relato de origen chino describe la vida de un campesino que era
considerado muy próspero porque era dueño de un caballo que utilizaba para
arar la tierra y trasladarse.
Un día un rayo rompió la entrada del corral y el animal se escapó. Los vecinos
al enterarse fueron a verle apenados por la pérdida diciéndole: “qué mala suerte
ha tenido vecino, de no ser por esta tormenta no habría perdido su único
caballo”. El campesino simplemente dijo: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? Solo
son puntos de vista”.
Al día siguiente, el hijo del campesino trató de montar a uno de los caballos
salvajes; el animal lo tiró y el joven se quebró una pierna. Debió ser entablillado
y se le indicó guardar cama por un par de meses. Naturalmente todos los
vecinos ofrecieron su consuelo por la mala fortuna. Y el campesino nuevamente
dijo:
Una semana más tarde, los oficiales de reclutamiento llegaron al lugar para
alistar a los jóvenes para el ejército ya que se había desatado una guerra en las
fronteras de la China. Ellos rechazaron al hijo del campesino porque tenía la
pierna fracturada. Cuando los vecinos le dijeron lo afortunado que era porque
su hijo no había sido alistado, el campesino contestó: “¿Buena suerte? ¿Mala
suerte? Solo son puntos de vista”
Declaraciones
“Necesito agua”, pensó. Este debe ser un lugar donde el agua abunda, pensaba
mientras imaginaba con todo detalle el agua recorriendo su garganta reseca.
Abrió los ojos y vio que, en efecto, muy cerca había un estanque de agua clara.
Bebió hasta saciarse y siguió con sus fantasías: ” Un poco de pan, un jergón
donde descansar mis huesos molidos, un abrigo para el frío de la noche…” Uno
a uno los pensamientos de su mente se concretaban.
Ya adormecido pensó: “No puede ser que todo esto bueno me esté ocurriendo
a mí, debe ser cosa del demonio”. Por cierto el demonio también apareció y le
dio muerte al peregrino. Si en lugar de pensar eso hubiera pensado: “Debo
merecer toda esta abundancia y estoy agradecido por haberla recibido, hoy
estaría vivo.
Ese mismo día otro joven se acercó a beber agua al oasis y viendo al anciano
pregunto: –¿Qué clase de personas viven en este lugar?
“Cada uno de nosotros solo puede ver lo que lleva en su corazón. Aquel que no
encuentra nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra
cosa aquí.
Solo tienes poder sobre la actitud mental y tus creencias y ellas son las que
generan tu espacio de acción. Los pensamientos crean la realidad en que
vivimos.
La increíble Historia de la Milla
Durante miles de años, la gente sostuvo la creencia de que era imposible para
un ser humano, recorrer una milla de distancia en menos de cuatro minutos. En
1954, sin embargo, Roger Bannister rompió esta imponente barrera. Se dispuso
a conseguir lo imposible, no solo mediante una excelente preparación física,
sino también mediante la creación de referencias mentales que lo apoyaran en
la creencia de que esto era posible. Nadie había sido capaz de hacerlo en toda
la historia de la raza humana, pero un año después que Roger rompiera esa
barrera, ya lo habían conseguido treinta y siete competidores.
Había una vez tres árboles en una colina de un bosque. Hablaban acerca de
sus sueños y esperanzas.
El primero dijo:- “Algún día seré un cofre de tesoros. Estaré lleno de oro, plata y
piedras preciosas. Estaré decorado con labrados artísticos y tallados finos;
todos verán mi belleza”.
El segundo árbol dijo: – “Algún día seré una poderosa embarcación. Llevaré a
los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los
rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mí fortaleza, destreza sobre
las aguas y mi poderoso casco”.
Finalmente el tercer árbol dijo: “Yo quiero crecer para ser el más recto y grande
de todos los árboles en el bosque. La gente me verá en la cima de la colina,
mirará mis poderosas ramas y pensarán en el Dios de los cielos, y en cuán
cerca estoy de alcanzarlo. Seré el más grande árbol de todos los tiempos y la
gente siempre me recordará.”
Después de unos años de que los árboles oraran para que sus sueños se
convirtieran en realidad, un grupo de leñadores vino donde ellos estaban.
