AMAR
DESDE LA
AUSENCIA
Vivir después de la pérdida intrauterina
ABIGAIL ÁLVAREZ ROJAS
ÍNDICE
BIENVENIDA ..............................................................................9
I. ESTOY EMBARAZADA .................................................11
II. LOS MESES PASAN: LOS CONTROLES .....................14
III. LA MUERTE INTRAUTERINA ......................................18
Nudo verdadero ..........................................................21
IV. VIVIR ............................................................................23
La culpa .......................................................................25
La irá y el reclamo ......................................................27
La tristeza y el llanto ..................................................29
El miedo .......................................................................31
Los servicios médicos ................................................32
La familia y tu red de apoyo .....................................33
Volver al trabajo .........................................................35
Los malestares físicos ................................................36
El acompañamiento....................................................38
La responsabilidad que no pedí ................................40
La resignificación de mi hija......................................41
Amar desde la ausencia.............................................43
V. RESILIENCIA ................................................................44
VI. RECOMENDACIONES PARTICULARES ......................47
A Natalia, quien en 7 meses de vida intrauterina me enseño el
verdadero significado del amor, quien con sus 1250 gr me
mostro el peso de la vida, del amor, de la esperanza, de la
fortaleza.
A Natalia quien me convirtió en la mujer que soy hoy, en mamá.
ROMINA
Romina viaja tierna y nueva
De campo a estrella
Y va subiendo por las teclas
Del piano, escalera
Romina se ha escapado lejos
Tras de un conejo blanco
Y aunque sabe que la esperan
Se va jugando
Romina lleva caramelos
Que arroja del cielo
Y cuando llega el aguacero
Son dulces los sueños
Para Romina entre los astros
Es un jardín el espacio
Y mientras viva la alegría
Su día es largo
Romina, si tuvieras tiempo
Piensa en mí
Romina desde que estás lejos
No es sencillo ningún juego
De los que aprendí
Para vivir
Romina canta cuando baja
Del monte a algún río
cuando llega la mañana
Los ojos le miro
Para Romina una guitarra
Resonará por siempre
Que mientras viva la esperanza
Romina vuelve
Romina, si tuvieras tiempo
Piensa en mí
Romina desde que estás lejos
No es sencillo ningún juego
De los que aprendí
Para vivir
Romina duerme cuando noche
Mecida en la luna
Y desde allá nos reconoce
Nos mira sin duda
Si cuando el sol que da un domingo
Promete un bello día
Será seguro que contigo
Romina ría
Alejandro Filio
(Álbum “Un Secreto a voces”, 1998)
BIENVENIDA
Cuando descubres que estas embarazada nadie te dice que
uno de cada cuatro embarazos no se logra, una de cada
cuatro mamás pierde a su bebé antes de conocerlo durante
los primeros meses de gestación. Uno de cada nueve bebés
no llega a nacer, uno de cada nueve muere poco antes de
nacer, muere en horas o quizá días después de haber
llegado al mundo, uno de cada nueve. Estadística.
Cuando salí del hospital, sin bebé en brazos y con el vientre
vacío, tenía sólo una certeza, o por lo menos eso pensaba.
Sabía que no tendría hija, que ella se había ido sin previo
aviso. Sabía que no tendría un acta de nacimiento, estaba
segura de que tendría un acta de defunción y que llevaría
su nombre.
Un día después de volver a casa tuve en mis manos la única
evidencia “legal” de que había sido madre y de que mi bebé
estaba muerta, y no, no fue un documento con el nombre
que amorosamente había elegido para ella el que recibí en
mis manos. El formato simple y llano, un certificado de
inhumación decía en el apartado del nombre Feto Femenino
Álvarez Rojas. Feto Femenino.
De todas las realidades que me vi obligada a aceptar, esa
fue una de las más duras, más crueles, más evidentes de la
nulidad y la desacreditación de la sociedad ante el duelo
gestacional y perinatal. Como si mi bebé no hubiera existido,
como si mi barriga no se hubiera transformado.
[9]
Comenzaría entonces una nueva vida en la que el ¡échale
ganas!, ¡cuídate para que venga otro, el otro si se va lograr!
y “n” cantidad de frases, serían el día a día de mi nueva yo.
También la preferencia de los amigos y conocidos por no
verme, por no tocar el tema o por sonreírme como si nada,
¡como si nada!
Dejo constancia de saber que nada de eso es mal
intencionado; sin embargo, duele y mucho.
Este texto relata mi sentir y mi vida en estos últimos meses;
cuando no había sanado ni procesado la muerte de mi
hermano mayor quien perdió la batalla contra el Covid el 20
de febrero de este año y de golpe, sorpresivamente, a las
31 semanas de gestación, mi pequeña bebé simplemente
dejaba de latir.
Es de mi parte, la forma en la que dejo constancia en el
mundo de su nombre. Itzia Natalia existirá siempre en mi
corazón y en estas líneas, Natalia “día de nacimiento”, es a
todas luces la guía en mi camino, mi vela prendida
eternamente, mi rayo de Sol en medio de un eclipse de
Luna. Mi Maestra de vida. Natalia no nació a esta vida; sin
embargo, nació a la eternidad y en la intención de contar lo
que viví y lograr plasmarlo en tan simples palabras. Itzia
(princesa en Maya), Itzia Natalia, Princesa que ha nacido,
has ido a reinar en otro Universo, guía mis pasos, sujeta mi
mano y acompáñame siempre.
La vida sigue sí, vivir. Eso que ellos no tuvieron se volvió
ahora un compromiso.
Esta es mi historia.
[10]
I. ESTOY EMBARAZADA
Mujer de 33 años, profesionista, arqueóloga, libre, amante
de la vida, soltera, siempre quise ser mamá. Para aquellas
que, en algún momento de nuestra vida, deseamos ser
madres, dar vida, ver a alguien pequeño rondar por nuestra
casa, correr en los campos gritando a todo pulmón la
palabra mamá, saber que estamos embarazadas es una de
las noticias más revolucionarias y emocionantes de toda
nuestra vida, lo que deseamos y anhelamos tanto, aun
cuando nadie realmente lo imaginará, por fin se nos
presenta. Un regalo de Dios, un conjuro del Universo, un
accidente de la naturaleza, el destino o la vida que se
organizan de tal manera para que la chispa arda dentro de
ti.
Sabía que estaba embarazada, sentía que algo era
diferente, me percibía distinta, algo dentro funcionaba de
una manera como nunca antes había funcionado, mi
estómago me avisaba que mi cuerpo completo se preparaba
para una nueva y maravillosa aventura. Mi cerebro
comenzaba a gestar nuevas sustancias para preparar todo
y que Ella, tuviera un digno hogar dentro de la barriga de
mamá.
Cuando supe que estaba embarazada, recién había
terminado mi relación con su padre, una relación realmente
corta, inesperada, pasional, una montaña rusa de
emociones y sucesos que ocurrieron muy rápido y que
jamás imaginé podrían pasarme a mí. Papá no estuvo, él
supo que ella venía muchos días después de haber
desaparecido sin ninguna explicación, aunque las mismas,
[11]
estaban ya remarcadas con tinta sobre el papel de mi vida,
Él al saber la noticia, aseguró que deseaba ser parte de la
vida de este “bebé”, contrariamente a esto, simplemente
desapareció.
Muchos meses más adelante descubrí que eso tenía un
nombre, Ghosting le llaman, pero eso es tema de otra
charla.
La noticia: ¡Estoy embarazada!
Como todas las que se emocionan por esta noticia,
comunicarlo a los cuatro vientos se había convertido en uno
de los momentos que con mayor frecuencia imaginaba.
¿Cómo lo haría, únicamente lo diría, se me saldría como un
suspiro al aire, así, sin pensar, qué palabras utilizaría?, al
final lo dije como lo sentí, natural, llena de felicidad, pero
también con miedo. En casa lo supieron con un regalito, un
precioso pañalero de color blanco qué al frente decía:
“No sabemos si es niño o niña, lo único que sabemos
es que serán abuelos, prima y tíos”.
La expectativa, los abrazos, la emoción, las felicitaciones no
se hacían esperar. Por mi situación, mujer sola, obviamente
madre soltera, las primeras preguntas de mucha gente
fueron, - ¿qué vas a hacer?, - ¿lo vas a tener?, la respuesta,
-sí, claro, -sí, estoy feliz, sí, tengo miedo. Sí.
