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Rousseau y la igualdad natural humana

Jean-Jacques Rousseau argumentó que en el estado natural los hombres eran libres e iguales, pero la introducción de la propiedad privada y la división del trabajo condujeron a la desigualdad. La acumulación de tierras y bienes en pocas manos generó ricos y pobres, llevando a un estado de guerra. Los ricos propusieron entonces el pacto social y el establecimiento de un poder supremo para proteger sus propiedades e intereses, legitimando así la desigualdad existente.
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Rousseau y la igualdad natural humana

Jean-Jacques Rousseau argumentó que en el estado natural los hombres eran libres e iguales, pero la introducción de la propiedad privada y la división del trabajo condujeron a la desigualdad. La acumulación de tierras y bienes en pocas manos generó ricos y pobres, llevando a un estado de guerra. Los ricos propusieron entonces el pacto social y el establecimiento de un poder supremo para proteger sus propiedades e intereses, legitimando así la desigualdad existente.
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Jean-Jacques Rousseau y la igualdad natural de todos los hombres

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), filósofo suizo nacido en Ginebra, escribió en 1754 el


Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres como respuesta para un
concurso de la Academia de Dijon en el que se preguntaba cuál es el origen de la desigualdad entre los
hombres y si está autorizada por la ley natural. Si bien la obra no gana el premio, Rousseau decide
publicarla en Amsterdam en 1755. En 1760 termina de escribir el Emilio y trabaja en El contrato social.
En 1762 se publican ambas obras y son inmediatamente censuradas en Francia, ordenándose la prisión
para el autor de la primera de ellas. En Ginebra ambas obras son quemadas públicamente. Frente a
semejante reacción, Rousseau huye a Suiza de donde también es expulsado. Finalmente, se refugia en
Neuchatel bajo la protección de Federico II de Prusia.
En esta sección se hará una presentación del Discurso y de El contrato social, ambas obras
-aunque especialmente la segunda- de enorme influencia tanto en el pensamiento como en la práctica
política y social de la modernidad. La defensa del republicanismo democrático que se hace en esta
última, resulta inseparable del proceso revolucionario que comienza en Francia en 1789 y, sobre todo,
de la orientación de un sector radical de la Revolución, el de los llamados "jacobinos" -por su filiación
con Rousseau-.
Como ya se ha señalado, el objetivo del Discurso... es investigar de qué modo han podido
suceder las cosas para dar lugar a una desigualdad entre los hombres como la que se encuentra en la
sociedad del siglo XVIII. Para esto, Rousseau expone el progresivo alejamiento del estado de naturaleza
realizado por el hombre a medida que se acerca a su vida en sociedad. Este alejamiento es considerado
como una gradual corrupción -vinculada con el desarrollo de la desigualdad- del género humano en el
estado natural donde todos son libres e iguales. En este punto hay que distinguir dos clases de
desigualdad: la natural, que consiste en las diferencias de edad, de salud o de fuerza y la moral o
política, que consiste en la dominación de unos hombres por otros y que depende de una convención,
es decir, que está autorizada por el consentimiento (quizás tácito) de los hombres. Esta desigualdad
instituida queda luego legitimada por la creación de leyes civiles a partir del pacto social. Si el
hombre ha sido corrompido por la dependencia de los otros en la sociedad, entonces, esa sociedad
es el origen de los males del hombre y por eso será necesario reflexionar sobre el estado de naturaleza
del ser humano.
El hombre en ese estado natural vivía solitariamente y se encontraba aislado de los demás, siendo
capaz de satisfacer sus necesidades vitales (comida, bebida, lecho, sexo) sin recurrir a la ayuda de nadie.
Su única preocupación era la autoconservación y para ello los productos naturales de la tierra le