Cuando uno vio al primer árbol dijo: – “Este parece un árbol fuerte, creo que
podré vender su madera a un carpintero”, y comenzó a cortarlo. El árbol estaba
muy feliz debido a que sabía que el carpintero podría convertirlo en un cofre
para tesoros. El otro leñador dijo mientras observaba al segundo árbol: –
“Parece un árbol fuerte, creo que lo podré vender al carpintero del puerto”. El
segundo árbol se puso muy feliz porque sabía que estaba en camino a
convertirse en una poderosa embarcación. El último leñador se acercó al tercer
árbol; éste estaba muy asustado, pues sabía que si lo cortaban, su sueño
nunca se volvería realidad. El leñador dijo entonces: – “No necesito que el árbol
que corte tenga alguna característica especial, así que tomaré este”. Y cortó al
tercer árbol.
Años más tarde, los árboles olvidaron sus sueños y esperanzas por las que
tanto habían orado. Entonces un día un hombre y una mujer llegaron al
pesebre. Ella dio a luz un niño, y lo colocó en la paja que había dentro del cajón
en que fue transformado el primer árbol. El hombre deseaba haber podido tener
una cuna para su bebe, pero esta cumplía su labor y protegió al bebé. El árbol
sintió la importancia de este acontecimiento y supo que había contenido el más
grande tesoro de la historia.
Cuando parece que las cosas no van de acuerdo a tus planes, debes saber que
siempre Dios tiene un plan para ti. Si pones tu confianza en él, te dará grandes
regalos a su tiempo. Recuerda que cada árbol obtuvo lo que pidió, sólo que no
en la forma en que pensaban. No siempre sabemos lo que Dios planea para
nosotros, sólo sabemos que sus caminos no son nuestros caminos pero…
siempre son los mejores.
El saco de plumas
Cuentan que una vez hubo un hombre, que roído por la envidia ante los éxitos
de su amigo, le calumnió grandemente. Tiempo después se arrepintió de la
ruina que había ocasionado a su amigo con sus calumnias, y fue a confesarse.
Ya una vez en el confesionario y después de haber confesado su pecado,
-pecado grave contra el séptimo Mandamiento, como le dijo el confesor, pues
Usted le ha robado a su amigo, el valor más grande que una persona tiene ante
la Sociedad, como son su dignidad, su reputación, su derecho a la buena fama,
y contra el octavo Mandamiento, pues lo que Usted dijo de él son solo
calumnias-, le preguntó al sacerdote: “¿Como puedo reparar todo el mal que he
hecho a mi amigo?. ¿Que puedo hacer?”. A lo que el sacerdote le respondió:
“Tome un saco llena de plumas y suéltelas por donde quiera que vaya. Y una
vez que lo haya hecho, vuelva que Dios le acompañe.
El hombre, muy contento ante aquel mandato tan fácil, salió rápido fuera de la
Ciudad en busca de una granja, y una vez que hubo conseguido el saco lleno
de plumas, regresó a ella, y sin esperar ni un minuto más, empezó a pasearse
por las calles lanzando al aire, en todas direcciones las plumas que llevaba en
el saco. Y una vez que lo hubo vaciado del todo, volvió a la Iglesia en busca del
sacerdote con el que se había confesado y lleno de satisfacción le dijo: “Padre:
ya he hecho lo que me mandó esta mañana”. Pero cual no fue su sorpresa,
cuando el sacerdote le dijo: “No hijo, esa es la parte más fácil. Ahora debe
volver a las mismas calles en las que las soltó, e ir recogiéndolas una por una,
hasta que vuelva a tener el saco lleno, y luego vuelva a verme”. Y que Dios le
acompañe.
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba. Y por más
empeño que puso no pudo juntar casi ninguna. Al volver a la Iglesia al día
siguiente, se lo explicó al sacerdote con una profunda pena y un verdadero
arrepentimiento, pero éste le dijo: “Así como no pudo juntar las plumas que
Usted soltó porque se las llevó el viento, así mismo la calumnia que Usted lanzo
contra su amigo, voló de boca en boca y su amigo jamás podrá recuperar del
todo la fama, la reputación que Usted le quitó″.
Primero compré Paciencia, el Amor estaba en la misma fila. Más abajo había
Comprensión que se necesita por donde yo vaya. Compré dos cajas de
Sabiduría y dos bolsas de Fe. Me encantó el paquete del Perdón. Me detuve a
comprar Fuerza y Coraje para ayudarme en esta carrera que es la vida. Ya
tenía casi lista la canasta cuando recordé que necesitaba Gracia y que no podía
olvidar la Salvación, que la ofrecían gratis. Entonces tomé bastante para
salvarme y salvarte a ti.