[12]
La travesía empezaba llena de temor porque la vida
cambiaría 180° para siempre pero también llena de alegría,
mi vida dio un giro, pero por una razón distinta.
Afortunada entre las afortunadas. Me rodee de gente que
supo abrazarme, que supo hacerme sentir en confianza,
personas que me dieron una enorme palmada al alma y al
corazón. Me dijeron que no estaba sola, tuve una gran
contención lo que hizo que siempre me sintiera abrigada,
confiada, tranquila y muy amada. Sabía que mi hijo y yo
tendríamos muchas manos de donde tomarnos siempre que
las cosas no fueran tan bien, cada que no “pudiera” con el
paquete, estaba consciente de lo duro que sería; sin
embargo, jamás me había sentido más capaz que en ese
momento. Era ya una guerrera y llevaba conmigo mi lanza,
mi escudo, mi triunfo. Te llevaba a ti Mi vida.
[13]
II. LOS MESES PASAN: LOS
CONTROLES
La rutina de cada mes comenzaba ahora, lo más importante
en este momento, comenzar a cuidarse, asistir al médico y
que confirme que todo está bien. Todo estuvo bien, la
bolsita, las semanas de embarazo, el tamañito. El 10 de
septiembre de 2020 comenzó nuestro camino técnico.
Como dije en líneas anteriores, fui una mujer realmente
afortunada, los amigos y la familia estuvieron siempre.
Ahora, nuestro doctor lo estaría. Era un embarazo bueno,
primera gesta, mujer sana, con sobre peso, pero nada de
qué preocuparse, son muy pocos kilos, no fuma, no bebé,
no hace ejercicio que pueda ponerla en riesgo ni al
producto. -No es un embarazo de alto riesgo, dice el doctor.
Cada mes era una comprobación de que todo estaba bien,
el útero crecía maravillosamente, el saquito se había pegado
a la pared uterina perfectamente. Mi pequeñita era fuerte,
mi cerebro había entendido el papel que jugaba y ahora
debía mandar nuevas órdenes, ¡a trabajar muchachos!
Todos estaban más que listos.
Y llego por fin el día en que oiría por primera vez el corazón,
de alguna manera, su primera y única voz. ¿Quieres oír el
latido de tu bebé?, ¿lista?, - SÍ.
Recuerdo ese pum pum pum a la distancia, como retumba
en un lugar que ya no existe, donde ya no está. La magia
de la tecnología me regalaba la mejor música de todos los
tiempos, su latido. Para cada uno de ustedes, lectores,
quienes han escuchado ese corazoncito pequeño, casi casi
[14]
de papel, pero que late tan fuerte como mil bombas
atómicas dentro de los oídos, seguramente ha sido un
instante fenomenal, suculento, sorpresivamente algo que,
sin duda, en algún segundito hizo rodar una lagrimita por
sus mejillas, a ti papá, estoy segura de que querías dejar
salir más gotitas, pero no te atreviste. Magia, amor,
esperanza, más amor y muchísimo más amor. Para mí fue
un gran momento, mi madre me acompañaba a lado y sé
que para ella también fue magia, fue divino, fue de Dios.
El cuidado preciso para que todo siga bien. Los controles
más especializados llegaron, ¡qué necesarios son!,
Pensemos que la mayoría de los bebés nacen sanos, sin
ningún problema de salud que pueda complicar su
crecimiento o comprometer su vida; no obstante, la ciencia
ha desarrollado métodos que permiten identificar
complicaciones aún antes de la concepción, cuando esta se
ha dado hay varios estudios que permiten conocer a
profundidad las condiciones del bebé al interior del vientre
materno. Nosotros, además de los controles mensuales, nos
realizamos dos más, todo apuntaba a un bebé sano, fuerte,
bien.
En la clínica nos realizamos dos estudios muy bonitos, el
primero de ellos, un ultrasonido 11-14, permitió observar el
grado de translucencia nucal, una zona en el cuello, debajo
de la nuca que a esa edad gestacional acumula un líquido;
el cual, dependiendo de los números que arroje podría
indicar la posibilidad de algún tipo de problema de carácter
cromosómico, particularmente síndrome de Down. Aunado
a ello, este análisis, puede dar un cálculo de riesgo a los
síndromes de Edwars y el de Patau, entre otros.
[15]
Fue posible también medir, con mayor exactitud, el tamaño
craneal, el hueso nasal, indicativo en otras alteraciones
genéticas, la longitud de los huesos largos, la edad
gestacional exacta y la fecha probable de parto, además de
la tendencia a preclamsia en el caso de la madre. Así cómo
es posible escuchar el corazoncito del bebé, este estudio
permitía oír el ruido uterino, ese que nuestro bebito oye allá
adentro. Las venas y arterias yendo y viniendo, llenándolo
de oxígeno y nutrientes. Por primera vez fue posible conocer
el paraíso de mi pequeño. Y la pregunta del médico, -
¿queremos conocer el sexo?, la respuesta –sí.
Y aquí estoy, contándoles mi historia como a mis grandes
amigos. Mi papá me acompaño para esta vez (y una
segunda ocasión meses después), él impresionado por lo
hermoso que se veía adentro y muy feliz al oír el pum pum
pum de los latidos del pequeño corazón de mi bebé. Los dos
oímos cuando el doctor dijo, -es 80% probable que sea una
niña.
Una niña. Mi niña.
Todo estaba bien, ella se alimentaba bien, tenía el tamaño
ideal, no tenía ninguna incidencia a algo mal. Yo, feliz.
Un mes más tarde, mi médico confirmo que, si era una niña,
mi pequeña guerrera, ni solecito de invierno, una nueva vida
a quien podría llamar hija. Y todo seguía bien.
Poco tiempo después, como el médico había indicado y con
la seguridad de que todo iba en orden, me realice un
segundo estudio muy especializado; el cual, fue diseñado
para descartar una gran cantidad de alteraciones en el bebé,
sumado a ello, tiene el objetivo de ver cada una de las
[16]
estructuras internas del pequeño: corazón, riñones, hígado,
pulmones, cerebro, cuenta deditos de las manos y pies, ver
cómo se alimenta y si la sangre que pasa es normal o no,
entre muchas más ventajas.
Mi bebé no avisaba de ninguna manera que había un
peligro, ella crecía con regularidad, todo indicaba que
nacería súper bien y que dentro de unos meses la tendría
entre mis brazos, piel con piel. Mi pequeña era perfecta,
podría asegurar que era la más perfecta de todas, ustedes
papás lo saben, los nuestros siempre serán los más bellos
entre los bellos.
[17]
III. LA MUERTE INTRAUTERINA
Nuestro camino había sido lindo, sin vómitos y sin mareos,
recién comenzaban a hincharse los pies, pero según la
bibliografía era normal, mi nenita crecía al ritmo que debía
y cada vez estábamos más cerca de conocernos, nos
conocimos de la forma que nunca desee, de la forma que
una madre jamás desea conocer a su bebé. Muerta.
Un día deje de sentir movimientos, mi pequeña nadadora
no se movía, dormía, yo creía. Yo estaba bien, contenta,
sana, comía perfecto, me movía perfecto y ella, tranquila,
pasaron dos días y yo sentía que no se movía, tenía miedo
de ir al doctor, tenía miedo de que fuera lo que tanto temía.
Por fin, tres días después fui a revisión y efectivamente, no
había latido, no lo encontraban.
No me juzguen, yo misma me he cuestionado por no asistir
al médico inmediatamente, las cosas son como son ahora y
yo no puedo más que lamentar el hecho.
Jamás he sentido tanto miedo como en ese momento,
miedo, mucho miedo, cómo no había pensado, me
mandaron por un ultrasonido urgente y no había latido, ella
le daba la espalda a la cámara, ya sólo pude ver su cabeza,
sus costillas, pero no había nada.
Y empezó el calvario.
No entendía por qué, que pasó, ¿cuándo pasó?, el técnico
radiólogo me dijo, -ahora tienes que pensar en ti, eres
joven, ¡este bebé ya no fue, debes pensar en ti!, a otras les
ha pasado más veces. ¿Cómo me podía decir eso, cómo
[18]
pensar en seguir adelante, cómo?, con tanta frialdad
escuché que mi hija había muerto y desde ahí me di cuenta
que los bebés muertos dentro del vientre materno, son para
la sociedad, poco menos que nada. Me paré de la camilla,
lloré, no entendía, no sabía que iba a hacer, no sabía que
pasaría después, tenía miedo, tenía dolor, tenía mucho dolor
y nadie podía imaginar todo lo que yo estaba pensando y
sintiendo.