bastaban tanto para su alimento como para su protección. El apetito sexual, desprovisto de cualquier
sentimiento de amor, lo impulsaba a perpetuar la especie, sin necesidad de formar una familia. El hijo
sólo estaba junto a la madre mientras necesitase de ella para su conservación. Así, muy pronto la
naturaleza los tornaba fuertes o los hacía perecer. De esta manera, se comprende que el hombre
natural viviese en un estado de perfecto equilibrio entre necesidades y recursos.
Por otro lado, la ley natural le habla al hombre de modo inmediato a través de dos principios
anteriores a la razón: el amor a sí mismo, que es un sentimiento natural que lleva a todos los hombres
a preocuparse por su propia conservación y bienestar y la piedad o compasión, que inspira una
repugnancia natural a ver sufrir a los demás seres, especialmente a sus semejantes. Así, mientras el
hombre "no resista al impulso interior de la compasión, no hará daño jamás a otro hombre, ni incluso a
ningún ser sensible excepto en el caso legítimo en que, encontrándose en juego su conservación, está
obligado a preferirse a sí mismo".
Además, a diferencia de los demás animales (a los que la naturaleza les ordena a través de los
instintos y ellos obedecen) el hombre es un agente libre, es decir que, si bien el hombre siente la
presión de la naturaleza, se reconoce libre de asentir o resistir su mandato, y es en la conciencia de esa
libertad en donde radica lo específico de la humanidad. Junto a la libertad hay otra cualidad, en íntima
relación con ella, que diferencia a los hombres de los animales: la facultad de perfeccionarse o de
perfectibilidad. Esta cualidad reside tanto en cada uno de los hombres como en la especie en su
conjunto y, para Rousseau, es la fuente de todas sus desdichas. Ella lo arranca del estado natural en
el cual pasaba días tranquilos e inocentes y al hacer nacer en él la inteligencia y los errores, los vicios y
las virtudes lo vuelve tirano de sí mismo y de la naturaleza. Si el hombre no hubiera tenido la facultad
de perfeccionarse, viviría aún en estado natural sin otra preocupación que el satisfacer sus necesidades
físicas y escapar de los únicos males que conoce: el dolor y el hambre. Así puede verse en qué
consistía, para Rousseau, la igualdad y la libertad en ese estado natural solitario y de plena
autosatisfacción. Pero entonces, surge la cuestión de saber de qué modo se abandona un estado de
igualdad natural para pasar a otro en que aparece una desigualdad moral.
Según Rousseau, "el primero que, habiendo cercado un terreno, se le ocurrió decir: esto es mío, y
encontró gentes lo bastante simples como para creerle, ése fue el verdadero fundador de la sociedad
civil". Así queda claro que la sociedad civil se funda en la propiedad. Y es la lógica misma de la propiedad
privada la que lleva a la desigualdad de los hombres pues de la parcelación y apropiación de las tierras
surge la acumulación en pocas manos de aquello que satisfacía las necesidades de todos. Sin embargo,
aún hay que exponer de qué manera se llega al establecimiento de la propiedad.
Como ya se ha dicho, los primeros hombres conseguían fácilmente los bienes necesarios para la
conservación de su propia vida. Sin embargo, a medida que el género humano se extendió, el cambio
de climas, de terrenos y de estaciones lo llevó a la necesidad de modificar su modo de vida, haciéndole
necesario crear nuevas formas de adquirir bienes tales como, por ejemplo, el desarrollo de la pesca y la
caza. De a poco se van formando asociaciones libres de hombres, como los rebaños de animales,
mediante las cuales se busca satisfacer algunas necesidades que solitariamente resulta más difícil colmar.
Luego de estas primeras asociaciones aparece una nueva especie de sociabilidad que es la vida en
familia y la construcción de la vivienda, a partir de la cual nace un primer tipo de propiedad y la vida de
los hombres empieza a ser sedentaria. Por último, las familias se reúnen en grupos formando las
primeras naciones particulares unidas por costumbres compartidas que surgen de vivir bajo la influencia
del mismo clima, de consumir los mismos alimentos y de compartir un similar estilo de vida. Aquí se da el
