APRENDIZAJE VISCERAL Y GLANDULAR
APRENDIZAJE INSTRUMENTAL DE RESPUESTAS VISCERALES Y GLANDULARES.
Miller [1969] comienza atacando la división tradicional que se remonta a los filósofos griegos y fue
aceptada con mucho entusiasmo por los cristianos, según la cual existe una división entre la razón y las
emociones,
Razón: ligada a la voluntad y al control consciente
Emoción: involuntaria e incontrolada.
Esta división se aceptó por muchos siglos y su fundamento fisiológico se encontró en los dos sistemas
nerviosos;
SNC: el central, media las respuestas "voluntarias"
SNA: el autónomo (o autonómico) media las respuestas "involuntarias", viscerales y glandulares.
Al postular dos clases de aprendizaje, clásico e instrumental (u operante) los psicólogos aceptaron
tácitamente esta división.
Miller, en cambio, después de estudiar las numerosas similitudes existentes entre aprendizaje por
condicionamiento clásico y por condicionamiento instrumental, se negó a creer que hubiera dos clases
de aprendizaje, y prefirió postular un sistema unitario.
Para hacerlo era preciso lograr producir por medio de las técnicas del condicionamiento
instrumental, las respuestas viscerales que se consideraba que sólo podían producirse por
condicionamiento clásico.
Se sabe que es posible que aumenten los latidos del corazón, o la secreción de saliva, si estas
respuestas se han asociado a estímulos condicionados, según las técnicas del condicionamiento clásico.
Pero ¿cómo lograr que el refuerzo influyera sobre ellas, que el animal aprendiera a hacer algo con el fin
de recibir el premio? ¿Sería posible enseñar a un animal a salivar, por ejemplo, con el fin de recibir algún
premio (digamos lograr estimulación eléctrica del cerebro)?
Miller indica que hubo una serie de problemas que vencer antes de atacar estos problemas y Era
preciso evitar estas fuentes de error. La solución fue paralizar al animal por medio de curare, la droga
que bloquea en forma selectiva las placas de las terminaciones motoras de los músculos esqueléticos
(sin eliminar la conciencia en el caso de sujetos humanos).
Trabajar con animales bajo curare fue una solución muy acertada porque en esta forma se
eliminaban también las fuentes de distracción ambiental que interferían en el aprendizaje.
El animal paralizado no tenía más remedio que "atender" a los estímulos presentados por el
experimentador. Sin embargo, como la ciencia procede por ensayo y error, especialmente en un
área como ésta
Sin embargo, se empezó a trabajar con animales no curarizados, completamente móviles y
activos, porque era algo completamente nuevo.
El encéfalo y la médula espinal elaboran las respuestas que permiten al organismo actuar según el
estímulo que recibe. Estas respuestas pueden ser: Voluntarias e involuntarias.
RESPUESTAS VOLUNTARIAS:
Son aquellas que se piensan antes de realizarlas.
* Las podemos controlar.
* El cerebro es el que da la orden.
*Las respuestas voluntarias son conducidos por los nervios motores y ejecutados por e/ sistema
locomotor.
* Algunos ejemplos son: saltar patear la pelota, escribir, jugar, caminar, etc.
RESPUESTAS INVOLUNTARIAS:
Son aquellas que no se piensan antes de realizarlas.
* No las podemos controlar.
* El cerebro no da la orden.
* El bulbo raquídeo y la médula espinal dan la orden.
* Las respuestas involuntarias son conducidos por los nervios motores y ejecutados por el sistema
locomotor y endocrino.
Algunos ejemplos son: estornudar, toser, vomitar, retirar el dedo cuando sentimos que algo nos pincha,
respirar, latidos del corazón, sudar, temblar.
- SALIVACIÓN
Miller y Alfredo Carmona [1967] comenzaron tratando de reforzar por medio del alimento la respuesta
de salivar en un perro hambriento.
Se trataba de reforzar al animal cada vez que salivaba, con el fin de aumentar la salivación. Sin
embargo, esto no funcionó porque el animal salivaba demasiado, espontáneamente, sin relación con
el refuerzo, y porque
Era demasiado difícil lograr que la respuesta estuviera "bajo el control de sus consecuencias"
como se hace en el aprendizaje instrumental.
Entonces trabajaron con perros sedientos, a los cuales se les reforzaba con agua.
Se estudió previamente que el agua no tiene ningún efecto en el aumento o disminución de la cantidad
de saliva secretada espontáneamente.
A un grupo de perros sedientos se les premió si aumentaban la salivación (cada vez que
presentaban salivación espontanea),
A otros se les premió si disminuían la salivación (cada vez que pasaban intervalos largos entre
las secreciones espontáneas de saliva.)
En esta forma se controlaron los efectos desconocidos (e incondicionados) que el premio pudiera
tener, los cuales se podían asociar por medio del condicionamiento clásico a la situación
experimental.