Caminé hacia el cajero para pagar la cuenta; pues creí que tenía todo lo que el
cristiano necesita. Pero cuando iba a llegar a la caja, vi la Oración y la puse en
mi canasta repleta porque sabía que cuando saliera, la iba a usar… La Paz y la
Felicidad estaban en los estantes pequeños, al lado de la caja y aproveché,
para tomarlas.
La Alegría colgaba del techo y, arranqué una para mí. Al fin llegué al cajero y le
pregunté:
¿Cuánto le debo? Él sonrió y me contestó: Lleva tu canasta a donde vayas.
¿Si, pero cuánto le debo?, – le repliqué. Él otra vez me sonrió y me dijo: No te
preocupes JESUS pagó tu deuda hace mucho tiempo. JESUS dice: “he aquí, yo
estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y
cenaré con él y él conmigo”. Apocalipsis 3:2
El plato de madera
El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las
manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.
Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina
del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba
la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos su comida se la
servían en un plato de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba
el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado
solo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos
llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.
El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena,
el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo.
Le pregunto dulcemente: “¿Que estás haciendo?” Con la misma dulzura el niño
le contestó: “Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que
cuando yo crezca, ustedes coman en ellos.” Sonrió y siguió con su tarea. Las
palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin
habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo
al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el esposo tomo gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a
la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupo un lugar en la mesa con
ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa parecían molestarse más,
cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el
mantel.
Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había
trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían
dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.
Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se
le había enturbiado demasiado para hacer una costura recta. Tenía tres hijos
varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan
ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre
una vez por semana.
El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.
— No quieren estar conmigo ahora -se decía- porque tienen miedo de que yo
me convierta en una carga.
Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.
Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un
tintineo.
— Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años -susurraron.
Al fin el anciano padre enfermó y falleció. Los hijos le hicieron un bonito funeral,
pues sabían que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podían
costearse un gasto grande con el viejo. Cuando terminó la ceremonia, buscaron
en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre. Por cierto, lo
encontraron lleno de vidrios rotos.
— ¿Qué triquiñuela infame! -exclamó el hijo mayor-. ¡Qué crueldad hacia sus
hijos!
— Pero, ¿qué podía hacer? -preguntó tristemente el segundo hijo-. Seamos
francos. De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final
de sus días.
— Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor-. Obligamos a
nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento
que él nos enseñó cuando éramos pequeños.
Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera ningún
objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los vidrios en el suelo hasta
vaciar el cofre.
La otra mujer
-Tú sabes que las amas- me dijo un día, tomándome por sorpresa-. La vida es
demasiado corta debes dedicarle tiempo.
La otra mujer, a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, quien era
viuda desde hacía 19 años, pero las exigencias de mi trabajo y mis 3 hijos
hacían que solo la visitara ocasionalmente. Esa noche la llamé para invitarla a
cenar y al cine.
– Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y se mostraron muy
impresionadas -me comentó mientras subía a mi auto-. No pueden esperar a
mañana para escuchar acerca de nuestra velada.
Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mamá estaba sentada
al otro lado de la mesa, y me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en
los labios. – Era yo quien leía el menú cuando eras pequeño – me dijo. –
Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor. Respondí.
Durante la cena tuvimos una agradable conversación; nada extraordinario, sólo
ponernos al día con la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.-
Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar – dijo mi madre cuando la
llevé a casa. Asentí.
-¿Cómo estuvo tu cita? – quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.
– Muy agradable…mucho más de lo que imaginé.. -Contesté.
Días más tarde mi madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no
pude hacer nada.
Al poco tiempo recibí un sobre con copia de un cheque del restaurante donde
habíamos cenado mi madre y yo, y una nota que decía: ” La cena la pagué por
anticipado, estaba casi segura, de que no podría estar allí, pero igual pagué 2
platos uno para ti y el otro para tu esposa, jamás podrás entender lo que
aquella noche significó para mí. Te amo”.
La señora con cara de triunfo, intentó salir de su asiento, pero la azafata en ese
momento de voltea y le dice al hombre de raza negra: “¿Señor, sería usted tan
amable de acompañarme a su nuevo asiento?”. Todos los pasajeros del avión
se pararon y ovacionaron la acción de la azafata. Ese año, la azafata y el
capitán fueron premiados y gracias a esa actitud, la empresa British Airways se
dio cuenta que no le había dado demasiada importancia a la capacitación de su
personal en el área de atención al cliente, la empresa hizo cambios de
inmediato; desde ese momento en todas las oficinas de British Airways se lee el
siguiente mensaje: “Las personas pueden olvidar lo que les dijiste, las personas
pueden olvidar lo que les hiciste, pero nunca olvidarán como los hiciste sentir.”