primer paso hacia la desigualdad y el vicio, al aparecer las comparaciones entre los hombres: quién es
el más bello, el más fuerte, etc. Esto engendra la estima pública y, con ella, tanto la vanidad y el
desprecio de los demás como la vergüenza y la envidia. Así, se da una primera moralización de las
acciones de los hombres y cada uno es juez de las ofensas recibidas y ejecutor de la pena. En este
período se encuentra el hombre en una etapa intermedia, a igual distancia del estado de naturaleza y
de la sociedad civil, para llegar a la cual faltan muy pocos desarrollos.
Mientras no existió la división del trabajo y el empleo, los hombres fueron libres y felices, pero
una vez que el hombre necesitó de la ayuda de otro para realizar trabajos que no podía realizar él solo
se creó una situación de necesidad mutua, terminándose la independencia característica del estado
primitivo. En este sentido, sostiene Rousseau que desde que un hombre "se dio cuenta de que era útil a
uno solo tener provisiones para dos, la igualdad desapareció, se introdujo la propiedad, el trabajo se hizo
necesario y los inmensos bosques se convirtieron en campos risueños que fue necesario regar con el
sudor de los hombres y en los cuales bien pronto se vio a la esclavitud y la miseria germinar y crecer con
mieses". De igual manera, del cultivo de las tierras surge la parcelación del suelo y su propiedad y con
ella la desigualdad en las fortunas. Así, aparece la división de la sociedad en la clase de los pobres y la de
los ricos. Esta desigua1dad da paso a un estado de guerra cuyas características principa1es son 1as
usurpaciones de los ricos sobre cualquiera que posea algo (sea rico o pobre) y el bandidaje de los pobres. La
prolongación de esta situación no conviene a nadie -pues el riesgo de perder la vida es igual para todos- y
mucho menos a los ricos -pues pagaban ellos solos todos los gastos de la guerra-. En consecuencia, estos
últimos al ver que sus fuerzas no son suficientes frente al número creciente de pobres idean una
solución: emplear en favor suyo las fuerzas de quienes los atacaban y hacer de sus adversarios sus
defensores mediante un pacto que propone unir las fuerzas bajo un poder supremo que gobierne según
leyes y proteja de la opresión de los ambiciosos a cada uno de los miembros de esa sociedad y que les
asegure la posesión de lo que les pertenece.
Se comprende ahora por qué una vez que se establece la propiedad, se implanta la desigualdad moral, y
por qué mediante el pacto se perpetúan esa propiedad privada y esa división entre ricos y pobres. De
este modo, se ve cómo mediante un pacto se legitima la desigualdad pues queda legitimada la división de
los bienes realizada anteriormente, división por la cual se había iniciado la guerra: mediante un pacto
engañoso los ricos se aseguran que su propiedad sea respetada por los pobres, a cambio de que ellos
respeten la propiedad (inexistente) de los pobres. El pacto no se realiza entre iguales sino entre ricos y pobres
y, por lo tanto, no es la igualdad natural la que da lugar a la sociedad civil sino la desigualdad moral la que se
traslada a la sociedad civil y se legitima mediante el pacto. De esta manera, el pacto es una solución que dan
los ricos para continuar con sus privilegios. De la igualdad natural se pasa gradualmente a la desigualdad del
estado pre-civil, que al entrar en crisis y generar un estado de guerra encuentra en el pacto, ideado por los
ricos, el modo de legitimar la continuidad de lo que había dado lugar al conflicto. Según Rousseau, una vez
establecida la sociedad civil, la ley y el derecho de propiedad son el primer paso en el progreso de la
desigualdad entre los hombres autorizando la distinción entre ricos y pobres; la institución de la
magistratura es el segundo paso y autoriza la distinción entre poderoso y débil; el tercer y último paso es
el cambio de poder legítimo en poder arbitrario y autoriza la distinción entre amo y esclavo. Este último
grado de la desigualdad se mantiene hasta que una revolución disuelve el gobierno o lo acerca a una
institución legítima.

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