Ya no estabas, te habías ido, me habías dejado cuando eras
mi esperanza, mi fuerza, la niña de mamá, la esperanza de
todos y yo no había podido, yo no había sido capaz de
traerla, de alimentarla, era mi culpa, por lo menos eso
pensaba y si he de confesarlo, algunas veces aún lo pienso,
aunque sé que no lo fue.
Llame a casa a mi hermana, ella tampoco entendía,
preguntaba al teléfono que pasó, por qué, el doctor dijo que
ese día no podía operarme, que lo mejor era hacer una
cesárea, pero ese día no era posible, acorde que la cirugía
seria el día siguiente, a las 5 de la tarde. Fui a casa, enojada,
triste, con miedo, extrañando, confundida, sin entender
nada. Cabe mencionar que este no fue el doctor que me
acompañó desde el positivo, ni siquiera lo recordé, me
bloqueé.
En casa, mi familia busco quien me atendiera de inmediato
y consiguieron una clínica, me atendieron de maravilla, me
cuidaron, me trataron con amor y ética, pero ni siquiera ahí
hubo un acompañamiento psicológico o contención
emocional. Yo, llena de miedo, sólo quería no sufrir más,
quería quedar bien para poder tener un bebé después,
¡algún día!, ya sé que en teoría es lo último que debería
pensar una mamá que lo ha perdido todo, pero lo pensaba,
[19]
lo deseaba tanto que pensar en nunca tenerlo y saber que
mi bebita amada había muerto era cada segundo más y más
doloroso. Me realizaron una cesárea, sacaron a mi niña y
por fin pude conocerla, pero no como tantas veces había
soñado.
Mi pequeña Blanca Nieves. Chiquita. Ella había nacido muy
pequeña, me dejaron darle besos, sentir su pielecita, ella
parecía dormir, hermosa como una princesa, con su piel
blanca, su pelo negro y sus labios rojos, suavecita como un
algodón, yo no pude cargarla por el efecto de la anestesia.
Mi muñeca recién nacida había llegado al mundo para irse
en ese mismo instante y yo no podía ir con ella, yo debía
seguir viviendo, por ella y por mí, algún día nos volveríamos
a ver y cuándo llegará ese momento, nunca jamás la
volvería a soltar. Mi Blanca Nieves fue sepultada entre
globos y flores, con amor, con mucho amor, mamá no
estuvo con ella en cambio, mis padres, hermana, sobrinos,
primos la acogieron como lo más valioso en ese momento,
mamá se había quedado en el hospital con el corazón roto
en mil pedazos pero con un compromiso enorme, le había
hecho la promesa de vivir y vivir feliz, mientras la besaba le
juré que estaría bien, ahora debía salir de ahí y cumplir las
promesas que le había hecho.
El diagnóstico médico. Mi bebé había nacido con varios
nudos en el cordón umbilical, era muy delgadito; además,
la placenta estaba muy calcificada, diagnóstico: Muerte
por interrupción de la circulación materno fetal.
Mi pequeña había muerto días antes en mi panza, pesaba
únicamente 1250 gr justo lo que peso en mi control de los
seis meses, mi bebé perfecta de un momento a otro y sin
[20]
saber porque sólo dejo de crecer, poco después quizá de mi
último control.
Nudos en el cordón umbilical, jamás pensé en eso, jamás
vimos eso, mi médico, el Dr. Fernando Mendoza Cano, un
hombre cauto, profesional y humano siempre fue atento
conmigo y no vimos eso, nunca.
Diagnóstico mío, mi bebé fue un regalo de 7 meses para
toda mi vida, mi maestra, mi ángel, mi fuerza. Su destino,
desde mi punto de vista, quizá no era nacer, tal vez ella
debía ser parte de una forma superior de amor, amar desde
la ausencia, con dolor, con preguntas, con angustia, pero
amar sin condición.
Nudo verdadero
10 de cada 1000 embarazos presentan una condición que
no es mortal, pero es de cuidado. Estadística. Somos parte
de la estadística. Volviendo a los números, 9 bebés de esos
10 bebés llegan a término porque el nudo o nudos no se
aprietan y el oxígeno y los nutrientes pasan, 1 bebé de esos
10 de cada 1000 muere porque el o los nudos se aprietan a
tal grado que ni el oxígeno ni el alimento pasa.
Todo parece indicar que Natalia y yo fuimos parte de la
estadística, mi bebé y yo habíamos sido víctimas de algo
que nunca se observó en los controles, ninguno evidenció
algún problema, nada, por eso jamás pensé que algo así
podría pasar. No voy a negar que en innumerables
ocasiones he pensado que soy culpable de su muerte
porque no asistí al médico cuando ya no la sentí, ¿Por qué
[21]
no lo hice?, por miedo, por preocupación, ¡cómo es que dejé
que continuará así!
Como quiera que sea, simplemente los nudos aparecieron,
mi nenita nació con el cordón muy delgadito y con varios
nudos, además de que la placenta no alimentaba
correctamente a mi bebé.
Algunas veces he pensado que quizá nunca sea madre y
que quizá merezca no serlo, es normal pensar esto pero no
hay que enfrascarse en eso, ella sabe que hice todo lo
posible para que viniera bien, jamás hice nada que pudiera
lastimarla, me cuidé como nadie, como nunca lo había
hecho, realice todos los estudios que el médico indicó, tenía
miedo, ha sido el peor momento de toda mi vida pero no lo
puedo cambiar, simplemente paso y eso cambió el rumbo
de mi historia.
Mi bebé simplemente se fue un día, así como llegó, de
sorpresa y me dejo un largo camino que recorrer y una vida
que vivir, les recuerdo que prometí que sería una buena vida
feliz, así que hay mucha tarea por hacer.
[22]
IV. VIVIR
Salir del hospital con los brazos vacíos, sin nada que cargar
más que mi propio dolor fue más duro, todo era cada vez
más duro, pero aquí sigo. Llegar a casa, ver sus cosas, ver
mi vida, la vida que había pensado con ella no estaba, ahora
yo estaba sola sin mi princesa, pero debía seguir, con dolor,
con miedo, con preguntas, con esperanza, con vida.
En este punto me es necesario hablar del duelo, que palabra
tan rara, tan cortita, pero con un significado tan complejo.
El duelo es la reacción natural ante la pérdida de una
persona, objeto o evento significativo; o también la reacción
emocional y de comportamiento en forma de sufrimiento y
aflicción cuando un vínculo afectivo se rompe 1.
Hay cinco etapas del duelo, jamás había oído de ellas y
preferiría no haberme enterado nunca.
1. Negación: el shock que te representa la noticia,
insoportable, incompresible, ¿cómo pasó?
2. Ira: el enojó, el reclamo, la desesperación
acompañan este proceso; no olvides que tienes todo
el derecho a estar enojado.
1
Meza, D. Erika, Silvia García, A Torres, L Castillo, Sauri Suárez, B
Martínez, “El Proceso del duelo. Un mecanismo humano para el manejo
de las pérdidas emocionales”, en: Revista de especialidades Médico-
Quirúrgicas, Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los
Trabajadores del Estado México, vol. 13, núm. 1, enero-marzo, 2008,
pp. 28-31.
[23]
3. Negociación: preguntarnos ¿qué habría pasado
sí?, o ¿y si hubiera?, es tan común cuando comienza
nuestro duelo; no pierdas de vista que no hay
hubieras.
4. Depresión: obviamente estará contigo, no te
sientas mal por estar deprimida o deprimido,
permítete estarlo, es necesario para salir de esta,
reconocer cada una de las emociones es
fundamental para sanar.
5. Aceptación: aquí no hay más nada, las cosas son
como son; el punto y la pregunta es ¿qué harás con
ello? Yo me lo pregunte tantas veces y hay días que
aún lo hago.
Mi andar por el duelo ha sido un sube y baja de emociones
y situaciones todos los días, he sentido creo que todo en
diferentes momentos desde que aquello ocurrió, creo que
además que en cada etapa he tenido subetapas,
aislamiento, obsesión, en algunos momentos he explotado
de la nada, afortunadamente creo que esa parte la he
avanzado exitosamente.
