Itinerario 2
Itinerario 2
4955 ¡Qué hermosa es la fidelidad! Pero es hermosa cuando se la exiges a tu siervo; la ves entonces
cuando la demandas de otro. Cuando te la exigen a ti, ya no la ves (S 9,16).
4956 Todos tienen ojos para alabar la fidelidad, pero sólo cuando exigen que se la guarden a ellos.
Cuando se la exigen a ellos, cierran los ojos; no quieren ver cuán hermosa es (S 36,8).
4957 ...No es así como se da la fidelidad. Se da y se tiene. ¡Dicho maravilloso! Más aún, si no se da, no
se tiene (S 36,8).
4958 Volveos a vuestro interior, y si sois fieles, allí encontraréis a Cristo. Es él quien os habla allí (S
102,2).
4959 Entre todas las obras de Dios, ¿hay alguna más perfecta que un hombre fiel? (S 260D,1).
351 359 901 1896 3012 6452 6514 7380 8174 9095
FILOSOFÍA
4960 Filósofo quiere decir "amante de la sabiduría". Si la sabiduría es Dios, verdadero filósofo es el que
ama a Dios (CD 8,1).
4961 No existe, en realidad, razón alguna para filosofar más que ésta: lograr el hombre su felicidad. Lo
que le hace feliz, eso es el bien último (CD 19,1,3).
4962 La filosofía que no sistematice, para su logro, la supremacía del bien, no la podemos llamar sistema
(CD 19,1,3).
4963 Desde que en el año decimonono de mi edad leí en la escuela de retórica el libro de Cicerón
llamado Hortensio, inflamóse mi alma con tanto ardor y deseo de la filosofía, que inmediatamente pensé en
dedicarme a ella... (VF 1,4).
4964 Quien reprueba indistintamente toda filosofía condena el mismo amor a la filosofía (O 1,11,32).
4965 La verdadera y auténtica filosofía no persigue otro fin sino enseñar el principio sin principio de todas
las cosas, y la grandeza de la sabiduría que en El resplandece, y los bienes que sin detrimento suyo se han
derivado para nuestra salvación de allí (O 2,5,16).
4850
GRACIA
4966 Quien enumera en tu presencia sus verdaderos méritos, ¿Qué otra cosa enumera sino tus dones?
(C 9,13,34).
4967 Por todo lo cual se ve, ¡oh mi santo Dios!, que eres tú quien das que se haga lo que, cuando
mandas que se haga, se hace (C 10,31,45).
4968 Dame lo que amo, porque ya amo, y esto es don tuyo (C 11,2,3).
4969 Sólo la gracia de Dios, a través de Nuestro Señor Jesucristo, es quien libera de la tiranía de los
demonios (CD 4,26).
4970 De la gracia de Dios se alejan los soberbios para caer y se llenan los humildes para levantarse (CD
17,4,2).
4971 Ni tampoco la rectitud de vida nos viene de nosotros mismos, sino que a los que creen y a los que
piden presta su ayuda el dador de nuestra misma fe, la cual, a su vez, nos hace creer en su ayuda (CD
19,4,1).
4972 Aunque en realidad no hay hombre que obre con rectitud si no es con la ayuda divina, ni demonio u
hombre que obren mal si no se lo permite un divino y justísimo juicio (CD 20,1,2).
4973 Los dones de Dios llegan a los que los reciben con fe, aunque sea tal aquel por quien se reciben,
cual fue Judas Iscariote (CS 10,6).
4974 Nada se hallaba en nuestros haberes si no era el "deficit" por el que debíamos ser condenados (CS
18,2,2).
4975 Señor: tú, que creaste, ayudarás; tú, que creaste, no abandonarás (CS 26,2,17).
4977 Luego, si Dios obra en tí, obras bien por la gracia de Dios, no por tus fuerzas. Luego, si te alegras,
teme también; no sea que lo que se dio al humilde se le quite al soberbio (CS 65,5).
4978 Ignoras que es necesaria la gracia del que te ayuda para que se cumpla el precepto del que te
manda (CS 70,1,19).
4979 Por sí mismo el hombre puede andar por camino perverso, pero no puede volver por sí mismo si no
es llamado por la gracia (CS 77,24).
4980 Da lo que mandaste oyendo la súplica del que pide y ayudando a la fe del que quiere (CS 89,4).
4981 Esta es la doctrina cristiana: nadie obra bien si no es con la gracia de Cristo. Lo que el hombre obra
mal es propio de él; lo que obra bien, lo obra por la gracia de Dios (CS 93,15).
4982 Ayúdame para hacer lo que ordenas y dame lo que mandas (CS 118,12,5).
4983 La gracia lleva a cabo que se cumplan por el amor los mandamientos, que no podían cumplirse por
el temor (CS 118,26,8).
4984 La gracia borra la iniquidad del penitente y ayuda la voluntad del creyente (CS 118,27,9).
4985 Grande será la ayuda de Dios para realizar lo que queréis, si hiciéreis lo que él manda (S 24,5).
4986 Bajo el nombre de leche y miel se significa su gracia, que es dulce y nutritiva. Esta gracia fue
figurada en el Antiguo Testamento y dada a conocer en el Nuevo (S 25,1).
4987 Piense en la gracia quien quiera cumplir la ley. Los diez mandamientos del salterio de diez cuerdas
son los mismos que tenía el viejo pueblo, pero lo hundían en el temor. No tenían la caridad que actúa por la
gracia, sin el temor (S 32,8).
4988 Dios te llama y te ordena lo que has de hacer, pero él da las fuerzas para que puedas cumplir lo
que te manda (S 32,9).
4989 Busca qué tiene de propio el hombre; hallarás la mentira. Borra el pecado, y todo lo que encuentres
en el hombre es don de Dios (S 32,10).
4991 Si él no te ayuda, obras ciertamente con tu libre voluntad, pero obras mal (S 156,12).
4992 Cuando te digo que sin la ayuda de Dios no haces nada, me refiero a hacer el bien; pues para
hacer el mal, aun sin la ayuda de Dios te basta la libre voluntad, aunque en realidad no es libre (S 156,12).
4993 Los niños nada tienen consigo sino lo que trajeron del primer hombre. Por eso tienen necesidad de
la gracia de Cristo para recibir la vida en Cristo quienes murieron en Adán (S 165,7).
4994 Das a Dios de lo que has recibido de Dios: lo que recibe de ti, él te lo dio. Pues tu mendicidad,
antes de que él te diera, hubiera quedado vacía en extremo (S 168,5).
4995 La gracia precedió a tus merecimientos. No procede la gracia del mérito, sino el mérito de la gracia.
Pues si la gracia procede del mérito, la compraste, no la recibiste gratuitamente (S 169,3).
4996 Si el Señor no da primero la suavidad, nuestra tierra no tendrá sino esterilidad (S 169,8).
4997 Nuestro es el querer, pero se requiere que seamos llamados a querer; cosa nuestra es el pedir,
pero no sabemos qué pedir; a nosotros nos toca el recibir; pero, ¿qué recibimos, si nada tenemos?; nuestro
es el tener, pero, ¿qué tenemos, si no recibimos? (S 277A,2).
4999 Así pues, si has recibido algo de Dios y no sabes de quién lo has recibido, no serás remunerado,
por ser ingrato. Si ignoras de quién lo has recibido, no se lo agradeces; si no se lo agradeces, pierdes hasta
lo que tienes (S 283,2).
5000 Ante Dios es incomparablemente mejor mostrarse agradecido por los pequeños dones que
ensoberbecerse por los grandes. A quien le agradece lo poco, Dios lo admite a lo mucho; quien, en cambio,
no agradece lo mucho, pierde hasta lo que tiene (S 283,3).
5001 Tiene sin tener el que no sabe de dónde lo tiene; pues, si Dios le quita lo que es suyo, no le queda
más que su maldad (S 283,3).
5002 ¿De dónde le viene al hombre el agradar a Dios sino de Dios mismo? (S 284,1).
5003 Sin Dios, el hombre no puede hacer otra cosa que pecar; en consecuencia, mengua el poder
humano cuando prevalece la gracia divina, demoledora del pecado (S 293C,2).
5005 Una cosa es en el alma lo que da vida al cuerpo, y otra cosa lo que le da vida a ella misma. Es
mejor, claro es, que el cuerpo, pero mejor que ella es Dios (TEJ 19,12).
5006 Un don lo recibimos para existir, el otro lo recibimos para ser santos (T 5,14,15).
5007 Es mejor dar gracias a Dios por un don pequeño que apropiarse las gracias por un don grande (Ca
27,4).
5008 Tal es la gracia que gratuitamente se da, no por méritos del que obra, sino por la misericordia del
que la otorga (Ca 140,19.48).
5009 Todo el que proclame y afirme que la naturaleza humana puede bastarse a sí misma para vencer
los pecados y cumplir los mandamientos divinos, es enemigo de la gracia de Dios, que con tanta evidencia
se patentiza en las oraciones de los santos (Ca 175,6).
5010 Hay que distinguir la ley y la gracia. La ley sabe mandar; la gracia, ayudar. No mandaría la ley si
faltase la voluntad, ni ayudaría la gracia si se bastase la voluntad (Ca 177,5).
5011 Si la gracia no ayuda, no podemos tener ni piedad ni justicia, ni en nuestras obras ni en nuestra
voluntad (Ca 186,1.3).
5012 A las obras se les paga según justicia; en cambio, la gracia se da gratis, y por eso se llama gracia
(Ca 186,2.6).
5013 Nadie merece recibir ningún bien del Padre de las luces, de quien desciende "todo don perfecto", sino
quien primero recibe lo que no merece (Ca 186,3.10).
5014 ¿Qué cosa debe ser más dulce para los enfermos que la gracia que los sana, para los perezosos
que la gracia que los excita y para los generosos que la gracia que los ayuda? (Ca 186,12.39).
5015 Si el propio libre albedrío no es ayudado por la gracia, no constaría ni siquiera la buena voluntad en
el hombre (Ca 188,2.7).
5016 Dios nos ayuda, no sólo dándonos a conocer lo que hemos de obrar, sino también ayudándonos a
ejecutar mediante el amor lo que ya sabemos porque nos lo enseñaron (Ca 188,2.8).
5017 ¿Cuál es, pues, el mérito del hombre antes de la gracia? ¿Por qué méritos recibirá la gracia, si todo
mérito bueno lo produce en nosotros la gracia, y cuando Dios corona nuestros méritos no corona sino sus
dones? (Ca 194,5.19).
5018 Gracia verdadera es aquella que libra al hombre cuando no se le retribuye por merecimiento (Ca
194,6.29).
5019 No había perecido sino por el pecado lo que no puede buscarse ni encontrarse sino por la gracia
(Ca 194,10.46).
5020 Con más ardor se apetecen las cosas prohibidas cuando se manda una cosa espiritualmente y se le
obliga al hombre carnal a observarla. Mas el que sea espiritual el que tiene que cumplir la ley espiritual, lo
hace la gracia, no la ley, esto es el don, no la orden, el Espíritu, que ayuda, y no la letra, que mata (Ca
196,2.5).
5021 Sin ayuda de ésta el libre albedrío no puede convertirse a Dios ni progresar hacia El (Ca 214,6).
5022 Nadie hay tan ignorante, tan carnal, tan torpe de ingenio, que no vea que Dios hace lo que él mismo
manda que le pidan que haga (Ca 217,7.27).
5023 Ni debes esperar el momento en que Dios quiera, como si le fueras a ofender si te anticiparas a
creerlo tú, siendo así que, quieras cuando quieras, quieres por su ayuda y obra. Ciertamente su
misericordia te previene para que quieras, pero cuando quieres, quieres en verdad tú (Ca 2*,7).
5024 Lo que los hombres reciben por la gracia de Cristo no es don para este siglo, sino prenda del futuro.
Lo que procede de Adán por generación está condenado en su totalidad (Ca 2*,10).
5025 ... Para cumplir estos preceptos se requieren hombres divinos o que cuenten con un auxilio divino
para ello (O 2,10,28).
5026 Eso es la gracia, es decir, un beneficio que no aciertan a ver como venido del cielo los que se
obstinan en vivir como esclavos de la ley (UF 3,9).
5027 En las sagradas Escrituras se nos muestra cómo no podemos hacer las cosas que nos manda Dios
si no es por el don y la ayuda de aquel que nos las manda (SV 41,42).
5028 No se atribuya, pues, el ánimo exaltado lo que oye que le fue regalado (P 26,23).
5030 A veces hemos visto y diariamente lo vemos que la gracia de Dios se nos da, no sólo sin ningún
mérito bueno, sino con muchos méritos malos por delante (GL 6,13).
5031 Si tus buenos méritos son dones de Dios, el Señor no corona tus méritos en cuanto méritos tuyos,
sino en cuanto dones suyos (GL 6,15).
5032 Si nuestra vida buena no es más que gracia de Dios, sin duda alguna que la vida eterna, que se da
a la vida buena, es don de Dios, ambas por cierto gratuitas (GL 8,20).
5033 La gracia ayuda para que cada uno sea cumplidor de la ley, sin la cual, quien vive bajo la ley, será
tan solo oyente de la ley (GL 12,24).
5034 Dios da lo que manda cuando ayuda a cumplir lo mandado (GL 15,31).
5035 ... son todos ayudados en el cumplimiento de los preceptos, ya que vale el querer cuando podemos
y vale el poder cuando queremos; porque, ¿qué serviría el querer, si no podemos, o el poder, si no
queremos? (GL 15,31).
5036 En verdad, comienza El a obrar para que nosotros queramos, y cuando ya queremos, coopera con
nosotros para perfeccionar la obra (GL 17,33).
5037 Cuando se nos dice: "Amémonos unos a otros", tenemos la ley; cuando se añade: "Porque la
caridad viene de Dios", se anuncia la gracia (GL 18,37).
5038 La gracia nos hace amantes de la ley, y la ley sin la gracia, prevaricadores (GL 18,38).
5039 La gracia es manifestada por la ley, para que la ley sea completada por la gracia (GJ 1,9,10).
5040 El hombre hace bueno el árbol cuando recibe la gracia de Dios. Pues por sí mismo no se hace de
malo bueno, sino de aquel, por aquel y en aquel que es siempre bueno (GJ 1,19,20).
5041 Coopera al fruto en los buenos árboles aquel que exteriormente riega y cultiva por medio de algún
ministro e interiormente da el incremento por sí mismo (GJ 1,19,20).
5042 Dios, no por la ley y la doctrina que resuena exteriormente, sino por el interno y oculto, admirable e
inefable poder, obra en los corazones de los hombres no sólo verdaderas revelaciones, sino también
buenas voluntades (GJ 1,24,25).
5043 La alabanza y exaltación de la gracia es vituperio y reprobación del delito (EL 6,9).
5044 Comienza el hombre a recibir la gracia desde que comienza a creer a Dios, movido a abrazar la fe
por un aviso interno o externo (CDS 1,2,2).
5045 La gracia es del que llama, y las buenas obras siguen al que recibe la gracia; no producen ellas la
gracia, antes bien, son fruto de la gracia. Pues no calienta el fuego para arder, sino porque arde; ni la rueda
corre bien para que sea redonda, sino porque es redonda; de igual modo nadie obra bien para recibir la
gracia, sino por haberla recibido (CDS 1,2,3).
5046 Atendiendo a esto, el alejarnos de Dios es responsabilidad y mala voluntad nuestra; en cambio,
nuestra conversión a Dios es fruto de la gracia excitante y adyuvante, que forma la buena voluntad; pues
¿qué tenemos que no hayamos recibido? (Cp 2,18,31).
5047 Cuando pedimos a Dios la ayuda para obrar bien y alcanzar la perfección de la justicia, ¿cuál es el
objeto de nuestra súplica sino que nos dé a conocer lo que ignorábamos y nos suavice la práctica de la
virtud, que nos repugnaba antes? (Cp 2,19,33).
5048 Gracia suya es también el saber lo que se debe pedir, que antes no sabíamos; por su gracia hemos
amado lo que antes no nos atraía (Cp 2,19,33).
5049 Si Dios da el que uno tenga solicitud por los demás, ¿qué otro la dará para que uno la tenga por sí
mismo? (Ccp 2,10,22).
5050 Al hombre se le ha mandado sapientísimamente que camine con rectitud para que, cuando vea que
él solo no puede, busque la medicina, que es la "gracia de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo",
para sanar la cojera del pecado en el interior del hombre (PJ 1,3,6).
5051 La gracia de Dios es verdadera cuando obra en nosotros lo que significan las palabras (RJ 6,5,11).
5052 Es necesario confesar que nuestros méritos buenos no son sino dones de Dios (RJ 6,12,39).
5053 El hombre no puede querer el bien si no es ayudado por Aquel que no puede querer el mal (RJI
1,97).
5054 La gracia previene al hombre para que ame a Dios, y mediante este amor obrará el bien (RJI
1,131).
5055 El salario se debe a las buenas obras; se les debe el salario si se cumplen; pero la gracia, que no
se merece, precede para que se realicen (RJI 1,133).
5056 Hacer buenas obras es ya una elección de gracia, no por las obras; las buenas obras siguen a la
gracia, no la preceden, porque la misma gracia de Dios hace que obremos el bien (RJI 1,141).
5057 Puede el hombre querer el bien, pero "Dios prepara su voluntad" (RJI 2,6).
5058 La gracia hace que no sólo borre nuestros pecados; aunque, a decir verdad, ayuda de dos
maneras: perdona el mal que hemos hecho y nos ayuda a evitar el mal y a obrar el bien (RJI 2,227).
5059 Dios sólo manda cosas posibles; da Dios poder a los que pueden hacer y hacen, y exhorta a los
que no pueden a pedirle el que puedan (RJI 3,116).
5062 Allí donde la misericordia sobrepasa al juicio, no es necesario buscar méritos, sino gracia (RJI
6,12).
5065 No toda gracia dimana de Dios. Porque los jueces malos, seducidos por algún deseo o
amedrentados por el temor, dan la gracia en atención a las personas (EICR 8).
5066 Justa es la gracia de Dios y agraciada la justicia, porque asimismo la gracia precede al mérito de la
penitencia, ya que nadie se arrepentiría de su pecado a no ser por algún llamamiento de Dios (EICR 9).
5067 No se deben tomar de tal modo la gracia y la paz de Dios cuando se habla de ellas, de tal suerte
que juzguen los hombres que Dios puede apartarse de la justicia (EICR 10).
5068 La gracia y la paz no pueden entenderse sin misericordia y caridad (EICR 12).
5069 Sin la gracia no hay posibilidad de cumplir los mandamientos (CH 2,105).
5070 Dios ayuda al hombre, pero los hombres deben actuar también (CH 5,1).
5071 Así, pues, Dios obra; nosotros cooperamos; pues no hace desaparecer la decisión de la buena
voluntad, sino que la ayuda (CH 5,15).
5072 La gracia les es necesaria a todos, tanto a los judíos como al resto de los pueblos (AJ 17,10).
5074 Al venir la gracia, cumplimos ya sin trabajo y de buen grado aquello mismo que la ley había
mandado trabajosamente (OC 66,1).
1562 1615 1692 1783 1965 2092 2093 2099 2100 3648 3693 4155 4402 4496 4513 4729 4730 4736 4790
4792 4794 5599 5804 5805 5816 5889 5900 5901 5904 6009 6011 6019 6024 6321 6333 6950 7139 7230
7711 7747 8809 8818 9823 9856 9889 9984 9988 9989
HEREJES - HEREJÍA
5075 Los herejes se salen del redil y son considerados como enemigos que lo están probando (CD
18,51,1).
5076 Vino el perseguidor y no quebró las piernas de Cristo; viene Donato y despedaza la Iglesia de
Cristo. El cuerpo de Cristo en la cruz permanece íntegro entre las manos de los perseguidores, y entre las
manos de los cristianos el cuerpo de la Iglesia no se halla en su integridad (CS 33,s.2,7).
5077 ¿Quiénes son las piedras vivas sino los fieles de Dios?... Las vírgenes que se hallan fuera del
templo del rey son las monjas herejes; sin duda son vírgenes; ¿pero de qué les aprovecha, si no entran en
el templo del rey? (CS 44,31).
5078 El hereje no tienta como tienta Dios. Porque Dios tienta para revelar al hombre, y el hereje tienta
para cerrarse a Dios (S 2,3).
5079 No todos los herejes se hallan en toda la tierra, pero en toda ella hay herejes. Unos aquí, otros allí,
pero en ningún lugar faltan. Ni ellos mismos se conocen; hay una secta en Africa, otra herejía en Oriente,
otra en Egipto, otra en Mesopotamia, por poner algunos ejemplos. Se hallan en diversos lugares. A todos
los ha engendrado una única madre, la soberbia, del mismo modo que una única madre nuestra, la
Católica, ha engendrado a los fieles cristianos extendidos por todo el orbe (S 46,18).
5080 Observa la utilidad de los herejes, utilidad desde el punto de vista de Dios, que sabe usar bien de
los malos (S 51,11).
5081 Cuando los herejes presentan sus impugnaciones, los que son pequeños se turban; al turbarse,
buscan; y su búsqueda es como los golpes de cabeza en los pechos de la madre, para que entreguen tanto
cuanto es lo justo para el niño (S 51,11).
5082 Y así acontece que los herejes, mientras con sus impugnaciones pretenden conducir al error, son
de utilidad para encontrar la verdad (S 51,11).
5083 Considerad ya qué es lo que ha engendrado todas las herejías; no hallaréis ninguna otra madre a
no ser la soberbia (S 346B,3).
5084 Los perseguidores no hicieron pedazos la túnica; los cristianos, en cambio, hacen pedazos la
Iglesia (TEJ 13,13).
5085 Quiera Dios que oyendo mis palabras los arrianos crean, no en mí, sino conmigo (TEJ 40,7).
5086 Con tanta más fuerza son los herejes convencidos cuanto más numerosas son las respuestas con
que evitamos sus lazos (T 1,13,31).
5087 Si los sayones no rasgaron la vestidura del que pendía de la cruz, ¿por qué destruyen los cristianos
el sacramento del que está sentado en los cielos? (Ca 23,4).
5088 No han de ser tenidos por herejes los que no defienden con terca animosidad su sentencia, aunque
ella sea perversa y falsa; especialmente si ellos no la inventaron por propia y audaz presunción, sino que
fueron seducidos e inducidos a error, porque la recibieron de sus padres... (Ca 43,1.1).
5089 Es mejor y más laudable confesar la ignorancia de lo que no se sabe que precipitarse en una
herejía ya condenada o fomentar una nueva al defender temerariamente y con empeño lo que se ignora
(NA 1,19,34).
5090 Aprovechémonos, pues, también de los herejes, no para aprobar sus errores, sino para que,
afirmando la disciplina católica contra sus insidias, nos hagamos más cautos y vigilantes, aun cuando a
ellos no podamos volverlos a la salud (VR 8,15).
5091 Hereje -creo yo- es el que, movido por ventajas temporales, sobre todo por ansias de honores y de
mando, elabora doctrinas nuevas y falsas o les presta asentimiento; en cambio, quien cree a hombres de
este linaje, se engaña bajo una apariencia de verdad y de piedad (UF 1,1).
5092 Ahí tenemos a los herejes y a todos los que bajo el nombre de religión son burlados por alguna
aberración. Su continencia sería verdadera cuando fuese verdadera su fe. Pero es el caso que no puede ni
denominarse fe la que es falsa; por tanto, su continencia es indigna de tal nombre (Co 12,26).
5093 Cada nueva herejía suscita en la Iglesia cuestiones particulares, contra las que hay que defender
con más cuidado y escrupulosidad la autoridad de las Sagradas Escrituras (DP 20,53).
5094 Una cosa es un error accidental cometido por un católico y otra ser fundador o secuaz de una gran
herejía (RJI 4,89).
5095 La divina Providencia permite que haya muchos herejes con diversos errores, para que cuando nos
insultan y nos preguntan cosas que ignoramos sacudamos la pereza y nos acucie el deseo de conocer las
Letras divinas (CGM 1,1,2).
5096 Los hombres que están firmes en la fe no se doblegan ante los herejes; al contrario, buscan por
todos los medios argumentos con qué replicar. A éstos Dios no abandona; como peticionarios, reciben;
como investigadores, encuentran; como pordioseros, hallan las puertas abiertas (CGM 1,1,2).
5097 Todos los herejes leen las Escrituras católicas, mas no son herejes por esto, sino porque, no
entendiéndolas bien, sostienen con pertinacia sus opiniones falsas contra la verdad de ellas (CLG 7,9,13).
5098 ¿De dónde se originan los cismas? De decir los hombres: somos justos. De afirmar: nosotros
santificamos a los impuros, justificamos a los impíos, pedimos y alcanzamos (TCJ 1,8).
5099 ... Odian la ciudad en la que fue matado su Señor. ¡Qué piadosos y misericordiosos son estos
hombres: se duelen tanto de la muerte de Cristo, y ellos matan a Cristo en los hombres! (TCJ 2,3).
5100 Cada cisma y cada herejía tiene su puesto en la tierra, bien sea manifestándose abiertamente, o
engañando la curiosidad de los hombres en reuniones ocultas (CEv 1,38).
5101 Se llaman herejes porque están mezclados con los buenos en sociedad, no de una sola Iglesia o de
una sola fe, sino apenas bajo el nombre de cristianos (DCM 11,1).
5102 Entre los herejes y los malos católicos existe esta diferencia: que los herejes creen cosas falsas,
mientras que los malos católicos, creyendo cosas verdaderas, no viven lo que creen (DCM 11,1).
5103 Se suele preguntar qué distancia hay entre los cismáticos y los herejes; al cismático no lo hace la
diversidad de fe, sino la diversidad de comunión (DCM 11,2).
5104 Entre más altos son, es decir, más soberbios, son más débiles y pequeños (DCM 11,2).
5106 Tan grande es la ruina de las almas: queriendo vencer al hombre, son vencidos por el error (CAM
28[2]).
5108 A los herejes no les gusta el diálogo, sino el prevalecer de cualquier modo con una obstinación
desvergonzada, para reunir, como dijo el profeta, lo que no engendraron (CF 13,12).
5109 Es preferible permanecer en combate contra ellos y a favor de la verdad, a vivir en concordia con
ellos dentro de la falsedad (CF 29,2).
5110 No todo error es una herejía, aunque toda herejía, porque se sitúa en el vicio, no puede dejar de ser
una herejía por algún error (H pról.7).
5111 Elija cada uno a su gusto: si el humo de un embuste terreno puede lograr algo más poderoso que
los rayos del cielo, que abandone el cielo y se esfume en el viento (RPa 1,2,3).
5112 El sacrilegio del cisma es el peor de todos los crímenes (RPa 1,4,7).
5113 Mayor victoria sería para ellos vencer su propio rencor de hombres después del juicio que vencer a
un hombre en el juicio mismo (RPa 1,4,8).
5114 Divididos trozo a trozo, pulverizados, llegarán a desaparecer quienes han preferido la hinchazón de
su odio antes que el vínculo santo de la paz católica (RPa 1,4,9).
5115 Nadie sería autor de un cisma si no estuviera cegado por el odio fraterno (TB 1,11,16).
5116 No busquen, pues, en la Católica los herejes lo que tienen, sino lo que no tienen, esto es, el fin del
precepto, sin el cual se pueden tener muchas cosas santas, pero no pueden aprovechar (TB 5,8,9).
5117 Bautizan y son bautizados, y tienen el sacramento de la salud sin la salud (TB 6,40,78).
5118 Así, el agua del diluvio fue saludable para los que estaban en el arca, y mortal para los de fuera; sin
embargo, fue la misma (TB 6,40,78).
2601 3373 4242 4257 4307 5412 5413 5485 5522 5620 6226 8651 9324 9730
HIJOS
5120 ¿Quiénes son tus hijos? Las obras que tú haces. ¿Quiénes son los hijos de tus hijos? Los frutos de
tus obras. Das limosna: éstos son tus hijos. Por la limosna consigues la vida eterna: éstos son los hijos de
tus hijos (CS 127,16).
5121 Ni los hijos malos podrán apoyarse en la bondad de sus padres, ni los buenos serán oprimidos por
la maldad de los malos padres (S 35,2).
5122 Una cosa es la imagen que se reproduce en un espejo y otra la que se reproduce en un hijo. Mucho
dista la una de la otra. En tu hijo, tú mismo eres tu imagen... (S 52,17).
5123 Reserva un puesto para Cristo en medio de tus hijos, añádase a tu familia tu Señor; súmese a la
prole tu creador, cuéntese entre tus hijos tu hermano (S 86,13).
5124 Los hijos no nacidos atormentan con dolores; los nacidos, con temores. ¡Cuánto gozo causa al
nacer! E inmediatamente se teme que haya que llorarlo muerto (S 346C,2).
5125 Verdad es que el hijo vicioso, aunque no maltrate a sus padres, atormenta con su vicio la piedad de
esos padres (Ca 89,2).
5126 Más duramente persigue el hijo a su padre con su mala vida que el padre al hijo con el castigo (UI
20,56).
5128 Lo que ha sido engendrado debe ser regenerado, porque no existe otro modo de borrar lo que se
arrastra (MC 1,19,21).
5129 Es engendrado pecador; por la acción propia, todavía no lo es; nuevo por el origen; viejo por el
reato. Es hombre por el Creador, prisionero por el engañador, necesitado del redentor (MC 1,19,21).
913 6511 6519 6520 6521 6522 6523 6530 6533 6552 6553 6783 6936 7546
HOMBRE
5130 Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí (C 1,2,2).
5131 Tú, Señor, te compadeces del hombre por haberlo hecho, aunque no del pecado que hay en él (C
1,7,11).
5132 ¿De aquí se sigue que lo que es inocente en los niños es la debilidad de los miembros infantiles,
no el alma de los mismos? (C 1,7,11).
5133 ¡Tanta es la ceguera de los hombres, que hasta de su misma ceguera se glorían! (C 3,3,6).
5134 En un mismo hombre, y en un mismo día, y en la misma hora, y en la misma casa conviene una
cosa a un miembro y otra a otro y lo que poco antes fue lícito, en pasando la hora no lo es; y lo que en una
parte se concede, justamente se prohíbe y castiga en otra (C 3,7,13).
5135 Grande abismo es el hombre, cuyos cabellos tienes tú, Señor, contados, sin que se pierda uno sin
tú saberlo; y, sin embargo, más fáciles de contar son sus cabellos que sus afectos y los movimientos de su
corazón (C 4,14,22).
5137 Curioso linaje para averiguar vidas ajenas, desidioso para corregir la suya. ¿Por qué quieren oir de
mí quién soy, ellos que no quieren oir de ti quiénes son? (C 10,3,3).
5138 Hay algo en el hombre que ignora aun el mismo espíritu que habita en El; pero tú, Señor, sabes
todas sus cosas, porque lo has hecho C 10,5,7).
5139 Entonces me dirigí a mí mismo y me dije: "¿Tú quién eres?", y respondí: "Un hombre". He aquí,
pues, que tengo en mí prestos un cuerpo y una alma; la una, interior; el otro, exterior... (C 10,6,9).
5140 Mucha admiración me causa esto y me llena de estupor; viajan los hombres para admirar las alturas
de los montes, y las grandes olas del mar, y las anchurosas corrientes de los ríos, y la inmensidad del
océano, y el giro de los astros, y se olvidan de sí mismos (C 10,8,15).
5141 No es gran maravilla si digo que está lejos de mí cuanto no soy yo; en cambio, ¿qué cosa más
cerca de mí que yo mismo? (C 10,16,25).
5142 ¿Quién es, Señor, el que no es arrastrado un poco más allá de los límites de la necesidad?
Quienquiera que no lo es, magnifique tu nombre. Yo ciertamente no lo soy, porque soy hombre pecador;
mas también magnifico tu nombre (C 10,31,47).
5144 ... como es intermedio el hombre entre los brutos y el ángel: como el bruto es un ser viviente
irracional y mortal, y el ángel racional e inmortal, se encuentra el hombre en medio, inferior a los ángeles y
superior a los brutos (CD 9,13,3).
5145 Cuando a un niño se le alimenta en proporción a su capacidad, se le posibilita para tomar más
cuando sea mayor. Pero cuando se cometen excesos con él, perecerá antes del desarrollo (CD 12,15,3).
5146 Ninguna raza hay tan sociable por naturaleza, y tan dada a la discordia en su degradación (CD
12,27,1).
5147 El hecho de que se le haya dado una mujer sacada de su propio costado muestra bien a las claras
lo mucho que se debe cuidar la unión entre el hombre y la mujer (CD 12,27,1).
5148 Para su mal se adelanta su voluntad, y, en cambio, para su bien la iniciativa es de la voluntad de su
Creador; ya para crearla cuando no existía, ya para repararla cuando por su caída había perecido (CD
13,15).
5149 El hombre, despreciando la divina voluntad, no puede usar de sí mismo sino para su mal; y así
aprende qué diferencia hay entre adherirse al bien, común a todos, o deleitarse con el propio (CD 13,21).
5150 Cierto, esto es verdad: el alma no es todo el hombre, sino su parte principal; ni el cuerpo es todo el
hombre, sino su parte inferior. El conjunto de la una y del otro es lo que recibe el nombre de hombre; pero
tampoco pierden ese nombre las partes cuando se habla de cada una de ellas (CD 13,24,2).
5151 El hombre ha sido creado recto, no para vivir según él mismo, sino según el que lo creó (CD
14,4,1).
5152 Quien vive según Dios tiene un perfecto odio a los malos, es decir, no odia al hombre por el vicio ni
ama al vicio por el hombre, sino que odia al vicio y ama al hombre (CD 14,6).
5153 Dios no ha querido que el hombre domine al hombre, sino el hombre a la bestia (CD 19,15).
5155 No fue, de hecho, creado el hombre como los animales irracionales que vemos inclinados hacia la
tierra; la forma del cuerpo levantada hacia el cielo le exhorta a centrarse en las cosas de arriba (CD
22,24,4).
5156 Si confías todavía en el hombre y pretendes imitarlo y depender de él, quieres todavía ser
alimentado con leche y te haces un mamón, como se llama a los niños que maman largo tiempo, lo cual no
conviene. Por tanto, el usar de leche como queriendo alimentarse a través de carne es lo mismo que vivir
por el hombre. Sé idóneo para los manjares... (CS 30,2,s.2,12).
5157 "Bienaventurado el varón que confía en El". ¿Qué necesidad tienen estos de una prolongada
exposición? Todo el que no espera en el Señor es desgraciado. ¿Quién no confía en el Señor? El que
confía en sí mismo. Algunas veces, hermanos, atended, algunas veces los hombres, y esto es mucho peor,
no confían en sí mismos, sino en otros hombres (CS 33,s.2,13).
5158 Hay hombres que quieren entender y no pueden, y los hay que no quieren entender, y por eso no
entienden (CS 35,4).
5159 Eres hombre inicuo. Pronuncié dos nombres; los dos nombres son hombre e inicuo. Uno de estos
nombres pertenece a la naturaleza, el otro a la culpa; Dios hizo uno, el otro tú. Ama al que hizo Dios, odia al
que hiciste tú, porque también El lo odia. Ve cómo ya empiezas a unirte a El cuando odias lo que odia (CS
44,18).
5160 Donde hay percepción hay hombre, donde no existe en absoluto ésta, falta el hombre (CS 48,2,7).
5161 ...El hombre nuevo lo sabe, el viejo, no. El hombre viejo es la vida vieja, y el nuevo, la nueva. La
vida vieja se deriva de Adán, la nueva se forma en Cristo (CS 97,1).
5162 El hombre, por lo que a él toca, perjudica de dos modos: o haciendo desgraciado a alguno o
abandonando al desgraciado (CS 100,4).
5163 Los hombres nacen, viven y se mueren; y al morir unos, nacen otros, y al desaparecer éstos, se
presentan otros; llegan, aparecen, se apartan y no persisten. ¿Qué se detiene aquí? ¿Qué cosa no corre?
(CS 109,20).
5164 El hombre puede más bien tener sospechas del (oprobio) ajeno, pero no del suyo, porque lo que se
sospecha se ignora (CS 118,12,4).
5165 El hombre es muy inclinado a sospechar de otro lo que experimenta en sí (CS 118,12,4).
5166 ¿Qué es el hombre, hermanos? Carne. ¿Y qué es otro hombre? Otra carne. Y, con todo, la carne
rica se dirige a la carne pobre, como si aquélla hubiera traído algo al nacer o llevara algo al morir (CS
131,7).
5167 ¿No se escribió que Dios tomó limo de la tierra y formó al hombre? Antes de ser hombre eras barro,
y antes de ser barro no eras nada (CS 144,10).
5168 En el hombre únicamente hallamos el alma y la carne; todo el hombre es espíritu y carne (CS
145,5).
5169 ¿Hasta qué punto podrán los hombres juzgar de otros hombres? El hombre, sin duda, juzga mejor
de sí mismo, pero Dios juzga mejor del hombre que el hombre de sí mismo (CS 147,13).
5170 El hombre no se conoce a sí mismo como lo conoce el Creador, ni el enfermo se conoce como lo
conoce el médico (S 2,3).
5171 En el hombre hay secretos ocultos para el mismo hombre en que están. Y no aparecen, ni se abren,
ni se descubren sino con las tentaciones (S 2,3).
5172 Todo hombre parece mejor preparado para afrentar a otro, pero no sé si se hallará quien soporte
con tolerancia la afrenta (S 8,12).
5173 Si pusieses tu esperanza en otro hombre, serías humilde de manera desordenada; si la pusieses en
ti, serías peligrosamente soberbio. ¿Que es lo que conviene hacer? Ambas cosas son perniciosas. No
elijas ninguna de ellas; porque el que es humilde de manera desordenada no será ensalzado; y el que es
peligrosamente soberbio será destruído (S 13,2).
5174 Dios hizo al hombre, y el mismo hombre se hizo a sí mismo pecador. Perezca aquello que hizo el
hombre, y sea salvado aquello que hizo Dios (S 13,8).
5175 Pero no lo persigas hasta la muerte, no sea que, persiguiendo el pecado, llegues a perder al
hombre (S 13,8).
5176 ¿Qué soy yo? Soy un hombre, hermano vuestro, soy un enfermo y soporto la carne: todos debemos
creer en Dios (S 17,6).
5177 Los hombres sin esperanza, cuanto menos se esfuerzan en reconocer sus pecados, tanto más
curiosos son acerca de los pecados ajenos (S 19,2).
5178 Es bueno no confiar en el hombre con tal de no confiar en sí mismo. El que confía en sí mismo, o
confía en el hombre o no se tiene por hombre (S 20A,2).
5179 Se llama hombre a un ser que tiene cierta semejanza con Dios (S 24,3).
5180 Tú eres un hombre, pero en comparación con Dios eres una bestia. ¡Ojalá fueses su bestia y oveja
de sus pastos! Reconoce los beneficios del pastor y no seguirás a los lobos del error (S 26,15).
5181 ¿Qué hombre puede juzgar a otro hombre? Todo está lleno de juicios temerarios. Aquel de quien
habíamos perdido toda esperanza se convierte repentinamente y se hace buenísimo. Aquel de quien
habíamos esperado tanto, cae repentinamente y se convierte en pésimo. Tanto nuestro temor como nuestro
amor son inseguros (S 46,27).
5182 Los hombres cambian, para bien y para mal. Ejemplos de ello surgen cada día, que nos producen
alternativamente alegrías y tristezas (S 51,1).
5183 La opinión y juicio de los hombres se deja llevar de lo que suele suceder entre los hombres (S
51,30).
5184 Tire el niño sus juguetes y aprenda a manejar cosas mayores. También nosotros somos como niños
en muchas cosas. Y cuando lo fuimos más que lo somos ahora, los mayores nos soportaron (S 53,16).
5186 La imagen de Dios doma a la fiera; ¿no va a domar Dios a su imagen? (S 55,3).
5187 El género humano yace enfermo; no por enfermedad corporal, sino por sus pecados. Yace como un
gran enfermo en todo el orbe de la tierra de Oriente a Occidente. Para sanar a este gran enfermo descendió
el médico omnipotente (S 87,13).
5188 ¿Qué es el hombre sino un enfermo que debe ser curado? (S 99,9).
5189 He aquí que, seas quien seas, eres hombre; aunque seas justo, eres hombre; aunque seas seglar,
o monje, o clérigo, u obispo, o apóstol, hombre eres (S 114,4).
5190 No se ha de echar la culpa de todo al diablo, pues a veces el hombre se convierte en diablo para sí
mismo (S 163B,5).
5191 Errar fue cosa de hombres, pero es diabólico permanecer en el error por rencor. Mejor hubiera sido
que nunca hubiéramos errado, pero al menos hagamos lo único posible: salir de una vez del error (S
164,14).
5192 Si quieres ser hombre, serás mentiroso. No quieras ser hombre y no serás mentiroso. Revístete de
Cristo y serás verídico, de forma que lo que hables no aparecerá como propio tuyo o creación tuya, sino
fruto de la verdad que resplandece y te ilumina (S 166,3).
5193 ¿Cuáles son ahora los males del hombre? El error y la debilidad. O bien no sabes qué hacer, y
errando caes, o bien sabes lo que hay que hacer, pero te vence la debilidad (S 182,6).
5194 ¿Cuáles son las cosas del hombre? Las que piensa el hombre en cuanto hombre; allí se manifiesta
propiamente como hombre, en sus pensamientos (S 217,2).
5195 ¿Qué otra cosa pueden hacer hombres que no sacan gusto más que a las cosas de hombres sino
discutir sobre Dios, pero contra Dios? (S 242,1).
5196 El hombre carnal no tiene más norma para comprender que lo que acostumbra a ver. Creen lo que
suelen ver; lo que no suelen ver no lo creen (S 242,1).
5197 Quede esto grabado en vuestros corazones: mejor es un hombre menos dotado intelectualmente
que vive bien, que otro mejor dotado pero que vive mal (S 252,12).
5200 ¿Qué podrá hacer recto el hombre, si él mismo está torcido? (S 313A,2).
5203 Lo mejor para el hombre es lo que quiere Dios, no lo que nosotros queremos (S 335H,3).
5204 ¿Qué hay más sin valor que un hombre sin Dios? (S 348,2).
5205 Somos hombres y no podemos recibir nada si no nos lo da Aquel que no es hombre (TEJ 14,2).
5206 Somos hombres, que llevamos sobre nosotros el peso de la carne en nuestro viaje por esta vida
(TEJ 21,1).
5207 Todos los hombres son antorchas, porque pueden encenderse y apagarse. Y las antorchas
ciertamente, cuando exhalan el buen olor de la sabiduría, lucen y arden, como a su vez, si están ardiendo y
luego se apagan, exhalan muy mal olor (TEJ 23,3).
5208 ¿Qué cosa es tan tuya como tú mismo? ¿Y qué cosa tan no tuya como tú, si lo que eres es de
alguien? (TEJ 29,3).
5209 Lo que Dios hizo no puede ser malo, si el hombre mismo no es malo para sí (TEJ 42,10).
5210 Considera al hombre y de ti mismo forma un escalón para subir a lo que está sobre ti, si no para
entenderlo, al menos para creerlo (TEJ 47,12).
5211 Dos son los defectos, difícilmente tolerables, en el error de los mortales: la presunción antes de
conocer la verdad y la testarudez en defender el error una vez demostrada la verdad (T 2,pref.1).
5212 Los hombres no admiran las cosas que acostumbran a obrar los mortales (T 3,9,17).
5213 Para nadie es dudoso que, así como el hombre interior está dotado de inteligencia, el hombre
exterior está dotado de sentidos corporales (T 11,1,1,).
5214 Esforcémonos por rastrear, si es posible, en este hombre exterior algún tenue vestigio de la
Trinidad, sin que llegue a ser imagen de Dios (T 11,1,1).
5215 Tanta es nuestra familiaridad con la materia, que nuestra atención se asoma al exterior con
pasmosa facilidad... (T 11,1,1).
5216 Vivir según la trinidad del hombre exterior es un mal y una deformidad, porque es el uso de las
cosas sensibles y corpóreas el que engendra esta trinidad (T 11,5,8).
5217 Nadie debe sentir, no respecto del hombre, sino respecto del bien del hombre, otra cosa que la que
pide la verdad (Ca 20,2).
5218 Hombre soy y confieso ignorar lo que está escondido en el pensamiento de Dios (Ca 104,3.11).
5219 El hombre siente su propia inestabilidad tanto más cuanto menos se adhiere a Dios, que es
sumamente... (Ca 118,3.15).
5220 El hombre ve que la mutación le conviene cuando le ayuda a unirse perfectamente a Dios, del
mismo modo que es viciosa toda mutación que entraña mengua (Ca 118,3.15).
5221 En todos los negocios humanos, nada es grato para el hombre si no tiene por amigo al hombre (Ca
130,2.4).
5222 Los hombres están, por lo general, ávidos de divinidad... (Ca 137,3.12).
5223 Hombres son, y en el alma del hombre hay tantos escondrijos y tantos rincones, que todos los
suspicaces, aunque eso es una culpa, piensan que merecen alabanza porque son cautos (Ca 141,4).
5224 No engañemos a los hombres, ya que no podemos engañar a Dios (Ca 217,2.7).
5225 Hombres son y no los amo por ser animales, sino por ser hombres, esto es, porque tienen almas
racionales, que yo aprecio hasta en los ladrones (Sl 1,2,7).
5226 De dos partes estamos compuestos: de alma y cuerpo, y la mejor es el alma, y la más vil el cuerpo;
y el sumo Bien es lo mejor de la porción excelente, y el sumo mal, lo peor de la porción inferior; y es lo
mejor en el ánimo la sabiduría y lo pésimo en el cuerpo el dolor (Sl 1,12,21).
5227 Por ser racional, aventaja a las bestias; por ser mortal, se diferencia de las cosas divinas. Si le
faltara lo primero, sería un bruto; si no se apartara de lo segundo, no podría deificarse (O 2,11,31).
5228 Luego yo soy superior (a los animales), no por fabricar cosas bien proporcionadas, sino por conocer
las proporciones (O 2,19,49).
5229 ¿Cuándo es mejor el hombre y aventaja a los animales? Cuando sabe lo que hace (O 2,19,49).
5230 Tanto más y más se hunde el hombre en las tinieblas cuanto con más gusto sigue todo aquello que
más dulcemente acoge su debilidad (L 2,170).
5232 El hombre es un bien, y un bien mejor que la bestia, porque es capaz de preceptos, y se hace mejor
cuando ha comprendido ya los preceptos, y mucho mejor cuando los ha cumplido, y muchísimo mejor aún
cuando mediante la luz eterna de la sabiduría ha llegado a ser bienaventurado (L 3,248).
5233 No odiemos a los dominados por los vicios, sino los vicios mismos; ni a los que pecan, sino sus
pecados (Da 34,78).
5234 Tengo como norma, cuando me es incierta o desconocida la intención de un hombre, que es mejor
pensar bien de sus acciones antes que culparlo de lo que se ignora (NA 1,2,2).
5235 Pues es forzoso confesar que vale más un hombre llorando que un insectillo alegre (VR 41,77).
5236 Confesamos que todo hombre es como nosotros y que, aunque tiene vicios, no es un vicio él
mismo. ¿Cuánto más honrosamente, pues, nos sujeta un hombre que un vicio? (VR 45,85).
5237 ¿Quién dudará que es muy torpe vicio la envidia, por la que forzosamente ha de ser atormentado y
tiranizado quien no quiere ser vencido en las cosas temporales? Más vale, pues, que nos domine el hombre
que la envidia o cualquier otro vicio (VR 45,85).
5238 Mas no puede ser vencido por el hombre el que reporta la victoria sobre los vicios. Vencido
solamente es aquel a quien el enemigo arrebata lo que ama. Quien ama, pues, lo que no puede arrebatarse
al amante, es, indudablemente, invencible e inmune de la tortura de la envidia (VR 46,86).
5239 Más inhumano es no amar en el hombre su razón de hombre que amar su razón de hijo (VR 46,88).
5240 No hay nada más próximo al hombre que el hombre mismo (CIM 1,26,49).
5241 Escucha, hombre: no camines según el hombre, sino según aquel que hizo al hombre; no te apartes
de aquel que te hizo a ti ni siquiera para buscarte a ti (Co 4,11).
5242 No vivas según tú mismo, ¡oh hombre! Ahí precisamente pereciste, pero te buscaron. Repito: no
vivas según tú mismo; ahí pereciste y te encontraron (Co 4,11).
5243 El hombre no fue mal hecho, sino que fue el hacedor del mal (Co 8,20).
5244 El cuerpo es extraño, sin duda, a la naturaleza del alma, pero no es extraño a la naturaleza del
hombre. No entra el cuerpo en la composición del alma, pero el hombre consta de alma y cuerpo, y cuando
Dios nos redime, al hombre entero redime (Co 12,26).
5245 Somos hombres y vivimos entre hombres. Y en cuanto a mí, confieso que todavía no me encuentro
entre aquellos que no se conturban ante los pecados que hemos llamado de compensación (M2 18,36).
5247 Los hombres no quieren hacer lo que es justo, o porque ignoran lo que es o porque no encuentran
gusto en ello (Cp 2,17,26).
5248 Los hombres están bajo el dominio del diablo, no por ser hombres, fruto del matrimonio, sino por ser
pecadores, descendencia de los vicios (MC 2,4,11).
5250 Lo que de malo hay en el hombre necesita ser curado por el Salvador, liberado por el Redentor,
lavado por las aguas del bautismo, desencadenado por los exorcismos, rescatado por la sangre derramada
para el perdón de los pecados; y no es fruto de los cuerpos, del sexo, de las uniones, sino del antiguo
pecado original (RJ 3,9,18).
5251 Dios no cesa de ver lo bueno que hay en su obra, aunque venga de una raíz viciada... (RJI 1,130).
5252 Es el hombre algo bueno, aunque en la edad adulta sea malo. No porque sea un hombre malo deja
de tener algo bueno en cuanto hombre... (RJI 3,181).
5253 Este Dios es el creador de todo el hombre; con todo, aunque sea digno de alabanza por la
naturaleza que le ha sido dada, no se pueden reprochar a Dios los males que se encuentran en esta
naturaleza (RJI 4,123).
5254 Dios condena a los hombres en cuanto pecadores, los hace subsistir en cuanto hombres (RJI
4,124).
5255 Mejor es el hombre cuando enteramente se une y se abraza con el bien inmudable, que cuando se
aleja de él para volverse a sí mismo (DC 1,22,21).
5256 Cuando el hombre intenta dominar a los que son por naturaleza iguales a él, es decir, a los
hombres, esto constituye una soberbia absolutamente intolerable (DC 1,23,23).
5257 Cuando no puedas favorecer a todos los hombres se ha de considerar como suerte la mayor o
menor conexión que tuviesen contigo (DC 1,28,29).
5258 A todo hombre en cuanto hombre se le debe amar por Dios y a Dios por sí mismo (DC 1,27,28).
5259 Cuando gozas del hombre en Dios, más bien gozas de Dios que del hombre, porque gozas del bien
por el que llegarás a ser feliz; y te alegrarás de haber llegado a él, porque es el objeto en quien pusiste la
esperanza para venir (DC 1,33,37).
5260 El hombre, pues, antes del pecado, en su género, era ciertamente bueno, pero la Escritura no lo
dijo, y más bien dijo lo que pronosticaba algo futuro. Ninguna cosa, pues, se dijo falazmente del hombre;
porque él en particular es bueno, pero es mejor tomado en conjunto con los otros (CLG 3,24,37).
5261 Luego también su cuerpo se acomoda a su alma racional, no en cuanto a las formas y figuras, sino
más bien en cuanto a la posición recta y dirigida hacia el cielo, apropiada para contemplar las cosas que
aun en lo corporal del mismo mundo son más excelentes (CLG 6,12,22).
5262 Como Dios es el bien inmutable, y el hombre, según el alma y el cuerpo, mudable, no puede
perfeccionarse para ser justo y feliz, a no ser que se dirija al bien inmudable que es Dios (CLG 8,10,23).
5263 El mismo Dios, que crea al hombre para que sea hombre, trabaja al hombre y lo custodia para que
sea bueno y bienaventurado (CLG 8,10,23).
5264 Toda la acción buena del hombre consiste en convertirse hacia aquel por quien fue hecho, y sólo
por esto se hace justo, piadoso, sabio, o eternamente bienaventurado (CLG 8,12,25).
5265 No ames el error en el hombre, sino al hombre; pues Dios hizo al hombre, y el hombre el error. Ama
lo que hizo Dios, y no ames lo que hizo el hombre... (TCJ 7,11).
5266 No está el hombre en esta vida en condición de saber lo que será mañana (DCM 12,2).
5267 En las Escrituras se denomina "anciano" no sólo a aquel que ha rebasado la senectud, sino también
a quien es viejo. De ahí que no todo viejo sea anciano, pero sí que a todo anciano pueda calificársele de
viejo (EH 6,29).
5268 Ante Dios, que permanece eternamente y que llena el cielo y la tierra con su propia presencia,
como está escrito, todo hombre es un forastero al nacer y huésped al vivir, porque es impulsado a emigrar
con la muerte (CH 3,91).
5269 El hombre alterado siente a Dios alterado, al igual que los ojos avezados a la permanencia en la
oscuridad sienten o perciben el sol alterado (AJ 10,9).
5270 Unas veces le satisface Dios, otras le resulta algo desabrido, como si Dios no gozara de estabilidad
(AJ 11,12).
5271 Me fijo en los celos de los hombres y advierto en ellos una perturbación que tortura el corazón (CAM
11).
5272 A todo hombre hay que odiarlo en cuanto es malo, y hay que amarlo en cuanto es bueno,
rechazando lo que con razón odiamos en él, es decir, el vicio, a fin de que, una vez eliminado él, pueda ser
liberado lo que con razón amamos en él... (CF 19,24).
5273 Los hombres, cuando viven rectamente, no sólo miran por la salud de su carne, sino que incluso
doman y reprimen los movimientos carnales, poniéndolos al servicio de la razón (CF 21,7).
5274 Grande es también la criatura humana. En ella se abre una nueva posibilidad: la que le permitía no
caer si así lo hubiese querido. Grande es, pues, y muy digno de alabanza el Señor que la creó (CF 22,28).
5275 El hombre, cuya vida sobre la tierra es, a consecuencia del pecado, una tentación continua, ha de
someter a sí lo que tiene en común con las bestias, y a Dios lo que tiene en común con los ángeles (CF
22,28).
5276 No debemos emitir sobre los hombres, cuya intimidad no podemos ver, un juicio diverso del de
Dios, que sí puede verla y que no puede engañarse ni sufrir corrupción (CF 22,67).
5277 No hay más de dos clases de hombres inútiles para la raza humana: una, la de los que la dañan, y
otra, la de quienes no quieren donar el bien que tienen en esta vida terrena, perdiéndolos, como si los
derramaran en la tierra (CF 22,84).
5278 El Apóstol Pablo quiere que se entienda como hombre interior la mente espiritual, y como hombre
exterior al cuerpo y a esta vida mortal (CF 24,2).
5279 Se da en el hombre cierta semejanza de perfección para compararla con la Trinidad, que es Dios,
aunque de ningún modo sea la adecuada, pues la Trinidad es Dios y el hombre una criatura (RSA 16).
5280 Como hombres que somos, estamos expuestos a la tentación de pensar sin ajustarnos a la realidad
(TB 2,5,6).
5281 No se gloríe nadie aun en el hombre bueno, nadie huya de los bienes de Dios aun en el hombre
malo (RPe 3,9,10).
5282 Es justo que cuando reprobamos las malas obras de los hombres, aprobemos cuanto de bueno
procedente de Dios encontremos en ellas (UB 2,3).
5283 El hombre, aun pecador, es mejor que las bestias (CP 18,30).
5284 El hombre, obre como obre, siempre descubrirá que Dios es muy digno de alabanza en sus obras,
esto es, si obra bien, lo encuentra glorioso en la concesión de los premios, y si ha pecado, aparecerá loable
en la justicia del castigo, y si, confesados sus pecados, vuelve al recto camino de la vida, descubre la gloria
de Dios en la misericordia del perdón (CP 18,30).
5285 Una cosa es amar al hombre y otra poner la esperanza en el hombre, hasta tal punto que Dios
manda lo primero y prohíbe lo segundo (CP 25,49).
5286 No pongamos esta esperanza en ningún hombre, cualquiera que sea, pues una cosa es aquel que
nos justifica y otra aquellos con los que nos justificamos (CP 27,55).
5287 ¡Ea!, hermanos, retened todo esto para llevarlo a la práctica con incansable mansedumbre: amad a
los hombres, destruid los errores, preciaos de la verdad sin soberbia, defended la verdad sin severidad,
orad por los que tratáis de desmentir y convencer (RPe 1,29,31).
5288 Es mejor el hombre que es bueno por voluntad que el que lo es por necesidad. En consecuencia,
fue necesario darle al hombre el libre albedrío (OC 2).
5289 En todo hombre hay también como cuatro etapas, que pasadas sucesivamente desembocarán en la
vida eterna... La primera etapa es la acción antes de la ley; la segunda, la acción bajo la ley; la tercera, bajo
la gracia; la cuarta, en la paz... (OC 66,3).
5290 El mismo hombre, al haber borrado por el pecado el sello de la imagen (de Dios), permanece
simplemente criatura (OC 67,4).
5291 No hay ningún hombre que pueda tener algún bien que tú todavía no tienes, aunque esté oculto,
por el que sin duda pueda ser superior a ti. Pensamiento que es válido para rebatir y refrenar la soberbia,...
(OC 71,5).
5292 Los hombres nacen con esa condición: que cada uno quiere que le sucedan los propios hijos; y no
hay nadie que no desee y espere en su casa este orden: que los padres ceden y los hijos suceden (Ua
3,12).
5293 El mismo hombre debe rendirse primero a sí mismo, para que entonces, como cuando se pone la
base, se levante de allí y se eleve hacia Dios, como aquel hijo menor se volvió primero a sí mismo, y
entonces dice: "Me levantaré e iré a mi padre" (Re 1,8,3).
1 3 5 9 11 49 57 185 409 446 543 557 1030 1451 1948 2168 2200 2257 2324 2372 2508 2846 2948 3067
3171 3261 3365 3366 3457 3609 3658 3725 3735 3863 3973 3974 3975 3976 3977 4018 4027 4029 4059
4060 4085 4086 4244 4456 4568 4928 4989 5355 5438 5655 5721 5783 5803 6172 6294 6380 6536 6537
6549 6675 6690 6696 6697 6700 6974 7007 7267 7478 7562 7672 7673 7674 7706 7710 7773 7774 7780
7781 7786 7787 8334 8335 8337 8338 9023 9158 9159 9165 9167 9170 9256 9381 9394 9438 9484 9627
9824 9917 9959 9960 9961 9962 9963
HUMILDAD
5294 Yo, que no era humilde, no tenía a Jesús humilde por mi Dios, ni sabía de qué cosa pudiera ser
maestra su flaqueza (C 7,18,24).
5295 Concede, ¡oh Dios!, a los hombres ver en lo pequeño las nociones comunes de las cosas pequeñas
y grandes (C 11,23,29).
5296 Quien entiende esto que te alabe, y quien no lo entiende, que te alabe también. ¡Oh, qué excelso
eres! Con todo, los humildes de corazón son tu morada. Porque tú "levantas a los caídos", y no caen
aquellos cuya elevación eres tú (C 11,31,41).
5297 Soy consciente de la fuerza que necesito para convencer a los soberbios del gran poder de la
humildad (CD 1,Pról.).
5299 La humildad religiosa somete a uno al superior, y nada hay más alto que Dios; por eso enaltece la
humildad, porque nos hace súbditos de Dios (CD 14,13,1).
5300 Los que no quieren gloriarse en el Señor no son mansos, sino fieros, hoscos, envanecidos,
soberbios. El Señor quiere tener jumentos mansos. Sé jumento del Señor, es decir, sé manso. El te
cabalga, El te rige, no temas tropezar y caer en el precipicio. La flaqueza es cosa tuya, pero ve quién te
proteje. Tú eres un pollino, pero transportas a Cristo (CS 33,s.2,5).
5301 Quienes son mansos se dignan oir y ser lo que oyen (CS 33,s.2,5).
5302 Excelso es Dios; sea humilde el cristiano. Si quiere que el Dios excelso se acerque a él, sea
humilde. Gran misterio, hermanos. Dios está sobre todas las cosas; te engríes, y no le tocas; te humillas, y
él baja a ti (CS 33,s.2,23).
5303 Si te humillas, serás ensalzado; si te ensalzas, serás humillado, pues no le falta a Dios peso para
encorvarte (CS 37,10).
5304 Viendo que me falta más que lo que tengo, seré más humilde por lo que me falta que soberbio por
lo que tengo (CS 38,8).
5305 Hazte por completo niño pequeño, como los niños que son llevados en los brazos de sus padres.
Los que no son tomados son abandonados, los que son tomados son alimentados (CS 45,11).
5306 Deseabas ser potente por ti mismo; Dios te hizo débil para hacerte fuerte por El, pues de tu propia
cosecha eres flaco (CS 45,13).
5307 Sé humilde ante tu Dios; humilde para que seas excelso con tu Dios glorificado. Si eres rociado con
el hisopo, te limpiará la humildad de Cristo (CS 50,12).
5308 El que oye, el que verdaderamente oye y oye bien, oye humilde, pues la gloria se halla en aquel de
quien oye lo que oye (CS 50,13).
5309 Aceptemos en este mundo el mandamiento de humildad para que merezcamos conseguir en el otro
la exaltación que nos prometió el que por nosotros se hizo humilde aquí (CS 77,12).
5310 Nadie de nosotros vive sin avergonzarse si primeramente no revive por haberse avergonzado (CS
85,23).
5311 La fortaleza se halla en la humildad, porque es débil toda soberbia (CS 92,3).
5312 Los humildes son como la piedra; la piedra aparece cosa baja, pero es sólida. Y los soberbios,
¿cómo aparecen? Como humo; cuanto más alto suben, tanto más pronto se disipan (CS 92,3).
5314 ¿Eres humilde y pacífico? En ti habita Dios. Dios es excelso, pero no habita en tí si tú quieres ser
excelso (CS 92,6).
5315 Ciertamente que Dios está alto; pero humíllate tú y descenderá a tí (CS 93,16).
5316 Es un bien para ti que tú mismo te constituyas en ruina, que te vuelvas humilde, que te postres a los
pies del que está sentado a la derecha del Padre, para que, siendo tú ruinas, te construya (CS 109,19).
5317 ... y por eso únicamente alaban al Señor los niños, puesto que los soberbios no saben alabarle, sea
vuestra vejez pueril y vuestra puericia, senil; es decir, vuestra sabiduría no se junte con la soberbia, ni
vuestra humildad esté desprovista de sabiduría (CS 112,2).
5318 (Dios) te tal modo ensalza a los humildes, que no los hace soberbios (CS 112,4).
5320 Te conviene levantarte después de Cristo, no antes de Cristo. ¿Quiénes se levantan antes de
Cristo? Los que pretenden sobreponerse a Cristo. ¿Y quiénes son éstos? Los que quieren ensalzarse aquí
en donde Cristo se humilló. Luego se humillen aquí si quieren ensalzarse allí en donde Cristo se ensalzó
(CS 126,4).
5321 Con claridad se explicó, hermanos míos, en qué quiso Dios que fuésemos humildes y en qué
excelsos: humildes para evitar la soberbia, excelsos para conseguir la sabiduría. Amamántate para nutrirte;
nútrete para crecer; crece para que comas pan... (CS 130,12).
5322 Por lo mismo, cuanto en mayor grandeza terrena se hallen los reyes, tanto más deben humillarse
ante Dios (CS 137,9).
5323 Ciertamente que Dios habita en las alturas, se halla en el cielo. ¿Quieres que se acerque a ti?
Humíllate, porque tanto más distante estará de ti cuanto tú eres más alto (CS 137,11).
5324 Sin la humildad nadie puede volverse a aquella vida de la que no hubiéramos caído a no ser por la
soberbia (S 4A).
5325 Los hombres se niegan a beber el cáliz de la pasión, el cáliz de la humillación. ¿Anhelan las cosas
sublimes? Amen ante todo las cosas humildes. Partiendo de lo humilde se llega a lo sublime (S 20A,7).
5326 Cuanto más altos y esbeltos son los árboles, tanto más profundas tienen las raíces, porque toda
altura procede de lo bajo (S 20A,7).
5327 Es el honor el que te debe buscar a ti, no tú a él. Debes sentarte en el lugar más humilde, para que
el que te invitó te haga subir a un puesto más eminente (S 39,2).
5331 Quienes no ofrecen resistencia a la voluntad de Dios, ésos son los mansos. ¿Quiénes son los
mansos? Aquellos que cuando les va bien alaban a Dios y cuando les va mal no le blasfeman; glorifican a
Dios por sus buenas obras y se acusan a sí mismos por sus pecados (S 53A,7).
5332 Si diciendo que eres sabio te haces tonto, di que eres tonto y serás sabio (S 67,8).
5333 ¿Quieres ser grande? Comienza por lo ínfimo. ¿Piensas construir una gran fábrica en altura?
Piensa primero en el cimiento de la humildad (S 69,2).
5334 Aprended de Cristo que es manso y humilde de corazón. Cava en ti ese cimiento de humildad y
llegarás a la cúspide de la caridad (S 69,4).
5335 ¿Buscas escaleras para subir hasta El? Busca el madero de la humildad y ya llegaste (S 70A,2).
5337 Son mansos los que en todas las acciones buenas, en cuanto de bien hacen, lo único que les
agrada es Dios y en los males que sufren no les desagrada (S 81,3.5).
5338 A todos agrada la altura, pero la humildad es el peldaño para alcanzarla (S 96,3).
5339 Estos son los pequeños. ¿Por qué pequeños? Porque son humildes, no inflados ni soberbios.
Levanta a estos pequeños y encontrarás cuán grande es su peso (S 113,1).
5340 Lo que habéis, hermanos, de aprender, ya lo estáis viendo, es lo pequeño. Nosotros apetecemos
las cumbres; para ser grandes aprendamos lo pequeño (S 117,17).
5341 Hable el corazón, calle la cerviz. Al soberbio le parece que la humildad es indigna de Dios; por eso
la salud se pone tan distante de los orgullosos. No te remontes; si quieres sanar, abájate (S 124,3).
5342 ... De ahí que éste entra y el otro sube. "Subir", como veis, es buscar las alturas; quien "sube" no
"entra", sino que "cae"; mas quien se agacha para entrar por la puerta, ése no cae, sino que es pastor (S
137,4).
5343 El soberbio tiene, pues, que deshincharse. ¿Cómo? Tomando el medicamento de la humildad; que
beba esta pócima amarga pero saludable, la pócima de la humillación (S 142,5).
5344 Es manso y humilde quien no ofrece resitencia a la voluntad de Dios, cuyo yugo es ligero y cuya
carga es leve, pero sólo para quienes creen en él, ponen su esperanza en él y lo aman (S 157,2).
5345 Muchos hubo que vieron el adónde, pero no el por dónde; amaron la patria excelsa, pero
desconocieron el camino de la humildad (S 160,4).
5347 En cualquier situación hierva la devoción y reprímase la soberbia. Que nadie se goce en su
generosidad de forma que pierda el bien de la humildad (S 209,3).
5348 En las cosas visibles, para alcanzar lo que está en lo alto hay que erguirse; a Dios, sin embargo,
aunque es lo más alto de todo, se le alcanza, no ensalzándose, sino humillándose (S 351,1).
5349 Quien no quiso humillarse para ser exaltado, cuando quiera ser exaltado será humillado (S 351,7).
5350 Debéis pensar más en lo que aún os falta que en cuanto ya tenéis. Cuídate de no perder lo que
tienes; lo que aún no tienes pídeselo a Dios para tenerlo. Has de pensar en cuántas cosas eres menor, no
en cuántas eres mayor... (S 354,5).
5351 Si te elevas, Dios te abate; si tú te abates, Dios te eleva. La afirmación es del Señor: nada se le
puede añadir ni quitar (S 354,8).
5352 Hay quienes pasan por sencillos y son perezosos. Se los califica de sencillos, pero son sin energía
(TEJ 6,3).
5353 La humildad del hombre es su confesión, y la mayor elevación de Dios es su misericordia (TEJ
14,5).
5354 Se te manda a ti que seas humilde, no se te manda que de hombre te hagas bestia (TEJ 25,16).
5356 La soberbia hace su voluntad, la humildad hace la voluntad de Dios (TEJ 25,16).
5357 Cristo nuestro Señor es puerta baja; quien quiera entrar por esta puerta, ha de agacharse para
entrar con la cabeza sana. Quien, en vez de humillarse, se enorgullece, quiere entrar por el muro, y quien
sube por el muro, sube para caer (TEJ 45,5).
5358 Convenía fuera puesto en evidencia cuáles éramos cuando nos amó, a fin de no sentir el tumor de
la soberbia por nuestros méritos, pues esto nos apartaría aún más de Dios y nos haría desfallecer en
nuestra pretendida fortaleza (T 4,1,2).
5359 Era menester probar al hombre cuánto nos amó Dios, y cuáles éramos cuando nos amó: cuánto,
para que no desesperemos; cuáles, para humillar nuestro orgullo (T 4,1,2).
5360 ¿Qué perjudica al humilde la larga espera de la visión, cuando está seguro de haber tomado pasaje
en la nave que ha de arribar felizmente a la patria, y que el vanidoso desprecia? (T 4,15,20).
5361 Nadie levanta a otro adonde él está si no desciende un tanto al lugar en que el otro está (Ca 11,4).
5362 Sobre el lavatorio de pies digo que el Señor lo recomendó porque ostenta carácter de humildad, y
El vino a enseñárnosla (Ca 55, 18.33).
5363 No busques para perseguir y alcanzar la verdad otro camino que el que ha sido garantizado por
aquel que era Dios, y por eso vio la debilidad de nuestros pasos. Ese camino es: primero, la humildad;
segundo, la humildad; tercero, la humildad; y cuantas veces me preguntes, otras tantas te diré lo mismo (Ca
118,3.22).
5364 Si la humildad no precede, acompaña y sigue todas nuestras buenas acciones, para que miremos a
ella cuando se nos propone, nos unamos a ella cuando se nos allega y nos dejemos subyugar por ella
cuando se nos impone, el orgullo nos lo arrancará todo de las manos cuando nos estemos ya felicitando por
una buena acción (Ca 118,3.22).
5365 Del mismo modo, si me preguntas, y cuantas veces me preguntes, acerca de los preceptos de la
religión cristiana, me gustaría descargarme siempre en la humildad, aunque la necesidad me obligue a
decir otras cosas (Ca 118,3.22).
5366 A esta humildad, digo, se opone principalmente una cierta ciencia ignorantísima, por decirlo así, que
consiste en deleitarse en averiguar lo que dijo Anaxímenes y lo que dijeron Anaxágoras, Pitágoras y
Demócrito, y asuntos parecidos. Entonces nos tienen por doctos y eruditos, cuando eso está muy lejos de la
verdadera doctrina y erudicción (Ca 118,4.23).
5367 Antes hemos de descender de la vanidad de nuestra soberbia a la humildad, para volver a subir a la
cumbre sólida (Ca 232,6).
5368 La medida de la humildad le ha sido tasada a cada uno por la medida de su grandeza; cuanto más
arriba se está, tanto más peligrosa es la soberbia y te tenderá mayores lazos (SV 31,31).
5370 Cuanto mayor veo que es este don, tanto más temo que lo haga perecer el ladrón de la soberbia
(SV 51,52).
5371 Parece superflua la preocupación de que vaya a faltar la humildad donde arde la caridad (SV
53,54).
5372 Los menores son considerados como los primeros, porque se les ha retrasado menos el tiempo de
recibir la recompensa (EL 24,41).
5373 ... y de este modo, con la santa humildad, nos curemos del tumor de la soberbia, que es la primera
causa de todos los vicios (Cp 3,13,23).
5374 La humildad es la más grande de las enseñanzas cristianas, pues por la humildad se conserva la
caridad, y a ella ninguna otra cosa la corrompe más pronto que la soberbia (ECG 15).
5375 La humildad principalmente hace volver al puesto de donde nos arrojó la soberbia. Pues la
humildad dispone para recibir la gracia de Cristo, el cual es un singular ejemplo de humildad (ECG 25).
5376 Sé humilde. Lleva a tu Señor. Sé jumento de tu cabalgante. Te conviene que El te rija, que El te
conduzca. Porque, si no lo tuvieses a El por jinete, puedes levantar la cerviz, puedes tirar coces; pero ¡ay
de ti sin conductor! Esta libertad te llevará a ser pasto de las fieras (TCJ 7,2).
5377 (El Señor) quiso que fueran sencillos como palomas para que no hicieran daño a nadie; en efecto,
este género de animales a nadie perjudica... (DCM 8).
5378 Los humildes tienden hacia Dios y se elevan por encima de los injustos; los elevados, en cambio,
van contra Dios y van a parar por debajo de los justos, gracias al reparto de premios y castigos. Los
primeros amaron a Dios más que a sí mismos; los segundos se amaron a sí mismos en lugar de Dios (RS
17).
5379 ¿Qué fruto puede sacar la humildad cuando se perjudica a la verdad? (CM 2,16,1).
5380 Nosotros no podíamos volver a Dios sino por la humildad porque habíamos caído por la soberbia
(FSA 4,6).
4 64 292 754 1020 1021 1247 3856 4260 4278 4504 4523 4739 6064 6065 6081 6897 7357 7829 7883
7912 7972 7976 7978 7979 7981 7982 7987 8105 8126 8127 8128 8136 8137 8140 8146 8147 8155 8159
8180 8181 8410 8599 8790 8820 9053 9249 9726 9808 9953
HURTO
5381 Lo que hurtas contra el mandamiento, lo pierdes para el cielo. Porque nadie logra un injusto lucro
sin un justo daño (S 8,10).
5382 Luego quien por su mal deseo hurta externamente, por juicio de Dios recibe interiormente la
granizada (S 8,10).
5383 ¿Qué te aprovecha si hurtas donde el hombre no ve, y eres apedreado allí donde Dios ve? (S 8,10).
5384 Si es necio quien guarda lo suyo, hallad vosotros el nombre para quien quita lo ajeno. Si está sucio
quien guarda lo suyo, quien roba lo ajeno está ulceroso... (S 178,2).
5386 Si cuando alimentas a un cristiano alimentas a Cristo, cuando despojas a un cristiano despojas
también a Cristo (S 178,4).
5387 ¿Qué tiene de grande temer el mal? Gran cosa es no hacer el mal; gran cosa es amar el bien. Pues
también el ladrón teme el mal, y cuando no puede no lo hace y, no obstante es ladrón (S 178,10).
5388 ... Se da la rapiña cuando se usurpa de forma ilícita lo que no es connatural a uno (S 361,16).
5389 Los ladrones expolian a otros y los dejan sin nada para tener ellos más. Pero tú no tienes más
aunque se lo robes a otros; no te enriqueces. Esto es lo que hacen los que roban el alma. La roban, sí, pero
no se hacen con dos almas (TEJ 5,12).
5390 Cooperar con el ladrón no es otra cosa que robar con él o aceptar su hurto con ánimo complaciente
(Ca 87,3).
IGLESIA
5391 ¿Acaso era gran daño para tus pequeñuelos el que fuesen de ingenio mucho más tardo, si no se
apartaban lejos de ti para que, seguros en el nido de tu Iglesia, echasen plumas y les creciesen las alas de
la caridad con el sano alimento de la fe? (C 4,16,31).
5392 Dondequiera que Dios es temido y alabado, allí está la Iglesia de Cristo (CS 21,2,24).
5393 La Iglesia se alimenta de aquellos a quienes ganamos para el Señor (CS 30,2,s.2,5).
5394 La Iglesia tiene hambre de aquellos a quienes quiere ganar, y a los que en alguna manera ha
ganado, en cierto modo los come (CS 30,2,s.2,5).
5395 El hombre perdido clama entre la muchedumbre que se ame con él la torpeza, ¡y el cristiano no
clama en la Iglesia que sea amada con él la verdad de Dios (CS 33,s.2,6).
5396 ¿Qué vestido tiene esta reina? un vestido precioso, variado: la santidad de la doctrina en todas las
distintas lenguas (CS 44,24).
5397 ¡Oh Iglesia bienaventurada!, en un tiempo oíste, en otro viste. Oyó en las promesas, vio en el
cumplimiento de ellas. Oyó en las profecías, vio en el Evangelio (CS 47,7).
5398 Los que estáis en la Iglesia no ultrajéis a los que están fuera de ella, sino más bien orad para que
entren (CS 65,5).
5399 ¡Conócete que has sido hecha a imagen de Dios! ¡Oh alma hermosa de la Iglesia, redimida con la
sangre del Cordero inmaculado!; mira lo que vales, piensa lo que se dio por ti (CS 66,4).
5401 Pobre es la Iglesia cuando siente hambre y sed en la peregrinación, pero la siente para ser saciada
en la patria (CS 87,15).
5402 La Iglesia es Sión. En ella es grande Dios. Permanece tú en ella, y todo en ti será Dios (CS 98,4).
5403 ... Y la misma Iglesia, ¿cómo recibe el crecimiento, el progreso y la perfección? ¿Cómo es
destinada a cierto término de inmortalidad? ¿Por qué predicadores es anunciada? ¿Con qué misterios se
recomienda? ¿Con qué símbolos se oculta? Por qué predicación se manifiesta? ¿En dónde hizo estas
cosas Dios? Veo las grandes obras. "¡Cuán excelsas son tus obras, Oh Señor!" (CS 103,3,25).
5404 Ved cómo surcan las naves el mar que las aterrorizaba, y no se sumergen. Por naves entendemos
las iglesias. Ellas navegan entre las tempestades, entre las borrascas de las tentaciones, entre el oleaje del
siglo, entre los animales grandes y pequeños (CS 103,4,5).
5405 Nadie se incorpora a la Iglesia si antes no es matado. Muere lo que fue para que sea lo que no fue
(CS 123,5).
5406 Nadie busque estar en el cuerpo de Cristo si no es con salud. Por la sanidad posee la fe, por la fe
limpia su corazón, por la limpieza de corazón se ve el rostro (de Cristo) (CS 130,8).
5407 ...apareció a continuación la Iglesia, que engendró los monasterios del vestido del Señor; porque el
vestido sacerdotal simboliza a la Iglesia y ella misma es la veste (CS 132,9).
5408 Dentro del misterio interior entiende a Cristo y entiende a la Iglesia como vestido de Cristo (S 4,24).
5409 No pertenecen a la Iglesia, es decir, al Cuerpo de Cristo y a la gracia y sociedad de los santos,
quienes, o son oyentes perezosos, o poseen malas costumbres, o adolecen de uno y otro vicio (S 149,4).
5410 Los ladrones te abandonaron medio muerto en él (camino de tu vida), pero ya has sido encontrado,
tendido en el suelo, por el misericordioso samaritano que iba de paso. Derramó sobre ti vino y aceite, es
decir, recibiste el sacramento del Unigénito. Te subió a su jumento: creíste en Cristo encarnado. Te llevó a
la posada: eres curado en la Iglesia (S 179A,7).
5411 La Iglesia se mantiene en pie con la oración para ser purificada por la confesión, y mientras vive
aquí, así se mantiene (S 181,7).
5412 ¿Qué significa "hermosa entre las mujeres"? La Iglesia católica en medio de las herejías. Mirad
cómo la amenazan (S 229O,3).
5413 He aquí la piedra, he aquí el cimiento, he aquí dónde está edificada la Iglesia, que las fuerzas del
infierno no vencen. ¿Qué son las puertas de los infiernos sino la soberbia de los herejes? (S 229P,1).
5414 El mismo Señor Dios es nuestro creador por medio de nuestros padres y, a la vez, nuestro
recreador a partir de sí mismo y de la Iglesia. En la primera generación se contrae el vínculo del pecado y
en la segunda se deshace (S 260C,1).
5415 El Señor, glorificado en su resurrección, nos recomienda la Iglesia; glorificado en su ascensión, nos
recomienda otra vez la Iglesia; enviando al Espíritu Santo desde el cielo, nos recomienda de nuevo la
Iglesia (S 265,12).
5416 ¡Nadie ame a la Iglesia de manera que sienta envidia de sus nuevas conquistas (S 296,15).
5417 El siervo de Dios es el pueblo de Dios, es la Iglesia de Dios. Los que quieren la paz de la Iglesia de
Dios alaben al Señor (TEJ 10,7).
5418 En el mismo grado que ama alguien a la Iglesia, en ese mismo grado posee el Espíritu Santo (TEJ
32,8).
5420 También la Iglesia, hermanos, es la posada del viajero, donde se cura a los heridos durante esta
vida mortal; pero allá arriba tiene reservada la posesión de la herencia (TEJ 41,13).
5421 El redil de Cristo es la Iglesia católica. Quien quiera entrar en el redil, entre por la puerta, confiese al
verdadero Cristo (TEJ 45,5).
5422 Nadie puede salir por la puerta, esto es, por Cristo, para la vida eterna, en la que se vive de la
visión, si no ha entrado a la vida temporal, en la que se vive de la fe por la misma puerta, es decir, por el
mismo Cristo en su Iglesia, que es su redil (TEJ 45,15).
5423 El redil del Señor tiene por dirigentes a hijos y a mercenarios. Los que son hijos son los pastores...
(TEJ 46,5).
5424 También el Señor tenía bolsa... Entonces por vez primera se constituyó el tesoro de la Iglesia...
(TEJ 62,5).
5425 La Iglesia tiene conocimiento de dos vidas que le han sido predicadas y encomendadas por divina
inspiración, de las cuales una vive en la fe y la otra en la contemplación; la una en el tiempo de
peregrinación, la otra en la eternidad de la mansión; la una en el trabajo, la otra en el descanso... (TEJ
124,5).
5426 Nadie borrará del cielo lo establecido por Dios, y nadie borrará de la tierra la Iglesia de Dios (Ca
43,9.27).
5427 Nosotros no buscamos la Iglesia en nuestra propia justicia, sino en las divinas Escrituras, y vemos
que todo está cumplido según se prometió (Ca 93,9.28).
5430 Abundan en la Iglesia de Dios innumerables varones de acendrada virtud, pero permanecen ocultos
entre nosotros, mientras queremos vivir entregados a la dulzura del sueño en las tinieblas de la ignorancia,
más que contemplar la luz de la verdad (VR 8,15).
5431 Todo lo que hallares ser verdadero, consérvalo y atribúyelo a la Iglesia católica (VR 10,20).
5432 Nada hay tan prudente y saludable como lo que se practica en la Iglesia católica, que es dar la
precedencia a la autoridad sobre la razón (CIM 1,25,47).
5433 A la Iglesia le ha sido confiada la misión de vigilar contra las novedades profanas (Cp 1,28,56).
5434 La Iglesia crece en su cuerpo, para ir edificándose en el amor. Y este amor lo da Dios, porque "el
amor viene de Dios" (RJI 3,114).
5435 En el actual paraíso, es decir, en la Iglesia, suelen los hombres ser apartados de los sacramentos
visibles del altar por la disciplina eclesiástica (CLG 11,40,54).
5436 También la Iglesia, que nos acoge en el seno de la caridad, no pocas veces se llama paraíso de
frutos (CLG 12,28,56).
5437 La Iglesia es el mesón donde se restablecen los peregrinos que van camino de la patria eterna
(CEv 2,19).
5438 Se pueden distinguir tres clases de hombres (en la Iglesia): una, la de aquellos que eligen el ocio
(santo) y el descanso, en vez de ocuparse en los negocios seculares o eclesiásticos; otra, la de aquellos
que, conformando el pueblo, son regidos por los doctores; la tercera, la de aquellos que trabajan en el
ministerio de la Iglesia como en el campo de Dios... Pienso que, fuera de éstos, no se dan más géneros de
hombres de los que consta la Iglesia (CEv 2,44).
5439 La excomunión hace ahora en la Iglesia lo que entonces hacía la pena de muerte (CH 5,39).
5441 (La Iglesia) pide entre gemidos, es humilde en el buscar y mansa al llamar (CF 15,8).
5442 En realidad, esta Iglesia es el Israel según el espíritu, del que se distingue aquel Israel según la
carne,... (RLP 1,39).
5443 Cristo no plantó otra (viña) nueva, sino que, cuando vino, la cambió en mejor (TJ 6,7).
5444 Cuantos bienes de la Iglesia se posean, no sirven para la salvación fuera de la Iglesia. Aunque una
cosa es no tenerlos, y otra muy distinta tenerlos sin provecho. El que no los tiene, debe ser bautizado para
tenerlos; quien no los tiene útilmente, debe corregirse para que los tenga con provecho (TB 4,17,24).
5445 Ella es la Paloma única, pudorosa y casta, esposa sin mancha ni arruga, huerto cerrado, fuente
sellada, vergel de frutos y demás alabanzas que se le tributan (TB 6,3,5).
5446 Lo que era entonces el paraíso (terrenal) lo es ahora la Iglesia (RPe 2,13,29).
5447 Fuera de la Iglesia católica él puede tenerlo todo menos la salvación: puede tener el honor del
episcopado, puede tener los sacramentos, puede cantar el "aleluya", puede responder "amén", puede tener
el Evangelio, puede tener y predicar la fe en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; pero nunca
podrá encontrar la salvación sino en la Iglesia católica (SIC 6).
5448 ... Al mismo tiempo se le debe prevenir de que en la Iglesia también encontrará muchos buenos
cristianos, ciudadanos auténticos de la Jerusalén celestial, si él mismo comienza a serlo (CP 7,11).
5449 En la Iglesia lo que cuenta es la plegaria del corazón, como en el foro cuenta el sonido de las
palabras (CP 9,13).
5450 Casa de la disciplina es la Iglesia de Cristo. ¿Qué es lo que aquí se aprende y por qué se
aprende? ... Se aprende a vivir bien (SDC 1,1).
5451 Todos estamos en la casa de la disciplina; pero muchos no quieren tener disciplina. Y lo que es
más perverso: no quieren tener disciplina ni en la casa de la disciplina (SDC 1,1).
5452 Esto es lo que se aprende en la casa de la disciplina: amar a Dios y amar al prójimo. A Dios como a
Dios, al prójimo como a ti mismo (SDC 3,3).
760 770 771 952 1111 2473 3076 4305 4448 4449 5079 5105 6073 6429 6430 7080 8015 8055 8316 8317
8331 8656 8669 8833 8839 9079 9226
Buenos y malos
5453 En medio de los paganos hay hijos de la Iglesia, y dentro de la Iglesia hay falsos cristianos (CD
1,35).
5454 Al presente, cuando llenan las iglesias los que están separados en la era por el bieldo, no aparece
tan grande la gloria de esta casa, como aparecerá entonces cuando uno esté donde ha de estar para
siempre (CD 18,48).
5455 En este siglo perverso, en estos días calamitosos, en que la Iglesia conquista su exaltación futura
por medio de la humildad presente, y es adoctrinada con el aguijón del temor, el tormento del dolor, las
molestias de los trabajos y los peligros de las tentaciones, teniendo en la esperanza su único consuelo, si
acierta a dar con el consuelo auténtico, se encuentran muchos réprobos mezclados con los buenos (CD
18,49).
5456 Toda la paja de su misma era se ríe de Dios, y gime el trigo al ser burlado el Señor (CS 21,2,1).
5457 Cuando alguno progresa en la Iglesia, es necesario que soporte a los malos en ella (CS 25,2,5).
5458 La Iglesia militante es una era... Tiene paja y trigo. Nadie pretenda retirar toda la paja hasta que
llegue el tiempo de la bielda (CS 25,2,5).
5459 Nadie abandone la era antes de la bielda por no querer tolerar a los pecadores, no sea que,
hallándose fuera de la era, sea comido por las aves antes de entrar en el granero (CS 25,2,5).
5460 Cualquiera que de lejos observa la era, juzga que es sólo paja. Si no mira con más atención, si no
alarga la mano, si no sopla, es decir, si no separa la paja del grano soplando, difícilmente llegará a percibir
los granos (CS 25,2,5).
5461 Algunas veces de tal suerte se hallan como separados los mismos granos unos de otros sin
tocarse, que piensa cada uno de ellos, al ser bueno, que está solo (CS 25,2,5).
5462 La casa de Dios es la Iglesia; aún contiene malos, pero la belleza de la casa de Dios reside en los
buenos; se halla en los santos (CS 25,2,12).
5463 En esta universal multitud, es decir, en la Iglesia, que se halla difundida por todo el orbe de la tierra,
hay paja y trigo: la paja vuela, el trigo queda (CS 34,s.2,10).
5464 Si soy bueno, soy trigo en la Iglesia de Cristo; si malo, soy paja en la misma Iglesia; sin embargo,
no me aparto de la era (CS 36,s.3,19).
5465 Si perteneces a los miembros de Cristo, entra dentro, únete a la cabeza. Si eres trigo, tolera la
cizaña; si eres trigo, tolera la paja; si eres bueno, tolera los malos peces que están dentro de la red (CS
40,8).
5466 La boca de la Iglesia son los santos, los espirituales, y el vientre de la Iglesia son los carnales (CS
43,25).
5467 El Señor conoce a los suyos; y, aunque los granos se oculten entre la paja, el agricultor los conoce.
Nadie tema ser grano mezclado entre la paja, pues no se oculta a los ojos del bieldador (CS 49,13).
5468 Esta era tiene sus granos, pero todavía sufren. Toda su masa, separada de la paja, es grande. En
comparación con la paja, pocos son los granos, pero son muchos en sí mismos (CS 93,20).
5469 ... Y así tomó el cielo etéreo por los espirituales, y la tierra por los carnales. De estas dos clases de
hombres, como de cielo y de tierra, está formada la Iglesia (CS 134,16).
5470 Pertenece a la Iglesia soportar algo de fuera y gemir por dentro; cuente, por tanto, fuera y dentro
con sus enemigos. Fácilmente evita a los de fuera, pero difícilmente tolera a los de dentro (CS 142,4).
5471 Nadie se aparte, nadie se separe; eres trigo, soporta la paja hasta la bielda. ¿Quieres salir de la
era?... (CS 149,3).
5472 La suplantación de las cosas carnales es vida de las espirituales. Por eso, cuando los carnales en
la Iglesia envidian a los espirituales, son suplantados y se hacen peores (S 4,28).
5473 Todos los carnales que hay en la Iglesia, o están divididos o son fáciles a la división (S 4,33).
5474 Esos malos han de ser separados al fin. Ahora la Iglesia es coja. Hinca bien un pie, pero el otro es
inválido... (S 5,8).
5475 Soporta la tribulación en la era para que puedas gozar en el granero. Muchas cosas malas son
realizadas por los malos cristianos. Los que están fuera de la Iglesia y se niegan a convertirse, encuentran
siempre ocasiones de excusa (S 15,6).
5476 Así es en el tiempo presente su cuerpo, es decir, la Iglesia. La toca la fe de unos pocos y la oprime
la turba de muchos (S 62,5).
5477 Sed, pues, cuerpo de Cristo, no opresión para el cuerpo de Cristo (S 62,7).
5478 ¡Oh cristianos malos! Con vuestro número y mala vida oprimís a la Iglesia (S 73,3).
5479 En los presbiterios hay trigo y hay cizaña; y entre el pueblo hay trigo y hay cizaña. Los buenos
toleren a los malos; los malos cambien e imiten a los buenos (S 73,4).
5480 En el campo del Señor, esto es, la Iglesia, a veces, lo que era trigo se hace cizaña y lo que era
cizaña se convierte en trigo; y nadie sabe lo que será mañana (S 73A,1).
5481 No digáis: "Haré tal, porque lo hacen muchos fieles"; esto no es prevenirse de justificación para el
alma, sino andarse a buscar compañeros de condenación. Creced en esta era del Señor, donde hallaréis
gente buena con quien simpatizar, si vosotros también sois buenos (S 146,2).
5482 No os estrañe la muchedumbre de cristianos malos que llenan la iglesia, que comulgan del mismo
altar, que alaban a grandes voces al obispo o al presbítero, que hablan sobre las buenas costumbres;
gracias a ellos se cumple lo que predijo en el salmo quien nos ha congregado: "Hice el anuncio, hablé, y se
multiplicaron por encima del número (S 223,2).
5483 La Iglesia de este tiempo es semejante a una era que tiene grano y paja mezclados, es decir,
buenos y malos juntos; pero después del juicio tendrá solamente buenos sin malo alguno (S 223,2).
5484 No os entristezca la mezcla de paja: no os acompañará por siempre. ¿Cuánto pesa la paja?
Gracias a Dios, es leve. Preocupémonos sólo de ser grano, y, por mucha que ella sea, no nos oprimirá (S
223,2).
5485 ... Lo mismo sucede ahora: los muchos cristianos que viven mal oprimen a la Iglesia. Y esto es
poco: también rompen las redes. Pues, si no se hubiesen roto las redes, no hubiesen existido cismas (S
248,2).
5486 Así es la Iglesia en el tiempo presente: está llena de buenos y malos. Una muchedumbre llena la
Iglesia, pero a veces esta misma muchedumbre la oprime e intenta llevarla casi al naufragio (S 250,2).
5487 La multitud de los que viven mal perturba a los que viven bien, y hasta tal punto que quien vive
santamente cree ser un necio cuando ve que los otros viven mal, sobre todo cuando se advierte que, por lo
que se refiere a los bienes de este mundo, muchos culpables son felices y muchos inocentes desdichados
(S 250,2).
5488 La Iglesia tolera a los que viven mal; puede ser oprimida, pero no hundida (S 252A,2).
5489 Nosotros, los que por la recta conciencia somos miembros de Cristo, no debemos considerar como
enemigos nuestros sólo a aquellos que están abiertamente fuera. En verdad, son mucho peores quienes
parecen estar dentro y están fuera... (S 354,2).
5490 ¿Qué quiso advertir a su Iglesia, hermanos míos, Nuestro Señor Jesucristo queriendo tener entre
los doce a un perverso, sino recomendarle la tolerancia de los malos para no dividir el cuerpo de Cristo?
(TEJ 50,10).
5491 De dónde hay tantos males en la Iglesia, sino de que no es posible hacer frente a la avalancha que
para hundir la disciplina entra en sus costumbres, enteramente opuestas al camino de los santos? (TEJ
122,7).
5492 La era del Señor no está bieldada aún, y no puede estar sin paja. Oremos nosotros y trabajemos
con ahínco para ser grano (Ca 23,6).
5493 Tiene malos y buenos, pero en la tierra sólo pierde a los malos y en el cielo sólo admite a los
buenos (Ca 43,9.27).
5494 Claro es que la Iglesia de Dios, establecida entre tanta paja y tanta cizaña, tolera muchas cosas,
contentándose con no aprobar, ni permitir, ni ejecutar las que van contra la fe o la moralidad (Ca 55,19.35).
5495 Esta es la Iglesia. Va bogando con los malos peces en la red del Señor, pero está separada de ellos
por el corazón y las costumbres y puede presentarse a su Esposo lleno de gloria, sin mancha ni arruga (Ca
93,9.33).
5496 Ella espera la separación corporal en la playa del mar, es decir, en el fin de los tiempos, corrigiendo
a los que puede, tolerando a los que no puede corregir (Ca 93,9.33).
5497 No abandona la unidad de los buenos por razón de los malos, cuya maldad no puede corregir (Ca
93,9.33).
5498 Aquellos peces de los que Jesús habla en el Evangelio estaban dentro de la misma red, aunque los
había buenos y malos; el Señor los junta en la unidad hasta el fin del mundo... (Ca 108,3.7).
5499 No nos retiremos de la Iglesia porque veamos que hay cizaña en ella. Unicamente hemos de
esforzarnos en ser nosotros trigo (Ca 108,3.10).
5500 Ves que esos que parecen ofendidos en su justicia por las iniquidades ajenas y abandonan la
unidad de la Iglesia, son los más inicuos. Ves que ahí fuera se convierten en cizaña los que no quisieron
tolerar la cizaña en la unidad dentro del campo del Señor (Ca 108,3.12).
5501 ¿No será mejor conservar a los que se pueda, aunque perezcan libremente aquellos a los que no
puede conservar? La Iglesia desea ardientemente que todos vivan, pero trabaja con más ahínco para que
no perezcan todos (Ca 185,3.14).
5502 ... Eres contrario a Cristo. Estés dentro o estés fuera, eres anticristo; Estés dentro o fuera, eres
paja. Pero ¿por qué no estás fuera? Porque no has encontrado la oportunidad del viento (TCJ 3,9).
5503 Bajo el gobierno de Cristo en la Iglesia los malos no son perjuicio para los buenos; porque o los
ignoran o los toleran por amor a la paz... (RPa 2,6,11).
5504 Sobre la cizaña exterior y la interior, al igual que sobre el mismo trigo, cae una lluvia común, celeste
y agradable, aunque con ella crezca estérilmente la cizaña (TB 4,9,13).
5505 Hay que distinguir los tiempos de la Iglesia; ella no es hoy lo que será después de la resurrección;
ahora tiene malos mezclados, entonces no los tendrá... (MD 9,12).
5506 Ahora viven juntamente buenos y malos dentro de las redes de los preceptos y sacramentos de
Dios en el estado actual de la Iglesia (OC 57,2).
5507 Quien conozca el Evangelio hallará, con temor santo, que en la red vemos la Iglesia, y el mar es el
caos mundano (SD 14.15).
5508 Nada nos podrá dañar que en la Iglesia queden malos, y si no pueden vivir entre nosotros
mezclados, separados sean al punto, dejando la paz a salvo (SD 168.169).
5509 Ni por los malos que parecen estar dentro deben ser abandonados los buenos que en verdad están
dentro (RC 2,33,42).
5510 Si tú deseas que sólo haya grano, gime en el trabajo del campo, regocíjate con la esperanza del
granero, tolera a los malos en la comunión de los sacramentos de Cristo, no sea que, rompiendo las redes
antes de llegar a la ribera, llegues a ser lo que no quisiste tolerar (RC 3,31,35).
5511 A los justos no les toca en la Iglesia católica sino tolerar con toda paciencia a los malos que no
pueden corregir o condenar; y no pueden salir del campo del Señor por causa de la cizaña, ni de la era del
Señor por la paja, ni de la casa del Señor por los vasos viles, ni de las redes del Señor por los peces malos;
con ello intentarían inútilmente justificar su salida (RG 2,3,3).
5512 No ejecutes el bien fuera de la morada de la tierra. La tierra del Señor es su Iglesia; a ésta riega y
cultiva aquel Padre agricultor. Muchos ejecutan obras buenas; pero, como no moran en la tierra, no
pertenecen al Agricultor (CS 36,s.1,4).
5513 Eres viña, ¡oh Iglesia!, y tienes a Dios por agricultor. Ningún agricultor hace llover sobre su viña.
Luego, carísimos hermanos, entrañas de la Iglesia, prendas de la Iglesia, hijos de la madre celestial, oíd,
cuando hay tiempo (CS 103,11).
5514 La tierra de Dios es el campo de Dios y el campo de Dios es la Iglesia de Dios. De esta tierra
desaparece la memoria de aquellos que, siendo ramos por naturaleza, debido a la incredulidad se
rompieron (CS 108,18).
5515 Aquel huerto del Señor, hermanos, tiene -y lo repito una y tres veces- no sólo las rosas de los
mártires, sino también los lirios de las vírgenes, la hiedra del matrimonio y las violetas de las viudas (S
304,2).
Católica
5517 La Iglesia está extendida por todo el orbe de la tierra; todos los pueblos poseen la Iglesia. Que
nadie os engañe: ella es la auténtica, ella la católica. A Cristo no lo hemos visto, pero sí a ella: creamos lo
que se nos dice de él (S 238,3).
5518 Sé cuál es la Iglesia católica. Todas las gentes son herencia de Cristo, y los términos de la tierra
son su posesión (Ca 23,2).
5519 ...Es la Iglesia católica, así llamada del término griego catoliké, porque se difunde por todo el orbe
de la tierra (Ca 52,1).
5520 En aquellos pueblos en los que la Iglesia aún no está implantada, tendrá que implantarse, aunque
no crean todos (Ca 199,12.48).
5521 Esta, pues, Iglesia católica, sólida y extensamente esparcida por toda la redondez de la tierra, se
sirve de todos los descarriados para su provecho y para la enmienda de ellos, cuando se avienen a dejar
sus errores. Pues se aprovecha de los gentiles para materia de su transformación, de los herejes para la
prueba de su doctrina, de los cismáticos para documento de su firmeza, de los judíos para realce de su
hermosura (VR 6,10).
5522 De tal manera se propagó la Iglesia por todas las naciones, que no hay secta perversa contraria a la
fe católica, ni error tan enemigo de la verdad cristiana que no usurpe y quiera gloriarse del nombre de Cristo
(FV 7,10).
5523 La Iglesia, hablando en sentido cabal, es el asiento de Dios y El la extiende por todo el orbe (AJ
9,7).
Cuerpo de Cristo
5524 Hable Cristo, porque habla la Iglesia en Cristo y Cristo en la Iglesia, el cuerpo en la cabeza y la
cabeza en el cuerpo (CS 30,2,s.1,4).
5525 ...Aquí entendemos por la voz de Cristo la voz de la Cabeza y del cuerpo de Cristo. Cuando oigas la
palabra de Cristo no separes al esposo de la esposa (CS 34,s.2,1).
5526 Esta Iglesia, que consta de todos los fieles, porque todos ellos son miembros de Cristo, tiene la
cabeza colocada en el cielo, la cual gobierna a su cuerpo, el cual, aunque esté separado por la visión, está
unido por la caridad (CS 56,1).
5527 Aunque el Cuerpo trabaja en la tierra, no está separado de su Cabeza, pues la Cabeza mira desde
arriba y ampara a su Cuerpo (CS 123,1).
5528 La Iglesia es su cuerpo. La Iglesia misma es el monte. ¿Y qué es la Iglesia? El cuerpo de Cristo.
Añádele a ella la cabeza y se convierte en un solo hombre (S 45,5).
5529 ... Esto aún no lo veían los discípulos; aún no veían a la Iglesia anunciada en todos los pueblos
comenzando por Jerusalén. Veían la Cabeza y respecto al cuerpo creían lo que ella decía. Por lo que veían
creían en lo que no veían (S 116,6).
5530 Los discípulos vieron la Cabeza y creyeron en el cuerpo; nosotros vemos el cuerpo y creemos en la
Cabeza (S 116,6).
5531 Se anuncia la Iglesia por la carne de Cristo, ya que esta carne es Cabeza de la Iglesia (CS 120,12).
5532 Ponderad, hermanos, a dónde llega el amor de nuestra Cabeza. Aunque ya en el cielo, sigue
padeciendo aquí mientras padece la Iglesia. Aquí tiene Cristo hambre, aquí tiene sed, y está desnudo, y
carece de hogar, y está enfermo y encarcelado (S 137,2).
5533 ... Por lo mismo, carísimos, tiernos gérmenes de la Iglesia católica, miembros de Cristo, ponderad la
suma excelsitud de vuestra Cabeza (S 146,1).
5534 También nosotros vemos una cosa y no vemos otra. Como ellos, viendo la cabeza creían en el
cuerpo, así nosotros, viendo el cuerpo creamos en la cabeza (S 229I,2).
5535 Ellos veían a Cristo, y creían en la Iglesia que no veían; nosotros que vemos la Iglesia, creamos
también en Cristo, a quien no vemos, y, agarrándonos a lo que vemos, llegaremos a quien aún no vemos (S
238,3).
5536 Quien llamó a los primeros, llamó también a los segundos, y sigue llamando, hasta el final de los
tiempos, al cuerpo de su unigénito, es decir, a la Iglesia extendida por todo el orbe (S 239,1).
5537 A él no lo vimos, pero vemos esto. Cuando estas cosas se anunciaban para el futuro, aún no se las
veía. Los apóstoles veían a Cristo presente ante ellos, pero aún no veían a la Iglesia extendida por todo el
orbe de la tierra. Veían la cabeza y creían lo referente al cuerpo. Ahora es nuestro turno... (S 242,12).
5538 Todos en conjunto somos los miembros y el cuerpo de Cristo; no sólo los que estamos en este
recinto, sino también los que se hallan en la tierra entera... (S 341,11).
5539 Casi ningún pagano, incluso los que no quieren o difieren el poseer a Cristo por la devoción, se
atreve a negarlo; aunque osen negarlo en los cristianos, no osan hacer lo mismo con Cristo; ceden ante la
cabeza, pero aún insultan al cuerpo. El cuerpo, al escuchar los insultos de quienes ya se doblegan ante la
cabeza, no ha de considerarse mutilado de la cabeza, sino unido a ella (S 361,14).
5540 Somos un solo Cuerpo bajo una Cabeza, para que vosotros seáis activos en mí y yo en vosotros
contemplativo (Ca 48,1).
5541 ¿Por qué, pues, no queremos oír la voz del Cuerpo de boca de la Cabeza? La Iglesia padecía en El
cuando El padecía por la Iglesia; como en la Iglesia padecía El cuando la Iglesia padecía por El (Ca
140,6.18).
5542 Sola la Iglesia católica es el Cuerpo de Cristo, y Cristo es la Cabeza y el Salvador de su Cuerpo.
Fuera de este Cuerpo, a nadie vivifica el Espíritu Santo... (Ca 185,11.50).
5543 Nadie puede tener a Cristo por cabeza si no estuviere en su cuerpo, que es la Iglesia, la cual
debemos conocer, como a la misma cabeza, en las santas Escrituras canónicas, y no buscarla en los vanos
rumores, opiniones, hechos, dichos y visiones de los hombres (UI 19,49).
5544 Nadie piense haber conocido a Cristo, si no participa de su cuerpo, es decir, de su Iglesia, cuya
unidad encarece el Apóstol en el misterio del pan al decir: "Siendo muchos, somos un solo pan, un solo
cuerpo" (CE 3,25,72).
5545 Es necesario entender que es heredero en su cuerpo, es decir, en la Iglesia, cuyos coherederos
somos nosotros, del mismo modo que se dice que somos hijos de esta madre, aunque ella esté formada
por nosotros (OC 75,2).
Enemigos
5546 Son mejores los enemigos que se hallan fuera que quienes viven mal dentro, con los cuales se
atormenta y abruma la Iglesia (CS 30,2,s.2,6).
5547 Persiguen a la Iglesia los cristianos que no quieren vivir bien (CS 30,2,s.3,3).
5549 (La Iglesia) ni se preocupa de quien la insulta desde su ignorancia (CF 15,9).
5550 No se debe desesperar de nadie, ya se manifieste carnal dentro de la Iglesia, ya muestre una
oposición abierta desde fuera (TB 1,17,26).
5551 Es necesario que, hasta la separación en el juicio final, se vaya llenando todo el mundo no sólo de
la fecundidad de la Iglesia que crece, sino también con la multitud de sus enemigos que tiene mezclados,
por los cuales se pueda ir ejercitando y probando su unidad (RC 4,61,74).
Esposa de Cristo
5552 ¡Buen matrimonio! ¡Santas nupcias! Cristo es el esposo, la Iglesia la esposa. Por el esposo
conocemos a la esposa (S 183,10).
5553 ¡Grandioso misterio! Hemos sido invitados a la boda y nosotros mismos somos la boda. En las
bodas humanas, una es la esposa y otros los invitados. Nosotros somos, a la vez, los invitados y la esposa,
pues somos Iglesia y estamos invitados en la Iglesia (S 265E).
5554 Se dice que hay matrimonio en el Verbo encarnado, porque al hacerse hombre Cristo, desposó a la
Iglesia (CEv 1,31).
5555 La santa Iglesia es ocultamente la esposa del Señor Jesucristo. Oculta e interiormente, en un lugar
secreto y espiritual, el alma humana se une a la Palabra de Dios, para ser dos en una sola carne: gran
símbolo del matrimonio que el Apóstol encarece en Cristo y la Iglesia (CF 22,38).
5556 Nuestro Padre ha querido tener una sola esposa. Por consiguiente, quienes adoramos a un único
Padre, ¿por qué no reconocemos una única Madre? Si dices que tú has nacido de otra, ella te dio a luz de
un seno ajeno (SIC 5).
Madre
5557 Amemos al Señor, Dios nuestro; amemos a su Iglesia; a El como Padre, a ella como madre; a El
como a Señor, a ella como a Esclava, porque somos hijos de la Esclava (CS 88,2,14).
5558 Nadie diga: "Adoro a los ídolos, consulto a los augures, a los adivinos, pero no abandono la Iglesia
de Dios; soy católico". Reteniendo a la madre, ofendes al padre (CS 88,2,14).
5559 A la Iglesia le concedió Cristo ser espiritualmente lo que su Madre corporalmente: "madre y virgen"
(S 138,9).
5560 Lo que María mereció tener en la carne, la Iglesia lo conservó en el espíritu; pero con una
diferencia: María dio a luz a uno solo; la Iglesia alumbra a muchos, que han de ser congregados en la
unidad por aquel único (S 195,2).
5561 Nadie puede tener propicio a Dios Padre si desprecia a la Iglesia madre (S 255A).
5562 La madre Iglesia no pierde sus piadosas entrañas ante ninguna clase de pecado (S 352,9).
5563 Si la madre Iglesia reclama vuestro concurso, no os lancéis a trabajar con orgullo ávido ni huyáis
del trabajo con torpe desidia (Ca 48,2).
5564 No antepongáis vuestra contemplación a las necesidades de la Iglesia, pues si no hubiese buenos
ministros que se determinasen a asistirla, cuando ella da a luz, no hubiéseis encontrado medio de nacer
(Ca 48,2).
5565 La Madre Iglesia no debe querer que los penitentes salgan de esta vida sin las arras de su paz (UA
1,28,35).
5566 Todo el que conoce que ha nacido, sepa que es niño e infante. La madre es la Iglesia, y sus pechos
los dos Testamentos de la divina Escritura (TCJ 3,1).
5567 La Iglesia es madre e hija al mismo tiempo: en efecto, si consideramos todos los miembros en
conjunto, es madre; si los consideramos individualmente, cada uno es hijo (CEv 1,18).
5568 También vais a comenzar a tener a Dios por Padre, cuando hayáis nacido por medio de la Iglesia
Madre (SCSA 1,1).
5569 Pero yo, madre de todos, ¿qué males os he causado? Si puedo expulso a los malos, y cuando no,
los aguanto (SD 288.289).