Depende de la forma
Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar,
mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño.
Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado.
Comé la fruta
El maestro sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los
alumnos no siempre entendían el sentido de la misma…
– Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero
no nos explicas su significado…
Todas las personas, a pesar de no ver nada, alabaron el traje, para demostrar
su capacidad e inteligencia, hasta que un niño gritó !El emperador va desnudo!,
las personas empezaron a murmurar lo que decía el niño, el emperador
escucho y se dio cuenta que era verdad, avergonzado terminó el desfile.
Martín, el zapatero
Cierto día, llegó a casa de Martín un sacerdote, que le encargó, como trabajo,
hacer una funda de cuero para su Biblia. Le dejó el libro, a fin de que tomara las
medidas exactas y así la funda quedara perfecta. Esa noche, después de
cenar, Martín sintió curiosidad por hojear la Biblia: la abrió al azar, y comenzó a
leer: “Venid, benditos de mi Padre…” (Mt 25,31-46). Notó que poco a poco
desaparecía su enojo contra Dios. Recordó a su mujer, a su hijito… Largo rato
estuvo leyendo. Cansado al fin de la lectura y del trabajo del día, se quedó
dormido sobre la mesa. Tan dormido, que hasta soñó… ¡Y qué sueño!
Martín estaba cada vez más impaciente. Su invitado no acababa de llegar. Miró
por la ventana de su casa, y vio a un niño de la calle, con su ropa toda rota y
sucia. Martín abrió un cajón en el que guardaba la ropita que había sido de su
pequeño, tomó las prendas más bonitas, salió y se las dio al niño de la calle,
que las aceptó con una sonrisa de felicidad. Martín entró nuevamente en su
casa y siguió preparándolo todo.
Así pasó todo el día. Al llegar la noche, cansado y decepcionado, se sentó y se
durmió. Y nuevamente soñó…
— ¡¿Cómo que te fallé?! ¿No fui a tu casa? Y no una, sino ¡tres veces! Martín,
¿no me reconoces?
— Soy yo —dijo la voz. Y del oscuro rincón surgió la figura del anciano
exhausto del camino; sonrió y, como una nube, se desvaneció.
— Soy yo —volvió a decir la voz. Y de las sombras salió la mujer con el bebé
en brazos. Sonrió la madre, rió el niño; y poco a poco también se esfumaron.
— Soy yo —dijo la voz, por tercera vez. El niño harapiento emergió de las
sombras, sonrió y se diluyó igualmente en la penumbra.
Parábolas:
“El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en
su campo. Pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró
cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, entonces
apareció también la cizaña. Se acercaron los siervos al dueño del campo y le
preguntaron: ‘Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde,
pues, tiene cizaña?’ Y él les dijo: ‘Un hombre enemigo ha hecho esto.’ Los
siervos le dijeron: ‘Entonces, ¿quieres que vayamos y la recojamos?’ Pero él
dijo: ‘No; no sea que al recoger la cizaña arranquéis con ella el trigo. Dejad
crecer a ambos hasta la siega. Cuando llegue el tiempo de la siega, yo diré a
los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla.
Pero reunid el trigo en mi granero.’”
Cualquiera, pues, que oye estas mis palabras, y las hace, le compararé a un
hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Y descendió lluvia, y
vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó,
porque estaba fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas mis palabras y no
las hace, será comparado al hombre insensato, que edificó su casa sobre la
arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con
ímpetu contra aquella casa; y cayó; y fue grande su ruina.
Porque a todo el que tenga se le dará y abundará; pero a quien no tiene, aun lo
que tiene se le quitará. En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas
exteriores: allí será el llanto y el rechinar de dientes”
“Un hombre tenía dos hijos. El más joven de ellos dijo a su padre: Padre, dame
la parte de la herencia que me corresponde. Y les repartió los bienes. No
muchos días después, el hijo más joven, reuniéndolo todo, se fue a un país
lejano y malgastó allí su fortuna viviendo lujuriosamente. Después de gastar
todo, hubo una gran hambre en aquella región y él empezó a pasar necesidad.