Tu camino por el duelo no será lineal te lo aseguro, irás y
vendrás todo el tiempo, pero llegará un momento en el que
las vueltas sean menos dolorosas. Tu vida completa se verá
trastornada por este nuevo golpe de la vida, no soy
especialista y estoy lejos de serlo, sólo trato de plasmar mi
historia, mi experiencia, las soluciones que yo encontré para
enfrentarme a lo que me estaba pasando.
Ahora venía lo más duro, otra vez cada día sería el más
duro. Me di cuenta que el dolor no se iría, prácticamente
[24]
nunca. Como siempre lo dije se aprende a vivir de nuevo;
las cosas, la vida, el tiempo, los planes, todo toma otro
significado. Un día a la vez.
Aprendí que levantarme día con día tenía otra intención de
vida. Aprendí que mis padres me amaban tanto que vivían
su dolor y el mío. Aprendí que perder algo va más allá de
no hallarlo. Aprendí que el amor es el mayor soporte, es el
bastón, son los pies y las manos de quien ha perdido lo que
tanto amaba. Leí por ahí alguna vez, ella ha perdido lo único
que no debió haber perdido nunca, y cuánta razón había en
ello.
Jamás imaginas que vas a perder un hijo, no un embarazo
aclaro, no se pierde un embarazo, se pierde un hijo. Pude
perder todo, menos eso, quizá estaba lista para todo, pero
no para la muerte de mi hija, y quién lo está.
La culpa, la irá, el reclamo, la furia, el dolor, la revancha con
la vida se vuelven el pan de cada día.
La culpa
Ninguna madre que ha pasado por esto, está exenta de
sentir culpa, todas lo sentimos, todas. ¿Qué hice mal,
porque no descanse más?, ¡tal vez si hubiera ido con otro
médico!, ¡si no hubiera comido o tomado eso!, ¡si no me
hubiera tomado esa pastilla!, ¡si no hubiera!, tantos
hubieras.
Platicando con Paty Botello, tanatóloga, me cuestionó
acerca de, ¿y si hubieras ido antes al médico?, ¿algo sería
diferente?, no lo sabemos, lo más probable es que nada
sería distinto, mi bebé simplemente no está, esa es la
[25]
realidad y hay que afrontarla y te puedo decir, mamá o
papá, que esta realidad también se abraza. Siempre le digo
a quien me pregunta que agradezco enormemente el dolor
también porque forma parte de la maravilla de haber sido
madre, no el ideal, pero si una mamá especial.
A los lectores, no conozco madre que se haya cuidado tanto
como yo, ame a mi hija desde el momento uno, me cuide
como nadie, comía a mis horas, brócoli, carne, arroz, cereal,
menos dulces, menos pan, muchas frutas, las vitaminas no
faltaron, el ácido fólico siempre a tiempo, agua, caminaba,
meditaba, me cuidaba para ella y para nosotras así que
objetivamente sé y reconozco que no fue mi culpa.
¿Qué había hecho entonces para que ella no llegará a vivir
fuera de mi vientre?, no lo sé, no sé si cambiando algo de
aquello que hice ella estaría aquí, lo único que sé, es que
Natalia y mamá nunca se vieron a los ojos.
Hoy, aun puedo decir que hay días que siento culpa, aunque
no lo digo a nadie. Sin embargo, sé que jamás habría hecho
algo que la lastimará, todo lo que hice desde el día que vi el
positivo fue cuidarme, cuidarla, amarla un montón, como
jamás pensé amar a nadie y menos, a alguien que no
conocía.
A ti mamita, no eres culpable, tu amor no tiene culpa, tu
amor es puro, es pleno, es infinito, es inconmensurable, es
humano. No pienses que Dios te ha castigado por algo. Tu
bebé es la prueba de amor más grande que puedes tener,
amar aun cuando no hay nada físico a que aferrarte, en que
sostenerte es a todas luces, la muestra de que somos algo
más que sólo carne. Deja de pensar en los hubieras, vive
agradecida de esos meses, de ese tiempo, de esos latidos.
[26]
Es difícil, lo más difícil, pero se puede. Ellos, aún en la
muerte son vida y su vida es amor.
Atrévete a perdonarte, incluso a no culparte por volver a
sonreír, en mi caso he tenido momentos en los que me
cuestionado si tengo derecho a ser feliz y claro que lo tengo,
me lo merezco, merezco perdonar cada uno de los
reproches que yo misma me hago, tengo tanto derecho a
volver a sonreír que, sin duda, me di permiso de sentir culpa
y nombrarla para poder sacarla de mi vida pronto. Es
fundamental reconocer cada pensamiento, cada
sentimiento, entre ellos la crueldad de la culpa.
No lo mereces mamá, no mereces vivir cargando ese
tremendo costal, déjalo salir, no te ahogues tu sola en ese
mar de golpes, todo a su tiempo y recuerda que se puede
ser feliz y tienes todo el derecho a serlo, tu bebé jamás se
irá de ti aun cuando ya no le llores o incluso, aun cuando
tengas más bebés.
La irá y el reclamo
Estuve enojada mucho tiempo, exploté, grite, demande mi
derecho a reclamar. Alguien, el día que supe que ella no
latía, me dijo, -tranquila, ¿tranquila?, ¿qué madre podría
estar tranquila cuando acaba de recibir la peor noticia de su
vida?, ¿qué madre no cuestionaría a Dios?, no conozco a
ninguna.
¿No tenía derecho acaso a estar iracunda?, ¿no podía
gritar?, claro que podía, era mi derecho y alguien me lo
estaba quitando en ese momento. Yo, lo único que tenía era
mi enojo, ¿por qué?, así que me enojé cuanto pude,
[27]
cuestioné cuanto pude, ¿por qué a mí, por qué a ella?
Cuestione tantas veces a Dios cuando escuchaba o veía a
madres con bebés, ¿porque ellas sí y yo no?, ¿por qué ella
si tiene a su bebé y yo no, no tengo derecho acaso?, ¿qué
hice para que ella no naciera?, me llene de miedo, de dolor,
de pensamientos nada favorables. Dios me había
traicionado, Dios me había dejado, Dios me había negado
la oportunidad de conocer a mi hija, me la había quitado.
Tienes tanto derecho mamá a estar enojada, no permitas
que nadie te arrebate eso, reclama todo lo que necesites,
¡grita!, desee tanto gritar más, gritarle a Dios que me la
devolviera. Después, cuando el enojó haya pasado estarás
lista para continuar, lo necesitas primero, antes que nada.
Desahógate. Tampoco hay prisa, date tiempo para eso
también.
Es normal que estés enojada, muy comprensible pero tu
trabajo de ahora en adelante será aprender a liberar ese
enojo, a no sacarlo sobre aquellos que no tienen la culpa de
lo que nos pasó, debemos aprender también que, aunque
es lógico que sintamos rabia, nadie tiene porque sufrirlo con
nosotros, debemos ser conscientes de eso y respetuosos.
El coraje, el enojo, el fastidio son completamente normales,
nadie que te diga lo contrario debe ser escuchado por tus
oídos, desde mi punto de vista, es fundamental que
aprendamos a poner orden en lo que sentimos, de esa
forma podremos ir purgando cada parte de toda esta nueva
realidad. Date tiempo y espacio para sacar tu enojo y con
ello, la sanación llegará de poco en poco, ese curita que
cubra tus heridas podrá adherirse perfectamente a la piel y
ayudará a que la cicatriz vaya tomando forma.
[28]
Hoy puedo decir, que no es Dios y que la vida no ha sido
mala, simplemente son cosas que pasan y nos tocó a
nosotras, debemos aprender a vivir con eso y a encontrar la
magia y lo bello en todo esto, de mi parte, he conocido a la
mujer que no sabía que era, la capacidad de amar, de ser
paciente, a agradecer incluso lo terrible que me sucedió
porque me ha formado y por lo menos puedo llevar a mi
hija a espacios que nunca imagine, a las letras.
La tristeza y el llanto
Las lágrimas van contigo, amarradas a tu alma desde el
momento que el doctor te dice que no hay latido. Las
lágrimas parecen ser esas caricias que no tendrás de tu
bebé y salen sin siquiera pensar en ellas. Vendrán cuantas
veces sean necesarias y nadie puede cuestionarte nunca la
cantidad de ellas, llora mamá, llora, los mares se llenarán
de lágrimas y tu seguirás llorando.