2280 3101
Orden en la Iglesia
5570 En la Iglesia hay este orden: unos preceden, otros siguen. Los que preceden sirven de ejemplo a
los que siguen, y los que siguen imitan a los que antecedieron. Pero los que sirvieron de ejemplo a los que
siguen, ¿acaso no siguen a nadie? Si no siguiesen a nadie, errarían. Siguen, pues, a uno, a Cristo (CS
39,6).
5571 De tal modo ordenó Dios su Iglesia, que toda potestad establecida en este mundo debe ser
honrada, y algunas veces lo es por los mejores (CS 124,7).
5572 Para que no exista discordia entre los miembros de Cristo, realicen todos las funciones que les son
propias en el cuerpo (S 24,5).
5573 ... Así es la Iglesia de Dios: en unos santos hace milagros, en otros proclama la verdad, en otros
guarda la virginidad, en otros la caridad conyugal; en unos una cosa y en otros otra; cada uno realiza su
función propia, pero todos viven la misma vida (S 267,4).
5574 Obedeced a Dios con humilde corazón, llevando con mansedumbre a quien os gobierna a vosotros
(Ca 48,2).
Origen
5575 Con razón fue hecha la esposa del costado. Durmiendo el varón, fue hecha Eva; y, muerto Cristo,
fue hecha la Iglesia; Eva, del costado del varón, sacándole una costilla; la Iglesia, del costado de Cristo, al
ser herido con la lanza y brotar los sacramentos (CS 127,11).
5576 Luego por el dormir se entiende la pasión. Eva fue formada del costado del que dormía, y la Iglesia,
del costado del que padecía (CS 138,2).
5577 De un costado fue creada Eva que, pecando, nos llevó a la muerte, y del otro fue hecha la Iglesia
que, engendrándonos, nos dio la vida (S 336,5).
5578 Había de nacer la Iglesia del costado de Cristo cuando dormía en la cruz, del costado del que
estaba durmiendo (TEJ 15,8).
6451 6459
Perdón en la Iglesia
5579 ¿Qué hace, pues, la Iglesia, a la que se dijo: "Lo que desatares será desatado", sino lo que a
continuación dijo el Señor a los discípulos: "Desatadlo y dejadlo marchar?" (S 67,3).
5580 La penitencia sólo es provechosa cuando se acepta la Iglesia, en que se da la remisión de los
pecados, y se mantiene la sociedad del espíritu en el vínculo de la paz (S 71,37).
5581 Si no existiese en la Iglesia el perdón de los pecados, ninguna esperanza habría de vida y
liberación eterna. Damos gracias a Dios porque concedió este don a la Iglesia (S 213,9).
5582 En la Iglesia hay dos clases de misericordia: una es tal que no conlleva gasto de dinero ni tampoco
fatiga; otra que requiere de nosotros o bien el servicio de la acción o bien gasto de dinero. La que no nos
exige ni dinero ni fatiga radica en el alma, y consiste en perdonar a quien te ofendió. Para dar esta limosna
tienes el tesoro en tu corazón: allí te entiendes directamente con Dios (S 259,4).
5583 La paloma ata, la paloma desata. Ata y desata el edificio levantado sobre la piedra. Teman los
atados, teman los desatados. Los desatados teman ser atados; los atados oren para ser desatados (S
295,2).
5584 No solamente Pedro ata y desata los pecados, sino la Iglesia entera... (TEJ 124,7).
5587 En los consiervos que contaron al Señor lo sucedido (Mt. 18,31), se puede entender la Iglesia, que
ata y desata (CEv 1,25).
5588 Cuando el penitente pide perdón, ningún pecado desaparece si no es por medio de la Iglesia,
representada por Pedro (CEv 2,6).
5589 En verdad que no se puede desatar ni retener nada fuera de la Iglesia, donde no hay quien pueda
retener o desatar (TB 3,18,24).
5590 En la Iglesia se perdonan los pecados de tres modos: por el bautismo, por la oración y por la gran
humildad de la penitencia (SCSA 8,16).
7832
5591 La Iglesia, ya desde ahora, es reino de Cristo y reino de los cielos (CD 20,9,1).
5592 También a la Iglesia del tiempo presente se le llama reino de los cielos (S 251,3).
5593 Aunque alguna vez a la Iglesia, que vive en el tiempo, se la llama reino de los cielos, es
precisamente porque une a las almas con vistas a la vida futura (SV 24,24).
Templo de Dios
5594 Quien desgarra la unidad, profana el templo de Dios, unido y compaginado mediante la universal
acción de la suministración alimenticia, según la operación de los miembros, obra a la medida de cada uno
el incremento del cuerpo para edificación de sí mismo en caridad (CS 10,7).
5595 La casa que ahora se edifica será dedicada o consagrada más tarde. Ahora se fabrica la casa, es
decir, la Iglesia; más tarde se dedicará. En la dedicación aparecerá la gloria del pueblo cristiano, que ahora
está oculta (CS 29,2,6).
5596 No penséis, hermanos, que este templo está fuera de vosotros. Amad la justicia, y vosotros seréis
el templo de Dios (CS 64,8).
5597 Amamos la hermosura de la casa del Señor y el lugar del tabernáculo de su gloria, si somos casa y
tabernáculo del Señor. ¿Qué es la hermosura de la casa del Señor y el tabernáculo de su gloria, sino su
mismo templo...? (S 15,1).
5598 Aprended, pues, qué debéis amar para que podáis amarlo. Pues quien ama la hermosura de la
casa de Dios no hay duda de que ama a la Iglesia, no por la suntuosidad de las paredes y de las bóvedas,
ni por el esplendor de los mármoles y de los artesonados de oro, sino en virtud de los hombres creyentes y
santos que aman a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente; y al prójimo como a sí
mismos (S 15,1).
5599 Sé, pues, hermosura de la casa del Señor. En tu interior lucha contigo mismo la flaqueza. Dios esté
contigo; te ayude aquel que te manda (S 15,9).
5600 La casa de Cristo, que se llama Iglesia, está edificada con las preseas que el diablo tenía en
cautividad (T 15,19,34).
5601 El recto orden de nuestra Confesión exigía que la Iglesia apareciese unida a la Trinidad, como al
inquilino su casa, como a Dios su templo y como al fundador su ciudad (E 56,15).
5602 Algunos están de tal modo en la casa de Dios, que forman esa misma casa de Dios (TB 7,51,99).
5603 Así es: la casa de Dios está formada por fieles buenos y santos siervos de Dios dispersos por todas
partes y vinculados por la unidad espiritual en la misma comunión de sacramentos, se conozcan de vista o
no unos a otros (TB 7,51,99).
Unidad
5604 Ora en el templo de Dios el que ora en la paz de la Iglesia, en la unidad del Cuerpo de Cristo... (CS
130,1).
5605 Algunos bajo el nombre de Cristo forman sus conventículos fuera del redil (S 71,36).
5606 Porque es congregada en el Espíritu Santo, que no está dividido contra sí, como aquel espíritu
inmundo. Y por eso todas las congregaciones, o más bien dispersiones, que se llaman Iglesias de Cristo y
aparecen divididas entre sí y contrarias, y son enemigas de la congregación de la unidad que es su
verdadera Iglesia, no porque ostenten su nombre, ya por eso pertenecen a su congregación. Pertenecerían
si estuviese dividido contra sí el Espíritu Santo, en el que se asocia esta congregación (S 71,37).
5607 La salud de este Cuerpo es la unión de sus miembros y la trabazón de la caridad. Si se resfría la
caridad, sobreviene, aun perteneciendo uno al Cuerpo de Cristo, la enfermedad (S 137,1).
5608 Tres son los modos de vida de los miembros de Cristo en la Iglesia: la vida conyugal, la de viudez y
la virginal... Cada cual elija para sí la que quiera de las tres. Quien desee situarse fuera de ellas, se coloca
fuera de los miembros de Cristo (S 196,2).
5609 ... Si quieres subir, permanece en el cuerpo de Cristo; si quieres subir, sé miembro de Cristo (S
294,10).
5610 No hay más que una unidad de Cristo y una única Iglesia. Dondequiera que se realice una obra
buena, nos pertencerá también a nosotros si nos alegramos de ella (S 356,10).
5611 Todo el que antes de tiempo o por la inmundicia de algunos abandona esta congregación de la
unidad, que, como el arca del diluvio, lleva lo puro y lo inmundo, demuestra más bien que él mismo es lo
que condena (Ca 108,7.20).
5612 No será partícipe de la divina caridad quien es enemigo de la unidad. Y así no tienen el Espíritu
Santo los que están fuera de la Iglesia (Ca 185,11.50).
5613 Luego quien quiera tener el Espíritu Santo, cuídese de no permanecer fuera de la Iglesia y
guárdese de simular la entrada. si entró ya con mala intención, no persista en ella, para que pueda prender
de veras en el árbol de la vida (Ca 185,11.50).
5614 Nadie puede ser bueno si se separa de ella, mientras piense lo contrario de ella, ya que, aunque
alguno pueda parecer bueno por su buena conducta, lo hace malo la misma división... (Ca 208,6).
5615 Ante los que se repartían la Iglesia e intentaban constituir partidos a costa de la unidad, la madre
caridad, que residía en el Apóstol, da a luz infantes; muestra sus entrañas, rasga en cierto modo con
palabras sus pechos, llora a sus hijos que ve son arrancados de su seno, intima a volver a la unidad a los
que intentaban formar muchos partidos; aparta del amor que puedan tenerle, para que sea amado Cristo
(TCJ 2,4).
5616 Toda regla y toda medida de disciplina eclesiástica inspiradas en la piedad deben tener como mira
fundamental la unidad que crea el Espíritu con el vínculo de la paz (RPa 3,1,1).
5617 Mantengamos como una verdad inquebrantable y firme que ningún hombre justo puede separarse
de la Iglesia (RPa 3,5,28).
5618 No tienen el amor a Dios los que no aman la unidad de la Iglesia (TB 3,16,21).
5620 Todas las herejías han salido de ella, como sarmientos inútiles cortados de la vid. Pero ella
permanece entera en su raíz, en su cepa, que es su caridad. Las puertas del infierno no la vencerán (SCSA
6,14).
778 779 1130 4497 4498 4500 5419 5497 5498 5499 7146 8827
Virgen
5621 ... a la que hizo semejante a su madre. En efecto, para nosotros la hizo madre y para sí la conservó
virgen (S 195,2).
5622 Vino él y la convirtió en virgen; hizo virgen a la Iglesia. Es virgen en la fe; tiene pocas vírgenes
según la carne; pero según la fe, todos deben ser vírgenes, tanto las mujeres como los varones (S 213,8).
5623 Así, pues, la Iglesia es virgen. Es virgen, siga siéndolo; guárdese del seductor, no sea que
encuentre en él un corruptor (S 213,8).
5625 La Iglesia imita a la madre de su Esposo y Señor; porque la Iglesia también es virgen y madre.
Pues, si no es virgen, ¿por qué celamos su virginidad? Y, si no es madre, ¿a qué hijos hablamos? (SV 2,2).
5626 En la custodia inviolada de la fe existe también una cierta virginidad, por la que la Iglesia, como una
casta virgen, se une a un solo varón (SV 48,48).
5627 Porque la Iglesia, de la que ellas son miembros, era cónyuge de Cristo; y esa Iglesia, por la
integridad de su fe, esperanza y caridad, es toda entera virgen, no sólo en las santas vírgenes, sino también
en las viudas y casadas fieles (BV 10,13).
6376
IMPÍOS - INICUOS
5628 Una cosa son los impíos y otra los pecadores, por más que todo impío sea pecador, aunque no
todo pecador es impío (CS 1,5).
5629 Por lo que pronuncia la lengua del impío, se entiende lo que lleva en el corazón (CS 34,s.2,8).
5632 Ahora la era es todo el orbe de la tierra; es necesario, pues, para que aproveches que vivas entre
los inicuos. No puedes apartarte del inicuo, apártate de la iniquidad (CS 92,5).
5633 ... están en casa del diablo, o son muebles del diablo (S 71,3).
5634 La malicia del impío hace perversa su voluntad; justamente, con todo, recibe dicho poder para
castigo propio o ajeno, para condenación de los malos o alabanza de los buenos (T 3,8,13).
5635 Hasta a los impíos se les da la ocasión de florecer y reinar por una disposición misteriosa de la
divina Providencia (CH 4,23).
5636 Se consideran impíos quienes anteponen los bienes temporales a la justicia... Todas sus
expectativas se les convertirán en sinsabores (AJ 15,27).
5637 En presencia del impío nadie pone al descubierto su conducta. Sólo lo hace el Señor con aplomo y
seguridad en sí mismo, porque le hace frente (AJ 21,28).
5638 El pensamiento del impío está lejos del Señor porque Dios no actúa de acuerdo con las
expectativas de él, bien porque al impío le resulta la impiedad gratificante o apetitosa, o bien porque no
acaba de verla (AJ 22,4).
5639 El Dios supremo ordena la ceguera de los impíos plenamente al beneficio de los santos (CF 16,21).
INIQUIDAD - IMPIEDAD
5640 Indagué qué cosa era la iniquidad, y no hallé que fuera sustancia, sino la perversidad de una
voluntad que se aparta de la suma sustancia, que eres tú, ¡oh Dios!, y se inclina a las cosas ínfimas y arroja
sus intimidades, y se hincha por de fuera (C 7,16,22).
5641 La iniquidad, la maldad, la mentira, el homicidio, el engaño y cualquiera otra cosa semejante es la
verdadera noche, pasada la cual, se presenta la mañana para ver a Dios (CS 5,5).
5643 Las serpientes son tus vicios; mata las serpientes de la iniquidad, y entonces desearás con más
ardor la fuente de la verdad (CS 41,3).
5644 Cuando alguno defiende sus pecados, comete gran iniquidad, pues defiende lo que odia Dios (CS
58,1,14).
5645 El que muere a la vida de la justicia andará errante, con infinita miseria, por los caminos de la
iniquidad (CS 2,1).
5646 Es absolutamente cierto, hermanos, que o matas la iniquidad o la iniquidad te mata a ti. Pero no
pretendas matar la iniquidad como a algo que está fuera de tí. Mírate a tí mismo y ve que lucha contigo en
tu interior y evita el ser vencido por la iniquidad, que es tu enemigo si no le diste muerte en tí. De tí procede,
y tu alma, no otra cosa, guerrea contra tí (CS 63,9).
5647 Mira si no ves en tu corazón la iniquidad, no sea que quizá lo que reprochas en otros, pienses tú
hacerlo, y por eso le imputas a él, no lo que hizo, sino lo que encontraste en tu corazón (CS 65,22).
5648 Procura que en lo secreto de tu aposento, en el fondo más íntimo de tu corazón, donde estás tú
sólo y Aquel que también ve, te desagrade allí la iniquidad para que agrades a Dios (CS 65,22).
5649 Aconséjame el modo de vivir; si vivo bien, será un bien para mí. Sólo sé una cosa: que, si fuese
malo, no me hace a mí malo el negocio, sino la iniquidad (CS 70,1,17).
5651 Navega lejos del camino de la iniquidad aquel que surca las aguas de este mundo sobre el madero
de la cruz con la mercancía de los divinos mandamientos (CS 118,26,8).
5652 Leve parece la flaqueza, pero a veces es tan acentuada que merece el nombre de impiedad (T
13,10,14).
5653 Es útil la derrota para aquellos a quienes se les quita la licencia de la iniquidad (Ca 138,2.14).
5654 Iniquidad llamo amar a este mundo y estimar en mucho lo que nace y pasa, desearlo y trabajar para
adquirirlo, regocijarse cuando abunda, temer que perezca, contristarse cuando perece (Cc 13,14).
5655 La iniquidad o la adversidad hizo que el hombre fuera siervo del hombre (CH 1,153).
19 98 108 244 624 722 898 910 992 1013 3141 3297 4192 4208 4364 5663 5789 5896 6183 6657 6813
8928 9451 9594 9974
INMORTALIDAD
5656 Hemos de tener también nosotros la inmortalidad de los cuerpos, no la que ha de atormentar la
eternidad de los suplicios, sino la que preparará la pureza del ánimo (CD 8,15,1).
5657 Así como la primera inmortalidad, que perdió Adán por el pecado, consistía en poder no morir, la
última consistirá en no poder morir (CD 22,30,3; CG 12,33).
5659 ¿Cuándo, pues, hay auténtica sanidad sino cuando hay auténtica inmortalidad? (S 77,14).
INOCENCIA
5661 La inocencia lleva consigo la obligación, no sólo de no causar daño a alguien, sino de impedir el
pecado y de corregir el ya cometido (CD 19,16).
5664 El que es inocente por temor, no es inocente, aunque no cause daño al que quiere dañar (CS 93,1).
5665 ¿Quién es inocente? El que, al no perjudicar a otros, tampoco se perjudica a sí, pues el que a sí
mismo se perjudica no es inocente (CS 100,4).
5666 Luego primeramente se perjudica a sí mismo el que quiere perjudicar a los demás; y no se mueve,
porque carece de sitio en donde andar, pues toda malicia se ve rodeada de estrechez; sólo la inocencia es
amplia (CS 100,4).
5667 El camino inmaculado consiste en conocer cuando venga el Señor a nosotros (CS 100,11).
5668 ¡Cuántos hay que, postrados en el lecho, son inocentes, y sanos irán a cometer crímenes! (TEJ
7,12).
5669 ¿Qué lugar se reserva a la inocencia, si el ignorar el crimen ajeno es ya un crimen propio? (Ca
93,4.15).
INTERIORIDAD
5670 Y, amonestado de aquí a volver a mí mismo, entré en mi interior guiado por tí; y púdelo hacer
porque tú te hiciste mi ayuda. Entré y vi con el ojo de mi alma, comoquiera que él fuese, sobre el mismo ojo
de mi alma, sobre mi mente, una luz inconmutable... (C 7,10,16).
5671 El hombre interior es quien conoce la cosas de Dios por ministerio del exterior (C 10,6,9).
5672 Tenemos otro sentido del hombre interior, mucho más excelente que el sentido corporal, por el que
percibimos lo justo y lo injusto: lo justo, por su hermosura inteligible; lo injusto, por la privación de esa
hermosura (CD 11,27,2).
5673 ... Levantémonos volviendo sobre nosotros mismos como el hijo menor del Evangelio, a fin de
volver a El, de quien nos habíamos apartado por el pecado (CD 11,28).
5674 A cualquier parte que vaya me sigo. Tú, hombre, puedes huir a donde quieras, pero no fuera de tu
conciencia. Entra en tu casa, descansa en tu lecho, penetra en lo interior; nada más interno puedes hallar a
donde huir fuera de tu conciencia, si te remuerden tus pecados (CS 30,2,s.1,8).
5675 Ninguna obra mayor, ninguna ocupación mejor hay en la tribulación como alejarse de aquel bullicio,
que se halla fuera, y dirigirse al interior del aposento de la mente e invocar a Dios... (CS 34,s.2,3).
5676 Me volveré a mí; allí encontraré lo que he de inmolar. Entraré dentro de mí; en mí encontraré la
inmolación de alabanza; sea tu altar mi conciencia (CS 49,21).
5677 Dentro tendré la caridad; no estará en la superficie; en lo más íntimo del corazón estará lo que amo.
Nada hay más interior que nuestra medula (CS 65,20).
5678 ¡Cuántas riquezas no oculta el hombre dentro de sí, y, sin embargo, no cava! (CS 76,9).
5679 Oigamos ya estas obras (de Dios) y nos regocijemos también nosotros; pero nos traspasemos
también a nosotros con el afecto y no nos gocemos en lo temporal. También nosotros tenemos nuestra
recámara. ¿Por qué no entramos en ella? ¿Por qué no obramos en silencio? ¿Por qué no escudriñamos
dentro nuestro espíritu? ¿Por qué no pensamos en los días eternos? ¿Por qué no nos alegramos en las
obras de Dios? Ahora oigamos y, hablando El, nos alegremos de tal suerte, que también al marcharnos de
aquí hagamos lo que, hablando El, hacíamos si es que hemos puesto ya manos a la obra (CS 76,13).
5680 Tú que me eres más interior que mis cosas más íntimas; tú dentro, en mi corazón,... (CS 118,22,6).
5681 El hombre no permanece en sí, pues se muda y cambia si no participa de Aquel que permanece en
sí mismo (CS 121,8).
5682 Recapacitad para que no profiráis interiormente algún mal y no lo perpetréis fuera, pues nada
puede hacer externamente el hombre sin haberlo dicho antes en su interior (CS 125,8).
5683 Existe una boca interior; allí rogamos y por ella rogamos; y, si preparamos hospedería o casa al
Señor, allí hablamos y allí somos oídos, pues no está situado lejos de cada uno de nosotros Aquel en quien
vivimos, nos movemos y somos (CS 137,2).
5684 Al declarar que es malo ser arrojado al exterior, manifiesta que es bueno entrar al interior (CS
139,15).
5685 Amemos más las cosas interiores que las exteriores. Nos regocijemos de las cosas internas y no
nos entreguemos por voluntad, sino por necesidad, a las externas (CS 139,15).
5686 Si escuchas a tu prójimo como te escuchas a ti mismo, de seguro que perseguirás los pecados y no
al pecador (S 13,8).
5687 No quieras arrancar la cizaña cuando aún no es tiempo; entra en tu interior mientras aún es tiempo
(S 47,17).
5688 Yo buscaré; buscad conmigo. No yo en vosotros o vosotros en mí, sino vosotros dentro de vosotros
mismos, y yo dentro de mí. Busquemos conjuntamente y exploremos en común nuestra común naturaleza y
sustancia (S 52,17).
5689 Vuelve, pues, la mirada a tu hombre interior. Es allí sobre todo donde se ha de buscar la semejanza
de tres cosas que se manifiestan separadamente y que obran de forma inseparable... En ti se hallaban las
tres; puedes enumerarlas y no te es posible separarlas. Estas tres cosas son: memoria, entendimiento y
voluntad (S 52, 18-19).
5690 Vuelve la vista a tu interior si tienes allí algún retiro apacible para tu conciencia, donde no halla
barullos ni querellas, donde no busques ni planees discusiones plenas de obstinación (S 52,22).
5691 Es el hombre interior en el que habita Cristo de forma provisional por la fe. Allí ha de habitar con la
presencia de su divinidad (S 53,15).
5692 Todo debe estar dentro. Si está dentro lo que ve el hombre, ¿por qué está fuera lo que ve Dios? (S
62,17).
5693 Entra en tu interior, mírate dentro, examínate interiormente. Siéntate al lado de ti mismo, ponte en tu
presencia y extiéndete sobre el rostro del precepto de Dios, atorméntate con el temor y no te halagues (S
107,9).
5694 Dios te puso en la cara los ojos, y la razón en el alma; despierta esta razón, despierta al que mora
dentro de tus ojos, asómese a esas sus ventanas y mire por ellas la creación divina (S 126,3).
5695 Has de verte a ti en ti... Y al alma, que anda fuera de sí, se la trae de nuevo a sí. Y lo mismo que se
había alejado de sí misma, habíase alejado de su Señor (S 142,3).
5696 ¿Para qué miras alrdedor de ti y no vuelves los ojos adentro de ti? Mírate bien por dentro, no salgas
fuera de ti mismo. Desciende a tu intimidad, y hallarás en tus miembros una ley en pugna con la ley de tu
razón... (S 145,3).
5697 No te quedes en ti; transciéndete también a ti mismo; coloca tu asiento en quien te hizo, pues si
cifras tu esperanza en ti mismo, al recibir la ley, te convertirás en prevaricador (S 153,9).
5698 No vayas lejos, no disperses la mirada de la mente por doquier. Vuelve a ti mismo, examínate. Tú
eres aún malo. Por tanto, cuando Dios te libra de ti mismo, entonces te libra del malo (S 256,1).
5699 Vuelve a ti mismo; mas, cuando hayas vuelto de nuevo a ti, no permanezcas en ti. Antes de nada,
vuelve a ti desde lo que está fuera de ti, y luego devuélvete a quien te hizo, a quien te buscó cuando
estabas perdido, a quien te alcanzó cuando huías y a quien, cuando le dabas la espalda, te volvió hacia ti
(S 330,3).
5700 ¿Hasta tal punto encalleció la ceguera mental, hasta tal punto se ha hecho sordo el hombre interior,
que quiere tener todo bueno menos él mismo? (S 339,4).
5701 En el hombre interior habita Cristo, y en el hombre interior serás renovado según la imagen de Dios;
conoce en su imagen a su Creador (TEJ 18,10).
5702 Deja fuera tu vestido y tu carne; baja a ti mismo y entra en tu interior y en tu mente, y mira allí lo que
yo quiero decir, si es que puedes (TEJ 23,10).
5703 ¿Qué interioridad es esa de la que jamás se sale fuera? Interioridad muy íntima, interioridad
dulcísima. ¡Oh retirada interioridad, que no hastía, exenta del repugnante amargor de los malos
pensamientos y libre de la turbación de las tentaciones y de los dolores (TEJ 25,14).
5704 Entrar en lo más interior es desear lo que hay de más íntimo, y lanzar lejos las intimidades más
íntimas es salir fuera. Por el orgullo salimos fuera, por la humildad volvemos al interior (TEJ 25,15).
5705 Mírate bien a ti mismo: eres criatura, reconoce, pues, al Creador; eres siervo, no desprecies al
Señor; eres hijo de adopción, pero no por tus merecimientos (TEJ 29,8).
5707 Vuélvete hacia tu alma y elévala hacia Dios todo lo que puedas (Ca 9,1).
5708 Los ojos interiores son, pues, jueces de los exteriores. Estos tienen en cierto modo la función de
siervos, el ministerio de anunciar, pues los interiores ven muchas cosas que los exteriores no ven (Ca
147,17.41).
5709 Cree firmemente en Dios y arrójate en sus brazos cuanto puedas. Exprópiate de ti mismo, sal de tu
propia potestad y confiesa que eres siervo de tu clementísimo y generosísimo Señor. El te atraerá a sí y no
cesará de colmarte de sus favores, aun sin tú saberlo (Sl 1,15,30).
5710 Aléjate ya de tu propia sombra, entra dentro de ti mismo; no debes temer ninguna muerte en ti, sino
el olvido de que eres inmortal (Sl 2,19,33).
5711 No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la
verdad; y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas no olvides que, al
remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma, dotada de razón. Encamina, pues, tus pasos
allí donde la luz de la razón se enciende... (VR 39,72).
5712 El hombre exterior se desmorona con el progreso del interior o por defecto suyo (VR 41,77).
5713 El hombre interior tiene su boca interior, y el oído interior la descubre (Co 2,4).
5714 La debilidad de mi ojo interior es la justa consecuencia de mis pecados (Dam 6).
146 147 148 176 186 191 192 193 1503 1515 1516 1519 1520 1525 1903 1943 1951 2176 3153 3426 3468
3628 3835 3836 4135 7348 7705 8003 8004 8006 8376 8968 8969
IRA-ODIO
5715 Torcidas son las aspiraciones de quien desea tener alguien a quien odiar o a quien temer para
poder tener alguien a quien vencer (CD 4,15).
5716 La ira, cuando se envejece, se convierte en odio, y, hecha odio, es homicida (CS 25,2,3).
5717 Arroja la ira del corazón antes de que esta luz visible se oculte, para que no te abandone aquella luz
invisible (CS 25,2,3).
5718 La ira aún no es odio, aún no odiamos a aquellos contra los que nos airamos; pero si se estabiliza
esta ira y no se arroja pronto del corazón, crece y se convierte en odio (CS 30,II,s.2,4).
5719 La ira contra el hermano, si es inveterada, se convierte ya en odio. La ira enturbia el ojo y el odio la
ciega (CS 54,7).
5720 Para que sepáis la diferencia que hay entre el odio y la ira, observad cómo todos los días se aíran
los padres con sus hijos; dadme quién odie a los hijos... (CS 54,7).
5721 El odiar con odio perfecto consiste en no odiar a los hombres por los vicios y en no amar a los vicios
por los hombres (CS 138,28).
5722 Los hombres arden con la cólera, pero también con la gracia. Es diferente, sin embargo, el ardor de
la salud y el de la úlcera (S 8,7).
5723 La ira es la paja; el odio, la viga. Pero nutre la paja y se convertirá en viga (S 49,7; 58,8).
5724 En tu ojo hay una viga. ¿Por qué hay una viga en tu ojo? Porque despreciaste la paja que allí nació
(S 49,7).
5725 ¿Qué es la ira? El afán de venganza. ¿Qué es el odio? La ira inveterada. La ira, si se ha hecho
inveterada, se llama ya odio (S 58,8).
5726 La paloma ama aun cuando disputa; el lobo odia aun cuando halaga (S 64,4).
5727 La paja es el comienzo de la viga, pues cuando la viga se forma, al comienzo es como una paja.
Regando la paja, la conviertes en viga; alimentando la ira con malas sospechas, la conduces al odio (S
82,1).
5728 Grande es la diferencia entre el pecado del que se aíra y la crueldad del que odia. Aunque nos
airamos hasta con nuestros hijos, ¿dónde se encuentra uno que los odie? (S 82,2).
5729 No todo el que se aíra odia; hasta tal punto es cierto, que a veces el no airarse aparece como
prueba de que existe odio (S 82,2).
5730 Grande es la diferencia entre el ojo turbado y el apagado. La paja turba; la viga apaga (S 82,2).
5731 La luz que hay en ti no te permite descuidar la luz de tu hermano. Pues si odias y deseas corregir,
¿cómo corriges la luz tú que la perdiste? (S 82,3).
5732 No puede suceder que quien odia a otro no se dañe antes a sí mismo. Intenta dañarle a él
exteriormente y se asola en su interior (S 82,3).
5733 Cuanto nuestra alma es superior a nuestro cuerpo, tanto más debemos procurar que no sufra daño.
Daña su alma quien odia a otro (S 82,3).
5734 Quien odia a otro, en su interior es enemigo de sí mismo. Mas como no es consciente del mal que
se hace, se ensaña contra otro, viviendo tanto más peligrosamente cuanto menos siente el mal que se
hace, pues con su crueldad perdió incluso la sensibilidad (S 82,3).
5735 La ira recién nacida perturba el ojo, como una paja en el mismo ojo... pero aquella paja se nutre con
sospechas y se robustece con el paso del tiempo. Aquella paja llegará a convertirse en viga; la ira
inveterada se convertirá en odio. Donde existe odio, hay un homicidio (S 114A,6).
5736 Es muy humano airarse, pero ¡ojalá no fuese posible! Es muy humano airarse, pero tu ira, una
pequeña yema cuando nace, no debe convertirse en la viga del odio con el riego de las sospechas (S
211,1).
5737 Una cosa es la ira y otra el odio, pues no es raro que el padre se aíre contra el hijo, sin por eso
odiarlo; se aíra para corregirlo. Por tanto, si se aíra para corregirlo, su ira nace del amor (S 211,1).
5738 Quien odia a su hermano... está aprisionado por la culpa. No pienses que está libre de la cárcel; su
cárcel es su corazón (S 211,2).
5739 Poned frenos a la ira que os impulsa a la venganza, pues la ira es como un escorpión (S 315,9).
5740 Mira el daño que causa la ira. Reconócela como enemiga tuya; advierte que es ella con quien
luchas en el anfiteatro de tu interior (S 315,10).
5742 Según mi opinión, la ira es un apetito turbulento de eliminar lo que impide la facilidad de la acción
(Ca 9,4).
5743 Aun los médicos afirman que la hiel crece por el hábito de encolerizarse. Mas, al crecer la hiel,
volvemos a irritarnos fácilmente y casi sin que exista causa alguna (Ca 9,4).
5744 El no airarse contra nadie, ni siquiera con motivo, es mucho mejor que el resbalar hacia el odio por
esa misteriosa lubricidad de la ira cuando nos airamos con justicia aparente (Ca 38,2).
5745 Incomparablemente es mejor no abrir el sagrario del corazón a la ira justa que llama, que admitirla,
pues no se irá fácilmente, sino que se convertirá de rama en viga (Ca 38,2).
5746 Poned mayor empeño en ir de acuerdo que en reprocharos los unos a los otros. Porque, como el
vinagre corroe el vaso si dura en él, así la cólera corroe el corazón si dura hasta el día siguiente (Ca 210,2).
5747 Nos molesta que nos venzan los hombres y nosotros no queremos vencer nuestra ira. ¿Hay mayor
ignominia que ésta? (VR 45,85).
5748 Tanta distancia hay entre la cólera y el odio como entre la paja y la viga. Porque el odio es la cólera
inveterada, la cual con la duración prolongada parece haber adquirido tanta robustez que hay razón para
llamarla viga (SM 2,19,63).
5749 Puede, sin embargo, acontecer que, si os irritáis contra algún hombre, queráis que él se enmiende;
pero si lo aborrecéis, no es posible que queráis que él se corrija (SM 2,19,63).
JUICIO
5750 En el juicio final habrá también misericordia, pero no sin discriminación. Si habrá misericordia, no
para cualquiera, sino para aquel que ejecutó la misericordia, la misma misericordia será justa, porque no
está embrollada. La misericordia, sin duda, consiste en perdonar los pecados, en conceder la vida eterna
(CS 32,2,s.1,11).
5751 Ninguno de nosotros se duerma a la hora de recibir, para que no nos despertemos sobresaltados al
tiempo de rendir cuentas (CS 32,2,s.2,2).
5752 Aquel día ciertamente, así como aumenta el sufrimiento de los infieles, así pone fin al de los fieles
(CS 36,s.1,1).
5753 Procura sólo progresar, nunca desfallecer. Si el último día no te encuentra vencedor, que te
encuentre al menos luchando, nunca cautivo o condenado (S 22,8).
5754 Cada uno de nosotros debe prepararse para cuando llegue su fin. El último día, en efecto, no
acarreará mal alguno a quien, pensando que cada día es el último para él, vive en forma de morir tranquilo;
a aquel que muere día a día para no morir eternamente (S 64A,1).
5755 De la forma como cada uno haya dejado su último día, así se encontrará en el último del mundo (S
97,1).
5756 Entonces estarán seguros quienes ahora carecen de seguridad, y entonces temerán quienes ahora
no quieren temer. Este deseo y esta esperanza es lo que nos hace cristianos (S 108,1).
5757 Este vicio, hermanos, que el Señor señala aquí, es muy difícil de evitar en este mundo: no juzgar
por apariencias, sino contenerse siempre dentro de los límites del juicio recto (TEJ 30,7).
5758 Con acepción de personas es vergonzoso juzgar. Nunca podrán los injustos el Reino de Dios ganar
(SD 2.3).
JUSTICIA - INJUSTICIA
5759 Sin justicia, de ningún modo puede existir la concordia (CD 2,21,1).
5760 La verdadera justicia no existe más que en aquella república cuyo fundador y gobernador es
Cristo... (CD 2,21,4).
5761 Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran
escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño? (CD 4,4).
5762 Con frecuencia la ignorancia del juez es la desgracia del inocente (CD 19,6).
5765 ¿Qué justicia humana es aquella que arranca al hombre del Dios verdadero para hacerlo esclavo
de los impuros demonios? (CD 19,21,1).
5766 La suprema y verdadera hermosura es la justicia. No veréis a un hombre hermoso si notáis que es
injusto. Donde quiera que hay un justo hay un hermoso (CS 44,3).
5767 La justicia es aquella que se da en la confesión de los pecados... Debes ser justo contigo
castigándote. Pues la primera justicia del hombre consiste en castigarte a ti siendo malo, para que de este
modo Dios te haga bueno (CS 84,16).
5768 Primeramente se posee la justicia y después se juzga. Primeramente se soporta a los malos y
después se les juzga. Se tenga ahora la justicia, después se convertirá en juicio (CS 93,18).
5769 Tanto más te atormenta la injusticia ajena, cuanto más te hayas apartado de la tuya (CS 98,12).
5770 Toda la justicia se reduce a una sola palabra: inocencia (CS 100,4).
5771 El que tiene justicia, juzga rectamente, o mejor dicho, conforme a este modo de hablar aquí, el que
tiene justicia, juzga, porque no juzga si no juzga con rectitud (CS 118,26,1).
5773 Serás justo cuando Dios te alabe en todas las cosas que hizo y no te desagrade en todos los males
que padezcas (CS 144,22).
5774 Juzga lo que ves. Lo que no ves, déjalo a Dios. Cuando juzgas, ama al hombre, odia el vicio (S
49,5).
5776 El ejercicio de la justicia consiste en sobrellevar el peso de la vida y en ayunar, digamos, de este
siglo, absteniéndonos no ya de comer carne, lo que sólo hacemos de cuando en cuando, sino del amor del
siglo, lo que debemos hacer siempre (S 125,7).
5777 ¿Carecemos en absoluto de la justicia? ¿O tenemos algo, pero no la plenitud? Investiguemos esto.
Si tenemos parte y carecemos de otra parte, aumente la que tenemos y se llenará lo que no tenemos (S
158,4).
5778 Si carecemos en absoluto de justicia, carecemos también de la fe, y si no tenemos fe, ni siquiera
somos cristianos. Si tenemos fe, algo de justicia poseemos (S 158,4).
5779 ... Agradezcámoslo para no perder la que tenemos y adquirir la que no tenemos. Por lo tanto,
también esta tercera cosa se halla en nosotros. Hemos sido justificados, pero la justicia crece a medida que
progresamos (S 158,5).
5780 Sea tal el placer de la justicia que venza hasta los placeres lícitos. Antepón la justicia a cualquier
placer que lícitamente te deleite (S 159,2).
5781 La justicia deleita menos, o no deleita en absoluto, o deleita menos de lo debido. ¿A qué se debe
esto, sino a la enfermedad del alma? (S 160,7).
5782 Serás obra de Dios, no sólo por ser hombre, sino también por ser justo (S 169,13).
5783 Es la justicia una cierta belleza del alma que hace a los hombres hermosos, aunque sus cuerpos
sean deformes (T 8,6,9).
5784 El que, por ejemplo, conoce perfectamente y ama con igual perfección la justicia, ya es justo,
aunque no actúe al exterior según este postulado de la justicia mediante los miembros del cuerpo (T
9,9,14).
5785 No es que el poder se haya de evitar como un mal, pero es necesario guardar el orden, y el primer
puesto lo ocupa la justicia (T 13,13,17).
5786 El orden de la justicia manda que ante todo devolvamos lo que debemos, y luego, si eso nos place,
demos algo a quien antes pagamos la deuda (Ca 110,5).
5787 Nuestra justicia en esta peregrinación consiste en tener hambre y sed de la justicia suma; nuestra
justicia plenaria en la eternidad consistirá en saciarnos de la suma justicia (Ca 120,4.19).
5788 ¿Qué otra cosa es la justicia que hay en nosotros, o cualquiera otra virtud que nos haga vivir recta y
sabiamente, sino la hermosura del hombre interior? (Ca 120,4.20).
5789 Tú, juez cristiano, cumple el oficio de padre piadoso. Encolerízate contra la iniquidad de modo que
no te olvides de la humanidad (Ca 133,2).
5790 ¿Qué hemos de decir, finalmente, de la justicia, sino que es la virtud que manda dar a cada uno lo
suyo? (L 1,90).
5791 Según mi parecer, no llamamos justicia a otra cosa que a la equidad, y esta palabra trae su origen
de igualdad. Pero ¿y en qué consiste la equidad en esta virtud, sino en dar a cada uno lo suyo? Ahora bien,
no se puede dar a cada uno lo suyo si no hay distinción (Da 9,15).
5792 No se puede, por decirlo así, observar la justicia si en las cosas a que se aplica no hay cierta
desigualdad y desemejanza (Da 9,15).
5793 Nadie viola la justicia general, sino quien, por placer, transgrede los principios de la convivencia
humana (OCAT, pról.).
5794 No obran injustamente quienes hacen una guerra justa (CH 6,10).
5795 ... No a todos les es lícito. Si la guerra es justa, poco importa para la justicia si vence en un combate
abierto o por medio de una emboscada (CH 6,10).
5796 Ni la justicia cierra el camino a la misericordia, ni la misericordia es impedimento para la justicia (CE
1,14,21).
5797 El criterio de la justicia no mira únicamente a la acción en sí sino también al motivo de la misma,
para examinar con la balanza de la equidad el peso de las acciones a partir de los motivos (CF 22,43).
5798 La justicia de los escribas y fariseos es decir y no hacer. Por esta razón (el Señor) quiso que la
nuestra sea superior a la de ellos: decir y hacer (FO 26,48).
5799 La justicia es la disposición del alma exigida por la utilidad social que da a cada uno su mérito (OC
31,1).
5800 La acción de la justicia conjura la violencia o la ofensa y todo lo que puede perjudicar, bien
defendiendo, bien castigando (OC 31,1).
5801 No sería posible justicia alguna entre los hombres si Dios no se preocupara de las cosas humanas
(OC 82,2).
5802 Lo mismo que la justicia de Dios consiste en mandar aquello que es saludable, y en distribuir a los
desobedientes los castigos y a los obedientes los premios, así la justicia del hombre consiste en obedecer
los preceptos saludables (OC 82,3).
5803 Está claro que es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar
repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento están repletos los ángeles; en
cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados;
mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos (Ua 1,1).
62 553 679 756 902 947 1100 1103 1106 1230 1687 3364 3674 3675 3676 3677 4210 4824 5347 5330
6674 6716 6720 6727 7473 7474 7480 7528 7530 7668 7711 7811 7820 7827 7926 7927 8265 8363 8643
8889 9004 9274 9767 9903 9974
JUSTIFICACIÓN
5804 Oír la voz de alabanza es entender interiormente; es entender que todo lo que en ti hay de mal,
procedente de los pecados, es tuyo, y lo que hay de bien, debido a la justificación, es de Dios (CS 25,2,11).
5805 El hombre se basta a sí mismo para pecar; para justificarse, si no lo es por Aquel que solo es justo,
no se basta a sí mismo (CS 98,7).
5807 Nadie alcanzará la plenitud de la justicia, cuando haya salido de este mundo, si no ha corrido hacia
ella con hambre y sed cuando estaba en él (PJ 2,8,17).
5808 Se alcanza en esta vida la justificación por uno de estos tres medios: primero, por el sacramento del
bautismo, en el que se perdonan todos los pecados; segundo, por la lucha contra los vicios, cuyo tanto de
culpa nos ha sido perdonada; tercero, cuando Dios escucha nuestra oración al implorar nos perdone
nuestras deudas; porque, aunque luchemos con fortaleza contra los vicios, somos hombres (RJ 2,8,23).
5809 Si se puede hacer mal uso de lo bueno, ¿por qué no se puede hacer buen uso de lo malo? (RJ
3,7,16).
5810 No consiste, pues, la justicia, en esta vida, en no tener vicios, sino en disminuir su número al no
prestarles nuestro consentimiento, resistiendo, llevando una vida sobria, justa, piadosa (RJI 6,8).
5811 Hay a quienes deleita el pecar, no quieren o detestan la justicia, pero para amarla es preciso que
prepare Dios las voluntades, porque al cumplimiento de la justicia ha de preceder el deseo de la voluntad
(RJI 6,11).
5812 Ciertamente la verdadera doctrina de la justicia humana consiste en amar en sí mismo lo que es
propio de Dios y en odiar lo que es propio del hombre (EICR 9).
5813 Los hombres que se desvían de la justicia son una especie de fugitivos. Algo así como aquel joven
que se largó a lejanas tierras (AJ 9,24).
5815 La verdadera justicia no es la que nace del sufrimiento; al contrario, sólo hay gloria en el sufrimiento
cuando nace de la justicia (RPa 1,9,15).
LENGUA
5816 Nuestro horno cotidiano es la lengua humana. Tú nos mandas que seamos también en este orden
continentes; da lo que mandas y manda lo que quieras (C 10,37,60).
5817 No se halla en vano la lengua en medio de humedad; por eso resbala fácilmente (CS 38,3).
5818 Guarda tus caminos y no peques con la lengua; piensa primero lo que has de decir, examina,
consulta a la verdad interior y después habla al oyente exterior (CS 38,3).
5819 No das a tu estómago alimentos amargos, ¿y das a tu lengua manjares malignos? Como eliges lo
que has de comer, elige igualmente lo que has de hablar (CS 51,10).
5820 ¿Y quién anda de tal modo que jamás resbale? Sin duda, esto acontece frecuentemente sobre todo
con la lengua (CS 55,10).
5822 Cuando el hombre cristiano hubiere comenzado a pensar en progresar, comienza a soportar las
lenguas de los adversarios (CS 119,3).
5823 ... Una vez suelta, se dirige espontáneamente hacia aquello que le resulta más fácil. Tienes una
cosa en el corazón, pero otra cosa se desliza por la lengua en virtud de la costumbre (S 16A,2).
5826 No hay hombre que pueda dominar su lengua. El mismo hombre que doma a una fiera, no domina
su lengua; doma a un león, y no refrena la conversación; es domador, pero no de sí mismo. Doma aquello a
lo que temía, y para dominarse a sí mismo no teme lo que debería temer (S 55,1).
5828 La lengua tiene facilidad de movimiento, está situada en un lugar húmedo y fácilmente se resbala a
zonas peligrosas (S 180,12).
5829 ¡Ojalá esos que declaran la huelga de brazos declarasen la de la lengua! No lograrían que los
imitasen tantos si sus ejemplos perezosos fuesen también mudos (TM 22,26).
5830 Esfuércese, pues, el alma por sujetar su lengua; y para conseguirlo, implore la ayuda; ore con la
lengua, para que ella sea dominada por obra de aquel que dijo a los suyos: "No sois vosotros quienes
habláis..." (NG 15,16).
30 35 1514 1966 1967 1968 1969 1979 1974 6627 6630 6631 6635 7012 7846 9898
LENGUAJE
5831 Pocas son las cosas que hablamos con propiedad, muchas las que decimos de modo impropio,
pero que se sabe lo que queremos decir con ellas (C 11,20,26).
5832 Hay individuos que al hablar expresan lo que piensan, no lo que saben (CD 12,10,1).
5834 El nombre no es nombre por el mero hecho de ser nombre, sino por lo que significa o representa
(CS 9,11).
5835 ¿Qué nos importa a nosotros lo que intentan los gramáticos? Mejor me entendéis cometiendo un
barbarismo que haciéndoos diestros en nuestra disertación (CS 36,s.3,6).
5836 (Las fábulas...) son ciertos ejercicios de palabra y con deleite (CS 118,20,5).
5839 El diario hablar hace que pierdan estima las palabras. Como suenan y desaparecen, han perdido su
valor y ya no parecen ser sino palabras (TEJ 1,8).
5840 No se ha de atender en las cosas qué es lo que la índole de nuestro lenguaje permite o no permite,
sino a las ideas latentes en las palabras (T 5,7,8).
5841 Se llama palabra el sonido articulado silábicamente en el espacio y en el tiempo, ora lo modulen
nuestros labios, ora quede escondida en nuestro pensar (T 9,10,15).
5842 ... Por fin, se llama palabra el concepto de la mente cuando place (T 9,10,15).
5843 ¿Qué es, pues, una alegoría sino un tropo, donde se da a entender una cosa por otra...? (T
15,9,15).
5844 Enigma, para decirlo en dos palabras, es una alegoría oscura (T 15,9,15).
5845 Las oportunas semejanzas llevan siempre de las cosas visibles a las invisibles (Ca 55,5.8).
5846 A veces es arriesgado decir lo que sientes, penoso no decirlo y dañoso decir lo que no sientes (Ca
95,4).
5847 El arrepentirse de un dicho malo, necio e inoportuno es propio de gente cuerda (Ca 143,3).
5848 No quiero promover una controversia superflua ni padecerla con razón: si la realidad es patente, no
es menester discutir sobre palabras (Ca 166,2.4).
5849 Lo que no puede pintarse con palabras, no puede pintarse ni con muchas ni con pocas. Y yo
ciertamente digo poco, aunque hablo mucho (Ca 231,1).
5851 Habiendo acuerdo sobre las cosas, no repares en las palabras (O 2,7,21).
5852 Una definición no contiene, ni más ni menos, que lo que se trata de explicar; de lo contrario, es
completamente defectuosa (Da 25,47).
5853 Nuestra palabra tiene dos fines: o enseñar o despertar el recuerdo en nosotros mismos o en los
demás; lo cual hacemos también cuando cantamos (M 1).
5854 Cuando no tenemos que expresar algo, es una tontería completa proferir cualquier palabra (M 3).
5855 Nunca me hallo tan desprovisto de palabras como cuando la misma realidad de que se trata es más
evidente que todo discurso (Cp 1,35,65).
5856 Tú, hombre que nada puedes decir, ¡si al menos supieras callar! (RJI 2,197).
5857 También el silencio es reprensible cuando no se dice lo que se debe decir para no dejar ver que la
respuesta es posible (RJI 4,15).
5858 El signo es toda cosa que, además de la fisonomía que en sí tiene y presenta a nuestros sentidos,
hace que nos venga al pensamiento otra cosa distinta (DC 2,1,1).
5859 ¿En qué consiste la pureza en el hablar, sino en la observancia de la costumbre ajena confirmada
por la autoridad de los antiguos que hablaron la lengua? (DC 2,13,19).
5860 Respecto a los signos figurados decimos que, cuando algunos que son desconocidos obliguen al
lector a vacilar, deberán ser desentrañados o por el estudio de las lenguas o por el conocimiento de las
cosas (DC 2,16,23).
5861 Si hay ingenio agudo y entusiasta, más fácilmente se consigue la elocuencia leyendo y oyendo a los
que hablan elocuentemente, que siguiendo los preceptos de la elocuencia (DC 4,3,4).
5862 Si los infantes no aprenden a hablar a no ser oyendo a los que hablan, ¿por qué no podrán hacerse
elocuentes los hombres, sin enseñarles arte alguna de elocuencia, sino leyendo, oyendo y, en cuanto sea
posible, imitando el estilo de los elocuentes? (DC 4,3,5).
5863 Si los oyentes deben ser excitados más bien que enseñados, a fin de que no sean remisos en
cumplir lo que ya saben y presten asentimiento a las cosas que confiesan verdaderas, entonces se
requieren mayores arrestos de elocuencia (DC 4,4,6).
5864 Aquí son necesarios los ruegos y las súplicas, las reprensiones y amenazas y todos los demás
recursos que sirven para conmover los ánimos (DC 4,4,6).
5865 Los que hablan con elocuencia son oídos con gusto. Los que hablan sabiamente, con provecho (DC
4,5,8).
5866 Así como muchas veces deben tomarse las cosas amargas por ser saludables, así también siempre
debe evitarse lo dulce cuando es dañino. ¿Y qué cosa mejor que una saludable suavidad o una suave
salubridad? (DC 4,5,8).
5867 Así como hay cierta elocuencia que es más propia de la edad juvenil, y otra que conviene a la senil,
y no puede llamarse con tal nombre si no corresponde al orador, así también hay una elocuencia que
conviene a estos hombres dignísimos de suma autoridad y profundamente divinos (DC 4,6,9).
5868 Cuando se conoce una cosa no se debe disputar sobre palabras (CLG 4,5,11).
5870 De cualquier modo que se llame una cosa, únicamente se pregunta si la misma cosa debe
venerarse, rechazarse o vituperarse (EICR 14).
5871 Una cosa recibe el nombre del objeto de donde procedió, no del objeto en que se convirtió, porque
también regresó a lo mismo (CH 2,21).
5872 Es evidente que no existe distinción sino entre dos o más cosas, pues la singularidad no requiere
distinción (CH 4,33).
5873 Toda imagen es también semejanza, pero no toda semejanza es también imagen (CH 5,4).
5874 La palabra es todo cuanto se concibe en el corazón, y el grito es cuando de la palabra se pasa al
hecho (AJ 30,6).
5875 Uno no se pronuncia de distinta manera a como lo hace otro que va a servir plenamente a Dios (AJ
31,13).
5876 En las palabras de cualquier persona no debemos investigar otra cosa que su voluntad, a cuyo
servicio han de estar las mismas palabras (CE 2,28,67).
5877 El mucho hablar es un discurso superfluo, vicio adquirido por el afán de locuacidad. Por lo general,
tienen afán de hablar aun los que ignoran lo que dicen o cómo lo dicen,... (RC 1,1,2).
1731 2147 2804 3952 3979 4000 4141 4179 4180 4181 4182 4183 4184 4186 6647 8205 8227 8281 8282
8283 8302 9388 9446
LEY
5879 Esta ley se dio según la distribución de los tiempos para obtener, primero, como ya dije, las
promesas terrenas, significadoras siempre de las eternas, que celebrarían muchos y entenderían pocos en
los sacramentos visibles (CD 10,15).
5880 La ley no es mala cuando acrecienta la concupiscencia de los que pecan (CD 13,5).
5883 No deja de haber pecado en desear lo que prohíbe la ley de Dios, absteniéndose de ello por el
temor de la pena, no por amor a la justicia (CD 14,10).
5884 Una cosa es estar en la ley, y otra bajo la ley; el que está en la ley, obra según ella; el que está bajo
la ley, es impelido a obrar por ella. Luego aquel es libre y este esclavo. Una es la ley escrita y que se
impone a quien sirve, y otra la que se contempla con la mente por aquel que no tiene necesidad de letras
(CS 1,2).
5885 Pero como los hombres, apeteciendo las cosas externas, se apartaron de sí mismos, se dio la ley
escrita; no porque no estuviese escrita ya en los corazones, sino porque, habiendo huído tú de tu corazón,
debías ser acogido por Aquel que está en todas las partes y devuelto al interior de tí mismo (CS 57,1).
5886 Considera piadosamente la ley de Dios y las palabras de su boca aquel a quien la humildad le
inclina el oído, no aquel a quien la soberbia le levanta la cerviz y lo enorgullece. Lo que se infunde se recibe
en el recipiente hondo de la humildad: lo que se arroja aparece fuera en la prominencia de la soberbia (CS
77,3).
5887 Se dio la ley a los hombres, no para salvarlos, sino para que conociesen por ella en qué
enfermedad se encontraban (CS 83,10).
5888 Tú dentro, en mi corazón, grabaste con tu espíritu, como con tu dedo, la ley, para que no la temiese
como siervo, sin amor, sino que la amase como hijo, con el casto temor, y temiera con el casto amor (CS
118,22,6).
5889 La ley, sin la gracia de la promesa, no sólo no quita el pecado, sino que lo aumenta (CS 118,25,1).
5890 Por esto, según el Apóstol, todo prevaricador es pecador, porque peca teniendo la ley; pero no todo
pecador es prevaricante, porque algunos pecan no teniendo la ley (CS 118,25,1).
5891 Aquel que no quiere que le injurien a él, no debe injuriar a ninguno, pues en esto traspasa la ley
natural, la cual no se le permite ignorar cuando no quiere padecer lo que hace (CS 118,25,4).
5892 Cuanto mayor es el conocimiento de la ley en cada uno, tanto menor es la excusa del pecado, y
cuanto menor es la excusa del pecado, tanto más patente es la prevaricación (CS 118,25,5).
5893 ¿Quiénes aman la ley de Dios? Los que aman a Dios (CS 118,31,3).
5894 El que está bajo la ley no cumple la ley, sino que es oprimido por ella, como lo era el mismo David
por las armas... (CS 143,6).
5895 Aunque ella es espiritual, con frecuencia, no obstante, con los carnales camina casi carnalmente.
Pero no quiere que permanezcan carnales, como la madre que gusta nutrir a su pequeño, pero no desea
que permanezca pequeño... (S 23,3).
5897 Las piedras arrojan piedras; los duros, cosas duras. Quienes recibieron la ley en piedras, piedras
arrojan (S 49,10).
5899 El incumplimiento de la ley es una enfermedad. Por eso estaba enfermo el hombre aquel de la
piscina; llevaba treinta y ocho años, faltándole dos... (S 125,10).
5900 Aterra la ley al que presume de sí mismo; a quien espera en Dios, la gracia le ayuda (S 145,3).
5901 Atemoriza la ley al que presume de sí, la gracia favorece al que pone su confianza en Dios (S
145,5).
5902 Sabe amenazar, pero no socorrer; mandar, no ayudar (S 152,5).
5903 No sería cosa mala transgredir la ley si ella no fuera buena. Si no fuese buena, no sería malo
transgredir una cosa mala. Puesto que transgredirla es cosa mala, ella es buena (S 152,6).
5904 Cuando a alguien no se le prohíbe una cosa, piensa que obra el bien. Una vez que se le ha
prohibido, comienza a no querer realizarla; pero es vencido, arrastrado, subyugado. No le queda más que
pedir la gracia, puesto que fue incapaz de cumplir la ley (S 152,6).
5905 Una ley te muestra el pecado, otra te lo quita. Dos son los testamentos: el antiguo y el nuevo (S
152,7).
5906 Como había comenzado a decirte, una ley te manifiesta el pecado, y otra te lo quita. Que la ley de
la letra te lo descubra, y la ley de la gracia te lo borre (S 152,11).
5907 Comienza alabando la ley conmigo y entonces te harás merecedor de su comprensión. ¿Tienes el
corazón cerrado y echas la culpa a la llave? Dejemos de lado, por el momento, lo que no comprendemos y
pasemos a la alabanza de la ley que aparece manifiesta (S 153,3).
5908 Mientras Dios no prohibía el mal, el hombre se desconocía; no descubrió la languidez de sus
fuerzas hasta que no recibió la prohibición de la ley (S 154,1).
5909 Lo que manda la ley es deleite para nuestra mente, y lo que prohíbe, para nuestra carne. De aquí
surge la lucha entre nuestra mente y nuestra carne (S 154A,2).
5910 En esta lucha, si vence la mente obtiene la liberación para el alma y la carne; y si vence la carne,
ambas son enviadas al fuego (S 154A,3).
5911 La ley dio fuerza al pecado, porque sólo mandaba mediante la letra, pero no ayudaba mediante el
espíritu (S 155,2).
5913 Si quieres, pues, evadirte de la ley que amenaza, huye al Espíritu que ayuda. Lo que la ley manda,
la fe lo espera (S 163,11).
5914 Impón una ley: nadie la observa, nadie la cumple. Añade la ayuda del Espíritu: se cumple lo
mandado, porque Dios ayuda (S 229M,2).
5915 Cuando la ley te ordena hacer algo, invoca al Espíritu para que te ayude (S 229M,2).
5916 Si quitas el espíritu, ¿para qué sirve la ley? Hace a uno transgresor (S 250,3).
5917 Reconoce, pues, la ley en el 10, y al Espíritu Santo en el 7. Súmese a la ley el Espíritu, puesto que,
si recibes la ley y te falta la ayuda del Espíritu, no cumples lo que lees, no cumples lo que se te ordena (S
251,6).
5919 En la medida en que uno se hace capaz del Espíritu Santo, en esa misma medida adquiere
capacidad para cumplir la ley (S 270,3).
5920 La ley, por tanto, descubre su condición culpable; la gracia, en cambio, los libra de la culpabilidad;
la ley amenaza, la gracia acaricia; la ley tiene a la vista el castigo, la gracia promete el perdón (S 272B,3).
5921 ¿Qué ayuda puede prestar la ley si no ayuda la gracia? (S 335K,3).
5922 He ahí la ley; ahora cumplidla; no penséis que no hay quien mande. No falta quien mande, sino
quien cumpla (TEJ 3,11).
5923 La Ley, sin la ayuda de la gracia, da origen a los prevaricadores, y se queda sólo en la letra (TEJ
122,8).
5924 Júntese el espíritu a la letra para que la letra no mate a quien el espíritu no da vida (TEJ 122,8).
5925 Cuando a la ley se une la gracia, es decir, el espíritu a la letra, se añaden siete al número diez...
(TEJ 122,8).
5926 Esta gracia hace como un convenio con la ley de Dios, como con un adversario, para que, dando
vida el espíritu, no mate la letra, antes con la ayuda del espíritu, sea cumplida la letra, y si en algo no se
cumple, sea perdonado (TEJ 122,8).
5927 Cuando la ley dice "no codiciarás", pone en evidencia al reo, si la humana fragilidad no es ayudada
por la gracia de Dios. Esa ley condena al prevaricador, más bien que salva al pecador (Ca 82,2.20).
5928 La ley, por lo tanto, nos lleva a la fe, la fe obtiene un espíritu más generoso, el Espíritu difunde la
caridad, y la caridad cumple la ley (Ca 145,3).
5929 Usa legítimamente de ella quien sabe para qué fue dada y bajo su amenaza recurre a la gracia
liberadora (Ca 145,3).
5930 Con mayor gravedad peca bajo el mandato el que por el mandato sabe cuán malo es lo que hace
(Ca 145,3).
5931 Una cosa es tener la ley de Dios en la memoria, y otra muy distinta tenerla en el entendimiento y en
la eficiencia (Ca 149,1.9).
5933 La ley sin la gracia hace que abunde el delito (Ca 157,2.9).
5934 La ley nos enseña lo que hemos de querer: multiplica los delitos si no ayuda la gracia para poder lo
que queremos y para cumplir lo que podemos (Ca 157,2.10).
5935 La utilidad de la ley es, por lo tanto, convencer al hombre de su debilidad y obligarle a implorar la
medicina de la gracia que está en Cristo (Ca 196,2.6).
5936 La ley eterna, que llevamos impresa en nuestra alma, diré que es aquella en virtud de la cual es
justo que todas las cosas estén perfectamente ordenadas (L 1,51).
5937 Nadie es capaz de abolir las leyes del Creador todopoderoso, por eso el alma no puede menos de
pagar lo que debe. O paga su deuda usando bien del don que recibió, o la paga con la privación del don de
que no quiso usar bien; y, por lo tanto, si no paga obrando la justicia, la paga sufriendo la desgracia, ya que
en ambas palabras se percibe el eco de la deuda. Lo que podría expresarse también diciendo: si no paga
haciendo bien lo que debe, pagará padeciendo lo que tiene que padecer (L 3,151).
5938 Privilegio de las almas puras es conocer la ley eterna, pero no el juzgarla (VR 31,58).
5939 La ley podrá mandar, mas no socorrer, y, además, podrá hacer prevaricador a aquel que no se
puede disculpar de ignorancia (E 117,31).
5940 La ley manda lo que es bueno, pero no lo da (Co 3,7).
5941 Entonces es la ley un pedagogo que nos lleva a la gracia (Co 3,7).
5942 Dios no prohíbe sino las cosas ilícitas para que las lícitas e inconvenientes sean evitadas no por el
vínculo de la ley, sino por la libre beneficencia del amor (UA 1,17,18).
5943 Hay cosas, pues, que son lícitas, pero de manera que son inconvenientes (UA 1,18,19).
5944 Una cosa es el imperio del Señor que manda, y otra el consejo fiel de un consiervo según la
misericordia caritativa que el Señor le ha inspirado y otorgado. Allí no es lícito hacer otra cosa. Aquí, sí,
porque lo lícito, a veces, puede ser conveniente y, a veces, inconveniente (UA 1,18,22).
5945 La prohibición que impide a los hombres hacer cosas lícitas e inconvenientes no tiene tanto peso
como la que les impide hacer cosas ilícitas (UA 1,20,24).
5946 Las cosas que el Señor manda como Señor, esto es, no con el consejo de quien amonesta, sino
con el imperio de quien domina, no es lícito, ni, por ende, conveniente el no hacerlas (UA 1,21,27).
5947 Nunca es conveniente lo que es ilícito y nunca es lícito lo que el Señor prohíbe (UA 1,24,31).
5948 El que no quiso permanecer en la ley, será castigado bajo la ley (SM 1,17,53).
5949 Hasta tal punto son distintas la ley y la gracia, que la ley no sólo no nos es útil, sino que, al
contrario, nos daña muchísimo, a no ser que socorra la gracia (GJ 1,8,9).
5950 La ley manda más bien que ayuda; señala la enfermedad, pero no la remedia; al contrario, agrava
la enfermedad para que con más cuidado y solicitud se busque la medicina de la gracia (GJ 1,8,9).
5951 Ninguno puede cumplir la ley por medio de la ley (GJ 1,9,10).
5952 Quien conoce lo que se debe hacer y no lo hace, ese tal aún no ha aprendido de Dios según la
gracia, sino según la ley; no según el espíritu, sino según la letra (GJ 1,13,14).
5953 La letra de la ley, que enseña que no se debe pecar, mata, si falta el espíritu que vivifica; pues hace
que el pecado sea conocido más bien que evitado, aumentado más bien que disminuído, puesto que a la
maliciosa codicia añade además la transgresión de la ley (EL 5,8).
5954 Lo que la ley de las obras ordena amenazando, lo alcanza la ley de la fe creyendo (EL 13,22).
5955 La ley fue dada para que se buscase la gracia; la gracia concedida para que se practicase la ley (EL
19,34).
5956 Por la ley tememos a Dios, por la fe esperamos en El; mas para los que temen el castigo
permanece escondida la gracia (EL 29,51).
5957 ... no reflexiona cuán justamente la luz de la verdad abandona al transgresor de la ley; con tal
motivo se vuelve ciego, y forzosamente tiene más caídas, y con las caídas, quebrantos, y con los
quebrantos no se levanta, y entonces sólo puede oír la voz de la ley, que le exhorta a implorar el auxilio del
Salvador (NG 22,24).
5958 Vive bajo la presión de la ley quien siente que por el temor al castigo, con que la ley amenaza, no
por el gusto de la justicia, se abstiene de pecar, no hallándose todavía libre ni siendo ajeno al deseo del
pecado (NG 57,67).
5959 El mal está en el que abusa, no en el mandato, que es bueno. La ley es buena si se usa bien de
ella. Y abusa de la ley el que no se somete a Dios con piadosa humildad para poder cumplirla por medio de
la gracia (CDS 1,1,6).
5960 Y por eso se dice que están bajo la ley aquellos a quienes ella domina. Y domina a los que castiga,
y castiga a todos los transgresores... De donde se concluye que no domina a los que viven en gracia,
porque la cumplen con la caridad los que estaban condenados cuando vivían bajo el temor de ella (CDS
1,1,15).
5961 Se llama más ordinariamente ley la que amenaza, atemoriza y sanciona. Y así un mismo precepto
para los que temen es ley, y para los que aman, gracia (CDS 1,1,17).
5962 La letra de la ley puede mandar, pero no dar la fuerza para cumplir el mandato (Cp 1,11,13).
5963 Esta complacencia en la ley de Dios, según el hombre interior, nos viene de la inmensa gracia de
Dios. En ella, en efecto, "nuestro hombre interior se renueva de día en día", en cuanto que avanza en ella
con perseverancia. Pues no es temor que tortura, sino amor que deleita. Nosotros somos verdaderamente
libres allí cuando no nos deleitamos en contra de nuestra voluntad (MC 1,30,33).
5964 La caridad quiere el bien, y el amor viene de Dios; no por la letra de la ley, sino por el espíritu de la
gracia (RJI 1,94).
5965 La letra es un socorro para los predestinados, pues al mandar y no ayudar, advierte a los débiles
que acudan al espíritu de la gracia (RJI 1,94).
5966 Distingamos estos cuatro grados que se dan en el hombre: "antes de la ley, bajo la ley, bajo la
gracia y en el descanso". Antes de la ley vamos en pos de la concupiscencia de la carne; bajo la ley somos
arrastrados por ella; bajo la gracia, ni vamos en pos ni somos llevados por ella; en la paz o descanso no
existe concupiscencia alguna de la carne (ECR 13-18).
5967 Antes de la ley no luchamos, porque no sólo deseamos con ardor y pecamos, sino que, además,
aprobamos los pecados; bajo la ley luchamos, pero somos vencidos; confesamos, pues, que son acciones
malas las que hacemos y, confesando que son malas, sin duda no las queremos hacer; pero, como aún
falta la gracia, somos vencidos... (ECR 13-18).
5968 Buena es la ley, puesto que ella prohíbe las cosas que deben ser prohibidas y manda las cosas que
deben ser mandadas. Pero, cuando alguno juzga que ha de cumplir la ley con sus propias fuerzas y no con
la gracia del Libertador, en nada le aprovecha esta presunción (ECR 13-18).
5969 Buena es, pues, la ley, pero sin la gracia declara solamente los pecados, mas no los quita (ECR
37).
5970 La plenitud de la ley es la caridad. Y la caridad es de aquellos que caminan según el espíritu (ECR
48).
5972 (Dios) había dado una ley justa a los hombres injustos, para patentizarles sus pecados, mas no
para borrárselos, pues ninguna cosa borra los pecados sino la gracia de la fe, que obra por el amor (ECG
1).
5973 No se dió la ley para abolir el pecado, sino para encerrarlo todo bajo pecado (ECG 25).
5974 No son justos a los ojos de Dios los que escuchan la ley, sino que se justificarán sólo los que la
cumplen (CEv 2,51).
5975 La ley de Dios es eterna y la toman en consideración todas las mentes piadosas para hacer o
mandar o prohibir lo que encuentran en ella (CH 2,67).
5976 Cuando el que hace la ley manda hacer algo que ha prohibido en la propia ley, el mandato mismo
se considera ley, que es propio del autor de la ley (CH 3,56).
5977 La ley no podría cumplirse por el temor, puesto que cuando de verdad se cumple la ley, se cumple
por el amor, no por el temor, y este amor es la gracia del Nuevo Testamento (CH 5,15).
5978 No sólo Dios realiza por su gracia la obra de la ley en el hombre, sino que el hombre, recibiendo por
su fe la gracia de Dios, que pertenece al Nuevo Testamento, es cooperador de Dios que da su ayuda (CH
5,15).
5979 La ley siempre es buena; ya dañe a los vacíos de la gracia, ya sea de provecho a los llenos de ella,
siempre es buena, igual que el sol es siempre bueno, porque toda criatura de Dios es buena, ya dañe a los
ojos enfermos, ya deleite a los sanos (CF 15,8).
5980 Lo que es la salud del ojo para ver al sol, eso mismo es la gracia para las mentes en orden a
cumplir la ley (CF 15,8).
5981 Se cumple la ley cuando se cumple lo en ella preceptuado o cuando se muestra lo en ella
profetizado (CF 17,6).
5982 Incluso bajo la gracia, es difícil en esta vida mortal cumplir en su plenitud el precepto de la ley (CF
19,7).
5983 La misma ley que fue dada por Moisés, se ha convertido en gracia y verdad por Jesucristo,... (CF
22,6).
5984 La ley eterna es la razón o voluntad divina que manda conservar el orden natural y prohíbe alterarlo
(CF 22,27).
5985 Lo que se manda por medio de la letra no se cumple por la letra, sino por el Espíritu (RLP 2,10).
5986 La verdad fue hecha por medio de Cristo, porque todo lo que está prometido en la profecía de la ley
se pone de relieve cumplido en Cristo (RLP 2,10).
5987 La prevaricación de la ley no sería mala si la misma ley no fuese buena (RLP 2,24).
5988 Bajo la ley son abatidos los orgullosos y bajo la gracia son levantados los humildes, y porque
aquella en tanto es buena en cuanto manda el bien, y ésta en cuanto que da los bienes (RLP 2,25).
5989 Queda sometido a las leyes quien no ama las leyes (Mu 6,14,48).
5992 Cuando viven en el error los reyes, dan leyes en favor del error en contra de la verdad; de modo
semejante, cuando están en la verdad, dan leyes contra el error en favor de la misma verdad; así las leyes
malas prueban a los buenos y las leyes buenas enmiendan a los malos (RC 3,51,56).
5993 Por ley se entiende lo que, codificado por escrito, es promulgado al pueblo para que lo observe (OC
31,1).
51 562 664 955 1045 1105 1382 4381 4389 4403 4489 4781 4786 5010 5020 5026 5033 5037 5038 5039
5042 5061 5064 5074 6014 6220 7628 7751 7796 7952 8280 8658
LIBERTAD - ALBEDRÍO
5994 Nadie que obra contra su voluntad obra meritoriamente, aun siendo bueno lo que hace (C 1,12,19).
5995 Por aquí se ve claramente cuánta mayor fuerza tiene para aprender estas cosas una libre
curiosidad que no una medrosa necesidad (C 1,14,23).
5996 Ponía atención en comprender lo que había oído de que el libre albedrío de la voluntad es la causa
del mal que hacemos, y tu recto juicio, del que padecemos; pero no podía verlo con claridad (C 7,3,5).
5997 El albedrío de la voluntad es libre cuando no se somete a los vicios y a los pecados (CD 14,11,1).
5998 El primer libre albedrío consistió en poder no pecar; el segundo, en no poder pecar (CD 22,30,3).
5999 Dios quiso dejar a tu arbitrio reservar el lugar a Dios o al diablo; cuando lo hayas reservado, el que
lo ocupe mandará (CS 148,2).
6000 El hombre puede estar siempre en actividad, porque puede frenar sus movimientos. El Creador te
dio el dominio de la razón. Te ofreció preceptos de continencia, como riendas sobre las bestias inferiores (S
8,8).
6001 Porque tienes lo que el animal no puede, esperas lo que el animal no puede. Trabajas un poco en
contenerte, mientras el animal no trabaja; pero gozarás siempre en la eternidad, a la cual no entra el animal
(S 8,8).
6002 ¡Oh pernicioso libre albedrío sin Dios! Hemos experimentado lo que vale sin él. Porque hemos
experimentado lo que vale sin Dios, hemos sido hechos desgraciados (S 26,3).
6003 No abuses, pues, de la libertad para pecar libremente, sino usa de ella para no pecar (TEJ 41,8).
6006 La libertad vale para obrar bien, si Dios la ayuda, lo cual se realiza en la oración y en la confesión
humildes (Ca 157,2.5).
6007 Tanto será más libre cuanto más sana la libre voluntad. Y tanto más sana cuanto más subordinada
a la misericordia y gracia divina (Ca 157,2.8).
6010 Orad para entender sabiamente lo que creéis piadosamente. Y para eso, es decir, para entender
sabiamente, tenemos el libre albedrío (Ca 214,7).
6011 Si queremos defender verdaderamente el libre albedrío, no combatamos aquello que lo hace libre.
Quien combate la gracia, que da a nuestro libre albedrío la libertad de apartarse del mal y hacer el bien,
quiere que siga cautivo su albedrío (Ca 217,3.8).
6013 Es más excelente la criatura que peca por su propia y libre voluntad que aquella otra que es
incapaz de pecar por carecer de voluntad libre (L 3,56).
6014 La verdadera libertad consiste en la alegría del bien obrar, y es también piadosa servidumbre por la
obediencia a la ley (E 30,9).
6015 Bien sabemos que tan sólo el que usa del albedrío racional de la voluntad puede propiamente
pecar, y que Dios sólo ha concedido esa facultad al hombre entre todos los animales mortales (UA 1,16,17).
6016 El libre albedrío basta por sí mismo para obrar el mal, pero es débil para obrar el bien si no le presta
auxilio la bondad del Omnipotente (CG 11,31).
6017 La primera libertad, pues, de la voluntad fue la de poder no pecar; la última será mucho más
excelente, conviene a saber, no poder pecar (CG 12,33).
6019 He aquí la misión del libre albedrío en esta vida mortal: no que cumpla el hombre la justicia cuando
le plazca, sino que con piedad suplicante se dirija a aquel con cuyo auxilio puede cumplirla (CDS 1,1,14).
6020 Nada más provechoso para nosotros que dejarnos mover por quien no puede mover sino
santamente, y cuando esto hiciéremos, tengamos por cierto que nuestra libertad ha sido ayudada para
obrar por aquel de quien dice el salmo: "Dios, piadoso conmigo, me preservará con su favor" (AP 3,5).
6021 Tal fue el libre albedrío en Adán; pero después de otorgado por el Creador y viciado por el
engañador, necesita ser curado por el Salvador (RJI 3,110).
6022 Cuando ignora alguien lo que debe hacer y hace lo que no debe, no es libre de abstenerse, pues no
sabe de qué se debe privar (RJI 6,17).
6023 Mucho más libres deben ser en los reinos terrenos los hijos de aquel Rey, bajo cuya autoridad
están todos los reinos terrenos (CEv 1,23).
6024 La liberación tiene lugar a través de la confesión del hombre que hace penitencia, y de la gracia de
Dios que perdona (AJ 27,7).
881 1008 1082 3989 5015 5021 5288 6343 6344 6913 7604 7643 7647 7648 7901 7925 9937 9942 9970
LIMOSNA
6025 El que hace limosnas apropiadas a sus pecados comience por hacérselas a sí mismo (CD 21,27,2).
6026 ¿Cómo vamos a decir que hace limosnas en proporción a sus pecados el que no hace a su alma la
limosna de agradar a Dios? (CD 21,27,2).
6027 Esta es la razón de la limosna: el que cuando rezamos por los pecados pasados, seamos
escuchados; pero no para seguir en ellos y creer que con esa limosna podremos comprar la licencia de
hacer el mal (CD 21,27,2).
6028 Dios no mira a quién se da, sino con qué espíritu se da (CD 21,27,3).
6029 Háganse limosnas, redímanse los pecados, alégrese el pobre de tu limosna, para que tú te alegres
de la de Dios. Necesita el pobre; tú también necesitas; necesita de ti, tú necesitas de Dios. Desprecias al
que necesita de ti, ¿y Dios no te despreciará a tí, que necesitas de El? Luego remedia tú la indigencia del
pobre, para que Dios colme tu interior (CS 37,24).
6030 ¿Cómo pretendes recibir, siendo remiso en dar? Por no haber querido dar lo que recibiste, con
razón te ves impedido para recibir lo que deseas (CS 38,4).
6031 ¿Quieres algo? Algo tienes; da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta (CS 38,4).
6032 Cuando guardas en la tierra, dime, ¿para quién lo guardas? ¿Tienes hijos? Cuenta a uno más y
dale algo también a Cristo (CS 38,12).
6034 ¿Te pide un pecador? Dale no como a pecador. ¿Cuándo das a uno como a pecador? Cuando te
agrade dar por ser pecador (CS 102,13).
6035 No deseches a ningún pordiosero; al que no puedes dar lo que te pide; no le desprecies. Si puedes
dar, da; si no puedes, muéstrate afable con él. Dios premia el deseo interior al no encontrar haberes (CS
103,19).
6036 Nadie diga: "No tengo que dar". La caridad no se extrae de la bolsa (CS 103,19).
6037 ¿De dónde procede la limosna? Del corazón. Si das con la mano y no te compadeces en el
corazón, nada hiciste; si, por el contrario, te compadeces en el corazón, aunque no tenga la mano cosa
alguna que dar, Dios acepta la limosna (CS 125,5).
6038 Con razón enjugaba la mujer los pies del Señor con los cabellos, que se consideran como cosas
superfluas. Tus cosas superfluas se te convierten en necesarias si con ellas agasajas los pies del Señor
(CS 140,8).
6039 Da al hermano necesitado. ¿A qué hermano? A Cristo. Si das al hermano, das a Cristo; si das a
Cristo, das a Dios, que es sobre todas las cosas digno de ser bendecido por los siglos. Dios quiso necesitar
de ti, ¿y tú esconderás la mano? (CS 147,13).
6040 Todo lo que ahora hace el hombre lo encierra en un tesoro, pero ignora lo que amontona (S 18,3).
6041 El hombre bueno coloca en el tesoro celestial todas aquellas obras de misericordia que hizo en
beneficio de los hombres; y sabe también que es fiel el guardián que custodia lo que allí depositó S 18,3).
6042 Si colocamos nuestras riquezas en el tesoro celestial, estamos bien seguros de la custodia de
nuestro Señor y no sufrimos por ladrón alguno ni tememos perjuicio alguno (S 18,3).
6043 Cristo puso en venta el reino de los cielos y cifró su precio en un vaso de agua fría. Cuando es un
pobre quien da limosna, basta que dé un vaso de agua fría. Quien más tiene, más dé (S 39,6).
6046 Cada cual mida sus fuerzas y no mire a atesorar en la tierra. Dé; no perece lo que da. No digo: Esto
no perece, sino: sólamente esto no perece. Las demás cosas, que no das y te sobran, o las pierdes
mientras vives, o las abandonas al morir (S 42,2).
6047 Dar a los pobres es sembrar en la tierra. Siembras aquí y encontrarás la cosecha allí (S 45,4).
6048 Aquel que ofrece algo al pobre no crea que da de lo suyo propio, no sea que, en lugar de
fortalecerse con el nombre de la misericordia, se hinche con la vanidad de la soberbia (S 50,2).
6049 Nadie tema dar a los pobres; no piense nadie que quien recibe es aquel cuya mano ve. Quien
recibe es el que te mandó dar (S 86,3).
6050 Cada cual dé al otro lo que tiene; otorgue al necesitado lo que tiene de más. Uno tiene dinero:
alimente al pobre, vista al desnudo, levante la iglesia, obre con su dinero todo el bien que pueda. Otro
posee don de consejo: dirija al prójimo; arroje las tinieblas de la duda con la luz de la piedad. Un tercero
tiene ciencia: dé de la despensa del Señor, sirva el alimento a sus consiervos, conforte a los fieles, llame a
los que yerran, busque a los perdidos, haga lo que pueda (S 91,9).
6051 ...Estas cosas son comunes a todos, de forma que es muy difícil encontrar a uno que no tenga nada
que ofrecer a otro (S 91,9).
6052 Nada tenemos que podamos dar al Señor; mas como tenemos qué dar al prójimo, dando al
necesitado mereceremos a quien tiene en abundancia (S 91,9).
6053 La pones en la mano del pobre y la recibes de la mano del rico. ¿Quién te dio eso que no tienes
dónde colocarlo? Quien te lo dio quiere recibir algo de eso que te dio. Tiene necesidad de ti quien te hizo. Si
para tu bien necesita de ti, dale de lo que tienes. Posees bienes terrenos, pero ¿acaso posees la vida
eterna? (S 107A).
6054 Da no tanto en cantidad cuanto con buena voluntad. Pues no por dar poco de lo poco que posees
se considerará como poco lo que dieres. Dios ne pesa la cantidad, sino la voluntad (S 107A).
6055 No se contriste, pues, tu corazón cuando das poco debido a que posees poco. Lo que es poco para
el pobre, es mucho para el que conoce al pobre y al rico (S 107A).
6056 Si das, lo has de encontrar allí; si no das, lo has de dejar aquí; con todo, tanto si das como si no
das, tú has de emigrar (S 114A,4).
6057 Que con tu ayuno se satisfaga el hambre del pobre o que, si no puedes ayunar, alimentes a aquel
cuya saciedad te procure el perdón de tus pecados (S 150,7).
6058 ¡Ojalá demos nosotros al menos lo que hemos recibido! Pero, demos lo que demos, hermanos,
siempre es dinero del Señor (S 179A,8).
6060 Si se comporta con desfachatez el agricultor que va a buscar la cosecha donde sabe que no
sembró, ¡cuánto mayor no es la desfachatez de quien busca la riqueza de Dios para que le dé, después de
que él no quiso escuchar al pobre que le pedía a él! (S 206,2).
6061 Dios, que no sufre hambre, quiso, no obstante, ser alimentado en la persona del pobre. Por tanto,
no despreciemos a nuestro Dios necesitado en la persona del pobre... (S 206,2).
6062 Se da gratuitamente; a base de dar se acumulan riquezas que sólo se consumen cuando no se dan
(S 206,2).
6063 No das tú de lo que recibiste de Dios, ¿y quieres que te dé Dios de lo que no recibió de ti? (S
259,3).
6064 No hay que pensar sólo en la bondad del dador, sino también en la humildad del que sirve (S
259,5).
6065 Aunque uno dé y otro reciba, se encuentran unidos el que sirve y el servido, pues no nos une la
desgracia, sino la humildad (S 259,5).
6066 Acuérdate del necesitado, pues también tú lo eres; acuérdate del pobre, pues también tú lo eres;
por mucho que nades en riquezas, estás vestido con trapos de carne (S 339,3).
6067 Si rehúsas dar, tienes de qué acusarte, pero no con qué excusarte (S 345,5).
6068 "...¿Qué más puedo dar?" Tienes algo más: a ti mismo, te tienes a ti mismo; tú formas parte de tus
bienes, has de sumarte a ti mismo (S 345,6).
6069 ¡Ea, rico, puedes aligerar tu carga dando a los pobres lo que adquiriste a base de fatigas! Da algo a
quien no tiene, puesto que también tú careces de algo. ¿Acaso tienes la vida eterna? Da, pues, de lo que
tienes para adquirir lo que no tienes (S 350B).
6070 Si te producen gozo los intereses, presta a tu Dios. Da a tu Señor de lo suyo, y te lo devolverá con
intereses multiplicados (S 350B).
6071 Das ciertamente a un pobre cuando das algo a un hambriento; quizá veas disminuir tus haberes de
aquello que has dado; pero en tu casa, no en el cielo (S 352,7).
6072 Cuando das al necesitado, te conviertes en obrero de Dios: siembras en invierno lo que cosecharás
en el verano (S 352,7).
6074 justaos, pues, a esta norma: dad cuando os pidan, aunque no sea lo que os piden (S 359,3).
6075 Muchos quitan a otros y de ello dan algo, pensando que así se les perdonan sus pecados,
sobornando, en cierta manera, al juez. Goza aquel a quien das, pero llora aquel a quien se lo quitas (S
359A,13).
6076 Da a Cristo en la tierra para que te lo devuelva en el cielo. Olvídate de lo que eres y considera lo
que vas a ser (S 367,3).
6077 Si hubiéramos enviado algo delante de nosotros, no llegaríamos a un albergue vacío. En efecto, lo
que damos a los pobres, lo enviamos delante de nosotros; en cambio, lo que arrebatamos, lo dejamos todo
aquí (S 367,3).
6078 Introducid la limosna en el corazón de los pobres, y ella orará por vosotros al Señor (S 376A,3(4).
6079 He aquí lo que se ha mandado: Pide, busca, llama. Pides orando, buscas llamando y llamas dando.
No descanse, pues, la mano (S 389,2).
6080 Quien quiere recibir un consejo, quiere recibir algo que le es provechoso a él, y quien da el consejo
mira por el bien del otro (S 389,3).
6081 Cualquier pobre mendigo recibe algo de ti con humildad; pues, si no es decoroso que des tú con
orgullo, con mucha mayor razón debe él recibir también sin orgullo; recibe algo de ti con acción de gracias.
Tú, en cambio, has de saber y recordar no sólo qué das, sino también qué recibes (S 389,3).
6082 Piensas en lo que diste y no en lo que has de recibir. Mira bien, no sea que te otorgue más yo a ti
recibiendo que tú a mí dando (S 389,3).
6083 Si tú nos has de pedir, desprecia a quien te pida. Despréciame a mí, si nada pides a quien te hizo a
ti y a mi. Mas, si vas a pedir eso que a mí me das, al oírme a mí te has concedido a ti el ser escuchado (S
389,3).
6084 Das lo que perece en el tiempo y recibes lo que permanece para siempre. Das aquello que, si no lo
das, has de desprenderte de ello dentro de poco, y recibes lo que has de disfrutar por siempre (S 389,3).
6085 Das con qué saciar el hambre de los hombres y recibes el ser compañero de los ángeles (S 389,3).
6086 Si hemos recibido un consejo, obremos en interés propio y nadie diga que da al pobre, pues se da a
sí mismo más que al pobre (S 389,3).
6087 ¿Amas tus tesoros? ¿Amas tus riquezas? ¿Amas tus campos? Todo lo que amas lo tienes en la
tierra. Lo que amas lo tienes donde puedes perderlo o perderte. Te doy un consejo: traspásalo al cielo. Si lo
tienes aquí, pierdes lo que tienes y perecerás tú junto con lo que pierdes; en cambio, si lo tienes allí, no lo
has perdido, sino que lo seguirás adonde lo has enviado (S 389,4).
6088 Si hay que traspasar lo que tenemos, ha de hacerse al lugar donde no podamos perderlo. Los
pobres a quienes se lo damos, ¿qué son sino nuestros portaequipajes, que nos ayudan a traspasarlo de la
tierra al cielo? (S 389,4).
6089 Lo que diste lo recibió Cristo; lo recibió quien te dio qué dar; lo recibió quien al final se te dará a sí
mismo (S 389,4).
6090 No vais al reino porque carezcáis de pecado, sino porque lo habéis redimido con limosnas (S
389,5).
6091 Mi exhortación, hermanos míos, sería ésta: dad del pan terreno y llamad a las puertas del celeste.
El Señor es ese pan (S 389,6).
6092 Ante ti se halla un necesitado, y tú te hallas como necesitado ante otro... Haz tú lo que ha de
hacerse contigo (S 389,6).
6093 Si defraudas a tu alma con tus lucros, has de quitar algo a la carne para ponerlo en el cielo (S
390,1).
6094 Por tanto, quien te mandó dar no quiso que perdieras nada, sino que lo cambiases de lugar (S
390,1).
6095 Levanta de aquí lo que amas para no adherirte a ello mediante el amor, y adhiriéndote lo pierdas y
te pierdas (S 390,1).
6096 Da con tranquilidad: el Señor es quien recibe, el Señor es quien pide. Nada tendrías para darle si no
lo hubieras recibido de él. Al prestar con intereses a un hombre, aumentas su carga; mas Cristo no es tal
que se sienta abrumado por los intereses (S 390,2)
6097 Lo que das se transforma realmente; se convertirá para ti no en oro ni en plata, sino en vida eterna.
Se transformará, porque te transformarás tú (S 390,2).
6098 Si da pan al pobre, debe hacerlo por caridad, no por jactancia (TEJ 51,12).
6099 Ayuda al pobre en lo que puedas, ya que anhelas ser ayudado por el Omnipotente en aquello que
tú no puedes (Ca 171A,1).
6100 Muchas veces el oficio de dar es mérito para recibir (Ca 266,1).
6101 ... A un necesitado como él, le será más útil que le otorgues un consejo para la vida eterna que una
ayuda para la presente. En efecto, mucho más peligroso es necesitar aquella limosna por cuya carencia
muere el corazón, aunque se salve la carne (Ca 20*,27).
6103 No sólo da limosna el que da comida al hambriento, bebida al sediento, vestido al desnudo,... sino
también quien perdona al que peca, el que corrige con el azote a aquel sobre quien le ha sido concedido
poder, o refrena por medio de una severa educación... (E 72,19).
6104 Nada hay mejor que aquella limosna por la que perdonamos de corazón al que pecó contra
nosotros (E 73,19).
6105 El que quiere ordenadamente dar limosna, debe empezar por dársela a sí mismo. Pues la limosna
es una obra de misericordia; y con toda verdad se dijo: "Apiádate de tu alma, procurando agradar a Dios" (E
76,20).
6106 Nadie da limosna alguna si no recibe de aquel que nada necesita de donde poder darla (E 77,20).
6107 El arca celeste no recibe los dones de los codiciosos, sino las limosnas de los pobres, que en una
medida sin medida ayudan a las oraciones de las viudas (BV 21,26).
6108 Quien distribuye sus bienes a los cristianos, dondequiera que fuere, recibe de los bienes de Cristo,
a su vez, dondequiera que le den, lo que necesita (TM 25,33).
6110 O damos benévolamente aquellas cosas que damos, o las prestamos al que ha de devolverlas (SM
1,20,68).
6111 No debemos desear que haya pordioseros para ejercer con ellos las obras de misericordia. Das pan
al hambriento, pero mejor sería que nadie tuviese hambre, y así no darías a nadie de comer (TCJ 8,5).
6112 Es insignificante lo que se da en limosnas; pero cuando se da piadosamente se adquiere por ello un
mérito eterno (RLP 1,32).
6113 Avergüénzate. El, siendo rico, quiso ser pobre para que tú tuvieses pobres a quienes dar. Da algo a
tu hermano, da algo a tu prójimo, da algo a tu compañero. Tu eres rico, él es pobre. Esta vida es el camino,
y camináis juntos (SDC 7,7).
6114 Mira quién es el que tiene necesidad, y ¿tú enumeras a tus hijos? Bien: enumera a tus hijos; pero
añade uno más entre ellos, añade a tu Señor. Tienes uno, que él sea el segundo; tienes dos, que él sea el
tercero; tienes tres, sea él el cuarto... (SDC 8,8).
87 88 851 2336 3198 4607 5385 7054 7055 7144 7162 7558 7863 7875 8406 8407 9561
LUCHA
6115 Cuanto mayor fue el peligro de la batalla, tanto mayor es el gozo del triunfo (C 8,3,7).
6116 Ni en la comida ni en la bebida hay placer si no precede la molestia del hambre y de la sed (C
8,3,7).
6117 Porque más vencido es el enemigo en aquel a quien más tiene preso y por cuyo medio tiene a otros
muchos presos (C 8,4,9).
6118 Como la naturaleza humana no quiso tener una paz feliz con Dios, se ve envuelta en una pugna
infeliz consigo misma (CD 21,15).
6119 Lo que se investiga con trabajo, suele encontrarse con agrado (CS 103,2,1).
6120 Quizás es prolijo enumerar las dos clases de luchas y combates; sin embargo, es más fácil
soportarlos que explicarlos. Soportamos un particular combate que conmemora el Apóstol: "Esta lucha
nuestra -dice- no es contra la carne y la sangre..."... (CS 143,4).
6121 No te dejes, pues, vencer en la lucha. Ved qué difícil guerra nos ha puesto ante los ojos del espíritu,
qué refriega, qué discordia dentro de ti mismo. "La carne apetece contra el espíritu" (S 128,8).
6122 Dios no está de mirón cuando luchamos, como lo está el pueblo ante los gladiadores (S 128,9).
6123 Mientras llevéis encima este cuerpo mortal, luchará el pecado contra vosotros; mas que no reine (S
128,12).
6124 Lucha en libertad, pero estate atento a no ser vencido y caer de nuevo en la servidumbre. Te fatigas
en la lucha, pero gozarás con el triunfo (S 152,3).
6125 Quien presuma de poderlo por los propios recursos, aunque parezca que vence con la paciencia, es
vencido por la soberbia (S 274).
6126 Acuérdate de luchar. Tu enemigo es invisible, pero invisible es también tu protector. No ves a aquel
contra quien luchas, pero crees en aquel que te protege (S 335K,3).
6127 Cualquier cosa que sea la que te azuza, sea que proceda de la ignorancia o de la concupiscencia,
lánzate a la lucha, no seas perezoso; pero invoca a tu espectador para que te ayude en tu fatiga (S 335K,6).
6128 Sea fácilmente abatido cuanto os ofrece resistencia para que quien os ha llamado a la lucha sea
vuestro espectador en el combate, auxiliador en el esfuerzo y coronador en la victoria (S 335K,6).
6129 Quien instituyó el combate, ayuda al combatiente. En efecto, Dios no te contempla, cuando luchas,
del mismo modo que el pueblo al auriga; la masa sabe gritar, pero no ayudar (S 343,10).
6130 He aquí el combate que tenemos delante: la lucha contra la carne, contra el diablo, contra el
mundo (S 344,1).
6131 Litiga quien quiere que su adversario sufra mengua para aumentar él; que al otro le falte, para
sumar a lo propio (S 359,4).
6132 Una cosa es pelear bien, y esto ha de realizarse acá, mientras vivimos conteniendo la muerte; otra
cosa distinta es carecer de enemigo, y eso ha de realizarse allá, cuando será aniquilada esa muerte,
nuestra postrera enemiga (Co 3,6).
6133 Mejor es no comenzar el certamen represivo, que abandonarlo para convertir al luchador y aun al
vencedor en cautivo (Co 14,31).
6134 Hemos de añadir la oración al esfuerzo para que nos llene de bienes el que nos aterra con males
(UA 2,13,13).
6135 No se promete la corona de la victoria sino a los que pelean. Vemos que en las divinas Escrituras
se nos promete con frecuencia la corona si vencemos (Cc 1,1).
6136 Más difícil es perseverar donde el enemigo combate para que no se persevere y, por ende, se lucha
hasta la muerte por perseverar (DP 2,2).
6137 Cuanto mayor sea la facilidad en la victoria, menor es el esfuerzo en el combate (RJ 4,2,11).
6138 Si somos combatientes, reconozcamos, en las palabras del Apóstol, la voz de todos los fieles que
luchan... (RJ 6,23,70).
6139 Nadie puede combatir con eficacia los deseos de su carne con los del espíritu si el espíritu de Cristo
no está en él (RJ 6,23,70).
6140 El combate penoso tiene lugar en la vida presente; el descanso feliz, en la vida futura. Si en tu
interior no sostienes combates contra tus apetencias carnales, avergüénzate; si luchas, enmudece (RJI
2,106).
6141 He aquí cómo también en las luchas espirituales hay que esperar y hay que pedir la ayuda de Dios,
no para que no hagamos nada, sino para que, ayudados, cooperemos con El (CH 5,30).
6142 ... A este género de combate pertenece el que tiene entablado el hombre fiel contra los príncipes y
potestades de los ángeles transgresores y contra los espíritus del mal. Estos reciben el poder de tentar y
aquél el precepto de aguantar (RS 10).
1548 1549 2830 2988 2990 3005 3008 3021 3022 3023 3024 3033 3060 3201 3231 4099 4100 4494 4529
4628 5646 5740 5753 6194 6461 6467 6485 6788 7225 7265 7266 7470 7479 7485 7619 8886 8903 9091
9107 9579 9625 9658 9828
LUJURIA
6143 La lujuria no es defecto de la hermosura y suavidad corporal, sino del alma que ama perversamente
los placeres corporales, descuidando la continencia, que nos dispone para realidades más hermosas del
espíritu y mayores suavidades incorruptibles (CD 12,8).
6144 Si es injusto traspasar los linderos de los campos por la avaricia de posesión, ¿cuánto más inicuo
no será profanar las barreras de las costumbres por el ansia de placeres sexuales? (CD 15,16,2).
6145 (La lujuria es el) terreno en que se comete toda clase de torpezas (S 21,3).
6146 Pues si dais vuestro consentimiento a los malos deseos sin luchar contra ellos, una vez vencidos,
lloraréis. Y es de desear que lloréis, para que no perdáis el sentido del dolor (S 152,2).
6147 En esta lucha, pues, no queda más solución que no consentir a los malos deseos, sirviendo así a la
ley de Dios (S 152,2).
6148 Si resistimos, si no damos nuestro consentimiento y no otorgamos nuestros miembros como armas
a este placer ilícito, entonces no reinará el pecado en nuestro cuerpo mortal (S 155,1).
6149 Todos los alimentos son, sin duda, puros para los puros, pero en nadie es pura la lujuria (S 205,2).
6150 Lo bestial que en nosotros hay, y que nos lleva a vivir vida de carne, debe dirigirlo el entendimiento
(TEJ 15,19).
6151 Unas cosas son malas, que no puede soportarlas cualquier pudor humano; otras hay buenas, que
no las puede soportar el poco sentido de los hombres; éstas se ejecutan en los cuerpos de los impúdicos;
aquéllas apenas puede imaginarlas una mente pura (TEJ 96,5).
6152 Siento que nada derriba de su señorío y arruina la fortaleza viril del ánimo tanto como los halagos
femeninos y el vínculo carnal con la mujer (Sl 1,10,17).
MAL
6153 El mal no es más que privación del bien hasta llegar a la misma nada (C 3,7,12; RLP 1,7).
6154 Buscaba yo el origen del mal, pero buscábale mal, y ni aun veía el mal que había en el mismo modo
de buscarlo (C 7,5,7).
6155 ...buscaba lleno de ardor de dónde venía el mal. Y ¡qué tormentos de parto eran aquellos de mi
corazón! ¡Qué gemidos, Dios mío! (C 7,7,11).
6156 Dentro, apenas en voz baja se pronuncia el nombre simulado de castidad a unos pocos. A lo
vergonzoso se da publicidad, y a lo laudable clandestinidad. El decoro es latente, y el desdoro patente. El
mal que se practica reúne a todo el mundo como espectador; el bien que se predica apenas encuentra
algún auditor. ¡Como si la honradez nos diera vergüenza, y el deshonor, gloria! (CD 2,26,1).
6157 No existe la naturaleza del mal; la pérdida del bien recibió el nombre de mal (CD 11,9).
6158 Ninguna naturaleza es un mal, no siendo este nombre sino la privación del bien (CD 11,22; RJ
1,9,42).
6159 Los bienes pueden existir en cualquier parte solos; los males puros, en ninguna parte ((CD 12,3).
6160 Hasta tal punto los males son superados por los bienes que, aunque se tolere su existencia para
demostrar cómo puede servirse de ellos para el bien la justicia providentísima del Creador, pueden, pese a
ella, existir los bienes sin los males,... En cambio, no pueden existir los males sin los bienes, porque las
naturalezas en que se encuentran, ya en cuanto naturalezas, son un bien (CD 14,11,1).
6161 El último mal es aquello por lo que deben evitarse todos los demás males, y él por sí mismo (CD
19,1,1).
6162 Por mal final o supremo entendemos, no algo por lo que el mal desaparece, sino aquello por lo que
se consuma su daño (CD 19,1,1).
6163 El defecto del bien es malo para el mal, y el defecto del mal es bueno para el bien (CS 118,20,1).
6164 La perversidad, al trabarse, se extiende a lo largo, y no piensa cortar lo que malamente tejió, sino
añadir, estirar, extender a lo largo, para que al fin halle con qué se le puedan atar los pies y las manos y sea
arrojado a las tinieblas exteriores (CS 139,9).
6165 Los que viven mal se estorban mutuamente en la sociedad de la depravada complicidad (CS
140,2).
6166 Es grande la diferencia entre sufrir el mal y ser malo. Tú no eres lo que padeces. Padeces el mal,
pero no eres malo (S 48,8).
6167 No te engañes. No puede darse que te vaya mal a ti, que padeces mal, y le vaya bien a aquel que
es malo. Siendo él malo, ¿crees que no sufre mal alguno teniendo que sufrirse a sí mismo que es malo? (S
48,8).
6168 Mucho, en efecto, aborrecen y lamentan los hombres los males temporales de nuestros días; a su
sombra murmuran sin cesar, y murmurando ofenden al Creador, para no encontrar al Salvador (S 60,1).
6169 ... males presentes que sin duda han de pasar. O ellos pasan por nosotros o pasamos nosotros por
ellos; o pasan mientras aún vivimos, o los dejamos cuando morimos. No existe tribulación grande si es de
breve duración (S 60,1).
6170 Si evitas hacer el mal por temor al infierno, no haces el bien por amor a la justicia (S 178,10).
6171 El mal no es una naturaleza, sino el enemigo de la naturaleza. Elimina la causa de tu enfermedad y
permanece el motivo de alabanza. La medicina persigue los males, no la naturaleza (S 182,3).
6172 ¿De dónde, sino del hombre, le viene al hombre el mal? (S 297,9).
6173 La mayor parte de los males del género humano no proceden más que de sospechas falsas.
Piensas que te odia un hombre que tal vez te ama, y por una perversa sospecha te conviertes en el peor
enemigo de tu mejor amigo (S 306,8).
6174 No sé por qué, cuando le sucede al hombre algún mal, va en seguida a echar la culpa a Dios, en
lugar de echársela a sí mismo. Cuando obras algo bueno, te alabas a ti mismo, y, cuando padeces algún
mal, echas la culpa a Dios (TEJ 28,7).
6175 Por el mal que procedió de ti no voy a negar el bien que se quedó contigo (Ca 93,11.46).
6176 Aunque no sabemos cuáles serán los bienes futuros, por lo menos estamos ciertos de que estos
males no se hallarán allá, lo que no es poco (Ca 95,5).
6177 No sé de qué modo sucede que el mal que padece un miembro es menor cuando se compadecen
los otros miembros (Ca 99,2).
6178 Los que tienen en común la prueba, la esperanza, el amor y el espíritu, tienen la misma tribulación,
aunque unos toleren y padezcan el mal y otros lo conozcan y compadezcan (Ca 99,2).
6179 Por nuestra maldad estamos lejos de la rectitud de Dios; amando lo recto nos rectificamos, para
poder adherirnos a lo recto, siendo rectos (Ca 155,4.13).
6180 Dios, que no eres autor de ningún mal y haces que lo malo no se empeore. Dios, que a los pocos
que en el verdadero ser buscan refugio les muestras que el mal sólo es privación de ser (Sl 1,1,2).
6181 El mal consiste en su aversión del bien inmutable y en su conversión a los bienes mudables; y a
esta aversión y conversión, como no es obligada sino voluntaria, sigue de cerca la digna y justa pena de la
infelicidad (L 2,200).
6182 Antes de preguntar de dónde procede el mal es preciso investigar cuál es su naturaleza. Y el mal no
es otra cosa que la corrupción de la medida, de la belleza y del orden naturales (NB 4).
6183 Hay males que son peores si no producen dolor, porque peor es alegrarse de la iniquidad que
dolerse de la corrupción (NB 20).
6184 El vicio, pues, del alma es el acto, y la dificultad procedente de él es la pena que padece: a esto se
reduce todo el mal (VR 20,39).
6185 ¿Quién hay tan ciego que no vea que el mal de una cosa cualquiera es todo lo que es contrario a su
naturaleza? (CIM 2,2).
6186 (Dios) juzgó más conveniente sacar bienes de los males que impedir todos los males (E 27,8).
6187 Tampoco hay que temer daño ninguno del mero hecho de comprender lo que es malo; lo
lamentable es hacerlo (UF 11,25).
6188 Ni es Dios autor del mal ni ha tenido que arrpentirse de ninguna de sus obras; no llegan a turbar su
ánimo los acontecimientos desafortunados, ni su reino está adscrito a parcela ninguna de la tierra (UF
18,36).
6189 Más exactamente se llama mal, que no bien, aquello de lo que se avergüenzan tanto los malos
como los buenos... (MC 2, 21,36).
6190 Uno de los mayores males del hombre es comprometerse en una causa en la que no es lícito
permanecer y de la que se siente rubor en retractarse (RJ 2,5,14).
6191 El deseo de un mal es ya malo, aunque no se realice hasta llegar a donde no existan estos deseos
(RJ 4,2,7).
6192 Aprende, pues, a discernir los males que con paciencia sufrimos, de los males que por la
continencia refrenamos (RJ 5,5,22).
6193 No vencemos el bien con el bien, sino el mal con el bien (RJ 5,7,28).
6194 No hay combate sin un mal que combatir. Siempre que hay guerra, o el bien pelea contra el mal, o
el mal contra el mal; porque, si el bien guerrea contra el bien, es un gran mal (RJ 5,7,28).
6195 El universo, obra de Dios, no puede existir sin males. Sin embargo, el mal no puede compartir con
el bien la alabanza (RJ 5,8,31).
6196 Todo mal existe en alguna obra buena de Dios, pues sin ella es imposible su existencia (RJ 5,8,31).
6197 De cualquier lado que te vuelvas, cualquier dirección que tomes, en cualquier fuente que bebas tus
razonamientos, los amplifiques, orees, desparrames, nunca se podrá reconocer como buena una cosa
contra la cual combate el espíritu (RJ 5,15,56).
6198 Ignorar el mal no siempre es un mal, pero siempre es un mal desear el mal (RJ 16,50).
6199 No querer hacer el bien, sino que haga el mal que no quiere, esto ya no es simple pecado, sino
castigo también del pecado (RJI 5,38).
6200 Los males vienen de los bienes... Cree que el mal nació del bien, porque la maldad es carencia de
bien (RJI 5,43.44).
6203 Derrama el mal. Piensa que Dios te quiere llenar de miel; si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás
la miel? (TCJ 4,6).
6204 Los distintos males pueden designarse con distintos términos, pero el mal de todas las cosas en las
que se puede advertir alguno es la corrupción (RM 35).
6205 La corrupción de un alma sabia se denomina ignorancia; la corrupción del alma prudente,
imprudencia; la corrupción del alma justa, injusticia; la corrupción de la fuerte, flojedad; la corrupción de la
que se halla en quietud y tranquilidad, ambición o miedo o tristeza o jactancia; Luego la corrupción de la
salud de un cuerpo animado, dolor y enfermedad; la corrupción de las fuerzas, cansancio; la del descanso,
fatiga. La corrupción de la hermosura en un único cuerpo, fealdad; la de la rectitud, torcedura; la del orden,
perversidad; la de la integridad, división, fractura o disminución (RM 35).
6206 El mal no es una naturaleza, sino algo contra la naturaleza (RM 43).
6207 Nadie quiere conducir a otro a la maldad, si no se ha depravado él antes (RS 17).
6208 Entre todas las cosas ante las que la debilidad humana siente horror o temor, únicamente la maldad
es condenada con derecho (CF 22,78).
6209 Puede haber bienes sin males, como es el mismo Dios y todos los bienes celestiales. En cambio, lo
males no pueden existir sin los bienes (RLP 1,7).
21 173 812 816 818 827 839 841 863 1789 1794 5058 5243 5387 7277 7295 7535 8402 9224 9383 9386
9496 9934 9963
MALOS Y BUENOS
6210 El malvado sufre el castigo de la desgracia temporal, porque con la prosperidad cae en la
corrupción (CD 1,8,2).
6211 Los malvados sólo tienen por malo lo que no pervierte a nadie (CD 3,1).
6212 Los malos llevan con sumo gusto los males que realmente los hacen malos (CD 4,2).
6213 El reinado de los malos es pernicioso sobre todo para los que ostentan el poder, puesto que
arruinan su alma por una mayor posibilidad de cometer crímenes (CD 4,3).
6214 El malvado, aunque sea rey, es esclavo, y no de un hombre, sino de tantos dueños como vicios
tenga (CD 4,3).
6216 Los perversos quieren gozar del dinero y servirse de Dios (CD 11,25).
6217 Los perversos no gastan el dinero por Dios, sino que honran a Dios con vistas al dinero (CD 11,25).
6218 Precisamente los malos están separados de su compañía porque los buenos permanecieron en esa
buena voluntad y, en cambio, los malos la abandonaron. Pero ciertamente no la hubieran dejado si no
hubieran querido (CD 12,9,1).
6219 La vida de los impíos en el cuerpo no es vida del alma, sino del cuerpo (CD 13,2).
6220 Los malos usan mal de la ley, aunque la ley es un bien (CD 13,5).
6221 Nadie es malo por naturaleza, sino que el malo lo es por vicio (CD 14,6).
6222 Es mucho más ordenado el dolor del malvado en el suplicio que su gozo en el delito cometido (CD
19,13,2).
6223 Cierto que los malos hacen muchas cosas contra la voluntad de Dios. Pero es tal el poder y la
sabiduría de este Dios, que todo lo que parece adverso a su voluntad, tiende a las metas justas y buenas
que El conoce de antemano (CD 22,2,1).
