¿Qué hace a una vivienda sostenible?
¿Qué elementos se
consideran para definirla como tal?
La Nueva Agenda Urbana parte de reconocer a la vivienda como elemento central de los
Objetivos de Desarrollo Sostenible, en donde se promuevan políticas que respalden el
derecho a una vivienda adecuada, que sea segura, accesible y asequible, considerando los
principios de la inclusión social y se tengan fuertes vínculos con la educación, la salud y el
trabajo
La vivienda sostenible es aquella que cuenta con condiciones físicoarquitectónicas y de
equipamiento tecnológico que favorecen su durabilidad y seguridad estructural, la
eficiencia energética, el confort, la salud y el adecuado desarrollo de sus habitantes, además
de estar adaptada a su contexto cultural y ambiental.
Cuenta a su alrededor con servicios, equipamientos e infraestructuras urbanas con
suficiente cobertura y calidad; posee una localización libre de riesgos que le permite a sus
residentes acceder a oportunidades de educación, salud, empleo, recreación y otros
satisfactores necesarios para tener una vida digna; y garantiza la seguridad de tenencia a
sus habitantes.
La vivienda sostenible es aquella en cuyo proceso de edificación se hace uso de materiales
de bajo impacto ambiental, se garantiza el cuidado de los recursos naturales, el manejo y la
apropiada disposición final de sus residuos sólidos.
Durante su construcción se promueve el derecho al trabajo decente de quienes participan
en todo el proceso de edificación. Todo esto a un costo que sea asequible para cualquier
grupo de población, en especial para aquellos en condiciones de vulnerabilidad.
Viviendas y mejoramiento de asentamientos precarios
La rápida urbanización actual ejerce presión sobre la vivienda y el uso del suelo. Para el
2030, cerca de 3,000 millones de personas o el 40% de la población del mundo necesitarán
tener acceso a viviendas, infraestructura básica y a otros servicios tales como sistemas de
acueducto y saneamiento.
Estas cifras pueden traducirse en la necesidad de construir 96,150 viviendas diarias en
suelos con servicios a partir de este momento y hasta el 2030. Desafortunadamente, y
especialmente en países en vías de desarrollo, el suministro es limitado debido a sistemas
de gobernanza inadecuados, deficiencias en recursos humanos e instituciones y
reglamentaciones obsoletas que no cuentan con suficientes facultades o que no están bien
informados.
En algunas ciudades, hasta el 80% de la población vive en tugurios
Hasta ahora, el fracaso de la planificación urbana y del sector de la construcción, en lo que
se refiere a la demanda de viviendas, se debe a la gran cantidad de trabajos atrasados que
como resultado promueven la creación de asentamientos precarios en diferentes contextos
alrededor del mundo. De hecho, las restricciones de los sistemas de entrega de tierras
y viviendas formales ocasionan que cada vez más personas, que de una u otra forma
calificarían para este tipo de programas de viviendas, opten por asentamientos precarios.
Acceso a viviendas inclusivas, sostenibles y adecuadas para todos
La vivienda es una de las condiciones sociales básicas que determinan la igualdad y la calidad
de vida de personas y ciudades. Factores como el lugar dónde se ubican las viviendas, qué
tan bien están diseñadas y construidas y qué tan bien se entrelazan con el tejido ambiental,
social, cultural y económico influencian el vivir diario de los personas, su salud, su seguridad
y su calidad de vida. Adicionalmente, estos factores afectan tanto las generaciones actuales
como las futuras, dada la vida útil de las viviendas como estructuras físicas.
Por todo esto, la vivienda es un elemento esencial para el desarrollo sostenible. Además, la
vivienda también hace parte de las relaciones entre sociedad y medio ambiente. Por una
parte, la construcción y operación de viviendas consume una gran cantidad de recursos
(suelo, energía, agua, materiales de construcción), al mismo tiempo que contamina el aire
y el agua. Por otra parte, las viviendas están expuestas a una variedad de impactos
ambientales y riesgos tales como los desastres naturales y el cambio climático. Estos
aspectos también adquieren una importancia considerable dentro del desarrollo sostenible.
Esta compleja red de interrelaciones entre sostenibilidad y vivienda es uno de los temas
principales de las políticas de viviendas sostenibles. Dichas políticas se basan en un espectro
de condiciones subyacentes junto con las cuatro dimensiones de la sostenibilidad:
ambientales, sociales, culturales y económicas, con el fin de lograr la sostenibilidad durante
el desarrollo de las viviendas.
Dentro de estas condiciones se incluye el impacto ambiental y el cambio climático; la
durabilidad y la adaptación de los hogares; las actividades económicas en las viviendas y su
relación con la economía en general; el tejido social y cultural de las comunidades y,
finalmente, el impacto de las viviendas en la reducción de la pobreza, en el desarrollo social
y en la calidad de vida de la población.
Aunque las viviendas sostenibles generalmente se consideran sinónimos de riqueza y
opulencia, esto no necesariamente es siempre cierto. En realidad, las viviendas sostenibles
son aquellas que pueden ser tanto inclusivas como accesibles para todos. Por lo tanto, que
una vivienda sea asequible es una de las condiciones necesarias para permitir la
trasformación hacia la vivienda sostenible. Sin embargo, ser asequible no es la única
condición, ya que este tipo de viviendas no pueden considerarse sostenibles si generan un
impacto negativo en el medio ambiente o en la vida social.