A mí, mi familia me ha dejado llorar, me han permitido sentir
y sacar lo que me haga falta, he entendido que dejarlas salir
es parte de sanar, hablar de tu bebé y llorar es una dupla
que ira junta mucho tiempo, no midas tus lágrimas, no
midas tu tristeza, déjala salir, déjala estar, permítete vivir tu
duelo, tu tristeza, tu desolación.
Las lágrimas son como la corriente de un río al deshielarse
una montaña nevada, el agua vendrá con tanta furia, pero
cuando el hielo se haya derretido todo, el afluente será más
tranquilo. Verás el paisaje más claro, más limpio, el aire
correrá y sentirás cada lágrima con suavidad.
[29]
Cuando pierdes un hijo, las lágrimas parecen ser la caricia
de ellos en nuestro rostro. Llorar es parte de la vida, llorar
es el precio del amor que no encuentra en donde posarse,
llorar es hermoso, es pleno, sana, cura y después de tantas
lágrimas, te juro mamá, que vendrán las sonrisas.
Habrá días también en que sientas tristeza, sientas que no
puedes sonreír y se vale, no te obligues a reír, no te obligues
a decir estoy bien. Deja que esa tristeza viva lo que tenga
que vivir, al final de todo, también la tristeza va a tocar
fondo.
Cuando menos te lo esperes, habrás cambiado la tristeza
por agradecimiento y serás capaz de sentir alegría al
recordar a tu pequeño, mi Natalia aún en la muerte me ha
enseñado la verdadera cara de la felicidad, no es perfecta,
no es como Disney me la había contado. La felicidad para
mí es aceptar la situación que vives, reconocerla, y con ello;
agradecer los momentos que han llegado a tu vida.
No sé por qué, pero hoy puedo decirte mamá o papá que
hay un para qué, en mi caso, tengo una maestra de vida.
Una que nunca vi viva pero que me ha acariciado en mi
llanto, en mi dolor, en mi tristeza y que me enseña día a día
que soy fuerte y soy muy valiente, sé que nos enoja que
nos digan eso porque preferiríamos no haber tenido que
serlo, pero ocurrió.
Por la mañana, escuche a una tanatóloga, Gaby Islas decir:
“las lágrimas hacia a fuera sanan, las lágrimas hacia adentro
causan frustración”, yo agregaría que dentro de esa
frustración va todo el miedo, el coraje, la desolación, el
dolor, la pena, el agobio y todo eso que necesitamos ir
soltando. Permite que así sea, una lágrima a cambio de
[30]
todas las sonrisas que te quedan por dar, algún día
estaremos listas.
El miedo
Es natural sentir miedo a la perdida, a la que sea, tener
miedo a no volver a sonreír es natural, es humano, este irá
saliendo poco a poco pero no te lo niegues, reconócelo,
acéptalo.
Ser mamá es algo que, en lo personal, no he dejado de
desear. He conocido madres que jamás volvieron a
embarazarse, algunas porque no pudieron, otras porque no
quisieron, otras simplemente ya no lo desearon, el miedo
ha acompañado a cada una.
Yo, sigo deseando ser mamá, y tengo miedo, por un lado,
de no encontrar una pareja para ello, de no volver a
sentirme mujer, de que vuelva a pasar, el miedo. No te voy
a negar que me acompaña, pero deseo sobre todas las
cosas ser madre, tener la oportunidad de gestar otra vida y
de que esta llegue a mis brazos. Le pido a Dios me conceda
ese regalo y que sea cuando ese nuevo bebé tenga una
mamá completa, con cicatrices sí pero funcional y plena.
Cúrate primero, asiste a terapia, recoloca a tu hijo, dale un
lugar en tu familia, aunque no esté. En mi casa, Natalia
existe, acá entre nos, creo que ha venido varias veces, ha
jugado con mi sobrina, Natalia vive en mi casa, en cada
rincón que había pensado para ella, en sus cosas, las que
aún me quedan, no me he desprendido de todo, todo a su
tiempo, cómo te dije al principio. Un día a la vez.
[31]
El miedo a perder lo que amo me acompaña aún, sé que
debo entender que las cosas no tienen por qué ser iguales
de nuevo, pero no hay prisa, todo a su tiempo, decidí darme
permiso de sentir todo.
Los servicios médicos
En México, como en muchos lugares del mundo entero, los
servicios sanitarios no están preparados para atender
integralmente a una familia o a una madre que acaba de
perder a su hijo. En mi caso, un médico me dijo que no
había latido y me envío con un radiólogo a un estudio más
específico; él, tan frío y tan acostumbrado al dolor ajeno fue
duro, fue cruel, me dijo que ese bebé estaba muerto y si, lo
estaba, pero fue tan fácil para el decirlo que me cayó otra
vez, como balde de agua fría.
Unas horas más tarde, fui internada en una clínica donde
nacería mi bebé, los ginecólogos y enfermeros fueron gente
muy amable, muy humana, me trataron bien, me cuidaron
y creo que la cuidaron a ella, yo pude verla y besarla, pero
habría sido fantástico poder cargarla y tenerla unos minutos
conmigo, en mis brazos. Espero mamita que lees esto, que
tu hayas podido crear recuerdos con tu hijo o hija, yo sólo
tengo uno, el de su cuerpo envuelto en una cobijita rosa,
con sus manitas cruzadas y sus ojitos cerrados, como la
Bella durmiente que es, habría deseado poder tomarle más
fotos, sólo tengo una de ella en su cajita, quisiera haber
tenido sus manos entre las mías y quizá alguna huella de su
piecito, ese que aun siendo tan pequeñito ha marcado mi
vida como los meteoritos que golpean una y otra vez la
Luna.
[32]
Es necesario que haya acompañamiento psicológico en los
centros de salud, que sea posible que te den un momento
a solas con tu pequeño, tanta falta hace no solo la
preparación científica sino la humana.
Sé que en algunos lugares permiten a la mamá hasta
bañarlo, vestirlo, pero no en todos, en España hay mayor
atención para casos como el mío, sé que después de que
nos pasan estás casos nos volvemos expertos, sería genial
no tener que serlo.
La familia y tu red de apoyo
La muerte es un tema del que no se habla en la familia,
cuando alguien habla acerca de lo que desea que hagan los
familiares cuando muera es común que los parientes
contesten, - ¡no digas esas cosas, estás loco! El tema de la
muerte, debería ser algo que nos acompañe todo el tiempo,
es normal, es natural, cuando nacemos la única certeza que
tenemos es que vamos a morir, tarde o temprano. Pero
cuando se habla de una muerte intrauterina es todavía peor,
la familia no piensa en la muerte de ese bebé, ¡cómo!; sin
embargo, existe, siempre es una posibilidad, la mamá jamás
imagina que su bebé puede morir a no ser que el médico lo
advierta. Cuando todo ha ido bien, cuando no hay ninguna
amenaza de nada y de la nada, de un momento a otro tu
bebé muere, es todavía peor, que quede claro que pienso
que cada perdida es la más fuerte de todas.
En mi familia, jamás lo imaginamos y cuando llego, en
menos de un mes con dos golpes tremendos, la muerte
simplemente arraso, salió triunfante y nosotros
destrozados.
[33]
Natalia fue un bebé deseado, amada desde el inicio, tanto
amor en alguien que aún no conocíamos. Mis padres tienen
una nieta en otro plano, la aman profundamente, mi
hermana sabe que ella existe y hablamos de ella, en mi
casa, se habla de ella y a veces nos ponemos tristes, pero,
sobre todo, hablamos desde el amor infinito que ella nos ha
dejado: mi bebé estrella tiene una hermosa familia.
Nunca antes había escuchado o no había puesto atención
es este término, tu red de apoyo, cuando me dieron la
noticia fui descubriendo que afortunadamente mi red de
apoyo estaba construida. Había que fortalecer lazos, ser aún
más empáticos, pero todo funcionaba y lo agradezco, me di
cuenta que sin querer tenía un gran soporte en casa y que
también, de alguna forma, lo tenía con mis amigos, había
una relación de respeto y, aun así; algunas frases o
comentarios hirientes salieron a flote.
Seguramente alguien te dijo el clásico, ya vendrán otros, o
quizá, habría sido peor si la hubieras visto sufrir, que
doloroso es escuchar esto. Para mí incluso que me dijeran
que era muy fuerte era como una bofetada al alma porque
habría preferido no tener que serlo, habría preferido el dolor
en los pechos por el inicio de la lactancia, habría preferido
las horas de desvelo en vez de ser mamá sin bebé. Sé que
nada me lo dijeron para lastimarme, sin embargo, hubo
momentos que preferiría no haber escuchado nunca, nada,
ni el más tenue silbido del viento.