En todo caso, sea cual sea que fueran estos efectos, no iban a aumentar en un grupo de animales y a
disminuir en otro, según el refuerzo dado por el experimentador. Debía tratarse, en cambio, de
condicionamiento instrumental y no de condicionamiento clásico a la situación experimental, porque la
dirección del cambio dependía del refuerzo, dado en un caso para aumentar la salivación y en el otro
para disminuir.
El entrenamiento duró 40 días, con sesiones diarias de 45 minutos cada una, y las diferencias entre los
grupos de aumento y disminución fueron estadísticamente significativas.
- LATIDOS DEL CORAZÓN
La siguiente serie de experimentos la llevó a cabo Miller con la colaboración de Trowill y DiCara.
Fueron experimentos con ratas bajo la acción de curare, que se condicionaron a aumentar o disminuir
los latidos del corazón; los animales fueron reforzados por medio de estimulación cerebral en las áreas
de premio.
Dificultades técnicas que vencer relacionadas con:
La dosis de curare para que el animal estuviera paralizado aproximadamente por una hora o un
poco más
Los instrumentos para darles respiración artificial, a la frecuencia adecuada para las ratas
La manera de registrar los cambios cardiacos y con otros problemas similares.
A un grupo de ratas paralizadas COn curare se les dio estimulación cerebral en un área de premio por
aumentar los latidos del corazón, y a otro grupo por disminuir los latidos. Se lograron los resultados
deseados, estadísticamente significativos, en la dirección deseada, pero de pequeña magnitud.
DiCara, usando la técnica skinneriana de moldeamiento, logró cambios mucho mayores, reforzando al
comienzo cambios pequeños en la dirección correcta, y luego cambios más y más intensos hasta lograr
alcanzar el criterio fijado con anterioridad.
Miller y sus estudiantes quisieron 'saber si ese aprendizaje tenía las mismas carastertsticas del
aprendizaje de respuestas esqueléticas. ¿Por cuánto tiempo era posible conservarlo? ¿Podía colocarse
bajo el control del estímulo?
Primeramente se entrenaron ratas a dar la respuesta cuando los estímulos que se habían de
discriminar estaban presentes (se trataba de una luz centelleante y de un sonido) y a darla cuando no
lo estaban.
En un caso una rata disminuyó los latidos del corazón de 350 por minuto a 320 por minuto.
Lo mismo se logró con los sujetos del otro grupo, que aumentaban su frecuencia cardiaca al aplicar el
estímulo, y los resultados fueron estadísticamente significativos. Se demostró en forma inequívoca que
es posible hacer que este aprendizaje esté bajo el control de un estímulo discriminativo.
OTRO EXPERIMENTO
[DiCara y Miller, 1968] ratas que habían tenido una sola sesión de entrenamiento en aumentar o
disminuir los latidos del corazón se llevaron a sus jaulas por tres meses, sin darles más entrenamiento. A
los tres meses se probaron de nuevo bajo la acción del curare, sin refuerzo adicional, y se observó que
retenían la respuesta en la dirección aprendida previamente.
OTRO
DiCara y Miller quisieron averiguar también si era posible reforzar una respuesta visceral en ratas
paralizadas con curare por medios diferentes de la estimulación cerebral. Escapar de un choque
eléctrico ha sido uno de los refuerzos usados en el área del aprendizaje de evitación, y los autores
planearon un experimento en la forma siguiente: se daba una señal a la rata paralizada por curare, y lO
segundos después se daba el choque eléctrico; el animal podía evitarlo variando los latidos del corazón,
aumentándolos en un grupo de ratas y disminuyéndolos en otro grupo.
Los cambios deberían alcanzar la magnitud determinada por el experimentador con el fin de permitir
al animal evitar el choque.
Si no daba la respuesta adecuada el choque se presentaba en el momento señalado, y
continuaba hasta que el animal escapaba dando la respuesta correcta, de aumento o
disminución de los latidos cardiacos.
Al comienzo se reforzaban cambios ligeros en la dirección requerida, pero luego sólo era posible
evitar el choque mediante grandes cambios (aumentos o disminución, según el caso).
Este experimento tuvo completo éxito, y demostró que las ratas pueden ser reforzadas por premios
diferentes de la estimulación cerebral, y que aprenden a discriminar entre las señales que indican
choque y las que indican no choque (porque también se controló este factor).
Una variante de la retención estudiada antes fue probar si las ratas que habían aprendido a aumentar
o disminur los latidos del corazón bajo la influencia del curare retenían la respuesta cuando no estaban
bajo la acción de la droga. Dos grupos de ratas fueron entrenadas en la forma antes descrita, a
aumentar o disminuir los latidos del corazón, y se probaron dos semanas después sin curare. Se observó
que retenían la respuesta aprendida.