Fue y se puso a servir a un hombre de aquella región, el cual lo mandó a sus
tierras a guardar cerdos; le entraban ganas de saciarse con las algarrobas que
comían los cerdos; y nadie se las daba. Recapacitando, se dijo: ¡cuántos
jornaleros de mi padre tienen pan abundante mientras yo aquí me muero de
hambre! Me levantaré e iré a mi padre y le diré: padre, he pecado contra el
Cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno
de tus jornaleros. Y levantándose se puso en camino hacia la casa de su padre.
Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se compadeció; y corriendo a su
encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Comenzó a decirle el hijo:
Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo
tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: pronto, sacad el mejor traje y vestidlo;
ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y
matadlo, y vamos a celebrarlo con un banquete; porque este hijo mío estaba
muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado. Y se
pusieron a celebrarlo.
“Escuchad, pues, la parábola del sembrador. Todo el que oye la palabra del
Reino y no entiende, viene el maligno y arrebata lo sembrado en su corazón:
esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno rocoso es el
que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino
que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la
palabra, enseguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la
palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas
sofocan la palabra y queda estéril. Por el contrario, lo sembrado en buena tierra
es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el
sesenta, o el treinta”
“Se le acercaban todos los publicanos y pecadores para oírle. Pero los fariseos
y los escribas murmuraban diciendo: Este recibe a los pecadores y come con
ellos. Entonces les propuso esta parábola: ¿Quién de vosotros, si tiene cien
ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de
la que se perdió hasta encontrarla? Y, cuando la encuentra, la pone sobre sus
hombros gozoso, y, al llegar a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice:
Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me perdió. Os digo
que, del mismo modo, habrá en el Cielo mayor alegría por un pecador que hace
penitencia que por noventa y nueve justos que no la necesitan”
La parábola del tesoro escondido (Mateo 13:44)
“El Reino de los Cielos es semejante a una red que, echada en el mar, recoge
todo clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y sentándose
echan lo bueno en cestos, mientras lo malo lo tiran fuera. Así será el fin del
mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los
arrojarán al horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes”
Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
El fariseo, quedándose de pie, oraba para sus adentros: Oh Dios, te doy gracias
porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como
ese publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que
poseo. Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar
sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios ten
compasión de mí que soy un pecador. Os digo que éste bajó justificado a su
casa, y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que
se humilla será ensalzado”
“El Reino de los Cielos es semejante al grano de mostaza que tomó un hombre
y lo sembró en su campo; es ciertamente la más pequeña de todas las semillas,
pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a ser como un
árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas”
“El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que toma una mujer y
mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta”
“¿Qué mujer, si tiene diez dracmas y pierde una, no enciende una luz y barre la
casa y busca cuidadosamente hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne
a las amigas y vecinas diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he encontrado la
dracma que se me perdió. Así, os digo, hay alegría entre los ángeles de Dios
por un pecador que se arrepiente”
Parábola de los obreros de la hora undécima (Mateo 20,1-15)
“El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo,
y envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían
acudir. Nuevamente envió a otros criados ordenándoles: Decid a los invitados:
mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis
terneros y reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas. Pero ellos sin
hacer caso, se marcharon uno a sus campos, otro a sus negocios; los demás
echaron mano a los siervos, los maltrataron y dieron muerte. El rey se
encolerizó y, enviando a sus tropas, acabó con aquellos homicidas y prendió
fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: las bodas están preparadas pero
los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y llamad a
las bodas a cuantos encontréis. Los criados, saliendo a los caminos, reunieron
a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala
de bodas. Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no
vestía traje de boda; y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de
boda? Pero el se calló. Entonces dijo el rey a sus servidores: Atadlo de pies y
manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de
dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”
El que ama debe cuidar ese amor para que no se pierda y para que aumente el
calor y el fuego. “Tened ceñidas vuestras cinturas y las lámparas encendidas, y
estad como quienes aguardan a su amo cando vuelve de las nupcias, para
abrirle al instante en cuanto venga y llame. Dichosos aquellos siervos a los que
al volver su amo los encuentre vigilando. En verdad os digo que se ceñirá la
cintura, les hará sentar a la mesa y acercándose les servirá. Y si viniese en la
segunda vigilia o en la tercera, y los encontrase así, dichosos ellos. Sabed esto:
si el dueño de la casa conociera a qué hora va a llegar el ladrón, no permitiría
que se horadase su casa. Vosotros, pues, estad preparados, porque a la hora
que menos pensáis viene el Hijo del Hombre” (Lc). Si la espera es corta, es fácil
estar atento a la llegada de Dios. Si se alarga, se puede debilitar la vigilancia;
entonces entran las tentaciones y las componendas con el maligno. Es más
fácil luchar una hora que mil, pero si se lucha cada hora como si fuese la última
parece más fá[Link] discípulos se inquietan por los peligros. “Y le preguntó
Pedro: Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos? El Señor
respondió: ¿Quién piensas que es el administrador fiel y prudente, a quien el
amo pondrá al frente de su casa, para dar a tiempo la ración adecuada?