No olvides el autocuidado, si hay un sitio donde no te sientes
comprendida, date la vuelta, si no quieres hablar no hables,
si no quieres oír las penas de lo demás dilo, a veces la gente
supone que comparando las pérdidas dejará de dolernos, y
[34]
no, nuestro dolor como el de ellos es tan válido y tan grande
como el suyo, es propio, es único, es tuyo y tienes derecho.
Tu red de apoyo no está ahí para forzarte a salir adelante o
para ayudarte a olvidar. Tu red de apoyo debe ser aquella
donde te sientas libre, en paz, donde sepas que si lloras
nadie te dirá que no lo hagas, te dejarán hacerlo y estarán
ahí cuando estés listo. Una red de apoyo deberá servir para
que cuando caigas de nuevo en este camino largo del duelo,
permanezcan a tu lado hasta que te levantes, ellos te aman
y mucho y tú los amas a ellos, el amor, querido lector, estará
presente, aunque no parezca.
Tiempo al tiempo, lo has oído mucho últimamente, pero te
aseguro que el tiempo, de la mano con la gente que amas
y te ama, logrará que vuelvas a sonreír.
Volver al trabajo
Volver al trabajo, si es que ya lo hacías antes puede ser muy
complicado, te lo aseguro, pero permítete regresar a tu día
a día, no hay prisa, no hay tiempo escrito, pero sin duda te
ayudará.
Los primeros días para mí fueron terribles, salir de casa y
no tener que dejar a mi pequeña fue muy doloroso; sin
embargo, poco a poco, fui aprendiendo a vivir de nuevo, a
llevarla en mis pensamientos, a entender que cada
momento de mi nueva vida también era por ella.
En tu centro de trabajo quizá te eviten, otros tal vez se
acerquen y te digan cuanto lo sienten, volverás a llorar y te
preguntarás por enésima vez por qué, pero volver al mundo
siendo un ser humano completamente funcional es parte de
[35]
la vida, la vida que sigue más allá de todo y en lo personal,
vivir es una promesa que hay que cumplir, a mi bebé y a mí
misma.
Usa el trabajo como un medio para ayudarte a sanar, no es
una obligación ciertamente, pero si no quieres quedarte
para siempre en el punto en el que estas, sabrás moverte,
aunque sólo sean unos pasos. Yo sé que para cada uno de
nosotros la vida no volverá a ser la misma, pero creo que
vivir puede tomar un sentido hermoso, nuevo,
esperanzador.
El trabajo, de alguna u otra forma, podrá ayudar a que
aprendas a vivir de nuevo, incluso las cosas que se supone
sabes hacer tendrán otro ritmo, es posible que pierdas la
concentración muchas veces, que te cuestiones si eres
buena o bueno realmente en eso, lo más importante aquí
es que no te exijas ser perfecto, eres tan capaz como las
circunstancias te han permitido, debes darle a tu cuerpo y
a tu mente su espacio, libertad y sobre todo, tente mucha
paciencia, las cosas tomarán su curso y cada una de ellas
tendrá su propio peso en esta nueva realidad.
Los malestares físicos
Yo creo que todas las madres que lean esto entenderán a
que me refiero con lo que acá escribo, de repente parece
que duele todo, como si una enorme roca nos hubiera caído
encima. Y si, parte de eso es la depresión, el dolor de
cabeza, el cuerpo, quizá las gripas recurrentes; pero hay
otras cosas que nos ocurren y que son comunes en los
procesos de duelo, yo hablo del mío particular.
[36]
La memoria a corto plazo se vio muy afectada durante un
tiempo, olvidaba todo, aún hay ocasiones en las que no
puedo recordar algunas cosas.
Cuando estuve embarazada, no recuerdo donde escuche,
que durante el embarazo el cerebro obviamente ordena
prioridades, una de las cosas que se vuelven menos
importante es recordar algunas tareas que no tienen que
ver con nuestro bebé. Quizá nos volvemos menos eficientes
en las tareas del trabajo y esto tiene todo un sustento
científico, la prioridad ahora es el bebé al 100% así que
nuestra memoria se vuelve selectiva. Algo parecido ocurre
con nuestro cerebro cuando nuestro bebé muere.
Si ya químicamente nuestro cerebro estaba preparado para
que la prioridad fuera el bebé, al morir nuestro pequeño, el
cerebro primero tiene que entender que ya no hay nadie
más a quien cuidar y proteger más que nosotras mismas,
he ahí el primer problema, la química cerebral hace un gran
trabajo en muy poco tiempo. Tiene que cambiar el chip.
Posteriormente, y esto es experiencia personal, hay cosas
que no vas a recordar, simplemente no son importantes,
hay cosas que se olvidan y es natural, completamente
natural.
Ahora nuestro cerebro deberá ponerse en orden, saber que
ya no son dos organismos a los cuales hay que alimentar,
nuestro cuerpo, que ya había sufrido varias
transformaciones debe volver a su estado normal y eso
llevará su tiempo.
Si te sientes adolorida, descansa, date masajes, consiente a
tu cuerpo y descansa, si te es posible escribe las ideas que
[37]
vayas teniendo y trata de darles orden, es posible que esto
te ayude para darle estructura a tu nueva vida.
El acompañamiento
Tristemente, pocos entenderán realmente el tamaño de tu
dolor, te ayudarán sí, estarán contigo sí, habrá especialistas
que logren ese enlace contigo y que te acompañen
plenamente en tu camino, tendrán su momento y quizá sean
suficientes para ti unos días, unas semanas, unos meses,
cada persona estará contigo el tiempo que deba estar, pero
no vayas sola o solo en el camino, acompáñate de alguien
más, alguien que sobre todo te hable desde el respeto, la
empatía y el amor. Piensa en tanatología, psicoterapia,
grupos de apoyo, lo que tu necesites, lo que te haga sentir
poquito menos mal, lo que te motive, lo que te permita ser,
tú decides.
Es importante que no olvides que tu acompañamiento no
tiene prisa, la gente que este contigo no debe ser quien te
diga –ya pasaron muchos meses, debes estar mejor, -
supéralo, -debes darle la vuelta a la página, o –habría sido
peor si lo hubieras conocido, ¡no!
Debes sentirte cómoda de hablar o de incluso no hacerlo,
quien este a tu lado debe respetar tus emociones y tus
necesidades. Yo recuerdo que una semana después de la
muerte de mi niña, mi familia iría a visitar la tumba de mi
hermano, quien como mencione murió de Covid un mes
antes. Yo quería ir también, entendía que debía tener
muchos cuidados por mi cirugia; sin embargo, quería ver
donde estaba mi niña, donde dormía ya que no estaba en
mis brazos. Mi madre no quería que yo asistiera, no era
[38]
bueno para mí, ¿no era bueno para mí?, ¿por qué me haría
daño?
Después de mucho insistir y prácticamente amenazar de ir
sola en caso de que no me llevasen, conseguí acompañarlos
y desde el auto, estacionado a unos cuantos metros de la
tumba, logre ver ese montoncito lleno de flores, donde muy
a mi pesar yacía mi bebé. Un momento muy doloroso, pero
también tranquilizador porque sabía dónde habían dejado a
mi niña. Ese es el acompañamiento que necesitamos, el del
respeto a nuestras emociones, a lo que necesitamos,
siempre consientes objetivamente de lo que nos hace daño.
Yo encontré la gallina de los huevos de oro, una red de
acompañamiento para padres que han pasado por la
pérdida gestacional, perinatal o en la primera infancia2, un
sitio en el que de manera virtual, espero que por ahora, nos
enlazamos con otros que comprenden perfectamente el
tamaño de la pérdida, han cargado ese costal en otro
momento, y te puedo asegurar que sentirte comprendido
por gente que sufre o ha sufrido por la misma causa es una
recarga de vitaminas incosteable.
Además de eso, descubrí que para tristeza pero sobre todo,
por amor, hay gente preocupada y atenta a esto que duele
tanto y de lo que se habla poco, leer y escuchar a gente
como Georgina González3, Gaby Pérez Islas 4 y n cantidad
de personas que habiendo o no pasado por el doloroso
proceso de la pérdida de un hijo, han allanado el camino
para que las que vienen junto conmigo y después, tengamos
2
[Link]
3
Duelo respetado
4
Tanatóloga con una profunda empatía.