Así pues, solo la unión entre viviendas asequibles y las demás condiciones de sostenibilidad
garantizan el verdadero significado de una vivienda sostenible. Adicionalmente, aunque
una vivienda sostenible también es considerada una vivienda ahorradora de recursos o
dicho de otra forma, una vivienda verde, es necesario adoptar una perspectiva y un enfoque
más amplio que permita entender a una vivienda sostenible no solo como una unidad o un
grupo de edificios verdes auto-sostenibles, sino como una práctica residencial, amigable
con el ambiente y con la sociedad que se integra con los sistemas urbanos y/o
asentamientos.
Una vivienda apropiada significa mucho más que un simple techo.
De hecho, también significa privacidad, espacio adecuado, accesibilidad física, seguridad
apropiada, seguridad de tenencia, estabilidad y confiablidad estructural, iluminación,
ventilación y calefacción apropiadas; también implica infraestructura básica adecuada,
como suministro de agua y servicios sanitarios y de manejo de residuos; cualidades
ambientales adecuadas y factores relacionados con la salud; una buena ubicación respecto
a instalaciones básicas y laborales. Adicionalmente, todos los elementos anteriores deben
ser asequibles.
Desarrollo de políticas de vivienda
La urgente necesidad de proporcionar hogar a millones de personas en países en vías de
desarrollo y la notable tasa de construcciones ilegales y procesos de producción de
viviendas exige un cambio en el paradigma de las políticas de vivienda, planeación urbana
y prácticas de construcción.
La urgencia es cada vez mayor debido a los fenómenos ocasionados por el cambio climático,
especialmente porque el sector de la construcción es responsable por casi el 40% de la
emisión de gases de efecto invernadero en las ciudades.
Este problema obliga a los gobiernos nacionales y locales a prestar mayor atención a los
estándares y normas de diseño, planeación y de tecnología que afectan la planeación de
áreas residenciales, el diseño y producción de viviendas y la industria de la construcción. Sin
embargo, aún queda un largo camino por recorrer antes de que las viviendas sostenibles
logren la importancia que deberían tener en países en desarrollo.
No es fácil encontrar en este tipo de países políticas integrales enfocadas en las facetas
sociales, culturales, ambientales y económicas de la vivienda. En muchos de estos
contextos, los reconocidos programas de viviendas en pro de los pobres con frecuencia
ofrecen instalaciones con bajos estándares, en ubicaciones remotas que no tienen en
cuenta el estilo de vida de los residentes, ni sus estrategias para subsistir. En otros, el rápido
crecimiento en el desarrollo de las viviendas aumenta la huella de carbono, impactando de
forma negativa al medioambiente.
Además, en la mayoría de las ciudades de los países en vías de desarrollo, tener una vivienda
digna y segura aún es un sueño para la mayoría de la población, mientras el gobierno
considera a las viviendas asequibles como una simple responsabilidad social.
Para poder enfrentar los asuntos relacionados con viviendas y asentamientos informales,
los gobiernos necesitan crear políticas nacionales sólidas para la vivienda que permitan
establecer un ambiente apropiado que aumente la oferta de viviendas asequibles. El
requisito principal implica que solo con una fuerte voluntad política, lineamientos sólidos y
reglamentaciones apropiadas, los países y sus ciudades podrán proporcionar una vivienda
apropiada para todos, reduciendo el crecimiento de asentamientos precarios y
garantizando un desarrollo urbano sostenible.
Los principales inversionistas, tales como los organismos gubernamentales nacionales y
locales, las organizaciones no gubernamentales, las instituciones financieras, al igual que
las constructoras y los desarrolladores del sector privado deben trabajar dentro de marcos
estipulados.
Así, condiciones operacionales e institucionales correctamente definidas tendrán la
facultad de apoyar el sector de la vivienda de una manera más efectiva y, como
consecuencia, contribuirán con la oferta de viviendas asequibles y dignas para todos.
Las políticas de vivienda nacional deben ir de la mano con otros aspectos de desarrollo tales
como los intereses económicos, sociales y ambientales. Por ejemplo, más allá de la simple
oferta de casas o departamentos, los proyectos de vivienda deben entenderse como la
participación activa en el aumento de la creación de empleos y de la economía, la reducción
de la pobreza y el mejoramiento del desarrollo humano.
De igual forma, las políticas de vivienda deben tener en cuenta las consideraciones de
planificación urbana, promoviendo el uso urbano mixto, densidad de población media a alta
y garantía de huellas urbanas reducidas y patrones de movilidad racionales. Las autoridades
nacionales y locales deben tomar el control de los proyectos de vivienda, no solo para crear
un ambiente propicio para los inversionistas, desarrolladores y constructores (para resolver
asuntos sobre el suelo, por ejemplo) sino también para asegurar que las viviendas puedan
ser asequibles y en pro de los pobres y para garantizar el suministro de servicios e
infraestructura básicos.
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asentamientos-precarios