Immanuel Kant.
Es el autor que propone comenzar a pensar el comienzo de nuestro pensar contemporáneo
Darío Sztajnszrajber).
Genera una transformación radical en la forma en que el ser humano occidental viene
comprendiendo filosóficamente lo real, rompiendo el paradigma de la tradición aristotélica.
La revolución kanteana consiste en modificar la manera en que pensamos la relación entre el
sujeto y el objeto.
En su primer libro “Crítica de la razón pura”, pone a la razón en un lugar de análisis,
determinando sus límites y posibilidades, intentando responder a una pregunta: ¿Qué
podemos conocer?
Él se encuentra en medio de una lucha encarnizada entre el Racionalismo (Conceptos puros -
Wolff) y el Empirismo (Intuición sensible - Hume).
Para Kant ambos sistemas terminan en aporías (paradoja o dificultad lógica insuperable).
El racionalismo, dice, desemboca en una metafísica dogmática: teoriza sin haber examinado el
instrumento que utiliza, “la razón” (desconoce los límites de la razón).
El empirismo termina en un escepticismo radical que pone en cuestión el fundamento de la
ciencia y de la moral (niega la posibilidad de cualquier conocimiento universal y necesario).
Esto era inadmisible para Kant, defensor de la física y del deber moral universal e ineludible.
Por ello intenta una síntesis entre el racionalismo y el empirismo para fundamentar con éxito
el conocimiento científico (contra Hume) y marcar los límites de la razón (contra Wolff).
Habla también de los tipos de juicios en que se basan el racionalismo y el empirismo, pero
propone un tercer juicio que será esta fusión de la que se viene hablando.
- Juicio analítico: el predicado está contenido en el concepto del sujeto: “Un
cuadrilátero tiene cuatro lados”. Son juicios a priori, independientes de la experiencia.
Son a su vez universales y necesarios pero no añaden conocimiento ya que el
predicado está contenido en el sujeto. Son explicativos.
- Juicio sintético: el predicado no está en el sujeto y por ello se conoce algo nuevo que
no conocía antes de conocer al sujeto. “Las computadoras reemplazarán al hombre”.
Son juicios extensivos y empíricos o a posteriori (se fundamentan en la experiencia).
Por ser a posteriori, no se puede esperar de ellos que sean universales ni necesarios
sino contingentes y particulares (por provenir de la experiencia).
El problema del juicio analítico es que no añade conocimiento y el del sintético es que es
contingente y particular por lo que ninguno de estos dos juicios sirve para fundamentar una
ciencia debido a que pretende añadir conocimiento universal y necesario.
Por esto Kant vislumbra la posibilidad de elaborar Juicios Sintéticos a priori.
- Juicio sintético a priori: aportan información pero universal y necesaria. “todo lo que
ocurre tiene una causa”.
Si bien el sujeto proviene de la experiencia, su relación con el predicado es a priori,
universal y necesaria.
Recordemos para para Aristóteles la realidad estaba formada por dos principios constitutivos:
Materia y Forma. Al conocer, el ser humano separa o abstrae la forma de la materia, de modo
que lo que conoce es la forma. Esta forma está en la cosa y la hacer ser lo que es. Si pensamos
en las innumerables variantes de árboles concretos, nuestro pensamiento abstrae la forma de
árbol. Se presentaba como una relación lineal o de autonomía entre el Sujeto y el Objeto.
Pero esta forma es algo de la realidad que conocemos, que descubrimos. Hume dice que este
proceso de abstracción no es posible y que no se puede sacar nada universal y necesario de lo
empírico. No hay forma que abstraer en lo empírico sino que es simplemente producto de un
hábito mental.
Kant acepta la crítica de base: “No hay forma en lo empírico” pero para él, lo formal proviene
de otra fuente.
La forma proviene de las categorías del sujeto. A la materia la aporta la realidad, el noúmeno, a
través de la ventana de las intuiciones empíricas.
Por tanto ni las categorías solas son conocimiento ni lo empírico solo es conocimiento sino que
en el encuentro entre ambos se produce el conocimiento.