[39]
un hombro que pueda soportar nuestro dolor, unos ojos en
los que podamos vernos en el futuro, la esperanza de que
hay algo más allá del dolor, de que se puede ser feliz
después de tanto sufrimiento.
Es hermoso saber que no somos los únicos, que no estamos
solos, si te sirve la información, es toda tuya.
La responsabilidad que no pedí
Yo no pedí esta nueva realidad, yo no pedí que mi hija
muriera, jamás lo habría imaginado siquiera. No pedí que
mi hermano pereciera víctima de Covid, nada de eso había
pasado por mi mente en ningún momento; sin embargo,
pasó, es real y me tocaba vivir con eso.
No era responsable de ser ejemplo para nadie, de salir
adelante ni de echarle ganas. Pero si era responsable de
una cosa, de la forma en la que iba a vivir de ahora en
adelante.
Hoy tengo ganas de decir que decidí vivir y vivir feliz, de
disfrutar el resto de mis días, no voy a negar que hay
momentos en que la tristeza vuelve y lloró, soy humana y
además una humana muy llorona, con todo eso, la vida es
un paquete que resolví tomar entre mis manos, abrirlo y ver
que tantas sorpresas me tenía preparadas.
Tú decides que hacer con lo que te tocó vivir, puedes
escoger permanecer en el sitio de batalla, yo no soy capaz
de decir que haces mal, yo creo que el dolor personal tiene
un sentido y sólo tú sabes en que momento te levantas y
cambias de escenario.
[40]
Hay dos caminos, aquel en el que decidas dejar tu casa
como está o en el que optes por construirla nuevamente, el
primero será aquel en el que no decidas cambiar nada, en
donde prefieras condolerte de tus propios golpes, ir
apesadumbrado por el mundo hablando de tu perdida y del
inmenso dolor que te ha causado. Puedes elegir quedarte,
es tu decisión, seguro habrá un sentido eso.
El otro camino va a ser duro, muy duro, tendrás que
enfrentarte a lo que sientes, a lo que te causa recordar cada
parte de lo que ocurrió, a verte en cada madre que lleva un
niño y sentir envidia, entender porque la sientes, un camino
en el que deberás trabajar en esas emociones nuevas que
preferirías no haber conocido nunca. Aprenderás el
verdadero sentido de la vida y de la muerte.
En este nuevo camino que tú eliges también hay premios,
la dicha de volver a sentirte pleno y bendecido, agradecer
cada momento, incluso la pérdida porque te mostro una
forma de amor que es bonita tambiéon, es divina.
Tu eres responsable de la forma en la que decidas vivir a
partir de la muerte de tu hijo o hija, eres libre de elegir la
ruta. Permítete elegir el sendero más hermoso, te puedo
asegurar que los hay. El camino del amor incondicional y
eterno.
La resignificación de mi hija
¿Y qué es esto?, ¿la muerte de mi hija puede tener un
sentido?, para mí sí.
Sin duda alguna en los últimos meses, ser mamá o papá se
había convertido en el tema principal en la mesa, en tu día
[41]
a día; y ¿qué pasa cuando no hay hijo?, ¿ya no seré papá o
mamá? Lo serás, lo eres.
Tu hijo no está en esta tierra, pero no dejas de ser su madre
o padre, dale un lugar en tu familia, según el número de
hijo que sea, de sobrino, de nieto, de hermano, de primo.
Además, llegará un momento en el que entenderás el
sentido de lo que paso, y no porque la muerte en sí misma
tenga una razón de ser, es simple biología, la ley de la vida.
Se trata de comprender el sentido que tuvo en tu vida lo
que ocurrió, como tomas la figura de tu hijo en tu
metamorfosis, en la cotidianeidad, quizá no era el momento,
tal vez lo verás a los ojos en otro instante.
Es común escuchar esa famosa frase de -las cosas pasan
por algo, habría preferido que no me pasará a mí, pero si
ahora me dijeran que voy a embarazarme y que a los 7
meses va a morir mi pequeña y me dieran la oportunidad
de elegir no pasar por este dolor, diría otra vez sí quiero, sí
acepto; porque jamás imagine sentir tanto amor por alguien
y que paradójicamente este amor que no puede posarse
sobre nada, me sostuviera, para mi ese así el sentido de mi
hija. Sostenerme, mostrarme que el amor no está en la
carne o en poder estar con quien se ama, está más en lo
profundo y cuando es verdadero la fuerza que da es infinita,
rompe barreras de tiempo y espacio, trasciende umbrales,
vive aun después de la muerte.
La muerte de mi Natalia, me rompió en mil pedazos, algunos
de los cuales no he logrado pegar, pero quiero contar que
soy una persona más fuerte, decidida, alguien que ha usado
el dolor para fortalecerse en cada momento.
[42]
Más adelante, no sé cuál piense que sea el sentido de la
muerte de mi pequeña, hoy puedo concluirlo aquí.
Amar desde la ausencia
La lección más grande es ésta, amar desde la ausencia,
amar cuando no hay a quien. Amar aun con dolor. El amor
de una madre es inexplicable, no tiene fin, es celestial, es
para siempre.
Amar, se ha convertido para mí en un verbo muy cercano a
agradecer, celebrar la vida también. Hoy celebro haberla
tenido conmigo, poder conocerla y amarla hasta la
eternidad.
Estoy segura mamita que aun en tu dolor, eres capaz de
celebrar su vida, que hermoso, que gran regalo poder sentir
aun con dolor tanto y tan profundo amor, yo quiero pensar
que somos parte de los elegidos que pueden tener un ángel
de a de veras en el cielo, yo, hoy no puedo más que
agradecer esta nueva oportunidad que me dio el destino de
vivir, de ser su mamá, agradecer haberla sentido y
escuchado.
Y sé que te preguntarás, ¿cómo puedo agradecer que mi
bebé este muerta?, no eso no se agradece, eso sólo paso y
ya, se agradece estar hoy y ahora, poder sentir amor e
incluso dolor, porque desde mi punto de vista, sentir dolor
también es una muestra del gran amor que tengo por mi
bebé y el reto a vencer es transformar ese dolor poco a poco
en inspiración, en amor, en agradecimiento.
[43]
V. RESILIENCIA
Qué palabra tan nueva para muchos, quizá había escuchado
el término, por lo menos yo tenía una idea de a qué se
refería. Según la Real Academia de la Lengua, se trata de la
capacidad que tiene el ser humano para asumir o enfrentar
con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, la
psicología ha agregado además que una persona resiliente
será aquella que no sólo supere una crisis, sino que salga
fortalecido de ella.
Y entonces me preguntaba, ¿cómo es que se sale más
fuerte de una pérdida cómo está?, sabía que otros habían
perdido más hijos, gemelos quizá o tres o cuatro abortos
previos; pero mi dolor era muy grande, era enorme, ¿cómo
entonces podría estar mejor?, la verdad no lo sabía, pero
día a día fui entendiendo de que se trataba, además, lo
había prometido.
En la cultura japonesa, existe una palabra para definir el
arte de reparar objetos de cualquier tipo con una laca de
oro, nació quizá en el siglo XV con el fin de resarcir
cerámica, la leyenda cuenta que Ashikaga Yoshimasa,
emperador de Japón, envío un tazón de té a China para ser
reparado pero el resultado había sido desafortunado; luego
entonces, los artesanos comenzaron con la tarea de lograr
que las reparaciones fueran funcionales y además
hermosas, nació así el Kintsugi, una técnica que no sólo
reparaba objetos sino que hacía que visualmente fueran
muy bellos; ya que se le aplicaba a cada pieza un baño, un
[44]
polvo o una resina con oro o platino. Podían repararla
únicamente pegando las partes y tintando la resina,
agregaban también faltantes del mismo color o adherían
fragmentos de otros objetos, el resultado siempre era algo
hermoso, algo que merecía la pena cuidar, mostrar y
preservar.
Los objetos que han sido reparados con la técnica del
Kintsugi son muy preciados, se consideran muy bellos, sus
grietas son la muestra de que han salido victoriosos tras los
golpes que han recibido, se ha tenido paciencia con ellos,
cuidado, amor en su recuperación, son evidencia de que aún
después de un evento catastrófico que arrasa de pies a
cabeza se puede lucir y brillar precioso.