6225 Muchos malos murmuran de los malos; así sucede que un hombre robusto tolera mejor a dos
enfermos, que dos enfermos se toleran mutuamente a sí mismos (CS 25,2,5).
6226 Zozobraron (los herejes) entre los malos, no queriendo permanecer buenos entre los malos, siendo
ellos peores. ¡Oh, si hubieran sido trigo, hubieran tolerado hasta el tiempo de la bielda la paja en la era!
Pero como eran paja, soplando el viento antes de la misma bielda, arrastró la paja de la era y la arrojó entre
las bardas o zarzales (CS 25,2,6).
6227 No serás recibido con los malos en el seno de Abraham, como lo eres con los malos dentro de
estos muros de la iglesia (CS 25,2,10).
6228 Todo el que es perverso tiene en sí el querer de hacer mal; pero el poder hacerlo no está en su
potestad. Al querer ejecutarlo ya es reo; el poder llevarlo a cabo se permite por oculta disposición de la
divina Providencia (CS 29,2,6).
6229 No hay malo que no se dañe primeramente a sí mismo. Reputad la malicia como fuego. ¿Queréis
encender alguna cosa? Lo que se acerca es lo que primeramente arde; si esto no arde, no enciende (CS
34, s.1,11).
6230 No sólo el justo es carga para el injusto, sino que igualmente dos injustos apenas se toleran, y
cuando parece que se aman, hay que achacarlo a la complicidad de acción, no a la amistad (CS 36, s.2,1).
6231 No atiendas a los que andan por caminos anchos; son muchos, y ¿quién los puede contar? Pocos
son los que caminan por la vía estrecha. Pero te diré: usa la balanza, pesa; ve cuánta paja levantas con
pocos granos (CS 39,6).
6232 Por esta apariencia de piedad son contados en el pueblo de Dios, así como pertenece a la trilla
mientras se trilla no sólo el grano, sino también la paja. ¿Pero acaso irá ésta a la troje con el trigo? En
medio del pueblo malo se halla el bueno que recibió la misericordia de Dios (CS 47,8).
6233 Las espinas son ingratas, crecen con la lluvia; pero crecen para el fuego, no para el granero (CS
47,8).
6234 Ciertamente no podemos negar que son muchos más los malos; y tantos, que entre ellos apenas se
vislumbran los buenos, como no se ven los granos en la trilla. Quien ve la trilla, puede pensar que en ella
sólo hay paja (CS 47,9).
6235 Los que ahora son perversos tienen hermanos y padres. Los inicuos de otro tiempo son los padres
de los actuales, y los que ahora son inicuos son los padres de los inicuos que han de sucederles, así como
los antiguos justos son padres de los justos que ahora existen, y los que actualmente son, son padres de
los que han de serlo (CS 48,2,11).
6236 Nosotros que vivimos en medio de las cosas humanas no podemos alejarnos de ellas. Por eso
debemos tolerar a los malos entre quienes vivimos, ya que, siendo nosotros malos, nos toleraron los
buenos (CS 50,24).
6237 No olvidándonos de lo que fuimos, no desesperaremos de aquellos que ahora son lo que
anteriormente fuimos nosotros (CS 50,24).
6238 Debemos procurar más bien tolerar aquí a los malos que ser tolerados por los buenos (CS 51,6).
6239 De una manera inusitada, hermanos míos, quieren destruir a los santos y a los que no ponen la
esperanza en este mundo todos los que la ponen en él (CS 53,7).
6240 El malo, o vive para corregirse, o vive para que por él sea ejercitado el bueno (CS 54,4).
6241 ¡Ojalá que quienes ahora ejercitan se conviertan y sean ejercitados con nosotros! Sin embargo,
mientras son tales que ejercitan, no los odiemos, porque ignoramos quién de ellos ha de perseverar hasta
el fin en su maldad (CS 54,4).
6242 Todos los malos, mientras son malos, ejercitan a los buenos (CS 54,4).
6243 Sabe que nos es necesario que soportemos a los malos para que progrese nuestra bondad (CS
54,9).
6244 ...sin duda son mentirosos, fingidores, insidiosos; tú ruega por ellos; no digas: ¿Acaso ha de
corregir Dios a hombres tan malos y tan perversos? No desesperes; atiende a quién, no a aquel por quien
ruegas (CS 55,12).
6245 Toleremos a los malos, seamos buenos con ellos, porque también nosotros fuimos malos (CS
55,20).
6246 Nacerán otros inicuos como murieron otros inicuos. Luego como mueren unos inicuos y nacen
otros, así van a la otra vida unos justos y nacen otros. No faltará hasta el fin de los siglos ni la iniquidad que
atormente ni la justicia que tolere (CS 56,6).
6247 Si ahora no pueden separarse los malos de los buenos, deben tolerarse temporalmente; los malos
pueden hallarse en la era con nosotros, mas no podrán estar con nosotros en el granero (CS 119,9).
6248 Los que hoy aparecen malos, quizás mañana serán buenos, y los que hoy se engríen por ser
buenos, mañana se hallará que son malos (CS 119,9).
6249 ¿No véis de cuántos buenos os separáis cuando los acusáis como a malos? (CS 119,9).
6250 Todo hombre malo persigue al bueno, porque el bueno no consiente con él en el mal. Obra uno
mal; cállese el obispo: entonces el obispo es bueno. Corrija el obispo: entonces el obispo es malo. Robe
alguno; calle el despojado: entonces es bueno; hable a lo menos y censure, aunque no pida: entonces es
malo. ¡Es malo el que reprende al ladrón y es bueno el que roba! (CS 128,4).
6251 Todos los carnales son enemigos de los espirituales. Todos los que anhelan las cosas presentes
persiguen a los que ven que meditan en las cosas eternas (CS 136,18).
6252 Si hacen lo que no quieren, la mala conducta de los carnales aprovecha a los espirituales, ya que
progresan por el mismo trato y son coronados por su tolerancia (S 4,32).
6253 Cuando la gente comienza a mejorar, empieza también a darse cuenta de los malos (S 5,8).
6254 ¿Hay que abandonar la casa grande a causa de los vasos malos? Dios, el Señor de la gran casa,
sabe usar de los vasos de honor y de los vasos de ignominia (S 15,3).
6255 Así como es propio de los malos el usar mal de los bienes, es propio, por el contrario, de Dios el
usar bien de los males. ¡De cuántas cosas buenas usan los malos! Toda criatura de Dios es buena (S 15,3).
6256 La abundancia de los malos es un gran medio para la purificación de los buenos (S 15,5).
6257 Ejercítate en los ambientes malos, ¡oh hombre bueno!, si es que lo eres; pero comprende que no se
debe a ti el ejercitarte entre los malos, sino a aquél que jamás es malo (S 15,9).
6258 No pretendo que me digas: "Ya que parece necesario que haya malos para probarnos, al menos
que sean pocos los malos y muchos los buenos" ¿No te das cuenta de que si los malos fuesen pocos, no
podrían ejercitar a muchos buenos? (S 15,9).
6259 Como existen muchos malos, los pocos buenos padecen y trabajan entre los muchos malos; y
cuando se trabaja, se suda; y al sudar se purifica el oro (S 15,9).
6260 También los hombres malos colocan en el tesoro todas sus obras malas, y Dios se las guarda (S
18,3).
6261 Si eres malo, no lo eres por maldad ajena, sino por tu misma maldad... (S 35,2).
6262 Nadie que sea malo obra el bien. Si nadie que sea malo hace el bien, ¿cómo se hará bueno un
hombre malo? De un hombre malo hace uno bueno quien es siempre bueno (S 61,2).
6263 Nosotros fuimos creados buenos por quien es bueno. Dios, en efecto, hizo al hombre recto; malos
nos hicimos nosotros por nuestra propia voluntad. De buenos pudimos hacernos malos y de malos
podremos hacernos buenos (S 61,2).
6264 ¿Por qué os indignáis? ¿Por qué toleráis tan mal a los malos mezclados con los buenos? En el
campo pueden estar con vosotros, pero no entrarán en el granero (S 73,1).
6265 Separaos siempre de los malos con el corazón; ocasionalmente, no sin cautela, uníos a ellos
corporalmente (S 88,19).
6266 Así, pues, hermanos, quienes tenéis en medio de vosotros hombres que todavía llevan el peso del
amor mundano, hombres avaros, perjuros, adúlteros, expectadores de vanidades, consultores de los
astrólogos, de los supersticiosos, augures y adivinos; hombres borrachos, lujuriosos y cuantos malos sabéis
que existen entre vosotros; en la medida de vuestra posibilidad, desaprobadlos, para apartaros con el
corazón; corregidlos, para salir de allí, y no consintáis, para no tocar lo inmundo (S 88,25).
6267 Si el malo quiere permanecer en el mal, no será tu socio, pero sí será él quien te pruebe. En efecto,
si él es malo y tú bueno, tolerando al malo demostrarás ser bueno (S 113A,12).
6268 Todos los que siguen las huellas de los malos no se buscan ayuda para subir al cielo, sino
compañía en las llamas del infierno (S 137,7).
6269 Todos los malos persiguen a los buenos, no con la espada o piedras, sino con la vida y las
costumbres (S 167,2).
6270 ... De modo idéntico ha de actuarse con los hombres malos; se ha de trabajar con todas las fuerzas,
no contra ellos, sino contra el diablo que los instiga, de modo que éste sea vencido y sea liberado aquel
infeliz que él comenzaba a poseer (S 167A).
6271 El impúdico vela para destruir la virginidad; el maléfico, para hacer daño; el ebrio, para beber; el
salteador, para matar; el pródigo, para derrochar; el avaro, para almacenar; el ladrón para robar, y el pirata,
para apresar (S 223J).
6272 Oras para que Dios te libre del hombre malo, de este o aquel enemigo tuyo. No seas malo contigo
mismo (S 297,9).
6273 Si Dios te libera del hombre malo que eres tú, nada te dañará ningún otro hombre malo, sea quien
sea (S 297,9).
6274 Si Dios en su paciencia no hubiese mantenido en vida a los pecadores durante los tiempos
pasados, ¿cómo nacerían hoy tantos fieles? Se deja en vida a algunos malos para que de ellos nazcan
buenos (S 301,4).
6275 El malo ha de convertirse; una vez convertido, ha de ser instruído y, una vez instruído, ha de ser
perseverante (S 302,9).
6276 ¿Por qué te ensañas contra los malos? "Porque son malos" respondes. Te sumas a su número al
mostrarte cruel con ellos (S 302,10).
6277 Te doy un consejo: ¿Te desagrada quien es malo? Atento, no haya dos. Si se lo echas malamente
en cara, te unes a él, aumentas el número mientras lo condenas (S 302,10).
6278 No se muestran crueles con los malos sino los malos (S 302,16).
6279 ¿Por qué buscas el bien, tú, malo? Tu misma petición, ¿no te muestra ya cuán ímprobo eres al
querer el bien siendo malo? ¿No estás buscando una cosa ajena? Así, pues, si buscas el sumo bien, es
decir, la vida, sé bueno para llegar al bien (S 306,7).
6280 Quien ve la era desde lejos, piensa que en ella sólo hay paja; mas quien sabe mirar, halla también
grano. Donde te molesta el ver tanta paja, allí se esconde la masa del grano (S 311,10).
6281 Ved, por tanto, que también los malos son necesarios para los buenos. Nos hallamos, en cierto
modo, en el crisol del orífice, que es este mundo. Si no eres oro, ardes también tú; si eres oro, el malo es tu
paja; si también tú eres paja, ambos os convertiréis en humo (S 354,3).
6282 Tú sigues diciendo todavía: ¿Por qué nos buscáis si somos malos? Con el fin de que seáis buenos.
Porque sois malos os buscamos; si no fuerais malos, ya se hubiera dado con vosotros, no se andaría en
vuestra búsqueda... (TEJ 6,22).
6283 Así como los malos hacen mal uso de las buenas obras de Dios, así Dios, por el contrario, hace
buen uso de las malas obras de los impíos (TEJ 27,10).
6284 El malo se cree feliz porque no sabe qué es la felicidad (TEJ 28,7).
6285 Comulga con los malos quien consiente en las acciones de los malos, pero no quien tolera en el
campo del Señor la cizaña hasta el tiempo de la siega o la paja hasta la última bielda (Ca 76,3).
6286 Manifiesto es que el malo no contamina al bueno aunque se acerquen juntos al altar de Cristo,
aunque el malo sea conocido. Basta que el malo no sea aprobado y sea separado de la propia conciencia
con el disgusto (Ca 87,3).
6287 En vano, hijos malos, os llamáis justos, pues no justificáis ni excusáis vuestra separación (Ca
93,10.45).
6288 Por su voluntad gozan injustamente de los bienes, contra su voluntad serán justamente
atormentados en los males (Ca 140,23.58).
6289 ... A Dios le place que nazcan, crezcan y se multipliquen aquellos que, aunque no fueron hechos
malos por Dios, supo Dios, sin embargo, que habían de ser malos (Ca 149,2.18).
6290 (Dios) usa bien aun de los malos para provecho de los buenos, engrandeciendo también de ese
modo la omnipotencia de su bondad (Ca 149,2.19).
6291 Como es propio de la iniquidad de los malos el usar mal de las obras buenas divinas, así es propio
de la divina sabiduría el usar bien de las obras perversas de los malos (Ca 149,2.18).
6292 Quien se comporta con los malos de modo que se arrepientan de su maldad, sabe también mirar
por su bien con la indignación (Ca 151,7).
6293 Así como los malos hacen daño con su adulación, así los buenos causan provecho con su
oposición (Ca 151,7).
6294 Es cosa fácil e inclinación natural odiar a los malos porque son malos; es raro y piadoso el amarlos
porque son hombres; de modo que en un mismo hombre has de condenar la culpa y aprobar la naturaleza
y, por eso, es justo que odies la culpa porque afea a esa naturaleza que amas (Ca 153,1.3).
6295 Hemos de amar a los malos para que no sean malos, como se ama a los enfermos, no para que
duren, sino para que se curen (Ca 153,5.14).
6296 Si los malos no lograran tener propicio a Dios, no habría ningún bueno (Ca 153,6.26).
6297 ¿Hay algo más maligno que las palabras con que el malo niega ser malo, aunque se le convenza
de haber obrado mal y no pueda negarlo? (Co 5,13).
6298 Todos los malos han sido ordenados de modo que cada uno es dañino para sí y todos son dañinos
unos para otros (Cc 7,8).
6299 Los malos apetecen lo que no puede amarse sin ruina y puede fácilmente perderse; y eso se lo
quitan unos a otros cuando se persiguen (Cc 7,8).
6300 Por ser justo Dios no somos malos impunemente, y en cuanto somos malos, en tanto menos ser
tenemos (DC 1,32,35).
6301 También los malos tienen un puesto entre los seres de la creación, en utilidad de los santos. Dios
no necesita de la bondad de cualquier hombre; ¿cuánto menos de la iniquidad de los perversos? (CLG
11,7,9).
6302 Todos los malos deben perecer; perecen, en efecto, de dos maneras: o por la conversión a la
justicia, o por la pérdida del poder por el suplicio (eterno) (CEv 2,45).
6303 Se ha de tolerar, no sólo la cizaña hasta la siega, sino también la paja hasta la trilla (DCM 11,5).
6304 Sólo el malvado carga con sus propias maldades (OCAT 6).
6305 Dios sabe usar bien de los malos. Pero no crea en ellos la naturaleza humana para el mal, sino que
los soporta con paciencia, hasta que El sabe qué conviene. Y lo hace, no en vano, sino usando de ellos
para amonestar o para ejercitar a los buenos (CH 2,32).
6306 ... Llama malvados a quienes se enaltecen sobre los pecadores y piensan que ellos no pueden
serlo (AJ 19,28).
6307 ... Tal acontecerá con los malvados. La condenación es una respuesta a sus méritos (AJ 28,2).
6308 Si las cosas santas se apartan de los malos, se apartarán ambas; y si permanecen íntegras,
permanecerán ambas (RPa 2,13,30).
6309 La verdad es que la complicidad con los malos sólo la puede tener el que es malo; el bueno de
ninguna manera, aun cuando tenga que vivir en la misma sociedad que ellos (RPa 3,1,2).
6310 ... Es entonces cuando se puede uno abstener de juntarse con el malvado para su mayor bien,
hasta negarse a comer con él, pero no con rabiosa enemistad, sino con fraternal violencia (RPa 3,2,13).
6311 Si no sois capaces de quitar a los malos de en medio de vosotros, quitad el mal de vosotros mismos
(RPa 3,2,15).
6312 Que nadie busque a los justos en grupo aparte; más bien procure la concordia con ellos y gima en
su compañía mezclado temporalmente con los malos (RPa 3,5,27).
6313 No tenga cuidado de sentarse en compañía de la falsedad: uno toma asiento allí donde se siente
ciudadano (RPa 3,5,27).
6314 Todos los malos están separados espiritualmente de los buenos; si añaden a ello abierta
separación corporal, se hacen peores todavía (TB 6,5,7).
6315 Aprended, antes que llegue el tiempo de la bielda, a soportar por los buenos la mezcolanza de los
malos antes que violar a causa de los malos la caridad para con los buenos (RPe 3,3,4).
6316 En este tiempo de espera está permitido separarse y alejarse de los malos por la vida, las
costumbres, el corazón y la voluntad, separación que siempre conviene mantener (RPe 3,3,4).
6317 Ha de haber una razón para tolerarlos cuando no hay una autoridad para corregirlos ni existe
presunción alguna para separarlos (FO 17,31).
6318 Están mezclados con los buenos en los banquetes de los sacramentos y en los amores de las
muchedumbres (FO 25,46).
6319 A los malos hay que tolerarlos en la Iglesia de modo que no se descuide la disciplina eclesiástica
(FO 27,49).
830 1374 1483 3034 3057 3436 3639 3737 3828 3913 4104 4124 4890 4891 4892 5698 6166 6167 6189
7002 7278 7459 9186 9229 9246 9247 9275
MANDAMIENTOS
6320 Lo que contiene el precepto de difícil o pesado, es ligero para el amante (CS 67,18).
6321 El mandamiento, sin la ayuda del Señor, es letra que mata (CS 67,24).
6322 El fin del precepto es la caridad de un limpio corazón, la conciencia buena y la fe no fingida. Luego
la única obra en la cual se encierran todas es la fe que obra por el amor (CS 89,17).
6323 En vano se guardan en la memoria si no se guardan en la vida práctica (CS 118,5,1).
6324 Hay ciertos individuos que aprenden de memoria los preceptos del Señor para que no se les
olviden, pero no los ponen en práctica en la vida para corregirse (CS 118,5,1).
6325 La flaqueza humana no se acopla a sus mandamientos rectos y arduos si la caridad de Dios no le
ayuda de antemano (CS 118,5,3).
6326 Las palabras de Dios no pueden guardarse por la obediencia, a no ser que se vean con la
inteligencia (CS 118,7,4).
6327 Los mandamientos se nos dan para que cumpliéndolos merezcamos recibir las promesas. Creemos
las promesas, obedecemos a los mandamientos (CS 118,17,4).
6328 El amor es, pues, la anchura del mandamiento. Porque, ¿cómo puede suceder que se ame lo que
Dios ordena amar y no se ame el mandamiento, que es la misma ley? (CS 118,22,1).
6330 El que por algún impedimento no pudiere cumplir lo que Dios manda, ame al que lo cumple y en él
lo cumplirá (CS 121,10).
6331 ¿Quién hay que no quiera la vida? Y, sin embargo, ¿quién hay que quiera guardar los
mandamientos? Si no quieres guardar los mandamientos, ¿por qué buscas la vida? (S 85,1).
6332 La caridad hace que sea ligero lo que los preceptos tienen de duro (S 96,1).
6333 "Sé tú mi apoyo", confiesa que quiere cumplir el divino mandamiento, pero pide a aquel que dio el
precepto ayuda para poder (Ca 157,2.10).
6334 Con todo, el buen Maestro distinguió entre los mandamientos de la Ley y esa perfección más
excelente... (Ca 157,4.25).
6335 Si no hubiese preceptos, no tendría el hombre dónde mirarse con certidumbre, para ver de dónde
se aparta, adónde tiende, por qué se congratula, qué es lo que pide (Ca 167,4.15).
6336 Has de conformar tu vida y costumbres con los preceptos de Dios, pues los hemos recibido para
bien obrar, empezando por un religioso temor (Ca 171A,1).
6337 Lo que es la naturaleza a la inteligencia del precepto, esto es la voluntad a la observancia del
mismo (L 3,245).
6338 Así como la naturaleza racional viene a ser como la razón meritoria de la inteligencia del precepto,
así la observancia del precepto es un mérito para recibir la sabiduría (L 3,246).
6339 En el momento en que el hombre comienza a comprender el precepto, en ese mismo comienza a
poder pecar (L 3,246).
6340 Una cosa es el precepto, otra el consejo y otra la condescendencia... (SM 1,16,44).
6341 Los (preceptos) antiguos han de ser tratados no con el fin de buscar allí reglas de conducta, sino
para distinguir en la diversidad de los tiempos los designios de la Divina Providencia, que
ordenadísimamente atiende al género humano (SM 1,16,49).
6342 ¡Oh hombre! en los preceptos reconoce lo que debes poseer; en la corrección confiesa lo que te
falta por culpa tuya; en la oración aprende de dónde recibes lo que deseas tener (CG 3,5).
6343 Los mismos preceptos divinos de nada servirían al hombre si no tuviera libertad para cumplirlos, y
así llegar al premio prometido (GL 2,2).
6344 Libremente cumple el precepto quien de grado lo cumple; y todo aquel que aprende de este modo,
ejecuta absolutamente todo lo que ha aprendido que debe obrar (GJ I,13,14).
6346 Nadie corre bien si no sabe a dónde debe correr. Y ¿cómo lo va a saber, si no hay un precepto que
se lo indique? Por lo tanto, corramos de tal modo que lo alcancemos (PJ 2,8,19).
6347 Cuando nos recomienda que los preceptos no son pesados, es para que aquel a quien le parecen
pesados entienda que no ha recibido aún el don por el cual no son pesados... (PJ 2,10,21).
6348 No es tiránico el precepto de Dios, pero, para cumplirlo, se ha de orar a Dios (RJI 3,76).
6349 El precepto, emanado del Señor, llegó por el varón a la mujer, mas el pecado, saliendo del
demonio, pasó por la mujer llegando hasta el varón (CLG 11,34,45).
6350 Hay diferencia entre los preceptos que regulan la vida y los que la simbolizan. Un ejemplo: "No
desearás" es un precepto que regula la vida; "Circuncidarás a todo varón al octavo día" es un precepto que
la simboliza (CF 6,2).
6351 En el primer precepto radica la fidelidad a tu esposo, en el segundo la unidad con sus miembros;
con aquel abrazas la divinidad, con éste congregas a la comunidad (CF 15,4).
6352 Los preceptos, consejos o permisos cambian, no por inconstancia del que manda, sino en razón del
que planifica según la diversidad de los tiempos (CF 22,77).
6353 El hombre ha recibido preceptos morales, que no pueden ser guardados y observados ciertamente
sin la fe (FO 13,20).
6354 Todos los mandamientos se creen cumplidos cuando es perdonado todo lo que no se hace (Re
1,19,3).
499 1047 4983 4987 5069 5651 6902 7688 7718 7724 9815
MARÍA
6355 Nuestra Vida... clama que retornemos a El en aquel retiro de donde salió para nosotros, pasando
primero por el seno virginal de María, en el que se desposó con la humana naturaleza, carne mortal, para
no ser siempre mortal (C 4,12,19).
6356 De aquí que la Virgen no concibió a Cristo en concupiscencia carnal, sino en creencia espiritual (CS
67,21).
6357 Piadosamente creemos y firmemente retenemos que Cristo nació del Espíritu Santo y de la Virgen
María (S 51,10).
6358 Ante todo, hermanos, no hay que pasar por alto, pensando en la instrucción de las mujeres,
nuestras hermanas, la santa modestia de la Virgen María. Había dado a luz a Cristo; un ángel se había
acercado a ella... (S 51,18).
6359 ... Vino de ahí, pero no vino así. Porque la Virgen no lo concibió en la libido, sino en la fe (S 69,4).
6360 Vino a la Virgen quien existía antes que la Virgen. Eligió a la que había creado, creó a la que había
de elegir. Ofreció a la Virgen la fecundidad, no le quitó la integridad (S 69,4).
6361 ¿Cómo Cristo, el Señor, desdeñó piadosamente a su madre, no a cualquier madre, sino a su madre
virgen, y por ello más madre, pues le ofreció la fecundidad sin quitarle la integridad, su madre virgen al
concebir, al parir, virgen perpetuamente? A una madre tal desdeñó él para que el afecto materno no
interviniera y le impidiera la obra que estaba realizando (S 72A,3).
6362 Hizo sin duda Santa María la voluntad del Padre; por eso más es para María ser discípula de Cristo
que haber sido madre de Cristo. Más dicha le aporta el haber sido discípula de Cristo que el haber sido su
madre (S 72A,7).
6363 Por eso era bienaventurada María, porque oyó la palabra de Dios y la guardó: guardó la verdad en
la mente mejor que la carne en su seno. Verdad es Cristo, carne es Cristo; Cristo Verdad estaba en la
mente de María, Cristo carne estaba en el seno de María: más es lo que está en la mente que lo que es
llevado en el vientre (S 72A,7).
6364 Santa es María, bienaventurada es María, pero mejor es la Iglesia que la Virgen María. ¿Por qué?
Porque María es una porción de Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro
supereminente, pero al fin miembro de un cuerpo entero (S 72A,7).
6365 Por lo tanto, los miembros de Cristo den a luz en la mente, como María dio a luz a Cristo en el
vientre, sin dejar de ser virgen, y de ese modo seréis madre de Cristo (S 72A,8).
6366 Para nacer según la carne, elegiste a una virgen; para ser concebido encontraste una virgen y
nacido la dejaste virgen (S 110,3).
6367 Un niño, dices, ¡qué poquita cosa! Un niño nacido de virgen ¡qué cosa tan grande! ahí tienes
delante un milagro visible: ese mismo nacer de virgen (S 126,5).
6368 No se te haga imposible haber nacido de sola madre, pues él fue quien hizo al hombre antes de
haber padres ni madres (S 126,5).
6369 El Salvador, para sanarlos, nació de una virgen. No vino hasta ti por donde tu viniste, pues no nació
él de la concupiscencia del varón y de la mujer, no de aquella unión fruto de la concupiscencia (S 153,14).
6370 "El Espíritu vendrá sobre ti". Esto se dijo a una virgen, fervorosa en la fe, pero no abrasada por la
concupiscencia de la carne... ¿Cómo iba a arder en el fuego de la pasión quien estaba bajo tal sombra? (S
153,14).
6371 Tanto más feliz y digna de admiración cuanto que, sin perder la integridad, se le añadió la
fecundidad (S 184,1).
6372 Exulten de gozo los varones, exulten las mujeres: Cristo nació varón, pero nació de mujer; ambos
sexos quedan honrados (S 184,2).
6373 Al que no contienen los cielos, lo llevaba el seno de una sola mujer: ella gobernaba a nuestro rey;
ella llevaba a aquel en quien existimos; ella amamantaba a nuestro pan. ¡Oh debilidad manifiesta y
humildad maravillosa, en la que de tal modo se ocultó la divinidad!... (S 184,3).
6374 Estando junto al Padre, se hizo una madre y, una vez hecho de la madre, permaneció en el Padre.
¿Cómo iba a dejar de ser Dios al comenzar a ser hombre quien otorgó a su madre el seguir siendo virgen
después del parto? (S 186,1).
6375 Celebremos, pues, con gozo el día en que María dio a luz al Salvador; la casada, al creador del
matrimonio; la virgen al príncipe de las vírgenes; ella virgen antes del matrimonio, virgen en el matrimonio,
virgen durante el embarazo, virgen cuando amamantaba (S 188,4).
6376 La virginidad que Cristo pensaba abrigar en el corazón de su Iglesia, la anticipó en el cuerpo de
María (S 188,4).
6377 La virgen quedó grávida por la encarnación de Cristo; queden grávidos nuestros pechos por la fe en
Cristo; ella alumbró al salvador; alumbremos nosotros alabanzas. No seamos estériles, sean nuestras
almas fecundas para Dios (S 189,3).
6378 Una generación de Cristo fue de Padre sin madre; la otra, de madre sin padre; ambas maravillosas.
La primera fue eterna, la segunda en el tiempo... (S 189,4).
6379 ¿Quién podrá comprender... que una virgen concibiera y una virgen pariera y permaneciera siendo
virgen? Lo que la razón humana no comprende, lo percibe la fe, y donde la razón humana desfallece, hace
progresos la fe (S 190,2).
6380 El honor para el sexo masculino está en la carne de Cristo; el honor para el femenino, en la madre
de Cristo. La gracia de Jesucristo venció la astucia de la serpiente (S 190,2).
6381 ... Si, pues, el que, siendo grande, pudo entrar a través de las puertas cerradas, ¿por qué no pudo
igualmente salir, cuando era pequeño, a través de miembros íntegros? (S 191,2).
6382 Ha nacido de mujer quien en ningún modo fue sembrado por varón en la mujer. Quien os trajo lo
que íbais a amar, no quitó a su madre eso que amáis. Quien sana en vosotros lo que heredasteis de Eva,
¡cómo iba a dañar lo que habéis amado en María! (S 191,3).
6383 Hermoso como un esposo, fuerte como un gigante, digno de amor y de temor, severo y sereno;
hermoso para los buenos, duro para los malos; permaneciendo en el seno del padre, llenó el seno de la
madre (S 195,3).
6384 Cristo existía con anterioridad a su madre, pues él la creó para que lo fuera (S 198B).
6386 También la misma bienaventurada María concibió creyendo a quien alumbró creyendo (S 215,4).
6387 Quiso nacer sin pecado aquel a quien concibió una virgen y a quien no lo deseó la concupiscencia
carnal. La concepción del hijo fue resultado de la fe de la madre (S 229P,4).
6388 Explica cómo sin varón ha concebido una doncella. Donde falla la explicación, allí se levanta la fe (S
247,2).
6389 Concebirás, pero sin la libido de la concupiscencia. No habrá ardor alguno donde esté presente la
acción del Espíritu Santo (S 287,4).
6390 Hasta la Palabra se junta y se une con la carne, y tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio, es
decir, de la unión de la Palabra y de la carne (S 291,6).
6391 Primero llega la fe al corazón de la virgen; luego le sigue la fecundidad en el seno de la madre (S
293,1).
6393 No te resulte extraño, alma incrédula, quienquiera que seas; no te parezca imposible que una virgen
dé a luz y permanezca siendo virgen. Comprende que es Dios quien ha nacido y no te extrañará el parto de
una virgen (S 370,2(3).
6394 Nace Cristo: concibe una virgen, da a luz una virgen, nutre una virgen: existe la fecundidad sin que
falte la integridad (S 373,5).
6395 Quien al nacer no violó la integridad de su madre, fue el mismo que entró en vida a través de las
puertas cerradas (S 376).
6396 ... Ni lo alimentó en la iniquidad su madre cuando lo tuvo en su vientre, porque virgen lo concibió y
virgen lo dio a luz. Lo concibió por la fe y por la fe lo crió (TEJ 4,10).
6397 El seno de la Virgen María fue como el lecho nupcial donde se hizo cabeza de la Iglesia, y de allí
salió como el Esposo de su tálamo (TEJ 8,4).
6398 Los parientes de la Virgen María se llamaban hermanos del Señor. En efecto, era costumbre en las
Escrituras dar el nombre de hermanos a todos los que estaban unidos entre sí por los vínculos de
consanguinidad o de parentesco... (TEJ 28,3).
6399 Como en el sepulcro donde fue colocado el cuerpo del Señor no fue ni antes ni después enterrado
cuerpo alguno, así el vientre de la Virgen ni antes ni después de la concepción del Señor concibió nada
mortal (TEJ 28,3; 120,5; T IV,5,9; FSA 5,11).
6400 "Envió a su Hijo nacido de mujer". Esta expresión significa para todo católico, no privación de
virginidad, sino, según modismo hebreo, diferencia de sexo (T 2,5,8).
6401 No obstante, quiso naciera de una virgen fecundada por el Espíritu, no por la carne; por la fe, no por
la libido (T 13,18,23).
6402 Excluída en absoluto la concupiscencia, la fe, no la unión de los cuerpos, fecundó la santa
virginidad, a fin de que aquel que nacía del mugrón del primer hombre tomase su naturaleza, no su pecado
(T 13,18,23).
6403 La Virgen María fue más dichosa recibiendo la fe de Cristo que concibiendo la carne de Cristo (SV
3,3).
6404 Tampoco hubiera aprovechado nada el parentesco material a María si no hubiera sido más feliz por
llevar a Cristo en su corazón que en su carne (SV 3,3).
6405 Sólamente la virginidad ha podido dar a luz dignamente a quien no tuvo igual en su nacimiento.
Pero este alumbramiento de una santa virgen es el honor de todas las santas vírgenes. También ellas son,
con María, madres de Cristo si es que hacen la voluntad de su padre (SV 5,5).
6406 María, por tanto, haciendo la voluntad de Dios, es sólo madre de Cristo corporalmente, pero
espiritualmente es también madre y hermana (SV 5,5).
6407 Son también espirituales madres de Cristo las mujeres fieles casadas y las vírgenes consagradas a
Dios, porque cumplen la voluntad del Padre con sus santas costumbres, con la caridad de corazón puro,
conciencia recta y auténtica fe (SV 6,6).
6408 Sólo nació sin pecado aquel a quien engendró la Virgen sin concurso de varón, no por deseo
carnal, sino por obediencia espiritual (Cp 1,29,57).
6409 El cuerpo de Cristo fue tomado de la carne de mujer, la cual había sido concebida de carne de
pecado, pero como en ella no se concibió la de Jesucristo como fue concebida la carne de ella, tampoco la
carne concebida en ella fue carne de pecado, sino semejanza de carne de pecado (CLG 10,18,32).
6410 El tálamo de aquel esposo fue el vientre de la Virgen, porque en aquel vientre virgíneo se unieron
los dos, el esposo y la esposa, es decir, el Verbo y la carne... (TCJ 1,2).
6411 Compara, si te atreves, un seno virginal santificado por tan grande castidad con todos los lugares
de la tierra en que surgen árboles y hierbas (CF 20,11).
6412 Con razón ella fue tan honrada que, conservando incluso su integridad corporal, nos trasvasó a
Cristo para que lo concibiéramos por la fe en nuestros corazones íntegros, y en cierto modo lo
alumbráramos por la confesión (CF 29,4).
6413 Cristo nunca deterioraría a su madre con su nacimiento, hasta el punto de que a quien había
otorgado el don de la fecundidad, le quitase la gloria de la virginidad (CF 29,4).
6414 Esto fue una realidad, no un engaño; pero es algo nuevo, algo insólito, algo contra el curso
sumamente conocido de la naturaleza, porque es algo grande, admirable, divino y por eso mismo
verdadero, seguro, confirmado (CF 29,4).
6415 ... Como si nosotros dijéramos que Cristo no hubiera podido ser visto ni hablar de no haber nacido
de una mujer. Pudo, pero no quiso, y por eso es mejor lo que quiso (CF 29,4).
6416 No haga vacilar nuestra fe el pensamiento de las entrañas femeninas, como si hubiera que rechazar
para nuestro Señor una generación semejante. Pues sólo consideran vil esta generación quienes son ellos
mismos viles (FSA 4,10).
2651 2656 2661 2662 2668 2675 2676 2677 2679 2680 2681 2682 2683 2740 3982 4020 4041 4049 4062
4066 4075 4076 5559 5560 6447 8783 9696 9714
MÁRTIR
6417 Las solemnidades de los mártires tienen por objeto dar gracias a Dios por sus victorias y
exhortarnos a nosotros, por la renovación de su memoria, a la imitación de tales coronas y palmas
invocando el auxilio del mismo Dios (CD 8,27,1).
6418 Esto se realiza en los santos mártires, a quienes el perseguidor propone la alternativa de dejar la fe
o de sufrir la muerte, pues los justos prefieren sufrir por la fe lo que los primeros pecadores sufrieron por no
creer. En efecto, aquéllos, si no hubieran pecado, no morirían, y éstos pecan si no mueren. Murieron, pues,
aquéllos por haber pecado; no pecan éstos, porque mueren; Por la culpa de aquéllos se llegó a la pena; por
la pena de éstos se evita la culpa. No porque se ha convertido en un bien la muerte, que antes fue un mal
(CD 13,4).
6419 Quienes, en efecto, mueren por confesar a Cristo sin haber recibido el bautismo de la regeneración
encuentran en la muerte tal poder para remisión de sus pecados como si fueran lavados en la sagrada
fuente del bautismo (CD 13,7).
6420 Tres estaban en la cruz: uno era salvador; otro, salvado, y el otro, condenado; todos sufrían igual
pena, pero por causa distinta (CS 34,s.2,1).
6421 "¿Podréis beber el cáliz que yo he de beber?". Confesando los labios lo que tenía en el corazón
llegó a la pasión (CS 39,16).
6422 Los hombres veían exteriormente sus torturas, pero no veían interiormente las coronas (CS 41,19).
6423 Jamás hubieran soportado tantas tribulaciones en la carne si no hubieran tenido una gran paz en su
mente (CS 63,1).
6424 Los que no quisieron abandonar la verdad por la vida, muriendo por la verdad, vivieron (CS
118,20,8).
6425 Muchos ciertamente quisieron y no pudieron; sin embargo, ninguno pudo sin haber querido... (CS
118,23,7).
6426 Toda la tierra se enrojeció con la sangre de los mártires; el cielo está lleno de flores con las coronas
de ellos; las iglesias se adornaron con sus monumentos; los tiempos se jalonan con sus fiestas; la salud se
restablece por sus merecimientos (CS 118,30,5).
6427 Los hombres mundanos son infelizmente felices; por el contrario, los mártires eran felizmente
infelices, pues eran temporalmente infelices, pero eternamente felices, y por lo mismo que eran
temporalmente infelices, se les juzgaba más infelices de lo que eran (CS 127,5).
6428 Los mártires eran sufridos en la tribulación, porque se alegraban en la esperanza (CS 127,5).
6429 Siendo como regada la tierra con la sangre de los testigos de Cristo, brotó por todo el mundo la
mies de la Iglesia (CS 140,20).
6430 La tierra se llenó de mártires... Se esparció la semilla de la sangre, surgió la cosecha de la Iglesia
(S 22,4).
6432 Al mártir no lo hace la pena, sino la causa. Elija primero la causa y sin temor sufra la pena (S
53A,13; 94A,1; Ca 204,4).
6433 Que nadie busque excusas; todos los tiempos están abiertos para el martirio.. ¿Acaso porque cesó
la persecución por parte de los reyes terrenos, ya no ataca el diablo? (S 94A,2).
6434 Nazca de la sangre de los mártires la esposa vestida de púrpura para el Señor (S 116,7).
6435 Aunque se llegue al martirio, aunque se llegue a la efusión de sangre, aunque se llegue a la
carbonización del cuerpo, nada vale por falta de caridad (S 138,2).
6437 Si la muerte no llevase consigo una gran amargura, no sería nada del otro mundo la fortaleza de los
mártires (S 173,2).
6438 En los niños a los que Herodes dio muerte manifestó cómo habían de ser quienes muriesen por él,
cuán inocentes y cuán humildes. En sus dos años de edad significó también el número de los preceptos de
que penden toda la ley y los profetas (S 202,2).
6439 El olor de los santos comenzó a sufrir persecución; pero al igual que los frascos de perfume, cuanto
más se rompían, tanto más olor difundían (S 273,5).
6440 La causa es lo que distingue al mártir de la paciencia, mejor, de la resistencia de los criminales. El
castigo es el mismo, pero distinta es la causa (S 274).
6441 Quién es mártir, lo dice la causa, no el castigo. Muchos, en efecto, han soportado los dolores no por
constancia, sino por testarudez; por vicio, no por virtud; por un perverso error, no por una justa razón;
poseyéndolos, no persiguiéndolos el diablo (S 275,1).
6442 Magnífico testimonio el que el Señor rinde a sus testigos, pues el que rige el corazón de los
combatientes tampoco abandona los cuerpos de los que fallecen... (S 275,3).
6443 Cuando el alma invisible abandona la casa visible, la morada del siervo es custodiada por el Señor
y honrada por los fieles, sus consiervos, para gloria del Señor (S 275,3).
6444 Cuando Dios obra maravillas junto a los cuerpos de los santos difuntos, ¿qué otra cosa hace sino
dar testimonio de que para él no perece lo que muere? (S 275,3).
6445 He dicho que el mundo presenta una doble batalla contra los soldados de Cristo: los halaga para
seducirlos y los aterroriza para quebrantar su resistencia (S 276,2).
6446 Si somos incapaces de seguirlos con las obras, sigámoslos con el afecto; si no en la gloria, sí en la
alegría; si no en los méritos, sí en los deseos; si no en la pasión, en la compasión; si no podemos
sobresalir, al menos asociémonos a ellos (S 280,6).
6447 Que las mujeres muriesen varonil y fielmente fue obra de quien por ellas se dignó nacer
misericordiosamente de una mujer (S 281,1).
6448 Dios estuvo, pues, presente para ayudarle (al mártir), para darle la auténtica fe, para hacer buena
su causa y otorgarle la paciencia en ella. Sólo se da la paciencia cuando le antecede una causa justa (S
283,4).
6449 Mártires santos, vosotros habéis padecido por Cristo, pero ello fue de provecho para vosotros, no
para Cristo (S 284,3).
6450 Se ora por otros fieles difuntos, pero no por los mártires; tan perfectos salieron de esta vida que no
son nuestros protegidos, sino nuestros protectores (S 285,5).
6451 Con la semilla de su sangre casi se llenó de mártires la tierra; de esa semilla brotó la cosecha de la
Iglesia (S 286,3).
6452 No todos los fieles son mártires, pero aquéllos fueron mártires por ser fieles (S 294,1).
6453 ¿Qué piden de nosotros los mártires? De algo carecen, si es que aún requieren las alabanzas de
los hombres. Si aún buscan que los alaben los hombres, es que todavía no han vencido. Pero, si han
vencido, nada requieren de nosotros para ellos mismos; si requieren algo, es por nosotros mismos (S
295,8).
6454 No todo el que muere es inmolado. Ser inmolado equivale a morir por Dios (S 299,3).
6455 El hombre nace, mediante la debilidad humana, para la fatiga; los mártires, mediante la caridad
cristiana, para la corona (S 299A,1).
6456 Los santos mártires, testigos de Dios, prefirieron estar vivos en la muerte para no estar muertos en
vida; amando la vida, la despreciaron, para no negar la vida por temor a la muerte (S 299D,1).
6457 Nada hay tan cercano al alma como su carne; el hambre, la sed, el calor, lo sientes en tu carne; ahí
es donde te quiero ver, mártir bueno, testigo de Dios (S 299D,5).
6458 Oren por nosotros los mártires santos para que no nos limitemos a celebrar sus fiestas solemnes,
sino que imitemos también sus costumbres. Amemos sus confesiones, alabemos sus coronas y no
perdamos la esperanza (S 299F,1).
6459 Así, cubierto el orbe con la sangre de los mártires, cual semilla arrojada con anterioridad, floreció la
mies de la Iglesia (S 301,1).
6460 Al mártir no lo hace la pena, sino la causa. Tranquilo sufre la pena quien con prudencia ha elegido
su causa (S 306A; 335G).
6461 Los mártires lucharon en esta vida, luchando caminaron, y caminando no se anclaron (S 306B,1).
6462 Grande es, hermanos, la gloria de los mártires, es la primera de la Iglesia; cualquiera otra va detrás
de ella (S 306B,3).
6463 La celebración de la festividad de los mártires debe consistir en imitar sus virtudes. Es cosa fácil
honrar a un mártir; lo grande es imitar su fe y paciencia. Hagamos lo uno de forma que deseemos lo otro;
celebremos de tal forma lo primero que amemos, sobre todo, lo segundo (S 311,1).
6464 En este mundo abundan los errores y los terrores; el dichosísimo mártir superó con la sabiduría los
errores y con la paciencia los terrores (S 311,1).
6466 No dejamos de alabar a Dios cuando alabamos las acciones de Dios y los combates de Dios
combatidos por sus soldados (S 313,2).
6468 Es cosa fácil celebrar las solemnidades de los mártires; lo difícil es imitar sus martirios (S 313A,1).
6469 Cosa grande es despreciar lo que deleita por confesar a Dios; pero cuesta menos despreciar lo que
deleita que superar lo que molesta (S 318,2).
6470 Muestra mayor fortaleza al confesar a Cristo quien no teme las pérdidas que quien desprecia
nuevas ganancias (S 318,2).
6471 Los primeros padres pecaron para morir; los mártires murieron para no pecar. De donde a aquéllos
les vino el castigo, de allí mismo les vino a éstos la gloria (S 318,2).
6473 Para quitar toda excusa a la fragilidad carente de fe, los mártires nos han abierto un camino
empedrado. Había de ser pavimentado con piedra tallada para que caminásemos tranquilos por él (S
325,1).
6474 Si eres perezoso para imitar al Señor, imita a tu consiervo. Delante de ti ha pasado un ejército de
siervos; los perezosos ya no tienen excusa (S 325,1).
6475 Elige tu causa y no te preocupes de la pena. Si no eliges la causa, encontrarás la pena ahora y en
el futuro (S 325,2).
6476 Al alma se la tienta con promesas y amenazas, se la ablanda con el placer y se la atormenta con el
dolor: todo esto lo superaron por Cristo los mártires invictos (S 327,1).
6477 Son muchos los que sufren tribulaciones; pero, siendo idéntica la pena, no lo es la causa (S 327,1).
6478 Cuantos vivimos en este mundo esforcémonos por tener una causa buena, para que, si nos acaece
algo en él, salgamos del mismo con buena causa (S 327,2).
6479 La muerte de los santos mártires es preciosa porque su precio es la sangre de su Señor. El, en
efecto, sufrió su pasión pensando en quiénes la iban a sufrir después de él (S 328,1).
6480 Cuando honramos a los mártires, honramos a los amigos de Cristo (S 332,1).
6481 El amor a la vida fue vencido en los santos mártires por el amor a la vida (S 335A,2).
6482 No penséis, amadísimos hermanos, que vosotros no podéis alcanzar los méritos de los mártires por
el hecho de que no hay persecuciones como aquellas en que ellos consiguieron su corona. Ahora no hay
persecuciones, pero nunca faltan tentaciones (S 335D,3).
6483 Los méritos de los mártires consistieron en nunca echarse atrás (S 335D,5).
6484 La muerte de los santos es preciosa por su precio. Nada tiene de extraño que sea preciosa la
muerte de quienes fueron comprados a tal precio (S 335I,1).
6485 Cuando los enemigos del nombre de Cristo perseguían a los mártires, éstos luchaban en su interior
y vencían exteriormente. Pero no había victoria exterior si no precedía la victoria interior (S 335J,1).
6486 Aunque la muerte del cuerpo trae su origen del pecado del primer hombre, con todo, su buen uso
hizo mártires gloriosos (T 13,16,20).
6487 No todo lo que es heróico es bueno; hay cosas heróicas que son malas (Ca 204.8).
6488 Todos los mártires son testigos de Dios. Dios quiso tener de testigos a los hombres, para que los
hombres tengan a Dios de testigo (TCJ 1,2).
6489 El pueblo cristiano celebra unido en solemnidad religiosa las memorias de los mártires, para
estimular su imitación, asociarse a sus méritos, y ayudarse con sus oraciones, de tal modo, sin embargo,
que no levantamos altares a ningún mártir, sino al Dios de los mártires, aunque en las memorias de los
mártires (CF 20,21).
6490 Lo que se ofrece, se ofrece a Dios que coronó a los mártires, en las memorias de aquellos a
quienes coronó, a fin de que el mismo lugar sirva de exhortación y provoque un mayor afecto, que estimule
el amor hacia aquellos a quienes podemos imitar, y hacia aquel con cuya ayuda lo podremos (CF 20,21).
6491 Mártir es lo mismo que testigo. Y los testigos de Cristo son testigos que dicen verdad (MD 1,1).
768 776 1046 1294 3026 4808 6750 6751 6796 6801 6811 7966 8019 8848 8850 9003 9267 9765
MATRIMONIO
6492 Porque Cristo habla en el corazón de las mujeres buenas, habla en el interior, donde no oye el
marido, pues no es digno de oir si es fornicario (S 9,11).
6493 Feo es, hermanos míos, torpe es que un varón diga que es imposible lo que hace una mujer. Es
criminal que el varón diga: "No puedo". Lo que puede hacer una mujer, ¿no podrá hacerlo un varón? (S
9,12).
6494 Si ella se ruboriza ante su marido, ¿no te ruborizas tú ante Cristo? Tú eres más libre porque eres
más fuerte. Porque vences con facilidad te dejan libre. Para ella se reservan la diligencia del marido, el
terror de las leyes, la costumbre social y el pudor. Para tí, Dios, sólo Dios (S 9,12).
6496 Exiges castidad a tu esposa; dale ejemplo, no consejos. Tú eres el guía, mira adónde vas; debes ir
por donde ella pueda seguirte sin peligro; aún más, debes andar por donde quieras ande tu mujer (S 132,2).
6497 Doloroso es decir que muchos varones son aventajados por las mujeres. Guardan ellas castidad, y
ellos no quieren guardarla; y en ese mismo no guardarla cifran ellos su dignidad de hombres, cual si la
fortaleza del sexo consistiera en ser más fácilmente vencido por el enemigo (S 132,2).
6498 Cuando al marido se le quiere de verdad, aun la pobreza sube de punto el amor, porque al amor se
le une la compasión (S 137,9).
6499 El marido debe ser fiel a la mujer, y la mujer al marido, y ambos a Dios. Los que habéis prometido la
continencia, cumplid lo prometido, puesto que no se os exigiría si no la hubieseis prometido (S 260).
6500 Quienes viven la vida conyugal, si son humildes, son mejores que los castos soberbios (S 354,4).
6501 ¿Eres varón? Has de mostrar con tu fortaleza que lo eres. ¿Eres varón? Vence la pasión. ¿Cómo
puedes ser varón, si tu mujer es más fuerte que tú? (S 392,4(5).
6502 La mujer no debe su castidad al marido impúdico, sino a Dios, a Cristo. Manténgase fiel no por el
marido, que no lo merece, sino por Cristo (S 392,4(5).
6503 Los bien informados en la fe católica saben que el autor de las nupcias es Dios, y como la unión es
de Dios, así la división es del diablo (TEJ 9,2).
6504 La mujer adúltera teme que venga su marido; la mujer casta teme que se vaya el suyo (TEJ 43,7).
6505 ... La que es casta, teme de otro modo; teme a su marido, pero castamente. La primera teme que el
marido venga como enemigo; la segunda teme que se vaya ofendido. La presencia del marido es molesta
para la que no ama, como lo es la ausencia para la que ama (Ca 140,21.53).
6506 Mirando por la libertad de mi espíritu, justa y provechosamente estoy resuelto a no desear, no
buscar, no tomar mujer (Sl 1,10,17).
6507 Sigamos a Cristo, Cabeza nuestra, para que a nosotros nos siga aquella de que somos cabeza.
Este mandato puede extenderse a las mujeres, con derecho fraterno, no marital; por ese derecho no hay
varón y mujer en Cristo (VR 41,78).
6508 Allí donde la mujer es esposa, allí hay matrimonio; pero no hay matrimonio donde se impide la
maternidad; allí no hay esposa (CIM 2,18,65).
6509 La castidad de los lícitamente matrimoniados es tanto más sincera cuanto más probada y tanto más
eficaz y segura cuanto más serena (BM 3,3).
6510 El matrimonio es un bien, porque preserva a los casados del adulterio y de la fornicación (BM 6,6).
6511 El criar hijos, en este mundo visible y perecedero, es la razón primera y el vínculo más fuerte que
une a la sociedad del género humano (BM 6,6).
6512 El matrimonio y la continencia son dos bienes, de los cuales uno es preferible al otro (BM 8,8).
6513 Así como la refacción de los justos es mejor que los ayunos de los sacrílegos, de la misma manera,
el matrimonio de los fieles es preferible a la virginidad de los impíos (BM 8,8).
6515 La dignidad del vínculo conyugal radica en la casta y legítima facultad de procrear y en el
cumplimiento honesto de los deberes mutuos relacionados con ese fin (BM 11,12).
6516 Es en la Iglesia en donde el matrimonio, proveniente de aquella unión de nuestros primeros padres,
recibe un carácter sacramental... (BM 15,17).
6517 Lo que es, pues, el alimento para la conservación del cuerpo, es el matrimonio para la conservación
de la especie (BM 16,18).
6518 Lo que son, pues, los manjares prohibidos respecto de la conservación de la vida, lo son el adulterio
y la fornicación respecto de la procreación (BM 16,18).
6519 Podemos afirmar que es más honesto y justo acabar la vida sin hijos que el tener descendencia
mediante una unión ilícita y criminosa (BM 16,18).
6520 Así como el hijo virtuoso fruto de una unión adulterina no justifica en modo alguno el adulterio, de
idéntica manera no es imputable al matrimonio el nacimiento de hijos viciosos provenientes de padres
legítimamente unidos (BM 16,18).
6521 De la misma vena de la caridad de donde nacen los hijos del espíritu deben brotar los hijos de la
carne y propagarse para ser hijos de la Jerusalén celeste, nuestra madre (BM 16,18).
6522 El matrimonio es, pues, un bien que torna tanto mejores a los esposos cuanto más castos, más
fieles y más temerosos son del Señor, y mucho más si a los hijos que engendran según la carne los crían y
educan según el espíritu (BM 19,22).
6523 El bien del matrimonio radica, en definitiva, sobre estas tres bases, que son igualmente bienes: los
hijos, la fidelidad, el sacramento (BM 24,32).
6524 Aquellos hombres (del Antiguo Testamento) preparaban y estaban grávidos de los hechos futuros
que ahora vemos realizarse maravillosa y eficazmente. Su misma vida conyugal era profética (SV 1,1).
6525 Por un profundísimo designio de Dios, más que según la costumbre de los deseos y goces
humanos, mereció ser alabada la fecundidad de unos y mereció ser fecunda la esterilidad de otros (SV 1,1).
6526 El Apóstol no quiso declarar y explicar con palabras en qué consistía esa tribulación de la carne que
profetizaba a los que optaban por las nupcias, como serían las sospechas de los celos, la labor en la
procreación y alimento de los hijos, los temores y angustias de la orfandad (SV 16,16).
6527 ... Quienes imitan estas virtudes siguen en ellas al Cordero. Pero también los casados pueden
caminar por estas huellas, y, aunque no calquen con la misma exactitud sus pisadas, van caminando, sin
embargo, por los mismos senderos (SV 28,28).
6528 Es tan grande el bien del matrimonio fiel, que hace a los casados miembros de Cristo (BV 3,4).
6529 "... Mejor es casarse que abrasarse". Esto dijo (el Apóstol) para que el mal de la libido desenfrenada
no se precipite en la impureza de los crímenes, cuando puede canalizarse en la honestidad de las nupcias
(BV 8,11).
6530 No hay que condenar en el hombre la inclinación cuando quiere engendrar hijos, no al estilo de los
perros, que se valen de cualesquiera hembras, sino dentro del honesto orden conyugal (BV 8,11).
6531 ... Y no es que se condenen las nupcias, aun las de esas tales, sino que se condena la quiebra del
compromiso, se condena la violada fe del voto; no se condena la adopción de un bien inferior, sino la caída
de una bien superior (BV 9,12).
6532 Dijo el Señor: "no todos entienden esta palabra". Por eso, la que pueda entender, entienda; la que
no se contenga, cásese; la que no se ha decidido, delibere; la que ya se ha determinado, persevere; no se
dé al adversario ninguna ocasión y no se le quite a Cristo ninguna oblación (BV 9,12).
6533 Pertenece a la felicidad de la carne tanto el vivir largo tiempo con el marido como el engendrar
hijos. ¿Qué otra cosa fue el vivir largo tiempo con el marido, sino felicidad de la carne? (BV 13,16).
6534 Si el mundo ya perece, la casada, ¿para quién pare? Si piensa parir con el corazón y no con la
carne, ¿para qué se casa? Y si ha de durar el mundo, ¿por qué no se ama más bien al Creador del mundo?
Si ya se desvanecen los atractivos seculares, el alma cristiana nada tiene que conquistar con su codicia, y
si no se desvanecen, ahí tiene lo que ha de desdeñar con su santidad. En el primer caso ha perdido la
esperanza la liviandad, en el segundo aumenta la gloria de la caridad (BV 20,25).
6535 A tres linajes de unión se refirió el Apóstol: Cristo y la Iglesia, varón y mujer, espíritu y carne. Los
primeros miembros de estas uniones miran por los segundos, los segundos sirven a los primeros. Todos
ellos son buenos... (Co 9,23).
6536 ... ¡Como si los varones no debieran más bien refrenar varonilmente las concupiscencias ilícitas
cabalmente porque son varones! ¡Como si por ser varones no debieran más bien servir de ejemplo de esta
virtud a sus mujeres! ¡Como si el ser varones no les obligase más a no dejarse vencer por la liviandad!
¡Como si el ser varones no les obligase más a no ser esclavos de la carne lasciva! (UA 2,8,7).
6537 Se los debería castigar tanto más gravemente cuanto es más propio de ellos el vencer con la virtud
y el gobernar a las mujeres con el ejemplo. Hablo a cristianos que oyen con fe: "El varón es cabeza de la
mujer" (UA 2,8,7).
6538 Guárdense, por tanto, de ir a donde temen que les siga su mujer (UA 2,8,7).
6539 ... Siendo esto así, ¿acaso será menor, y no más bien mayor y peor, la deshonestidad de los
varones, porque alardean de una soberbia y orgullosa jactancia? (UA 2,8,7).
6540 Porque la incontinencia de éstos se horroriza de la ley de Cristo, ¿tendremos que cambiar a su
arbitrio la ley de Cristo? (UA 2,10,9).
6541 "Si no se contiene, cásese". Con la propagación de los hijos se compensa lo que se cede a la
incontinencia en el matrimonio. La incontinencia es un vicio, y el matrimonio no es un vicio; y por este bien
se logra que aquél sea un pequeño mal (UA 2,12,12).
6542 Son, pues, un bien las nupcias en todas aquellas cosas que le son peculiares. Y éstas son tres: el
precepto de la procreación, la fidelidad conyugal y el sacramento de la unión (GJ 2,34,39).
6543 Alabanza de la criatura es la honesta unión de los sexos, no la injusta defensa de los vicios (Ccp
4,5,9).
6544 La monogamia se acercaba más a la medida de la dignidad, mientras que la poligamia fue permitida
por la necesidad de la fecundidad (MC 1,9,10).
6545 Todo el bien del matrimonio se encuentra colmado en los padres de Cristo: la prole, la fidelidad, el
sacramento. La prole, conocemos al mismo Señor Jesús; la fidelidad, porque no existió ningún adulterio; el
sacramento, porque no lo rompió ningún divorcio (MC 1,11,13).
6546 El sacramento es grande en Cristo y en la Iglesia, muy pequeño en todos y cada uno de los maridos
y mujeres; y, sin embargo, sacramento de unión inseparable (MC 1,21,23).
6547 Dios es el creador de los hombres y el unidor de los cónyuges, contra los maniqueos, que niegan
ambas cosas (MC 2,3,9).
6548 Aunque el hombre que nace de él naciese con pecado, el matrimonio fue instituído para engendrar,
no para pecar (MC 2,26,42).
6549 El matrimonio, en cuanto matrimonio, es un bien, y el hombre, en cuanto hombre, es un bien, ora
sea fruto de una unión legítima o adulterina; porque, en cuanto hombre, es obra de Dios... (RJ 3,22,51).
6550 Los esposos que usan bien del mal de la concupiscencia son preferibles a las vírgenes que hacen
mal uso del bien de la virginidad (RJ 4,8,50).
6551 La unión íntima de los esposos con el fin de procrear es un bien del matrimonio; con todo, ciertas
obras buenas no se realizan sin mezcla de algún mal, lo mismo que las obras malas no se ejecutan sin el
concurso de miembros buenos (RJI 4,115).
6552 El bien del matrimonio está dividio en tres partes: la fe, la prole y el sacramento. La fe cuida de que
no se una el varón y la mujer con otra u otro fuera de la unión conyugal. La prole atiende a que se reciban
con amor los hijos, se les alimente con agrado y se les eduque religiosamente. El sacramento mira a que la
unión sea irrompible, y el repudiado o repudiada no se una a otra persona ni aun por causa de los hijos
(CLG 9,7,12).
6553 El matrimonio existe en razón de los hijos, los hijos en razón de la descendencia, la descendencia
en razón de la muerte; luego donde no hay muerte, tampoco hay matrimonio (CEv 2,49).
6554 Si no se ama a la mujer, hay que despedirla; mas como no hay que despedirla, hay que amarla (CF
19,26).
6555 El matrimonio recibe su nombre del hecho de que la mujer no debe casarse sino para convertirse
en madre (CF 19,26).
6556 El hombre sólo ha de servirse de la unión carnal con fines de procreación, y ello únicamente dentro
del matrimonio regulado por la sociedad que no destruya el vínculo de la paz (CF 22,61).
6557 ... Antes bien los matrimonios fieles deberían decir que se adhieren mucho más íntimamente a los
miembros de Cristo porque han podido imitar a los padres de Cristo (CF 23,8).
54 1159 1171 1172 1173 1191 1534 1571 3922 5147 5552 5553 5554 5555 5556 7262 7325 7457 9025
9026 9698 9701 9706 9711 9720 9727 9730 9819
MEDIADOR
6558 Era necesario que el Mediador entre Dios y los hombres tuviese algo de común con Dios y algo de
común con los hombres, no fuese que, siendo semejante en ambos extremos a los hombres, estuviese
alejado de los hombres, y así no pudiera ser mediador (C 10,42,67).
6559 Cristo en tanto es Mediador en cuanto hombre; pues en cuanto Verbo no puede ser intermediario,
por ser igual a Dios, Dios en Dios y juntamente con él un solo Dios (C 10,43,68).
6560 (Cristo) Mediador tuyo y nuestro, Señor, por quien nos buscaste cuando no te buscábamos y nos
buscaste para que te buscásemos (C 11,2,4).
6561 Con la intervención de Dios, la mortalidad feliz de este Intermedio conducirá a los hombres de la
miseria mortal a la feliz inmortalidad (CD 9,15,1).
6563 Fue preciso que el Mediador entre nosotros y Dios tuviera una mortalidad transeúnte y una felicidad
permanente con el fin de acomodarse a los mortales en lo pasajero y llevarlos de entre los muertos a lo que
permanece (CD 9,15,1).
6564 Para esto precisamente se interpone un mediador inmortal, para no permitir el paso a la
inmortalidad feliz, porque persiste lo que la impide, esto es, la miseria; como por el contrario se interpuso un
mortal y feliz, para hacer de mortales inmortales, pasada la mortalidad, lo cual demostró en sí mismo con su
resurrección, y para dar a los miserables la felicidad que él jamás perdió (CD 9,15,2).
6565 Uno es, pues, el mediador malo, que separa a los amigos, y otro el bueno, que reconcilia a los
enemigos. Por eso hay muchos mediadores que separan, porque la multitud feliz lo es por la participación
del único Dios (CD 9,15,2).
6566 Se hizo camino de vida entre los inferiores el mismo que es vida entre los superiores (CD 9,15,2).
6567 Cristo Mediador, bajo la forma de esclavo, prefirió ser sacrificio a aceptarlo, a fin de que nadie
tomara ocasión de esto para sacrificar a cualquier criatura (CD 10,20).
6568 Esta es la mediación por la que se tendió la mano a los caídos y echados por tierra (CD 10,24).
6569 Este es el Mediador de Dios y de los hombres, el hombre Cristo Jesús; Mediador por ser hombre, y
por esto también camino (CD 11,2).
6570 Si entre quien se dirige y el lugar a que se dirige hay un Camino, existe la esperanza de llegar (CD
11,2).
6571 Si faltase o se desconociese por dónde hay que ir, ¿de qué sirve conocer a dónde hay que ir? (CD
11,2).
6572 Entre aquella Trinidad y la debilidad e iniquidad de los hombres se hizo mediador un hombre que no
es inicuo, pero sí débil, a fin de que, por no ser inicuo, te uniera a Dios, y por ser débil se acercase a tí (CS
29,2,1).
6573 Quien se hizo hombre por ti, con razón ora por ti (CS 29,2,4).
6574 Por tanto, ¡oh pueblo!, elige tal sacerdote por el que no te veas obligado a orar, sino que puedas
estar seguro de su oración por ti. Este es nuestro Señor Jesucristo, único sacerdote, único mediador entre
Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús (CS 36, s.2,20).
6575 (Cristo) ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como nuestra Cabeza; y
nosotros oramos a El como nuestro Dios. Reconozcamos en El nuestra voz, y su voz en nosotros (CS
85,1).
6576 Luego se le pide en forma de Dios, y El ora en forma de siervo: allí como Creador, aquí como
creado, tomando sin ser cambiado a la criatura que ha de ser cambiada, y haciéndonos consigo un sólo
hombre, Cabeza y Cuerpo. Luego oramos a El, por El y en El; y hablamos con El, y El habla con nosotros...
(CS 85,1).
6577 Si se reconoce hallarse en el Cuerpo de Cristo, diga ambas cosas: habla Cristo y hablo yo. No
hables nada sin El, pues El no habla nada sin tí... (CS 85,1).
6578 Se dio a conocer a los creyentes Dios y hombre; Dios por el cual fuimos hechos y hombre por el
cual fuimos restaurados. En El aparecía una cosa y se ocultaba otra (CS 109,3).
6579 Tú, hombre, no podías llegar a Dios; entonces Dios se hizo hombre, y de este modo se hizo el
Mediador de los hombres, el hombre Cristo Jesús, para que, si como hombre puedes acercarte al hombre y
no puedes a Dios, por el hombre te acerques a Dios (CS 134,5).
6580 Vino a donde nos hallábamos nosotros para que estuviésemos con El en donde El está. ¡Oh
hombre mortal! ¿Qué te prometió Dios? Que serás eternamente glorioso. ¿No lo crees? Créelo, créelo,
pues es más lo que hizo que lo que prometió (CS 148,8).
6581 El mismo Dios hecho hombre deambuló entre nosotros. Si únicamente hubiera sido hombre, no nos
hubiera conducido hasta Dios. Si solamente hubiera sido Dios, no se hubiera unido con los hombres (S
16A,9).
6583 Ese capitán tenemos. Está sentado a la diestra del Padre, pero nos recoge de la tierra, a uno de un
modo y a otro de otro; al uno con una dádiva, al otro con un castigo; al uno con la alegría, al otro con la
tribulación (S 70A,2).
6584 Tú eres hombre lejos de Dios y Dios está arriba lejos del hombre: en el medio se puso el Dios-
hombre. Reconoce a Cristo y, por el hombre, sube hasta Dios (S 81,6).
6585 Nuestro Señor Jesucristo vino a los hombres, se alejó de ellos y a ellos ha de volver (S 108,1).
6586 ¿Es acaso maravilla que lleguéis vosotros a ser hijos de Dios, cuando por vosotros el Hijo de Dios
llegó a ser hijo del hombre? (S 119,5).
6587 Acercóse, pues, a lo que no era, sin dejar de ser lo que era; se hizo hijo del hombre, sin dejar de ser
el Hijo de Dios. Y así es el Mediador, por estar en el medio (S 121,5).
6588 Este Hijo de Dios es también Hijo del hombre; porque, de haber el Hijo de Dios permanecido Hijo de
Dios, si no se hubiera hecho Hijo del hombre, no rescataría a los hijos de los hombres. Quien hizo, pues, al
hombre, se hizo lo que hizo para que no pereciese lo que hizo (S 127,9).
6589 Cristo el Señor, que nos oye juntamente con el Padre, se dignó orar por nosotros al Padre. ¿Hay
cosa más segura que nuestra felicidad, si ora por nosotros quien concede lo que pide? (S 217,1).
6590 Cristo es, en efecto, hombre y Dios; ora en cuanto hombre, y en cuanto Dios otorga lo que pide (S
217,1).
6591 El mismo Jesucristo el Señor está allí y está aquí con nosotros; está con el Padre y está en medio
de nosotros; no se apartó de él y no nos abandonó a nosotros; como maestro, nos enseña a orar, y como
Hijo, nos escucha en compañía del Padre (S 245,4).
6592 Por Cristo hombre tiendes a Cristo Dios. Dios es demasiado para ti, pero se hizo hombre. Quien
distaba mucho de ti, al hacerse hombre está junto a ti. En cuanto lugar de reposo, es Dios; en cuanto
camino, hombre. El mismo Cristo es el camino por donde vas y la meta a la que vas (S 261,7).
6593 Cristo el Señor, repito, no es Dios solamente ni solamente hombre, sino Dios y hombre; como Dios
nos hizo, como hombre nos rehízo (S 379,3).
6594 Canta la fe para llegar a la visión. Marcha por el camino para que te lleve a la patria. El permanece
allí adonde nos dirigimos, vino por donde regresamos; pero vino sin alejarse de allí y subió al cielo sin
abandonarnos a nosotros (S 379,7).
6595 Ni se han de nutrir con leche tanto tiempo que nunca lleguen a saber que Cristo es el Creador, ni se
les ha de quitar la leche de modo que vengan a olvidar a Cristo mediador (TEJ 98,6).
6596 Cristo es leche para los párvulos y alimento sólido para los que progresan (TEJ 98,6).
6597 Intercede ahora como inferior, entonces escuchará con el Padre en cuanto igual (T 1,10,21).
6598 El hombre no es Dios por naturaleza, sino simple mortal, y por el pecado no es justo: Dios se hace
hombre justo e intercede ante Dios por el hombre pecador (T 4,2,4).
6599 No hay armonía entre el pecador y el justo, pero sí entre hombre y hombre. Sumándonos la
semejanza de su humanidad, nos borró la desemejanza de nuestra perversidad; y hecho partícipe de
nuestra mortal flaqueza, nos hizo participantes de su divinidad (T 4,2,4).
6600 Con razón la muerte del pecador, fruto de una sentencia de condenación, fue destruída por la
muerte del Justo, fruto de una voluntad misericordiosa, y así logró atemperar su única muerte a nuestra
doble muerte (T 4,2,4).
6601 Mas he aquí que apareció del modo dicho el Mediador entre los hombres y Dios, uniendo en una
única persona ambas naturalezas, sublimando lo ordinario con lo extraordinario y templando lo
extraordinario con lo ordinario (Ca 137,3.9).
6602 Cristo es mediador en cuanto hombre; inferior al Padre cuando se halla más cerca de nosotros;
superior a nosotros, cuanto más cerca está del Padre (GJ 2,28,33).
6603 La descendencia de un origen culpable nos condena, si no somos purificados por la semejanza de
la carne de pecado, en la que fue enviado exento de pecado quien, hecho por nosotros pecado, condenó al
pecado con el pecado (GJ 2,32,37).
6604 El mismo Jesucristo, para crear la naturaleza es autor del hombre, para curar el pecado se hizo
hombre (GJ 2,33,38).
6605 Aquel por quien nadie intercede, sino que es él quien lo hace por todos, éste es el único, el
verdadero mediador, cuya figura se dibujaba en el sacerdote del Antiguo Testamento, y por eso no
encontramos allí a nadie que ore por el sacerdote (RPa 2,8,16).
2545 7222
MEMORIA
6606 Mas aquí estoy ante los campos y anchos senos de la memoria, donde están los tesoros de
innumerables imágenes de toda clase de cosas acarreadas por los sentidos (C 10,8,12).
6607 La memoria es la medida del pensamiento, como lo es la percepción para los cuerpos (T 11,8,15).
6609 A los lectores sucede, y a mí con mucha frecuencia, que, después de leer una página o una carta,
ignoro lo que he leído y debo repetir la lectura (T 11,8,15).
6610 Actuamos bajo la influencia de la memoria, de cuya cantera tomamos los elementos todos que de
una manera múltiple y varia conjugamos a capricho (T 11,10,17).
6613 La memoria humana mariposea por variedad de pensamientos y no depende de nadie el qué y el
cuándo venga algo a la mente (CE 3,13,48).
6614 ¿Qué otra cosa hacemos cuando nos volvemos a la memoria sino buscar de alguna manera lo que
dejamos en depósito? (Mu 6,8,22).
883 3112 3462 4162 4193 7077 7856 9189 9190 9422
MENTIRA
6615 Nadie quiere decir la mentira hasta el punto que ignore lo que es la verdad (C 10,41,66).
6616 Quien "habla la mentira, habla de lo suyo". Luego para que yo hable la verdad debo hablar de lo
tuyo, Señor (C 13,25,38).
6617 El no vivir como lo exigía la creación del hombre, constituye la mentira (CD 14,4,1).
6619 Tiene lugar la mentira cuando, intentando buscar algún bien, eso mismo nos resulta mal, o cuando
procurando buscar algo mejor, nos resulta, en cambio, peor (CD 14,4,1).
6620 Muchas mentiras aparecen haber sido dichas no por malicia, sino por benignidad en favor de la
salud o del bien de alguno... Estas no son alabadas por el hecho de ser mentiras, sino por la intención,
porque quienes tan sólo mienten de este modo, merecen algunas veces ser excusados de toda mentira (CS
5,7).
6621 Una cosa es mentir y otra ocultar la verdad, al parigual que una cosa es decir falsedad y otra callar
la verdad (CS 5,7).
6622 Dos son únicamente las clases de mentiras que no implican una falta grave: cuando bromeamos o
cuando mentimos para hacer un bien. En el primer caso, es decir, en el chanceo, no es perniciosa la
mentira porque no engaña, pues conoce aquel a quien se dice que se dijo en sentido jocoso. En el segundo
es más llevadera, porque entraña no poca benevolencia (CS 5,7).
6625 Llama, hermanos, maldad y mentira a la de ciertos hombres que por adulación, aunque sepan que
son cosas malas las que oyen, no obstante, por no disgustar a aquellos de quienes las oyen, no sólo
consienten no corrigiendo, sino también callando (CS 49,26).
6626 La falacia consiste en cierto engaño en las palabras, al declarar una cosa y sentir otra (CS 49,26).
6627 La lengua engañosa precede a la palabra que causa hundimiento. ¿Qué oficio desempeña la
lengua engañosa? El ser esclava de la mentira, produciendo una cosa en el corazón de los que la llevan y
otra en la boca de los que la profieren. En los primeros, ruina; en los segundos, hundimiento (CS 51,11).
6628 ¿Qué es, pues, el dolo? Dolo hay cuando se hace una cosa y se simula otra. Así se habla del dolo
cuando hay una cosa en la intención y otra en los hechos (S 4,23).
6629 Quien engaña a otro, nada aborrece tanto si tiene que padecer él el engaño (S 8,12).
6630 ¿Qué otra cosa es la mentira sino el pronunciar una cosa con los labios ocultando otra en el
corazón? (S 16,4).
6631 Lo que hay dentro de tu corazón, eso dígase fuera. Que no se oculte una cosa en el corazón y
profiera otra la lengua (S 108,7).
6632 Cuando el hombre, sabiendo una cosa, dice: "No lo sé", testifica contra sí mismo (S 128,2).
6634 Es la flaqueza del hombre de donde el error dimana; no yerra, empero, la conciencia sana. Estimar
que una cosa es falsa y darla por verdadera, es mentir (S 133,4).
6635 ¿En qué consiste el engaño? En aparentar que se hace lo que no se hace. Los labios dolosos
denuncian, pues, un corazón no sencillo (S 133,4).
6636 Aunque "Todo hombre es mentiroso", sólo Dios es veraz; borre lo que dijo el hombre y escriba lo
que dijo Dios. No te desesperes; puedes vivir, apoyándote no en tus males pasados, sino en tus bienes
futuros (S 339,2).
6637 Dolo es fraude, es simulación. Cuando se tiene una cosa en el corazón y se dice otra, entonces hay
dolo. Se tiene como dos corazones: uno como seno del corazón, donde ve la verdad, y otro como vientre,
donde concibe la mentira (TEJ 7,18).
6638 ¿No es en el secreto del alma donde el justo se desnuda de la mentira para poder morar en el
monte santo de Dios, que habla verdad en nuestro corazón? (T 4,3,6).
6639 Mendaces son los que mienten y difieren de los falaces, porque todo el que es falaz quiere engañar,
pero no todos los que mienten pretenden engañar... (Sl 2,9,16).
6641 La fábula es una ficción o mentira compuesta con fines recreativos y educativos (Sl 2,11,19).
6642 Esta diferencia hay entre el que miente y el que engaña: el primero tiene voluntad de engañar,
aunque no lo consiga; lo segundo no puede ser sin producir engaño (VR 33,61).
6643 Se cree libre de todo error el que miente, pensando que induce a error a quien le cree (E 17,5).
6644 En cuanto a mi modo de ver, me parece que toda mentira es pecado, mas importa mucho
considerar la intención y materia de la mentira (E 18,6).
6645 Toda mentira es pecado, ya que el hombre, no sólo cuando conoce lo que es verdadero, sino
también cuando yerra como hombre, debe decir lo que siente, bien sea eso verdad, bien lo juzgue como tal
no siéndolo (E 22,7).
6646 Todo el que miente habla con voluntad de engañar, pues dice lo que no siente (E 22,7).
6647 No usar de las palabras para lo que fueron instituidas, sino para la mentira, es lo que constituye el
pecado (E 22,7).
6648 Quien expresa lo que cree u opina interiormente, aunque sea ello un error, no miente (M1 3,3).
6649 Dirá mentira quien, teniendo una cosa en la mente, expresa otra distinta con palabras u otro signo
cualquiera (M1 3,3).
6650 El mentiroso tiene corazón doble, es decir, doble pensamiento: uno, el que sabe u opina que es
verdad y se calla, y otro, el que dice pensando o sabiendo que es falso (M1 3,3).
6651 Se puede decir un error sin mentir si quien lo enuncia piensa que es como lo dice; y se puede decir
una verdad mintiendo si quien tal expresa piensa que dice una falsedad y la quiere hacer pasar por verdad,
aunque efectivamente lo sea (M1 3,3).
6652 Al fiel y al mentiroso hay que juzgarlos no por la verdad o la falsedad de las cosas, sino por la
intención de su mente (M1 3,3).
6653 Entre el creer y el opinar hay esta diferencia: que el que cree, siente a veces que ignora lo que cree,
aunque no dude en modo alguno de ello si es que lo cree firmísimamente; pero el que opina, piensa saber
lo que efectivamente ignora (M1 3,3).
6654 El pecado del mentiroso está en el apetito e intención de engañar, bien nos engañe porque le
creemos y nos dice una cosa falsa, o bien no nos engañe porque no le creemos o porque resulta ser verdad
lo que nos dice pensando que no lo es con intención de engañarnos (M1 3,3).
6655 Quien dice la verdad porque estima que no le van a creer, dice la verdad para engañar (M1 4,4).
6656 Quien está acostumbrado a mentir para hacer mal, si miente con la intención de hacer bien, ya ha
progresado harto (M1 5,7).
6657 Dios aborrece a todos los que obran la iniquidad, pero destruye, además, a los que dicen la mentira
(M1 6,9).
6658 La boca del que miente mata al alma y no al cuerpo (M1 6,9).
6659 Nunca absolutamente se puede mentir en favor de alguno cuando con nuestra mentira dañamos a
un tercero (M1 9,16).
6660 No se ha de arrebatar el pan a un sano para alimentar con él a un débil, ni se puede maltratar
contra su voluntad a un inocente para librar a otro de la muerte (M1 9,16).
6661 Conviene distinguir entre mentiroso (mendax) y embustero (mentiens). Embustero es el que miente
a veces sin quererlo; pero mentiroso es el que apetece el mentir y vive interiormente con el placer de la
mentira (M1 11,18).
6662 Mas los que mienten se perjudican a sí mismos, unos porque abandonan la verdad para gozarse
con los embustes y otros porque prefieren agradar ellos antes que hacer agradable la verdad (M1 11,18).
6663 Las más de las veces, cuando en la Escritura se dice "boca", se quiere significar la fragua del
corazón, en donde se forja y derrota todo lo que expresamos con nuestra voz cuando decimos la verdad. A
quien agrada la mentira, miente ya en el corazón (M1 16,31).
6664 No podremos corregir justamente la mentira con la mentira. ¿Acaso se pueden corregir los robos
por medio de otros robos, los sacrilegios perpetrando otros sacrilegios o los adulterios cometiendo otros
adulterios? (M2 1,1).
6665 Hay mentiras que, aunque se digan con intención de engañar, no perjudican nada al que las cree, si
bien son nocivas para el que las dice (M2 3,4).
6667 Las mentiras deben evitarse mediante la verdad, desenmascararlas mediante la verdad y
aniquilarlas con la verdad (M2 6,12).
6668 Conviene advertir que no es lo mismo ocultar la verdad que decir la mentira. Aunque todo el que
miente quiere ocultar la verdad, no todo el que oculta la verdad miente. De ordinario, sin mentir, ocultamos
la verdad callando... O sea, mentir no es ocultar la verdad callando, sino expresar al hablar lo que sabemos
que es falso (M2 10,23).
6669 Mentira es la significación de una cosa falsa unida a la voluntad de engañar (M2 12,26).
6670 No tiene sentido el decir que hay algunas mentiras justas, a no ser que se diga también que hay
pecados justos (M2 15,31).
6671 Es más tolerable mienta tu lengua que tu vida; más tolerable simular la palabra que la castidad (RJ
3,21,50).
6672 Nadie considere cosa alguna como suya propia a no ser la mentira. Todo lo que tiene alguna
realidad verdadera, procede del que dice: "Yo soy la Verdad" (DC Pról.,8).
6673 Todo el que miente en eso mismo es infiel al que miente, pero desea que a quien mintió le tenga fe,
no obstante que él mintiendo no se la guarda (DC 1,36,40).
6674 Siempre es mejor padecer una injusticia que hacerla; y todo el que miente comete una injusticia. Si
a alguno le parece que alguna vez es útil la mentira, podrá también parecerle que es útil alguna vez la
injusticia (DC 1,36,40).
6675 Ninguna cosa se ha de juzgar más propia de los hombres que las falsedades y mentiras, pues les
pertenecen por derecho propio (DC 2,25,39).
6677 Dios por sí mismo es veraz; tú lo eres por Dios, ya que por tu parte eres mendaz (TCJ 1,6).
6678 Hay mentira cuando fingimos algo que nada significa. Cuando nuestra ficción se refiere a alguna
significación, no hay mentira (CEv 2,51).
6679 La ficción que se refiere a alguna verdad, es una figura; la que no tiene referencia, es una mentira
(CEv 2,51).
6680 Las mentiras, en efecto, los mentirosos las dicen en serio, no en broma. En cambio, no se
consideran mentiras las cosas que se dicen en broma y no existen (CH 1,145).
6681 No puede existir una calumnia sin una mentira, cosa que se contiene en la afirmación general sobre
el falso testimonio (CH 3,68).
6682 No existe calumnia más que cuando se causa daño al prójimo, acusándole de una culpa falsa (CH
3,68).
6683 No hay nadie que quiera ser engañado, mientras que son muchos los que quieren engañar (CF
16,33).
6684 La intimidad del que habla no se revela completamente, y de ahí que quede lugar para la mentira
(FSA 3,4).
MéRITO
6685 Lo que había de perecer en la tierra se conservó en el cielo. Luego lo que se conservó, esto hemos
de recibir. Se depositó el mérito; tu mérito se hizo tu tesoro (CS 36,s.3,6).
6687 Los que se dicen méritos nuestros son dones de Dios (T 13,10,14).
6688 Sólo podemos merecer si somos buenos por propia voluntad, no por necesidad (AFo 15).
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MILAGROS
6689 Aunque los milagros de las naturalezas visibles hayan perdido su fuerza impresionante por la
frecuencia con que los vemos, si los consideramos a la luz de la sabiduría, son de mayor categoría que los
menos acostumbrados y los más raros (CD 10,12).
6690 Más grande que cualquier milagro que hace el hombre es el mismo hombre (CD 10,12).
6691 Por medio del milagro, (Dios) manifiesta a los hombres su presencia (CS 43,4).
6692 Crea infinidad de árboles en toda la tierra, y nadie se admira; seca con su palabra uno, y se
sobrecogen de admiración los corazones de los hombres (CS 110,5).
6693 (Cristo) No hacía milagros por hacerlos, sino para que lo que hacía suscitara la admiración de los
que los veían y revelasen la verdad a quienes los entendían (S 98,3).
6694 Los hechos milagrosos son como el lenguaje de los misterios (S 136A,1).
6695 Los milagros del Señor son palabras de sentido misterioso (S 139A,2).
6696 Dios, precisamente porque es Dios, hace milagros que salen de lo normal. Pero el que a diario
nazcan tantos hombres que antes no existían, es ciertamente mayor milagro que la resurrección de unos
pocos que ya existían (S 242,1).
6697 El ser sembrado el hombre, repito, el ser formado en las entrañas maternas, es un milagro
cotidiano, mas dejó de causar admiración por su excesiva frecuencia, y la misma repetición lo ha hecho
vulgar (S 242A,2).
6698 Si comienzas a buscar explicación a los milagros con la sola mente humana, temo que pierdas la fe
(S 247,2).
6699 ¿Quién que piense detenidamente en las obras de Dios, por las que rige y gobierna todo el mundo,
no se pasma de asombro y queda como aplastado por el peso abrumador de tantos milagros? (TEJ 8,1).
6700 Nacen miles todos los días, y nadie se extraña. Sin embargo, si bien se examina, mayor milagro es
comenzar a ser lo que no era que resucitar al que ya había sido (TEJ 8,1; 9,1).
6701 ... éstos se repiten todos los días y como siguiendo el curso natural, mientras que los otros
muestran a la vista de los hombres la presencia de la eficacia del poder divino (TEJ 9,1).
6702 Los milagros que realizó nuestro Señor Jesucristo son, en verdad, obras divinas, que convidan a la
mente humana a elevarse a la inteligencia de Dios por el espectáculo de las cosas visibles (TEJ 24,1).
6703 Como el mismo Cristo es la Palabra de Dios, así también los hechos del Verbo son palabras para
nosotros (TEJ 24,2).
6704 Dios a veces concede este poder para engaño de engañadores, como a los magos y egipcios,
grandes en la seducción de sus espíritus y réprobos ante la divina verdad (T 3,7,12).
6705 Toda la naturaleza está llena de milagros, que no causan maravilla por la costumbre de verlos,
aunque resistan a la investigación de la razón (Ca 102,5).
6706 ¿Pero no sería maravilloso todo lo que ejecuta Dios en todos los movimientos de las criaturas, si
con la costumbre no dejase de asombrarnos lo cotidiano? (Ca 137,3.10).
6707 ¡Cuántas cosas ordinarias son desdeñadas y causarían estupor si se consideraran! Por ejemplo, la
fuerza de las semillas... (Ca 137,3.10).
6708 Como la Iglesia católica está difundida y arraigada en todo el mundo, no quiso Dios se prolongasen
los milagros hasta nuestro tiempo, para que el alma no se aferrase siempre a lo visible ni el género humano
se entibiase por la costumbre de ver lo que con su novedad despertó tanto su entusiasmo (VR 25,47).
6709 Llamo milagro a lo que, siendo arduo e insólito, parece rebasar las esperanzas posibles y la
capacidad del que lo contempla (UF 16,34).
6710 Los hombres se apasionan por escudriñar lo novedoso y por inquirir las causas de lo inusitado,
cuando muchas veces desdeñan conocer las cosas cotidianas, a pesar de que frecuentemente tienen
también un origen oculto (CLG 12,18,39).
6711 Llamamos naturaleza a lo que nosotros conocemos como su curso habitual, y cuando Dios hace
algo contrario a él, hablamos de portentos y maravillas (CF 26,3).
6712 Unos son los límites de las cosas humanas, y otros muy distintos los signos de los poderes divinos;
una cosa es lo que se hace naturalmente, y otra lo que se hace milagrosamente, aunque Dios esté presente
tanto en la naturaleza para que subsista como para que la naturaleza no falle en los milagros (PD 16,19).
MISERICORDIA
6713 La misericordia de Dios rodea amorosamente a los buenos para animarlos, y la severidad de Dios
corrige a los malos para castigarlos (CD 1,8,1).
6714 ¿Y qué es la misericordia sino cierta compasión de nuestro corazón por la miseria ajena, que nos
fuerza a socorrerle si está en nuestra mano? Este movimiento está subordinado a la razón si se ofrece la
misericordia de tal modo que se observe la justicia, ya sea socorriendo al necesitado, ya perdonando al
arrepentido (CD 9,5).
6715 Por la inefable misericordia de Dios la pena de los vicios se transformó en arma de virtud, e incluso
el suplicio del pecador se convierte en recompensa del justo (CD 13,4).
6716 Aquélla y ésta salvan; es decir, la misericordia y la justicia; aquélla traslada de la enfermedad a la
salud; ésta conserva en la misma salud (CS 7,10).
6717 De muchas formas es la misericordia de Dios: es paciente, es animosa. Por esto, cuando pone de
manifiesto cuántas cosas concede a los malos, da a conocer mejor qué reserve a los buenos (CS
32,2,s.1,5).
6718 Ahora es el tiempo de la misericordia; más tarde llegará el tiempo del juicio (CS 32,2,s.1,10).
6719 Donde no hay miseria no se necesita de misericordia. En la tierra abunda la miseria del hombre y
sobreabunda la misericordia del Señor; la tierra está repleta de miseria humana y de misericordia divina
(CS 32,2,s.2,4).
6721 El que suplica gran misericordia, confiesa gran miseria (CS 50,6).
6722 Luego consiguen la misericordia del Señor los que obraron ignorantemente; y los que a sabiendas
obran mal, consiguen no cualquier misericordia, sino la gran misericordia ((CS 50,6).
6723 Implora misericordia, pero atiende a la justicia. La misericordia consiste en perdonar los pecados; la
justicia, en castigarlos (CS 50,7).
6724 En ti está, y de ti procede la misericordia, pero, si Dios no te la da, en nadie hay misericordia. ¿Y
Dios se olvidará de la misericordia? Corre el río; ¿se habrá secado la fuente? (CS 76,11).
6725 Contra quienes se aíra Dios, ¿qué provecho puede reportar la compasión humana? (CS 77,18).
6726 Con ningún modo se vence mejor al enemigo que siendo misericordioso (CS 143,7).
6727 Por mucho que progreses, has de esperar en la misericordia. Pues, si se aplica la justicia sin
misericordia, en cualquiera parte encontrarás algo que condenar (CS 147,12).
6728 Ahora es el tiempo de la misericordia para corregirnos; no ha llegado todavía el tiempo del juicio.
Hay tiempo, hay lugar; hemos pecado, corrijámonos. No se ha terminado el camino... (S 17,5).
6729 ¿Cómo puedes ser misericordioso con otro, si eres cruel contigo? (S 106,4).
6730 ¿Quieres llegar a la luz celestial? Quédate primero en la tierra dando frutos; con otras palabras:
vayan delante las obras de misericordia, pues tras las obras de misericordia viene la iluminación causada
por aquella luz que deseas (S 229S).
6731 ¿Qué es la misericordia? No otra cosa sino una cierta miseria contraída en el corazón (S 358A,1).
6732 Se habla de misericordia cuando la miseria ajena toca y sacude tu corazón (S 358A,1).
6734 El papel de la misericordia es doble: perdonar las injurias y dar pruebas de humanidad... (Ca
171A,1).
6735 Ni la misericordia impide la verdad con que es castigado quien lo merece, ni la verdad impide la
misericordia con que es liberado quien no lo merece (Ca 194,3.6).
6736 El hombre que se engaña debe parecernos digno de instrucción; y el que engaña, vitando; el
primero necesita un buen maestro; el segundo, un discípulo precavido (CA 2,5,12).
6737 También la misericordia implica de suyo cierta miseria del corazón, de donde ha recibido en latín su
nombre (CDS 2,2,2).
6738 Pon al menos atención a la misericordia y ve de dónde le viene el nombre. Donde no hay miseria,
¿qué tiene que hacer la misericordia? (RJI 1,39).
6739 Nada inclina más a compasión que el pensamiento del peligro propio (ECG 56).
6740 Se advierte que a esa virtud se la llama misericordia porque hace mísero el corazón de quien se
duele de las miserias ajenas (CAM 11).
398 603 711 716 810 1009 1108 2016 2087 2113 2903 2913 2914 2917 3936 5068 5582 5750 5796 6041
6048 6105 6115 6116 6961 7831 7865 7895 7908 8336 8806
MUERTE
6741 Nacen las cosas y mueren, y naciendo comienzan a ser, y crecen para llegar a perfección y, ya
perfectas, comienzan a envejecer y perecen. Y aunque no todas las cosas envejecen, mas todas perecen.
Luego cuando nacen y tienden a ser, cuanta más prisa se dan por ser, tanta más prisa se dan a no ser (C
4,10,15).
6742 Porque tan verdadera era la muerte de mi alma como falsa me parecía a mí la muerte de su carne,
y tan verdadera la muerte de su carne como falsa la vida de mi alma, que no creía esto (C 5,9,16).
6743 Nadie fue muerto que no hubiera de morir algún día. La muerte hace idénticas tanto la vida larga
como la breve (CD 1,11).
6744 La muerte no debe tenerse como un mal cuando le ha precedido una vida honrada. En rigor, lo que
convierte en mala a la muerte es lo que sigue a la muerte (CD 1,11).
6745 ¿Que importa la clase de muerte que ponga fin a esta vida cuando al que muere no se le obliga ya
de nuevo a morir? (CD 1,11).
6746 No hay muerte más radical ni peor que aquella en que no muere la muerte (CD 6,12).
6747 uere el alma cuando es abandonada por Dios, y muere el cuerpo cuando es abandonado por el
alma (CD 13,2).
6748 La primera muerte del cuerpo es buena para los buenos y mala para los malos; pero la segunda,
como no es propia de ningún bueno, no puede ser buena para nadie (CD 13,2).
6749 Se adquirió la muerte pecando; ahora se completa la justicia muriendo (CD 13,4).
6750 La muerte no es un bien cuando aumenta la gloria de los que sufren (CD 13,5).
6752 La muerte es mala por ser estipendio del pecado (CD 13,5).
6753 Por lo que toca a la muerte del cuerpo, es decir, la separación del alma y del cuerpo, cuando la
soportan los que llamamos moribundos, no es buena para nadie (CD 13,6).
6754 Cualquiera que sea la causa que les priva a los moribundos de la sensación, si lo toleran religiosa y
fielmente, aumenta el mérito de la paciencia, no suprime el nombre de la pena (CD 13,6).
6755 Por ser la muerte pena del que nace de la propagación ininterrumpida del primer hombre, sin
embargo, si se sufre por la religión y la justicia, se convierte en gloria del que renace (CD 13,6).
6756 Siendo la muerte el precio del pecado, consigue a veces no quedar en absoluto endeudada con el
pecado (CD 13,6).
6757 Se acepta la separación del alma y del cuerpo para evitar la de Dios y el alma (CD 13,8).
6758 La muerte, que hace sufrir a los moribundos y les quita la vida, no es buena para nadie, aunque es
loable el tolerarla por conservar o adquirir algún bien (CD 13,8).
6759 La muerte es mala para los malos y buena para los buenos (CD 13,8).
6760 El mismo sujeto está a la vez viviendo y muriendo, pero acercándose a la muerte y alejándose de la
vida (CD 13,9).
6761 Desde que uno comienza a estar en este cuerpo, que ha de morir, nunca deja de caminar a la
muerte (CD 13,10).
6762 No existe nadie que no esté después de un año más próximo a la muerte que lo estuvo un año
antes; que no esté mañana más cerca que lo está hoy, hoy más que ayer, dentro de poco más que ahora y
ahora más que hace un momento (CD 13,10).
6763 La muerte es tan molesta que ni se la puede explicar con palabras, ni se la puede evitar con
razonamientos (CD 13,11,1).
6764 Si uno eligiera marcharse de esta vida antes que seguir soportando por más tiempo los tormentos,
está confesando haber cometido lo que no había cometido (CD 19,6).
6765 Es necesario morir, y nadie quiere. Nadie quiere lo que es necesario. Nadie quiere lo que, sin
embargo, ha de acontecer, quiera o no quiera. Dura realidad o necesidad el no querer lo que no puede
evitarse (CS 30,2,s.1,13).
6766 ¿Qué hay de cierto aquí si no es la muerte? Adelantaste: sabes lo que hoy eres, ignoras lo que
serás mañana... Adondequiera que te vuelvas, te hallarás con la incertidumbre; sólo la muerte es cierta (CS
38,19).
6767 Esta mortalidad (del cuerpo) es la sombra de la muerte. Pues la verdadera muerte es la
condenación con el diablo (CS 43,18).
6768 Teme morir si puedes no morir. Lo que por naturaleza no puedes evitar, ¿por qué no lo aceptas por
la fe? (CS 96,17).
6769 No te extrañes; la muerte, de cualquier parte que provenga, es buena para el piadoso (CS 148,11).
6770 Dios sabe lo que hace. Tú teme y sé bueno. De donde El quiera sacarte del mundo, te encuentre
preparado. Eres inquilino, no dueño de la casa. Se te arrendó la casa. Esta casa se te alquiló, no se te
donó. Aunque no quieras, saldrás de ella, pues no la recibiste en arriendo con tal condición que fijases tú el
tiempo (CS 148,11).
6771 ¿Qué dijo tu Señor? Cuando quisiere El decir: "Emigra, estate preparado. Te echo de la
hospedería, pero te doy la casa; en la tierra eres inquilino, en el cielo dueño" (CS 148,11).
6772 Atiende a la plaga: si no temes ser bestia, por lo menos teme el morir como bestia (S 8,8).
6773 Nadie muere sino aquel que quiere Dios. En cuanto a la muerte, aunque el consejo se deja al juicio
de Dios, se condena la concupiscencia del homicida (S 8,15).
6774 En esta tierra y en el género humano sólo no puede morir aquél que aún no ha comenzado a vivir
(S 9,2).
6775 El número de nuestros días nunca se declara, ya que, si cada uno de nosotros supiera cuándo iba a
morir, quizá se decidiera a darse buena vida (S 16A,11).
6776 Mueren hombres cada día. Los vivos los llevan a enterrar, celebran sus funerales y se prometen a
sí mismos una larga vida... (S 17,7).
6777 Si amas la vida y temes la muerte, este mismo temor es un constante invierno. Y cuando más nos
punza el temor de la muerte es cuando en todo nos va bien. Cuando nos va mal no tememos morir (S 38,7).
6778 Muy sabiamente estableció Dios que fuera incierto el día de la muerte. Piense cada uno
salutíferamente en su último día. Fruto de la misericordia de Dios es que el hombre ignore cuándo tiene que
morir. Se nos oculta nuestro último día para que vivamos bien día a día (S 39,1).
6779 El abandono de Dios es la muerte del alma; el abandono del alma es la muerte del cuerpo. La
muerte del cuerpo es de necesidad; la del alma depende de la voluntad (S 62,2).
6780 La muerte para nadie debe ser tranquila, a no ser para quien sepa que muere de tal modo que en él
muere la muerte y la vida es coronada (S 64,2).
6782 Se perdió uno que era cristiano, es decir, perdiste un hijo cristiano, y, por tanto, no lo perdiste, sino
que lo enviaste delante. Ni siquiera él te abandonó, simplemente te precedió. Pregunta a tu fe; con toda
certeza también tú has de ir a donde él te precedió (S 86,11).
6783 Pero no quiero hablar de un hijo perdido, para que no parezca que amenazo con las adversidades
humanas. Hablemos de algo en cierto modo mejor y más deseable. No digo ahora que tienes un hijo
menos; piensa que tienes uno más (S 86,13).
6784 Haga buen uso el hombre de su pena, hermanos; haga buen uso de su mal para progresar en
beneficio propio (S 97,2).
6785 La pena es cierta e incierta la hora; y, de las cosas humanas, sólo de esta pena tenemos certeza
absoluta (S 97,2).
6786 ¿Por qué los médicos, tras haber examinado la enfermedad y haber visto que es mortal, dicen:
"Morirá; no escapará de la muerte"? Ya desde el momento del nacimiento del hombre hay que decir: "No
escapará de la muerte" (S 97,3).
6787 Sólo el tiempo después de la muerte dice la verdad sobre ella (S 102,4).
6788 ¿Cuándo llegará la victoria? Cuando la muerte sea absorbida en la victoria. Entonces se verá el
grito del que triunfa, no el sudor de quien lucha (S 154,8).
6789 Quien busca tu muerte, lo que quiere es arrojar de tu carne la vida, por la que vive tu carne (S
161,6).
6790 Muere para vivir; sepúltate para resucitar. Una vez que te hayas sepultado y hayas resucitado, será
verdad aquello de "en alto el corazón" (S 169,16).
6791 Muere el cuerpo cuando se aleja el alma; muere el alma cuando se aparta de Dios (S 180,8; 273,1).
6792 Temes la muerte, que dura poco y que vendrá aunque no lo quieras; teme las penas eternas, que
no vendrán si tú no quieres (S 279,9).
6793 ¿Qué es el sueño sino una muerte cotidiana que ni del todo saca al hombre de aquí ni le retiene por
largo tiempo? ¿Y qué es la muerte sino un sueño largo y muy profundo, del que el hombre es despertado
por Dios? (S 221,3).
6794 Donde no llega muerte ninguna, tampoco llega el sueño, su imagen (S 221,3).
6795 Dado que aquí no puedes elegir el no morir, mientras vives, elige el no morir eternamente (S 279,9).
6796 La muerte no puede ser amada, aunque pueda ser tolerada. En efecto, si se pudiera amar la
muerte, ninguna hazaña habrían hecho quienes fueron a ella por la fe (S 299,8).
6797 Si se ama lo que vendrá después de la muerte, se acepta lo que no se quiere para llegar adonde se
quiere (S 299,8).
6798 Nada hay peor que aquella muerte en que la muerte no muere (S 301A,3).
6799 Tú que tanto te afanas por morir un poco más tarde, haz algo para no morir nunca (S 302,4).
6800 Todos hemos de llegar al mismo tiempo, aunque salgamos en distintos momentos; distinta es la
hora de salir de aquí, pero único el tiempo de ser recibidos allí (S 305A,10).
6801 Si la muerte no fuese amarga, los mártires carecerían de toda gloria. Si la muerte se reduce a nada,
¿qué hicieron de grande los mártires al despreciarla? (S 335B,3).
6802 No temáis la muerte pasajera, temed la que permanece. No hay otra peor que aquella donde la
muerte no muere (S 335B,5).
6803 La muerte... por sí misma no parece ser ni buena ni mala, sino que para los buenos es buena y
para los malos es mala (S 335K,1).
6804 Sueño y muerte son parientes (S 336,5).
6805 Todos hemos de morir, y quien quiere evadirse de la muerte no se esfuerza por eliminarla, sino por
diferirla (S 343,2).
6806 El dormir es como el morir, y el despertar como el resucitar. A partir de estos hechos que se repiten
a diario, cree lo que ha de tener lugar una sola vez (S 361,10).
6807 La muerte ha de sobrevenir a todos, pero no a todos la muerte por Cristo. Aquellos a quienes les
cupo en suerte morir por Cristo, en cierto modo le devolvieron lo que él les había dado (S 375B,1).
6808 Venció Dios la muerte para que no venciera ella al hombre (TEJ 14,13).
6809 Expirar no es más que ponerse fuera del alcance del espíritu, como exilar es ponerse fuera del
suelo... (TEJ 47,11).
6810 Todos temen la muerte del cuerpo, pero pocos temen la muerte del alma. Todos se afanan por
evitar que llegue la muerte de la carne, que inevitablemente ha de llegar, y por eso trabajan. Se trabaja para
que no muera el hombre que ha de morir, y nada se hace para que no muera el hombre que ha de vivir
eternamente (TEJ 49,2).
6811 Si en la muerte no hubiese molestia alguna, aunque pequeña, no fuera tan grande la gloria de los
mártires (TEJ 123,5).
6813 La impiedad es muerte del alma; la corruptibilidad lo es del cuerpo, pues es causa de la separación
entre el alma y el cuerpo (T 4,3,5).
6814 Muere el alma cuando Dios la abandona; muere el cuerpo cuando lo abandona el alma: la primera
se hace insipiente, éste, cadáver (T 4,3,5).
6815 La muerte es el fin de los males para aquellos que deseen vivir una vida casta, piadosa, fiel e
inocente. Pero no es el fin de los males para aquellos que arden por el deseo de fruslerías y vanidades
temporales (Ca 104,1.3).
6816 Aunque todos saben que ha de llegar el día de la muerte, todos o casi todos tratan de diferirlo, aun
aquellos que creen que después de la muerte han de vivir más felices (Ca 140,6.16).
6817 La muerte carnal, ¿qué perjuicio les causa a los que en todo caso han de morir? (Ca 151,7).
6818 ¿Qué hacen los que temen morir sino el retardar un poquito su muerte? (Ca 151,7).
6819 Lo que perjudica a los que mueren no es lo que viene de la muerte, sino lo que viene de la vida (Ca
151,7).
6820 Si sus almas son de las que socorre la gracia cristiana, su muerte no será el ocaso de una buena
vida, sino ocasión de otra mejor (Ca 151,7).
6821 En todo caso, consta que la muerte, no sólo la espiritual, sino también la corporal, no hubiera
existido si el pecado no la hubiese precedido... (Ca 193,4.12).
6822 Como cada cual sea hallado en el último día de su vida, así será hallado en el último día del mundo,
porque, según sea en ese día de su muerte, así será juzgado en el otro (Ca 199,1.2).
6823 Al dejar en la incertidumbre el día de la muerte, (Dios) quiso que sirviese de no poco provecho para
los suyos que saben comprender el lenguaje divino, con vistas a que no difieran el día de su regeneración
(Ca 2*,8).
6824 No hay, pues, seguridad alguna contra la muerte corporal, y ha de desearse cierto género de
muerte con que se separe el alma viva del cuerpo para ir a un lugar donde no pueda morir, si esto es
posible (Sl 2, 13,23).
6825 No sin razón dice la Sagrada Escritura que los muertos duermen, porque el sueño es, en cierto
modo, pariente próximo de la muerte (NA 4,18,28).
6826 Ninguno espere merecer delante de Dios, cuando hubiere muerto, lo que durante la vida despreció
(E 110,29).
6827 Si es vano el temor a la muerte, este mismo temor es un castigo; si el alma naturalmente no quiere
ser separada del cuerpo, la misma muerte es un castigo, aunque la gracia divina la convierta en ganancia
(RJI 2,186).
6828 Ninguna cosa aparta con más fuerza a los hombres del pecado como el pensamiento de la muerte
inminente (CGM 2,28,42).
6829 Quien ya posee una fe auténtica y sabe adónde debe llegar, ha progresado ya tal grado que puede
abandonar gustosamente esta vida (OCAT 3).
6830 Algunos, que poseen ya una fe auténtica, vanamente dicen que no quieren morir para así hacer
más méritos, cuando en verdad su propio mérito se halla precisamente en que desean morir (OCAT,3).
6831 Nadie que rehúya soportarla, trabaja por evitarla del todo, sino que sólo se esfuerza en retrasarla
(CH 7,49).
6832 Una vez que purifiques mi pecado, aún me queda una cosa que hacer: volver al polvo por la muerte
corporal (AJ 7,17).
6833 Dios entrega a la muerte de dos modos: cuando pasa de lejos o cuando pasa de incógnito. Este
incógnito de Dios es la muerte del alma (AJ 9,7).
6834 La misma mortalidad humana es ya de suyo un tormento, y de esta mortalidad derivan los demás
tormentos (AJ 10,17).
6836 a muerte del hombre es un castigo del pecado. Por eso se la llama también pecado (CF 14,3).
6837 No comete una injusticia el hombre justo al desear la muerte cuando la vida es sumamente amarga;
pero si Dios no le da la vida que desea, lo justo será tolerar esa vida tan amarga (RG 1,30,35).
320 467 479 721 887 2597 2599 2602 2609 2621 2622 2629 2631 2633 2638 2639 2644 2856 4121 4619
6132 6437 6443 6454 6484 6486 6553 7390 7560 7561 7864 9491 9516 9523 9541 9560 9567 9568 9587
9600 9601 9617 9636 9656 9661 9664 9681
MUNDO
6838 Llamó molino, según creo, a este mundo porque se desenvuelve en el rodar del tiempo y pulveriza
a sus amadores (CS 36,s.1,2).
6839 El mundo es un mar que tiene perjudiciales amarguras, oleaje de tribulaciones, tempestades de
tentaciones, hombres que, como peces, se gozan del mal ajeno y que se devoran entre sí (CS 39,9).
6840 Aunque hay cosas dulces en el mundo, sin embargo se digieren en amargura (CS 51,18).
6841 Llámase mundo a los hombres malos; llámase también mundo a los hombres sin fe, y recibieron
ese nombre de lo que aman (S 121,1).
6842 La amistad de este mundo es mala y engañosa y enemista con Dios (S 125,11).
6844 Si no nos aprisiona la propia ansia de placer ni nos aterroriza la crueldad ajena, está ya vencido el
mundo (S 276,2).
6845 Si el mundo te promete el placer carnal, respóndele: "Más deleitable es Dios". Si te promete
honores y dignidades seculares, respóndele: "El reino de Dios es más excelso que todo". Si te promete
curiosidades superfluas y condenables, respóndele: "Sólo la verdad de Dios no se equivoca" (S 284,5).
6846 En todos los halagos del mundo aparecen estas tres cosas: o el placer, o la curiosidad, o la
soberbia (S 284,5).
6847 ¡Cuántas amarguras no tiene mezcladas en su interior! ¡Y todavía resulta dulce el mundo! (S
346A,8).
6848 Mientras nos hallamos en este mundo, siempre que procuremos tener el corazón en lo alto, no nos
pejudicará el caminar aquí abajo (S 359A,1).
6849 Es malo el mundo porque son malos los que viven en él, como es mala la casa no por sus muros,
sino por los que viven en ella (TEJ 3,5).