Por tanto, Intuición (sensible) y concepto constituyen los dos elementos de todo nuestro
conocimiento, de modo que ni los conceptos sin una intuición correspondiente ni la intuición
sin conceptos pueden dar conocimiento.
Sin la sensibilidad ningún objeto nos sería dado y sin el entendimiento ningún objeto sería
pensado. Los pensamientos sin contenido serían vacíos y las intuiciones sin conceptos serían
ciegas. Con esto, Kant quiere expresar la necesidad de hacer los conceptos sensibles (añadirles
el objeto en la intuición) como hacer a las intuiciones inteligibles (someterlas a conceptos).
Para el autor, la forma no es algo que viene dado de la realidad sino es algo que viene del
sujeto, que pone el sujeto a los datos caóticos que le llegan a través de los sentidos.
Para Kant materia y forma son el compuesto constituyente no de lo real sino del objeto de
conocimiento.
Por esto, la forma ya no es un modo de ser de un objeto sino modos de conocer del sujeto,
estructuras de acceso al noúmeno. Al final, lo que el sujeto conoce en las cosas es aquello que
él mismo ha puesto en ellas.
La realidad en sí misma nos es desconocida porque no tenemos acceso directo a ella. No
conocemos el noúmeno sino el fenómeno que es precisamente esta combinación de materia
y forma.
Todo nuestro pensamiento está predeterminado por nuestras estructuras de conocimiento y
no tenemos un acceso puro o incontaminado al noúmeno.
La realidad que nos es dada en las intuiciones empíricas es informe y caótica, por tanto es el
sujeto quién la ordena según sus leyes internas.
Las categorías, entonces, no son determinaciones o propiedades que pertenezcan a los objetos
mismos sino formas de nuestro modo de percibir los fenómenos.
En resumen, la forma no es algo de la realidad sino algo que ponemos nosotros, que proviene
de nuestro psiquismo. Es la contribución del sujeto al objeto de conocimiento.
Por esto, cuando Kant habla de conocimiento, hace referencia al producto del encuentro entre
lo empírico o material que proviene del noúmeno, siéndonos dado por las intuiciones sensibles
y lo formal que proviene de sujeto, de su estructura interna.
El conocimiento surge de la fusión entre Razón y Experiencia (del encuentro entre categorías
del pensamiento e intuiciones sensibles).
Kant observa que las impresiones de la realidad objetiva provocan en nuestros sentidos la
percepción de un material caótico y bruto. Para que se puedan comprender, han de ordenarse
en secuencias temporales (según, antes, ahora, después) y en esquemas espaciales (según las
tres dimensiones). Solamente después de ese ordenamiento, esas impresiones pueden ser
captadas en forma de percepciones o apercepciones. Kant establece su tabla de categorías
sobre la base de la tabla de juicios, que eran usuales en los manuales de lógica de la época, y
que tienen una función fundamental en el conocimiento. Para Kant, las categorías son
condiciones que el entendimiento requiere para la unidad sintética del pensamiento, pues la
experiencia es conocimiento por enlace de percepciones y estos enlaces son ordenados por los
conceptos primordiales a priori que no contienen nada empírico, sino que son las condiciones
para una experiencia posible. La importancia de las categorías es capital para el pensamiento
kantiano: son el sostén de todo el edificio conceptual estructurado en la Crítica.
Las tablas de juicios antes citadas de los manuales de lógica sobre las que Kant elabora sus
categorías, son:
1. de la cantidad: unidad, pluralidad, totalidad.
2. de la cualidad: realidad, negación, limitación.
3. de la relación:
4. de la inherencia y subsistencia (sustancia y accidente),
5. de la causalidad y dependencia (causa y efecto),
6. de la comunidad (interacción entre el agente y el paciente).
7. de la modalidad: posibilidad-imposibilidad, existencia-inexistencia, necesidad-
contingencia.
A propósito de la relación entre la tabla de juicios y las categorías se ha planteado que "la
correspondencia entre estas categorías y los tipos de juicio no es demostrada en detalle por
Kant. Aunque es evidente en el caso del título de la modalidad, es bastante dudosa en los otros
casos".