Dichoso aquel siervo, al que encuentre obrando así su amo cuando vuelva. En
verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel siervo
dijera en sus adentros: mi amo tarda en venir, y se pusiera a golpear a los
criados y criadas, a comer, a beber y a emborracharse, llegará el amor de aquel
siervo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará duramente y le
dará el pago de los que no son fieles. El siervo que, conociendo la voluntad de
su amo, no fue previsor ni actuó conforme a la voluntad de aquél, será muy
azotado; en cambio, el que sin saberlo hizo algo digno de castigo, será poco
azotado. A todo el que se le ha dado mucho, mucho se le exigirá, y al que le
encomendaron mucho, mucho le pedirán” (Lc). Ellos han recibido mucho y
grande es su responsabilidad. El hecho de que Dios respete la libertad de las
personas y a veces parezca ausente, precisamente para no coartar esa
libertad, no significa que no lo sepa todo; al final Él va a pedir cuenta de las
acciones de cada uno. Los discípulos, además de su vida personal son
administradores de las cosas de Dios y, al tener gran responsabilidad, también
tendrán gran exigencia.
“Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y cada día
celebraba espléndidos banquetes. Un pobre, en cambio, llamado Lázaro, yacía
sentado a su puerta, cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la
mesa del rico. Y hasta los perros acercándose le lamían sus llagas. Sucedió,
pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán;
murió también el rico y fue sepultado. Estando en el infierno, en medio de los
tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno;
y gritando, dijo: Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que
moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy
atormentado en estas llamas. Contestó Abrahán: Hijo, acuérdate de que tú
recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora, pues, aquí
él es consolado y tú atormentado. Además de todo esto, entre vosotros y
nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que quieren
atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de ahí a nosotros. Y
dijo: Te ruego entonces, padre, que le envíes a casa de mi padre, pues tengo
cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también a este lugar de
tormentos. Pero replicó Abrahán: Tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los
oigan! El dijo: No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a
ellos, se convertirán. Y les dijo: Si no escuchan a Moisés y a los Profetas,
tampoco se convencerán aunque uno de los muertos resucite”
“Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron
sus lámparas salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco
prudentes; pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite;
las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus
alcuzas. Como tardase en venir el esposo les entró sueño a todas y se
durmieron. A medianoche se oyó vocear: ¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su
encuentro! Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus
lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: dadnos de vuestro aceite porque
nuestras lámparas se apagan. Pero las prudentes les respondieron: Mejor es
que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para
vosotras y nosotras. Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que
estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Luego
llegaron las otras vírgenes diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Pero él les
respondió: En verdad os digo que no os conozco. Vigilad, pues, porque no
sabéis el día ni la hora”
“Cierto hombre que era propietario plantó una viña, la rodeó de una cerca y
cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se
marchó de allí. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus criados a
los labradores para percibir sus frutos. Pero los labradores, agarrando a los
criados, a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo lapidaron. De nuevo
envió a otros criados en mayor número que los primeros, pero hicieron con ellos
lo mismo. Por último les envió a su hijo, diciéndose: A mi hijo lo respetarán.
Pero los labradores, al ver al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero. Vamos,
matémoslo y nos quedaremos con su heredad. Y, agarrándolo, lo echaron fuera
de la viña y lo mataron. Cuando venga el duelo de la viña, ¿qué hará con
aquellos labradores? Le contestaron: A esos malvados les dará una mala
muerte, y arrendará la viña a otros labradores que les entreguen los frutos a su
tiempo. Jesús les dijo: ¿Acaso no habéis leído en las Escrituras: La piedra que
rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser la piedra angular. Es el
Señor quien ha hecho esto y es admirable a nuestros ojos? Por esto os digo
que os será quitado el Reino de Dios y será dado a un pueblo que rinda sus
frutos. Y quien caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y sobre quien ella
caiga, lo aplastará. Al oír los príncipes de los sacerdotes y los fariseos sus
parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Y aunque querían prenderle,
tuvieron miedo a la multitud, porque lo tenían como profeta”