6850 Si te agrada el mundo, siempre quieres ser inmundo; si ya no te agrada este mundo, ya eres limpio
(TEJ 38,6).
6851 Bajo el nombre de mundo comprende a aquellos que viven envueltos en las concupiscencias del
mundo, y no les ha tocado en suerte la gracia de ser elegidos del mundo (TEJ 107,1).
6852 Los lazos de este mundo contagian una amargura indudable y una dulzura falsa, un dolor cierto y
un placer inseguro, una fatiga ruda y un sosiego tembloroso, una realidad llena de miseria y una esperanza
vana de felicidad (Ca 26,2).
6853 Más peligroso es este mundo cuando es dulce que cuando es molesto, y más hay que huir cuando
nos acaricia para que lo amemos, que cuando nos mueve y obliga a que lo despreciemos (Ca 145,2).
6854 El deseo de este mundo, incitador al mal, disminuye a medida que crece el amor de Dios, y
desaparece cuando el amor de Dios alcanza la perfección (Ca 2*,6).
6855 El amor del mundo tiene su origen en el albedrío de la voluntad; su crecimiento, en el deleite del
placer, y su confirmación, en el lazo de la costumbre (P 17,14).
6856 ¿Quién ignora que la Escritura suele llamar con el nombre de mundo a aquellos por quienes este
mundo es habitado? (GJ 1,20,21).
6857 Tan malo es este mundo, que sin salir de él es imposible alcanzar el descanso prometido (RJI
6,29).
6858 El siglo presente ha de entenderse malvado por los hombres perversos que se encuentran en él,...
(ECG 3).
6859 ¿Qué es el mundo? El mundo, tomado en mal sentido, son los amadores del mundo. El mundo,
tomado en buen sentido, es el cielo, la tierra y las obras de Dios que hay en ellos (TCJ 5,9).
395 403 450 454 455 584 889 890 1002 1264 1270 1301 3165 4037 4903 4904 6445 7725 9552 9814 9840
NATURALEZA
6860 Se llama simple a una naturaleza que no tenga algo que pueda perder, o que sea cosa distinta el
que tiene de lo que tiene (CD 11,10,2).
6861 Mejor es la naturaleza sensible, incluso cuando siente un dolor, que una piedra, que jamás podrá
sentirlo (CD 12,1,3).
6862 Lógicamente una naturaleza dotada de razón es más excelente, aunque sea desgraciada, que la
carente de razón o sensibilidad, a la que no es posible la desgracia (CD 12,1,3).
6863 Todo vicio daña a la naturaleza. La que se une a Dios no se diferencia de la otra en su naturaleza,
sino en el vicio contraído (CD 12,1,3).
6864 La rectitud de la censura de un vicio estriba en que éste deshonra una naturaleza noble... (CD
12,1,3).
6866 No existen males nocivos para Dios: solamente los hay para las naturalezas mutables y
corruptibles, que a su vez son buenas, como lo demuestran los mismos vicios. Si no fueran buenas nada
podrían dañarle los vicios (CD 12,3).
6867 Las mismas naturalezas viciadas por su mala voluntad son malas en cuanto que son viciosas, pero
en cuanto naturalezas, son buenas (CD 12,3).
6868 Cuando una naturaleza corrompida sufre castigo, hay otro bien, además de la misma naturaleza: el
de no quedar impune (CD 12,3).
6869 Bien consideradas las cosas, los defectos propios de los seres terrenos, involuntarios y, por tanto,
no punibles, están enalteciendo las naturalezas mismas, creadas todas por Dios sin excepción (CD 12,4).
6870 Quien ama desordenadamente el bien de cualquier naturaleza, aunque llegue a conseguirlo, él
mismo en ese bien se convierte en malo y desgraciado, privándose de un bien mejor (CD 12,8).
6871 No se puede achacar, con injuria del Creador, nuestros pecados y nuestros vicios a la naturaleza
carnal, ya que en su género y en su orden es buena (CD 14,5).
6872 El mismo curso ordinario y usual de la naturaleza, en el que, según el tiempo, se desenvuelve la
fugacidad de todas las cosas pasajeras y mortales, que pierden su valor por la costumbre, también da
testimonio de su Creador si lo considera el piadoso observador (CS 118,27,1).
6873 Dios creó la naturaleza sin la culpa, y, de haber persistido sin culpa, no le hubiera seguido la pena
(S 299,8).
6874 En nuestra naturaleza, pues, se encuentran la culpa y la pena; en Jesús, la carne y la pena, sin la
culpa, para sanar la culpa y la pena (S 299,8).
6875 La naturaleza hay que separarla del vicio. Reconózcase la naturaleza para alabar al Creador.
Reconózcase el vicio, y clámese por el médico (TEJ 42,16).
6876 No hay naturaleza alguna, y en absoluto sustancia alguna, que no contenga en sí y no presente
estos tres elementos: primero, el ser; después, el ser esto o lo otro; y tercero, el mantenerse en cuanto
pueda en ese su ser (Ca 11,3).
6877 Hay una naturaleza que cambia en el espacio y en el tiempo, como es el cuerpo; hay otra
naturaleza que no cambia en el espacio, pero sí en el tiempo, como es el alma; y hay otra naturaleza,
finalmente, que no puede cambiar ni en el espacio ni en el tiempo: ella es Dios (Ca 18,2).
6878 No es, pues, mala la naturaleza...; aunque sea viciosa, es mejor todavía que el mejor de los
cuerpos... (Ca 140,23.56).
6880 La naturaleza resulta más ordenada cuando sufre justamente en el castigo que cuando se regocija
impunemente en el pecado (NB 9).
6881 La naturaleza es siempre buena en cualquier circunstancia en que se encuentre, mientras conserve
la medida, la belleza y el orden. Dejará de ser buena si pierde totalmente la medida, la belleza y el orden,
porque en ese caso dejará de existir (NB 9).
6882 El dolor es útil cuando fuerza a la naturaleza a ser mejor; pero, si la conduce a ser menos buena,
entonces es inútil (NB 20).
6883 Lo que es contrario a la naturaleza se opone a ella y tiende a su destrucción (CIM 2,2,2).
6885 Por una oculta y misteriosa ley de la naturaleza, lo que es superior busca y requiere la singularidad,
en tanto que las cosas inferiores no sólo están sometidas y subordinadas las unas a las otras, sino que
también, si la razón de la naturaleza o de la sociedad lo consiente, resulta más decoroso y bello el que la
muchedumbre de cosas esté subordinada a una sola (BM 17,20).
6886 Si la naturaleza humana fuese un mal, no sería posible salvarla (MC 2,21,36).
6887 El que niega que en ella existe el mal, priva a la naturaleza viciada del salvador misericordioso (MC
2,21,36).
6888 No existe naturaleza que no sea Dios o creada por Dios; y de esta manera, toda naturaleza, sea de
la especie que sea, en cuanto naturaleza, es buena (RJ 1,8,36).
6889 Sabemos y enseñamos que nunca hubiera existido la naturaleza humana si no la hubiera creado la
naturaleza omnipotente, pero la que él hizo no es igual a él (RJI 6,5).
6890 Cuanto más noble es la naturaleza racional, más lamentable es su caída; cuanto más increíble su
pecado, más condenable su culpa (RJI 6,22).
875 2150 3541 3542 3561 6158 6171 6201 6206 6711 6712 7251 7525 7587 7622 7689 7694 7714 8366
9873
OBEDIENCIA
6893 La ciencia cristiana somete la misma mente a Dios para que la gobierne y le ayude, y somete a la
mente las pasiones para que las modere y las frene, haciéndolas servir a la justicia (CD 9,5).
6895 ... es la gran virtud de la criatura racional sujeta al Creador, su Señor (CD 13,20).
6896 La obediencia es una virtud que, en la criatura racional, es como la madre y tutora de todas las
virtudes (CD 14,12).
6898 ¿Qué otra es la miseria del hombre sino la desobediencia de él contra sí mismo, de suerte que ya
que no quiso lo que pudo, quiera lo que no puede? (CD 14,15,2).
6899 Nosotros, desobedeciendo a Dios, podremos ser molestos a nosotros mismos, no a El (CD
14,15,2).
6900 Fue el hombre abandonado a sí mismo porque abandonó él a Dios por complacerse a sí (CD
14,24,2).
6901 Por no obedecer a Dios el hombre no pudo ni obedecerse a sí mismo (CD 14,24,2).
6902 Al dejarse oir el precepto divino es preciso obedecer, no disputar (CD 16,32,1).
6903 La sumisión es útil para algunos y, naturalmente, el sometimiento a Dios es útil para todos (CD
19,21,1).
6904 Cuando el hombre no se somete a Dios, ¿qué justicia queda en él? (CD 19,21,1).
6906 Dios no pudo declarar mejor cuán grande sea el bien de la obediencia sino al prohibirte aquello que
en sí no era malo (CS 70,2,7).
6907 En esto únicamente la obediencia consigue la victoria, en esto sólo la desobediencia proporciona el
castigo (CS 70,2,7).
6909 Todos tenían oídos, y, sin embargo, muchos carecían de ellos, ya que no todos tenían oídos para
oir, es decir, para obedecer (S 17,1).
6910 Devuelve a tu superior aquello con que gozas cuando te lo da tu inferior (S 36,8).
6911 Canta quien manda; baila quien cumple lo mandado. ¿Qué es bailar sino ajustar el movimiento de
los miembros a la música? ¿Cuál es nuestro cántico?... (S 311,6).
6912 Por lo que se refiere al oído exterior, no todos los que oyen viven, porque muchos oyen y no creen.
Si se oye y no se cree, no se obedece; y si no se obedece, no se vive. Así que oír no significa otra cosa
sino obedecer (TEJ 19,10).
6914 Es mejor y más saludable obedecer los dictados de los prudentes que no ordenar la vida según el
juicio propio (UF 12,27).
6915 La obediencia es un bien mucho más ponderable que la continencia, ya que el matrimonio no está
condenado en pasaje alguno de las divinas Escrituras, mientras que el desacato y la desobediencia están
en repetidos lugares anatematizados (BM 23,29).
6916 ... Esa es la razón de por qué la obediencia puede existir sin la virginidad, porque la obediencia es
una virtud de precepto, y la virginidad lo es de consejo. Claro es que me refiero a la obediencia con la que
cumplimos los mandamientos de Dios (BM 23,30).
6917 ... De ahí proviene el que se prefiera no sólo una mujer casada que es obediente a una virgen que
no lo es, sino también la mujer casada que es más obediente a la virgen que lo es en menor grado (BM
23,30).
6918 Comparando en absoluto la obediencia con la castidad, se verá en seguida que la obediencia es, en
cierto modo, la madre de todas las virtudes (BM 23,30).
6919 La obediencia es una virtud cardinal; es la madre de todas las demás virtudes (BM 24,32).
6920 ¿Quién ignora que es preferible una mujer casada, pero obediente, a una virgen desobediente? (SV
44,45).
6921 Dios escucha una sola oración del obediente antes que diez mil del rebelde (TM 17,20).
6922 Si no quieren o no pueden obedecer, por lo menos confiesen que son mejores los que quieren y
más felices los que pueden (TM 19,22).
6923 Aunque digamos que la obediencia es un don de Dios, exhortamos a todos los hombres a
practicarla (DP 14,37).
6924 (A nuestros primeros padres) les había sido recomendada muy de veras la sumisión, en que
únicamente consiste el culto divino (Cp 2,21,35).
6925 Era injusto que fuera obedecido por su siervo, es decir, por su cuerpo, el que no había obedecido a
su Señor (MC 1,6,7).
6927 Quien sirve por caridad, sirve con libertad, y, obedeciendo a Dios sin pesadumbre, habiendo hecho
con amor lo que enseña, no se ejecuta con temor lo que impone (ECG 43).
6928 El castigo que el hombre desobediente recibe en sí mismo es tal que, como desquite, no se
obedece ni a sí mismo (RLP 1,18).
6929 La obediencia es... el origen y madre de todas las virtudes (RLP 1,19).
6930 Cuando los reyes mandan con temor religioso lo que se ajusta al querer de Dios, si cada uno
obedece empezando por el temor y llegando al amor, recibe la paz de parte del Señor (RG 2,12,13).
465 1024 4419 5802 7258 7331 7371 8597 8598 8602 9853 10000
OBRAS
6931 Una cosa son las apariencias del hecho y otra el ánimo del que obra y las circunstancias secretas
del tiempo (C 3,9,17).
6932 Hay que oir, no sólo para oir, sino también para obrar (C 13,21,30).
6933 Siempre se estima más el fin que se pretende en una obra que la obra en que se busca aquél (CD
7,3,2).
6934 En efecto, todo el que obra debe atender a uno y a otro: quien en el motivo de su obra no considera
el principio, no puede extender su mirada al fin (CD 7,7).
6935 Las obras son malas cuando son según el hombre, no según Dios (CD 14,11,1).
6936 Así como obras buenas engendran hijos buenos, así las malas engendran los malos (CS 16,14).
6938 Cada uno pregunta cómo ha de cantar a Dios. Cantadle, pero no mal. No quiere que le molestes
sus oídos. Canta bien, ¡oh hermano! (CS 32,2,s.1,8).
6939 Si se aclama únicamente con la voz, no se aclama bien, porque están ociosas las manos; si sólo
con las manos, tampoco se aclama bien, porque queda muda la lengua. Obren a una la lengua y las manos.
Estas obren, aquélla confiese (CS 46,3).
6941 De nada sirve dar a conocer la verdad si el corazón disiente de la lengua, y de nada aprovecha oir
la verdad si a la audición no sigue la obra (CS 66,10).
6942 Canta a Dios el que vive para Dios; salmea a su nombre el que obra para la gloria de Dios (CS
67,5).
6943 Sólo deben llamarse obras buenas las que se ejecutan por la caridad de Dios (CS 67,41).
6944 Nadie obra por la caridad de Dios si antes no cree en Dios (CS 67,41).
6945 Para que sigan las obras precede la fe, y no hay obras buenas a no ser que anteceda la fe (CS
67,41).
6946 Tus siervos son tus obras, no sólo en cuanto que son hombres, sino también en cuanto que son
siervos, es decir, en cuanto que obedecen a tus mandamientos (CS 89,16).
6947 Nuestras obras son el salterio. Cualquiera que con las manos ejecuta buenas obras salmodia para
Dios. El que confiesa con la boca, canta a Dios. Canta con la boca, salmodia con las obras (CS 91,3).
6948 Oír y no hacer, es edificar sobre arena: oír y obrar, es edificar sobre piedra; no oír ni hacer, es no
edificar (CS 102,28).
6949 El que oye bien y no obra bien, digiere muy mal estas cosas, pues solo el Señor, Dios nuestro, no
deja de apacentar (CS 103,19).
6950 Tus obras, si son malas, se deben a tu iniquidad, y, si buenas, a la gracia de Dios (CS 103,4,15).
6951 Habla con Dios, haz buenas obras, y habla (CS 103,4,18).
6952 Dios usa bien de las malas obras de los hombres, así como ellos, al contrario, usan mal de las
buenas obras de Dios (CS 104,12).
6953 ... Seis son las diferencias que existen en este modo de obrar, las que con sólo citarlas pueden
facilísimamente echarse de ver: devolver bienes por males, no devolver males por males, devolver bienes
por bienes, devolver males por males, no devolver bienes por bienes y devolver males por bienes (CS
108,4).
6955 No debemos pensar únicamente si es buena la obra, sino principalmente si es bueno el fin por el
cual la ejecutamos (CS 118,12,2).
6956 Los hombres pueden ver lo que hacemos, pero les es oculto el fin de nuestro obrar; por esto se da
lugar a la sospecha, y así se atreve el hombre a juzgar las cosas ocultas de los hombres, y muchas veces
falsamente; y si lo hace algunas con verdad, con todo, lo hace sin suficiente motivo (CS 118,12,4).
6957 Cuando la buena obra que manda la ley se hace por temor a la pena, no por amor o deleite de la
justicia, al ser Dios temido y no amado, se obra como esclavos, no como hijos (CS 118,17,1).
6958 Todas las obras, tanto malas como buenas, proceden del pensamiento, y por el pensamiento es
todo hombre inocente o reo (CS 118,24,6).
6959 Los que oyen, aun cuando retengan en la memoria lo que oyen, de ningún modo ha de juzgarse
que aprendieron si no lo practican (CS 118,27,8).
6960 Los ejemplos (u obras) son los carbones devastadores (CS 119,5).
6961 Sembremos en esta vida llena de lágrimas. Pero ¿qué sembraremos? Obras buenas. Las obras de
misericordia son nuestras semillas (CS 125,11).
6962 El Señor tiene hambre de nuestra fe y de nuestras buenas obras. Lo alimentemos viviendo bien y
nos alimentará él eternamente dándonos el vivir (CS 127,16).
6963 (Señor) ve en mí tu obra, no la mía; porque, si atiendes a la mía, me condenarás; pero si ves la
tuya, la coronarás (CS 137,18).
6964 Examina entonces lo que haces, no lo que padeces. Si obraste justicia, soportarás injurias; si
cometiste injurias, soportarás la justicia (CS 145,15).
6965 No cante tu voz únicamente las alabanzas de Dios, sino que tus obras concuerden con ella. Cuando
cantas con la boca, callas algún tiempo; canta con la vida de modo que no calles nunca (CS 146,2).
6966 ¿Quieres que sea grata la alabanza a tu Dios? No interrumpan las malas costumbres tus buenos
cánticos (CS 146,3).
6967 La alabanza de los impíos desagrada a Dios. El atiende más a cómo vives que a cómo cantas (CS
146,3).
6968 Dios aplica el oído, no a la boca, sino al corazón; no a la lengua, sino a la vida del que alaba (CS
146,3).
6970 Todas tus obras buenas son tus hijos espirituales, pero entre ellos la primera que te nació fue la fe
(S 8,13).
6971 No sea la vida un testimonio contra la lengua. Cantad con vuestras voces, cantad con los
corazones; cantad con las bocas, cantad con las costumbres (S 34,6).
6972 Lo que obramos en la carne está patente a todos; lo que obramos en el espíritu queda oculto. Obrar
en la carne y no obrar en el espíritu, aunque parezca algo bueno, no es útil (S 37,6).
6973 El que una obra sea buena lo hace la conciencia buena (S 37,10).
6974 Primero hay que cambiar al hombre para que se cambien las obras (S 72,1).
6975 Sean vuestras buenas obras consuelo para nuestros peligros (S 102,1).
6976 Todo el que obra sin trabajo, en el mismo obrar descansa (S 125A,1).
6977 Puedes oír una palabra; puedes oír la palabra de la justicia y de la verdad y alabarla; pero es mucho
más digno de alabanza el que la realices (S 153,10).
6979 Puesto que vivís, obráis. Si no hacéis nada, El no os ayuda; El no coopera si vosotros no hacéis
nada (S 156,13).
6980 Quien obra bien por temor al castigo, aún no ama a Dios, aún no se cuenta entre los hijos. Con
todo, ¡ojalá que al menos tema el castigo! (S 156,14).
6981 ... Las demás cosas están claras, y no necesitan quien las exponga, sino quien las cumpla (S
163B,6).
6982 Sed, pues, generosos en las buenas obras necesarias para ser felices disfrutando de aquella
eternidad donde muere toda necesidad, porque morirá la muerte misma, madre de todas las necesidades
(S 305A,7).
6983 Mediante nuestras buenas obras le construimos una morada a él que así habita; esas obras no son
eternas, pero conducen a la vida eterna (S 337,5).
6984 Quien obra según Cristo y por Cristo, para no ser alabado más que en Cristo, es un candelero.
Alumbre a todos, vean algo que imitar; no sean perezosos ni áridos; les es útil el ver; no sean videntes con
los ojos y ciegos en el corazón (S 338,2).
6985 ... Pero el Señor no mandó que se ocultasen las buenas obras, sino que no se pensase en la
alabanza humana al hacer las buenas obras (S 338,3).
6986 Una cosa es buscar en la buena acción tu propia alabanza y otra buscar en el bien obrar la
alabanza de Dios. Cuando buscas tu alabanza, te has quedado en la mirada de los hombres; Cuando
buscas la alabanza de Dios, has adquirido la gloria eterna (S 338,4).
6987 La necesidad de obrar siga en la tierra, pero esté en el cielo el deseo de la ascensión. Aquí la
esperanza, allí la realidad. Cuando tengamos la realidad allí, no habrá esperanza ni aquí ni allí (S 395,1).
6988 Si oyes, pero no practicas, construyes, sí, pero lo que construyes es tu ruina, porque, cuando llega
la prueba, deshace tu casa y sus ruinas te deshacen a ti (TEJ 7,14).
6989 El principio de las buenas obras es la confesión de las malas (TEJ 12,13).
6991 Las obras buenas son como los hijos de nuestra vida, y, según ellas, se pregunta qué vida lleva
cada uno, es decir, cómo hace estas obras temporales (T 12,7,11).
6992 Las obras buenas comienzan en el momento en que somos justificados; no somos justificados
porque las obras precedieran (Ca 140,30.71).
6993 Cada hombre que no obra rectamente es el verdadero y propio autor de sus malos actos (L 1,3).
6994 Puede darse el caso de que uno sea nuestro modo de opinar y otro nuestro sentimiento íntimo;
esto, fácilmente se colige de que en la mayor parte de los casos estamos convencidos de que debemos
hacer una cosa y nos place hacer todo lo contrario (L 3,80).
6995 Toda obra humana, si no se ha hecho con rectitud, es defectuosa; y no puede hacerse con rectitud
si no es obedeciendo la recta razón (UF 12,27).
6996 No todo lo que es lícito conviene, pero todo lo que es ilícito es inconveniente (UA 1,15,16).
6997 Todo lo que es ilícito es inconveniente, pero no todo lo que es inconveniente es ilícito (UA 1,15,16).
6998 Cuando algo es lícito, de modo que el hacer lo contrario no sea ilícito, hágase lo que conviene o lo
que más conviene (UA 1,21,27).
6999 ¿Quién ignora que el que lee algo bueno tanto más se aprovecha cuanto antes ejecuta lo que lee?
(TM 17,20).
7000 Tales serán tus obras cual fuere la intención con que las haces (TM 26,34).
7001 Los que no quieren obrar con rectitud, dejen por lo menos de enseñar con perversidad (TM 33,41).
7002 No puede el hombre malo hacer obras buenas, ni el bueno malas. Por tanto, si el hombre malo
quiere obrar bien, hace falta que primero se haga bueno (SM 2,24,79).
7003 No da uno solidez a aquello que ha oído o entendido si no es practicándolo (SM 2,25,87).
7004 Ciertamente obra mal el que renuncia al bien, inclinándose a lo que se debe evitar, perseverando
en el bien (CG 6,10).
7005 En el bien obrar no hay vínculo de necesidad, porque reina la libertad de la caridad (NG 65,78).
7006 Así se explica cómo cada uno de nosotros, cuando queremos emprender, ejecutar o acabar una
obra buena, unas veces tenemos luces y otras no, unas veces experimentamos deleite y otras no, para que
conozcamos que no es de nuestra cosecha, sino regalo de Dios, esa luz y suavidad para obrar,... (Cp
2,17,27).
7007 Dios obra en el hombre muchas obras que no hace el hombre; pero ninguna obra ejecuta el hombre
que no haga Dios que la ejecute el hombre (Ccp 2,9,21).
7008 Pues si no podemos sin El hacer nada, nada podemos ni comenzar ni llevar a cabo; porque, si es
comenzar, se ha dicho: "Su misericordia me prevendrá"; y si es llevar a cabo, se ha dicho: "Su misericordia
me seguirá" (Ccp 2,9,21).
7009 Ciertamente es un vicio y una enfermedad del alma complacerse en sus obras de tal forma que más
bien descansa en ellas vanagloriándose, que reposa en sí de ellas por haberlas terminado (CLG 4,15,26).
7010 Es necesario que obremos conforme a lo que más nos deleita... (ECG 49).
7011 Sembrar bien, es decir, obrar bien, es más fácil que perseverar en el bien obrar (ECG 61).
7012 Nadie atienda a la lengua, sino a los hechos y al corazón. Si no obra bien en favor de sus
hermanos, demuestra qué tiene en su interior (TCJ 5,8).
7013 No temáis, cuando obráis bien, que lo vea el prójimo. Temed hacerlo para que seáis
alabados (TCJ 8,9).
7014 Las obras tocantes a las buenas costumbre no se cumplen, a no ser por el amor, mediante el cual
obra la fe (ECG 44).
7015 Algunas obras de la ley, después de la fe, son superfluas, y otras antes de la fe son nulas (ECG
44).
7016 Si temes espectadores, no tendrás imitadores. Luego debes dejarte ver. Pero no debes obrar para
que te vean... (TCJ 8,2).
7017 Puede menos quien puede más, pero no puede automáticamente hacer cosas mayores aquel a
quien se conceden cosas menores (CH 2,38).
7018 ... esto debe hacer de modo que las buenas obras dependan de la fe y sean precedidas por ella, y
no de manera que parezca como que la fe es retribuída por los méritos de las buenas obras (CH 2,48).
7019 Las obras buenas se hacen con reposo cuando la fe actúa por el amor. El temor produce tormento,
y en el tormento, ¿qué descanso hay? (CH 2,172).
7020 El que practica lo que predica se halla en la tierra más firme que la roca (AJ 31,2).
7021 Cae dentro de la sana doctrina lo siguiente: cuando el hombre puede hacer algo no ha de tentar al
Señor su Dios (CF 22,36).
7022 La fatiga de obrar lo justo precede al placer de comprender lo verdadero (CF 22,52).
7023 En todas nuestras obras trabajamos con tanta más atención cuanto mayores son las dificultades
(Mu 6,5,13).
7024 También en nuestras obras malas son buenas las obras de Dios (Mu 6,11,30).
7025 Una obra es verdaderamente buena cuando la intención del que la realiza se ve movida y
estimulada por la caridad, y de nuevo se refugia en la caridad, como volviendo a su puesto (CP 11,16).
7026 Hay hechos dignos de reprobación por necesidad, cuando el hombre quiere obrar rectamente y no
puede (Re 1,9,5).
5 8 58 68 80 84 86 91 106 507 563 564 826 1123 1136 1281 1296 1646 1845 1898 1959 1970 1971 1990
1991 2134 2431 2598 2902 2940 2947 2957 2962 2967 2968 2982 3136 3147 3180 3242 3253 3284 3322
3380 3815 3928 4160 4269 4270 4279 4287 4625 4626 4627 4628 4665 4667 4725 4775 4889 4977 4981
4982 4991 4992 5045 5055 5056 5070 5071 5073 5120 5282 5610 6078 6079 6323 6324 6911 7067 7090
7161 7595 7710 7842 8202 8574 8575 8764 8935 8950 8952 8965 8971 9020 9187 9544 9861 9869 9896
9897 9923 9957 9966
ORACIóN
7027 Qué voces te di, Dios mío, cuando, todavía novicio en tu verdadero amor y siendo catecúmeno, leía
descansado en la quinta los salmos de David -cánticos de fe, sonidos de piedad, que excluyen todo espíritu
hinchado- en compañía de Alipio (C 9,4,8).
7028 Cuánto lloré con tus himnos y tus cánticos, fuertemente conmovido por las voces de tu Iglesia, que
dulcemente cantaba! (C 9,6,14).
7029 Ni siquiera una palabra de bien puedo decir a los hombres si antes no la oyeres tú de mí, ni tú
podrías oir algo tal de mí si antes no me lo hubieras dicho tú a mí (C 10,2,2).
7030 Más habla la investigación que la invención, y más larga es la petición que la consecución, y más
trabaja la mano llamando que recibiendo (C 12,1,1).
7031 Dios no escucha a los que lo invocan de distinto modo que a los que lo han de invocar (CD 10,12).
7032 Cuanto más santo es uno, más dominado por la sed de santidad, tanto más abundante es la fuente
de sus lágrimas en la oración (CD 20,17).
7033 La oración de la misma Iglesia o de otras personas piadosas... es escuchada en favor de aquellos
regenerados en Cristo, cuya vida, durante el período corporal, no ha sido tan desordenada que se les
considere indignos de una tal misericordia; ni tan ordenada que no tengan necesidad de esa misericordia
(CD 21,24,2).
7034 Los hombres débiles tienen a Dios por olvidadizo porque no obra tan pronto como ellos quieren (CS
9,13).
7035 Si parece que Dios aparta su oído del que llora, sin embargo ofrece su misericordia al que suplica
(CS 21,2,5).
7036 Gimamos ahora, roguemos ahora; el gemido es propio de los infelices; la súplica, de los indigentes.
Pasará la súplica, seguirá la alabanza; pasará el llanto, seguirá el gozo (CS 26,2,14).
7037 El gozo se da en el canto; el gemido, en la oración. Gime por las cosas presentes, canta por las
futuras; ora sobre lo actual, canta sobre lo que esperas (CS 29,2,16).
7038 Si allí se halla el deseo, también el gemido; no siempre llega a los oídos del hombre, pero jamás se
aparta de los oídos de Dios (CS 37,14).
7039 El éxtasis es un enajenamiento de la mente, el cual acontece unas veces por miedo, pero no pocas
por alguna revelación, que rapta a la mente de los sentidos del cuerpo a fin de que lo que ha de ser
manifestado se declare al espíritu (CS 67,36).
7040 La oración que no se hace a través de Cristo, no sólo no puede borrar el pecado, sino que ella
misma es pecado (CS 108,9).
7041 Si el hombre desea tener lo que Dios le manda, ha de rogar a Dios que le dé lo que El manda (CS
118,4,2).
7043 Las lágrimas de los que oran son más dulces que los goces de los teatros (CS 127,10).
7044 El hombre no oye en donde Dios oye; si no clamas con la voz producida por los pulmones, la boca y
la lengua, no te oye el hombre; sin embargo, tu pensamiento es clamor para el Señor (CS 141,2).
7045 Al comenzar a orar, lucha con tu propia debilidad; ésa es la impureza de la que Dios quiere
purificarte mediante el fuego (S 15,8).
7046 El enemigo, cuando hace daño, lo hace a las claras; tú cuando oras, solamente lo conoce Dios... (S
15,9).
7047 Si quiso que orases es para dar sus dones a quien los desea; para que no parezca cosa vil lo dado.
Es él mismo quien inspira tal deseo (S 56,4).
7048 A veces se halla uno en medio de una tribulación o una tentación y piensa orar; con el mismo
pensamiento reflexiona sobre lo que ha de decir a Dios en la oración, como hijo que por serlo solicita la
misericordia del Padre (S 112A,5).
7049 Invocas ciertamente a Dios como auxiliador, pero nadie recibe ayuda si él nada hace (S 156,11).
7051 ... al mismo tiempo que le da las gracias, pídale lo que aún no le ha otorgado, pues si tú te
enriqueces recibiendo, él no se empobrece dando. Por muy amplias que sean tus fauces y voluminoso el
vientre, la fuente vence al sediento (S 159,9).
7052 La condición para poseer lo que has recibido es reconocer de quién lo has recibido (S 160,2).
7053 La condición para que Dios quiera dar, es que tú dispongas la voluntad para recibir (S 165,2).
7054 Estas son las dos alas de la oración con las que se vuela hacia Dios: perdonar al culpable su delito
y dar al necesitado (S 205,3).
7055 Añadamos a nuestras oraciones la limosna y el ayuno, cual alas de la piedad con las que puedan
llegar más fácilmente hasta Dios (S 206,2).
7056 ¿Quién ora sin esperanza de obtener lo que pide? ¿O quién, si tiene esperanza, no cree? Si no
tiene esperanza, ¿por qué pides? Si esperas, ¿por qué no crees? (S 291,3).
7057 En la oración vemos significado al hombre, y en las manos extendidas, la cruz (S 342,1).
7058 Dios se deja ver para que el hombre le suplique y se oculta para que el hombre muera (S 342,1).
7060 Quien te enseñó a orar es quien ruega por ti, puesto que eras culpable. Salta de gozo, porque
entonces será tu juez quien ahora es tu abogado (S 386,1).
7061 También nosotros oramos al Señor, pero no le enseñamos nuestras necesidades (T 15,13,22).
7062 Busquen en la oración, en el estudio y en una vida virtuosa la inteligencia; es decir, vea, en cuanto
es posible, la mente cuanto cree la fe (T 15,27,49).
7063 Dios me libre de ser siervo tal, que reciba gusto de ser rogado por aquellos que no ruegan al Señor
(Ca 91,10).
7064 En estas tinieblas de la vida presente, en las que "peregrinamos lejos del Señor" mientras
"caminamos por la fe y no por la visión", debe el alma cristiana considerarse desolada, para no cesar de
orar (Ca 130,2.5).
7065 Si no hay ya tentación, tampoco habrá oración; porque no habrá allí todavía espera del bien
prometido, sino goce pleno del bien otorgado (Ca 130,2.5).
7066 Mucho ayudan también a la oración los ayunos, el refrenar el apetito de la carne, sin dañar a la
salud, y principalmente las limosnas... (Ca 130,13.24).
7067 ¿Cómo se ha de buscar con las manos al Señor, que es impalpable e incorporal, si no se le busca
con las obras? (Ca 130,14.25).
7068 El alma que en este mundo se siente desamparada y desolada, mientras peregrina lejos del Señor,
manifiesta con su perseverancia y fervorosa súplica una cierta viudez a Dios, su defensor (Ca 130,16.30).
7069 Más progresan meditando y orando, que leyendo y escuchando (Ca 147,1).
7070 Cuando el que planta y el que riega cumple su propio ministerio, dejan lo demás a aquel que da el
incremento. Porque El formó también al que planta y al que riega (Ca 147,1).
7071 La acción de gracias indica lo mismo que la oración. La acción de gracias se celebra por los fieles, y
la oración, por los infieles. Si tenemos que orar a Dios para que lo haga, tenemos que darle gracias cuando
lo ha hecho (Ca 217,7.28).
7072 Vela y ora para que no caigas en tentación. La oración te advierte que necesitas de la ayuda de tu
Señor, para que no pongas en ti mismo la esperanza del buen vivir (Ca 218,3).
7073 Si bastase la voluntad para no caer en la tentación, no oraríamos; aunque, si faltase la voluntad,
tampoco oraríamos (Ca 218,3).
7074 Oremos para poder lo que queremos, cuando por un don de Dios queremos conforme a la
sabiduría. Y, pues recibiste ese don, tienes por qué dar gracias (Ca 218,3).
7075 Dios, Creador de todas las cosas, dame primero la gracia de rogarte bien, después hazme digno de
ser escuchado y, por último, líbrame (Sl 1,1,2).
7076 Dios, Padre nuestro, que nos exhortas a la oración y concedes lo que se te pide, pues rogándote
vivimos mejor y somos mejores: escúchame, porque voy tanteando en estas tinieblas; dame tu diestra,
socórreme con tu luz y líbrame de los errores; con tu dirección entre dentro de mí para subir a ti. Así sea (Sl
2,6,9).
7077 Nuestro Señor nos enseñó con palabras las mismas cosas a fin de que confiándolas a la memoria
las recordemos al tiempo de la oración (SM 2,3,13).
7078 La misma intención de la oración purifica y serena nuestro corazón y lo hace más apto para recibir
los dones divinos, que se nos infunden espiritualmente (SM 2,3,14).
7081 Si aprendes a orar por tu enemigo, recorres el camino del Señor (TCJ 1,9).
7082 Al decir "sé mi ayuda", algo haces, porque, si no haces nada, ¿cómo es que te ayuda? (TCJ 4,7).
7083 El éxtasis suele darse en las revelaciones de cosas muy importantes (CH 1,80).
7084 Tenemos un gran motivo para orar cuando hay motivo para huir (CE 2,47,100).
7085 Muchas veces el afecto del que ruega supera el defecto de la oración (TB 6,25,47).
407 1190 1556 1563 1574 1617 1649 1650 1651 1907 2299 3028 3029 4285 4288 4433 4680 4681 4682
4696 4700 4785 4802 5328 5449 6134 6342 6348 6939 8288 8289 8305 8325 8355 9220 9221 9820
Alabanza
7086 Pues ¿qué? ¿Será mayor la gloria de Dios porque le glorificas? ¿O añadiremos gloria a Dios
cuando le decimos: te glorifico, ¡oh Dios mio!? ¿O le haremos más santo cuando le decimos: te bendigo,
¡oh Dios mío!? Cuando El nos bendice nos hace más santos, más bienaventurados; cuando nos glorifica
nos hace más gloriosos, más dignos de honra. Cuando le glorificamos, a nosotros nos aprovecha, no a El.
¿Cómo le glorificamos? Llamándolo glorioso, no haciéndolo (CS 39,4).
7087 Ves que a ti te aprovecha, y no a Dios, alabar a Dios. ¿Alabas a Dios? Andas por el camino.
¿Vituperas a Dios? Perdiste el camino (CS 39,4).
7088 Debemos alabar a Dios esperando que nos ha de dar algún galardón; pero no cuanto anhelamos,
pues es padre, y, por tanto, no da lo malo que desean los hijos. Alabemos, esperemos y deseemos, no esto
o aquello, sino lo que cree conveniente que ha de darse Aquel a quien alabamos. El sabe lo que conviene
ha de darnos; nosotros atendamos a lo que nos aprovecha recibir (CS 146,1).
7089 El himno lleva consigo estas tres cosas: cántico, alabanza, y ésta de Dios. Luego la alabanza de
Dios en el cántico se llama himno (CS 148,17).
7090 Estas vuestras voces laudatorias serán aceptas al Señor sólo si ve también las manos en acción (S
86,17).
Continua
7092 Muchos languidecen en la oración. En el comienzo de su conversión oran con fervor, pero después
lo hacen lánguida, fría, negligentemente; lo hacen como si estuviesen seguros. El enemigo vigila, tú
duermes... (CS 65,24).
7093 Luego no desfallezcamos en la oración. Lo que ha de conceder, Dios no lo niega, aunque difiera.
Estando seguros de la promesa, no desfallezcamos en la oración, pues también esto es igualmente don
suyo (CS 65,24).
7094 Al ver que no ha sido apartada de ti tu oración, estate seguro, porque no se apartó de ti su
misericordia (CS 65,24).
7095 Oró Pedro, oró Pablo, oraron los restantes apóstoles, oraron los fieles de los primeros tiempos,
oraron los fieles de los tiempos posteriores a ellos, oraron los fieles del tiempo de los mártires, oran los
fieles de nuestro tiempo y orarán los fieles de los tiempos sucesivos (CS 101,3).
7096 Sed, pues, rectos de corazón. Que en nada os desagrade Dios. No digo que no oréis. Orad cuando
podáis en la aflicción. No llueve: pedídselo. Si llueve, alabad a Dios; si no llueve, alabadle también (S
15A,9).
7097 Por tanto, hermanos, os decimos que oréis cuanto podáis. Abundan los males, y Dios lo quiso (S
80,8).
7098 ... Ese ejemplo nos puso Cristo para que entendamos que, si el que está dormido y es despertado
contra su voluntad por un pedigüeño se ve obligado a dar, con mayor benignidad nos satisfará el que no
puede dormir y hasta nos despierta a nosotros cuando dormimos para que pidamos (Ca 130,8.15).
7099 El orar mucho es llamar con una sostenida y piadosa excitación del corazón a la puerta de aquel a
quien oramos (Ca 130,10.20).
7100 Hace falta la perseverancia para obtener lo que pedimos, encontrar lo que buscamos y hacer que
nos abran cuando llamemos (SM 2,21,73).
999 3136
Deseo
7102 Existe otra oración interior y continua, cual es el deseo. Cualquier cosa que hagas, si deseas aquel
sábado, no interrumpes la oración. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo; tu deseo continuo
es tu voz, o sea tu oración continua (CS 37,14).
7103 En cierta manera, el deseo de la oración es la voz de los ojos (CS 118,20,2).
7104 El deseo ora siempre, aunque calle la lengua. Si siempre deseas, siempre oras. ¿Cuándo se
adormece la oración? Cuando se enfría el deseo (S 80,7).
7207 7218
Efectos
7105 Muchas cosas nos concedes, Señor, cuando oramos; mas cuanto de bueno hemos recibido antes
de que orásemos, de tí lo recibimos, y el que después lo hayamos conocido, de ti lo recibimos también (C
10,31,45).
7106 Las súplicas tienen valor para alcanzar aquello que Dios había previsto conceder a quienes lo
pidiesen (CD 5,10,2).
7107 No eres oído atendiendo a tu voluntad para serlo atendiendo a tu salud. Por el contrario, cuando
pides que Dios te dé la vida eterna, que te conceda el reino de los cielos y te permita estar a la derecha de
su Hijo cuando viniere a juzgar a la tierra, estate seguro; lo recibirás aunque no lo hayas recibido. Todavía
no ha llegado el tiempo de recibirlo. Eres oído y lo ignoras. Lo que pides se te dará, pero no sabes cuándo.
Aún es promesa, no dádiva (CS 59,7).
7108 Atienda y vea cuántas cosas piensa el corazón humano. Observe cómo los vanos pensamientos
impiden muchas veces la oración, de suerte que apenas permiten elevar el corazón a Dios (CS 85,7).
7109 Pero qué, si quieres algo malo, ¿acaso no será Dios más misericordioso si te lo niega? En fin, si no
te lo concede, Dios es un mito para tí y dices: ¡Cuánto rogué, rogué sin cesar y no fui oído! (CS 85,8).
7110 No digas: no me dio esto o aquello. Entra en tu conciencia; sondea, interroga, no la perdones. Si
verdaderamente invocaste a Dios, estate seguro que quizá no te dio lo temporal que querías porque no te
había de aprovechar. Hermanos, se cimiente vuestro corazón, el corazón fiel, el corazón cristiano, en esto
(CS 85,9).
7111 Compulsad la Escritura. El diablo es oído, y no lo es el Apóstol. ¿Qué os parece? ¿Cómo fueron
oídos los demonios? Pidieron entrar en los puercos, y se les concedió... (CS 85,9).
7112 Dios aparta su rostro de los que oran no oyéndolos en cuanto a lo que quieren, cuando ignoran en
la petición lo que les conviene (CS 87,15).
7113 La oración que sube pura del corazón piadoso se eleva como incienso de ara santa (CS 140,5).
7114 Dios es más propicio cuando al que pide cosas superfluas y frívolas no lo escucha en cuanto al dar,
aunque lo escuche para sanarlo, precisamente no concediéndoselas (S 32,19).
7115 Dios te reserva lo que no te quiere dar de inmediato para que aprendas a desear vivamente las
cosas grandes (S 61,6).
7116 A algunos (Dios) no los escucha por misericordia y a otros los escucha airado, y a veces escucha
por misericordia y no escucha por estar airado (S 306C,7).
7117 Fueron escuchados los demonios, que pedían entrar en los cerdos. ¿Qué tiene de grande el ser
escuchado? Lo que importa en verdad es en qué eres escuchado (S 306C,7).
7118 No tengáis por cosa grande el ser escuchados en vuestra voluntad; considerad grande, en verdad,
el ser escuchados en lo que os es provechoso (S 354,7).
7119 A veces (Dios) difiere sus dones, pero no deja a nadie pasar hambre. Si al momento no lo da, es
porque quiere probar al que busca; mas no desdeña al que pide (TEJ 20,3).
7120 El médico conoce lo que el enfermo pide en bien o en contra de su salud, y así deja de atender a la
voluntad del que pide cosas nocivas, para atender a su salud (TEJ 73,3).
7121 Se sigue más abundante efecto cuando precede más fervoroso afecto (Ca 130,9.18).
7122 Si algo acaece en contra de lo que hemos pedido, hemos de tolerarlo con paciencia, dando por todo
gracias a Dios, sin dudar lo más mínimo de que lo más conveniente es lo que acaece por voluntad de Dios
y no por la nuestra (Ca 130,14.26).
7123 Si, cuando oramos a Dios para retener o conseguir los bienes temporales, no somos escuchados,
en el hecho de no escucharnos, nos abandona (Ca 140,7.19).
7124 Leyendo y rumiando, si además suplicas con pureza a Dios, dador de todos los bienes, aprenderás
todo lo que es digno de conocimiento, o por lo menos mucho, más bien por inspiración de Dios que por
amonestación de los hombres (Ca 140,37.85).
7125 Cuando la oración consigue lo que consigue, muestra que es don de Dios, para que el hombre no
piense que lo tiene de su cosecha; si lo tuviera en su poder no lo pediría (Ca 194,4.16).
7126 En la oración se verifica la conversión de nuestro corazón a Dios, que está siempre dispuesto a
darnos, si nosotros somos capaces de recibir sus dones (SM 2,3,14).
7127 Nos consta que Dios nuestro Señor da unas cosas sin que se las pidamos, como el inicio de la fe, y
otras sólamente las da a los que se las pidan, como la perseverancia final (DP 16,39).
7129 Por el bautismo fuimos lavados una sola vez; por la oración nos lavamos todos los días (SCSA
7,15).
6921
Esencia
7130 Tu oración es una locución con Dios. Cuando lees, te habla Dios; cuando oras, hablas tú a Dios (CS
85,7).
7131 ¿Qué es hablar con Dios? Mostrarte a El, que te conoce, para que se muestre El a ti, que lo
desconoces (CS 103,4,18).
7132 Se ora para buscar o indagar lo que se nos manda hacer. ¡Cuán distante está todavía de hacerlo el
que busca! (CS 118,29,1).
7133 Sin movimiento no hay avance... El movimiento de quien busca, llama e implora es movimiento
diferente... (S 145,1).
7134 Ahora, pues, recobren intensidad los gemidos de nuestra oración; entonces exultaremos con mayor
gozo llenos de alabanza (S 206,1).
7135 Sea, pues, casta nuestra oración, no sea que deseemos no lo que busca la caridad, sino lo que
ambiciona la pasión... (S 207,3).
7136 La oración es algo espiritual y, en consecuencia, tanto más agradable cuanto más responde a su
naturaleza (S 210,9).
7137 El negocio de la oración consiste más en gemidos que en palabras; más en el sentimiento que en la
palabra (Ca 130,20).
7138 El que ora, ruega; el que ruega, ora, y el que interpela a Dios, lo hace para orar y rogar (Ca
149,2.15).
7140 ¿No es a veces nuestra oración tan tibia o más bien fría, y aun casi nula, o totalmente nula, que ni
siquiera reparamos con dolor en ello? Porque dolerse de esa flojedad es ya tener oración (CDS 1,2,21).
7141 La oración pura purifica nuestro caminar, esto es, el camino por donde caminamos a la perfección;
y la oración es pura cuando oramos con verdad: "Perdónanos, así como nosotros perdonamos" (PJ 2,9,20).
Intercesión
7142 Roguemos por los impíos, hermanos carísimos; ¿de dónde crece el número de los santos, si no es
del número de los que eran impíos? (CS 39,8).
7143 Oremos unos por otros y demandemos el favor que todos necesitamos (S 133,4).
7144 Nuestra misma oración se convierte en limosnera cuando se eleva no sólo por los amigos, sino
hasta por los enemigos, y se abstiene de la ira, del odio y de otros vicios perniciosos (S 207,3).
7145 ¿Quién puede orar por cada uno en particular? Pero quien ora por todos no olvida a nadie en
concreto (S 273,2).
7146 Si quieres que ore por ti, no te apartes de la Iglesia por la que oro (S 273,2).
7147 No penséis, hermanos, que vosotros necesitáis de mis oraciones, pero yo no de las vuestras;
recíprocamente tenemos necesidad de las oraciones de unos por otros, puesto que las mismas oraciones
de unos por otros se encienden con la caridad y son un sacrificio de olor suavísimo que se ofrece al Señor
desde el altar de la piedad (S 305A,10).
7148 Es más grata a Dios la plegaria por el hermano, pues en ella se ofrece un sacrificio de caridad (Ca
20,2).
7149 Oremos, mis muy amados hermanos, oremos para que Dios dé su gracia a nuestros enemigos, y
sobre todo a nuestros hermanos y a los que nos aman (DP 24,66).
7150 Ora el Apóstol por el pueblo, ora el pueblo por el Apóstol. Rogamos por vosotros, hermanos; mas
vosotros rogad por mí. Rueguen todos los miembros unos por otros, interceda por todos la Cabeza (TCJ
1,8).
Interior
7151 Venga ya a la lengua lo que concibió el corazón. Dé a conocer la voz lo que conserva la mente (CS
53,10).
7152 "Busqué al Señor y me oyó". ¿En dónde oyó el Señor? Dentro de tí. ¿En dónde da? Dentro. Allí
oras, allí eres oído, allí eres santificado. Oraste; fuiste oído, fuiste santificado, y no se da cuenta quién está
junto a tí. Todo se hace en secreto... (CS 33,s.2,8).
7153 Clama a Dios, clama interiormente, clama donde él oye, porque también pecas allí donde él ve;
clama allí donde él oye (S 161,7).
7154 No falta quien oye: no dudéis en la oración. Quien oye, está dentro de nosotros (TEJ 10,1).
7155 ¿Quieres orar en el templo? Ora dentro de ti mismo. Pero primero sé templo de Dios, ya que El oye
al que ora en su templo (TEJ 15,25).
Modo de orar
7156 ¡Amén! ¡Amén! La repetición de esta palabra señala la confirmación de la esperanza (CD 17,12).
7157 Dios no oye el sonido de la voz, sino la disposición del corazón (CS 9,33).
7158 Hablemos, y con el entendimiento cantemos, y cantando oremos, y orando pidamos diciendo: "De
mis pecados ocultos límpiame, ¡Oh Señor!" (CS 18,2,13).
7159 El llamar a Dios no se hace con la voz, sino con el corazón (CS 30,2,s.3,10).
7160 Invoca alabando, no vituperando. Cuando invocas a Dios para que hunda a tu enemigo, cuando te
alegras del mal ajeno y para esto invocas a Dios, le haces participante de tu malicia. Si le haces participante
de tu malicia, no invocas alabando, sino vituperando, pues juzgas a Dios tal cual tú eres (CS 39,4).
7161 ¡Con qué celeridad se reciben en el cielo las oraciones de los que obran bien! Y esta bondad del
hombre en la vida presente es el ayuno, la limosna, la plegaria (CS 42,8).
7162 ¿Quieres que tu oración vuele a Dios? Dótala de dos alas: del ayuno y de la limosna (CS 42,8).
7164 En efecto, si invocas a Dios para conseguir dinero, heredad, gloria mundana, invocas a estas cosas
que intentas conseguir, constituyendo a Dios en ayudador de tus concupiscencias, mas no en oidor de tus
deseos (CS 85,8).
7165 ¿Qué cosa más duradera que lo que es eterno? No temerás que en algún tiempo perezca para ti el
que hace que no perezcas. Si tú invocas a Dios como Dios, es decir, sólo por ser Dios, estate seguro, serás
oído (CS 85,8).
7166 Clama con la voz si hay hombre que oiga; calla con la voz si no hay hombre que oiga; a tus
entrañas jamás les falta quien las oiga (CS 101,2).
7167 Cuando oramos a Dios, ya con la boca, cuando sea necesario, ya en silencio, siempre ha de
clamarse con el corazón (CS 118,29,1).
7168 El clamor del corazón es un pensamiento vehemente que, cuando se da en la oración, expresa el
gran afecto del que ora y pide, de suerte que no desconfía de conseguir lo que pide (CS 118,29,1).
7169 Se clama con todo el corazón cuando no se distrae en alguna otra cosa. Estas oraciones son raras
a muchos y frecuentes a pocos, pero no sé que alguno las pueda tener siempre. (CS 118,29,1).
7170 Muchos, teniendo cerrada la boca, son oídos, y muchos, a pesar de sus gritos estentóreos, no lo
son. Debemos orar con los afectos... (CS 119,9).
7171 Canta con afecto de piedad y caridad la voz del que sube a la Jerusalén celeste, por la que
suspiramos siendo peregrinos y en la que nos regocijaremos después del regreso de la peregrinación (CS
126,1).
7172 Ningún hombre ve tu pensamiento, Dios sí lo ve. Derrama tu plegaria en donde sólo ve Aquel que
remunera. Nuestro Señor Jesucristo te mandó orar en lo escondido. Si conoces tu aposento y lo purificas,
allí ruegas a Dios (CS 141,3).
7173 Llamando, te ejercitarás; ejercitado, te harás más capaz; siendo más capaz, percibirás lo que se da.
Luego no te indignes porque esté cerrado. Sé afable, sé manso (CS 146,1).
7174 Como primera cosa, nuestro Señor suprime la palabrería, para que no te presentes ante Dios
cargado de palabras, como si quisieras enseñarle algo con ellas (S 56,4).
7175 Lo que decís, decidlo de corazón. Haya afecto en quien ora y causará efecto en quien escucha (S
56,5).
7176 No hay que dudarlo; la oscuridad de la cuestión acucia el ánimo a la investigación; luego pidamos,
busquemos, llamemos; sea quien llame la piedad llena de fe, sin congojosa impaciencia carnal; llamemos
con espíritu sumiso y dócil para que nos abra quien nos está viendo llamar (S 145,1).
7177 Ore, pues, con sencillez el que quiere luchar con facilidad, vencer con rapidez y reinar lleno de
felicidad (S 277A,2).
7179 ¿Qué vale el ruido de las palabras, si calla el corazón? (TEJ 9,13).
7180 No pienses que te oye cuando oras mirando al mar; tened más bien horror a estas plegarias. Tú
limpia sólamente la cámara del corazón; dondequiera que estés y hagas oración, allí dentro de ti está quien
te oye (TEJ 10,1).
7181 Al que contrito ora así no lo infla la ciencia, porque edifica el amor... (T 4,pról.1).
7182 No es lo mismo orar con locuacidad que orar durante largo espacio, como algunos piensan. Una
cosa es un largo discurso y otra un afecto sostenido (Ca 130,10.19).
7183 ... De ese modo nos enseñan que, esta atención no se ha de forzar cuando no puede sostenerse;
pero tampoco se ha de retirar si puede continuar (Ca 130,10.20).
7184 Alejemos de la oración los largos discursos, pero no falte una duradera súplica, si persevera
ferviente la atención. El mucho hablar es tratar en la oración un asunto necesario con palabras superfluas
(Ca 130,10.20).
7185 ... Ni tampoco prohíbe aquí el Señor el ser vistos de los hombres al orar, sino hacer esto con el fin
de ser vistos de los hombres (SM 2,3,10).
7186 Poco es entrar en los aposentos si la puerta está abierta a los importunos, por la cual puerta
penetran descortésmente las cosas exteriores y solicitan nuestra devoción y recogimiento (SM 2,3,11).
7187 Ha de cerrarse la puerta, es decir, ha de resistirse al sentido carnal, para que la oración espiritual se
dirija al Padre, la cual se hace en lo íntimo del corazón, donde en secreto se ora al Padre (SM 2,3,11).
7188 Si la multitud de palabras se emplea para instruir y enseñar al ignorante, ¿qué necesidad hay de
ellas dirigiéndose al conocedor de todas las cosas, a quien todas las existentes, sólo por el ser que tienen,
hablan y se presentan como una obra suya, y aquellas que han de ser no se ocultan a su sutileza y
sabiduría, a la cual así las cosas que pasaron como las que han de pasar están inmutablemente presentes?
(SM 2,3,12).
7189 Lo primero que ha de procurarse en toda súplica es conciliar la benevolencia de aquel a quien se
pide, la cual suele ganarse con algún elogio suyo, y se coloca esta balanza al principio de la súplica... (SM
2,4,15).
7190 La oración no puede hacerse bien sino en la presencia de Dios, esto es, en lo íntimo del corazón
(CDS 2,4).
7191 ... Estos ejemplos nos enseñan que no hay prescrita ninguna postura corporal para la oración, con
tal que el espíritu, puesto en la presencia divina, cumpla su intención (CDS 2,4).
7192 Cuando uno quiere orar, coloca su cuerpo y toma, según las circunstancias del tiempo, la posición
más conveniente para despertar la devoción (CDS 2,4).
7193 Cuando nos viene de improviso a la mente algún piadoso afecto que nos mueve a suplicar con
gemidos inenarrables, como quiera que hallare a uno, no es cosa de diferir la oración para buscar un lugar
de retiro, o para ponerse en pie, o estar prosternado. Porque entonces el recogimiento de la mente crea
para sí una soledad, y muchas veces se olvida en qué lugar o postura nos ha sorprendido tal deseo (CDS
2,4).
1906
Padrenuestro
7194 Si oráis de distinto modo que enseñó el Maestro, no seréis oídos. Si mentís en la oración, no
suplicáis. Luego se ha de orar y se ha de decir verdad; y ha de orarse como Dios enseñó (CS 103,19).
7195 Habiéndonos compuesto tales preces (Padrenuestro) tan gran jurista, tenemos esperanza de ganar
la causa. Es el asesor del Padre, pues está sentado a su derecha, como habéis confesado. Quien ha de ser
nuestro juez, ése es nuestro abogado (S 58,1).
7196 "Señor, enséñanos a orar"... El Señor les redacta una fórmula del código del derecho divino (TEJ
7,11).
7197 "Mas líbranos del mal"... Y esto último que se dice en la oración del Señor abarca tanto, que el
cristiano sometido a cualquiera tribulación gime con esta fórmula, con ella llora, por ella comienza, en ella
se para y por ella termina la oración. Era menester valerse de estas palabras para imprimir en nuestra
memoria las realidades mismas (Ca 130,11.21).
7198 Quien dice algo que no quepa dentro de esta oración evangélica, ora carnalmente, aunque no ore
ilícitamente (Ca 130,12.22).
7199 Si vas discurriendo por todas las palabras de las santas súplicas, nada hallarás, según creo, que no
esté contenido y encerrado en la oración del Señor. Por eso hay libertad para repetir en la oración las
mismas cosas con diversas palabras; pero, en cambio, no hay libertad para decir cosas distintas (Ca
130,12.22).
1978 7882
Perdón
7201 "Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores". No orarás si no
dices esta oración; si empleas otra, Dios no te oirá, puesto que no te la dictó el Legislador a quien envió (CS
103,19).
7202 Quieras o no, todos los días has de decir: "Perdónanos nuestras deudas...". ¿Quieres decirlo lleno
de confianza? Haz lo que dices (CS 103,19).
7203 Nadie guarde rencor contra nadie, no sea que cierre el paso de su oración hacia Dios (S 261,9).
Petición
7204 A tí, Señor, es a quien se debe pedir, en ti es en quien se debe buscar, a ti es a quien se debe
llamar: así, así se recibirá, así se hallará, y así se abrirá. Amén (C 13,38,53).
7205 Invocas a Dios cuando para ti llamas a Dios. Esto es invocarle; llamarle para ti, invitarle en cierto
modo a que entre en tu corazón (CS 30,2,s.3,4).
7206 ¿Cómo sabes que no es mejor que tú aquel para quien pides la muerte? Quizá lo es, por lo mismo
que él no pide la tuya. Luego no pidas nada fuera de Dios; pídele a él mismo, y te oirá (CS 33,s.2,9).
7207 ¿Qué has de pedir? Agudiza tu mente, saca a relucir tu avaricia, alarga y ensancha cuanto puedas
tu deseo; no te dice cualquiera, sino el omnipotente Dios: pide lo que quieras (CS 34,s.1,12).
7208 Nada encontrarás más estimable, nada hallarás más excelente que al que hizo todas las cosas.
Pide al mismo que las hizo, y en El y por El tendrás todas las cosas que hizo (CS 34,s.1,12).
7209 Muchos esperan dinero de Dios, honores caducos y perecederos, es decir, cualquier otra cosa
fuera de El; tú pide el mismo Dios; aún más, despreciando todo, camina hacia El; olvidando todo, acuérdate
de El; dejando atrás todas las cosas, extiéndete hacia el Señor (CS 39,7).
7210 Cuando dices: Dios, dame riquezas, no quieres que el mismo Dios se te llegue a tí, sino que
pretendes que las riquezas sean las que vayan a ti. Invocas lo que quieres que vaya a ti... (CS 52,8).
7211 Muchos claman al Señor atendiendo a la consecución de las riquezas y a evitar los daños. Claman
por la salud de los suyos,... Por esta y otras cosas semejantes muchos claman al Señor, pero apenas clama
alguno por el mismo Señor... (CS 76,2).
7212 Invoca a Dios como Dios; ama a Dios como Dios; No hay cosa mejor que El. Deséalo, anhélalo (CS
85,8).
7213 ¿Qué pide sino que los preceptos que Dios impone mandando los haga cumplir ayudando? (CS
118,27,6).
7214 No pido ni la fecundidad de la carne, ni la salud temporal, ni la sumisión de los enemigos, ni las
riquezas, ni los honores; nada de esto pido; por eso, "óyeme pronto". Porque me enseñaste lo que he de
pedir, dame lo que pido (CS 137,7).
7215 ...Pedid las cosas que bastan y veréis qué pocas son. A la viuda le bastaron dos ochavos para
obrar la misericordia; le bastaron dos ochavos para comprar el reino de Dios (CS 147,12).
7216 Hay muchos que piden lo que no debieran, por desconocer lo que les conviene. Quien invoca a
Dios, debe precaverse de dos cosas: pedir lo que no debe y pedirlo a quien no debe (S 56,2).
7217 Es una desvergüenza pedir a Dios riquezas, pero no lo es pedir el pan de cada día. Una cosa es
pedir algo para tener de que ensoberbecerse y otra pedir algo para tener con qué vivir (S 56,10).
7218 Uno pide esto, otro aquello; diversas son vuestras oraciones, porque son diversos vuestros deseos.
Todos gimen como por igual; pero distribuye los quereres Aquel que los atiende (S 77B,2).
7219 Deseemos los bienes espirituales con todo el ardor, pidámoslos con toda perseverancia, no con
palabras largas, sino con el gemido como testigo (S 80,7).
7221 ¿Qué te pide el mendigo? Pan. ¿Y qué es lo que pides tú a Dios sino a Cristo que dice: "Yo soy el
pan vivo..." (S 83,2).
7222 Nuestro Señor Jesucristo, que con nosotros pide y con el Padre da, no nos exhortaría tan
insistentemente a pedir si no quisiera dar (S 105,1).
7223 Pide, pues, el espíritu bueno, porque el pedir el espíritu bueno procede del mismo espíritu bueno.
Algo posees ya de este espíritu cuando lo pides (S 105A,2).
7224 ¿Qué nos enseñan todas estas cosas sino que, cuando lo que pedimos a Dios es cosa buena,
hemos de perseverar en la oración hasta que la recibamos, con el deseo de quien suspira por ella? Pues
Dios difiere el dar a quienes le piden para ejercitarlos en el deseo (S 154A,6).
7225 ... le suplicamos que venga en nuestra ayuda, pues si él no nos ayuda, no podremos ni siquiera
luchar, y mucho menos vencer (S 156,9).
7226 Ora, sí, para que dé muerte a tu enemigo y salve a tu hermano: dé muerte a la maldad y salve a la
naturaleza. Pide a Dios que te vengue, pero de esta manera: perezca lo que en tu hermano te perseguía,
pero permanezca él para serte devuelto a ti (S 211,6).
7227 En cuanto podamos, todas nuestras oraciones han de pedir eso: la purificación del corazón (S
277,15).
7228 Cuando le pidamos por ignorancia algo que no nos convenga, muéstrese propicio no
escuchándonos (S 306C,7).
7229 No pidáis ninguna otra cosa a Dios sino a Dios mismo. Amadlo gratuitamente; esperad de él sólo a
él mismo (S 331,4).
7230 Por tanto, hermanos, ved incluído en el precepto el arbitrio de la voluntad; mas, al pedir lo que se
nos ha preceptuado, reconoced el beneficio de la gracia (S 348A,4).
7231 Habéis oído lo que está mandado. Pide el poder cumplirlo (S 348A,4).
7232 Por una misericordia del Señor no recibe lo que pide quien ha de abusar de lo que recibe (TEJ
73,1).
7233 Porque cuando ve que se pide algo contrario a la salvación, cumple mejor con el oficio de Salvador
no concediéndolo (TEJ 73,3).
7234 No se pide en el nombre del Salvador lo que se pide en contra de la salvación (TEJ 102,1).
7235 Temes que pueda causarte mayor perjuicio el orar como no conviene que el no orar. Puedo
decírtelo todo en dos palabras: pide la vida bienaventurada (Ca 130,4.9).
7236 ¿Qué otra cosa hay que pedir, pues, sino lo que buscan los buenos y los malos, pero a lo cual no
llegan sino sólo los buenos? (Ca 130,4.9).
7237 Debemos pedir, buscar y llamar en la oración, para que aquel en quien está la fuente de la vida nos
permita embriagarnos en la fertilidad de su casa y abrevarnos en el torrente de sus delicias (Ca 145,7).
7238 Hay que dedicarse con todas las veras del entusiasmo al ejercicio de una vida virtuosa. Es
condición para que nos oiga Dios, pues a los que viven bien los oye con agrado. Roguémosle, pues, no que
nos dé riquezas y honores y otras cosas caducas y pasajeras, a pesar de toda nuestra oposición, sino que
nos colme de bienes que nos mejoren y hagan dichosos (O 2,20,52).
7239 La oración nos es más necesaria por lo que seremos que por lo que hemos sido, de ahí que nos
sea más molesto o vergonzoso no saber lo que pedimos que ignorar nuestro origen (NA 4,9,13).
7240 (Dios) nos manda que tengamos lo que aún no tenemos para advertirnos de que lo hemos de pedir;
así, al ver que podemos cumplir lo que El nos mandó, entendemos de dónde hemos recibido el poder (BV
17,21).
7241 Oremos para que el que nos amonesta con su mandato y vocación lo que debemos querer, nos dé
con su ayuda e inspiración lo que nos manda (BV 17,21).
7242 Oremos para que nos conserve lo que ya nos dio y oremos para que supla lo que aún no nos dio
(BV 17,21).
7243 El pedir tiene por objeto obtener la salud y firmeza del alma a fin de poder cumplir los
mandamientos; el buscar tiene por objeto descubrir la verdad (SM 2,21,71).
7244 Pedir lo que ya hemos recibido, ¿qué es sino pedir que se nos conceda también el no dejar de
poseerlo? (DP 2,4).
7245 No manda, pues, Dios, cosas imposibles; pero al imponer un precepto te amonesta que hagas lo
que está a tu alcance y pidas lo que no puedes (NG 43,50).
7246 "El alma es más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido". ¿El que te dio lo más, no te ha de
dar lo menos? (CEv 2,24).
ORDEN
7248 El fuego tira hacia arriba, la piedra hacia abajo. Cada uno es movido por su peso y tiende a su
lugar. El aceite, echado debajo del agua, se coloca sobre ella; el agua derramada encima del aceite se
sumerge bajo el aceite; ambos obran conforme a sus pesos, y cada cual tiende a su lugar (C 13,9,10).
7249 Las cosas menos ordenadas se hallan inquietas: ordénanse y descansan (C 13,9,10).
7250 De tal manera (Dios) gobierna cuanto creó, que a cada cosa le deja el timón de sus propios
movimientos (CD 7,30).
7251 Dios, así como es creador excelente de las naturalezas buenas, así es justísimo ordenador de las
malas voluntades, de suerte que, usando ellas mal de sus naturalezas buenas, endereza El al bien las
voluntades malas (CD 11,17).
7252 ... Nadie duda de que existe un motivo de la naturaleza, una forma de la ciencia, un sistema de vida
(CD 11,25).
7253 Cuando cada uno de los seres irracionales está en el puesto que le corresponde, y gracias a la
muerte de unos pueden nacer los otros; cuando los más débiles sucumben ante los más fuertes,
contribuyendo los vencidos a perfeccionar a los vencedores, se da entonces el orden de los seres
transitorios (CD 12,4).
7254 Dios, que es el creador de todas las cosas, conoce dónde y cuándo conviene o ha convenido crear
algo, sabiendo de qué semejanza o desemejanza de partes ha de formar la hermosura del universo (CD
16,8).
7255 Dios usa bien hasta de los males, y todo coopera al bien de los que lo aman (CD 18,51,1).
7256 El orden es la distribución de los seres iguales y diversos, asignándole a cada uno su lugar (CD
19,13,1).
7257 Reconoce el orden, busca la paz. Tú a Dios, la carne a ti. ¿Qué cosa más justa, qué cosa más
bella? Tú al Mayor, a ti el menor... (CS 143,6).
7259 Dios creó y ordenó todas las cosas; a unas les dio sentido, entendimiento e inmortalidad, como a
los ángeles; a otras, sentido, entendimiento y mortalidad, como a los hombres; a otras les dio sentido
corporal, mas no entendimiento ni inmortalidad, como a las bestias; a otras no les dio sentido ni
entendimiento ni inmortalidad, como a las hierbas, a los árboles y a las piedras; sin embargo, ellas mismas
en su género no pueden flaquear... (CS 144,13).
7260 Este concatenamiento de la criatura, esta ordenadísima hermosura, subiendo de lo ínfimo a lo sumo
y bajando de lo sumo a lo ínfimo, jamás interrumpida, sino acomodada a los seres dispares, toda ella alaba
a Dios (CS 144,13).
7261 (Dios) distribuyó los habitantes en adecuadas moradas: dio incorrupción a las moradas
incorruptibles, y seres corruptibles a las moradas corruptibles. Atiende a todo, alaba a todo. El que ordenó
los miembros de los gusanillos, ¿no gobierna las nubes?... (CS 148,10).
7262 ¿Quieres que tu casa ande al revés? Porque "cabeza de la mujer es el varón". Pero cuando la
mujer vive mejor que el varón, la casa anda cabeza abajo... (S 9,3).
7263 A todos los hombres se les señala un puesto, si bien a cada uno de los hombres les parece que no
hay orden. Tú mira sólamente lo que te gustaría ser, porque, según lo que quieras ser tú, el Artífice ya sabe
dónde colocarte (S 125,5).
7264 No te imagines perturbar los planes de Dios si te da por andar torcido; pues el que supo crearte,
¿no ha de saber ordenarte? En beneficio tuyo redunda el esfuerzo para ocupar un buen puesto (S 125,5).
7265 ¿Quieres obedezca tu carne a tu alma? Sirva tu alma a Dios. Para gobernar, debes dejarte
gobernar, porque la lucha esta es tan peligrosa que, si quien debe gobernar deja las riendas, la derrota es
bien segura (S 128,5).
7266 Si el espíritu, a su vez, no apetece contra la carne, adulterio seguro; mas, si el espíritu tiene
apetencias contra la carne, surge la lucha, hay combate, no hay derrota (S 128,8).
7267 Quien creó a todo el género humano sabe qué hacer con él (S 301,4).
7268 ¿Y no va a saber Dios dónde ha de poner al pecador para que la creación esté ordenada? (S
301,4).
7269 Donde la carne manda y el espíritu sirve, es una casa en la que reina el desorden (TEJ 2,14).
7270 Según lo atestigua la Escritura santa y la creación lo proclama, todo lo ha dispuesto (Dios) en
número, peso y medida (T 11,11,18).
7271 Tienen su causa y su razón recta e irreprochable todas las cosas que Dios hizo, ya sean ordinarias,
ya extraordinarias. Cuando esas causas y razones se nos ocultan, nos maravilla el acontecimiento (Ca
162,7).
7272 El orden es el que, guardándolo, nos lleva a Dios; y si no lo guardamos en la vida, no lograremos
elevarnos hasta El (O 1,9,27).
7273 El orden, pues, que todo lo modera y enfrena, ni permitirá su excesivo empleo donde se puede, ni
su uso en cualquier parte... (O 2,4,13).
7275 Quien no ordena los valores superiores e inferiores, poniendo cada cosa en su lugar, no será apto
para el reino de los cielos (VR 34,63).
7276 Reconozcamos el mérito propio de la hermosura inferior, no sea que, por buscar lo primero entre lo
último, seamos puestos por los primeros entre los últimos (VR 34,63).
7277 Aun lo que llamamos mal en el mundo, bien ordenado y colocado en su lugar, hace resaltar más
eminentemente el bien, de tal modo que agrada más y es más digno de alabanza si lo comparamos con las
cosas malas (E 11,3).
7278 Ciertas cosas Dios las crea y las ordena, otras tan sólo las ordena. Dios hace y ordena a los justos;
a los pecadores, en cuanto son pecadores, Dios no los hace, los ordena únicamente, ya que coloca a los
primeros a la derecha, y a la izquierda a los segundos (CLGI 5,25).
7279 "Hágase la luz y la luz fue hecha"... De estas dos cosas hizo, pues, una, la otra no; mas a
entrambas ordenó al separar Dios la luz de las tinieblas. En fin, haciéndolo El, todo es hermoso;
ordenándolo El, todo es bello (CLGI 5,25).
7280 La perturbación es contraria al orden. El orden consiste en abandonar las cosas carnales
dirigiéndose a las espirituales, no en precipitarse de las cosas espirituales a las carnales (ECG 20).
7281 Sométete al que está sobre ti, y así dominarás las cosas que están debajo de ti... (TCJ 8,6).
7282 Si no reconoces al que está por encima de ti, desprecias al superior y te sometes al inferior. ¿Con
qué fue dominada la soberbia de los egipcios? Con ranas y moscas. Podía Dios haber enviado leones, pero
el aterrar con leones se reserva a personajes más importantes. Cuanto ellos eran más soberbios, con cosas
tanto más despreciables y abyectas fue quebrantada su perversa cerviz (TCJ 8,7).
7283 Una cosa es guardar el orden, otra distinta estar sometido al orden (Mu 6,14,46).
7284 El orden de las cosas hace los diversos pareceres, orden ciertamente misterioso, establecido
siempre bajo la divina Providencia (OC 40).
PACIENCIA
7285 La paciencia de Dios está invitando a la conversión a los malos, y el azote de Dios les enseña la
paciencia a los buenos (CD 1,8,1).
7286 No será eterna la paciencia, que no es necesaria donde no hay nada que sufrir, sino que será
eterno el fruto de la paciencia (CD 14,9,5).
7287 ¿De qué sirve la paciencia entre tanto escándalo si no es porque, si lo que no vemos lo esperamos,
lo esperamos por la paciencia? Se presenta el dolor, vendrá mi descanso. Se ofrece la tribulación, llegará
mi purificación... (CS 61,11).
7288 Luego ahora, mientras llega la promesa, se necesita la paciencia. Nadie es paciente en las cosas
buenas; en las cosas malas es cuando se exige del hombre la paciencia (CS 91,1).
7289 Tolera; para esto has nacido; Tolera, pues tal vez eres tolerado tú. Si siempre fuiste bueno, ten
misericordia; si alguna vez fuiste malo, no lo olvides (S 47,6).
7293 Esa virtud del alma que llamamos paciencia es un don de Dios; tan grande, que el Señor, que nos
lo otorga, pone de relieve la suya, por la que da largas a los pecadores para que se conviertan (P 1,1).
7294 La paciencia humana, cuando es recta, laudable y digna de ese nombre, es aquella virtud por la
que toleramos con igualdad de ánimo los males para no abandonar con iniquidad de ánimo los bienes,
bienes por los que hemos de alcanzar otros superiores (P 2,2).
7295 Los impacientes rehúsan padecer los males, pero no logran escapar de ellos, sino que caen bajo
otros peores. En cambio, los pacientes prefieren soportar el mal sin cometerlo antes que cometerlo sin
soportarlo; y entonces aligeran ese mal que toleran con paciencia y se libran de otro peor que les
sobrevendría por la impaciencia (P 2,2).
7297 Cuando veas que alguien tolera algo pacientemente, no te adelantes a alabar su paciencia mientras
no aparezca el motivo del padecer (P 6,5).
7298 Todos los que saben, participan de la ciencia, pero no todos los que padecen participan de la
paciencia (P 6,5).
7299 Cuando nos obligan a sentir penas malas, pero no a consentir en obras malas, se posee el alma por
la paciencia (P 8,7).
7300 Es preciso tolerar con paciencia lo que no puede suprimirse por la violencia (P 9,8).
7301 Mayor es el combate de la paciencia cuando no se trata de un enemigo visible, que con la
persecución y furor incite al mal, y que resulta vencido pública y abiertamente por el mártir, que se niega a
consentir, sino que se trata del diablo mismo (P 10,9).
7302 Pues por una contumaz apetencia de delicias fuimos expulsados de la original felicidad del paraíso,
es muy justo que seamos aceptados de nuevo por la paciencia en los trabajos (P 14,11).
7304 La paciencia de los justos procede de aquel que difunde en ellos la caridad (P 17).
7305 El origen de la paciencia verdadera de los justos es también el origen de la caridad de Dios en ellos
(P 17).
7306 La fuente de la paciencia falsa de los inicuos es también la fuente del amor del mundo que hay en
ellos (P 17).
7307 Para esa falsa paciencia puede bastarse la voluntad humana sin la ayuda de Dios (P 17).
7308 Para la paciencia verdadera no se basta la voluntad humana si no es ayudada e inflamada desde
arriba, porque el Espíritu Santo es su fuego. Si no se enciende con él para amar el bien impasible, no puede
tolerar el mal que padece (P 17,14).
7309 Sin la caridad no puede darse en nosotros verdadera paciencia; porque en nosotros está la caridad
de Dios, que lo tolera todo, como está en los malos la concupiscencia del mundo (P 23,20).
7310 La piedad no puede dudar de que es don de Dios la paciencia de los que piadosamente toleran,
como lo es la caridad de los que santamente aman (P 26,22).
7311 Seamos pacientes con liberal amor, no con servil temor. Clamemos mientras somos pobres para
ser enriquecidos con aquella herencia (P 29,26).
7312 No perecerá nunca la paciencia de los pobres; estos que creen y todavía no contemplan, que
esperan y aún no poseen, que suspiran de anhelo, pero no reinan felices; que tienen hambre y sed y no se
satisfacen. No es que ha de haber paciencia allá donde no habrá nada que tolerar; pero la paciencia no
perecerá, porque no será estéril (P 29,26).
7313 No pondrá término a la sempiterna felicidad quien otorga la paciencia temporal a la voluntad,
porque ambos dones son otorgados a la regalada caridad (P 29,26).
7314 La virtud de la paciencia, enseñada por el Señor al decir: "Si alguien te abofetea en la mejilla
derecha, ponle también la otra", puede darse en la disposición del corazón, aunque no se traduzca en gesto
corporal o expresión verbal (CF 22,79).
7315 La disciplina salvaguarda la paciencia y la paciencia salvaguarda la discipina, y una y otra están
informadas por la caridad, no sea que la paciencia indisciplinada promueva la iniquidad o la disciplina
impaciente destruya la unidad (MD 4,6).
7316 La paciencia es la firmeza voluntaria y constante para soportar las cosas arduas y difíciles por virtud
o utilidad (OC 31,1).
PADRES
7317 Tiene un no se qué de respeto el humano pudor hacia los padres, que ni siquiera la depravación
puede borrar (CD 2,4).
7318 Unicamente no deben obedecer los hijos a los padres cuando los padres mandan a sus hijos algo
contra la ordenado por el Señor Dios. Y no deben airarse los padres cuando se les pospone a Dios. Pero,
cuando los padres ordenan algo que no va contra Dios, deben ser oídos como si fuese Dios el que ordena,
puesto que Dios mandó obedecer a los padres (CS 70,1,2).
7319 De perros es el no reconocer a los padres; nada hay tan canino como el que los que engendraron
no sean reconocidos. Con razón los cachorros de perro nacen ciegos (S 8,7).
7320 La patria misma sea mayor que tus mismos padres, hasta el punto que no deben ser escuchados
cuando ordenan algo contra ella. Y si ésta ordenara algo contra Dios, tampoco debe obedecérsele (S 62,8).
7321 Cristo te enseña a desdeñar a tus padres y a amar a tus padres. Porque entonces los amas
ordenada y piadosamente, cuando no los antepones a Dios (S 72A,4).
7322 Dios es Dios y el hombre es hombre. Ama a los padres, respétalos, hónralos; pero si Dios te llama a
una empresa más alta, en que el afecto de los padres pueda ser un impedimento, guarda el orden, no
quebrantes la caridad (S 72A,4).
7324 No decimos, pues, que la obra de los padres sea "diabólica"; el buen uso de un mal está muy lejos
de ser diabólico, pues Dios usa bien del mismo diablo (RJI 5,7).
7325 Hacer buen uso de un mal es bueno, y es malo hacer mal uso de un bien. Hacen los esposos buen
uso del mal de la concupiscencia, y los adúlteros hacen mal uso del cuerpo, que es un bien (RJI 5,18).
7326 Si el parto se hizo doloroso, es fruto del pecado, no de la fecundidad; el dolor de la maternidad
viene del pecado; la fecundidad, de la bendición del Señor (RJI 6,25).
PARAíSO
7327 Nadie prohíbe entender el paraíso como la vida de los bienaventurados; sus cuatro ríos serían las
cuatro virtudes: prudencia, fortaleza, templanza y justicia; sus árboles, todas las ciencias útiles; los frutos de
los árboles serían las costumbres de todos los hombres religiosos; el árbol de la vida, la misma sabiduría,
madre de todos los bienes; el árbol de la ciencia del bien y del mal, la prueba del mandato quebrantado,
pena que infligió Dios a los pecadores, y que es buena, ciertamente, por ser justa, aunque no la
experimente el hombre para su bien (CD 13,21).
7328 En el paraíso, aunque el hombre no lo podía todo antes del pecado, tampoco se le antojaba lo que
no podía (CD 14,15,2).
7329 Nuestros primeros padres estaban desnudos, pero no sentían vergüenza, no porque su desnudez
les fuera desconocida, sino porque todavía no era vergonzosa (CD 14,17).
7330 Vivía el hombre en el paraíso como quería, mientras quería lo que Dios había mandado (CD 14,26).
7331 "No toques". ¿Qué? Este árbol. ¿Qué cualidad tiene este árbol? Si es bueno, ¿por qué no lo he de
tocar? Y si es malo, ¿por qué está en el paraíso? Precisamente porque es bueno, está en el paraíso; pero
no quiero que lo toques. ¿Por qué no lo he de tocar? Porque quiero que seas obediente, no objetante.
Sométete a esto, ¡oh siervo!, y no seas mal siervo. Primero, ¡oh siervo!, atiende al mandato del Señor y
después entenderás el consejo del que manda (CS 70,2,7).
7332 Allí la honestidad excluía toda indecencia, y la felicidad todo desasosiego (T 13,18,23).
7334 Esté donde esté el paraíso, los bienaventurados, que están en él, están con aquel que se halla en
todas partes (Ca 187,3.7).
7335 Y habitó frente al paraíso en miseria, la que ciertamente es opuesta a la vida feliz; digo esto porque
creo que en el nombre de paraíso está significada la vida feliz (CGM 2,22,34).
1524 2881 5436 5446
PASIONES
7336 Se tiene miedo, sin duda, de que a uno le mancille la pasión carnal, incluso ajena. Nunca le
mancillará si es ajena, y si le mancilla, no será ajena (CD 1,18,1).
7337 La pasión de dominio destroza con su misma tiránica conminación el corazón de los mortales (CD
19,15).
7338 Mejor es, efectivamente, luchar contra las inclinaciones viciosas que ser dominado por ellas sin
resistencia alguna (CD 21,15).
7339 Grave error: la pasión no ama al hombre, antes lo estimula a amar lo que no debe amar (RJI 3,85).
PASTORES
7340 Optimo ministro tuyo es el que no atiende tanto a oír de ti lo que él quisiera cuanto a querer aquello
que de ti oyere (C 10,26,37).
7341 ¿Cómo pueden purificar el espíritu del hombre los que tienen sucio el suyo? (CD 10,27).
7342 Temo dar la impresión de afirmar lo que no sé, más bien que de enseñar lo que sé (CD 12,15,3).
7343 Los primeros justos fueron puestos más bien como pastores de rebaños que como regidores de
hombres (CD 19,15).
7344 No me digas: ¿por qué me buscas, si perecí? Te busco porque pereciste. Me dices: no me
busques; esto lo quiere la iniquidad, por la cual estamos separados; pero no la caridad, por la que somos
hermanos. Si buscase a mi esclavo, no sería malvado, ¿y lo seré porque busco a mi hermano? Así piensa
aquel en quien no reside la caridad fraterna; yo, sin embargo, busco a mi hermano. Irrítese mientras es
buscado, el que, encontrado, se aplaca (CS 18,2,6).
7345 ¿Por qué tengo yo ovejas, por qué tienes tu ovejas? Si Cristo está ahí, vayan con él mis ovejas,
porque no son mías; si Cristo está aquí, vengan las tuyas aquí, porque no son tuyas (CS 21,2,31).
7347 Como si nuestros pecados fueran pocos, se nos cargan los ajenos; temo por mi, temo por el buen
hermano, tolero al mal hermano; y bajo este cúmulo, ¿qué será de mí si cesa la misericordia de Dios? (CS
39,20).
7348 ¿Quién soy yo, que no oigo lo que en mi interior se habla y quiero que otros oigan lo que por mí se
dice? Oiré primeramente; oiré, y, sobre todo, oiré lo que en mi interior habla el Señor Dios, porque hablará
paz a su pueblo (CS 49,23).
7349 Más felices son los que oyen que los que hablan; el que aprende es humilde; el que enseña trabaja
para no ensoberbecerse, no sea que quizá se introduzca el afecto de agradar malamente, no sea que
desagrade a Dios queriendo agradar a los hombres (CS 50,13).
7350 Conforme me ayude el que me manda hablar, serviré a los que desean oír, para que así no moleste
a los torpes ni me haga prolijo a algunos, ni pesado a los ocupados (CS 60,1).
7351 Creo que por esto se llamaron cleros o clérigos los que son ordenados en los grados eclesiásticos,
puesto que Matías fue ordenado por suerte, el cual fue, según leemos, el primero que ordenaron los
apóstoles (CS 67,19).
7352 Los buenos operarios son aquellos en quienes obra Dios (CS 70,1,19).
7353 Todo ministro del Señor ferviente en el espíritu es fuego abrasador (CS 103,16).
7354 Nos conceda el Señor que sirvamos bien. Porque, queramos o no, somos siervos; y, con todo, si lo
somos queriendo, no servimos por necesidad, sino por caridad (CS 103,3,9).
7355 Yo os custodio por el oficio de gobierno, pero quiero ser custodiado con vosotros. Yo soy pastor
para vosotros, pero soy oveja con vosotros bajo aquel Pastor. Desde este lugar soy como doctor para
vosotros, pero soy condiscípulo vuestro en esta escuela bajo aquel único Maestro (CS 126,3).
7356 ...Para que no sea necesario que diga todas las cosas como nuevas. Sin embargo, nosotros
debemos ser nuevos, porque la vejez no debe apoderarse de nosotros, sino que debemos crecer y
aprovechar (CS 131,1).
7357 Os servimos, hermanos. Seremos mayores si somos más humildes (CS 146,16).
7358 Yo, hermanos, atiendo a vuestro peligro, no a vuestro capricho. Si el médico atiende a la voluntad
del enfermo, nunca lo curará (S 9,4).
7359 Hay pastores a quienes gusta oírse llamar por tal nombre (S 46,1).
7360 Tenemos que distinguir dos cosas: que somos cristianos y que somos superiores vuestros. El ser
cristianos es en beneficio nuestro; el ser superiores es en el vuestro (S 46,2).
7361 Todo hombre es un enfermo. Y cualquiera que está al frente de vosotros, ¿qué es sino lo mismo
que vosotros? Lleva el peso de la carne, es mortal, come, duerme, se levanta; nació, morirá (S 46,6).
7362 Cuando una oveja, aunque sea de las fuertes, ve frecuentemente a su superior que vive mal, si
aparta los ojos de las normas del Señor y mira al hombre, comienza a decir en su corazón: "Si mi superior
vive de esta forma, ¿quién soy yo para no hacer lo que él hace"? (S 46,9).
7363 Aunque el pastor esté presente, para quienes obran mal no es pastor (S 46,16).
7364 ¡Lejos de nosotros decir que faltan ahora buenos pastores; lejos de nosotros el que falten, lejos de
su misericordia el que no nos los produzca y establezca! En efecto, si hay buenas ovejas, hay también
buenos pastores, pues de las buenas ovejas salen buenos pastores (S 46,30).
7365 Aunque somos pastores, el pastor escucha con temblor no sólo lo que se dice a los pastores, sino
también lo que se dice a las ovejas (S 47,2).
7366 Al pensar en nosotros se han de tener en cuenta dos cosas: una, que somos cristianos; otra, que
somos superiores. Por el hecho de ser superiores, se nos cuenta entre los pastores si somos buenos. Por el
hecho de ser cristianos, somos también ovejas como vosotros (S 47,2).
7367 Unica es la preocupación que se nos impone: escuchar la voz del pastor. Estamos ahora en el
tiempo de escuchar, porque él aún no ha asumido el tiempo de juzgar. El, que habla, ahora calla. Habla a
través de los mandamientos, calla en cuanto juez (S 47,4).
7368 Sean imitadores nuestros si nosostros lo somos de Cristo; si nosotros no somos imitadores de
Cristo, séanlo ellos directamente (S 47,12).
7369 Yo, hermanos, por haberlo Dios querido así, ciertamente soy sacerdote suyo, y con vosotros me
hiero el pecho, con vosotros pido perdón, con vosotros usará Dios conmigo de misericordia (S 135,7).
7370 Creo poder decir, no obstante, que, como estoy en su presencia, nada busco fuera de vuestra
salvación; que a menudo lamentamos los pecados de nuestros hermanos, estos pecados que nos repelen y
nos atormentan el alma; y que algunas veces los llamamos al orden; o mejor dicho, no cesamos de
corregirlos. Testigos son cuantos recuerdan las veces que han sido corregidos por mí (S 137,14).
7371 Si nosotros, los pastores, apacentamos con temor y tememos por las ovejas, ¿no han de temer las
ovejas por sí mismas? A nosotros, pues, toca la solicitud, a vostros la obediencia; a nosotros la vigilancia, a
vosotros la humildad del rebaño (S 146,1).
7372 ... se los oye decir: "Estas ovejas son mías; ¿qué buscas entre mis ovejas? No te vea yo arrimado a
mis ovejas". Si, pues, nosotros decimos nuestras ovejas y ellos dicen sus ovejas, a Cristo no le queda
ninguna (S 147A,2).
7373 Demuestra que tienes amor al pastor amando a las ovejas, pues también las ovejas son miembros
del pastor. Para que las ovejas se convirtiesen en miembros suyos, él mismo se dignó hacerse oveja (S
229N,1).
7374 Todo el número de los pastores se reduce al cuerpo del único pastor (S 229N,3).
7375 Vosotros sois sus ovejas, y yo con vosotros, por el hecho de ser cristianos. Ya dije que, a la vez que
apacentamos, somos apacentados (296,13).
7376 El Señor Dios nuestro nos concederá que en adelante sólo oigamos cosas buenas de vosotros y
que por su misericordia recibamos el consuelo de vuestra corrección. Cuanto más grande es ahora la
tristeza, tanto mayor será entonces el gozo (S 301A,9).
7377 En verdad, soy pobre como vosotros; nuestras riquezas son comunes: nuestro Señor. La vida de
todos nosotros es la vida eterna y feliz (S 319A).
7378 En la medida en que los años progresan, o, mejor regresan, y nos acercan más al último día, que,
sin duda, ha de llegar alguna vez, el pensamiento sobre la cuenta que he de dar a Dios nuestro Señor por
todos vosotros me resulta cada vez más vivo y penetrante y más doloroso (S 339,1).
7379 Entre cada uno de vosotros y yo, ésta es la diferencia: vosotros casi no tenéis que dar cuenta más
que de vosotros mismos, mientras que yo tengo que darla de mí y de todos vosotros (S 339,1).
7380 Es mayor la carga que, bien llevada, comporta una mayor gloria; pero, ejercida sin fidelidad,
precipita en el más terrible de los suplicios (S 339,1).
7381 El peligro en que me hallo no es otro que el fijarme en cómo me alabáis, sin preocuparme de cómo
vivís (S 339,1).
7382 Aligerad, pues, hermanos; aligerad mi carga ayudándome a llevarla: vivid bien (S 339,4).
7383 El que preside a un pueblo debe tener presente, ante todo, que es siervo de muchos. Y eso no ha
de tomarlo como una deshonra; no ha de tomar como una deshonra, repito, el ser siervo de muchos,
porque ni siquiera el Señor de los señores desdeñó el servirnos a nosotros (S 340A,1).
7384 Por tanto, para decirlo en breves palabras, somos vuestros siervos; siervos vuestros, pero, a la vez,
siervos como vosotros; somos siervos vuestros, pero todos tenemos un único Señor; somos siervos
vuestros, pero en Jesús (S 340A,3).
7385 Muchos nos honran, muchos nos critican y muchos nos maldicen. En mayor peligro nos ponen
quienes nos honran que quienes nos maldicen. La honra humana hace cosquillas a nuestra soberbia,
mientras que las maldiciones de los hombres nos ejercitan en la paciencia. Allí temo caer, aquí pongo
bases firmes (S 340A,8).
7386 Mirando a nosotros mismos, nos basta nuestra conciencia; mas, en atención a vosotros, nuestra
fama no sólo ha de ser sin tacha, sino que debe brillar entre vosotros. Retened lo dicho y sabed distinguir.
La conciencia y la fama son dos cosas distintas. La conciencia es para ti; la fama, para tu prójimo. Quien,
confiando en su conciencia, descuida su fama, es cruel... (S 355,1).
7387 Quienes nos aman buscan qué alabar en nosotros; quienes, en cambio, nos odian hablan mal de
nosotros (S 356,1).
7388 No se horrorice la paloma del ministerio de los malos; mire más bien al derecho del Señor. ¿Qué te
puede hacer un mal ministro, si es bueno el Señor? (TEJ 5,11).
7389 Apacentamos a las ovejas y, a la vez, nos apacentamos nosotros en los pastos del Señor. Así como
no se debe negar lo necesario, así tampoco hay que cargar al corazón débil con excesivas viandas (TEJ
46,8).
7390 En aquel que apacienta las ovejas de Cristo debe crecer su amor espiritual hacia El, tanto que
supere al temor natural de la muerte, despreciando la muerte, cuando queremos vivir en Cristo (TEJ 123,5).
7391 Créanme los que quieran; preferiría fatigarme en la lectura antes que dictar cosas que han de ser
leídas (T 3,pról.1).
7392 Siervo de mis hermanos, no sé negarme a sus justos requerimientos, y trato, en la medida de mis
fuerzas, de ayudarles en sus loables estudios cristológicos con mi palabra y con mi pluma, pues a ello me
impulsa con ardor, cual biga fogosa, la caridad (T 3,pról.1).
7393 Yo mismo, lo confieso, aprendí escribiendo muchas cosas que antes ignoraba; y, por consiguiente,
ni al perezoso ni al sabio ha de parecer superfluo mi trabajo, pues puede ser muy necesario a muchos
estudiosos y a muchos ignorantes, a mí entre ellos (T 3,pról.1).
7394 Así como no deseo un lector incondicional, tampoco suspiro por un crítico pagado de sí mismo (T
3,pról.2).
7395 Si en mis tratados encuentras alguna verdad, en sí misma no es mía, pero en tu comprensión y
amor es tuya y mía; si, por el contrario, descubres algún error, mío es el error; pero tú, al evitarlo, haces que
no sea tuyo ni mío (T 3,pról.2).
7396 No hallo otra cosa que hacer sino presentar a tu consideración mis palabras, y mi intención, a Dios
(Ca 23,5).
7397 No pretendo pasar estos tiempos borrascosos en los honores eclesiásticos; pienso que he de dar
cuenta de las ovejas a mí confiadas al príncipe de todos los pastores (Ca 23,6).
7398 Los hombres desean traer a nuestra presencia los pleitos seculares en la medida en que tienen
necesidad de nosotros para terminarlos; entonces nos llaman santos y siervos de Dios, para que activemos
los negocios de su interés terreno (Ca 33,5).
7399 No hemos de abrir el camino al sacerdocio a los siervos de Dios, de modo que lleguen a imaginarse
que serán elegidos para un puesto mejor si se hacen peores (Ca 60,1).
7400 Solemos escoger para el clero sólo a los más probados y mejores de los que permanecen en el
monasterio (Ca 60,1).
7401 Tengamos en cuenta que no siempre un buen monje resulta un buen clérigo; pues, aunque posea
la continencia necesaria, quizá le falte la necesaria instrucción o la integridad requerida por los cánones a
las personas (Ca 60,1).
7402 Cristo dejó asegurados también a sus fieles contra los malos ministros, que obran el mal de ellos,
pero hablan el bien de Cristo, cuando dijo: "Haced lo que dicen, pero no hagáis lo que hacen..." (Ca 78,8).
7403 Allí donde sucumbo bajo una nueva carga, allí también me alivio bajo un nuevo amor (Ca 101,1).
7405 Hemos de corregir el error de la oveja, para que no se corrompa en ella el sello del Redentor (Ca
185,6.23).
7406 Hay algunos que ocupan la cátedra de pastor para mirar por la grey de Cristo. Pero hay otros que la
ocupan para gozar de sus honores temporales y comodidades seculares. Es preciso que en la misma
Católica perduren hasta el fin del siglo y hasta el juicio del Señor estos dos linajes de pastores, pues unos
nacen mientras otros mueren (Ca 208,2).
7407 Como hay pastores buenos y malos, así también hay buenos y malos en la grey. A los buenos se
les llama ovejas; a los malos, cabritos... (Ca 208,3).
7408 No quiero ni puedo tolerar que una oveja ulcerosa que abandona el error consiga su curación a
costa de la pérdida de un pastor por el contagio con ella (NA 2,3,6).
7409 Es propio del oficio pastoral el evitar que el contagio pestífero se extienda y separar de las sanas a
la oveja enferma, la cual tal vez se salvará con la separación (CG 15,46).
7410 El que es enviado de parte de los hombres, es mentiroso; quien lo es de parte de hombre puede ser
veraz, porque el Dios veraz puede enviar por medio de hombre; el que no es enviado por parte de hombres
ni por parte de hombre, sino por Dios, es veraz, debido a aquel que también por medio de hombre hace
veraces a sus enviados. Luego fueron veraces los primeros apóstoles,... (ECG 2).
7411 Persuade con rectitud a los hombres el que no quiere agradarles, sino a la misma verdad que
predica (ECG 5).
7412 Si son buenos ministros de Dios, Cristo es algo en ellos, no ellos por sí. Si ellos mismos por sí
fueran algo, siempre lo hubieran sido (ECG 12).
7413 Ni nos abandonemos so pretexto de la paciencia ni nos ensañemos por razón del celo (FO 5,7).
7414 ...de tal modo que haya que decirles con admirable perversidad: revestíos del hombre nuevo; y una
vez que estén revestidos: despojaos del viejo; cuando el Apóstol, guardando el recto orden, dice:
"Despojaos del viejo y vestíos del nuevo" (FO 6,9).
7415 Siendo él el que siembra, ¿qué es lo que soy yo? Apenas la espuerta del sembrador. El se digna
depositar en mí lo que él os va a esparcir (SDC 1,1).
Obispos
7417 Quien sea aficionado a presidir y no a ayudar a los demás se dará cuenta de que no es un "obispo"
(CD 19,19).
7418 Esto hacen también los obispos, pues están colocados en lugar más alto para que supervigilen y
como que guarden al pueblo, puesto que lo que se dice en griego "episkopous", obispo, se traduce al latín
por "superintentor", inspector o superintendente, porque inspecciona, porque contempla desde arriba (CS
126,3).
7419 Si ganáis a algunos, eso es vuestro dar. Haced nuestras veces en vuestra casa. El obispo
("episcopus") recibe este nombre porque observa desde arriba, porque se preocupa de vigilar (S 94).
7420 Nosotros somos obispos, pero con vosotros somos cristianos (S 176A).
7421 Una cosa es lo que somos personalmente y otra lo que somos por vosotros. Personalmente, somos
cristianos; clérigos y obispos lo somos por vosotros (S 301A,8).
7423 ... Así debe ser el buen obispo, y, si no es así, no es obispo (S 340A,4).
7424 ¿Qué es un obispo que tiene ese nombre, pero no lo es? El que disfruta más con su propio honor
que con la salud del rebaño de Dios... (S 340A,4).
7425 Para que sea lo que indica su nombre (obispo), escuche no a mí, sino conmigo; escuchemos juntos;
escuchemos juntos como condiscípulos en la única escuela del único maestro, Cristo; Su cátedra está en el
cielo, precisamente porque antes lo fue su cruz en la tierra (S 340A,4).
7426 Desear el episcopado no es desear ser obispo; es desear una obra buena. Pero ¿quiere ser obispo
quien no realiza obra buena, sino su propia obra? Ese tal no desea el episcopado (S 340A,6).
7427 ¿Qué he de decir, pues? ¿Que hay obispos malos? De ninguna manera; no los hay. Sin duda
alguna, me atrevo a decir que no hay obispos malos, porque, si son malos, no son obispos (S 340A,6).
7429 A vosotros os corresponde el ser obsequiosos con él, el obedecerle dignamente y el servirle con un
digno servicio; así tendrá hijos sumisos, muchos a cambio de unos pocos, celestes a cambio de los
terrenos, coherederos en lugar de herederos (S 340A,7).
7430 Orad por nosotros. Cuanto más elevado es el lugar en que estamos, tanto mayor el peligro en que
nos encontramos (S 340A,8).
7431 Me separé de quienes aman el mundo, pero no me equiparé a los que gobiernan a los pueblos. Ni
elegí un puesto superior en el banquete de mi Señor, sino el último y despreciable, pero le plugo a él
decirme: "Sube más arriba" (S 355,2).
7432 Hasta tal punto temía el episcopado que, cuando comenzó a crecer mi fama entre los siervos de
Dios, evitaba acercarme a lugares donde sabía que no tenían obispo. Me guardaba bien de ello y gemía
cuanto podía para salvarme en un puesto humilde antes que ponerme en peligro en otro más elevado... (S
355,2).
7433 Nada hay más fácil, más placentero y de mayor aceptación entre los hombres que el ministerio de
obispo, presbítero o diácono, si se desempeña por mero cumplimiento y adulación. Pero, al mismo tiempo,
nada hay más torpe, triste y abominable ante Dios que esa conducta (Ca 21,1).
7434 Tú, hijo carísimo y no pequeño gozo nuestro, no te ves impedido de aceptar el episcopado por
ninguna necesidad semejante. Tu noble índole exige que consagres a Cristo en ti las dotes que te dio (Ca
69,2).
7435 El episcopado no es un arte de pasar bien esta vida falaz (Ca 85,2).
7436 Nos consagran obispos sólo en beneficio de la población cristiana. Contribuyamos con nuestro
cargo a la paz cristiana que necesita la población cristiana (Ca 128,3).
7437 Entonces los obispos hacen las veces de abogados y ofrecen a la misericordiosa Potestad a sus
protegidos por la imposición de las manos... (Ca 149,2.16).
7438 También debe desearse en el obispo, no sólo que tenga sabiduría para enseñar, sino también
paciencia para aprender (TB 4,5,7).
7439 No somos obispos para nosotros, sino para aquellos a quienes administramos la palabra y el
sacramento del Señor (RC 1,11,13).
7440 Los obispos deben ser obispos de Cristo por la paz, o no serlo (AE 6).
7441 Mirando a nosotros mismos, nada hay más importante que el ser cristianos fieles y obedientes;
seámoslo, pues, siempre. Ahora bien, se nos ordena obispos en bien de los pueblos cristianos; luego
tenemos que hacer que nuestro episcopado redunde en bien de la paz cristiana para los pueblos cristianos
(AE 7).
7442 Mirando a nosotros mismos, debemos ser lo que sois vosotros. ¿Qué debes ser tú, cualquiera de
vosotros a los que hablo? Cristiano fiel, obediente: esto tienes que ser tú mirando por tí; eso también yo
mirando por mí. Así es lo que debes ser tú mirando por tí y yo por mí; tenemos que serlo siempre. Pero lo
que soy mirando por tí, séalo si te aprovecha a tí, no lo sea si te perjudica (AE 7).
7443 Si somos siervos útiles, ¿por qué miramos con malos ojos los lucros eternos del Señor pensando
en nuestras dignidades temporales? (AE 7).
7444 La dignidad episcopal será para nosotros más fructuosa si el deponerla contribuye a reunir la grey
de Cristo que si la dispersa por retenerla (AE 7).
7445 Hermanos míos, si pensamos en el Señor, este lugar elevado es atalaya del viñador, no cumbre de
la soberbia (AE 7).
8221
PAZ - GUERRA
7446 Señor, Dios, danos la paz, puesto que nos has dado todas las cosas; la paz del descanso, la paz
del sábado, la paz que no tiene tarde (C 13,35,50).
7447 Gran beneficio es la paz, pero beneficio del Dios verdadero, como lo es el sol, la lluvia y demás
elementos necesarios para la vida (CD 3,9).
7448 El guerrear y el dilatar la extensión del propio Estado mediante la conquista de otros pueblos, para
los malvados se presenta como el camino hacia la felicidad, y para los buenos como una ineludible
necesidad (CD 4,15).
7449 Mayor felicidad constituye, sin género de duda, la concordia con un vecino bueno, que el dominio
por las armas de un vecino malo (CD 4,15).
7450 El bien de la paz es problemático, puesto que ignoramos el corazón de aquellos con quienes la
quisiéramos tener, y si hoy podemos conocerlo, mañana nos serán desconocidas sus intimidades (CD
19,5).
7451 Todo hombre, incluso en el torbellino de la guerra, ansía la paz, así como nadie trabajando por la
paz busca la guerra (CD 19,12,1).
7452 Los que buscan perturbar la paz en que viven, no tienen odio a la paz; simplemente la desean
cambiar a su capricho. No buscan suprimir la paz; lo que quieren es tenerla como a ellos les gusta (CD
19,12,1).
7453 Es un hecho: todos desean vivir en paz con los suyos, aunque quieran imponer su propia voluntad
(CD 19,12,1).
7454 No existe quien se niegue a vivir en paz. Incluso aquellos mismos que buscan la guerra, no
pretenden otra cosa que vencer. Por tanto, lo que ansían es llegar a una paz cubierta de gloria (CD
19,12,1).
7455 Está, pues, claro que la paz es el fin deseado de la guerra. Todo hombre, incluso en el torbellino de
la guerra, ansía la paz, así como nadie, trabajando por la paz, busca la guerra (CD 19,12,1).
7456 Los mismos bandoleros, cuando intentan atacar la paz ajena con más seguridad y más violencia,
procuran tenerla entre sus compinches (CD 19,12,1).
7457 No puede haber paz si no están sometidos a una cabeza todos los componentes de la sociedad
familiar (CD 19,12,1).
7458 ... ¡Cuánto más el hombre se siente de algún modo impulsado por las leyes de su naturaleza a
formar sociedad con los demás hombres y a vivir en paz con todos ellos en lo que esté a su alcance! (CD
19,12,2).
7459 La paz de los malvados, al lado de la de los justos, no merece el nombre de paz a los ojos de quien
sabe anteponer la rectitud a la perversión y el orden al caos (CD 19,12,3).
7460 Nada hay que pueda sustraerse de las leyes del supremo Creador y ordenador, que regula la paz
del universo (CD 19,12,3).
7461 La paz del cuerpo es el orden armonioso de sus partes. La paz del alma irracional es la ordenada
quietud de sus apetencias. La paz del alma racional es el acuerdo ordenado entre pensamientos y acción.
La paz entre el alma y el cuerpo es el orden de la vida y la salud en el ser viviente. La paz del hombre
mortal con Dios es la obediencia bien ordenada según la fe bajo la ley eterna. La paz entre los hombres es
la concordia bien ordenada. La paz doméstica es la concordia bien ordenada en el mandar y en el obedecer
de los que conviven juntos. La paz de una ciudad es la concordia bien ordenada en el gobierno y en la
obediencia de sus ciudadanos. La paz de la ciudad celeste es la sociedad perfectamente ordenada y
perfectamente armoniosa en el gozar de Dios y en el mutuo gozo en Dios (CD 19,13,1).
7462 La paz de todas las cosas es la tranquilidad del orden (CD 19,13,1).
7463 El orden de esta paz consiste primero en no hacer mal a nadie y luego en ayudar a todo el que sea
posible (CD 19,14).
7464 La paz, que tenemos ya aquí al lado de Dios por la fe,... podemos considerarla más bien como un
alivio de nuestra desgracia que como un disfrute de la felicidad (CD 19,27).
7465 La paz de la felicidad, o la felicidad de la paz, constituirá el supremo bien (CD 19,27).
7466 Mejor es una guerra con esperanza de eterna paz, que una cautividad sin sospecha siquiera de
liberación (CD 21,15).
7467 No pasa a la suma paz, donde existe el más profundo silencio, si no es quien hubiere combatido
primero con gran ruido contra sus vicios (CS 9,8).
7468 Posees la paz perfecta cuando no sientes hambre. Aquí el pan te proporciona la paz; suplanta el
pan y verás qué guerra se entabla en tu estómago. Los mismos justos, ¡de qué modo gimen aquí, oh
hermanos! (CS 33,s.2,19).
7469 En esta vida no existe paz ni tranquilidad verdadera. Se promete el gozo de la inmortalidad y la
compañía de los ángeles. Pero quien no la hubiere buscado mientras se hallaba en este mundo no la
obtendrá cuando ella llegue (CS 33,s.2,19).
7470 Una cosa es no luchar y estar en verdadera y perpetua paz, y otra luchar y vencer, y otra luchar y
ser vencido, y otra no luchar, sino ser arrastrado. Hay hombres que no luchan en absoluto... (CS 35,6).
7471 La paz es tu oro, la paz es tu plata, la paz son tus heredades, la paz es tu vida, la paz es tu Dios.
Cuanto deseas será tu paz. En la tierra, lo que es oro no puede servirte de plata; lo que es vino no te sirve
de pan; lo que es luz para ti no puede ser tu bebida. Tu Dios será para ti todo. Lo comerás para no tener
hambre, lo beberás para no tener sed, serás iluminado por El para que no seas ciego, serás sostenido por
El para que no desfallezcas (CS 36, s.1,12).
7472 ¿Qué es la paz? (Se dice que hay paz) allí en donde no hay guerra. ¿Qué significa allí en donde no
hay guerra? Donde no hay contradicción, donde nada se opone, donde nada hay adverso (CS 84,10).
7473 Obra justicia y tendrás la paz, para que así se besen la paz y la justicia. Si no amas la justicia, te
faltará la paz. Estas dos virtudes: la paz y la justicia se aman y besan mutuamente, de tal modo, que quien
obrase justicia encontrará la paz que abraza a la justicia (CS 84,12).