Las categorías propuestas por Kant han tenido muchísima influencia en autores posteriores.
Con Kant las categorías cambian radicalmente de sentido y pasan a ser entendidas como:
Formas puras: Sin contenido empírico, no reflejan ninguna característica de los objetos
empíricos. Son estas "formas puras" las condiciones de posibilidad de la constitución
del objeto.
Formas necesarias: Para lograr el conocimiento racional y científico. Son condiciones
de posibilidad de ese conocimiento.
Formas subjetivas: A priori, ya que son patrimonio previo de todo entendimiento
humano, o sea, de lo que Kant llama el “yo trascendental”.
Podríamos afirmar que para Kant comprender es un acto subjetivo, hacemos ingresar al Objeto
a las posibilidades que tiene la subjetividad de comprenderlo.
Por tanto, una idea un poco aterradora es que no existe una objetividad ingenua, siempre va a
estar subjetivada por nuestras estructuras. Pero todos los seres humanos compartimos una
misma estructura de entendimiento y esto nos permite hablar de algo objetivo pero no que
tiene su realidad en las cosas sino que la objetividad sería una intersubjetividad (convenciones
consensuadas).
No estamos en condiciones de afirmar nada sobre la realidad en sí misma sino a partir de la
construcción que hace el sujeto del objeto.
Por tanto, si el sentido de las cosas es una relación de subjetividad que va constituyendo las
formas o los sentidos de la realidad, entonces un consenso se puede volver una imposición.
A modos de apreciación personal, Kant sembraría con esta idea los pilares fundantes de la
Semiótica que luego desarrollará Charles Sanders Peirce.
Otro de los conceptos fundamentales del pensamiento de Kant es el de la ética. Una ética que
pone el acento en la obligación, en el deber ser (Sollen sein). De hecho, Lacan habla de la ética
kantiana como una relación sádica porque ese deber se opone al deseo y también debe ir
contra el propio interés. Lo que debo hacer, si es ético, debe ir contra mi propio interés. Se
elevan tanto los ideales y lo que debo hacer que entra en colisión con los intereses y con los
deseos y esto marca los límites del sujeto. Pero ese deber ser, en realidad nunca se puede
realizar. Es utópico. Por eso Kant lo llama idea regulativa. Cuestiones que guían la vida y que el
sujeto se las tiene que proponer pero no las va a realizar.
Pero este deber tiene su fundamento en la preservación misma de la humanidad y, en
particular, de la sociedad. Por lo que siempre supone al ideal como lo más elevado, de alguna
manera (la preservación de la humanidad, la unión de la sociedad, etc.). Para ello es necesaria
una suspensión de los propios intereses en pos de un bien mayor. Se debe aspirar a algo que
se sabe que no se va a poder ser. Tal vez de ahí, Kant divide al mundo entre lo que hay y lo
que debe ser. El mundo deontológico (de lo que debe ser) y el mundo ontológico (el que
hay).
Esto plantea una visión crítica frente a lo que hay. Y esta cuestión superyóica, este deber ser,
es lo que nos permite estar incómodos frente a lo que nos ocurre.
El deber moral tiene que ver con la capacidad de salirse de uno mismo. Obliga a tener juicios
universales para todo el mundo, evitando favoritismo, discriminación y cualquier tipo de
desigualdad. Siempre con una imparcialidad y rigurosidad fría. No mezclar lo que hay con lo
que debe ser.
Esta ética se funda en lo que Kant denominó “el Imperativo categórico” (metafísica de las
costumbres). Consiste en cualquier proposición que declara a una acción (o inacción) como
necesaria. Denota obligación absoluta e incondicional, y en todas las circunstancias ejerce su
autoridad, ya que es autosuficiente y no necesita justificación externa.
En el fondo hasta un niño sabe lo que está mal y lo que está bien, pero elegimos hacerlo o no.
Para esto compendia todas las leyes y las resume en una única “Ley básica de la razón pura
práctica”, o simplemente ley moral: “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre
pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal”.