DISCIPULADO BÁSICO
EL CREADOR
A lo largo de la historia mucho se ha debatido acerca de la
existencia de Dios, las distintas religiones presentan diferentes
dioses, mientras que la ciencia se encuentra dividida entre quienes
niegan la existencia de un ser superior y quienes reconocen que el
universo es tan perfecto que definitivamente, alguien debe estar
detrás de todo.
Nosotros los cristianos, creemos lo que la biblia (que es la Palabra
de Dios), nos enseña acerca de él.
(Mar 12:29) Jesús contestó: —El mandamiento más importante es:
“¡Escucha, oh Israel! El SEÑOR nuestro Dios es el único SEÑOR.
En este versículo es posible observar como el señor Jesús cita otro
texto de la Palabra para reafirmar la existencia de Dios y que él es el
“único Señor”; y si él es el único Señor, entonces no hay nadie más
a quién debamos considerar como autoridad superior de todas las
cosas, más que a él.
(Deu 6:4) »¡Escucha, Israel! El SEÑOR es nuestro Dios, solamente
el SEÑOR.*
Este es el versículo que recitó Jesús para afirmar la existencia de un
solo Dios, no obstante, en el idioma original la palabra Dios es
“Elohím” que literalmente significa dioses, es decir Dios en plural.
Esto no significa que Dios sea muchos dioses, pues allí claramente
se está hablando de Dios como un solo ser por tanto debemos
entender que en esencia, Dios es un solo ser que se manifiesta en
varias partes, así como lo somos nosotros (Leer 1 Ts 5:23).
(Jua 1:1) En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con
Dios, y la Palabra era Dios.
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En este otro texto de la biblia se habla de alguien llamado “Palabra”
que estaba con Dios, pero que también era Dios, más adelante se
aclara que se está hablando del Señor Jesús, el Hijo de Dios. Esto
significa que el Señor Jesús es en esencia parte de Dios, y que el
título “Hijo de Dios” no significa que literalmente nació de Dios,
sino que dentro de la esencia de Dios, al igual que un hijo hace lo
que le dice su padre, él hace lo que el Padre le dice. De hecho si hay
un Hijo en la esencia de Dios, es porque hay un Padre y así lo
declaró el Señor Jesús.
(Jua 5:18) Entonces los líderes judíos se esforzaron aún más por
encontrar una forma de matarlo. Pues no sólo violaba el día de
descanso sino que, además, decía que Dios era su Padre, con lo cual
se hacía igual a Dios.
Cuando entendemos este increíble misterio acerca de la existencia
de Dios, ya se nos hace más fácil entender textos como Génesis
1:26.
(Gén 1:26) Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos* a
nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre
los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos
los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren
por el suelo».
Pero hay otra manifestación de la esencia de Dios, que al igual que
el Padre y el Hijo, participa de la Gloria de Dios, y es el Espíritu
Santo, el Espíritu de Dios.
(Gén 1:2) La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad
cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire
sobre la superficie de las aguas.
Este texto da por sentado que el Espíritu Santo estuvo presente en la
creación al igual que el Padre y el Hijo; de hecho, también estuvo
presente en el bautismo del Señor Jesús.
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(Mat 3:16-17) Después del bautismo, mientras Jesús salía del agua,
los cielos se abrieron* y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre
él como una paloma. Y una voz dijo desde el cielo: «Éste es mi Hijo
amado, quien me da un gran gozo».
En este último texto se hace evidente como el Padre, el Hijo y el
Espíritu de Dios, estaban presentes en el bautismo del Señor Jesús
como personas independientes visiblemente, pero partes
fundamentales de un mismo ser al que conocemos como Dios.
En conclusión no es que haya tres dioses, sino que de la misma
manera que el ser humano es un ser compuesto de tres partes
fundamentales para existir: espíritu, alma y cuerpo, Dios es un ser
compuesto en su esencia por tres personas: Padre, Hijo y Espíritu de
Dios, pero sin dejar de ser un mismo ser y un mismo Dios.