7474 Nadie hay que no anhele la paz, pero no todos ejecutan la justicia. Pregunta a cualquier hombre:
¿quieres la paz? A una te responde todo el género humano: la deseo, la anhelo, la quiero, la amo. Ama
también la justicia, porque la justicia y la paz son dos amigas inseparables; se besan entre sí (CS 84,12).
7475 La paz es la posesión de los piadosos, la posesión de los herederos (CS 124,10).
7476 Sin duda, quieres tener paz con Aquel a quien alabas. Pero ¿cómo la podrás tener con El, cuando
contigo mismo no la tienes? (CS 146,3).
7477 ¿Qué hace la paz? De lo incierto no juzga, de lo desconocido no afirma; se inclina más a juzgar
bien del hombre que a sospechar mal de él. No se duele de equivocarse cuando cree bien del malo, pues
sabe que es pernicioso sentir mal del bueno (CS 147,16).
7478 ¿Cuándo se hallará la paz completa en un hombre? Cuando se encuentre la paz completa en un
hombre, entonces se hallará en todos los ciudadanos de Jerusalén (CS 147,20).
7479 Todas las cosas, hermanos míos, luchan ahora contra nosotros; aún no se da la completa y
perfecta paz (CS 147,20).
7481 Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie podrá ver a Dios (S 23,18).
7482 ...sanémoslos con el amor, afiancémoslos en la paz, porque aquello mismo en virtud de lo cual nos
amamos unos a otros, procede ya de aquel a quien deseamos ver (S 23,18).
7483 Divídase entre los hermanos cualquier herencia; la herencia de la paz no puede dividirse. Nuestra
paz es Cristo. La paz hace de dos cosas una sola, no dos de una (S 47,22).
7484 ¿Quiénes son los pacíficos? Los que construyen la paz. ¿Ves a dos personas discordes? Actúa en
medio de ellas como servidor de la paz. Habla bien a aquél de éste y a éste de aquél (S 53A,12).
7485 Pero si quieres ser artífice de la paz entre dos amigos tuyos en discordia, comienza a obrar la paz
en ti mismo: debes pacificarte interiormente, donde quizá combates contigo mismo una lucha cotidiana (S
53A,12).
7486 Los hombres tienen facilidad para propinar injurias y dificultad para buscar la concordia (S 82,6).
7487 Sea la paz nuestra amada amiga; sea nuestro corazón el lecho casto para yacer con ella; sea su
compañía un descanso confiado y una unión sin amarguras; sea dulce su abrazo e inseparable la amistad
(S 357,1).
7489 Los que aman la paz merecen alabanza; empero, quienes la odian han de ser pacificados,
enseñándoles y callando, antes que provocados mediante el reproche (S 357,1).
7490 El verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella (S 357,1).
7491 Lo que amas es tal que no sientes envidia de que otro lo posea contigo. Posee contigo la paz y no
reduce tu posesión (S 357,1).
7492 Ama la paz, ten la paz, posee la paz, conquista a cuantos puedas para que posean la paz; será
tanto más espaciosa cuantos más sean los posesores. Una casa terrena no admite muchos moradores: la
posesión de la paz crece con el multiplicarse de los mismos (S 357,1).
7493 Si eres amante de la paz, quienquiera que seas, compadécete de quien no ama lo que tú amas ni
tiene lo que tú tienes (S 357,1).
7494 Si quieres estar en paz con unos pocos, pequeña será tu paz. Si quieres que crezca esta posesión,
añádele posesores (S 357,2).
7495 Ama la paz en el mismo lugar en que te encuentras, y tendrás lo que amas. Es algo propio del
corazón, y no la comunicas con tus amigos como les das el pan (S 357,2).
7496 La paz es semejante a aquel pan que se multiplicaba en las manos de los discípulos del Señor
cuando ellos lo partían y repartían (S 357,2).
7497 Quienes aman la paz quieren que otros la posean con ellos, y se entregan a la tarea de aumentar
los posesores para que aumente la posesión (S 357,3).
7498 Que la palabra sirva para hablar: uno es el que ha de ser curado y otro el que cura, nunca han de
ser dos litigantes (S 357,4).
7499 ¿Eres amante de la paz? Encuéntrate a gusto con ella en tu corazón. "¿Y qué he de hacer?" Tienes
algo que hacer. Elimina los altercados y dedícate a la oración (S 357,4).
7500 Ora por quien te insulta. Quieres hablarle a él, pero contra él: habla a Dios por él. No te digo que te
quedes callado, pero elige antes dónde has de hablar: ante aquel a quien hablas en silencio, con los labios
cerrados, pero gritando el corazón. Sé bueno con él allí donde él no te ve (S 357,4).
7501 A quien no ama la paz y desea litigar, respóndele lleno de mansedumbre: "Di cuanto quieras; por
mucho que me odies y te agrade el detestarme, eres mi hermano (S 357,4).
7503 Esta paz no está sujeta a los límites del tiempo, sino que ella será el fin de nuestras intenciones y
acciones piadosas (TEJ 104,1).
7504 Hablando de seguridad, ignoro si podemos esperar alguna en este mundo (Ca 18,1).
7505 Reconozcamos, pues, hermanos, la paz de Cristo. Retengámosla juntos y, en cuanto Dios nos
ayude, tratemos juntos de ser buenos (Ca 108,7.20).
7506 Donde hay paz, allí hay sosiego; donde está el sosiego, allí está el fin de las apetencias, y cesa la
causa de las fatigas (Ca 127,5).
7507 Cuando la recepción de la caridad dilata los corazones, no es estrecha la posesión de la paz (Ca
128,3).
7508 La voluntad debe querer la paz, aunque la necesidad lleve a la guerra, para que Dios nos libre de la
necesidad y nos mantenga en la paz (Ca 189,6).
7509 No se busca la paz para promover la guerra, sino que se va a la guerra para conquistar la paz. Sé,
pues, pacífico aun cuando combates, para llevar, al vencerlos, al bien de la paz a aquellos mismos contra
quienes luchas (Ca 189,6).
7510 Si la paz humana es tan dulce en orden a la salvación temporal de los mortales, ¿cuánto más dulce
será la paz divina en orden a la salvación eterna propia de los ángeles? (Ca 189,6).
7511 La tranquilidad, necesaria para investigar las cosas oscuras, es menor debido al miedo (Da 33,73).
7512 Tendremos la paz perfecta cuando nuestra naturaleza se una inseparablemente a su Creador y no
haya contradicción en nuestro interior (Co 7,17).
7513 Habrá paz perfecta, porque nada se opone a nosotros al no oponernos nosotros a Dios (ECR 13-
18).
7514 No toda paz es de Dios o procede de El; por lo tanto, discerniendo el mismo Señor, dice: "mi paz os
doy", añadiendo además y diciendo que no da El la paz que da el mundo (EICR 8).
7515 La paz, pues, y el amor se conservan en el corazón pensando en el común peligro (ECG 56).
7516 La guerra no consiste en luchas continuas, sino que unas veces son frecuentes, otras veces son
raras, y otras veces ni siquiera existen (CH 6,26).
7517 La guerra existe cuando se da de alguna manera una disensión armada (CH 6,26).
7519 El celo por salvaguardar la paz sabe suavizar o retrasar el rigor de la disciplina (RPa 2,11,25).
7520 ¿Cómo puede mantener la tranquilidad de la paz el alma que se alimenta de discordias y de
luchas? Cual es el alimento ingerido, así es la salud de que disfrutamos (CP 16,25).
7521 Cuando el precepto de la caridad ha dilatado los corazones, no sufre estrechez la posesión de la
paz (AE 5).
1110 1127 1620 2097 2114 2398 3610 5548 7257 7440 7441 9276 9328 9331 9384 9827 9977
PECADO
7523 ...arrebatado hacia tí por tu hermosura, era luego apartado de ti por mi peso, y me desplomaba
sobre estas cosas con gemido, siendo mi peso la costumbre carnal (C 7,17,23).
7524 "¿Qué es lo que nos pasa? ¿Qué es esto que has oído? Levántanse los indoctos y arrebatan el
cielo, y nosotros, con todo nuestro saber, faltos de corazón, ved que nos revolcamos en la carne y en la
sangre. ¿Acaso nos da vergüenza seguirlos por habernos precedido y nos nos la da siquiera el no
seguirlos?" (C 8,8,19).
7525 Si nadie en el mundo hubiera pecado, estaría éste lleno y hermoseado sólo de naturalezas buenas;
pero, ya que tuvo lugar el pecado, no por eso está todo lleno de pecados (CD 11,23,1).
7526 Nadie sufre castigo por sus defectos naturales, sino por los voluntarios (CD 12,3).
7527 Nuestra mente percibe las formas inteligibles entendiéndolas. Pero cuando faltan se da cuenta,
ignorándolas. Por eso, "¿Quién conoce los pecados?" (CD 12,7).
7528 La prohibición aumenta el deseo de lo prohibido cuando no se ama la justicia en tal grado que su
deleite supere el deseo de pecado (CD 13,5).
7529 Al presente ya es vivir bien si se está sin delito, y quien piense estar sin pecado, lo que consigue no
es vivir sin pecado, sino sin perdón (CD 14,9,4).
7530 La maldad del que peca es tanto más refinada cuanto más se complace en el daño cometido contra
la justicia (CD 19,13,2).
7531 La alegría de la deserción del bien es testimonio en el pecado de una malvada voluntad, así como
el dolor del bien perdido es testimonio en el castigo de una naturaleza buena (CD 19,13,2).
7532 No está exento de culpa quien por omisión deja caer a otro en un mal más grave (CD 19,16).
7533 Uno se convertirá más y más en posesión del diablo cuando no sólamente se encuentra alejado de
Dios, sino que, además, tiene odio espontáneo a los servidores de Dios (CD 20,7,3).
7534 Se aleja alguno cuando se aparta de Dios; se detiene cuando se deleita en el pecado; se sienta
cuando, afianzado en su soberbia, no puede volver, si no lo libra Aquel que no se halla en el concilio de los
impíos, ni permanece en el camino de los pecadores, ni se sienta en la cátedra de pestilencia (CS 1,1).
7535 Cuando el hombre devuelve mal por mal, lo hace por un mal deseo, y, por tanto, él mismo es malo
primeramente cuando quiere castigar el mal (CS 5,10).
7536 El que está limpio de sus propios pecados no es seducido por los ajenos (CS 18,1,14).
7537 Cuando nos desagrada el delito, nos hallamos en la luz, pero cuando alguno se halla envuelto por
el mismo delito, teniendo como cubiertos y cerrados los ojos, no ve el delito (CS 18,2,13).
7538 Mis delitos me manchan, los ajenos me afligen; límpiame de los míos y presérvame de los ajenos
(CS 18,2,13).
7539 Tan grande es a veces la perversidad, que no puede ser corregida (CS 30,2,s.2,4).
7540 Si cubre Dios los pecados, no quiere advertir; si no quiere advertir, no quiere considerar; si no
quiere considerar, no quiere castigar; si no quiere castigar, no quiere reconocer, prefiere perdonar (CS
31,2,9).
7541 Esta es la norma de la humana bondad: adelantar en la perfección lo más que se pueda en la vida
mortal, y ya que no se puede pasar sin pecado, no falte en esto, en esperar en aquel en quien se halla el
perdón de los pecados (CS 33,s.2,26).
7542 Te quejas del enemigo; sin duda que te aflige, pero tú tienes la culpa, puesto que lo aposentaste en
tu casa. Ahora está en tu mano el obrar. Elije este consejo: admite en tu casa al Rey y arroja de ella al
tirano (CS 42,3).
7543 Ciertamente que es perjudicial y demasiado peligroso, ¿qué digo?, pernicioso, y, sin duda, fatal,
pecar conociendo (CS 50,1).
7544 Si, cometiendo el pecado, dices que no has hecho nada, nada serás y nada recibirás (CS 50,13).
7545 Los pecados agradan al espíritu inmundo, pero desagradan al Espíritu Santo (CS 50,16).
7546 El pecado que no te desagrada en tu hijo, te deleita; y, por lo mismo, te impidió cometerlo la edad,
no el deseo (CS 50,24).
7547 El pecado procede del pecado, y el pecado encamina al pecado por el pecado (CS 57,4).
7548 Si no hay pecados en el hombre, entonces ciertamente el hombre es superior, pues cuantos más
tiene un hombre, es tanto más inferior (CS 65,16).
7549 Todo el que comete pecado se hace siervo del pecado (CS 80,9).
7550 Los escándalos están a la orden del día, y sólo los percibe el que camina por la senda de Dios (CS
91,1).
7551 Todo hombre es soltado de las ataduras de los malos deseos o de los nudos de sus pecados. La
remisión de los pecados es la desatadura (CS 101,2,3).
7552 No se halle delante de tus ojos la complacencia del pecado ya cometido, sino la condenación del
pecado. La condenación hecha por ti es la remisión de parte de Dios (CS 102,3).
7553 Los pecados de ignorancia y negligencia deben ser acusados más bien para que perezcan que
excusados para que subsistan, pues mejor es borrarlos invocando a Dios que consolidarlos irritándole (CS
105,7).
7554 Quejándote de lo que no tiene otro contigo, llóralo por no tenerlo tú para con otro y ve que el
pecado que haces no es sustancia (CS 123,9).
7555 Quien consienta al pecador, no se agobia con los pecados ajenos, sino con los suyos. El
consentimiento en el pecado de otro, lo hace tuyo (CS 129,4).
7557 ...Con estos medios se purgan los pecados cotidianos, que siempre incitan al alma, por la fragilidad
humana (S 9,17).
7558 No penséis, hermanos, que cada día haya que cometer adulterios y lavarlos con limosnas
cotidianas. Para lavar los grandes crímenes no bastan las limosnas cotidianas (S 9,18).
7559 Todo pecado llega a perder fuerza en virtud de la costumbre y se considera como cosa ligera. El
endurecimiento termina por hacer perder el dolor. Aquello que está podrido totalmente, ya apenas duele;...
(S 17,3).
7560 Si no temes al pecado, teme a aquello a que conduce el pecado. Dulce es el pecado, pero amarga
es la muerte. Tal es la desdicha de los hombres: al morir dejan aquí aquello por lo que pecan y llevan
consigo los pecados (S 58,9).
7561 Pecas por causa del dinero, que has de dejar aquí; pecas por una mujer, que has de dejar aquí, y
cualquiera que sea la cosa que te induce a pecar, cuando hayas cerrado los ojos por la muerte, la has de
dejar aquí, llevando contigo el pecado que has cometido (S 58,9).
7562 No existe pecado que cometa un hombre que no pueda cometerlo otro hombre si le falta como guía
quien hizo al hombre (S 99,6).
7563 Cuantos se hallan en pecado están muertos y son esclavos de la muerte; están muertos por
esclavos y son esclavos por muertos (S 134,3).
7564 Cualquier pecado, ya sea de palabra, de obra o de pensamiento, no tiene otro origen que el mal
deseo y el placer ilícito (S 155,1).
7565 ¿Por qué peca el hombre, a no ser que esté ciego cuando lo hace? Reflexione al menos después
del pecado (S 157,5).
7567 Si ante los hombres el pecado está en el hecho, ante Dios también en el pensamiento. Ante los ojos
de Dios tu acción es tu pensamiento. Testigo del hecho es el mismo juez; la acusadora, la misma
conciencia (S 170,3).
7568 Vuestros pecados son vuestros enemigos; van detrás de vosotros, pero sólo hasta el mar
(bautismo) (S 213,9).
7569 Puesto que aquí es imposible vivir sin pecado, dejó a los bautizados una oración para que digamos:
"Perdónanos nuestras deudas". Hay deudas; la oración es la fianza para todas, pero no cesamos de
convertirnos en deudores (S 229E,3).
7570 Quien quiera tener amistad con el pecado será enemigo de quien vino a quitar los pecados al no
tener él ninguno (S 229E,3).
7572 Para pecar, tú solo te bastas; para obrar rectamente necesitas quien te ayude... (S 265D,7).
7573 Dulce es el pecado, pero esa dulzura perniciosa se digiere sólo mediante la amargura de la
tribulación (S 278,5).
7574 A quienes tal vez sientan dolor por sus compañeros en el error, es posible que la ira los domine
momentáneamente, pero después, quizá, lleguen a imitarlos (S 279,11(2).
7575 Dos son las cosas que atraen o empujan al pecado a los hombres: el placer o el dolor. El placer
atrae, el dolor empuja. Al placer hay que oponer la continencia; al dolor, la paciencia (S 283,1).
7576 Los hombres pecan o bien para alcanzar el placer, o bien para esquivar el dolor. He aquí por qué
Dios se dignó prometer y atemorizar: para contrarrestar ambas cosas, la suave promesa y la terrible
amenaza (S 283,1).
7577 Dulce es el placer, pero más dulce es Dios; malo es el dolor temporal, pero peor es el fuego eterno
(S 283,1).
7578 Golpear el pecho y seguir haciendo lo mismo no es otra cosa que encallecer el pecado (S 332,4).
7579 Lo que has hecho, hecho está, aunque no quieras; lo que piensas que vas a hacer, no existirá, si tú
no quieres (S 352,6).
7580 Para que no aumentemos nuestros pecados por falta de esperanza, nos propuso el puerto de la
penitencia, y para que no los aumentáramos por exceso de ella, dejó en la incertidumbre el día de nuestra
muerte (S 352,9).
7581 Las tinieblas más temibles son las tinieblas morales, no las tinieblas de los ojos; y si son temibles
las tinieblas de los ojos, no las de los exteriores, sino las de los interiores, que es por los que se hace el
discernimiento, no entre lo blanco y lo negro, sino entre lo justo y lo injusto (TEJ 35,1).
7582 Todos hemos nacido con pecado; todos durante la vida hemos añadido otros al pecado de origen, y
nos hemos hecho más del mundo que éramos cuando nuestros padres nos dieron el ser (TEJ 38,6).
7583 ... Nunca se separa del hombre, pues dentro de él lleva el pecado cometido. Cometió el pecado
para conseguir un placer corporal; pasó el placer, queda el pecado; pasó lo que deleitaba, queda lo que
punza (TEJ 41,4).
7584 Una cosa es pecar, y otra tener el hábito del pecado (TEJ 49,3).
7585 Ningún cristiano duda que nosotros estábamos muertos en el alma y en el cuerpo: en el alma, por el
pecado; en el cuerpo, en pena del pecado y, en consecuencia, a causa del pecado. Estas dos realidades,
es decir, el alma y el cuerpo, necesitaban de medicina y resurrección, a fin de renovar, mejorándolo, cuanto
en el hombre había sido deteriorado (T 4,3,5).
7586 No es posible el pecado, ni de pensamiento ni de obra, si la atención del alma, con poder absoluto
para lanzar los miembros a la acción o refrenarlos, no cede servilmente al acto culpable (T 12,12,17).
7587 Aun en la misma impiedad, cuanto más detestable es el pecado, tanto más laudable es la
naturaleza (T 15,8,14).
7588 Con el escándalo no se le vence, sino que se deleita al diablo (Ca 36,9.21).
7589 Nada cuesta fingir todos los pecados personales que se quiera (Ca 78,8).
7591 El primer pecado, es decir, la primera mengua voluntaria, es gozarse en la propia voluntad, porque
se goza en algo que es inferior a la voluntad divina, la cual es mayor (Ca 118,3.15).
7592 Quien teme al infierno, no teme pecar, sino arder; teme pecar quien odia al pecado como al infierno
(Ca 145,4).
7593 El pecado seduce mediante algo bueno, y por eso bueno da muerte a los que, siendo carnales,
creen que con sus fuerzas pueden cumplir la ley espiritual (Ca 196,2.4).
7594 Pena justísima del pecado es que cada cual pierda el don del cual no ha querido usar bien, cuando,
de haber querido, pudiera haberlo hecho sin dificultad alguna (L 3,178).
7595 Es muy justo que pierda el conocimiento de lo que es bueno aquel que a ciencia y conciencia no
obra bien, y que el que no quiso obrar bien cuando podía, pierda el poder cuando quiera (L 3,178).
7596 Los hombres están más dispuestos siempre a excusar sus pecados que a acusarlos (L 3,180).
7597 No se te imputa como culpa precisamente lo que ignoras con ignorancia invencible, sino la
negligencia en procurar saber lo que ignoras. Ni tampoco se te imputa el que no puedas dar tú la salud a
tus miembros heridos, sino el que desprecies a quien quiere y puede curarte. Estos, éstos son tus propios
pecados (L 3,181).
7598 No se le imputa al alma como pecado lo que naturalmente ignora ni lo que naturalmente no puede,
sino la falta de diligencia en aprender y el escaso empeño puesto para adquirir la facilidad para obrar bien
(L 3,218).
7599 De dos modos peca (el hombre) antes de llegar a ser sabio: o no disponiéndose para comprender el
precepto o no observándolo cuando lo ha comprendido (L 3,246).
7601 No se peca por ignorar algo de las secretas obras de Dios, sino por suponer temerariamente como
cosas conocidas las que no lo son, asentando y defendiendo lo falso en lugar de lo verdadero (NA 4,24,38).
7602 Hasta tal punto el pecado es un mal voluntario, que de ningún modo sería pecado si no tuviese su
principio en la voluntad (VR 14,27).
7603 Doblemente peca el que comete un mal que está prohibido (VR 26,48).
7605 Se ha de tener muy en cuenta la gravedad del pecado; pues no porque todo crimen es pecado se
ha de concluir que todo pecado es crimen (E 64,17).
7606 Por dos causas pecamos: por desconocer aun lo que debemos hacer o por no hacer lo que ya
sabemos que debemos ejecutar; el primero de estos males es propio de la ignorancia; el otro, de la
debilidad (E 81,22).
7607 Una cosa es consentir en la torpeza de la carne y otra es padecer la tribulación de la carne. Aquello
es cometer un pecado, esto es sufrir un trabajo, cosa que no rehúyen ordinariamente los hombres cuando
se trata de cumplir justas obligaciones (SV 16,16).
7608 Nadie se aleje del pecado pensando volver a él ni se encadene con la iniquidad con esa especie de
pacto de unión, de modo que le venga a gustar más confesar el pecado que evitarlo (SV 49,49).
7609 Sed indulgentes con los pecados de vuestros prójimos y orad por los vuestros. Evitad los futuros
vigilando y borrad con la confesión los pasados (SV 52,53).
7611 Tres cosas son necesarias para completar el pecado: la sugestión, la delectación y el
consentimiento (SM 1,12,33).
7612 Como hay tres grados para llegar al pecado: la sugestión, la delectación y el consentimiento, así
también son tres las diferencias del mismo pecado: el pecado de corazón o deseo, el de obra y el de
costumbre, que son como tres muertes; la una permanece, por decirlo así, en la casa, y tiene lugar cuando
el corazón consiente la pasión; la otra, llevada adelante, como manifestada fuera de la puerta, ocurre
cuando, siguiendo al consentimiento, se produce voluntariamente el acto exterior, y la tercera, como quien
exhala el hedor del sepulcro, tiene lugar cuando el alma es oprimida por lo violencia de la costumbre, como
por una grande mole de tierra (SM 1,12,35).
7613 La ignorancia y la dificultad son dos sanciones penales impuestas a todo pecador. De la ignorancia
proviene el error, que envilece, y de la dificultad, el tormento que aflige (NG 67,81).
7614 El pecado fascina con una falsa dulzura, pues a los hombres que todavía no han recibido la gracia
espiritual, les atrae más fuertemente lo prohibido; y cuando se le añade la transgresión, produce la muerte
(CDS 1,1,5).
7615 Nuestras caídas son tanto mayores y frecuentes cuanto peores somos, y tanto más leves y raras
cuanto mejores somos (Cp 1,39,70).
7616 Ninguna venganza, ni corrección, ni azote se debe más que al pecado, si exceptuamos a aquel que
fue entregado a la flagelación para que experimentase todo lo nuestro fuera del pecado (Cp 2,16,25).
7617 Peca interiormente en su voluntad el que deja de pecar no por falta de voluntad, sino por temor
(Ccp 1,9,15).
7618 Puede ser evitado, no cuando se engaña la voluntad soberbia, sino cuando recibe ayuda la
voluntad humilde (PJ 1,6,15).
7619 También suele ocurrir que los enemigos contra los que se lucha, siendo inferiores y vencidos en la
batalla, retengan algún prisionero (MC 1,31,35).
7620 Grita la justicia que no es obra de Dios el que los hijos de Adán se vean oprimidos por un pesado
yugo desde el día en que salen del vientre de su madre, sin ningún mérito de pecados. Pide la piedad
ayuda a Dios contra este mal, y las Sagradas Escrituras nos exhortan a implorar el auxilio divino (RJI 2,13).
7621 No es por estos hombres que imitan a otros al pecar por los que el pecado entró en el mundo, sino
por el primero que pecó sin imitar a nadie; y este es el diablo, cuyo ejemplo imitan todos cuantos siguen su
estandarte (RJI 2,48).
7622 Entre el pecar y el poder pecar existe una diferencia abisal; el pecar pertenece a la culpa; el poder
pecar, a la naturaleza (RJI 5,60).
7623 No es gran cosa poder no pecar, pero sí es un gran bien no poder pecar cuando uno es feliz (RJI
5,60).
7624 Si el primer hombre no hubiera hecho, al pecar, lo que quiso, no sufriría, al codiciar, lo que no
quiere (RJI 6,14).
7625 Como el género humano propende a juzgar los pecados no por la gravedad de la misma pasión
sino más bien por la costumbre y uso de su tiempo, sucede muchas veces que cada uno de los hombres
únicamente juzga reprensibles aquellos pecados que los hombres de su tiempo y región acostumbraron a
vituperar y condenar (DC 3,10,15).
7626 El fruto del deseo prohibido es más dulce. De aquí que cualquiera clase de pecados que
ocultamente se cometen, son más agradables, aunque sea esta dulzura más mortífera (ECR 39).
7627 Cada uno conoce que está muerto cuando confiesa que aquello que con toda rectitud ha sido
mandado, no puede cumplirlo, y, por lo tanto, peca con delito más enorme de prevaricación que si no le
hubiera sido prohibido (ECR 40).
7628 Antes del mandato (el pecado) era pequeño; porque donde no hay ley, tampoco hay transgresión
(ECR 40).
7629 Hay que tener en cuenta y prestar atención a que en realidad se peca contra Dios cuando se
cometen actos que los hombres juzgan cosas leves, como los pecados carnales (CH 1,49).
7630 Cuando nuestros pecados nos pesan hasta el punto de que no seamos amados por Dios, podemos
ser representados ante El por los méritos de quienes Dios ama (CH 2,149).
7631 Si el pecado no se conoce, no se puede ofrecer la satisfacción (del mismo) (CH 3,3).
7632 El pecado quizá sea la ejecución del mal, y el delito, el abandono del bien (CH 3,20).
7633 Quien hace el mal pecando, antes cae del bien delinquiendo (CH 3,20).
7634 ... A través de estas pistas se deduce, en cierto modo, que delinque quien deja el bien y dejándolo
cae del bien, porque se muestra negligente, es decir, no elige (CH 3,20).
7635 Si se presta atención, se concluye que quizá nadie quiere pecar, sino que el pecado se comete por
otra cosa que quiere el que peca (CH 4,24).
7636 Todos los hombres que a sabiendas hacen lo que no es lícito, quisieran que aquello fuera lícito (CH
4,24).
7637 Evidentemente, nadie quiere el pecado por el pecado mismo, sino por lo que se consigue con el
pecado. Y siendo esto así, no hay pecados involuntarios, sino pecados de inadvertencia, distintos de los
pecados voluntarios (CH 4,24).
7638 Si falta la ayuda de Dios, no por eso es excusable el pecado del hombre, pues los juicios de Dios,
aunque secretos, son justos (CH 5,50).
7639 Los pecados de los penitentes se borran por medio de la pasión del Señor (AJ 2).
7640 "Y me imputaste los pecados de mi mocedad". Tal vez la causa de que diga por qué aparta de sí
sus pecados sea el orgullo, pecado de la juventud (AJ 13,14).
7642 El ser luz o tinieblas radica en la voluntad de cada cual. Cuando uno es tiniebla se lo debe a sí
mismo, es decir, a los pecados propios. Cuando uno es luz, no lo es por cuenta propia, sino por el Señor,...
(AJ 39,25).
7643 El libertinaje y la embriaguez sumergen y cubren el corazón con la alegría y derroche carnal... (CE
2,77,151).
7644 Para no pecar, déjese gobernar por Cristo. Y en el caso de que haya pecado, acepte la expiación
del mismo Cristo sacerdote (CE 4,10,20).
7646 Aunque a la vida de pecado se la llama muerte en comparación con la vida justa, una y otra
realidad se pueden hallar en un mismo hombre, que sea a la vez vivo y pecador. Pero el ser vivo procede
de Dios, y el ser pecado procede de él mismo (Dam 9).
7647 Quien se ve forzado por alguna necesidad a hacer algo, no peca; a su vez, quien peca, peca por el
libre albedrío (AFo 17).
7649 Cada hombre se muestra cruel consigo mismo al pecar (CAM 7[1]).
7650 Ciertos pecados manifiestos son un castigo de otros ocultos (CF 13,11).
7651 El delito está en la voluntad, no en la necesidad. El inicio del pecado está en la voluntad. Y donde
está el inicio del pecado, allí está el inicio ya de hacer el mal contra un precepto justo, ya de padecerlo,
conforme a un justo juicio (CF 22,22).
7652 Si no agradara lo ilícito, nadie pecaría. Peca, pues, quien, en vez de poner freno, da riendas sueltas
al placer ilícito. Ahora bien, es ilícito lo que prohibe aquella ley por la que se respeta el orden natural (CF
22,28).
7653 También la ley eterna condena la embriaguez, puesto que no admite como conforme al orden
natural el alimento y la bebida a no ser para conservar la salud (CF 22,44).
7654 Hay pecados contra la naturaleza, pecados contra las costumbres y pecados contra los
mandamientos (CF 22,47).
7655 Cuando el contagio del pecado haya invadido a la multitud, se hace necesaria la misericordia del
rigor con un castigo divino (RPa 3,2,14).
7656 Es a todas luces verdad que es mucho más grave el pecado de quien peca a sabiendas que el de
quien peca por ignorancia (TB 4,5,7).
7657 Hay tres pecados mortales dignos de excomunión hasta que sean sanados con la más humilde
penitencia: el adulterio, la idolatría y el homicidio (FO 19,34).
7658 No se irrita contra el hermano quien se irrita contra el pecado del hermano. Así que quien se irrita
contra el hermano y no contra el pecado, se irrita sin motivo (Re 1,19,4).
7659 No hay que desesperar de cualquier criminal que sea, mientras está en esta vida, ni es imprudente
rezar por él, mientras hay esperanza (Re 1,19,7).
7660 El sacrilegio es un pecado tanto más grave cuanto no puede cometerse sino contra Dios (RC
4,10,12).
7661 Ni el rey en su reino, ni el jefe en sus soldados, ni el juez en su provincia, ni el señor en su siervo, ni
el marido en su esposa, ni el padre en su hijo pueden reprimir con pena ni amenaza alguna la libertad y la
dulzura del pecado (RG 1,19,20).
144 170 642 643 644 645 646 648 733 738 739 760 773 785 825 936 1223 1486 1526 1545 1594 1763
1983 2043 2044 2072 2094 2636 2739 2744 2781 2956 3016 3039 3044 3062 3184 3351 3690 3711 3990
4111 4233 4367 4395 5043 5175 5177 5645 5686 5714 5892 6004 6013 6017 6025 6026 6090 6148 6199
6339 6603 6618 6670 6756 6821 6828 6836 7933 8911 8912 8927 8951 8957 8960 9330 9366 9483 9659
9753 9980
Castigo
7662 No necesita Dios ciertamente de nuestro servicio como necesitamos nosostros del servicio del
cuerpo; por eso es castigo nuestro lo que recibimos, no castigo suyo lo que hicimos (CD 14,15,2).
7663 Cada uno se castiga con el cilicio de sus propios pecados (CS 17,26).
7664 El pecado necesariamente tiene que ser castigado, o por ti o por él. Si es castigado por ti, entonces
será castigado sin ti; si, por el contrario, no es castigado por ti, entonces contigo es cas-tigado (S 29,6).
7665 Si Dios castiga el pecado que no hizo es porque afea la naturaleza que él creó (S 214,2).
7666 Quien se desordena injustamente en el pecado, es ordenado justamente en el castigo (Ca 140,2.4).
7667 En vano se tiene por vencedor del pecado quien no peca por temor del castigo. Porque, aunque no
ejecuta al exterior el deseo de la mala apetencia, la mala apetencia queda dentro como enemigo interior
(Ca 145,4).
7668 Es enemigo, pues, de la justicia quien no peca por temor al castigo; sólo será su amigo si por su
amor no peca (Ca 145,4).
7669 Se puede mejor castigar el pecado con caridad que dejarlo impune; deseando no hacer infeliz con
la pena a aquel a quien uno castiga, sino dichoso con la enmienda (SM 1,20,63).
7670 Castigo justísimo del pecado es que pierda cada cual el bien que no quiso hacer, cuando, de
haberlo querido, lo hubiera hecho sin dificultad. Es decir, es muy justo que pierda aun el conocimiento del
bien el que a ciencia y conciencia no lo hace; y que el que no quiso obrar cuando podía, pierda la facultad
de hacerlo cuando quiera (NG 67,81).
7671 La facilidad de cometer algunos pecados es el castigo de otros pecados ya cometidos (OC 79,1).
7662
Esencia
7672 El hombre se aleja del que lo hizo cuando pone por encima de Dios lo que ha hecho él mismo (CD
8,23,2).
7673 El hombre se ha hecho semejante al diablo, no por tener carne, que no tiene el diablo, sino viviendo
según él mismo, esto es, según el hombre (CD 14,3,2).
7674 Cuando el hombre vive según el hombre, y no según Dios, es semejante al diablo (CD 14,4,1).
7675 No se comete un pecado sino queriendo que nos vaya bien o rehuyendo que nos vaya mal (CD
14,4,1).
7676 El hombre no se apartó de Dios hasta dejar de existir, sino que, inclinándose hacia sí, quedó
reducido a menos de lo que era cuando estaba unido al que es en grado sumo (CD 14,13,1).
7677 El dejar a Dios y quedarse en sí mismo, esto es, complacerse a sí mismo, no equivale a ser nada,
pero sí a acercarse a la nada (CD 14,13,1).
7678 Comienza, por tanto, la corrupción por la mala fe; de aquí se pasa a las costumbres torpes, y de
aquí, a las iniquidades pertinaces (CS 52,3).
7679 ¿De dónde te viene el que peques, sino de que tratas desordenadamente las cosas que recibiste
para tu uso? Usa bien de las cosas inferiores y gozarás debidamente del bien superior (S 21,3).
7680 Pecado no es solo lo que aparece ante los hombres como torpe o injusto, sino también todo aquello
que, teniendo apariencia de bondad, se realiza sólo con miras temporales y no por motivo del descanso
eterno (S 33,3).
7681 Pecando te haces enemigo de Dios, pero pon atención no sea que tú tengas también un enemigo.
Perdona y se te perdonará (S 47,7).
7682 El pecado es una transgresión; es decir, se da cuando el hombre, apeteciendo más, sobrepasa la
medida justa (S 51,34).
7683 De pecar es capaz tu voluntad, que se cree libre; pero obrando mal se convierte en esclava digna
de condenación (S 156,12).
7684 Cuando los hombres cometen estos pecados, piensan que no pecan, puesto que, según ellos, no
dañan a ningún hombre (S 278,7).
7685 ¿Qué es la maldad sino el ansia de dañar? ¿En qué consiste el engaño sino en hacer una cosa y
simular otra? ¿Qué es la adulación, sino una seducción por medio de alabanzas falsas? ¿Qué es la envidia
sino el odio a la felicidad ajena? ¿Qué es la detracción sino la reprensión más mordaz que veraz? (S
353,1).
7686 Mira cada cual en su interior. Muere si peca, porque el pecado es la muerte del alma (TEJ 49,3).
7687 Dos son las causas del pecado, a saber: una el pensamiento propio, y otra la persuasión ajena... (L
3,104).
7688 El pecado es un mal que consiste en la negligencia para recibir el precepto, o para obsevarlo, o
para perseverar en la contemplación de la sabiduría (L 3,248).
7689 El pecado no es deseo de naturalezas malas, sino abandono o renuncia de otras mejores o más
perfectas (NB 34 y 36).
7690 El pecado, pues, consiste en usar mal del bien (NB 36).
7691 El pecado se comete o porque se ofusca la verdad o porque desfallece la debilidad (M2 9,22).
7692 Pecados son las cosas que se hacen, se dicen, se piensan, obedeciendo a la concupiscencia de la
carne o a la ignorancia; estos pecados, aun después de cometidos, nos hacen reos mientras no sean
perdonados (Ccp 1,13,27).
7693 Hay pecado cuando, o la caridad que debe haber no existe, o es menor de la que debe haber,
pueda o no evitarlo la voluntad (PJ 1,6,15).
7694 No es, ciertamente, una naturaleza mala, o una sustancia, como quieren venustianos y maniqueos.
Y si no es una naturaleza viciada, ¿qué es? Se yergue, y la aplasto; se rebela, y la embrido; lucha, y venzo.
Dios siembra paz en el alma y en el cuerpo. ¿Quién introdujo en mí esta guerra? Soluciona el Apóstol este
acertijo y responde: "Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte..." (RJ 5,7,26).
7695 El pecado no está en las cosas sino en el mal uso de ellas (CLGI 1,3).
7696 Todo hombre, al pecar, vende su alma al diablo, recibiendo como precio la dulzura del gozo
temporal (ECR 42).
7697 El pecado es la voluntad de retener o conseguir algo que la justicia prohíbe y de lo que hay libertad
para abstenerse (Dam 15).
7698 Pecado es un hecho, dicho o deseo contra la ley eterna (CF 22,27).
7699 Peca el que se recrea en el placer de lo ilícito en lugar de refrenarlo (CF 22,28).
7700 Hay pecados de debilidad, pecados de ignorancia y pecados de malicia. La debilidad es contraria a
la virtud; la ignorancia, a la sabiduría; la malicia, a la bondad (OC 26).
7701 Se ha de considerar como pecado aquello que solamente es pecado, y no lo que es pena del
pecado (Re 1,13,5).
7702 Cuando el pecado es tal que el mismo es también pena del pecado, ¿qué es lo que puede la
voluntad dominada por la pasión si no es quizás, siendo piadosa, rezar pidiendo ayuda? (Re 1,15,4).
7703 Creo que el pecado de un hermano es mortal cuando, después de conocer a Dios por la gracia de
nuestro Señor Jesucristo, ofende a la fraternidad, y se revuelve por las sendas de la ceguera contra la
misma gracia que lo ha reconciliado con Dios (Re 1,19,7).
Odiarlo
7704 Vence al pecado y a su deseo. Debes odiar el pecado y la iniquidad para unirte a Dios, que contigo
lo odia (CS 35,6).
7705 Miremos a nuestro interior, y, si únicamente hallamos pecados, odiemos los pecados y deseemos la
justicia. Cuando hubiéremos comenzado a odiar los pecados, ya el mismo odio de los pecados comienza a
hacernos semejantes a Dios, porque odiamos lo que odia Dios (CS 84,15).
7706 Dios hizo al hombre, el hombre hizo el pecado; ama lo que Dios hizo y odia lo que hizo el hombre;
así darás muerte a lo que hizo el hombre, librándose lo que hizo Dios (CS 139,2).
7707 Ya que no podemos estar sin pecado, seamos al menos semejantes a Dios sintiendo desagrado por
aquello que le desagrada (S 19,4).
7708 Dios odia el pecado. Si también tú odias en ti mismo lo que Dios odia, ya te unes a Dios por algún
deseo, al odiar en ti lo mismo que él aborrece (S 29,6).
7709 Dios odia los pecados; si tú los odias, comienzas a unirte a Dios (S 136A,2).
7710 Cuando oyes, hombre, oyes lo que hizo Dios; cuando oyes, pecador, oyes lo que el mismo hombre
hizo. Es preciso que aborrezcas tu obra, y que ames en ti la obra de Dios. Cuando empiezas a detestar lo
que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras, porque repruebas las tuyas malas (TEJ 12,13).
7711 En tanto odia uno el pecado en cuanto ama la justicia. Eso no podrá lograrlo mediante la ley, que
amenaza con la letra, sino mediante el Espíritu, que cura con la gracia (Ca 145,5).
171 7777
Original
7712 Adán y Eva percibieron un nuevo movimiento de desobediencia de su carne como pena recíproca
de su desobediencia de Dios (CD 13,13).
7713 Por el primer pecado, el alma quedó privada del servicio anterior del cuerpo; y como había
abandonado voluntariamente a Dios, superior a ella, no tenía a su arbitrio el cuerpo inferior (CD 13,13).
7714 Dios, autor de las naturalezas y no de los vicios, creó al hombre recto; pero él, pervertido
espontáneamente y justamente castigado, engendró hijos pervertidos y castigados (CD 13,14).
7715 "Adán, ¿dónde estás? Dios no preguntaba, ciertamente, por ignorancia, sino que reprochaba con la
amonestación a que se fijase si era capaz de estar en un lugar donde no estuviera Dios (CD 13,15).
7716 El precepto de no comer de un árbol donde había tal abundancia de los demás... cuando la
concupiscencia aún no resistía a la voluntad..., fue violado con tanta mayor injusticia cuanto más fácilmente
pudo ser observado (CD 14,12).
7717 Dios prohibió lo que una vez cometido no podía encontrar pretexto alguno que lo excusase (CD
14,13,2).
7718 Cuando hay transgresión clara del mandamiento divino, la excusa es más bien una acusación (CD
14,14).
7719 Con el primer pecado el hombre, que había de ser espiritual incluso en la carne, quedaba
convertido en carnal incluso en el espíritu; y como se había complacido en sí mismo con su soberbia, fuera
entregado a sí mismo por la justicia de Dios (CD 14,15,1).
7720 Con el primer pecado el hombre, muerto voluntariamente en el espíritu, fue condenado a morir
involuntariamente en el cuerpo (CD 14,15,1).
7721 Tanto mayor fue la desobediencia en el paraíso cuanto no había dificultad alguna en lo que se
mandaba (CD 14,15,1).
7722 La desobediencia del primer hombre fue tanto más detestable cuanto que se hizo desobediente
hasta la muerte (CD 14,15,1).
7723 La caída del primer hombre nos debe servir de escarmiento, no de experimento (CS 47,9).
7724 Acuérdate de tu primera caída. Por ella eres mortal, por ella sufres, por ella comes el pan con el
sudor de tu rostro, por ella te germina la tierra espinas y abrojos. Aprende por la experiencia lo que no
quisiste aprender por el precepto (CS 57,2).
7725 Si entiendes por mundo a los hombres, el que primero pecó hizo malo a todo el mundo. Toda la
masa está viciada en la raíz. Dios hizo bueno al hombre... (S 96,6).
7726 No hay cosa de vergüenza en la obra divina; mas al rubor aquel había precedido una causa: el
pecado. De no haber precedido la iniquidad, nunca sonrojaría la desnudez. Desnudos estaban y no se
avergonzaban, pues no habían dado aún motivo para el rubor (S 122,1).
7727 ¿Quieres conocer la magnitud de la maldad de aquel pecado? Considera en nosotros, nacidos de
Eva, la magnitud de nuestros males (S 318,2).
7728 El hombre, por lo tanto, no apeteció ninguna naturaleza mala cuando tocó el árbol prohibido, sino
que cometió una acción mala al dejar lo más perfecto; pues mejor que todas las cosas creadas es el
Creador, cuyo mandato no debió ser quebrantado por gustar de lo prohibido, aunque era bueno, porque,
abandonado lo más perfecto, se apetecía una cosa buena, que era probada contra el precepto del Creador
(NB 34).
7729 Nada es tan fácil como hablar de él (pecado original) y, sin embargo, nada tan difícil y misterioso
como explicarlo y comprenderlo (CIM 1,22,40).
7730 En aquel único pecado, que entró por un solo hombre en el mundo y pasó a todos los hombres, por
el cual aun los párvulos deben ser bautizados, se pueden entender muchos pecados, si ese único lo
descomponemos como en cada una de sus partes. Porque allí está la soberbia, puesto que el hombre gustó
más de ser dueño de sí mismo que estar bajo el dominio de Dios; el sacrilegio, ya que no creyó a Dios; el
homicidio, porque se precipitó en la muerte; la fornicación espiritual, porque la integridad de la mente
humana fue violada por la persuasión de la serpiente; el hurto, porque se apropió un alimento que le estaba
prohibido; la avaricia, porque apeteció más de lo necesario, y cualquiera otro desorden que con diligente
examen puede descubrirse en este único pecado cometido (E 45,13).
7731 En la miseria del género humano, que se inicia con el llanto de los niños, se ha de reconocer la
existencia del pecado original (RJI 3,77).
7732 Mira a nuestros primeros padres: estaban desnudos y no se avergonzaban; considera lo que tapan
y reconoce lo que experimentaron. De unos taparrabos se pasa a unas túnicas; así principia a evolucionar
el vestido humano el día en que se cubren las partes pudorosas. El sentimiento del pudor crece cuando
aumenta la resistencia del pudor (RJI 4,37).
7733 Algunos agravan el pecado original, otros lo hacen más liviano; pero nadie lo quita, si no es aquel
del que se dijo: "He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo" (RJI 4,133).
7734 Maldita fue la muerte, maldito el pecado, maldita la serpiente, y todas estas cosas fueron vencidas
en la cruz (ECG 22).
7735 Luego resta que, quien fue derribado por el diablo, orgulloso mediador que persuade la soberbia, se
levante por Cristo, mediador humilde, que aconseja la humildad (ECG 24).
7736 El llamado pecado original en los niños, cuando todavía no tienen el uso del libre albedrío de la
voluntad, tampoco es absurdo llamarlo voluntario, porque, contraído por la mala voluntad del primer
hombre, se hizo en cierto modo hereditario (Re 1,13,5).
276 732 735 749 758 761 763 5250 7582 8865 9957
Venial
7737 Te guardas de pecados graves; pero ¿qué haces de los pequeños? ¿No los temes porque son
pequeños? Derribaste la mole; ten cuidado, no seas sepultado por la arena (CS 39,22).
7738 Lo que añades poquito a poco todos los días, lo encontrarás después todo junto. Lo acumulas
juntando pequeñísimas partes, pero lo encontrarás hecho un montón. No atiendes a los diminutos pecados
de todos los días, no olvides que los ríos se engrosan con pequeñísimas gotas (CS 93,9).
7739 Así son los pecados pequeños; atendéis a que son pequeños; temed, pues son muchos (9,17).
7740 No desdeñéis los mismos pecados veniales. Porque aunque no son grandes, se acumulan,
constituyen mole; se acumulan y hacen masa. No los desdeñéis porque son menudos, sino temed cuando
son muchos (S 77B,8).
7742 Todos los días cometemos pecados, pero que no sean de esos que causan la muerte (TEJ 26,11).
7743 Advierte, pues, que esos pecados cotidianos, sin los cuales acá no podemos vivir, se expían con
remedios igualmente cotidianos (Ca 167,6.20).
7744 Por los pecados cotidianos insignificantes y leves, sin los cuales no se puede vivir esta vida mortal,
satisface la diaria oración de los fieles (E 71,19).
7745 Qué pecados son graves y cuáles leves, no se ha de pesar según el juicio humano, sino según el
divino (E 78,21).
7746 Estos llegan a ser grandes y graves si a ellos se les añade el orgullo (SV 50,50).
7747 Los únicos muros de separación entre el hombre y su Dios son los pecados, los cuales se quitan
con la gracia de Cristo, por cuya mediación somos reconciliados cuando justifica al pecador (CDS 1,19,25).
7748 ¡Ay de los pecados de los hombres, que sólo los inusitados nos llenan de horror, mas los ordinarios,
que por lavarlos derramó la sangre el Hijo de Dios, por muy grandes que sean, y aunque cierren en
absoluto al hombre el reino de Dios, muchas veces, viéndolos, los toleramos, y no pocas, tolerando mucho,
nos vemos obligados a cometerlos! Y ojalá, Señor, que no hagamos todos lo que no podemos impedir
(ECG 35).
7749 ... Mas estos que llamamos leves no los despreciemos. Si no te asustas al pesarlos, horrorízate al
contarlos (TCJ 1,6).
7750 No os digo que vais a vivir en esta vida sin pecado: puesto que hay pecados veniales, sin los cuales
no es posible esta vida (SCSA 7,15).
7751 Pecamos más gravemente cuando lo prohíbe la ley que si no lo prohibiese ley alguna (OC 66,1).
7769
PECADORES
7752 Con los pecadores hasta son más hermosas las cosas, no obstante ser ellos feos (C 5,2,2).
7753 No peca el hombre por haber previsto Dios que pecaría; cuando peca, es él quien peca (CD 5,10,2).
7754 Al pecar el hombre, ni lo dejó Dios impune ni lo abandonó sin misericordia (CD 5,11).
7755 La creación se presenta hermosa incluso con los pecadores, aunque considerados éstos en sí
mismos se vean afeados por su deformidad (CD 11,23,1).
7756 Los injustos abusan no sólo de los males, sino también de los bienes (CD 13,5).
7757 La causa primera de la esclavitud es, pues, el pecado, que hace someterse un hombre a otro
hombre con un vínculo de condición social (CD 19,15).
7758 Dos son las formas de abatir a los pecadores: una como a los sodomitas, en que las personas
mismas sufren el castigo de sus propios pecados, y otra la de los ninivitas, en la que quedan destruídos los
pecados de las mismas personas por la penitencia (CD 21,24,4).
7759 El pan de la verdad es amargo para los pecadores; de aquí que odiaron la boca del que habla
verdad (CS 5,15).
7760 Los pecadores son enemigos del justo, y los impíos, del piadoso (CS 7,7).
7761 Se aíra el pecador y el inicuo contra Dios porque no llueve, y no quiere que Dios se enoje contra él
porque resbala y cae (CS 44,17).
7762 Es bueno humillar al pecador, porque nadie es más miserable que aquel que cree que está sano
(CS 58,2,8).
7763 Es un bien que nos consideremos pecadores, y así toleremos a los que están sobre nosotros, para
que de este modo confesemos a Dios que padecemos mereciéndolo (CS 65,16).
7764 Como el sol se muestra apacible al que tiene ojos nítidos, sanos y vigorosos, y al que los tiene
enfermos como si lanzase dardos irritantes, vigorizando al primero al contemplarlo y atormentando al
segundo, sin cambiarse el sol, pero cambiando el hombre, así, al comenzar tú a ser perverso, te parece que
Dios también lo es. Tú te cambiaste, no Dios. Luego lo que es gozo para los buenos será para ti amargura
(CS 72,7).
7765 El poder de los pecadores es la grandeza de los soberbios; el poder del justo, el don de Cristo. Se
entiende por poder la grandeza o excelencia (CS 74,14).
7766 El se cree grande y cae; por lo mismo que se cree grande, cae. El pecador piensa que por esto
escala la sublimidad; sin embargo, Dios llama fosa a esto (CS 93,16).
7767 El borracho no se desagrada a sí mismo, sino que desagrada al sobrio (CS 98,5).
7768 ¡Qué hombre tan depravado! Le parece poco estar torcido, y piensa que la regla es la torcida.
Corrígete y hallarás lo recto (CS 100,6).
7769 El que cotidianamente peca, aunque no cometa graves pecados, se cubre de pequeñas espinas
(CS 103,3,18).
7770 No envidies a los pecadores. Ves lo que reciben, pero no ves lo que se les reserva (CS 145,19).
7771 Has de llevar al pecador, no amando en él el pecado, sino persiguiendo el pecado por su bien. Ama
al pecador, no en cuanto es pecador, sino en cuanto es hombre (CS 4,20).
7772 Hermanos, perezcan ahora los pecadores ante la presencia de Dios. Perezcan ahora en cuanto
pecadores, y no perezcan los pecadores (S 22,7).
7773 Hombre pecador; son dos nombres. Hombre es sólo un nombre, y pecador es también un nombre
solamente. De estos dos nombres, sabemos que uno lo hizo Dios y el otro el hombre... (S 22,7).
7774 Es el hombre carnal vendido el que incurre en culpa. No hace lo que quiere. Cuando quiere no
puede, porque cuando podía no quiso. Por querer el mal, perdió el poder el bien (S 30,3).
7775 Mira al pintor. Tiene delante de sí variedad de colores, y él sabe dónde ha de poner cada color.
Cierto, el pecador ha querido ser color negro; ¿no sabrá el orden del Artífice dónde ha de ponerlo? ¡Qué de
cosas no hace el color negro! (S 125,5).
7776 ¡Pobres de nosotros si Dios no escucha a los pecadores! ¿Osaremos enviar a Dios nuestras
súplicas, si Dios no escucha a los pecadores? Doquier haya uno que ruegue, habrá uno que le oiga (S
135,6).
7777 Odia en el pecador lo que también Dios odia, para que perezca lo que hizo el hombre y se vea libre
lo que hizo Dios (S 164A).
7778 En cuanto es pecador, corrígelo, y en cuanto es hombre, ten piedad de él. De ninguna manera
conseguirás librar al hombre si no persigues en él al pecador (S 164A).
7780 No acojamos a los pecadores por ser pecadores; pero, no obstante, tratémoslos con delicadeza
humana por sí mismos, puesto que también son hombres (S 164A).
7781 Persigamos en ellos su propia maldad y tengamos piedad de nuestra común condición (S 164A).
7782 Se cava al pecador la fosa allí donde los malos dan sensación de poder (T 13,13,17).
7783 No hay cosa más infeliz que la felicidad de los pecadores por la que se nutre la impunidad penal...
(Ca 138,2.14).
7784 Es sin duda mejor si no peca cuando se le permite hacerlo (físicamente) que cuando no se le
permite (Ca 2,10).
7785 La ignorancia y la debilidad son realmente los dos castigos penales de toda alma pecadora. De la
primera proviene el error que embrutece, y de la debilidad, el temor que aflige (L 3,178).
7786 Ningún ser vivo, en cuanto tal, es malo, sino en cuanto tiende a la muerte; y la muerte de la vida es
la perversión o nequicia, que recibe su nombre de que nada es; con razón los hombres muy malvados son
hombres de nada (VR 11,21).
7787 No le faltó a Dios poder para formar un hombre que no pudiese caer. Prefirió hacer un hombre que
pudiese pecar si quería, no pecar si no quería. Aquello lo prohibió, esto lo preceptuó (Co 6,16).
7788 En su presciencia, Dios conoce las cosas futuras; no obstante, concede tiempo y lugar para que
puedan arrepentirse de su maldad a pecadores que jamás cambiarán de pensamiento (RJI 4,131).
7789 Ningún pecador debe ser amado en cuanto es pecador (DC 1,27,28).
7790 Así es la vida de los borrachos, que no se llenan por la saciedad, sino que se sumergen en la
inundación (CH 1,144).
7791 Separarse de ellos consiste en no darles asentimiento cuando persuaden al mal, esto es, cuando
son ocasión de pecado (CE 4,6,7).
7792 Los pecadores imitan a Dios Padre con impía soberbia, los justos con piadosa libertad (RS 10).
7793 Los que pecan quieren arrastrar al pecado a otros ya por una necia benevolencia, ya por una
maliciosa malquerencia (RS 17).
7794 Los suplicios de los pecadores no son tormentos, sino incrementos de nuevos vicios (RLP 1,51).
7795 Dios ordenó al hombre pecador en rango propio con su propia vergüenza, pero no de una manera
vergonzosa (Mu 6,11,30).
7796 El hombre se colmó de vergüenza por propia voluntad al perder el Universo, del que era dueño por
su obediencia a las leyes de Dios; y ha sido puesto en su rango, en una parte de dicho Universo, de modo
que quien no quiso seguir la ley, se vea conducido por la ley (Mu 6,11,30).
7797 Como el que muere tiene la semejanza del que peca, el que es sepultado tiene la semejanza del
que está escondido de la presencia de Dios (OC 65).
7798 Quien hace daño a un justo, en verdad no le hace daño a él, puesto que más bien "le aumenta su
recompensa en el cielo"; por el contrario, al pecar verdaderamente se hace daño uno a sí mismo, porque, a
causa de su misma voluntad de hacer daño, él mismo recibirá el daño que hizo (Re 1,10,3).
7800 Cuando el hipócrita dice la verdad, en su boca pierde la hermosura (RPa 2,12,26).
PENITENCIA
7801 ¿Qué cosa más justa que enojarse cada uno más bien por los pecados propios que por los ajenos,
y, castigándose a sí mismo, sacrifique a Dios? (CS 4,7).
7802 Cantar pertenece al gozo; la penitencia de los pecados, al dolor (CS 7,19).
7803 La penitencia del hombre viejo parió con dolor y llanto a este hijo del hombre, es decir, a este
hombre nuevo (CS 8,10).
7804 Vende Dios las heridas, no tu, porque si tu, avergonzándote, quieres vendarlas, no te curará el
médico. Vende y cure el médico, porque las cubre con medicamento. Con el vendaje del médico se curan
las heridas; con el vendaje del herido se ocultan. ¿A quién las ocultas? A quien conoce todas las cosas (CS
31,2,12).
7805 ¿Cómo me atreveré a acercarme a Dios con tantos vicios, cargado de tantos pecados y clamando
en mi conciencia tantos crímenes? ¿Cómo? Humillándote por la penitencia (CS 33,s.2,11).
7806 Si el temor de avergonzarte te aleja de la penitencia, la penitencia te acerca a Dios (CS 33,s.2,11).
7807 Ahora se da lugar a penitencia verdadera; después será ya inútil (CS 36,s.1,2).
7808 Si El detiene su mano ante tus pecados, no la detengas tú. Comienza a castigar tus pecados,
porque no pueden quedar impunes (CS 44,18).
7809 No quieres conocerte para desagradarte, te conocerás para ser castigado. Pues Dios ha de
manifestar su iniquidad a los perversos (CS 52,7).
7810 Toda iniquidad, por pequeña o grande que sea, necesita ser reparada, o por el mismo hombre
haciendo penitencia, o por Dios castigándola. Porque también el que se arrepiente se castiga a sí mismo.
Luego hermanos, castiguémonos nuestros pecados si queremos la misericordia de Dios (CS 58,1,13).
7811 Cuando tú castigas la iniquidad, forjas la justicia, y, por tanto, Dios se apiadará de tí, ya que te
encuentra obrando justicia. ¿Qué significa "Te encuentra obrando justicia"?. Que odiaste en tí lo que odia El
y has empezado a agradar a Dios al castigar en tí lo que a El le desagrada (CS 58,1,13).
7812 Para que te acerques y seas iluminado, te desagraden tus propias tinieblas. Condena lo que eres,
para que merezcas ser lo que no eres (CS 99,5).
7813 La penitencia atormenta, la justicia pacifica y la vida eterna glorifica (CS 150,3).
7814 Esto es lo que te dice tu Dios: "El pecado debe ser castigado o por ti o por mi". El pecado es
castigado, o bien por el hombre penitente o bien por Dios juez; o bien por ti sin ti, o bien por Dios contigo...
(S 19,2).
7815 ¿Qué es, pues, la penitencia, sino la indignación contra sí mismo? El que se arrepiente se aíra
contra sí mismo (S 19,2).
7816 Despierta tu corazón con la penitencia, y esto será un sacrificio delante de Dios (S 19,2).
7817 Dado que el pecado no puede quedar impune, sea castigado por ti a fin de no ser tú castigado por
él. Que tu pecado te tenga a ti por juez, no por protector. Súbete al tribunal de tu mente contra ti y
constitúyete reo de ti mismo. No intentes huir de ti, no sea que Dios te coloque delante de ti (S 20,2).
7818 Todo pecado recibe su correspondiente castigo: o por ti o por Dios; o por ti sin ti o por Dios contigo.
Sé tú el castigador del pecado y así encontrarás en Dios un defensor (S 20,2).
7819 Nuestro enemigo, el diablo, se siente alegre cuando se le acusa; ansía que le eches la culpa, quiere
que lo presentes como un criminal, con tal de que tú no reconozcas tu pecado (S 20,2).
7820 Alaba a Dios en tus bienes y acúsate en tus males. Cuando te desagrades a ti mismo por ser
perverso, y te corrijas con la ayuda de quien te creó, siendo recto, guardarás la justicia (S 48,2).
7821 La excavación del árbol significa la humildad de la penitencia, ya que toda hoya es humilde. El
abono del estiércol es también la suciedad de la penitencia, ¿Hay algo más sucio que el estiércol? Y, sin
embargo, ¿hay cosa más fructuosa, si la utilizas bien? (S 72,3).
7822 El estiércol del agricultor es el dolor del pecador. Los que hacen penitencia, si lo entienden bien y la
hacen de verdad, la hacen en el estiércol... (S 110,1).
7823 ... hiera su pecho, tome de sí mismo la venganza por medio de la penitencia para que no la tome
Dios por medio del juicio. El que se humilla se acerca al Excelso (S 136A,2).
7824 Hasta el día de la pasión estamos en tiempo de contrición; después de la resurrección, en tiempo
de alabanza (S 211A).
7825 Así, pues, también la penitencia es un don de Dios. Tierra dura es el corazón de un soberbio; no se
ablanda para la penitencia si no llueve la gracia de Dios (S 229 O,1).
7826 Debemos conocer dónde ha de estar la tristeza misma, pues la tristeza es como el estiércol. El
estiércol, si no está en su sitio, es porquería. El estiércol que no está en su sitio ensucia la casa; si está
donde debe, fertiliza el campo (S 254,2).
7827 Estar triste según Dios es estar triste por los propios pecados para hacer penitencia de ellos. La
tristeza que trae su origen de la propia maldad engendra la justicia. Ante todo, ha de desagradarte lo que
eres para poder ser lo que no eres (S 254,2).
7828 Los hombres que no se olvidan de lo que son comprenden fácilmente cuán útil y necesaria es la
medicina de la penitencia (S 351,1).
7829 Quien rehúsa la humildad de la penitencia no piensa en acercarse a Dios. En efecto, una cosa es
elevarse hacia Dios y otra elevarse contra él (S 351,1).
7830 Como el dolor es el acompañamiento de la penitencia, así las lágrimas son testigo del dolor (S
351,1).
7831 La penitencia por sus pecados hace mejor al hombre; pero ni siquiera ella parece que servirá para
nada si es estéril en cuanto a obras de misericordia (S 389,6).
7832 Que nadie diga: "La haré ocultamente; la haré ante Dios. Dios, que ha de perdonarme, sabe que la
hago en mi corazón". Entonces, ¿se dijo inútilmente: "Lo que desatéis en la tierra será desatado en el
cielo"? ¿Se han dado, sin motivo alguno, las llaves a la Iglesia?... (S 392,2(3).
7833 Si eres penitente, arrepiéntete; si no te arrepientes, no eres penitente. Y, si te arrepientes, ¿por qué
sigues haciendo el mal que hiciste antes? (S 393).
7834 Yo no tengo claro si saldrá de aquí seguro quien aguardó al último momento para hacer penitencia
y ser reconciliado. De lo que estoy seguro, estoy seguro y doy seguridad, mas de lo que no estoy seguro,
puedo otorgar la penitencia, mas no puedo dar seguridad (S 393).
7835 Si echas tú a la espalda tus pecados, Dios te los volverá a poner en presencia de tu vista cuando ya
la penitencia será sin fruto alguno (TEJ 12,13).
7836 Crucifixión del hombre interior es el dolor de la penitencia y un cierto rigor saludable de la
continencia y, por esta muerte interior, es aniquilada la muerte de la impiedad... (T 4,3,6).
7837 Piensa que nadie puede pasar sin penitencia del error a la verdad, ni del pecado, grande o
pequeño, a la corrección (Ca 93,13.53).
7838 En la penitencia no se ha de mirar tanto la medida del tiempo como la intensidad del dolor, porque
Dios no desdeña un corazón contrito y humillado (E 65,17).
7839 No sólo cuando se hace penitencia, sino también para que se haga, es necesaria la misericordia de
Dios (E 82,22).
7840 La misma aflicción del penitente es la pena del pecado, aunque sea una pena medicinal y saludable
(CH 4,25).
718 769 1799 1800 2019 2084 3739 3740 5580 5588 7580 7664 7758 7903 8435
PENSAMIENTO
7841 Donde se halla el pensamiento allí está el deleite, lo que no puede acontecer si no es cuando se
piensan cosas divinas y eternas (CS 7,11).
7842 No puede acontecer que obre mal el que tiene buenos pensamientos (CS 148,2).
7843 Nadie puede hacer algo o mover sus miembros para ejecutarlo si primeramente no antecede el
mando del pensamiento (CS 148,2).
7844 Hay hombres que se abstienen de las acciones y no se abstienen de los malos pensamientos (S
45,8).
7845 Abstente de la mala acción y te limpias de la mancha de la carne. Abstente del mal deseo y te
limpias de la mancha del espíritu (S 45,8).
7846 Nada hay más veloz que el pensamiento; tiene alas increíbles; se despega del corazón y sube a la
lengua; el mal, antes de ser dicho, es pensado (S 77A,3).
7847 Si tenemos buenos pensamientos, estamos en Dios, y si llevamos buena vida, Dios está en
nosotros (TEJ 48,10).
7848 Llamo inteligencia a la facultad que nos hace entender cuando pensamos, esto es, cuando nuestro
pensamiento es informado por el recuerdo presente en la memoria, pero en el cual no pensábamos (T
14,7,10).
7850 Aunque las palabras no resuenen fuera, el que piensa habla siempre en su corazón (T 15,10,17).
7851 Ciertos pensamientos son, pues, palabras del corazón, donde nos muestra el Señor la existencia de
una boca... (T 15,10,18).
7852 No porque llamemos a los pensamientos palabras del corazón se excluye sean visiones
engendradas por la visión del conocimiento cuando son verdaderas (T 15,10,18).
7853 La palabra exterior se oye, no se ve; por el contrario, las palabras interiores, llamadas
pensamientos, según nos dice el santo Evangelio, el Señor las ve, no las oye (T 15,10,18).
7854 La palabra que resuena fuera, es signo de la palabra que resplandece dentro... (T 15,11,20).
7855 Nuestro pensamiento queda informado al encontrarse con nuestra ciencia, y es entonces nuestro
verbo verdadero (T 15,16,25).
7856 La mirada de nuestro pensamiento no vuelve sobre sus recuerdos sin la memoria, y sólo el amor la
hace volver (T 15,21,41).
7857 Cuando callan mis labios, mis pensamientos no guardan silencio (T 15,28,51).
7858 El mal pensamiento autoriza dentro lo que se realiza fuera (Co 2,5).
7859 Menos es pensar que desear. Pues pensamos todo lo que deseamos, pero no deseamos todo lo
que pensamos, ya que algunas veces pensamos lo que no deseamos (Ccp 2,8,18).
7862 Tú, Señor, borraste todos mis méritos malos, para que no tuvieses que castigar estas mis manos,
con las que me alejé de tí; y previniste todos mis méritos buenos para tener que premiar a tus manos, con
las cuales me formaste (C 13,1,1).
7863 Todo el que perdona y olvida un pecado a otro que le ha ofendido, sin duda alguna está haciendo
una limosna (CD 21,22).
7864 Desesperar del perdón del pecado es muerte segura (CS 50,5).
7865 Cuando Dios perdona a los malos, te aprovecha para que tú también te compadezcas de ellos;
porque, si quizá tú eres bueno, de malo te hiciste bueno; y, si Dios no perdonase a los malos, tampoco tú te
presentarías dando gracias. Perdone a otros quien a ti te perdonó. No debe cerrarse el camino de la
misericordia después de haber pasado tú por él (CS 54,4).
7866 En cuanto que perdonas para que se te perdone, te compadeces; en cuanto que das para que se te
dé, prestas (CS 111,4).
7867 Ni consumes dinero, ni ofreces vigor de trabajo corporal, sino que, perdonando lo que en ti perpetró
alguno pecando, consigues gratis el perdón de tus pecados (CS 111,4).
7868 Sin duda no perdona si no perdonamos, pues no ha de ser Dios prometedor mendaz para que tú
seas pecador impune (CS 143,7).
7869 A veces el hombre perdona de palabra, pero se reserva el corazón; perdona de palabra por
respetos humanos y se reserva el corazón, porque no teme la mirada de Dios (S 58,7).
7870 Es mejor levantar la voz y perdonar de corazón que ser blando de palabra y cruel en el corazón (S
83,7).
7871 Nadie sienta preocupación de que le quede algo sin perdonar. Pero al mismo tiempo nadie tenga
una falsa seguridad. Estas dos cosas dan muerte al alma: tanto la desesperación como la esperanza
perversa (S 87,10).
7872 Di: Perdónanos, así como nosotros perdonamos. Y haz lo que dices. Quien miente en las súplicas,
carecerá del beneficio... (S 114,5).
7873 ¿Quieres recibir? Da. ¿Quieres que se te perdone? Perdona. El dilema es sencillo... (S 114,5).
7875 Que el siervo se reconcilie con el consiervo para no ser castigado con justicia por el Señor. Para
este tipo de limosnas nadie es pobre, y puede hacer que viva eternamente quien no tiene con qué vivir
temporalmente (S 206,2).
7876 El dejado se olvida de poner fin a las enemistades; el obstinado no quiere conceder el perdón
cuando se le suplica; el vergonzoso soberbio desdeña el pedir perdón. Estos tres vicios mantienen vivas las
enemistades, pero dan muerte a las almas en las que no mueren (S 209,1).
7877 Solicite el perdón quien hizo la ofensa; concédalo quien la recibió, para no caer en manos de
satanás, cuyo triunfo es la discordia entre los cristianos (S 210,12).
7878 Gran ganancia comporta esta limpieza que consiste en perdonar a tu consiervo para que te perdone
tu señor (S 210,12).
7879 Ninguna excusa existe para no realizar este tipo de buenas acciones, pues el querer ya es poder (S
210,12).
7880 Quien tenga alguna queja contra otro, acabe con ella antes que ella acabe con él (S 211,1).
7881 "Perdona nuestras ofensas como nosotros...". Hemos llegado a un acuerdo con Dios y hemos
pactado con él las condiciones de nuestro perdón; en señal de garantía hemos plasmado allí nuestra firma.
Con plena confianza pedimos que nos perdone, pero a condición de perdonar también nosotros (S 211,1).
7882 Quizá fuiste tú quien le ofendiste; quieres reconciliarte con él y decirle: "Hermano, perdóname la
ofensa que te hice". Pero él no quiere perdonarte, no quiere olvidar la deuda, no quiere perdonarte lo que le
debes. ¡El se las arregle cuando vaya a orar! El, que no quiso perdonarte tu ofensa, ¿qué hará cuando vaya
a recitar el Padrenuestro? (S 211,3).
7883 Hay personas humildes segun los criterios de este mundo, que se engríen si les pides perdón (S
211,4).
7884 ... háblele con dulzura, pues ese dirigirse a él con dulzura equivale a pedirle perdón (S 211,4).
7885 A ti te basta con estar dispuesto a perdonar, dispuesto a hacerlo de corazón. Si estás dispuesto a
perdonar, ya has perdonado (S 211,5).
7886 ¿Quieres, pues, que te perdone Dios? No te perdones tú a ti mismo; pues, si te perdonas tú, no te
perdona él; más aún, si él condesciende contigo, estás perdido (S 296,12).
7887 Dime: cuando perdonas de corazón, ¿qué es lo que pierdes? Cuando perdonas a quien peca contra
ti, ¿qué tienes de menos en tu corazón? Perdonas de corazón, pero nada de allí pierdes... Por tanto,
cuando perdonas, no sólo no pierdes nada, sino que obtienes una más abundante irrigación (S 352,7).
7888 Si oyes un insulto, sopórtalo, hazte el desentendido, déjalo pasar. Acuérdate de que hay que
curarlo. Ved con cuánta suavidad tratan los médicos a los que curan, aunque sean mordaces (S 357,4).
7889 "Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Eres deudor de aquel a quien no se le
puede engañar; pero también tú eres acreedor... (S 386,1).
7890 Si niegas el perdón a quien te lo suplica, te verás desoído cuando tú lo supliques. Cerraste la puerta
a quien llamaba, la encontrarás cerrada cuando llames tú (S 386,1).
7891 Si no perdonas, mientes y tratas de mentir a quien no puedes engañar. Puedes mentir a Dios; lo
que no puedes es engañarlo (TEJ 26,11).
7892 Bien puede suceder que uno presente visiblemente la otra mejilla, pero que lo haga lleno de ira.
¿Cuánto mejor no será responder con sosiego la verdad y con ánimo tranquilo estar preparado para
mayores ofensas? (TEJ 113,4).
7893 Pido perdón, si en algo yerro, a Dios nuestro Señor, en quien siempre debemos pensar y del que
nada podemos pensar dignamente (T 5,1,1).
7894 Sólo puede recibir el perdón aquel cuya culpa es manifiesta (Ca 43,3.11).
7895 Mucho interesa saber con qué ánimo perdona cada cual. Porque así como hay a veces una
misericordia que castiga, así hay una crueldad que perdona (Ca 153,6.17).
7896 También hay que temer que por perdonar lo podrido se pudran muchos otros elementos (Ca
157,3.22).
7897 Debemos procurar la reconciliación cuando la conciencia nos dicta que hemos perjudicado en algo
al hermano; mas ha de irse a buscarla no con los pies del cuerpo, sino con movimientos del alma (SM
1,10,27).
7898 Muchos aprendieron a presentar la otra mejilla, pero no saben amar a aquellos que los hieren (SM
1,19,58).
7899 Ha de perdonarse la deuda a aquel que ni voluntariamente ni por requerimiento quiere devolver el
dinero debido. Porque él rechazará pagar por una de dos razones: o porque no tiene dinero o porque es
avaro y codicioso del bien ajeno; pero ambas cosas pertenecen a la indigencia, pues en el primer caso es la
carencia de bienes materiales y en el segundo de voluntad (SM 2,8,28).
7900 "Si, pues, perdonáreis los pecados a los hombres...". Esta petición de la plegaria dominical es,
digámoslo así, un incienso espiritual que se consume ante Dios en el altar del corazón, que siempre debe
estar elevado, según se nos amonesta, y aun cuando no se viva sin pecar, puede morirse sin pecado, por
borrarse con el perdón lo que se comete por ignorancia o flaqueza (NG 35,41).
7901 Una cosa es el perdón de los pecados en los que han obrado mal; otra la caridad que hace libre al
que desea hacer el bien. En ambos sentidos nos hace libres Cristo, porque, al perdonar, quita el pecado; al
inspirar, otorga su amor (RJI 1,84).
7902 No se está en la verdad si uno cree que al arrepentirse se perdona a sí mismo la culpa y que no es
Dios el que da la contrición (RJI 6,19).
7903 Es ciertamente Dios el que perdona la culpa y otorga al hombre su perdón, y no el hombre al hacer
penitencia (RJI 6,19).
7904 El que piensa que sus pecados no pueden ser perdonados, con la desesperación se hace peor,
como si ya, al desconfiar del fruto de su conversión, no le quedase otro recurso mejor que el ser malo (DC
1,18,17).
7905 Examine cada uno su conciencia, no guarde rencor contra su hermano por causa de alguna palabra
dura. Por una disputa de tierra no se haga tierra (TCJ 1,11).
7906 Sólo la caridad perdona. Arranca la caridad del corazón, y éste se quedará con el odio y no sabrá
perdonar (TCJ 7,1).
7907 La mansedumbre misericordiosa para perdonar, por la que se dijo que no sólo siete veces, sino
hasta setenta veces siete debían ser perdonados los pecados al hermano, no sirve para que la iniquidad
quede impune, o indolente o durmiendo la disciplina, la cual perjudica mucho más que la venganza diligente
y vigilante (RLP 1,36).
7908 El hecho de perdonar un pecado que alguien ha cometido contra ti para que también a ti te perdone
Dios, es ya una gran obra de misericordia (RPa 2,10,20).
7909 El que nunca quiere pedir perdón, o no lo pide de corazón, está de más en el monasterio, aunque
no sea echado de él (R 6,2).
1490 2025 2041 2042 5582 5585 5586 6045 6102 6103 6104 7054 7681 8955
PERFECCIóN
7910 No puedes ser perfecto en este mundo si no sabes que aquí no puedes ser perfecto... Esta es la fe
firme. Quien cree que ha llegado ya a ella, se encumbra de suerte que cae (CS 38,14).
7911 Nadie diga: Me basta; soy justo. Quien lo dijere se para en el camino; no acierta a llegar. Desde el
momento que dijere: Basta, se detiene (CS 69,8).
7913 Por mucho que hayas progresado, no debes preocuparte de lo que has adelantado, sino de aquello
que te falta para llegar a la meta y para gozar en la patria, para ser bendecido por el Rey de la misma
patria, por aquel que se hizo humilde por ti (S 16B,3).
7914 ¿Qué hombre puede jactarse de ser perfecto? Confesemos, pues, nuestra imperfección, para llegar
a la perfección (S 142,14).
7915 ¡Cuántas cosas que antes deleitaban, dejan de hacerlo a medida que se progresa! Se les daba
muerte cuando, aunque deleitaban, no se les daba consentimiento. Pisotea al muerto y acércate al vivo;
pisotea a quien yace en tierra y lucha con quien te ofrece resistencia. Ha muerto un deleite, pero se
mantiene en vida otro; dale muerte también negándole tu consentimiento (S 156,9).
7916 Reconozcamos, los que somos perfectos, que aún no somos perfectos, para no permanecer siendo
imperfectos (S 306B,3).
7917 Perfección se llama en esta vida al olvido de lo que queda atrás y al avance intencional hacia la
meta que tenemos delante (T 9,1,1).
7918 Confieso que me esfuerzo por pertenecer al número de aquellos que escriben progresando y
progresan escribiendo (Ca 143,2).
7919 Más grande y fecunda felicidad es el crecer en el espíritu que soportar el embarazo del vientre, el
candor del corazón que la leche del pecho, dar a luz cielo con las oraciones que dar a luz tierra de las
entrañas (Ca 150).
7920 Yo, que esto escribo, amé ardientemente la perfección de la que habló el Señor cuando dijo al
adolescente: "Ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres..." (Ca 157,4.39).
7921 Tampoco eran ricos los mismos apóstoles que lo hicieron antes que todos (Ca 157,4.39).
7922 Todo el mundo abandonó quien abandona lo que tiene y deseaba tener (Ca 157,4.39).
7923 Todos son libres para creer o rechazar esas palabras, pero todos tienen en su interior problemas
profundísimos en que ejercitarse. Cada día el hombre vela, duerme e imagina (Ca 159,5).
7924 Como el fin del hombre viejo es la muerte, el del nuevo es la vida eterna. Pues aquél es el hombre
del pecado, éste el de la justicia (VR 26,49).
7925 Conviene aborrecer aquello de que deseamos ser libertados (VR 46,88).
7926 Mucho lleva adelantado en la perfección de la justicia en esta vida quien, perfeccionándose más y
más en ella, conoce cuán distante se halla de su absoluta y última perfección (EL 36,64).
7927 Practicar la justicia en el verdadero servicio de Dios es luchar interiormente con las codicias malas
para cumplir la divina voluntad (NG 62,72).
7930 Este progreso se alcanza, no con los pies del cuerpo, sino con los afectos de la mente y las
costumbres de la vida, para que puedan ser perfectos poseedores de la justicia los que, avanzando de día
en día por el camino recto de la fe con la renovación espiritual, se han hecho perfectos viajeros en el
camino de la justicia (Cp 2,13,20).
7931 Según es posible en esta vida, se da una cierta perfección, y es propio de esta perfección conocer
cada uno que todavía no es perfecto (Ccp 3,5,15).
7932 Es cosa grande y concedida a pocos, elevarse sobre todas las cosas que pueden medirse para ver
la medida sin medida; sobrepasar todos los seres que pueden contarse para contemplar el número que no
tiene número; ensalzarse sobre todas las cosas que pueden pesarse a fin de observar el peso que no tiene
peso (CLG 4,3,8).
7933 Nada prueba mejor a un hombre espiritual que su comportamiento con el pecado ajeno (ECG 56).
7934 Es propio de los perfectos el no odiar en los pecadores más que los pecados, amando, en cambio,
a los hombres, y el no vengarse cuando lo hacen, con amargura cruel, sino con la moderación de la justicia,
no sea que la impunidad del pecado dañe más al pecador que el castigo que aporte la venganza (CAM
17[5]).
1035 1118 2297 2938 2971 3235 3372 4118 5779 8878 9094 9174 9226 9290 9456 9541 9766
PERSONAJES BíBLICOS
7935 Caín no fue agradable a Dios en sus obsequios porque dividía mal, dando algo suyo a Dios, pero
reservándose a sí mismo para sí (CD 15,7,1).
7936 Caín recibió aquel mandato del Señor como prevaricador; y, creciendo la envidia, tendió
asechanzas a su hermano y lo mató. Tal era el fundador de la ciudad terrena (CD 15,7,2).
7937 El que fuera alimentado por la viuda no fue de provecho para Elías, sino para la viuda (S 39,6).
7938 (A Nicodemo) le habla el Espíritu, mas él no entiende sino carne, no gusta sino el sabor de su
carne, porque aún no ha gustado el sabor de la carne de Cristo (TEJ 11,5).
7939 Aquellos hombres (del Antiguo Testamento) preparaban y estaban grávidos de los hechos futuros
que ahora vemos realizarse maravillosa y eficazmente (SV 1,1).
1993 2429 2437 2471 2659 2668 2671 2708 2774 4544 4557 6524 7961
Abraham
7941 La sonrisa de Abraham -Gén. 17,17- es el gozo del que se alegra, no la burla del que desconfía (CD
16,26,2).
7942 Abraham obedeció para matar y obedeció para perdonar. En todo momento obedeció; jamás
temió... (CS 30,2,s.2,9).
7943 Si no temió creer cuando recibió la promesa, tampoco temió sacrificar cuando se lo exigían. Así, la
religión del creyente no se opuso a la devoción del obediente (S 2,1).
7944 Al recibir el hijo había comprobado la palabra de Dios. Creyó, pues, antes de recibirlo y creyó antes
de matarlo. Fue siempre fiel y nunca cruel... (S 2,1).
7946 En el orden natural interesa tanto lo que se hace como bajo qué autoridad se hace. Si Abraham
hubiese sacrificado por propia iniciativa a su hijo, ¿no habría sido una persona horripilante y loca? (CF
22,73).
8549 8550
Adán (y Eva)
7947 (Adán y Eva) quisieron robar la divinidad y perdieron la felicidad (CS 68,I,9).
7948 Lo que se cumple en Adán históricamente, se cumple en Cristo proféticamente (CGM 2,24,37).
7949 "Y llamó el Señor Dios a Adán y le dijo: ¿dónde estás? Esta voz es ciertamente voz de quien
reprende, no de quien ignora (CLG 11,34,45).
7950 Y respondió la mujer: "la serpiente me sedujo y comí". Como vemos, tampoco ésta confiesa su
pecado, sino que lanza la culpa sobre otro. Adán y Eva son desiguales en el sexo, pero iguales en altanería
(CLG 11,35,48).
1771 1773 2378 2497 2498 2499 2763 3963 5576 5577 5657 6021 6471 8009 8012 8018 8786 9160 9167
9546 9576
Adúltera
7951 Justa es la ley que manda matar a la adúltera, pero esta ley requiere ministros inocentes para
llevarla a la práctica. Ved a la que presentáis; ved quiénes sois (CS 50,8).
7952 Es la justicia la que sentencia: sufra el castigo la pecadora; pero no por pecadores; ejecútese la ley,
pero no por sus transgresores (TEJ 33,5).
7953 "Ni yo te condenaré". Yo he borrado los pecados que cometiste; observa lo que te he preceptuado
para que llegues a conseguir lo que te he prometido (TEJ 33,8).
7954 "Tampoco yo te condenaré". Como si dijera: "Si la malicia pudo perdonarte, ¿por qué temes a la
inocencia? (Ca 153,5.15).
Buen ladrón
7955 Del mismo modo fueron quebrados los huesos del ladrón que blasfemó como los del ladrón que
creyó... ¿no pudo guardarle todos sus huesos? El Señor te responde: De manera especial los guardé,
porque no pudieron romper el fundamento de su fe los golpes por los que fueron rotas las piernas (CS
33,s.2,24).
7956 Cuando el Señor obraba milagros no lo conocieron otros; el buen ladrón lo reconoció pendiente de
la cruz (CS 39,15).
7957 Teniendo aprisionados todos los miembros, puesto que las manos y los pies estaban clavados y
todo el cuerpo adherido al madero, no quedaba miembro libre; sólo la lengua y el corazón gozaban de
plena libertad; con el corazón creyó, con la lengua confesó (CS 39,15).
7958 ...Esto lo hizo el ladrón que fue más valiente en la cruz que en las encrucijadas (CS 86,6).
7959 "En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso". La misericordia logró lo que la miseria
pospuso (S 67,7).
7960 ¡Cuándo iba a esperar el ladrón pasar del robo al juez, del juez a la cruz, y de la cruz al paraíso! (S
232,6).
7961 A un hombre colgado, crucificado, ensangrentado y pegado al madero le dice: "Cuando llegues a tu
reino". Y aquellos discípulos, en cambio: "Nosotros esperábamos". Donde el ladrón encontró la fe, allí la
perdió el discípulo (S 232,6).
7962 En medio del dolor, el ladrón obtuvo lo que Pedro había perdido lleno de temor. Reconoció su
crimen, subió a la cruz; cambió su causa y compró el paraíso (S 285,2).
7963 Reconoció como Señor al compañero de cruz, y creyendo hizo violencia al reino de los cielos (S
285,2).
7964 ¿Quién le instruía sino quien pendía a su lado? Estaba clavado a su vera, pero habitaba en su
corazón (S 328,1).
7965 El acto de confesar en la cruz la divinidad de Jesucristo fue apreciado en tanto valor como si
realmente hubiera sido crucificado por ser de los suyos (NA 1,9,11).
7966 Tuvo el buen ladrón el mérito del mártir al creer en Jesucristo cuando falló la fe de los que habían
de ser mártires (NA 1,9,11).
7967 ¿Quién de nosotros no ve con cuánta fe, con cuánta esperanza y con cuánta caridad no hubiera
aceptado la muerte por Jesucristo vivo el que con tanta decisión buscó la vida en Jesucristo moribundo?
(NA 1,9,11).
7968 Aquel ladrón no fue crucificado por el nombre de Cristo, sino por sus crímenes; más aún, no
padeció por la fe, sino que creyó mientras padecía (TB 4,22,29).
7969 En el corazón, a quien la necesidad privó del bautismo corporal, se realizó la santificación al estar
presente espiritualmente por la piedad; así también, cuando ella está presente, se realiza la santificación,
aunque la necesidad prive de lo que no le faltó al ladrón (TB 4,23,30).
2453 2458
Cananea
7970 ¿Por qué le quitó el ultraje del que había sido autor, sino porque al aceptarlo ella fue transformada
por la humildad y, más aún, al confesar ser lo que había oído, dejó de serlo? (S 60A,3).
7971 ...lo daba no a un perro sino a un hombre. Lo dio a la fe de quien pide, a la fe de quien busca, a la
fe de quien llama. Por esto alabó la fe, porque no rechazó la humildad (S 60A,4).
7972 Esta mujer cananea, que la lectura evangélica acaba de recomendarnos, nos ofrece un ejemplo de
humildad y un camino de piedad. Nos enseña a subir desde la humildad a la altura (S 77,1).
7973 Ella gritaba, ansiosa de obtener el beneficio, y llamaba con fuerza; él disimulaba, no para negar la
misericordia, sino para estimular el deseo (S 77,1).
7974 Si ella se hubiese retirado ante esa respuesta, hubiese venido siendo perro y se hubiese vuelto
siendo perro; pero llamando, de perro se convirtió en hombre (S 77,10).
7976 Mereció el beneficio cuando reconoció la verdad del insulto; donde reconoció la iniquidad, allí fue
coronada la humildad (S 154A,5).
7978 ... exigió, por su condición de perro, las migajas, y de esta forma mereció no serlo, porque no negó
serlo... La humildad había producido en ella una fe grande porque se había hecho pequeña (S 203,2).
7979 Lo que no había podido obtener su repetido clamor, lo obtuvo por medio de su confesión humilde
(SV 32,32).
7980 Por eso no le contestó: ¡Oh perro, grande es tu fe!, sino "¡Oh mujer, grande es tu fe!". Cambió la
palabra porque vio cambiado el afecto, y conoció que aquella corrección dio su fruto (FO 16,30; RD 1,9).
Centurión
7981 El que no era digno de recibir a Cristo en su morada, ya lo había recibido en su corazón. En efecto,
el Maestro de humildad, el Hijo del hombre, ya había encontrado en el pecho del centurión dónde reclinar
su cabeza (CS 38,18).
7982 Tembló recibir a Cristo dentro de su casa, y ya se hallaba dentro de su corazón; Su alma era ya el
trono de Cristo, ya estaba sentado en él el que buscaba a los humildes (CS 46,12).
7983 Declarándose indigno, se hizo digno; digno de que Cristo entrase no en las paredes de su casa,
sino en su corazón. Pero no lo hubiese dicho con tanta fe y humildad si no llevase ya en el corazón a aquel
que temía entrase en su casa (S 62,1).
7984 No sería gran dicha el que el Señor Jesús entrase al interior de su casa si no se hallase en su
corazón (S 62,1).
7985 No habría dicho estas palabras si el Señor no hubiese entrado ya en su corazón (S 62A,1).
7986 La humildad del centurión era la puerta para el Señor que entraba para poseer más plenamente a
quien ya poseía (S 62A,2).
7987 "No soy digno de que entres bajo mi techo" No lo recibía bajo el techo y ya lo había recibido en el
corazón. Cuanto más humilde era, tanto era más capaz y se hallaba más lleno (S 77,12).
1353 8001
David
7988 En David tuvo lugar una transición y, como si dijéramos, el comienzo de la juventud del pueblo de
Dios, cuya adolescencia, en cierto modo, se extendía desde el mismo Abraham hasta este David (CD
16,43,3).
7989 Severísima y justísimamente juzgó. Su pecado aún no estaba delante de él, a la espalda llevaba su
acción, aún no conocía su iniquidad, y por eso no perdonaba la ajena... (CS 50,8).
7990 No pienses que no pueden agradar a Dios quienes militan entre armas de guerra. Entre ellos estuvo
el santo David... (Ca 189,4).
Fariseo
7991 Desde lejos conocía Dios al fariseo que se jactaba de sí mismo, y de cerca socorría al publicano
que se arrepentía. Aquél se jactaba de sus obras buenas y ocultaba sus heridas; éste no se jactaba de sus
méritos, sino que mostraba sus heridas... (CS 39,20).
7992 Aquél se mostraba soberbio en las buenas obras; éste humilde en las malas. Ved, hermanos, cómo
agradó más a Dios la humildad en las malas obras que la soberbia en las buenas. Así aborrece Dios a los
soberbios (CS 93,15).
7993 Se jactó; estaba hinchado, no lleno. Se consideró lleno sin tener nada. El otro se reconoció pobre,
aunque ya tenía algo. Para no decir otra cosa, tenía la piedad de la confesión. Descendieron ambos. Pero
el publicano, dijo, descendió más justificado que el fariseo (S 36,11).
7994 ¿Qué pidió a Dios? Examina sus palabras y encontrarás que nada. Subió a orar, pero no quiso
rogar a Dios, sino alabarse a sí mismo; más aún, subió a insultar al que rogaba (S 115,2).
7995 Aquel fariseo no hallaba tanto gozo en su salud como en el compararla con las enfermedades
ajenas (S 351,1).
7996 En el fariseo y el publicano quedan retratados el orgullo soberbio de las buenas obras y la humilde
confesión de los pecados (UI 15,39).
Hemorroísa
7997 "Si tocare aunque sólo fuera...". Cuando lo dijo, tocó. A Cristo se le toca con la fe. Se acercó, tocó y
se hizo lo que creyó (S 63B,1).
7998 ... Los demás oprimen, ésta tocó. Son muchos los que oprimen molestamente el cuerpo de Cristo,
pocos los que lo tocan saludablemente (S 77,6).
7999 Aquel tocar simboliza la fe. Toca a Cristo quien cree en él (S 243,2).
8000 Ha sido mayor la sensación de la única que me ha tocado que la de la muchedumbre que me
apretuja. La muchedumbre sabe apretujar fácilmente. ¡Ojalá supiera tocar! (S 375C,6).
8001 Esta mujer tocó al Señor tanto más cuanto más creyó; así también el centurión, cuanto más creyó,
tanto más se acercó a El (CE 2,20,50).
4711
Hijo pródigo
8002 Disipa su hacienda al vivir licenciosamente con las rameras y se hace, debido a la necesidad,
pastor de puercos el que era compañero de los ángeles (CS 18,2,15).
8003 No en vano primero volvió sobre sí mismo diciendo: "Me levantaré e iré a mi padre", puesto que
marchó tan lejos, que se había apartado de sí mismo (CS 118,8,2).
8004 Si volvió a su interior, es porque había salido de sí. Quien había caído fuera de sí y se había alejado
de sí, como primera cosa vuelve a sí para volver allí de donde había caído fuera de sí (S 96,2).
8005 Apartado de Dios por el hambre de su inteligencia, fue reducido a servidumbre y le tocó ponerse a
cuidar cerdos; es decir, la servidumbre última e inmunda de que suelen gozarse los demonios (S 112A,3).
8006 "Y volvió en sí"; primero el retorno a sí mismo y luego al Padre (S 112A,4).
Job
8007 El santo Job en la desgracia era pobre por fuera y rico por dentro (CD 1,10,2).
8008 El hombre únicamente se halla con poder cuando lo recibe de lo alto. ¿Cómo se hubiera atrevido el
mismo diablo ni siquiera a tomar una sola ovejilla al santo varón Job a no ser que primeramente Dios le
diera permiso? (CS 32,2,s.2,12).
8009 Mejor fue Job hecho podre en el estercolero que Adán estando sano en el paraíso. Todavía existía
aquella Eva, mas no aquel Adán (CS 97,6; S 15A,7).
8010 ¡Oh varón podrido e íntegro, feo y hermoso, herido y sano a la vez! ¡Oh varón sentado en el
estiércol y reinando en el cielo! Si lo amamos, imitémoslo; para imitarlo, esforcémonos, y si desfallecemos
en la tarea, imploremos auxilio (S 343,10).
8011 Perdió las cosas, pero retuvo a quien se las quitó para encontrar en El lo que nunca faltó (P 11,9).
8012 Más cauto fue Job en los dolores que Adán entre flores. Este fue vencido en las delicias, aquél
venció en las penas; consintió éste en las dulzuras, aquél resistió en las torturas (P 12,9).
8013 Job toleró en su cuerpo los propios dolores, y en su corazón los ajenos errores; a la esposa corrigió
la insipiencia, a los amigos enseñó la sapiencia, y en todo conservó la paciencia (P 12,9).
8014 "Poseía vastas haciendas..." porque practicaba obras buenas con esos mismos bienes (AJ 1).
8015 Cuando arrecia la persecución se contabilizan tres tipos de hombres en la Iglesia: los que
contemporizan, los que huyen y los que padecen. El prototipo de todos éstos es Job (AJ 24,4).
8016 En todo eso que aquella alma santa soportaba era ejercitada su paciencia, probada su fe,
confundida su mujer y vencido el diablo (DR 3,3).
8018 El enemigo lo tiene desolado interiormente; la mujer enemiga, descaradamente le aconseja el mal,
como aliado del diablo y no del marido; ella de nuevo Eva, pero él no el viejo Adán (DR 3,3).
8019 Grande es seguramente la gloria de los mártires, pero ignoro si fue menor la gloria del santo Job
(DR 4,4).
878
Judas
8020 Judas, al suspenderse de un lazo, más bien aumentó que expió la felonía de su traición (CD 1,17).
8021 "Y entró el demonio en su corazón", no porque Cristo se apartó por el diablo, sino porque,
apartándose Cristo, le poseyó el diablo (CS 3,1).
8022 Por Judas se obró gran bien; con todo, fue elegido entre los doce para que el pequeño número de
doce no estuviese sin un malo. Esto aconteció para prueba de nuestra paciencia, puesto que era necesario
que viviésemos entre los malos; era menester que tolerásemos, ya conociendo o desconociendo, a los
malos. Te ofreció Cristo un ejemplo de paciencia, para que no te abatas cuando comiences a vivir entre los
malos (CS 34,s.1,10).
8023 Si el Padre entregó al Hijo y el Hijo se entregó a sí mismo, entonces, ¿qué hizo Judas? El Padre
obró bien entregando a su Hijo a la muerte por nosotros; Cristo también obró bien entregándose a sí mismo
por nosotros, pero Judas obró mal entregando al Maestro por avaricia. No se imputa a malicia de Judas el
habernos proporcionado a nosotros el beneficio de la pasión de Cristo (CS 65,7).
8024 Gracias al traidor Judas fuimos liberados; pero esto fue de provecho para nosotros, no para Judas;
él quería matar, no liberar. Se debe a Dios alabanza, y a Judas, condenación (S 8,15).
8025 La sangre del redentor no hubiese sido derramada por nuestra salvación a no ser por la maldad del
desertor (S 301,4).
8026 Malos fueron el diablo y Judas; cual es el organista, así es el órgano (S 301,4).
8028 A Judas no se le pagó más que por lo que él hizo, no por lo que Dios hizo a partir de él (S 301,5).
8029 Judas vendió, el judío compró; ¡desdichado contrato! Ni el primero tiene el precio ni el segundo a
Cristo (S 336,4).
8030 Salta de gozo, cristiano; tú saliste vencedor en el contrato entre tus enemigos. Tú adquiriste lo que
uno vendió y el otro compró (S 336,4).
8031 ¿No fue para Judas un veneno el trozo de pan del Señor? Lo comió, sin embargo, e
inmediatamente que lo comió entró en él el demonio. No porque comiese algo malo, sino porque, siendo él
malo, comió en mal estado lo que era bueno (TEJ 26,11).
8032 Si el Padre entregó al hijo, y el Hijo se entregó a sí mismo, Judas ¿qué hizo?... El Padre y el Hijo
entregan por caridad y Judas por perfidia... (TCJ 7,7).
8033 Dios pensó en la salud, por la que fuimos redimidos. Judas atendió al precio por el que vendió al
Señor. El Hijo pensó en el precio que dio por nosotros; Judas en el que recibió al venderlo. La intención
diversa hizo diversos los actos (TCJ 7,7).
2460 4973
Judíos
8034 Hermanos, conocéis a los judíos... si aquellos a quienes abandonó y de quienes se alejó se
quedaron sin Cristo, disfrutan de un vano descanso. Nosotros gozamos de provechosa ocupación
entendiendo a Cristo, que los abandonó y se acercó a nosotros (CS 33,s.1,9).
8035 El pueblo judío ignoraba la justicia de Dios y pretendía establecer la suya (CS 46,6).
8036 Ellos poseen los libros en los cuales se profetiza a Cristo y nosotros poseemos a Cristo (CS
58,1,22).
8037 Si los judíos no conocieran la Ley y los Profetas, para nada nos sirvirían. Por eso no fueron
muertos, sino dispersados: para que sus recuerdos nos sean útiles, aunque ellos no tengan la fe que salva.
En sus corazones son nuestros adversarios, y en sus Escrituras nuestros servidores y testigos (FV 6,9).
8038 Fue más asesina del Señor la lengua de los judíos que la mano de los soldados (CE 3,13,42).
8039 Al Señor Jesucristo lo crucificaron a la hora de tercia la lengua de los judíos y a la de sexta las
manos de los soldados... (CE 3,13,47).
8040 La engañosa ignorancia de Caín es la falsa negación de los judíos (CF 12,10).
8041 Si hubiesen querido aceptar y guardar la fe cristiana, hubiesen sido en cierto modo los guardianes
de Cristo (CF 12,10).
8042 ¿Qué otra cosa es hoy ese pueblo sino una especie de archivero que carga con la ley y los profetas
para testimoniar lo que afirma la Iglesia, para que honremos en el símbolo lo que ella anuncia en su
realidad? (CF 12,23).
8043 La infidelidad de los judíos se ha convertido en algo útil para nosotros, de modo que hasta ellos,
que por sí mismos no tendrían estas cosas en sus corazones, las tuviesen en sus códices en favor nuestro
(CF 16,21).
Lázaro
8044 (El pobre Lázaro) estaba enfermo de una manera tan digna de compasión, que ni siquiera gozaba
de la salud corporal, patrimonio ordinario del pobre... (S 41,4).
8045 La carga de Cristo son alas. Con alas como éstas voló al seno de Abraham aquel pobre... (S 41,5).
8046 El pobre llegó a conseguir la migaja deseada, el rico no logró una gota de agua. Pensando en estos
dos, decidme: "¿Quién murió bien y quién murió mal"? (S 102,3).
8047 No fue la pobreza lo que llevó a Lázaro al lugar de descanso, sino la humildad. Ni tampoco fueron
las riquezas las que apartaron a aquel rico de tan gran descanso, sino la soberbia y la incredulidad (S
113A,3).
Lot
8048 (La mujer de Lot), mirando hacia atrás en el camino y convertida en estatua de sal, nos avisó con
un gran sacramento que nadie en el camino de la liberación debe desear las cosas pasadas (CD 10,8).
8049 La mujer de Lot quedó en el sitio en que miró atrás y, convertida en sal, suministró cierto
condimento a los hombres fieles, con el cual puedan aprender a precaverse de tal ejemplo (CD 16,30).
8050 ¿Para qué fue convertida en estatua de sal? Para sazonar a los hombres, y así tengan sabor (CS
83,3).
8051 Mira atrás y en aquel mismo lugar quedó convertida en sal para sazonar a los prudentes con su
ejemplo (S 105,7).
8052 ... Son estos méritos los que aquellos libros alaban, no su embriaguez ni su incesto (Gén. 19,31ss).
Como hallamos escrito con referencia a un único hombre una acción buena y otra pecaminosa, una se nos
propone para que la imitemos y la otra para que nos guardemos de ella (CF 22,60).
Macabeos
8054 Fue más fecunda en virtudes que en hijos, al ver combatir a aquellos en quienes ella misma
combatía; al vencer todos ellos, ella misma vencía (S 301,1).
8055 Mujer única, madre única, ¡cómo nos ha puesto ante los ojos a la única santa madre la Iglesia, que
por doquier exhorta a sus hijos a morir por el nombre de aquel de quien los concibe y los alumbra! (S
301,1).
Pecadora
8056 Si el contacto corporal puede hacer algo, ¡oh inmundo fariseo!, la carne del Señor, ¿podrá ser
mancillada al contacto de la mujer, o quedar la mujer limpia al contacto del Señor? (CS 125,5).
8057 Una mujer, muy famosa en la ciudad, con mala fama ciertamente, pecadora, sin estar invitada, se
introdujo en el banquete al que asistía su médico, buscando la salvación con piadosa desvergüenza (S
99,1).
8058 Los cabellos de la mujer son los bienes superfluos. Limpie con los cabellos (los pies del Señor),
límpielos totalmente, obre la misericordia (S 99,13).
6038
Publicano
8059 "El publicano, dice San Lucas, estaba de pie a lo lejos", pero Dios no estaba lejos de él (CS
31,2,11).
8061 No se atrevía siquiera a levantar los ojos al cielo y ya tenía consigo a quien había hecho el cielo (S
21,2).
8062 El publicano estaba alejado y, cosa para maravillar, en el templo estaba lejos y vecino al Dios del
templo (S 136A,2).
8063 Tanto más fue ayudado cuanto menos presumió de sus propios méritos (CEv 2,38).
Rico epulón
8064 Lo que había comido en la tierra lo digería en el infierno. Digo, pues, hermanos, que comía
iniquidad. Comía exquisitos manjares con la boca, pero con el corazón tragaba iniquidad. Lo que comía en
la tierra con el corazón, lo digería entre suplicios en el infierno (CS 48,2,8).
8065 ... Deseaba saciar su alma con banquetes superfluos y excesivos; lleno de soberbia, despreciaba
tantos y tantos vientres vacíos de los pobres. No sabía que los estómagos de los pobres eran más seguros
que sus depósitos. Lo que escondía en tales depósitos tal vez fuese robado por los ladrones... (S 36,9).
8066 El nombre del rico era conocido por los hombres; el del pobre, ignorado. El Señor obra al revés:
señala el del pobre y calla el del rico... (S 41,4).
8067 Quien a su debido tiempo no se compadeció del pobre, tarde se compadeció de sus hermanos (S
41,4).
8069 Mientras esto decía el rico, misericordioso con retraso... No hizo cuando vivía en la tierra lo que
debía haber hecho para no llegar allí y, cuando comenzó a ser misericordioso también con los otros, era
tarde (S 113A,2).
8070 Deseó una gota quien no dio una migaja, y no la recibió por justa sentencia quien no dio por cruel
avaricia. Por tanto, si ésta es la pena de los avaros, ¿Cuál será la de los ladrones? (S 178,3).
8071 El que despreció al pobre quiso, con tardía misericordia, que se hiciese a sus hermanos la
misericordia que no se la hizo a él mismo (S 299E,4).
8072 Escuchen esto los ricos que no quieren ser misericordiosos. Escuchen qué suplicios sobrevienen a
quienes no quieren otorgar favores. Escuchen cómo el pobre es quien refresca y cómo el rico se abrasa
entre los más pesados tormentos (S 367,2).
8073 Las riquezas se compensan con tormentos; la pobreza, con el refrigerio; la púrpura, con las llamas;
la desnudez, con el descanso, para que se mantenga en equilibrio la balanza... (S 367,2).
Samaritana
8075 "Deja allí su cántaro..." Lanzó lejos de sí la concupiscencia y va apresurada a anunciar la verdad
(TEJ 15,30).
8076 El Señor tenía sed de la fe de aquella mujer, porque era samaritana, y Samaria suele llevar el
sambenito de la idolatría (OC 64,4).
8077 Así pues, de eso tenía sed en aquella mujer, de hacer en ella la voluntad del Padre, y de llevar a
cabo su obra (OC 64,4).
Simeón
8078 Cristo es este Jesús a quien el anciano Simeón, como nos cuenta el Evangelio, abrazándolo niño y
reconociéndolo grande, exclama: "Ahora, Señor, según tu promesa,..." (CD 17,4,3).
8079 El anciano Simeón conoció al Niño; se hizo niño por el Niño al afianzarse en la fe (CS 39,18).
8080 Lo sostuvo en sus manos, teniendo que ser sostenido él mismo por él; llevaba a Cristo hombre y
era llevado por Cristo Dios (S 217,6).
8081 Este anciano era mayor ya para oírle, pero estaba maduro para verlo. No esperó a oír hablar a
Cristo, porque lo reconoció cuando aún no hablaba (S 370,2(3).
8082 La majestad se ocultaba donde se mostraba la debilidad. Simeón tomó en sus manos la debilidad,
pero reconoció dentro la majestad (S 370,3(4).
Vírgenes necias
8083 Buscaban lo que había sido su costumbre, es decir, brillar con el aceite ajeno, caminar a la caza de
alabanzas ajenas (S 93,10).
8084 Esto significa llevar consigo el aceite y no tenerlo que comprar a los mercaderes, a los aduladores.
Porque los aduladores venden como aceite sus alabanzas a los necios (Ca 140,31.74;34.79).
Viuda
8085 Tanto compró la pobre viuda con dos ochavos cuanto compró Pedro abandonando las redes,
cuanto compró Zaqueo dando la mitad de su patrimonio. El cielo vale tanto cuanto tuvieres (CS 49,13).
8086 La viuda que dio dos ochavos, ¿sembró poco? ¿Qué digo? Tanto cuanto Zaqueo. Tenía menos
haberes, pero igual voluntad. Entregó dos ochavos con el mismo amor con que Zaqueo entregó la mitad de
su patrimonio. Si atiendes a lo que dieron, verás que es distinto; pero, si observas cómo lo dieron, percibirás
que es igual. Ella dio cuanto tenía, él lo que poseía (CS 125,11).
8087 Esta mujer entró en el templo con sólo dos ochavos. ¿Quién se dignó poner los ojos en ella? Sólo
aquel que al verla no miró si la mano estaba llena o no, sino al corazón. La observó, pregonó su acción y al
hacerlo proclamó que nadie había dado tanto como ella. Nadie dio tanto como la que no reservó nada para
sí (S 105A,1).
8088 Esta echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios
en el alma que oro en el arca. ¿Quién echó más que la viuda que no se reservó nada para sí? (S 107A).
2715 8407
Zaqueo
8089 ¿Qué cosa más grande puede darse, hermanos, que comprar el reino de los cielos, no sólo Zaqueo
con la mitad de sus bienes, sino también la viuda con dos ochavos, y ambos poseer allí lo mismo? ¿Qué
hay más poderoso que conseguir el mismo reino con los tesoros del rico y con el vaso de agua fría del
pobre? (CS 111,3).
8090 El era humilde, mientras que la turba era soberbia; y la misma turba, como suele ser frecuente, se
convertía en impedimento para ver bien al Señor. Se levantó sobre la muchedumbre y vio a Jesús sin que
ella se lo impidiese (S 174,3).
8091 También el Señor vio a Zaqueo. Fue visto y vio; pero si no hubiese sido visto, no hubiera visto.
Pues a los que predestinó los llamó (S 174,4).
864 2334
PIEDAD
8092 Así como pocos tienen una gran piedad, así pocos tienen una gran impiedad (S 69,3).
8093 Esta es la auténtica piedad: no buscar otra recompensa fuera de él, aunque la esperemos de él.
Nada hay mejor que él. ¿Qué cosa de valor puede pedir a Dios aquel para quien Dios es cosa vil? (S 91,3).
8094 Avanza en la búsqueda si es la piedad y no la vanidad la que busca. ¿Cómo busca la piedad y
cómo la vanidad? La piedad busca creyendo, la vanidad disputando (S 261,2).
8096 Haga la piedad cuanto esté en su mano, porque luego no habrá impíos a quienes amar (S 294,20).
8099 La piedad, es decir, el verdadero servicio del Dios verdadero, para todo aprovecha (Ca 155,4.17).
8100 ¿Qué es la piedad sino el culto de Dios? ¿Y cómo se le da culto sino por la caridad? (Ca 167,3.11).