Imagina que tu taza favorita ha caído desde el borde de la
mesa, se ha roto en varios pedazos y te sientes triste y
enojado porque la has perdido, pero te encanta, tienes dos
opciones: recoger todo y tirarlo a la basura o levantarla y
tratar de unir los fragmentos, tal vez nos quede horrible,
pero es nuestra taza, podemos esforzarnos mucho y hacer
que finalmente luzca muy linda. No quiero decir con ello que
guardes todo lo que se rompa, estoy poniéndote en el lugar
de la taza. El Kintsugi se ha usado mucho para hablar de la
recuperación a mejor de una persona que ha sufrido.
Pensar en los objetos Kintsugi me ha sido de mucha utilidad,
saber que, si tengo paciencia, me esfuerzo, dejo que las
grietas dejen salir todo lo que me hace daño y me reparo
poco a poco, con amor, con cuidado, con devoción;
sabiendo que no estaré rota siempre, que algún día mis
partes pegarán y que no se trata de verme como antes ni
de verme inquebrantable. Se trata de reconocer que aun
con mis heridas puedo brillar, que siempre habrá una o
[45]
varias formas de salir victorioso, de fortalecerme, que la
muerte de mi niña estará ahí conmigo siempre pero que, así
como el oro embellece un plato o una taza, el amor que
siento por mi hija, aún en la ausencia, me hace un ser
humano fuerte, bello, que sonríe, capaz y que vive con un
compromiso profundo por vivir y vivir bien.
Yo pasó aun por días complicados, hay momentos en que el
llanto vuelve. He logrado darle un lugar a mi bebé en mi
vida diaria, ella existe de alguna u otra manera. No quiero
que piensas que estoy perfecta, no, soy tan humana como
cualquiera, con una motivación muy grande que seguro tú
también encontrarás.
La muerte de nuestros bebés no es un castigo, pero
tampoco un premio, son simplemente cosas que suceden y
como dije antes, tu eres libre de decidir qué quieres hacer
de ahora en adelante. Si prefieres no hacer nada y vivir
triste, estás en tu derecho, nadie debe reprocharte nada;
pero si decides vivir y vivir feliz, bienvenida, el camino es
difícil, pero tu bebé y tu merecen una gran vida. Somos
como esos tazones japoneses reparados con oro, igualitos.
[46]
VI. RECOMENDACIONES
PARTICULARES
Gracias por llegar hasta aquí, como te diste cuenta, no soy
una gran escritora y tampoco tengo un orden en lo que
escribo, te hablo desde mi corazón. Deseo que estas líneas
te hayan acompañado un poco en tu camino, en el kilómetro
en el que vayas, espero que poco a poco veas el amanecer
y que las noches oscuras sean sólo para dormir.
Desde lo que he vivido quiero decirte que te dejes sentir lo
que sea en el momento en el que sea, no limites lo que
dices, lo que sientes, lo que necesitas. Te invito a vivir tu
duelo en libertad, arrópate, abrázate tanto como quieras.
Elige quien quieres que te acompañe en el camino, en este
momento de tu vida debes ser cuidadosa, tú sabrás que
personas te hacen sentir seguro o segura, confiable, quien
no te lastimará. Cuídate.
Come lo que tu cuerpo te pida, pero si has decidido salir del
agujero piensa en lo que tu cuerpo necesita, duerme lo
necesario, vitaminate, es fundamental para tu recuperación
y cuando tengas hambre, piensa en lo te nutre, te invito a
moverte, a hacer un poquito de ejercicio, a bailar con la vida
cuando así lo decidas, te prometo que ayudará, evita los
azucares refinados porque pueden hacer que engañes un
poquito a la tristeza. Ojo, no creas que todo esto es al día
siguiente de haber perdido el alma, no, todo a su tiempo,
unos meses, unas semanas quizá, tú sabrás cuando.
Aunque los pasos sean chiquitos son un gran avance.
[47]
No dejes que nadie te diga –no estés triste, ¡no!, di que
estas triste y que tienes todo el derecho a estarlo, di que
para estar bien necesitas caminar por esa tristeza, atravesar
la noche más oscura. Y no olvides que pedir ayuda es de
valientes, si despertaste después de haber pasado la
primera noche sin tu bebé, eres la persona más valiente del
mundo entero. No estás sola ni solo.
Te invito también a escribir un diario, no se trata de que
seamos los grandes escritores, el Oscar Wilde del 2021, sólo
pienso que escribir nos permite ordenar las ideas y con ello
los sentimientos y emociones, plantearnos las preguntas
adecuadas y llegar a conclusiones acerca de cómo
queremos leernos en esas líneas.
Ha sido un camino largo, cada día lo es, pero también ha
sido un ir y venir de aprendizajes, de madurez, de
compromiso que jamás había imaginado tener. En estos
meses, he aprendido tanto de mi como nunca antes, he
probado lo fuerte que puedo ser y si sabía que era alguien
crítico con mi vida misma, mi nueva realidad me mostro lo
hermoso que es poder observarse desde afuera.
Mi pequeña bebé desde allá donde vive, porque sé que vive,
no me ha dejado ni un solo día, siento su amor, su
presencia, su piel, aunque nadie lo entienda. Sé que algunas
veces me ha enviado mensajes y me dice que está bien.
Al final de todo, te juro que voltearás atrás y agradecerás
haber vivido y verás en tu caminar la sonrisa de tu bebé,
allá, en las estrellas. Te aseguro que nuestros hijos han
formado un enorme un ejército que hace fiesta cada que
una mamá o un papá en duelo se atreven a sonreír.
[48]
No me queda más que hacer hincapié en las ventajas de
agradecer:
Agradezco por la oportunidad de vivir más allá de mi
dolor.
Agradezco cada sonrisa y cada abrazo sincero que
recibí.
Agradezco el trabajo que me recibió con los brazos
abiertos, cuando más lo necesitaba.
Agradezco que me permitan hablar de ella en
libertad y que la mencionen.
Agradezco infinitamente haber sido madre y aunque
me duele aun, agradezco particularmente tener un
bebé en el cielo.
Agradezco haber escuchado su bendita voz.
Agradezco tanto y tan sincero amor.
Agradezco la fortaleza que no sabía que tenía y la
sabiduría que me ha ayudado a entender que no fue
un castigo, que sólo paso.
Agradezco el respeto de los demás ante mi dolor,
ante mi silencio y también, cuando hablo de mi
pequeña.
Agradezco ver el Sol y pensar que son tus ojitos los
que me iluminan, sentir la brisa y que me abrace
entre sus corrientes, como si fueran tus bellos
bracitos.
Agradezco cada latido mío porque sé que mi corazón
late también por el tuyo que ya no tuvo oportunidad
de hacerlo. Tu misión en mi vida era otra.
Agradezco también mis lágrimas porque aun con
dolor, no dejan de recordarme la belleza que fue
llevarte en mi vientre y ahora, para siempre, en mi
corazón.
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El reto es grande, vivir es un compromiso, sonreír
libremente es una meta, ser feliz es un deseo, volver a verte
es mi sueño más grande.
La muerte de mi hija me enseño lo más valioso que tengo,
la capacidad infinita de amar desde la ausencia.
GRACIAS
[50]
[51]
Cuando uno pierde lo que tanto amaba hay dos
posibilidades en la vida, vivir igual a como venía
siendo o darle un giro al día a día, quizá cambios
salteados imperceptibles para unos cuantos.
En mi caso, decidí hacer lo que desde muy niña se
me había dado muy facilmente. Escribir.
Este pequeño texto es apenas un ensayo de lo que
viví con la muerte de mi bebé, el dolor, los cambios,
la tristeza, la soledad, la culpa, la desesperación, el
acompañamiento.
Una historia muy humana, no superior, para nada,
una historia como cualquier otra en donde sólo
decidí vivir y vivir bien.
Un acompañamiento para mi misma en este largo
camino del duelo gestacional y perinatal.
Abigail Álvarez Rojas
Arqueóloga, jamás imagine escribir algo cercano a la
autoayuda, la he disfrutado completamente, cierto.
Me he dedicado a ejercer la profesión que siempre
desee y ha sido un buen camino, puedo decir hoy
que la Arqueología me salvo la vida, es la pasión que
necesitaba para salir adelante después de todo esto.
Ahora me defino sólo como mamá, una mamá del
cielo pero al fin mamá.