LA CREACIÓN
Casi todo lo que existe tuvo un inicio, desde los más pequeños
microorganismos hasta los más grandes e inmensos cuerpos celestes
que habitan en nuestro sistema solar y más allá. La biblia que es la
Palabra de Dios, nos enseña cómo fueron creadas todas las cosas
desde el principio de los tiempos.
(Gén 1:1) En el principio, Dios creó los cielos y la tierra.*
De inmediato en forma literal y contundente, la Palabra de Dios
comienza respondiendo la pregunta más controversial que la
humanidad se ha hecho en estos últimos tiempos ¿Cómo se creó el
universo?
Y es que la biblia da por sentado que Dios creó el universo por
medio del Señor Jesucristo; esto, al afirmar que fue él quien creó los
espacios fuera del planeta (los cielos), como el mismo planeta (la
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tierra), y no solo eso, sino que además creó los distintos seres que en
ellos habitan, tanto del mundo visible como el invisible.
(Col 1:16) Porque, por medio de él, Dios creó todo lo que existe en
los lugares celestiales y en la tierra. Hizo las cosas que podemos ver
y las que no podemos ver, tales como tronos, reinos, gobernantes y
autoridades del mundo invisible. Todo fue creado por medio de él y
para él.
Esta porción de la Palabra es muy interesante, porque presenta
muchas cosas importantes que a simple vista no era posible apreciar
desde un principio. Por una parte nos reafirma la idea de que fue
Dios quien creó todas las cosas por medio de Jesucristo su Hijo,
pues de hecho, él ya existía antes de la creación, porque es Dios. De
allí que muchos lo llamen Autoexistente (Leer Col 1:15).
Por otra parte nos revela que hay un mundo desconocido aún para la
humanidad hoy, donde existen seres sobrenaturales visibles e
invisibles que Dios creó; más de todas esas increíbles creaciones,
hubo una realmente magnífica, el ser humano.
(Gén 1:26) Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos* a
nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre
los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos
los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren
por el suelo».
Dios creó a los seres humanos de una manera especial, pues para
hacerlos se basó en su propia imagen; además, los creó con un
propósito: Ellos debían gobernar y administrar a todas a las demás
creaciones que Dios había hecho y colocado en el planeta tierra.
(Gén 1:27) Así que Dios creó a los seres humanos* a su propia
imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó.
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Dios creó dos géneros para la raza humana, el hombre y la mujer.
Primero creó al hombre, para ello uso el polvo de la tierra y con su
propio aliento, le dio vida.
(Gén 2:7) Luego el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la
tierra. Sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se
convirtió en un ser viviente.
Después de eso, le dio una responsabilidad a este primer género de
la raza humana que había creado. Su deber era cuidar y cultivar el
jardín del Edén que Dios mismo había plantado previamente (Leer
Gén 2:8), además le dio unas instrucciones específicas con respecto
a un fruto que estaba en el jardín.
(Gén 2:16-17) Pero el SEÑOR Dios le advirtió: «Puedes comer
libremente del fruto de cualquier árbol del huerto, excepto del árbol
del conocimiento del bien y del mal. Si comes de su fruto, sin duda
morirás».
Tiempo después Dios creó a la mujer a partir del hombre tomando
una parte de sus costillas (Leer Gén 2:21-22), pues pensó que no era
bueno que el hombre estuviera solo, así que la hizo para que le
ayudara, y esa fue su responsabilidad (Leer Gén 2:18).
(Gén 1:28) Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras:
«Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen
sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos
los animales que corren por el suelo».
Después de crear al hombre y la mujer, Dios les ordenó que se
multiplicaran para que llenaran la tierra y la gobernaran, entonces
observó todo lo que había hecho y vio que era muy bueno (Leer Gén
1:31). De esta manera fue como Dios creó todas las cosas.
EL PECADO
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La salvación
El salvador
La renovación
El bautismo