8101 Si falta la piedad y la caridad, ¿qué es la tranquilidad y ausencia de esas y de todas las demás
calamidades del mundo, sino materia de lujuria y perdición o estímulo y ayuda para ellas? (Ca 231,6).
8102 El concebir a Dios como la cosa más excelente que ni se puede decir ni pensar, es el verdadero y
sólido principio de la piedad (L 1,12).
8103 Ahora la piedad comienza por el temor y se perfecciona en la caridad (VR 17,33).
8104 Las siete primeras bienaventuranzas son, en consecuencia, los grados de la vida perfecta. La
octava muestra y esclarece la perfección alcanzada y, como si empezase de nuevo por la primera,
manifiesta que por estos grados todos los demás se perfeccionan (SM 1,3,10).
8105 La piedad es propia de los mansos; porque aquel que con piedad investiga y honra la Escritura
Sagrada, no censura lo que aún no comprende, y por la misma causa no lo contradice, y esto propiamente
constituye la mansedumbre (SM 1,4,11).
8107 ... Así puede dar las gracias por lo que tiene y actuar convenientemente para poseer lo que no
tiene, y, por conservarlo o por alcanzarlo, mostrar la preocupación y elevar las plegarias propias de una
piedad sincera (ESE, Pról.).
8108 Es fruto de impiedad el desprecio de aquello sin lo que no puede existir la piedad (CF 19,11).
8109 La fuerza de la piedad es el fin del precepto, esto es, el amor que brota de un corazón puro, de una
conciencia buena y de una piedad no fingida (CF 19,12).
8110 La piedad consagra a los parientes y a la patria el deber magnánimo y el servicio atento (OC 31,1).
884 3244 3880 4321 4323 4789 4845 7475 8150 8463 8487 8501 8637 9078 9162 9333 9340
POBRES
8111 Hubo también quienes, no teniendo bienes algunos que entregar, sufrieron torturas por no ser
creídos. También éstos, quizá, deseaban poseer, y si eran pobres, no lo eran por una voluntad santa (CD
1,10,3).
8112 Se llama pobres a los que carecen de dinero, pero son ricos interiormente si poseen la sabiduría
(CD 7,12).
8113 Bienaventurados los pobres, porque comerán hasta saciarse; comen los pobres; los ricos no se
sacian porque no tienen hambre (CS 21,2,27).
8114 Los ricos se alaban a sí mismos; los pobres alaban al Señor. ¿Por qué son pobres? Porque alaban
y buscan al Señor. El Señor es la riqueza de los pobres; por eso está vacía la casa, para tener lleno el
corazón de riquezas (CS 21,2,27).
8115 Busquen los ricos cómo han de llenar el arca; los pobres buscan cómo han de llenar el corazón (CS
21,2,27).
8116 Coman los publicanos, coman los pecadores, coman, imiten al Señor, sufran y se sacien. Murió el
mismo Señor, mueren también los pobres; a la muerte del Maestro se añade también la muerte de los
discípulos (CS 21,2,28).
8117 El Señor no necesita de ti, pero tienes a otro que necesita de ti; no obstante, El recibe, a El das. El
pobre no tiene que devolverte, y, sin embargo, quiere retribuir y no encuentra con qué; sólo le queda la
buena voluntad de orar por ti (CS 36,s.3,6).
8118 Cuando el pobre ruega por ti a Dios, dice como de esta manera: Señor, recibe el préstamo; sé mi
fiador. Por tanto, si no tienes al pobre que pueda retribuir, no obstante, tienes un buen fiador (CS 36, s.3,6).
8119 Ambicionad esto, compradlo. Prestad con este fin a interés. Tenéis a Cristo sentado en el cielo y
pidiendo en la tierra (CS 36,s.3,6).
8120 Prestas a Cristo: de ti recibe en la tierra cosas pequeñas, para devolverte en el cielo cosas grandes
(CS 48,1,9).
8121 ¿Qué cosa de tan poca monta, qué cosa más terrena que partir el pan con el pobre? ¡Tanto vale el
reino de los cielos! (CS 49,13).
8122 Oyó a los pobres; no oiría a los pobres si no fuesen pobres. ¿Quieres ser oído? Sé pobre. Clame tu
dolor, tu indigencia, no tu desdén (CS 68,2,18).
8123 Hay quienes más fácilmente distribuyen todos sus bienes a los pobres que se hacen pobres de
espíritu. Pues, inflados por la vanagloria, piensan que a ellos se les debe atribuir, no a la gracia de Dios, el
vivir bien,... (CS 71,3).
8124 El pobre mendigo hurta; la iniquidad procede de la penuria. El rico que abunda en tantas riquezas,
¿por qué arrebata los bienes ajenos? La iniquidad del primero procede de la escasez; la del segundo, de la
abundancia (CS 72,12).
8125 Contémplate a tí mismo y ve en qué te diferencias del pobre; contémplate a ti mismo, no a lo que
tienes. ¿Por qué desprecias al hermano? Los dos estuvísteis desnudos en el seno de vuestras madres...
(CS 72,13).
8126 Veis, hermanos, cuán dulce deba ser la pobreza; veis que los pobres y los menesterosos
pertenecen a Dios, pero "los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos". ¿Quiénes son los
pobres de espíritu? Los humildes que se extremecen ante la palabra de Dios, que confiesan sus pecados,
que no presumen de sus méritos ni de su justicia. ¿Quiénes son los pobres de espíritu? Los que, al ejecutar
alguna obra buena, alaban a Dios, y, al hacerla mala, se culpan a sí mismos (CS 73,24).
8127 Quienes no se ensoberbecen son pobres en Dios; y a los pobres, a los indigentes y necesitados,
inclina su oído (CS 85,3).
8128 En el pobre se patentiza glorificada la humildad, y en el rico condenada la soberbia (CS 85,3).
8129 Aprended a ser ricos y pobres tanto los que tenéis algo en este mundo como los que no tenéis
nada. Pues también encontráis al mendigo que se ensoberbece y al acaudalado que se humilla (CS 85,3).
8130 Sea Dios toda tu presunción. Sé indigente de El para que seas colmado de El. Todo lo que tuvieres
sin El te servirá de inmenso vacío (CS 85,3).
8131 Da a los pobres; no lo perderás, lo atesorarás. ¿Y quién te lo guarda? Cristo. El que te guarda a tí,
¿no sabrá guardar tu tesoro? ¿Por qué desea que cambies de lugar tu tesoro? Para que cambies de lugar
tu corazón (CS 90,2,13).
8132 ¿Quiénes son los pobres? ¿Quiénes los necesitados? Los que han puesto sólo la esperanza en
Aquel en quien únicamente no falla (CS 93,7).
8133 Cuando la Escritura alaba a los pobres, no habla de los pobres que nada poseen... (CS 93,7).
8134 Es mendigo todo aquel que, sin atribuírse nada a sí, lo espera todo de la misericordia de Dios y
llama cotidianamente a la puerta del Señor... (CS 106,14).
8135 Los pobres tienen en la vida estos bienes con más abundancia que los ricos, puesto que tiene más
un pobre viendo un cielo estrellado que un rico contemplando un techo recamado de oro (CS 127,16).
8136 Los pobres, por el contrario, es decir, los humildes de corazón, cuanta más hambre tienen, tanto
más comen, pues tienen tanta más hambre cuanto más vacíos se hallan de las cosas del mundo (CS
131,24).
8137 Algunas veces, pues no debo pasarlo por alto, encontrarás a un pobre que es soberbio y a un rico
que es humilde. Frecuentemente nos hallamos con éstos (CS 131,26).
8139 Encuentras a un pobre mendigo engreído o no engreído, porque no tiene nada, pero que busca
cómo engreírse; Dios no atiende a los haberes, sino a la codicia, y lo juzga conforme al deseo por el que
anhelaba lo temporal, no conforme a los bienes que no llegó a conseguir (CS 131,26).
8140 Así acontece que Dios cuenta entre sus pobres a los que harta de pan, a todos los humildes de
corazón afianzados en la doble caridad, tengan lo que tengan en el mundo (CS 131,26).
8141 Luego los pobres que son bienaventurados en su espíritu son ricos por el Espíritu de Dios, pues
todo hombre que va en pos de su espíritu es soberbio (CS 141,5).
8142 Las cosas superfluas de los ricos son las necesarias de los pobres. Se poseen bienes ajenos
cuando se poseen bienes superfluos (CS 147,12).
8143 Aprended, pues, a ser pobres y a echaros en manos del Señor, ¡hermanos míos! Uno es rico, es
soberbio (S 14,2).
8144 ¿Por qué alabo al pobre humilde que no tiene de qué envanecerse? ¿Quién tolera a un pobre
soberbio? Alaba al rico humilde, alaba al rico pobre (S 14,2).
8145 Escúchame, ¡oh pobre!... Cuando dices que tú eres aquel santo ulceroso, mucho me temo que,
ensoberbecido, no seas realmente lo que dices (S 14,4).
8146 ¡Oh pobre, sé tú también pobre; pobre, esto es, humilde! (S 14,4).
8148 El pobre no tiene de qué envanecerse; el rico tiene algo con qué enfrentarse (S 14,4).
8149 Ya vais entendiendo que, aunque abunden los pobres, nosotros buscamos al pobre; lo buscamos
entre una gran muchedumbre, y apenas sí lo hallamos. Se me presenta un pobre, y yo busco al pobre (S
14,5).
8150 ... No habla aquí del pobre, si éste es borracho; y tampoco del rico, si éste es piadoso. Dios premia
la piedad, no la indigencia (S 20A,9).
8151 Quienes sois pobres esforzaos por tener riquezas interiores, por tener los corazones llenos de
virtudes, por poseer la justicia, la piedad, la caridad, la fe y la esperanza. Estas son las verdaderas
riquezas, que ni siquiera en un naufragio podéis perder (S 25A,3).
8153 Hubo muchos pobres que se encontraron más seguros en medio de los desórdenes de este mundo
(S 36,5).
8154 El que te hizo rico, el que te dio el que puedas dar, hizo de los pobres tu portaequipajes (S 38,9).
8155 Quizá quieras saber de mí qué significa ser pobre de espíritu. Nadie que se infla es pobre de
espíritu; luego el humilde es el pobre de espíritu (S 53,1).
8156 En esto consiste ser manso: en no poner resistencia a Dios, de manera que en lo bueno que haces
sea él quien te agrade, no tú mismo; y en lo malo que sufras no te desagrade él, sino tú a ti mismo (S 53,2).
8158 "Dichosos los pobres de espíritu"... No los pobres en riquezas, sino en deseos (S 53A,2).
8159 La primera recomendación que hizo el Señor en el sermón de la montaña fue la humildad, es decir,
la pobreza (S 53A,2).
8160 Pon tu mirada en quienes pasan hambre, en los desnudos, en los necesitados, en los peregrinos,
en los cautivos; fija en ellos tus ojos. Serán tus portaequipajes en tu caminar hacia el cielo (S 53A,6).
8161 Si sientes hambre y sed, eres mendigo de Dios. Estás como mendigo a la puerta de Dios. A tu
puerta hay otro mendigo. Lo que tú hagas con tu mendigo, eso hará Dios con el suyo (S 53A,10).
8162 Cuando dices: "Danos hoy nuestro pan de cada día", te proclamas mendigo de Dios (S 56,9).
8163 No son dichosos porque sienten hambre y sed, sino "porque serán saciados". La dicha se hallará en
la saciedad, no en el hambre. Preceda, pues, el hambre a la saciedad, no sea que el cansancio de placer
sea causa para no acercarse a los panes (S 61,7).
8164 He aconsejado a los ricos; oíd ahora los pobres. Los primeros, dad; los segundos, no robéis. Los
unos dad de vuestras riquezas; los otros frenad vuestras apetencias (S 85,6).
8165 Tenéis en común con los ricos el mundo, pero no la casa. Tenéis en común con ellos el cielo y la
luz. Buscad lo que basta; buscad eso, nada más. Las demás cosas oprimen, no elevan; cargan, no honran
(S 85,6).
8166 Buena cosa es servir a los pobres y, sobre todo, a los santos de Dios, como obsequio de piedad.
Este servicio más bien se devuelve que se da; es decir, es deuda, no dádiva (S 103,5).
8167 Emigra. Los pobres son tus portaequipajes; se han hecho tales por el quebrantamiento del mundo.
Luego haces el trayecto. Das aquí y recibes allí (S 114A,4).
8168 Quien hizo al pobre, recibe en la persona del pobre. Recibe de la persona del rico quien hizo al rico.
Recibe de lo que él mismo dio (S 114A,4).
8169 Tengas lo que tengas, tú que tanto tienes, ¿no eres mendigo de Dios? Cuando llegue la hora de la
oración, te lo demostraré. Allí pides. ¿Cómo pides, si no eres pobre? (S 123,5).
8170 ¿Qué no tiene el pobre si tiene a Dios? Y el rico, ¿tiene algo si a Dios no tiene? (S 125A,4).
8171 ¿En qué consiste el peso de la pobreza? En no tener. ¿Y el de las riquezas? En tener más de lo
necesario. Uno y otro estáis cargados. Ayúdale en el no tener, ayúdate en el tener más de lo necesario,
para que se igualen vuestras cargas... (S 164,9).
8172 El pobre quiere dar, pero no tiene; a él le resulta difícil, a ti fácil. El ser rico te es provechoso,
porque, si quieres hacerlo, inmediatamente lo haces (S 177,10).
8173 Aprended a acoger a los huéspedes, pues en ellos se reconoce a Cristo (S 236,3).
8174 Tú te jactas de ser pobre; yo te pregunto si eres fiel; en efecto, la pobreza en un infiel significa
tormento aquí y condenación allí (S 299E,3).
8175 Esto suele decirse de los que son extremadamente pobres: "Es tan pobre que no tiene con qué
vivir" Así nos hallábamos todos, tanto los pobres como los ricos. En efecto, tampoco tiene con qué vivir el
rico que desconoce la vida eterna (S 299F,1).
8176 La pobreza total, es decir, el pobre de todo, tiene pocas riquezas, pero muchos deseos. Dios no se
fija en lo que tiene, sino en lo que desea (S 301A,4).
8177 ... No murmuréis de Dios. Escuchadme, ¡oh pobres!: "Qué no tenéis, si tenéis a Dios?"
Escuchadme, ¡oh ricos!: "Qué tenéis, si no tenéis a Dios?" (S 311,15).
8178 Mi vestimenta debe ser tal que pueda darla a un hermano mío, si él no tiene... (S 356,13).
8179 El pobre es el camino hacia el cielo por el que se llega al Padre (S 367,3).
8180 Son pobres de espíritu los humildes y temerosos de Dios, es decir, los que no tienen espíritu que
infla (SM 1,1,3).
8181 "Bienaventurados los pobres de espíritu", es decir, los que no son hinchados, los que se someten a
la divina autoridad por temor a las penas que pueden venirles después de la muerte, sea cualquiera la
felicidad que se imaginen poseer en esta vida (SM 1,3,10).
324 700 701 2291 2714 3791 4546 5775 7377 8403 8698 8713 8719 8721 9893 9894
POBREZA
8182 Ignoro si puedo llevar con igualdad de ánimo o de mala gana la carencia de alguna cosa, hasta ver
que me falta (C 10,37,60).
8183 Todos los días me dirijo a la basílica, todos los días me postro ante el Señor, cotidianamente lo
busco, y, no obstante, no poseo ningún bien; éste no buscó al Señor y murió rodeado de bienes inmensos
(CS 33,s.2,14).
8184 De qué te aprovecha el padecer pobreza si te abraza el deseo de la codicia? (CS 51,14).
8185 Atended a esto: no reprendáis sin ton ni son a los ricos y, asímismo, no presumáis de pobres o de
necesitados. Si no debe presumirse de las riquezas, ¡cuánto menos de la pobreza! (CS 51,15).
8186 Tal vez la pobreza te sirva de enseñanza; la abundancia podría corromperte (S 21,8).
8187 Nadie puede aparecer como despreciador de una cosa si no ha llegado a ser poseedor de la misma
(S 50,3).
8188 Si quieres saber que la pobreza no es una desdicha, hay algunos pobres dichosos. Si quieres saber
que la pobreza no es la felicidad, hay ciertos pobres desdichados (S 50,5).
8189 A muchos les fue provechosa la pobreza y les dañaron las riquezas; a muchos aprovechó la vida
privada y les dañó la alta dignidad (S 80,7).
8190 Vosotros, los que os gloriáis de vuestra pobreza, evitad la soberbia, no sea que os superen los ricos
humildes; evitad la impiedad, no sea que os superen los ricos piadosos; evitad la borrachera, no sea que os
venzan los ricos sobrios. No os gloriéis de vuestra pobreza, si es que no deben ellos gloriarse de sus
riquezas (S 85,2).
8191 Todo lo desdeña quien desdeña, no sólo lo que pudo tener, sino también lo que quiso tener (Ca
31.5).
8192 Los siervos de Dios toleran las fatigas de la pobreza antes de conseguir las cosas necesarias con
conciencia de fraude (Ca 96,2).
8193 La pobreza laboriosa nunca es pecado, y es, por el contrario, un freno y una valla para el pecado
(Ca 104,1.3).
8194 Más provechoso es necesitar que abundar cuando se trata de los medios para satisfacer la malicia
(Ca 104,1.4).
8195 Mejor es carecer de algo y pedírselo a Dios que sobresalir en algo y atribuírselo a sí propio (Ca
157,2.10).
8196 No honró Dios la pobreza por ella misma, ni condenó en el rico las riquezas, sino que en aquél la
piedad y en éste la impiedad tuvieron su merecido (Ca 157,4.23).
8197 Es cierto que tener que sufrir hambre y pobreza es condición común a todos los hombres, pero el
saberlas sufrir y soportar es negocio reservado sólo a las almas grandes (BM 21).
8198 ¿Por qué presumís de vivir la pobreza cristiana, si carecéis del amor cristiano? (CF 5,5).
PREDICACIóN
8199 Si Dios no dirige la mente y obra sobre ella con su gracia interior, ningún fruto sacará el hombre de
la predicación de la verdad (CD 15,6).
8200 La palabra de Dios no está atada a las angustias de las persecuciones ni en los predicadores
apresados (CD 17,4,3).
8201 De nada sirve predicar la verdad si el corazón disiente de la lengua, y de nada aprovecha oir la
verdad si el hombre no edifica sobre piedra (CS 57,23).
8202 Así, pues, por esto se nos amonestó que a la predicación de la palabra de Dios respondamos con
las obras corporales (CS 80,5).
8203 Hablo, pero hablo tus cosas. "Anunciaré tu verdad por mi boca". Si no agasajo, no soy siervo; si
hablo por mí, soy mentiroso. Que hable por ti y hable yo son dos cosas; una tuya y la otra mía; la verdad es
tuya, la boca mía. Oigamos qué verdad anuncie y qué misericordias realce (CS 88,2).
8205 ... Hablo así porque prefiero que me reprenda el gramático a que no entienda el pueblo (CS
138,20).
8206 Por tanto, hermanos míos, brevemente he dicho en qué debe probarse cada uno de vosotros; no en
no hablar, sino en que cada uno hable en razón de la exigencia del oficio. Por propia voluntad se goce en el
silencio, por necesidad exponga la palabra de enseñanza (CS 139,15).
8207 ... como es dulce en extremo, ha de ser comido, ha de ser eructado. Come de modo que eructes,
recibe de suerte que des. Comes cuando aprendes, eructas cuando enseñas. Comes cuando escuchas,
eructas cuando predicas (CS 144,9).
8208 Si en el sermón os doy algo bueno, no lo daré yo, sino que lo dará aquel de quien todos recibimos,
pues todos esperamos de El (S 2,6).
8209 Hablándoos salvo mi alma. Si me callo, no sólo me encuentro en un gran peligro, sino también en
una irreparable perdición. Pero una vez que os hablo y cumplo con mi deber, atended vosotros mismos a
vuestro peligro (S 17,2).
8210 Si no me oís y yo sigo hablando, salvaré mi alma. Pero no quiero salvarme sin vosotros (S 17,2).
8211 Todo ha terminado. Hoy habéis venido pocos, pero, si habéis escuchado bien, no sois tan pocos.
No os engañe el que es falaz, porque no os engaña el que no es falaz (S 19,6).
8212 Si el magisterio implica peligro, el discipulado es algo seguro... Más seguro está quien oye la
palabra que quien la pronuncia (S 23,1).
8213 Quien habla, aun si no peca, lo cual es difícil, ¿cuánto sufre ante el temor de pecar? (S 23,2).
8214 Escuchemos. Lo que voy a decir, lo dijo Cristo. ¿Desprecias al pregonero? Teme al menos al juez
(S 60,5).
8215 Y de lo que he podido investigar pensando, o explicar hablando, demos gracias a Aquel de quien
buscamos, a quien pedimos y a quien llamamos para tener con qué alimentarnos nosotros meditando y
serviros a vosotros hablando (S 71,38).
8216 Hermanos, ¿os dais cuenta de lo que digo? No sé cómo decirlo, pero tampoco sé cómo callar. Esto
es lo que digo y lo digo abiertamente: temo a Jesús en cuanto pasa y en cuanto permanece, y por eso no
puedo callar (S 88,13).
8217 Es conveniente, por tanto, que en la asamblea de los cristianos los que están al frente de ella se
sienten en lugar más elevado, para que mediante la misma sede se distingan de los demás y aparezca con
claridad su ministerio; no para que a causa de ella se inflen, sino para que piensen en la carga de la que
han de rendir cuentas (S 91,5).
8218 Lo que os sirvo a vosotros, no es mío. De lo que coméis, de eso como; de lo que vivís, de eso vivo.
En el cielo tenemos nuestra común despensa: de allí procede la palabra de Dios (S 95,1).
8219 Los pies del Señor son los predicadores del evangelio (S 99,13).
8220 Todos pertenecemos a un único Señor. Lo que doy no lo doy de mi propia cosecha, sino de la
despensa de Aquel de quien también yo recibo (S 101,4).
8221 También yo estuve donde ahora estáis vosotros. Y si ahora me veis repartir los alimentos a mis
consiervos desde un lugar más elevado, pocos años ha recibía estos alimentos junto con mis consiervos en
un lugar inferior. Hablo como obispo a laicos; pero, ¿cómo saber a cuántos futuros obispos estoy hablando?
(S 101,4).
8223 No te preocupes de lo que busca el predicador; lo que anuncia, eso debes tener. No mires, ni te
interese lo que él pretende. Escucha la salvación de su boca y reténla aunque venga de sus labios. No te
constituyas en juez de su corazón. Lo ves ir, por ejemplo, detrás de otra cosa; ¿a tí que te va? Escucha sólo
la salvación que predica (S 101,10).
8224 ¿Es bueno el hombre que predica? Toma la uva de la misma vid. ¿Es malo? Coge la uva, aunque
penda del seto espinoso. El racimo es fruto del sarmiento, no de las espinas, aunque haya crecido
enredado entre ellas (S 101,10).
8225 Reunidos aquí hoy y colgados de la palabra del despensero divino, no paréis los ojos en esta carne
mía, por cuyo medio se os profiere; cuando hay hambre, no se mira la vileza del plato, sino la calidad del
alimento (S 125,8).
8226 Es menester aquí serenidad de espíritu, una fe llena de piedad, veneración, presencia de Dios, y no
poner los ojos en mí, pobre bandeja, sino en el que pone en esta bandeja el pan (S 126,8).
8227 Y basta ya, hermanos, pues no se me oculta que, meditando esto, quizá lo comprendan muchos; en
cambio, muchas veces, a más hablar, más se oscurece lo hablado (S 126,15).
8228 Hay en la Iglesia hombres que, según dice el Apóstol, anuncian el Evangelio por conveniencias,
buscando de los hombres su propio medro, ya en dinero, ya en honores, ya en alabanzas humanas (S
137,5).
8229 Quien oye la doctrina saludable a quien no tiene salud, si cree en él sin poner en él la esperanza, el
predicador saldrá perdiendo, pero el creyente ganando (S 137,5).
8230 Aunque nos estéis viendo dirigiros la palabra desde un sitio superior al vuestro, estamos
espiritualmente debajo de vuestros pies, porque sabemos cuán peligrosa responsabilidad trae aneja esta
silla, en apariencia tan honorífica (S 146,1).
8231 Nosotros, como agricultores en el campo, trabajamos desde fuera. Si no hubiera quien trabaja
desde dentro, ni la semilla se fijaría en la tierra, ni brotaría al exterior,... (S 152,1).
8232 Si os mantenéis en silencio, podréis oír. No encuentra lugar para sí la sabiduría donde no existe
paciencia. Hablamos nosotros, pero es Dios quien instruye; hablamos nosotros, pero es Dios quien enseña
(S 153,1).
8233 Nosotros podemos plantar y regar, pero es asunto de Dios el dar el crecimiento. Quien planta y
riega, actúa desde el exterior; quien da el crecimiento enriquece interiormente (S 153,1).
8234 Como nosotros oramos para que podáis recibirlo, orad vosotros también para que podamos
explicároslo. Vaya de acuerdo nuestra oración, y de esta forma Dios os hará buenos oyentes y a nosotros
pagadores fieles de la deuda (S 153,1).
8235 ... Vuestras casas son vuestros cuerpos; vuestras casas son vuestra carne. Sube al tejado, pisotea
la carne y predica la palabra (S 159,8).
8236 No hay cosa que haga más perezoso al dispensador de Dios para refutar a los contradictores que el
temor a la palabra dura (S 178,1).
8237 Pierde el tiempo predicando exteriormente la palabra de Dios quien no es oyente de ella en su
interior (S 179,1).
8239 Poseyendo a Dios no sufrirás estrechez ninguna con tu coheredero. Llama, fuerza a amar a Dios a
cuantos puedas persuadir, a cuantos puedas invitar; él es todo para todos y todo para cada uno (S 179A,4).
8240 Os es mejor oírme cuando os amonesto que experimentar mi mano cuando esté enfadado (S
196,4).
8241 Cuando os reunís en la Iglesia, evitad las habladurías necias y prestad atención a la Escritura.
Nosotros somos vuestros libros (S 227).
8242 Si alguien dispone de una mejor inteligencia del texto, que me la enseñe: el que me toque enseñar
no significa que no pueda aprender. Quien, en cambio, no dispone de nada mejor, escuche de mi boca lo
que ya entiende (S 244,2).
8243 Mi sermón se dirige a vosotros, niños recien nacidos, pequeños en Cristo, nuevo retoño de la
Iglesia, gracia del Padre, fecundidad de la madre, germen piadoso, enjambre nuevo, flor de nuestro honor y
fruto de nuestra fatiga, gozo y corona mía... (S 260A,1).
8244 Anunciad, pues, a Cristo donde podáis. Se os pide la fe, no la elocuencia; hable en vosotros la fe, y
será Cristo quien hable (S 260E,2).
8245 Habéis escuchado el salmo: "Creí, y por eso hablé". No pudo creer y quedarse callado. El que no
da es ingrato para con quien lo llena a él; todos deben dar de aquello de lo que han sido llenados (S
260E,2).
8246 Escucha conmigo; no digo que me escuches a mí, sino que escuches conmigo, pues en esta
escuela todos somos condiscípulos; el cielo es la cátedra de nuestro maestro (S 261,2).
8247 ... permita la estrella ser eclipsada por el sol. Así, pues, hablemos del Señor, como habíamos
comenzado. El buen siervo goza cuando se alaba a su Señor (S 262,2).
8248 Hablo a condiscípulos en la escuela del Señ[Link] un único maestro, en el que todos somos
uno (S 270,1).
8249 El relato ha sido largo, pero la fatiga del oyente queda compensada por la dulzura de la verdad (S
287,1).
8251 (Mi palabra) es el ministerio mediante el cual es oportuno y conveniente que os sirva (S 293A,1).
8252 En esta solemnidad, yo os debo un sermón, vosotros me debéis atención y todos debemos
devoción (S 293C,1).
8253 Yo, a la vez que os alimento, me alimento con vosotros; concédame el Señor fuerzas para amaros
hasta morir por vosotros ya en la realidad, ya en la disponibilidad (S 296,5).
8254 Estamos sentados delante y en un lugar más elevado para enseñar, pero en esta única escuela
tenemos un maestro común que está en el cielo (S 298,5).
8255 Escuchadme, granos santos, pues no dudo que los hay aquí; pues, si lo dudare, ni siquiera yo sería
grano. Escuchadme, repito; mejor, escuchad al primer grano por boca mía (S 305,2).
8256 Si no cumplo yo lo que enseñé, aunque ellos estén ya coronados, los demás se enfriarán. Es justo,
pues, que cumpla lo que enseñé y, cumpliéndolo, enseñe lo que cumplí... (S 313D,4).
8257 ... De donde yo vivo, de allí saco mis palabras; sirvo aquello de lo que me alimento yo mismo (S
319A).
8258 Hoy tengo que dar de comer a quienes son pobres como yo, y he de comportarme
humanitariamente con ellos; a vosotros os ofrezco como manjar mi palabra (S 339,4).
8259 Soy un siervo, no un padre de familia. Os sirvo de lo mismo de lo que yo vivo: del tesoro del
Señor... (S 339,4).
8260 Si os sirviera pan, habría que partirlo; cada uno tomaríais un pedazo y, por mucho que sirviese, no
llegaría más que una mínima porción a cada uno. En cambio, lo que digo lo tienen todo todos y cada uno en
particular (S 339,4).
8261 ... Temo ser acallado. Me fuerzan a predicar; infundo terror porque estoy aterrorizado yo. Temed
conmigo para gozar conmigo (S 339,8).
8262 Conviene que el sermón de un anciano no sólo sea sustancioso, sino también breve (S 350,3).
8263 No ignoro que tengo que servir a vuestra voluntad, buena y provechosa. Ayudadme con vuestro
deseo y atención: deseo de Dios y atención a la palabra, para que pueda deciros lo que juzgue útil quien os
alimenta por medio de mí (S 352,1).
8264 Vuestro escuchar sea mi consuelo, para que mi dolor no sea un testimonio contra vosotros (S
392,1).
8265 ... "Entonces. ¿me he hecho enemigo vuestro al deciros la verdad?" Si es por ese motivo, sea así.
Si es preciso convertirse en enemigo vuestro, prefiero ser enemigo vuestro a serlo de la justicia (S 392,3(4).
8266 Si el mismo Señor subió y bajó, es evidente que sus predicadores suben por su imitación y bajan
por la predicación (TEJ 7,23).
8267 Nadie se distraiga en otras cosas; porque, si el que está todo él en la explicación apenas la
comprende, el que se distrae a mil pensamientos, ¿no se le irá del corazón lo que había comprendido?
(TEJ 12,1).
8268 Lléguese el hombre con confianza al ministro inferior, porque hay un maestro que le es muy
superior (TEJ 15,3).
8269 Lo que, según mi capacidad, entiendo, eso es lo que os pongo a la mesa; cuando se me muestra,
me alimento con vosotros, y cuando se me oculta, llamo con vosotros (TEJ 18,1).
8270 Hablaré, pues. Entienda quien pueda, y crea quien no puede entender (TEJ 36,7).
8271 Fácil es oir la voz de Cristo, fácil es alabar el Evangelio, fácil es aclamar al predicador; pero
perseverar hasta el fin, es propio de las ovejas que oyen la voz del pastor (TEJ 45,13).
8272 Si nos vemos en la precisión de amenazar, hagámoslo con dolor, predicando con textos bíblicos el
castigo futuro (Ca 22,1.5).
8273 En vano lo tramaría todo el obrero desde el exterior si el Creador no obrase a escondidas en el
interior (BV 18,22).
8274 El mismo que otorga la virtud a sus fieles cuando pelean por ella es quien otorga la palabra a sus
ministros cuando hablan de ella (Co 1,1).
8275 No interesa el ingenio de quien diserta, sino la autoridad del que manda (TM 31,39).
8276 Pone la luz debajo de un celemín todo aquel que oculta y oscurece la luz de la buena doctrina con
las comodidades o ventajas temporales... Coloca la luz sobre un candelero aquel que subordina su cuerpo
al servicio de Dios, de manera que ocupe lugar superior la predicación de la verdad, e inferior el servicio o
provecho del cuerpo (SM 1,6,17).
8277 Nosotros, por ejemplo, no debemos evangelizar para comer, sino comer para evangelizar; porque,
si evangelizamos para comer, manifestamos menor aprecio del Evangelio que del alimento, y de esta
manera será nuestro bien el comer, y nuestra necesidad el Evangelio (SM 2,16,54).
8278 Cuando se predica el Evangelio, unos creen y otros no creen; porque los que creen, cuando suenan
exteriormente las palabras del predicador, escuchan interiormente la voz del Padre y aprenden de El; mas
los que no creen, aunque oyen exteriormente, no escuchan ni aprenden interiormente; es decir, a unos se
les concede el creer y a los otros no se les concede (PS 8,15).
8279 Uno viene a la fe por un camino, otro por diferente; una misma cosa impresiona cuando se dice de
una manera, y no produce el mismo efecto cuando se dice de otra, o mueve a uno y no mueve a otro (CDS
1,2,14).
8280 Cuando con sus palabras planta y riega un doctor, podemos decir: quizá crea el discípulo, quizá no
crea, pero si Dios da el crecimiento, sin duda cree y crece. Esta es la diferencia entre ley y promesa, letra y
espíritu (RJI 2,157).
8281 Tanto más o menos sabiamente habla un hombre cuanto más o menos hubiere aprovechado en las
santas Escrituras (DC 4,5,7).
8282 A éste, pues, que está obligado a decir con sabiduría lo que no puede expresar con elocuencia, le
es en sumo grado necesario retener las palabras de las Escrituras, porque cuanto más pobre se ve en las
suyas tanto más debe enriquecerse en aquellas, a fin de que lo que dijere con las propias, lo pruebe con
aquellas, y así el que era pequeño con las propias, crezca en cierto modo con el testimonio de las grandes
(DC 4,5,8).
8283 Deleitará probando (con la Escritura) el que no puede deleitar diciendo (DC 4,5,8).
8284 Al buen oyente no es tanto lo que le instruye el examen diligente de un pasaje, como le excita
pronunciado con entusiasmo (DC 4,7,21).
8285 Debemos imitar (a los autores sagrados) en aquellos pasajes que escribieron con útil y saludable
oscuridad con el fin de ejercitar y, en cierto modo, aguzar las mentes de los lectores y al mismo tiempo
quebrantar el fastidio y avivar el deseo de los que quieren aprender (DC 4,8,22).
8286 Conviene, pues, que el orador sagrado cuando aconseja alguna cosa que debe ejecutarse, no sólo
enseñe para instruir y deleite para retener la atención del auditorio, sino también mueva para vencer (DC
4,13,29).
8287 Este nuestro orador cuando habla cosas justas, santas y buenas, y no debe hablar otras, ejecuta al
decirlas cuanto puede para que se le oiga con inteligencia, con gusto y con docilidad (DC 4,15,32).
8288 No dude si lo puede, y en la medida que lo puede, más lo podrá por el fervor de sus oraciones que
por la habilidad de la oratoria. Por tanto, orando por sí y por aquellos a quienes ha de hablar, sea antes
varón de oración que de peroración (DC 4,15,32).
8289 Cuando ya se acerque la hora de hablar, antes de soltar la lengua una palabra eleve a Dios su
alma sedienta para derramar lo que bebió y exhalar de lo que se llenó (DC 4,15,32).
8290 Si el Espíritu Santo habla en aquellos que son entregados a sus perseguidores por amor a Cristo,
¿por qué no ha de hablar también en aquellos que entregan a Cristo a sus oyentes? (DC 4,15,32).
8291 ... De aquí se sigue que nadie, ni por obra de los mismos santos, ministros de Dios, ni por los
mismos ángeles, aprenderá rectamente lo que pertenece a vivir con Dios, a no ser que sea hecho por Dios
dócil a Dios (DC 4,16,33).
8292 El que hablando intenta persuadir lo que es bueno, sin depreciar ninguna de estas tres cualidades,
a saber, que enseñe, que deleite y que mueva, ore y trabaje, como hemos dicho arriba, para que le oigan
inteligente, agradable y obedientemente (DC 17,34; 26,56).
8293 Aunque el autor cristiano debe decir cosas grandes, no siempre ha de decirlas en estilo elevado;
sino que para instruir usará el estilo llano; para alabar o vituperar, el moderado; al tratar de algo que debe
hacerse, si hablamos con los que deben hacerlo y se niegan a ello, entonces las cosas grandes se deben
decir con estilo sublime y conveniente para doblegar los ánimos (DC 4,19,38).
8294 No porque a un orador se le aclame con frecuencia y entusiasmo se ha de juzgar que habla en
estilo elevado, pues también hacen el mismo efecto la agudeza del estilo sencillo y los adornos del
moderado (DC 4,24,53).
8295 El estilo elevado, por su mismo peso, las más de las veces oprime las voces, pero exprime las
lágrimas (DC 4,24,53).
8296 Si al que habla no se le oye con inteligencia y con agrado, no podrá ser oído con obediencia (DC
4,26,58).
8297 Para que al orador se le oiga obedientemente, más peso tiene su vida que toda cuanta
grandilocuencia de estilo posea (DC 4,27,59).
8298 Así, predicando lo que no hacen, aprovechan a muchos, pero aprovecharían a muchísimos
haciendo lo que dicen (DC 4,27,60).
8299 ... De aquí procede que no oigan obedientemente al que no se oye a sí mismo, y que desprecien
junto con el mismo que les habla, la palabra de Dios que les predica (DC 4,27,60).
8300 Un orador que posee tales cualidades, para que se le oiga con obediencia, habla con toda razón no
sólo en estilo sencillo y moderado, sino también en el sublime, por no vivir despreciablemente... (DC
4,28,61).
8301 En su mismo sermón ha de querer agradar más con la doctrina que con las palabras, y ha de juzgar
que sólo habla mejor cuando dice la verdad (DC 28,61).
8302 Contender en palabras es no procurar que la verdad venza al error, sino que tu lenguaje se prefiera
al del otro (DC 4,28,61).
8303 ¿Qué es, pues, hablar no sólo con elocuencia, sino también con sabiduría, sino emplear palabras
adecuadas en el estilo llano, brillantes en el moderado y vehementes en el sublime, pero aplicadas siempre
a cosas verdaderas que convengan ser oídas? El que no pueda las dos cosas, diga con sabiduría lo que no
pueda decir con elocuencia, antes que decir con elocuencia lo que no dice sabiamente (DC 4,28,61).
8304 El que habla con palabras ajenas es el que habla bien y vive mal, pues todas las cosas buenas que
dice parecen extraídas de su propio ingenio, pero son ajenas a sus costumbres (DC 4,30,63).
8305 Cuando un orador tenga que hablar al pueblo o a un grupo más reducido, o dictar lo que se ha de
decir públicamente, o lo que se ha de leer por otros- si quieren y pueden- ore para que Dios ponga en sus
labios palabras apropiadas (DC 30,63).
8306 El estilo llano y común lo entienden también los instruídos, pero el retórico no lo entienden los
rústicos (CGM 1,1,1).
8307 No hablaremos nada con rectitud a no ser que Dios nos ayude. Se habla con rectitud, verdad y
congruencia cuando, dudando aún de si una cosa es verdadera o falsa conforme a la fe o a la ciencia
cristiana, no se rechaza nada audazmente o se afirma algo temerariamente (CLG 7,1,1).
8308 Clarísimo es aquel acostumbrado precepto de suministrar al predicador de la palabra de Dios todo
lo necesario por aquel a quien se predica (ECG 60).
8309 Luego os decimos esto: ya plantemos, ya reguemos hablando, nada somos; lo es todo sólo Dios,
que da el crecimiento, es decir, su unción, que os enseña todas las cosas (TCJ 3,13).
8310 Dios habla interiormente a los que le dejan sitio, y le dejan sitio los que se lo han quitado al diablo
(TCJ 4,1).
8311 El que por temor a las molestias carnales esconde la palabra de Dios, antepone lo carnal a la
manifestación de la verdad, que es como esconder la palabra de Dios por temor a predicar (CEv 2,12).
8312 De nada vale la agudeza de ingenio ni la elegancia de estilo, si el Señor no dirige los pasos del
hombre (CF 1,1).
8313 Una cosa es lo que enseñamos, otra lo que aguantamos, otra lo que se nos ordena mandar, otra lo
que se nos manda enmendar y nos vemos forzados a tolerar hasta que llegue la enmienda (CF 20,21).
8314 Sé que canto todo esto a gente muy sorda. Con todo, no pierdo la esperanza de que mi canto ha de
hallar su oído, abierto por el Señor, por quien es verdad cuanto estoy diciendo (CF 22,12).
8315 La fatiga de los justos da el máximo fruto en aquellos en los que engendran para el reino de Dios
anunciando el Evangelio entre muchas pruebas y tribulaciones (CF 22,54).
8316 ¿Qué otra cosa anticipa en figura sino que todo predicador del Evangelio debe trabajar en la Iglesia
de modo que procure descendencia a su difunto hermano, es decir, a Cristo, que murió por nosotros, y que
lo que nazca reciba su nombre del mismo Cristo? (CF 32,10).
8317 Al que, habiendo sido elegido por la Iglesia, rehúse el ministerio de evangelizar, con razón y
dignidad lo desprecia la misma Iglesia (CF 32,10).
8318 Tampoco a mí me agradan casi nunca mis discursos. En efecto, estoy deseando un discurso mejor,
del que con frecuencia me estoy gozando en mi interior, antes de comenzar a expresarlo con palabras
sonantes (CP 2,3).
8379 Se nos escucha con mayor agrado cuando también nosotros nos recreamos en nuestro propio
trabajo, porque el hilo de nuestro discurso vibra con nuestra propia alegría y fluye con más facilidad y
persuasión (CP 2,4).
8320 ... así como deben preferir escuchar discursos verdaderos a los bien elaborados, del mismo modo
deben preferir los amigos prudentes a los hermosos (CP 9,13).
8321 La oratoria forense puede algunas veces calificarse de buena dicción, pero nunca de bendición (CP
9,13).
8322 Un oyente impasible produce hastío al que habla [o porque su sensibilidad no se inmuta, o porque
no indica con ningún gesto exterior que ha comprendido o que le agrada lo que se le dice] (CP 10,14).
8323 Cuanto más amamos a las personas a las que hablamos, tanto más deseamos que a ellas agrade
lo que les exponemos para su salvación (CP 10,14).
8324 Si nos aburre repetir muchas veces las mismas cosas, sabidas e infantiles, unámonos a nuestros
oyentes con amor fraterno, paterno o materno, y fundidos a sus corazones, esas cosas nos parecerán
nuevas también a nosotros (CP 12,17).
8325 Deberemos decir muchas cosas, pero más a Dios sobre él (oyente) que a él acerca de Dios (CP
13,18).
8326 ... Por vergüenza no dice por qué se va, y por debilidad no puede permanecer de pie. Te digo esto
por experiencia, pues así me sucedió con un campesino, mientras yo lo instruía. Y de ahí aprendí a ser muy
atento en ese punto (CP 13,19).
8327 Si alguna vez predicamos a espíritus endurecidos y perversos sin fruto para su salvación, no
desfallezcamos ni desistamos en la tarea de la predicación, sintiendo disgusto por un trabajo inútil (RC
1,8,10).
632 2312 2350 2351 2566 2572 3927 4247 4250 4644 4689 4766 8815 8817 8820 8837 8909
PRóJIMO
8328 Conviene entender por prójimo a todo hombre, puesto que no hay nadie a quien deba hacérsele
mal (CS 11,3).
8329 Todos somos prójimos unos de otros por la condición del nacimiento terreno, y hermanos por la
esperanza de la heredad celeste (CS 25,1,2).
8330 Debes tener a todo hombre por prójimo tuyo aun antes de que sea cristiano (CS 25,2,2).
8331 Hay prójimos nuestros ocultos entre los hombres, que aún no están en la Iglesia, y hay muchos
ocultos en la Iglesia que están muy lejos de nosotros (CS 25,2,2).
8332 Hermanos, tengámosles compasión como a hermanos nuestros. Quieran o no, los donatistas son
nuestros hermanos (CS 32,2,s.2,29).
8333 El conocimiento del prójimo es, sin duda, más fácil, ya que todo hombre es prójimo del hombre, y no
debe pensarse en ninguna especie lejana en donde la naturaleza es común (CS 118,8,2).
8334 Todo hombre es prójimo de todos los hombres. Interroga a su naturaleza. ¿Es un desconocido?
Pero es un hombre. ¿Es un enemigo? Pero es un hombre. ¿Es un amigo? Siga siéndolo. ¿Es un enemigo?
hágase amigo (S 299D,1).
8335 ¿Qué hay más cercano a un hombre que otro hombre? (S 299D,2).
Hemos de tener por prójimo y no por extraño a aquel a quien deseamos que no siga siéndonos extraño (M2
6,15).
8336 Nuestro prójimo es aquel con quien hemos de ejercitar la misericordia, si la necesita, o con quien
debiéramos ejercitarla si la necesitara (DC 1,30,31).
8337 Nótese, además, que "hermano de un hombre" significa "cualquier hombre" (EH 2,56).
PROVIDENCIA
8339 Así cuidas de cada uno de nosotros como si no tuvieras más qué cuidar, y así de todos como de
cada uno (C 3,11,19).
8340 ¿Acaso Tú, aunque presente en todas partes, has arrojado lejos de ti nuestra miseria y permaneces
inmutable en ti en tanto que nos dejas a nosotros ser zarandeados por nuestras pruebas? Y, sin embargo,
es cierto que, si nuestros suspiros no llegasen a tus oídos, ninguna esperanza quedara para nosotros (C
4,5,10).
8341 Plugo a la divina Providencia disponer para la otra vida bienes a los buenos que no disfrutarán los
pecadores, y males a los impíos que no atormentarán a los justos (CD 1,8,1).
8342 Si Dios ahora castigase cualquier pecado con penas manifiestas, se creería que no reserva nada
para el último juicio. Al contrario, si ahora dejase impunes todos los pecados, creeríamos que no existe la
Providencia divina (CD 1,8,2).
8343 Si Dios no concediese las cosas prósperas con abierta generosidad a algunos de cuantos se las
piden, diríamos que no son de su jurisdicción; y asímismo, si las concediese a todos cuantos se las piden,
llegaríamos a pensar que sólo se le debe servir en espera de semejante recompensa. Y un servicio así,
lejos de hacernos más santos, nos volvería más ambiciosos, más avaros (CD 1,8,2).
8344 Con toda certeza, es la divina Providencia quien establece los reinos humanos. Si alquien se los
atribuye al destino por la única razón de que a la voluntad o al poder divinos los llama destino, que se
quede con su opinión, aunque debe cambiar de lenguaje (CD 5,1).
8345 Todas las cosas necesitan del que las hizo para ser y encontrarse bien (CD 10,15).
8346 Cuanto más ineptos somos para contemplar la obra de Dios, con tanta mayor razón se nos impone
la fe en la Providencia del Creador (CD 12,4).
8347 Dios es nuestra herencia, porque nos alimenta y conserva, y nosotros somos heredad de Dios,
porque nos administra y gobierna (CS 5,1).
8348 El que nos hizo, sabe lo que debe hacer; lo sabe y nos restaura... El arquitecto que edificó la casa
es excelente; si algo se hubiere destruído allí, sabe repararlo (CS 21,2,5).
8349 Todas las cosas necesitan del Señor: las miserables y las felices. Sin él, el infeliz no se levanta; sin
él, el feliz no es gobernado (CS 32,2,s.2,4).
8350 El Señor cuida de ti, estate seguro. El lleva en sus manos al que hizo; no caigas de las manos de tu
Creador; si caes de sus manos, te quebrarás (CS 39,27).
8351 Quien se preocupó de que existiese la tierra, ¿Abandonará en la tierra a su imagen? (CS 40,3).
8352 ¡Oh hombre!, ¿cómo no te ha de tener en cuenta Dios después de creado, siendo así que se
preocupó antes de ti para hacerte? (CS 109,2).
8353 Demos gracias a Dios, que oculta las cosas con providencia y las descubre con suavidad (S 8,18).
8355 Quien nos hizo antes de que nadie se lo suplicase, ¿Va a abandonarnos cuando se le ruega? (S
26,1).
8356 Si Dios cuenta nuestros cabellos, ¡cuánto más contará nuestras costumbres el que conoce nuestros
cabellos! (S 62,15).
8357 Dios actúa en nosotros para que su fortaleza sea causa de nuestro progreso y en la pequeñez de
nuestra humildad se perfeccione la virtud de la caridad (T 4,1,2).
8358 Pocas cosas castiga en este mundo, para que nadie ignore que existe la divina Providencia; y
reserva la mayor parte para el último examen, para encarecer el juicio futuro (Ca 153,2.4).
8359 Tal es la ley de la divina Providencia: que ninguno reciba ayuda superior para conocer y merecer la
gracia de Dios si él, a su vez, no presta socorro a los inferiores, con afecto desinteresado, para lograr el
mismo fin (VR 28,51).
8360 Nada sucede que no quiera el Omnipotente, o permitiendo que se haga o ejecutándolo El mismo (E
95,24).
8361 No se ha de dudar que Dios obra bien aun al permitir que se haga todo aquello que se hace mal,
pues no lo permite sin justo designio, y bueno es, en efecto, todo lo que es justo (E 96,24).
8362 Suponiendo que la Providencia divina no presidiera las cosas humanas, sería vana toda
preocupación religiosa (UF 16,34).
8363 El justo sirve libremente, el injusto sirve forzado, pero todos sirven a la divina Providencia. Unos
obedecen como hijos, y hacen de grado lo que es bueno; otros son encadenados como esclavos, y se hace
con ellos lo que es justo (Cc 7,7).
8364 Dios no obra como el arquitecto, el cual habiendo construído una casa, se retira y, no obstante, la
obra permanece sin necesidad de su trabajo y presencia. Si Dios retirase su gobierno del mundo, éste no
podría subsistir ni el tiempo de un parpadeo (CLG 4,12,22).
8365 Luego creamos, y si podemos entendamos, que hasta el presente obra Dios, y de tal forma que si
llegara a retirar su acción de las cosas creadas por El perecerían sobre la marcha (CLG 5,20,40).
8366 La providencia de Dios, que rige y administra el universo, rige y administra las naturalezas y las
voluntades; las naturalezas para que existan; las voluntades para que no sean buenas sin recompensa, ni
malas sin castigo (CLG 8,23,44).
8367 Dios omnipotente y absoluto sostenedor del universo, siempre el mismo por la inmutable eternidad,
verdad y voluntad, sin moverse en el tiempo ni en el espacio, mueve en el tiempo a la creatura espiritual y
mueve en el tiempo y en el espacio a la creatura corporal (CLG 8,26,48).
8369 La divina Providencia... gobierna como quiere a los que creó como quiso (CLG 9,18,33).
8370 La divina Providencia hace con la criatura, queriendo, lo que es bueno, y de aquella que no quiere
obrar el bien, hace lo que es justo (ECG 32).
8371 Para la divina Providencia que se extiende por todas las cosas, desde las más altas hasta las más
bajas, ni es nuevo lo que nace, ni perece lo que muere, sino que, en el propio orden de naturalezas o de
méritos, cada una de ellas o marcha, o llega, o permanece (CF 22,78).
8372 El único Dios y Señor de todas las cosas, sin mediación de criatura alguna, dirige las almas
humanas (Mu 6,1,1).
2960 2961 3073 3146 3889 4571 5263 6341 6691 7284 9185
RAZóN - MENTE
8375 Es propio de la razón superior juzgar de las cosas materiales según las razones incorpóreas y
eternas (T 12,2,2).
8376 Allí donde principiemos a vislumbrar algo que no sea común con los brutos, allí empieza la razón y
puede reconocerse al hombre interior (T 12,8,13).
8377 Razón es el movimiento de la mente capaz de discernir y enlazar lo que conoce... (O 2,11,30).
8378 De un modo aprecia la razón las cosas y de otro muy distinto las aprecia la utilidad (L 3,61).
8379 Razón sería cierta mirada de la mente, y raciocinio, la investigación de la razón, esto es, el
movimiento de esa mirada a través de las cosas que han de examinarse (Da 27,53).
8380 Admite lo dudoso hasta que la razón te aconseje o la autoridad te obligue o a rechazarlo o retenerlo
como verdad o como cosa que siempre se debe creer (VR 10,20).
8382 Con las locuras de otros se divierten los que de ningún modo quisieran ser tales (Cp 1,35,66).
8383 El que algo venga a la mente del hombre antes o después no depende de nuestra voluntad, sino de
un don (CE 2,21,51).
8384 La razón activa debe obedecer a la razón contemplativa, ya cuando actúa por la fe, como es el caso
mientras somos peregrinos lejos del Señor, ya en la visión, lo que sucederá cuando seamos semejantes a
él porque lo veremos como él es (CF 22,27).
8385 O bien la razón es el ánimo mismo, o bien está en el ánimo. Mejor es nuestra razón que nuestro
cuerpo, y nuestro cuerpo es ya una sustancia (IA 2,2).
8386 Razón es la mirada del ánimo con la que por sí mismo, y no mediante el cuerpo, contempla lo
verdadero; o también es la contemplación inmediata de lo verdadero; o también es lo verdadero que el
ánimo contempla directamente (IA 6,10).
8388 Quien no se sirve de la razón, no hace uso del arte (Mu 1,4,6).
134 141 182 185 196 209 210 215 219 228 229 234 250 254 273 274 280 281 287 354 549 1492 1726
1730 1738 1745 4309 4646 4684 4685 4698 4706 4764 4765 4823 5694 5827 6000 6613 6862 6995 8608
8626 8627 8628 8629 8916 9077 9414 9432 9447 9472
RECTITUD
8390 No es amigo de lo recto el que prefiere, si posible fuese, que no se mande lo que es justo (CS
67,18).
8391 La rectitud de Dios no agrada al malvado. ¿Quieres que te agrade quien es recto? Sé tú mismo
recto. Júzgate a ti mismo; no te perdones. Castiga, corrige, enmienda lo que en ti con razón te desagrada
(S 49,5).
8392 Amo más el examen crítico de los rectos que temo la dentellada de los impíos (T 2,pref.1).
8393 Mucho mejor es no desviarse en nada que desviarse un poco del camino recto (Ca 82,2.22).
8394 Nadie puede ser recto sin la rectitud de la voluntad (RJI 5,61).
8395 ¿Qué podemos entender si no entendemos que lo recto es mejor que lo torcido? (RM 27).
8396 Todo lo que el hombre haga con apariencia de rectitud, si no se refiere a la piedad para con Dios,
no conviene llamarlo recto (FO 7,11).
8397 La rectitud de corazón consiste en no oponerse al Padre, que corrige, y en creer al que promete
(RD 4,2).
8398 Es preciso, por ello, comprender el reino de los cielos de dos modos distintos: el primero donde se
encuentran estas dos clases de personas, el que no cumple lo que enseña y el que lo pone en práctica,
siendo uno el menor y el otro grande; y el segundo lo llamamos a aquel donde no entra más que el que
cumple los preceptos (CD 20,9,1).
8399 Reinan con Cristo quienes de tal manera viven en su reino, que ellos mismos constituyen su reino
(CD 20,9,1).
8400 Ambos reinos, el reino terreno y el reino celeste, el reino que ha de ser arrancado y el reino que ha
de ser por siempre plantado, tienen por ciudadanos peregrinos propios (CS 51,4).
8401 El secreto del reino de los cielos se hallaba velado en el Viejo Testamento para que, en la plenitud
de los tiempos, se revelase en el Nuevo (CS 77,2).
8402 ... son bienaventurados... no por lo presente, al padecer los males, sino por lo que se avecina...
Igualmente son bienaventurados los que lloran; no por el llanto, sino por lo que a continuación se sigue:
"porque reirán" (CS 118,1,3).
8403 El reino de los cielos será tuyo más tarde; ahora sé pobre de espíritu. ¿Quieres que más tarde sea
tuyo el reino de los cielos? Considera de quién eres tú ahora (S 53,1).
8404 El reino de Dios seremos nosotros si, creyendo en él, nos vamos perfeccionando. Serán su reino
todos los fieles redimidos con la sangre de su Hijo único (S 57,5).
8405 Su casa no es estrecha para ti; el reino de Dios es posesión común de todos; cada uno lo posee en
su integridad, ni disminuye al aumentar el número de los posesores, puesto que no se divide (S 88,18).
8406 El reino de los cielos está en venta al precio de una limosna (S 105A,1).
8407 El reino de los cielos puede ser comprado a cualquier precio. Nadie, aunque tenga sólo dos
denarios, ha de decir que no está en disposición de comprarlo. A este precio lo compró la viuda aquella (S
259,5).
8408 El asunto del reino de los cielos lo tramita en un lado y en otro quien está en todas partes (S 266,6).
8409 El reino de Dios no se vende, de forma que, cuando uno lo adquiere, se queda el otro sin tener qué
comprar... Siempre es comprado, y hasta el fin del mundo sigue en venta (S 359A,12).
RELIGIóN
8410 El camino de la religión, que se eleva hasta lo más encumbrado, arranca de la humildad (CD 2,7).
8411 La religión verdadera no proviene de ciudad terrena alguna. Es ella precisamente quien da origen a
la ciudad celeste (CD 6,4,1).
8412 La religión cristiana, cuanto más verdadera y más santa, con mayor ímpetu y libertad desbarata
todas las ficciones falaces a fin de que la gracia del Salvador auténtico libere al hombre de los dioses que
fabrica el hombre, y le sujete al Dios que hizo al hombre (CD 8,23,2).
8413 Reeligiendo a Dios, de donde procede el nombre de "religión", tendemos a El por amor para
descansar cuando lleguemos; y de este modo somos felices, porque en aquella meta alcanzamos la
perfección (CD 10,3,2).
8414 Si la religión verdadera se une a las virtudes civiles, convierte a los hombres en ciudadanos de otra
ciudad, cuyo rey es la verdad, cuya ley es la caridad, cuya medida es la eternidad (Ca 138,3.17).
8415 En ningún lugar está asegurado el progreso en la religión sino dentro de ella (Ca 2*,6).
8416 La verdadera religión es la virtud que religa al alma reconciliándola con el Dios único; ese Dios de
quien se había como arrancado por el pecado (Da 36,80).
8417 La verdadera religión es norma de toda vida buena y dichosa (VR 1,1).
8418 Ahora, pues, sirvamos más bien al Creador que a la criatura, sin desvanecernos con nuestros
pensamientos, y ésa es la perfecta religión (VR 10,19).
8419 Relíguenos, pues, la religión con el Dios omnipotente, porque entre nuestra alma, con que
conocemos al Padre y a la Verdad, esto es, la luz interior que nos la da a conocer, no hay de por medio
ninguna criatura (VR 55,113).
8420 Es, pues, el alma la razón de toda religión;... Por lo tanto, la verdadera religión -si hay alguna- ha
sido fundada por el alma y sólo para el alma (UF 7,14).
8421 Los hombres no pueden asociarse bajo el nombre, verdadero o falso, de ninguna religión, si no
están vinculados por alguna relación, fundada sobre signos o ritos visibles: la fuerza de esos ritos tiene un
valor inenarrable, por lo que hace sacrílegos a quienes la desprecian (CF 19,11).
8422 La religión es la que aporta el cuidado y el culto de una naturaleza superior, que llaman
divina (OC 31,1).
5365
RESURRECCIóN
8423 Quien quiera verse libre de condena en la segunda resurrección, que resucite en la primera (CD
20,6,2).
8424 Dos cosas eran conocidas al género humano y una desconocida. Los hombres conocíamos el
nacer y el morir, pero ignorábamos el resucitar y el vivir eternamente. Para darnos a conocer lo que
ignorábamos llevó a cabo las dos cosas que conocíamos (CS 68,2,5).
8425 Como nuestro espíritu se renueva por la fe, renuévase nuestra carne por la resurrección (S 57,6).
8426 En el bautismo se borra la iniquidad, pero queda la debilidad; en cambio, en la resurrección ya no
habrá iniquidad y se eliminará la debilidad (S 77A,2).
8427 No todos tienen (ojos) para ver cómo resucitan los muertos en el corazón, a no ser los que ya han
resucitado en su propio corazón. Más milagro es resucitar a quien ha de vivir siempre que resucitar a quien
volverá a morir (S 98,1).
8428 En comparación de aquella resurrección, toda la vida que llevamos es estiércol (S 170,7).
8430 Eliminada la fe en la resurrección de los muertos, se derrumba toda la doctrina cristiana (S 361,2).
8431 Quienes no hayan resucitado antes en el espíritu por la fe, no resucitarán en el cuerpo para aquella
transformación en que será asumida y absorbida toda corrupción, sino que resucitarán íntegros para el
castigo (S 362,23).
8432 La muerte según el espíritu consiste en no creer las vanidades que se creían y en no hacer el mal
que se hacía, y la resurrección según el espíritu, en creer las cosas saludables que no se creían y en hacer
el bien que no se hacía (S 362,23).
8433 Cuando se efectúa el alejamiento de cualquier obra mala, se produce una cierta muerte en el alma
y resucita en sus obras buenas (S 362,23).
8434 ¿Quién dará a los cadáveres su espíritu vital en la resurrección de los muertos sino el mismo que
anima los cuerpos diminutos en el seno materno para que nazcan a la vida los que han de morir? (T
3,6,11).
8435 El alma resucita por la penitencia; en el cuerpo mortal, la renovación a la vida se inicia por la fe, por
la que creemos en el que justifica al impío (T 4,3,5).
3073 9261
RICOS
8436 Como el rico no nace rico, así tampoco saldrá rico de este mundo. Ambos tienen el mismo
nacimiento e igual muerte... (72,13).
8437 Al rico le conviene reconocerse pobre, ya que, si se cree abastecido, es un engreído, no un repleto.
Se reconozca vacío para poder ser llenado. ¿Qué tiene? Oro. ¿Qué cosa no tiene? La vida eterna. Vea lo
que tiene y lo que no tiene. Hermanos, de lo que tiene dé, para que reciba lo que no tiene. Compre con
aquello que tiene lo que no tiene (CS 121,11).
8438 Cuando se alaba al rico, ¿qué se dice? "Es muy rico; nada le falta". Esta es una alabanza del que
alaba, porque en sí misma, cuando se dice: "Nada le falta", no lo es. Ve si nada le falta. Si nada desea,
nada le falta... (CS 122,12).
8439 No desprecies a los ricos misericordiosos, a los ricos humildes; y para decir en una palabra lo que
antes anuncié: no desprecies a los ricos pobres (S 14,4).
8440 ¿No te das cuenta de que el rico recibió al pobre? ¿No te das cuenta de que el rico es el que acoge
al pobre? Si te ensoberbeces contra los que tienen dinero y les niegas el pertenecer al reino de los cielos,
cuando posiblemente hay en ellos una humildad que no existe en ti, ¿no temes que después de la muerte te
diga Abraham: "Apártate de mí porque me injuriaste"? (S 14,5).
8441 Estad atentos a las preocupaciones de los ricos y comparadlas con la tranquilidad de los pobres.
Pero el rico que aprenda a no enaltecerse y a no confiar en lo incierto de las riquezas. Use del mundo como
quien no usa. Piense que está de camino y que ha entrado en el mundo de las riquezas como en una
posada... (S 14,6).
8442 ¡Rico!, en esta vida el pobre se ha convertido en tu compañero de viaje. Ves que él se fatiga porque
no tiene, y tú te fatigas porque tienes. El, al no poseer, no tiene donde apoyarse; tú poseyendo demasiado,
tienes algo que te oprime. Ayuda a la pobreza y disminuye tu carga (S 25A,4).
8443 Nos desagrada la persona que, no teniendo nada, presume ser rica. ¿Nos agradará quien, siendo
rico, se humilla? Tal vez nos agrade no porque es rico, sino porque se humilla (S 36,1).
8444 Grande es el rico que no se considera grande porque es rico. Quien por esta razón se considera
grande, es soberbio e indigente. Rebosa en su carne; en el corazón mendiga. Está hinchado, no lleno (S
36,2).
8445 ¿Existe alguien más rico que aquel por quien fueron hechas todas las cosas? El rico puede poseer
dinero, pero no puede crearlo (S 36,3).
8446 Los buenos fieles son todos ricos. Nadie se desprecie; aunque sea pobre en la despensa, es rico en
la conciencia (S 36,4).
8447 Quien es rico en la conciencia duerme más tranquilo en la tierra que el rico en oro envuelto en
púrpura (S 36,4).
8448 Sea humilde. Encuentre mayor gozo en ser cristiano que en ser rico. No se infle, no se ensalce (S
36,5).
8449 Son más profundamente ricos los ricos en el corazón, llenos de fortaleza, exuberantes de piedad,
pletóricos de caridad, ricos consigo mismos, ricos en su interior (S 36,7).
8450 (El Señor) hizo al rico para que ayudara al pobre; y al pobre para probar al rico. Cada cual obre
según sus posibilidades (S 39,6).
8452 El rico soberbio no posee, sino que es poseído. El rico soberbio es semejante al diablo. Si no tiene
a Dios, ¿qué tiene el rico soberbio? (S 53A,4).
8453 Recuerda, ¡oh rico!, el comienzo de tus días. Mira si trajiste algo a este mundo. Pero ya estás aquí
donde encontraste tantas y tan grandes cosas... (S 61,9).
8454 El pobre se sacia con alimentos comunes, el rico con manjares exquisitos. La saciedad es igual. La
posesión a que ambos quieren llegar es única, pero el primero quiere hacerlo directamente, el segundo
mediante un rodeo (S 61,12).
8455 El pobre no lleva nada, tú vas demasiado cargado. El no lleva nada consigo; tú llevas contigo más
de lo que te es necesario. Vas cargado; dale a él de eso que tienes. De esta forma, no sólo lo alimentas a
él, sino que también aligeras tu carga (S 61,12).
8456 Harto de placer, apenas te sacias. Desconoces el sabor de lo que afina el hambre (S 61,12).
8457 Te crees rico; pero si no tienes a Dios, ¿qué tienes? Otro puede ser pobre, pero si tiene a Dios,
¿qué no tiene? (S 78,5).
8458 Nació el rico, nació el pobre. Os encontrasteis caminando al mismo tiempo por un camino. Tú no
oprimas; tú no engañes. Este necesita, aquél tiene (S 85,7).
8459 A través del que tiene, (Dios) socorre al nacesitado; a través de quien no tiene, prueba al que tiene.
Lo hemos escuchado, lo hemos dicho; temamos, precavémonos, oremos, lleguemos (S 85,7).
8460 ¿De dónde procede tu gemido, ¡oh rico!? ¿De que no tienes dónde colocar tu carga? Hay un lugar.
No quiero verte gemir. Mira al hambriento y ya tienes dónde colocarla. ¿Temes perderla? Al contrario, es
entonces cuando no la pierdes (S 107A).
8461 Nazca un pobre, nazca un rico: nacen igualmente desnudos. ¿O, acaso, vives cuanto quieres por el
hecho de haber nacido en la nobleza? Entraste en ella sin saberlo y saldrás sin quererlo. Para acabar, mira
los sepulcros y trata de reconocer los huesos de los ricos (S 289,6).
8462 ¿Quiénes son los hambrientos? Los humildes, los indigentes. ¿Quiénes los ricos? Los soberbios e
hinchados (S 290,6).
8463 Ni se condena a las riquezas en la persona del rico ni se alaba la pobreza en la persona del pobre;
pero en el primero se condenó la impiedad y en el segundo se alabó la piedad (S 299E,3).
8464 Los verdaderamente ricos son ricos interiormente; exteriormente, como podáis; interiormente, como
se os ordene (S 299E,5).
8465 ¿Posees riquezas? "El Señor me las dio". ¿Las perdiste? "El Señor me las quitó". Alégrate, porque
quien te las quitó no se te quitó a sí mismo (S 299E,5).
8466 El rico, a la hora de la muerte, es semejante al pobre cuando despierta tras haber soñado con
tesoros (S 345,1).
8467 Ahora, en cambio, muchos ricos irán al reino de los cielos y muchos pobres irán al fuego eterno; no
el rico de dinero, sino el abrasado por la codicia (S 346A,4).
8468 ... si eres de éstos tú, quienquiera que seas, eres pobre no porque desechases ser rico, sino porque
no pudiste. Dios no se fija en tu riqueza, sino en tu voluntad (S 346A,6).
8469 Tú quizá seas pobre, pero soberbio. Alabo al rico humilde; ¿no alabo al pobre humilde? El pobre no
tiene con qué hincharse; el rico, en cambio, tiene contra qué luchar (S 346A,6).
8470 Es rico en verdad el que lo es en su interior; no en el interior de unas paredes, sino en el interior de
sus pensamientos; en su conciencia, no en su arca (S 359A,6).
8471 El rico y el pobre se oponen entre sí, pero también se necesitan mutuamente. Nadie sufriría
necesidad si recíprocamente se socorriesen y nunguno se fatigaría si mutuamente se ayudasen. El rico está
hecho para el pobre, y el pobre para el rico. Propio del pobre es pedir y propio del rico es dar; propio de
Dios es recompensar lo poco con lo mucho (S 367,3).
8472 ¿Por qué hemos de negar que los ricos vienen a la vida eterna, aunque se excluyan de la otra
perfección, con tal de que guarden los mandamientos, y den para que se les dé, y perdonen para que se les
perdone? (Ca 157,4.25).
8473 Aun aquellos ricos que estaban determinados a retener sus riquezas para emplearlas en buenas
obras y merecer a Dios, dejen todo por Cristo antes que dejar a Cristo por todo eso (Ca 157,4.32).
8474 Se les ha ordenado que odien hasta sus vidas por Cristo. No por eso deben venderlas o quitárselas
con mano violenta. Basta que estén prontos a perderlas muriendo por el nombre de Cristo para no vivir
muertos negando a Cristo. Aunque no estaban dispuestos a vender esas riquezas por la amonestación de
Cristo, deben estar prontos a perderlas por Cristo para no perecer con ellas perdiendo a Cristo (Ca
157,4.36).
8475 Es muy cierto que el hombre llega a ser rico cuando se aparta de todo pecado, porque entonces no
tendrá mal alguno ni necesidad de decir: "Líbranos del mal" (PJ 1,13,31).
8476 Pocos son los ricos si los comparamos con la multitud de pobres; pero se han de contar entre los
ricos también a los que ambicionan las riquezas (CEv 1,26).
8477 "Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los
cielos". Rico aquí llama (el Señor) al que ambiciona las cosas temporales y se ensoberbece con ellas. A
estos ricos se oponen los pobres de espíritu, de los cuales es el reino de los cielos (CEv 2,47).
8478 Se han de contar entre los ricos también a aquellos que, aunque no tengan riquezas, sin embargo
son arrastrados por la codicia de tenerlas (CEv 2,47).
324 700 707 718 1282 1396 4909 6069 8713 8719 8721
RIQUEZAS
8479 Lo que el apóstol recrimina en las riquezas es la codicia, no la posesión (CD 1,10,2).
8480 Bien está que se hayan perdido en la tierra los tesoros que por descuido no se trasladaron al cielo
(CD 1,10,2).
8481 Dios concede los reinos terrenos tanto a buenos como a malos para evitar que sus fieles, niños
todavía en el progreso del espíritu, vivan anhelando estos dones como algo de gran importancia (CD 4,33).
8482 No nos hacen felices ni a nosotros ni a nuestros hijos las riquezas terrenas: las hemos de perder en
vida, o, una vez muertos, se las llevarán quienes no sabemos, o quizás, quienes no queremos (CD 5,18,1).
8483 Una cosa son las riquezas y otra el dinero. Ricos, en efecto, llamamos a los sabios, a los justos, a
los buenos, que tienen poco o ningún dinero; más bien son ricos en virtudes, las cuales, aun en las
necesidades de las cosas temporales, les hacen sentirse satisfechos con lo que tienen (CD 7,12).
8484 El que abuse de los bienes materiales no recibirá los celestiales y perderá los primeros (CD
19,13,2).
8485 Toda utilización de las realidades temporales es con vistas al logro de la paz terrena en la ciudad
terrena. En la celeste, en cambio, mira al logro de la paz eterna (CD 19,14).
8486 He aquí que el uso de las cosas indispensables para esta vida mortal es común a estas dos clases
de hombres y de familias. Lo que es totalmente diverso es el fin que cada uno se propone en tal uso (CD
19,17).
8487 Atesoras... Dices: lo guardo para mis hijos. Esta palabra de piedad es un pretexto de iniquidad (CS
38,11).
8488 Muchos temen las cosas adversas, pero no temen las prósperas. Más peligrosa es para el ánimo
una cosa próspera que para el cuerpo una adversa. La prosperidad debilita primeramente, a fin de que la
adversidad encuentre a punto lo que ha de quebrar (CS 50,4).
8489 Quienes se jactan de estas cosas caducas han de ser burlados (CS 58,2,5).
8490 Ellas muchas veces o abandonan a los vivos o son abandonadas necesariamente por los muertos
(CS 58,2,5).
8491 Dios no atiende a los haberes, sino a los quereres (CS 83,3).
8492 ¿Por qué, hermanos míos, queréis gozaros en la plata? O perece ella, o tú; y nadie sabe quién ha
de perecer primero; sólo consta que ambas cosas han de perecer (CS 84,8).
8493 El que desea las riquezas falsas no busca las verdaderas (CS 122,11).
8494 Las riquezas de la tierra no son verdaderas, pues aumentan más la codicia de quienes las poseen
(CS 122,12).
8495 Tiene oro quien sabe usar del oro; quien no sabe usar, es tenido, pero no tiene; es poseído, pero no
posee. Sed, pues, señores del oro, no esclavos, ya que Dios hizo el oro, y a tí también sobre el oro (CS
123,9).
8496 ¿Piensas en tus ganancias y no piensas en tus pérdidas? Por el arca te alegras; por el corazón,
¿no lloras? (CS 123,9).
8497 Hay también algunos que no duermen, pero dormitan. Se apartan algo del amor de las cosas
temporales, mas de nuevo vuelven al afecto de ellas; como adormecidos, cabecean (CS 131,8).
8498 Tenemos muchas cosas superfluas si las tenemos como innecesarias, puesto que, si buscamos las
frívolas, nada nos basta (CS 147,12).
8499 ... ni el mismo Dios exige muchas cosas de vosotros. Reclama cuanto te dio, y de ello toma cuanto
te basta; las demás cosas que como superfluas tienes arrinconadas, son necesarias para otros (CS
147,12).
8500 Hay muchos muertos que caminan y muchos famélicos que gozan de sus vanas riquezas (S 8,10).
8501 No aumentes tus dineros con la excusa de la piedad. "Lo guardo para mis hijos"; excelente excusa.
El hijo lo guarda también para los suyos. Veamos. Tu padre lo guarda para ti, tu lo guardas para tus hijos,
tus hijos para los suyos, y así lo guardan todos, pero nadie cumple los mandamientos de Dios (S 9,20).
8502 Estamos ya advertidos. Aquellas riquezas que consideráis llenas de placeres, también están llenas
de peligros (S 14,6).
8504 Tú no tienes nada, y quieres ser rico. Caes por eso en la tentación (S 14,8).
8505 Quizá eres rico en oro, plata, ganados, siervos, fincas y frutos; pero no has podido crear todas estas
cosas (S 14,9).
8506 Ciertamente, o en vida has de perder lo que tienes, o lo has de abandonar con la muerte (S 15A,3).
8507 Las riquezas no deben ser censuradas en sí mismas. Cuando véis a los ricos malos, ¿pensáis que
las riquezas son malas? Las riquezas en sí no son malas; son malos ellos. Las riquezas son dones de Dios.
Dáselas al justo y verás cómo hace cosas buenas con ellas (S 15A,5).
8508 Pensad vosotros en lo que callamos nosotros: ¡qué mal usan los hombres de las cosas superfluas
cuando viven en la abundancia de todo! (S 32,20).
8510 (Pablo) no se asustó de las riquezas, sino de la enfermedad de las riquezas. Esta no es otra que
una gran soberbia (S 36,2).
8511 Guarda en tu corazón las riquezas que te aportó la pobreza de tu Señor. Más aún, ponlo como tu
guardián. Para que no perezcan en tu corazón las riquezas que te dio, guárdelas quien las dio (S 36,4).
8512 Para esto han de servir las riquezas, para que no tengas dificultad en donar. El pobre quiere, pero
no puede. Quiere el rico y puede. Den con facilidad,... (S 36,6).
8513 ¿Por qué buscas las riquezas que halagan los ojos humanos y carnales? Brilla el oro, pero más la
fe. Elige qué has de tener en tu corazón. Procura estar lleno dentro, donde Dios ve tu riqueza, aunque no el
hombre (S 36,8).
8514 La soberbia es el gusano de las riquezas. Es muy difícil que quien es rico no sea también soberbio.
Desentiéndete de la soberbia y no te harán daño las riquezas (S 39,4).
8515 Nada has traído a este mundo, y por eso mismo nada podrás llevarte de él. Envía hacia arriba lo
que has encontrado y no lo perderás. Dáselo a Cristo. El quiso recibir aquí abajo... (S 39,6).
8516 Buenas son las riquezas, bueno el oro, buena la plata, buenas las familias, buenas las propiedades;
todas estas cosas son buenas si con ellas haces el bien y no te haces mal a ti (S 48,8).
8517 El oro y la plata son propiedad de aquel que sabe usar bien del uno y de la otra (S 50,4).
8518 Aun entre los mismos hombres se ha de decir que alguien posee algo cuando usa bien de ello (S
50,4).
8519 Es injusto llamar riquezas a lo que no suprime la necesidad. Es más, tanto más sentirá cada uno
necesidad cuanto mayores las tenga si las ama (S 50,6).
8520 Abundas en cosas temporales, escaseas de las eternas. Oyes que un hombre mendigo te pide
algo; tú mismo eres mendigo de Dios. Se te pide a ti y pides tú también (S 53,5).
8521 Estás lleno y estás vacío; llena de tu plenitud el vacío del pobre para que tu vaciedad se llene de la
plenitud de Dios (S 53,5).
8522 Ninguna cosa hay que engendre la soberbia tan fácilmente como las riquezas. Si el rico no fuera
soberbio, pisotearía las riquezas y dependería de Dios (S 53A,4).
8523 Amas lo que posees; ponlo en un lugar más seguro para no perderlo. Si amas las riquezas,
quienquiera que seas, con seguridad toda tu preocupación consistirá en no perder lo que posees (S 53A,5).
8524 Tu Dios nada puede perder. Todo cuanto le confíes lo tendrás junto con él cuando le tengas a él (S
53A,5).
8525 Puede suceder, quizá, que lo que atesoró la avaricia lo eche a perder la lujuria. Otro derrochará con
largueza lo que tú reuniste con fatiga (S 60,3).
8526 Cualquier clase de manzana, de grano, de trigo, cualquier clase de madera, tiene su gusano. Y uno
es el del manzano, otro el del peral, otro el de la haba, otro el del trigo. El gusano de las riquezas es la
soberbia (S 61,10).
8528 ¿No ves que cuanto más tienes más deseas? Cuando nada tenías te contentabas con poco; y,
pues te hiciste rico, las herencias ya no sacian tus apetencias (S 68,10).
8529 ¿De qué le sirve al hombre lo que tiene, cuando no tiene a quien todo se lo dio? (S 72,5).
8530 Quieres tener cosas buenas, pero no quieres ser bueno; tu vida es lo opuesto a lo que deseas. Si
poseer una finca buena es un gran bien, ¡cuán grande mal es tener un alma mala! (S 85,1).
8531 El primer gusano de las riquezas es la soberbia. Como mala polilla, todo lo roe y lo reduce a
cenizas (S 85,3).
8532 El ladrón te arrebata el oro, pero ¿quién te arrebatará a Dios? ¿Qué es lo que tiene el rico si no
tiene a Dios? ¿Qué no tiene el pobre si tiene a Dios? (S 85,3).
8533 Tienes tú y no tiene aquel otro, reparte para que repartan contigo. Da aquí y te darán allí (S 85,4).
8534 Nadie puede evitar el pensar en su tesoro y seguir a sus riquezas por cierto camino del corazón. Si
se entierran, el corazón se dirige hacia abajo; si, en cambio, se guardan en el cielo, el corazón estará arriba
(S 86,1).
8535 El Señor no se fija en la grandeza de las riquezas, sino en la piedad de la voluntad (S 105A,1).
8536 Tus riquezas interiores son grandes. ¿Qué nombre reciben? Dios. ¡Oh hombre pobre! Teniendo a
Dios, ¿no tienes nada? ¡Oh hombre rico!, si careces de Dios, ¿tienes en verdad algo? (S 107A).
8537 Son auténticas riquezas aquellas que, una vez poseídas, no podemos perder (S 113,5).
8538 Serán auténticas riquezas cuando las cambies de lugar. Mientras están en la tierra, no son riquezas
(S 113,5).
8539 ... ¿Quiere decir en esto que nadie ha de poseer nada? Si puede, si la perfección lo reclama,
renuncie a todo; mas si no puede hacerlo impedido por necesidad ineludible, posea, mas no sea poseído;
tenga, pero no sea tenido; sea señor de su hacienda, no esclavo (S 125,7).
8540 No andes mirando qué tienes, sino quién eres; el precio eres tú, vale tanto como tú (S 127,3).
8541 Continuamente os inflama el deseo de que lleguen, cuando han llegado os corrompen y, cuando
han pasado, os atormentan. ¿ No son estos los bienes que deseados enardecen, poseídos se envilecen y
perdidos se desvanecen? (S 157,5).
8542 ¿Buscabas aquí riquezas? Avaro, ¿qué te puede bastar si no te basta Dios? (S 158,9).
8543 Sean objeto de uso, según necesidad, mas no de amor; sean como posada del peregrino, no como
propiedad del posesor (S 177,2).
8544 Si eres señor del oro, harás con él el bien; si eres siervo, hará contigo el mal (S 177,3).
8545 El usar va unido a la necesidad y el disfrutar a la alegría. Por tanto, para nuestro uso nos dio estas
cosas temporales y para nuestro disfrute se nos dio (Dios) a sí mismo (S 177,8).
8546 En cierto modo, el Señor nuestro Dios quiere que seamos comerciantes y hace intercambio con
nosotros: le damos lo que abunda aquí, y recibimos lo que abunda allí (S 177,10).
8548 Nadie las tiene cuando quiere y hasta las pierde cuando no quiere (S 299D,4).
8549 ¿Por qué acusas al rico? Un rico recibió a un pobre. Lejos de nosotros el condenar las riquezas;
mas no por eso levantamos el edificio de la avaricia (S 299E,5).
8550 No tema las riquezas, sino el vicio; no tema la abundancia, sino la avaricia; no tema la posesión,
sino la ambición. Posea como Abraham, pero posea al mismo tiempo la fe; tenga, posea, no sea poseído (S
299E,5).
8551 Las grandes riquezas de los cristianos son las necesidades de los pobres, si es que comprendemos
dónde debemos guardar lo que poseemos (S 302,8).
8552 Más garantía tiene lo que se te difiere que lo que se te ofrece. Lo que se te ofrece, o bien te deja a ti
en vida o lo dejas al morir; lo que se difiere, una vez que llegue, ya no se acaba. Ni te dejará a tí ni lo
dejarás tú (S 306C,5).
8553 Es el oro quien debe seguirte a ti, no tú al oro. Buena cosa es el oro, pues Dios no creó nada malo.
No seas tú malo, y el oro será bueno (S 311,9).
8554 ¡Cuántos bienes produce el oro en manos del bueno y cuántos males en manos del malo! (S 311,9).
8555 No ames el oro. Si eres malo tú, vas tras él; si eres bueno, va él tras de ti. ¿Qué significa que va él
tras de ti? Que lo gobiernas tú a él, no él a ti; que lo posees tú a él, y no él a ti (S 311,9).
8556 Si no se las ama cuando se las tiene, no causan tristeza cuando se las pierde (S 318,2).
8557 Las riquezas se buscan con la mirada puesta en la vida, no la vida con la mirada puesta en las
riquezas (S 345,2).
8558 Considera cuánto cavilas con el fin de aumentar tus riquezas; mira si duermes tranquilo mientras
piensas en cómo no perderlas donde las guardaste o en aumentarlas (S 345,5).
8559 También respecto a ellas te doy un consejo: ¿las amas? Envíalas a donde has de ir tú después, no
sea que, amándolas en la tierra, o las pierdas en vida o tengas que dejarlas una vez muerto (S 345,2.5).
8560 Las cosas humanas engañan al hombre, y las divinas, en cambio, lo purifican (TEJ 21,17).
8561 Este hombre que parece feliz tiene oro en sus cofres, y éste, en cambio, tiene a Dios en su
conciencia. Ahora compara el oro con Dios, y los cofres con la conciencia. Aquél tiene algo perecedero, y lo
tiene allí de donde se lo pueden robar. Este, en cambio, tiene a Dios... (TEJ 25,17).
8562 ¡Oh, si de veras amásemos a Dios no tendríamos amor alguno al dinero! Sería para ti una ayuda en
tu peregrinación, no un acicate de la avaricia, del cual usarías para tus necesidades y no para satisfacer tus
caprichos (TEJ 40,10).
8563 Las riquezas con frecuencia corrompen el alma; mas el alma no pervertida por el dinero vive feliz y
libre sin el cuidado angustioso del oro (T 14,14,19).
8564 ¿Qué mayor miseria que el poder ser siempre menos y menos? O ¿qué mayor riqueza que el
crecer cuanto quieras, ir a donde quieras, volver cuando quieras y hasta donde quieras, y amar
intensamente lo que no puede menguar? (Ca 3,2).
8566 Sobrevolemos nuestras riquezas terrenas, ya que en la abundancia de miel conserva con mejor
motivo sus alitas la abeja, pues la miel mata a la que se apega (Ca 15,2).
8567 Yo no sé por qué, cuando se aman las cosas terrenas y superfluas, coaccionan más si se poseen
que si sólo se codician (Ca 31,5).
8568 Una cosa es no querer incorporarse lo que se echa de menos, y otra cosa es no querer arrancarse
lo que se lleva incorporado: aquello se rehúsa como vianda, esto se corta como miembro propio (Ca 31,5).
8569 Es más útil retener la opulencia terrena que abandonarla con soberbia (Ca 31,6).
8570 Ya ves que las cosas que se confían con peligro a los que las utilizan mal, se sustraen casi siempre
con provecho (Ca 104,2.7).
8571 Si se aman las riquezas, hay que guardarlas donde no puedan perecer. Si se ama el honor, hay que
colocarlo donde ningún indigno lo recibe. Si se ama la salud, hay que desear adquirirla allí donde, una vez
conseguida, nada hay que temer. Si se ama la vida, adquirámosla allí donde no se termina con ninguna
muerte (Ca 127,5).
8572 Lo que se posee conforme a derecho, ciertamente no es ajeno. Pero sólo se posee conforme a
derecho lo que se posee justamente, y sólo se posee justamente lo que se posee bien (Ca 153,6.26).
8573 Todo lo que se posee mal es ajeno, y posee mal quien usa mal (Ca 153,6.26).
8574 Si faltan las riquezas seculares, no se busquen en el mundo por medios deshonestos. Y si se
poseen, guárdense en el cielo mediante las buenas obras (Ca 189,7).
8575 Usalas de modo que con ellas hagas muchos bienes y no hagas ningún mal por ellas. Porque todo
eso perecerá, mas las buenas obras no perecerán, ni siquiera las que se hacen con bienes perecederos
(Ca 220,11).
8576 ¿Acaso los que aman el oro lo pierden cuando lo guardan? ¿No están más seguros respecto a él,
en cuanto cabe, cuando lo ocultan de su vista en depósitos que ofrecen más garantías? Ya ves que la
codicia terrena se cree más asegurada cuando no ve lo que ama (Ca 263,2).
8577 Un libro de Cicerón me persuadió fácilmente de que no se ha de poner el corazón en las riquezas, y
en caso de tenerlas, han de administrarse con suma cautela y prudencia (Sl 1,10,17).
8578 Con todo, si se me ofrecen como un camino necesario para ir a donde quiero, entonces, más bien
que desearse, han de tolerarse (Sl 1,11,19).
8579 ... porque no las ama cuando las tiene, no las llora cuando las pierde; antes bien las desprecia (L
1,91).
8580 Parece, pues, que vence -cuando en realidad es vencido- el que esforzadamente llega a lo que ha
de perder con dolor, y vence -cuando al perecer es vencido- el que, cediendo, conquista lo que no pierde
contra su voluntad (VR 47,92).
8581 Mucha más perfección es no pegarse el corazón poseyéndolas, que estar en absoluto desposeídos
de ellas (CIM 1,23,42).
8582 No se abandona sin dolor lo que se posee con delectación (SM 1,3,10).
8583 Todo aquel que es esclavo de las riquezas, se somete a un amo duro y funesto, porque,
encadenado por la codicia, se sujeta al diablo y no lo ama, porque ¿quién puede amar al diablo?; pero, sin
embargo, lo soporta (SM 2,14,47).
8584 La riqueza será buena de verdad, es decir verdadera riqueza, cuando haya pasado toda pobreza,
desaparecido toda necesidad (PJ 2,15,36).
8585 En un sentido alaba el oro el hombre religioso, y en otro el avaro. La alabanza del primero es
adoración al Creador; la del segundo, deseo de poseer riquezas (RJ 4,14,66).
8586 Usa tú de las cosas útiles, guárdate de las nocivas y despreocúpate de las superfluas (CGM
1,16,26).
8587 No serían los hombres amantes de las riquezas si no se creyeran por ellas tanto más excelentes
cuanto más ricos son. La caridad que no busca su propio interés, es decir, que no se alegra de la propia
excelencia y, por lo tanto, con razón no se envanece, es contraria a esta enfermedad (CLG 11,15,19).
8588 El río de las cosas temporales arrastra; pero nuestro Señor Jesucristo es como árbol plantado a la
orilla del río... ¿Eres arrastrado hacia el abismo? Agárrate al árbol. ¿Te arrastra, volteándote, el amor del
mundo? Agárrate a Cristo (TCJ 2,10).
8589 El hombre busca las riquezas al principio para cubrir sus necesidades, y, una vez que abunda en
ellas, se ensoberbece (CEv 2,29).
8590 El amor de las cosas temporales no podría ser vencido sino con la suavidad de las eternas (Mu
6,16,52).
8591 No se pierden sin dolor las cosas poseídas con amor (RD 1,12).
8592 ¿Qué aprovecha distribuirlas a los pobres y hacerse pobre, si el alma infeliz se hace más soberbia,
despreciando las riquezas, que lo había sido poseyéndolas? (R 1,7).
152 159 438 1090 1391 1838 1843 5678 6046 6062 6066 6087 6088 6216 6217 7210 7211 7217 8131
8151 9337 9629 9774 9775
SABIDURíA
8594 La sabiduría y necedad son como manjares, provechosos o nocivos, y las palabras elegantes o
triviales, como platos preciosos o humildes, en los que se pueden servir ambos manjares (C 5,6,10).
8596 Ella únicamente es dulce a la boca del corazón, no a la de la carne (CS 118,22,7).
8597 Para que nadie, antes de tener la humildad de la obediencia, pretenda, invirtiendo los términos,
llegar a la sublimidad de la sabiduría, que no puede conseguir si no llega por orden, oiga: "No busques las
cosas más altas que tú..." (CS 118,22,8).
8598 Se debe observar la obediencia para alcanzar la sabiduría, y, una vez alcanzada, no debe ser
relegada la obediencia (CS 118,22,8).
8599 El que quiere arrogarse la sabiduría es necio. Sea humilde para que venga sobre él la sabiduría y lo
ilumine. Si antes de venir sobre él la sabiduría se cree sabio, se levanta antes de amanecer y anda en
tinieblas (CS 126,4).
8601 Si aún no tienes la sabiduría por ser joven, escucha a las canas de la verdad (S 217,6).
8603 Cuanto más te acerques a la contemplación de la sabiduría, tanto menos necesitas de la voz (S
288,5).
8604 Disminuye, pues, la necesidad de la voz cuando la mente en su progreso se acerca a la Palabra (S
288,5).
8606 Alaba a la sabiduría con la vida, no con palabras, poniéndote de acuerdo con ella (S 311,4).
8607 ... Como para responder a quienes preguntasen desde qué peldaño se pasaba a la sabiduría:
"Desde el entendimiento; y al entendimiento, desde el consejo; al consejo, desde la fortaleza; a la fortaleza,
desde la ciencia; a la ciencia, desde la piedad, y a la piedad, desde el temor (S 347,2).
8610 La verdadera sabiduría del hombre es don de Dios y participación divina, distinta de la ciencia (T
15,3,5).
8611 (El hombre) percibe la sabiduría allí donde existe contemplación de lo eterno (T 15,3,5).
8614 Porque la sabiduría se adelanta a presionar a los suyos, los adiestra con ciertos ejercicios y fatigas,
pero los suelta al fin y se entrega a su abrazo cuando ya son libres. A los que primero educa con ligaduras
temporales, los aprisiona luego con lazos eternos (Ca 26,2).
8615 Al empezar a volverse hacia la inmutable Sabiduría, cuanto más se acerca a ella con afecto
piadoso, tanto más "se corrompe el hombre exterior, mientras se renueva de día en día el interior" (Ca
55,5.8).
8616 Ya sabes que todo lo que se estudia para alcanzar la sabiduría es un problema de costumbres, de
naturaleza o de razón (Ca 118,3.19).
8617 Nadie es sabio sin ser bienaventurado; luego el académico no es sabio (VF 2,14).
8618 La máxima y más deplorable indigencia es carecer de la sabiduría, y el que la posee, todo lo tiene
(VF 4,27).
8620 Si me preguntáis qué es la sabiduría (concepto a cuya exploración y examen se consagra la razón,
según puede, ahora), os diré que es la moderación de ánimo, por la que conserva un equilibrio, sin
derramarse demasiado ni encogerse más de lo que pide la plenitud (VF 4,33).
8621 Es evidente que ninguno antes de escapar de la ignorancia merece el nombre de sabio (O 2,3,8).
8622 Los jóvenes dedicados al estudio de la sabiduría se abstengan de todo lo venéreo, de los placeres
de la mesa, del cuidado excesivo y superfluo ornato de su cuerpo, de la vana afición a los espectáculos, de
la pesadez del sueño y la pereza... (O 2,8,25).
8624 El sabio debe ser averiguador de la verdad, no artífice de las palabras (CA 2,11,26).
8625 Yo llamo sabios a quienes la verdad manda llamar sabios, esto es, a los que mediante el reinado
del espíritu han conquistado la paz subyugando todas sus pasiones (L 1,69).
8627 La sabiduría humana consiste en el señorío de la mente, aunque puede ocurrir que no lo ejercite (L
1,70).
8629 Así como la naturaleza de la razón conduce a la inteligencia del precepto, así la observancia del
precepto conduce a la sabiduría (L 3,245).
8630 A juzgar por las dotes de ingenio que Dios te concedió, serás realmente un sabio si no creyeres que
lo eres, si para conseguirlo se lo pides piadosamente, con humildad y con perseverancia, a aquel que da la
sabiduría... (NA 3,1,1).
8631 Es posible que un ignorante conozca a veces lo que ignora un sabio (NA 4,1).
8632 Es muy fácil abominar de la carne y muy difícil poseer una sabiduría libre de sabor carnal (VR
20,40).
8633 Nadie duda de que todos los hombres son o sabios o necios. Ahora bien, llamo sabios no a los
hombres que tienen corazón e inteligencia, sino a aquellos en quienes hay una idea bien formada de Dios y
del hombre (UF 12,27).
8634 He aquí dos grandes dones: la sabiduría y la continencia; por la sabiduría nos formamos en el
conocimiento de Dios, y por la continencia no nos conformamos con este mundo (BV 17,21).
8635 Los grados para llegar a la sabiduría son: el primero, el temor; los segundos, por orden, la piedad,
la ciencia, la fortaleza, el consejo, la pureza de corazón; y el último, la sabiduría (DC 2,7,9).
8636 El comienzo de la sabiduría es el temor de Dios. Desde él hasta llegar a la sabiduría se camina por
estos grados (DC 2,7,11).
8638 La sabiduría no está en los muchos años, sino en el Señor a quien hay que pedirla (AJ 12,6).
8639 Ante la avalancha de sabios, se sentirán perplejos los pecadores (AJ 12,17).
8640 Existe cierta sabiduría suprema de Dios, por cuya participación se hace sabia toda alma que llega a
ser verdaderamente sabia (CE 1,23,35).
8641 ... Dejando de lado la purísima sabiduría a cuyo conocimiento sólo llegan en esta vida unos pocos
espirituales... (RM 4).
8642 Hay que tender a una única cosa, mas para conseguirla hay que soportar muchas cosas (CF
22,53).
8643 Donde hay suma justicia, allí hay suma sabiduría (Or 10,13).
8644 Sabio es el que ama a Dios sobre todo, y al prójimo como a sí mismo (OC 36,4).
14 15 630 974 1728 3832 4850 4932 4937 5332 5865 6338 7599 7600 7688 8106 8112 9063 9835 9933
SACRAMENTOS
8645 De peor condición son los que viven mal en los sacramentos que aquellos que nunca se acercaron
a ellos (CS 30,2,s.2,6).
8646 Al ser herido con la lanza el costado de Cristo pendiente de la cruz, brotaron los sacramentos de la
Iglesia (CS 56,11; TEJ 15,8).
8647 Los símbolos de las cosas que hay en los sacramentos son realidades en la perfección de la vida
eterna (CS 65,17).
8648 Los paganos ven nuestras buenas obras, pero no ven los sacramentos. De aquellas cosas que no
ven brotan las que se ven,... (CS 103,14).
8649 Cuando en los sacramentos se da la remisión de los pecados, se limpia la casa; pero es necesario
que habite el Espíritu Santo, el cual no habita sino en los humildes de corazón (S 72A,2).
8650 No vamos a emplear más tiempo en hablar del sacramento. Cristo se aleja de quienes difieren el
conocer ese sacramento. Reténganlo, no lo dejen marchar; ofrézcanle hospitalidad y recibirán una
invitación para el cielo (S 89,7).
8651 Los sacramentos son algo santo y grande; pero el hombre nada es si no tiene caridad. Así, pues, la
fuerza del sacramento es la caridad; caridad de que carece el hereje aunque se encuentre en él la forma
del sacramento (S 229U).
8652 Tres aspectos se presentan al ánimo para que los considere: quién da, a quién da, por quién da; no
temamos, pues, el óleo del pecador, puesto que el ministro intermediario no intercepta la gracia del donante
(S 266,1).
8653 A estas cosas, hermanos míos, las llamamos sacramentos, porque en ellas es una cosa lo que se
ve y otra lo que se entiende. Lo que se ve tiene forma corporal; lo que se entiende posee fruto espiritual (S
272).
8654 Una cosa es el sacramento y otra muy distinta la virtud del sacramento (TEJ 26,11).
8655 Los sacramentos no permanecerán en el indigno para su salvación, sino para su condenación, pero
permanecerán (Ca 44,5.10).
8656 Nuestro Señor Jesucristo... reunió la sociedad del nuevo pueblo con sacramentos, pocos en
número, fáciles de observar, ricos en significación (Ca 54,1.1).
8657 Hay sacramento en una celebración cuando la conmemoración de lo acaecido se hace de modo
que se sobreentienda al mismo tiempo que hay un significado oculto y que ese significado debe recibirse
santamente (Ca 55,1.2).
8658 ...La primera etapa transcurre antes de la ley; la segunda, bajo la ley, y la tercera, bajo la gracia; en
ésta se da la manifestación del sacramento, que antes estaba oculto en el enigma profético (Ca 55,3.5).
8659 Los sacramentos no serían en absoluto sacramentos si no tuviesen ciertas semejanzas con
aquellas realidades de que son sacramentos (Ca 98,9).
8661 Nosotros decimos la verdad y tenemos razón, pues la gracia y el sacramento de Dios son siempre
de Dios, y al hombre sólo le pertenece el ministerio (Ca 105,3.12).
8662 Si es bueno el hombre, está unido a Dios y colabora con Dios; si es malo, Dios obra por él la forma
visible del sacramento y da por sí mismo la gracia invisible. Retengamos todo esto y no haya cismas entre
nosotros (Ca 105,3.12).
8663 Sería demasiado largo estudiar convenientemente la variedad de los símbolos que por referirse a
cosas divinas se llaman sacramentos (Ca 138,1.7).
8664 Los misterios de la regeneración no se revelan rectamente y en su justo orden sino a los que los
reciben (Ca 2*,4).
8665 ¿Qué provecho aporta el conocimiento, incluso el del sumo bien, si no se recibe la única realidad
mediante la cual se evita cuanto hay de malo? (Ca 2*,5).
8667 Todo cuanto obran los saludables sacramentos, más tienen por fin la esperanza de los bienes
futuros que la conservación o logro de los presentes (E 66,17).
8668 Los sacramentos divinos se encuentran entre los buenos y entre los malos, pero en aquellos para la
salud y en éstos para la perdición (UI 21,57).
8669 Los sacramentos son los medios de incorporarse al gremio de los fieles ((Cp 3,12,21).
8670 Nada hay que más pidadosamente sobrecoja al alma que un sacramento no entendido (ECG 19).
8671 Todo sacramento, cuando es entendido, se aplica a la contemplación de la verdad o a las buenas
costumbres (ECG 19).
8672 En los sacramentos a todos se les predica lo mismo, todos creen en lo mismo (AJ 31,13).
8673 La salud es propia de los buenos, pero los sacramentos son comunes a los buenos y a los malos
(TB 7,33,65).
8674 Cuando se da lo que es de Dios, da lo santo aun la conciencia no santa, que ciertamente no puede
ver si es o no santo el que lo recibe... (RPe 3,8,9).
8675 Todos los sacramentos de Cristo, sin el amor de la unidad de Cristo, no se poseen para la salud,
sino para la condenación (RPe 3,40,46).
8676 El ministro, esto es, el dispensador de la palabra y del sacramento evangélico, si es bueno, es
aliado del Evangelio, pero si es malo, no deja por eso de ser dispensador del mismo (RPe 3,55,67).
8677 Los bienes sagrados, de que pueden usar aun los malos, cuanto más santos son, tanto más inútil y
dañinamente los administran ellos (RC 2,1,1).
8678 Cristo purifica también por medio de la conciencia manchada del que lo da no santamente, pero
mejor por la conciencia limpia del que lo da santamente. Cristo da la fe aun por medio de un ministro malo,
pero mejor por uno bueno; Cristo se hace origen del cristiano aun por un dispensador infiel, pero mejor por
uno fiel; el cristiano clava su raíz en Cristo aun por medio de un obrero malo, pero mejor por uno honrado
(RC 4,20,23).
SALUD
8679 No hay salud para quien le desagrada algo en tu criatura, como no había para mí cuando me
desagradaban muchas de las cosas hechas por ti (C 7,14,20).
8680 Es preferible para el hombre tener una estatura pequeña, pero con salud, en lugar de aspirar a un
cuerpo gigantesco, lleno de continuas molestias (CD 3,10).
8681 Cualquiera prefiere estar sufriendo con la mente sana a estar alegre en la locura (CD 11,27,2).
8682 Con la experiencia dolorosa de la enfermedad se vuelve más palpable la satisfacción de la salud
(CD 14,17).
8683 Mejor es la justicia del espíritu que la salud del cuerpo (CD 19,13,2).
8684 La luz sirve a los ojos enfermizos de tormento y a los sanos de alegría (CS 5,14).
8685 Donde hay salud, ni debe temerse la muerte ni la mano del médico que saja y quema (CS 6,3).
8686 Lo que fácilmente cura no se evita con empeño. Debido a la cura difícil, vendrá la guarda diligente
de la salud recibida (CS 6,4).
8687 Dos son los oficios de la medicina: el uno cura la enfermedad, el otro preserva de caer en ella (CS
7,10).
8688 La salud de los hombres carnales es carnal como la de los animales (CS 8,10).
8689 La miel es amarga para el calenturiento; es dulce y grata para el curado, porque se aprecia por la
salud (CS 18,2,11).
8690 Muchos claman en la tribulación y no son oídos, pero en atención a la salud, no a su demencia (CS
21,2,4).
8691 Dios es médico y la tribulación medicina para la salud, no castigo para perdición (CS 21,2,4).
8692 Sometido a tratamiento, eres quemado, sajado, y gritas; pero el médico no atiende al deseo, sino a
la salud (CS 21,2,4).
8693 Es un médico cruel aquel que oye al hombre y perdona la herida y la gangrena (CS 33,s.2,20).
8694 Son rectos de corazón los que hacen en esta vida la voluntad de Dios. Es voluntad de Dios que
estés sano algunas veces; otras, que estés enfermo (CS 35,16).
8695 Si la voluntad de Dios es dulce para ti cuando estás sano y amarga cuando estás enfermo, no eres
de corazón recto (CS 35,16).
8696 El médico toma bajo su cuidado al enfermo para curarlo, mas no para amarlo como enfermo. El
médico odia la fiebre. El médico no ama al enfermo como enfermo, y, sin embargo, ama al enfermo. Si
amase al enfermo como enfermo, desearía que estuviese siempre enfermo. Por otra parte, si no amase al
enfermo, no se acercaría a curarlo (CS 47,4).
8697 Has de saber que el médico bueno y sincero aconseja antes de que estés enfermo para que no lo
necesites (CS 70,2,1).
8699 Aquel que soporta el dolor ante el bisturí del médico, desfallecería en el dolor que sufre si no
intentara conseguir la salud que no tiene (CS 91,1).
8700 Tanto más se alaba al médico cuanto más se desconfía de la salud del enfermo (CS 94,4).
8701 El hombre es capaz de herirse, pero es incapaz de sanarse. Cuando quiere enferma, pero no sana
cuando desea (CS 98,7).
8702 En donde no hay salud sucumbe la flaqueza y se abandona la verdad (CS 118,29,2).
8703 La salud del cuerpo no es la verdadera, porque lleva consigo la debilidad y en todas partes es
defectuosa (CS 122,12).
8704 Tomad la bebida aunque sea amarga. Es amarga porque las entrañas peligran: hay que beberla.
Mejor será un poco de amargor en la fauces que un eterno tormento de las entrañas (S 9,12).
8705 Cuando hayas recibido la salud temporal, haz buen uso de ella, de manera que con lo que te dio
sirvas a quien te lo dio (S 61A,5).
8706 El médico ordena la templanza aun al que está sano. Así obra el buen médico, porque no quiere
llegar a ser necesario, porque supone que alguien ha enfermado (S 156,2).
8707 Quien quiere estar siempre enfermo, se muestra ingrato con la medicina (S 156,5).
8708 Se cansa uno de un alimento, de una bebida, de un espectáculo; se cansa uno de esto y aquello,
pero nunca se cansó nadie de la salud (S 229B,2).
8709 Vana es la salud de los hombres. ¿Qué salud es esta que tienes en común con tu jumento?... (S
233,2).
8710 De Dios procede, en primer lugar, la salud: cosa tan dulce que nunca hastía. ¿Qué le falta a un
pobre cuando goza de salud? ¿Y de qué le sirven las riquezas al rico, si le falta ella? (S 255,3).
8711 Puesto que nada encontramos mejor que la salud, Dios la da no sólo a los hombres, sino también a
las bestias (S 255,3).
8712 Los humores no sobreabundan, ni son causa de opresión, sino que todos sus componentes están
bien equilibrados, a lo cual se llama salud. Para decirlo en pocas palabras, hay una salud corporal: la
concordia de todos los elementos de que consta (el cuerpo) (S 277,4).
8713 ¡Qué rico es el pobre con sólo tenerla a ella y qué pobre es el rico si de ella carece! (S 277,4).
8714 Así, pues, estar sano no consiste en no sentir nada, al modo como no siente una piedra, un árbol o
un cadáver, sino en vivir en el cuerpo y no sentir su peso. Pero, con todo, por sano que esté un hombre en
esta vida, no deja de sentir el peso de su cuerpo sano (S 277,6).
8715 "¿Qué es el estómago?" ¡Dichosa ignorancia! No sabe dónde lo tiene, porque siempre lo tuvo
sano. Si no lo hubiera tenido sano, lo hubiese sentido alguna vez, y no para su bien ciertamente (S 277,8).
8716 En este mundo son necesarias estas dos cosas: la salud y el amigo (S 299D,1).
8717 Con vistas a estas dos cosas necesarias en este mundo: la salud y el amigo, vino en condición de
peregrina la Sabiduría (S 299D,2).
8718 Una es la salud que se posee en común con los ángeles y otra la que se posee en común con los
animales. El hombre está a mitad de camino de unos y otros (S 299F,1).
8719 La salud es, ciertamente, bien precioso en el rico y, quizá, el único del pobre. Pues, ¿de qué le sirve
la opulencia al rico, si carece de la salud, que es patrimonio del pobre? (S 306,4).
8720 Como veis, los años me acaban de hacer anciano, mas por la debilidad de mi cuerpo lo soy desde
hace ya tiempo (S 355,7).
8721 El patrimonio del pobre es la salud, cuya ausencia hace amargos al rico todos sus bienes. Quizá
puedas encontrar un pobre que no tenga necesidad del patrimonio del rico, pero no encontrarás a un rico a
quien no sea necesario el patrimonio del pobre (S 359A,6).
8722 La salud, sin embargo, hermanos, venga por el que fuere, siempre es de Dios... (TEJ 30,3).
8723 El sueño de los enfermos suele ser un indicio de salud (TEJ 49,11).
8725 ¿De qué nos sirve la salud o nuestra consanguinidad temporales, si en nuestro pensamiento
despreciamos la eterna herencia y salud perpetua de Cristo? (Ca 52,4).
8726 Cuando los médicos ven que hay que cortar y cauterizar la gangrena, cierran con frecuencia
bondadosamente los oídos al furioso llanto (del enfermo) (Ca 104,2.7).
8727 La salud perfecta del cuerpo será la inmortalidad final de todo el hombre (Ca 118,3.14).
8728 Nadie está bien cuando puede estar mejor (VR 41,78).
8729 Quienes no estiman la salud corporal, más desean comer que saciarse y disfrutar del orgasmo de
los miembros sexuales que de su reposo (VR 53,102).
8730 Quien alega un achaque real del cuerpo, ha de ser tratado con humanidad; quien alega uno falso y
no puede ser convencido de impostura, ha de ser dejado al juicio de Dios (TM 19,22).
8731 Es más llevadero arrancar a un moribundo de la luz de esta vida, que quitarle a un viviente la luz de
los ojos (MD 17,22).
8732 La salud de un solo día es ciertamente mejor que la enfermedad de muchos días (Mu 6,4,6).
2875 2882 2884 3219 3541 5658 5659 5979 5980 7059 7120 7520 7653 7764 7888 8044 9016 9307
SALVACIóN
8734 ... De esta manera, Dios dejó claro que una cosa es el sello de la salvación y otra la salvación
misma; que una cosa es la forma exterior de la piedad y otra la fuerza de la piedad (S 260A,3).
8735 Deseo brindar a los hombres la salud, que consiste en la facilidad para vivir rectamente, y no en la
impunidad para conducirse inicuamente (Ca 91,7).
8736 No es tanta la dificultad cuando se trata de saber las cosas que son necesarias para la salvación
(Ca 137,1.3).
8737 Nadie se salva a no ser por la inmerecida misericordia y nadie es condenado sino por merecido
juicio (E 94,24).
8738 La doctrina de la salvación consta de verdades que se deben creer y de verdades que se deben
comprender; pero no se puede llegar a comprender estas segundas si antes no se cree en las primeras (M1
8,11).
8739 Toda nuestra esperanza de salvación está en los celos de Dios (CAM 11).
SANTIDAD
8740 En esta vida la santidad de cada uno consiste en que el hombre esté sometido a Dios con docilidad,
el cuerpo lo esté al alma y las inclinaciones viciosas a la razón (CD 19,27).
8741 Este es el camino que no se recorre con pasos terrenos, sino con afectos del ánimo (CS 5,11).
8742 Si dijeres que eres santo por tí, serás soberbio. Asimismo, si siendo fiel de Cristo y miembro de
Cristo dijeres que no eres santo, serás ingrato (CS 85,4).
8743 Tú tratas de conseguir la magnificencia; ama, en primer término, la santidad, y, cuando te hayas
santificado, serás poderoso (CS 95,7).
8744 No progresemos de tal modo que de nuevos nos hagamos viejos, sino que crezca la misma cosa
nueva (CS 131,1).
8745 ¿Cuál es la perfecta santificación? La del cuerpo y la del espíritu. Si existe la del cuerpo y falta la
del espíritu no es perfecta. No puede darse la santificación del espíritu sin la del cuerpo (S 45,9).
8746 Quien vive santamente merecerá comprender más, y a quien vive mal, incluso la inteligencia lo lleva
a la perdición (S 252,12).
8747 ... Entiende como quieras esta santidad, pues hay muchos modos de santidad, como también
muchos modos de santificación (S 294,18).
8748 Los santos están revestidos de justicia, unos más y otros menos. Y nadie vive acá sin pecado, pero
unos más y otros menos. Y quien peca lo mínimo, ése es el óptimo (Ca 167,3.13).
8749 La vida santa es una como dirección del afecto al sumo bien (CIM 1,25,46).
8750 Estas son las cosas que debemos custodiar por motivo de la santidad: el pudor del cuerpo, la
castidad del alma y la verdad en la doctrina (M1 19,40).
8751 Sea todo lo santo que se quiera un hombre, todavía no es igual a los ángeles de Dios y, por
consiguiente, no se hace en ellos la voluntad de Dios como en el cielo (DP 3,6).
8752 Como nosotros ahora nos vemos privados de multitud de antojos pueriles, que cuando nos eran
negados como a los niños nos atormentaban muy vivamente, así hay que creer que sucederá con todo
deleite carnal cuando la santidad perfecta haya restaurado a todo el hombre (OC 70).
9104
SANTOS
8753 Al decir "desde los palacios de marfil" habló de los palacios reales, amplios, hermosos, apacibles,
como son los corazones de los santos (CS 44,23).
8754 Todos los santos son ayudados por Dios, pero en el interior, en donde nadie ve (CS 53,8).
8755 Es costumbre de los santos atribuir a Dios verdad aun en medio de las tribulaciones, confesando
que las padecen con razón... (CS 118,29,8).
8757 Dios obra en la luz y en la oscuridad, en las cosas visibles y en los corazones. El hace maravillas en
su templo cuando las hace en los hombres santos (S 136B).
8759 Con frecuencia, y por cierta condescendencia, Dios otorga cosas a sus siervos sirviéndose de otros
siervos suyos, concediendo algo que es de más provecho a quien lo recibe que a aquel a través de quien
se le da... (S 277,1).
8760 Es propio, pues, de los justos el reconocer los pecados, y propio de los soberbios el defender los
méritos personales (S 301,2).
8761 La madre tiene los pechos llenos, y busca los labios donde introducirlos y, si nadie mama, la leche
es un peso para la madre. De idéntica manera, lo santos de Dios tienen los pechos llenos de su gracia, y
buscan a quienes la den a mamar (S 335K,4).
8762 No encontramos que hayan dado testimonio de Cristo los adúlteros, los fornicarios, los impuros. Y
el que los otros dieran testimonio en favor del Señor, él se lo concedió, él se lo donó. Nadie es santo por
sus propias fuerzas (S 370,3(4).
8763 La gloria de los santos tiene un resplandor diferente según la diversidad de los méritos... (BM
26,35).
8764 Cuando no podemos entender muchas cosas tal como están escritas, deducimos del modo de
obrar de los santos su verdadero significado, que fácilmente podría interpretarse torcidamente si no se nos
revelara con su ejemplo (M1 15,30).
8765 La predestinación de los santos no es otra cosa que la presciencia de Dios y la preparación de sus
beneficios, por los cuales certísimamente se salva todo el que se salva (DP 14,35).
8766 La predestinación de Dios consiste en disponer y ordenar en su presciencia, que no puede mudar ni
salir fallida, sus operaciones futuras (DP 17,41).
8767 (Los apóstoles) eran buen olor de Cristo porque hacían buen uso de la gracia de Cristo (RJ
3,23,53).
8768 Los santos son oídos en todo lo referente a la salud. Siempre son oídos tocante a la salud eterna.
Esta es la que desean, y según ésta siempre son oídos (TCJ 6,6).
8769 Los santos no aman a quienes les dan preferencia a ellos, si advierten que lo hacen desertando de
los que les están asociados. Hallan su gozo en la unidad y forman una unidad en Cristo (CF 3,5).
53 2243 3051 3066 4383 4520 4990 5006 5009 5430 5466 5588 5639 6239 6301 6439 6474 6686 7502
9864
Esteban
8770 ¡Oh hombre! Si es mucho para ti imitar a tu Señor, mira a tu consiervo Esteban... (S 49,10; 56,16).
8771 Dicho esto, se durmió. ¡Oh feliz sueño y descanso auténtico! He aquí lo que significa descansar:
orar por los enemigos (S 49,11).
8772 El siervo imitó al Senor, para que ningún siervo sea perezoso pensando que lo hecho sólo podía
serlo por el Señor. Si nos parece demasiado imitar al Señor, imitemos a nuestro consiervo (S 149,16; 284,6;
386,2).
8773 ¿De qué nos extrañamos? Lo que él vio con exactitud (el cielo) nos lo indicó con fidelidad y lo
conquistó con violencia (S 314,1).
8774 (Cristo) estaba sentado en la cátedra de la cruz, y enseñaba a Esteban la regla de la piedad (S
315,8).
8775 ... Da a buenos y malos lo que dio también a los apedreadores de Esteban, pero reserva para los
buenos lo que dio a Esteban (S 317,1).
8776 ¿Es mucho para ti, que tienes débiles los ojos, mirar al sol? Mira a la lámpara (S 317,4).
José
8778 ... Se turba ciertamente en cuanto marido, pero no se ensaña en cuanto justo. Tanta santidad se le
atribuye a este varón, que ni quiso tener consigo a una adúltera, ni se atrevió a castigarla delatándola (S
51,9).
8779 Este varón justo no quiere tenerla consigo; luego su amor no es carnal. Y, sin embargo, no quiere
castigarla; luego su perdón procede de la misericordia (S 51,9).
8780 Turbado por la debilidad humana, fue fortalecido por la autoridad divina (S 51,9).
8781 Mejor realizaba él en su corazón lo que otro deseaba realizar en la carne (S 51,26).
8782 Justo era el varón, justa la mujer. El Espíritu Santo, que reposaba en la justicia de ambos, a ambos
les dio el hijo (S 51,30).
8783 ... Es decir, que se llamase a José marido de María, a la que tenía por esposa con la que vivía en
continencia; esposa, no por la unión carnal, sino por el afecto; no por la fusión de los cuerpos, sino -cosa de
más valor- por la unión de las almas, por lo que no debía separarse al esposo de la madre de Cristo de la
serie de progenitores de Cristo... (CF 23,8).
Juan Bautista
8784 Juan era un gran hombre, pero hombre al fin. Era hombre tan grande que para superarlo sólo se
podía ser Dios (S 287,1).
8785 Juan personificaba a todas las voces, y Cristo a la Palabra. Es preciso que disminuyan todas las
voces cuando nos acercamos a ver a Cristo (S 288,5).
8786 El respondió que no era Cristo, para seguir siendo lo que era. En efecto, así perdió Adán, por su
caída, lo que era: por usurpar lo que no era (S 292,2).
8787 Reconoció quién era; se diferenció de Cristo, y se humilló. Vió dónde estaba su salvación;
comprendió que era una lámpara, y temió ser apagada por el viento de la soberbia (S 293,3).
8788 Confesó que no era lo que en verdad no era para no perder lo que era. Juan no era el esposo... (S
293A,4).
8789 Confiese, pues, el hombre su condición de hombre; mengüe primero para crecer después. Diga
Juan, menguando hasta la humildad, que no es digno de desatar la correa de su calzado, y comprenda que
está participando de su iluminación (S 380,6).
8790 Hay, por tanto, dos realidades: El Señor y Juan, la humildad y la grandeza; Dios, humilde en su
grandeza, y el hombre, humilde en su debilidad; Dios, humilde por el hombre, y el hombre, humilde por sí
mismo. Dios, hecho humilde en beneficio del hombre, y el hombre, humilde para no hacerse daño (S 380,7).
8791 Cristo creció en el madero, Juan disminuyó con la espada. Sus respectivas pasiones mostraron
este misterio; muéstrenlo también los días: nace Cristo, y aumentan; nace Juan, y menguan. Disminuya,
pues, la honra del hombre y aumente la de Dios, para que el hombre encuentre su honra en la honra de
Dios (S 380,8).
8792 También se bautizó el Señor, para que, recibiendo el Señor el bautismo del siervo, no desdeñasen
otros siervos el bautismo de su Señor. Tal fue la misión de Juan (TEJ 4,14).
Juan Evangelista
8793 Cuando se reclinó sobre el pecho del Señor, ¿qué fue lo que vio? ¿Qué fue lo que allí bebió? ¿Qué
sino lo que después eructó? (S 133,6).
8794 Contemplad al mismo Juan ejercitando la humildad. Sin duda era un hombre justo y excelso, el cual
libaba los secretos de los misterios en el pecho del Señor, pues él es quien bebiendo del pecho del Señor,
eruptó la divinidad (TCJ 1,8).
8795 Si yo quiero pensar religiosamente, tengo que oír con docilidad lo que él dice, para merecer la
inteligencia de lo que él piensa (TEJ 16,2).
Magdalena
8796 "No me toques, pues aún no he subido a mi Padre". El tacto pone fin al conocimiento. Y por eso no
quería poner en sí el fin de un corazón apasionado, para que no se creyese que era tan sólo lo que se veía
subir (T 1,9,18).
8797 Subir al Padre era ser visto como es, igual al Padre, y allí tendrá fin la visión que nos basta (T
1,9,18).
Marta y María
8798 Marta y María eran dos hermanas no sólo en la carne, sino también en la devoción... (S 103,2).
8799 ... su hermana María se hallaba sentada a los pies del Señor, oyendo su palabra. Aquélla trabajaba,
ésta holgaba; la primera daba y la segunda se llenaba (S 104,1).
8800 Marta pensaba en cómo alimentar al Señor, María en cómo ser alimentada por él. Marta preparaba
un convite para el Señor; María disfrutaba ya del convite del mismo Señor... (S 104,1).
8801 En estas dos mujeres están figuradas dos vidas, la presente y la futura; una laboriosa y otra ociosa;
una infeliz y otra dichosa; una temporal y otra eterna (S 104,4).
8802 (María) eligió la contemplación, escogio el vivir de la Palabra. ¿Cómo será el vivir de la Palabra sin
palabras? Ella vive ahora de la Palabra, pero mediante palabras sonoras. Habrá otro vivir de la Palabra,
pero sin palabra alguna que suene. La misma palabra es la vida (S 169,17).
8803 Lo que hacía (Marta) era ciertamente necesario, pero pasajero: cosas para el camino, aún no las
propias de la patria; se ocupaba del viaje, aún no de lo que iba a poseer... (S 255,2).
8804 María, sentada a los pies del Señor y atenta a su palabra, es una bella imagen de este gozo. Libre
de toda ocupación, absorta en éxtasis contemplativo de la Verdad, en la medida posible en esta vida, es
imagen de nuestro estado futuro en la eternidad. Marta, su hermana, se afanaba en útiles menesteres,
buenos, sí, y necesarios, pero transitorios, a los que ha de suceder un dulce descanso, mientras María
reposa en la palabra del Señor (T 1,10,20).
8805 No afirma que la parte de Marta sea mala, mas llama óptima a la de María, parte que no le será
quitada (T 1,10,20).
8806 La parte de María es mejor que la de Marta porque por ésta se va a aquella, y no le será quitada;
las obras de Marta, aunque buenas, se acabarán cuando se acabe la indigencia de aquellos a quienes se
les administran (CEv 2,20).
1284
Mónica
8807 Mi madre no cesaba día y noche de ofrecerte en sacrificio por mí la sangre de su corazón que
corría por sus lágrimas (C 5,7,13).
8808 Mi madre se nos había juntado con traje de mujer, fe de varón, seguridad de anciana, caridad de
madre y piedad cristiana (C 9,4,8) .
8810 Tal era aquella, adoctrinada por ti, maestro interior, en la escuela de su corazón (C 9,9,21).
8811 De tal manera cuidó de todos nosotros los que antes de morir ella vivíamos juntos, recibida ya la
gracia del bautismo, como si fuera madre de todos; y de tal modo nos sirvió, como si fuese hija de cada uno
de nosotros (C 9,9,22).
Pablo
8812 Los hombres terrenos y dados a las cosas ocultas se admiran más de la resurrección del cuerpo
muerto de Lázaro que de la resurrección del alma de Pablo perseguidor (CS 9,2).
8813 En atención a la utilidad no fue oído Pablo; mirando al castigo, fue oído el diablo... (CS 21,2,5).
8814 ... Lo postró con la voz reprensora y lo levantó con la diestra compasiva. El que perseguía el
Cuerpo de Cristo fue hecho miembro de Cristo para que en él padeciese lo que hacía (CS 90,2,5).
8815 Al mismo Saulo, después llamado Pablo, lo postró y lo levantó. Postró al infiel; levantó al creyente.
Postró al perseguidor, levantó al predicador (S 24,7).
8816 Antes se llamaba Saulo, luego Pablo, porque antes era soberbio y luego humilde. Saulo proviene de
Saúl, el perseguidor del santo David. Fue derribado como perseguidor y levantado como predicador.
Cambió el nombre de la soberbia por el de la humildad (S 295,7).
8817 Herido por esta voz, fue derribado en cuanto perseguidor y levantado como predicador; perdió la
vista de la carne, para conseguir la del corazón, y recobró la de la carne, para predicar de corazón (S
297,10).
8818 "Mas por la gracia de Dios soy lo que soy". Para mi mal fui lo que fui; por don de Dios soy lo que
soy. Por tanto, para después exigir lo que se me debía, antes hube de recibir lo que no merecía (S 315,6).
8819 Fue cegado para ser convertido, fue convertido para ser enviado y fue enviado para que padeciera
por la verdad lo que él había hecho padecer a otros por su error (Ca 173,3).
8820 La voz del cielo derribó a un perseguidor y levantó a un predicador; mató a Saulo y vivificó a Pablo.
El rey santo fué perseguido por Saúl. Con este nombre era denominado Pablo cuando perseguía a los
cristianos; después fué, de Saulo, Pablo. ¿Qué significa Pablo? Pequeño... (TCJ 8,2).
Pedro
8821 Sin duda que Pedro sintió un disgusto más saludable cuando lloró, que la complacencia que tuvo
con su presunción (CD 14,13,2).
8822 Pedro, que presumió de sí mismo antes de la tentación, en la tentación se conoció (CS 36,s.1,1).
8823 Pedro, presumiendo, se desconocía a sí mismo; mas negando aprendió con qué fuerzas contaba.
En su caída entendió que había presumido falsamente; lloró, y llorando mereció conocer con fruto lo que
fue y ser lo que no fue (CS 58,1,9).
8824 El Señor obró de este modo con él como diciéndole: "Tres veces me negaste temiendo; amándome
me has de confesar otras tantas" (CS 90,2,8).
8825 Como enfermo, desconocía los riesgos de su enfermedad y presumía excesivamente de sí,
mientras que el médico verdadero lo veía... (S 4,2).
8826 ... al confiarle las ovejas, ¿qué le pregunta antes para no confiárselas a otro distinto de sí? "Pedro,
¿me amas?" (S 46,30).
8827 "Te amo". Confirma la caridad para consolidar la unidad. El mismo, siendo único, apacienta en
éstos; y éstos apacientan en el único (S 46,30).
8828 Si, pues, le preguntó el Salvador después de la resurrección, no era porque ignorase la gran
sinceridad del afecto que Pedro tenía por él, sino para que una triple confesión de amor borrase la triple
negación del temor (S 137,3).
8829 En la única persona de Pedro simbolizábase la unidad de todos los pastores; entiéndase de los
buenos... (S 147,2).
8830 ¿Sabe alguien cómo será en el día siguiente? Cuando el Señor le preguntaba, Pedro volvía los ojos
a su corazón... (S 147,2).
8831 Tres veces lo había negado el temor, tres veces lo confesó el amor. Con respecto a la verdad, la
triple negación es una deserción; la triple confesión testifica su dilección (S 147,3; 340A,3).
8832 Cuando se lee esa lectura, cada cristiano sufre el interrogatorio en su corazón. En consecuencia,
cuando escuchas al Señor, que dice: "Pedro, ¿me amas?", piensa en él como en un espejo y mírate (S
229N,2).
8833 Así, pues, cuando el Señor interrogaba a Pedro, nos interrogaba a nosotros, interrogaba a la Iglesia
(S 229N,2).
8834 Tres veces confesó el amor a quien el temor había negado otras tres veces. He aquí el motivo por
el que el Señor preguntó tres veces: para que la triple confesión borrase la triple negación (S 229P,2).
8835 Este es Pedro, amador y negador al mismo tiempo; negador por debilidad humana y amador por
gracia divina. En la negación, Pedro se descubrió a si mismo (S 229P,3).
8836 La piedra era el mismo Cristo, mientras que él era Pedro, nombre derivado de la piedra. Para eso
resucitó la piedra: para afianzar a Pedro; pues de no vivir la piedra, Pedro hubiese perecido (S 244,1).
8837 Busca a Pedro presumiendo, y lo hallarás negando; busca a Dios ayudándole, y hallarás a Pedro
predicando (S 284,6).
8838 Amargo era el recuerdo de la negación para que fuese dulce la gracia de la redención (S 285,3).
8839 En Pedro, pues, aparece toda la fortaleza de la Iglesia, porque sigue al Señor en su pasión (S
295,3).
8840 Salió fuera, es decir, confesó su pecado. Lloró amargamente el que sabía amar. Siguió la dulzura
del amor en sustitución de la amargura del dolor (S 295,3).
8841 No fue, ciertamente, el único entre los discípulos que mereció apacentar las ovejas del Señor; pero,
cuando Cristo habla a uno solo, está encareciendo la unidad (S 295,4).
8842 Venza tres veces la confesión en el amor, porque tres veces fue vencida la presunción por el temor
(S 295,4).
8843 Lo arrastraba la presunción, desconocedor de su propio temor. Deseaba preceder a quien debía
seguir. Buena cosa deseaba, pero no respetaba el orden debido (S 297,1).
8844 Cuando el Señor interrogaba a Pedro sobre el amor, le estaba exigiendo lo que le había donado (S
297,1).
8845 Aspero es el camino de la muerte; está lleno de zarzas; pero estas espinas, tras pasar la Piedra y
Pedro, fueron trituradas por sus pies de piedra (S 297,3).
8846 La triple confesión de amor fue una triple condenación del temor (S 299,7).
8847 Puesto que tenía amor, se le anuncia su pasión. En esto consiste el amor: en llegar a la pasión por
el amor de Cristo (S 299,7).
8848 Toleró la pasión y amó lo que estaba detrás de ella, y, como amaba el lugar donde iba, toleró el
camino por donde iba (S 299,8).
8849 Quien pregunta lo que ya sabe, quiere enseñar algo. ¿Qué quiso, pues, enseñar el Señor a Pedro
al preguntarle por tercera vez lo que ya sabía?... le preguntó para que el amor eliminara la debilidad... (S
299A,1).
8850 Le habló de su cruz, le predijo su pasión. Refiriéndose ya a ella, el Señor le dijo: "Apacienta mis
ovejas", sufre por mis ovejas (S 340A,3).
8851 Confiese tres veces por amor quien había negado tres veces por temor. Así, pues, al preguntar
tantas veces el Señor, daba muerte en el monte a la duda (S 352,5).
8852 Que nadie se envanezca de su dignidad mundana: Pedro fue pescador; que nadie se aleje de la
misericordia de Dios considerando su propia maldad: Pablo fue perseguidor (S 381).
8853 Sea oficio del amor apacentar la grey del Señor, ya que fue indicio de temor haber negado al Pastor
(TEJ 123,5).
8854 "Lo miró el Señor...". Por su misericordia, el Señor lo socorrió invisiblemente, le tocó el corazón,
hizo volver su recuerdo, visitó a Pedro con su gracia interior y conmovió hasta hacer derramar lágrimas
exteriores al hombre interior e hizo brotar el amor (GJ 1,45,49).
8855 Cuando lo llenó el Espíritu Santo Paráclito, prometido por Cristo, fue crucificado por la fe en el
Señor, y el que primero negó por temor, sufrió después la gloriosísima pasión de la confesión (AFe 1,12).
5584 7962
Tomás
8856 ... Tocaba la carne y proclamaba la divinidad. ¿Qué tocó? El cuerpo de Cristo... (S 145A).
8857 "Señor mío y Dios mío"; tocando al hombre, confesó a Dios... (TCJ 1,3).
SOBERBIA
8858 La jactancia no es un vicio de la alabanza humana, sino del alma que ama desordenadamente ser
alabada de los hombres, despreciando la llamada de su propia conciencia (CD 12,8).
8859 La soberbia no es un vicio de quien otorga el poder, o del poder mismo: lo es del alma que ama
perversamente su propia autoridad, despreciando la autoridad justa de un superior (CD 12,8).
8861 El encumbramiento perverso tiene lugar cuando se complace uno demasiado en sí mismo. Y se
complace así cuando se aparta de aquel bien inmutable que debió agradarle más que él a sí mismo (CD
14,13,1).
8863 Apeteciendo ser más, se es menos, y al querer bastarse uno a sí mismo, se aparta de aquél que
verdaderamente le basta (CD 14,13,2).
8864 Les es útil a los soberbios caer en algún pecado claro y manifiesto a fin de que experimenten
displicencia, disgusto de sí mismos; ellos, que habían caído precisamente por complacerse a sí mismos
(CD 14,13,2).
8865 La soberbia de la transgresión fue más grave que la transgresión misma (CD 14,14).
8866 La soberbia trata de cargar sobre el otro el mal que hizo (CD 14,14).
8867 ... Trataba de levantar con sus pueblos contra el Señor una torre, símbolo de la impía soberbia.
Con razón queda castigado el torcido afecto con el fracasado efecto (CD 16,4).
8868 La soberbia trata de ser una perversa imitación de Dios (CD 19,12,2).
8869 Los que no pueden ser famosos buenamente, desean que los hombres hablen, aunque sea mal, de
ellos, con tal que se divulgue su nombre por todo el mundo (CS 9,24).
8870 Porque, si no me purificare de este gran delito, agradarán mis palabras en presencia de los
hombres, mas no en la de Dios. El alma soberbia pretende agradar a la vista de los hombres. Por el
contrario, la humilde intenta agradar en lo oculto, allí donde ve Dios... (CS 18,2,16).
8871 Quien dio al humilde, quita al soberbio, porque quien da puede quitar (CS 25,2,11).
8872 Nadie es soberbio si no es inicuo, y a éste se le yergue la cabeza. Hacia arriba se levanta quien
yergue la cabeza contra Dios (CS 37,8).
8873 Los que creen ser algo, no siendo nada, se engañan a sí mismos; pues no son grandes porque
estén hinchados, ya que la hinchazón y la arrogancia imitan sólo la grandeza, pero carecen de firmeza (CS
38,8).
8874 No piensen los soberbios que están ocultos de Dios, pues desde lejos los conoce (CS 39,20).
8875 (Los soberbios) defienden sus pecados antes que confesarlos (CS 46,6).
8876 Todo el que se infla con las cosas inciertas de este mundo, se desinfle (CS 47,6).
8877 Toda soberbia temió a Aquel que ha de juzgar, creyendo en el humilde para no llenarse de terror
ante el Excelso (CS 47,6).
8878 La soberbia no permitía perfeccionar al hombre; ninguna otra cosa impide más la perfección (CS
58,2,5).
8879 Como la compañera de la soberbia es la envidia, no puede menos de acontecer que el soberbio no
envidie (CS 58,2,5).
8880 La soberbia es el vicio capital, puesto que, cuando alguien progresa en la virtud, tienta para que
pierda todo lo que progresó. Efectivamente, todos los vicios deben ser temidos por sus malas obras, pero la
soberbia debe ser temida mucho más en las buenas acciones (CS 58,2,5).
8881 Solitario o singular es el soberbio. Esto dice todo soberbio: yo soy, yo soy, y nadie más (CS 79,11).
8884 ¿Quién es soberbio? El que no se arrepiente de los pecados por la confesión para que pueda curar
por la humildad. ¿Quien es soberbio? Aquel que se atribuye a sí mismo y niega a la misericordia de Dios los
pocos bienes que le parece tener. ¿Quién es soberbio? Aquel que, aun cuando atribuya a Dios las cosas
buenas que hace, ultraja a los que no las hacen y se engríe sobre ellos (CS 93,15).
8885 ¿Qué cosa más detestable que la malicia de la soberbia, puesto que no quiere tener ni a Dios por
superior? (CS 112,1).
8886 ¿Quiénes caen al ser empujados? Los que quieren ser para sí mismos su fortaleza y su alabanza.
Nadie cae en la lucha sino aquel de quien cayó su fortaleza y alabanza. Por tanto, aquel de quien el Señor
es fortaleza y alabanza, no cae, como no cae el Señor (CS 117,9).
8887 Las calumnias de todos los soberbios, como veneno de serpientes, se vencen mirando a Cristo
crucificado con vigilantísima y diligentísima piedad (CS 118,26,4).
8888 Todo soberbio necesariamente finge. Digo, hermanos, que todo el que es soberbio, necesariamente
quiere aparecer lo que no es (CS 121,8).
8889 El soberbio, lo que es peor, quiere aparentar ser justo, sin serlo. Y como es difícil conocer la justicia,
es difícil conocer a los soberbios (CS 121,8).
8892 ¿Quiénes son los que como el humo se desvanecen? ¿Quiénes, sino los soberbios, que no
confiesan sus pecados, sino que los defienden? (S 22,8).
8894 Llegará a ser rico uno que ahora es pobre, y no te admitirá a participar de sus riquezas a ti que,
siendo soberbio, te molestas de su pobreza (S 41,2).
8895 Nada de extraño es que la soberbia produzca división, y la caridad, unidad (S 46,18).
8897 Los collados dejan correr el agua, los valles la recogen (S 77,12).
8898 ¡Avergüéncese de ser soberbio el hombre, pues humilde se hizo Dios! (S 123,1).
8899 No te subas a mayores; al contrario, teme. Teme para que te veas lleno; "no te subas a las
cumbres", para que no te seques (S 131,3).
8900 "Entrad por la puerta estrecha". Hace conatos para entrar, mas la hinchazón se lo impide; y cuanto
más se lo impide la hinchazón, tanto más perjudiciales le resultan los esfuerzos (S 142,5).
8901 Quien, pues, esté hinchado, no se tenga por grande; deshínchese para ser de grandeza auténtica y
sólida (S 142,5).
8903 Quien presume de sus fuerzas, antes de la lucha ya está derrotado (S 153,11).
8904 Quien se gloría en sí mismo, se gloría en un necio. Del mismo hecho de gloriarse en sí mismo es la
declaración manifiesta de la necedad (S 160,1).
8905 Elimínate, aléjate a ti de ti, diré, pues eres un impedimento para ti mismo; si eres tú quien te
edificas, construyes tu ruina. Si el Señor no construye la casa, en vano se fatigan quienes la edifican (S
169,11).
8906 El hundimiento es tanto más grande cuanto mayor es la altura desde la que se cae (S 241,3).
8907 Si te levantas tú, vuelves a caer; si te levanta Dios, permaneces en pie (S 261,1).
8908 ¿Por qué quieres hincharte, oh hombre? Te basta con estar lleno, no inflado. Quien está lleno es
rico; quien está inflado está vacío (S 266,3).
8909 Que nadie presuma de sí mismo cuando haya pronunciado un discurso; ni de sus fuerzas cuando
resiste a la tentación, puesto que para hablar bien, de Dios nos viene nuestra sabiduría, y de él nuestra
paciencia para soportar los males (S 277A,2).
8910 Dios detesta a quienes presumen de sus fuerzas y, en cuanto médico, saja este tumor en aquellos
a quienes ama (S 285,3).
8911 La soberbia es gran malicia, la primera de todas, el principio y el origen, la causa de todos los
pecados; ella arrojó a los ángeles del cielo e hizo al diablo (S 340A,1).
8912 Si la soberbia es el principio del pecado, la soberbia es la puerta de los infiernos (S 346B,3).
8914 Las cosas elevadas están puestas aquí para indicar a los soberbios. (El Señor) pone su mirada en
aquellas para levantarlas; a éstas las conoce para abatirlas (S 351,1).
8916 La soberbia, cuando se adueña de la mente, levantándola la derriba; inflándola la vacía, y de tanto
extenderla, la rompe (S 353,1).
8918 Cuando en un siervo de Dios se insinúa la soberbia, al instante está allí también la envidia. El
soberbio no puede carecer de envidia, que es hija de la soberbia. Esta madre no conoce la esterilidad; allí
donde se halla, pare inmediatamente (S 354,5).
8919 Si quieres descubrir que eres mejor, interroga a tu alma, por si ves allí alguna hinchazón. Donde
hay hinchazón, hay vaciedad. El diablo intenta hacer su nido donde encuentra un lugar vacío (S 354,8).
8920 Si tú eres soberbia y tu madre humilde, la madre será mejor que la hija (S 354,9).
8921 Quien ama la soberbia no quiere pertenecer al cuerpo que tiene una cabeza humilde (S 354,9).
8923 Si nos persuadimos de que somos algo, cuando en realidad no somos nada, corremos el peligro, no
sólo de no recibir lo que nos falta, sino de perder lo que somos (TEJ 1,4).
8924 Por la soberbia ordenó Dios que criatura tan pequeña y abyecta (mosca, pulga) nos atormentara
((TEJ 1,15).
8925 Cuando la soberbia se yergue, el soberbio está sujeto a la tiranía de las pulgas (TEJ 1,15).
8926 Es siervo el que es soberbio, aunque sea libre; y, lo que es peor, es siervo de un ama pésima, de la
soberbia misma (TEJ 12,4).
8927 El manantial de todas las enfermedades es la soberbia, porque la soberbia es el manantial de todos
los pecados (TEJ 25,16).
8928 ¿Cuál es el origen de tantas iniquidades? La soberbia. Cura la soberbia y ya no existirá iniquidad
alguna (TEJ 25,16).
8929 Es para curar la causa de todas las enfermedades, que es la soberbia, por lo que bajó y se hizo
humilde el Hijo de Dios. ¿Por qué te ensoberbeces tú, ¿Oh hombre? Dios se humilló por ti (TEJ 25,16).
8930 Hay quienes creen poderse purificar por su propio esfuerzo para unirse y contemplar a Dios; a éstos
los enloda la soberbia (T 4,15,20).
8931 ¿Qué aprovecha al soberbio contemplar en la lejanía la patria transmarina, si siente sonrojo de
subir al leño? (T 4,15,20).
8932 La soberbia humana es el obstáculo principal para la unión con Dios (T 13,17,22).
8933 ... La madre de estos vicios es la soberbia, la avidez de alabanzas humanas, que con frecuencia da
también lugar a la hipocresía (Ca 22,2.7).
8934 Parece que para una cerviz regia y erguida es más agradable el yugo del mundo que el de Cristo
(Ca 26,5).
8935 Los otros vicios son temibles en el pecado, mas el orgullo es también temible en las mismas obras
buenas (Ca 118,3.22).
8936 Los soberbios son simbolizados en los unicornios, porque la soberbia odia la unión con otros; el
soberbio, en cuanto está en su poder, quiere descollar solo (Ca 140,1).
8938 Para mí no hay mayor inflación que, sin estar convencido, decir tantas cosas con tan copiosa
abundancia y derroche de ingenio (CA 3,18,41).
8939 Los que desean ser iguales a los ángeles por vanagloria, no quieren llegar a ser iguales que los
ángeles, sino que los ángeles vengan a ser iguales a ellos (L 3,103).
8940 Tiene la soberbia cierto apetito de unidad y de omnipotencia, pero en la soberanía de las cosas
temporales, que pasan todas como sombra (VR 45,84).
8941 Mejor es una brizna de paja que la luz formada por un trabajo de vana imaginación, según el
capricho y las conjeturas (VR 55,108).
8942 Los espíritus que nos piden servicio y adoración, como si fueran dioses, se asemejan a los hombres
soberbios, los cuales, si pueden, se lisonjean de ser adorados; soportar a los segundos es menos peligroso
que adorar a los primeros (VR 55,111).
8943 Toda dominación humana sobre los hombres cesa con la muerte del dominador o con la del siervo,
y la servidumbre bajo los ángeles soberbios y malvados será más temible después de la muerte (VR
55,111).
8944 A la soberbia le sigue la envidia como hija servil; la soberbia la está dando a luz continuamente, y
nunca se la encuentra sin tal hija y compañera (SV 31,31).
8945 ... Por cuyos dos vicios, la soberbia y la envidia, el diablo es diablo (SV 31,31).
8946 Contra la soberbia, madre de la envidia, es contra quien lucha singularmente toda la disciplina
cristiana (SV 31,31).
8948 Ama la bondad de Dios, teme su severidad; una y otra no te permitirán ser orgullosa (SV 38,39).
8949 Con tanto más cuidado debemos evitar los engaños de la soberbia, cuanto más santo es el estado
de vida que profesamos (SV 56,57).
8950 Los demás vicios prevalecen en la maldad, pero el orgullo se desarrolla a expensas de las buenas
obras (NG 27,31).
8951 Muchos pecados se cometen por soberbia, mas no todos los pecados son actos de soberbia; hay
pecados de ignorancia, hay pecados de flaqueza, y a veces se hace el mal hasta llorando y gimiendo (NG
29,33).
8952 En realidad, la soberbia, siendo de suyo un gran pecado, de tal modo puede subsistir por sí misma,
independientemente de otros, que muchas veces, como he dicho, sobreviene y se introduce furtivamente
con acelerado pie no en los pecados, sino en las mismas obras buenas (NG 29,33).
8953 Nadie, por tanto, atribuya a Dios la causa de ninguna culpa humana, pues la causa de todos los
vicios humanos es la soberbia (Cp 2,17,27).
8954 Con empeño y vigilancia y ardientes plegarias esforcémonos en luchar sobre todo contra la misma
soberbia, causa de nuestras humillaciones (Cp 2,19,33).
8955 Dios permite que caigamos en el mal del orgullo para vernos obligados a pedirle cada día perdón de
nuestros pecados (RJ 4,3,28).
8956 ¿Qué otra cosa es la soberbia sino abandonar el retrete de la conciencia y querer aparentar
exteriormente lo que uno no es? (CGM 2,5,6).
8958 Cuando alguno se oculta de aquella íntima y escondida luz de la verdad, ninguna otra cosa agrada
a la soberbia si no es la mentira falaz (CGM 2,15,23).
8959 El primero y más grande de todos los vicios es el orgullo, el cual lleva al hombre a la ruina
haciéndole usar de su libertad con detrimento de la reverencia debida a su Dios, cuyo vicio se llama
desobediencia (CLG 8,6,12).
8960 No se ha de pensar que el tentador hubiese podido derribar al hombre, a no ser que anteriormente
hubiera tenido asiento en el alma del hombre cierta oculta soberbia, para que por la humillación del pecado
aprendiera cuán falsamente presumió de sí mismo (CLG 11,5,70).
8961 Cualquiera que ame su propia excelencia, o aborrece a los semejantes por ser iguales a él, o a los
inferiores a fin de que no se equiparen con él, o a los superiores porque no puede llegar a ser lo que son
ellos. Luego, envaneciéndose, se hace uno envidioso, mas, no envidiando, se hace soberbio (CLG
11,14,18).
8962 He aquí a la soberbia. ¿Dijo por ventura: "pequé"? Siente la ignominia de su confusión y no acepta
la humillación de su confesión (CLG 11,35).
8963 ... Quiso ser demasiado avariento al pretender estar sobre los hombres el que fué hecho superior a
sólo las bestias. Esto es soberbia (TCJ 8,8).
8964 Ved cuántas obras ejecuta la soberbia. Considerad cuán semejantes y como iguales a la caridad.
La caridad alimenta al hambriento; también la soberbia; la caridad, para alabar a Dios; la soberbia para
alabarse a sí mismo. Viste la caridad al desnudo, también la soberbia lo viste. Ayuna la caridad, ayuna
también la soberbia. La caridad entierra a los muertos, también la soberbia. Todas las obras buenas que
quiere hacer y hace la caridad las fustiga la soberbia contra la caridad... (TCJ 8,9).
8965 ... Se trata del pecado de soberbia, que pasa inadvertido ante los hombres y que puede insinuarse
incluso en las obras dignas de alabanza (AJ 10,9).
8966 Ciérrese a los soberbios la puerta de la salvación, venga el manso a quien el Señor muestra sus
caminos (CF 12,30).
8967 Por la soberbia el alma prefirió imitar a Dios antes que servir a Dios (Mu 6,13,40).
8968 Hincharse de soberbia es para el alma echarse al exterior y, por así decirlo, vaciarse, que vale tanto
como ir en su ser de menos a menos (Mu 6,13,40).
8969 ¿Y qué otra cosa significa echarse al exterior sino echar fuera la intimidad, es decir, alejar de sí a
Dios, no por un espacio de lugar, sino por afecto del corazón? (Mu 6,13,40).
8970 Gran miseria es, en efecto, el hombre soberbio, pero más grande misericordia es un Dios humilde
(CP 4,8).
8971 Cualquier otro vicio se ejercita en las malas obras para hacerlas; la soberbia, en cambio, acecha
también a las obras buenas para perderlas (R 1,7).
42 64 221 239 278 292 480 511 719 909 1072 1117 1419 1642 1683 1808 1897 1930 2008 2036 2038
2511 2593 3019 3052 3162 3375 3376 3377 3994 4157 4190 4204 4209 4217 4218 4219 4224 4235 4275
4277 4348 4683 4970 5000 5079 5083 5104 5107 5173 5256 5291 5297 5298 5311 5312 5317 5318 5323
5324 5341 5343 5346 5347 5356 5358 5359 5367 5369 5370 5373 5274 5375 5378 5380 5704 5886 5988
6125 6500 6846 7282 7445 7640 7746 7765 7766 7792 7825 7992 7996 8144 8145 8452 8462 8469 8509
8510 8514 8522 8526 8531 8569 8589 8592 8760 8787 8816 9085 9200 9250 9321 9341 9356 9385 9481
9693 9694 9712 9713 9727 9888
SOCIEDAD
8972 En la sociedad humana ocurre lo mismo que en las aguas: cuanto más abundantes, tanto más
peligrosas (CD 19,7).
8973 ¿Qué consuelo nos queda en una sociedad humana como ésta, plagada de errores y de
penalidades, sino la lealtad no fingida, y el mutuo afecto de los buenos y auténticos amigos? (CD 19,8).
8975 Es cierto que pecamos contra la sociedad siempre que queremos dejar impune a quien es reo de
culpa (Ca 153,1.1).
8976 Por caridad para con el género humano, nos vemos forzados a intervenir en favor de los reos para
que no acaben su vida en el suplicio de manera que, al llegar a su fin, entren en otro sin fin (Ca 153,1.3).
8977 Sé que eres un amador del estado. Mira, pues, cuán claro se habla en las sagradas Letras que la
bienaventuranza del hombre y la del estado no tienen distinto origen (Ca 155,2.7).
8978 El pueblo es un conjunto de ciudadanos para los cuales es peligrosa la disensión. ¿Y qué es
disentir más que no sentir una misma cosa? (O 2,18,48).
8980 Todos son parientes bajo el único Dios Padre, cuantos lo aman y cumplen su voluntad. Y todos son
entre sí y para sí padres, cuando se hacen bien; hijos, cuando se obedecen unos a otros, y, sobre todo,
hermanos, porque un mismo y único padre nos llama con su testamento a una herencia (VR 46,89).
8981 Existe entre todos los animales irracionales una cierta sociedad, así como también los racionales,
es decir, los hombres, tienen la suya, no solo consigo mismos, sino también con los ángeles (DCM 8).
8982 ... Las cosas de esta naturaleza no disminuyen, como si estuvieran divididas en partes, sino que
pertenecen todas a todos y todas a cada uno de los que forman la sociedad (CH 4,55).
8983 Los reinos felices son aquellos en que se obedece a los reyes con pleno acuerdo de todos (CF
21,14).
8984 Una ciudad está en sus ciudadanos, no en sus murallas (DR 6,6).
SUFRIMIENTO
8985 No porque buenos y malos hayan sufrido las mismas penas, vamos a negar la distinción entre ellos.
Bien se compagina la desemejanza de los atribulados con la semejanza de las tribulaciones. Y aunque
estén sufriendo el mismo tormento, no por ello son idénticos la virtud y el vicio (CD 1,8,2).
8986 He aquí lo que interesa: no la clase de sufrimientos, sino cómo los sufre cada uno (CD 1,8,2).
8987 El contratiempo es más bien una advertencia de la misericordia de Dios que un castigo de su
severidad (CD 4,1).
8988 La causa de que un dolor pueda ocasionar la muerte se debe a que, dada la íntima compenetración
entre el presente cuerpo y el alma, ésta, ante dolores extremadamente agudos, se rinde y se aleja (CD
21,3,1).
8990 Sufre aquí, pues llegará el fin; sufre, no sea que por no querer padecer aquí llegues al fin de la vida
y jamás te llegue el fin del dolor (CS 48,1,11).
8991 Entendiendo en qué mal te encuentras, no serás necio; mirando para el futuro, no serás imprudente
(CS 48,1,12).
8992 Lo que sufres pasa, termina. Lo que has de recibir no tiene fin. No compares la pena con el premio;
iguala, si puedes, el tiempo con la eterniad (CS 48,2,9).
8994 Aciagos son los días en los que aparecen brillar los pecadores y sufrir los justos; pero el sufrimiento
de los justos es azote del Padre, y el florecimiento de los pecadores, su fosa (CS 93,16).
8995 Sé cada día más puro; mediante esta prueba serás más puro. Sírvate el fuego para alejar de ti
aquello por lo que eras impuro y no para destruirte en lo que eres puro (S 15,7).
8996 Todo cuanto sufrimos, las tribulaciones de esta vida, son un azote de Dios que quiere corregir ahora
para no tener que castigar al final (S 22,3).
8997 Llevar la propia cruz equivale, en cierto modo, a dominar la propia mortalidad (S 218,2).
8998 Cualquiera que sea la dureza del corazón humano, la ablanda el compartir un dolor semejante (S
259,3).
8999 En el momento del juicio del Dios omnipotente y veraz no se preguntará lo que uno haya sufrido,
sino por qué lo ha sufrido (S 285,2).
9000 Cualquier suplicio que tenga fin es llevadero cuando se promete un premio eterno (S 299C,3).
9001 Si nos fijamos sólo en los sufrimientos, hasta los ladrones han de ser coronados (S 328,4).
9002 Si el haber sufrido es motivo de gloria, hasta el diablo puede gloriarse (S 328,4).
9003 Se considera como una miseria el sufrir durezas y asperidades en la carne, porque en realidad es
cosa molesta. Si no fuese cosa molesta para los hombres, no aportaría gloria a los mártires (S 335C,1).
9004 No hagas tanto hincapié en tu pena; demuestra antes tu justicia, cosa que no conseguirás hacer,
pues no probarás más que la maldad de tu iniquidad (S 335G).
9005 No culpes de tus sufrimientos al Juez, sino a tus pecados (TEJ 1,15).
9006 En este mundo es imposible no sentir temor, no sufrir, no fatigarse, no correr peligros; pero interesa
mucho saber por qué motivo, esperando qué cosa y con qué finalidad se padece (Ca 203).
9007 ¿Qué es el dolor, sino un sentimiento que resiste a la di-visión y a la corrupción? (L 3,234).
9008 La fuerza de los apetitos produce la tolerancia de trabajos y dolores. Nadie acepta
espontáneamente lo que causa dolor sino por lo que causa delectación (P 4,3).
9009 ¿Quién hay tan ciego de inteligencia que no vea que la miseria del género humano empieza con el
llanto de los niños? (RJI 1,119).
9010 El motivo de la prueba es para conocer el amor que le tienen, y si ese amor es un amor a su Dios.
Y, naturalmente, son ellos los que deben saber si lo aman, y no Dios, pues Dios sabe todas las cosas antes
de que sucedan (CH 5,20).
9011 La única razón de las desgracias humanas es considerarse (el hombre) grande y poderoso,
alardeando de sus propias fuerzas (AJ 9,18).
9012 Así hay que buscar al Señor en las aflicciones de esta vida: hasta el punto de no apetecer de su
mano bienes terrenales. Porque ya antes de recibir este tipo de bienes somos superiores a las bestias (AJ
35,9).
9013 Recordemos que el espíritu atormentado es un sacrificio para Dios (CP 14,22).
9014 Todo cuanto aquí hubiere padecido el hombre, si se corrige, es conversión; si ni por ésas se
corrige, es doble la condena: porque aquí también expía las penas temporales, y allí experimentará las
eternas (DR 4,4).
TEMOR - MIEDO
9015 Si tememos vanamente, el mismo temor es ya ciertamente un mal que atormenta y despedaza sin
motivo nuestro corazón, y tanto más grave cuanto que, no habiendo de qué temer, tememos (C 7,5,7).
9016 El temor es una gran ayuda para los que se encaminan a la salud (CS 5,9).
9017 "El temor del Señor", no el servil sino el casto, ama gratuitamente y no teme ser castigado por aquel
a quien teme, sino más bien ser separado de aquel a quien ama (CS 18,2,10).
9018 El temor procede de la flaqueza humana; la esperanza dimana de la divina promesa. Tuyo es el
temor; el esperar es don de Dios, que se halla en ti. Mejor es que te reconozcas a ti mismo en tu pavor, a fin
de que en tu liberación glorifiques al que te creó (CS 30,2,s.1,3).
9019 El que no hace el mal por temor, preferiría perpetrarlo si se le permitiese y, por tanto, aunque no se
otorgue el poder, se posee el querer (CS 32,2,s.1,6).
9020 No obro, dices. ¿Por qué? Porque temo. Aún no amas la justicia, aún eres esclavo; sé hijo. Del
buen siervo se hace el buen hijo. Por ahora no obres temiendo, pues amando aprenderás a no obrar (CS
32,2,s.1,6).
9021 El que oye, si no teme, si no se conmueve, no es digno de ser curado (CS 59,4).
9022 No quiero estar sin temor, pero sí exento del temor del enemigo y esclavo del temor de Dios (CS
63,2).
9023 Si teme el hombre, no se aterre, pues el hombre debe temer a Aquel por quien fue creado el
hombre. Teme a lo que está sobre los hombres, y los hombres no te aterrarán (CS 63,16).
9024 La huída del alma es el temor. Porque ¿adónde huyen por la huida corporal, de la presencia de
Aquel que en todas partes demuestra la eficacia de su presencia?... Luego huyen con el ánimo, no con el
cuerpo; a saber, temiendo, no ocultándose. Ni huyen del rostro que no ven, sino de aquel rostro que se ven
forzados a ver (CS 67,2; TEJ 46,8).
9025 De un modo teme la mujer adúltera a su marido, y de otro la casta; la adúltera teme que se le
presente en casa, la casta que la abandone (CS 118,12,3).
9026 La casta teme que su esposo se aparte de la casa, la adúltera que venga (CS 127,8).
9027 ¿Cuál es este temor casto? Aquel según el cual debemos entender, hermanos míos, lo que se dijo:
"Bienaventurados todos los que temen al Señor..." (CS 127,8).
9028 El temor casto, hermanos míos, lleva consigo la procedencia del amor (CS 127,8).
9030 Si de este modo temes a Dios, y lo temes, porque eres pecador, ¿de quién vas a recibir auxilio
contra Dios? ¿Adónde irás? ¿Qué has de hacer? ¿Quieres huir de El? Refúgiate en El. ¿Quieres huir de El
airado? Refúgiate en El aplacado. Lo aplacarás si esperas en su misericordia (CS 146,20).
9031 El placer es para el que canta; la fatiga, para el que teme. El hombre viejo, o no obra u obra por
temor, no por amor de la santidad; no por el gozo de la castidad, no por la templanza de la caridad, sino por
temor (S 9,8).
9032 Temamos para no temer, esto es, temamos prudentemente, para no temer infructuosamente (S
65,1).
9035 Son muchos los que saben temer y no saben convertirse (S 113B,1).
9036 El temor es siervo, y la caridad, libre; y, para decirlo así, el temor es siervo de la caridad (S 156,14).
9037 No se adueñe el diablo de tu corazón; vaya el siervo delante y haga reserva del lugar de tu corazón
para la dueña que ha de llegar (S 156,14).
9038 Haz el bien; hazlo al menos por temor del castigo, si aún no puedes hacerlo por amor a la justicia (S
156,14).
9039 Que el temor vano nos conduzca al temor útil. Temor vano es el de los hombres que temen perder
los bienes temporales, no obstante que alguna vez han de emigrar de aquí... (S 161,7).
9040 Tu temor es servil; hay miedo al mal, aún no amor al bien. No obstante, teme para que este miedo
te guarde y te conduzca al amor. Este temor a la gehenna te aparta de hacer el mal y no permite hacerlo al
ánimo que interiormente desea pecar... (S 161,8).
9041 Este temor te protege en cuanto que no adulteras por el miedo; luego vendrá la caridad; entrará en
tu corazón y, cuando ella entre, expulsará al temor. El temor hacía que no cometieras el adulterio; la caridad
logra que no quieras hacerlo, aun en el caso de que pudieras salir impune (S 161,8).
9042 No hay que eliminar el temor, pero ha de transferirse a otro objeto (S 313A,2).
9044 Aunque se llame fuerte a quien no teme a nadie, es fortaleza perversa la de quien no quiere temer,
en primer lugar, a Dios, para, temiéndole, escucharle; escuchándolo, amarlo, y amándolo, no temerlo (S
348,1).
9045 Cuando se teme la pena con que se amenaza, se aprende a amar el premio que se promete. De
esta manera, por temor a la pena, se lleva una vida santa; con la vida santa se adquiere una buena
conciencia, mediante la cual no se teme pena alguna (S 348,1).
9046 Si te amas a ti mismo en ti mismo y te complaces en ti por ti, debes sentir gran temor precisamente
porque nada temes (S 348,2).
9047 El temor no ha de ser arrojado fuera con cualquier amor, sino con el amor recto por el que amamos
a Dios con toda la mente (S 348,2).
9048 Tanto menor sea el temor cuanto más cerca esté la patria a la que tendemos. El temor debe ser
mayor en los que peregrinan, menor en los que ya están cerca, y nulo en quienes ya han llegado (S 348,4).
9049 Sea el temor como tu pedagogo; pero no se quede en ti, antes bien, condúzcate al amor como al
maestro (S 349,7).
9050 Si el amor de la luz no te hace impresión alguna, que te la haga al menos el temor del dolor (TEJ
18,11).
9051 Cuando al terror útil se le añade la doctrina saludable, la luz de la verdad desvanece las tinieblas
del error; pero, además, la fuerza del temor rompe los lazos de la mala costumbre (Ca 93,1.3).
9052 Entra primero el temor a nuestro corazón y arroja de él la costumbre de las malas obras y guarda el
lugar a la caridad; cuando ésta viene como señora, el temor se retira (Ca 140,18.45).
9053 "... lo revelaste a los niños", quienes lo temen, y los pobres, es decir, los humildes, que no se creen
algo, sino que temen con temor casto, con el que no se teme la pena, sino que se conserva la gracia (Ca
140,24.60).
9054 Si la vergüenza no es otra cosa que un cierto miedo a desagradar, no tengo en esta causa
vergüenza de ser miedoso (Ca 155,3.11).
9055 Nadie duda de que es mejor que los hombres sean llevados a servir a Dios por la doctrina que
obligarlos a ello por el temor de la pena o por el dolor (Ca 185,6.21).
9056 Si bien son mejores los que se dirigen por el amor, son muchos más los que se corrigen por el
temor (Ca 6.21).
9057 ... Aquel otro temor no existe con la caridad; este temor casto no se aparta de la caridad (SV 38,39).
9058 Si se sirve a Dios por evitar el fuego eterno, no hay todavía perfecta caridad. Una cosa es el deseo
del premio y otra es el temor del castigo (SV 38,39).
9059 Una cosa es temer a Dios porque te puede arrojar al infierno con el diablo, y otra temerle para que
no se aparte de ti (TCJ 9,5).
9060 Así como la tentación de la concupiscencia es triple, así también lo es la tentación del temor. A la
concupiscencia de la curiosidad se opone el temor de la muerte: en aquélla hay avidez de conocer muchas
cosas, en ésta, hay miedo de perder lo que se ha sabido. A la concupiscencia de los honores y de las
alabanzas se opone el temor de la humillación y de los ultrajes. A la concupiscencia del placer se opone el
temor del dolor. No es absurdo, pues, pensar que por esta triple tentación el Señor hubiera pedido tres
veces se alejara de él el cáliz, pero de tal modo que se cumpliera la voluntad del Padre (CEv 1,47).
9061 Es fácil temer la pena; pero esto no es temer a Dios, naturalmente, con aquel temor de piedad...
(CH 2,35).
9062 Se dice muchas veces, y con buenos argumentos, que el temor pertenece más bien al Antiguo
Testamento, como el amor al Nuevo, aunque en el Antiguo Testamento esté oculto el Nuevo y en el Nuevo
Testamento se manifieste el Antiguo (CH 2,73).
9063 El temor de Dios no sólo es el comienzo, sino también la perfección del sabio (OC 36,4).
9064 El temor de las penas, aun sin el deleite de la buena conciencia, al menos refrena el mal deseo
dentro de los muros del pensamiento (RPe 2,83,184).
96 397 401 403 414 421 422 423 426 428 473 548 566 567 1015 1040 1119 1120 1121 1133 1388 1795
1829 2255 2768 3006 3031 3333 4375 4397 7019 7511 8547 8636
TEMPLO
9065 Los mismos hombres son el templo en donde se suplica a Dios y oye. Todo el que ora a Dios fuera
de su templo, no es oído... (CS 130,1).
9066 No se apresure hacia el templo visible, no busque templo alguno donde encontrarse con Dios. Sea
él mismo el templo y a él vendrá Dios (S 23,6).
9067 Ahora, pues, se construye, pero sólo al final del mundo tendrá lugar la dedicación (S 27,1).
9068 Corran juntas las piedras vivas para el nuevo cántico, corran y adáptense en la estructura del
templo de Dios. Reconozcan al Salvador y hospeden a su morador (S 27,1).
9069 Tú mismo eres templo de Dios. Cuando entras, cuando sales, cuando estás en tu casa, cuando te
levantas, eres templo. Mira lo que haces; procura no ofender al que mora en él, no sea que te abandone y
te conviertas en ruinas (S 82,13).
9070 Veis que es la casa en que hacéis vuestras oraciones. ¿Queréis construirla? Sed vosotros casa de
Dios y quedó ya construída (S 107A).
9071 ¡Cuán grande es esta casa! Pero ¿cuándo canta el cántico nuevo? Mientras se edifica. ¿Cuándo
será la inauguración ? Al final del mundo. El fundamento de la misma ha sido ya inaugurado, porque subió
al cielo y no muere. También nosotros, cuando resucitemos para nunca más morir, seremos entonces
inaugurados (S 116,7).
9072 La fiesta que nos congrega es la dedicación de esta casa de oración. Esta es, en efecto, la casa de
nuestras oraciones, pues la casa de Dios somos nosotros mismos (S 336,1).
9073 Somos edificados en este mundo para ser dedicados al fin del mundo (S 336,1).
9074 No edifican la casa de Dios más que cuando se ajustan unos a otros mediante la caridad (S 336,1).
9075 Como éste lo construimos con piezas terrenas, de idéntica manera hemos de levantar el otro con
costumbres bien arregladas (S 337,2).
9076 Mientras somos edificados, gime ante él nuestra humildad; cuando seamos dedicados, le cantará a
él nuestra gloria, porque la edificación requiere fatiga y la dedicación pide alegría (S 337,2).
9077 Se os ha construído la iglesia en que entren vuestros cuerpos; pero vuestras mentes deben ser el
lugar adonde entre Dios (S 359,9).
9078 Muchos suelen concurrir no porque les mueva la piedad, sino la festividad (S 361,4).
9079 A la basílica la llamamos iglesia, porque contiene al pueblo, y el pueblo es la verdadera iglesia; con
ese nombre de iglesia, esto es, del pueblo contenido, se designa al lugar o continente (Ca 190,6.19).
7155
TENTACIóN
9080 Nadie, por paciente y pudoroso que sea, tiene en su mano el disponer de su propia carne:
únicamente es dueño de consentir o de rechazar en su espíritu (CD 1,18,1).
9081 Los hombres vencen todas las tentaciones del enemigo, no rogándole a él mismo, sino rogando a
su Dios contra él (CD 10,22).
9082 No debe ser reprobada toda tentación; antes hay que felicitarse por la que sirve de prueba (CD
16,32,1).
9083 Las más de las veces no puede el espíritu humano conocerse a sí mismo de otra manera más que
empeñando sus fuerzas, no de palabra, sino de obra en la tentación (CD 16,32,1).
9085 En la prueba, si se reconoce el don de Dios, se muestra religioso y se afianza con la firmeza de la
gracia, nunca se engríe con la vanidad de la jactancia (CD 16,32,1).
9086 Cada uno se conoce a sí mismo al ser interrogado por la tentación (CS 36,s.1,1).
9087 Tú, que por el viento de la tentación volaste fuera, ¿qué eres? El viento no arrastra el trigo de la era.
Por el lugar donde estás, reconoce lo que eres (CS 36,s.3,19).
9088 Toda tentación es una prueba y todo ejercicio de probación engendra su fruto... Al presentarse la
tentación como pregunta, el hombre se descubre a sí mismo, porque estaba oculto a sí mismo, pero no a su
Creador (CS 55,2).
9089 El hombre se desconoce a sí mismo antes de ser tentado o probado (CS 58,1,9).
9090 Nuestra vida en este destierro no puede estar sin tentación, ya que nuestro adelantamiento se lleva
a cabo por la tentación (CS 60,3).
9091 Nadie se conoce a sí mismo si no es tentado; ni puede ser coronado si no vence; ni vencer si no
pelea; ni pelear si le faltan enemigos y tentaciones (CS 60,3).
9092 Unicamente se le permite que te tiente tanto cuanto te aproveche a fin de que seas ejercitado y
probado, para que tú, que te desconocías, te conozcas a tí mismo (CS 61,20).
9093 No nos conviene estar sin tentaciones. Por tanto, no pidamos a Dios que no seamos tentados, sino
que no nos deje caer en la tentación (CS 63,1).
9095 El espíritu del que es fiel a Dios tiene asimismo fiel a Dios, el cual no permite que sea tentado más
de lo que puede (CS 77,10).
9096 "Fiel es Dios, el cual no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas". Esta es la medida:
según tus fuerzas. Esta es la medida: para que te instruyas, no para que seas abatido (CS 79,6).
9097 Cristo fue tentado para que no fuese vencido el cristiano por el tentador. El Maestro quiso ser
tentado en todas las cosas en las cuales lo somos nosotros; como quiso morir, porque morimos; como
quiso resucitar, porque también habíamos de resucitar (CS 90,2,1).
9098 No existe tentación que no haya recibido límite de Dios. Vengan las tentaciones; las destruirás, no
serás destruído por ellas (CS 94,9).
9100 Debes temer cuando te va bien, pues no debes creer que jamás has de ser tentado. Si nunca
fueses tentado, jamás serías probado. ¿Por ventura no es mejor ser tentado y probado que ser reprobado
no siendo tentado? (CS 144,4).
9101 Con la tentación no pretende Dios conocer algo que antes ignorara, sino que, al tentar, es decir, al
interrogar, se manifieste lo que en el hombre está oculto ((S 2,3).
9103 Dios tienta para enseñar, mientras el diablo tienta para engañar (S 2,3).
9104 No te juzgues como santo por el hecho de que nadie te tienta. Lo serás cuando no te conturbas
ante una injuria, cuando te compadeces del que te ultraja, cuando no te preocupas de lo que padeces, sino
que te apiadas de aquel por quien padeces (S 16A,7).
9105 Hermanos, seamos cautos para conocer aquello que nos falta. La tentación de los cristianos es su
prueba; ya que el que es tentado se da cuenta de lo que le falta. Dos cosas están presentes: lo que tiene y
lo que le falta... (S 16A,12).
9106 En todas las cosas de este mundo, tanto en las buenas como en las malas, aparece la tentación (S
20A,1).
9107 Si el general soportó el ser tentado, fue para enseñar al soldado a luchar (S 51,2).
9108 Dios no tienta a nadie con aquella tentación por la que uno es engañado y seducido, pero a algunos
ciertamente, por un profundo y oculto juicio, los abandona en ella. Una vez que él se haya retirado, sabe el
tentador qué ha de hacer. Si Dios lo abandona, no halla quien le ofrezca resistencia y, acto seguido, se
constituye en poseedor (S 57,9).
9109 Hay, pues, una tentación que implica pecado, y con ella Dios no tienta a nadie; y hay otra tentación
que prueba la fe, y con ella Dios se digna tentarnos (S 71,15).
9111 Arda con vigor nuestra llama para que el viento de la tentación más bien acreciente el fuego que lo
apague (S 93,17).
9112 Actualmente todos están sometidos a prueba y cada uno sufre la tentación en su vida concreta (S
94A,2).
9113 En tanto avanza la tentación en cuanto decae la fe. En tanto decae la tentación en cuanto avanza la
fe (S 115,1).
9114 En un abrir y cerrar de ojos logra una tentación que ofenda el hombre a Dios y hacérsele su
enemigo. O mejor dicho, no es entonces cuando se le hace enemigo; entonces aparece que ya era su
enemigo (S 125,11).
9115 Abundan las tentaciones en el mundo, pero es mayor el que hizo el mundo... (TEJ 40,10).
9116 Sabemos que hay dos clases de tentaciones: una que engaña y otra que prueba... (TEJ 43,6).
9117 Como en este siglo es menester que los ciudadanos del reino de los cielos sean agitados y
ejercitados con tentaciones entre los engañados e impíos, pues han de ser probados como el oro en el
crisol, no debemos querer vivir antes de tiempo con sólo los santos y justos, para merecer el premio en su
debido momento (Ca 189,5).
9118 Hay una tentación que busca el engaño y una tentación que busca la prueba. En el primer sentido,
no tienta sino el diablo; en el segundo, tienta también Dios (Ca 215,2.16).
9119 Como las tentaciones peligrosas, con las que es pernicioso encontrarse, tienen su origen en las
prosperidades o adversidades temporales, nadie que rechace la seducción del gozo en los atractivos de la
prosperidad será abatido por las molestias de las adversidades (SM 2,9,34).
9120 A quien no se le deja caer en la tentación, ciertamente no se le deja caer en la tentación de su mala
voluntad, y si no se le deja caer en ésta, en ninguna se le deja caer (DP 6,12).
9121 Hay tentaciones útiles que, lejos de seducirnos, sirven para probarnos (DP 6,12).
9122 El ser tentado y no caer en la tentación no es malo; por el contrario, es un bien; esto es ser probado
(DP 6,12).
9123 Una cosa es no sentir las sugestiones del mal, otra no consentir en ellas (NG 62,72).
9124 Es más gloriosa palma no haber consentido siendo tentado, que no haber podido ser tentado (CLG
11,6,8).
9126 Somos ejercitados con trabajos temporales e instruídos con las tentaciones de esta vida (TCJ 7,1).
9127 Tan pronto como aparece la realidad, ya no es necesaria la tentación (AJ 6,8).
9128 La tentación surge del encadenamiento oculto de las cosas (AJ 37,6).
9129 La corrección que conlleva la tentación enseña a los hombres sus propios méritos, porque ellos de
suyo son tinieblas por culpa de sus pecados y necesitan la gloria de Dios, para anhelar que los ilumine su
luz, dispensándole a El el honor, no a sí mismos (AJ 37,21).
478 1699 1865 2319 2823 3001 3043 3350 4876 5078 5171 5275 6482 7065 7072 7073 7945 8504 8822
9163 9510 9529 9535 9643 9684
TIEMPO
9131 No en balde corren los tiempos ni pasan inútilmente sobre nuestros sentidos, antes bien causan en
el alma efectos maravillosos (C 4,8,13).
9132 ¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo
pregunta, no lo sé (C 11,14,17).
9133 El tiempo no es otra cosa que una extensión; pero ¿de qué? No lo sé, y maravilla será si no lo es de
la misma alma (C 11,26,33).
9134 Lo futuro se espera con ansia y se pierde con dolor (CS 9,11).
9135 Siempre hay tiempos malos en el mundo, pero siempre hay tiempos buenos en Dios (CS 33,s.2,17).
9136 A todo te prepara quien te habla, cuando el tiempo de El es todavía de hablar, no de juzgar, y el
tuyo de oir, no de arrepentirte ya en vano (CS 36,s.1,2).
9137 Lo que te parece de larga duración, para Dios es de un instante; únete a Dios y te parecerá
momentáneo (CS 36,s.1,3).
9138 Ahora es tiempo de invierno; tu gloria aún no aparece; pero si tu amor tiene raiz profunda, como la
de muchos árboles, durante el invierno soporta el frío, pero éste pasa; a continuación viene el verano, es
decir, el dia del juicio; entonces se seca el verdor del heno y aparece la hermosura de los árboles (CS
36,s.1,3).
9139 De lo pasado nada vuelve; lo futuro se espera ha de pasar. Nada se tiene mientras no ha llegado, y
después de haber llegado, nada se mantiene (CS 38,7).
9140 Desde tu eternidad contemplas desde arriba, mientras pasa el tiempo de los perversos y llega el de
los justos (CS 91,10).
9141 No busques el cuándo; la eternidad no tiene cuándo. "Cuándo" y "en alguna circunstancia" son
palabras propias del tiempo. No nació del Padre en el tiempo aquel por quien fue creado el tiempo (CS
109,16).
9142 Nadie dirá que el tiempo es coeterno a Dios, el cual es creador de los tiempos, sino que el tiempo
comenzó a existir con el cielo y la tierra (S 1,5).
9143 Largo parece lo que resta, aunque no será tanto como lo ya pasado (S 9,2).
9144 También antes hubo un día que se llamó hoy. Desde aquél hasta el actual hoy, ¿no se ha
convertido en pasado lo que era futuro? (S 9,2).
9145 El tiempo de nuestro viaje por el mundo es breve, pero nuestra patria carece de tiempo (S 16A,1).
9146 Nuestros antepasados se lamentaron de sus tiempos y lo mismo sus antecesores. A ningún hombre
agradaron los tiempos en los que le tocó vivir,... (S 25,3).
9147 Cada año, ordinariamente, cuando sentimos el frío, solemos decir: "Nunca hizo tanto frío; nunca el
calor fue tan grande", siendo así que hace el mismo de siempre (S 25,3).
9148 Días aciagos. ¿Acaso son desventurados estos días que marca el curso del sol? Los días aciagos
los causan los hombres malvados; de esta forma lo es casi todo el mundo (S 25,4).
9149 En los días malos aprendo a buscar los días buenos. ¿Cuáles son los días buenos? No los
busquéis ahora. Pasarán los días malos y llegarán los buenos. Pero los días buenos llegarán para los
buenos; para los malos, días peores (S 25,5).
9150 Lo pretérito ya pasó. Si tu lengua hubiera sido maligna, si tú hubieras sido murmurador, delator,
calumniador, maldiciente: si hubieres sido todas estas cosas, pasen estas cosas con los días malos, pero
no pases tú con ellos (S 25,6).
9151 Lo humano fluye como un río, y como un río fluyen también los días malos. Agárrate al madero para
no ser arrastrado... ¿A qué me agarro? La palabra del Señor permanece para siempre (S 25,6).
9152 Por mucho que pienses en el día de mañana, no harás que vuelva el día de ayer. El día de mañana
será ayer también cuando llegue el pasado mañana (S 60,1).
9153 Los hechos pasados, al ser narrados, son luz para la mente y encienden la esperanza en las cosas
futuras (S 63B,1).
9154 Busquemos días buenos, ya que vivimos en días malos; pero no blasfememos, en estos días
malos, para que podamos llegar a los días buenos (S 73,4).
9155 "Malos tiempos, tiempos fatigosos", así dicen los hombres. Vivamos bien, y serán buenos los
tiempos. Los tiempos somos nosotros; cuales somos nosotros, así son los tiempos (S 80,8).
9156 A medida que avanza el tiempo, avanzamos nosotros, y nuestros años no aumentan, sino que se
agotan (S 109,4).
9157 ¿Qué tiempo hay largo, si tiene fin? No hay quien vuelva atrás el día de ayer, y el de mañana viene
urgiendo el paso al de hoy (S 124,4).
9158 Dos cosas, hermanos, hacen que los días sean malos: la maldad y la miseria. Se habla de días
malos a causa de la malicia y de la miseria de los hombres (S 167,1).
9159 ¿A quién molestaría el tiempo, si los hombres no se molestasen entre sí? (S 167,1).
9160 Corto es el tiempo que va desde la tierna infancia hasta la ancianidad decrépita. ¿Qué le
aprovecharía a Adán el haber vivido hasta hoy, si al fin hubiera muerto? (S 301,9).
9161 El día de ayer nadie lo hará volver; el mañana está urgiendo al día de hoy para que pase. Vivamos
bien en este breve espacio de tiempo y vayamos allí donde no estemos de paso (S 301,9).
9162 Nadie, pues, piense que le falta el tiempo apropiado; no todos son tiempos de pasión, pero sí de
devoción (S 305A,2).
9163 Aunque haya tiempos de paz y tiempos de persecución, ¿ha faltado en alguna época la
persecución oculta?... (S 305A,2).
9164 Soléis decir: "Los tiempos son difíciles, los tiempos son duros, los tiempos abundan en miserias".
Vivid bien y cambiaréis los tiempos con vuestra buena vida (S 311,8).
9165 A nadie ha dañado el tiempo. Los dañados son los hombres; los que dañan son también hombres
(S 311,8).
9166 ...¡Y dice que los tiempos son duros! ¡Cuánto más duro eres tú, que no te corriges ni siquiera en
estos tiempos duros! (S 346A,7).
9167 Escuchad, hermanos míos: convenía que los tiempos fuesen difíciles y duros. ¿Qué hubiéramos
hecho de no habernos asistido tan gran consolador? Desde Adán hasta el final, el género humano es un
enfermo grave (S 346A,8).
9168 Es preciso que los tiempos sean duros. ¿Por qué? Para que no se ame la felicidad terrena (S
346A,8).
9169 Piensas que los tiempos pasados fueron buenos porque no son los tuyos (S 346C,1).
9170 ¿Cuándo, pues, le fue bien al género humano? ¿Cuándo no experimentó el temor, el dolor?
¿Cuándo gozó de la felicidad asegurada, cuándo no de la verdadera infelicidad?... (S 346C,2).
9171 Debemos amar, pues, al que hizo los tiempos, para vernos libres del tiempo y fijos en la eternidad,
donde ya no hay mutabilidad alguna temporal (TEJ 31,5).
9172 El orden de los tiempos carece de tiempo en la eterna sabiduría de Dios (T 2,5,9).
9173 Es en el tiempo donde estamos sujetos a los males, que hemos de evitar si queremos un día arribar
a las playas de los bienes eternos (T 12,14,22).
9175 Lo que es nuevo en el tiempo no es nuevo en la presencia de Dios, que creó los tiempos y sin
tiempo tiene todas esas cosas que va distribuyendo en los diversos tiempos, según su variedad (Ca
138,1.7).
9176 Si es grande y noble señalar con el propio nombre los ciclos del tiempo, ¿cuánto más grande y más
noble será traspasar los tiempos con la integridad del corazón y del cuerpo? (Ca 150).
9177 Los espacios temporales, como las sílabas y las palabras, son partículas de este siglo en el
admirable cántico de las cosas que pasan (Ca 166,5.13).
9178 Lo que se desarrolla rápidamente en el tiempo, parece tarde a quien lo está deseando (Ca 199,1.1).
9179 Un cosa es ignorar los tiempos y otra la corrupción de las costumbres y el amor a los vicios (Ca
199,1.2).
9180 No son malos los días sino los hechos que acontecen en ellos (Ca 199,9.29).
9182 Los tiempos nos arrebatan lo que amamos y dejan en el ánimo un tropel de ilusiones que balancean
de una cosa a otra nuestros deseos (VR 35,65).
9183 El día pasado no retorna; tras el ayer viene el hoy, y tras el hoy vendrá el mañana. Y pasan todos
los tiempos y todo lo temporal para que venga la promesa permanente (BV 20,25).
9184 Más bien el tiempo procede de la creatura que no la creatura del tiempo, pero ambos comenzaron a
existir por Dios, porque de El y por El y en El son todas las cosas (CLG 5,5,12).
9185 El tiempo es el movimiento de la creatura de un lugar a otro, efectuado por las sucesiones de las
cosas conforme a la ordenación de Dios que administra todas las cosas que creó (CLG 5,5,12).
9186 ... Aquellos (los impíos) tuvieron su tiempo; éstos (los justos) tuvieron a Dios, creador y ordenador y
distribuidor de los tiempos (CH 4,23).
9187 ... Debido a la inseguridad de los tiempos que corren, donde la mayoría practica el engaño de
hablar mucho y de no hacer nada (AJ 15,12).
9188 El tiempo no puede darse sin ciertos movimientos de la criatura (RSA 1,2).
9190 Por el presente el futuro va hacia el pasado, y gracias a la memoria expresa el fin de un movimiento
corporal ya iniciado (IA 3,3).
TRABAJO
9191 A cualquier oficio que te dediques, prepárate para soportar embusteros; de otro modo, si no te
preparas, te encontrarás con lo que no esperabas y desfallecerás o te perturbarás (CS 36,s.1,2).
9192 No todos son aptos, ni todos ineptos, para cualquier clase de vida que lleva consigo un oficio (CS
36,s.1,2).
9193 Trabajas ahora, pero no trabajarás eternamente. Breve es tu incomodidad, eterna tu felicidad;
sufres por poco tiempo, pero gozarás sin fin (CS 36,s.2,4).
9196 No seas perezoso en el trabajo de corta duración, y gozarás sin cesar. Dios te ha de dar la vida
eterna; piensa con cuánto trabajo ha de ser comprada (CS 93,23).
9199 ... No busques esto en este tiempo. Siembra seguro, tu cosecha vendrá más tarde, será más tardía;
pero cuando llegue, no tendrá fin (S 11,3).
9200 Debéis trabajar con temor y temblor, porque aquello que consigue el humilde, lo pierde el soberbio
(S 13,3).
9202 Acumulas para ti. Despierta, mantente en vela, ten el corazón de una hormiga. Estamos en verano;
recoge lo que te es provechoso para el invierno. Cuando en todo te va bien, es el verano (S 38,6).
9203 Presentemos todos nuestro corazón a Dios, para que lo vea, y realicemos el trabajo con ilusión. No
ofendamos a quien nos contrata, para recibir con la frente alta la recompensa (S 49,2).
9204 Que me digan quién no trabaja, ya de obra, ya de pensamiento. Trabaja de obra el pobre y trabaja
de pensamiento el rico; el pobre quiere tener lo que no tiene, y trabaja; el rico teme perder lo que tiene, y
queriendo aumentar lo que tiene, trabaja más (S 70A,1).
9205 Si eres perezoso para trabajar, ¿por qué te apresuras a recibir la recompensa? (S 85,1).
9206 Den lo que han recibido; dígnense trabajar antes que buscar excusas (S 94).
9207 Pasará el trabajo y llegará el descanso; pero al descanso no se llega sino a través del trabajo (S
104,7).
9208 Todos serán recibidos en los graneros celestes, todos serán guardados en el descanso eterno. Con
los frutos de todos se confeccionará aquel pan celeste, y todo obrero que trabaje honestamente en la viña
del Señor, se saciará con abundancia y salud (S 216,3).
9209 Quien es perezoso para realizar su tarea, es un desvergonzado si exige el salario (S 233,1).
9210 Canta como suelen cantar los viandantes; canta, pero camina; consuela con el canto tu trabajo, no
ames la pereza: canta y camina (S 256,3).
9212 Haz lo que se te manda, y recibirás lo que se te promete. Si lo consideras fatigoso y te sientes
hundido por el peso de la tarea, levántete el resplandor de la recompensa (S 346C,2).
9213 Está bien crear problemas que os preocupen; así es como hará el Señor que su solución os
produzca gran deleite. Porque así es, hermanos; todo problema planteado que no suscita vivo interés,
tampoco producirá gran placer su solución (TEJ 19,5).
9214 Trabaje el hombre mientras vive, para que no le sorprenda la noche en la que nadie podrá trabajar.
Ahora es tiempo de que trabaje la fe por el amor (TEJ 44,6).
9215 No se rechace el trabajo si hay amor, pues bien sabéis que quien ama no siente el trabajo, y que
cualquier trabajo es pesado a quienes no aman. Si tantos trabajos soporta en los avaros la avaricia, ¿no
podrá soportarlos en nosotros la caridad? (TEJ 48,1).
9216 Si alguien nos ha de obligar al trabajo, mira quién obliga y con qué galardón (Ca 26,5).
9217 Caminamos, pues, en la realidad de los trabajos, pero con la esperanza del reposo; en la carne de
la vejez, pero en la fe de la novedad (Ca 55,14.26).
9218 En la cuaresma está simbolizada esta vida laboriosa, que tiene necesidad de continencia para
mantenerse ayuna de la amistad del mundo (Ca 55,15.28).
9219 De ninguna manera es fatigoso el trabajo de los que aman, sino que deleita, como acontece a los
que cazan, ponen redes, pescan, vendimian, negocian o se deleitan en cualesquiera juegos. Interesa, pues,
mucho lo que se ha de amar. Porque en lo que se ama, o no se trabaja o se ama el trabajo (BV 21,26).
9220 El cantar himnos santos es perfectamente compatible con el trabajo manual; es suavizar el mismo
trabajo con un sagrado sonsonete (TM 17,20).
9221 ¿Qué le impide al siervo de Dios durante su trabajo manual el meditar en la ley del Señor y
salmodiar en el nombre de Dios Altísimo, con tal que le quede tiempo para aprender de memoria lo que
después ha de cantar? (TM 17,20).
TRIBULACIONES
9222 En las cosas adversas deseo las prósperas, en las cosas prósperas temo las adversas. ¿Qué lugar
intermedio hay entre estas cosas...? (C 10,28,39).
9223 Una misma adversidad, cayendo sobre los buenos, los somete a prueba, los purifica, los afina; y
condena, arrasa y extermina a los malos (CD 1,8).
9224 La tribulación y la angustia se hallan en el alma de todo hombre que obra el mal (CS 4,2).
9225 En quienes habita Dios, sin duda en la tribulación se hacen mejores al ser probados como el oro
(CS 21,2,5).
9226 Estas torturas del ánimo no las siente en la Iglesia quien no progresa, pues piensa que hay paz;
pero comience a progresar y verá en qué tribulaciones se halla (CS 29,2,8).
9227 La tribulación es para ti un horno de artífice, con tal que seas oro y no paja, para que seas
purificado de la escoria, no reducido a cenizas (CS 30,2,s.3,12).
9228 A quien primeramente le rodea la tribulación, después le circunda la misericordia, porque dará la
misericordia quien dio la ley: la ley en los castigos, la misericordia en la consolación (CS 31,2,23).
9229 Los injustos soportan menos tribulaciones que los justos; pero después de pocas o ninguna
vendrán a la sempiterna tribulación, de donde nunca saldrán. Por el contrario, los justos, después de
muchas angustias, llegarán a la eterna paz, donde jamás soportarán mal alguno (CS 33,s.2,23).
9230 Vendrán días de tribulaciones, y de grandes tribulaciones; vendrán, como dice la Escritura; y cuanto
más se acercan los días, más aumentan las tribulaciones. Nadie se prometa lo que no promete el Evangelio
(CS 39,28).
9231 Dios a nadie deja de oir en la tribulación. Atended cuando os va bien; oíd cuando lo pasáis bien.
Aprended la enseñanza de la sabiduría y acoged la palabra de Dios como alimento cuando estáis
tranquilos. Cuando alguien se encuentra en la tribulación, le debe aprovechar lo que oyó estando sosegado
(CS 41,16).
9232 Sé prudente imitando a la hormiga, conforme te aconseja la Escritura; almacena en el verano, para
que no padezcas hambre en el invierno. Invierno es el último día, día de tribulación; invierno es el día de la
perdición y de la amargura (CS 48,1,12).
9233 Nos rodean estas tribulaciones, pero hay una a la que debemos salir a su encuentro y descubrirla.
¿Cuál es? ¿La felicidad que encuentras en este mundo y las riquezas de los bienes temporales? No, no son
éstas propiamente tribulaciones; son alivio de nuestra tribulación. ¿De qué tribulación? De nuestra
peregrinación (CS 49,22).
9234 El que no haya reconocido la tribulación de su peregrinación, no piensa en volver a la patria (CS
49,22).
9235 Si no quieres padecer persecuciones, no deseas vivir piadosamente en Cristo. ¿Quieres probar que
es verdad lo que se dijo? Comienza a vivir piadosamente en Cristo (CS 54,8).
9236 Nadie diga: fueron atribulados nuestros padres, mas nosotros no lo somos. Si piensas que no estás
cercado de tribulaciones, aún no comenzaste a ser cristiano... (CS 55,4).
9237 Si todavía no padeces alguna persecución por Cristo, ve que aún no has comenzado a vivir
piadosamente en Cristo... (CS 55,4).
9239 No hay nadie que pueda decir que en esta vida se halla inmune de estas tribulaciones. Luego hay
hombres que también están sobre nosotros, pues toleramos a los que no queremos y hasta algunas veces
soportamos a superiores que son peores que nosotros (CS 65,16).
9240 Estas tribulaciones son simplemente azotes de quien corrige para que no sobrevenga la sentencia
de la pena de quien castiga (CS 65,16).
9241 Cuando las cosas con que topamos son angustias y se da alguna de las que se llaman desgracias
en este mundo, es como fuego. Cuando se presentan las cosas prósperas y nos rodea la abundancia del
siglo, es como agua. Ve no te queme el fuego y te arruine el agua. Permanece firme ante el fuego; conviene
que te cueza (CS 65,17).
9242 Pasando por el fuego y el agua, eres conducido a la quietud (CS 65,17).
9243 El pan no es agradable si no precede el hambre. Luego, cuando Dios permite o hace que nos
hallemos en alguna tribulación, aun entonces es misericordioso, pues no nos priva del alimento, sino que
nos excita al deseo (CS 68,2,1).
9244 En el día de tu tribulación busca a Dios; pero no busques otra cosa por Dios, sino desde la
tribulación encamínate a buscar a Dios, a fin de que Dios aparte de ti la tribulación para que seguro te unas
a El (CS 76,3).
9245 Cuando comiences a dar fruto, entonces te aparecerá la cizaña (CS 98,12).
9246 Por decreto de Dios será necesario perdonar a la cizaña, y por la condición de siervo, vivir entre la
cizaña. No la puedes separar; luego te es necesario tolerarla (CS 98,12).
9247 La lluvia es provechosa para los frutos y las espinas. Quien, oyendo estas palabras, se hizo peor y
engendró espinas debido a la lluvia, espere el fuego y no recrimine a la lluvia. El que se hizo mejor y
produjo fruto debido a la buena tierra, espere el granero y alabe la lluvia (CS 98,15).
9248 Así como el hombre no come el trigo si antes no lo muele para hacerlo pan, así el diablo no come a
nadie si primeramente no lo derriba por la tribulación. Derriba para comer; por tanto, cuando tú seas
atribulado, si permaneces grano, no te conturbes, nada te sucederá (CS 100,12).
9249 Soy atribulado aquí abajo, tú estás arriba; si me ensalzo, te separas; si me humillo, inclinas tu oído
hacia mí (CS 101,3).
9250 He aquí cómo toda esta pesada e infeliz desgracia de los mortales viene a ser, en cierto modo, una
hereditaria increpación de los soberbios (CS 118,9,1).
9251 Hay una gran diferencia entre encontrar la tribulación y ser encontrado por ella... (CS 136,5).
9252 Pues ¿para qué mezcla Dios las tribulaciones en los goces terrenos sino para que, sintiendo la
tribulación y las amarguras, aprendamos a desear la eterna dulzura? (CS 137,7).
9253 Nada extraordinario sería que te encontrase la tribulación. Si algo puedes, encuentra tú la
tribulación (CS 137,12).
9254 Estás en medio de la tribulación, ¿y lo ignoras? ¿Es pequeña la tribulación de esta vida? Si no es
tribulación, no es peregrinación; pero, si es peregrinación, o amas poco la patria o, sin duda, eres atribulado
(CS 137,12).
9255 Sabéis, hermanos, que toda esta miseria del género humano en la que gime el mundo es
sufrimiento medicinal, mas no sentencia penal (CS 138,15).
9256 A una tribulación sucede otra. Los hombres ríen y los hombres lloran; pero hay que llorar de lo que
los hombres ríen (S 31,4).
9257 Sé oro. Contempla este mundo como si fuera un horno. En un espacio reducido hay tres cosas: el
oro, la paja, el fuego...(S 62,12).
9259 La tribulación es un fuego que, si te encuentra siendo oro, te quitará la maleza; y si te encuentra
siendo paja, te reduce a cenizas (S 81,7).
9260 Esta vida para los discretos no es sino tribulación ininterrumpida. Tiene el alma dos verdugos que la
torturan no a la vez, sino alternativamente: el temor y el dolor. Cuando tus cosas van bien, temes; cuando
tus cosas van mal, padeces (S 124,2).
9262 El sufrir esas tribulaciones está indicando la presencia de la mano del médico cirujano, no la
sentencia del juez que condena (S 278,5).
9263 El mundo entero es el crisol del orfebre. En él están los justos cual si fuesen oro; allí los malvados
cual paja; allí la tribulación cual fuego; allí Dios en condición de orfebre. el piadoso alaba a Dios; el malvado
blasfema contra Dios (S 301,6).
9264 Ante una misma tribulación, como ante un mismo fuego, el oro es purificado, la paja destruída; pero
el orfebre Dios es alabado por lo uno y por lo otro (S 301,6).
9266 Vivid como las espigas en medio de la cizaña; sufrid las tribulaciones de este mundo como granos
en la era. Llegará el aventador; nadie se constituya en este tiempo en divisor permanente (S 392,5(6).
9268 Los sucesos prósperos son un don de Dios que consuela, y los adversos, un don de Dios que avisa
(Ca 210,1).
9269 No os han de faltar puntos en que sufriros los unos a los otros sino cuando, al ser absorbida la
muerte en la victoria, os haya llevado el Señor... (Ca 210.1).
9270 No basta sufrir estas tribulaciones para recoger el fruto, sino que hace falta soportarlas por el
nombre de Cristo, no sólamente con ánimo tranquilo, sino también con regocijo (SM 1,5).
9271 En esta vida nos pueden parecer muchas cosas prósperas, las cuales son adversas, y otras
adversas, siendo prósperas (ECR 54).
9272 Cuando la tribulación le sobreviene a un siervo de Dios para probarlo o corregirlo, parece inútil
algunas veces a los poco inteligentes (ECR 54).
9273 Las tribulaciones de esta vida son sueños, como sueños son los bienes de esta vida (AJ 7,8).
9274 Ningún hombre está equipado con tanta justicia que no tenga necesidad de la prueba de la
tribulación (CF 22,20).
9275 Toda tribulación es castigo de los impíos y prueba de los justos (OC 27).
152 360 361 593 724 1775 1814 3432 3761 4460 4727 4825 4874 4875 4897 6169 6178 6423 6428 6477
6526 7573 7607 8690 8691 8755 9119 9638 9678 9796 9799
TRINIDAD
9276 ¿Quién será capaz de comprender la Trinidad omnipotente? Y ¿quién no habla de ella, si es que de
ella habla? Rara el alma que, cuando habla de ella, sabe lo que dice. Y contienden y se pelean, mas nadie
sin paz puede ver esta visión (C 13,11,12).
9277 Busca en ti mismo; posiblemente la imagen de la Trinidad haya dejado algún vestigio de la Trinidad
misma. ¿Qué imagen? Una imagen creada que dista mucho del modelo; una semejanza y una imagen que
dista mucho del original (S 52,17).
9278 Así, en la Trinidad, la Trinidad obra las obras de cada persona; cuando obra una, cooperan las otras
dos, por una conveniente concordia operativa en las tres, aunque en ninguna sea deficiente la eficacia
operativa (S 71,27).
9279 Creed (en la Trinidad) para comprenderlo; pues, si no lo creéis, no lo comprenderéis (S 212,1).
9280 El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo vienen a nosotros cuando nosotros vamos a ellos: vienen
prestando su ayuda, vamos prestando obediencia; vienen iluminando, vamos contemplando; vienen
llenando, vamos cogiendo... (TEJ 76,4).
9281 Grande es el Padre, grande el Hijo y grande el Espíritu Santo; pero no hay tres grandes sino un solo
grande... Bueno es el Padre, bueno el Hijo y bueno el Espíritu Santo; sin embargo, no son tres los buenos,
sino uno solo... Omnipotente es el Padre, omnipotente el Hijo y omnipotente el Espíritu Santo; pero no
existen tres omnipotentes, sino un solo Omnipotente (T 5,8,9).
9282 Cuando se nos pregunta qué son estos tres, tenemos que reconocer la indigencia extremada de
nuestro lenguaje. Decimos tres personas para no guardar silencio, no para decir lo que es la Trinidad (T
5,9,10).
9283 Perfecto es el Padre, perfecto el Hijo y perfecto el Espíritu Santo; perfecto Dios, Padre, Hijo y
Espíritu Santo. En conclusión, Dios es Trinidad, no triple (T 6,8,9).
9285 Encontramos una trinidad en el hombre: la mente, la noticia que lo lleva a su conocimiento y el amor
con que se ama (T 15,6,10).
9286 ... Se la recuerda por la memoria, se la contempla por la inteligencia y se la abraza por amor,
descubriendo así la imagen de la Trinidad soberana (T 15,20,39).
9287 Donde se ve que el entendimiento puro y capacitado para comprender no percibirá nada de la
Trinidad si no renuncia a apetecer las alabanzas humanas, aunque haga cosas laudables (Ca 171A,2).
9288 Si quien ve al Hijo ve también al Padre, sin duda que quien ve al Padre y al Hijo, ve también al
Espíritu Santo del Padre y del Hijo (EL 33,59).
9289 Nosotros los católicos creemos que la naturaleza y substancia de Dios es la misma Trinidad, la que
creen muchos y entienden pocos, y que es absolutamente inmutable (CLG 7,2,3).
9290 La Trinidad nos lleva a la perfección en la memoria por la que recordamos a Dios, en la inteligencia
por la que lo conocemos y en la voluntad por la que lo amamos (CF 12,19).
9291 De Ella nos llega el comienzo de la existencia, la razón de conocer, la ley de amar (CF 20,7).
9292 ... Esto se entiende correctamente de la dignidad de la misma Trinidad. Por cierto, pensamos tres
cosas en el alma humana: memoria, entendimiento y voluntad (RSA 16).
9293 Lo que hagamos será bueno y recto si el olvido no engaña la memoria, ni el error la inteligencia, ni
la maldad la voluntad (RSA 16).
9294 Y como nada existe antes que el Padre, así nada existe antes que el Hijo unigénito, ciertamente
coeterno al Padre. Ni porque El engendró y el Hijo es engendrado, por eso el Padre es anterior en el tiempo
(RSA 34,32).
9295 Así, pues, al que nos pregunta sobre la fuente no le podemos contestar que es el río, ni cuando nos
preguntan sobre el río podemos llamarlo fuente; y, a su vez, a la bebida que proviene del río que mana de
la fuente, no podemos llamarla ni río ni fuente; sin embargo, acerca de estas tres cosas hablamos siempre
de agua, y cuando se pregunta sobre cada una, respondemos siempre que es agua (FSA 9,17).
9296 Lo que se llama raíz no puede ser llamado tronco ni ramas; ni la madera que pertenece a la raíz
puede estar ahora en la raíz y luego, por algún cambio, en el tronco, y después en las ramas, sino tan sólo
en la raíz; aunque aquella regla del nombre permanece, de modo que la raíz es madera, el tronco es
madera y las ramas son madera, y, sin embargo, no se dice que sean tres maderas, sino una sola (FSA
9,17).
209 220 225 226 233 3415 3536 5214 5216 5279 8368
UNIDAD
9297 No se dividen las personas, sino que se discierne la dignidad, porque la cabeza salva y el cuerpo es
salvado. La cabeza ofrece la misericordia y el cuerpo deplora la miseria. La cabeza purifica, el cuerpo
confiesa los pecados. Existe una sola voz, pero no se consigna cuándo habla el cuerpo o la cabeza (CS
37,6).
9298 Movida el agua de la piscina por un ángel, se arrojaba a ella un enfermo, y sanaba el primero que la
tocaba, porque representaba la unidad; cualquier otro que bajaba después durante el mismo movimiento
del agua, no curaba (CS 70,1,19).
9299 La unidad de Cristo es fortísima; nadie la divida, nadie la destruya (CS 97,3).
9300 ... movió el agua, es decir, movió al pueblo, y en aquel movimiento del agua se curaba uno solo,
porque en la pasión del Señor se cura la unidad (CS 102,15).
9301 Recordad que los que se oponen a la unidad no tienen el Espíritu Santo (S 8,18).
9302 Considerad que los Apóstoles son el vestido que se adhiere a los costados de Cristo por el tejido de
la unidad (S 62,7).
9303 No pertenecen a Cristo aquellos que, al congregar fuera, no quieren congregar, sino desparramar
(S 71,36).
9304 Quien abandona la unidad, viola la caridad, y quien viola la caridad, tenga lo que tenga, nada es (S
88,21).
9305 No tiene a Cristo quien no mantiene la unidad de Cristo, quien no tiene caridad (S 89,1).
9306 ¿Qué es la sinfonía? La concordia de las voces. Quienes no tocan al unísono, disuenan; los que
concuerdan, tocan a la vez... (S 112A,9).
9307 No quieras, pues, apartarte de la unidad, si no quieres quedar al margen de la salud (S 125,6).
9308 Vivimos de un único granero, puesto que formamos una sola familia (S 149,16).
9309 Una multitud, si no está amarrada por la unidad, es pendenciera y pleitista; en cambio, la multitud
concorde forma un alma sola, como ocurrió con los que recibieron el Espíritu Santo, según dice la
Escritura... (S 272B,2).
9310 No pueden decir que tienen caridad quienes dividen la unidad (TEJ 7,3).
9311 Constituyámonos en la unidad por la fe, para que tenga existencia lo que puede ser vivificado por la
inteligencia (TEJ 27,7).
9312 Anhela también que los suyos sean una misma cosa, pero en El, porque en sí mismos no lo pueden
ser, distanciados como están entre sí por diversidad de placeres, concupiscencias y lacras de pecado (T
4,9,12).
9314 Nadie se mancilla con pecados ajenos dentro de la unidad (Ca 93,10.45).
9315 Corrijamos juntos, con la disciplina que podamos, a los malos, salvando la unidad (Ca 108,7.20).
9316 Nunca deben amarse las disensiones. Pero a veces nacen de la caridad o le sirven de prueba (Ca
210,2).
9317 Dañoso y peligroso es formar unión con lo que puede separarse (O 2,18,48).
9318 Quien no está con los miembros de Cristo, no puede conseguir la salvación cristiana (UI 2,2).
9319 Los miembros de Cristo están unidos entre sí por la caridad de la unidad, que a la vez los liga con
su cabeza, que es Cristo Jesús (UI 2,2).
9320 Tal es la fuerza y poder de la integridad y de la unidad, que siendo muchas cosas buenas,
solamente agradan cuando se juntan y forman un algo universal, es decir, un todo completo (CGM 1,21,32).
9322 Al igual que en un bordado la gradación de colores o matices está en función de la unidad
decorativa, así la diversidad de dones entre los hermanos ha de gozar de una coherencia a prueba de
discrepancias y envidias (AJ 38,37).
9323 Para que una cosa sea un todo, debe constar de principio, medio y fin (Mu 1,12,20).
9324 He citado estos textos de la Sagrada Escritura para demostrar que difícilmente se encontrará un
pecado más grave que el sacrilegio del cisma. No existe urgencia alguna que pueda justificar la ruptura de
la unidad (RPa 2,11,25).
9325 La unión de los cuerpos tiene lugar por la continuidad local, y el contacto de las almas se verifica,
en cierto modo, por el consenso de las voluntades (TB 1,1,2).
9326 La Piedra es la que retiene y la paz es la que perdona; la Paloma retiene y la Paloma perdona; la
unidad retiene y la unidad perdona (TB 3,18,23).
9327 La paz de esta unidad se encuentra sólo en los buenos, bien sea ya espirituales o avanzando en
concorde obediencia hacia lo espiritual; no se encuentra en los malos, ya se agiten fuera, ya sean tolerados
dentro con dolor, ya bauticen, ya sean bautizados (TB 3,18,23).
9328 Se encuentran en la unidad del cuerpo de Cristo quienes están en la paz de Cristo, y están en la
paz de Cristo los que tienen buena voluntad (TB 4,7,10).
9329 No resta sino confesar que la unidad de Cristo no puede ser contaminada por comunión alguna,
incluso con los malos conocidos (TB 5,1,1).
9330 El amor a la unidad puede encubrir la multitud de los pecados (TB 5,2,2).
9331 ... procurando conservar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz, fuera de la cual quien recoge
no recoge con Cristo, y quien no recoge con Cristo desparrama (RPe 3,5,6).
9332 La armonía comienza por la unidad y es bella gracias a la igualdad y a la simetría y se une por el
orden (Mu 6,17,56).
358 497 951 1053 1129 1130 1441 3340 3546 3840 4490 4531 5594 5603 7444 8675 8841 8936 9429
VANIDAD
9333 Vanidad es ciertamente alardear de estas cosas mundanas, aun sabiéndolas, y piedad, confesarte
a ti (C 5,5,8).
9335 Piérdase todo y dejemos todas estas cosas vanas y vacías y démonos por entero a la sola
investigación de la verdad (C 6,11,19).
9336 ¿Quién pone su mirada en la vanidad? El que, temiendo morir, muere; pues temiendo morir, miente,
y muere antes de morir el que mentía para vivir (CS 30,2,s.1,12).
9337 ¿Pones la esperanza en el dinero? Sigues la vanidad. ¿Confías en los honores y en algún alto
puesto humano? Sigues la vanidad. ¿Confías en algún amigo poderoso? Atiendes a la vanidad. Cuando
esperas en todas estas cosas, o mueres tú, y aquí las dejas, o, si vives, perecen todas ellas y quedas
defraudado en tu esperanza (CS 30,2,s.1,12).
9338 Debemos desnudarnos de preocupaciones vanas y revestirnos de preocupaciones útiles (Ca 18,1).
9339 Si codiciaste las vanidades de este siglo antes de experimentarlas, desdéñalas una vez que las has
experimentado, porque en ellas es falaz la suavidad, infructuosa la fatiga, perpetuo el temor y peligroso el
encumbramiento (Ca 203).
9340 Así son todas las cosas que en esta miseria mortal se apetecen con más anhelo que sensatez.
Una es la esperanza de los piadosos, otra la ganancia de su fatiga, otro el galardón de las pruebas por las
que han pasado (Ca 203).
9341 He aquí la vanidad, morbo propio de los que se engañan a sí mismos, juzgando que son algo, no
siendo nada (EL 12,19).
VARIAS
9342 Ríase de mí, al decir estas cosas, quien no las vea, que yo tendré compasión de quien se ría de mí
(C 10,12,19).
9344 A Roma, fundada y engrandecida con los sudores de sus abuelos, la habían hecho más deforme
estando todavía en pie que al hacerse ruinas (CD 2,2).
9345 No hay duda; los dioses han tomado interés por el proceder de los hombres, en la misma
proporción en que éstos lo han tomado por el culto de los dioses (CD 2,4).
9346 Si realmente han luchado entre sí las divinidades, ya están expulsadas las guerras civiles entre los
hombres (CD 2,25,1).
9347 Es curioso que cuanto más voy descubriendo la falta de culpa de sus habitantes (griegos), tanto
más compruebo la culpabilidad de los dioses (CD 3,7).
9348 Con toda finura y profundidad le respondió al célebre Alejandro Magno un pirata caído prisionero. El
rey en persona le preguntó: "¿Qué te parece tener el mar sometido al pillaje?". "Lo mismo que a ti
-respondió- el tener el mundo entero. Sólo que a mí, como trabajo con una ruin galera, me llaman bandido,
y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador" (CD 4,4).
9349 La tiniebla no es otra cosa que el aire carente de luz (CD 11,10,2).
9350 Puede suceder que uno aventaje a otro en alguna cualidad de su conducta, y esa cualidad sea
mucho más excelente que otra en la que le supera este segundo (CD 16,36).
9351 Quien traga para que en él no aparezca lo que devoró, olvidó lo que oyó. Quien no se olvidó,
piensa, y pensando rumia o medita, y meditando se deleita (CS 36,s.3,5).
9352 Es propio de pocos edificar la casa; destruirla, de cualquier necio (CS 51,7).
9353 Luego todo lo que se hace para destruir, se hace con facilidad (CS 51,7).
9355 ¿Qué es el oprobio, la confusión y la vergüenza? El oprobio es lo que el enemigo te echa en cara;
la confusión, lo que muerde tu conciencia, y la vergüenza, lo que hace ruborizar el rostro ingenuo por la
imputación de un falso crimen (CS 68,2,4).
9356 Noche es el abatimiento, en el que se halla la pena de la mortalidad, pues hay noche en los
soberbios que obran inicuamente hasta el extremo; hay noche en la pesadumbre causada por los
pecadores que abandonaron la ley de Dios; noche hay, en fin, en el lugar de esta peregrinación hasta que
venga el Señor e ilumine lo oculto de las tinieblas y manifieste los pensamientos del corazón, dando
entonces Dios a cada uno el elogio que merezca (CS 118,15,7).
9357 Tanto es más admirable una cosa cuanto más ocultas son sus causas (CS 118,27,1).
9358 La suerte es una quimera humana y el hado es una entidad huera. Aquel que piensa que la
fatalidad es algo, él mismo se hace fatuo (S 16B,1).
9359 Di que tú no eres luz para ti mismo. Como mucho, eres un ojo, no eres luz. ¿Qué aprovecha un ojo
abierto y sano si no hay luz? (S 67,8).
9360 Aquel cuyo ojo está cerrado para lo futuro, se llena de pavor ante lo presente y no llega a lo futuro
(S 113A,4).
9361 Cuando se turba quien no se turba sino cuando quiere, se hace el consuelo de quien se turba aun
sin quererlo (TEJ 60,2).
9362 Hay cosas buenas que dañan y cosas malas que aprovechan, según a quienes son suministradas
(TEJ 62,1).
9363 Se suele llamar accidente a todo cuanto una cosa puede adquirir o perder por mutación (T 5,4,5).
9364 Ley es de todo accidente relativo el implicar mutación en las cosas de las cuales se predica (T
5,16,17).
9365 (Platón) es más ameno para ser leído que persuasivo para convencer (VR 2,2).
9366 Así como no puede decir falsedad aquel que no habla, así no puede perjurar aquel que no jura (SM
1,17,51).
9367 Leed con asiduidad este libro, y si lo entendéis, dad gracias a Dios; si no, orad para entenderlo.
Dios, el Señor, os dará entendimiento (GL 24,46).
9368 Por hastío se rechazan las cosas que se deben elegir y deleitan las que se deben despreciar (CH
7,30).
9370 Nunca conoceríamos las tinieblas, si siempre nos hallásemos en ellas; pero el conocimiento de la
luz no permite el desconocimiento de su contrario (Dam 10).
9373 El defecto se produce no por sustración de la cantidad,... sino por privación de la forma (IA 8,13).
9374 Moverse es buscar algo de que carece lo que se mueve (IA 8,15).
9376 No podemos decir que una cosa se mueve bien si no guarda medida (Mu 1,2,3).
9377 Veo que nada se hace bien si no es con buen movimiento (Mu 1,2,3).
9379 ¿Qué puede haber más grato a los oídos que, al par que se les acaricia con la variedad, no se les
prive de la igualdad? (Mu 2,9,16).
9380 Habría que arbitrar un medio para que no sea inútil a los demás quien no puede ser útil a sí mismo
(FO 17,32).
VENGANZA
9381 Vanamente se jacta de sí el que, siendo hombre, desea vengarse del hombre, pues cuando
pretende vencer públicamente al hombre, ocultamente es vencido por el diablo (CS 7,3).
9382 Todo el que prepara un hoyo a su hermano, necesariamente cae en él (CS 56,14; Ca 93,5.19).
9383 ¿Qué otra cosa es la venganza sino alimentarse del mal ajeno? (S 211,6).
9384 "Ojo por ojo y diente por diente"; estas expresiones significan la medida de la venganza, la cual,
según ellas, no debe exceder a la injuria, y esto es un principio de paz; pero la perfección de la paz está en
renunciar a esta especie de venganza (SM 1,19,56).
9385 El ánimo inflado por el orgullo busca esta clase de alivios (las venganzas), los cuales no agradan al
sensato y firme, antes bien juzga mejor soportar misericordiosamente la flaqueza del prójimo que mitigar la
propia, que es nula, con el suplicio ajeno (SM 1,20,62).
9386 ¿Qué es querer vengarse, sino alegrarse y complacerse del mal ajeno? (CH 3,70).
9387 Hay una cierta venganza justa y justamente se le debe a quien sufrió la injuria. Por esta razón,
cuando perdonamos, en cierto modo cedemos algo de nuestro derecho (CF 19,25).
2075 2111
VERDAD
9388 No por decirse una cosa con elegancia debe tenerse por verdadera, ni falsa porque se diga con
desaliño; ni a su vez verdadero lo que se dice toscamente, ni falso lo que se dice con estilo brillante (C
5,6,10).
9389 De tal modo se ama la verdad, que quienes aman otra cosa distinta a ella quisieran que esto que
aman fuese la verdad (C 10,23,34).
9390 Si aman lo que dicen porque es verdadero, ciertamente es de ellos, aunque también mío, porque
pertenece al común de todos los amantes de la verdad (C 12,25,34).
9391 ¿Hay algo más charlatán que la estupidez? Nunca tendrá más fuerza que la verdad, aunque podrá,
si quiere, vocear más que ella (CD 5,26,2).
9393 En efecto, lo que instituyó el gran error, lo suprimió el camino de la verdad; lo que instituyó la
incredulidad, lo suprimió la fe; lo que instituyó el descuido, el alejamiento del culto y religión divinos, lo
suprimió la conversión al único santo y verdadero Dios (CD 8,24,2).
9394 Cuando el hombre vive según la verdad, no vive según él mismo, sino según Dios, pues es Dios
quien dijo: "Yo soy la verdad". Pero cuando vive según él mismo, según el hombre, no según Dios, vive
según la mentira (CD 14,4,1).
9395 La voz de la verdad no calla; no mueve los labios, pero vocifera en el interior del corazón (CS 57,2).
9396 ¿Qué cosa puede haber más gloriosa, hermanos, que el ser sometidos y vencidos por la verdad?
Te venza la verdad queriendo, porque, forzado, te vencerá (CS 57,20).
9397 La verdad puede estar por algún tiempo oculta, mas no puede ser vencida (CS 61,16).
9399 La verdad es común para todos. Pues no es mía ni tuya, ni de éste o de aquél; es común para
todos. Y quizá se halla en medio para que alrededor de ella estén todos los que la aman (CS 75,17).
9400 ... la confesión dimanó del hombre...; nazca de ti la verdad para que mire la justicia desde el cielo.
¿Cómo nace de ti la verdad siendo pecador, siendo perverso? Confiesa tus pecados y de ti nacerá la
verdad (CS 84,14).
9401 La verdad es ella misma (CS 84,16).
9402 No sea la verdad ni mía ni tuya para que sea tuya y mía (CS 103,2,11).
9403 No hay hombre veraz a no ser que en él hable Dios (CS 108,2).
9404 Ahora se busca para tenerla; entonces se tendrá para no perderla, al modo que del Espíritu de Dios
se dice que todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios; mas no ciertamente para saber lo que ignora,
sino porque nada hay que no sepa (CS 118,11,3).
9405 Los hombres trabajan y se esfuerzan al hablar mentira; sin embargo, expresarían con suma
facilidad la verdad. El que finge al hablar, trabaja. El que quiere decir la verdad, no se esfuerza, pues la
misma verdad se declara sin esfuerzo (CS 139,13).
9406 Cuando amas a un enfermo, persigues su fiebre; si no persigues su fiebre, no amas al enfermo.
Dile, pues, a tu hermano la verdad y no se la calles. No lo engañes. Declarándole la verdad, di lo que es
verdadero, pero sopórtale hasta que se corrija (S 4,20).
9409 ¿Cómo puede llegar a ser veraz el hombre si no es acercándose a aquel que no es mentiroso? (S
28A).
9410 ¿Por qué quieres cambiar el orden de la verdad en modo que cuando realizas algo de bien quieres
ser alabado y cuando haces algo malo quieres vituperar al Señor? (S 47,13).
9411 Si no tuviese adversarios mendaces, la verdad se buscaría con menor diligencia (S 51,11).
9413 Toda curiosidad ilícita no es otra cosa que una pestilente carencia de la verdad (S 112A,3).
9414 Es tan invencible la fuerza de la verdad, que el hombre prefiere llorar con la mente sana antes que
reír con ella trastornada (S 150,10).
9415 La verdad es mucho mejor y más suave, pero el pan es suave sólo para los sanos. ¿Hay algo mejor
y más suave que el pan celestial? Pero sólo si la iniquidad no paraliza los dientes (S 153,10).
9416 Al veraz se dará la verdad como recompensa y al que en el tiempo vive bien se le recompensará
con la eternidad (S 306,9).
9418 No teme la crítica el enamorado de la verdad, pues o se censura como adversario o como amigo (T
2,pref.1).
9419 Me inflamo en el amor de la verdad a indagar, me asedian, con el derecho de la caridad, para que
les indique las soluciones encontradas (T 1,5,8).
9423 La verdad late profunda e implícita en la naturaleza de las cosas y de las almas (Ca 1,2).
9425 A veces está más en lo cierto el sentimiento íntimo que la opinión, si ésta procede de un error y
aquél de la naturaleza (L 3,80).
9426 Cuando se trata de falsas oponiones, tanto más queda asido el sujeto cuanto más familiarmente se
revuelve entre ellas (Ca 4,1).
9427 Torpe es cambiar de sentencia cuando ésta es verdadera y recta; pero es laudable y saludable
abandonar la necia y dañina (Ca 57,2).
9428 No habría error si nada se apeteciese o siempre se consiguiese la verdad apetecida (Ca 104,4.12).
9429 Dios ha colocado la doctrina de la verdad en la cátedra de la unidad (Ca 105 5.16).
9430 Quien siente lo que dice, habla fielmente aunque no diga la verdad (Ca 110,3).
9431 No debemos, pues, jactarnos de conocer a quien vio quizá la verdad, de modo que por ese
conocimiento nos tengan por doctos, sino que debemos fundamentarnos en el conocimiento de la verdad
misma (Ca 118,4.27).
9432 La razón nos avisa desde fuera, mientras la verdad nos ilumina interiormente (Ca 120,2.8).
9434 Lo que profetiza la verdad no puede ser mentira. Por lo tanto, es preciso que todas las gentes
creadas por Dios lo adoren (Ca 199,12.47).
9435 Tal soy yo y, por favor, no me desprecies. Yo te amo cuando afirmas lo que yo deseo que sea la
verdad (Ca 199,13.54).
9436 Cuando en un problema hay motivos que con razón nos obligan a dudar, no por eso hemos de
preguntarnos si deberemos dudar. En cosas dudosas hemos de dudar sin duda alguna (Ca 202A,7.15).
9437 Cuando somos veraces, no lo somos en nosotros mismos o por nosotros mismos, sino cuando
habla en sus siervos el único que es veraz (Ca 238,8).
9438 El bien del hombre no consiste en vencer al hombre, sino en que la verdad venza al hombre y éste
lo acepte gustoso. Malo es que la verdad lo venza a su pesar. Preciso es que la verdad lo venza, sea que el
hombre la confiese, sea que la niegue (Ca 238,5.29).
9439 La verdad es dulce y amarga. Cuando es dulce, perdona; cuando es amarga, cura (Ca 247,1).
9441 Llamo verdadero aquello que es en sí tal como parece al sujeto conocedor, si quiere y puede
conocerlo (Sl 2,5,8).
9442 Verdad me parece que es lo que es (Sl 2,5,8).
9443 La verdad no admite amadores envidiosos entre sí; a todos se da igualmente y por completo, y a
todos y a cada uno en suma castidad. Nadie dice al otro: retírate para acercarme yo también (L 2,145).
9444 Está cerca de todos los que la aman y se dirigen a ella de todas las partes del mundo, para todos
es sempiterna; no está en ningún lugar, y nunca está ausente; exteriormente aconseja e interiormente
enseña; hace mejores a los que la contemplan, y a ella nadie la hace peor; nadie juzga de ella y nadie
puede juzgar bien sin ella (L 2,152).
9445 Conseguir la verdad fundándose en la autoridad es camino breve y de ningún trabajo (Da 7,12).
9446 Todo el que puede ver, interiormente es discípulo de la verdad; fuera, juez del que habla, o más
bien de su lenguaje (M 41).
9447 La verdad no se capta con los ojos del cuerpo, sino con la mente purificada, y toda alma con su
posesión se hace dichosa y perfecta (VR 3,3).
9448 Superior a nuestras almas, descuella la ley, que se llama la verdad (VR 30,56).
9449 Todo el que conoce su duda, conoce con certeza la verdad, y de esta verdad que entiende, posee
la certidumbre; luego está cierto de la verdad (VR 39,73).
9450 Quien duda, pues, de la existencia de la verdad, en sí mismo halla una verdad en que no puede
mellar la duda. Pero todo lo verdadero es verdadero por la verdad. Quien duda, pues, de algún modo, no
puede dudar de la verdad (VR 39,73).
9451 Yerra quien piensa que puede comprender la verdad viviendo inicuamente (Cc 13,14).
9452 Nos alejamos de la eternidad en la medida en que nos apartamos de la verdad (M1 7,10).
Quebrada o disminuída, aunque sea levísimamente, la autoridad de la verdad, todo quedará temblando en
la duda (M1 10,17).
9453 Prediquemos siempre la verdad, sobre todo cuando las circunstancias lo exigen imperiosamente, y
que lo entiendan los que puedan, no sea que por callar, a causa de los que no pueden entenderlo, no
sólamente se les escamotee la verdad a quienes puedan entenderla y aun prevenirse contra la falsedad,
pero también se les induzca a error (DP 16,40).
9454 Si hay circunstancias en que se debe callar la verdad, hay también ocasiones en las que es
necesario proclamarla a todos los vientos (DP 16,40).
9455 Yo no quiero que nadie siga mis sentencias más que cuando estoy y están ciertos de su verdad (DP
21,55).
9456 Por la misericordia de Dios creo haber hecho algunos progresos en la verdad desde que comencé a
escribir, ya que no comencé siendo perfecto... (DP 21,55).
9457 La ignorancia retrocede a medida que nos ilumina la luz de la verdad (RJ 16,50).
9458 La verdad, que permanece siempre inmutable, no puede ser destruída, y todos los dardos dirigidos
contra ella rebotan y se vuelven con mayor fuerza hacia los que se atreven a herirla (CGM 1,5,8).
9459 Mejor es dudar sobre lo que está oculto que litigar sobre lo incierto (CLG 8,5,9).
9460 La verdad debe ser amada por sí misma, no por el hombre o por el ángel mediante los cuales se
anuncia. Quienes la aman por causa de los mensajeros pueden también amar las mentiras, si quizá ellos
profieren algunas de su propia cosecha (ECG 4).
9461 No está permitido decir falsedad, mas es útil callar la verdad en alguna circunstancia (ECG 10).
9463 Todas las cosas se pueden decir acerca del gozo inefable de la verdad, y tanto más cuanto que
nada digno se puede decir de ella (CEv 2,39).
9464 La verdad es luz de los que son iluminados, descanso de los que luchan, patria de los que
regresan, alimento de los indigentes, corona de los vencedores (CEv 2,39).
9465 Si una verdad es tan pesada que supere las fuerzas del que aprende, se ha de suspender hasta
que sea mayor para no asustar al que es pequeño (DCM 11,4).
9466 No se ha de buscar la discusión mediante la verdad, sino la verdad mediante la discusión (CH
1,pról.).
9467 Ninguno de nosotros afirme haber hallado la verdad; busquémosla como si unos y otros la
desconociésemos (RM 3).
9469 ¿Quién puede dudar que la costumbre debe ceder a la verdad? (TB 3,6,9).
9470 Quien resiste abiertamente a la verdad, lucha más bien contra sí mismo que contra otro (TB 5,3,3).
9471 Quien verdaderamente piensa que lo mejor es lo peor, sin duda carece del conocimiento de lo
mejor (Mu 1,6,12).
9472 Nada debería haber de más valor que la autoridad de la razón misma y de la verdad, que es
ciertamente mejor que todo hombre (Mu 5,5,10).
9473 La curiosidad, enemiga de la paz, como en su mismo nombre ("cura") se indica, y por causa de su
frivolidad, es incapaz de poseer la verdad (Mu 6,13,39).
9474 Lo que es verdadero es verdadero por la verdad. Y toda alma es alma por lo mismo que es
verdadera alma (OC 1).
9475 He ahí las primicias del hombre, porque la verdad posee primero nuestro espíritu, para dominar por
medio de él todo lo demás (OC 67,6).
59 109 232 259 279 296 350 597 665 666 1204 1205 1206 1746 2062 2078 2149 2329 2441 2442 3205
3258 3269 3327 3625 4152 4200 4215 4236 4240 4579 4580 4584 4585 4741 4751 4752 4836 4935 4938
5083 5217 5363 5379 5430 5431 5643 5818 5986 6005 6424 6491 6941 7022 7395 7411 7691 7759 7800
8201 8249 8301 8302 8386 8601 8624 8702 8958 9335 9492 9494 9621 9721
VICIO
9477 No es posible la existencia del vicio sin causar daño (CD 12,3).
9478 Este mismo pensamiento lo podríamos formular así: existe el vicio; no puede existir en el bien
supremo, y, sin embargo, sólo puede hallarse en algo bueno (CD 12,3).
9479 El vicio que por efecto de la costumbre se ha arraigado fuertemente, hasta formar una segunda
naturaleza, tuvo su origen en la voluntad (CD 12,3).
9480 Si se cura el vicio, permanecerá todo lo que se debe amar, y nada de lo que se debe odiar (CD
14,6).
9481 Se dan casos a veces en que unos vicios manifiestos quedan dominados por otros ocultos, tenidos
como virtudes, en los que reina la soberbia y un cierto encumbramiento para agradarse a sí mismo, causa
de su propia ruina (CD 21,16).
9482 Sólamente hay que considerar vencido un vicio cuando la victoria sea del amor divino, amor que no
concede más que Dios personalmente, y por nadie más que por el Mediador entre Dios y los hombres, el
hombre Cristo Jesús (CD 21,16).
9483 Estas tres suertes de vicios, a saber: el placer de la carne, la soberbia y la curiosidad, encierran en
sí todos los pecados (CS 8,13).
9484 No ames el vicio por el hombre ni odies al hombre por el vicio. El hombre es tu prójimo; el vicio es el
enemigo de tu prójimo (S 49,5).
9485 Algunos vicios nacieron con nosotros, otros son fruto de la costumbre. Pensando en los primeros es
por lo que se bautiza a los niños... (S 151,5).
9486 Nada sacas de este mundo que amaste, a no ser el vicio que también amaste (S 177,3).
9487 No nos enfada el conocimiento de los vicios, sino los vicios en sí (T 9,10,15).
9488 Cuanto más nos desagrada el vicio, tanto menos queremos que perezca el vicioso sin enmienda
(Ca 153,1.3).
9489 Adondequiera que este hombre se vuelva, la avaricia lo acosa, la lujuria lo consume, la ambición lo
cautiva, la soberbia lo hincha, la envidia lo atormenta, la desidia lo anula, la obstinación lo aguijonea, la
humillación lo aflige, y es, finalmente, el blanco de otros innumerables males que lleva consigo el imperio de
la pasión (L 1,78).
9492 El primer vicio de la criatura racional es la voluntad de ir contra lo que exige la suma e íntima verdad
(VR 20,38).
9493 La sospecha es doblemente vergonzosa: primero, porque quien se ha persuadido de que sabe
alguna cosa está incapacitado para instruirse en esa misma cosa, suponiendo que sea cognoscible; en
segundo lugar, el juicio temerario es señal de un alma no bien dispuesta (UF 11,25).
9494 Todo vicio procede de la flaqueza del alma, pues nada hay más inocente que el hombre consumado
en la verdad (SM 1,19,57).
9495 La ignorancia, pues, y la flaqueza son los vicios que paralizan la voluntad para hacer una obra
buena o abstenerse de una mala (Cp 2,17,26).
9496 Se deben hacer todos los esfuerzos para triunfar de estos enemigos que no cesan de combatirnos.
No están fuera de nosotros; son vicios nuestros, pasiones nuestras que hemos de frenar, encadenar, sanar;
pero, mientras se curan, son males nuestros (RJ 2,3,7).
9497 En alta voz proclamo que nunca he declarado la guerra a las virtudes, sino a los vicios; y, en la
medida de mis fuerzas, seguiré, con la ayuda del cielo, haciéndoles guerra eterna (RJ 3,26,65).
9498 ¿Por qué nos desagradan los vicios sino porque disminuyen o destruyen lo que en la naturaleza
humana nos adelicia? (RJ 4,3,14).
9499 El no tener vicio que combatir es privilegio de la otra vida (RJI 6,8).
9500 Dios no es autor de nuestros vicios, pero los ordena cuando coloca a los pecadores en su propio
lugar y los obliga a sufrir las penas merecidas por ellos (CLGI 5,25).
9501 Cuando no por la razón, sino por la opinión se miden los vicios, acontece que el que odia la avaricia
se hace pródigo; el que tiene horror a la prodigalidad se convierte en usurero; se hace inquieto el que
desecha la pereza; se vuelve perezoso el que condena la inquietud; cae en la timidez el que comienza a
aborrecer su audacia; se hace temerario, roto el lazo de prudencia, el que intenta no ser tímido (CLG
9,8,13).
9502 El origen de los vicios está en la voluntad del hombre (CH 2,29).
9503 Se llama vicio a cierta mengua de esta luz de la virtud, que no hace perecer al alma, pero la
oscurece (Dam 6).
9504 Toda perversión humana, que se llama también vicio, consiste en querer usar de lo que debe
gozarse, y gozar de lo que debe usarse (OC 30).
9505 Como es virtud suprema y casi divina no engañar a nadie, así es el último de todos los vicios
engañar a todo el mundo (OC 53,1).
9507 El acceso al vicio de la corrupción tiene lugar mediante el vicio del consentimiento (MD 20,31).
270 279 288 327 695 1079 2144 2890 2976 3121 3518 5125 5126 5152 5233 5236 5237 5272 5774 5810
5997 6214 6863 6864 6865 6866 6867 6871 6875 6878 6892 7467 7794 7876 8953 8959 9561 9674 9746
9750 9751 9759 9768 9769 9770 9920
VIDA
9508 También la vida que aquí vivimos tiene sus encantos, por cierta manera suya de belleza y por la
correspondencia que tiene con las inferiores (C 2,5,10).
9509 También estas cosas mundanas tienen su dulzura, y no pequeña, y no se ha de cortar con ellas a
las primeras, pues sería cosa fea tener que volver de nuevo a ellas (C 6,11,19).
9510 Nadie debe estar seguro en esta vida, que toda ella está llena de tentaciones, no sea que como
pudo uno hacerse de peor mejor, se haga a su vez de mejor peor. Nuestra única esperanza, nuestra única
confianza, nuestra firme promesa, es tu misericordia, Señor (C 10,32,48).
9511 Todo el tiempo que se vive se va restando de la vida, y de día en día disminuye más y más lo que
queda; de suerte que el tiempo de esta vida no es más que una carrera hacia la muerte, en la cual a nadie
se le permite detenerse un tantico o caminar con cierta lentitud; todos son apremiados con el mismo
movimiento, todos avanzan al mismo compás (CD 13,10).
9512 Una cosa es haber recorrido un camino más largo, y otra haber andado con más lentitud (CD
13,10).
9513 ¿Qué hombre puede vivir como quiere si el mismo vivir no está en su poder? En verdad quiere vivir,
pero se ve forzado a morir. ¿Cómo, pues, puede vivir como quiere quien no vive hasta cuando quiere? Y si
quiere morir, ¿cómo puede vivir según quiere quien no quiere vivir? Aunque quisiera morir, no por no querer
vivir, sino por una vida mejor después de la muerte, claro está que no vive aún como quiere, sino cuando
llegue por la muerte a lo que quiere (CD 14,25).
9514 En esta vida, en efecto, cada uno está envuelto por su propia tierra, tierra que, al morir, es recibida
por la tierra común para devolvérsela cuando resucite (CD 17,4,8).
9515 El hecho de estrenar la luz de esta vida, no riendo, sino entre llantos, es ya una especie de
profecía, sin saberlo, de las calamidades en que acaba de entrar (el hombre) (CD 21,14).
9517 Toda esta vida y todas las cosas que usamos en ella nos deben servir de posada como peregrinos
que somos, no de casa donde residamos como habitantes (CS 34,s.1,6).
9519 ¿Vives bien en este mundo? Bendice a Dios, que te consuela. ¿Sufres? Bendice a Dios porque te
corrige y prueba (CS 35,16).
9520 Una cosa lloramos en esta vida y otra prevemos en la otra. Lo que se llora hiede; lo que se prevé
exhala buen olor (CS 37,9).
9521 La vida está en la raíz, aún no aparece en las ramas. Nuestra raíz es la caridad (CS 48,2,3).
9522 Debemos caminar como muertos por esta vida, de suerte que, viviendo arriba, estemos muertos
abajo, mas no muertos arriba y vivos abajo (CS 48,2,3).
9523 Nuestra vida consiste en el amor; si la vida es amor, la muerte es odio (CS 54,7).
9524 En este mundo no debemos desear la hartura. Aquí ha de sentirse la necesidad; allí seremos
saciados... (CS 62,3).
9525 ... Luego nuestra edad no permanece en estado inalterable. En todo tiempo encuentra cansancio;
en todo lugar, desfallecimiento; en todo lugar, corrupción (CS 62,6).
9526 Alegóricamente se llama mar a este siglo, amargo por la sal y alborotado por las tempestades, en
donde los hombres se hicieron, por los deseos perversos y depravados, como peces que se devoran unos a
otros (CS 64,9).
9527 No se añaden años a aquellos que crecen, sino más bien se quitan; como agua de río, que se
acerca, sin duda, a su fin, pero se aleja de la fuente (CS 65,12).
9529 La vida humana sobre la tierra es una continua tentación (CS 67,4).
9530 Diré atrevidamente, hermanos, pero es verdad, que hay dos vidas: una que pertenece al cuerpo y
otra al alma, y que así como la vida del cuerpo es el alma, así la vida del alma es Dios (CS 70,2,3).
9531 Ruégote que des más importancia a tu vida que a tus zapatos. Todo lo que te rodea es elegante,
hermoso y querido para ti; tú eres para ti mismo vil y feo (S 72,5).
9532 Toda la vida de los mortales pasa de prisa; y la que parece larga, es vapor un tanto durable (CS
77,19).
9533 La buena vida que se lleva debido a los preceptos de Dios es como el punzón con el que se escribe
en el corazón lo que se oye. Si se escribiese en la cera, fácilmente se borraría. Escribidlo en vuestros
corazones, en vuestras costumbres, y jamás se borrará (CS 93,30).
9534 Nuestra vida ahora es esperanza, después será eternidad. La vida de la vida mortal es esperanza
de la vida inmortal (CS 103,4,17).
9535 Lo cierto es que la vida humana sobre la tierra es una continua tentación y que los hijos de Adán
tienen un pesado yugo sobre sí (CS 118,8,1).
9536 El niño que nace podía primero reír. ¿Por qué comienza a vivir llorando? Todavía no sabe reír. ¿Por
qué sabe llorar? Porque comenzó a transitar por esta vida. Por tanto, si pertenece a los cautivos, llora y
gime aquí, pero conseguirá el gozo (CS 125,10).
9537 ... Ninguna de estas cosas hay en la noche de este mundo que no sean necesarias, las cuales, una
vez que hayan pasado, ya no serán necesarias (CS 135,8).
9538 Nuestra derecha es la vida eterna; nuestra izquierda, la vida temporal. Cuanto haces por la vida
eterna, lo ejecuta la derecha. Si al amor de la vida eterna mezclas en tus obras el deseo de la vida
temporal, o de la alabanza humana, o de algún bien pasajero, conoce tu izquierda lo que hace tu derecha
(CS 136,15).
9539 El ejercicio de nuestra vida presente debe tender a alabar a Dios, porque el regocijo sempiterno de
nuestra vida futura será la alabanza de Dios (CS 148,1).
9540 Si queréis comprender mejor, creced; si queréis, crecer, vivid bien. Porque quien no quiere vivir
bien, no quiere crecer (S 4,36).
9541 Desde que el hombre comienza a poder vivir, ¿no puede ya también morir? El principio de la vida
constituye la posibilidad de la muerte (S 9,2).
9542 Todo aquel que sea amante de una vida larga, que sea más bien amante de una buena vida. Ya
que, si quieres vivir mal, el vivir mucho no será verdaderamente un bien, sino un mal prolongado (S 16,2).
9543 Deseas, en verdad, una vida larga, aunque sea mala. Pues bien: haz que esa vida sea buena, y no
temas que sea breve (S 16,2).
9544 Aquí se conquista la piedad, allí se descansa. Como buenos negociantes, deberíamos saber lo que
ganamos cada día, ya que no solamente debemos ser cuidadosos en el escuchar, sino también solícitos en
el bien obrar (S 16A,1).
9545 Esta escuela, en la que solamente Dios es el maestro, busca alumnos buenos, asiduos y
aplicados... En esta escuela aprendemos cada día: una cosa en los preceptos, otra en el ejemplo y otra en
los sacramentos. Todo esto es la medicación de nuestras heridas y el estímulo de nuestro celo (S 16A,1).
9546 Toda la vida humana es breve. Es breve desde la infancia hasta la ancianidad. Aunque Adán viviera
todavía y debiera morir hoy, ¿qué hubiera ganado con haber vivido tanto? (S 17,7).
9547 Pasan todas las cosas que entretienen a los hombres; vuela todo. La misma vida humana sobre la
tierra es vapor que se desvanece (S 19,6).
9548 Por doquiera amenaza Dios, porque no quiere condenar. No se hace poco en este lagar del mundo.
El mundo es un lagar; y en él somos prensados (S 19,6).
9549 Tú deseas tener una vida larga y no temes el tener una vida mala (S 20,4).
9550 Ciertamente, el recién nacido, cuando nace y de las estrecheces del seno es arrojado a la anchura
del mundo, pasa de la oscuridad a la luz. Y, no obstante venir de las tinieblas a la luz, no puede reír,
aunque puede llorar (S 31,4).
9551 Esta vida es tal que, cuando se goza aquí, ha de temerse que sea un engaño. Cuando, en cambio,
se llora, ha de rogarse para encontrar la liberación (S 31,4).
9552 Si queremos vivir bien, amemos más lo que nos promete Dios que lo que nos promete el mundo (S
32,14).
9553 Dos cosas nos manda el Señor en esta vida laboriosa: contenernos y soportar. Se nos encarga la
continencia en aquellas cosas que en este mundo se llaman buenas y la resistencia a los males, que
también en este mundo abundan (S 38,1).
9554 Esta vida que tanto te gusta es falsa. Aquí vives como en sueños. Luego si aquí vives como en
sueños, vas a despertar cuando te mueras y te encuentres con las manos vacías. Te sucede como al
mendigo que, durmiendo, sueña que le ha tocado una herencia; nadie hay más feliz que él antes de
despertar (S 39,5).
9555 Preocupémonos, hermanos, no sólo de vivir bien, sino también de que nuestra vida sea recta en
presencia de los hombres (S 47,14).
9556 Complicado asunto es la vida de los hombres. ¿Qué otra cosa es el nacer sino ingresar en una vida
de fatigas? El llanto del recién nacido es testigo del mayor sufrimiento futuro (S 60,2).
9557 Mirad qué fragilidad la de la vida humana. Puesto que has de abandonarla alguna vez, no luches
por ella con tanto empeño que seas abandonado tú (S 62,15).
9558 Viviendo mal, puedes ser visto, no puedes ver; pero viviendo bien, eres visto y ves (S 69,4).
9559 En este siglo no hay nadie que no sea peregrino, aunque no todos deseen regresar a la patria. Y el
mismo camino nos proporciona oleajes y tempestades; pero es menester que vayamos en la barca (S 75,2).
9562 Una larga vida no es otra cosa que una larga enfermedad (S 80,2).
9563 Situémonos en la mansión de esta vida como peregrinos de paso, no como propietarios que han de
permanecer (S 80,7).
9564 Esta vida es objeto de amor, cualquiera que sea; sea como sea, aunque esté llena de tribulaciones
y miserias, los hombres tienen miedo a acabarla y se llenan de pavor (S 84,1).
9565 Vivir más tiempo, ¿qué otra cosa es sino atormentarse más tiempo? Vivir más tiempo, ¿qué es sino
añadir días malos a otros días malos? (S 84,2).
9566 No existe vida si no es dichosa. Y no puede haber vida dichosa si no es eterna, en la que los días
son buenos; ni siquiera son muchos, sino uno solo (S 84,2).
9567 ¿Qué cosa peor que el que la preocupación por la vida no permita llegar a la vida? ¿Qué cosa más
miserable que perder la vida por preocuparse de la vida? ¿Hay algo más desdichado que, por temor a la
muerte, caer en la misma muerte? (S 101,3).
9569 Si consideramos las olas y las tempestades de este mundo, nuestra vida es un viaje por mar. Y no
dudo que no nos hundimos porque somos transportados por el leño de la cruz (S 104,7).
9570 ¿Cuándo termina el camino? No acaba para todos a la misma hora. Cada uno tiene su hora para
terminarlo. El camino, se dijo, es esta vida. Acabaste la vida, acabaste el camino (S 109,4).
9571 Nadie se llame a engaño; quiérase o no, aquí abajo es un forastero; el padre dejará la casa a los
hijos como un huésped el mesón a otros huéspedes (S 111,2).
9572 Cuando esta vida haya transcurrido, no habrá lugar para la corrección. Esta vida es como un
estadio; o vencemos en él o somos vencidos (S 113B,3).
9573 Esta vida es la de la corrección, esta vida es la del auxilio y del socorro (S 113B,4).
9575 Vivamos en este mundo como peregrinos. Pensemos que vamos de paso, y pecaremos menos (S
124,4).
9576 Entre la primera infancia y la decrepitud sólo hay un breve espacio. Si hoy hubiera muerto Adán,
¿qué le aprovecharía el haber vivido tanto? (S 124,4).
9577 Quien ama este siglo no puede amar a Dios; tiene la mano ocupada (S 125,7).
9578 No está, pues, la excelencia de la vida en vivir mucho ni en vivir siempre; lo grandioso es vivir
dichosos. Amemos la vida eterna (S 127,2).
9579 Nuestra vida es un combate, y el combate un peligro; y nosotros no podemos vencer sino por
merced de quien nos ama (S 128,5).
9580 Vida, la que es digna de ser llamada por este nombre, no es más que la feliz. Y no será feliz si no
es eterna (S 150,10).
9581 Sin temor de ninguna clase pida la vida santa y la vida eterna; la primera para merecer a Dios aquí,
y la segunda, para ser coronado por él allí (S 154A,6).
9582 Que cada uno viva según aquello de donde recibe la vida. ¿De dónde trae la vida tu carne? De tu
alma. ¿De dónde trae su vida tu alma? De tu Dios... (S 156,6).
9583 La carne no se la da a sí misma; pues la vida de la carne es el alma. Tampoco el alma se da la vida
a sí misma, pues la vida del alma es Dios (S 156,6).
9584 Sólo vivirá rectamente la carne según el alma si el alma vive según Dios (S 156,6).
9585 ...Tales fueron los filósofos llamados estoicos. Aquéllos vivían según la carne, éstos según el alma,
pero ni los unos ni los otros vivían según Dios (S 156,7).
9586 Esta es nuestra tarea durante esta vida: dar muerte con el espíritu a las obras de la carne;
debilitarlas, disminuirlas, refrenarlas y darles muerte día a día (S 156,9).
9587 Algo puedes hacer para nunca morir. Si temes la muerte, ama la vida. Tu vida es Dios, tu vida es
Cristo, tu vida es el Espíritu Santo (S 161,7).
9588 No es gran cosa tener grandes dones, sino el utilizarlos bien; pero no vive bien quien no tiene
caridad (S 162A,3).
9589 Preguntamos a los niños que nacen por qué comienzan llorando, dado que también pueden reír.
Nada más nacer, llora; después ignoro cuántos días reirá (S 167,1).
9590 Al llorar en el momento de nacer se convertía en profeta de su calamidad, pues las lágrimas son el
testimonio de la miseria (S 167,1).
9591 Añade siempre algo, camina continuamente, avanza sin parar; no te pares en el camino, no
retrocedas, no te desvíes. Quien no avanza, está parado; quien vuelve al lugar de donde había partido,
retrocede; quien apostata, se desvía (S 169,18).
9592 Prefiero a un cojo por el camino antes que a un corredor fuera de él (S 169,18).
9593 Todo hombre al nacer se encuentra con la desdicha. No creas que hago profecías; pregunta a
quien acaba de nacer y observa cómo llora (S 189,3).
9594 En esta vida hay ocupaciones que son fruto de la necesidad y otras que son fruto de la iniquidad (S
211A).
9595 Esta tierra ha de desearse no con corazón terreno o muerto, sino vivo y en cierto modo celestial (S
216,5).
9596 Vuestra infancia sea la inocencia; vuestra niñez, el respeto; vuestra adolescencia, la paciencia;
vuestra juventud, el valor; vuestra edad adulta, el mérito, y vuestra senectud no sea otra cosa que vuestro
entendimiento canoso y sabio. No se trata de que pases por todas estas etapas de la vida, sino de que te
renueves permaneciendo en la que estás (S 216,8).
9597 Mientras te hallas en este sitio malo, elígete un lugar a donde puedas emigrar. No podrás emigrar
del malo al bueno si no haces el bien mientras estás en el malo (S 217,5).
9598 ¿Cuál es, pues, este día que hizo el Señor? Vivid bien y lo seréis vosotros (S 229B,1).
9599 Son estas dos cosas que el hombre conocía bien en su vida: el comienzo y el fin, el nacer y el
morir; conocía también que el nacimiento es el comienzo de las fatigas, y la muerte un viaje a lo
desconocido (S 229E,1).
9600 Ha sido sepultada la vida antigua, en la que viviste mal; resucite la nueva. Vive bien; vive para vivir;
vive de manera que, cuando mueras, no mueras (S 229E,3).
9601 Todo hombre teme lo que nadie puede evitar y deja de hacer lo que puede hacer. No puedes evitar
el morir; puedes, en cambio, vivir bien. Haz lo que puedes, y dejarás de temer lo que no puedes evitar (S
229H,3).
9602 Cambiad de vida, cambiad de vida, os lo suplico. Desconocemos cuándo llegará el fin de nuestra
vida (S 232,8).
9603 No me hace rico quien vive bien. No obstante, viva bien y me hará rico. Mis riquezas no son otras
que vuestra esperanza en Cristo (S 232,8).
9604 Trabajemos en la presente y esperemos la futura. Ahora es el tiempo de la faena, entonces será el
del salario (S 233,1).
9605 Es tan grande la debilidad de la carne, tan grande la fatiga de esta vida, que cualquier cosa, por
grandiosa que sea, acaba cansando (S 243,8).
9606 Hay dos vidas: una que se preocupa del goce y otra que se ocupa de las necesidades. Esta es
fatigosa; aquella, gozosa (S 255,6).
9607 Vence todos los deseos el que, como a un tirano, subyuga el amor de esta vida, cuyos satélites son
todo tipo de ambición (S 280,4).
9608 Hagamos que nuestro camino transcurra ante la mirada del Señor. Era estrecho y escarpado y
estaba lleno de zarzas, pero el paso de tantos otros lo ha hecho suave (S 295,8).
9609 No reprendemos, no acusamos a nadie por el hecho de amar esta vida. Pero esta vida ha de
amarse de forma tal que el amor a ella no conduzca al pecado. Amese la vida, pero elíjase la vida (S
297,4).
9610 El llevar una vida santa es la tarea; la vida feliz, la recompensa (S 297,8).
9611 Buscas la vida; buscas días buenos. Buena cosa es la que buscas, pero no está aquí. Esta piedra
preciosa tiene su región propia (S 297,9).
9612 En esta tierra abundan los días malos; pero el que sean malos no lo causa el sol, que corre de
oriente a occidente y reaparece al día siguiente. Los días malos, hermanos, los hacemos nosotros (S
297,9).
9613 Si viviéramos bien todos los días, tendríamos también aquí días buenos (S 297,9).
9614 Duro es el camino por donde hay que pasar, pero grande es la meta hacia la cual se pasa (S
299,8).
9615 Vivamos como peregrinos, pensemos que estamos de paso, y no pecaremos (S 301,9).
9616 No améis vuestras vidas en este siglo. Dejad de amarlas, si es que las amáis, para salvaguardarlas
no amándolas, porque al no amarlas las amáis más (S 305,2).
9617 No está en poder del hombre el elegir en qué modo ha de acabar esta vida, pero está dentro de su
poder el cómo vivirla para acabarla con tranquilidad (S 306,2).
9618 No se comprende que no haya vida si no es feliz, pues la que no es feliz no es vida (S 306,6).
9619 Así, pues, la vida que transcurre entre tormentos no es vida; no hay más vida que la que es feliz; y
no puede ser feliz si no es eterna (S 306,6).
9620 La salud y la vida, ante el temor de que deje de existir, ya no es vida. El vivir por siempre se trueca
en un temer siempre. Si siempre se teme, siempre se está atormentado (S 306,7).
9624 Sea como sea, esta vida es dulce, y nadie quiere acabarla aunque esté llena de fatigas (S 335B,3).
9625 Así, pues, se da el combate; esta vida es un anfiteatro, con Dios como espectador; aquí tiene lugar
la pelea, aquí la batalla contra todos los vicios y, sobre todo, contra el principal de ellos, como contra
Goliat... (S 335K,3).
9626 ¿Por qué quieres acumular días malos sobre días malos? Bástele a cada día su propia maldad;
malo fue el día de ayer, malo el de hoy y malo el de mañana... (S 339,7).
9627 ¿Cómo puede darse que sea bueno el día si es malo el hombre? (S 339,7).
9628 Quizá tu vida sea larga; si es larga, sea buena. ¿Por qué quieres que tu vida sea larga y mala? O
no es larga; entonces debe deleitarte la vida larga que no tiene fin (S 339,7).
9629 Esta vida es un sueño; estas riquezas se escurren como en sueños (S 345,1).
9630 ¡Cuánto ha de darse por la vida eterna si tan valiosa es la perecedera! (S 345,2).
9631 Por tu vida temporal, que rescatas a precio tan alto, valora cuánto vale la vida eterna, que
descuidas para vivir unos pocos días, aun en el caso de que llegues a la senectud (S 345,2).
9632 ¿Quieres conocer cuánto vale la vida eterna? Súmate a ti mismo a todo lo demás (S 345,2).
9633 La vida que no es eterna no merece llamarse vida, puesto que vida verdadera no lo es más que la
eterna... porque es la única que es feliz (S 346,1).
9634 Conviene y es medicinal que esta vida esté revuelta para que se ame la otra (S 346A,8).
9635 A esta vida no hay que llamarla tanto vida como sombra de vida (S 351,3).
9636 La vida presente es quebradiza y proclive a la muerte. Nadie puede quedarse en ella; a todos se
nos obliga a partir. Vamos aunque no queramos; salimos de mala gana porque somos malos (S 367,3).
9637 Dos son, en efecto, los nacimientos del hombre: el nacer y el renacer. Nacemos para el trabajo y
renacemos para el descanso; nacemos para la miseria y renacemos para la felicidad eterna (S 376A,1(2).
9638 El vivir largo tiempo aquí no es otra cosa que soportar molestias por otro tanto tiempo (S 396,1).
9639 Los hombres no nacen de Cristo contra su voluntad, mas de Adán nacen independientemente de su
voluntad (TEJ 3,12).
9640 Al que le va bien en este mundo, mejor dicho, al que cree que le va bien y se goza en la alegría de
la carne, en la abundancia de las cosas temporales y en la vana felicidad, ése tiene voz de cuervo (TEJ
6,2).
9641 El provecho que cada cual debe sacar de vivir bien es conseguir vivir siempre; porque quien no
consigue vivir siempre, ¿de qué le aprovecha vivir bien? (TEJ 45,2).
9642 No existe para el hombre otra vida viciosa y culpable que la que usa y goza mal de las cosas (T
10,10,13).
9643 Ya ves que la vida del hombre sobre la tierra es una larga tentación, pues es tentado en su mismo
éxito cuando adopta con todo su ahínco la semejanza de la vida celeste (Ca 95,2).
9644 Para gobernar esta vida temporal de modo que se llegue a la eterna, sé que hay que refrenar las
concupiscencias carnales (Ca 95,6).
9645 En esta vida que llevamos en la tierra no puede darse calamidad alguna eterna, pues ni la vida
puede ser eterna ni siquiera duradera, aunque llegue a cualquier edad y senectud (Ca 104,1.3).
9646 Hay una vida humana enredada en los sentidos corporales... La felicidad de esa vida es temporal.
El comenzar por esa vida es de necesidad, pero el perseverar en ella depende de la voluntad (Ca 140,2.3).
9647 El seguir siempre buscando mientras estamos en esta vida es mejor que el presumir jamás de
haberla encontrado (Ca 140,12.32).
9648 Nadie acabará bien la vida en que nació si no renace antes de acabarla (Ca 187,10.33).
9649 La vida de todo hombre es infeliz y hay que llamarla muerte mejor que vida (Ca 187,10.33).
9650 ¡Qué poca cosa es esta vida que tenemos por algo grande! (Ca 267).
9651 Debéis entender que mientras estamos en esta vida tenemos tiempo para comprar con nuestra
diligencia y alegría el don de la vida eterna (Ca 268,3).
9652 El que vive bien hace la voluntad divina y quien cumple lo que El quiere vive bien. Vivir bien es
hacer lo que agrada a Dios (VF 3,18).
9653 El deseo de vivir sin miedo no sólo es propio de los buenos, sino también de los malos, pero con
esta diferencia: que los buenos lo desean renunciando al amor de aquellas cosas que no se pueden poseer
sin peligro de perderlas, mientras que los malos, a fin de gozar plena y seguramente de ellas, se esfuerzan
en remover los obstáculos, y por eso llevan una vida malvada y criminal, que, más bien que vida, debería
llamarse muerte (L 1,30).
9654 Cuanto más uno yerra el camino de la vida, tanto menos sabe (L 2,102).
9655 Pasados los trabajos de la juventud, se concede algún reposo a la ancianidad (VR 26,48).
9656 Desde que el hombre empieza a vivir, desde ese mismo momento ya puede morir (E 86,23).
9657 Si el camino de nuestra vida no es el de Dios, sino nuestro, ciertamente será torcido (NG 31,35).
9658 Aunque disfrutes de una gran felicidad, no hay día en tu vida sin lucha interior, si quieres cumplir
con los deberes de tu profesión (RJ 4,16,83).
9659 La vida que transcurre en pecados suele llamarse muerte en la sagrada Escritura (CGM 2,21,31).
9660 Nadie puede acercarse al árbol de la vida si no es por estos dos caminos, a saber, por la tolerancia
de los sufrimientos y por la plenitud de la ciencia (es decir, por la penitencia y el amor) (CGM 2,23,35).
9661 La semejanza de los que nacen perpetúa la semejanza de los que mueren (CLGI 11,34).
9663 Mas vivir mal no es una propiedad de la naturaleza, sino de la perversa voluntad, la que con justicia
se hace acreedora de la pena (CLG 7,27,38).
9664 Comenzamos a existir desde que nacemos, es más, desde el mismo momento de nuestra
concepción, con una cierta enfermedad por la que necesariamente hemos de morir (CLG 9,10,17).
9665 Es suficiente a nuestra fe saber a dónde hemos de llegar viviendo bien, aunque no sepamos de
dónde venimos (CLG 10,23,39).
9666 Es evidente que habremos vivido conforme hayamos caminado, y habremos caminado en pos de lo
que hubiéremos amado (ECG 54).
9667 Si no queréis morir de sed en este desierto, bebed la caridad. Es la fuente que Dios quiso colocar
en este mundo para que no perezcamos en el camino (TCJ 7,1).
9668 La vida presente es una morada en patria ajena en la tierra, es decir, la morada de un peregrino
(CH 1,156).
9669 En una vida digna de alabanza una cosa es apartarse del mal y otra hacer el bien (CH 3,20).
9670 En una vida digna de vituperio, una cosa es apartarse del bien y otra hacer el mal, y aquello sería el
delito, y esto sería el pecado (CH 3,20).
9672 Mis largos días no son como para decir que no he muerto, puesto que lo que vivo es bien poco (AJ
10,17).
9673 La vida de los hombres está allí donde está la luz verdadera "que ilumina a todo hombre". Una es la
tierra de los vivos y otra es la tierra de los muertos (AJ 10,17).
9674 "Yo lo amaré y me manifestaré a él". Mientras dure esta peregrinación, cuanto más progrese uno en
la comprensión o conocimiento de esta realidad, tanto más ha de guardarse de los vicios diabólicos de la
soberbia y la envidia (CE 4,10,20).
9675 No hay vida alguna que, por el mismo hecho de ser vida y precisamente en cuanto es vida, no
pertenezca a la fuente y principio supremo de la vida (Dam 1).
9676 Se pueden advertir dos tipos de vida dentro del cuerpo de Cristo: una temporal, en la que nos
fatigamos, y otra eterna, en la que contemplaremos y gozaremos de Dios. La primera la manifestó el Señor
con su pasión, la segunda con su resurrección (CF 22,52).
9677 En esta vida, en la que se da la necesidad, es preferible la abundancia. Es mejor tener que
necesitar; es mejor dar que recibir; es mejor repartir que mendigar (CM 2,14,7).
9678 ¡Cuán necesario es para vivir bien el que aprendamos a conocer algunas cosas por medio del
infortunio y a desconocer otras para mayor felicidad! (RLP 1,18).
9679 Cuando los hombres desean para sí una larga vejez, ¿qué otra cosa están buscando sino una larga
enfermedad? (CP 16,24).
9680 Para eso se aprende a vivir bien: para llegar a vivir siempre (SDC 1,1).
9681 Pienso que sabrás elegir. Luego aprenderás a morir bien cuando hayas aprendido a vivir bien.
Porque el premio a una vida buena es la vida eterna (SDC 12,13).
9682 A una vida recta le conviene no temer lo que no debe ser temido (OC 25).
9683 Cada una de las edades tiene su hermosura en cada uno de los hombres desde la infancia a la
senectud (OC 44).
9684 "La vida del hombre sobre la tierra es una prueba", y no cesa de probar a los cristianos piadosos y
verdaderos, no solo con el vejamen de la adversidad, sino también con la seducción de la prosperidad, de
suerte que el espíritu humano o sucumbre en la aflicción o se desvanece en la exaltación (RG 1,21,24).
58 73 83 85 252 318 320 385 392 446 467 474 503 523 533 594 692 693 926 949 978 984 985 1135 1168
1260 1295 1782 2137 2939 2995 3061 3154 3285 3286 3287 3288 3294 3299 3302 3309 3314 3390 3540
3715 3850 3906 3938 4116 4120 4121 4122 4261 4358 4567 4650 4664 4829 4838 4862 4864 4901 4919
4920 4921 4922 4933 4934 4948 4949 5161 5163 5197 5242 5754 6012 6044 6113 6215 6219 6331 6350
6456 6481 6617 6671 6743 6744 6745 6760 6761 6762 6774 6775 6778 6795 6819 6837 6937 6965 6991
7064 7238 7378 7381 7382 7529 7731 7847 8297 8298 8299 8300 8304 8417 8428 8557 8606 8750 8801
9009 9045 9145 9155 9160 9161 9164 9235 9254 9260 9273 9686 9687 9691 9738
VIDA ETERNA
9685 Llamamos vida eterna aquella en que la felicidad no tiene fin, pues si el alma viviera en los
tormentos eternos en que son atormentados los mismos espíritus inmundos, más bien muerte que vida
debiera llamarse ésa (CD 6,12).
9686 Nadie puede hacerse idóneo de la vida futura si no se hubiese ejercitado ahora en orden a ella (CS
148,1).
9687 Nos encaminamos a la vida eterna de este modo: primeramente, condenando nuestros pecados; a
continuación, viviendo bien, a fin de que, después de la condenación de esta vida mala y la ejecución de la
buena, merezcamos la eterna (CS 150, 3).
9688 Lo que aquí da honores, allí dará agobios; lo que acá alivia, allá abruma (Ca 23,3).
9689 Quien pregunta por dónde ha de llegar a la vida bienaventurada, no pregunta otra cosa sino en
donde se encuentra el fin del bien (Ca 118,3.13).
9690 Al obtener aquella felicidad será nuestro lo superior para ver, lo igual para convivir, lo inferior para
dominar (CEv 2,33).
9691 Dios sólo puede verse en aquella vida en la que, para poder vivirla, hay que morir a ésta (CH
2,154).
9692 Ahora llamo a la vida eterna, en la que he nacido para no morir, no a la temporal, en la que me he
hecho mortal para poder llamar (CF 22,39).
623 631 727 728 1292 1308 1311 1321 1430 3118 4847 4951 5032 6053 6097 6101 6810 7235 7924 8175
8571 9000 9196 9499 9524 9534 9538 9580 9581 9604 9619 9628 9630 9631 9632 9633 9634 9637 9641
9651 9676 9680 9681
VIRGINIDAD
9693 Mejor es una virgen humilde que una casada humilde, pero es mejor una casada humilde que una
virgen soberbia (CS 75,16).
9694 Mejor es el humilde matrimonio que la virginidad soberbia (CS 99,13).
9695 Pocos poseen la virginidad de la carne; la del corazón deben poseerla todos. La virginidad de la
carne consiste en la pureza del cuerpo; la virginidad del corazón, en la incorruptibilidad de la fe (CS
147,10).
9696 Una vez nacido el Rey mismo de todos los pueblos, comenzó a ser honrada la virginidad a partir de
la Madre del Señor, que mereció tener un hijo sin perder la integridad (S 51,26).
9698 No suele hablarse de virginidad con referencia a los casados; sin embargo, también en el
matrimonio existe la virginidad de la fe, que engendra la pureza conyugal (S 93,4).
9699 Pocas son las que tienen la virginidad corporal; todas, en cambio, deben tenerla en el corazón (S
93,4).
9700 Sean las vírgenes quienes enseñen a los casados y casadas a no ir al adulterio; ¡al menos ellas!
Ellas sobrepasan lo lícito; ellos no se salgan de lo lícito (S 161,12).
9702 Que Cristo no deje de ser algo para vosotras por ser hijo sólo de una virgen. A él, aunque no
pudisteis darle a luz en la carne, lo encontrasteis como esposo en el corazón; y esposo tal que vuestra
felicidad lo tiene por redentor sin que vuestra virginidad lo tema como su destructor (S 191,4).
9703 No os consideréis estériles por haber permanecido vírgenes, pues hasta la piadosa integridad de la
carne cae dentro de la fecundidad de la mente (S 191,4).
9704 Quien en su corazón cree con vistas a la justicia, concibe a Cristo; quien con su boca lo confiesa
con la mirada puesta en la salvación, da a luz a Cristo (S 191,4).
9705 Exultad de gozo, vírgenes de Cristo; la madre de Cristo es compañera vuestra. No pudísteis dar a
luz a Cristo, pero por Cristo renunciasteis a dar a luz. Quien no ha nacido de vosotras, ha nacido para
vosotras (S 192,2).
9706 Si la carne no puede conservar la integridad corporal a causa del comercio carnal, sea virgen por la
fe la conciencia, como lo es la Iglesia entera (S 192,2).
9707 No se envanezcan las vírgenes. En la medida en que son grandes, humíllense en todo. Se han
puesto ante nuestros ojos todos los caminos de salvación. Nadie se salga de ellos... Si buscas la castidad
conyugal, tienes a Susana; si buscas la de la viudez, tienes a Ana; si la virginal, tienes a María (S 196,2).
9709 Vuestra virginidad, pues, está en la mente. La virginidad corporal la poseen pocos en la Iglesia; la
virginidad de la mente debe hallarse en todos los fieles (S 341,5).
9710 Ahora, ¡oh alma! ponte en marcha, conserva tu virginidad, que ha de ser fecundada luego en el
abrazo de tu esposo (S 341,5).
9713 Debemos celebrar la virginidad para que sea amada pero también intimarla para que no se hinche
(SV 1,1).
9714 También ellas (las vírgenes) son, con María, madres de Cristo si es que hacen la voluntad de su
Padre (SV 5,5).
9715 Tampoco tiene su honor la virginidad por ser integridad, sino por estar consagrada a Dios (SV 8,8).
9716 Una virgen puede nacer hasta de un adulterio; mas una virgen consagrada no puede nacer ni
siquiera del matrimonio (SV 10,10).
9717 Tampoco alabamos a las vírgenes por el hecho de ser vírgenes, sino por ser vírgenes consagradas
a Dios por la religiosa continencia (SV 11,11).
9718 Pues me atrevo a decir sin temeridad que se me antoja más feliz la mujer casada que la virgen con
ansias de casarse; aquélla tiene ya lo que ésta todavía busca, sobre todo si aún no es prometida de nadie...
(SV 11,11).
9719 La integridad virginal y el abstenerse de todo contacto carnal por la religiosa continencia tiene algo
de participación angélica; es la ascensión a la incorruptibilidad perpetua en la carne corruptible (SV 12,12).
9720 Ceda el paso a esta virginidad toda fecundidad de la carne, toda pureza conyugal; la fecundidad no
está en nuestra mano, la pureza conyugal no subsistirá en la eternidad; la fecundidad carnal no tiene libre
albedrío; la pureza conyugal no tiene cielo (SV 12,12).
9721 Mejor es la verdad de Dios en la Escritura de Dios que la virginidad del hombre en la mente o en la
carne. Amese la castidad, pero no se niegue la verdad (SV 18,18).
9722 No hay que amar la perpetua continencia por las ventajas que reporta a la vida de este siglo, sino
mirando a la vida futura que se nos promete en el reino de los cielos (SV 22,22).
9723 ¡Adelante, pues, santos de Dios, jóvenes y doncellas, varones y mujeres, célibes y vírgenes;
adelante hasta el fin! ¡Alabad al Señor más dulcemente, porque lo pensáis más densamente; esperadle con
más gozo, porque le servís con más empeño; amadle con más ardor, porque le agradáis más intensamente
(SV 27,27).
9724 El gozo de las vírgenes de Cristo será de Cristo, en Cristo, con Cristo, tras Cristo, mediante Cristo y
por Cristo (SV 27,27).
9725 Nadie podrá custodiar este bien de la virginidad si no es el mismo Dios, que lo ha otorgado (SV
51,52).
9727 Seguirán al Cordero con más facilidad, si no dondequiera que vaya, sí al menos hasta donde
puedan, las casadas humildes que las vírgenes soberbias (SV 51,52).
9728 ¿Cómo van a seguir a quien no quieren acercarse? Y ¿cómo se van a acercar a aquel de quien no
quieren aprender la enseñanza: "Que soy manso y humilde de corazón?" (SV 51,52).
9729 En todas esas delicias espirituales de que disfrutan las solteras debe también ser cauto su trato, no
sea que sin tener mala vida por lascivia tengan mala fama por abandono (BV 22,27).
9730 Con toda razón se prefiere la virginidad consagrada al matrimonio; pero ¿qué cristiano con sentido
común no antepone las cristianas católicas casadas una sola vez no sólo a las vestales, sino también a las
vírgenes heréticas? (MC 1,4,5).
9731 Si se pierde la santa virginidad por un deseo impuro de la voluntad, podemos volver a ser castos;
vírgenes, jamás (RJI 6,19).
VIRTUD - VIRTUDES
9732 Mas como yo amaba en la virtud la paz y en el vicio aborreciese la discordia, notaba en aquélla
cierta unidad y en éste una como división (C 4,15,24).
9733 La virtud, norma del bien vivir, da sus órdenes a los miembros corporales desde su sede, el alma, y
el cuerpo se santifica siendo instrumento de una voluntad santa (CD 1,16).
9734 Mejor que la gloria es la virtud, ya que no depende del testimonio humano, sino que reside en la
propia conciencia (CD 5,12,4).
9735 No es la virtud quien debe seguir a la gloria, al honor y al poder...; son éstos los que deben seguir a
la virtud (CD 5,12,4).
9736 No hay verdadera virtud si no se tiende a aquel fin en el que reside el bien del hombre, mejor que el
cual no hay otro (CD 5,12,4).
9737 Por eso me parece una definición breve y verdadera de la virtud: el orden del amor (CD 15,22).
9739 El que concede las distintas virtudes en este mundo dará en lugar de todas las virtudes necesarias
y útiles en el valle del llanto una virtud: a sí mismo (CS 83,11).
9740 Se denomina prudencia aquella por la cual se distingue el bien y el mal; justicia, aquella por la cual
damos a cada uno lo suyo, sin deber a nadie nada y amando a todos; templanza, aquella por la cual
refrenamos las liviandades; y fortaleza, aquella por la que soportamos todas las incomodidades (CS 83,11).
9741 Nos encaminamos de estos miles de días al único día, como vamos de las virtudes a la Virtud (CS
83,14).
9742 ... la fe, la esperanza y la caridad, tres cosas que se edifican en nosotros aunque procedan de la
misericordia de Dios, sin embargo, en esta calamitosa y procelosa vida sólo son consuelo de desgraciados,
no gozo de bienaventurados (CS 118,19,3).
9743 La humildad es apta para conseguir el reino de los cielos; la mansedumbre lo es para poseer la
tierra; apto el llanto para el consuelo, apta el hambre y la sed de justicia para la saciedad, apta la
misericordia para obtener misericordia y apto el corazón limpio para ver a Dios (S 53,9).
9744 No diste la fe y la perdiste, o diste la esperanza y la perdiste o una vez que hayas dado la caridad te
quedas sin ella. Son fuentes y manando aumentan (S 107A).
9745 La virtud solamente podrá salir invicta si la caridad no es fingida. Quien derrama en nuestros
corazones la caridad es quien nos da la verdadera virtud (S 304,4).
9746 Carecer de virtud y precipitarse en el vicio es vituperable exceso (T 9,10,15).
9747 Cuanto con prudencia, fortaleza, justicia y templanza ejecutemos, pertenece a la ciencia o disciplina
que dirige nuestras acciones huyendo del mal y apeteciendo el bien (T 12,14,22).
9748 Sería propio de la prudencia no anteponer ni comparar ningún bien a Dios; de la fortaleza, adherirse
a El con firmeza; de la templanza, no deleitarse en defecto dañoso (T 14,9,12).
9749 Verdad es que también en esta vida la virtud no es otra cosa que amar aquello que se debe amar.
Elegirlo es prudencia; no separarse de ello a pesar de las molestias es fortaleza; a pesar de los incentivos,
es templanza; a pesar de la soberbia, es justicia (Ca 155,4.13).
9750 A cada virtud se oponen dos vicios: uno abiertamente contrario y otro que tiene las apariencias de
la misma virtud (Ca 167,2.8).
9751 Por eso nos vemos obligados a confesar que las virtudes tienen muchos vicios (Ca 167,2.8).
9752 Allí donde no hay virtud alguna, no hay rectitud ninguna (Ca 167,4.14).
9753 Ciertamente resulta difícil sobrellevar el peso de las nuevas virtudes y es fácil sentirse aplastado por
la carga de los antiguos pecados (Ca 2*,5).
9754 Modestia o moderación se dijo de modo, y templanza, de temperies. Donde hay moderación y
templanza, allí nada sobra ni falta (VF 4,32).
9755 La prudencia es el conocimiento de las cosas que debemos apetecer y de las que debemos evitar
(L 1,89).
9756 Y la fortaleza, ¿no es acaso el sentimiento del alma por el que despreciamos todas las
incomodidades y la pérdida de las cosas cuya posesión no depende de nuestra voluntad? (L 1,89).
9757 La templanza es la virtud que modera y aparta el apetito de las cosas que se apetecen
desordenadamente (L 1,89).
9758 La virtud es una cierta equidad de vida en todo conforme con la razón (Da 16,27).
9759 ¿Qué hay, pues, que no pueda servir de aviso al hombre para la práctica de la virtud, cuando hasta
los vicios le amonestan a ello? (VR 52,101).
9760 La templanza es el amor que totalmente se entrega al objeto amado; la fortaleza es el amor que
todo lo soporta por el objeto de sus amores; la justicia es el amor únicamente esclavo de su amado y que
ejerce, por lo tanto, señorío conforme a razón; y, finalmente, la prudencia es el amor que con sagacidad y
sabiduría elige los medios de defensa contra toda clase de obstáculos (CIM 1,15,25).
9761 Precisando algo más las definiciones, se puede decir que la templanza es el amor que se conserva
íntegro e incorruptible para solo Dios; la fortaleza es el amor que todo lo sufre sin pena, con la vista fija en
Dios; la justicia es el amor que no sirve más que a Dios, y por esto ejerce señorío, conforme a razón, sobre
todo lo inferior al hombre; y la prudencia, en fin, es el amor que sabe discernir lo que es útil para ir a Dios de
lo que le puede alejar de El (CIM 1,15,25).
9762 Poco será también lo que diga de la prudencia, que no es otra cosa que el descubrimiento del
objeto de nuestros amores y de nuestros odios (CIM 1,24,45).
9763 En estas dos cosas: Oración dominical y Símbolo, puedes ver aquellas tres virtudes: la fe cree, la
esperanza y la caridad oran; mas estas dos últimas no puede existir sin la fe; de donde se sigue que la fe
también ora (E 7,2).
9764 Las virtudes del ánimo se manifiestan unas veces por las obras exteriores y quedan latentes otras
en forma de estado habitual (BM 21,25).
9765 ... lo mismo que la virtud de la paciencia de los mártires se manifestó en su martirio, mientras que
esa misma virtud en otros hombres igualmente santos permaneció oculta en su condición de virtud habitual
(BM 21,26).
9767 ¡Lejos de mí creer que existe en alguien una virtud verdadera si no es justo! (RJ 4,3,17).
9768 La constancia es, sin duda, una virtud; la inconstancia, su polo opuesto; sin embargo, hay un vicio,
la terquedad, que tiene cierto parecido con la constancia (RJ 4,3,20).
9769 Hay vicios que son palmariamente opuestos a las virtudes, como lo es la temeridad a la prudencia;
pero hay especies de vicios que son capaces de engañar por sus apariencias de verdad, como lo es, en
relación con la prudencia, no la temeridad o la imprudencia, sino la astucia, y, sin embargo, es un vicio...
(RJ 4,3,20).
9770 No siempre es fácil encontrar palabras para designar los vicios cercanos a las virtudes; pero,
aunque ignoremos su nombre, se han de evitar (RJ 4,3,20).
9771 No se puede ser virtuoso si uno no quiere; pero "el Señor dispone la voluntad", como la de aquel
rey en favor de la orante Ester (RJI 3,163).
9772 Por méritos de una virtud menor, llegaremos a una virtud más elevada, en recompensa de la cual
ya no tendremos mala voluntad ni la podremos tener. ¡Oh necesidad deseable! La Verdad nos la otorgará
para que sea cierta la seguridad, sin la cual es imposible que exista plenitud de felicidad, a la que nada se
le pueda añadir (RJI 5,61).
9773 La definición de prudencia suele exponerse diciendo que consiste en apetecer los bienes y evitar
los males (ECR 49).
9774 Nadie que esté en sus cabales duda de que es peor la falta de virtud que la falta de oro (Dam 7).
9775 Cuanto es superior la virtud al oro, tanto es mayor miseria carecer de virtud que carecer de oro
(Dam 7).
9776 La prudencia es la virtud por la que el alma descubre dónde debe establecerse, hacia dónde se
eleva por medio de la templanza (Mu 6,16,51).
9777 Toda rectitud, que se llama también virtud, consiste en gozar de lo que debe gozarse, y usar de lo
que debe usarse. En efecto, ha de gozarse de lo que es honesto, y ha de usarse lo que es útil (OC 30).
9778 La virtud es una disposición del alma conforme al modo de ser de la naturaleza y a la razón (OC
31,1).
9779 La prudencia es el conocimiento de las cosas buenas, de las cosas malas y de las cosas
indiferentes (OC 31,1).
9780 La gratitud supone el reconocimiento de las amistades y de los deberes mutuos y la voluntad de
corresponderlos (OC 31,1).
9782 La fortaleza consiste en afrontar los peligros y soportar los trabajos con madura reflexión (OC 31,1).
9784 La confianza es la parte de la fortaleza por la que el alma pone en sí misma mucho aplomo para las
cosas grandes y honestas con una esperanza segura (OC 31,1).
9785 La perseverancia es la constancia inquebrantable y continua con reflexión justa y ponderada (OC
31,1).
9786 La templanza es el dominio firme y mesurado de la razón sobre la pasión y los otros movimientos
desordenados del alma (OC 31,1).
9787 La clemencia es la afabilidad para templar los sentimientos del alma excitada y disparada
temerariamente al odio contra alguno (OC 31,1).
9788 Por las cuatro virtudes del alma se vive espiritualmente en esta vida: la prudencia, la templanza, la
fortaleza y la justicia. La primera de ellas es el conocimiento de las cosas que hay que intentar hacer y
evitar. La segunda es el control de la concupiscencia sobre todo lo que deleita temporalmente. La tercera es
la firmeza del alma frente a las cosas que son molestas en esta vida. La cuarta es el amor de Dios y del
prójimo que se difunde por todas las demás (OC 61,4).
19 49 250 253 279 2304 2857 4793 4842 4843 4844 5047 8017 8274 8414 9497
VOCACIóN
9789 Cuando yo deliraba sobre consagrarme al servicio del Señor, Dios mío, conforme hacía ya mucho
tiempo lo había dispuesto, yo era el que quería y el que no quería. Mas porque no quería plenamente ni
plenamente no quería, por eso discutía conmigo y me destrozaba a mí mismo... (C 8,10,22).
9790 No es por la distracción, sino por la atención como yo camino hacia la palma de la vocación de lo
alto (C 11,29,39).
9791 Esta santificación se concede a los justos; mas para que se santifiquen precede la vocación, la cual
no dimana de los méritos, sino de la gracia de Dios (CS 5,17).
9792 Ahora piensas seguir a Cristo, esto propusiste, esto elegiste, este es tu juicio... (CS 36,s.1,7).
9793 A un joven le agrada servir a Dios, le desagrada al padre; se opusieron entre sí. Este promete la
herencia terrena, aquél ama la celestial; el uno ofrece, el otro elige. No piense el padre que se comete
injuria contra él. Sólo Dios es antepuesto a él, y, sin embargo, litiga con el hijo, que quiere servir a Dios (CS
44,11).
9794 La espada espiritual que separa es más fuerte que la naturaleza carnal que une (CS 44,11).
9795 ¿De qué te sirve conocer, si eres perezoso en elegir? (CS 53,2).
9796 Esto acontece, hermanos, y por eso muchas veces brota, en el alma del siervo de Dios, el deseo de
la soledad sólo por causa de la infinidad de tribulaciones y tropiezos (CS 54,8).
9797 Se ve que Natanael era doctor de la ley. No lo eligió, no porque no había de elegir doctores, sino
porque, si hubiese elegido en primer término a los doctores, pensarían los mismos que fueron elegidos en
atención a su ciencia, y así se alabaría su ciencia y sufriría detrimento la alabanza de la gracia de Cristo
(CS 65,4).
9798 Más tarde, el Señor eligió también oradores, pero éstos se hubieran ensoberbecido si primeramente
no hubiese elegido pescadores. También eligió ricos; pero, si primeramente no hubiera elegido pobres,
dirían que en atención a sus riquezas fueron elegidos. Después eligió emperadores; pero es mejor que el
emperador al venir a Roma, deponiendo la diadema, llore ante la tumba del pescador que el pescador llore
ante el sepulcro del emperador (CS 65,4).
9799 Al acercarse alguno al servicio del Señor, reconozca que penetró en el lagar; será, pues, atribulado,
quebrado, comprimido; no para perecer en este mundo, sino para que corra hecho líquido a las bodegas del
Señor (CS 83,1).
9800 ...¿Qué ha de decir? "Seré prudente, no admitiré a ninguno malo". ¿Cómo no has de admitir a
ningún malo? "No admitiré a ningún hombre malo, a ningún hermano malo que pretenda entrar. Con pocos
buenos me irá bien". ¿Cómo sabes a quién has de excluir? Para que se conozca al malo, debe ser probado
dentro (CS 99,11).
9801 ¿Han de acercarse a ti todos con el corazón abierto? Los que han de entrar no se conocen a sí
mismos, ¿Cuánto menos tú?... Luego, ¿cómo has de conocer al que todavía se desconoce a sí mismo?
(CS 99,11).
9802 Ciertamente, en la vida común de los hermanos que se da en los monasterios hay excelsos
varones, hombres santos; por eso viven cotidianamente entregados a los cánticos, a la oración, a las
alabanzas de Dios, a la lectura, trabajan con sus manos, se bastan a sí mismos, no piden nada
avaramente,... (CS 99,12).
9803 El que ignora lo que acontece dentro, el que no sabe cómo, habiendo entrado el viento, chocan las
naves en el puerto, entra confiado en la seguridad, esperando que no ha de encontrar a nadie a quien
tolere; al encontrar allí a hombres malos, los cuales no podían encontrarse si no hubieran sido admitidos...
(CS 99,12).
9804 "¿Quién -dice- me llamaba aquí? Yo pensaba que aquí había caridad". Por lo mismo... se hace
desertor de tan santo género de vida y reo del voto no cumplido (CS 99,12).
9805 Mucho deja, hermanos míos, mucho deja el que no sólo deja cuanto tiene, sino también cuanto
desea tener (CS 103,3,16).
9806 Los que quieren seguir a Dios, lo hacen preceder y ellos le siguen; no anteceden ellos y les sigue
Dios... (CS 124,9).
9807 ¿Por qué al principio escogió el Señor unos pocos que no eran ni nobles, ni sabios, ni elegantes,
teniendo ante sus ojos tal muchedumbre (que en comparación de esos pocos era escasa, pero llena en su
género de ricos, nobles, doctos, sabios) a la que atrajo más tarde?... (S 4A).
9808 Si los hubiera elegido en primer término, parecería que los prefería por sus riquezas, hacienda,
abolengo; engreídos por esa razón, no recibirían la salvación de la humildad... (S 4A).
9809 Sin duda entre aquellos que quieren servir a Dios hay ruido y muchedumbre de gente mala que los
rodea por doquier, pues adonde quiera que se vuelvan, sólo hallarán malos consejeros. Sé, pues, como el
grano y no te preocupes de la paja (S 5,3).
9810 ¿Qué elegimos, a no ser que antes seamos elegidos nosotros? (S 34,2).
9811 Si Cristo hubiese elegido primeramente al orador, diría éste: "He sido elegido por mi elocuencia". Si
hubiese elegido a un senador, diría: "He sido elegido por el mérito de mi dignidad". Por fin, si hubiese
elegido emperador, podría decir: "He sido elegido en atención a mi poder". Estén tranquilos los tales y
aguarden un poco;... (S 43,6; 381).
9812 "Te seguiré, Señor, pero permíteme ir antes a dar sepultura a mi padre"... Cosa piadosa era lo que
quería hacer, pero el Maestro le enseñó lo que debía anteponer. Quería que él fuera predicador de la
palabra viva para hacer vivos a quienes habían de vivir (S 62,2).
9813 Si no quieres hacer lo más, haz lo menos. Si es excesivo para ti el peso de lo mayor, toma lo menos
al menos... Las mayores son: "Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y sígueme". Las menores: "No
matarás, no adulterarás,... (S 85,1).
9814 Sólo está excluído de la llamada del Señor aquel que no se afana en este mundo (S 88,18).
9815 Duro y pesado parece el precepto del Señor, según el cual quien quiera seguirle ha de negarse a sí
mismo. Pero no es duro y pesado lo que manda aquel que presta su ayuda para que se haga lo que manda
(S 96,1).
9816 Escuchad lo que Dios me ha inspirado sobre este capítulo del Evangelio (Lc. 9,57-62). En él se lee
cómo el Señor se comportó distintamente con tres hombres. A uno que se ofreció a seguirlo lo rechazó; a
otro que no se atrevía lo animó a ello; por fin, a un tercero que lo difería lo censuró (S 100,1).
9817 Que nadie, por ende, diga: "Dios me llamó porque le rendí culto". ¿Cómo le hubieses rendido culto
si no hubiera precedido su llamada? (S 158,3).
9818 Advierte que, cuando fuiste llamado, al menos ya existías. La predestinación es previa a la
existencia (S 158,3).
9819 Exultad, jóvenes santos, los que elegisteis seguir ante todo a Cristo, los que no buscáis el
matrimonio. No llegó hasta vosotros por vía del matrimonio aquel a quien encontrasteis digno de
seguimiento para concederos menospreciar el camino por donde vinisteis vosotros (S 184,2).
9820 ¿Quién será capaz de querer y poder si no nos ayuda con su inspiración para que podamos el que
con su vocación nos otorgó el querer? En todo momento nos previno su misericordia para que fuéramos
llamados quienes no queríamos y pidamos el poder lo que queremos (S 193,2).
9821 No eligió a reyes, ni a senadores, ni a filósofos u oradores, antes bien, eligió a plebeyos, a pobres, a
ignorantes y pescadores. Pedro era un pescador; Cipriano, un orador. Si no hubiese precedido con su fe el
pescador, no le hubiese seguido con humildad el orador (S 197).
9822 ¿Acaso nos eligió el Señor porque éramos buenos? No eligió a quienes eran buenos, sino a
quienes quiso hacer buenos (S 229F,1).
9823 Si hubiese elegido en primer lugar a hombres revestidos de dignidad, de cualquier clase que ella
fuese, se hubiesen atrevido a asignarlo a sus méritos, no a la gracia de Dios... (S 250,1).
9824 Dios nos llama para que dejemos de ser hombres. Esta dichosa transformación no se verifica si
antes no reconocemos nuestra condición de hombres (TEJ 1,4).
9825 "Anda y vende todo lo que tienes...". Aquel hombre se fue triste de allí. No lo siguió. Buscó al buen
Maestro, preguntó al Doctor, y lo desprecia cuando le estaba enseñando (TEJ 34,8).
9826 ... Se fue de allí triste, llevando sobre sus hombros el peso abrumador de la avaricia... (TEJ 34,8).
9827 Nuestra vocación es ciertamente a la concordia; se nos manda que haya paz entre nosotros, y
nuestro intento debe ser ese y a eso se deben dirigir todos nuestros esfuerzos (TEJ 34,10).
9828 Vuelve a tí mismo y allí hallarás la guerra. ¿Empezaste a seguir a Dios? Pues allí mismo
encontrarás la guerra (TEJ 34,10).
9829 Aún no habíamos creído en El para elegirnos; porque, si hubiese elegido a quienes ya creían en El,
hubiera elegido a los ya elegidos (TEJ 86,2).
9830 No fueron elegidos por ser buenos quienes no serían buenos si no hubiesen sido elegidos (TEJ
86,2).
9831 Observad, carísimos, que no elige a los buenos, sino que hace buenos a quienes ha elegido (TEJ
86,2).
9832 Solemos decir, al recibir huéspedes desconocidos, que es mejor tolerar a un mal individuo que, por
miedo de recibir al malo, excluir quizá al bueno sin saberlo... (Ca 38,2).
9833 Cuando uno se convierte para ingresar en el monasterio con intención pura, no se preocupa por sus
bienes, máxime si sabe lo mala que es tal preocupación (Ca 83,3).
9834 Con el ahínco que puedo exhorto a otros a ese compromiso, y en nombre del Señor tengo
compañeros que lo han aceptado, convencidos por mi ministerio (Ca 157,4.39).
9835 Es menester, hijo, que tengas la sabiduría para perseverar, como la tuviste para elegir. Sea fruto de
tu sabiduría el saber de quién es ese don (Ca 218,2).
9836 Si te tienes por recluta de Cristo, no abandones el campamento, en el que has de edificar aquella
torre de la que habla el Señor en el Evangelio... (Ca 243,1).
9837 Cuando en el camino de Dios se rehúyen con miedo cobarde las cosas más fáciles y fructíferas, en
el camino del mundo se toleran con trabajo agobiador las cosas más duras y estériles (Ca 256).
9838 Nadie puede seguir el ideal de nuestra vocación sin aborrecer lo que fue un obstáculo para ella (VR
46,88).
9839 Un bien era, sin duda, el que realizaban las dos hermanas que a su costa proporcionaban a Cristo y
sus discípulos lo que les era necesario; pero un bien más excelente es aún el de los que todo lo
abandonaron, quedando así más expeditos y libres para poder seguir a nuestro Señor (BM 8,8).
9840 "Yo os elegí del mundo". Luego eran del mundo: precisamente para que no fuesen del mundo
fueron elegidos del mundo (P 19,16).
9841 Si Cristo eligió a los apóstoles por ser justos, antes lo eligieron ellos a El para poder ser elegidos
justos, pues sin El no lo fueran. Mas no sucedió así, puesto que El les dijo: "no me elegísteis, sino que os
elegí a vosotros (P 21,18).
9842 El hombre no puede elegir y amar si no se le elige y ama primero para curarlo, pues por su ceguera
no distingue lo que ha de elegir y por su debilidad le da náuseas lo que ha de amar (P 22,19).
9843 Hoy, en cambio, la mayoría de los que vienen a la profesión monástica procede de la esclavitud, o
se trata de libertos, obreros y campesinos, o han recibido la libertad o la promesa de la libertad por ingresar
en el servicio de Dios, o eran sencillos artesanos o menestrales... (TM 22,25).
9844 "Lo débil del mundo eligió Dios para confundir a los fuertes...". Este piadoso y santo pensamiento
abre las puertas del monasterio a los que no presentan prueba alguna de haberse convertido y mejorado.
No se sabe si llegan con el propósito de servir a Dios o vienen vacíos, huyendo de una vida mísera y
trabajada con la intención de dejarse alimentar y vestir y aun honrar por aquellos que en el siglo solían
despreciarlos y atropellarlos (TM 22,25).
9845 Todos los elegidos, sin duda, fueron llamados, pero no todos los llamados fueron, por
consecuencia, elegidos (CG 7,14).
9846 Dios no se arrepiente de sus dones y vocación de los que fueron llamados según propósito (CG
12,34).
9847 ¿No fue después, cuando ellos lo eligieron y antepusieron a todos los bienes de este mundo? Mas
porque fueron elegidos, eligieron, y no al contrario (GL 18,38).
9848 No trabajaréis en vano si aprovecháis en el buen propósito perseverando hasta el fin (GL 23,45).
9849 Procuremos entender bien esta vocación, con que son llamados los elegidos; no que sean elegidos
porque antes creyeron, sino que son elegidos para que lleguen a creer (PS 17,34).
9850 ... no lo eligieron ellos a El para que El los eligiese a ellos sino que El los eligió a ellos para que
ellos lo eligiesen a El (PS 17,34).
9851 No porque habríamos de ser santos e inmaculados por nuestros propios méritos, sino que nos eligió
y predestinó para que lo fuésemos (PS 18,37).
9852 No fue elegido, pues, para que se hiciese bueno, sino, habiendo sido creado bueno, pudo ser
elegido (CDS 1,2,4).
9853 No basta la misericordia del que llama, si no responde con su obediencia el llamado (CDS 1,2,13).
9854 ¿Quién puede creer si no recibe alguna vocación, es decir, algún testimonio que le llegue al
corazón? (CDS 1,2,21).
9855 No queda otro motivo para la elección que las voluntades. Mas la voluntad no puede ser movida de
ningún modo si no se le brinda algo que la engolosine y atraiga el ánimo, y no está en el poder del hombre
que se le ofrezca eso (CDS 1,2,22).
9856 El buen propósito del hombre es ayudado, en efecto, por la gracia; pero ni el mismo propósito
existiría si no precediera la gracia (Ccp 2,10,22).
9857 (Dios) no elige a nadie porque sea digno, sino que, al elegirlo, lo hace digno; pero a nadie castiga si
no es digno de castigo (RJ 5,3,13).
9858 Dios llama a uno de esta manera, al otro de otra, y el Espíritu Santo sopla donde quiere (RJI 1,93).
9859 Muchos ciertamente no vienen al ser llamados, pero nadie viene sin serlo (ECR 55).
9860 Es una gracia que se dé al pecador la vocación cuando no ha precedido mérito alguno de parte de
él sino para ser condenado. Por lo cual, si el llamado hubiere seguido a quien lo llamó, lo que es propio ya
del libre albedrío, merecerá también el Espíritu Santo (ECR 60).
9861 No eligió Dios a los que obran bien, sino más bien a creyentes, para hacerlos él mismo obrar bien
(ECR 61).
9862 No podemos querer si no somos llamados; y cuando después del llamamiento hubiéremos querido,
no basta nuestra voluntad ni nuestro correr si Dios no presta las fuerzas a los que corren y conduce a
donde llama (ECR 62).
9863 Aunque alguno se atribuya el obedecer a quien lo llama, nadie puede atribuirse el ser llamado
(EICR 7).
9864 "A los llamados santos" no ha de entenderse como si hubieran sido llamados porque eran santos,
sino que llegaron a ser santos por haber sido llamados (EICR 7).
9865 Cuando alguno se atribuye el que ha venido una vez llamado, no puede atribuirse el que ha sido
llamado (OC 68,5).
9866 Quien una vez llamado no viene, así como no ha tenido mérito de premio para ser llamado,
comienza también el mérito del castigo, cuando una vez llamado ha menospreciado el venir (OC 68,5).
VOLUNTAD
9867 De la voluntad perversa nace el apetito, y del apetito obedecido procede la costumbre, y de la
costumbre no contradecida proviene la necesidad (C 8,5,10).
9868 Las dos voluntades mías, la vieja y la nueva, la carnal y la espiritual, luchaban entre sí y
discordando destrozaban mi alma (C 8,5,10).
9870 No hay monstruosidad en querer en parte y en parte no querer, sino cierta enfermedad del alma;
porque elevada por la verdad, no se levanta toda ella, oprimida por el peso de la costumbre. Hay, pues, en
ella dos voluntades, porque, no siendo una de ellas total, tiene la otra lo que falta a ésta (C 8,9,21).
9871 Nuestras voluntades en tanto pueden algo, en cuanto Dios las ha querido y previsto que pudieran
(CD 5,9).
9872 Muchas cosas hacemos que, si no quisiéramos, no las haríamos. Y en primer lugar el querer
mismo: si queremos, existe; si no queremos, deja de existir: porque no vamos a querer si no queremos (CD
5,10,1).
9873 Aun la voluntad mala es un gran testimonio de naturaleza buena (CD 11,17).
9874 La mala voluntad es la causante del acto malo; pero no hay nada que sea causante de la mala
voluntad. Y si lo hay, sucede una doble hipótesis: que tenga a su vez alguna voluntad, o que no la tenga. Si
la tiene, será buena o será mala. Y si es buena, ¿quién dirá, en sana cordura, que una voluntad buena sea
causante de otra mala? (CD 12,6).
9875 ... he aquí la única respuesta: la causa de la voluntad mala fue un ser que no tenía en sí ninguna
voluntad (CD 12,6).
9876 Cuando la voluntad abandona lo superior y se vuelve hacia las cosas inferiores, se hace mala; y no
por ser malo aquello hacia lo que se vuelve, sino porque es malo el hecho de volverse (CD 12,6).
9877 Así, pues, no es un ser inferior el que ha originado la mala voluntad, sino la misma voluntad. Se ha
hecho mala a sí misma, apeteciendo perversa y desordenadamente una realidad inferior (CD 12,6).
9878 Que nadie se empeñe en buscar una causa eficiente de la mala voluntad. No es eficiente la causa,
sino deficiente, puesto que la mala voluntad no es una eficiencia, sino una deficiencia (CD 12,7).
9879 Apartarse de lo que es en grado supremo para volverse a lo que es en menor grado: he ahí el
comienzo de la mala voluntad (CD 12,7).
9880 En aquel que se da la mala voluntad sucede algo que si él no quisiera no sucedería, y, por tanto, su
deficiencia es voluntaria y no necesaria, mereciendo justo castigo por ello (CD 12,8).
9881 La mala voluntad se aparta no hacia algo malo en sí, sino de una manera mala, es decir, no va
hacia naturalezas malas, sino que va mal por separarse del sumo Ser hacia seres inferiores, en contra del
orden natural (CD 12,8).
9882 En todos los movimientos (del hombre) está la voluntad; mejor aún, todos ellos no son otra cosa
que voluntad (CD 14,6).
9883 Quien tiene el propósito de amar a Dios y amar al prójimo como a sí mismo, no según el hombre
sino según Dios, se dice de él, por su amor, que tiene buena voluntad (CD 14,7,1).
9884 La voluntad recta es el amor bueno, y la voluntad perversa, el amor malo (CD 14,7,2).
9885 La voluntad, la precaución, el gozo son comunes a los buenos y a los malos; o, para decir lo mismo
con otras palabras, les son comunes el deseo, el temor y la alegría; pero unos las practican bien y otros
mal, según sea recta o perversa la voluntad de los hombres (CD 14,8,3).
9886 La primera voluntad mala, puesto que precedió a todas las obras malas del hombre, ha sido, mejor
que una obra, una deserción de la obra de Dios hacia las suyas propias (CD 14,11,1).
9887 No se llegaría a una obra mala si no precediera una mala voluntad (CD 14,13,1).
9888 ¿Cuál pudo ser el principio de la mala voluntad sino la soberbia? (CD 14,13,1).
9889 La voluntad puede también apartarse del mal para hacer el bien, que no puede hacer sino con el
auxilio divino (CD 15,21).
9890 Dios primeramente me ofrece la misericordia antes de tener yo la buena voluntad (CS 17,21).
9891 Tú querías vivir y no deseabas que te sucediera algo adverso; pero Dios quiere otra cosa; hay dos
voluntades; encáucese la tuya a la de Dios, no se tuerza la de Dios a la tuya. La tuya es anormal; la de Dios
es normal. Permanezca la normal para que se corrija, conforme al modelo, la anormal (CS 31,2,26).
9892 Cuanto Dios dista del hombre, tanto se diferencia la voluntad de Dios de la del hombre (CS
32,2,s.1,2).
9893 La buena voluntad no puede estar ociosa. No teniendo buena voluntad, aunque te sobre el dinero,
no socorres al pobre. Los pobres que mutuamente se ayudan no son entre sí infructuosos (CS 36,s.2,13).
9895 Si la voluntad no presta su asentimiento, ciertamente que se excitan no pocos afectos, pero no se
les permite acto alguno (CS 118,3,1).
9896 De nada sirve mi voluntad si tú (Señor) no me guías en lo que quiero (CS 118,11,5).
9897 De nada sirve lo que tienes si te falta la buena voluntad (CS 125,11).
9898 La lengua del alma es el movimiento de su misma voluntad. Así como el habla es un movimiento del
cuerpo, la voluntad es un movimiento del alma. Ahí está la primera palabra; desde allí se habla a Dios (S
16A,9).
9899 Nada es tan fácil para una buena voluntad como ella misma; y esto basta para Dios (S 70,3).
9901 Hállese fuera la coacción; una vez dentro nacerá la voluntad (S 112,8).
9903 Si tú no quieres, no residirá en ti la justicia de Dios. Pero aunque la voluntad no es sino tuya, la
justicia no es más que de Dios. La justicia de Dios puede existir sin tu voluntad, pero no puede existir en ti al
margen de tu voluntad (S 169,13).
9904 La voluntad del hombre es preparada por el Señor para que sea receptáculo de la fe (S 173,2).
9906 Dios ve lo que tienes dentro; no ve en tu mano el poder, pero ve en tu corazón el querer (S
359A,12).
9907 Haz voluntariamente lo que se te mande: así es como harás lo que quieres y no harás tu voluntad,
sino la voluntad de Dios, que te manda (TEJ 19,18).
9908 Tengo muy presente no sólo mi voluntad, sino también mi flaqueza (T 5,1,1).
9910 Usar es poner alguna cosa a disposición de la voluntad; gozar es el uso placentero, no de una
esperanza, sino de una realidad. Por consiguiente, todo aquel que goza usa, pues pone al servicio de la
voluntad una cosa teniendo por fin el deleite; mas no todo el que usa disfruta: es el caso del que pone a
disposición de la potencia volitiva un bien que no apetece como fin, sino como medio (T 10,11,17).
9911 Cuando la voluntad olvida los bienes mejores y ávida se solaza en estos placeres, se hace impura.
Es un mal pensar en ellos cuando se tienen presentes, y aún más nocivo cuando están ausentes (T 11,5,8).
9913 La conexión de rectos quereres es vía para los que ascienden a la felicidad por pasos bien
ordenados; al contrario, la confusión de voluntades no rectas es lazo que aprisiona al que obra mal, para
ser luego arrojado a las tinieblas exteriores (T 11,6,10).
9914 El reposo de la voluntad en su fin, cuando se refiere a otra cosa, podemos compararlo al descanso
del pie al caminar: se asienta en el suelo, como apoyo, para que el otro avance (T 11,6,10).
9915 Aun en la hipótesis en que el fin deleitoso agrade al querer, no es fin último, sino referible a otro fin,
porque no es el reposo del ciudadano en la patria, sino refección o albergue del caminante (T 11,6,10).
9916 Hay, es cierto, tal armonía en la naturaleza racional y viviente, que, siendo para mí un secreto la
voluntad ajena, existen, no obstante, ciertos quereres universales conocidos de todos, y así, ignorando un
hombre la voluntad de otro, puede, en ciertas materias, conocer el querer de todos (T 13,3,6).
9917 Para el hombre es un secreto recóndito la voluntad de los otros mortales (T 13,3,6).
9918 Es ya un bien de muy subido valor poseer una voluntad recta (T 13,6,9).
9919 Elija el hombre poder lo que quiere y descuide querer lo que le conviene: primero ha de tener una
voluntad recta, luego gozar de un gran poder (T 13,13,17).
9921 Es posible siempre caer por un acto defectuoso de la voluntad, pero no se puede levantar si no es
por afecto gratuito de su Dios (T 14,15,21).
9922 Tampoco yo puedo lo que quiero y tengo que renunciar en absoluto a querer más de lo que puedo
(Ca 10,1).
9923 Con su propia voluntad mide el hombre bueno sus buenas obras y con ella misma se le medirá la
bienaventuranza. Asimismo, con su mala voluntad mide el hombre malo sus malas obras y con ellas se le
medirá la miseria (Ca 102,26).
9924 Tanto las acciones rectas como los pecados se nos miden por la calidad de las voluntades, no por
la distancia temporal (Ca 102,26).
9925 Hay fatiga allí donde se busca y se ama una multiplicidad de cosas, si la voluntad no se basta para
alcanzarlas y retenerlas porque carece de poder para conseguirlas (Ca 127,5).
9926 No es tan triste el carecer de lo que quieres, como el querer conseguir lo que no conviene (Ca
130,5.10).
9927 Es bienaventurado aquel que tiene cuanto quiere y no quiere nada que no le convenga (Ca
130,5.11).
9929 No he de renunciar a hacer lo que puedo, porque no puedo hacer lo que quiero (Ca 166,1.1).
9930 Se emplea misericordiosamente la buena voluntad para dirigir la mala voluntad del hombre (Ca
173,2).
9931 ¿Quién no sabe que el hombre no se condena sino por el reato de su mala voluntad, y que no se
salva si no tuviere buena voluntad? (Ca 173,2).
9932 Si amamos a alguien, no debemos permitirle que utilice cruel e impunemente su mala voluntad.
Antes bien, si podemos, hemos de prohibirle el mal y obligarlo al bien (Ca 173,2).
9933 ¿Qué es la buena voluntad? Es la voluntad por la que deseamos vivir recta y honestamente y llegar
a la suma sabiduría (L 1,83).
9935 La buena voluntad del hombre precede a muchos de los dones de Dios, pero no a todos; y entre
aquellos a los que no precede se encuentra ella misma (E 32,9).
9936 Al que no quiere, previene (Dios) para que quiera; y al que quiere, acompaña para que no quiera en
vano. Pues ¿por qué se nos manda rogar por nuestros enemigos, que en verdad no quieren vivir
piadosamente, sino para que Dios obre en ellos el querer mismo? (E 32,9).
9937 Nuestro es el querer; pero la libertad es despertada para que surja, es sanada para que tenga
fuerzas, es ampliada para que tenga capacidad y es llenada para que contenga (BV 17,21).
9938 No miran que es un don de Dios esa misma facultad que poseen de exhortar para que las
voluntades de los hombres se exciten a abrazar la buena vida cuando son indolentes, se inflamen cuando
son frías, se corrijan cuando son malas, se conviertan cuando están desviadas y se sosieguen cuando son
rebeldes. Sólo así pueden persuadir lo que persuaden (BV 18,22).
9939 Que pueda darse una mala voluntad sin que seduzca o incite otro espíritu, se prueba en el mismo
diablo; él se hizo diablo por su propia voluntad y no por otro diablo (P 24,21).
9940 La buena voluntad con que amamos a Dios no puede darse en el hombre sino cuando Dios produce
en él el querer (P 25,22).
9941 Uno no tiene voluntad más que para el bien, porque la ejecución de acciones malas y criminales, se
llama pasión, no voluntad (SM 2,22,74).
9942 La voluntad humana no obtiene la gracia con su libertad, sino más bien con la gracia la libertad, y
para perseverar en ella, una gustosa permanencia e insuperable fortaleza (CG 8,17).
9943 Donde precede la buena voluntad ya no hay corazón de piedra (GL 14,29).
9944 Dios no sólo hace buenas las malas voluntades y por el bien de actos honestos las encamina a la
vida eterna, sino que el querer de los hombres está siempre en las manos de Dios (GL 20,41).
9945 El Señor emplea las malas voluntades para alabanza y ayuda de los buenos (GL 20,41).
9946 El Omnipotente imprime en el corazón de los hombres un movimiento de sus propias voluntades, de
manera que por ellos hace cuanto quiere quien jamás supo querer injusticia (GL 21,42).
9947 Dios obra en el corazón de los hombres con el fin de inclinar las voluntades humanas donde El
quisiere, ya con misericordia hacia el bien, ya de acuerdo con sus méritos hacia el mal, en virtud siempre de
su designio, a veces claro, otras oculto, pero sin remisión justo (GL 21,43).
9948 La separación del bien inconmutable es el origen de la mala voluntad (GJ 1,19,20).
9949 Por su propia voluntad cae el que cae, y por voluntad de Dios permanece firme el que permanece
firme (DP 8,19).
9950 Son dos cosas muy distintas el querer y el poder, de suerte que no siempre el que quiere puede, ni
siempre el que puede quiere; y así, del mismo modo que algunas veces queremos lo que no podemos, así
otras veces podemos lo que no queremos (EL 31,53).
9951 La mala voluntad por sí sola es ya pecado, aunque no se siga el efecto, es decir, aunque no pueda
efectuar lo que quiere (EL 31,54).
9952 Con tanta mayor afición se mueve la voluntad a un objeto cuanto mejor conoce su bondad y mayor
deleite nos proporciona su posesión (Cp 2,17,26).
9953 Tan pronto como se complace algún tanto la voluntad, muéstrase vigilante la piedad y túrbase la
humildad, porque se conoce a sí misma la fragilidad (AP 14,36).
9954 (Dios) no hace malas las voluntades, pero las utiliza como quiere, aunque nada injusto puede
querer (RJ 5,4,15).
9955 No es que la voluntad se vea forzada como una esclava a obrar el bien o el mal, pero, libre de su
esclavitud, es suavemente atraída por su libertador con la dulzura del amor, no por la amargura servil del
temor (RJI 3,112).
9956 La voluntad es tanto más pura cuanto más viva y fuerte es la pasión que reprime, y menos casta la
voluntad que resiste a deseos menos ardientes (RJI 4,52).
9957 Remóntate a la causa de las obras malas, y siempre encontrarás una voluntad mala; retorna a la
causa del pecado original, y encontrarás mala voluntad en el primer hombre, y además una naturaleza
creada buena, pero luego viciada (RJI 5,21).
9958 La voluntad de pecado no existió y ahora es, luego tiene origen; si existe y no tuvo principio,
siempre existió; pero no siempre ha existido, luego tuvo origen (RJI 5,41).
9959 Busca el origen de la mala voluntad y lo encontrarás en el hombre; antes no existía (RJI 5,41).
9960 Investiga también qué era el hombre antes de nacer en él esta mala voluntad, y encontrarás que
era bueno, y por esta voluntad se hizo malo; y antes de nacer en él era tal como había sido creado por un
Dios bueno; es decir, era bueno (RJI 5,41).
9961 Dios creó en el hombre la voluntad buena, y lo hizo de manera que esta voluntad buena nazca de
aquel de quien es voluntad, como hace que el hombre nazca del hombre (RJI 5,42).
9962 Cada uno es autor de su mala voluntad, pues quiere el mal (RJI 5,42).
9963 La voluntad del hombre sólo en el hombre puede nacer; y los males de los hombres tienen su
origen en la voluntad mala del hombre, cuya naturaleza, como sabemos, era buena antes de existir esta
mala voluntad; luego los males vienen de los bienes (RJI 5,43).
9964 Todos se reirían de la petulancia e insensatez de aquel que desea conocer la voluntad de un
hombre sin ser amigo de él (CGM 1,2,4).
9965 Las malas voluntades tienen en sí mismas su interno y propio castigo, así como tienen su propia
iniquidad (CLG 8,23,44).
9966 Es evidente que no del que quiere ni del que corre, sino de Dios, que usa de misericordia, procede
el que obremos el bien, aunque allí esté también nuestra voluntad, la cual sola no puede nada (ECR 62).
9967 Veis que no se ha de tener en cuenta lo que hace el hombre, sino la intención y voluntad con que lo
hace (TCJ 7,7).
9968 La voluntad del Verbo sempiterno es siempre estable, porque contiene en sí todas las cosas;
nuestra voluntad, por el contrario, no es estable porque no contiene todas las cosas; así, hoy queremos de
un modo, mañana queremos de otro (DCM 17,4).
9969 La voluntad es un movimiento del alma, exento de toda coacción, dirigido a no perder o a conseguir
algo (Dam 14).
9970 Si no hay libertad tampoco hay voluntad... ¿No cantan esto los pastores en los montes, los poetas
en los teatros, los ignorantes en los corrillos, los sabios en las bibliotecas, los maestros en las escuelas, los
obispos en los lugares sagrados y el género humano en el orbe de la tierra? (Dam 15).
9972 ¡Ay de la voluntad mala si es mala! Paz a la voluntad buena si es buena. Sea buena, sea mala, es
voluntad. A la buena voluntad le sigue la corona, a la mala el castigo (AFe 2,12).
9973 Toda voluntad buena halla su gozo en Dios... toda voluntad mala es abandonada por El (CF 22,9).
9974 Ni la iniquidad ni la justicia estarían en nuestro poder, si no estuviesen en nuestra voluntad (CF
22,78).
9975 Es más justo que nosotros sigamos la voluntad de Dios que no Dios siga la nuestra (CP 14,20).
9977 Dios, que llama a la paz, no tiene misericordia si no ha precedido la voluntad, porque la paz en la
tierra es para los hombres que ama el Señor (OC 68,5).
9978 Y puesto que nadie puede ni siquiera el querer si no es prevenido y llamado, bien sea íntimamente,
donde ningún hombre lo ve, bien sea externamente por la predicación o por algún signo visible, resulta que
Dios obra en nosotros también el mismo querer (OC 68,5).
9979 ¿Qué hay tan en la voluntad como la misma voluntad? (Re 1,9,3).
9980 Insisto: o la voluntad es la causa primera del pecado, o ningún pecado es causa primera del
pecado; no hay otro a quien se impute justamente el pecado sino al que peca (Re 1,9,3).
9981 Cierto que Dios ha dado al hombre una voluntad libre, pero no ha querido que la buena permanezca
infructuosa y la mala sin castigo (RC 3,51,57).
202 264 306 338 524 528 529 1883 2077 2821 3068 3244 3719 3776 3884 3886 4344 4346 4347 4368
4801 5035 5036 5042 5057 5060 5148 5811 5837 5876 6007 6008 6054 6337 7251 7591 7602 7617 7618
7651 7683 7899 8366 8394 8468 8491 8535 9120 9325 9328 9479 9495 9502 9506 9855 9862
VOTO
9982 Cumple los votos distintos; reconócete a tí mudable y a El inmudable; confiesa que sin El no eres
nada y que El sin tí es perfecto; que necesitas de El y El no necesita de ti (CS 65,19).
9983 Cada uno haga los votos que pueda y los cumpla. Con el fin de que no suceda que prometáis y no
cumpláis, cada uno prometa lo que pueda y lo cumpla (CS 75,16).
9984 No seáis perezosos en hacer votos, pues no los habéis de cumplir con vuestras fuerzas.
Desfalleceréis si presumís de vosotros (CS 75,16).
9985 ¿Qué votos debemos hacer comúnmente todos? Creer en Dios, esperar de El la vida eterna; vivir
bien conforme a la vida ordinaria cristiana... (CS 75,16).
9986 No seáis perezosos los que podéis prometer; a éstos ayuda Dios a conseguir estados mejores;
pues no digo estas cosas para que no hagáis votos, sino para que los hagáis y los cumpláis (CS 75,16).
9987 ¿Cómo distingues los votos que ofreces a Dios? Alabándole a El y acusándote a ti, pues de El es la
misericordia, por la cual perdona nuestros pecados. (CS 94,4).
9988 Nadie confíe que por sus propias fuerzas ha de cumplir lo que juró. El que te exhorta a hacer votos
te ayuda a cumplirlos (CS 131,3).
9989 Mejor es no prometer que prometer y no cumplir. Pero debe estar pronto el ánimo a promter y
cumplir, no acontezca que, al juzgarse incapaz de cumplir, sea perezoso para prometer. Y, efectivamente,
nunca cumpliría si piensa que ha de cumplir por sus propias fuerzas (CS 132,2).
9991 Aunque no hubieses hecho voto, ¿qué cosa mejor se te podría recomendar o qué cosa mejor puede
hacer el hombre que restituirse a su Creador? (Ca 127,1).
9992 Cumplid, pues, lo que habéis prometido... Lo que restituís no disminuirá con la restitución, más bien
será conservado y aumentado (Ca 127,6).
9993 Lo que no se le devuelve a El, se pierde; lo que se le devuelve, se añade al que lo devuelve (Ca
127,6).
9994 El hombre se debe a Dios, y para ser feliz ha de restituirse al mismo de quien recibió el ser (Ca
127,6).
9995 Si no cumples lo que prometiste, no quedarás en el mismo estado que tuvieras si nada hubieses
prometido (Ca 127,8).
9996 El que no cumple lo que prometió invitado por un consejo y no obligado por un precepto, tanto más
aumenta la iniquidad al quebrantar el voto cuanto menos necesidad tenía de pronunciarlo (BV 11,14).
9997 Lo que para todos es lícito antes de pronunciar un voto, ya no es lícito cuando se ha prometido no
hacerlo jamás (UA 1,24,30).
9999 "Quienquiera que haga un voto al Señor o pronuncie un juramento... Cumplirá todo lo que haya
salido de su boca". Esto no se refiere a cualquier juramento, sino al juramento en el que uno haya
prometido sobre su alma el privarse de alguna cosa de la que podría usar según la ley, pero que el voto
hace que no le sea lícito usar de ella (CH 4,56).
10000 ... Considere primero que, una cosa es hacer un voto voluntariamente, y otra cosa distinta obedecer
un mandato (CH 7,49).
6499 9804
Fue tanto lo que dictó y escribió, lo que disertó en la iglesia, lo que extractó y enmendó, ya en publicaciones
lanzadas contra los diversos herejes, ya en escritos ordenados para la declaración de las Escrituras
canónicas y edificación de los fieles, que apenas un hombre estudioso bastará para leerlos y conocerlos (V
18).
TIEMPO
9131 No en balde corren los tiempos ni pasan inútilmente sobre nuestros sentidos, antes bien causan en
el alma efectos maravillosos (C 4,8,13).
9132 ¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo
pregunta, no lo sé (C 11,14,17).
9133 El tiempo no es otra cosa que una extensión; pero ¿de qué? No lo sé, y maravilla será si no lo es de
la misma alma (C 11,26,33).
9134 Lo futuro se espera con ansia y se pierde con dolor (CS 9,11).
9135 Siempre hay tiempos malos en el mundo, pero siempre hay tiempos buenos en Dios (CS 33,s.2,17).
9136 A todo te prepara quien te habla, cuando el tiempo de El es todavía de hablar, no de juzgar, y el
tuyo de oir, no de arrepentirte ya en vano (CS 36,s.1,2).
9137 Lo que te parece de larga duración, para Dios es de un instante; únete a Dios y te parecerá
momentáneo (CS 36,s.1,3).
9138 Ahora es tiempo de invierno; tu gloria aún no aparece; pero si tu amor tiene raiz profunda, como la
de muchos árboles, durante el invierno soporta el frío, pero éste pasa; a continuación viene el verano, es
decir, el dia del juicio; entonces se seca el verdor del heno y aparece la hermosura de los árboles (CS
36,s.1,3).
9139 De lo pasado nada vuelve; lo futuro se espera ha de pasar. Nada se tiene mientras no ha llegado, y
después de haber llegado, nada se mantiene (CS 38,7).
9140 Desde tu eternidad contemplas desde arriba, mientras pasa el tiempo de los perversos y llega el de
los justos (CS 91,10).
9141 No busques el cuándo; la eternidad no tiene cuándo. "Cuándo" y "en alguna circunstancia" son
palabras propias del tiempo. No nació del Padre en el tiempo aquel por quien fue creado el tiempo (CS
109,16).
9142 Nadie dirá que el tiempo es coeterno a Dios, el cual es creador de los tiempos, sino que el tiempo
comenzó a existir con el cielo y la tierra (S 1,5).
9143 Largo parece lo que resta, aunque no será tanto como lo ya pasado (S 9,2).
9144 También antes hubo un día que se llamó hoy. Desde aquél hasta el actual hoy, ¿no se ha
convertido en pasado lo que era futuro? (S 9,2).
9145 El tiempo de nuestro viaje por el mundo es breve, pero nuestra patria carece de tiempo (S 16A,1).
9146 Nuestros antepasados se lamentaron de sus tiempos y lo mismo sus antecesores. A ningún hombre
agradaron los tiempos en los que le tocó vivir,... (S 25,3).
9147 Cada año, ordinariamente, cuando sentimos el frío, solemos decir: "Nunca hizo tanto frío; nunca el
calor fue tan grande", siendo así que hace el mismo de siempre (S 25,3).
9148 Días aciagos. ¿Acaso son desventurados estos días que marca el curso del sol? Los días aciagos
los causan los hombres malvados; de esta forma lo es casi todo el mundo (S 25,4).
9149 En los días malos aprendo a buscar los días buenos. ¿Cuáles son los días buenos? No los
busquéis ahora. Pasarán los días malos y llegarán los buenos. Pero los días buenos llegarán para los
buenos; para los malos, días peores (S 25,5).
9150 Lo pretérito ya pasó. Si tu lengua hubiera sido maligna, si tú hubieras sido murmurador, delator,
calumniador, maldiciente: si hubieres sido todas estas cosas, pasen estas cosas con los días malos, pero
no pases tú con ellos (S 25,6).
9151 Lo humano fluye como un río, y como un río fluyen también los días malos. Agárrate al madero para
no ser arrastrado... ¿A qué me agarro? La palabra del Señor permanece para siempre (S 25,6).
9152 Por mucho que pienses en el día de mañana, no harás que vuelva el día de ayer. El día de mañana
será ayer también cuando llegue el pasado mañana (S 60,1).
9153 Los hechos pasados, al ser narrados, son luz para la mente y encienden la esperanza en las cosas
futuras (S 63B,1).
9154 Busquemos días buenos, ya que vivimos en días malos; pero no blasfememos, en estos días
malos, para que podamos llegar a los días buenos (S 73,4).
9155 "Malos tiempos, tiempos fatigosos", así dicen los hombres. Vivamos bien, y serán buenos los
tiempos. Los tiempos somos nosotros; cuales somos nosotros, así son los tiempos (S 80,8).
9156 A medida que avanza el tiempo, avanzamos nosotros, y nuestros años no aumentan, sino que se
agotan (S 109,4).
9157 ¿Qué tiempo hay largo, si tiene fin? No hay quien vuelva atrás el día de ayer, y el de mañana viene
urgiendo el paso al de hoy (S 124,4).
9158 Dos cosas, hermanos, hacen que los días sean malos: la maldad y la miseria. Se habla de días
malos a causa de la malicia y de la miseria de los hombres (S 167,1).
9159 ¿A quién molestaría el tiempo, si los hombres no se molestasen entre sí? (S 167,1).
9160 Corto es el tiempo que va desde la tierna infancia hasta la ancianidad decrépita. ¿Qué le
aprovecharía a Adán el haber vivido hasta hoy, si al fin hubiera muerto? (S 301,9).
9161 El día de ayer nadie lo hará volver; el mañana está urgiendo al día de hoy para que pase. Vivamos
bien en este breve espacio de tiempo y vayamos allí donde no estemos de paso (S 301,9).
9162 Nadie, pues, piense que le falta el tiempo apropiado; no todos son tiempos de pasión, pero sí de
devoción (S 305A,2).
9163 Aunque haya tiempos de paz y tiempos de persecución, ¿ha faltado en alguna época la
persecución oculta?... (S 305A,2).
9164 Soléis decir: "Los tiempos son difíciles, los tiempos son duros, los tiempos abundan en miserias".
Vivid bien y cambiaréis los tiempos con vuestra buena vida (S 311,8).
9165 A nadie ha dañado el tiempo. Los dañados son los hombres; los que dañan son también hombres
(S 311,8).
9166 ...¡Y dice que los tiempos son duros! ¡Cuánto más duro eres tú, que no te corriges ni siquiera en
estos tiempos duros! (S 346A,7).
9167 Escuchad, hermanos míos: convenía que los tiempos fuesen difíciles y duros. ¿Qué hubiéramos
hecho de no habernos asistido tan gran consolador? Desde Adán hasta el final, el género humano es un
enfermo grave (S 346A,8).
9168 Es preciso que los tiempos sean duros. ¿Por qué? Para que no se ame la felicidad terrena (S
346A,8).
9169 Piensas que los tiempos pasados fueron buenos porque no son los tuyos (S 346C,1).
9170 ¿Cuándo, pues, le fue bien al género humano? ¿Cuándo no experimentó el temor, el dolor?
¿Cuándo gozó de la felicidad asegurada, cuándo no de la verdadera infelicidad?... (S 346C,2).
9171 Debemos amar, pues, al que hizo los tiempos, para vernos libres del tiempo y fijos en la eternidad,
donde ya no hay mutabilidad alguna temporal (TEJ 31,5).
9172 El orden de los tiempos carece de tiempo en la eterna sabiduría de Dios (T 2,5,9).
9173 Es en el tiempo donde estamos sujetos a los males, que hemos de evitar si queremos un día arribar
a las playas de los bienes eternos (T 12,14,22).
9175 Lo que es nuevo en el tiempo no es nuevo en la presencia de Dios, que creó los tiempos y sin
tiempo tiene todas esas cosas que va distribuyendo en los diversos tiempos, según su variedad (Ca
138,1.7).
9176 Si es grande y noble señalar con el propio nombre los ciclos del tiempo, ¿cuánto más grande y más
noble será traspasar los tiempos con la integridad del corazón y del cuerpo? (Ca 150).
9177 Los espacios temporales, como las sílabas y las palabras, son partículas de este siglo en el
admirable cántico de las cosas que pasan (Ca 166,5.13).
9178 Lo que se desarrolla rápidamente en el tiempo, parece tarde a quien lo está deseando (Ca 199,1.1).
9179 Un cosa es ignorar los tiempos y otra la corrupción de las costumbres y el amor a los vicios (Ca
199,1.2).
9180 No son malos los días sino los hechos que acontecen en ellos (Ca 199,9.29).
9182 Los tiempos nos arrebatan lo que amamos y dejan en el ánimo un tropel de ilusiones que balancean
de una cosa a otra nuestros deseos (VR 35,65).
9183 El día pasado no retorna; tras el ayer viene el hoy, y tras el hoy vendrá el mañana. Y pasan todos
los tiempos y todo lo temporal para que venga la promesa permanente (BV 20,25).
9184 Más bien el tiempo procede de la creatura que no la creatura del tiempo, pero ambos comenzaron a
existir por Dios, porque de El y por El y en El son todas las cosas (CLG 5,5,12).
9185 El tiempo es el movimiento de la creatura de un lugar a otro, efectuado por las sucesiones de las
cosas conforme a la ordenación de Dios que administra todas las cosas que creó (CLG 5,5,12).
9186 ... Aquellos (los impíos) tuvieron su tiempo; éstos (los justos) tuvieron a Dios, creador y ordenador y
distribuidor de los tiempos (CH 4,23).
9187 ... Debido a la inseguridad de los tiempos que corren, donde la mayoría practica el engaño de
hablar mucho y de no hacer nada (AJ 15,12).
9188 El tiempo no puede darse sin ciertos movimientos de la criatura (RSA 1,2).
9190 Por el presente el futuro va hacia el pasado, y gracias a la memoria expresa el fin de un movimiento
corporal ya iniciado (IA 3,3).